Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 181 - ver ahora
Transcripción completa

(VELASCO) Celia.

¿Tienes los papeles que te pedí?

Han firmado todos.

Elías está camino del ayuntamiento para entregarlo.

¡David! ¡Cariño!

¿Qué haces aquí? ¿Te han soltado? -Me he escapado.

Aviso a Elías, que no entregue el documento.

-¿Llegasteis a tiempo? Decidme que sí, por favor.

No, Germán. Lo siento.

Hijo de...

Una noticia de que se vende el mercado.

-Mira que yo nunca pensé que llegaríamos a eso.

Que perderíamos el mercado.

-Porque eres muy optimista, pero yo...

hace tiempo que lo veía todo negro. Pero negro, negro, vamos...

-Carmen, no te preocupes mujer, se nos ocurrirá algo.

-Tenía algo que ver con papá.

Me lo dijo Velasco. Que era culpa de papá.

-Tienes que hablar con él. ¿Cómo?

Se lo tienes que contar. No puedo hablar con él.

Cómo le digo a un chico de su edad

que su padre le estafó 400 000 euros a Velasco

para huir, para fugarse con otro hombre.

Soy yo la que no sé quien soy ni de dónde vengo.

¿Estás hablando de ti o del mercado? De todo.

Gonzalo sabía que era adoptada, mis padres se lo permitieron...

Bueno.

Estaban entre la espada y la pared. ¿Quieres que hable con él?

No. Ya hablaré yo con él.

Necesito saber si ha revocado lo del... testamento de Germán.

-¡Bueno, no me lo puedo creer! Ese psiquiatra...

¡Qué asco, de verdad! ¡Por favor!

Es asqueroso. -¿Por qué tuve que elegirle a él?

Es una maldición, no me libro de la condena

por más que lo intento.

Yo no te merezco.

No hay nada en mí que esté bien, nada.

-Bueno, ¿y qué más te ha dicho la psicóloga?

-Para empezar a recuperarme tengo que...

pedir perdón a los que hice daño.

-Son diseños exclusivos. O sea, que solo se venden aquí.

Y no hay mucha variedad porque acabamos de empezar, vamos,

que... las estamos vendiendo a tope.

-¿Y conoces al diseñador?

-Sí. O sea, diseñador... soy yo.

-¿Tienes un momento? -3000 euros

por el dibujo de una calaverita. En cinco minutos.

-Perdona, cinco minutos nada.

-Esto era para pagar la ortodoncia de tu hermana.

Vendemos cuatro trapos en una tienda de barrio.

O sea... -¿Cuatro trapos?

Muy bien. Eso es lo que piensas de los diseños, ¿no?

-No.

-Ya hemos perdido el mercado.

No dejaremos que nos quite la dignidad.

-Que no hagas nada. Javier no hubiera querido

que te pusieras en peligro. -No es el problema.

No dejo de pensar en Javier y el mercado, he de hacer algo.

-Te vas a la pizzería, centras en el trabajo y te olvidas.

Porque esto, cariño, a ti... esto te viene grande.

-Estaba soñando con Javier.

-¿Ha sido un sueño bonito?

-Pues... pues sí.

Ha sido como una revelación.

Una que me ha dicho lo que hacer para sentirme mejor.

-¿Y qué tienes que hacer? ¿Te puedo ayudar?

-No.

Esto tengo que hacerlo yo solo.

-¿Qué es todo eso?

-Cristina.

Son todos los menús que hemos tenido desde que abrimos.

-No sabía que los guardaras.

-De vez en cuando me gusta sacarlos

para recordar cómo comenzamos.

¿Te acuerdas de esta?

El primero que tuvimos.

-¡Cómo no me voy a acordar

si lo diseñamos juntos con muchísima ilusión!

Viéndolo ahora, igual...

deberíamos haberlo hecho de otra forma.

-Sí... Cuántas esperanzas puestas aquí.

Hemos construido nuestras vidas alrededor de este mercado.

Mira, ¿te acuerdas de esta?

De cuando nos casamos.

¿Y este?

Es de cuando nació Andrea.

Es que cada uno de estos menús trae tantos recuerdos...

Pero todos van a quedar enterrados bajo los escombros.

-Paolo... (ROSA) Hola.

Hola, Rosa. -Hola.

-¿Cómo es que la terraza no está montada todavía?

-¿Para qué? Si en dos días todo esto...

se convertirá en un centro comercial.

-Esta mañana he hablado con mi padre y me contó

lo de la venta.

-Hemos perdido, Rosa.

Hemos vendido nuestras vidas a un mafioso.

No va a quedar nada de todo esto.

Tantos años de trabajo, ¿para qué? Para nada.

-Venga, Paolo.

No me gusta verte así. Tú eres un hombre muy positivo.

-Claro, venga, anímate.

Me voy a la tetería, ¿vale?

Venga, hasta luego.

(A LA VEZ) Hasta luego.

-Rosa...

No es solo el mercado, ¿sabes?

No sé si voy a volver a tener un proyecto en común con Cristina.

-No digas eso.

Con el dinero que os den podéis montar otro negocio, ¿no?

-Mira.

Tendría que tener fuerzas para empezar, pero...

es que no puedo amiga mía. Estoy hecho polvo.

-Mira,

tenemos que mirar el futuro con ilusión.

Lo peor es no poder dejar

las cosas atrás y seguir cargando con ellas.

-Perdóname. Estoy aquí contándote mis miserias

cuando tienes muchos más motivos para estar triste.

Porque vamos que... que un hermano te traicione esto sí que...

-Bueno, tampoco es la única traición que he sufrido.

-¿Por qué? ¿A qué te refieres?

-Bueno, a nada...

Voy a meter las cosas dentro y nos ponemos a montar la terraza.

-Rosa, por favor.

Que ya hace días que estás así, triste, que casi me esquivas.

Pensaba que era por lo de Noa,

por lo de su enfermedad. Pero ella ha vuelto ¿no?

Y está mejor. Pero tú sigues igual.

¿Qué pasa amiga mía?

