Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 208 - ver ahora
Transcripción completa

Enhorabuena, crac.

No dejas pasar una oportunidad de apuntarte un tanto con el abuelo.

-Eres alucinante.

Dejas colgado a tu padre, ¿e intentas echarme mierda a mí?

Eres un miserable.

-¿Y cuánto dinero necesitaría para ir sin agobios?

-Unos 1200 euros más o menos.

-Pues dile que cuente con 1500.

-Debo pedirte un favor.

-Dime.

-Mejor no le digas a Carla nada.

-Carmen, ¿no crees que estás sacando las cosas de quicio?

-No es la primera.

Fue con Elías al ayuntamiento a por una subvención.

¿Te ha avisado? A mí tampoco.

-No nos volvamos locos, ¿qué vas a hacer?

-¡Pedrito!

¡Pedrito!

Pedrito, ¿dónde estás?

Ay, Pedrito.

-Fuiste al hospital.

¿Por qué me mientes en una cosa así?

-Pues para no preocuparte. Si no tenía importancia.

-¿Cuándo te dicen algo? -Dentro de unos días.

-Ya te estás quitando ese comecome de la cabeza.

Estoy convencida de que va a salir bien.

-No creo que a Jona le haga mucha ilusión verme por allí.

Samu dice que está saliendo con otra chica.

-Siempre tuve un plan B,

pero como estabas tan empeñada en ir a Málaga, pues...

-¿Sí? ¿Un plan B?

-Orihuela.

No tienes vergüenza.

Le amargas la vida a Rosa y a Noa,

y no pararás hasta conseguir que se vayan.

-¿Que se van?

¿Cuándo pensabais contármelo? ¿O es que no me ibais a decir nada?

-No sé de qué hablas. No nos vamos a ninguna parte.

(NACHO) ¿No? -No.

-Pues qué disgusto se llevará tu prima Leticia,

porque os está esperando en Orihuela.

La escuché hablar por teléfono y le pedían dinero,

cuando tu padre le dejó 10 000 euros

de la cuenta de la empresa para pagar la residencia.

Mucha casualidad, ¿no?

-Pues sí, mucha.

Pues eso. Que yo no me chupo el dedo.

Quiero sus datos, a ver si es de fiar.

Yo... no te he dado nada.

-Sírveme esa copa por lo menos, anda.

Vale.

"Resulta que vive en la calle Serrano".

Explícame cómo una dependienta vive en la zona más cara de Madrid.

-Pues no sé.

Pues no pienso parar

hasta descubrir qué esconde esa encantadora de serpientes.

Y espero hacerlo antes de que tu hermano pierda la cabeza del todo.

Quizá es demasiado tarde.

(DAVID) Dicen que os mudáis. Estarás contenta.

Al menos vosotras os libráis de tu padre.

Si os vais, quizá se vaya. -No nos vamos. No nos vamos.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

-Que mi padre se ha enterado de adónde vamos

y dice que va a seguirnos.

-Podéis ir a otro sitio.

-¿Adónde, David?

¿Adónde?

Vayamos donde vayamos, tendremos la angustia de que nos encuentre.

Si es que esto no va a acabar nunca.

-¿Sabes lo mal que está Noa por tu culpa?

-¿Qué dices? -Está en el almacén llorando por ti.

-¿A ti que te ha dado? -¿Por qué has vuelto?

¿Por qué no te vas a otra parte y nos dejas en paz?

-Ahora trabajo aquí, os guste o no.

-Te tienes que ir. David, ¿qué pasa?

Ni Noa ni Rosa quieren que estés.

-Lo que haga mi familia no te importa.

-No sois una familia.

Una familia es un grupo que se apoya y se quieren,

pero tú no las quieres ni las cuidas, haces lo contrario.

Vale. Nacho, vete por favor.

-¿Qué dices? Vino él a tocarme las narices.

¡Que te vayas! ¿Qué miras?

¡Que qué miras!

Vamos a calmarnos. -¡Nacho!

-Hablamos en casa. -¡Suéltala!

-No se te ocurra. ¡Que la sueltes!

(NACHO) A mí no me vais a callar.

(ROSA GRITA)

Vale, cariño, ya está.

Hijo, ya está. David, respira.

Inspira por la nariz y espira por la boca.

Como hacemos siempre.

¿Vale? Venga

Mira, Nacho, o te vas por las buenas

o llamo a la Policía.

Ya está, mi amor.

¿Estás mejor?

Venga.

Venga, mi chico. Ya está.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra # en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos, # con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Estás mucho mejor, ¿verdad que sí?

Venga, vamos. -No es justo lo que hace Nacho.

Rosa y Noa no se van a ir

porque les ha dicho que las seguirá siempre.

Es un hombre horrible y nunca se van a librar de él.

Cariño, creo que lo mejor es que dejes de venir al mercado.

No puedes pasarte la vida en tensión,

con esta ansiedad todo el rato. Ya hablamos de eso.

No me ibas a proteger.

Sí, ya sé que lo dije, pero tu salud es lo primero.

A partir de ahora me quedo en el puesto.

¿Y cuándo terminarás la novela?

Cariño, no sé, ya me las arreglaré. Tú no te preocupes por eso.

Pero... Pero nada, David.

No vamos a volver a hablar de esto.

Ahora, haz el favor de pedirte un taxi

e irte para casa. Venga.

Venga.

Una copita de vino, ¿no? -¡Uh! No, no puedo.

Debía estar en el puesto hace tiempo.

Vale, pero no creo que tu jefe te riña por llegar tarde.

Uno de ellos a lo mejor no, pero el otro no sé yo.

Tranquila, no suele venir y he echado la llave.

No puedo dejar que te vayas después de la declaración que has hecho.

No ha sido una declaración de amor. Ah, ¿no? Entonces, ¿de qué era?

De intenciones.

¿Por qué te da vergüenza?

Reconócelo.

Yo te lo he dicho, a mí me pasa lo mismo que a ti.

Y no me importa en absoluto reconocer

que me estoy enamorando de ti.

Es más, me parece hasta sano decirlo.

¿No me crees? A que abro la ventana y lo grito.

¡Que no, que no!

