Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 255 - ver ahora
Transcripción completa

Es mentira. Elías necesitaba coartada y se la he dado.

No hay nada más.

-No entiendo por qué le das trabajo a Nicolás.

Porque no lo tiene.

-¿Creías que era de tu propiedad? Alicia es libre, así que ¡aire!

-¿Ve que si es verdad, usted tendría coartada?

No considere la declaración de Adela, no tome medidas.

-Carla me tiene manía.

-Eres colega y ella mi novia, no me hagáis elegir.

-Intentaré llevarnos bien.

-No solo trabajas en la competencia,

sino en la carnicería que surte al restaurante de Gloria.

Como se entere tu madre... -No se enterará.

-Las licencias, los permisos... va todo lentísimo.

Un amigo del ayuntamiento me lo han explicado.

-¿Me amenazas?

-¿Qué ha pasado ahora? -Mi madre se ha invitado a comer.

Ha dicho que mi declaración no tendrá consecuencias.

-Debía informar al juez de que había mentido y así lo hice.

Ingresará en prisión esta noche.

¡Hombre!

Una mañana.

Solo has tardado una mañana en delatarme a la Policía.

-¿De qué hablas? No te hagas el tonto.

Lo sabes perfectamente.

Le contaste a la inspectora que mentí

para dar coartada a Elías.

Creía que podía confiar en ti, pero veo que me equivoqué.

Lo que no me esperaba

es que te resultara tan fácil traicionarme.

No le he dicho nada a la Policía. ¿No? ¿Qué es, casualidad?

Te veo hablando con la inspectora

y me dice que todo es mentira y lo sabe. ¡Por favor!

Hemos hablado, pero no de eso.

Dijiste que si la Policía te preguntaba,

tendrías que decirles la verdad.

¿O no te acuerdas? Porque yo sí.

Y se lo has dicho sin importarte las consecuencias que pueda tener.

¿Puedo hablar? ¿Para qué?

¿Para qué digas que eres inocente? No, gracias.

Déjame que te diga una cosa.

Si eres tan honesto para contárselo a la Policía,

podrías serlo conmigo y admitir que me delataste.

Adela, escúchame... ¡No, escúchame tú a mí!

¿Sabes el lío en que me has metido? ¿No? ¿No lo sabes?

Solo me separa de la cárcel que no ha sido declaración oficial.

Y no importa tanto como lo que le pasará a Elías.

El fiscal quiere que le denieguen el arresto domiciliario

y meterlo en prisión hasta el juicio, ¡vete a saber cuándo!

¿Has terminado?

Primero, lo que le pase a Elías

no es porque le haya dicho nada a la Policía,

es porque has mentido a la Policía.

Y segundo, lo creas o no,

hemos hablado de lo que afectará esto al Central.

La prensa se ha enterado de que Ágata fue asesinada aquí

y no nos dejarán en paz. ¿Qué me quieres decir,

que habéis hablado de eso?

Y de las cañerías y de cómo se atoran, ¿o qué?

Tú ya has emitido veredicto.

No creerás nada de lo que diga, ¿no?

Pues no.

Adela, por favor, confía en mí. Mira, por favor, déjame en paz.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme a aquel lugar,

# sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos,

# con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color, sabor al son

# de aquel Mercado Central. #

-No me lo puedo creer. -¿Qué pasa?

-Esos relojes cuestan mucha pasta. -¿A mí me lo vas a contar?

-Espero que te quede dinero para el alquiler.

-Esto no es mío, es de mi jefe.

Lo guarda en el cajón de los albaranes.

Me vendría bien uno para ver mi marca al correr.

Igual alguien se cansa del suyo y lo vende barato por Internet.

-Vale, sí. ¿Qué quieres?

Me has mandado un mensaje y debo volver.

-Quería pedirte perdón por la discusión.

Y quería darte esto, pensé que te podía gustar.

-¿A mí, por qué?

-Porque ayer estaba en casa

y vi una camiseta que me pareció increíble.

Le pregunté a Samu y dijo que era diseño tuyo.

No sabía que dibujabas. -Sí, bueno, ¿y qué?

-Nada. Estudio Historia del Arte

y todo lo que tiene que ver con diseño me interesa,

y me parece que era muy buena, la verdad.

Entonces pensé que podrías mostrarme unos...

otro que hayas hecho, no sé.

-Que se te ve el plumero. Esto es cosa de Samu.

Te dijo que hables conmigo, que me hagas la pelota

para que seamos amigos. -No. No, qué va. No.

¿Tanto se nota?

-Me largo.

-¡Pará, Carla, escuchá!

Sí, Samuel me pidió que hablara contigo,

pero lo de los diseños no tiene que ver.

Me parecen muy buenos, muy creativos.

Eres muy creativa.

Por eso una diseñadora famosa te robó un diseño.

Eso es porque vio el talento que tenés.

-¿Cómo sabes eso?

-Me lo contó Samu.

-Pues sí. Y además de llevar el delicatesen,

también va a colaborar con una organización

que ayuda a mujeres maltratadas.

-Cocinas bien, llevas tu propio negocio, eres solidaria...

Menuda joya has encontrado. Si no te casas con ella, lo haré yo.

Hablando en serio.

Es encomiable que te impliques en algo como el maltrato a las mujeres.

Debe ser muy difícil. -Sí, sí que lo es.

Si hay maltratadores por medio, las historias no son fáciles.

Son muy duras.

-Hoy, por lo visto, ha tenido un encuentro con un indeseable de esos

y le plantó cara, como la valiente que es.

-Vamos a ver, no estaba yo sola, éramos un grupo de mujeres.

Pero sí.

Ha sido muy emocionante ayudar a esa mujer y a su bebé.