-Es por Nacho.

-¿Qué?

-Es que me ha destrozado la vida. Y a mi hija también.

-¿Qué ha hecho?

(ROSA SUSPIRA)

Noa me contó que...

Nacho abusó de una amiga de ella.

-¿Qué? -Cuando era una niña.

Y ha intentado meter a mi hija en un psiquiátrico

para que yo no la creyera.

Es que... -Lo siento.

(Sintonía "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

-Yo lo entiendo, pero Nacho es un monstruo.

¡Y tienes que denunciarlo ya!

-Es que no puedo. -¿Por qué no?

-Porque no tengo ni una sola prueba,

y además me da miedo que le pase algo.

¿Sabes lo que le pasa a los pederastas en la cárcel?

-Sí.

-A lo mejor no debería decirte esto, Paolo, pero...

-Qué. -Verás...

Nacho está muy asustado,

ha intentado suicidarse. Me da miedo que lo vuelva a hacer.

Yo no quiero nada con él ya, pero han sido tantos años

de convivencia, siendo mi pareja que...

Yo no puedo...

no puedo cargar con este peso.

-¿Y con el riesgo de que abuse de otras niñas sí puedes cargar?

-Está intentando seguir una terapia.

Quiere curarse para no volver a hacer daño a nadie más.

-¿Sabes cuál es el único sitio donde estar segura

de que no va a hacer daño a nadie? La cárcel.

-Necesito que respetes mi decisión.

-Rosa... -¡Escúchame, por favor!

Si te lo he contado es porque eres mi amigo.

Sentía que te debía una explicación.

Pero necesito que seas muy discreto y que te mantengas al margen.

¿De acuerdo? Prométemelo.

-Ven aquí.

-¿Róber? Qué tal, soy Germán.

Vale, no sabía si tenías mi número, hace tiempo que no hablamos.

Oye, estoy intentando buscar una cosa en Internet,

(DUDA) y no consigo encontrarlo.

Sí, en la "deep web".

Y como controlas de estos temas, pues...

Prefiero contártelo en persona si no te importa.

¿Qué estás haciendo?

¿Tienes cinco minutos?

Que son cinco minutos, te lo prometo

y te voy a pagar bien si me ayudas.

Vale, guay. Pues voy para allá. Te llamo cuando llegue.

-Hola, ¿en qué andas?

-Nada, nada, unas cosas que...

te cuento luego que tengo prisa. -¿Sí?

¿Germán?

Es que te acabo de oír lo de la "deep web".

(LORENA SUSPIRA)

¿Estás otra vez tonteando con drogas?

Yo sé que lo estás pasando mal, pero...

¿Drogas?

-Vale, te lo cuento, ¿vale?

Pero no te emparanoyes.

Con toda esta movida, me cuesta dormir

y necesito algo fuerte para descansar.

-¿Por qué no vas al médico y que te recete algo?

-Prefiero que mi colega me consiga un ansiolítico.

-Te lo puede recetar el médico de cabecera.

-Este no.

Se llama Soma y es el único que me funcionaba hace años

cuando tuve insomnio y...

ya no lo venden en España.

-Pues si no lo venden en España, si lo han retirado del mercado

será por algo. -Bueno, tranqui, tía, ¿vale?

Lo estuve tomando durante un tiempo sin problema.

-Germán...

yo sé que estás hecho polvo, pero...

¿pastillas fuertes retiradas del mercado?

Soy el más claro ejemplo de que eso no funciona. ¿No me ves?

Germán,

creo que puedes encontrar otra forma, otro recurso para...

enfrentarte a esto de Javier e intentar asumirlo, cariño.

-Otro recurso.

Gracias por el consejo, no creo que haya un recurso

para asumir que mataron a tu novio.

-¿Cómo estás?

-(DUDA) Bien.

Hablamos luego, tengo prisa.

-¿Qué tal, hija? ¿Has podido descansar?

-¿Tienes un minutito para hablar?

-Claro, ¿qué pasa?

-Es Germán, me preocupa mucho. -¿Por qué? ¿No duerme?

Tiene que pasar el duelo. Es normal.

-No, es que...

le he pillado haciendo compras en la "deep web".

-¿La...?

No sé qué es eso, hija.

-Es un sitio de Internet, donde se hace...

compraventa de cosas ilegales:

pues yo que sé drogas, pornografía.

Y...

parece que ha encargado unas pastillas

que son bastante fuertes.

Yo no quiero que se meta esa basura en el cuerpo.

-No, claro, ni yo tampoco, claro.

¿Pero no puede ir al médico como vamos todos?

Que le den una receta y punto.

-¿Papá, no le ves? Tiene la cabeza hecha un bombo,

que no puede pensar con claridad.

Necesita hablar con alguien, con alguien con experiencia,

alguien con autoridad. Necesita hablar contigo.

¿Por qué no hablas con él?

-Vale. Lo intentaré.

A ver si le hago entrar en razón.

-Es que...

(NACHO) Hola.

-¿Y tú qué haces aquí?

-He venido a tomar un café y hablar con Rosa. ¿No está?

-No. Rosa ha ido a hacer unos recados.

-Bueno, entonces la esperaré.

¿Me pones un café solo, por favor?

-¿Tienes la poca vergüenza de presentarte como si nada?

-Mira, Paolo,

sé que entre nosotros

no fue demasiado bien,

y seguramente sea por mi culpa.

Pero lo pasado, pasado está.

Los dos queremos a Rosa y lo mejor es olvidarlo todo, ¿no?

-No entiendo a la gente como vosotros.

¿Qué creéis,

que podéis ir haciendo lo que os dé la gana?

-¿Nosotros? ¿Por qué hablas en plural?

-Me refiero a la gente como tú, o como Elías o Velasco.

Pensáis que podéis manipular a la gente

y cometer los peores delitos sin que pase nada.

-No fue buena idea venir, mejor me voy.

-Mejor, sí.

¡Porque aquí los miserables no son bienvenidos!

-No te voy a tener en cuenta los insultos

porque sé que lo estás pasando mal con la venta del mercado.

