Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 256 - ver ahora
Transcripción completa

Te agradezco que me abrieras tu casa.

-¿No lo ven? Son un equipazo.

El dinero. Aquí lo tengo.

El reloj que le regaló Ágata.

¿Este es él? Sí.

Entonces... él estaba en casa.

Le fue con el cuento.

No fue Fernando, fui yo.

¿Le traes carne? -No encontré trabajo de cajero.

-Lo has encontrado de traidor.

-¿Qué pasa? -Sofía se queda a dormir.

-Te he engatusado. -¿Qué querías que hiciera?

-Me alegra que hayas conocido mejor a Lucas.

-Resuelto.

Celia, soy Lorena.

Dile que no me devuelva las llamadas y... disfrutad.

Han soltado a Elías y me necesita.

Espero que lo entiendas.

(HABLA EN INGLÉS)

¡Elías! Qué verdad eso de "dulce hogar".

¿Qué? ¿Te han soltado? ¿Qué haces aquí?

¿Cómo...? ¿Cómo te han soltado? Anda, ven aquí.

¿Cómo está mi sobrino?

Sobrina.

¿Es una niña? Sí.

Pues no sé cómo me han soltado, pensaba que me quedaría en prisión.

Da gusto volver a casa.

¿Qué haces aquí?

¿Te han echado? No. Nada, Jorge.

Ha ido a Barcelona a presentar su libro.

Había que estar con papá. Va a alucinar cuando te vea.

¡Papá! No, déjalo.

No lo llames. Mira quién está aquí.

¡Hijo! ¡Qué alegría me da verte aquí!

¿Cómo te encuentras? Agotado.

Claro, descansa.

¿Quieres cenar?

¿Necesitas algo? No.

Ahora no necesito ya nada. Cuando lo necesité, no lo tuve.

Tu padre contrató a uno de los mejores abogados criminalistas.

¿Cómo ha sido? ¿Cómo te han soltado? ¿Qué ha pasado?

Gracias al "smartwatch".

El reloj que le regaló Ágata. Yo se lo llevé al abogado.

¿En serio?

Todos los movimientos se quedan registrados en ese aparato.

La noche que la mataron, yo no salí de casa.

No se libra del juicio.

Sí de estar en la cárcel.

Fue una suerte que lo buscases. No, una suerte, no.

Es que Adela

no ha parado hasta encontrar algo que demostrase mi inocencia.

Solo a ella le debo

estar sentado en este sofá, no lo olvidaré nunca.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme a aquel lugar,

# sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos,

# con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color, sabor al son

# de aquel Mercado Central. #

Debes descansar y ser prudente, no hagas nada que te perjudique.

Sí.

Tranquilito, hermano. ¿Tranquilito?

No sé cómo podré estar tranquilito.

Hay un indeseable que me quiere arruinar la vida.

De verdad.

Si no estuviera muerto, sería cosa de Velasco.

Cuando le pillaron, se llevaron a los suyos por delante.

Me conoce bien, sabe que tengo una casa en Sepúlveda.

Descansemos.

Mañana lo veremos con otra perspectiva.

Sí.

Me retiro.

Estoy cansada de tantas emociones.

¿Tú te quedas un ratito aquí? Yo... yo me voy a tomar una copa.

Estoy tan contenta de verte. Y yo, hermana.

Elías, ¿estás bien o necesitas que me quede?

No te preocupes.

Gracias. Bueno.

Descansad.

Hijo, yo... ¿Qué, papá?

No me digas que lo sientes. Lo sé.

Esa noche te vi con tanto odio hacia Ágata que pensé...

Que podía matar a mi mujer.

Escúchame.

No he sido el hijo que querías.

Sí, soy consciente, lo sé.

Y también sé que te he decepcionado muchas veces.

Esta vez tú me has decepcionado.

Elías. ¿Sabes una cosa? Lo he pasado mal.

He pasado hasta miedo.

Pero lo que me ha hundido

ha sido que mi padre pensara que yo era un asesino.

Mi padre.

Anda.

Hazme un favor.

Vete, que necesito estar solo.

¡Buenos días!

¿No debes estar con la competencia? -Pues sí.

Pero, después de tu espectáculo, se acabó Los Lechales.

-¿Te han echado? -Me he ido.

-Ah. -Por mi salud mental.

-Y porque te conozco. -¿Por mí?

-¿Te extrañas? -Hombre.

Pensé que habías visto que no podías traicionar el negocio familiar.

¿Y qué harás ahora? -De momento, ayudar a los mozos.

-¿Por qué no te vienes conmigo? -No tengo otra cosa que hacer.

Papá y tú casi os divorciáis. -Podemos intentarlo.

-No me meto ahí.

Con la silla no me apaño. -Mírala, toda elegante, tan segura.