-Pues ya que hablamos de ayudar, cuenta conmigo.

Ofrezco mi imagen para lo que haga falta con la organización.

-¿Sí? Pues muchísimas gracias.

(Móvil)

La ayuda de un famoso

es muy importante para visibilizar el problema.

-Perdonadme, tengo que atender la llamada. Perdón.

Dime.

-Te agradezco mucho

que me hayas abierto las puertas de tu casa, Rosa.

Supongo que Lito te ha contado que no estamos muy unidos.

-Bueno, de ese tema no habla mucho, la verdad.

-Qué amable eres.

Quieres decir que no habla mucho de mí.

Seguro que ni te contó que yo existía.

Hace mucho que no nos veíamos.

Por eso me ha alegrado tanto que me invitéis a comer.

-Si me hubieses avisado con tiempo, te habría hecho algo más especial.

Quién me iba a decir

que iba a tener en mi casa a la gran Sofía Olmos.

Si mi padre se entera, se apunta a esta comida.

Es un grandísimo admirador tuyo. -Anda, anda, anda...

Déjate de adulaciones, que ya me tienes ganada.

Estoy muy contenta de que Lito haya encontrado una mujer como tú.

Lo veo feliz.

Eso te lo debe a ti.

-Debes estar muy orgullosa de tu hijo.

Es un gran hombre.

Es muy honesto.

Para mí se ha convertido en un referente.

(CARLA) Es Marita Etxebarría.

Y desde que conocí a esa tía, desde todo eso que pasó,

decidí que no quería nada de ese tipo de gente.

Yo soy feliz haciendo mis "cupcakes" y yendo a mi bola. Y punto.

-Es verdad, hay mucha gente aprovechada en ese mundo.

Puñaladas por la espalda y lo demás,

pero no dejes que una mala experiencia te quite la ilusión.

Seguro que en tu casa

sigues llenando blocs con montones de tus dibujos.

Si se lleva dentro, no hay quien lo pueda sacar.

A lo que me refiero es que si lo del diseño es lo tuyo,

deberías seguir intentándolo. Aunque no dé dinero, ya lo va a dar.

¿Y qué hago, vivo del aire?

No, lo que debo hacer es seguir currando para ganarme la vida.

-Se pueden hacer ambas cosas a la vez.

Nadie me paga los estudios y vine para conseguirlo.

Y te digo una cosa, el esfuerzo vale la pena.

Mirá, hoy hay una exposición de unos amigos de la facultad,

y ver arte de otra gente seguro que te da ideas.

¿Por qué no vienes conmigo?

-No, que no te quiero estropear el ligoteo.

Seguro que ahí se liga.

-La verdad es que sí, se liga bastante, sí.

Pero estoy dispuesto a renunciar a una noche de ligue,

si venís conmigo.

-Ya te he dicho que no me mola nada esa peña, ¿vale?

-¡Pensátelo, Carla!

¡Te va a gustar!

(ALBERTO) Bueno, pues sí, sí. Vale, gracias.

Vale, hasta luego.

Alberto, le estaba diciendo a tu madre

que me ha alegrado muchísimo conocerla por fin.

-Ya. Sí, claro.

-¿Qué pasa? -Nada.

-Alberto, ¿qué pasa? ¿Pasa algo? Te lo veo en la cara.

-Pues que me han llamado de la oenegé

y me proponen que me vaya al Congo

a poner en marcha un centro para chavales.

-Pero eso es estupendo, ¿no? ¿Qué te dije? Es el mejor.

(ALBERTO) Ya, bueno... Les he dicho que no.

-¿Por qué?

-Rosa, pues porque son muchos meses y yo...

Hemos empezado ahora a vivir juntos y yo quiero disfrutar este momento.

-Pero ¿ni siquiera te vas a dar un poco de tiempo para pensártelo?

¿Y si luego te arrepientes? No quiero que me culpabilices.

-Yo no haría eso nunca, Rosa. Ya está, ya está... Decidido.

(SOFÍA) Perdonadme, pero una sabe cuándo sobra.

Además, me vendría estupendamente una siesta.

¿Os importa si me echo un rato?

-No, qué va, para nada. Espera, ¿te acompaño?

-Muchas gracias.

Si no duermo después de comer, no valgo para nada.

Me hago mayor, supongo.

-Pasa, por favor.

Mira, es la segunda puerta a mano derecha.

Oye...

Pero bueno, Alberto.

No es el ogro del que me habías hablado.

Me parece una mujer encantadora. -Claro.

Porque Sofía Olmos, cuando quiere, puede ser una persona encantadora,

pero siempre tiene ases en la manga.

-Da igual la edad que se tenga, ¿no?

Los problemas entre padres e hijos y las relaciones

son siempre difíciles.

-Sobre todo, con una madre como la mía.

-¿Sabes qué creo?

Que está intentando acercarse a ti.

Que quiere borrar la distancia que hay entre vosotros.

No sé por qué, pero creo que te está tendiendo la mano.

Quizá deberías cogérsela, ¿no?

-No lo tengo yo tan claro.

-Bueno, muchísimas gracias.

Chao, "bro".

-Se han puesto de moda los relojes esos, todos lo llevan.

-Esto es un "smartwatch". -¿Un...?

-Una pulsera de actividad, un dispositivo multifunción...

-Déjalo, por mucho que me expliques, Lucas, no me voy a enterar.

Al menos dará la hora, que tiene pinta de ser caro.

-La verdad, sí, nuevos son carísimos,

pero puedes encontrar gangas de segunda mano por Internet,

como este, que el dueño me lo dejó tirado de precio.

-A ver si es un timo.

¿Estás seguro de que funciona?

