Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 240 - ver ahora
Transcripción completa

Oye, una cosa. ¿Cuándo tienes un hueco para celebrar una boda?

¿Hoy?

-Te puedes quedar.

-Si tú lo ves claro, nosotros también.

-Carla, acuérdate de que es muy difícil convivir con David.

-He estado moviendo hilos y tengo socio para el hotel.

-¿Vas a despedirte?

(GERMÁN) "Y aunque no me ayudes, que sepas que lo haré con tu dinero,

porque sabía tu contraseña y he transferido todo a mi cuenta".

¿Qué piensa Ágata de tu ruina?

Quizá intenta quitarte de en medio y arramplar con todo.

-Quizá tu madre no vuelva a hablar de mí,

pero no olvidará que fue culpable de la muerte de su hija.

(NOA AGONIZA) (AGENTE) ¡Suéltala ahora mismo.

(NOA) Me voy a presentar en Málaga a ver a Jona.

Si te parece bien. -Claro que sí.

-Cristina y yo hemos decidido vender la pizzería.

Y nos vamos a vivir a Milán.

-Yo estoy dispuesto a esperar. -Creo que no tendrás que esperar...

"porque yo quiero empezar a ser feliz".

Nada como estar en casa. (ÁGATA RÍE)

No se preocupe, ya bajamos nosotros las maletas, muy amable.

-A ver, cariño...

(SE QUEJA) Así...

Yo no sé cómo vamos a hacer para subir todo esto.

Tranquilo, entre los dos podemos. No, que tú estás embarazada.

Tú no cojas peso. A ver, lleva tú las maletas

y yo, las bolsas de las compras. Si son cuatro tonterías.

¿Cuatro tonterías?

Si me duele hasta la muñeca de tanto pasar la tarjeta, hombre.

Si hubieses sacado una tarjeta a mi nombre,

no habrías tenido ese problema. Gracias.

Y yo me habría ahorrado tus quejas cuando íbamos de compras.

Estar todo el día de compras no es lo que uno imagina

de luna de miel en Islas Mauricio. También hemos hecho otras cosas.

También, también. Pues eso.

Pero no te retrases con la tarjeta, que no es solo por mi independencia,

cada vez que necesito dinero te tengo que molestar.

¿Para qué más dinero? No puedes comprar más.

Siempre hay imprevistos.

Ahora tengo que pagar la rehabilitación de mamá.

Como no sé cuánto es, no sé qué hacer sin tarjeta.

Bueno, no te preocupes, yo te firmo un cheque

y ya lo rellenas tú.

Pero dejemos de hablar de dinero. De acuerdo.

Una cosa debemos hablar.

Voy a necesitar ayudante para la frutería.

¿Ayudante? ¿No te apañas tú sola?

Bueno, amor, ahora me tengo que dedicar a ti.

Tengo que ocuparme de mi marido,

del niño que viene, la enfermedad de mamá...

En fin, son muchísimas cosas, no sé de dónde voy a sacar tiempo.

Claro, no te preocupes, un ayudante, perfecto.

Bueno, hablamos en otro momento, que tenemos que subir las cosas,

que tengo que ir al despacho. Vale.

¡Espera, espera! Que quito esto.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó una luz en la ciudad

# y una sombra # en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme a aquel lugar,

# sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió # una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos,

# con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color, # sabor al son

# de aquel Mercado Central. #

Hola. (ÁGATA) Hola.

Hola. ¡Qué barbaridad!

Habéis arrasado en los "duty free", ¿no?

Pues no, del aeropuerto son solo un par de cosas.

La mayoría es de "boutiques" y tiendas de moda.

Bueno, sí, los relojes sí son del "duty", ¿verdad, amor?

Unos "smartwatches" que miden... Sí, los pasos, las calorías,

frecuencia cardíaca y hasta cuando sube la bolsa.

Sé lo que es un "smartwatch".

No te has cambiado desde la boda los pendientes, ¿no?

Pues me he comprado bastantes,

pero es difícil desprenderse de esta maravilla

que me compraron antes de casarme. Sí.

Bueno, me voy a ir a duchar, mi vida,

porque viajar en "business" es un lujazo,

pero diez horas de vuelo no lo aguanta cualquiera.

Me alegra mucho haberte saludado Nos vemos por aquí.

¿Te ayudo con algo? No, ya lo subo yo.

No te preocupes. Vale. Te espero.

¿Qué? Todavía no le has dicho que estás sin un duro, ¿no?

Y dime, ¿de dónde sale tanto dinero para viajes en "business" y compras

y todo lo demás?

De lo poco que me dejó tu hijo y de una cuenta que no controlaba.

Pues espero que en esa cuenta haya mucho dinero,

porque esta te la va a vaciar en un santiamén.

Adela, eso no es asunto tuyo.

(ASIENTE) Tienes razón.

Pues nada, solo le falta comprarte un collar, como a los perros.

No, si ya te lo ha comprado,

solo que te lo ha puesto en la muñeca.

(SAMUEL) Buenos días. No te oí levantarte.

(CHISTA) Te va a escuchar David. -¿Y qué? Lo tienes todo preparado.

-No será gracias a ti. Anda, pon algo en la tarjeta.

-¿Y si firmo lo que has puesto tú? -¿En serio?

-No sé qué ponerle. -No sé, algo honesto, sincero,

que te salga de dentro.

-"David, ya tienes 18 años, ¿vas a independizarte?".

(SE BURLA) Pues si se independiza, salimos perdiendo,

porque no sé dónde encontraríamos otro chollo como este.

-Tanto chollo no es, que va con regalito.

-Sabías esto antes de venir a vivir aquí.

Y tú sí que eres un regalito. -Soy el compañero de piso perfecto.

-A ver, los dos tenéis lo vuestro.

-¡Que se ducha tres veces al día! -Mejor pasarse que quedarse corto.

-Y el baño huele a abuelo, con esa colonia de hace 20 años.

Y va por casa en albornoz.

-¿Sería mejor en calzoncillos, como otro que yo me sé?

Los dos tenéis lo vuestro. -Me vas a comparar...

-No te comparo, para nada, pero hay que tener paciencia.

Los tres vivimos una situación nueva

y él está acostumbrado a sus rutinas.