No la trago.

Por su culpa estás así. -Por favor.

-Contrató a Fernando para echaros.

Y me hizo creer que sería su proveedora.

Para dejarme tirada. -Mamá.

No te pidió nada. -Pero jugó conmigo.

No se lo perdono. Pagará por lo que nos ha hecho.

Manipuladora.

-Frena, que te veo venir.

Papa está a gusto en el bar y a mí me saldrá algo pronto.

Entierra el hacha de guerra.

-No me aguanta ni la mirada.

-Ay, de verdad... Me voy, anda. -Sí, que tengo una cosa que hacer.

¿Teresa? Hola. Carmen, del Mercado Central.

Te quiero hacer una consulta rápida.

La nueva presidenta de los comerciantes

ha comprado la droguería

y va a hacer un puesto de comida rápida.

Sí, hasta ahí, todo bien.

Pero ha empezado las obras muy rápido.

Ha comprado el puesto y ya está, obras.

Tú y yo sabemos que esas cosas van más lentas.

Yo creo que tiene alguien en el Ayuntamiento

que le ayuda a saltarse el proceso normal.

Exacto.

Si esto se sabe,

no es bueno para la imagen del Mercado ni del Ayuntamiento.

Y no queremos eso.

¡Elías! ¡Dichosos los ojos! Valeria, ¿qué tal?

Cómo siento no haber estado anoche.

Me quedé dormida y tu padre no me despertó.

Se ha llevado una bronca.

Dime, ¿cómo estás? Ahí estamos.

¿No deberías estar descansando?

No, necesitaba estirar las piernas, salir, caminar, ver que soy libre.

Sabía que era un error, que acabarían soltándote.

No ha terminado la pesadilla, sigo siendo sospechoso.

Ay, no digas eso.

Es la verdad, hay que ser realista.

No descansaré hasta que cojan al asesino.

Tu padre lleva días con insomnio y con dolor de estómago.

Tengo cosas que hacer.

Mira, tu padre se siente muy culpable por haber dudado de ti.

Está destrozado. Pues ya somos dos.

Cada palo que aguante su vela.

Esta mañana le he oído llorar como un niño en el cuarto de baño.

Por favor.

¿Qué quieres que haga? Perdonarlo.

Tengo que abrir. (CARRASPEA)

Yo entiendo que estés enfadado, pero lo que...

Cobardes...

Qué madrugadores sois.

No había nadie en casa.

¿Siempre es así? -Sí.

Es la hostelería.

Y yo no podía estar un minuto más en ese sofá.

Tengo la espalda tocada, está el...

Esto no te interesa a ti. Y el sofá era la cama de un faquir.

-Sí, se te ve muy tieso.

Yo he dormido de maravilla, como un bebé.

-Claro, esa cama es muy cómoda.

-Gracias por prestármela.

-¿Quieres un café? -Gracias.

Prefiero desayunar en mi casa, así superviso las obras.

Los operarios empiezan temprano.

-¿Te vas ya? -Sí.

¿Y Rosa? Quería despedirme.

-Ha ido a por antiinflamatorios. -Luego la llamo y le doy las gracias.

Ha sido muy afable y muy cariñosa conmigo.

-Pues nada, perfecto.

Ve.

A ver si los operarios te lían...

Ya nos llamamos.

-Lito.

-Te he dicho, mamá, mil veces que no me llames así.

-Te doy las gracias.

Estar con vosotros me ha ayudado más de lo que puedas pensar.

Me he sentido muy arropada cuando más lo necesitaba.

"¿Qué?".

Os gusta el espectáculo, ¿no? ¿No tenéis que trabajar?

¿Quién ha sido? -Acabamos de llegar.

-Quizá las cámaras hayan grabado algo, las revisaré.

Puede haber sido cualquiera, ¿no ves cómo lo miran todos?

A ver, escuchadme todos.

Eso no implica que haya un culpable.

Aquí no venimos a juzgar a nadie.

Y menos a un compañero. Venimos a trabajar.

Cada uno a lo suyo y que corra el aire.

-Gracias.

-Aunque no te lo creas, la gente del Central es mi prioridad.

-Se lo digo a tu padre.

No le digas nada. Que no lo sepa por otros.

Bastante tiene ya.

Gracias.

Aunque no sé si es bueno.

Yo debería ganarme su respeto.

Que alguien te eche un cable puede ayudar.

Así entienden que no todo el mundo cree que eres un criminal.

¿No desconfías de mí? Viste cómo la amenacé.

Yo no te tengo que juzgar.

Tengo que trabajar.

No te caigo bien, ¿no?

Es por Adela.

No soy ciego, hay algo entre vosotros.

¿Te molesta? No.

