Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 211 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Avisaste a Elías para acusar a Ágata ante él?

Lorena, es que no me fío de ella. ¿Y que necesitas para hacerlo?

Sí, claro que me sirve, sí.

Creo que Ágata ha dicho la verdad y tiene un hermano.

He metido la pata hasta el fondo.

-Tengo tu dinero. ¿Cuándo nos vamos?

Perdona que me meta, pero ¿qué era eso tan emocionante que leías?

Es sobre dos personas que coinciden todo el rato,

pero que nunca llegan a conocerse.

Viven en el mismo barrio, compran en las mismas tiendas...

Incluso se mudan a la misma ciudad, pero no se encuentran.

Pues ya ves.

Oye... (DUDA) Sé que el bar no se ha llenado solo por arte de magia.

¿Has hablado con los comerciantes? -Son truquitos

que tiene una que ha viajado mucho.

Soy consciente de que he metido la pata,

y lo mínimo es reconocerlo y dar la cara.

Te juzgué sin conocerte, y lo siento.

No volveré a cuestionarte ni a dudar de ti.

-El otro día me faltó valor para contártelo.

Porque no soy yo quien tiene que decirte esto

y Samu es mi colega.

Pero no quiero verte así y creo que tienes que saberlo, así que...

-¿Saber el qué?

(Móvil)

El rey de Roma.

-Mejor esperamos a la Policía. Me van a tener aquí toda la tarde.

Ve a casa y luego te aviso con lo que sea, ¿vale?

-¿No quieres que me quede? -No.

Cuanta menos alarma, mejor.

-Creo que voy a tomar la decisión por mí mismo y arreglarte la luz.

De hecho, aquí tengo la caja de herramientas.

-¡Pues úsalas!

¡Debes dar asistencia a los comerciantes, te guste o no!

-Antes, discúlpate.

-Pues antes, muerto.

Haber lidiado con algo así ahora, hubiera sido muy incómodo.

-No me deis las gracias, sino a Carmen,

que ha conseguido que la madre no denuncie.

-Pero ¿qué haces? -Lo que tengo que hacer.

Los comerciantes deben saber la verdad.

Y tras darle muchas vueltas,

lo mejor es que ella sea la única presidenta de la Asociación

y presento mi dimisión.

-Cuando recuerdo el accidente solo pienso una cosa.

Que ojalá te hubieras muerto.

Basta de hacernos la vida imposible a mamá, a mí, a David...

-¿A David por qué?

-Me estaba provocando. Ya lo sé.

Y lo seguirá haciendo si entras al trapo.

No puedes hablar de su accidente con nadie, y menos con él.

-Quería disculparme contigo.

No hemos empezado con muy buen pie y yo no he sido muy justo contigo.

¿Tú has visto alguna película coreana?

(ÁGATA RÍE)

-La guerra ha afectado a nuestros maridos.

-¿Qué se te ocurre?

-Pues no sé.

¿Aunar fuerzas para que vuelvan a ser amigos?

-Noa no miente. No quiero hablar más de ello.

-Noa me ha acusado de hacerte la vida imposible.

¿Por qué? ¿Qué te he hecho para que diga eso?

-No puedo hablar. -Que por qué lo dice.

-No puedo hablar. -¿Por qué ha dicho eso?

¿Hablar de qué, David? ¿Hablar de qué?

Pásame el zumo, por favor.

Pero ¿tú de que vas? ¿Tú que quieres deshidratarme?

¿No tienes bastante con lo que me hiciste esta noche?

-No cuentes conmigo para que te pase zumitos por las mañanas...

Es mejor que cada uno duerma en su casa, al menos por ahora.

Bueno, no adelantemos acontecimientos.

No me hagas esto, Elías.

Esta es la casa de tu familia, ¿qué pinto yo aquí?

Pues por eso. Ya lo hemos hecho oficial.

¿Por qué no vas a estar aquí? Estoy encantado. ¿No se me nota?

Me has hecho sentir como en casa desde el primer día.

También es la casa de Germán, y menuda nochecita le habremos dado.

Por Germán no te preocupes. Este tiene un sueño profundo.

O por lo menos lo tenía,

hasta antes de que decidiese hacerse empresario.

Oye, ¿sabes que le ha encantado mi idea

de promocionar las frutas ecológicas?

A ver si se me ocurren más cosas así.

¿Ves como al final os vais a llevar bien?

A ver si es verdad que lo de los folletos empieza a funcionar.

O la fruta nos la vamos a comer con patatas.

Sí, estamos en ello.

Germán está hablando con Noa para las fotos.

Bueno, pues nada.

A ver si vendemos algo con estos folletos, porque si no...

No exageres. ¿Que no exagere?

¿Cuánto dinero hicimos ayer?

(GERMÁN) Buenos días. Buenos días. ¿Quieres café?

Si lo has hecho tú, no. -Lo he hecho yo.

-Bueno, entonces, sí. Una tacita, por favor.

El suyo no vale ni para las plantas.

Coge algo de fruta, que es muy sana.

En particular, la ecológica.

Además que tenemos ahí toneladas y toneladas.

Muy gracioso.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra # en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Pues a ver si es verdad que lo de los folletos esto funciona,

porque entre los sablazos de los proveedores de la fruta pija esta

y lo blandito que eres con los transportistas,

en esta empresa solo suben los gastos.

-Papá, estoy en ello. Y va a haber cambios, ¿vale?

Los transportistas por ejemplo cobrarán a 60 días en vez de a 30.

¿Te importaría no meterte en algo que yo acabo de negociar?

Llevo días trabajando con ellos para llegar a este acuerdo.

Como te metas, te van a comer vivo. Es solo un reajuste.

Ni reajuste ni nada, no juegues con fuego.

Van a ir a por ti, y con razón.

Pero esos tíos tienen que entender que es por el bien de todos.

A estos tíos, como dices, el bien de todos se la trae al pairo.

Como hagas algo así, vas a pelearte con todo Dios:

con los proveedores, con los transportistas...

Si coges fama de mal pagador, se van a otra empresa.

Asumiré ese riego, porque no me queda otra.

Sí te queda otra. Tenemos un colchón de dinero.

Tira de la partida de imprevistos. Ese dinero es para emergencias.

Y no estamos tan mal. No me hagas caso a mí.

