Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 171 - ver ahora
Transcripción completa

Te han mandado un ramo de flores.

¿Y esto?

Igual Velasco no tiene tan claro que simplemente seáis

buenos amigos.

Ten cuidado.

Las amigas están para decir las verdades, aunque no gusten.

Y creo que tú estás buscando excusas

para no ver la realidad. No.

No puedo tener este bar cerrado una semana, y lo sabes.

Y también sé que el dueño es tu hermano,

no te pondrá pegas.

Tú eres una mujer valiente, muy valiente.

Si las cosas no salieran bien,

seguro que podrás superarlo y salir adelante.

¿Qué parte de "quiero buscarme la vida yo sola" no pillas, tío?

¿Qué le has ofrecido?

(SAMU) El 15 % de los beneficios.

-Dime que no has hablado con el proveedor.

-He hablado con él.

-Le he tenido que devolver la pasta. -Normal, normal.

Pues he encargado 200.

¿Sabes qué firmaste?

Aparte de unas instrucciones, hay unos documentos

sobre una donación en vida

con cesión de dinero, propiedades y negocios

a tu nombre. "Le convenció..."

para firmar el aval.

Y mi hermano... llevó el negocio a la ruina.

Le pagó el crédito.

Y el banco nos quitó la casa y nos dejó en la calle.

Y mi padre, del disgusto, sufrió un infarto.

¿Por qué querías que te lo contara?

Porque creo que ha vuelto a hacerlo. ¿El qué?

Y yo he picado como un idiota.

Pensaba que habíamos quedado en que esto no...

-Yo te amo, Cristina.

No voy a renunciar a ti nunca más.

Yo voy a pasar... de todo este lío de Velasco.

(SUSPIRA ALIVIADO) Bien, gracias.

Vale, vale, vale. Gracias.

Lo estaba pasando fatal, gracias. Bueno.

De todas formas,

te agradecería si me pasas el contacto de la detective.

Yo la llamo, que se encargue ella. Sí.

Y tú mantente al margen. (GERMÁN) "¡Esto es por tu culpa!"

Javier era una línea roja y no iba a estar en peligro.

E igual está en un maletero.

Esto no es culpa mía.

No es idea mía lo del chantaje, lo del forense.

¡Es culpa tuya!

Tú me metiste en esto.

Me obligaste a hacer el doble juego con Javier y Hortuño.

-Nosotras ya no somos tu familia.

¿Lo has entendido?

¿Lo has entendido? -Ahora estás nerviosa.

Cuando te tranquilices... -Quiero que te vayas.

-Está bien, me voy.

Entrarás en razón y te arrepentirás de esta conversación.

-Solo siento no haberla tomado antes.

-Están discutiendo.

-Eres el culpable de su sufrimiento.

De que quemasen la casa de Valeria.

¡Y eres el culpable de que trafiquemos con drogas!

(VELASCO) "Si no consigues el dinero,"

quizá David y su novia,

en Zaragoza,

sufran un accidente.

Te doy tres días para encontrarlo.

(Móvil)

Dime, Celia.

Jorge.

¿Estás bien?

Jorge, yo...

Celia, ¿ha pasado algo?

Velasco ha venido a casa.

¿A tu casa? "Se ha presentado aquí,"

por sorpresa, y me ha dicho que...

¿Celia?

Celia, ¿qué ha pasado? ¿Te ha hecho algo?

No, no, no me ha hecho nada, pero me ha amenazado.

Qué hijo de...

Oye...

Escúchame, Celia, Sandra ha encontrado un testigo

"que sabe algo muy gordo". Para un momento y déjame hablar.

Ha amenazado con hacerle daño a David.

¿Cómo que a David?

Te juro que, si le hace daño, yo no voy a poder...

Vale, Celia, escúchame.

"Tranquilízate, no te muevas".

"¿Me oyes? Salgo ya".

Cambio de planes.

Vamos a hacerle una visita a la detective esa.

A ver si nos dice quién es ese testigo que tiene.

No, no, el gerente nos lo quedamos.

Hasta que nos cuente lo que sabe.

Quedamos en el descampado.

Vale.

Vamos.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¡Que son narcotraficantes, que mi madre se ha casado

con un delincuente! -Carmen.

Solo hemos escuchado un trozo de la conversación.

