Mercado Central La 1

Mercado Central

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 238 - ver ahora
Transcripción completa

-Te he demandado por incumplimiento de contrato.

Léela con calma, es mejor que tu relato.

Pide 120 000 euros por daños y perjuicios

y romper la confidencialidad. -¿Qué vas a hacer?

-¿Qué gano denunciando a tu padre? -Vengarte.

-¿Lo contaste a alguien?

-He destapado lo del padre de Natalia.

-¿Cómo has podido? -Con lo que me dijiste

y con ayuda de Internet.

Esto es mi parte oscura heredada de él.

-¿Y si tengo otro accidente? -No te paralices.

Yo confío en ti.

Si apruebas, bien, y si no apruebas, también.

Lo importante es enfrentarte al examen.

-¿Por qué no quieres hacerme más fotos?

-Nicolás, no quiero líos.

Bastante tengo yo con lo mío. Habla con tu mujer.

Perdona, ¿qué trabajo?

Aún no he terminado el libro.

Lo siento, pero no lo puedo aceptar.

Porque... yo ahora mismo no me puedo mover de Madrid.

Sería un trastorno para mí.

-Lo de Milán es una incógnita.

Aquí, en el Central, lo tenemos todo hecho.

Es una vida sencilla, sí, pero a mí me gusta.

-Nos quedamos aquí.

-A ver si Adela va a tener razón. A ver si no vas a ser trigo limpio.

-Lorena, yo no tengo por qué aguantar esto.

Lo que opinéis Adela y tú me da igual.

-Claro que podemos hacer algo, encontrar pruebas.

Hay que detener a esa mujer.

Ágata no es una persona cualquiera, Germán.

Tu padre... se ha enamorado de una asesina.

¡Di la verdad! (LORENA) ¿A ti qué te pasa?

-¿Qué te pasa?

(LORENA) ¿Papá? Llama a una ambulancia.

-¿Qué tal está tu padre, cariño? Estoy preocupada.

Bueno, mejor, mejor.

Gracias a Dios,

ha sido un amago de infarto. Ya está mejor.

Menos mal, tenía un mal cuerpo...

Hubo un momento que perdió la visión de un ojo. Fue...

¿Tu padre se ha quedado ciego? No, solo temporalmente.

Pero se nos ha hecho eterno.

Afortunadamente, la ha recuperado Le están haciendo pruebas.

Menos mal. ¿Por qué no cogías el teléfono?

Te llamé muchas veces.

Porque conducía.

En la ambulancia solo podía ir Valeria.

Me ducho y vuelvo al hospital. Pero ¿no dices que está mejor?

Sí, pero quiero estar cerca de él.

Me siento culpable.

Le dio eso cuando discutía con Lorena.

Y encima por la puñetera butaca.

¿Por qué dijiste que estoy interesado en la butaca?

Porque te vi con ilusión cuando hablabas de ella.

Pensé que el mejor sitio es donde está.

Eran tu abuelo y tu mamá los que se sentaban ahí.

¿Por qué me miras así?

De verdad, ¿tú no crees que forzaste un poco esa situación?

Oye, perdona, pero si fue Lorena la que provocó la discusión.

Y a tu padre ni le iba ni le venía. Fue casualidad que se alterase así.

¿Una casualidad?

Sí, una casualidad, mi amor.

Y, bueno, yo creo que en el fondo, te va a venir bien.

Ah, ¿sí? ¿Y qué hay de bueno en que a mi padre le dé un infarto?

A ver, mi vida, tu padre es una persona mayor.

Ha sido un amago de infarto, menos mal.

A ver, contéstame, ¿quién dirige la empresa ahora?

Yo, pero ¿a qué precio? Casi pierdo a mi padre.

A ver, lamentarse no sirve de nada ahora.

Y estoy segura, convencida,

de que este aviso de la vida le vendrá bien a tu padre.

Se va a dar cuenta de que es absurdo que dirija esta empresa.

Comprenderás que es lo que menos me importa.

Cariño, mírame. Mírame.

Soy testigo de los desplantes de tu padre y de las malas maneras.

Y ahora, tú vas a ser el jefe.

¿Y crees que es momento de hablar de eso

con mi padre ingresado en el hospital?

En algún momento tendrás que enfrentarte a esto.

Porque tu padre lleva trabajando toda la vida,

que se merece jubilarse.

Claro.

Y nosotros, encantados, ¿no?

Mi vida, que esto nos beneficia a todos.

Ellos ganan, nosotros ganamos, pero es que la empresa gana.

La dirigirá por fin, no un crío, como Germán,

ni un abuelo, como tu padre,

sino un hombre de los pies a la cabeza.

Por favor, cariño, no le des más vueltas.

Tu padre es una persona mayor, pero es que es sabio.

¿Qué crees que te va a decir cuando te vea en el hospital?

Que te encargues cuanto antes del negocio, mi vida.

Voy a darme una ducha.

Eso es.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra # en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos, # con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(NOA) Bueno, dale un beso al abuelo de mi parte, ¿vale?

Venga, luego nos vemos en casa, mamá.

Lárgate, Nacho.

-No voy a montarte ningún numerito.

A pesar de nuestras diferencias... -¿Diferencias?

Me has denunciado. -Solo me defiendo cuando me atacan.

No creí que te inventarías esa sarta de mentiras.

-Esa sarta de verdades.

Aunque me haya dado asco revivirlo, lo que he contado es verdad.

-Me has roto el corazón con tu traición, ¿sabes?

Pero reconozco que me siento orgulloso de ti.

-¿De qué hablas?

-Venga, no te hagas la tonta conmigo.

Fuiste tú quien denunció al padre de Natalia, ¿a que sí?

-Lárgate, Nacho.

-Tu madre y tú siempre acusándome de ser retorcido, sin escrúpulos,

y resulta que a tu lado soy un aprendiz.

-No sé de qué me hablas.