Pregunta al abuelo. Dirá que meter a los transportistas no es bueno.

El abuelo confía en mí.

Él quiere que haga las cosas de otra forma, y eso voy a hacer.

Pues nada, hijo. Amén a todo lo que digas.

Gracias por el café. De lo mejor que he probado por aquí.

Ten hijos para esto.

-Yo no he dirigido ninguna empresa,

pero me parece que lo que le has aconsejado tenía sentido.

Pero bueno.

Que haga lo que le dé la gana, me importa un pimiento.

¿En serio? Ajá.

Normal que no quieras problemas con él,

pero ¿te da igual la empresa? Pues sí.

Soy muy feliz sin tener que tomar ninguna responsabilidad.

Bueno...

También soy feliz por otras cosas.

-Hola, papi. (JESÚS) ¿Qué haces tú aquí?

¿No tendrías que estar en casa descansando?

-Estoy preñada, no enferma. Buenos días a ti también.

-Buenos días, por decir algo.

-¿Y este mal rollo con el que venimos?

¿Quieres un cortadito y unos cruasanes de Jorge,

a ver si se te pasa el mal rollo? -Mejor ponme una tila, anda.

-¿Una tila? ¿Tú? ¿Por qué, qué te pasa?

-No me pasa nada.

-Papá, lo de Pitufo Gruñón lo llevas en el ADN,

pero que te pidas una tila... Tú no te vas sin decirme qué pasa.

-Qué pesaditas sois todas...

Tengo cita con el médico, eso me pasa.

-Tienes una cita en el médico. Yo también odio ir al médico,

pero a tu edad hay que ir al médico, y hay que ir acostumbrándose.

-Pero tengo que recoger los resultados de una biopsia.

-¿Una biopsia? -Ajá.

-¿Una biopsia? ¿Una biopsia de qué? A ver.

¿Por qué nadie me ha dicho nada?

-Para que no te pongas como una moto.

Para nervios, tengo bastante con los míos.

-¿Me quieres decir por qué te han hecho una biopsia?

-Porque tengo un bultito en el cuello

y el médico ha dicho que me la haga para estar más tranquilos.

-Ya, sí, más tranquilos. Más tranquilos.

-Pero ¿adónde vas?

-Te acompaño.

-No, ya me acompaña Valeria. -Yo también quiero ir.

-¿Qué pintas tú, embarazada, en el hospital?

-Acompañar a su padre al médico, y punto pelota.

-Tan cabezota como su madre.

(LORENA) ¿Te puedes quedar un par de horas solo?

Acompaño a mi padre al médico. Claro. ¿Va todo bien?

(DUDA) Sí, va todo bien.

Venga. Vamos a buscar a Valeria.

(JESÚS) ¿Y la tila? -¿La tila?

La tila me la tendría que tomar yo. Venga, vamos.

(Notificación de móvil)

"Hola, hombre tranquilo.

Siento lo del otro día.

Creo que te metí un buen rollo... y siento si te aburrí".

"Qué va. Tu vida es muy interesante.

Y si encima te sienta bien desahogarte, yo encantado".

"¿Qué tal se presenta el día?".

"Pues se presenta como yo: tranquilo.

Pero también algo solitario,

porque mi ayudante tenía recados que atender".

"Entonces no tienes excusa. Tendrás tiempo para mí".

"Claro que sí. Siempre que no llegue algún proveedor

y tenga que desaparecer unos minutos.

Pero no te lo tomes como algo personal".

-Buenos días, Celia.

Perdona, ¿estas cremas antiestrías son tuyas?

Bueno, tuyas no, mejor dicho para ti.

El repartidor las ha dejado en el puesto común.

Sí, son mías. Mil gracias, Nicolás. De nada. Para eso estamos.

Adiós. Hasta luego.

"¿Y qué tal tú?

¿Estás un poco más animada?"

"Sí. Hoy no tengo tiempo para pararme a pensar.

Tengo que hacer cientos de fotos. Estoy en...

República Dominicana,

preparando unas fotos para un reportaje

sobre la huella española en las colonias del Caribe".

Te preparo un picoteo para 20, 25 personas.

Y una tarta de tres chocolates.

Por el presupuesto no te preocupes.

Tus amigos de la escuela de baile quedarán encantados.

Te aviso cuando lo tenga. No a ti, a ti. Chao.

"¿Sigues ahí o ya estás haciendo fotos?".

"No, qué va. Aquí es aún de noche.

Pero como no puedo dormir por el 'jet lag',

pues estoy preparando el material y documentándome.

¿Y tú? ¿Estabas con algún proveedor?".

"Más o menos.

Me acaban de contactar para que coordine un evento

para los del Ballet Nacional". "¿En serio?".

"Bueno, suena más interesante de lo que es.

Mi trabajo es pura rutina, nada comparable a tu trabajo".

-Pero vamos a ver.

¿Cómo es posible que nos hayan robado sin más?

-Sin más, tampoco. Les ha costado encontrar la caja.

Baja la voz, que te oyen. -¡Es un momento de emergencia!

-Hazle caso, que las broncas van para ti.

¿Y cuánto se han llevado, Samu? -Unos 1800 euros.

-¿Por qué no nos lo has dicho antes? -Yo que sé. Pues porque no caí.

Estabas liada con la Asociación y no te quise molestar.

-Pues avisas a tu padre. -Que no me di cuenta.

No he pegado ojo en toda la noche buscando una solución.

La que he liado, madre mía. -Tú no has liado nada.

Un ladrón nos ha reventado la caja para robarnos.

-Mira, Samu, lo que tienes que hacer ahora

es ir a la comisaría y denunciarlo. -No. No, papá.

Ir a la Policía no sirve de nada.

Van a merodear por el mercado sin dar con el sospechoso..

-Quizá el ladrón ha dejado sus huellas.

-Que no. Que tú ves muchas películas.

Y con lo de Velasco tan reciente,

no nos interesa estar en boca de todos.

-Es verdad. Igual los clientes no vienen al mercado.

-Pero habrá que explicar a los comerciantes lo que ha pasado.

-Bueno, pues apechugo yo.

Me he dejado robar 1800 euros y punto.

-¿Y que el chorizo se vaya de rositas? De eso, ni hablar...

-¿Qué propones? A la Policía no hay que llamarla.

-Investigar, que puede ser alguien del mercado.