Es pronto. Prefiero seguir siendo discretos, ¿vale?

Me encanta que seas discreta.

Y que no lo seas, más.

(Timbre)

(GERMÁN) Papá, ¿qué haces? ¡Abre!

-Mierda.

(Timbre)

Escóndete. Escóndete ahí, que yo le entretengo y te vas. Ve.

¡Ya va!

-¿Qué haces con la puerta cerrada?

La puerta esta va mal desde Velasco,

que la forzó un par de veces.

Esta cerradura hay que cambiarla casi seguro, vamos.

Eh... Qué rápida ha sido la comida, ¿no?

(GERMÁN) No, no ha sido, porque me la han cancelado.

Ah. Pero he visto a mamá...

Y me ha hablado de Ágata.

¿Y qué le pasa ahora a tu madre con Ágata?

Está mosqueada, papá, porque no se fía de ella.

Mira, tu madre no para de malmeter con Ágata

porque, ¿sabes qué le pasa? Que está celosa.

Ay, por favor... ¿Puedes dejar tu vanidad de machito?

Mamá tiene razón, esta tía no es de fiar.

Te ha pedido 10 000 euros que, por cierto, no has devuelto,

¿para qué? Para la residencia de su madre enferma, ¿no?

¿Sabes dónde vive? En plena calle Serrano.

Por no hablar del bolso que lleva.

Cuando tu madre y tú os ponéis, sois dos marujas.

A ver si te enteras, el bolso es de imitación

y ya no vive en Serrano, se mudó a un piso más barato.

Y lo de la pasta que le debe a no sé qué persona,

¿cómo lo explicas? ¿De qué estás hablando?

Mamá escuchó a Ágata hablar por teléfono

y debe pasta a alguien.

Me temo que los 10 000 euros

no son para su madre enferma, sino para la deuda.

A saber qué habrá oído tu madre o qué habrá querido oír.

No voy a desconfiar de una empleada.

Ágata es muy profesional y es leal.

¿Ya? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

Sí.

Madre mía, papá, esa mujer te está cegando.

Tienes unas cosas... De verdad.

-¡Pedro! Ay, Pedrito, ¿dónde estás?

Pedro... Celia, ¿has visto a Pedro? ¿Qué Pedro?

Un niño de la ludoteca, que no lo encuentro.

¿Estaba contigo? Sí, pero fui a darle los juguetes

y no estaba. Vale.

¿Has mirado en los puestos? Sí, pero es muy pequeño

y se habrá escondido.

Debí estar pendiente del niño. Cálmate, Cristina.

¿Y si le ha pasado algo?

Cristina, por favor, con nervios no vamos a ningún lado.

Ese niño es un trasto.

Seguro que está jugando al escondite o algo.

Vamos a hablar con Samu, que lo llame por megafonía.

Sí, vamos.

(NICOLÁS) ¿Qué es tan urgente, el motor de la cámara frigorífica?

-¿Qué motor? ¿Has visto como está el almacén?

Parece el cuarto de un adolescente, a limpiar.

-No es para tanto, luego lo ordenamos.

-No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

-Me parece estupendo que te sepas el refranero popular,

pero debo limpiar un desastre que ha hecho un niño en los baños.

Ha dejado todo perdido.

Papel higiénico por todos los lados, pintura...

Un desastre.

Y un váter atascado, un sin Dios. -¿Cómo que un niño?

-Pues un niño. Yo creo que el hijo de la chica

que compra a Celia y a nosotros, ¿sabes quién?

-Creo que sí. -Pues ese, un trasto.

Se lo he dicho: "Pero ¿qué haces ahí,

lo estás poniendo todo perdido. Vete con tus padres".

-Los niños ahora están mal educados. Venga, a recoger.

-Pero rápido, luego tengo que hacer lo otro.

-Es un momentito, hombre.

-¿Qué tal esa cerveza? Me está entrando de maravilla.

La necesitaba. ¿Un día duro?

Duro no, lo siguiente.

He salido a tomar el aire porque que no aguantaba más.

Hablemos de cosas más gratificantes.

¿Cómo va el tema de Románticos.com, alguna novedad?

Sí, bueno. He chateado.

Se dice así, ¿no? "He chateado". Sí.

¿Y? ¿Alguna chica que te haya motivado?

No sé.

¿No sabes? No sé.

¿El qué no sabes?

No sé. Bueno, pues que algún mensaje me ha gustado, sí,

pero ahora no me acuerdo.

De memoria, no... Tendría que mirarlo en la página.

¿Me pongo a ello? ¿Ahora?

Sí. No, mejor no. Ahora no

Nadie se va a dar cuenta. Dale.

Dime tu "nickname".

El hombre tranquilo.

Muy apasionado. Sí, señor.

¿Qué mujer no quiere estar con un hombre tranquilo?

Lo mismo pensé yo. Claro.

Y la película, que me gusta mucho, por eso lo puse.

Alberto, estás intentando ligar.

Un poco de "punch", algo de picante.

No sé, haberte puesto... El hombre salvaje.

El hombre salvaje... Me va que ni pintado a mí.

Trae, que la contraseña la pongo yo.

Ya está.

Mira, por ejemplo, esta chica... Bien.

Le gusta la escalada, la música, el teatro...

¿Eh? tiene sentido del humor, no comete faltas de ortografía...

¿Y por qué no te lanzas? ¿Qué? Lee más abajo.

No le gusta la cerveza.

Es como meter al enemigo en casa. Ya.

Alberto, estás un poquito quisquilloso,

también te digo, y así vamos regular.

Esta está muy bien, Abigail. Es interesante.

No, hemos terminado. Yo no vuelvo a chatear con ella.

¿Por qué?

Se pasa la vida viajando.

¿Y dónde está el pero? No es problema.

Tendrá una vida interesante, anécdotas que contarte.

Más que la nuestra, todo el día ahí metidos.

Me parece muy bien, pero no es lo que busco.

Y luego me avisa de que nunca nos vamos a conocer físicamente,

que solo nos comunicaremos por Internet.

Qué quieres que te diga, no me interesa.

Yo quiero estar con alguien en todos los sentidos.

-Hola.

Hola. -Hola.

Uy, esa carita.