Pero es muy buen tío. Te acostumbrarás, y él a ti.

-Seguro que le cojo la colonia para ponérmela.

-Calla o te va a oír, y escribe algo.

(SAMUEL SUSPIRA)

-Son las 08:15. David está llegando, venga.

Vamos.

(SAMUEL CARRASPEA)

(CARLA Y SAMUEL) ¡Felicidades!

-¿Te he despertado? Lo siento.

Me he venido aquí para no hacer ruido.

-No te preocupes. Estoy acostumbrada a levantarme temprano.

Y me acueste a la hora que me acueste, me despierto sola.

¿Se puede saber adónde vas? -A casa.

Quiero pasar por casa antes de abrir.

-Y ¿por qué no te quedas un ratito más aquí?

Venga. Oye, te recuerdo una cosa: tu sirves cervezas, no sirves cafés.

Hasta dentro de un rato no tienes por qué abrir.

-Ya, pero es que me quiero duchar.

-¿Y si te duchas aquí conmigo?

No voy a cobrarte el jabón ni las toallas.

Nada. Del agua ya hablaremos.

-Que no, me quiero ir a casa.

Quiero cambiarme de ropa que llevo desde ayer con esta.

-¿Y si te presto algo?

-Me gusta mucho cómo vistes, pero no sé si me quedará bien.

-Ya es hora de que te traigas algo de ropa, un neceser pequeño...

¿No? -¿De verdad?

(ROSA ASIENTE) -Qué bien, me alegra que lo digas,

porque yo ya lo había pensado, por este ir y venir.

Un pequeño hueco en cualquier armario y me apaño.

¿Sabes las noches que me he quedado? -Sí, casi todas.

¿Por qué no vivimos juntos?

-Como si no nos viéramos casi, ¿no?

Venga, Alberto que trabajamos todo el día juntos en la cervecería.

No sé, yo creo que está bien estar así, ¿no?

Empezando despacito.

Te vas trayendo ropa poco a poco y ya iremos viendo.

¿Te parece?

Voy a preparar un café, ¿de acuerdo?

(CARLA) ¡"Voilà"! ¿Has visto qué desayuno te hemos preparado?

Dos de chocolate, dos de azúcar y dos de fresa.

(SAMUEL) Un desayuno especial, 18 no se cumplen siempre.

-Ya, solo se cumplen un año.

"Feliz de celebrar contigo un día especial.

Eres una persona maravillosa.

Ojalá más cumpleaños juntos".

Gracias. -Pero lee,

que yo te he escrito algo.

-"Cuidado con lo que haces, ya puedes ir a la cárcel".

-Lo que importa es el detalle. -Bueno, ¿qué, vas a abrir el regalo?

Una calculadora científica, de coña para la "uni".

-Está bien, pero hay aplicaciones en el móvil que hacen lo mismo.

-Lo importante es el detalle, ¿no? (DAVID ASIENTE)

¿Qué, vas a probar los cupcakes?

-¿Para desayunar?

Solo desayuno cereales, y después de ducharme.

De hecho creo que voy a ducharme.

-Tranquila, verás que con el tiempo le vas cogiendo el punto.

(SILBA ASOMBRADA)

Ese camarero guapo y madrugador.

¿Ese soy yo? (AFIRMA)

¿Has dormido mejor hoy?

Pues no te creas. Ahora que puedo dormir,

no he conseguido más de cinco horas seguidas.

La naturaleza, que es sabia

y te prepara para lo que se avecina.

¿Y a ti por qué no te prepara?

Es que lo mío con el sueño es prácticamente un superpoder.

Anda, supermán...

Oye, ¿has visto qué avanzadas van las obras?

¿Las del restaurante nuevo?

Creo que a punto de caramelo está. Esta semana o la que viene abren.

¿Tan pronto? Sí que se han dado prisa.

Sí.

¿Y no te preocupa la competencia, que nos quiten clientes?

No. Nosotros tenemos clientes de toda la vida, gente del barrio.

No, seremos negocios complementarios.

Y va a animar esto que haya un restaurante nuevo.

Pues ojalá.

Sí. La gente que venga a conocer el Ainara Fusión

seguro que acaba pasándose por aquí.

Está demostrado que cuando coinciden en una zona

distintos negocios, acaban retroalimentándose.

Entonces no me preocupo.

¿Un cafelito? Sí, pero yo me lo pongo.

Tú descansa.

Tengo ganas de no preocuparme ni de eso ni de nada.

De salir dos diítas a desconectar. Salir de Madrid un poco, por favor.

Lo haremos, no te preocupes. Tengo la espinita clavada

porque el médico dijo que no podíamos ir a Las Vegas.

Las Vegas no se va, ni ningún sitio al que queramos ir.

¿Las Vegas con un bebé?

Sí, ¿por qué no?

Cuando nazca el bebé,

nos vamos a pegar una boda y un viaje como nos merecemos.

(MUJER) ¡Perdona!

Enseguida voy.

No, espérate. Voy yo.

Tú haces las tapas y yo atiendo, ¿vale?

Te han dicho que debes reposar, ¿no?

Pues a reposar, ese es tu trabajo.

Estoy harta de reposar.

No puede ser bueno para nuestro bebé

que su mamá esté quieta, frustrada y aburrida todo el rato.

Pues si te aburres, lees, o te pones una serie.

Cosas que puedes hacer mientras reposas.

Sí, una serie, vale.

Estos meses pintan de lo más entretenido.

Lo van a ser, te lo aseguro.

Mira, te tomas tu cafelito,

te sientas en una mesa... y a descansar.

¿Germán, hijo?

¿Qué? No, no pasa nada.

Simplemente me apetecía oírte.

¿Qué pasa, que una madre no puede llamar a su hijo solo porque sí?

-Claro que sí.

Pero me pillas subiendo al coche, mamá,

que voy a ver a unos proveedores por la cafetería del hotel.

Pero bien, bien, estamos despegando.

"Hace una semana que hemos abierto.

Tengo un equipo de trabajo bonito, amigos...".

"Eu falo portugues muito bem".

"Y bien, contento.

Contento. ¿Tú qué tal?" Bien, bien.

"¿Seguro?" Que sí, Germán.