-A mí no me engañas.

Te guste más o menos, mi sangre corre por tus venas.

-Sí, y esa será mi condena de por vida.

Solo espero que la tuya llegue pronto.

-¿Por qué ocultas la verdad?

Sabías que si denunciabas a su padre,

Natalia me acusaría a mí de hacerlo y declararía en mi contra.

Ese era el plan, ¿verdad?

-He hecho lo que debía.

El fin justifica los medios, ¿no?

¿Aunque te lleves por delante la vida de esa familia?

-¿Me vas a hablar tú de destrozar familias?

-Bienvenida al club, hija. -Mira, Nacho.

Quizá tardé mucho en verlo,

pero a las personas como tú hay que atacarlas con sus armas.

-¿Aun destrozando al padre de Natalia?

-No estoy orgullosa de lo que hice,

pero tampoco se puede operar pacientes hasta el culo de alcohol.

-Muy bien, Noa.

-Muy bien, ¿qué? ¿Qué dices?

-Ya ves la clase de persona que es mi hija.

(NOA) Natalia...

Natalia, lo siento. -¿Cómo has podido?

-Lo siento, Natalia, pero no tenía otra opción. ¡Natalia!

Eres un hijo de... (NACHO CHISTA)

Esa no es manera de hablarle a un padre.

-Tú no eres mi padre. Tú para mí estás muerto.

-Sí que lo soy. Y lo seré siempre.

Y ya ves, todavía te queda mucho que aprender de mí.

-Mamá, Natalia no va a declarar contra Nacho.

Oye, Lorena, ¿cómo está tu padre?

-Bien, bien. Valeria esta con él.

Ha sido un amago de infarto, pero está bien.

Menos mal. Menudo susto me llevé

al saber que se lo llevó la ambulancia.

Se va a poner bien, ya verás. Sí. Gracias. Seguro.

Jorge, ¿puedo hablar un momento contigo?

Sí, claro. Es sobre Helena Monteagudo.

Está indignada por el artículo que publiqué en Internet.

¿Está indignada? ¿Ella?

Que no se indigne tanto

y deje de aprovecharse del talento de los demás.

Pues me ha denunciado por incumplimiento de contrato.

Me pide 120 000 euros por daños y perjuicios.

¿120 000 euros? Pero qué barbaridad.

¿Y no puedes hacer nada? Por eso quería hablar con Jorge.

Claro, ¿qué necesitas?

¿Tú no tenías un amigo abogado

que sabe de propiedad intelectual o algo así?

Tomás. ¿Quieres que lo llame? Por favor.

Vale.

Mira, aquí tengo el contrato que firmé con ella

y también la denuncia.

A ver si puede hacer algo,

porque no sé de dónde sacar 120 000 euros.

Encontrará la manera de frenarlo. Hablo con él y te cuento.

Gracias.

-Mil veces le he dicho que se vaya para casa,

que se duche, que descanse...

Nada, no se va hasta que le den el alta a su marido.

Entiéndelo, mujer. Es normal, está preocupada.

Tú lo estarías por Nicolás, ¿no?

Tiene una edad. Será mi madre, pero es terca como una mula.

Pasaré por el hospital después.

Insistiré para que vaya a casa y se duche.

Gracias, hija. Bueno, de nada.

Bueno, me subo al puesto.

Que luego tengo que seguir con las fotos de la web.

¿Aún estás con eso? Sí, me toca posar en el "photocall".

Me he pillado una camisa de Marita Echevarría...

monísima de la muerte.

Será monísima y me imagino que también carísima,

porque ahí, nada baja de 200 euros.

290. Hilo japonés.

Pero tranquila, me va a salir gratis.

Me estás asustando, Carmen.

No la he robado.

La etiqueta la quito y luego la pego con celo.

La devuelvo como si nada. Carmen, por favor...

Que Marita Echavarría es una impresentable.

Ella intentó robar los diseños a Carla, así que...

Bueno, visto así...

Y digo yo, la blusa esta no irás a combinarla

con los pantalones de leopardo que llevas siempre, ¿no?

¿Algún problema con mis pantalones? Costaron una pasta.

Ya me imagino.

Pero como dices que es una blusa fina de hilo japonés...

Tranquila, la foto es de cintura para arriba.

Como si voy en bragas, da igual. Lo que importa es aparentar.

¿Y no crees que deberías posar con un mandil

como el resto de comerciantes?

Por favor, el cargo obliga.

Soy la presidenta, debo dar buena imagen.

Tú que eres tan mona y vas tan bien producida...

Color, labios, ¿cuál?

A ver... Tengo el labio fino.

Pues entonces discreto. Sí.

Me ha pedido que dirija la editorial de Barcelona.

Quiere escribir sobre grandes cocineros

y Cataluña está lleno.

Una casa pagada, un buen sueldo

y además, comisión de beneficios a final de año.

-¡Eso es un notición!

Y más ahora, que tienes que pagar ese dinero.

David...

Así que le he dicho a Isidro que no.

Es una pena porque con la droguería me cuesta llegar a fin de mes.

Y entonces, ¿qué vas a hacer?

Mira, lo único que sé es que es una gran oportunidad.

Ser escritora, editora, es lo que he deseado siempre, desde pequeña.

Cuando era adolescente, mis heroínas eran Virginia Wolf

o Harper Lin o Isabel Allende...

Luego ya me casé con Manuel y llegó David,

y el día a día se impuso,

pero la ilusión y la esperanza ha estado siempre ahí.

Y ahora viene la oportunidad de hacer realidad un sueño.

Pero también es verdad que si me llevo a David a Barcelona,

le voy a complicar la vida, y con el año que ha pasado...

(LORENA) Ya.

Sí, claro, necesita equilibrio

y eso es lo más importante para ti, claro.

Pero puedo perder la casa, perder el negocio

y quizá, la oportunidad de hacer mi sueño realidad.