-Sí. Lo estuvimos probando con el chico y funciona perfectamente.

¡Qué pinta que tienen esos bizcochos, David!

-Si es que tiene una mano espectacular para la cocina.

Aquí, aquí dónde lo ves, este va a ser el nuevo Jorge Santos.

No, no, ya lo verás.

-Me conformo con entrar en el top diez de sus ayudantes.

-Bueno, cóbrame no más, Nicolás.

Y le pago al chico este,

que lo mínimo, con la rebaja que hizo, era invitarlo.

-Tú no te vas sin probar antes un trozo de este bizcocho.

-No puedes hacer eso.

No puedes invitar a la gente sin el permiso de Jorge.

-Bueno, tranquilo, hijo, que ya lo pagaré yo de mi bolsillo.

-No pasa nada, Nicolás, ahora no me apetece.

Pero gracias de todas formas.

Cóbrame no más. -Vale.

(NICOLÁS CANTURREA)

-Vamos a ver.

Mira...

Te lo doy en monedas, me he quedado sin billetes.

-Disculpa.

Le has dado dos euros de más.

2 pinchos de tortilla y 2 bebidas son 12 euros.

Te ha dado un billete de 20,

tienes que devolverle ocho euros, no diez.

(NICOLÁS MASCULLA)

Es verdad, sí, se me ha olvidado una bebida.

Pero no puedes quitarle el cambio a un cliente así, a lo bruto.

-Es compañero de piso, hay confianza.

-No es excusa, no se hacen esas cosas.

Luego te quejas cuando grito: "¡Bote!".

-Aunque no sepas sumar, no son formas.

-Por favor, se me ha olvidado, ¿cómo te lo digo?

-Como ayer, una tostada y un café con leche.

-¿Que me he olvidado eso?

(GLORIA ASIENTE) 4 personas a las 21:30. Sí, perfecto.

Muy bien. (CHISTA) No te vayas.

Eso es, muy bien.

Hasta luego, gracias. Adiós.

¿Qué hace una chica como tú aquí?

Estoy de los nervios por mi hermano y me subo en casa por las paredes.

Necesitaba dar una vuelta. Normal. ¿Alguna novedad?

No.

Perdón. Perdona, estás liada, no te quiero entretener.

-No, qué va. Cojo reservas para la noche.

Aún hay pocas mesas. Si quieres, podemos charlar.

Vale.

Oye, pero el negocio va bien, ¿no?

Empieza a funcionar el boca-oreja.

Y también las críticas de Internet positivas ayudan.

Solo hemos tenido una negativa, la de Carmen.

¿Carmen ha hecho una crítica negativa?

Firmaba Gata Nocturna, pero sé que ha sido ella.

¿Gata Nocturna?

Carmen 100%.

Ella dice que no ha sido, pero no me lo creo.

Entiendo que estaba molesta por el despido de Samuel y Nicolás.

Pero conociéndola, sé que esto lo ha hecho

porque me negué a que fuera mi proveedora de carne.

Menos mal que no todos creen lo que sale en Internet, ¿no?

Y tenemos agotadas las reservas para el fin de semana.

Qué bien, pues menos mal. Sí.

No te he preguntado.

¿Qué sabes de Jorge, llegó bien a Barcelona?

Pues supongo que sí.

¿Supones?

Sí, no sé nada de él desde esta mañana.

Y lo llamo y me salta el buzón de voz, no sé.

Se retrasaría el avión, pasa a menudo.

No, porque entré en la web del aeropuerto

y ese vuelo ha llegado puntual. Ya sabes lo que dicen:

si no hay noticia, es buena noticia.

O está entretenido y se ha olvidado de mí.

Mujer, no digas eso.

Gloria...

Es que cada vez que Celia está por medio,

nos pasa algo.

¿No me digas que vas a empezar con el rollo de los celos?

No, no quería empezar con el rollo de los celos,

pero me resulta bastante inquietante no tener noticias de él

precisamente cuando va a pasar el día entero con Celia.

Es que no ha cambiado nada, todo sigue igual.

-Olvidas muchas cosas

y eso se traduce en dinero que pierde Jorge.

-Quizá Jorge pierde dinero por tus malos modales.

-No tengo malos modales. -¿No?

-¿Y cómo le quitabas el cambio?

-Bueno, a ver, se acabó la discusión.

Lo que hará que Jorge pierda dinero son estas escenas.

Con la bronca que acaban de hacer espantaron una mesa.

Los dos lo están haciendo muy mal.

Nicolás se lía con las consumiciones,

se despista con el cambio, sí.

Vos, David, es verdad, la gente que no te conoce

puede pensar que eres un poco mala onda.

Pero vean la parte positiva.

Nicolás tiene un trato con la gente espectacular,

y todo el mundo lo quiere.

Y vos, David, tenés una memoria prodigiosa,

cocinas como los dioses.

¿No se dan cuenta ustedes?

¡Son un equipazo!

Debéis sumar fuerzas, chicos, no restarse el uno al otro.

Si Nicolás se gana a la gente con su sensibilidad, su simpatía,

con todo lo que tiene,

y vos controlás que no se equivoque con los cambios,

todo el mundo gana.

-Pues tienes razón, chaval. Por mi parte ya está todo olvidado.

¿Qué pasa, somos un equipo o no somos un equipo?

-Somos un equipo, pero no te chocaré la mano.

-Bueno, yo me voy a currar.

Y que no se les olvide, son un equipo.

Son equipo.

(Notificación en el móvil)

-¿No crees que estás exagerando un poquito?

Gloria...

Jorge siempre está pendiente de mí,

de si estoy bien, de qué quiero, de qué necesito.