"¿Seguro?" Que sí.

Vale. Oye, mamá, que...

¿Te importa si te llamo más tarde? Me esperan.

Sí, no te preocupes. No quiero entretenerte ni que llegues tarde.

Llama cuando tengas un rato y charlamos.

"Venga, un beso.

¡Oye, conduce con cuidado!". Vale.

-¿Y esa cara?

¿Tú también?

Perdona, hablaba con Germán y empeñado en que me pasaba algo.

¿Estabas hablado con él? ¿Qué se cuenta?

Pues no mucho, porque le he pillado muy liado,

pero vamos, dice que las cosas le van muy bien.

Tan bien que te da miedo que no vuelva, ¿no?

Se me nota mucho, ¿no? (ASIENTE)

Me he dado cuenta de que estoy muy sola.

Hasta hace poco éramos una familia y ahora...

Germán está en otro país y Elías...

No me dirás que le echas de menos. Para nada.

Me he cruzado antes con él y con Ágata,

que volvían de la luna de miel. Los vi en casa.

Que por cierto, no sabes qué perfume elegante me ha regalado Ágata.

Le habrá costado un riñón.

Es que Ágata con el dinero de Elías es muy generosa.

-Cuidado, que queman.

(SAMUEL) Venga. Un besote, Morgan Freeman.

Ya puedes comprar un colchón hinchable para invitados,

que en breve estamos Carla y yo allí por Málaga.

Venga, dale un beso a Noa. Chao.

-Amor, tengo una idea para mejorar el negocio.

Creo que podríamos hacer "cupcakes" para celíacos y para diabéticos.

¿Qué te parece? -Puede estar bien.

-También he pensado que podríamos hacer una línea para zurdos.

"Cupcakes" para zurdos, que se coman de izquierda a derecha,

y no de derecha a izquierda, como todos.

-Guay. -¿Cómo que "guay", amor?

Tío, ¿dónde tienes la cabeza? ¿"Cupcakes" para zurdos? ¿Qué dices?

-Perdona, cariño, no sé dónde la tengo.

-¿Estás rallado con lo de la subvención o qué?

-No, si estoy con lo de las placas solares.

-Pues ¿qué te pasa?

-He hablado con Jona.

-¿Ha pasado algo? ¿Están bien? -Están bien.

Están muy felices en la playa juntos.

Pero le echo de menos.

-Igual que yo. Y a Noa ya ni te digo.

-Es como si de repente...

no sé, se hubiera ido toda mi gente, a Germán también le echo de menos.

-¿Qué te piensas, que no me pasa lo mismo?

Pero tenemos un negocio que hay que tirar adelante.

Y no podemos tener la cabeza en otra parte.

-Tú tienes un negocio.

Yo me encargo de la gerencia, solo un trabajo.

-¿"Solo un trabajo"?

Si hace un año te dicen que serías gerente de este mercado, flipas.

-Ya. -Busca ideas que mejoren el mercado.

Y yo debo hacer lo mismo con el puesto.

-Tienes razón, supongo.

-Como siempre. Bueno, yo siempre tengo razón.

Yo creo que tenemos mucha suerte de tenernos el uno al otro.

¿O te parece poco?

-Claro que tengo suerte. No sé qué haría sin ti.

Pero al final me faltan mis amigos y es normal que los eche de menos.

-Bueno, hijo, tienes a David. -Sí, y lo que quieras.

Y le tengo mucho cariño, pero... que no es mi rollo.

No soy de jugar al ajedrez ni de montar puzles de 3000 piezas.

Cariño, que no. -Ya.

-Y tal como es, no podemos hacer fiesta en casa.

-Pero ¿qué fiesta? ¿Y a quién ibas a invitar tú?

Si no tienes amigos, según tú. -Pues también es verdad.

¿Buscamos un fin de semana y vamos a ver a estos?

-Claro. ¿Quieres un café?

-Venga. -Venga.

-¿Te duele ver a Ágata con Elías?

Que no, de verdad que no.

No siento nada de celos cuando los veo juntos.

Es solo que...

la vida de todos avanza, menos la mía.

No digas eso, mujer. Si es la verdad, Valeria.

Lorena y Jorge, entusiasmados con el embarazo, lógico.

Y tú y Jesús, que estáis como recién casados.

Yo, más sola que la una.

Eso tiene fácil solución.

Llamaré a Telemarido y que manden uno a los cuatro quesos.

Oye, ¿y por qué no?

Si Elías ha sido capaz de encontrar a alguien,

¿por qué no puedes hacer tú lo mismo?

Yo soy un poquito más exigente que Elías.

Más tras mis ultimas experiencias.

Yo no me conformo con cualquiera. Quiero a alguien que sea especial.

¿Y cómo de especial?

No sé cómo te gustan a ti los hombres.

La verdad es que yo tampoco.

Pero para empezar, alguien de mi edad.

Porque yo ya de críos no quiero saber nada.

Y que tenga buena planta. Aunque eso va siendo más difícil.

Pero bueno, que sea simpático, buena persona, divertido y sincero.

Y honesto.

Y que hagamos cosas juntos sin complicaciones.

Te dejas lo más importante. ¿El qué?

Que te quiera, ¿no? Bueno, sí, que me quiera mucho.

Y puestos a pedir, que tenga sonrisa bonita,

llenas de encanto, que te alegra cuando te sonríen.

Vamos, alguien de película.

Bueno, es cuestión de buscar y de ir probando.

Ya sabes, hay que besar a muchos sapos

antes de encontrar al príncipe azul. Pues no estoy por la labor.

Entonces no estarás tan sola.

Ya te digo yo que sí.

Te dejo, que tengo muchos recados.

Venga. Adiós, guapa.

Adiós, preciosa.

(Móvil)

-Es Celia. Pongo el altavoz, ¿vale?

Celia, hola. ¿Qué tal? -"Muy bien, cariño".

Bueno, me alucina esta ciudad.

Y el trabajo en la editorial también me encanta

y me permite tiempo para escribir la novela.

¿Qué tal vosotros? Os echo de menos.

-Nosotros también te echamos de menos.

Pero David nos va contando. -"Él también me cuenta de vosotros.

Hablamos casi todos los días".