(NICOLÁS) -¿Del mercado? Aquí nos conocemos todos.

No podemos culpar a la gente sin pruebas.

-Si no hay pruebas, hay que buscarlas.

-¿Por dónde empezamos? -Por donde siempre,

las cámaras de seguridad. (SAMU) No.

En el despacho no hay cámaras. -Pero en el pasillo.

¿A qué hora fue?

-Me di cuenta sobre las 19:00, pero podría haber sido mucho antes.

-Pues hay que mirar las imágenes de todo el día.

-Ya está. Os vais poniendo, venga. -Déjate, porque eso...

-Es una orden y soy tu presidenta.

Os ponéis a mirar las cámaras y yo, al puesto,

que lo tengo desatendido.

Luego me contáis.

-La inspectora Pacheco manda, hijo. -Madre mía.

Nos volvemos a encontrar en el lugar del crimen.

-¿Qué crimen?

No me parece que hayamos matado a nadie.

¿No? A mí me dejaste medio muerto. Pero vengo a que me remates.

No, a esta hora viene mucha gente por aquí.

Y se me ocurren mil cosas que hacer,

aparte de estar como adolescentes en celo.

Vale, lo pillo.

Ajá. A ver qué te parece este plan.

Cena romántica

en un bistró francés que conozco,

y después, copita y lo que surja, en tu casa.

Demasiado previsible.

Yo estaba pensando en un fin de semana romántico completo.

Con sus noches de pasión,

sus mañanas de pasión, sus atardeceres de pasión...

¿Cómo lo ves?

Pues veo que en fondo los dos queremos lo mismo.

Que te estoy hablando en serio.

Viniendo, he visto una agencia de viajes

con una oferta para Madeira. ¿Tú conoces esta isla?

No, no he estado nunca. Pues imagínate.

Los dos desnudos en una cama frente al Atlántico,

con dos copas de vino de Madeira en la mano.

(CHASQUEA LA LENGUA)

Me parece un... Me parece un planazo.

¿Sabes qué? Que te lo compro.

El mes que viene nos vamos en el puente.

¿El mes que viene? Yo pensaba en este fin de semana.

¿Este fin de semana? Imposible. ¿Por?

Es un poco precipitado, ¿no?

Nos podemos ir el sábado por la mañana

y volvemos el lunes por la tarde, para aprovechar más el "finde".

¿Cómo lo ves? Yo estoy deseándolo.

Pero a Germán no le va a gustar

que no lleguemos hasta el lunes por la noche.

Es que esta oferta solo dura unos días.

Y las cosas que se hacen sin pensar son las que mejor salen.

Bueno, vale. Pues vamos a hacer una cosa.

Déjame que hable con Germán.

A ver qué le parece que nos vayamos un fin de semana.

Vale.

"Si iba a buscar el amor en Internet, debía poner reglas.

No por ser estricta,

sino por acotar en ese inmenso océano de peces en busca del amor.

Uno: si escribe con faltas de ortografía, pasa al siguiente.

Dos: si no es gracioso, pasa al siguiente.

Y tres: nunca te enamores sin haberlo visto.

Ella sabía que, al igual que una mujer que vive en pareja

y decide no ser madre, está estigmatizada,

una mujer que opta por no vivir en pareja también lo está".

-Que ya tengo los solomillos.

Perdona, no quería asustarte.

Tengo los solomillos que me encargaste.

Gracias. Es que a David le encantan.

Ya, claro. Con lo buena carne que es...

¿Qué tal el relato?

Bueno, pues ahí va.

Lento, aprovecho los ratos muertos. Despacito, pero va.

Escribir tiene que ser un suplicio. Sí, un poco.

¿Qué te debo por la carne?

No, no, no que te invito. Nada, no me tienes que pagar.

Bueno, a cambio... quiero que me eches un ojo a esto.

Mi primer discurso como presidenta de la Asociación de Comerciantes,

y es que me he quedado encallada en el título.

Vamos, es que mira, no tengo nada.

Ya. Bueno, pues te agradezco mucho lo de los solomillos.

Vamos a hacer una cosa.

En cuanto tenga un hueco, le echo un ojo.

Mujer, yo pensaba ahora.

Tomamos un café y lo miramos en un momento.

Es que ahora estoy concentrada. ¿No puede ser por la tarde?

Ya. Es que no... Es que nos va a pillar el toro.

(DUDA) Mujer, son solo diez minutos.

¿Tú quieres los solomillos o no los quieres?

Dame un segundo que recojo, ¿vale? Venga.

¿Cómo habías pensado enfocarlo?

Quiero que los comerciantes me vean como la solución,

no como un problema.

-No, si tienes razón.

No es fácil encontrar a alguien rápido de confianza

para sustituirme, yo lo entiendo.

Pero me hacía ilusión estar contigo en esa isla.

¿Tú crees que a mí no me hace ilusión?

Ya, si ya sé qué te gusta viajar.

Bueno, que os gusta viajar.

¿"Os gusta"? Sí.

He visto un montón de recuerdos de viajes en tu casa.

Praga, Roma, Egipto...

Supongo que son viajes con Adela, ¿verdad?

Hemos estado media vida juntos y nos gustaba aprovechar el tiempo.

Yo no me voy a comparar con ella, por favor.

Tú y yo estamos apenas empezando,

pero... no sé alguna vez me va a tocar a mí, ¿a que sí?

Yo contigo voy al fin del mundo.

¿Sí? Pues de momento no hemos salido del mercado y alrededores.

Bueno.

Hablaré con Germán para que piense cuándo nos cogemos unas vacaciones.

A ver, Elías, llevas toda tu vida dedicado al negocio familiar.

Creo que el mejor momento para coger unas vacaciones es este.

¿Y no decías que la empresa ya no está entre tus preocupaciones?

No y sí.

Con lo que Germán propondrá a los transportistas,

hay que estar prevenido.

¿Vas a pasar toda la vida a expensas de lo que diga Germán?

Mira, Germán es mi hijo, pero también es mi jefe.

Si se carga la empresa, alguien tiene que recoger los pedacitos.

Mira...

¿Qué ibas a decir? No, nada.

Nada no, dímelo. Nada.

Dímelo.

Pues, francamente, Elías. Imaginaba que eras de otra manera.

De otra manera, ¿cómo?

Nada. Olvídalo, olvídalo.