Y cuando alguno se va de viaje,

en cuanto llega, inmediatamente escribe al otro

para informar que está bien. Siempre, no falla.

(SUSPIRA)

No sé...

Quizá esa historia de amor nunca haya terminado.

Jorge conoció a Celia antes que a mí.

A lo mejor ella ejerce algún tipo de magnetismo especial

que no puede controlar, no sé.

Te entiendo.

Sé lo que son las historias que no se terminan nunca.

Verás, antes de estar conmigo,

mi exmarido tuvo una relación de esas intensas,

de esas que no se olvidan.

Le pregunté si tenía que preocuparme y dijo que no, que era pasado.

Pero un día,

tras pensar que nuestra relación era sólida como una roca,

descubrí que había vuelto a acostarse con ella.

Él me dijo que lo perdonara, que no volvería a suceder...

Yo lo creí y aposté por nuestra relación,

pero lo volvió a hacer.

Y ya no pude más.

Entendí que esa relación no se acabaría nunca

y que si quería liberarme,

tenía que ser yo la que pusiera fin a nuestro matrimonio.

Vaya. Lo siento.

Me imagino que tuvo que ser una decisión difícil.

Dura.

Sí, lo fue.

Bueno, menos mal que tenía a mi abuela.

Una mujer excepcional.

Ella fue mi apoyo, ella me ayudó a recomponer mi autoestima...

Y me enseñó que no necesito a un hombre para ser feliz.

Murió hace algunos años,

y no hay un solo día que no me acuerde de ella.

(SUSPIRA)

¿Por eso le pusiste Ainara al restaurante?

Sí.

Ella se llamaba así.

Es que tuviste suerte, ¿no?, de tenerla cerca.

(EXHALA)

Mi madre se murió demasiado joven y...

la echo de menos.

Me gustaría tenerla aquí, ayudándome.

Y cuando ella se fue,

no estuve donde tenía que estar.

Bueno, todos cometemos errores.

Pero lo importante es que estamos aquí, en el presente,

y que tenemos amigas que nos ayudan a seguir.

Sí, ya lo sé.

Y te lo agradezco mucho.

No saques conclusiones precipitadas. Jorge no es como mi ex.

No, no, ya lo sé.

Lo que pasa que no tener noticias de él estando con Celia...

pues me hace sentir un poco sola.

Pero no lo estás.

(SAMUEL CHISTA)

(NICOLÁS) Quítate eso antes de que te vea tu madre.

-Por eso debo hablar contigo. -Tranquilo. ¿Qué pasa ahora?

-Aún nada, pero si se entera, pasará.

-Si te ve tu madre, tendrás problemas.

-Necesito que me ayudes.

-A ver, cuéntame qué pasa.

-Trabajo en Los Lechales.

No me digas. -Bueno, escúchame.

El repartidor la ha liado, ha llevado encargos a otra zona,

y el jefe me pide que lleve carne al Ainara.

-Pues ya verás tú como se entere tu madre

y te vea cerca del Ainara.

-Por eso necesito que me ayudes, por favor.

Necesito que la entretengas.

-Bueno, lo intentaré. -No, "lo intentaré" no, papá.

Hazlo, que ya la conoces.

-Vale, está bien, la entretendré.

-En una hora o así le llevo muestras de carne.

-Vale, vale. -No me falles.

-Que no, tranquilo. -Voy a seguir. Chao.

-Pues a mí me ha parecido una mujer muy maja. Sí.

Y no sé por qué Alberto la retrata como... no sé,

una diva insoportable.

Me alegra que te haya caído bien.

¿Y tú dónde estás?

Perdona.

Pensaba en tu hermano y la pesadilla que está viviendo.

Todos estamos sufriendo por Elías,

pero le hacemos un flaco favor si nos venimos abajo.

Debemos estar fuertes para ayudarlo. Ya, pero es que...

su situación ya era difícil,

y creo que la he complicado aún más con lo de la falsa coartada.

Todos nos equivocamos. Y lo hiciste con buena intención.

No soporto la idea de que por mi culpa,

esperará el juicio en la cárcel. Podría estar en casa.

Lo hiciste para ayudarlo. Eres una mujer muy generosa.

Seguir confiando en él cuando tiene todo en contra,

no es fácil, Adela.

Pero debemos confiar en la justicia. Oye, perdona.

¿Ese reloj no es de Elías?

-No, es mío, lo compré hace un rato.

El mismo modelo que el del jefe.

No me estarás mintiendo, ¿no?

Te juro que no. Lo compré hoy.

El del jefe está en la frutería. Míralo, si quieres.

-Oye, el chico no tiene por qué mentir.

-Tengo a Nicolás de testigo también. Me vio comprarlo.

¿Y qué es ese mapa?

¿Esto? Sí.

Esto es el barrio.

¿Y esta línea roja?

Es el recorrido que hice yo corriendo hoy.

Y eso va por GPS, ¿verdad? Sí, están sincronizados.

¿Me explicas cómo funcionan el reloj y el móvil?

Claro. Para los que hacen deporte va genial,

porque mide el ritmo cardíaco, te geolocaliza,

dice cuántos kilómetros haces, qué velocidad alcanzaste,

calorías perdidas... Todo.

¿Y lo graba todo? Sí.

Vamos a la frutería.

-Adela, ¿adónde vas? Ya te cuento. Vamos.

¡Jesús! Jesús. (JESÚS) Estarás contenta, ¿no?

Me ha dicho el abogado de Elías

que le han denegado el arresto domiciliario por tu culpa.

Mira que inventarte una coartada.

Vale, me equivoqué, y lo siento, de verdad,

actué a la desesperada.

Pero he encontrado algo que ayudará a Elías.

No, no, no hagas nada que lo perjudique más.

