Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5640766
No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 209 - ver ahora
Transcripción completa

(SUSURRA) Escóndete, lo entretengo y te vas.

¿Qué le pasa a tu madre con Ágata? Está mosqueada, no se fía de ella.

Ágata es muy profesional y es leal.

¿Para qué vas a ir?

A comprobar si hay una señora Vallejo.

Esta tía es una farsante.

Adela se llama.

No le des ninguna información, quiere quitarle el dinero a mi madre.

-No me vas a ayudar. -Sí, pero no con dinero.

Por tu bien. -Vete a la mierda.

Apúntame la cerveza y seguimos con Románticos.com.

No, dejo la página.

¿Por qué? Quien me gusta es Rosa.

Y no se va.

¿Qué te importa con quién hable Rosa? No es tu mujer.

-Porque has ido detrás de ella como un buitre.

-Yo no he hecho eso. -Sí.

Todo iba bien.

¡Has destrozado una familia! Alberto.

Déjalo estar.

No dirás que dejemos de vernos para que me deje en paz.

-Eres mi amigo y no quiero que te afecte.

-Perdón, no me puedo callar.

Lo que deberíamos hacer

es darle de su propia medicina,

a ver si se hunde su negocio y se va.

-¿Para mí es fácil?

Con un negocio nuevo, no lo he hecho nunca.

Y no me apoyas en nada. -¿No te apoyo?

¿Olvidas la batidora?

-Apoyo emocional, cromañón, que no te enteras de nada.

-La timba de tu barrio.

Organízala.

Necesito dinero.

-Igual me ha pasado, pero Cristina tiene ideas de bombero.

Ha perdido un niño. Necesita una dosis de realismo.

De esto, ni una palabra.

El crío le ha dicho a su madre que se ha perdido.

¿Está muy enfadada?

Histérica. He intentado calmarla, pero nos quiere denunciar.

Nos podía haber pasado a cualquiera. -Que no. ¿Qué vamos a hacer?

Si la madre denuncia, perderemos.

-Te traigo problemas con tu ex, con tu hijo...

No fuiste al médico con tu padre.

Sí, ¿y qué?

Quizá la solución es decir que estamos juntos.

Hagámoslo así.

Espero que no sea un problema.

-No. -No interferirá en el trabajo.

Os comparto esto para que veas que me duele veros enfrentados.

Y que te pido...

que me perdones

y que no estés enfadado con él. -Nada que perdonar.

-¿Montaste esto para no contárselo? Lorena.

Si le digo que su novia es una mentirosa,

dirá que me lo he inventado.

Es su palabra contra la mía. ¿Y a quién piensas que creerá?

(RESOPLA) Tanto trajín para nada.

De momento, porque estoy en el buen camino.

Y este se cae con todo.

Como que me llamo Adela Villar que Elías va a abrir los ojos.

Tengo que hablar contigo. Buenos días.

Para mí, esto tampoco es fácil.

(SE QUEJA) Bueno...

Ya está solucionado el tema de los 10 000 euros.

¿Lo ha devuelto? No.

Lo he puesto de mi bolsillo, la empresa no tiene nada que ver.

¿Has hecho eso? Era lo que queríais.

Y también me gustaría pedirte disculpas

por no ir al hospital.

Si me hubieses contado la verdad, no estaríamos así.

¿La verdad?

Que estabas apoyando a Ágata, tu novia, en una situación difícil.

¿Mi novia?

¿Eso te ha dicho ella? Sí.

¿Por qué dijiste que era de trabajo? Por Ágata.

Quería ser discreta, me sorprende que te lo contara.

Me lo ha dicho tranquilamente.

Sufría porque creía que habíamos discutido

por ella. Sí, pobre, mal rato.

Estaba muy preocupada por ti, le importas de verdad.

Y parece que te hace mejor persona.

Oye.

¿A ti te importa ella?

Claro que sí.

Te lo decía por si es algo serio.

Estaba muy ilusionada y te conozco. No.

Vamos a ver.

Estamos empezando.

Pero me gusta.

No, que me gusta de verdad.

No es un rollete, si quieres saber eso.

Fíjate, es que me gusta casi como... Adela al principio.

Me alegro.

A ver si no metes la pata.

La lección ha sido dura, pero creo que le ha aprendido.

Oye, papá.

Te quiero pedir disculpas otra vez.

¿Lo de la biopsia cómo ha ido?

Tengo el resultado la próxima semana. No te preocupes.

Verás como no es nada.

Lo celebraremos juntos. Venga.

Y tu novia está invitada.

-¿Quién tiene novia? ¿Me he perdido algo?

Supongo que, si tu abuelo lo sabe, ya es oficial.

Ágata y yo.

Novios, así que va en serio.

Sí, al menos por mi parte.

No esperes que me alegre, no me gusta ni un pelo esta tía.

Y menos al tangarnos 10 000 euros. Oye, cuidado.

Un poquito de educación.

Y los 10 000 euros los he puesto yo, la empresa no tiene nada que ver.

Muy bien, entonces ahora te ha tangado a ti.

Fíate de ella, te quitará hasta el apellido.

Oye, estás hablando de mi novia.