No podemos sacar conclusiones.

-¡Qué conclusiones ni niño muerto!

¡Que lo has oído! -Calla.

(SUSURRA) Que nos va a oír. -¡Que me oigan!

Si los pillan, mi madre puede acabar en la cárcel.

-Déjate de películas y vamos.

-No voy a consentir que mi madre acabe en la cárcel.

Tiene una edad y es inocente. -Carmen.

¿Y qué? ¿Se lo contamos? -No.

A la policía.

-¿A la policía? -Claro.

Si tú te enteras de un delito y no lo denuncias,

te conviertes en cómplice.

¿Quieres ser cómplice? -No.

No, claro. -No hay nada más que hacer.

A denunciar. -Pero bueno.

Mejor contárselo a ella antes.

Es su marido. -No.

No sabrá nada y la pondremos en un dilema.

Hay que ir a la policía.

-Pero ¿cómo vamos a ir a...? Chist.

-Huy.

Pero ¿qué hacéis aquí?

(DUDA) Hola, Valeria. Nada, que nos faltaba...

Que nos faltaba sal y hemos venido a pedírtela.

-¿Habéis venido aquí a por sal los dos?

-Tu marido es un delincuente. -¿Qué me estás contando?

-Sal de esta casa ya.

-¿Quién te lo ha dicho? -Da igual. Recoge tus cosas, venga.

-Sus cosas puede recogerlas más tarde, ¿no?

-No me marcho, esta es mi casa.

-Esta casa está llena de delincuentes.

-¿Qué te ha dado ahora? -Bueno.

Vamos a la policía y te lo cuento todo allí.

-Explícame qué está pasando aquí. -Pues ya está, llamo yo a la policía.

(Hablan a la vez)

-Vamos a ver, mama.

Que tu marido es narcotraficante.

Él y Elías mueven alijos enteros. -¡Hala, hala, hala!

-Carmen, por Dios.

-Ya estás malmetiendo. -¡Que lo he oído!

Cuéntaselo, lo he oído. -No os peleéis.

-Él lo ha oído.

-¡Bajad la voz! -¿Qué está pasando aquí?

¿Qué voces son estas?

-Nada, que mi hija y Nicolás os han oído.

-¿Oído qué?

-Hablar de vuestras cosas.

-Pero tú... O sea, que tú... Espera.

¿Que tú lo sabes todo?

Es que no sé cómo Velasco ha podido descubrir

que David está con Andrea en Zaragoza.

Yo solo le dije que estaba fuera.

¿Cómo he podido poner a mi hijo en peligro así?

Celia, no pienses en eso ahora.

Vamos a mantener la cabeza fría.

Te ha dado tres días.

Durante ese tiempo no le va a hacer nada.

Tenemos tres días para conseguir el dinero.

El problema es que yo no sé dónde está ese dinero.

Y no lo voy a poder encontrar. No hará falta.

Antes de que acabe el plazo, acabará en la cárcel, ya verás.

¿Y cómo lo sabes?

Sandra ha conseguido una prueba para incriminar a Velasco.

Se va a reunir con un tipo que lo va a destapar.

Mañana tendremos algo gordo

para meterlo entre rejas. Vale.

Vale. Voy a llamar a David.

¿Cuánto tiempo estará allí? Hasta mañana.

Dile que se quede algunos días más.

¿Por qué?

Velasco sabe que está en Zaragoza. Si le quiere hacer daño, lo buscará.

No le hará nada a David si cree que conseguirás el dinero.

Debemos esperar a tener las pruebas.

Hasta entonces, cuanto más lejos esté David, mejor.

Vale.

Hola, cariño, ¿qué tal estás?

Así que nos está haciendo chantaje.

Tenemos que distribuir esa droga

queramos o no. -Vamos a ver.

Si reconocéis el delito fiscal y os entregáis,

no podría haceros chantaje.

-Aunque declaremos ese dinero, no podemos borrar el rastro.

Es demasiado tarde. -No.

Nunca es tarde para decir la verdad. -Yo estoy con Carmen.

Algún juez valoraría vuestra buena intención si colaboráis.

-Sí, pero el individuo que tratamos es un asesino.

Si vamos a la policía

y le denunciamos, tomará medidas inmediatamente.