Por cierto, te quería decir que...

Mira, yo tenía mucho miedo de que se independizara.

Y me tranquiliza saber lo a gusto que está con vosotros.

-Nosotros también estamos súper a gusto.

Es el mejor. ¿Qué te voy a contar?

-"¿Seguro? ¿Qué te dice Samuel?

Tú estás acostumbrada a él, pero a Samu le parecerá muy raro, ¿no?"

-Samu está... Bueno, Samu y David se llevan fenomenal.

Vamos. Y yo creo que son buena influencia el uno para el otro,

porque, ya sabes, el extrovertido compensa al introvertido y al revés.

-"¿En serio? Estoy muy agradecida".

De verdad me ha costado mucho dar el paso de irme

y alejarme de David, y me habéis ayudado muchísimo.

(CARLA) "¡Qué va! Si David se cuida solo.

En realidad queremos darte las gracias

por quedarnos en tu casa".

Y de hecho, queríamos hablarte de eso.

La cuestión es que ahora no vamos muy bien de pasta

porque aunque he podido volver a abrir el puesto,

la cosa no está muy boyante y...

y te queríamos pedir si te podríamos pagar un poquito más tarde.

-"Claro, mujer".

Ya sabes, lo que quieras.

-¿Sí? Gracias, Celia, tía, en serio. No sabes el favor que me haces.

No sabes cómo te lo agradezco.

Mira, hablando del rey de Roma. Te lo paso.

Tu madre.

-Hola. -# "Cumpleaños feliz". #

# Cump... # -"Mamá".

Déjalo, no cantas bien.

-Cariño, de verdad, tú siempre tan sincero.

¿Qué tal lo estás pasando el día de tu cumpleaños?

-Normal. Samu y Carla me han hecho un desayuno especial, y un regalo.

Hacer cosas especiales no me va.

No me gusta ser el centro de atención.

-Ya lo sé, cariño, pero hoy es un día especial.

Es tu día especial.

Y no sabes cuánto siento no poder estar ahí contigo.

"Bueno, a ver, ¿qué te han regalado? Cuéntame".

-Una calculadora científica.

-Qué bien. Muy práctica, ¿no?

-"Para alguien que no tenga móvil, quizás".

Jorge me ha dado un rato libre, pero van 32 minutos, debo volver.

-Oye, de todas maneras hazme un favor.

Atento al teléfono, que me preocupo.

-Chateaba y no quería entretenerme. -"Da igual, lo que sea".

Atento del teléfono, que te tiene que llamar tu abuela.

Quiero que te lo pases muy bien. Disfruta de tu día. Te quiero.

"Y pásame con Samuel, por favor".

-Toma, quiere hablar contigo. Me voy al bar, ¿vale?

-Vale.

-Celia. ¿Qué tal?

-Hola, Samuel. Qué gusto oírte.

Una cosa rápida, que ya se lo he dicho a Carla,

pero te quería dar las gracias por cuidar y soportar a David.

A veces puede ser difícil.

-Qué va, para nada. Si es superfácil convivir con él.

-"Estoy convencida de que le puedes aportar un montón de cosas".

A ver si me lo animas y que se relacione con gente.

Que tú eres muy sociable.

-Sí, no te preocupes. -"Venga".

No os entretengo, que tendréis cosas que hacer.

Un besazo para los tres. Chao.

-Un beso, Celia. Chao.

-¿Qué es esa cara?

-Que tengo una idea, cariño. -¿Qué idea?

-Fiesta, Carla, fiesta.

(Timbre)

(ÁGATA) Hola. ¡Hola!

¿Qué haces aquí?

Me he enterado de que ya estabais de vuelta y...

¿Está Elías por aquí? No, está en el despacho.

¿Tomando posesión del fortín?

No estoy tomando posesión de nada. Ya vivía aquí antes de casarme.

No veas si te ha cundido el viaje de novios.

Pues sí, ya que te interesa tanto, lo hemos pasado estupendamente.

Sí, ya veo, ya veo, entrenando la vida de lujo.

para acostumbrarte a lo que te viene, claro.

No es asunto tuyo en qué nos gastamos nuestro dinero.

No, tienes razón. no es asunto mío en absoluto.

Pero te advierto una cosa.

No voy a permitir que le hagas daño a Elías ni a nadie de mi familia.

Ya que has dejado claro tu discurso de hembra dominante...

¿alguna amenaza más que hacerme? No, ¿verdad?

Pues vete de mi casa, tengo cosas que hacer.

Vale, solo una cosa más.

Te recuerdo que esta sigue siendo la casa de mi padre.

-Ágata, ¿qué tal la ducha? -Muy bien, gracias.

-¿Pasa algo?

No, nada. Justo has interrumpido a Ágata.

Estaba a punto de echarme de su casa.

(ÁGATA) No, tranquila.

Quédate todo el tiempo que quieras. Ya me voy yo de mi propia casa.

-¿Me quieres contar qué pasa? No la aguanto, papá.

¿Está ciego Elías o qué?

Es tu cuñada y es parte de la familia.

Así que hazte a la idea. ¿De verdad, papá?

¿Pretendes que mire a otro lado

mientras veo cómo esa mujer mangonea a mi hermano?

Que lo tiene como un títere. Es su mujer.

Si quieres llevarte bien con tu hermano,

ya puedes contemporizar con ella.

¿Sabes lo que creo?

Que es capaz de haberse quedado embarazada para enganchar a Elías.

¡Pero no digas barbaridades! ¿Te estás escuchando?

Lorena, hija.

Ágata me va a dar un nieto, como tú.

Yo ya tengo una edad.

Lo que pretendo es que en la familia haya unión y paz.

Será difícil con esa mujer rondando por aquí.

Quiero que la familia sea feliz.

Bastantes disgustos hemos tenido últimamente.

Prométeme que lo vas a intentar.

Vale.

Pero no digas que no te lo advertí.

Si no la tenemos vigilada,

va a acabar haciendo lo que quiera con esta familia.

Gracias.

O sea, ¿hay desgravaciones específicas?

-Si el local pertenece a un edificio bien de interés cultural,

los beneficios serían importantes.

Eso es una pasada, ¿no?

Bueno, no cantemos victoria, debo mirar unos papeles.