Jesús, escúchame.

¿Dónde está el reloj de Elías? -Acá.

Pues conéctalo a tu móvil

y enséñame el recorrido que ha hecho estos días.

-¿Me explicas de qué va esto? Sí.

Este es el reloj que le regaló Ágata y nos puede servir de ayuda.

Siempre te tiene localizado

y señala dónde está el que lo lleva.

Así sabremos dónde estaba Elías cuando asesinaron a Ágata.

No es una prueba muy sólida

porque... ¿cómo sabes que lo llevaba cuando la asesinaron?

No lo sé.

Pero es un hilo del que tirar, lo único que tenemos.

Vale, venga, a ver qué dice el aparatito ese.

-No puedo entrar, pide código de desbloqueo.

¡No, por favor, no!

Ahí hay información que le puede servir a la Policía.

-Y para quedarnos tranquilos.

-Es un código de seis dígitos. Podría ser una fecha.

¿Una fecha? -Tú lo conoces mejor, Adela.

¿Qué fecha es importante para él?

Bueno, durante mucho tiempo usó la de nuestra boda,

porque siempre se liaba.

Elías es muy torpe con la informática.

¿Lo has metido? No.

(MASCULLA) No.

-Quedan dos intentos.

Si no introducimos la correcta, se bloqueará.

¿Y si probamos con la fecha de la boda con Ágata?

-¿La boda...? Bueno, si tú crees. Espera, fue el...

Cero, cuatro... (MASCULLA)

-Queda solo un intento. ¿Solo uno?

Y si no, ¿se bloquea?

-Por favor, Adela, piénsalo bien.

¡Sí! La fecha de nacimiento de Germán.

-Perfecto. Podemos ver la actividad de Elías de la última semana.

Enséñame, enséñame.

¿Qué pasó la noche del asesinato de Ágata? A ver.

¿Este es él?

Sí. Entonces...

Entonces él estaba en casa.

-Y si no lo llevaba puesto o lo llevaba otra persona, ¿qué?

¿Qué pasa?

-No, porque esto es un registro de pulsómetro.

Hasta hace cuatro días, ¿ves?

Significa que Elías lo dejaría en el cajón.

Entonces, o sea, necesita una contraseña.

No podía usarlo nadie que no fuera él.

-Creo que deberías llevar el reloj a la inspectora.

No, no creo que me escuche.

Pero.. se lo voy a llevar al abogado.

Seguramente, él sabrá qué hacer con esta prueba.

Nos vemos luego.

Muchas gracias.

Has sido de gran ayuda, de verdad.

-De nada, señor, tranquilo.

¿Se encuentra bien? -Sí, sí, sí. Muy bien, sí.

(NICOLÁS CANTURREA)

Aquí tienes tú cafelito con leche. -Gracias.

(NICOLÁS CHASQUEA LA LENGUA)

Los camareros tenemos fama de saber escuchar.

¿Qué, problemas de convivencia en el paraíso?

-No, todo bien con Rosa. Se trata de mi madre.

-¿Está enferma? -No, está como un roble.

De hecho, duerme la siesta en casa de Rosa.

-¿Ha ido a tu casa? -No, a la de Rosa.

Bueno, claro. Ese no es el tema, Nicolás.

-Bueno, ¿y cuál es?

-No sé si contarte los líos que tengo con mi amante.

-Hombre, ¿aún estás enfadado por eso, chiquillo?

-Y lo que te queda, Nicolás. Y lo que te queda.

Volviste a meter a mi madre en mi vida.

-Venga ya, Alberto, olvídalo. Mira, te invito al café, ¿vale?

Tienes suerte de que no está David porque, si se entera,

me hace un marcaje que ríete tú de los de Sergio Ramos.

-No sé cómo juzgar el acercamiento de mi madre.

Por un lado, me da miedo que esté intentando manipularme,

como siempre, como ha hecho desde que era niño,

pero por otro me preocupa no estar siendo justo con ella.

(ASIENTE)

-Hoy ha venido a comer con nosotros

y en vez del desastre que yo esperaba,

resulta que los tres hemos pasado un rato agradable juntos.

-Bueno, la típica comida familiar. ¿Qué esperabas, Alberto?

-Que la armase.

La Sofía Olmos que yo conozco es manipuladora, egoísta, caprichosa...

Y si tiene que montar un lío para ser protagonista,

lo va a hacer. Sin embargo, ha estado agradable.

No, espera, te voy a decir más, ha estado simpática.

-A lo mejor ha cambiado, ¿no? No sé, la gente cambia con los años.

Se da cuenta de sus errores y los va corrigiendo.

-No, no creo que sea ese el caso de mi madre. No, no, no.

Es una gran actriz.

-No, gran no, grandísima.

-Ese es el problema.

Que uno no sabe cuándo está actuando.

¿Quién nos dice que no estamos ante otra de sus actuaciones?

¿Y si está haciendo el papel de buena

para conseguir algo de nosotros? ¿El qué? No lo sé.

Pero no sería la primera vez.

De hecho, las grandes interpretaciones de Sofía Olmos

se dieron siempre fuera del escenario.

-No pienses que tu madre te engaña siempre.

-¿Conoces el cuento de "Pedro y el lobo"?

-Hombre... -Pues eso me pasa con mi madre,

que ya no la creo.

Rosa dice que me está tendiendo la mano

y que yo debería coger esa mano.

Bueno, vamos allá, vamos a coger esa mano, bien.

¿Y si me está manipulando otra vez?

-Esta vez no se lo perdonaría. No, no habría vuelta atrás.

No, no, no.

Pero claro, ¿y si me está tendiendo la mano, esta vez sinceramente,

y yo no cojo esa mano porque desconfío?