Bueno, vamos a ver que dice Tomás de todo esto.

No lo sé. He firmado un acuerdo de confidencialidad.

¿Qué se podrá hacer?

Oye, Celia, y... ¿pedirle el dinero a tu suegra?

No, ya le pedí dinero.

Para pagar la multa de la subvención

y para la parte del negocio de Adela.

Solo puedo convencer a David de ir a Barcelona.

Que por cierto, otra cosa, me acaba de llamar la Policía.

Mañana debe ir David a declarar por lo de accidente de Nacho.

Justo ahora. Y Esa rata que sigue dando coletazos todavía.

(NICOLÁS) Por fin te encuentro. ¿Qué hay, Nicolás?

-¿Qué quieres? Estoy liada. -Yo también, por eso estoy aquí.

Necesito que hables con los pescaderos.

Han bloqueado un pasillo y debo revisar el cuadro eléctrico.

-¿Ves qué es el cargo? Subo y lo arreglo.

No la entretengas mucho,

que tiene posado de "photocall" para la web.

(NICOLÁS) Ahora te toca a ti.

Lo que no entiendo es por qué narices no quieres

que salga contigo en las fotos. -¿Otra vez con eso?

-Sí, que Noa me despachó como en un fotomatón.

-Ella sabrá, es profesional. -Ella sabrá, no.

Le he preguntado qué pasa y me ha dicho que lo hable contigo.

-No seas paranoico. Yo me subo,

que recogen un ramo en cinco minutos.

Subo contigo, Adela. -No, no, no.

De aquí no me voy hasta que me expliques

qué narices pasa con las dichosas fotos.

-¿En serio me lo preguntas? Ya lo sabes.

No sales bien en las fotos, que no sabes posar.

-¿Cómo que no salgo bien?

-No sales bien, que no eres fotogénico.

-Vamos a ver, Carmen, ¿me estás llamando feo?

-No lo digo yo, lo dices tú.

-Entonces, si piensas que soy un cardo borriquero,

¿por qué te casaste conmigo?

-Por tu dinero, no te digo. -Te hablo en serio.

-Me gustas más que comer con los dedos, pero a la cámara no.

Ya está, no voy a sacar a un tío así...

representando al Mercado Central. Es de cajón.

-Jorge y Paolo no salen con los ojos abiertos

en todas las fotos. -Me voy a callar.

Hay muchos comerciantes que no salen en la web

y no protestan.

(RÍE CON SARCASMO) Muchas gracias, mujer.

Me quedo mucho más tranquilo

sabiendo que no soy el único callo malayo del mercado.

-Así me gusta, que veas el lado positivo.

-Hola, Natalia. Pasa, por favor.

Me alegra mucho que hayas venido

porque, sinceramente, no estaba segura de si ibas a venir o no.

-He dudado hasta el último momento.

Me imagino que ya sabes por qué.

-Lo siento mucho.

Cuando me enteré de la denuncia era demasiado tarde.

Por eso te llamé. -No he venido a escuchar disculpas.

-Escúchame... -No, escúchame tú.

Casi voy a comisaría a contar la verdad sobre Nacho.

Pero después de descubrir la traición de Noa,

vengo a decir que no cambiaré ni una coma de mi declaración.

-Noa ha cometido un terrible error comportándose de esa manera,

pero, Natalia, es que tú también lo vas a hacer

si te dejas llevar por todo el dolor que sientes.

-No te imaginas lo que está pasando mi familia con todo esto.

-Claro que me lo imagino.

Porque es el mismo dolor que siento yo y el que siente Noa.

-Entonces, ¿por qué lo ha hecho?

¿Por qué?

-Verás, está claro que Noa se ha equivocado,

pero estoy segura de que lo hizo con su mejor intención.

-Sí, sobre todo, para ella.

-No, Natalia.

Nacho es un cerdo y tú lo sabes muy bien.

El problema es que si Nacho no paga ya

lo que te hizo y lo que nos ha hecho,

no lo pagará nunca.

-Pero si yo prefiero olvidar y pasar página,

nadie tiene por qué obligarme a hacer lo contrario.

Es mi decisión.

-¿Sabes qué pasa?

Que no me puedo creer que tú lo hayas olvidado todo.

Dime que no has tenido pesadillas desde entonces.

Que lo que te he hizo

no ha afectado tus relaciones de pareja.

¿No lo entiendes, Natalia?

De una manera o de otra. te ha destrozado la vida,

como nos la ha destrozado a nosotras.

-Y si es así, ¿qué?

¿Crees que ver a mi padre en la cárcel

va a convertir mi vida en un cuento de hadas o...?

-Claro que no. No digo eso. -Mi padre se equivocó.

Y mucho.

Era un enfermo,

pero con mucho esfuerzo, superó su adicción.

Ha pasado mucho tiempo,

pero aún sigue necesitando el apoyo de mi madre y el mío.

-Lo entiendo, de verdad. De verdad que lo entiendo,

Pero eso no tiene que ver con Nacho.

No podemos permitir que siga libre, porque ayer fuiste tú, Natalia,

pero es que hoy o mañana

pueden ser otras niñas las que caigan en sus redes.

-¿Qué te crees, que no lo he pensado un millón de veces?

-Si lo has pensado tantas veces, es porque no lo has olvidado, ¿no?

Mira, sé que esto es muy duro para ti,

pero es que tú eres la única que puede acabar con todo esto.

Debes ser fuerte.

-Ya está bien.

Desde que volvisteis a mi vida no dejáis de repetir que sea fuerte.

Estoy harta, Rosa. ¿Me entiendes? Harta.

-Escucha, te lo voy a repetir las veces que haga falta.

Natalia, hasta que te des cuenta de las niñas que podemos salvar.

Es que esa es tu responsabilidad, pero también es la mía.

Es la mía desde que me enteré de todo esto.

Lo que pasa es que yo puedo decir lo que sea,

pero no sirve.