Entiendo que tiene que ser muy duro

saber que lo vas a perder... todo.

-¿Me estás vacilando? -No.

-¿Me vacilas? -Solo digo...

-Ahora sí te he pegado.

No como la otra vez.

-Vaya con el italiano. Si tiene carácter y todo.

-¡Paolo! Paolo,

¿qué haces? ¡Te has vuelto loco! -Este mierda se merece

que le pongan en su sitio. -No pasa nada.

Estoy bien. -¿A qué venía esto?

-No, de verdad, Cristina, no tiene importancia.

Ha sido culpa mía, no...

-Vete. -No tendría que haber venido.

Lo siento, Cristina.

-¿Querías algo? -Sí.

Quería decirte que...

lo siento por decirte lo de los cuatro trapos.

No lo pienso, me gustan tus diseños.

-Lo sé. ¿Algo más?

-Sí.

Quería preguntarte qué le has dicho a la diseñadora.

Te iba a preguntar pero te has ido tan rápido

que ni has desayunado. -Tenía que entrar temprano

y no quería despertarte. Y a parte...

necesitaba tiempo y espacio para... darle una vuelta

a mis ideas, porque...

he pasado la noche haciendo listas internas

de cosas buenas y malas de vender mis diseños

y cuando me levanté todavía no lo tenía claro.

-¿Y ahora? ¿Lo tienes claro?

Vas a decir que sí, ¿no?

-Le voy a decir que no. -¿Qué?

A ver, ¿cómo vas a decir que no a 3000 euros?

¿Quieres pensar con la cabeza?

¿Sabes las horas para ganar eso? -Es que no es lo mío

esto de vender algo que he hecho

y que se lucren con mi talento.

Lo siento. -¿Que se lucren? ¿Qué dices?

¿Qué dices? ¿Qué talento?

-(SORPRENDIDA) -Yo flipo.

-¿A qué vienen los gritos? -Nada,

dijo que no a los 3000 euros de la diseñadora.

A ver si entra en razón.

-¡Hombre! Por fin buenas noticias.

Sí, sí. Si le tienes que pagar eso, se lo pagas.

Lo que sea para que testifique a nuestro favor.

Sí, no me importa. Debe ser una oferta irrechazable.

Sí. -Pero vamos a ver, Adela.

Tú ya lo sabes, este mercado es mi vida y la de mi familia.

Y ahora por culpa de Elías... ¿Cómo no te voy a entender?

¿Crees que esto solo es un puesto para mí?

Es mi vida. Llevo aquí casi tanto tiempo como tú.

Y Elías también. Por eso no comprendo

cómo nos ha podido hacer esto. Traicionarnos así.

¿Crees que ya no hay marcha atrás? Quizás piensa hacer algo.

Ojalá, Nicolás, ojalá.

Bueno, hasta luego. Venga.

-Hola.

¿Me hiciste caso?

¿Cambiaste la titularidad de las propiedades?

¿Y del centro de buceo y lo que le hiciste firmar a Germán?

Sí, tranquila. Está todo arreglado.

Pues... muchas gracias.

¿Para eso querías que viniera?

Podías haberlo preguntado por teléfono. Ayer me echaste.

¿Y qué querías que hiciera?

Me acababa de enterar de que soy adoptada.

¿Crees que es fácil de entender? Tengo miles de preguntas.

Aunque creas que me aproveché de saberlo,

cuando cumpliste 18 les dije que tenías derecho a saberlo,

pero ellos se negaron. Pero ¿por qué?

¿Qué es lo que te dijeron? Algo dirían.

No sé, nada más que lo que te he contado.

Y la señora, la vecina que te dijo que no éramos hermanos.

¿Quién era? Era la dueña de la panadería.

Lourdes, creo que se llamaba.

Sí, qué de años. Era la cotilla oficial del barrio.

Pero ¿qué más da que no fuesen tus padres biológicos?

Siempre se portaron bien contigo

y te criaron con todo su amor.

Hasta ahora que te has enterado de esto has sido feliz pensando

que tenías unos padres maravillosos. Ya lo sé.

Porque lo eran. ¿O no?

Ya... es curioso.

Siempre me pregunté por qué éramos tan distintos.

Mira el lado bueno.

¿Qué lado bueno? Pues que ahora que sabes

que no somos hermanos, no tienes obligación moral conmigo.

(RÍE)

Venga, no le des más vueltas.

No tiene sentido andar removiendo el pasado.

¿Cómo no le voy a dar vueltas? No puedo olvidarme.

Y tendré que encontrar a mis padres biológicos.

Gonzalo, si sabes algo más, dímelo, por favor.

No, no, no.

No sé nada más de lo que te he contado, lo prometo.

-Cuando uno monta una empresa, lo que quiere son beneficios, ¿no?

Si aceptas esa oferta,

vas a tener esos beneficios antes de lo esperado

y en menos tiempo.

-Y vas a poder pagar la ortodoncia.

-En la historia de este planeta hay ejemplos de emprendedoras

y emprendedores que se hicieron ricos

apostando por crecer todavía más

con su empresa. ¿Entendéis?

Y es verdad, puede ser que ahora mismo esto

sea un buen pico para ti y para mí. Pero creo...

que dentro de un tiempo no nos parece tanto.

-¿De qué estás hablando? Piensa con la cabeza.

Se te ha subido el ego aquí arriba, ¿o qué?

-Igual tú tienes un problema de ego.

Que no me gustaron tus dibujitos. -(CHISTA)

-¿A qué viene esto?

Solo te digo que si el mercado se va a la mierda mañana,

no tenemos dónde venderlas.

Más vale pájaro en mano, tuviste un golpe de suerte.

-Un golpe de suerte...

Piensas que esto es un golpe de suerte.

Pensaba que tú confiabas en mí,

incluso te pusiste a venderlas sin avisarme.

Algo verías en ellas digo yo.

¿O ya no confías en mi talento? -¡Lo sigo viendo!

Sigo confiando en tu talento, me encanta.