¿Va todo bien? Me voy a recoger.

¿Algún problema con...? -No, todo bien por aquí dentro.

Eh... Mi hermana, que al final no se van a Orihuela con mi prima.

¿Y adónde se van entonces? Se quedan aquí.

Piensan que Nacho las va a perseguir allá donde vayan

y han decidido que es mejor quedarse en casa.

Debemos estar preparados para protegerlas y vigilarlas.

Sí, sí. No, no. Desde luego. Vale.

Me voy a la tintorería, que tengo un traje allí.

Vale. Te quiero

Y yo a ti. Luego te veo.

Alberto, se me han pasado los diez minutos volando.

Apúntame la cerveza, ¿vale? Luego seguimos con Románticos.com.

-No, no. O sea, dejo la página.

Pero ¿por qué?

Jorge, o sea, voy a calzón quitado.

Eh... Os he escuchado. Lo siento, pero os he escuchado.

Sabes que me metí en esto sin convicción.

A mí quien me gusta es Rosa, Jorge.

Y que no se va.

Y yo ahora vuelvo a tener esperanzas y...

Y que voy a lanzarme.

¿Que vas a lanzarte? Mira el hombre tranquilo.

Pues ¿sabes que te digo?

Que me parece muy bien. Claro que sí.

Lo dicho. (CARRASPEA)

Nos vemos, hombre tranquilo.

-¡Pedro!

¿Habéis visto a Pedro?

-¿A quién?

-Al hijo de la mujer que está todo el día en el mercado.

-Llevamos mucho tiempo aquí, recogiendo,

y no hemos visto niños.

(NICOLÁS) Yo lo he visto hace un rato en los baños.

Y no veas la que ha liado el angelito.

-Igual está allí. (NICOLÁS) No sé.

Yo lo vi allí, pero no sé si seguirá. ¿Por?

-Estaba en la ludoteca, desapareció y no sabemos dónde está.

-No sé si seguirá allí, la verdad.

Lo enguarró todo y le eché la bronca, claro.

-Pues voy a ver si está en los baños.

-Hala, pues ya está, misterio resuelto.

(NICOLÁS) Carmen.

Dime que tú no sabías que el niño estaba perdido.

-Hombre, nada, nada... Es relativo.

Me entero de lo que me entero.

Me lo contó Trini, la pollera.

-¿Y por qué no me lo has dicho? Podríamos haber ido a buscarlo.

¿Qué hago? No es mi problema.

-¿Te has callado para que no lo encontraran?

Vamos a ver, céntrate.

Aquí la movida es que Cristina ha perdido un niño.

-¿Es que no te das cuenta, Carmen?

Lo pueden atropellar. Y entonces, ¿qué?

Una desgracia, hombre. Y tú calladita.

-O se lo pueden llevar los extraterrestres, alarmista.

-Un poco de seriedad. Te lo pido por favor, Carmen.

-Yo soy seria. La que no es seria es Cristina.

Se mete en las cosas sin medir las consecuencias

y pasa lo que pasa. -Bueno, vale ya.

¿Es por fastidiar a Cristina?

-Ha perdido a un niño.

He omitido parte de la información para darle una lección a Cristina,

alguien tiene que dársela.

O mañana vendrá con otra iniciativa. -Bueno, ¿Y qué?

¿Qué problema hay en tener iniciativas para mejorar el mercado?

Te da coraje que las ideas son suyas, no tuyas.

Se te ve el plumero. -Vale.

Igual me he pasado, lo reconozco,

pero Cristina tiene ideas de bombero.

Que ha perdido a un niño. Le viene bien una dosis de realismo.

Y de esto ni una palabra, ¿eh?

-No. Vamos a ir a buscar al niño y se lo devolvemos a la madre, ¿eh?

Deben estar asustados, empezando por el crio.

-A Cristina ni una palabra de mi omisión de información.

-¿Y qué ganas con eso, Carmen?

-No, la pregunta es: ¿qué pierde Cristina?

-Anda, anda, tira para el mercado.

A ver si encontramos al crio antes de que pase algo.

(Puerta abriéndose)

(SAMUEL, MEGAFONÍA) "Si ven un niño..."

-¿Ha visto a un niño?

-"...que lo lleve a la ludoteca, por favor".

¡Ay! ¡Cristina! -¿Qué?

Nada, hija, ni rastro.

Ay... Viene la madre de Pedrito, ¿qué le digo?

Espérate. A lo mejor funciona la llamada por megafonía.

¿Y si no se ha escondido, Celia? ¿Y si se lo han llevado?

Lleva mucho tiempo desaparecido.

¿Dónde vas? Llamo a la Policía.

-Espera, espera. -¿A qué voy a esperar?

-La madre ya tiene al niño.

Ay, Dios. -¡Gracias a Dios!

¿Dónde estaba? ¿Está bien?

-Por aquí, por allí... Estaba escondido en los baños.

Nicolás está arreglando la que ha armado la criatura.

-Si le pasa algo, me muero.

-La verdad es que...

A ver cómo te lo cuento. -Gracias, Carmen.

Me has salvado la vida, gracias.

-No ha sido nada, mujer. Me alegro mucho.

Yo también. Pero vamos, hay que tener más cuidado.

-Sí, lo sé. Me merezco todas las pullas.

Lo de la ludoteca es una idea desastrosa.

-La idea no ha sido mala, sino la organización.

No se pueden hacer cosas sin mirar las consecuencias.

-Carmen, que no. Pero puedo rectificar, ¿no?

-Sí, claro. Lo que no sé es cómo.

-Quitando la ludoteca.

Pero, Cristina... Que sí, que sí.

Mira, de verdad, que...

Yo que sé.

-Que sí que yo te acompaño, cuenta con ello.

-Pasa, hombre, pasa. (GERMÁN) Venga, un beso.

(Puerta cerrándose)

Perdón. Mi abuelo tiene movida con el banco y...

¿Tienes un minuto?

-Sí.

-A ver, le he dado muchas vueltas y no quiero que pase más tiempo.

-German, te lo agradezco, pero somos amigos y estoy con Carla.

-Te estoy hablando en serio, Samu. -Vale.

He hablado con Carla.