Entiendo que te cuesta aceptarlo. Pues sí.

Me cuesta aceptarlo, mucho.

Tu café, abuelo.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

No entiendo qué le pasa con Ágata ni con el dinero.

Parece que fuera suyo. No te calientes la cabeza.

El dinero ya no es problema.

No es fácil aceptar que otra mujer toma el lugar de tu madre.

Ya.

Tú también te enfadaste cuando empecé a salir con Valeria.

Germán ha perdido a Javier.

Le duele que la vida siga para todos menos para él.

¿Debería hablar con él?

Ya hablaré yo con él.

Te lo agradezco mucho, papá.

Le he metido un gol a Nacho, me he quedado más ancha...

-Ay madre. ¿Qué has hecho?

-Han venido unos clientes al puesto con posibles,

eso lo noto yo,

llevo media vida aquí... Valeria.

Al grano, por favor. Voy.

Los he atendido como siempre, como soy yo,

muy simpática y profesional.

Que si una bromita.

Que si un piropo... Lo típico.

Hasta que les he sacado lo que quería:

se iban a pasar por el "delicatessen" a comprar un vino bueno.

-¿Y?

-Ahora viene lo bueno.

Sabían que lo llevaba el famoso chef Jorge Santos.

Y, claro, cuando lo he oído, he saltado.

Les he dicho que ya no lo llevabas tú,

sino un tipo muy desagradable que no tenía idea

de lo que vendía

y que había subido los precios. ¿Qué?

¿Cómo os quedáis? -Pues bien.

Pero no te pases malmetiendo.

-A todo cerdo le llega su San Martín. Ya.

Pero Nicolás tiene razón: si hablamos mal de un puesto,

salpica a todo el Mercado y no nos viene bien.

No digo que Nacho no se lo merezca. Ya te digo.

¿No les comentaste a esos clientes que el famoso chef

está en el Bar Central? Se podían pasar.

Ni lo he pensado.

Vaya. Ponme un café.

Marchando ese café.

La próxima, que no se te olvide, no me sobran clientes.

Cafelito.

¿Qué haces aquí? ¿No te gusta el despacho?

Ya, no quieres ver a tu padre.

-Pues no, supongo que no.

-Mira, Germán, comprendo que no te guste Ágata,

pero tu padre tiene derecho a rehacer su vida.

-Es fácil pasar página cuando nada te ha afectado.

-A veces no lo es, sobre todo, si has arruinado la vida de tu hijo.

Elías no tiene facilidad para expresar sus emociones,

pero cargará con lo que hizo.

La condena es para siempre.

-No me parece justo. -La vida no lo es.

Es como viene.

-No me gusta esta mujer, no me fío.

-Tu padre ha devuelto el dinero.

Y Ágata me ha pedido perdón por lo del hospital.

Será peor o mejor,

pero creo que le quiere, y hay que respetarlo.

-A ver si es verdad.

Pero, de acuerdo, me morderé la lengua.

-Bueno.

-Un momento.

-¿Sí? -¿Me ayudas con una cosa?

-¿Es de trabajo?

-No, es personal.

Un colega tiene problemas y no sé cómo ayudarle.

-¿Qué clase de problemas?

-Parecidos a los que tuve yo.

Se han enganchado, al juego.

-Mala cosa. -Pues sí.

He hablado con él.

Pero necesitas tiempo para aceptar que tienes un problema.

-Supongo que tiene que tocar fondo

para ver que necesita ayuda. -Ya.

Eso es lo que me gustaría evitarle. Me ha pedido dinero.

Y le he dicho que no.

No le va a ayudar, pero ahora me arrepiento,

creo que le he dejado tirado cuando más ayuda necesita.

-A veces no es fácil salvar a la gente de sí misma.

Cada uno debe asumir la responsabilidad de su vida

y tomar sus decisiones.

No cargues con la vida de nadie.

-Quizá tengas razón.

Quiero pensarlo bien antes de hacer nada.

-Bueno, ya me contarás.

-Abuelo. -¿Sí?

-Gracias.

¿Qué preparas? Tiene muy buena pinta. Carne en adobo para una nueva tapa.

(DUDA) Qué raro, no has hecho pedido de carne esta semana.

Ya, porque era carne congelada.

La he sacado.

No te gusta congelar. ¿De dónde la has sacado?

(SUSPIRA)

A ver, la... la he comprado a otro distribuidor.

¿Cómo puedes ser tan traidor?

-Lo que se sirve en el Central se compra en el Central.

Debería darte vergüenza.

No porque el puesto sea de mi mujer. ¿Qué esperabais?

Elías me presiona y no tengo dinero. Tu carne es muy cara.

-Me lo imaginaría de cualquiera, pero de ti...

No ha estado bien, pero no os reprocho que no comáis.

-Yo he venido, dos veces. ¿Y cuántas has pagado?

No venís ni recomendáis a los clientes que pasen.

La carne de las Pachecas es un lujo para mí.

Solo ahorrará en calidad. Pero me da igual.

-¿Te da igual? -En otro momento me habría enfadado.

Es de mal compañero. Con lo que tengo encima, me da igual.