-Si Elías ya intentó denunciarlo

y consiguió que nos quemaran la casa de Comillas.

-¿Que la quemaran es culpa de Elías? -Sí.

-¿Qué me estás contando?

-Y el dinero que te encontraste era de Velasco.

Podía haber ido a mayores si no llegamos a devolvérselo.

-Perdona, ¿he estado en peligro?

-Que te pierdes. -Un momento.

Aparte de este chanchullo ilegal, ¿estábamos todos en peligro?

-Si somos prudentes, no nos tiene que pasar nada.

-¿"Prudentes" qué quiere decir? -¿Cómo podéis estar tranquilos?

Es muy grave, ¡se os ha ido la cabeza!

-Por favor, relájate y cállate ya. Deja hablar a Jesús.

-¿Por qué no me avisaste? ¿Desde cuándo lo sabes?

-Tu madre lo hizo para protegeros. -Bueno.

A cualquier cosa llamáis "proteger". -Digo yo,

¿cómo es que ese traficante se fijó en vuestro reparto?

-Eso. -¿Y el contacto?

Déjalo.

Ya se lo cuento yo.

Velasco estaba buscando

una empresa para blanquear su negocio, su dinero.

Y el nuestro era el más discreto, el que menos llamaba la atención.

-Ya, vale, Elías, pero, vamos a ver, yo digo: ¿Cómo dio con vosotros?

Hay muchas empresas de transporte.

Un montón de repartidores de fruta, ¿no?

Con furgonetas más grandes y camiones para meter más droga.

Eso fue culpa mía.

-Lo sabía.

Velasco era socio de Hortuño, el constructor.

Yo solo me metí en la boca del lobo.

Yo me asocié con Hortuño para...

-¿Para qué?

-Cuéntaselo, que lo sepan de una vez por todas.

-¿El qué?

Para comprar el Mercado Central

y hacer un centro comercial y viviendas.

Elías, ¿nos ibas a vender a todos?

Por favor, que te conocemos desde chaval.

¿Estabas al tanto? No, él no sabía nada.

Tenía engañado a mi padre.

-Así están las cosas, Carmen.

Estamos intentando solucionarlo, pero no es tan sencillo.

-Se me abren las carnes de pensar que, si lo hubieras conseguido,

estaríamos todos en la calle.

Sabía que eras egoísta, pero te juro

que esto... esto supera todo.

Carmen, le vamos a dar la vuelta a la situación, te lo prometo.

(GRITANDO) ¿Sí? ¿Cuántas casas tienen que incendiar?

Te pido por favor que bajes la voz, está mi sobrina durmiendo.

¡Ahora mismo me voy a la policía!

-Carmen, vale ya. -A la policía, no.

-Espera, Carmen, espera.

Por una vez en tu vida, ten la boca cerrada,

que es muy peligroso.

-A mí no me para ningún criminal.

-¡Que te calles ya!

Y no puedes decir ni una palabra de todo esto a nadie, ¿me oyes?

No sois conscientes de cuál es la situación.

Estamos en peligro todos.

Mi amor, pues claro que te estoy echando de menos, muchísimo.

Pero me da mucha pena que pases tan poco tiempo con Andrea,

así que puedes estar allí.

Sí, David, sinceramente, yo prefiero que te quedes allí.

Hijo, no te enfades.

No, a ver, David, David...

Vale.

Vale, de acuerdo, mañana voy a buscarte a la estación.

Yo también te quiero.

Se le dan muy mal los cambios de última hora.

Ya.

Todo va a salir bien, ya lo verás. Eso espero.

(LLORANDO) Es que...

Es que... (SUSPIRA) ¿Qué?

¿Ha pasado algo más con Velasco?

Es que me ha dicho una cosa que...

que no se me quita de la cabeza, que no...

¿De qué se trata?

No sé cómo decirte que...

Me ha dicho que Manuel era gay.

¿Cómo?

Que Gorka y él eran amantes.

Pero eso no... no puede ser verdad, ¿no?

Es que no lo sé porque no sé qué pensar.

Hasta hace nada, tampoco me podía imaginar

que mi marido pudiera robar 400 000 euros, ¿te das cuenta?

Pero tú te hubieras dado cuenta de algo así, ¿no?

Es que no sé.

