Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 244 - ver ahora
Transcripción completa

¿Sigues con eso?

-Había algún artículo que me permite dejar la presidencia.

-Podemos alquilar la habitación con una condición:

elijo al candidato.

-Carmen, por Dios. -¡Ay, me he roto!

-¿La revisión era en Alcalá Meco?

Si quieres que lo nuestro funcione, creo que este no es el camino.

-¿Es el que me marques tú, como hizo él?

-Parir el hijo, criarlo, y luego ampliamos el negocio.

Ella puede, no tiene familia.

Tienes razón: mi proyecto más ambicioso está aquí.

Si yo fuera tú, me andaría con ojo con esa mujer.

¿Es gracioso? No, me encanta que te preocupes.

A ver cuánto duras con él, está sin un duro.

"No".

Germán lo ha complicado todo. ¿Germán?

Cogió el dinero antes de marcharse. ¿Sabes qué? Aquí os quedáis.

¿Dónde vas? Ágata, no hagas tonterías.

Mal vamos.

¡Despierta, Elías! ¿Qué?

¿Qué pasa?

Has dormido la mona en el sofá.

¿Y Ágata?

¡Ágata!

¡Ágata!

¿Qué ha pasado?

Anoche discutimos.

Se enfadó y se fue de casa. He esperado a ver si venía, pero no.

Se lo dijiste.

Sí, sí... Seguí tu consejo y le dije la verdad,

que no tenía dinero.

Has hecho lo correcto.

Ya lo sabía.

Yo no se lo he dicho.

Sería Adela. O Lorena.

Se enteró cuando hablé con Adela. Les dije que no dijesen nada.

Es igual quién se lo haya dicho.

Está muy enfadada, está...

Curioso.

Cuando lo hago bien, más se me complica la vida.

Nadie te dijo que fuese fácil.

¿Tan mal se lo tomó?

Nunca la había visto tan enfadada.

Entiendo que le duela si se lo ocultaste.

Pero, con una confesión tan importante,

esperamos que haya comprensión por parte del otro.

Debiste decírselo al enterarte.

¿Cuándo? ¿Cuándo?

¿Cuando nos íbamos a casar? Esperaba el momento más oportuno.

No sé, pero antes de gastarte lo que te queda en caprichos como ese reloj.

Ay, de verdad...

Haz café, anda. Sí. Será lo mejor.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó una luz en la ciudad

# y una sombra # en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme a aquel lugar,

# sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió # una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos,

# con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color, # sabor al son

# de aquel Mercado Central. #

Un aplauso para Jorge Santos, referente culinario y orgullo

del Mercado Central.

Los que quieran hacerse fotos, que vayan pasando.

Pobrecito.

Lo pasa tan mal...

-A mí tampoco me gusta ser el centro de atención.

No está mal recibir halagos, es bueno para la autoestima.

La mía está bien, no me gusta que me miren.

Es una pena, con lo guapo que eres...

(CARMEN) Ya está.

Lo estáis agobiando. Cada mochuelo a su olivo.

Tenemos una oferta en la carnicería.

Chuletillas, a mitad de precio. Dos por uno en cachopines.

Luego seguimos con las fotos.

Tengo que cocinar o aquí no come nadie.

Gracias.

Enhorabuena.

Es un premio... muy bonito. -Sí.

Enhorabuena. ¿Puedo cogerlo? Sí. Puedes quedártelo.

Pesa bastante.

Es bueno. No.

Es "made in China". Pongo la olla. Vale.

¿Cómo lo llevas?

Tengo sudor frío. Cielo.

Deberías estar acostumbrado a esto, eres un cocinero de renombre.

Y el libro te ha puesto en el candelero.

Si quisiera fama, sería actor.

Quiero estar en la cocina, entre fogones, tranquilo.

Eso te pasa por cocinar tan bien. Es un premio de barrio.

De dudoso gusto.

No me han dado tres estrellas.

Es que fíjate... -¿Qué? ¿Me vas a dar ya las gracias?

Debería venir a comer cada día gratis.

Pues sí.

En eso pensaba.

Pero ten cuidado con lo que pides, igual me da por ponerte cicuta.

Por agradecerte el detalle, mujer. ¡Anda ya, si estás encantado!

Estoy. No te he preguntado.

¿Qué te ha pasado?

(RESOPLA)

Un estrés cervical.

Las responsabilidades de la presidencia.

Me sale el estrés por el cuerpo.

Pero ¿es grave?

Bueno, grave no, es muy doloroso.

El médico dice que deje la presidencia hasta que me recupere.

Ah, el médico te ha recetado que dejes la presidencia.

Una receta no ha hecho,

pero ha dicho que aligere la agenda lo máximo posible.

Ya, vaya.

Que no insistas.