Se preocupa por ti

y me preguntó si sé qué te pasa. -¿Otra vez?

Está todo el rato preguntando lo mismo.

Salí con Quique, no pude avisarla y llegue tarde, ¿qué pasa?

-No, nada. Pero hablé con Alberto y dice que Quique no sale de farra.

¿Qué eres, detective? ¿Me estás llamando mentiroso?

-No, no, qué va.

Te comento lo que dice Alberto. Pero si te picas, es por algo.

Carla me ha dicho que, de repente, estás encantador,

de repente, te pones de mala leche...

-No me hagas perder el tiempo, por favor.

-Has seguido jugando, ¿no?

-¿Qué seguir jugando?

-Júrame por tu madre que no has vuelto a jugar.

-German, déjame en paz.

-¿Cuánto has perdido?

-Lo he intentado.

Germán, te juro que lo he intentado, pero...

Quique vino a pedirme un favor... y se me fue la olla,

y aposté el dinero que tenía con Carla.

-¿Qué? -Lo he intentado solucionar.

Y ha sido peor, porque me he quedado sin nada.

Hasta el dinero que me dejó mi abuela.

-¡Mierda!

Te lo dije, tío. ¡Te lo dije!

-Ha sido un error, tío. Ya está.

-Samu, tienes un problema.

Cuanto antes lo reconozcas, antes podrás solucionarlo.

No tengo ningún problema. -No, qué va.

Solo la cuenta en números rojos.

Mira, Samu, te voy a ayudar, ¿vale? Y estoy seguro de que Carla también.

-Sí, ayúdame. Déjame la pasta, pero no se lo digas a Carla.

-Ya. Y luego ¿qué? ¿Lo vas a perder con otra excusa?

-Que no, de verdad. Te juro que he aprendido.

-Por favor, Samu...

¿Me vas a dejar tirado?

Somos amigos y te sobra el dinero. -El dinero no es el problema.

Si te lo presto, no te ayudo con el problema y te hundirás más.

-O sea que no me vas a ayudar.

Sí. Sí te voy a ayudar, pero no con dinero.

Y es por tu bien.

-Vete a la mierda.

-Solo una cosita más, ¿vale, tío?

Si no quieres perder a Carla, habla con ella y cuéntale la verdad.

(Puerta cerrándose)

-Rosa, ¿podemos hablar un momento?

-Pues ahora no tengo a nadie en la terraza,

así que me puedo tomar un descanso.

Si me acompañas a tirar esto... -Claro.

-¿Sí? -Sí, claro.

-¿Pasa algo? -No. O sea, sí.

Eh... Bueno, que me he enterado de que al final te quedas.

En realidad, se lo he oído a Lorena que se lo decía a Jorge.

Escuchar conversaciones ajenas no está bien, lo siento.

-No te preocupes, porque tampoco es un secreto.

Sí, hemos decidido quedarnos.

Y espero no estar cometiendo un error.

-¿Por qué?

-Porque no me hace ninguna gracia vivir cerca de Nacho.

Por eso nos queríamos ir, ¿sabes?

Pero bueno, aquí está mi familia están mis amigos...

Gracias.

Y eso también cuenta. -Claro.

Yo quiero decirte que...

Que me alegro de que al final te quedes.

-Gracias.

¿Esto es de lo que querías hablar? -Sí.

-Ah. -Ajá.

No, no, no.

A ver, Rosa, yo...

Yo ya tengo una edad en la que intento

que el tiempo se me escape lo menos posible de las manos.

Y voy teniendo claro, pues qué quiero y qué me gusta y...

Y, cosas de la vida, pues... que tú me gustas muchísimo.

Supongo que se me nota, ¿no? Porque...

a veces me quedo embobado mirándote.

Y, sobre todo, que no puedo evitar

querer estar a tu lado el mayor tiempo posible.

Yo...

quisiera saber si te gustaría, pues que nos conociéramos mejor.

Y ver qué pasa.

Si dices que sí, será maravilloso,

y si me dices que no, me dolerá, pero... pero lo aceptaré.

-Es que no puedo ahora, Alberto.

-Ya. Es que tampoco sé yo declararme.

-No, que no es por ti, de verdad.

Es por mi situación personal.

Está mi ex, Noa está en medio...

Han pasado muchas cosas que tú no sabes.

Estoy intentando superar todo esto,

pero no me siento con fuerzas para empezar una nueva relación.

Lo siento.

-Claro.

Soy muy burro. -No eres burro, por Dios.

-Sí, lo soy. Olvida lo que he dicho. -No quiero olvidarlo,

me gusta mucho estar contigo, Alberto.

Creo que eres... un buen hombre.

Que eres una persona interesante. Eres un poco raro...

Pero...

No puedo.

No puedo darte ahora lo que tú necesitas, ¿sabes?

Quizá más adelante, con algo de tiempo,

si las cosas cambian, podríamos...

Bueno, eso en caso de que no te canses de esperarme

y no aparezca alguien especial en tu vida.

Si es así...

pues me dolerá, pero lo aceptaré.

-Me parece muy bien todo lo que dices.

¿Amigos?

-Amigos.

Perdóname, Alberto.

-Rosa...

Rosa...

-¿Qué pasa contigo, Nacho?

¿Qué pasa, vas a espiarme detrás de cada esquina?

¿Por qué no te vas y me dejas en paz?

-Déjalo, Rosa, no merece la pena.

-Es muy injusto, ¿sabes? -Ya, pero no entres en su juego.

-¿Dolor de cabeza?

Sí, un poquito.

No me extraña, hoy no ganamos para sustos.

Me refiero a lo del niño. Ah, sí.

Menos mal que ha aparecido sin ningún rasguño.

Es curioso, ¿verdad? Cuando somos niños

solo damos quebraderos de cabeza a los padres,

pero cuando se hacen mayores la cosa cambia.

Ya...

Por cierto,

¿tu amiga encontró residencia? No.

Me ha dicho que todas le parecen un caos, con falta de personal...

Vamos, que ninguna le convence.

Está desesperada. No me extraña.

Le he dicho que mire por la zona sur,

donde tu madre, pero no me diste detalles.

Ah, ¿no te dije?