No sirve, Natalia, si no le cuentas a la Policía tu historia.

Nacho siempre se sale con la suya y lo sabes.

Escúchame.

Podemos acabar con él, juntas.

Tú puedes pararlo para siempre.

-Lo sé todo.

-¿Cómo?

-Mataste a tu marido, tu amante te ayudó a enterrarlo,

convenciste a mi padre para cambiarlo de sitio

y evitar chantajes.

-Pues sí que sabes cosas.

Es lo que tiene creer a tu madre.

-¿Por qué no iba a creerla?

-Sé que ella te ha calentado la cabeza

con historias para no dormir.

Esas acusaciones son falsas, es un disparate.

Me parece que tu madre tiene celos.

-¿Celos? -Sí.

-Tú me viste con Rubén, ¿no?

Aprovechaste mi mal día para malmeter con los transportistas.

-No tengo tanta influencia en esa gente como imaginas.

-¿No? Pues he preguntado y me lo han confirmado.

Les dijiste que me acostaba con Rubén

y por eso le pagaba más que al resto.

-Hay personas muy mal informadas.

-La jugada estaba clara.

Enfrentarme a ellos, que mi padre lo arreglara todo,

y tú luego haces lo que te dé la gana con él.

-Para tu información,

le dije a tu madre que te había visto pasado de vueltas.

Aunque no lo creas, eres hijo de mi pareja y me preocupas.

-Mientes tanto como hablas. Por suerte, ya te tengo calada.

-Creo que estás siendo injusto conmigo, Germán.

-Deja de manipular a mi padre, ¿me oyes?

Lo pones en contra de todas, de Lorena, de mi madre, de mí.

-No. Yo nunca le he dicho a tu padre lo que tiene que hacer.

Pero le doy la razón.

Creo que eres muy joven e inexperto para llevar un hotel solo.

-¿Y tú qué sabes? -¿Que qué sé?

Que se os da todo hecho. No sabéis lo que es ganarse algo.

Por eso sois incapaces de valorar nada.

¿El niño quiere un hotel en Portugal?

Le pide el dinero a su padre.

Germán, tu padre te quiere, y mucho. Está muy preocupado por ti.

Te ve sobrepasado llevando esta empresa

y... no quiere que te vuelvas a estrellar, eso es todo.

-¿Y ahora me sales con el rollito emotivo?

Yo soy inmune a tus encantos.

A mí no me vas a engañar como al pelele de mi padre.

-Siento que tengas tan mal concepto de mí.

Pero duele más que tengas tan mal concepto de tu padre.

-Mi padre come de tu mano, y tú solo le das veneno.

De una forma o de otra lo apartaré de ti.

Te lo juro.

-Nada, no contestan en la autoescuela.

-No aguanto más. Llamo a Samu y le pregunto.

-¿Qué haces? -¡Que no, que no!

Que él no sabe que sabéis lo del examen.

-Es que no me puedo aguantar, tengo un nervio...

-Cuando llegue, ni nervio ni nervio ni "na".

Como si nada. -Eso, que nos conocemos.

Punto en boca hasta nos diga qué ha pasado.

-Si no ha aprobado, le decimos que no se acaba el mundo

y que él mola tanto con carné y sin carné.

-No sé si podré disimular, los nervios que comen por dentro.

-Disimula como puedas. Ya vale de meter la pata.

-¿Cuándo he metido la pata? -Manda narices que lo preguntes.

Estamos así porque eres incapaz de mantener la boca cerrada.

Y no será porque no lo pedí, a ti y a tu madre.

-Díselo a ella,

que le metió una estampita de San Cristóbal en el bolsillo.

-La estampita, la estampita. Contento me tenéis.

-¿Por qué me hablas así? ¿Te pasa algo?

-¿A mí qué me va a pasar? (SAMUEL) ¿Qué pasa?

¿Qué hacéis todos aquí? -Nada.

Estábamos aquí hablando... de las fotos de la web.

-Vaya que si estábamos hablando de eso.

-Qué chulas son las fotos.

(SAMUEL) Pues voy a currar un poco.

-Claro que sí. A levantar el país.

-Sí, yo me voy también. Me está esperando Paolo porque...

Nada, se le ha atascado el molinillo de café

y tengo que ver si se lo arreglo, vamos.

-¿No me preguntáis por el examen?

-Cariño, cómo tú quieras. No te queremos agobiar.

Sabemos que no quieres que te preguntemos.

Lo que tú quieras.

(NICOLÁS) Claro. ¿Qué más dará, Samu, si has aprobado o no?

Si hoy en día lo de conducir está sobrevalorado.

-Yo aprobé a la quinta. Y he usado el coche, ¿cuatro veces?

(NICOLÁS) Y cada vez más gente.

Si no, dile tú a un "melenia" de esos

que se compre un coche. Se ríe en tu cara.

-"Melenia", no, milennial. -Bueno, lo que sea.

Que lo del carné no es tan importante.

-Bueno, vale. Dejad el circo, os tengo que decir algo.

¡Que he aprobado!

-¡Pero bueno!

(CARLA) ¡Te lo he dicho! -¡Qué bueno, hijo mío!

-¡Mi hijo vale para todo!

-Hace falta una celebración como Dios manda.

-Menos mal que no era importante el carné.

-Bueno.

No te preocupes, te llevo el neceser.

Sí, si yo voy al hospital.

Una muda, ¿para qué?

No, quedamos en que esta noche duermo con mi padre y tú te vienes,

que llevas muchas horas en el hospital.

Que no, que... Mira, hacemos una cosa, te quedas hasta que cene.

Cena mi padre contigo y yo duermo...

Valeria, no puede ser, llevas allí...

Bueno, pues nada.

Qué cabezota eres.

Venga, yo te llevo las cosas.

Venga, adiós.

-¿Quién era, Valeria? Valeria.

No hay manera de que se separe de mi padre.

No se separa ni para ir al baño.