No es todo. Hay gente con talento que muere de hambre.

-Con tanto miedo no vamos a ningún lado.

-Ahí tienes razón.

El mundo no está hecho para cobardes.

Y menos en los negocios.

Fui la primera que aposté por ti. Porque vi que eras valiente.

Veo que no me equivoqué. No solo tienes talento

sino que una mente empresarial.

-Muy bien.

Como mi opinión no cuenta una mierda

yo me retiro. Me vale con recuperar mi inversión.

-No te preocupes, vas a recuperar tu inversión.

Todo tu dinero. ¿Y sabes cómo?

Vendiendo mis diseños. Como apostamos y dijimos desde el inicio.

Y no vendiendo mi talento a cualquiera.

-Pues eso. -Pues me voy.

-Pues hasta luego. -¡Hasta luego!

-Genial.

-Hola, Jonathan. -¿Qué pasa, Rosa?

-¿Tienes un ratito?

-Sí, yo también quería hablar contigo.

Hablé con tu médico de cabecera y me dijo que ayer

no tuviste ninguna revisión.

Fuiste a verle, ¿no?

-De eso quería hablar contigo.

Estoy intentando ayudar a tu padre

para que se rehabilite. -Eres increíble, de verdad.

No sé cómo sigues entrando en su juego.

-No estoy entrando en su juego, Noa.

No vayas a pensar que tengo el síndrome de Estocolmo

o siento algo por él a parte de asco.

Pero...

Verás, ha sido mi compañero de vida durante muchos años.

Y tenemos una hija en común.

No puedo mirar para otro lado, Noa, tengo que ayudarle.

-¿De verdad te piensas que tiene cura?

-Pues está dando algunos pasos que me hacen sentir...

-Mamá, que te está engañando.

-¿Tú sabes que Paolo le ha pegado?

-¿Cómo?

-Esta mañana se lo conté a Paolo.

Vio a Nacho, no ha podido evitarlo y se le ha tirado encima.

El Nacho que yo conocía,

habría venido a casa corriendo a contármelo, Noa,

a hacerse la víctima, pero no lo ha hecho.

Me he enterado por Cristina. -Ya.

A saber qué le dijo para que le pegara.

-Tu padre está siguiendo una terapia.

Está...

Está abriéndose, está contándome cosas

como que fue su primer terapeuta

el que le metió en este mundo.

El que empezó a pasarle fotos de las niñas.

Y que sepas que no he olvidado nada. Lo tengo grabado aquí,

Noa. Y no lo pienso perdonar jamás.

Pero es que siento que...

que si le ayudo

a lo mejor podemos evitar que otros sufran

lo que hemos sufrido.

-Mucha suerte, mamá.

-Necesito tu ayuda, Noa.

-¿Sí? ¿En qué?

-(DUDA) Tu padre quiere pedirte perdón.

Y necesito que lo escuches.

-¿Me pides que hable con él?

Mira, sé que es muy difícil para ti,

son cinco minutos, Noa, cinco minutos.

Voy a estar contigo, no tienes que hablar, hija mía.

-Ya sé lo que va a pasar.

Va a negar lo que ha hecho

y a decir "que su infancia fue muy dura".

-Vale, si empieza con excusas,

si no te pide perdón de corazón, sabremos que no quiere cambiar.

Te prometo que si hace eso, yo misma me voy a alejar de él.

¿Qué dices?

¿Y cómo está David?

Ahí anda.

Llamé a la terapeuta, nos hizo hueco esta mañana.

¿Has hablado con él?

No mucho la verdad. Prefiero que esté tranquilo.

Quiero que hable primero con ella.

¿Y a ella le has contado algo? No, no, no.

Le he dicho que tuvo una "experiencia traumática".

Supongo que le contará lo del secuestro.

¿Crees que es oportuno que se lo cuente?

Da igual, ella tiene que guardar el secreto profesional.

Y sinceramente, vamos a perder el mercado, así que...

Lo que sí que voy a hacer es ir con él y preguntarle si...

es bueno que le cuente lo que pasó con su padre y Velasco.

¡Cariño! ¡David!

¿Cómo estás?

Bien. Eres un valiente, lo sabes, ¿no?

Bueno, lo único que hice fue escapar.

No es de ser valiente, es de querer sobrevivir.

Bueno, eso también es verdad.

Venía a ver cómo estabas, y veo que estupendo.

Me vuelvo al mercado.

Gracias por venir.

A ti. Me alegro de verte.

¿A dónde tenemos que ir nosotros?

Bueno, pues tenemos cita con la terapeuta en media hora.

Pero hoy no toca terapeuta.

Ya, lo sé, pero la llamé y nos ha hecho un hueco.

¿Por qué? Tengo que ir a clase. No puedo perder más.

Bueno, cariño, por un día más no va a pasar nada.

Llamé y les dije que estabas enfermo.

No me gusta que mientas. Ya, mi vida, ¿y qué digo?

¿Que estabas secuestrado? Pues sí.

No me importa que lo digas.

Importa que no me cuentas por qué lo hizo Velasco.

Ni que tenía que ver con papá.

Vamos a hacer una cosa: esperamos a que estés...

más recuperado y ya hablamos...

No quiero esperar. Quiero que me lo cuentes.

No soy un niño para que me ocultes las cosas.

(Portazo)

-Hombre, por fin te pillo.

Te fuiste muy deprisa y no pudimos hablar.

Cuéntame, ¿cómo estás?

-Te lo dije antes, abuelo. Estoy bien.

-Yo pasé por una situación parecida.

Cuando tu abuela murió, pensé que el mundo se acababa.

La vida sigue, hay que tirar hacia delante.

-Ya, lo siento abuelo, pero... creo que no es comparable.

La abuela era mayor y... y no la mató nadie.

-No, no quería comparar...

Solo te digo que...

entiendo cómo te sientes y estoy aquí para ayudarte.

Ahora lo importante es tener la cabeza fría

y no tomar decisiones que puedan... poner las cosas peor.

-A qué te refieres, no te sigo.

-¿Sí?