Pero creo que cumples los requisitos.

Y aproximadamente, ¿de cuánto hablamos?

Ya te lo diré, he de hacer números. Ya, pero más o menos.

Pues podríamos estar hablando de un 5 o un 10%.

Si lo consigues, te invito a cenar donde quieras, el país que quieras.

No tienes que invitarme, es mi trabajo.

En serio, Fernando,

el trabajo se puede hacer bien, mal o muy bien.

Contigo ahorro en una semana más que en un año con mi otro gestor.

Pues entonces, estamos en paz.

En un mes desayunando en tu bar,

he comido mejores tapas que en un año en la otra cafetería.

Ya te veo, ya. Indirecta captada.

¿Vamos? Tengo anchoas espectaculares.

No me tientes, debo trabajar.

Vale, una cosita más.

Para desgravarme todo esto,

¿hace falta algún chanchullo, cambiar algún número o algo así?

¿Me lo estás preguntando en serio? Ya.

Yo no hago chanchullos, todo es legal.

Y en mi trabajo eso es muy difícil.

Ya, ya. Muchas veces he tenido que decidir

entre hacerme rico o ser honesto.

Siempre elijo lo segundo.

Por cierto, te voy a devolver tus facturas,

que ya no las necesito y son tuyas.

Vale.

-Buenos días. Buenos días.

Te estaba mirando y no sé si te conozco.

Ya te lo presento yo. Fernando.

Encantada. Valeria.

-Igualmente.

-¿Y qué, lo conoces desde hace mucho?

Bueno, sí, hace un ratito sí.

Empezó como cliente, luego como amigo y ahora es mi gestor.

¿Y es bueno?

Muy bueno. ¿Por? ¿Necesitas uno?

No, yo no.

Pero tengo una amiga que justo necesita un consejo

para un tema de su negocio.

-Si puedo echarle una mano...

Os dejo con vuestras cosas, que tengo a David solo en el bar.

Te dejo en buena compañía. Cuídamela.

(VALERIA) Sí. Chao.

-Hasta luego.

-Mi amiga es la dueña de la floristería, no sé si la conoce.

-Tutéeme, por favor.

-Bueno, solo si tú me hablas de tú.

Lo decía porque quizá alguna vez has ido a comprar flores...

para tu mujer o tu novia... -No tengo ni lo uno ni lo otro.

Pero sí, conozco la floristería.

La he visto pasando alguna vez por aquí.

Si me disculpas, me pillas en mal momento.

Debo ir a trabajar. -¿Y mi amiga?

-Abrirá por la tarde. Luego me paso.

-No me irás a fallar.

-Los amigos de Jorge son mis amigos. Luego me paso.

-Muchísimas gracias, de verdad. -A usted.

-¡De tú! -Sí.

(JESÚS) ¿Qué tal? -¡Hola!

Supongo que trabajando,

peor que en las playas paradisiacas esas que habéis estado.

-Son una maravilla, Jesús.

Tenéis que ir Valeria y tú. -¡Quita, quita!

Muchas horas de vuelo para nosotros.

Aquí, con los kilómetros de costa que hay,

también hay playas fantásticas.

(JESÚS) ¿Y ese cartel?

-¿Qué pasa?

Primera noticia que tengo de que necesitamos un dependiente.

-¿No te ha dicho Elías nada?

-No lo he visto desde que llegasteis antes.

-Pues lo he hablado con Elías y está de acuerdo.

Lo siento mucho, Jesús, no sabía que te iba a molestar tanto.

-No te preocupes. Ya hablaré yo con él.

Parece que ha olvidado

que la última palabra en la empresa la tengo yo.

-A ver, suegro, tienes que tener en cuenta que...

el tiempo va pasando y según avance mi embarazo,

no me voy a poder ocupar sola de la frutería.

-Bueno, no me malinterpretes, por favor.

Te aseguro que cuando llegue el momento

tendrás todo el cuidado de mi parte.

-Si puedes quedarte ahora, quería ir a ver a mi madre.

-Hoy no puedo.

Como estabas aquí, he quedado para comer en la sierra.

Pero mañana sí. Bueno, si quieres.

-Claro, sí. Muchísimas gracias. -Luego nos vemos.

-Vale.

(CARMEN) Te entiendo, pero entiéndeme tú a mí.

No puede ser que digáis que venís a limpiar

y que no venga nadie, y ni siguiera me avisáis.

¡Hombre!

Vale, venga, pero que sea la última vez, por favor. Gracias.

-Hola, hija. -Mamá, es que no doy abasto.

Entre la presidencia y el puesto no puedo.

-Tranquila que está aquí tu madre para lo que necesites.

-Pues llama a los proveedores que nos quedamos sin lomo.

-No, de eso nada.

Te echo una mano, si quieres, despachando,

lo que quedamos.

-Si dices que estabas para lo que yo necesitara.

-Es una manera de hablar. Estoy jubilada, el puesto es tuyo.

No tengo por qué hablar con los proveedores.

-¿No me ves? Estoy con los de la limpieza,

reuniones con el ayuntamiento, el puesto, proveedores...

¿No se te parte el alma de verme?

-Cuando te pones dramática, no hay quien te supere.

Nadie te pidió que te presentaras a la presidencia de la Asociación.

Cada palo que aguante su vela.

-El día tiene las horas que tiene y yo no doy más.

Una ayuda extra hasta que se encaucen las aguas.

-¿Cuándo calculas que se van a encauzar las aguas?

Más de un mes de presidenta y de encauzarse, nada.

Todo lo contrario, cada día estás más desbordada.

-¡No te vas a herniar por descolgar un teléfono!

(SAMUEL) ¿Qué haces aquí?

-¿Dónde quieres que esté? -Te esperan los comerciantes.

¡La reunión! ¿De qué era la reunión?

-La comisión de mejoras.

¡Las placas solares! ¡Si lo propusiste tú!

Te están esperando en la plaza. -Claro, claro, es fundamental.

La sostenibilidad del mercado.

Es muy importante la naturaleza y el ecosistema y el bienestar.

El mercado debe estar a la altura de las circunstancias.

El calentamiento climático no es... -El cambio climático, mamá.

-¿No puedes ir tú? Y luego me dices qué habéis acordado.