-¿Lo del chiquillo?

-Como nos ponga una denuncia, se lía una buena.

-La culpa no es tuya. Cristina lo perdió de vista.

-Sí, puede ser, pero me siento la peor persona del mundo.

Una persona mala de verdad. Merezco todo lo malo que me pase.

-Deja de preocuparte, llegará a un acuerdo con el abogado.

-¿Te ayudo? No, gracias.

¿Qué te pasa? ¿Por qué estás preocupado?

He tenido una conversación delicada con Valeria.

¿Por qué? ¿Qué te ha dicho?

Le conté que compro la carne a otro distribuidor.

Y se ha enfadado.

¿Le explicaste que es para recortar gastos?

Eso da igual.

Nicolás me ha recordado el pacto no escrito del Mercado:

los que trabajamos aquí compramos aquí.

Bueno, pacto... Es una cosa que se ha hecho siempre.

Pero también hay excepciones.

Elías te ha pedido que recortes gastos.

No podemos llevarle la contraria.

No tienes el "delicatessen".

Hay que pagar pañales...

Tenemos lo del "delicatessen".

Sí, de momento.

Hay que hacer que esto funcione.

Y lo hecho no tiene arreglo.

No podemos empeorar las cosas.

-Carmen, ¿puedo hablar contigo?

-Claro. -Bueno.

Yo me voy.

Acuérdate de lo que te he dicho. -Sí.

Tú dirás. -Pues...

Quería convocar una reunión para presentar mi dimisión.

-¿Por qué?

-Así se aplacarán los ánimos de la madre.

Le presento mi dimisión a cambio de que no denuncie.

-El niño está bien, se le pasará.

-Carmen... -¿Qué arreglarás?

-No sé, pero os he metido en esto y os sacaré.

-Te lo tienes que pensar. -No.

Ya me lo he pensado y creo que es lo mejor.

No disimules.

Te quedas sola como presidenta, que era lo que querías.

Me presenté para que no salieras tú.

Pero, según he hecho cosas, he visto que me importa de verdad.

Y que puedo hacer cosas buenas. -Te entiendo.

-Ha sido poco tiempo, pero me he sentido fuerte, poderosa.

Ha sido una sensación maravillosa.

Conseguía todo lo que me proponía.

Me hacía ilusión mejorar el Mercado, pero...

He pecado de ambiciosa.

-Para ya, que... igual no has tenido tú la culpa de todo.

-¿Cómo que no? ¿Lo del niño?

-Que... igual que el niño apareciera tan tarde es culpa mía.

-¿Qué quieres decir?

-Nicolás no sabía lo del niño y me dijo que lo habían encontrado.

Y yo, que sí lo sabía,

pues no dije nada.

Y ya cuando ya...

Carla se lo dijo, fuimos para ya y... y no estaba el niño.

Y tardamos mucho en encontrarlo.

-¿Eso es verdad?

-Sí.

-Te creo capaz de hacer cosas horribles,

pero esto... esto es tan feo...

(RESOPLA)

-Sí que es feo, sí.

No puedo tener en contra al Mercado.

Elías te ha dicho que recortes gastos,

que hagas que dé beneficios.

Algo debemos hacer. Bueno.

Yo hago lo que puedo, intento reducir gastos.

He renunciado

a algunos ingredientes para mis platos.

Pero ni así funciona.

Y Elías me puede largar en cualquier momento.

¿Y qué hago? ¿Renuncio a mi cocina?

¿Qué pinto aquí?

Para servir menús no necesitáis un chef.

Y lo digo con respeto.

No te ofusques.

Estás haciendo un gran trabajo. No.

Fue un error creer que convertiría esto en otra cosa.

Me he equivocado, no hay que darle vueltas.

Jorge.

¿Recuerdas una cosa que nos ha pasado?

Una cosita buena.

Que vamos a ser padres.

Tienes razón.

Tenemos algo que celebrar. Sí.

Y eso debería ser más que suficiente

para que no pienses que tu vida es solo trabajo.

Tienes que tranquilizarte.

La hostelería es así.

Para que el negocio coja cuerpo y se afiance,

debe pasar un tiempo.

El Central

va a funcionar y tú y yo en unos meses vamos a ser papás,

y esa va a ser nuestra prioridad.

Así que

solo tenemos que ser perseverantes, confiar, trabajar

y tener mucha paciencia. Oye.

¿Tú siempre vas a tener razón?

Sí.

-Quique, ¿por qué no me contestas?

Ya. Bueno, escúchame. La timba ha sido un desastre.

Dijiste que eran unos pringados y me han dejado seco.

Creo que han hecho trampa.

Bueno, a ver, da igual. Que... me he metido en un lío.

Perdía, me dejaron apostar a crédito y también lo perdí.

Le debo dinero a Rafa y no tengo para pagarle.

¿A mis padres?

¿Estás chalado?

Sospecharían. Mi abuela ya me dejó dinero.

Mi madre es como un perro de presa, se daría cuenta enseguida.

No. Oye.

¿Tú me podrías dejar la pasta?

No te pongas tonto, estoy en esta movida por ti.

Viene Rafa y no sé cómo le pagaré.