Si me sigues, que no eres tonto.

¿Crees que atiborrándote a pastillas vas a conseguir algo?

-No sabía que Lore fuera una chivata.

-Tu tía está preocupada por ti. Como lo estamos todos.

Los ansiolíticos enganchan mucho.

Es mejor hacerlo bajo la supervisión de un médico.

-¿Y qué diferencia hay?

Sé que tengo ansiedad, no hace falta un médico.

-Si las pastillas que vas a tomar ni son legales.

Es mejor que vayas a ver a un médico o hables con él.

Y si él lo cree conveniente, te tomas las que haga falta.

Como hice yo cuando pasó lo de tu abuela.

-¿Tomaste pastillas cuando se murió la abuela?

-Muchas.

Hasta que el médico me retiró la medicación.

Me dijo que tenía que aprender a afrontar la tristeza que sentía.

-Muy fácil decirlo. Yo lo he intentado y no puedo.

-Las pastillas no te van a ayudar.

Ocultan el problema, pero sigue ahí.

En mi época se decía que ir al psiquiatra era de locos.

Pero con el tiempo, me di cuenta de que es de valientes.

Hay que ser muy valiente para luchar

por salir de la situación que estás.

(Mensaje)

-Vale. Pues a lo mejor voy, abuelo.

-Pero, vas a ir, ¿verdad?

-Sí.

(Puerta)

Róber, perdona que no podía hablar. ¿Ha llegado ya?

Vale, vale. Voy para allá.

A ver...

Antonio era uno de los clientes del despacho de abogados de papá.

Y papá le llevaba ciertos asuntos "delicados".

-¿Qué quieres decir con "delicados"?

Bueno, al parecer Velasco traficaba con drogas

y parte de ese dinero lo utilizaba para financiar partidos políticos.

¿Velasco trafica con drogas?

Sí. Y a tu padre no se le ocurrió otra cosa que...

robarle parte del dinero y los documentos que demostraban

esa financiación ilegal.

Cariño, ¿te acuerdas de la llave que encontramos en el collar?

Sí. Abría un trastero de la empresa Red Space.

Pues en ese trastero encontramos el dinero y los documentos.

Por eso Velasco te secuestró, quería recuperarlos.

Y de paso, quería hacerse con el mercado.

¿Y para qué quería el mercado?

Yo que sé, mi vida.

Para tirarlo abajo, hacer un centro comercial,

pisos de lujo. Para ganar más dinero.

Ya. ¿Y papá para qué quería el dinero?

(SUSURRA) No sé. No lo sé.

Yo sé que Gorka tiene algo que ver.

No entiendo por qué tenía el collar. Si te lo había regalado a ti.

Pues porque a veces, hijo, las cosas son muy difíciles de entender y...

Bueno, son más difíciles si no me las cuentas.

Porque está claro que sabes más de lo que dices.

Vamos a ver, David. ¿Qué más da?

Vamos a dejar de darle vueltas. Lo importante es que estás bien.

Solo ha sido un susto, nada más. No, mamá. No ha sido un susto.

Vamos a perder el puesto. ¿De qué vamos a vivir?

No estaré bien hasta que me cuentes lo que sabes de papá.

Cariño, a veces las verdades hacen daño.

Y no quiero que sufras, ya está.

Sufro más si no me lo cuentas.

Me han secuestrado por ello, creo que tengo derecho a saberlo.

Tu padre y Gorka...

eran algo más que amigos, David.

¿A qué te refieres? ¿Algo más que amigos?

Eran... novios.

Yo tampoco lo sabía, la verdad. Me he enterado hace muy poco.

Por eso tu padre quería el dinero, quería huir

con Gorka. y empezar una nueva vida de cero.

Parte del dinero era para nosotros, no quería dejarnos sin nada.

Pero no entiendo, papá y tú estabais enamorados.

David, cariño.

Ya da igual, da igual todo.

Lo importante es que tú y yo siempre estaremos juntos.

Somos una familia, tú y yo.

Iba a abandonarnos. ¿Tan poco nos quería?

Claro que nos quería. No quiero que pienses eso.

Nos quería, lo que pasa es que...

No, no trates de justificarle, eso solo lo empeora.

Me voy a mi cuarto.

Quiero estar solo un rato.

-Noa.

¿Se te ha ido la pinza? ¿Qué es esto que me cuentas?

Tía, no pienso dejar que te reúnas con él.

-Relájate. Es para que mi madre vea que le engaña una vez más.

-Pues voy contigo.

Sí, no te pienso dejar sola.

-A ver, Jona. No voy a estar sola, también va a estar mi madre.

Y tengo un plan para demostrar que es el de siempre.

-A ver, ilumíname. ¿Qué plan es ese?

Pero, ¿sabes qué planta quieres?

¿De interior, exterior? -Interior, interior.

Es para Germán, para su habitación. No sé.

Para darle alegría. Animarle un poquito.

Es que está el pobre tan triste...

Muchas gracias Lorena. Yo también intento animarle,

pero no soy la más indicada en estos momentos.

Ya, ya imagino.

¿Por lo del mercado o por lo de tus padres?

Lo digo por todo.

Gonzalo me ha confirmado que soy adoptada

y que lo sabía desde niño. Mis padres no querían

que me lo dijera.

¿Y por qué? Pues, vete tú a saber.

Entiendo que no me lo dijeran cuando era una niña, pero...

¿Luego qué sentido tiene ocultarlo?

No lo entiendo.

¿Crees que no querían que supieras quienes eran tus padres biológicos?

No sé, todo es muy raro, ¿sabes?

Esta mañana fui a mi antiguo barrio,

para intentar encontrar a la dueña de la panadería,

la que le dijo a Gonzalo que no éramos hermanos.

Y no estaba. Ahora hay una peluquería.

Pregunté por ella a todo el mundo

con quien me crucé, pero nadie sabía decirme cómo localizarla.

Normal.

No pararas de darle vueltas, intentando saber qué pasó, ¿no?

Pues sí... Se me ocurren tantas posibilidades.