Incluso me alegra verla ilusionada.

Trátala bien, que yo no supe hacerlo.

Por eso no te preocupes, Adela me importa de verdad.

¿Aviso al servicio de limpieza? No, ya lo hago yo.

Estoy orgullosa.

Estás creando una familia, un hogar cálido y agradable.

Uno no lo valora hasta que lo pierde.

Tienes tu negocio.

Y ayudas a chicos desfavorecidos.

-No me quejo, he tenido suerte. -Déjate de suertes.

Te lo has ganado tú solo a pulso. Nadie te ha regalado nada.

Ni siquiera yo te he ayudado demasiado.

-Estabas muy ocupada.

-Sí, estaba demasiado centrada en mi carrera y...

No he sido la madre que me hubiera gustado.

-Nunca me importó tener una madre con tanto talento y con tanto éxito,

ese no era el problema.

-Ha sido... mi carácter, ¿verdad?

Lo admito, no soy fácil.

Ojalá hubiera estado más presente.

Y ojalá hubiera sido más cariñosa, más atenta, más generosa.

Lo siento. Y entiendo que te distanciaras.

Todo lo que ha pasado

ha sido culpa mía. -Bueno.

Yo no he sido muy comprensivo.

-¡La madre que lo...! ¿Cómo no queréis que me altere?

Estoy llegando, ahora nos vemos.

-Espero que podamos recuperar el tiempo perdido.

Los años que me queden.

-No seas dramática, te queda cuerda. -Eso no lo sabemos.

Por si acaso, deberíamos estrechar lazos,

vernos más a menudo.

-Me parece bien.

-Qué alegría me das, Lito.

-Uno de los pocos momentos dulces que hemos tenido

y te lo cargas diciendo el nombrecito.

No me llamo así, me llamo Alberto, tú me pusiste ese nombre.

-Y Lito también.

-Por favor. -Está bien.

Te prometo que no te lo digo más.

Adiós, Lito. Cuídate.

(SUSPIRA Y SE QUEJA)

Dame ese cepillo. No, esto es cosa mía.

¡Que me lo des!

Está en el puesto familiar, nos ataca a todos y es mentira.

No dejaré que te difamen. Venga.

Entre los dos acabamos antes. Sí.

¿Quién habrá sido? Como me entere...

-Elías. ¿Qué?

¿Quién ha hecho algo tan ruin? -De eso hablábamos.

¿Qué más da? Cualquier imbécil del Mercado.

No tiene importancia.

Le pegamos un limpiado y ni nos acordamos de ella.

-Sí, lo importante es que se ha hecho justicia y estás aquí.

-Justicia no se ha hecho.

Esperemos que no tarde en hacerse.

-Siento mucho no haber podido asistir anoche.

Vino a cenar la madre de Alberto, se quedó a dormir.

-La he visto. La próxima vez, invítame a cenar.

Y a Valeria, que le hará mucha ilusión.

-Sí, porque a él no, ¿verdad? ¿A papá?

Por favor, hombre, es todo por... ¡Venga ya!

Te mueres de ganas de estar a su lado.

-¿Qué tiene de malo admirar el talento de una actriz?

-Elías, ¿estás bien?

Sí.

Es que no me he acordado de la madre de Ágata.

-Está en la residencia, ¿no? Sí, tiene alzhéimer.

Ágata se encargaba de ella, porque el hermano...

Es un prenda, pasa de todo.

-¿Sabrá qué le ha pasado?

No sé. Quizás debería ir a hablar con ella.

-Ve, yo me encargo de esto.

¿Ahora? Sí, ahora.

No estarás tranquilo hasta que vayas.

-Yo te sustituyo, ¿vale? Tira. -Sí.

Vale.

Como los chorros del oro.

-Tira. Venga.

-¿Por dónde empiezo? -¿Hay otro cepillo?

No me puedes decir esto ahora, tengo que abrir lo antes posible.

Ya, pues dile a tu compañera que puedo aumentar mi colaboración.

No quiero problemas, pero me prometiste algo.

Te dije que sería generosa.

De acuerdo, ya no insisto más, está claro.

Gracias por nada.

-¿Problemas en el paraíso?

-¿Qué quieres?

-Qué rollo, la burocracia.

Lo lento que va todo, la barbaridad que cuesta.

-¿Tienes algo que ver con esto? -Ya estás acusando.

A ver, yo soy una simple carnicera de barrio.

Soy legal, como todos los de aquí.

Jamás haríamos trampas.

Qué feo eso de untar a un funcionario.

-Te has pasado, con mis negocios no se juega.

-Ni con mi familia.

Samu y Nicolás en la calle, y lo que me hiciste.

-A ti no te hice nada.

-No fuiste clara y me gasté un pastizal.