No, desaparecer ahora no...

No puedo, ¿qué le digo a Carla? ¿A mis padres?

Soy responsable del Mercado, no me puedo mover.

Luego te llamo.

-Está bien recordar que trabajas aquí con la hora a la que llegas.

-¿Cómo estás? -Mejor que tú parece.

Estás sudando a chorros. ¿Te pasa algo?

-Sí, me pasa que tengo un calorazo que no puedo con él.

No he dormido ni dos horas.

-Tenéis aire, ¿no lo pones?

-No lo he puesto, desde hoy lo tengo que poner.

-¿Seguro que es el calor?

¿No serán Carla y los problemas con el puesto?

Pídele ayuda a Jesús.

Seguro que puede echaros una mano.

Sabe cómo llevar un negocio. -No.

Los problemas con el negocio

los estamos solucionando. -Bueno.

-Te pedí que no dijeras nada.

-No lo he hecho.

-Así me gusta.

-¿Seguro que es eso? ¿Estás bien?

Estás de los nervios. -Sí, abuela.

Porque mira qué hora es.

Y no me gusta llegar tarde.

Hablamos luego. Te quiero, un beso.

¿Ya no saludas a tu madre, hombre de negocios?

Perdona, estaba dándole vueltas a... a cosas del trabajo.

Afloja un poco, pareces cansado.

Imposible, las frutas y verduras ecológicas me dan mucho trabajo.

Poco a poco, las prisas no son buenas.

Ojalá pudiera frenar, el volumen de trabajo es enorme.

Como pequeña empresaria,

no es una buena estrategia abarcar más de lo que se puede.

Y, como tu madre, no me gusta verte tan agotado.

Tengo un secreto.

Antes trabajaba ocho horas,

me divertía otras ocho y dormía las ocho restantes.

Ahora trabajo 16 y duermo ocho.

No bromees, ese ritmo no es bueno. Ya.

Mi cuerpo se queja un poquito más, pero... mi cabeza me lo agradece.

Entiendo que quieras tener la cabeza ocupada y no pensar.

Pero no fuerces tanto.

Prométemelo.

Vale, pesada.

Cuando pueda, bajo el ritmo. No.

Ya.

Pídele a tu padre que se encargue él.

Paso de pedirle ayuda. ¿Y eso?

A ver, ¿qué pasa?

Nada, no me apetece deberle un favor a papá.

Escúchame.

Tu padre trabaja en la empresa y tú eres el jefe, no es un favor.

Bueno, te vas a acabar enterando.

Me estás asustando.

Es una tontería, pero quizás te moleste.

¿Me lo quieres decir ya?

Papá y Ágata están juntos.

Es oficial, me lo contó el abuelo.

Pero va a durar dos días.

¿Y por qué crees eso?

Hablamos de papá, va a ser una aventura más.

No creo.

Te lo ha dicho tu abuelo: la considera su novia, no su amante.

Si fuera una aventura, serían más discretos.

Parece que esta vez es cierto.

¿Tú crees?

Sí. No pueden contenerse ni en el trabajo.

Lorena los pilló en el almacén, liándose, como dos adolescentes.

Como tú y Miqui, ¿no?

¿Estás bien o no?

Sí, no te preocupes.

No me molesta que rehaga su vida, tiene derecho a ser feliz.

Es ella, no es buena, es una mentirosa.

He descubierto que su madre no está en la residencia que decía.

¿Y el dinero? Será para pagar deudas.

Al tío con el que hablaba cuando estaba alterada.

No tengo pruebas, pero, cuando las consiga,

le explicaré a tu padre con quién trata.

Si necesitas ayuda, cuenta conmigo.

Gracias, cielo. Y tú cuídate.

Te veo luego.

No voy a darte más dinero.

¿Cómo puedes ser tan aprovechado?

Si no te lo doy, ¿qué me haces?

Vale, te lo consigo, pero no te pongas así.

No puedo, estoy en el trabajo.

Después de comer, a las cuatro.

Vale.

¿Jorge?

¿Estás bien?

Sí, sí.

¿Sabes dónde está Nacho?

Salió hace media hora.

Por mí, como si no viene, se me revuelve el estómago de verle.

Ya, me pasa lo mismo.

¿Cómo está David? Bien.

Pero le he dicho que no puede venir al puesto.

No me gustó ver cómo se enfrentaba a Nacho.

Pobrecito, no se lo merece.

Lo siento, se lo pasaba muy bien llevando el puesto.

Ya, pero no puedo exponerlo.

Sufre mucho, se estresa, no sabe mentir.

Lo hace por Noa, pero... mejor que se quede en casa.

(SUSPIRA) ¿Qué harás con la novela? ¿Cómo harás para escribir?

A ratos, por la noche. Ya veré.

No nos sale una bien.

¿Qué te ha pasado?

He discutido con Valeria.

He comprado productos fuera y no lo lleva muy bien.

El bar está siempre medio vacío, recibo órdenes de un jefe

que me pide que cocine a mi manera y reduzca gastos, y no puedo.

Tengo al Mercado en contra y nadie pisa el bar.

Todo muy bien.

Ese es un problema de Elías.