-Serías injusto con ella

y nunca te perdonarías haber estropeado la reconciliación.

-Eso es. -Claro.

Pues ¿sabes qué? Yo de ti me arriesgaría.

No tienes nada que perder.

La relación con tu madre es muy mala, nunca puede empeorar.

Y sin embargo, sí que puede ir a mejor.

-Podría intentarlo. Podría...

Podría llamarla de vez en cuando, quedar con ella para comer...

-Esa es la actitud. Sí, señor, ahí estamos.

Al final será verdad que los camareros somos buenos psicólogos.

Te dejo, debo poner el lavavajillas. -Yo también me voy.

-A ver, ¿qué quieres?

-Carmen... -¿Qué?

-No, mira, que quiero que pruebes un bizcocho de chocolate.

-¿A estas horas? -Sí, a estas horas, verás.

Ahí.

-A ver...

He dicho que venía a traerte ropa y me dejaron pasar.

¿Cómo estás?

La prisión preventiva no anima, pero gusta ver una cara amiga.

Escucha.

Creo que he encontrado algo que demostrará tu inocencia,

el reloj que te regaló Ágata.

¿De qué hablas? ¿Cómo hará eso un reloj?

Es uno de esos relojes inteligentes que registran los movimientos,

y según el tuyo,

la noche del asesinato de Ágata no saliste de casa.

Se lo di a tu abogado para que lo presente como prueba.

Parece peregrino para que lo acepte el juez.

A ver, tendrán que aceptarlo. A Ágata la mataron en el mercado

y en tu reloj pone que estuviste esa noche en casa. Es irrefutable.

Lo sea o no, muchas gracias por intentarlo.

Hombre, después de que te denegaran el arresto domiciliario,

era lo mínimo que podía hacer.

De verdad que lo siento, Elías.

Nunca debí inventarme una coartada falsa.

Y menos cometer el error de contárselo a la persona equivocada.

No sé en qué pensaba al decírselo a Fernando.

Le faltó tiempo para contárselo a Millán.

No fue Fernando.

Fui yo.

¿Cómo? Sí.

No podía dejar que te vieras involucrada

y que mintieras por mí.

Sé que lo hiciste sin pensar en las consecuencias

y por eso lo valoro más, pero...

después de cómo me porté contigo no podía permitir que lo hicieras.

Eres una buena persona, Adela.

No.

No lo soy.

-¿Qué? ¿Qué te parece? (CARMEN SE RELAME)

Está buenísimo. -Te dije que te iba a gustar.

-Hala, me voy.

-¡Carmen! ¿Adónde vas tan deprisa? -A la tintorería.

A recoger un vestido aprovechando que mi madre me sustituye.

-Pero no te vayas, anda.

Como el bar está tranquilo, nos quedamos los dos solos, charlando.

-¿Solos? Solos estaremos en casa tirados en el sofá, más a gusto.

-Oye, y... ¿voy yo a recoger los vestidos a la tintorería?

-No, porque cuando sales está cerrada.

No me arriesgo. -Voy mañana por la mañana, ¿no?

Y tú te quedas aquí tranquila, a gusto, conmigo.

Te invito a otro trozo de bizcocho. -No, no, no.

Eso engorda mucho.

Y ten cuidado con las invitaciones, que igual a Jorge no le mola.

-De verdad, ¿tú también como David? ¡Qué cruz, por Dios!

Tranquila, no dirá nada, lo pago de mi bolsillo.

-¿Cómo que pagas tú?

Te conozco, al final te dejas el sueldo invitando, Nicolás.

-¡No! ¡Carmen, espera!

-¿Qué?

-No te puedes ir... sin darme antes un beso.

-¿Qué te pasa? Esta mañana no me diste ni los buenos días

y ahora no puedes vivir sin mí.

-Ya, es que no puedo vivir sin ti, Carmen.

Y perdóname, esta mañana... en fin, no te dije nada,

pero ya sabes que tengo un despertar...

-Pero que sepas que yo,

cuando abro los ojos por la mañana en la cama y te veo a ti,

yo me siento el hombre más feliz del mundo.

Porque es que no hay cosa más bonita

que estar a tu lado, envejecer contigo,

morirme contigo, Carmen.

-Tú te sientes culpable por algo.

Y debe ser gordo con este nivel de empalago. ¿Qué has hecho?

-Nada. ¿Un hombre no le puede decir a su mujer

lo que la quiere? -Dímelo o creeré que eres infiel.

¡Por Dios! ¿Cómo puedes pensar eso? Yo jamás te engañaría.

-También te quiero, tonto. Me voy a la tintorería.

-¡No, Carmen, espera!

-Cuando llegue la carta... (SAMUEL) Hola.

-¿Ahora me traes tú la carne?

¿Trabajas para Los Lechales?

-Sí, pero no comentes nada, ¿vale?

-Vale, no te preocupes. -Toma.

-¿Estás bien? -Sí, pero tengo prisa.

¿Te importa firmarme el albarán? -Vale.

Damián.

-¿Qué está pasando aquí?

-¿Te llevas esto dentro, por favor?

-¿Tú qué haces trayéndole carne a esta tía?

-Carmen, no. Samuel me está haciendo un favor.

Sí, Los Lechales se equivocaron, dejaron el pedido en el parquin,

y le pedí que me lo acercara. -¿A un minusválido se lo pides?

Trae albarán y lleva logotipo en la camiseta.

¿Crees que soy idiota? -Gloria, da igual.

Gracias de todos modos.

Mira, mamá, pues que no encontré trabajo de cajero en el súper.

-Está claro, tienes trabajo de lo que eres, de traidor.

-Mamá, no te pongas así, te lo explico.

-Tú lo sabías.