Eres el candidato ideal, te quiere todo el mundo.

Con el Chef de Oro, eres el buque insignia del Mercado.

No. (CHASQUEA LA LENGUA) Bueno.

Por lo menos, hala.

Échanos una foto. Sin brillos. Ven. Claro.

A ver...

(RESOPLA)

Guapísimos. ¿A ver? Qué bien ha quedado.

Hala, venga, a más ver. Chao.

Recordad la oferta: dos por uno en cachopines.

-Jorge, quita la olla en 15 minutos.

¿Ya te vas? Sí.

He quedado con Samuel y Carla.

Llévate esto y lo dejas por ahí.

Tengo que pasar por el baño.

Así te hace compañía. Aquí no lo quiero. Tira.

(Llaman)

-¿Sí?

-¿Te ha escrito alguien?

-Alguien, pero prefiero a cualquiera a uno que me atasque la lavadora.

-No pienses en lo peor.

Ese le conoce y la cae bien. -Ya.

Me preocupa.

-Los dos sois igual de tozudos. Déjame ver.

¿Quién te ha escrito?

-Esta.

-Tendremos suerte si alguno le parece aceptable.

Por mí, la profesora de pilates, ni de coña.

-Me parecía la mejor.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-¿Por qué? -Pues...

Una chica joven.

-Sí. -¿Qué pasa?

¿Qué es esto? -El Chef de Oro.

Lo ha ganado Jorge en el distrito. Quiere que lo guardemos aquí.

-¿Y eso por qué?

-Ya sabéis lo raro que es.

-Pónmelo ahí encima, anda.

Donde los altavoces. Ahí.

-¿Tenemos algún candidato?

-(AMBOS) Tenemos. -A ver.

Lo mejor es que les eches un vistazo.

Y di si tienes algún perfil, una preferencia...

-El género me da igual.

Que sepa informática y le guste el ajedrez.

-Elegimos sobre lo que hay aquí.

(Móvil)

-Los de la lavadora.

-Venga. A ver. -¿Sí?

¡Ah! ¡Mecachis!

(VALERIA RÍE)

Ese es el truco para haber crecido tanto.

Sí, mi madre me regaba todas las noches.

Pero ¿va todo bien?

Depende de lo que entiendas por "bien".

Déjame adivinar: ¿Fernando?

¿Tan evidente soy?

La cara de una mujer es como el llanto de un niño:

basta con que la mires para saber qué le pasa.

Ya. Y lo tuyo es amor.

A ver, que nos acabamos de conocer.

Pero no me lo quito de la cabeza.

No ha salido bien la estrategia de ayudarte con los papeles, ¿no?

La cosa... parecía que iba bien, trabajando con los papeles,

lo del BIC, la subvención...

Noté que surgía la química.

Estuvimos hablando, nos contamos nuestras historias...

Y es curioso.

Los dos estamos en un momento bastante parecido.

Y sois unas peritas en dulce.

Bueno, no sé lo que piensa él de mí, aunque me parece atractivo.

Si eres un cañón de mujer.

Haríais una pareja muy apañada. Para los caballos.

Te agradezco el cumplido, pero no me sirve, solo meto la pata.

Pero arranca.

La cosa iba bien. Sí.

Pero ayer le vi hablando con Ágata y se me cruzaron los cables.

¿Qué hiciste? Nada.

Quise avisarle de quién era ella.

Y lo que parecía era una celosa infantil.

¿No exageras? No, le espanté.

Tenías que ver con qué cara me miraba.

Un desastre, vamos.

Mira. Ah.

Voy a atender. Sí.

¿Sí?

-Vale. -Elige unos cuantos.

Pero, si te parece bien, la mejor opción es esta.

Se la ve una chica joven, pone que es limpia, educada.

Parece maja y trabaja en un gimnasio al lado.

-Es profesora de pilates. -¿Qué hay de malo?

-Se duchará varias veces al día, lo que aumenta la factura del agua.

-Vendrán a las 11, ¿estarás en casa?

-Sí. -Recuerda.

A la 1, reunión con el asesor. -Vale.

No te preocupes. -¿Qué?

¿Tenemos algún candidato? -Sí.

Pero con las pegas de David... -Por favor.

Abre la mente, necesitamos un compañero de piso ya.

Si no, sufriremos. -Pero yo ya he elegido uno.

-¿A quién?

-Ninguno de estos.

-No nos has dado ni una oportunidad.

Mírate mejor a los candidatos.

-Candidato número 1: es pintor.

El olor a pintura es tóxico. -¡Anda ya!

-Candidato número 2: tiene un gato.

Nos podría dar alergia.

Hay que comprobar que está vacunado.

La de pilates solo le gusta a Samu. -Ah.

-Yo... no he dicho eso. -Está claro.

La opción es Beltrán.