Está en Jardines Aranjuez. En Aranjuez, claro.

Pero a estas alturas no creo que encuentre plaza.

Está muy solicitada. Bueno, gracias, se lo diré igual.

Seguro que le viene bien esa información.

Bueno, Adela, me voy al puesto. Buen día.

Gracias.

Los Jardines de Aranjuez. -Hola.

¿Qué tal con Ágata? Bien, normal. Ven, acompáñame.

¿No le habrás dicho que sabes que ella y Elías...?

No, no, no.

No voy a darle el gusto de que piense que estoy celosa, qué va.

Solo estaba sonsacándole la residencia donde está su madre.

Tú... ¿sigues en plan detective Colombo?

A ver, tengo la dirección.

Se llama Jardines de Aranjuez. Espera.

Toma, la planta que me pediste.

Así que un ratito voy a verla. ¿Que vas a...?

¿Y para qué vas a ir ahí, Adela?

Porque voy a comprobar si hay una señora Vallejo.

Y si la hay, también confirmar si Ágata tiene una deuda realmente.

Si no la tiene,

los 10 000 euros que le prestó Elías

han ido a parar al tío con el que hablaba.

Esta tía... Esta tía es una farsante, ya te lo digo yo.

Y en lugar de plantarte allí, ¿por qué no llamas y preguntas?

Porque por teléfono no me darán la información que necesito.

A ver, Adela, desde el máximo respeto y el cariño que te tengo,

a ti se te está pirando la pinza. No te entiendo, Lorena.

Tú me dijiste el otro día que reuniera pruebas

antes de hablar con Elías, ¿o me lo invento?

No dije que hicieras una investigación.

No debí contarte que están juntos.

Y dale. Quítate eso de la cabeza. No hago esto por celos.

¿Y por qué? Haz que lo entienda, que no lo entiendo.

Pues porque me duele.

Me duele ver como el hombre con el que he pasado más de 20 años

y con el que tengo un hijo

es tan imbécil de dejarse estafar 10 000 euros.

Si Ágata es capaz de hacer eso,

¿qué hará cuando lo tenga a sus pies?

Y eso sin mencionar

los problemas que le dará a Germán con la empresa,

el dinero, su padre... Esta tía ha venido a desplumarlo.

No puedo quedarme quieta, viendo cómo pasa ante mis narices.

(CHASQUEA LA LENGUA)

¿Cuándo tienes pensado ir a la residencia esa,

superdetective en el Central?

En un ratito.

Venga, que te cubro.

Te prometo que voy a tardar muy poco.

-¿Se puede saber qué andas diciendo a los clientes?

-¿Qué te importa lo que diga a mis clientes?

-Mucho, cuando pones a parir mi cervecería.

Me consta que lo estás haciendo.

-Te imaginas cosas.

Tengo cosas mejores que hacer que hablar de tu tabernucha.

-Tengo un testigo. Álex, el chico que trabaja conmigo.

Te oyó decir a mis clientes

que mis productos no son de Comercio Justo.

¿Tú de que vas? -¿Crees a la chusma que contratas?

-Retira eso.

-Yo digo lo que me da la gana.

-¿Esto es por Rosa, porque me ves hablar con ella

y eres de los que piensa que las mujeres son propiedades?

¿A ti qué te importa ya con quién hable Rosa? No es tu mujer.

-Me importa porque has ido tras ella como un buitre.

-Yo no he hecho eso. -¡Sí, lo has hecho!

Todo iba bien hasta que apareciste.

¡Has destrozado una familia! Alberto. Alberto.

Por favor, déjalo estar.

-Sí, será mejor.

-Celia, eres testigo, ¿no?

Este tío vino a buscarme las cosquillas.

Me estaba provocando. No quiero hablar contigo.

Si paré la discusión,

es porque Alberto es un tío muy majo.

¿Y para qué perder tiempo con una persona tan mala como tú?

-Trini, soy Ágata. Ágata Eslis, la hija de Antonia.

Escucha, probablemente pase una señora preguntando por mi madre.

Sí. No, no, no, no. Adela se llama.

Por favor, no le des nada de información.

Es una loca que quiere quitarle los cuartos.

¿Entendido? Mi madre ya no se entera de nada,

y esta gente es capaz de cualquier cosa.

¿Lo has entendido bien?

Vale.

Oye, dale un beso a mamá de mi parte, ¿sí?

Gracias, gracias.

No ha venido nadie esta tarde, ¿no?

¿Y esto? La fruta esta no la compra ni el tato,

y menos con estos precios.

La gente debería saber que hay un motivo para ser tan caros.

Hacerles llegar el mensaje y que se conciencien.

No, en eso no te metas, que no es asunto tuyo.

Si no se venden, no es tu culpa.

Pero no vengo a hablar contigo de eso.

Venía a pedirte disculpas.

Por mi hijo, el comportamiento que ha tenido.

Mi hijo parece que no solo me quiere amargar el negocio,

sino que también me quiere amargar la vida personal.

Pero no lo va a conseguir. Te digo yo una cosa.

A mí, esto de que nos veamos como dos adolescentes,

a mí me gusta.

¿Qué te pasa?

No me haré la interesante fingiendo que no pasa nada,

porque sí pasa, y voy al grano.

Antes, cuando he salido del despacho,

os he oído a ti y a Germán hablar de mí.

¿Y? Pues que no es ninguna novedad

que Adela y Germán no me tragan.

Y yo lo entiendo, ¿eh? Yo en su lugar estaría igual.

Lo que me duele es que creen que soy mentirosa.

¿Y qué más da lo que piensen?

Lo que importa es lo que yo pienso.

Si has oído la conversación entera como dices,

verías que te he defendido.

Sí. Sí, y te lo agradezco mucho.

Pero no es agradable saber que los De la Cruz están contra mí.

No, todos no, ¿eh?

Uno, Adela no es una De la Cruz,

y dos, Germán, dale tiempo y verás cómo se cae del guindo.

¿Y si no cae? Bueno, pues me da igual.

A estas alturas, un niñato no me dice qué debo hacer.

(JESÚS) Perdón.

Necesito hablar con mi hijo.

-Claro.

Tu dirás.