Por eso ha estado toda la mañana vendiéndome romanticismo barato

y alimentándome como un pavo, para que no saliera y te pillara.

Te lo iba a contar. -Por favor.

¿Podríais tener esta discusión en otro lugar?

Me espantáis la clientela.

-¡Los espanta la mierda de carne que sirves!

¡No hay nada que hablar contigo ni con vosotros!

(SAMUEL) Lo siento. -Tranquilo.

(Puerta cerrándose)

-Creo que este te va a quedar bien.

Hola, cariño. -Hola, Lito.

-Te he dicho mil veces que no... Bueno, es igual.

¿Qué está pasando?

-Pues nada, que Sofía se va a quedar a dormir

y le buscaba algo para que esté más cómoda.

-Madre mía, creo que no me ponía un chándal desde los 80.

Pero bueno, qué remedio.

Voy a probármelo. -Muy bien.

-¿Qué hace aquí todavía? Creía que se había marchado.

-Tu madre es una marmota. -¿Por qué se queda a dormir?

-Me ha dicho que le daba un poco de pereza

irse a estas horas a su casa.

Teniéndola, además, así, pues toda levantada por las obras.

-Te ha engatusado.

-Verás, también me ha dicho que estaba muy agradecida por la comida,

por el trato que le damos, se ha sentido muy cómoda.

-Te ha engatusado. -¿Qué quieres que te diga?

¿Qué querías que hiciera? ¿La mando a su casa?

-Sabía que iba a pasar esto. Lo sabía, lo sabía.

-Bueno, ya está. Por favor, ya está.

Solo se queda a dormir una noche,

así que no vamos a hacer una montaña de esto.

-Quiere algo de nosotros, Rosa.

No, la conozco, estoy segurísimo, quiere algo de nosotros, ya verás.

-¿Y se puede saber qué haces aquí a estas horas?

-Me había dejado el móvil después de comer

y lo necesito para llamar. Me voy a la cervecería.

Espero que cuando vuelva esté muy dormida. Muy dormida.

(Puerta cerrándose)

-Reponedor, repartidor, cajero...

(CARLA RÍE) Este pavo no vende un cuadro ni de coña.

Hola, amor. -Hola. ¿Qué tal, cómo fue?

-Pues la verdad, bastante interesante.

-Me gustó. Yo, chicos, me voy al baño urgentemente.

¿Sabes el problema que tienen las exposiciones con barra libre?

Y aprovecho para cerrar la frutería.

Nos vemos más tarde, que esta noche la voy a liar parda.

-Chao. -Anda, ve con cuidado.

¿Qué tal?

¿Y esa cara?

-Mi madre la ha vuelto a liar otra vez.

-¿Carmen liándola? Qué raro. -Rarísimo. Bueno, ya te imaginas.

Mi padre y yo nos habíamos organizado

para que mi madre no se enterase de que trabajo en Los Lechales.

¿Qué pasó? Se ha enterado.

Montó la más grande. -Imagino el chorreo que os ha caído.

-No te lo imaginas. Se queda corto, ¿sabes?

No quiero hablar más del tema, paso. Cuéntame, ¿qué tal ha ido?

-Genial, la verdad, lo hemos pasado genial.

Y la expo era brutal, me ha encantado.

-Qué guay, me alegro. ¿Y con Lucas qué tal?

-Tengo que reconocer que es buen pavo.

La verdad es que tiene unas salidas supergraciosas, te ríes un montón.

Y el tío no es tonto.

Sabe mucho de arte y cómo explicarlo,

pero no de manera prepotente.

Si no es por él, me pierdo media exposición,

porque realmente me estaba perdiendo muchos detalles.

Y cuando él me lo ha contado, he flipado. Ha sido brutal.

-Me alegro. Me alegro mucho. -Sí.

Y conoce a un montón de peña del mundo del arte, tío.

Y no sé, la peña tiene unas carrerazas para lo jóvenes que son.

-Me alegra que hayas disfrutado tanto

y conozcas mejor a Lucas. Es importante que os llevéis bien.

-Pues ya está, problema resuelto.

Me voy adentro, me voy a hablar con Sonia. Adiós.

-Oye, te espero y nos vamos juntos a casa, ¿vale?

(JESÚS) ¡Elías!

(EXHALA)

Eres tú, creía que era... Ya.

¿Qué haces tú aquí?

Pues que estoy preocupada por Elías, papá.

Y por ti también.

Con lo que está pasando, necesito estar con la familia.

Me quedo a dormir.

Vamos dentro, que te acompaño. Vamos.

Por el grito que has pegado pensando que eras Elías,

mejor no te pregunto cómo estás, ¿no?

Ya sabes que nuestra relación no es buena, pero lo echo de menos.

¿Quién me iba a decir

que iba a saber lo que es tener un hijo en la cárcel?

Nunca se deja de sufrir por los hijos.

Jamás, por muy mayores que sean.

Ser padre es increíble.

Aprendes a descifrar sus expresiones.

Sabes qué les pasa sin que te digan nada.

Y te sientes orgulloso al verte reflejado en sus gestos.

Y sabes que te pasarás el resto de tu vida

intentando hacer lo mejor para ellos.

Deseo que llegue ese momento.

Pues cuando llegue, aprovéchalo, porque crecen muy deprisa.

Y luego se hacen adultos y te dicen que están bien,

pero los miras a los ojos...

y sabes que no es verdad.

Fernando.

-¿Qué quieres?

Quería... pedirte disculpas.

Esta mañana fui injusta contigo

y no te he concedido ni siquiera el beneficio de la duda.

Espero que puedas entenderme.

Porque aunque Elías sea mi ex, pero... me importa lo que le pase.