Necesitáis ese dinero, yo no pagaré la penalización.

-Pues vale.

(Puerta)

Hasta luego, Pilar. Adiós. Bueno, a ver.

A lo nuestro. ¿A ti te sigue gustando?

Reconozco que me hubiera gustado conocerle un poco más.

¿Y qué vas a hacer?

Nada, lo he intentado y no ha podido ser.

La cosa con Fernando no fluye, qué le vamos a hacer.

En vez de luchar por el primer hombre que te gusta desde hace tiempo,

tiras la toalla.

No te pongas tan dramática.

No voy a ir detrás de él como una quinceañera.

Estás muy acomodada en tu soledad y no te lo voy a permitir.

Ah. Lo tienes muy fácil.

Ah, ¿sí? Totalmente.

Haz un movimiento sorprendente.

Ya, ¿como cuál?

Tienes una floristería.

Prepárale un ramo.

Y se lo envías al despacho. Hala, venga.

En agradecimiento por habernos ayudado.

La excusa perfecta.

¿Y de qué servirá?

Yo no sé si le habrás espantado.

Pero es educado y te agradecerá el detalle.

Y entonces podrás demostrarle

que se llevó una impresión equivocada.

Bueno, igual funciona.

Y, si no, podré disculparme.

No sé qué pondré en la nota.

Algo sencillo y directo, del tipo:

"Querido Fernando, desde que te vi por primera vez,

he sacado la lencería".

¿Cómo voy a poner eso? Que es broma.

Con que le des las gracias, ya está el anzuelo lanzado.

Piénsalo.

¿Dónde te has metido?

Buenos días, Elías.

¿Sabes la noche que he pasado? No me vuelvas a hacer esto.

Yo tampoco lo he pasado bien.

Como no tenía la tarjeta de crédito para pagarme un buen hotel, peor.

¿Dónde te has metido? En tu estado, no puedes deambular.

Me encuentro perfectamente, no te preocupes.

Déjame terminar mi desayuno.

¿Solo me dices eso?

También te puedo invitar a desayunar si estás tan mal de dinero.

Toma. ¿Qué es esto?

Las pruebas de que no te mentí. A ver.

No estoy para adivinanzas, dime algo más.

El día que me hijo me robó, me dejó esa carta confesándolo todo.

(GERMÁN) "Cuando leas esto, estaré lejos de Madrid".

"Me he ido a Oporto a montar el hotel, lamento mucho

que sea así, porque, a pesar de todo, te quiero y te deseo lo mejor".

"Aunque al lado de Ágata dudo que lo consigas".

-Qué encanto tu hijo, he recordado cuánto lo echo de menos.

Ahí lo tienes. Yo no le di el dinero, me lo robó.

¿Y por qué no me lo dijiste?

Ese día nos íbamos a casar.

Tuve vergüenza y miedo.

No sabía cómo reaccionarías.

Esperaba que me creyeras.

Mi palabra debería bastarte.

¿Lo dices tú, que llevas mintiéndome un mes?

Me alegra que tengas esta carta.

Ayudará a demostrar que te robó.

¿A quién?

A la juez. Hay que denunciarlo de inmediato.

¿Que denuncie a mi hijo?

Germán ha cometido un delito y tiene que pagar por ello.

No puedo hacerlo.

Entiendo que esto no es fácil.

Pero la ley está hecha para ser cumplida.

Debemos recuperar lo que nos corresponde,

lo de tu otro hijo.

¿No denunció Noa a su padre?

No es lo mismo. Nacho se merece estar en la cárcel.

Y tu hijo es un ladrón.

A ver.

No va a ir a la cárcel.

Llegará a un acuerdo y asunto arreglado.

Ya está.

Conserva esta carta, no nos interesa perderla.

Y ya puedes pagar el desayuno.

Yo voy a subir a casa, tengo que ducharme y cambiarme.

Vamos, claro que voy a estar, esperadme.

Me mandas la dirección es un mensaje por el móvil. Venga.

Ay, sí, luego nos vemos. Un beso.

-Hija, ¿cómo estás?

-Muy mal, mama. Me ha tenido que mirar un tuerto.

Toda la semana trabajando.

Y ahora me lesiono. -Bueno.

No digo que no estés ocupada en tu presidencia, pero esta semana

he trabajado yo más. -Ya.

Y lo que te rondaré, morena.

Porque tengo que hacer rehabilitación.

Me han puesto fisio a las 13:30, me tienes que sustituir.

-¡Hoy quería comer con Jesús!

-Más lo siento yo.

Tengo que ir a que me retuerzan el pescuezo.

-A ver, exactamente, ¿cuál es tu diagnóstico?

-Estrés cervical.

-No he oído eso nunca. -Ni yo, son unos dolores

que te vienen... Mira. -Ah.