-Pues he estado hablando con Fernández.

¿Qué Fernández?

El director del banco.

Mauro. Mauro, ¿qué Fernández? Mauro. Lo llamas por el apellido...

¿Y por qué vas solo? Quedamos que íbamos los dos.

También quedamos en que me acompañabas al médico

y me has dejado tirado. ¿Otra vez?

He preferido ir con Germán.

Ya he visto que contigo ni puedo ni quiero contar.

Papá, ¿hasta cuándo vas a echarme en cara

que no te pude acompañar al médico?

Venía a informarte de que he arreglado lo del seguro.

Así que no vayas a Mauro con eso.

Y a partir de ahora, lo lleva Germán.

Oye, papá...

He quedado con mi mujer para tomar algo.

En ella puedo confiar.

Y en Germán.

Por cierto, Elías,

devuelve el dinero.

-Quería hablar contigo. Lo que ha pasado...

Mira, Alberto me provoca porque se le cae la baba con Rosa, ¿vale?

Se presenta aquí y... No sé.

No es asunto mío, de verdad que no.

Nos conocemos poco, pero sé que eres periodista.

Por eso debes saber que todas las historias

tienen más de una versión.

Entiendo que David se pusiera así conmigo,

y que tú te pongas de parte de Alberto,

pero mi matrimonio y problemas con Noa

son muy complicados.

No sé qué te habrán contado. Mira, tengo prisa, Nacho.

Por favor, necesito que me escuches.

Yo no soy el culpable de todo, como piensas, ¿vale?

Los De la Cruz se inventaron muchas cosas de mí. Mentiras.

A ambas las han puesto en mi contra.

Para un momento. No necesito ningún tipo de versión.

Yo sé perfectamente quién eres y qué has hecho.

Empezando por cómo provocas a David desde que llegaste.

Nacho, no puedo evitar verte aquí todos los días,

pero te voy a pedir, por favor, que me dejes en paz.

Y que no hables conmigo a no ser que sea estrictamente necesario.

Perdón, no me he comportado como debía con vosotros.

Vosotros no tenéis culpa de nada. Quería explicaros...

No, a David no le tienes que explicar nada.

¿A qué te refieres?

¿Por qué has vuelto tú al puesto y no David?

No habrás pensado que quiero hacerle daño, ¿no?

David no ha vuelto porque no soporta a los miserables como tú.

¿Quieres hacer feliz a tu familia

y estás aquí, torturándolas, todos los días?

Nacho, si sigues así, te va a ir muy mal. Muy mal.

Y desde luego, vas a estar muy solo.

-Te traigo problemas con tu ex, con tu hijo y ahora con tu padre.

Anda, eso ni lo pienses, son tonterías.

Pero el dinero, Elías... El dinero es tuyo.

Me lo devolverás cuando puedas.

Estás así con tu padre por mi culpa. No.

No te eches culpas que no son tuyas.

No fuiste al médico por estar conmigo.

Eso sí es verdad, ¿y qué?

Quizá la solución es decir abiertamente que estamos juntos.

Si lo necesitas, hagámoslo así.

No.

Tú quieres tener una relación privada, en secreto,

y es perfectamente respetable. Y así va a seguir siendo. Ya está.

Además, que te digo una cosa...

a mi este rollito clandestino me pone.

(VALERIA SE RELAME) (ALBERTO) Valeria.

Te traigo... la mejor cerveza.

-Muchas gracias, Alberto.

-Alberto, perdona.

Es que Acabo de ver a Celia

y dice que has tenido un encontronazo con Nacho.

-Sí. -Lo siento, de verdad.

Lo siento muchísimo. -No lo tienes que sentir.

-Sí, porque intenta perjudicar tu negocio por mí culpa.

Lo siento. Él es así, ¿sabes?

Hace daño a los de alrededor. -A lo mejor no es por eso.

A lo mejor tenía un mal día el hombre.

-Lo conozco muy bien y nos vio juntos.

No sabe gestionar estas cosas.

-Bueno, ya está, le paré los pies.

Y no le ha dado tiempo a hacer daño a mi negocio.

Mira, la clientela no para de aumentar.

-Por favor... De verdad, tómatelo en serio.

Tú no sabes cómo es Nacho.

Está muy dolido,

y va a hacer todo lo posible, Alberto, por fastidiarte. Todo.

(ALBERTO) ¿No querrás decir que dejemos de vernos

para que me deje en paz?

-Pues mira, es que eres mi amigo y no quiero que esto te afecte.

-Mira, perdón, pero es que no me puedo callar.

Lo que deberíamos hacer todos es darle de su propia medicina.

A ver si se hunde su negocio y se va a freír espárragos.

-Pero no es tan fácil.

Ha heredado el prestigio que Jorge le dio a su negocio.

Y hasta que lo hunda, ¿cuánto tiempo podemos esperar?

-Mira, no sé, pero por lo pronto,

voy a despotricar del Delicatesen todo lo que pueda.

Y tú deberías hacer lo mismo.

-Yo no. No, no, yo no me rebajo al nivel de ese hombre.

Valeria, el tiempo pone a cada uno en su lugar.

-Tú lo que pasa es que eres del karma,

y yo soy más de la Carmen, mi hija, que es de las del ojo por ojo.

-Que no, que no.

Ya verás como, si sigue así, Nacho se hundirá solito.

Ya lo verás.

-Creo que es demasiado buenazo.

-¿Tú crees? -Ajá.

A mí me parece un buen tipo, ¿no?

-Uy, uy, uy... -Valeria.

-Uy, uy, uy.

-Me has enviado un mensaje, ¿qué pasa?

-Que soy un idiota.

Carla, eso es lo que pasa.

Siento mucho todo lo que te he dicho, de verdad.

Debí pedirte perdón hace mucho y no lo he hecho.

Y por eso soy un idiota.

-¿En serio piensas que te agobio controlándote?

-No. ¿Cómo voy a pensar eso?

Estaba cabreado y dije lo primero que me vino a la cabeza.

-Es que nunca te he visto así conmigo, sinceramente.

¿De verdad que está todo bien?

¿Estamos bien?

-Es imposible estar mal contigo.

No quiero que se te pase por la cabeza.