Lo quise mucho, pero sobre todo, es el padre de mi hijo.

Lo comprendo.

Me gustaría saber a qué viene el cambio de opinión.

Esta mañana

para ti yo era el chivato que te había delatado a la Policía.

Ya.

Ha sido Elías.

Él ha desmentido mi coartada delante de la inspectora

y me lo ha dicho él mismo.

-Lorena, ¿hay algún problema con Jorge?

No sé si hay algún problema o si son invenciones mías.

¿Tiene que ver con estar en Barcelona con Celia?

No tengo ni idea, pero no he venido a hablar de eso.

Estoy preocupada por Elías, y estoy preocupada por ti,

y ahora lo que necesito es estar con mi familia.

Ya veo que no quieres hablar.

Pues no.

Porque son problemas absurdos de pareja o...

o paranoias mías.

Pues muy bien, no te voy a forzar.

Pero sabes que me puedes contar lo que sea.

Papá...

que hay algo de lo que sí necesito hablar contigo.

Lo que sea.

No quiero abusar, pero...

Papá, el dinero.

Aquí lo tengo.

Como no querías que Jorge lo supiera,

te lo doy en metálico.

Gracias, papá.

Ya sé que no quieres decirme nada,

pero quería... Papá.

Es personal.

Lo sé, y te entiendo,

pero es mucho dinero. Confía en mí.

La última vez que confié en alguien fue en tu hermano,

y ya ves dónde está ahora.

Mira, no me lo cuentes si no me lo quieres contar,

pero si necesitas más, quiero saber para qué es.

No sé si voy a aguantar más disgustos.

(CONTESTADOR) "Soy Jorge Santos. No puedo atenderte.

Deja un mensaje tras la señal. Gracias".

Hola, Celia, soy Lorena.

Mira, es que... no sé nada de Jorge desde que ha llegado a Barcelona.

No me coge las llamadas y estoy un poco preocupada.

Me gustaría saber si estáis bien.

Bueno, imagino que está muy ocupado con la presentación.

¿Sabes qué? Mira, dile que no me devuelva las llamadas y...

disfrutad.

Aprovechad todo el tiempo que tenéis juntos, ¿vale?

Adiós.

-O sea que necesitas que te lo diga Elías para poder creerme.

Bueno, es una forma de verlo, si quieres.

La cuestión es que te creo ahora

y te pido disculpas por no haberlo hecho esta mañana.

Está bien.

Disculpas aceptadas.

(Pasos acercándose)

Perdona.

¿Qué haces aquí?

Venía a buscarte.

Me han soltado.

¿Cómo que te han soltado? Que sí, que tú tenías razón.

Que el puñetero reloj al final me ha dado una coartada.

No puedo creerme que estés libre. Lo hemos conseguido.

Bueno, bueno... Tampoco podemos cantar victoria.

Porque me dejan estar en casa durante la investigación,

pero las cosas siguen igual.

¿Quieres decir que no han retirado los cargos?

Sigo siendo sospechoso.

Y si no encuentran al verdadero culpable,

me enjuiciarán y lo más probable es que acabe en prisión.

Lo importante es que estás libre

y, sobre todo, es una primera victoria.

Y todo gracias a ti.

Si no llega a ser por ti, todavía estoy en el calabozo.

Me alegro de haberte ayudado.

¿Lo sabe la familia, qué dicen?

Por eso he venido a buscarte.

Quiero que se lo digamos juntos, tú también eres familia.

Espera un momento.

Fernando, lo siento, es que voy a tener que marcharme.

Acaban de soltar a Elías y... y, bueno, me necesita.

Espero que lo entiendas.

Por supuesto.

Vale, gracias.

-Pagará por lo que nos hace. Es una manipuladora.

Pasé hasta miedo.

Pero de verdad, lo que me hundió

fue saber que mi padre pensaba que era un asesino.

-Bar Central 1973, dígame.

¡Hombre! ¿Qué pasa, Jorge, cómo va todo?

(GLORIA) Igual nos equivocamos. Y rectificar es de sabios.

¿No podríamos volver a contratarlo?

-No me lo puedo creer. -No te agobies.

-Te ha vuelto a engatusar.

¿Le has dicho que se puede quedar a vivir?

-Todo es Lucas y los amigos de Lucas y las obras que le explicó Lucas.

-¿Tienes celos de Lucas?

-Esta vez te has pasado. Con mis negocios no se juega.

-Con mi familia tampoco.

Entre Celia y yo no hay absolutamente nada.

Está feliz en Barcelona con su nuevo chico.

Y yo te quiero a ti, solo a ti.

-¿Mi madre tiene novio?

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Mercado Central - Capítulo 255

19 oct 2020

Adela descubre en el smartwatch de Elías la manera de darle una coartada y librarle de ingresar en prisión. Adela se disculpa con Fernando por culparle de desmentir la coartada que le dio a la policía. Pero el gerente ve con frustración cómo Adela elige marcharse con Elías cuando éste está de vuelta.
Alberto duda si dar una oportunidad a su madre. Rosa invita a la actriz a pasar la noche en su casa y su novio teme lo peor.
Gloria azuza los celos de Lorena ante la falta de noticias de Jorge en su viaje a Barcelona.
Aunque trata de ocultárselo, Carmen descubre que Samuel trabaja para la competencia.
Carla y Lucas acercan posiciones y van juntos a la inauguración de una exposición. Samuel siente celos de su amigo.

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  1. Alfonso

    ¡Excelente capítulo! Tristemente hace poco tuve que despedirme de un familiar y esta serie me ha ayudado muchisimo... Y lo sigue haciendo. Este capítulo fue muy especial para mi. Un saludo y gracias.

    20 oct 2020