Voy a ir a ver a tu padre, le puedo llevar lo que necesite.

¿Lo harías? Me viene muy bien,

porque tengo un par de pedidos que recepcionar

y la verdad, voy fatal de tiempo. No te preocupes, claro.

¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Va todo bien?

Bueno, te quiero comentar algo que sucedió hace unos días.

¿Unos días? Sí.

A ver, lo que necesito que entiendas es que lo he hecho por ti,

porque pensaba que era lo mejor. ¿De qué hablas?

Te lo digo antes que Germán. Está disgustado conmigo y...

te contará una versión mucho más terrible

de lo que sucedió en realidad.

¿Me lo cuentas o no?

Le dije a los transportistas

que Germán se había liado con uno de ellos.

¿Tú contaste lo de Rubén?

Sí. Bueno, y eché más leña al fuego.

Les dije que sabía de buena tinta que le había subido el sueldo

y que cobraba más horas extras que ellos.

Cosa que no es cierta.

Yo necesitaba que todos supieran

que a Germán, la dirección de la empresa le queda grande.

¿Eres consciente de que mi hijo

estuvo a punto de tener un ataque de ansiedad

por tus locuras?

No esperaba que se colapsase así.

Y supongo que las drogas que se mete hicieron lo suyo, ¿no?

Mi hijo, mi padre, mi hermana...

¿Tú crees que puedo sacar algo positivo

de esos ataques a mi familia?

Lo único que me interesa eres tú.

¡Pues a mí no! ¡A mí no!

Mi hijo es intocable. Una línea roja.

Lo siento, me equivoqué, ya está.

Pues sí, te has equivocado. Te has equivocado.

¡A Germán lo dejas en paz!

Vamos a ver, Elías, esto no va a volver a suceder.

Si ya tenemos lo que queríamos. No, déjalo. Ya.

No quiero ni escucharte. Perdón, pero no quiero escucharte.

-Enhorabuena, hijo. Estamos muy orgullosos de ti.

-Igual de orgullosos que si no hubieras aprobado.

Que quede claro. -Por ti, Samu.

Porque sigas sin rendirte nunca. -Espera que vuelva Carla del baño.

-Es verdad. Aprovecha para contarle...

Se lo querías contar tú, díselo. -Sí.

Verás, Samu, aprovechando esta pequeña celebración,

queríamos decirte algo.

-No os voy a dejar aparcar en mi plaza de minusválido

y luego yo, dando vueltas... -Eres tonto.

-No va por ahí.

Lo que queríamos decirte es que hemos estado hablando

y creemos que ya es hora de que tengas desbloqueado el portátil.

Que puedas conectarte a Internet.

-¿Ya? ¿Estáis seguros?

-Hemos hablado con tu terapeuta y dice que estás preparado.

Así que ya está. -Decidme una cosa.

Si no hubiera aprobado, ¿estaríamos hablando de esto?

-Hijo, pues claro que sí.

A nosotros nos daba igual que aprobaras o suspendieras.

Lo importante es que te has presentado al examen

después de lo que pasó.

-Después de lo que pasamos todos.

-Siempre hay una luz al final del túnel.

-Este túnel es muy largo. A ver si lo pasamos ya.

-A nosotros nos vas a tener siempre aquí.

(NICOLÁS) Otra cosa.

Si por lo sea, ves mi coche aparcado en tu plaza,

haz la vista gorda, hombre, que somos familia.

-¿Ves? Ya veremos, depende de cómo te portes.

Hola.

-Hola.

¿Qué tal estás? ¿Hablamos de lo de mañana?

Declarar a la Policía me pone nervioso,

así que prefiero no hablar del tema.

Prefiero centrarme en leer. Ya lo sé, cariño.

Quiero hablar del trabajo en Barcelona.

No hay nada que decir, ya dijiste que no.

Lo sé, pero con lo que ha pasado con Helena,

las circunstancias han cambiado y no puedo rechazarla.

Pues no la rechaces, pero yo a Barcelona no me voy.

Si yo voy a Barcelona, te vienes conmigo.

Eres tú quien debe trabajar, yo me puedo quedar aquí.

Muy bien. ¿Y qué, vivirás solo?

Ya lo hago, pasas el día en el mercado.

Por favor, David, no es lo mismo. Además, eres menor de edad.

No hace falta que me recuerdes mi edad, la sé.

Igual que sé que en un mes cumplo 18.

¿Podría vivir con la abuela?

No. Una cosa es ir un par de días con ella

y otra diferente es vivir con ella.

Pues ella estaría encantada. Mira, David, no voy a discutir.

Yo no discuto, te expreso mis deseos y tú me llevas la contraria.

Porque soy tu madre y hago lo que creo que es mejor para ti.

Ser mi madre no te da razón.

Vale, David, ya está. Esto no es negociable, ¿está claro?

Ya lo estás haciendo otra vez. ¿El qué?

Proyectar tus miedos sobre mí.

No creías que podría trabajar y pude,

que podía tener novia y también lo hice.

Ahora no crees que puedo vivir solo porque crees que soy especial.

No voy a dejar de serlo mientras no me veas con otros ojos.

A ver, David. ¡David! Espérate un momento, por favor.

Hola, Jorge. Pasa. Pasa, por favor.

Dios...

¿Va todo bien? Pues no, no va bien.

Va mal, muy mal. Dice que no quiere ir a Barcelona.

Ya.

Bueno, era lo esperado, ¿no? Pues sí.

Para David, cambiar de ciudad y de entorno

es como para nosotros cambiar de planeta.

No sé qué hacer, necesito el dinero para la demanda.

Por cierto, ¿hablaste con Tomás?

Sí, he hablado con él y...

no tengo muy buenas noticias.

"Lorena, ¿nos vamos?".

-Sí, voy. Ya sé que vamos tarde, perdona.

Tranquila, para bien o para mal, los hospitales no cierran.