Ya me iré acostumbrando.

-Si buscas a tu madre, se acaba de ir con Carmen.

¿Puedo ayudarte en algo?

-Se ha dejado la cartera en casa. Estaba buscándola para dársela.

-Déjamela aquí. Se la devuelvo yo cuando vuelva.

-Prefiero dársela ahora por si la necesita. Adiós.

-¡Espera, David! Échame una mano con esta botella, ¿quieres?

¿Me ayudas a subirla arriba? Me tiembla la mano.

-¿Y no puedes hacerlo tú? -Anda, échame una mano.

Si se me cae, me sale cara la broma. Vale más de 50 euros.

-¿Dónde te la pongo? -Ahí arriba.

Gracias. Y ahora, esta también.

Muchas gracias. -Ya está.

-Muchas gracias, David. ¡Espera!

Ya sé que es abusar de tu confianza,

pero en lo que tu madre llega o no llega...

¿me ayudas a bajar al almacén estas cajas?

-¿Al almacén? -Sí. Me cuesta la vida acarrearlas.

Me ahorrarías un montón de viajes y un dolor de espalda.

-Tengo que ir con mi madre. Lo siento.

-No te preocupes, ya las bajaré yo como pueda.

Muchas gracias por lo de las botellas.

-¿Cuántas son?

-Son pocas, cuatro o cinco.

Muchas gracias, David. Eres un buen chico.

-Fue Nicolás. El muy imbécil cortó la luz de la pizzería.

Más le vale no presentarse más por aquí.

-Paolo, que parecéis críos.

-Pero fue él quien empezó.

Sabía perfectamente que Carmen retenía información sobre el niño

para hacerte daño a ti.

Eso no se le hace a un amigo.

-Olvídalo ya, ¿quieres? Carmen y yo lo hemos solucionado.

-Sí. Bonita solución.

Dimitir y dejarle el campo libre a Carmen y al imbécil de su marido.

Y de paso, dejarme solo en esta guerra.

-¿Qué guerra ni qué guerra?

Dimití porque estaba amargada con la dichosa presidencia.

-Yo no voy a ponérselo tan fácil. ¡A ninguno de los dos!

-Manda narices que Carmen y yo, que siempre nos hemos llevado mal,

hayamos hechos las paces,

y tú, que te llevas bien con Nicolás,

no seas capaz de arreglarlo. (ALBERTO) Buenos días.

-Alberto. -Las cervezas. ¿Dónde te las dejo?

-Ah. Mira, por ahí. Muchas gracias.

-¿Ahora también es tu proveedor? -Sí, igual que tú.

Tú me traes unos tes deliciosos

y él, unas cervezas artesanas espectaculares.

-Se ha ofrecido a darle un empujón a mi negocio, y se lo agradezco.

-No me cuesta nada.

Además, de paso amplio la oferta de cervezas de mi pizzería.

Que el mote del Central es "hoy para ti, mañana para mí".

-Pocos comerciantes harían como él, ayudar a un competidor directo.

Es buena gente tu marido.

-Sí, cuando quiere y con quien quiere.

-Es que yo soy muy amigo de mis amigos,

y tú ahora, Alberto, eres uno de ellos.

Además, tus cervezas son estupendas, así que...

-Gracias, Paolo.

"Tu sei un buon amico".

¿Lo he dicho bien? -¡Perfecto!

Pero... amigo sin derecho a roce.

Eso de rozarse mejor déjalo para Rosa.

-¿Me he perdido algo? ¿Rosa y tú estáis juntos?

-No, no. Calma, no os embaléis.

-Calma. -Alberto, no seas tímido, va.

-Que Rosa quiere ir despacio...

¿Vale? Y yo también, o sea que..

Ya está, somos buenos amigos

y ya veremos adónde nos lleva esa amistad.

-Seguro que muy lejos...

Porque Rosa cuando está contigo, está tan radiante y feliz...

-Así me siento yo.

Bueno, ya. Poco a poco. Tiempo al tiempo.

Ya me dirás qué te parecen las cervezas.

-Perfecto. Muchas gracias. Hasta luego.

-La verdad que hacen una pareja estupenda.

-¿Sabes qué, Cristi?

Tengo una idea.

¿Qué te parece si invitamos a Alberto

a la cena de aniversario de la pizzería?

Así Rosa va más acompañada. -Pero ¿tú no has escuchado?

Que Rosa quiere ir poco a poco.

-Bueno, pero esto no es una cita.

Es como una cena informal entre amigos.

Además, ya estaba planeada, así que Rosa ni se dará cuenta.

-Porque Rosa se chupa el dedo.

-Va, Cristi, por favor.

Déjame darle un empujoncito a la cosa.

-Pero déjame que hable con Rosa, a ver si está receptiva.

Qué liantes.

-Te veo luego. -Adiós.

(PAOLO) Adiós.

-Vaya cara se te ha quedado

cuando el médico me ha dicho que el resultado era negativo.

-¿Y qué cara voy a poner?

Para mí, "negativo" es eso, negativo, malo.

-Se refería justo a lo contrario, ni rastro de células cancerígenas.

-Pues tendrían que decir que el resultado es positivo,

y así a uno le ahorran el disgusto.

-Lo importante es que el bulto no es maligno

y se lo van a extirpar. No discutáis, por favor.

-La verdad es que yo ya me veía en la caja...

-La próxima vez que te pase algo así,

por favor, avísame, que para eso estoy.

No te hagas el machito con esto. -A sus órdenes, jefa.

Bueno, no discutamos más y vamos a celebrarlo.

¿Y si nos acercamos a Pedrezuela y nos tomamos un cabrito asado?

-Ojalá, pero no puedo. Debo ayudar a Jorge en el bar.

Pero id vosotros y celebrarlo. -A mí me pasa lo mismo, hija.

Me espera Carmen en el puesto para ayudarla.

Como es presidenta, me necesita más que nunca.

(JESÚS) Pues vaya éxito. Y eso que os invitaba a comer.

-Dile a Elías que te acompañe. Así le das la buena noticia.

-Bueno, ahora le escribiré, pero estará muy liado con su novia.

Ni ha podido acompañar a su padre a hacerse una biopsia.

-Ha salido bien, y es lo importante. -Es lo importante.

-¡Uh! Es tardísimo. Me voy, que me está esperando mi hija.