-Ay, me está viniendo. -Hija.

-Te lo juro.

Voy a tomar un ibuprofeno. -Ve.

-Ya que estás, prepara los pedidos: el de Juana y el de la pescadera.

Están ahí apuntados.

(SE QUEJA) -Anda.

-Tengo que tomar un ibuprofeno.

Vendrán al mediodía a por ellos. Ahora vuelvo.

(SUSPIRA)

Te juro que al final la lío y acabo cocinando en la cárcel.

¿Qué pasa?

Paco me pregunta si me presento a la presidencia.

Me preocupa que Carmen pregone el tema

y yo acabe sucumbiendo.

No creo, les has dicho ya que el cargo no te interesa.

Le he dicho a Carmen que no, pero cree que acabaré aceptando.

No te puede obligar a aceptar algo. No lo tengo tan claro.

Está generando una expectativa y seré yo quien los decepcione.

Pues neutralicemos sus tejemanejes. Ajá, ¿y cómo?

Poniéndole en bandeja otro candidato.

A nadie le interesa.

-Necesito unas copias de la llave del almacén.

¿Un cerrajero? Hace años teníamos uno...

(Móvil)

No me dejan tranquila. Un segundito.

¿Hola?

Jorge, Jorge, Jorge.

Tenemos a la candidata para la presidencia.

¿Gloria? No.

Mujer de mundo, exitosa, valiente.

Vamos, se va a desenvolver perfectamente.

Acaba de llegar, es un marrón. No perdemos nada por preguntar.

-¿El cerrajero?

Sales del Mercado, dos calles a la derecha.

Gracias. De nada.

¡Gloria!

¿Tienes un minuto? Te queríamos hacer una consulta.

¿Pasa algo? Sí, mira.

Carmen, la carnicera, es la presidenta de la asociación.

Sí, le recomendé una empresa para las placas solares.

Te cuento.

Entre la vida de los demás y su negocio, no tiene tiempo.

Ahora que se ha lesionado, peor.

¿Qué tengo que ver?

Está buscando una sustituta para la presidencia.

Y tú serías la persona ideal.

Gracias, pero no puedo aceptar.

¿Por qué?

No estoy preparada para un cargo así.

¿Tú? Eres una empresaria y llevas años triunfando.

Hemos pensado que, si tú fueras la presidenta,

todos saldríamos beneficiados, ¿no?

¿No? Sí.

Acabo de aterrizar en el Mercado y la mayoría no me conoce.

Sería extraño que una recién llegada asumiera el poder.

Pero gracias. Si me disculpáis, salgo pitando.

Perdona el asalto. Tranquila.

Pues vaya. Bueno, lo has intentado.

Muy bien por Gloria, hay que saber decir que no.

Lo haré cuando Carmen insista, mantenerme en mi sitio.

¿Y estos cuadernos de dibujo? Nada, que los ojeo, que los miro.

Mis chorraditas. Qué bien te veo.

-Oye, oye, oye. ¿Le has mandado las flores?

Le he preparado un ramo, a ver qué me responde.

Tu hija ya está mejor, ¿no?

No sé, tiene un tirón y parece que pasó por la guillotina.

Ya.

¿Qué pasa, Adela?

Que me parece que tu hija le está echando un poco de cuento.

Bueno. Estaba hablando por teléfono.

Has aparecido y se ha puesto a morir.

Sí, tengo esa impresión, pero no sé por qué iba a fingir.

Me da que tiene que ver con el reglamento de la asociación.

¿Qué? Sí.

Ayer, cuando le dio el tirón,... Sí.

...vi que lo cerraba disimuladamente.

¿No lo tendrás por ahí?

Uh.

Qué se traerá entre manos. Trae, lo vamos a descubrir ahora.

Esto...

Date.

"Un presidente solo quedará exento

por causas de fuerza mayor, tales como enfermedad o accidentes".

La madre que la parió, que soy yo.

¿Te crees que es capaz de fingir algo así para escaquearse?

Tú la conoces mejor, pero me parece que sí.

Me ha dicho que tenía fisioterapeuta.

A lo mejor es verdad.

Pero creo que le echa un poco de cuento.

(Mensaje)

Huy.

¡Ah! ¿Un poco? Tiene más cuento que Calleja. Mira.

"Te esperamos a las 13:30 en la calle Almendro 33, no faltes".

¿Es la dirección del fisio? Es un mensaje de su amiga Ana.

¿Me deja plantada mientras ella se va de comilona?

Qué cara tan dura.

Esta se va a enterar.

¿Qué vas a hacer?

Pillarla con las manos en la masa y que se muera de vergüenza.

¿Me ayudas?

¡Dios! ¡Dichosa mesa!

-Pero ¿qué te ha hecho la mesa?