Limítate a hacer lo que él te pide.

Te paga un sueldo, listo.

Así no soy rentable, cualquier día me larga.

Y tengo que mantener a otro hijo.

No creo que eso pase, tienes recursos y no habrá problema.

No tantos recursos.

Cuando era mi propio jefe, lo tenía controlado, pero ahora...

El sueldo no es tan bueno.

Con lo que me has apoyado, no me creo que vengas con estas.

Eres resolutivo, vives bien.

Si no funciona, lo dejas y te saldrá otro trabajo.

Con tu nombre, te van a llamar.

Tú no sabes cómo vivo.

A tu hijo no le va a faltar nada. Yo sé qué es no llegar a fin de mes.

Siempre has tenido el colchón de tu suegra.

Y has heredado el negocio de tu marido.

No es lo mismo.

Sí, les estoy muy agradecida.

Pero ¿sabes qué pasa?

No puedo hacer muchas cosas

porque tengo que criar a mi hijo y cuidarle yo sola.

Y no puedo escribir.

Tú tienes tu cocina.

Siento que David no pueda encargarse del puesto y no puedas escribir.

He hecho todo para que no ocurriera.

¿O crees que quería que Nacho se quedara con mi puesto?

Podías haberte interesado más en saber quién se quedaba con él.

Pero no hablamos de eso.

A veces todo lo vemos negro

y no vemos que hay alguien al lado que lo pasa peor.

Sinceramente, Jorge,

todo te va a ir bien.

Claro.

Te estaba buscando. ¿Nos ha denunciado la madre?

-No sé nada. -Si no lo sabes tú...

-Cuando me entere, te aviso.

-Es buena señal que no haya denunciado.

-Yo qué sé.

-Cuando sepas algo, dímelo. -Sí.

-Pero hazlo. -Adiós, mamá.

-Bueno.

-¿Puede arreglar tu colega el móvil? -No he hablado con él.

-No te quería molestar. -Perdón.

Lo siento, perdóname.

Llevo unos días raro, lo siento.

El problema no eres tú, soy yo.

(DUDA) -¿Cuál es el problema, Samu?

-Pues no lo sé.

Que soy imbécil, supongo.

-¿He hecho o dicho algo que pueda molestarte?

-Tú no has hecho nada, el problema lo tengo yo.

Me encierro, no quiero que te afecten mis mierdas.

-¿Qué mierdas?

Cuando decidimos volver a estar juntos,

prometimos no volver a mentir, decirnos las cosas.

Ser sinceros.

Si te pasa algo,

cuéntamelo, lo arreglaremos.

-Tú no tienes que solucionar nada.

No te imaginas lo que me ha pasado.

Verás. Oye.

No uses ese tono, la cosa es seria.

Y tiene que ver con Ágata. Sí.

Por favor, no puedes demostrar lo de la residencia.

No puedes hablar con Elías.

Ahora tengo pruebas, estoy a punto de conseguirlas.

¿Qué ha pasado?

Le estaba explicando a Germán lo de la residencia,

que no hay ninguna señora Vallejo, y, cuando Germán se ha marchado,

la he escuchado hablar por teléfono.

No ha hecho nada raro.

Buscaba intimidad y la he escuchado.

Dime que no te ha visto. Supongo que no.

No habría cantado.

Ve al grano, me pones de los nervios. Escúchame.

Hablaba con un hombre y el tío le pedía dinero.

Se ha negado a dárselo.

La situación era un poco violenta.

Estamos en las mismas.

Eso no demuestra nada. Eso creía yo.

Pero el tipo la ha amenazado o algo así.

Ella estaba muy nerviosa y luego ha cedido.

Y le va a pagar. Sí.

Solo piensa en desplumar a Elías.

No sabes si han quedado,

si le va a dar dinero... Pues sí.

Han quedado aquí a las cuatro. ¿Cómo te quedas?

Adela, ¿qué vas a hacer? ¿La vas a seguir?

Esa tía es una mentirosa.

Anda metida en algo muy feo. Por favor.

Ten cuidado, se te va de las manos. No.

Estás espiando a la novia de tu ex. Tranquila.

Está controlado.

-Buenas. ¿Qué? Valeria.

¿Ya te ha contado tu novio?

No me esperaba esto de él. ¿Qué ha hecho Jorge?

Comprar la carne fuera del Mercado.

Qué vergüenza.

Es lo que me faltaba por ver.

Nadie hubiera hecho algo así.

Todos éramos clientes de todos.

Pero la gente no tiene vergüenza, ni principios.

Y seguro que está comprando la verdura y la fruta fuera.

Me ha dicho Ágata que no le ha hecho pedidos.

Tanto ir de cocina moderna,

de vanguardia, de calidad, y compra lo más barato.

Y traicionándonos.

Que es lo peor.

Dime algo, no entiendo nada. -Carla.

Es algo que tengo que solucionar yo, está en mi cabeza.

Lo mejor es que me vaya unos días, necesito alejarme de esto,

solucionar mis problemas y aclarar mis ideas.

-¿Te vas a ir dónde?

-Voy con Jonathan a Málaga.

No les he dicho nada a mis padres.