Desde que mis padres murieran y yo acabara en un orfanato,

a que no tuvieran recursos para criarme

y me dieran en adopción.

O que por alguna razón les quitaran la custodia, no sé.

Bueno, Adela. Tus padres, los que te criaron,

te han querido y te han hecho muy feliz.

Quédate con eso. Es lo importante. Eso ya lo sé.

No puedo olvidarme del resto.

Yo necesito encontrar a mis padres biológicos.

Estoy dispuesta a lo que haga falta.

Desde contratar a un detective a patearme los orfanatos de Madrid.

Pero no puedo quedarme con esa duda.

Claro.

-Tres mil euros y dice que no. ¿A ti te parece normal?

Podría ser la oportunidad de su vida.

-No exageres que no es para tanto.

A ver, es pasta, sí. Yo no te digo que no, pero...

Ya le lloverán otras ofertas. -Sí...

-Yo lo hubiese cogido porque soy un cagón

y sé que nos vamos a ir a la mierda. Pero ella es valiente.

-Que el mercado va a cerrar igualmente.

Como no las venda, se las come con patatas.

-O no, Samu, o no.

Que Carla es muy espabilada. Igual las vende por internet

o vete tú a saber.

-Lo que más me fastidia de todo,

es que toma la decisión sin consultarme.

El proyecto era cosa de los dos, ella no lo ve así.

-Normal que su decisión cuente más. -No, no, no.

No es que la mía cuente poco, es que no cuenta.

O sea, la idea de montar el negocio fue mía, ¿vale?

-Espabilado, ¿y qué vas a hacer?

Tendrás... mira, tendremos que alegrarnos

de las decisiones de nuestras chicas. -Sí.

-Que sean independientes, hagan lo que les dé la gana.

A mí Noa me ha hecho algo parecido y no queda más remedio que apoyarla.

¿Qué pasa Carlita? -¿Qué tal?

-Bueno, os dejo que echo de menos a mis kiwis.

-Diles adiós de mi parte. -(RÍE) Se lo digo, se lo digo.

-¿Has hablado con Marita?

Habrá flipado cuando has dicho que no.

-No la he llamado todavía.

-¿Y eso? ¿Te lo has pensado mejor?

-Le voy a decir que no.

Antes quería hablar contigo para explicarte porqué.

Antes me he calentado y creo que no te lo he podido explicar bien.

-Bueno, yo tampoco estuve muy fino.

Sabes que creo en ti más que nadie.

Y de verdad, no soy un cobarde, pero tengo el miedo del pobre.

Así que lo siento, ¿vale?

-¿Seguro que no te has picado porque no me gustaron tus diseños?

-No.

Lo que pasa que llevas tiempo queriendo una oportunidad.

Ahora que la tienes no la aprovechas. -Ya, ¿pero sabes por qué?

Porque ahora, por primera vez en mucho tiempo,

tengo confianza suficiente como para apostar por mí.

Llevo toda la vida

luchando y viviendo en modo supervivencia

y ahora, quiero hacer cosas que realmente me ilusionen,

¿sabes? Y este negocio me ilusiona.

Y abandonarlo sería como... como traicionarme a mí misma, ¿sabes?

-Pues, ¿sabes lo que te digo?

Si es lo que te ilusiona, te hace feliz

llamas ahora a la Marita esa

y le dices que se meta su propuesta por el culo.

-No podemos picarnos por cosas así.

-Pues no, está feo. -Somos un equipo.

Nunca más.

-Que no te gustaran mis diseños también está feo.

-A ver, es que tus diseños pues les hace falta una vueltecilla.

Pero puedo ayudarte a mejorarlos.

-Yo creo que ni con una vueltecilla. (CARLA RÍE)

Yo también lo creo.

-Normal que no te gustasen, es que yo...

¿Qué pasa, Macarena? ¿Para mí o qué?

-Viene al nombre del gerente. -Muy bien, muchas gracias.

-A ti, guapetón.

-Es del ayuntamiento.

(NOA) ¿Crees que va a venir?

(ROSA ASIENTE)

Tenía que haberle oído llorar de emoción

cuando le dije que estabas dispuesta a escucharle.

-No me creo nada.

-Bueno, lo puedo entender.

-Oye, mamá.

Estaba pensando que a lo mejor vuelvo a casa contigo.

Si tú quieres.

-¡Hombre, claro que quiero!

Pero no quiero que lo hagas por mí.

Porque yo estoy bien. No lo necesito. Entiéndeme,

lo que quiero es que tú hagas tu vida.

Y si lo que te apetece es estar con Jonathan, pues perfecto.

Me vale con que me llames 40 veces al día y vengas otras tantas.

(Timbre)

(Timbre)

Oye, cariño,

¿estás preparada?

¿Seguro? -Sí.

-Pues vamos a por ello.

-¿Ha venido, no?

-No te acerques a mí, por favor.

-Claro. No quiero que te sientas incómoda.

-Con verte ya estoy incómoda, así que acabemos cuanto antes.

-Lo entiendo.

Y quiero que sepas que sé que tengo que cambiar.

He hablado mucho con tu madre y el psiquiatra

y me di cuenta de dónde fui capaz de llegar

por mantener oculto mi problema.

Una parte de mí no quería reconocer lo que me pasaba,

quería sentir que era normal.

-Ya, pero es que no eres normal.

-Ya lo sé. Por eso quiero cambiar.

Sé que he hecho mucho daño a las personas que más quiero.

Y eso es algo que me va a pesar toda la vida.

(PAOLO) Samuel. -Hola.

-¿Nos puedes decir para qué nos has convocado?

-Os hice venir a todos los posibles porque no hay buenas noticias.

Ha llegado la carta del Ayuntamiento con nuestras firmas

renunciando al mercado.

Van a iniciar los trámites a ver qué hacen con él.

Esto no se puede parar, es oficial.

El cerdo se quedará con el mercado por cuatro duros.

-A ver, ¿quién le va a toser?

Al que diga algo, le manda los matones.

Y lo tiene todo bien atado.