-¡No para de cojear! (SUSPIRA)

-Lo único que se arregla a golpes son las teles.

No, las finitas vienen buenas.

Los tornillos se habrán aflojado. Oye.

¿Es cosa mía o estás un poco cruzado?

-No he dormido en toda la noche. -¡Amigo!

La cena que le preparaste a Rosa se alargó más de la cuenta, ¿no?

Ayúdame a darle la vuelta.

Vamos a arreglarla.

-A ver. -Ahí. Exactamente.

Míralo, ¿te lo dije o no? Los dos tornillos.

(RÍE) Te lo termino en cero coma dos.

En fin. Oye.

¿En qué habéis quedado? ¿Se muda a tu casa o tú a la suya?

-Ni una cosa ni la otra, ni llegué a proponérselo.

-¿Y eso por qué?

-La conversación se desvió.

Descubrí que Rosa había ido a la cárcel a ver a Nacho.

-Eso no puede ser. -Joder.

Encontré la pegatina de la visita en su chaqueta.

Cuando llegó, no pudo negármelo.

-Pero ¿y para qué fue?

-Según ella, trata de averiguar qué trama Nacho.

Pero me da igual, es la misma historia.

Nacho llama su atención y ella cae.

-No lo sé, algún propósito tendrá Rosa.

Para ir a verle, porque le tiene un asco...

-Para asegurarse de que no salga.

-¿Lo ves? -Que no.

Para eso están los jueces.

Creí que esta pesadilla se acabaría, pero no hay manera.

No sé si podré aguantarlo.

-No digas eso. -Es lo que siento.

Yo quiero a Rosa mucho.

La he apoyado en todo.

Pero no sé qué hacer para sacarla del pozo.

-Paciencia, no te queda otra.

-Se me está agotando.

-No puedes permitir que Nacho se interponga en vuestra relación.

-Ya lo sé, ni lo va a hacer, no se lo voy a permitir,

pero a veces me parece que Rosa y yo vamos a dos velocidades.

Y me da miedo.

-¿Lo has hablado con ella? -Ayer mismo.

Me dijo que yo no soy quién para meterme en su vida

y en lo que respecta a Nacho.

-Esas cosas se dicen en caliente, no es lo que siente.

-No sé qué pensar ya.

-¿Dónde está?

-Se ha ido a casa, no se encontraba bien.

-Cuando llegue, hablas con ella y aclaras las cosas.

Y esto ya lo tienes finiquitado.

Ayúdame a darle la vuelta y listo.

La tía, mira que fingir estrés cervical...

De ella no me extraña.

¿Cómo ha reaccionado?

Es que no lo sabe.

Valeria y yo lo hemos planificado para sacarle los colores.

Es muy manipuladora.

Sí, pero no tiene malicia. Al lado de Ágata, una santa.

¿Qué pasa?

Que ayer me sacó de mis casillas y le dije que Elías no tiene dinero.

Guau. ¿Y cómo se lo ha tomado?

Hizo como que no se lo creía, pero creo que sabe que es verdad.

Hablando de la reina de Roma.

Que digo yo...

Para estar embarazada, hace muchos esfuerzos.

Jorge no me deja coger un mandil.

Y ella levanta cajas de zumo. Ni tanto ni tan calvo.

Me extraña que, conociendo cómo es, no se proponga cuidarse ella misma.

¿Piensas lo mismo que yo?

Que el embarazo de Ágata se parece al estrés cervical de Carmen.

¿Quién le dijo a Ágata que estoy sin blanca?

Yo. Muy bien.

Gracias. No sabes la que has liado. Me lo imagino.

No, no te lo imaginas. Elías.

No te enfades con Adela, gracias a ella ahorrarás dinero.

Deberías decirle a tu mujer

que no debería hacer esfuerzos. Es muy fuerte.

Como si es de los Marines.

La ginecóloga me prohibió hacer según qué esfuerzos.

Mírala. Claro.

Su embarazo no es de riesgo. De riesgo o no, ya no es una cría.

Tiene que cuidarse y el cuerpo le va a cambiar.

Ella lo sabe. No lo parece.

Ayer llevaba una camiseta ajustada de Mara Echevarría.

¿Qué sentido tiene gastarse esa fortuna para dos días?

Y otra cosa.

La he visto beber cervezas.

¿Os importaría no criticar a mi mujer?

Es que...

O es una irresponsable que pone su embarazo en peligro o...

¿O qué?

O que el embarazo no existe.

¿En serio? Hay que tener poca vergüenza para decir algo así.

Mira, aunque lo esté llevando bien,

los primeros meses siempre tienes cambios hormonales.

Pero ella está perfectamente. Sí.

Acuérdate de lo que me pasó cuando me quedé embarazada.

No lleva ni dos meses, ya aparecerán los síntomas.