Les avisaré desde allí.

-Pero ¿cómo que te vas?

Si tienes dudas sobre lo nuestro, dímelo, habla.

¿Por qué huyes?

¿Te da igual lo que yo sienta? -Claro que no me da igual.

Sé que te suena muy raro y lo siento.

Pero necesito tiempo para que las piezas encajen.

Necesito que confíes en mí.

Cuando haya aclarado mis ideas, volveré y será como antes.

-¿Cómo va a ser como antes, si te vas

y no me das una explicación? -Carla.

Lo único... -¿Adónde quieres llegar?

¡Mírame!

Si tienes algo que decirme,

ahora es el momento.

¿No?

¿No me vas a decir nada?

Perfecto.

No me lo puedo creer. A lo mejor hay alguna razón

por la que compra fuera y no la sabemos.

-Sí, hay una.

Ahorrar pasta, gasta más de lo que gana.

Si es por ahorrar, debería hablar con los puestos,

hay maneras de solucionarlo.

¿Y cuándo va a hablar con ellos?

Nadie se digna a pisar el bar. -Yo me paso por ahí todos los días.

Yo también. -Venga.

El café de rigor, pero no coméis, ni una miserable tapa consumís.

Me encanta cómo cocina Jorge, pero estoy sola.

Como de táper, no tengo tiempo. Ya.

¿Y tú qué?

-Me encanta todo lo que hace, pero el problema es el precio.

Ha quitado el menú del día y comer sale por un pico.

La mayoría no va por eso.

-Muy bien.

No vais al bar porque os parece caro.

Os quejáis porque compra fuera para equilibrar los precios.

Muy lógico todo.

Es increíble.

Con lo que ha hecho Jorge por el Mercado.

Se dejó la vida por la renovación,

se enfrentó a Velasco, a Hortuño, a Elías,

perdió a su mejor amigo, y ahora le dejáis tirado.

Muy bien.

¿Tanto os cuesta ir al bar y contribuir para que funcione?

¿Cómo os va a hacer gasto? No tiene dinero.

Le duele más que a nadie pedir el género fuera.

Elías nos ha marcado unos beneficios y, si no cumplimos, nos lo chapa.

Menos criticar y más colaborar.

Que Jorge es compañero.

Es un compañero.

Quería un taxi adaptado para el Mercado Central.

Voy a Atocha.

Cuanto antes. Gracias.

Hombre, Rafa. -¿Te vas de viaje?

-Un amigo ha tenido un accidente, voy a Atocha.

-Lo quiero hoy. -No.

Dame tres o cuatro días y ya te lo doy.

-Si no, lo pagará tu piba.

-¿Estás bien, cacahuete?

-Sí. -Si, ya. ¿Y el pavo ese?

(SUSPIRA)

¡Ya era hora! ¿Dónde estabas?

Date cera, tienes trabajo.

Las reservas de comerciantes y clientes para comer.

¿Quieren comer hoy? Claro.

-Espabila, te van a faltar manos.

-Hemos ido montando las mesas, espero que te guste.

Sí, sí. ¿Sí?

-Danos una carta, vamos pidiendo. -Sí, eso.

-¡Venga, chaval! ¿Qué hay hoy de comer?

¿También quieres comer? ¿Hay algún problema?

No, ninguno, siéntate.

La carta, chicos.

Enseguida estoy con vosotros.

Los solomillos. Que le gusten, ya me contarás.

-¿Cómo se puede ser tan miserable?

Saber dónde estaba el niño y no decirlo para dañar a Cristina.

¿Se puede caer más bajo?

-No me siento orgullosa, ya le pedí disculpas.

-Tú eres mala persona. Mala y envidiosa.

Eres feliz cuando haces daño a los demás.

Pero no permitiré que le amargues la vida a Cristina ni a nadie.

Qué vida tan triste la tuya.

-No sabes cómo es. -Carmen.

Te lo dije: no se lo cuentes.

-Nicolás.

¿Tú lo sabías?

¿Y no me dijiste nada? -A ver.

No te dije nada para no empeorarlo, lo hecho, hecho está.

Al final no pasó nada.

-Puede que a vosotros dos, pero ¿sabes lo que he pasado yo?

¿Y lo que ha pasado Cristina?

-Ya me he disculpado, no sé qué más hacer.

-Tú me das asco. -Eh, vamos a calmarnos.

No se nos vaya de las manos.

Tenemos que calmarnos todos y pedirnos perdón.

-¿Todos? ¿Cómo que todos?

Los que tienen que pedir perdón sois vosotros.

-Por ese camino no vas bien.

-¿Yo no voy bien?

Yo creía que tú eras amigo mío, pero ya veo que no.

Un amigo no te apuñala por la espalda.

¿Y qué pedimos? No entiendo la mitad.

Yo te lo traduzco.

Tenéis que pedir la tortilla de bacalao.

Está espectacular.

¿Lo tenéis claro? Un momentito.

Enseguida le atiendo.

No sé qué ha pasado hoy.

¿Están locos por mi comida? Les pasará como a mí.

Queremos que nos compres.

Ya. Si nos tenemos que gastar

unos euros más, lo haremos.