¡Me piro, vampiro! (LORENA RÍE)

-¡Adiós, tú! (LORENA RÍE)

Bueno, hombre. Buenas noticias.

Lo del bultito del abuelo no es nada grave.

-Menos mal. Si le llega a pasar algo...

Anda, hombre. Mala hierba nunca muere.

No te hagas el duro, que estabas más acojonado que él.

¿Te vas?

Sí. He quedado con Ángel para explicarle lo que te comenté.

Germán, hazme caso.

Dale una vuelta a eso.

A los transportistas no les gustará que pagues a 60 días.

Papá, ahórrate el discurso porque está decidido.

Bueno, pues por lo menos déjame que te acompañe.

Conozco a Ángel de toda la vida, seguro que...

Seguro que nada. Lo que le puedas explicar tú

se lo puedo explicar yo perfectamente.

¿Algún problema?

Pues mira, sí.

Últimamente estás muy subidito,

y no es bueno ni para ti ni para la empresa.

¿Y no será que el problema lo tienes tú?

Sabía que te iba a costar asumir los cambios en la empresa,

pero... ¿tanto?

¿Sabes una cosa?

Si no hace falta que vaya a esta reunión,

tampoco hace falta que venga el lunes a trabajar.

¿Te vas a tomar un día de fiesta así por la cara?

Uno no, tres.

Me voy a ir con Ágata a Madeira. El lunes por la noche vuelvo.

A Madeira. Ajá.

Bien. El que se desvive por la empresa.

La empresa está donde está gracias a mí.

Ya. Bueno, ahora no te puedes ir.

Tenemos demasiados pollos, cambia de planes.

No, no te enteras.

No te estoy pidiendo permiso, te estoy avisando.

El que no se entera eres tú.

¿Qué parte de "no te puedes ir" no has entendido?

Lo que no termino de entender son tus cambios de opinión.

Hace un segundo me estabas ninguneando

y ahora soy imprescindible para la empresa. ¿En qué quedamos?

Quedamos en lo que yo crea que es mejor para la empresa.

¿Algún problema con eso?

Te guste o no, soy tu jefe, y estamos hablando de trabajo.

A no ser que cambiáramos de conversación

y no me haya enterado.

Bien.

Pues si no te importa, me esperan los transportistas.

Ángel, Angelito, ¿qué tal? Sí, soy Elías.

Bien, bien. En el lío, como sabes.

Oye, una cosa. Tú tienes ahora una reunión con mi hijo

para resolver el tema de los pagos, ¿verdad?

Sí.

No, si ya lo sé. Germán se está equivocando.

He intentado hacerlo entrar en razón,

pero está obcecado, ya sabes cómo es.

Bueno, pues te propongo una cosa.

-Voy a ver una obra para pasar el rato.

-¿Nada te hace feliz? Tienes mil aficiones.

-Sí, gracias a eso.

Pero yo me jubilé para disfrutar con Valeria,

y ya ves el caso que me hace.

-Quiere ayudar a su hija. Está liadísima con la presidencia.

-Que aprenda a delegar, como yo.

¿Crees que no me costó tomar la decisión?

-¿No te convenció Valeria para que te jubilaras?

Pues aplícate el cuento, papá. Habla tú con ellas.

Me voy a currar. Te quiero.

¿Y tú que haces por aquí? ¿No deberías estar descansando?

Que estoy bien, que solo voy a echar una manita a Jorge en el bar.

Oye.

¿Cómo va todo?

Cuando dices "todo", ¿a qué te refieres?

¿A cómo llevo lo de Ágata y Elías, a que estén juntos?

Pues me quedé un poco preocupada después de lo del otro día.

Pues tranquila. Ya no estoy jugando a los detectives.

Me alegro de que hayas tomado esa decisión.

No, no he tomado ninguna decisión.

Tras hacer el ridículo delante de Elías,

¿recuerdas de que llame a Esmeralda

para que comprobara si el supuesto hermano de Ágata era su exmarido?

Pues me equivoqué.

Así que tuve que pedirle disculpas

por el numerito que le monté delante de Elías.

¿Y ahora está todo bien entre vosotras?

Sí, sí, todo bien.

Aunque no te niego que cuando la vi hablando con Germán y Elías,

los tres tan sonrientes...

sentí un pellizco de nostalgia.

Ya. Nostalgia y...

¿un poquito de celos también? No.

Te aseguro que los celos no tienen nada que ver.

Pero sentí como si de repente, alguien ocupara un lugar

que he ocupado yo siempre en la familia.

Cariño, yo soy tu familia.

Nosotros somos tu familia para lo que quieras siempre.

Ya lo sé.

Y gracias.

eres un encanto.

Pues anda, que tú...

Pero que está muy bien

que estés intentando aceptar la nueva relación de Elías.

(Móvil)

Perdona.

(Móvil)

Floristería Villar, dígame.

Sí, sí, estamos en el Mercado Central.

Sí, claro. A domicilio o adonde usted me diga.

Muy bien, pues le voy a tomar nota. Espere.

A ver, ¿su nombre?

Doctor Santiago Maza.

¿Y el ramo es para...?

¿Perdone?

¿Ágata Solís?

Sí, pues ahora necesito su número de teléfono

y un número de tarjeta de crédito.

Pues vaya y búsquela tranquilamente y me llama luego.

Mientras, yo voy seleccionando las flores.

De acuerdo. Hasta ahora.

Tú has oído eso, ¿verdad?

Para el carro, que te veo. ¿No te parece un poco sospechoso?

No. La gente le regala flores a la gente.

Además, te ha dicho que pongas en la tarjeta el nombre de...

De un tal doctor Santiago Maza. Pues es su médico, ya está.

¿Que ahora los médicos envían ramos de flores a las pacientes?

Vale, es un poco raro, pero nos falta información.

Hay que esperar a que ella se explique

si tiene algo que explicar.

Adela, ahora estás en paz con ella.

¿De verdad te compensa meter la pata otra vez?

Vale, tienes razón.

Tienes razón. Es hora de pasar página, sí.

Vale. Así me gusta. Me voy al tajo.

Que sí, que sí.

(NACHO) Estas eran las últimas. Muchas gracias.

Eres la única persona del mercado que se ha dignado a ayudarme.

-Tengo que ir con mi madre.