Solo te digo una cosa:

si bebes birras embarazada,

o no lo haces muy bien o no te importa la vida que llevas.

Yo solo os pido una cosa: que nos dejéis en paz.

-Qué paquete eres. -¿Qué tal esta?

¿Qué te parece?

-Mierda, tío. Qué cerdo eres. -No llores.

¿Me puedo agarrar algo de tomar? -Lo que quieras, sin alcohol.

-Una birrita. -Si bebes, no conduzcas.

Sé de lo que hablo.

-Es increíble lo bien que lo llevás.

Si estuviera en tu situación, me volvería loco.

-Al principio, fue difícil.

Con trabajo, he ido saliendo.

Me he sacado el carné.

-Sos un fenómeno, la verdad.

-Me ha costado. -¿Qué?

¿Hacemos la última?

-"Hasemos", venga, ven para acá.

Cuatro llamadas de Carla.

¡Mierda! Dos horas y media jugando. Me mata.

-Ágata amenazó con echarme.

-Ya podía yo esperar.

Habíamos quedado con el asesor. -Sí.

Perdón.

-¿Por qué no contestas al teléfono?

-Han venido los de la lavadora. -Sí.

Tuvieron una movida con el desagüe. -¿Qué hace este aquí?

-Ha venido a ayudarme.

-¿Piensas que soy idiota? ¿Y esos mandos?

Sabrás cómo funciona la lavadora. -Pues... no mucho.

No tendrá mucha complicación. -Dejaron este manual.

-¿Por qué no te piras? -Carla, ha sido culpa mía.

-Me espera otra bronca en la frutería. Chao.

-Chao.

¿Por qué eres tan borde? -No le soporto.

-A mí me cae bien.

-Que te vaya bien con tu mejor amigo. Me voy al Mercado.

A trabajar. -Muy bien.

Venga. -Gracias por apoyarme.

-A ti. -Te quiero mucho.

-Yo a ti más.

¡Ah! Por Dios, qué alivio. ¡Ah!

(RÍE)

Carmen, ¿tienes un minuto?

¿De dónde sales?

¿Ha habido un milagro y se te ha curado el estrés?

No, es que me lo he tenido que quitar un momento.

Porque pica muchísimo. A ti te va a picar la nariz.

¿No tenías fisio a las 13:30?

Sí, voy para allá. -¿Segura?

-Esto no es lo que parece.

-No te pongas el collarín, que te hemos pillado.

-Que no, ya os lo he explicado.

Este dolor aparece y desaparece.

Como el Guadiana.

Y ahora estás divinamente. No.

No, divinamente, no, porque queda un poso.

A ver qué me dice el fisio ahora. -Ah. ¿Y para ir al fisio te pintas?

Le vas a ensuciar la camilla.

-Una cosa es que esté lesionada.

Y otra, ir hecha un cuadro. -Mira.

No nos cuentes milongas.

Sabemos que haces teatro y te vas con tus amigas.

-Bueno, vale, igual he exagerado un poquito.

Hombre, un poquito...

Vale, es mentira.

Pero una piadosa. -¿Cómo has podido caer tan bajo?

Fingir una lesión para escaquearte de tus responsabilidades.

-Sé que está mal, pero no puedo más con la presidencia.

-Qué poca vergüenza.

-Odio ser presidenta.

Ya está.

Creía que era lo mejor, pero se ha vuelto una pesadilla.

No sé gestionar nada.

La mitad de las veces no sé de qué hablo.

A ver, que no.

Eres más válida de lo que crees.

Que no, Adela, yo soy muy buena en lo mío.

Pero ahora entiendo lo de "Zapatero, a tus zapatos".

Solo quiero recuperar mi vida. -Y la vas a recuperar.

Pero tienes que arreglar este lío. -Nadie quiere la presidencia.

-Alguien habrá.

Yo te cubro en el puesto y te hago los pedidos.

Mientras tanto, tú buscas a alguien.

-Claro. ¿Ahora vas?

-Tira para el Mercado y asume tus responsabilidades.

La que se va a comer con su marido soy yo.

-Sí, claro, ahora mismo.

¿Un mal día?

Agotador.

Nada que un vino blanco frío no arregle.

Está hecho. ¿Hiciste las copias de las llaves?

Sí, la cerrajería no tiene pérdida.

¿Te dio tiempo a explorar el barrio?

Hice un estudio de la zona antes de montar el restaurante.

Pero no he tenido tiempo de callejear ni hablar con vecinos.

Te va a encantar.

Es como un pueblo en la capital y la gente es maravillosa.

Si son la mitad de encantadores que Lorena y tú,

me vale. Bueno.

Es pronto, pero tengo un rato, ¿podría probar tu menú?

Si me das cinco minutos, que repose el arroz.