-Así renuevas, deberías darme las gracias.

-Y tú a mí.

Sin mi intervención, hubieras hecho mal los trámites.

Y eso trae problemas.

Así mucho mejor: empiezas desde cero.

Sin saltarte ningún paso.

Así haces las cosas bien y tienes más respeto.

¿Sabes una cosa?

Eres muy sofisticada pero no mejor que la Pacheca.

Bueno, parejita, ahí.

Unos cafés tan perfectos que ni en Buckingham Palace.

¿Le cobro?

Muy bien, ahí. Cóbrate 2,30, máquina.

(CANTURREA)

Ahí estamos. Ahí.

Aquí tienes tu vuelta. Perfecto.

Nos alegramos de verle otra vez.

Eso es. (CANTURREA) Gracias.

Ahí.

Cada día es un céntimo menos tacaño.

Qué guapos, qué elegantes, qué sueltos, qué compenetrados.

-Nicolás es simpático y yo soy eficiente con los pedidos.

-El trato es básico para que te dejen propina.

-Y que el café esté óptimo. Muy bien.

Unos cracs. Vaya equipazo tenemos Jorge y yo.

-Hemos visto a Elías, nos alegramos de que esté libre.

Menudo descanso, ¿no?

Y la pintada... Sí.

(Móvil)

Perdón.

(Móvil)

Sí, una pesadilla, está viviendo una pesadilla.

(Teléfono)

Perdona.

Bar Central desde 1973, dígame.

¡Hombre, Jorge!

¿Cómo va todo? Pues sí.

Acaba de llegar.

¿Quieres hablar con ella? Sí. No puedo.

Me están esperando

los chicos de 2029, no me da tiempo.

Pero... Los chicos de pintura.

Dile que le llamo yo luego. Adiós.

Precisamente acaba de irse, tenía mucha prisa.

Ha quedado con los de pintura, luego te llama.

Venga. Hasta luego, que vaya bien.

Chao.

Madre mía, se ha quedado de lo más cortado.

-Lorena estaba rara, seguro que se han peleado.

¿Se van a separar?

-¡No, hombre, no!

Discusiones hay en todas las parejas.

Sirven para hacer las paces y estar mejor.

-Me parece un sistema complicado. Odio discutir y verlos mal.

-No te preocupes, lo arreglan en nada.

(Móvil)

-Es mi madre. -Voy a la 3.

-Hola, ¿qué tal la presentación?

¿Qué? ¿Estáis bien?

No quiero que te pase nada.

-¡Marchando un té con limón y un capuchino de lujo!

¿Qué pasa?

-Estoy bien, no me puede caer un rayo.

Vale, hasta mañana. Un beso.

-¿Un rayo? ¿Habláis en clave o...?

-Ella y Jorge se quedarán atrapados por una tormenta eléctrica.

Les cayó un rayo y se quedaron sin electricidad.

-Qué aventura, ¿no?

No sabía que presentar libros fuera peligroso.

-No sé si haré el capuchino de lujo.

-No te preocupes, ya preparo yo uno "vulgaris".

Va.

Hola.

(CARLA RÍE)

Sí, lo entiendo, tomo nota, Maribel.

Te envío alguien al puesto.

Perdona, tenía una llamada urgente. Te envío los presupuestos.

A veces se me va la cabeza.

Sí, hasta luego.

-¿Agobiado?

-Nunca pensé que un mercado diera tanto trabajo.

Me faltan horas, manos y oídos para atender tantas quejas.

-No sabía que hubiera tantas.

-La empresa de mantenimiento es un desastre, reparan tarde y mal.

-¿Cuándo estará el montacargas? -No sé, cuando lleguen las piezas.

La vida no me da.

-¿Y tu ayudante?

-Lo despedí, era un inútil.

-Ah. Vaya.

Igual nos precipitamos con Samuel.

-Estoy convencido. Nadie conoce el Mercado como él.

-Algunos nos echan en cara que no esté.

-No haber votado la externalización.

-Igual nos equivocamos y rectificar es de sabios.

¿No podríamos volver a contratarle?

-Sería fantástico, pero necesitamos la autorización de la Asociación.

-Mi responsabilidad es que todo funcione bien.

Si me dices que Samuel se necesita...

-Claro. -Ya está.

Hablaré con ellos uno a uno.

Y...

No creo que estén en contra. Tienes que contratarle ya.

-¿Y esas prisas?

-Me has dicho que lo necesitas, cuanto antes mejor.

-Ya tenías esta idea en la cabeza, ¿no?

¿Por qué tanto interés en que Samuel vuelva a la gerencia?

-Será bueno que el hijo de Carmen recupere su puesto, créeme.

Ya sé cómo funciona el Central.

Qué mal rollo lo de la pintada, ¿no? -Ah.