-No tengo otra cosa que hacer

que encargarme de la agenda de la señora presidenta.

Tengo mucho curro con la gerencia.

-Te viene bien enterarte de todo. -¡Que no, que no me da tiempo! No.

-¡Muy bien! Cuando vuelvas a casa,

te diré lo mismo con los "tuppers".

-Hasta luego, abuela. -Adiós.

-Habla con los proveedores, yo voy a lo de las placas.

-Anda. Ya te vale, hija. -Gracias.

(Móvil)

-Hola, Ana. ¿Qué tal?

No, qué va, no voy a poder. Es que no tengo tiempo para nada.

Ya.

Bueno, para un vermut, igual sí que tengo tiempo.

Yo también quiero quedar y veros y poneros al día,

pero no me da la vida.

Venga, vale. Luego nos vemos. Un beso, hasta luego.

Nada, encantado. Hasta la próxima.

Carmen, ¿tienes un momento?

Ni medio momento. Es que no me da la vida.

Entre el puesto, la presidencia... no tengo tiempo.

Mucho lío no tendrás,

cuando te da tiempo a meter a la gente en embolados.

Ese señor trajeado, con quien me he hecho una foto,

es el concejal del distrito,

y me agradecía que participe en el certamen culinario.

Y es curioso, porque... no recuerdo haberme apuntado.

Se me olvidó decírtelo. Te he apuntado yo.

Y preguntarme si quería apuntarme, también se te olvidó.

¿Para qué? Es la mejor forma de promocionar el bar

y también el mercado. Si te lo vas a llevar de calle.

Ya, puede ser. Si me hubieras avisado, a lo mejor.

Porque es mañana y no tengo nada preparado.

¿Qué vas a tener que preparar tú? No seas modesto.

Con el nivelazo que tienes. Pero si vas a arrasar.

Así no se hacen las cosas. Yo me tomo muy en serio mi trabajo.

Y no quiero improvisar cualquier cosa,

y es justo lo que tendré que hacer.

¿Estás pensando en retirarte?

¿En retirarme? No.

¿Cómo voy a retirarme? Si ni siquiera me he apuntado.

Pero vamos a ver, ahora no puedes hacer eso.

Dejarías fatal al mercado. En todo caso, lo dejarías mal tú.

No, si yo quiero que te presentes.

Solo tienes que hacer un plato maravilloso tuyo

y que el jurado se caiga de culo. Si se te mete en la cabeza...

¡Vamos a ver! No hay nada más que hacer.

Ya dejaste mal al mercado no haciéndote las fotos para la web.

Así que ahora comprométete,

que esto es para que se luzca tu trabajo.

Y tienes un ayudante fantástico.

(Móvil)

(ROSA) Es Noa.

Hola, cariño. ¡Qué alegría! (NOA) "¿Cómo estás, mamá?"

-Pues muy bien.

Oye, ¿dónde estás? Que se oye mucho ruido de fondo.

-Adivina.

-No digas que en la playa". -Sí.

-¡Maldita seas!

Y yo aquí, trabajando en la cervecería.

Con Alberto. Madre mía.

-¿Y qué tal? ¿Cómo os va?

-Bien, muy bien. Pero cuéntame tú.

¿Estarás todo el día en la playa? -No, ha venido un rato,

pero me tengo que ir. -"¿Adónde?"

-A mi nuevo trabajo.

-¿Qué me dices, hija?

-Sí, trabajo en un restaurante. Bueno...

haciendo fotos de platos para la carta visual.

Es poco, pero por algo se empieza, ¿no?

-Ay, cómo me alegro, de verdad. ¡Qué bien!

-¿Recuerdas un trabajo parecido que hice para el mercado?

Gracias a eso tengo este trabajo.

-Cómo me alegro que todo vaya marchando.

¿Y con Jonathan qué tal va la convivencia?

-Pues con Jona, genial.

Ya hemos vivido juntos, o sea que la convivencia muy fácil.

"Y la verdad es que él trabaja mucho,

"pero saca tiempo para que pasemos juntos. Y, bueno",

me está ayudando bastante con todo, mamá.

Está teniendo mucha paciencia conmigo.

¿Tú cómo lo llevas?

-Bueno, pues superándolo también.

Poco a poco, hija. Han sido muchos años.

-¿Seguro? No me ocultarás algo como de costumbre...

-Claro que no. ¿Qué te iba a esconder?

(NOA) "¿Y sabes algo de..? -¿De Nacho?

No he sabido nada. Bueno, que sigue en la cárcel, ya está.

Olvídate de él y sigue con tu vida, que es lo que yo hago.

-Va a ser verdad que esta pesadilla terminó.

-Pues claro que sí, hija, claro que sí.

(Tono fin de llamada)

¿Noa?

Oye, ¿Noa?

(Tono fin de llamada)

Maldita sea, creo que se me ha cortado.

-¿Qué tal?

-¿Que qué tal? ¿Tú sabes dónde está? En la playa.

-¡Qué envidia!

-Ya te digo. -Cuatro que pueden.

-Sí, lo esperaba. Déjelo a la izquierda. Gracias.

(MARAVILLADA) ¡Qué buena pinta tiene esto!

Muchas gracias.

Es una tapa nueva, pero aún no la tengo en la carta.

Si quiere tomar algo, siéntese donde quiera.

Mi ayudante la atiende. No, solo vengo a presentarme.

Soy Gloria Suárez,

propietaria del nuevo restaurante del mercado, el Ainara Fusión.

Genial. Bueno, yo soy...

Jorge Santos.

El gran Jorge Santos.

Sí, bueno...

Soy una gran fan de tu trabajo.

Te admiro desde los tiempos de La Fanega.

El único chef que cambiaba la carta tanto como lo hacías

elevando la calidad cada temporada. Bueno, muchas gracias.

Eres una de las razones

por las que monto mi restaurante aquí.

Te había perdido la pista, pero te encontré,

gracias al libro de Celia Mendoza sobre ti.

Bueno...

¿Y te gustó?

Mucho. Es muy revelador.

Normal que vaya ya por la segunda edición.

Sí, parece que está funcionando muy bien.

Bueno, entre tú y yo, debo reconocer que me da apuro

ser el protagonista de un libro.