Por el nuevo ganador del Chef de Oro, lo que sea.

Vale. Siéntate, te llevo un aperitivo.

Vale.

(CARMEN) Jorge.

Tenemos que hablar. ¿Que tenemos que hablar? ¿Más?

¿Eso no tiene que estar en el cuello?

Ya, pero no tengo nada en el cuello, me lo he inventado.

Mira. Ya.

¿Y para qué has mentido?

¡No soporto un día más de presidenta! No puedo más.

Estoy tan soprepasada que por primera vez he mentido.

¿Perdona? Bueno.

Igual he mentido alguna más, pero estoy desesperada.

Hazte cargo del puesto, me tienes que quitar esta losa.

Otra vez el contestador.

¡Nicolás! Nicolás, espera. ¿Has visto al mozo de reparto?

Hace un par de horas lo mandé con un ramo y no sé nada.

¿Le has llamado? Sí. Apagado.

No sé, ya aparecerá.

¿Tú has visto hoy a Rosa? -Hola.

-Hola. Hola, Fernando.

-¿Podemos hablar? Sí, claro.

-No, si voy a hacer una "chapu" a Modas Rusiñol.

-¿No sentamos? Sí.

¿Has recibido las flores? De eso quería hablarte.

Ya, no te ha gustado.

Son bonitas y agradezco el detalle.

Pero no debiste enviármelas al despacho.

¿Qué tiene de malo? Era para... Me han costado el trabajo.

Por favor.

No puedo.

Eres un hombre con estudios.

Sabes un montón de gestión de negocios.

Eres un hombre de mundo. Yo no sé de nada.

Tú lo vas a hacer mucho mejor.

No insistas, estoy a mil con el bar. Y voy a volver a ser padre.

Así que no.

Te juro que cuando seas padre, antes,

te encuentro un sustituto.

Por los lazos que no unen.

¿Los qué? ¿Y qué lazos son esos?

Mi madre está casada con el padre de tu novia.

Tu hijo va a ser una especie de nieto de mi madre.

Eso tiene que ser algo.

Por favor, Jorge.

Por favor. -Ay, perdonad.

No he podido evitar escucharos. Quizá yo tenga la solución.

-¿Cuál?

-Lorena y Jorge me pusieron al tanto y me ofrecieron que te sustituya.

Me pareció una mala idea.

Me... -¿Aceptas?

-Si te soy sincera, no me hace gracia.

Pero, en una situación desesperada, me sacrificaré.

-¡Ay, muchas gracias!

Muchas gracias. -Eso sí, como condición,

que todos estén conformes.

-Van a estar encantados.

Saca un vino, invito. ¡A celebrarlo!

-Tengo uno. -Pues te lo pago. Apúntamelo.

¿Que has perdido tu trabajo?

No es habitual que llegue un ramo, y menos para un simple empleado.

Pensaron que era para el jefe.

Y él leyó la tarjeta que muy amablemente me enviaste.

¿Qué tiene de malo?

Yo tenía una exclusiva con ellos, no podía trabajar para otros.

Lo siento mucho, no me imaginé que...

¿Cómo he podido meter la pata?

No te preocupes, déjalo.

Tú no has roto ninguna exclusividad porque no has cobrado.

Ya. Algo harás.

El jefe se piensa que he estado cobrando en negro.

Pero eso no es verdad, podemos ir y yo le explico...

Que no, déjalo, no hay nada que hacer.

Perdóname, quise tener un detalle para agradecerte lo que hiciste.

No pensé perjudicarte. Lo sé.

Este jefe no me aguantaba y habrá aprovechado para despedirme.

Me siento culpable.

¿Qué piensas hacer?

Supongo que empezar a enviar currículos.

La cosa no está bien.

Quieren gente joven e inexperta para pagarles poco.

Puedo contratarte como mi gestor. ¿Y despedir al tuyo?

No me gusta quitar el trabajo. Ya.

Siento habértelo contado así, ha sido...

Ha sido un incidente desafortunado.

Me tengo que ir.

-Adela.

Antes te he preguntado por Rosa porque Alberto está preocupado.

¿Por qué?

Porque Rosa ha estado visitando a Nacho en la cárcel.

¿Sabes algo de esto? No, no sabía nada.

Pues es verdad.

Porque tenía una pegatina en su chaqueta de la cárcel.

¿No has visto a Rosa? No sé dónde está.

Tengo cosas en qué pensar.

Necesito estar sola. Faltaría.

Madre mía, Nacho.

Me llamaste porque tuviste un incidente.

Pensaba que era otra treta.

Pero ya veo que no.

-Ha terminado pasando lo que temía y no ha hecho más que empezar.

-Te has metido con alguien.

-No me he metido con nadie.

No ha hecho falta hacerlo para ser el objetivo de los demás.

-¿Y te extraña?