-¡Espera!

-No me toques. No me gusta que me toquen.

-Bueno, solo quería darte una propina.

-No quiero ninguna propina. Me tengo que ir.

-Mi hija el otro día me echó en cara

que te estaba haciendo la vida imposible.

¿Tú sabes por qué me dijo eso?

Yo no tengo nada en contra de nadie, y mucho menos de ti.

¿Tú tienes algún problema conmigo?

-No me gusta cómo tratas a Rosa y a Noa.

Simplemente creo que deberías dejarlas en paz.

-Bueno, no sé lo que habrás oído de mí,

pero he intentado ser un buen marido para Rosa y un buen padre para Noa.

Siempre me he desvivido por ellas.

¿Recuerdas cuando Noa desapareció?

-Cuando llegamos al mercado, ya no estaba.

-Recordarás lo mucho que apoyé a Rosa en esos momentos tan duros.

No me separé de ella día y noche.

Incluso evité que cayera en una depresión.

No hay peor dolor para un padre que no saber dónde está tu hijo.

Pregúntale a tu madre.

Ella tuvo que pasar el mismo calvario.

-No es lo mismo. Me secuestraron. Noa se fue porque quiso.

-Exacto. Ella decidió marcharse,

dejándonos a su madre y a mí con el corazón en un puño.

Se equivocó. Cometió un error y la perdoné.

Y la volvería a perdonar las veces que hiciera falta.

Por eso no entiendo cómo ella y su madre

son incapaces de perdonar mis errores.

-Creo que deberías hablarlo con ellas.

-No quieren ni verme, David.

No sé si es porque los De la Cruz están intentando alejarlas de mí.

Pero la verdad es que me tratan como a un apestado.

Quiero que entiendas que si quiero estar cerca de ellas,

no es porque quiera hacerles daño,

sino porque las quiero con locura y no puedo vivir sin ellas.

Gracias otra vez, por lo de las cajas y...

sobre todo, gracias por escucharme.

(CRISTINA) Hola. -Hola, Cristina. ¿Qué tal?

-Pues muy bien, la verdad.

-¿Más tranquila tras dejar la presidencia?

-Sí, mucho más. Dónde va a parar. -Es una pena que hayas dimitido.

Y no lo digo porque crea que Carmen no lo pueda hacer bien.

Verás, es que creo que...

si hubiera tenido una persona más tranquila a su lado,

hubiéramos salido ganando todos. -Muchas gracias,

pero con lo de la ludoteca, he tenido suficiente.

-Menudo papelón. Si no llega a aparecer ese niño...

-Una y no más, Santo Tomás.

No, que se las apañe Carmen con la presidencia,

que bastante he hecho acabando la guerra.

-No es fácil llevarse bien con Carmen.

-Pues no, no es fácil.

Por cierto, hablando de llevarse bien.

¿Qué tal con Alberto?

Me he enterado que os lleváis muy bien.

-Cristina, que te estoy viendo venir...

¿A ti quién te ha dicho que yo...?

-A mí, nadie. Es que yo soy muy intuitiva.

-Ya.

Mira...

Alberto y yo tenemos...

una amistad, especial, pero nada más.

-Ya. Pero ¿tirando a muy especial o tirando a "anda, déjame de líos"?

-Una amistad tirando a nada más.

No sé, no me siento capaz de ir más allá.

-Me parece muy bien porque no hay que forzar las cosas.

Me parece bien, si no tiene nada que ver con Nacho, Rosa.

-Por supuesto que no.

No permito que Nacho se meta en mi vida,

que bastante daño me ha hecho.

No, esto tiene que ver conmigo.

-Ya, entiendo.

Normal que tengas miedo a que te vuelvan hacer daño.

-Es que no es por miedo.

Verás, lo de Nacho fue tan traumático que...

siento que necesito tiempo, que necesito desintoxicarme.

-Pues haces muy bien.

Coge el aire que puedas por el que te ha robado Nacho.

-En eso estoy.

Espero que Alberto no se canse de esperarme.

-Yo creo que no...

Creo que tiene muy claro lo que quiere.

Aunque sí te digo una cosa.

Ten cuidado, porque hay alguien que le hace tilín.

-¿Sí? -(ASIENTE)

-Ah. -¿No lo sabías?

-No.

-Pues ojo, porque Paolo está enamorado de él.

Fíjate, le compra cervezas y ahora las ofrece aquí en la pizzería.

-Ya me puedo imaginar

quién te ha hablado de mi amistad especial con Alberto.

¿Cómo puede ser tan bocazas? -Ya te he dicho que no.

Yo lo veo claro. -Ya...

-Toma, y dile a Julia que se pase, que anda que no es cara de ver.

Ya era hora, que entre los pedidos y atender, no doy abasto.

-Anda, guárdame eso por ahí.

-¿Es para mí? -Que no se entere Jesús.

Como se ha ido a Pedrezuela, le he comprado un regalo.

-(SORPRENDIDA) ¿Que es su cumpleaños?

-No, es en septiembre. -¿Entonces?

-Quería tener un detalle con él.

-Un detallazo, porque ya me dirás tú.

Esta joyería... Te has debido gastar un pastón.

-Chica, ¿y qué menos?

Siempre invitándome a comer y haciéndome regalos.

Le he comprado un reloj. -¿Cuándo se lo vas a dar?

-Un día de estos, ya veré cómo.

Pero tú, de esto chitón, que nos conocemos.

Bueno. -¿Sabes Paqui, la de la pollería?

-Ajá. -Que se operó de una hernia.

-Ajá.

-No ha sido una hernia. -¿No?

-No. Se ha hecho una "lipo".

Y de paso, se ha puesto pecho.

-¿Qué pasa? ¿Al final no te has ido a Pedrezuela?

-Pues no. Y precisamente de eso quería hablar con las dos.

-Uy, ¿conmigo? -¿Qué pasa?

-Pues que no he ido a Pedrezuela porque no tengo quién me acompañe.

-Ay, mira, qué pena.

A llorar a tu casa, que tenemos trabajo.

-Eso lo dirás por ti, porque yo estoy jubilado.

Y te recuerdo que fuiste tú la que me obligó a hacerlo

para poder disfrutar más de la vida.

-¿Y no estás disfrutando?

-Sí, mucho, pero no contigo.

¿Y sabes por qué?