(ÁGATA) Perdonad, ¿vais a ver a Jesús al hospital?

-Pues sí. -Yo también quiero ir.

Podemos compartir taxi.

-Pero ¿a ti qué te pasa?

Yo flipo. ¿Tú no tienes límites?

-Por favor, Lorena, escúchame... -No, no, escúchame tú a mí.

Tú y yo no vamos juntas a ninguna parte.

Es más, no vas a ir a ver a mi padre.

-¿Me lo estás diciendo en serio?

Tú no pintas nada allí.

-A mi padre solo puede verlo la familia.

-Disculpa, pero alguna excepción estás haciendo.

-A ver, Ágata, Adela es de la familia.

Es la madre de su nieto, no puedo decir lo mismo de ti.

Déjalo, Lorena, no merece la pena discutir.

No estoy discutiendo, le estoy advirtiendo.

No vayas al hospital porque por tu culpa, mi padre así.

-¿Por mi culpa? -Sí. Por lo que tú generas, Ágata.

Cuando le dio el amago de infarto,

discutíamos mi hermano y yo por la butaca.

Así que es por lo que provocas.

-¿Es por la butaca? Si a mí me da igual.

Solo dije que a tu a hermano le hace ilusión tenerla.

Por mí llévate la butaca y todo lo que quieras.

-Yo flipo. Tranquila, Lorena.

Acuérdate del dicho,

no hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

-Pero, Adela, por favor.

Parece que me culpas del fracaso de tu matrimonio.

Cuando entré en la vida de Elías no estabas con él.

¿Porque no dejas que lo haga feliz? No entiendo qué os pasa.

¿Por qué me odiáis? -No tienes vergüenza.

-¿Perdona? -Sí. Y te lo digo otra vez.

No pongas un pie en el hospital o te saco con mis propias manos.

Vamos.

Lo firmado con Helena

es un contrato privado completamente legal,

que estipula claramente que si revelas que eres la autora,

deberás indemnizarla por daños y perjuicios.

Y si la llevo a juicio,

¿él cree que puedo tener alguna oportunidad?

Dice que si tienes mucha suerte y das con un juez benévolo,

como mucho podrás reducir la indemnización, pero...

que no cree que baje de 100 000. (EXHALA)

Estupendo.

Joder. Lo siento.

Es que no sé qué voy a hacer.

El corazón dice que no ponga patas arriba la vida de mi hijo,

y la razón me dice que si no acepto ese contrato,

voy derecha a la ruina.

Vete a Barcelona, Celia, y vende el puesto.

Ahora el Central esta saneado y te darán dinero por él.

Obviamente, no cubrirás la indemnización,

pero sí una parte.

Con lo que ganes en Barcelona, paga poco a poco.

Sí, tienes razón.

Aunque esto destrozará a David.

David es más fuerte e independiente de lo que crees.

Sí, eso dice, que proyecto mis miedos en él.

Y que si la gente cree que es especial

es porque lo trato de manera especial.

Celia, lo sobreproteges como hacen todas las madres.

No te tortures por eso, por favor.

Es que es especial.

Y me gustaría verlo de otra manera, pero no puedo.

Lo siento, no puedo.

(ALBERTO) ¿Tienes prisa? Te invito a una cerveza.

-No, no, qué va. Ya ves tú, si me he tomado...

me he tomado dos copitas hace un rato

porque mi hijo Samu ha aprobado el carné de conducir.

-¡Qué alegría! Ya lo felicitaré cuando me lo encuentre.

-Y además, se lo ha sacado a la primera.

-Qué contento está el padre.

-Si es que no hay mayor felicidad, que ver a un hijo feliz.

-Ya. Lorenzo, bonita camisa. -Hasta luego.

-Va hecho un pincel el tío. -Escúchalo. Mira, mira.

¿Qué pasa, que tiene una cita? -Sí, con tu mujer.

Sí, sí.

Por las fotos de la web.

-Mira, mira, haz el favor,

ni me lo mientes el temita de las dichosas fotos.

-¿Qué ha pasado?

-Sabes que eso lo lleva mi mujer, ¿no?

Pues está habiendo un claro caso de discriminación, Alberto.

-¿Qué me dices? -Vaya.

-No me había enterado. ¿A quién discriminan?

-Pues a los que somos... poco fotogénicos.

Que yo entiendo que sea una estrategia de márquetin, ¿no?

Pero apartarnos de la cámara como si fuéramos apestados...

¿Tú te crees? Eso sí que está feo.

-¿Estás diciendo que no te han hecho fotos?

-Supongo que a ti tampoco,

que de fotogénico tienes lo que yo de agente secreto.

-Pues a mí no me han hecho una, sino dos sesiones.

Sí. Una a mí solo y otra con el charcutero.

Quedó para enmarcar.

-Un momento, ¿con Alfonso, el charcutero?

-A Noa se le ocurrió la idea de que nos intercambiáramos los roles

y yo salgo con un jamón, y él con una cerveza, que quedó divina.

-Eso no puede ser. -¿Por qué?

-Perdona que te lo diga otra vez, que tú eres del montón y justito.

-No me lo digas más.

-Alfonso es más feo que un kilo mierda.

-No te pongas así. -¿Y cómo me voy a poner?

Es más feo que yo, dónde va a parar. Y sale en las fotos.

¿Y yo soy el Quasimodo del Central?

-Pero bueno, ¿qué pasa aquí? -Qué poquito me quieres, Carmen.

Qué poquito me quieres.

Vamos a ver, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

-¿Qué he hecho yo ahora?

-Alfonso, el charcutero.

-¿Qué mosca le ha picado a este? -Carmen...

Es que... Yo no me meto,

pero vamos, que estás siendo un poco dura

con tu marido y las fotos.

(SE INDIGNA) Ya salió el abogado de pleitos pobres.

-De los feos, en este caso. -Vamos a ver, soy la presidenta.