Mi marido se suicidó y todavía no sé por qué lo hizo.

Y ahí entran mil hipótesis, ¿no te das cuenta?

Sí, pero tú le conocías bien.

Has estado casada con él muchos años.

Yo ya no sé si le conocía.

A lo mejor nunca llegué a conocerlo.

Nunca supe qué era lo que necesitaba,

nunca supe leer los detalles.

Y los últimos años fueron muy difíciles.

Mucho.

Manuel me ocultaba cosas, todos esos negocios oscuros, yo...

Te juro que, cuando Velasco me contó todo,

yo sentía que las piezas encajaban de alguna manera.

Es verdad que al principio las cosas iban bien.

Nos queríamos y nuestra relación era...

era muy especial.

Pero todo cambió cuando nació David.

No sé, perdimos la complicidad.

Yo pensaba que se le iba a pasar.

Que con el tiempo se haría cargo de la situación de David.

Pero no fue así, no pudo... asumirlo, no.

Estaba sufriendo, Jorge.

Y yo no me di cuenta y no pude ayudarlo.

Sufría tanto que se quitó la vida, ¿te das cuenta?

Y yo...

Sé que es difícil, Celia.

Pero no sirve de mucho hacerse preguntas

cuyas respuestas solo sabe el que no está.

Es mejor que nos centremos en proteger a David

y en meter a ese tío en la cárcel.

"(Timbre)"

Buenos días, hermana. ¡Buenos días!

(SUSPIRA)

¿Quieres un café? Está recién hecho. ¿Te lo traigo?

Vale, perfecto. Oye.

Qué mala cara tienes, ¿no? ¿Qué pasa? ¿No has dormido bien?

Regular.

¿Y eso? ¿Noa se ha despertado o ha pasado algo?

No. No, no, es...

Es por trabajo. Ya.

Te lo pones tú, ¿no?

Sí, gracias.

Oye... (SUSURRA) ¿Se ha levantado ya?

Sí, creo que está despierta, creo que en el baño.

Hermana.

¿Qué?

Por mi sobrina, lo que sea.

Si hace falta buscar

al mejor psiquiatra de España, se trae aquí.

Gracias, pero no hace falta.

¡Buenos días!

Buenos días. ¿Qué tal? ¿Cómo has dormido?

-Bien, bien, caí redonda.

Bueno, si necesitáis algo,

me llamáis. Ajá.

Me voy a trabajar.

Alguien tiene que levantar este país.

Gracias.

¿Has desayunado?

(Puerta)

¿Te preparo algo rico?

-No, no, luego. Deja que me ubique un poco.

Todavía no me creo que esté aquí libre.

-Ya.

Supongo que has pasado unos días de pesadilla

pensando que no íbamos a sacarte de allí.

-Pues sí, esa era la sensación, una pesadilla.

-Bueno, pero ya está, Noa.

Ya está, ya ha terminado, hay que dejarlo atrás.

¿Sabes?

Yo he dado ya el primer paso.

-¿Y qué has hecho?

-He echado de casa a Nacho.

Ya no lo vas a tener que ver nunca más.

Hola. Hola.

¿Me puedes explicar qué es esto?

Como un testamento vital.

Instrucciones para... Una leche. Eres un estafador.

Además de unas instrucciones, ¿qué documentos le has hecho firmar?

Te juro que no tengo más interés... A mí no me engañas, Gonzalo.

Le has hecho firmar unos documentos

donde acepta la cesión de tus propiedades y tus negocios.

Y seguramente también de tus deudas, tus créditos

y a saber qué más.

De eso va, ¿no?

De eso va una donación en vida, ¿o me equivoco?

A ver.

Adela, me queda poco tiempo.

Iré perdiendo fuerza y facultades.

Muy pronto no podré decidir, le he hecho unos poderes a tu hijo.

Una cosa son unos poderes

y otra que le hagas responsable de tus chanchullos económicos.

Pero ¿por qué te pones así? No tengo más allegados, ¿qué hago?

Decirme en qué embrollo has metido a mi hijo.

Pero que te juro que no hay trampa ni engaño ninguno, ni estafa ni nada.

Ah, ¿no? ¿Y por qué lo has hecho a escondidas?

¿Por qué te has aprovechado para hacerle firmar?