Vale, entendido.

Muchas gracias. -Bueno.

Teníamos que haberte apoyado mucho más y mucho antes.

Estoy encantada de tener un restaurante sofisticado.

Yo no puedo pedir más.

Soy yo el que tiene que disculparse.

No debí comprar nada fuera y no volverá a ocurrir.

-Yo no te volveré a tratar como a un cliente más.

A los buenos, se les hace descuento.

¿Descuento?

Esa es buena, Valeria.

Puedo hacer descuento a los que trabajan aquí.

Ya sé lo que quiero.

¿Tomas nota? Sí.

Sentaos donde queráis, os atiendo.

Dime.

Espera.

-¿Cómo se puede ser tan ruin, rastrero?

-No me lo tomo como personal porque soy un adulto.

-¿Yo no soy adulto?

-Con reproches, no arreglaremos las cosas.

-¿Quién te dice que quiera arreglarlas?

-¿Entonces qué quieres?

-Lo que quiero es decirle a tu mujer que es una miserable.

Y que tú...

Eres un encubridor sin espina dorsal. ¿No le dijiste que no estaba bien?

-¡Porque no lo sabía! -No, no.

Porque eres un calzonazos. -¡Ah!

-Nunca le has plantado cara.

-Eso no me lo dices a la cara.

-Te lo acabo de decir.

-Dímelo otra vez. -Ya está.

-¿Qué? -¿Qué de qué?

-¿Que te diga qué? -Has empezado tú. ¿Qué?

-¿Qué te digo? -Lo que quieras, payaso.

-Tú. -¿Cómo?

-Uno malo. -Mira...

-Se acabó. A la pizzería.

Ya está.

A lo tuyo, va. -(GRUÑE)

-Esto no acaba así.

-Cuando quieras. -Ya.

-No, es que... -¡Lamparilla!

-¡Porque está aquí Carmen! -Bueno, bueno.

-¿Yo, calzonazos?

Uno que ha vuelto después de ponerle los cuernos.

-Ya está, déjalo, cariño. -No sabe con quién está jugando.

-Ya, mi amor, ya. Ya pasó.

Me alegra haber solucionado las cosas con Jorge.

Es verdad, no fuimos muy justos con él.

Tener un cocinero tan bueno en el Central está muy bien

y no lo valoramos. Es verdad.

Estaba buenísimo.

Y no nos ha salido tan caro. No.

Por cierto, te has enterado, ¿no? ¿De qué?

Que te lo cuente él mejor,

no soy quién para pregonar la vida de nadie.

Ah, ¿te refieres a lo de Elías y Ágata?

Me lo ha contado Germán.

Pues sí. ¿Tú estás bien?

¿Yo? Claro que sí.

Hace tiempo que dejaron de importarme sus líos.

Me enteré porque arregló las cosas entre Elías y Jesús.

Qué mona, ¿no?

Está bien que intente velar por la paz familiar.

Mejorando lo presente, no es mal partido para Elías.

Es una chica encantadora y muy educada.

Ha hecho buenas migas con Carmen.

¿Sí?

¿Y qué le ha contado?

Dice que es una chica muy discreta.

No le gusta hablar de su vida privada.

Pero ha tenido un currículum amoroso movidito.

Tenía una de esas relaciones tóxicas

que le ha costado mucho dejar, estaba muy enganchada.

¿Y esa relación tóxica es muy reciente?

Muy reciente.

Dice Carmen que ese hombre, su ex, la ha freído a llamadas hace días.

¿En serio? Sí, claro.

Mucho te interesa este asunto.

¿A mí? Para nada, faltaría más.

Bueno. Qué va.

(Mensaje)

"¿Seguimos charlando?"

"No contestas."

"No estás por la labor."

"Una pena, me vendría bien desahogarme."

"No he tenido un buen día."

"No había visto tu mensaje."

"No hay problema, Abigail, estoy dispuesto a escuchar."

"Quiero decir, a leer."

"Gracias por leerme-escucharme."

"No está siendo un día fácil."

"¿Qué ha pasado?"

"Tengo un rato libre, desahógate."

"La vida de una fotógrafa que viaja es complicada."

"¿Por dónde empiezo?"

"Por el principio."

"Es lo mejor."

"Mi vida transcurre entre aeropuertos."

"No suelo dormir más de una semana en el mismo hotel."

"Eso está muy bien."

"Me parece una vida muy interesante."

"Hay una cara y una cruz."

"La cara es viajar, conocer culturas."

"Pero luego está la otra realidad de estos países,

la que no se ve en las guías, y a eso me enfrento

cuando después de un día duro regreso sola al hotel."

"A toda esta realidad, se unen los fantasmas del pasado."

"Pese a estar todo el día rodeada de gente, me siento sola."

"Estuve casada, pero no salió bien y él se marchó."

"Y hay alguien ahí, pero, por mis idas y venidas,

no es posible que haya nada entre nosotros."

Adela, ¿para qué me has llamado?

Quédate aquí, ahora lo verás.

¿Ver el qué? Ágata.

¿Qué le pasa? Está a punto de salir.

Ha quedado con su ex a las cuatro, aquí mismo, no se corta.