Hago las fotos para que la gente que vea la web,

le den ganas de venir al mercado a comprar,

no para que entren y apaguen el teléfono asustados.

-Ya, entiendo el fondo, pero no las formas.

¿No es mejor que todo el mundo se sienta implicado en el proyecto?

-Sí, pero Nicolás se da bofetadas con la cámara.

-A ver, se me ocurre una solución discreta.

-Ya me la estás contando.

Porque si no, la que duerme en el sofá soy yo.

Y eso sí que no.

-Alessandro.

(HABLA EN ITALIANO)

(DUDA)

Cristi, estaba hablando con mi primo Alessandro.

Le he dicho que nos quedamos.

-Lo sé.

Después de vivir tanto tiempo contigo, "io parlo italiano".

-¿Querías decirme algo?

-Sí.

Te quería pedir perdón.

-Cristina, ya hemos dicho que no hay nada que perdonar.

-Es que.. escuchándote hablar con tu primo,

veo que las decisiones no se deben tomar por miedo,

sino por amor.

No puedo usar el miedo para quedarme aquí.

Si de algo me he dado cuenta en todos estos meses,

es que eres la mejor persona que conozco.

Y más importante, me amas de verdad.

Por eso yo ahora sé que...

que sería feliz contigo aquí, en Milán

o donde quiera que el destino nos quiera llevar.

-Por eso mismo no me ha importado decirle que no a Alessandro.

-Lo sé, mi amor.

-Y ya está.

Hacemos como que esta llamada nunca ha existido y ya está.

-No, no, no. No, porque...

hasta ahora solo he hablado yo, pero no sé qué piensas tú.

Quiero que me digas qué quieres.

Sé sincero, sabes que las cazo al vuelo.

-A ver, es cierto que cuando te lo planteé, no sabía qué hacer.

Porque, bueno, esa propuesta no me la esperaba.

Y me deje llevar por la ilusión.

No sé.

-¿Y ahora?

¿Qué te pide el cuerpo? Dímelo.

-La verdad es que tengo un torbellino

que no para de dar vueltas en mi cabeza.

Porque por un lado me da mucha pena dejar este mercado,

a nuestras compañeras y compañeros, que son familia para nosotros.

-Sí, pero que a veces odias.

Aunque están ahí si los necesitas. -Exacto.

Y por otro lado...

es que me encantaría tener un lugar que sea solo nuestro.

Tuyo y mío.

Sin ningún recuerdo, ni bueno ni malo.

Como una página en blanco donde escribir nuestras vidas.

-Coge ese teléfono,

llama a tu primo

y acepta el puesto.

-No, Cristina.

Yo sé que aquí vamos a ser felices.

-Mira, si algo tengo claro

es que Milán puede ser una ciudad muy bonita

para seguir escribiendo nuestra historia, ¿no?

-¿Estás segura?

-Paolo...

De lo que estoy segura es de que te quiero.

Para mí eso ya es suficiente, mi amor.

¿Qué tal va todo, chaval?

-No sé por qué preguntas, mi madre te lo habrá contado todo.

Sí, he estado hablando con tu madre.

¿Hay algo de comer? No cenaré en casa.

Tengo algo de comer. Y un refresco, ¿verdad?

Muy bien.

Oye, David, sé que estás enfadado con tu madre.

Está pasando un momento muy complicado.

La vida se basa en momentos complicados, estará así siempre.

Jorge, mi mundo no es muy extenso.

Mis clases, mis libros, la gente del mercado...

Y no quiero perder lo que tengo.

Sí, eso lo sé.

Y tu madre también lo sabe, por eso renunció a ir a Barcelona.

Ya. Las circunstancias han cambiado, lo sé.

Pero que se vaya ella.

No entiendo por qué tengo que ir y no quedarme en Madrid.

En un mes cumplo 18.

Sí, y a efectos legales serás mayor de edad

y podrás hacer lo que quieras.

Pero para tu madre siempre serás su niño.

Da igual la edad que tengas.

Para una madre siempre es difícil asumir que su hijo viva solo.

Estaré por aquí. Si necesitas algo, me dices, ¿vale?

(CARLA SE ASOMBRA) Menudo festín te vas a meter.

-Hola, Carla. ¿Quieres algo?

-No, he quedado con Samu para cenar. Ha aprobado el carné de conducir.

-Me alegro, así no volverá a matar a nadie con el coche.

-Hace poco que no vivo contigo

y había olvidado lo directo que eres.

-Oye, ¿tú querrías volver a vivir conmigo?

-¿Cómo?

A ver, un momento, que tú no pillas las ironías

y además, dices las cosas muy, muy de verdad.

-No decirlas de verdad no vale la pena.

-¿Qué me quieres preguntar?

-Mi madre tiene trabajo en Barcelona y quiere irse allí.

-Al final es definitivo. (DAVID ASIENTE)

Pero yo quiero quedarme en Madrid y ella no quiere que viva solo.

He pensado que si tú vivieras conmigo, me dejaría.

Ya hemos vivido juntos

y aunque tienes tus cosas, te soporto.

-Viniendo de ti, me lo tomo como un cumplido. Gracias.

-Mierda.

-A ti quería yo verte.

-¿Me dejas pasar? Me esperan para entregar un pedido.

-El pedido que espere.

He recibido una notificación para declarar.

Bueno, no solo yo, Paolo, David... Todo el mundo.

Se trata de un regalito tuyo, ¿no?

-Os lo buscasteis por encubrir un intento de homicidio.

-No me vaciles.

En el Central sabemos de qué pie cojeas.

-¿Me dejas pasar?

(CARLA) Pero ahora vivo con Samu. -Preferiría que él no,

pero si es un problema para ti, aceptaré que se mude.

(CARLA) Es que es una gran mala idea, ¿lo ves?

Además, ¿qué piensa tu madre de eso?