Estás haciendo lo mismo que me criticabas:

trabajar, trabajar y trabajar.

-Pero ¿a qué viene sacar ese tema delante de mi hija?

-Pues a que cada vez que te lo echo en cara,

me sales con que Carmen es presidenta

y te necesita más que nunca.

Y ya es hora de poner las cartas bocarriba, tú, yo y Carmen.

-Hombre, que yo sí que estoy agobiada,

pero no es que tenga a mi madre encerrada en un sótano

trabajando 35 horas al día cosiendo balones de futbol.

-Mira, yo te entiendo, Carmen.

Pero tu madre y yo estamos en una edad

en la que no se nos permite perder el tiempo.

Si ella me pidió que dejase de trabajar

fue para estar más tiempo conmigo.

-Y ahora que es proveedor,

le quiere invitar al aniversario de la pizzería.

-¿A quién, a Alberto? -Sí.

Bueno, si a ti no te parece mal, claro.

-No. A mí me parece estupendo. -Bueno, pues...

¿Sabes? Había pensado proponerle a Paolo hacer esa cena en mi casa.

-¿En tu casa? ¿Y por qué?

-Pues porque me apetece muchísimo cocinar para vosotros y...

Y además, porque Paolo siempre acaba pringando.

-En tu casa no, que eso tiene mucho trabajo para ti.

-Pero que a mí me hace mucha ilusión, de verdad.

-A ver, Rosa, dime una cosa.

No será para evitar que Nacho nos vea, ¿no?

-No, qué va.

¿Sabes qué pasa?

Necesito... que entre aire nuevo en casa.

-Entonces me parece muy bien.

Le digo a Alberto si se apunta a la cena.

-Estupendo. -Bueno, me voy. Y gracias.

-De nada. -Hasta luego.

-Chao.

-No digas tonterías, mi hija está hasta arriba.

-Que no, que no.

Jesús tiene razón, he sido una egoísta.

-Tú has hecho lo que debías. -Que no, que ya está bien.

Debes descansar, que llevas toda la vida trabajando.

Te toca descansar.

Con tanto mogollón, la verdad que no lo he pensado.

Pero es verdad.

Me lo podías haber dicho tú, en vez de Jesús, ¿no?

De saber que te estoy cortando las alas...

-Chica, que no es así.

Solo vengo de vez en cuando a echar una mano en el puesto,

solo cuando es imprescindible, como ahora,

que debo ir a por un pedido urgente.

-Pero ¿qué urgente? He dicho que no.

Puedes ir a la hora del aperitivo.

-Que tú estás desbordada, hija.

Y siendo la única presidenta, todavía más.

No pienses que abandono el barco.

(JESÚS) Pero ¿crees que a mí no me costó tomar esta decisión?

Lo hice por ti, para estar juntos.

Yo lo que quiero es disfrutar lo que nos quede de vida a tu lado.

Y no solo un ratito por las noches.

Lo siento por ti, Carmen, pero espero que lo entiendas.

(CARMEN) Lo entiendo. No solo eso, lo admiro.

Otro se hubiera callado y luego pasa lo que pasa.

-Bueno, tampoco exageremos.

-Es un bendito, me ha hecho abrir los ojos.

Perdona por haberte tenido secuestrada en la carnicería.

-No hay nada que perdonar. -Quítate el mandil

y vete con él a Pedrezuela.

O al fin del mundo, donde sea. -¿Ahora?

-Claro. -Para ir a Pedrezuela es tarde...

Pero cuanto antes salgas de trabajar,

antes podremos empezar a disfrutar juntos de la vida.

Oye, quieres que hable con mi gestor

para que me vaya preparando los papeles de la jubilación?

(NICOLÁS) No tan rápido, que no se distingue.

-Cuando pase alguien, lo paro, ya está.

-A ver.

Ese eres tú.

¿Y ese? -Ese es Jorge.

-Vale. -Y esta, Carla.

-Tira adelante.

¡Para, para, para!

¿El que está de espaldas? -Higinio, el pollero.

-Vale, sigue

Por aquí solo pasan los del mercado. (SAMUEL) ¿Y qué querías?

-¿Crees que el ladrón es de dentro? -Yo no creo nada.

-A ver si ha sido Higinio... -¿Cómo que Higinio? No alucines.

-¡Espera! Para, para. Un momentillo. A ver, ¿este quién es, ese?

-Es... No lo sé, no lo veo bien.

-A ver... Ese es Álex, el ayudante de Alberto.

Ya está, ya lo tenemos. -¿Cómo que ya lo tenemos?

Estuvo aquí a las 17:00 y yo me di cuenta a las 19:00.

Fíjate si queda vídeo. -Sigamos mirando,

pero esos chavales son unos balas perdidas.

"¿Cuándo termines en Santo Domingo, regresas a casa?".

"Qué va, afortunadamente tengo trabajo".

"Mira qué bien.

Así no tendrás que enfrentarte con tus fantasmas".

"Bueno, aunque pongas un océano de por medio,

ellos siempre viajan con una.

Pero gracias por preocuparte.

Te parecerá una tontería,

pero me tranquiliza saber que estás ahí".

"¿Y cuál es tu siguiente destino? Sorpréndeme, ¿playa, montaña,

la selva amazónica...?".

"Ahora toca un poco de asfalto. Me voy a Buenos Aires".

"¡Che, qué linda ciudad!

Menuda suerte que tienes.

Podrás disfrutar de los cafés y librerías

de la avenida Corrientes".

"Más bien a perderme con mi cámara junto al río de la Plata".

¿románticos.com?

Perdón.

No era mi intención cotillear...

Y es estupendo que ligues por Internet.

Yo no... Casi entro en una de esas páginas,

y al final no lo hice... bueno, porque apareció Miqui.

No estoy ligando. Me estoy documentando.

¿Cómo? ¿Ahora se llama así?

Que no, no seas tonta.

Estoy investigando porque he decidido

que haré el relato sobre el amor en tiempos de Internet.

¿Qué te parece? Oye, suena interesante.

Pero dime una cosa.

¿Y si uno de esos románticos te pide cita?

Nada de citas. Lo he especificado en el perfil.

Así que esta puerta está cerrada. ¿Y si te contactan? Porque vamos,

por lo que tengo entendido, la gente va a lo que va.