Qué va, es un protagonismo merecidísimo.

Tenerte de vecino va a ser un acicate

para elevar el nivel del Ainara Fusión.

Bueno.

¿Y qué cocina hacéis?

Nada que se compare con la calidad que tendrás aquí.

La nuestra es una cocina más impersonal.

Servimos cocina internacional.

Es una carta variada, pero muy poco arriesgada.

Cualquier cosa que necesites, estoy aquí.

Pasaré un día a haceros una visita.

Avísame para poder atenderte como te mereces.

Claro. ¿De verdad no tomas nada? Gracias, solo quería presentarme.

Ojalá esta sea una muy buena relación

y que no seamos competidores, sino colaboradores.

Los dos podremos beneficiarnos el uno del otro.

Eso seguro.

Antes de irme. ¿Te puedo pedir un favor? Aunque me da corte.

Sí. Si está en mi mano, claro.

¿Me lo puedes... dedicar? Es que me haría tantísima ilusión.

Por supuesto que sí. Espera que te doy un boli.

Aquí, toma.

(SAMUEL) ¿Qué pasa, mamá?

-¿Qué pasa, Carmen? ¿Estás bien?

-No está bien.

-¿Que qué me pasa?

Que aquí, o vamos todos a una o esto se va a pique.

-¿Qué se va a pique? (CARMEN) Pues todo.

El puesto, el mercado, la presidencia... Todo.

-No entiendo nada. ¿Alguien me explica qué pasa?

-A ver, hijo, que no doy abasto.

Estoy a mil cosas y a ninguna y lo hago todo mal.

Así que o me ayudáis ya o esto no se sostiene.

-Bueno, yo creo que estás exagerando un poquito.

Tienes que organizarte y ya está.

-Mi presidencia es imprescindible para este mercado.

Y para nosotros, que esta familia vive del Central.

Y no solo no me apoyáis ni me ayudáis ni "na".

Seguís con la misma pachorra de siempre.

Y encima, me llama exagerada.

-No, cuidado, he dicho "un poquito".

-Carmen, y de pachorra nada,

que nosotros cumplimos con nuestro trabajo como siempre.

Quieres que asumamos responsabilidades

que no nos corresponden. -No nos corresponden.

-¿Cómo?

Pensaba que me pasaría,

pero no sé cuánto hace que Germán se marchó...

y lo echo de menos como si fuera el primer día.

-¿Qué me vas a contar, Adela?

Esta mañana hablaba por teléfono con Noa, un minuto.

¿Y te crees que me ha alegrado el día?

Vaya dos.

Toda la vida deseando que los hijos echen a volar

y ahora resulta que nos sentimos solas en el nido.

-Rosa, ¿has hecho el pedido ya de la cerveza negra?

-Lo siento. Es que anoche con la sorpresa, pues...

se me fue el santo al cielo.

Te prometo que lo hago ahora mismo. -Vale.

Oye, Rosa.

¿Qué sorpresa es esa?

-¿No te lo he contado? No.

Es que anoche me preparó un picnic en el parque para ver las estrellas.

No te rías, por favor. A nosotros nos gustan estas cosas.

No me estoy riendo de eso.

Ya quisiera yo que alguien me preparara esos planes.

Esos planes o cualquier plan.

Que las dos echamos de menos a nuestros hijos,

pero a ti con Alberto te he tocado la lotería.

Va todo viento en popa, ¿no?

Bueno, no me puedo quejar.

Esta mañana me ha hecho una medio propuesta de vivir juntos.

¿Y qué le has dicho?

Pues... no sé, he bromeado un poco.

He cambiado de tema y he salido airosa.

No entiendo. ¿No te apetece vivir con él?

Me gusta mucho Alberto.

Me encanta, pues...

pasar tiempo con él, que se quede en casa,

pero llevamos muy poco tiempo juntos.

Creo que vamos muy deprisa.

Ya, Rosa, pero el tiempo es relativo.

En el tiempo que lleváis juntos,

Alberto te ha demostrado más que otro en 20 años.

Lo sé. Sé que soy yo.

Es que tengo aquí algo que... que me frena.

¿Ha pasado algo que no me has contado?

No, qué va. Pero cada uno es como es, y yo soy de ir despacito.

-Voy dentro a por cambio.

Recuerda el pedido, estamos sin reservas.

-Sí, no te preocupes, lo hago ahora mismo, de verdad.

Adela, ¿te tomas una cervecita?

Venga, ponme una, pero sin alcohol.

Vale.

-Te has sobrecargado con curro y nos echas el muerto a nosotros.

-Es que esto no es una situación normal.

Vosotros sois la familia de la presidencia, mi familia,

y os toca apechugar.

Os necesito al 200%.

-¿Te estás oyendo? Pareces un entrenador de fútbol.

-¿Y tú qué pareces?

¿Recuerdas que tienes varios asuntos sin resolver?

-¿Yo? ¿Qué asuntos?

-Varios. -Dime solo uno.

-El grifo del nuevo restaurante, que gotea.

-Bueno, sí, sí. Vale, sí, es verdad.

Pero lo hago como favor,

que eso son los de la reforma quien debería arreglarlo.

-Bien, pero te has comprometido. ¿Para cuándo?

¿Y tú qué?

(CHISTA) El papeleo, ¿cuándo lo vas a poner al día?

-¿Qué? -¿Qué?

-Estoy en ello. (CARMEN) Ya.

Pues yo ahora tengo unos asuntos.

Así que espero que cuando vuelva, esté todo al día.

-¿Qué asuntos tienes? -No te importan a ti.

¿Ahora sí quieres llevar mi agenda? -No, no.

-Pues cuando vuelva, que esté todo al día,.

Por favor, poneos las pilas.

Que no digan que no hacéis lo que debéis.

-¿Te han dicho eso?

-No quiero dar lugar a que me lo digan.

-Sería el colmo con la paliza que me he pegado

con los formularios de la subvención para el BIC.

Bueno, o el dosier de las placas solares.

¿Y qué tal la reunión? -Muy bien.

Aquí están los presupuestos. Así que hala, te los vas revisando.

-Luego, que yo ahora he quedado con Carla

que tengo que hacer unas cosas, y ya lo reviso luego yo.