(DAVID) No lo sabe. Pero si tú vives conmigo,

será más fácil convencerla de que no me lleve a Barcelona.

-Rosa, ven un momento.

¿Qué pasa?

-Nicolás, tengo que contarte algo.

Verás, es que Nacho no es solamente un acosador.

Natalia es una amiga de Noa, bueno, y también de la familia.

Pues ha declarado contra él.

-¿Cómo que ha declarado contra él? ¿Qué le ha hecho?

-Nacho abusó de ella cuando era una niña.

De esto hace unos pocos años, y es ahora cuando ella, por fin,

ha podido contar toda su historia a la Policía.

Y yo quiero estar presente cuando lo esposen.

-Pues se ha ido por allí.

-¿Cómo? -Sí.

¡Oiga! Perdón, se ha ido por allí.

¡Rápido!

Me ha dicho Valeria que no has podido ir al hospital.

¿Qué pasa, por qué estás así, por la discusión que tuvimos antes?

-No. Estabas tan enfadado que pensé que me ibas a dejar.

Te juro, Elías, que no volveré a hacer algo así.

Y menos tratándose de Germán.

Pensaba que era por tu bien, pero me he equivocado totalmente.

Lo siento muchísimo.

Para mí, la familia es sagrada.

Lo sé.

Sé perfectamente cuál es mi lugar.

¿Por qué dices eso?

¿Qué ha pasado?

Al final, ¿por qué no has ido al hospital? Cuéntamelo.

No quiero echar leña al fuego. ¿Qué fuego?

Estoy aquí para escucharte. Dímelo, quiero saberlo.

Lorena me ha prohibido ir a ver a tu padre al hospital.

No quiero que te enfades con ella.

Por favor, no quiero más broncas.

Me ha dicho que yo tengo la culpa de todo.

Pero lo que más me ha dolido es que dice que no soy de la familia.

Lo dijo delante de Adela.

Y por supuesto, se ha ido con ella al hospital.

Bueno, ya está. No te pongas así.

Te quiero muchísimo,

pero creo que te hago más mal que bien.

No es verdad, no digas tonterías.

Solo te traigo desgracias desde que te conozco.

Problemas con Adela,

después con Germán, ahora con Lorena...

Dicen que te quiero destrozar,

y yo solo quiero ser parte de la familia.

Sois todo lo que no he tenido en toda mi vida.

Pero después de esto, no me podréis perdonar.

No.

Ágata, eso no es verdad.

Yo ya te he perdonado. Es que es culpa mía.

No tienes culpa de nada Además, no era mi intención.

No era mi intención que pasase esto, no era mi intención.

¿De qué estás hablando ahora?

Estoy embarazada.

¿No estabas tomando la píldora?

Claro que tomo la píldora,

pero con los líos de estos días se me ha olvidado alguna vez.

Y perdona, pero a estas alturas es un milagro que ocurra esto.

Yo no esperaba nada igual.

Te lo iba decir esta tarde,

pero necesitaba sincerarme y contarte lo de Germán.

Y te has enfadado tanto y me has dejado sola y...

Para mí eres lo más importante, Elías, de verdad.

De verdad, no quiero causarte problemas.

Si quieres que aborte, aborto.

Se cuál es mi lugar aquí.

Soy una empleada que se lio con su jefe.

Jamás voy a estar al nivel de Adela. Jamás.

Pero eso no es así.

Y además, creo que tengo la solución.

Ágata.

¿Te quieres casar conmigo?

¿Lo dices en serio?

No he hablado más en serio en toda mi vida.

Te quiero con locura

y quiero que seas la madre de mi hijo.

¿Te quieres casar conmigo?

Claro que me quiero casar contigo, mi amor.

(DAVID) ¿Qué vendes? ¿Es algo nuestro?

Traspaso la droguería.

-No es fácil huir.

-Él no es un tipo que tire la toalla así como así.

Estás muy enfadado, está herido...

y busca venganza.

-Voy a por las fotos cuando salga. ¿Cómo harás que papá salga bien?

-Un programa de retoque recomendado por Alberto.

(ÁGATA) Sí, has oído bien, me caso con Elías.

Así que esta va a ser mi casa,

y en mi casa nadie me habla en ese tono.

Aplícate el cuento.

-¿Ponemos el cartel? -Mira, he pensado

que me gustaría juntar a todos los amigos del mercado

para darles la noticia.

No me queda otra, tengo que vender.

Maldigo la hora que te la presenté.

Qué alegría verte por aquí.

-Pero bueno, ¿adónde vais tan elegantes?

Más que adónde vamos, de dónde venimos.

-Si Carla y Samu viven conmigo, ¿me dejas quedarme en Madrid?

-En un rato me voy a Oporto a terminar de cerrar detalles.

-¿Vienes a despedirte?

"Me fui a Oporto a montar el hotel.

Y aunque no quieres ayudarme, lo voy a hacer con tu dinero.

Sé la contraseña de tu cuenta y lo he transferido todo a la mía".

-Quizá tu madre no hable más de mí, pero jamás olvidará

que fue la culpable de la muerte de su hija.

-¡No!

(NOA SE AHOGA)

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Mercado central - Capítulo 238

23 sep 2020

Rosa convence a Natalia para que, por fin, denuncie a Nacho. Pero éste ve a la policía y consigue escaparse.
A Ágata parece que las cosas le van mal: Lorena le impide ir a ver a Jesús al hospital y Germán le hace saber que está al tanto de que fue ella la que estuvo detrás de su colapso. Pero consigue revertir esa situación y Elías le pide matrimonio.
Celia no consigue el dinero de la indemnización para pagar a Helena Monteagudo y decide que va a vender la droguería.
Samuel consigue sacarse el carné de conducir y le devuelven el acceso a Internet como gesto de confianza.
Nicolás descubre el motivo por el que Carmen no quiere que salga en las fotos de la web: porque es feo. Pero a Carmen se le ocurre algo para que salga bien…

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