Lo filtró a la prensa para evitar que el Ayuntamiento

se eche atrás y espantar a los posibles compradores.

-¿Podemos preguntar, no?

Igual algún empresario quiere hacer una oferta mejor.

-No creo que haya una oferta mejor. No se atreverán a pujar contra él.

Todo el mundo sabe cómo es.

-Entonces, ¿qué?

¿Hemos perdido el mercado así, sin más?

Nunca pensé que te diría esto, Carmen,

sobre todo después de luchar tanto, pero...

Sí, hemos perdido.

Y algo que es peor, he perdido a mi mejor amigo.

(NACHO) Y por eso quiero pedirte perdón.

Sé que da igual lo que te diga porque me sentenciaste de por vida.

-No, perdona. Te sentenciaste tú solito.

Y nos cuentas todo esto porque te hemos pillado.

Si no, seguirías siendo el mismo depravado.

-¿Qué necesitas para convencerte de que...

de que quiero cambiar y curarme?

-La verdad.

Quiero que nos cuentes lo que le hiciste a Natalia.

Que mamá lo oiga.

-No puedo.

No puedo hablar de eso.

-¿Ves? No va a admitir nada. -Os lo contaré.

Pero tengo que avanzar un poquito más con la terapia.

Todavía es muy doloroso.

Tengo que ir poco a poco.

Lo primero es pedirte perdón, y a eso he venido.

-¿Ves? Puro teatro.

-No, no. De verdad, es que ahora estoy un poco bloqueado, pero...

tenéis que creerme.

-Vale.

Estás bloqueado y por eso no puedes hablar de ti.

Pero sé que las fotos te las mandaba tu amiguito el doctor Ramírez.

Si tanto has cambiado, denúnciale.

A él y a todos los que os pasabais fotos,

seguro que son muchos.

¿Qué pasa?

¿Dejarás que sigan haciendo daño a niñas?

-No sé quiénes son.

Todos se mantienen en el anonimato. -No me lo creo.

Seguro que sabes algún nombre o cómo dar con ellos.

-Bueno, ya está bien.

Ya hemos escuchado suficiente.

Noa tiene razón, no tienes ninguna intención de cambiar.

-¡Está bien! ¡Denunciaré!

Recopilaré la información que pueda y...

se la daré a la policía. -¿Estás seguro?

¿Sabes lo que significa eso?

La policía va a ir detrás de ti. Es lo mismo que si te entregas.

-Bueno...

si hace falta para convenceros de que estoy arrepentido, lo haré.

Da igual lo que me pase.

Se hará justicia.

Y pagaré por el daño que he hecho.

-Un asesino se queda con nuestro mercado, ¿y nosotros?

Vamos a acabar todos en la calle.

¿Este traidor qué hace aquí?

-Yo no le he llamado.

-¿A qué vienes?

¿A restregarnos que te quedas con una tajada por nuestra desgracia?

No voy a llevarme ni un euro de esa venta.

Por favor, si te has asociado con Velasco y Hortuño por la pasta.

¿Ahora qué, no te vas a llevar nada? ¡Venga ya, hombre! ¡Venga ya!

Carmen...

estoy arrepentido de lo que hice, me dejé llevar por la ambición,

no quiero ese dinero manchado de sangre.

-Todo esto es por tu culpa.

Has boicoteado nuestros intentos de salvar el mercado.

¿Si Velasco no te la hubiera jugado? Estarías contando dinero.

-¡Vete! ¡Vete que aquí no pintas nada!

¡Vamos a tranquilizarnos un poco todos, por favor!

Por favor.

Yo solo he venido a pediros disculpas.

-¿Disculparte? ¿Después de traicionarnos?

Ya está. Ya te has disculpado. ¡Ahora ya te puedes ir!

Bueno, no era solo eso.

Quiero pediros disculpas.

Que verdaderamente estoy muy arrepentido por lo que pasó,

pero también que creo que encontré la manera de acabar con esto.

-Bueno... ¿Sí? ¿Qué manera Elías?

¿Qué manera?

Hagas lo que hagas, Javier no volverá.

Sí, Jorge, sí. Llevas toda la razón.

No sabes lo arrepentido que estoy.

Pero creo que sé cómo conservar nuestros puestos.

-Anda ya, Elías. ¡Basta de mentiras!

¡No te lo crees ni tú! -Es que no, es que...

¡Es que no es así! -¡Vale!

¡Vale por favor, vale! ¡Escuchémosle un momento!

Gracias, Samu.

Creo que sé como anular la venta y acabar con Velasco.

¿Sí? ¿Lo sabes Elías? Muy bien.

Tus planes solo han traído problemas.

Ya, pero esta vez es distinto.

-¿Cómo sería tu plan?

Es que no os lo puedo decir.

-Bueno. -Por favor, Elías.

No lo puedo decir,

os juro por lo más sagrado que lo hago para protegeros.

Os estoy pidiendo simplemente un par de días, por favor.

Sé que es una locura, pero confiad en mí.

-Bueno, es que estás pidiendo mucho. Lo sé.

Un par de días.

Ya está, un par de días.

Y os pido que no hagáis nada. Absolutamente nada.

No le deis respuesta al Ayuntamiento.

-Piden la respuesta ya. ¡Dale largas, Samu!

¡Seguro que puedes, dale largas!

Voy a saber enseguida si el plan funciona o no.

Un par de días. No es mucho.

Tengo que hablar con alguien. -¿Con quién?

¿Qué quieres que haga yo? Que escribas un artículo

en el que cuentes que Velasco nos tenía extorsionados.

Que él es el responsable de la muerte de Javier.

Que tenía secuestrado a David

y que estaba implicado en la financiación de partidos

con el dinero de la droga.

¿Quieres que lo haga así sin más? Sin pruebas.

Tengo la copia de los papeles.

No son originales, no valen para denunciar,

pero si lo publicamos se crea un revuelo mediático.

Eso va a hacer que abran una investigación.

¿Por qué no hablas con un periódico?

¡Celia, por Dios!

Tiene contactos hasta en el infierno.