-Pero ¿qué cosas? ¿Adónde vas? Pero ¿qué haces?

-Hasta luego.

-Me toma por el pito del sereno.

-Yo también me tengo que ir también.

He quedado con los de futbito, ya tenemos pista.

Si no, somos impares.

Luego me paso y arreglo lo del grifo.

(Puerta cerrándose)

-El vermut no me lo quita ni Dios.

(Teléfono)

¿Sí?

Pero ¿se está inundando, inundando, o un poquito?

¿Qué tal la mañana?

-¿Tú qué crees? Menudo recibimiento.

Primero, aguantar las pullas de tu ex.

Después, Lorena diciendo que mi casa no es mi casa.

Y luego tu padre decide que no necesito ayuda en la frutería.

¿Qué te ha dicho?

Que el negocio es suyo y que todo se lo tenemos que consultar a él.

Se le va la fuerza por la boca.

Hablo yo con él y lo hago entrar en razón.

¿Seguro?

Porque no me puedo hacer cargo de la frutería sola.

Entre cuidar de mi madre y el embarazo me falta tiempo.

Tranquila, ya se lo explico yo, ¿vale?

Ya se lo he explicado. ¿Sabes qué ha dicho?

Que él va a venir a ayudarme cuando le venga en gana.

Bueno, venga. Conozco a mi padre perfectamente.

Le ha sentado mal que tomáramos esa decisión sin consultárselo.

No te preocupes.

Con el tiempo, se dará cuenta de que necesitas ayudante.

Pensaba que después de lo que le había pasado a tu padre,

te dejaría tomar más partido en la empresa.

Pero veo que te tratan como a mí, y eso me entristece bastante.

Bueno, no es así del todo. No saquemos las cosas de quicio.

Es que las cosas son como son. ¿No te has dado cuenta?

Adoran opinar sobre nuestra vida, no quieren que seamos felices.

Es que la familia De la Cruz no es simplemente una familia.

Somos un clan. Pero te irás acostumbrando.

No me pienso acostumbrar a que opinen sobre mi vida siempre.

Y encima los tengo que aguantar aquí y en casa.

Tranquila, tampoco es para tanto.

Te dejo, he quedado con unos proveedores.

(ROSA) Pues eso es todo, muchas gracias.

Pues ya está hecho el pedido.

Me has dejado mosqueada con lo de tu relación con Alberto.

¿Seguro que va bien? Estate tranquila

porque tengo claro lo que quiero.

Esto de trabajar y vivir juntos, me parece mucho compartir.

Eso siempre termina por saturar, seguro.

Y en el Central no tenemos buenas experiencias con eso.

Fíjate, Paolo y Cristina, tú y Elías...

No sé, me da un poco de miedo volver a sentirme atrapada otra vez.

Y no me apetece rendir cuentas a nadie.

Pero si eso lo entiendo.

Lo que me preocupa es que te boicotees a ti misma.

¿Qué quieres decir?

A ver, que no estás acostumbrada a ser feliz...

y creo que te da miedo. ¿Es eso?

Pues... mira, puede ser. No lo sé.

Porque no he conseguido olvidar lo que me hizo Nacho.

Debes intentarlo, debes lanzarte a la piscina.

Porque además, Rosa, tú te lo mereces.

Maldita sea.

¿Qué pasa?

Carta de Nacho desde la cárcel.

Pero ¿cómo se atreve? No es la primera.

Todas las demás las mandaba a casa.

¿Y qué es lo que te dice? No lo sé.

Las tiro a la basura, sin leerlas.

Tienes que hablar con Prisiones.

Podrás pedir que no le dejen comunicarse contigo.

No quiero hacer eso, porque sería como demostrarle que me da miedo,

que estoy asustada, que tiene poder sobre mí.

No. Lo mejor es ignorarlo, ya se cansará.

Esta guerra terminó y la gané yo.

Perdona, tengo gente.

(SUSPIRA)

-Sin alcohol para él y con alcohol para nosotros.

-Somos tú y yo, no vale la pena.

-No, viene más gente.

-Ha sido verlo... y he dicho: "Este es para Adela".

¿Me dices que me has buscado novio?

Valeria ha tenido un lío con un proveedor

y me ha pedido quedarme cuidándole el puesto.

Debes cuidarte, por ti y por el bebé.

-No me meto en la vida de la gente, pero entre estos dos hubo algo.

Que la salida de ella, tan precipitada...

Eso no fue ni medio normal. Hubo tema.

-¡Que soy Jesús De la Cruz!

Pregunta a cualquiera del mercado.

-Demuéstremelo.

-¿Has terminado lo que te pidió? -Luego.

-No, Samu, ahora.

El estrés es malo. ¿Quieres eso para tu madre?

-Te llamaba porque quería ver si me podías gestionar...

una... una visita a prisión.

¿En qué te has gastado 10 000 euros?

¿Un plano? -De nuestro nuevo piso.

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Mercado central - Capítulo 240

25 sep 2020

Ágata y Elías vuelven de su luna de miel sin que éste le haya confesado que apenas tiene dinero. Ella decide que la pareja necesita más independencia del clan De la Cruz.
Jesús pide a Lorena que se esfuerce por aceptar a Ágata, pero ella inocula en su padre la idea de que Ágata solo quiere mangonearles.
Rosa y Alberto se plantean vivir juntos, pero Rosa duda.
Rosa recibe cartas de Nacho desde la cárcel, las cuales no abre. El pasado está enterrado.
Jorge conoce a Gloria, que va a abrir un nuevo restaurante en el mercado. No es consciente de que ella parece tener intenciones ocultas con respecto a él.
Adela se siente sola y Valeria decide poner de su parte para arreglarle un encuentro con Fernando, el nuevo gestor de Jorge.
Carla, Samuel y David comparten el piso de Celia. Ésta llama desde Barcelona y apremia a Samuel para que prepare a David una fiesta de cumpleaños.
Carmen, desbordada por sus responsabilidades como presidenta de los comerciantes, trata de buscar la implicación de su familia. No obstante, decide ir a una quedada con sus amigas.
Carmen hace una encerrona a Jorge y éste tiene que presentarse a un certamen culinario.

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