-Me lo tengo merecido.

Pero, si no salgo de aquí, terminaré muerto.

-Tendrás que pedir un traslado. -Tardará, no tengo tiempo.

-Tu única posibilidad es que te tomen por loco en el juicio.

-Para cuando llegue el juicio, será tarde.

Mi opción es que me ayudes a vender el "Delicatessen".

-¿Que te ayude yo? Tienes un abogado para eso.

-No soy una prioridad.

-No es mi problema.

-Tienes que ayudarme, van a matarme.

-Por favor, Nacho.

Por favor.

Te voy a ayudar.

Pero no lo hago por ti, sino por mí.

No quiero que recaiga sobre mi conciencia tu muerte.

-¿Vas a ayudarme? -Te he dicho que sí.

Vas a tener que hacerme un poder para actuar en tu nombre.

¿Hablo con un notario para que venga?

-Así que ya has dejado de odiarme, ¿no?

-Ni lo sueñes.

Solo deseo que un juez te sentencie y que te pudras en la cárcel.

O en un psiquiátrico, el sitio me da igual.

-Algo me dice que no debería creerte.

-Guardia.

-¿Qué haces? Siéntate. -No me siento, me voy.

He venido, te voy a ayudar y me escupes a la cara, como siempre.

No sé qué hago aquí. Si Noa sabe que he venido...

Es que soy imbécil, no aprendo.

-Por favor, siéntate. Siéntate, por favor.

Por favor.

Perdóname, perdóname por haber dudado de ti.

Entre tú y yo, hay una conexión especial.

Que nada podrá destruir.

-Entre tú y yo, no hay nada.

Te ayudaré a conseguir ese dinero y no me vas a ver nunca más.

¿De acuerdo?

-Gracias. -No me las des.

Quiero dejar atrás un pasado violento para mirar al futuro.

Solo eso.

¡Ágata!

¡Ágata!

Oye.

¿Oye?

No puede ser.

No puede ser.

¿Qué pasa, Elías?

Que todo es mentira.

¿A qué te refieres? ¿Qué es esto?

Una receta de anticonceptivos.

¿Cómo? Míralo, es lo que pone.

No saquemos conclusiones, igual lo tomaba hace meses.

Mira la fecha, papá.

Tres semanas. ¿Entonces?

Ágata no está embarazada. Entonces me ha mentido.

¿Cómo he podido dejarme engañar así?

No te tortures, no eres el único al que ha engañado.

Mira el lado bueno.

¿Lo tiene? Bueno.

Ahora no podrá manipularnos.

Sabemos la verdad y podrás sacarla de tu vida.

Yo estaba enamorado de Ágata y pensaba que ella lo estaba de mí.

Y es todo mentira.

Es todo mentira.

Lo superarás.

Te lo aseguro.

Una carta del banco.

-Madre del amor hermoso.

-Por unanimidad, Gloria es nuestra nueva presidenta.

No tienes que disculparte de nada, Ágata no está embarazada.

¿Le entrega los poderes?

Sos una tía dominante que le gusta poner firme a su novio.

Por mí, perfecto, quiero colaborar. No, no.

Yo voy a colaborar.

¿Cómo haces algo así?

No es ni el lugar ni el momento... ¡Qué mierda me importa lo que creas!

Para empezar, todo tiene que ser más fácil.

No tiene por qué.

Con Lorena no ha sido fácil.

Os presento a Beltrán, nuestro nuevo compañero.

-¿Por qué te acercas a Jorge? ¿Buscas venganza?

-¿Quieres vivir conmigo?

¿Hay alguien ahí?

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Mercado central - Capítulo 244

01 oct 2020

Al ver cómo trata a su hijo, Jesús empieza a temer que Lorena y Adela tengan razón sobre Ágata.
Jorge gana un premio por el certamen culinario y vuelve a sufrir la presión de Carmen, que se ha dado de baja en la presidencia por una supuesta lesión.
David se lo pone difícil a Carla y Samuel para elegir compañero de piso.
Animada por Valeria, Adela decide tener un gesto de agradecimiento con Fernando que acabará perjudicándole de forma inesperada.
Elías le muestra a Ágata la carta de Germán y se queda helado cuando ésta le exige que denuncie a su propio hijo.
Valeria y Adela descubren el engaño de Carmen y le preparan una encerrona.
La amistad entre Samuel y Lucas se consolida para disgusto de Carla.
Alberto le cuenta a Nicolás su crisis con Rosa: cree que ha vuelto a caer en las redes de su exmarido.
Gracias a una idea de Lorena, Gloria salvará a Jorge del chantaje emocional de Carmen.
Rosa se aprovecha de la debilidad de Nacho.
Removido por Lorena y Adela, Elías encuentra la evidencia de que Ágata no está embarazada.

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