(SAMUEL CARRASPEA)

¿Qué? ¿El bar se lleva solo o sirves los cafés por remoto?

-Eso es imposible, al menos ahora, igual en un futuro cercano sí.

-Claro. -Tenemos a Nicolás.

-¿Ya te fías de él? -No lo hace todo perfecto.

Pero la gente no se da cuenta. Y yo tengo cosas que hacer.

-Yo estaba ayudando a los mozos. Ahora tengo un descanso.

Aquí estoy, entre los puestos de siempre.

Lo echo de menos.

Lo que te cuento te importa un cagado.

¿Qué miras?

-He quedado con María y estoy comprando unas entradas.

-¿No pillaste para el Planetario? -Son para el Real Observatorio.

Planteo una ruta por la historia de la astronomía,

desde uno antiguo hasta uno nuevo.

-Deja alguna visita para otra cita, no quemes las naves el mismo día.

-¿Quemar las naves?

-Que no canses a la chica.

Entre tanta estrella y telescopio igual la empachas.

-A lo mejor tienes razón.

-Claro.

-Igual después no me habla, como Lorena con Jorge.

Por fin puedo verte, vaya mañana. Ya sabrás lo de la pintada.

Sí.

Cuando he ido estaba borrada. Jesús no quiere que se hable de eso.

Deberías haber visto cómo algunos miraban a Elías.

Como si fuera un criminal.

Y murmurando a sus espaldas. Suerte de Fernando.

¿Fernando? Pues sí.

Les ha dicho cuatro verdades

y ha defendido la presunción de inocencia de Elías.

Lo tengo cruzado por los recortes.

Pero reconozco que hoy ha estado a la altura.

Vale. Ahí está.

-Hola. -Tres son multitud.

Yo me voy. -Espera, espera.

Tengo una noticia que daros.

¿Confío en vuestra discreción?

-No le diré nada a Carmen. -Se trata de Samuel.

Gloria ha aceptado que lo readmita como mi ayudante.

-¿De verdad? -Sí.

Si nadie se opone, el puesto es suyo.

-¡Ah!

O no.

Igual le gusta tanto que miráis estrellas hasta el amanecer.

Creo que va a ser buena idea hacer el viaje por la astronomía.

-¿Cómo puedes cambiar tan rápido de opinión?

-Yo qué sé.

Estoy un poco rayado con la cita.

-¿No sabes qué hacer con Carla?

-Yo le pedí a Carla que saliera con Lucas.

No para de repetirme lo bien que se lo ha pasado.

-Tú querías que fueran amigos. -Sí.

Y ahora la convivencia irá mejor.

Pero no para de repetirme lo bien que se lo pasó.

Todo es Lucas, y los amigos de Lucas, y las obras que le explicó.

-Tienes celos de Lucas.

-Es una tontería, pero no sé.

Me habla de Lucas con tanta pasión que tengo esa punzadita de celos.

-Carla es tu novia y Lucas es tu amigo.

Es probable que tengan sexo.

Rectificar es de sabios.

No todo el mundo admite equivocarse. Ya.

No le digáis nada a nadie, no lo sabe ni el propio Samuel.

-No, punto en boca.

Os dejo, tengo un cliente.

Fernando, gracias.

¿Por qué?

Has defendido a Elías.

Me lo ha dicho Valeria. Era mi deber.

Y... perdona. Ya te dije anoche que te perdonaba.

Entiendo que pensaras que yo podía haberte delatado a la inspectora.

Lo que me dolió

es que no creyeras en mí.

Yo también fui un poco brusco y eso no está bien.

Yo tampoco tuve un buen momento.

Has estado tanto al lado de Elías que no sabía qué pensar.

Vuestra relación me ha tenido confuso.

Hoy he hablado con él y he visto que se preocupa por ti.

El cariño que os tenéis es fruto de la relación que habéis tenido.

Y tú no me creíste.

Estamos en tablas.

De eso, nada, tú te has preocupado por alguien a quien quieres y yo...

Yo me he comportado como un adolescente celoso.

Pues habrá que solucionarlo.

¿Qué tal si hacemos borrón y cuenta nueva

y empezamos de cero otra vez?

Me parece muy bien, pero, antes, una pregunta.

¿Qué vale una rosa?

Depende de a quién se la vayas a regalar.

¿Y tú qué crees?

Te va a salir cara.

Lorena.

Lorena, Lorena, hey.

¿Qué pasa?

No me devuelves las llamadas, llego a casa y no has dormido allí.

¿Qué pasa?

He dormido en casa de mi familia, no lo estamos pasando muy bien.

Eso lo entiendo, no entiendo por qué estás así.

Parece que estás enfadada.

¿Y cómo quieres que esté?