Sí. Pero esta es una página mucho más tranquila, más relajada.

Además, me he inventado un perfil de una aventurera.

Para mis románticos,

soy una fotógrafa que viaja por todo el mundo.

O sea, exactamente como soy yo, ¿sabes?

Pero suena divertido. Sí.

¿Se puede saber dónde estás ahora? Acabo de terminar un reportaje

en una playa de República Dominicana

y estoy rumbo a Buenos Aires.

Oye, pues me gusta mucho esta Celia que te has inventado.

No, no, no. Aquí soy Abigail.

¿Abigail? Sí.

Y ese es el problema, me encanta a mí también esta vida.

¿Eso es un problema?

No sé. En el fondo me siento un poco mal.

Pues no sé por qué.

Pues porque en la vida de Abigail no existe David.

Ella es una mujer...

sin preocupaciones, sin hijos, sin asperger...

Es libre y aventurera.

¿Y? A ver, que todos fantaseamos con nuestras vidas.

Para vivir una vida virtual, ¿por qué te la vas a complicar?

Pero no me gusta dejar a David fuera de ella.

Ay, Celia, no empieces.

El tiempo que viví contigo descubrí que eres una madre estupenda.

Y que fantasees con una vida libre y sin cargas,

no hace que quieras menos a David.

Entonces, supongo que no pasará nada si viajo a Buenos Aires, ¿no?

Ya deberías estar volando hacia allí.

Calla. (RÍE)

(Timbre)

-¿Puedo pasar?

-No deberías estar aquí, alguien se tiene que ocupar de tu puesto.

-Tranquilo. He cerrado el Delicatesen para ir a rehabilitación

y de paso, traerte una cosa.

-¿El qué?

-¿Te importa que pase? Solo un segundo.

Te gusta cocinar, ¿verdad? -Sí.

-Entonces, esto es para ti.

Como no quisiste aceptar mi propina,

te he traído unos productos para que hagas tus postres:

cacao en polvo, harina de espelta, fruta escarchada...

Toma. -Gracias.

-Tú siempre estudiando.

¿Qué tal las clases de pintura?

Me he enterado de que Lorena te está enseñando.

-Sí. Dibujar es fácil. Lo difícil es dibujar bien.

-Y requiere mucha práctica y mucha paciencia.

A mí siempre me ha encantado la pintura, ¿sabes?

De hecho, el diseño gráfico tiene bastante que ver.

-Sí, ya lo sé.

-Lástima que no pueda seguir con ello.

Por el temblor que me quedó en la mano con la caída.

¿Te encuentras bien?

-Te tienes que ir.

-¿Por qué? ¿He dicho algo que te ha molestado?

-Vete, por favor, solo vete.

-¿Qué te pasa, David?

¿Por qué te pones así cuando hablo de mi caída?

-Vete, vete, por favor.

-Conmigo puedes hablar con total confianza, de verdad.

¿Qué te preocupa?

Dímelo, te prometo que no se lo diré a nadie.

(Móvil)

(Móvil)

Te llama tu madre.

(Móvil)

No te preocupes, ya hablaremos en otro momento,

cuando estés más tranquilo, ¿de acuerdo?

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

¿Sí? Vale.

¡Ágata! ¿Tienes un momento?

Te tengo una sorpresa para ti. -Sí, claro.

Esto. ¿Para mí?

Sí. Te lo acabo de preparar.

Iba a llevártelo, pero como pasabas por aquí...

Si te viene mal cogerlo ahora, te lo envío adonde me digas.

No hace falta. Muchas gracias, Adela.

De nada. Las gracias se las tendrías que dar

a quien ha encargado el ramo.

Claro, es verdad.

Espero que no te moleste

que Elías te haga estos encargos tan delicados.

Entiendo que no te haga ninguna gracia.

Bueno, es que no son de Elías.

He recibido el encargo por teléfono

y lo envía un tal doctor Santiago Maza.

Espero que te guste.

He elegido las flores más bonitas que tenía.

Te gusta, ¿verdad?

Es precioso.

¿Así que tu médico te envía flores?

Bueno, no es mi médico. Es...

Era mi marido.

Ah. Pues qué detalles tan bonitos que tiene tu ex.

La verdad es que sí. Pues muchas gracias, Adela.

No ha llegado la fruta delicada. Estoy reorganizando el espacio.

-Dios. Culpa de los transportistas.

Tenemos problemas y se han puesto en huelga.

-¿Llamamos a unos amigos y salimos a tomar algo?

-¿Cuáles, los tuyos?

-¿Que le has abierto la puerta?

¿No escuchas a tu madre cuando te dice que te alejes de este tío?

-Quizás somos muy duros con él.

-Han robado 1800 euros de la caja del despacho

y solo ha podido ser ese chico.

-Eso es una acusación muy grave. -Lo sé.

Y si lo hago es porque está muy clarito.

-Sabe que trabaja aquí y le manda flores.

Me parece de lo más normal.

Sí, todo es muy normal y muy moderno,

si no fuera porque su marido...

está muerto.

-Deja que Rosa rehaga su vida

y haz tú lo mismo con la tuya. -Lo intento.

Lo intento, pero ¿sabes?, esto tampoco lo pone fácil.

(LORENA) ¿Qué pasa?

Que le he contado a David toda la verdad sobre Nacho.

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Mercado central - Capítulo 211

07 ago 2020

A Ágata no le gusta ver cómo Elías se arredra ante Germán, así que le presiona para que se enfrente a su hijo.

Germán tiene problemas con los transportistas. Elías se enfada con su hijo y malmete con ellos.
Jorge y Celia chatean sin saberlo. Los dos exageran y edulcoran sus vidas. Celia se siente mal porque el perfil que ha creado excluye a David.
Nacho se acerca peligrosamente a David para descubrir qué oculta.
Paolo y Cristina interceden para que Rosa y Alberto coincidan en la cena de cumpleaños de la pizzería.
Carmen insiste en descubrir quién robó en el despacho. Nicolás sospecha de Toni, el chaval que ayuda a Alberto en la cervecería.
Un encargo de flores para Ágata, a nombre de quien fuera su marido, pone nuevamente en alerta a Adela.
Para chasco de Valeria, Jesús y Carmen deciden que no hace falta que trabaje en la carnicería.
Los resultados de la biopsia de Jesús son buenos, está sano.

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