¿Y qué? ¿Yo tengo que ver eso?

Quiero que veas en manos de quién acaba tu dinero.

Mi dinero se lo di a Ágata para la residencia de su madre.

No dudo de ella.

Ya. Mira.

Ahí viene tu maravillosa novia.

Hola. ¿Qué hacéis aquí? Trabajamos aquí.

Ágata...

¿Has quedado aquí con tu ex para darle el dinero que te di?

No te hagas la tonta.

Te escuché hablar por teléfono y te pedía dinero.

Era tu ex, ¿no?

Lo mismo seguís juntos, no sé.

Has quedado con él, nos lo presentas y se aclara todo.

-Ágata.

-Hola, Emilio.

Diles a estas personas quién eres.

-Tu hermano.

-No lo está pasando bien.

Hace unos meses perdió el trabajo en la tienda de móviles.

Está un poco justo de dinero, en la llamada le dije

que no le voy a prestar un euro más,

bastante tengo yo con pagar la residencia de mamá.

¿Es así o no es así?

-Así es. Emilio.

Soy Elías, el jefe de tu hermana.

Encantado, Matías. Elías.

Perdona, es que no oigo bien.

Perdón...

¿Tomamos una cerveza? Venga.

-Espéranos allí.

-Vale.

Ahora vamos.

Bueno, puede que sea tu hermano.

Si tan mal vas de dinero,

¿cómo vives en la calle Serrano? ¡Qué barbaridad!

No, a ver.

Yo vivía ahí con mi ex.

Y ahora busco algo más barato.

Al separarme, no me lo puedo permitir.

Yo la ayudo.

Llevamos días buscando.

Yo no voy contando mi vida por ahí.

Es mía y a nadie le interesa.

Pero no escondo nada.

¿No? No.

Entonces podrás decirnos dónde está tu madre.

Porque no está en Aranjuez.

¿Cómo que no?

Fui a comprobarlo.

Que estaba en Los Jardines de Aranjuez.

Allí no hay ninguna Sra. Vallejo.

No te habrán dado el nombre por la protección de datos.

Ya, claro.

Espera, eso que me has contado,

una amiga con un padre que busca residencia,

¿la has inventado para acosar a mi madre?

¿Te has vuelto loca?

Si confías en ella, que nos demuestre que está allí.

Esto es el colmo.

No me importa.

¿Cómo? Mejor para todos.

Está bien, está bien.

¿Puedo? Claro.

(MUJER) "Los Jardines de Aranjuez." -Trini.

Soy Ágata Solís, la hija de Antonia. Llamaba para preguntar por mamá.

-"Aquí la tenemos, viendo la tele con las amigas."

"¿Le decimos algo?"

-No, quería saber cómo estaba, la he encontrado más decaída.

Dale un beso de mi parte.

Gracias, Trini. -"A ti."

-Adiós.

¿Qué? ¿Contenta? A ver.

Seguro que... No vamos a ver nada, se acabó.

Es que no... Para.

Ya has hecho bastante el ridículo, por favor. Y otra cosa.

Lo del dinero.

Lo he repuesto, por si tienes algo más que decir.

Ágata.

Lo siento, no debí dejar que esto siguiera.

No pasa nada.

No pasa nada. Bueno, ¿vamos con tu hermano?

Por favor.

No tengo que preocuparme por tu padre.

Él quiere eso, ¿no?

Si se quiere pegar el hostiazo, él solo, no es cosa nuestra.

-Te pagamos por trabajar y llevo más de una hora esperándote.

-Todos pensáis que lo vuestro es lo más urgente.

(Mensaje)

No me gusta en quién me he convertido.

Quiero dejarte libre.

Te presento mi dimisión como presidenta.

No he desconfiado de ti.

Me dejó intrigado lo de tu ex.

Basta de hacernos la vida imposible a mamá, a mí, a David.

-¿A David?

-Quería hablarte de Samu.

-No entiendo nada. -Creo que tienes que saberlo.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 209

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Mercado central - Capítulo 209

05 ago 2020

Ágata hace creer a Adela que ha quedado con su ex para darle dinero. Cuando Adela la confronta ante Elías, Ágata la deja en evidencia desmontando todas sus sospechas y presentándoles a la persona con la que se ha citado: su hermano.
Valeria reprocha a Jorge que, ahora, compre la carne fuera del mercado. Lorena defiende a su novio y Valeria, tocada, se redime consiguiendo que Jorge tenga el bar lleno a la hora de la comida.
Carmen confiesa a Cristina que entretuvo al niño para que estuviese más tiempo desaparecido. Paolo, indignado, abronca a la Pacheca y Nicolás sale en defensa de su mujer.
Jorge discute con Celia por culpa de Nacho y, sin saberlo, termina chateando con ella a través de la web en la que se apuntó Alberto.
Samuel, para decepción de Carla, va a huir a Málaga, pero un jugador al que debe dinero lo amenaza.
 

ver más sobre "Mercado central - Capítulo 209" ver menos sobre "Mercado central - Capítulo 209"
Programas completos (251)
Clips

Los últimos 412 programas de Mercado Central

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios