Mercado Central La 1

Mercado Central

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No recomendado para menores de 7 años  Mercado central - Capítulo 184 (Parte 1) - ver ahora
Transcripción completa

-¿Está muerto?

No, aún tiene pulso. Hay que darse prisa.

¿Tú eres imbécil? ¿Eres imbécil?

Haremos las cosas, pero bien, ¿eh?

Llamamos a una ambulancia y nos vamos.

-Qué bien que estés aquí, Andrea.

Pero ¿por qué no nos has dicho nada?

-No, mejor así, poco a poco.

No soy capaz de soportar la emoción de golpe.

-Hagamos esa merienda.

Así entenderá lo que le queremos decir.

-Ramírez acabará dando el nombre de Nacho y se acabará todo.

-Lo malo es que Nacho cambiará de alojamiento a diario

para que no lo localicen.

-Le pedí que me diga dónde está. Sabiendo dónde se esconde,

podemos avisar a la Policía en su momento.

-Con la prueba de Carla, le puedes presionar.

-¿Qué prueba?

-Una foto que subió la rapera con su camiseta

antes de que ellos registraran el diseño.

-Pues más a mi favor.

Luego te vienes conmigo, explicas todo eso,

amenazas, y yo negocio.

Soy hija de mi madre...

pero no de mi padre.

Y yo sí tengo el nombre, es Guillermo Alcañiz.

-Es lícito querer saber quién es tu padre.

Y que intentes hacerle las preguntas

que te gustaría que te contestara, creo yo.

Intentaré localizar a este hombre y a ver qué me dice.

Y... bueno, que sea lo que Dios quiera.

No me diga que es de la tele.

-Inspectora Millán, llevo el caso Velasco.

Elías, mira, soy Celia. Ha venido una inspectora a casa.

Me ha estado interrogando, va a hablar contigo.

No sabe dónde está Velasco y no le he dicho nada de Germán.

Quería avisarte.

-Comprobamos los movimientos de sus cuentas

y compró un billete de avión a Suiza.

Damos por hecho que ha abandonado el país.

También cabe la posibilidad

de que la sangre que hallamos fuera suya.

Puede que se topara con un enemigo y ajustaran cuentas.

Estamos investigando.

(NACHO) ¡Rosa, por favor, ábreme!

(ROSA) ¿Qué quieres?

No te puedes presentar en mi casa así.

-¿Tienes algo para...? -Pero bueno, ¿qué ha pasado?

-Iba al hostal, dos hombres me atacaron.

Me metieron en un portal con un cuchillo.

No tengo ningún sitio adónde ir.

-Dos días. Dos.

-Gracias. -Ahora, vamos a limpiar esa herida.

-Sí, a mí también me busca la Policía.

Está claro que alguien ha hablado.

Me gustaría saber quién ha sido.

Estoy seguro, pero mejor que no lo sepas.

Oye, si no nos vemos... suerte.

-¿Cómo pudo escapar si estaba casi muerto?

Pues no lo sé, hijo.

Debemos decirle a la inspectora que fui yo quien disparó a Velasco.

No le vamos a contar nada más, ¿vale? Nada más.

(Móvil)

Es él.

-Me lo vais a pagar.

Y tú ya sabes que yo siempre me cobro las deudas.

Díselo a tu hijo.

Oye, Velasco. ¡Oye!

Somos los siguientes, papá. Somos los siguientes.

Que lo vamos a pagar, eso es lo que ha dicho Velasco.

Por dejarlo tirado como a un perro.

Que viene a por nosotros con todo. No me lo puedo creer.

Disparar a Velasco... ¿En qué pensabas?

En vengar a Javier. Te has inmolado.

La he cagado, estaba descontrolado.

Así no se hacen las cosas. ¿Qué quieres que te diga?

Quería vengarme y cometí una locura.

Hay que pensar antes de actuar.

Pues no lo hice, no lo hice.

Él mató a Javier. Si fuese Lorena, ¿no hubieras hecho lo mismo?

Bueno, por favor, vamos a calmarnos un poco, ¿eh?

Sí, vamos a hacerlo, será lo mejor.

Vale...

Germán, perdóname, no quería ponerme así.

A ver, ese tipo está herido y la Policía lo está buscando.

Le resultará más difícil acercarse a vosotros.

Jorge, de verdad, gracias.

Yo sé que lo estás diciendo por animarnos y...

Pero no es así. Velasco hace así...

y tiene a 20 matones detrás nuestro para quitarnos de en medio.

Ahora es más peligroso que nunca. Va a morir matando.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos, # con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Igual es el momento de hablar con la Policía.

Lo hemos hecho a nuestra manera y ya veis cómo sale.

Si contáis todo, os pueden proteger.

Ya ha estado aquí hablando con Celia y conmigo la...

¿Cómo se llama? La inspectora Millán,

la que lleva lo de Velasco.

Y no le habéis contado esto, ¿no?

Ni esto ni la verdadera razón

por la que movíamos la droga de Velasco.

No entiendo por qué hay que seguir mintiendo.

Sencillo, Jorge, sencillo.

Si le cuento la verdad a la Policía,

mi hijo va a la cárcel por intento de homicidio

y mi padre por evasión de impuestos.

O en el mejor de los casos, pagando una multa millonaria.

Y no voy a permitir que eso pase, no.

El culpable de toda esta mierda soy yo.

Yo me asocié con Velasco, no ellos.

Entiendo perfectamente lo que estás diciendo.

Confesar todo conlleva un peligro,

pero es más peligroso ponerse en el punto de mira de ese tipo.

No lo sé, digo yo.

Confiemos en que la Policía, tarde o temprano, coja a Velasco.

Y mientras, nosotros, a protegernos las espaldas.

Como queráis, es vuestra vida, no quiero insistir más.

Debo volver al puesto.

Cualquier cosa, me contáis, por favor.

Vale.

Y por favor, tened cuidado.

Gracias.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

¿Y si tiene razón?

¿Quieres contárselo a la Policía?

No me parece tan descabellado, quizá nos puedan proteger.

Germán, no.

Germán, ¿no has escuchado nada de lo que he dicho?

¿Qué quieres, terminar en la cárcel toda tu vida?

Hasta que te salgan canas, ¿eh?

Por lo menos estaría vivo.

No sé, es que Velasco no va a parar hasta cumplir su amenaza.

-Y aquí están los mejores babá que he hecho en mi vida, míralos.

-Qué pinta tienen. A Andrea le van a encantar.

-Ya. Es que verlos aquí...

me recuerda a cuando Andrea tenía seis añitos y cogía su babá.

Es como si se hubiera parado el tiempo.

-Ojalá fuera posible eso.

-Todo irá bien, Cristina.

-No lo sé, Paolo, no lo sé.

Yo a Andrea, no sé, lo veo muy tenso.

Y no lo culpo, porque sé lo que está sintiendo.

-¿Cómo se siente? -Se siente traicionado.

Me pidió una cosa, Paolo, solamente una cosa,

y no lo he hecho,

alejarme de ti, y estoy a menos de un metro.

-Cristina, por favor,

no me vuelvas a decir que te arrepientes de haber vuelto.

-No, Paolo, si es que no es eso,

pero yo sé que él tiene miedo a que te vuelva a hacer daño.

Por eso, lo que tengo que hacer es demostrarle que no pasará

y así se solucionará todo, ¿no?

-Mira, han pasado muchas cosas últimamente.

-Ajá, sí. -Y estoy seguro

de que no podemos hacer como si no pasara nada.

Lo que debemos hacer ahora es reconstruir nuestra familia.

Los tres juntos, como ya estamos haciendo tú y yo.

¿Eh?

-Eh, que viene, que viene.

-¿Ya?

-¡Andrea!

¿Has visto los babá?

Tienes que probarlos, porque están riquísimos.

-Hicimos esta merienda para recordar viejos tiempos.

¿Recuerdas lo que te gustaban?

-Sí, es curioso, porque de pequeño merendaba pizza

y los babá solo eran en una ocasión especial.

-Eso, que... ¿Recuerdas que lo hacíamos

cuando queríamos ponerte contento? -Sí, como ahora, ¿no?

Están un poco dulces, ¿no?

Ay... ¿Te ha molestado?

Perdona, a veces se me olvida que eres tan sensible.

Quizá por eso estás alejado de lo que pasa en el mercado.

-¿Ya te han contado todo lo que ha ocurrido?

-Sí, pero no tú.

-No te lo hemos querido contar para no preocuparte.

-No soy un niño, ¿sabes?

-Ni distraerte de tus estudios.

-Tengo una duda, a ver si me la podéis resolver.

Cuando esto estaba pasando aquí... ¿vosotros qué estabais haciendo?

Claro, estabais a vuestra bola. Pero también lo entiendo,

porque debíais construir un matrimonio complicado, ¿no?

Porque tu mujer te la ha pegó con un amigo.

Que sepamos, porque parece que se ha tirado...

-¡Andrea, no...! -¡Paolo, Paolo, ya está!

Ya está. Venga, siéntate.

-¿Qué le ha ocurrido en Liverpool?

-Es... Es por mi culpa, ya te lo he dicho.

-No, Cristina. -A ver, Paolo.

Antes de volver a estar juntos,

no sé, igual deberíamos de pensarlo bien,

porque podemos perderlo.

-No, no, Cristina.

Yo lo único que tengo seguro en este momento

es que no quiero volver a perderte. -Ni yo a ti, Paolo, pero...

yo tampoco quiero perder a Andrea.

Y es nuestra prioridad como padres.

-Mira, ahora Andrea está enfadado, pero se le pasará.

Lo que no podemos hacer

es perder lo bonito que estamos construyendo.

Él no se lo perdonaría.

Tú y yo siempre seremos sus padres.

Pero juntos, ¿eh?

-Vale.

-¡No! Me gustaba.

Pero si ni siquiera lo has visto. Pero seguro que estaba genial.

Es que tengo un encargo que me está volviendo loca.

Me tiene superada.

Es un encargo maravilloso,

pero no sé cómo me las voy a apañar.

Tendré que echar horas y noches para terminarlo.

Adela, hay una cosa que se llama "ayudante".

Sí, y tuve uno que se llamaba Miqui y me salió rana.

¿Y por eso no quieres otro ahora? No. Quiero decir, sí.

Pero lo tengo que pensar

y encontrar el momento y... Ya.

Y con lo que ha pasado en el mercado y todo lo demás...

Justo te venía a preguntar, ¿has ido ya a hablar con Lourdes?

Sí. ¿Y qué?

Pues que cree que sabe quién puede ser mi padre.

Qué raro suena, ¿no?

Bueno, pues vamos a llamarlo... "ese hombre", ¿vale?

Hijo, ¿como la canción?

Pues ese hombre tiene nombre, se llama Guillermo Alcañiz,

y era el dueño de un negocio de electrodomésticos.

Ah, sí, me acuerdo.

Mamá trabajó de dependienta en su tienda, ¿no?

A Lourdes le cuadra que pudieran tener una relación.

He estado mirando en Internet.

(Puerta abriéndose)

(Llaves entrechocando)

(Puerta cerrándose)

-¿Qué haces aquí? Esta ya no es tu casa.

-Lo sé. -Mamá.

¿No entiendes que te queremos lejos de nosotras?

¿Y mamá? ¿Cómo has entrado?

-Me ha dejado ella. -¿Qué le has hecho?

-Nada.

-Nada, Noa.

Yo lo he dejado pasar.

Te llamé para contártelo, pero no cogías el móvil.

-Es que estaba ocupada. ¿Ha pasado algo?

(NACHO) Me han atacado, Noa.

Ha sido por la denuncia, creo.

Parece que le ha ido bien.

Es dueño de varias empresas y vive en un chalé de lujo

en una urbanización por aquí cerca, con su familia.

-¿Y qué vas a hacer?

Tengo una cita con él.

Conseguí el número de teléfono en una de sus empresas.

¿Y te ha dicho que sí? Sí.

Está traspasando un negocio

y yo le he dicho que estaba interesada

y ha aceptado verme.

(NICOLÁS) Hola. Perdonad que os moleste.

Adela, ¿tienes alguna bombilla fundida?

Sí, unas cuantas.

Pues dime cuáles.

Hago una ronda para cambiarlas. Déjalo, es broma.

Lo que sí que tengo es un enchufe que está medio caído.

Si me lo puedes mirar... Vale.

Hombre, del colegio Altolaguirre.

-Y a mucha honra. -Qué palizas os metíamos al fútbol.

Ya decía yo que aquí olía a derrota. -Oye, oye, que de palizas nada.

Yo jugaba en el equipo y ganábamos muchos partidos.

-Ah, ¿sí? Yo también jugaba en el equipo del colegio,

de delantero en los alevines. -Yo era portero.

-Pues no veas tú la de goles que te he metido.

-Y dale, oye, que no.

-Mira, me acuerdo yo de una final de campeonato

que os cascamos cuatro a uno.

(CHASQUEA LA LENGUA) No recuerdo esa final.

De lo que sí me acuerdo es de que en tu equipito

erais todos bastante paquetes, ¿eh?

(NICOLÁS RÍE) Pues mira, creo que tengo un recorte de prensa

de la gacetilla deportiva.

Lo busco y te lo enseño. -Ah, ¿sí?

-Y te tragarás tus palabras. -A ver.

-Equipito, equipito. -A ver si es verdad.

(AMBOS RÍEN)

El mundo es un pañuelo, ¿no? Ya te digo.

Pero oye, escucha,

volviendo a lo de ir a ver a ese hombre...

Yo voy contigo. No, no, no hace falta.

Claro que hace falta, quiero estar contigo en esto.

Gonzalo, te lo agradezco, pero prefiero ir sola.

Pero, Adela, déjame que te... Que no.

Déjame ir sola. Vale, como quieras.

Vale.

-Como estaba asustado y no sabía qué hacer,

he venido a mi casa... Bueno, aquí.

-Vamos, lo tuyo es alucinante.

-Han intentado apuñalarlo, se salvó por los pelos.

-¿De morir? -No puedo echarlo de casa

sabiendo que alguien lo quiere matar.

Entiéndelo, Noa.

Es mejor que se quede aquí a que ande por ahí escondido.

-Claro, si lo quieren matar, mejor que esté aquí.

Y si vienen a buscarlo, nos pillan a nosotras.

-Noa, por favor. -Es una locura.

-No consentiría que os pasara nada malo a ninguna.

-Te mereces que te pillen.

Tienes una cara tremenda. -Noa, escúchame.

-No estoy de acuerdo. No estoy de acuerdo.

-Noa, entiendo que no me escuches a mí,

pero escucha a tu madre por lo menos.

-Te digo una cosa... -¡Basta! Se acabó.

Nacho se queda.

No voy a permitir que le pase algo en la calle.

Noa, entiéndelo, por favor.

Así nadie sabrá dónde está,

solamente nosotras.

-Bueno, por mí como si se pudre. -Pues Nacho se queda.

Da igual lo que digas, he tomado la decisión.

Cuando quieras, puedes ir a contárselo al abuelo.

Sobre mi conciencia no pesará esto.

Escúchame, Noa, sé muy bien lo que estoy haciendo.

-Mira, yo es que ya no puedo más.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

-Muchas gracias, Rosa.

(CARMEN) Sí. Pero a ver, mamá, ¿qué te han dicho los peritos?

Pues diles que vayan otra vez a ver la casa.

Ah, vaya. Si es que tenía que haber ido yo.

Claro, ¿quién se iba a quedar en el puesto?

Bueno, venga, luego hablamos. Un beso, chao.

¿Esta niña dónde se ha metido?

(Silbido de admiración)

-Madre mía, madre mía, la más guapa del mercado.

Una se pone dos trapitos y hala, a desfilar.

-Que no te roben el bolso, que vale más que mi coche.

-Que se atrevan. -¿A qué se debe tanto glamur?

-Voy a hablar con Marita Etxebarria,

la que robó los diseños a Carla, la diseñadora.

-¿No te pidió Samu dinero para un abogado?

-No se lo he dado. -Déjalo en manos de un profesional.

-¿Crees que no lo haré bien? -Si yo no digo eso,

pero tú no te puedes poner al nivel de un abogado, ¿no?

Ellos tienen carrera. -Yo tengo la de la vida.

-Lo que quieras, pero insisto, debiste darles el dinero.

-No estamos para gastos. Es mi forma de ahorrarnos pasta.

-Ahora no estamos mal, ¿no? Parece que salvamos el mercado.

-Bueno, lo que tiene el ayuntamiento

es una carta firmada renunciando al mercado.

Seamos cautos.

Bueno, ¿qué, la ves? Ahí está. Por fin, nena.

-¿Vas a ir así?

-Así, ¿cómo?

-¿No crees que te has pasado un poco?

-O tú te has quedado corta.

Para negociar hay que proyectar seguridad

y la ropa elegante ayuda. -Sí, la ropa elegante sí.

-Lo que quiere decir Carla... -Sé lo que ha querido decir la niña.

La mala leche te la guardas para la que te robó.

Intento ayudar de la mejor manera posible, ¿vale?

Te lo pregunto: ¿quieres que vaya, sí o no?

-Sí quiero que vengas. -Pues ya está hablado.

Vamos, tengo que cantarle las 40 a la pija.

-Suerte, chicas. -Lo único que digo

es que no hace falta que entremos en plan tsunami.

-A ver, que no ha quedado claro, ¿quieres que vaya contigo, sí o no?

-Sí, Carmen, sí. -Pues ya está.

Tú déjame a mí, que sé manejarme en estas situaciones.

(DAVID) ¿Y hasta cuándo va a estar la Policía en la puerta?

Pues no creo que mucho tiempo.

Ya verás como cogen a Velasco

y nuestra vida vuelve a la normalidad.

Se me ha ocurrido...

¿Qué te parece si hacemos un viaje cuando esto termine?

Nos lo merecemos, ¿no?

Me parece buena idea. ¿Sí?

Podríamos ir a Zaragoza a ver a Andrea.

Y así conoces a sus padres. Ya.

Bueno, yo tenía en mente otro sitio, no lo sé...

Zaragoza me parece perfecto.

¿Y no te apetece la playa o la montaña?

No, Zaragoza es mejor que una playa.

Sí, hombre, sí, dónde va a parar...

¿Eso es ironía? Sí, cariño, es ironía.

Pero no pasa nada, me gusta Zaragoza.

Nos vamos a Zaragoza.

Voy a mirar precios de billetes. Aunque no lo parezca,

si se planea con antelación, sale más barato.

(Móvil)

(Móvil)

Hola, Asunción. ¿Qué tal?

Ya, imaginaba que lo ibas a leer, claro.

Tenía que escribir ese artículo por...

Vale. No, no, no. A ver, un momento, Asunción, para.

No me gusta que me hables en ese tono.

Claro que quiero hablar contigo, pero prefiero hacerlo cara a cara.

(Timbre)

Dime cuándo y dónde te viene bien, y quedamos y nos vemos.

Sí.

Están llamando a la puerta, te tengo que dejar.

No te preocupes, que estamos bien. De acuerdo, hasta luego.

Dios...

Hola. ¿Qué tal? Hola.

¿Te pillo bien? Sí, claro. Pasa, por favor.

Eh, ¿ocurre algo?

Velasco otra vez.

He hablado con Elías y Germán y los ha vuelto a amenazar.

Por... Por lo del disparo de Germán.

¿Lo sabías? Anoche hablé con Elías.

Dios... No me puedo creer que se haya salvado de esto.

Al final será verdad, mala hierba nunca muere.

Velasco se fue por su propio pie antes de llegar la ambulancia.

Los ha amenazado, va a por ellos.

Velasco no es de los que se quedan de brazos cruzados.

Yo también estoy muerta de miedo.

Pero te han puesto protección.

Tuve que identificarme en el portal.

Sí, se la han puesto a David.

¿Y Elías y Germán no pueden hablar con la Policía

y que les pongan protección también?

Bueno, es un tema delicado. He hablado de esto con Elías.

Si confiesan, tanto Jesús como Germán

tendrían problemas con la justicia, y Elías no quiere.

Dios, esta pesadilla no se acabará nunca.

(DAVID) Mamá. Dime.

He visto algo que no te hará sentir mejor.

¿El qué? Son unos "posts" en Internet

sobre ti y tu artículo.

A ver, déjame ver.

Dios... ¿Qué dicen?

Me llaman oportunista.

Que el ayuntamiento me dio una subvención

y que la usé fraudulentamente.

Además, dice que lo tuve que devolver pagando una multa.

Vamos, me ponen a caer de un burro. Toma, cariño.

Pues tiene toda la pinta de que Velasco está detrás.

Está herido, está huido

y aun así, nos hace la vida imposible.

Y no va a parar, no.

Dios...

Jorge, es un número oculto.

(DAVID) Mamá, no lo cojas. Lo tengo que coger.

La Policía ha pinchado el teléfono.

Cuanto más aguante a Velasco en línea,

más posibilidades habrá de localizarlo.

(Móvil)

Sí. (VELASCO) "Hola, Celia".

¿Has leído la prensa últimamente? "A ver, Antonio...".

No me importa nada que intentes desacreditarme.

¿Y sabes por qué? Porque la Policía seguirá yendo tras de ti.

Te va a coger, y cuando te pudras en la cárcel,

me encargaré de que tu cara salga en las portadas

de los periódicos nacionales. "Me encantas, Celia. (RÍE)".

Tanto tiempo intentando conocernos...

y todavía no te has dado cuenta de contra quién te estás midiendo.

¿Me estás amenazando otra vez? Tú te lo has buscado.

"Ya no me puedes hacer nada".

Ni a mí ni a David.

Tengo una patrulla en la puerta

y si se te ocurre acercarte, te acribillan a tiros.

¿Queda claro?

¡Mierda!

Mierda.

Eh... Vale.

-Hola. Eh... ¿Qué tal?

¿Cómo andas, has dormido mejor? Sí, un poco mejor.

¿Sí?

Pero si necesitas que me quede más noches, dímelo.

Lo sé, mamá. Gracias, no hace falta.

Debo recuperar la normalidad.

¿De verdad que no me mientes?

¿Tú qué tal estás?

Más tranquila también.

Esperemos que el artículo de Celia

sirva para que Velasco no se haga con el mercado.

A ver si ese hombre se esfuma de una vez

y nos deja de hacer daño.

Y hablando de cosas más positivas,

ya no debes preocuparte del centro de buceo.

¿No? ¿Y eso?

Porque Gonzalo le ha dado orden a su abogado

de que venda sus propiedades y sus negocios

y que pague la indemnización de la sentencia.

¿Quiere decir que no me voy a comer el marrón de mi tío?

(SUSPIRA) Por fin una buena noticia. Sí.

Parece que las cosas se van solucionando.

Tengo una clienta. Luego te llamo, a ver cómo sigues.

No hace falta, pero vale. Venga.

¿Le has contado a tu madre lo de Velasco?

Eh... No, no quiero preocuparla.

Has hecho bien.

Bastante tiene ya como para contarle también lo de Velasco.

Está más "tranqui" con eso.

¿Sí? ¿Hay novedades?

Gonzalo ha solventado su deuda con el centro de buceo.

Pues me alegro.

Me alegro por ti y por ella también.

Sí, ¿no? Sí.

Por un momento, pensé que venía... Yo también.

Germán, que...

he estado pensado en lo que dijisteis Jorge y tú y...

y creo que sí, que lleváis razón.

No dejemos que Velasco cumpla su amenaza.

Este tío no era,

pero ¿quién dice que el próximo que venga no...?

¿Quieres ir a la Policía?

Sí.

Pero con una condición.

Diremos que yo disparé a Velasco.

No, papá. Sí, sí, sí.

No, fui yo. Germán, escúchame...

Velasco mató a Javier, ¿vale?

Yo compré el arma, yo fui hasta su casa para matarlo.

Fue una mala decisión, pero fue mía. Sabía lo que me jugaba.

Ah, muy bien.

Vale.

¿Qué quieres, ser un héroe?

Venga, vamos a jugar a eso, a los héroes.

Coges a la inspectora y le dices:

"Sí, inspectora, yo fui a disparar a Velasco.

Era mi intención. Y compré un arma ilegal, venga".

¿Y qué va a pasar?

Que te pasarás un montón de años metido en la cárcel.

Y vas a arruinar tu vida.

Cuando salgas, se acabó tu vida. Tu vida.

Les dirás: "Mató a mi novio, el amor de mi vida",

y te dirán: "Nos importa una mierda, a la cárcel".

Irás de todas, todas.

Vas a arruinar tu vida.

Y tienes toda la vida por delante.

Y nadie con quien compartirla.

Ah, ¿sí? ¿Y yo?

Yo no soy nadie, tu familia no es nadie.

El montón de amigos que tienes no son nadie, claro.

Tienes toda la vida por delante, Germán.

Si declaras eso, vas a arruinar tu vida y la nuestra.

¿Eso es lo que quieres? ¿Eh?

¿Eso es lo que quieres?

Mira... yo estoy de mierda hasta el cuello.

A mí no me salva ya nadie.

Y sé que no me caracterizo por ser el mejor padre del mundo.

Ya no puedo cambiar lo de la muerte de Javier,

pero déjame por lo menos que vaya a la cárcel por ti.

Déjame hacer las cosas bien una vez.

Te lo debo.

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Mercado central - Capítulo 184 (Parte 1)

19 jun 2020

Elías y Germán, a cambio de protección policial tras la amenaza de Velasco, confiesan toda la verdad a la policía. Incluido el disparo a Velasco por parte de Germán. La inspectora sabe que tienen dinero negro en Andorra.
Nacho intenta volver a acercarse a Rosa, quien consigue detenerle. Jesús aparece en casa de Rosa, para protegerla y tener a Nacho controlado.
Adela tiene un encuentro con Guillermo Alcañiz, su supuesto padre biológico; cuando Adela le dice que cree que es su hija ilegítima, fruto de una relación extramatrimonial que tuvo con su madre, éste lo niega y no quiere someterse a ninguna prueba de ADN para ratificarlo.
Andrea renuncia a su curso en Boston y a volver a Liverpool.
Pese a que gracias a las artes negociadoras de Carmen, Carla y Samuel ahora tienen dinero suficiente para seguir con su negocio de las camisetas, Carla lo abandona. Se ha dado cuenta de que el mundo de la moda no es para ella.

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