Mira, hoy...

para despejarnos vamos a ir a dar una vuelta a tomar algo.

-Vale.

Pero debo ir a ver móviles, que lo tengo que cambiar.

-Eso es una pasta.

-Ya, pero te dije que no funciona.

Se para, se apaga, pierde la cobertura...

Y lo necesito para el curro.

-Lo "reseteas", le pasas un antivirus y como nuevo.

Tengo un amigo "hacker" que te lo hace en un momento.

-No, Samu, eso es un parche que luego no funciona.

Si se estropea el móvil, se cambia.

-¿Crees que es momento de gastarse un dineral en esta tontería?

-¿Y lo dices tú, que has comprado un colchón gigante

y una batidora carísima? (SAMUEL, SUSPIRA)

-¿A que vienen tantas pegas? ¿En serio no te pasa nada?

-¿Otra vez me interrogas, si me pasa o me deja de pasar?

-¿Por qué te picas? -Porque estoy hasta las narices

de que cuestiones por qué pienso una cosa u otra.

-Tío, no sé lo que te pasa, pero lo estás pagando conmigo.

Imagino que debes estar rallado y agobiado

por sustituir a Javier, y lo entiendo,

pero yo también paso por lo mío, ¿vale?

Y no lo pago contigo.

¿Te piensas que para mí es fácil estar con un negocio nuevo?

No lo he hecho nunca, estoy estresada y no me apoyas nada.

-¿No te apoyo? ¿Se te ha olvidado la batidora?

-Apoyo emocional, cromañón, apoyo emocional.

Que no te enteras de nada.

Voy a traer el móvil, ¿vale? Y se lo das a tu amigo.

Y si no funciona, pues ya lo cambiaré.

-Muy bien.

Quique.

Oye, la timba esta que me comentaste con los pringados de tu barrio.

Organízala, ¿vale?

Sí, necesito dinero.

Muy bien.

-Carmen, dejemos de vivir en bucle.

Te dije que lo de la ludoteca fue un error, tenías razón.

¿Qué más hago? -Prometer que no lo harás más.

La próxima idea de bombero me escucharás.

A ver, Cristina, que tenemos nuestras limitaciones.

Hay que saber para qué estás preparada.

-Pues aplícate el cuento.

-¿A qué te refieres?

-Creo que estás dolida

porque no estás preparada para ser presidenta.

Eso es lo que piensas tú.

Por eso no me avisaste para la reunión del ayuntamiento.

-Vamos a dejarlo ya, que ha sido un día muy duro.

Y se está acabando, por suerte. No lo creas.

¿Qué quieres decir? He hablado con la madre del niño.

Le ha dicho a su madre que se ha perdido,

y nos está poniendo verdes.

-Ese niño es un demonio.

-Oye, ¿está muy enfadada? Está histérica.

Cristina, he intentado calmarla, pero nos quiere denunciar.

-¿Que nos quiere denunciar? Me lo ha dejado claro.

Pero vamos a ver, ni que hubiera sido una tragedia.

Que ha sido un susto y ya está. Pero un susto muy gordo.

No debimos tardar tanto en encontrarlo.

Es verdad, tardamos mucho.

La cara de ángel que tenía... Qué mala leche.

-Ay, Dios mío, ¿qué he hecho?

(CARMEN) Que no, mujer.

Le pudo pasar a cualquiera. -No, Carmen.

¿Qué vamos a hacer? Es una negligencia.

Si la madre denuncia, perderemos.

¿De dónde vamos a sacar el dinero para pagar la indemnización?

Mira, perdona. Cristina.

Ahora vengo. ¡Cristina!

-Sí, sí, eso es.

Muchas gracias, Susana.

No sabes el favor que me haces.

Sí. Te prometo que la próxima vez te lo diré con más tiempo.

Ya sé que tú no eres de esas de aquí te pillo, aquí te mato.

Nos vemos mañana.

Venga...

Venga, un besito, guapa. -¿Con quién hablabas?

-¿Eh? Pues...

Con Susana.

La secretaria de mi dentista.

Es que como estoy esta semana de médicos,

pues he aprovechado para pedir hora y hacerme una revisión de la boca.

-Ah. Pues mira, ahora que lo dices,

yo tampoco estoy nada contenta con mi dentista.

¿Por qué no llamas a la tal Susana otra vez

y pides una cita para mí?

-Bueno, a ver... es que a lo mejor no lo coge.

-Jesús, de verdad, déjalo ya.

¿No me prometiste que no me ibas a mentir?

¿Con quién hablabas?

-Con la chiquita del restaurante que tanto te gusta, el de los arroces.

Susana se llama, es la que nos atiende siempre.

-Sí, sí, sé quién es.

-Bueno, pues...

había aprovechado para hacer una reserva para mañana para comer,

pero era una sorpresa.

-Pero ¿y eso por qué? ¿Me he olvidado de alguna fecha?

-No. Simple y llanamente es que estoy cagado con la biopsia.

No sé si va a salir bueno o malo.

Y quiero aprovechar el tiempo para pasarlo contigo.

-De verdad, Jesús, por favor, no seas melodramático.

No puedes angustiarte por una prueba rutinaria.

-Si es que no sé qué va a pasar. -Jesús, que estás como un roble.

No te comas la cabeza, irá bien.

(ÁGATA) Perdonad que os moleste.

Me gustaría hablar un segundo con Jesús.

-¿Pasa algo en la frutería? -No, todo bien. Acabo de cerrar.

Se trata de Elías. -Ah, bueno, entonces os dejo solos.

-No, Valeria, eres su mujer, tú también debes saberlo.

Elías no te acompañó ese día al médico

por mi culpa. (JESÚS) ¿Cómo?

¿Y por qué no me ha dicho nada?

-Sabes que Elías está pasando una mala época.

Yo no soy quién para juzgar lo sucedió

en la dirección de tu empresa,

pero Elías está muy dolido.

Y yo lo estoy intentando animar

para que sea comprensivo con su hijo, pero...

-Tiene que asimilarlo, Ágata.

Tenía un compromiso conmigo.

Si no cumplió, fue porque no quiso.

No tienes culpa de nada. -Necesitaba hablar con él.