Se enteraría y lo pararía.

¿Y qué puedo hacer yo contra todo eso?

Subirlo a internet.

En una página web que creemos. Lo hacemos

visible en las redes sociales.

Velasco no va a poder parar

a todo el que lo comparta.

Yo entiendo que no quieres estar en el punto de mira,

pero creo que es fundamental que lo firmes

para que tenga credibilidad.

¿No te da miedo lo que te pueda hacer Velasco?

Yo estoy dispuesto a asumir los riesgos que hagan falta. ¿Y tú?

Yo no estoy sola, Elías.

Tengo a mi hijo, he de velar por él.

Muy bien, puedes empezar el artículo diciendo

que si nos pasará algo a nosotros o cualquiera de nuestra familia,

el responsable directo sería Velasco.

No nos va a hacer nada, no creo que se ponga en evidencia.

Ya...

No sé, es una buena idea. La verdad es que...

alguien tiene que pararle los pies a ese cerdo.

Y no va a poder secuestrar ni matar a todo el que comparta

la noticia, digo yo.

Vale.

Vale, de acuerdo, lo haré.

Pero con una condición:

no hablar del secuestro de David.

¿Por qué no?

Porque no, si se abre la investigación,

no quiero que declare.

Es que tendría que declarar, es fundamental.

No tenemos testigos de la muerte de Javier

ni la de Hortuño, no están.

Pero David, sí.

David es una víctima, es un testigo directo.

No quiero que declare, no quiero que vuelva a recordar lo que pasó.

Bastantes secuelas tiene. ¿Te lo ha dicho él?

No, no hace falta que lo haga.

Por ejemplo, se duchó con la puerta abierta, nunca lo hace.

Y anoche igual.

Con la puerta abierta, la luz encendida.

Tiene claustrofobia.

Y para colmo, hoy le he hundido más. ¿Hoy? ¿Qué ha pasado?

Le he contado toda la verdad... sobre su padre.

¿Te acuerdas de Gorka? ¿El amigo de mi marido?

Sí. Me hablaste de él.

Bueno, resulta que Gorka y...

Manuel...

eran algo más que amigos. Estaban juntos.

Sí, ya lo sé.

Ya lo sé. Es normal que estés en shock,

yo también lo estuve y ahora...

ahora lo está David.

No ha salido de la habitación, ni quiere ir a terapia.

Es que es normal que esté sobrepasado.

Hay que darle tiempo. Si es que soy una idiota.

No le tenía que haber contado nada, lo que pasa es que insistió.

No es tu culpa.

Cariño, ¿cuánto tiempo llevas ahí?

No os espiaba, con la puerta abierta se oye todo.

Y quiero declarar.

Creo que es mejor que hablemos tranquilamente y lo pensemos bien.

Bueno, es solo decir la verdad, ¿no? Y eso se me da bien.

¿Estás seguro?

No me gusta Velasco.

Y quiero que pague por lo que hizo.

Además, mi terapeuta dice que...

porque mires a otro lado, los problemas no desaparecen.

Es más, te puedes tropezar con ellos si no los ves.

Bueno, pues...

si David está seguro.

¿David?

Gracias.

Eres muy valiente haciendo lo que vas a hacer.

Todos te estamos agradecidos, pero sobre todo Germán.

Es el que más necesita que se haga justicia.

Gracias, cariño.

-¿Ricardo? Hola, ¿qué tal? Soy Germán,

el hijo de Elías de la Cruz.

Hablamos hace unas semanas por lo del "accidente" de tu padre,

¿no sé si te acuerdas de mí?

Sí, bien, bien.

Oye...

tengo una propuesta para ti.

¿Quieres que Velasco pague por lo que le hizo a tu padre?

Muy bien.

Pues tienes que decirme dónde vive.

No sé, búscalo en algún sitio. ¿Tu padre no tenía una agenda?

Vale, sí. Me espero, sí...

Dime.

Un momento que lo apunto.

Calle del Olmo...

No, no, no Ricardo, es que...

creo que es mejor que no lo sepas.

Sí, ya te enterarás.

Muy bien, muchas gracias.

Chao.

-Sé que me comprometí a denunciar al psiquiatra

y a todo el grupo con el que intercambiaba fotos.

-¿Vas a abandonar ahora?

No me creo que me vuelvas a engañar. ¿De qué vas?

¿Vas a seguir siendo el mismo miserable

hasta que te mueras? -Creía que lo ganaríamos.

Hay que ser valientes, ir a por Velasco.

Que no se salga con la suya, cueste lo que cueste.

-No puedo estar más de acuerdo.

-Me voy a cambiar los apellidos. No quiero tener que ver con papá.

Me voy a poner los tuyos.

-¿Estás segura que no firmaste nada?

-Que no, qué pesado.

-Un adelanto de su nueva colección. -¿Qué es?

¿No me digas que tienes una pistola?

-Quiero pasar mi vida contigo.

-¡Paolo!

-¿Qué hacéis?

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Mercado central - Capítulo 181

12 jun 2020

Los comerciantes ya dan por perdido el mercado, pero Elías tiene un nuevo plan para acabar con Velasco: que Celia publique un artículo sobre los delitos del empresario, con las pruebas que le implican en la financiación ilegal de partidos.

Germán, ajeno a este plan, consigue una pistola, dispuesto a matar a Velasco.

Celia se sincera con David y le cuenta toda la verdad sobre Manuel. El chico, impresionado, decide testificar en contra de Velasco.

Paolo descubre el infierno que ha pasado Rosa por culpa de Nacho y le golpea.

Rosa convence a Noa para que acepte el perdón de Nacho, pero ella le suelta un órdago a su padre: creerá que está dispuesto a cambiar si denuncia a los demás cómplices de la red de pornografía infantil. Nacho promete hacerlo.

Gonzalo aconseja a Adela que no remueva el pasado... pero ella está dispuesta a descubrir la verdad sobre sus orígenes.

Carla no quiere aceptar la oferta de la diseñadora. Samuel, finalmente, acepta su decisión.

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