Llegas a Barcelona y te olvidas de mí.

¿Perdona?

Has estado un día entero en Barcelona solo con Celia.

Sin dar señales de vida.

Y no has pensado que yo iba a estar aquí,

en Madrid, como una imbécil, mirando el móvil cada dos minutos.

¿Y no podía haber pasado algo? Porque es lo que ha pasado.

No, tú piensas que me acuesto con Celia, ¿no?

Pues estaba preocupada. ¿Qué ha pasado?

Nos han llevado a una masía en medio de la montaña.

Ha caído una tromba.

Nos ha dejado incomunicados: sin luz, sin cobertura.

Te llamé en cuanto pude.

¿No estás siendo un poco injusta?

¿Y le mandas un mensaje a Celia?

Te lo ha dicho, claro. Sí, me lo ha dicho.

No quiere ser responsable, que te aclare las cosas.

Y lo estoy intentando, pero no me lo pones nada fácil.

Hey, hey.

Entre Celia y yo no hay absolutamente nada.

Está feliz con su nuevo chico y yo te quiero a ti, solo a ti.

¿Mi madre tiene novio?

No te había visto.

¿Quién es? ¿Cómo se llama?

¿Por qué sabes más sobre mi madre?

Te lo contará. Hablamos a diario.

No me ha dicho nada. ¿Cuánto llevan?

Tienes que hablarlo con ella.

¿Por qué me oculta eso?

Siempre me dice que todo va bien, pero está con alguien, me ha mentido.

David, hey. Vete con él, quiero estar sola.

¡David! Vale.

Tu madre no te ha mentido.

Busca el momento más oportuno para contártelo.

He quedado con María.

Vale, ¡pues qué bien!

(CHISTA)

¿Cuál me pega más?

Esta.

¿Qué?

¿Es grave o es una de esas pasajeras que refuerzan la relación?

¿Qué?

Tu pelea con Jorge.

¿Cuándo te vuelves a tu casa?

Si te molesto aquí, duermo donde papá.

No digas tonterías, sabes que no molestas nada.

Me preocupo por ti, ratona, no me gusta verte así.

Toma, anda.

Toma.

Te lo llenaré de mocos. Ya ves.

¿Qué haces vestido así?

Voy al entierro de Ágata.

Lo siento, no lo sabía. No, no.

Yo me he enterado de casualidad.

He ido a ver a su madre y estaba vestida de luto.

Las enfermeras me lo han dicho.

Emilio no ha querido decírmelo. Ellas se han apiadado de mí.

¿Sabes una cosa?

Tengo un rato para escuchar tus problemas.

Y me va a venir bien.

Cuéntame.

Lo siento, no pude llegar antes. Te gusta la puntualidad.

-No pasa nada.

Bueno, sí, pero no me importa, necesitaba un tiempo para pensar.

-Esa cara... ¿Tengo que preocuparme?

-No, tú no, yo sí.

Es por mi madre.

Me he enterado de que sale con un hombre.

-¿Engaña a tu padre?

-No, mi padre murió.

-Lo siento, no lo sabía.

-No te lo había contado.

-Te cuesta aceptar que otro ocupe el lugar de tu padre.

Me costó aceptar las parejas de mis padres cuando se separaron,

pero al final lo entendí, pueden rehacer sus vidas.

-No, lo entiendo, me gusta pensar que será feliz con otra pareja.

No entiendo que me mienta.

Hablo con ella a diario.

Y pienso que es sincera conmigo, pero no es así.

Me ha ocultado que salía con este hombre.

Lo sé porque a Jorge se le ha escapado.

Es una mentirosa.

-A mí me dijiste lo mismo, fuiste injusto.

-No es lo mismo.

-¿Te has preguntado por qué no te lo ha dicho?

-Soy su hijo, eso implicará un cambio en su vida y en la mía.

-Quizá no está segura de su relación y no quiere implicarte aún.

Te protege.

-Sus mentiras siempre me complican la vida,

no sabes lo que hemos pasado.

-No, pero sé que las verdades necesitan su tiempo.

Mira, yo...

Que Adela desconfiase de mí me lo gané,

no paraba de engañarla.

Pero Jorge...

No creo que Jorge haga eso, está ilusionado con ser padre.

La estoy cagando tanto con estos celos absurdos...

¿Sabes qué te pasa?

Que te sientes amenazada, insegura,

porque tú crees que Celia es mejor que tú.

Y eso es ridículo.

Claro, sí, es ridículo, porque, al fin y al cabo,

Celia solo es inteligente, dulce,

simpática, es triunfadora, es talentosa...

Tú lo sabes.

Sí, sí.

Celia es todo eso, sí.

Y Jorge no va a parar de cruzarse con muchas Celias en su vida.

Vale, muchas gracias, ya me quedo más tranquila.

Pero ha decidido estar contigo.

Y tú has decidido estar con él, y también te cruzas

con muchos hombres guapos, atractivos, triunfadores...

Y no te vas con ellos.

¿A que no?

Ratona.

Lo que trato de decirte

es que Jorge está enamorado de ti, Lorena de la Cruz.

Y tú, de él.

Así que déjate de tonterías y de comerte la cabeza.

Soy una imbécil.

Tendría que llamarle y disculparme.

Es que todavía estoy como enfadada.

Estoy defraudada, estoy confundida.

Estoy muy cansada.

Pues descansa, tonta, que no hay ninguna prisa.

No. No, no puedo descansar. Te acompaño al funeral.

No puedes ir solo. Sí, te hace falta un funeral.

¡Guau! No, no.

Y quiero hacerlo yo solo.

Mi pañuelo.

(Portazo)

Vamos a hacer una cosa.

Nos olvidamos de tu madre

y compramos unos bocatas, quiero comer antes del Planetario.

-Antes vamos al Real Observatorio, si no te importa.

-Me vas a hacer ver las estrellas, y doble ración.

-¿Me paso con tanta astronomía?

-No, va a ser genial.

-Yo también lo creo.

-¿Vamos?

Voy un momento al baño del Mercado.

-Sí, te espero.

-Mira esta.

-¿De qué os reís? -De tu amiga.

-Le has faltado al respeto.

Deberías pedirle perdón. (MARÍA) David.

Vámonos, no merece la pena. -Sí la merece. Pedidle perdón.

-Este tío es imbécil.

(RÍE) -David.

¿Estás bien?

(Llaman)

¿Sí?

-Aquí estoy.

-Me extrañaba que no vinieras.

-Cuando me has llamado estaba en un bar fuera del Mercado.

Me estaban preparando un bocadillo. Salchicha con pimiento, ¿quieres?

-No, gracias. Come, te necesito con fuerzas.

-¿Y por qué?

-Para que trabajes conmigo.

Ordenaré la mesa y tu cajón sigue vacío.

-¿Recupero mi puesto?

-Míralo tú mismo.

Al principio, cobrarás algo menos.

-Ese era el plan: echarme para contratarme por menos.

-No, de eso, nada.

No hemos querido jugar contigo, y yo menos.

Pero tu despido fue un error y te pido perdón.

Cualquier ayudante no te llega a la suela del zapato.

-Me valoras y me pagas poco.

-Hasta que organicemos el tema de presupuestos

y el Mercado se recupere.

-Eso será como por... -No, míralo.

Ahí lo pone.

Se te sube el sueldo en tres meses.

-Nada mal. -La subida es importante.

-Más de lo que me pagabas. -Vale.

Pues ¿aceptas?

-Venga, te pongo un autógrafo.

Ahí.

Estoy deseando ver la cara de Carla y de mi madre.

Y de mi abuela, se llevó un disgusto. -Ya lo sabe, y Adela también.

-¿Soy el último en enterarme? -No es eso.

Ya sabes cómo es tu abuela, me la cruzo y me echa la bronca.

He aprovechado para decírselo y que se tranquilice.

Y Adela estaba cuando se lo conté. -Me contratas por mi abuela.

-Más o menos.

Y por mil gestiones pendientes encima de la mesa.

El boli.

Te quiero aquí a las 17:00.

-¿A las 17:30?

Vale, a las 17:00.

¿Qué haces aquí? Venía a traerte comida.

Hoy no como contigo.

¿Y tú dónde vas así?

Al entierro de Ágata. Voy con tiempo, será duro.

Pensaba que, después las sospechas, no te iban a invitar.

No lo han hecho.

Me he enterado en la residencia, he ido a ver a su madre.

Me ha confundido con su marido, que también falleció.

Me cogía la mano y sonreía.

No recibe muchas visitas.

Si Ágata decía que iba con mucha frecuencia.

Nos hizo contratar a Lucas para tener tiempo y visitarla.

Pues nada.

Otra mentira más de Ágata.

Qué mujer tan turbia.

¿Dónde estaba cuando decía que veía a su madre?

Estaría buscando a otro ingenuo.

No te calientes la cabeza. ¿Que no me la caliente?

¿Con lo ciego que he estado?

Y tú y mi hermana, que la calasteis, diciéndomelo y yo, que nada.

¿Y es buena idea ir al entierro?

No, sé que no es buena idea.

Pero voy porque era mi mujer y porque necesito saber quién era.

Con la madre no puedo hablar, solo me queda el hermano.

Aunque no quiere verme. ¿Y eso?

Les ha pedido a las enfermeras que no me contaran del entierro.

Pues por eso.

No es lo mejor presentarse. Ya.

Pero es lo que me queda para despedirme de ella.

Acompáñame a casa y me cambio rápido.

No, voy yo solo, no va a ser agradable.

Precisamente por eso.

Necesitas a alguien que te apoye, no sabes qué te encontrarás.

Dices que yo calo a la gente, pues dos investigan mejor que uno.

Me da la sensación

de que te queda mucho por descubrir de ella.

Picas mientras me cambio.

Venga.

Hola. -Hola.

-¿Y esto? ¿Ha venido Noa? -No, qué más quisiera yo.

Son de Sofía.

-Increíble.

No me lo puedo creer. -Vale, no te agobies.

Me ha llamado.

Para agradecerme lo de ayer. Y tiene la casa manga por hombro.

Se la han levantado.

Está lleno de polvo, hay mucho ruido.

Le ha dado un ataque de asma, ha tenido que usar el inhalador.

-Te ha engatusado. ¿Y le has dicho que se quede aquí?

-¿Y qué querías que hiciera?

-Estamos listos, no sabes lo que has hecho.

No lo sabes. -Bueno.

Vamos a tomárnoslo con tranquilidad, van a ser unos días.

No hagamos una montaña.

Tu madre es...

Es un poco intensa, ¿no?, pero es agradable.

-Rosa, comer un día con Sofía Olmos puede llegar a ser agradable.

Convivir con ella es un infierno, te lo digo yo.

-¡Lito! ¿Ya en casa?

Oye, una cosita. Sé que vais muy cargados de trabajo.

Pero al baño le vendría bien un repaso a fondo.

-Mamá, vete a un hotel.

Hay servicio de limpieza las 24 horas.

-Me he pasado la vida de un hotel a otro.

Por mucho encanto que tengan, son fríos.

Tengo la ocasión de estar con mi hijo y no la voy a desperdiciar.

Como en casa, en ningún sitio.

-Como en tu casa, no en la de otros.

-Yo qué sé, Lito.

Esta mañana hemos hablado de estrechar lazos.

-Ya, pero hemos hablado de vernos más a menudo,

no de convivir bajo el mismo techo.

Y no me llames Lito. -Alberto...

-No sé si estoy preparado para una relación tan intensa.

Yo creo que tú tampoco.

-Yo estoy encantada de estar con vosotros.

No lo dudes.

En cuanto mi piso esté habitable, volveré allí, molestaré lo necesario.

-No eres ninguna molestia, de verdad.

-Eres un encanto. Qué suerte ha tenido mi Lito contigo.

Alegra esa cara.

Ya verás qué bien lo pasamos, como unas vacaciones en familia.

Tortolitos, me voy. (DUDA)

¿Me das sábanas limpias?

-Sí, claro, ahora te las llevo.

-Me va a dar algo.

-¿La espalda? -Ni la siento.

La hemos cagado.

-Mírame, escúchame. Estoy contigo y serán solo unos días.

¿Cómo haces eso? ¿Y qué querías?

¿Dejar que me insulten? Era el entierro de mi mujer.

No vamos a tener relaciones porque está tu madre.

-¿Le dirás eso?

-Votaste a favor de externalizar.

¿Cómo lo sabes? Un comerciante te vio.

¿Has revisado las cámaras de seguridad? ¿Qué pasa?

No permitiré que Jorge, Fernando o Gloria se rían de nosotros.

-¿Quieres ser su novio?

-María me importa de verdad.

¿Puedo ver a Lorena? No, no puedes.

No quiere verte ni en pintura.

¿Que Alberto es un cobarde?

Vamos a dejar las cosas muy claras.

-Entonces ¿dónde iba?

Pues no lo sé. Quizá esta llave tenga la respuesta.

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Mercado central - Capítulo 256

23 oct 2020

Jesús se afana en limpiar una pintada contra Elías para redimirse por haber desconfiado de su hijo, al que consigue conmover.

Carmen pone en marcha su venganza contra Gloria, que recurre a Fernando para poner fin a la guerra con la Pacheco.

Lorena evita a Jorge y David descubre por Celia lo ocurrido en Barcelona.

Samuel le confiesa a David sus celos.

Jorge enfrenta a Lorena y le demuestra que estaba equivocada. David presencia la discusión y descubre que su madre tiene novio.

Fernando vuelve a ganarse el favor de Valeria por defender a Elías y retoma su relación con Adela donde lo dejaron.

Sofía manipula a Rosa para volver a acoplarse en su casa y Alberto se desespera.

Elías visita a la madre de Ágata y descubre que su mujer llevaba semanas sin ir a verla. Decide presentarse en el entierro e interrogar a Emilio, hermano de Ágata, sobre la doble vida de ésta. Adela lo acompaña.

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