Lo entretuve porque necesitaba su apoyo.

Lo estoy pasando mal con mi madre.

Mi madre está en una residencia. Tiene alzhéimer.

Y, bueno, hace un mes le encontraron un pequeño tumor, que...

que no ha sido nada, pero...

Pero no lo estoy pasando nada bien.

Y Elías me apoya mucho.

Y yo lo entretuve hablando de algo que para mí era prioritario.

Pero ahora entiendo que lo prioritario

era que te acompañase a ti a esa prueba. Y yo...

Yo te juro que si pudiera dar marcha atrás, lo haría.

Pero es tarde.

Ya que estoy siendo totalmente sincera con vosotros, pues...

os quiero decir que Elías no os dijo nada, porque...

porque estamos saliendo juntos y yo le supliqué que fuese discreto.

-Vaya, qué sorpresa.

-Espero que no suponga un problema.

Prometo que mis sentimientos no interferirán en el trabajo.

En fin, que si os comparto esto,

es para que sepas que me duele veros enfrentados.

Y te pido que me perdones.

Y que, por favor, no estés enfadado con tu hijo.

-No hay nada que perdonar.

No, porque si hay algo que valoro en las personas,

es que sean honestas y sinceras.

Y tú lo has sido.

"Una mentirosa".

En esa residencia no está la madre de Ágata.

Es lo que decía yo, esto es un engaño para estafar a Elías.

-¿Estás segura de que esa señora no vive allí?

Claro que lo estoy.

Además, ¿qué iba a ganar inventándome esto?

-No, no, no. Vale, tranquila,

Cuéntamelo todo, pero cálmate, ¿vale?

Mira, he estado casi una hora conduciendo

hasta dar con la residencia.

A primera vista, todo coincidía con lo que dijo Ágata.

Es un sitio bien, bueno, caro.

De esos que no escatiman gastos para cuidar a los ancianos.

Un sitio donde podría contraer una deuda

en caso de haber estado en paro. Eso es. Todo cuadraba.

Hasta que he preguntado por la señora Vallejo.

¿Y te han contestado, así, sin más?

Me han dicho que no les sonaba, pero que iban a mirar.

Y, bueno, también me han preguntado

qué parentesco familiar tenía con la residente.

Por favor, Adela.

Lorena, he dicho que soy amiga de la familia.

Tú no te preocupes.

Y que tenía pensado visitarla con Ágata, su hija.

Pero se le ha complicado la tarde

y he tenido que ir yo sola porque mañana me voy de viaje.

Pero, Adela, hay que tener mucho cuidado con estas cosas.

Más cuidado debe tener ella, la he descubierto.

Cuando la recepcionista miró en el registro,

no había ninguna residente con este nombre.

No hay ninguna señora Vallejo en la residencia.

¿Por qué Ágata te cuenta esto? O sea, ¿por qué miente?

Pero si lo podías descubrir.

Es como tirarse piedras en su tejado.

No sé, para que dejara de preguntar.

Claro, no contaba con que yo me presentara allí.

No, claro. Ni tú ni nadie.

La verdad es que... es extraño. Pues sí.

Mira, Lorena, lo que queda claro es que esta tía es una mentirosa.

Seguramente, allí no hay ninguna deuda

ni madre de la que cuidar.

Igual no tiene ni madre. Yo ya no sé qué pensar, la verdad.

Creo que ha llegado el momento de decírselo a Elías.

Pues no.

Aún no se lo puedo decir.

¿Has montado esto para no contárselo a Elías?

Lorena, esta prueba no es nada.

No había nadie cuando me dio el nombre de la residencia.

Si le digo a Elías que su novia es una mentirosa,

ella dirá que me lo invento.

Es decir, es su palabra contra la mía.

Y conociendo a tu hermano, ¿a quién creerá?

Tanto trajín para nada.

Bueno, de momento.

Sé que estoy en el buen camino. Se va a caer con todo el equipo.

Como me llamo Adela Villar, que Elías va a abrir los ojos.

Eso te lo aseguro.

-No voy a darte más dinero.

¿No tienes limite? ¿Cómo puedes ser tan aprovechado?

Celia, siento que David no pueda atender el puesto

y que no puedas escribir. Hice lo posible para que no pasara.

Podías haberte interesado más

en saber quién se quedaba con el puesto.

-La timba con tus colegas fue fatal.

Dijiste que eran unos pringados y me han dejado seco.

-Quería convocar una reunión

para presentar mi dimisión como presidenta de la Asociación.

-Pero ¿por qué?

La he comprado a otro. -¿Cómo eres tan traidor?

-Jorge, lo que se sirve en el Central se compra en el Central.

Ha sido así siempre.

Ágata y yo estamos juntos.

Vale. No esperes que me alegre ni te felicite.

No me gusta ni un pelo.

-¿Que te vas a ir dónde?

-Con Jonathan, me voy unos días a Málaga.

No hablé con mis padres para no preocuparlos.

Los avisaré al llegar.

-¿Cómo se puede ser tan miserable? ¿Eh?

Saber dónde estaba el niño

y no decir nada para dañar a Cristina.

¿Se puede caer más bajo?

Sé que su madre no está en esa residencia.

-¿Y el dinero? Será para pagar deudas.

Ahora no tengo pruebas,

pero cuando las consiga le explicaré a tu padre

con quién se juega los cuartos.

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Mercado central - Capítulo 208

04 ago 2020

Ágata se entera de las dudas de Adela y Germán sobre ella y tiende una trampa a Adela para dejarla en mal lugar. A la vez, finge sacrificarse por el bien de la relación entre Elías y su padre y acaba confesando que están juntos.

Rosa y Noa deciden quedarse en Madrid. Alberto, al enterarse, se arma de valor y se declara a Rosa.
Nacho ve a Rosa con Alberto y, muerto de celos, intenta desprestigiar la cervecería de Alberto.
Celia decide que David abandone el mercado para no cruzarse con Nacho y le enfrenta, exigiéndole que se aleje de ellos.
Carmen encuentra al niño perdido y retrasa anunciarlo para hacer sufrir a Cristina. Pero no mide las consecuencias: la madre del niño quiere denunciar al mercado.

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