No, no, no le he engañado.

A la que no engañas es a mí.

No vuelvas a acercarte a mi hijo ni a ninguno de nosotros.

Y ahora te largas de aquí, fuera de mi puesto.

Adela. Adela, espera.

Ya puedes venir a casa cuando quieras.

¿Qué pasa? ¿No estás contenta?

-Sí.

-¿Y entonces cuál es el problema?

-Pues que... no era mi idea volver a casa, la verdad.

Por Jona, no quiero dejarle tirado después de lo que ha hecho por mí.

-Ya, pero son circunstancias especiales, hija.

Va a entender que quieras pasar más tiempo conmigo.

Que quieras recuperar un espacio que has perdido.

Seguro que encontrará compañero de piso enseguida.

-Ya, pero Jona cuenta con seguir compartiendo piso,

no le puedo dejar con esos gastos.

-Está bien. ¿Y si yo le pago este mes?

Y, mientras encuentra o no encuentra a alguien,

puedo, no sé, ayudarle con los gastos.

¿Qué te parece?

Venga, Noa, por favor.

Después de todo lo que ha ocurrido, solo quiero pasar más tiempo contigo.

-¿De verdad te piensas que es tan fácil?

-No, sé que Jonathan tiene... -No, estoy hablando de nosotras.

¿Cómo pudiste no creerme cuando te conté lo de Nacho?

Bueno.

¿Y cómo pudiste llegar a pensar que tu propia hija estaba loca?

-Hija... -No.

-Jona, Carla y Samuel, no son de mi familia,

y siempre me creyeron.

No dudaron ni de mis palabras ni de mi estado mental.

Y tú, que eres mi propia madre...

-Tu padre me ha estado manipulando...

-Querías encerrarme en un psiquiátrico.

-Lo sé.

-Es que no me va a ser fácil olvidar todo esto,

por mucho que... que quiera y que... lo intente.

-Y yo no me voy a perdonar haber creído a ese psiquiatra.

Lo siento mucho.

He estado tan ciega.

Pero ya veo las cosas

con claridad y... -Mira, no quiero hacerte daño.

Pero necesito tiempo.

No puedo... irme a vivir contigo a casa

y hacer como si no hubiera pasado nada, ¿lo entiendes?

-Sí, lo entiendo.

Sí.

Está bien.

Las dos vamos a necesitar tiempo.

Bueno, ¿por qué no te vas cambiando?

Vamos a llegar tarde, hemos quedado con el abogado.

-Vale.

Hace muchos años que no nos vemos y no sabes nada de mí.

Te has quedado con el recuerdo de aquello

y ya han pasado 22 años.

La gente cambia. Tú, yo, todos cambiamos.

Mira, no te creo ni debajo de una losa.

Lo que le hiciste a papá y a mamá

no se borra con un poco de arrepentimiento

y unas bonitas palabras.

Ya.

En este tiempo, he podido pensar.

¿Sí? Y he comprendido que actué mal.

Pero que papá y mamá enfermaran y murieran

no es culpa mía, Adela, sé justa.

¿Justa? ¿Me pides a mí que sea justa?

Perdieron su casa por tu culpa

y terminaron como terminaron

por la angustia y el disgusto de verse en la calle.

¿Y tú qué te crees,

que no me he machacado estos años con ese recuerdo?

Era un chaval.

Pero ya no soy ese chico.

¿Y entonces quién eres?

Dime quién eres. Dímelo, a ver si me entero.

Soy una persona... que intenta reparar todo el daño que hizo.

Ah, mira. Adela.

A papá y mamá no puedo compensarlos, pero está tu hijo.

Sí, exacto, mi hijo, que no conoció a sus abuelos gracias a ti.

¡Que lo sé!

¿Te crees que no me he arrepentido?

Cada día de mi vida, Adela.

Si estás tan arrepentido,

deja a Germán al margen, no le metas

en tus negocios.

Mira.

Solo pretendo que la vida de mi único sobrino,

del hijo que nunca tuve, sea mejor.

Me estoy muriendo.

No tengo a nadie a quien dejarle nada.

Es todo lo que quiero,

compensar en él el daño que os hice a todos.

Qué bonito discurso.

Y qué loable si viniera de otra persona.

Una lástima que yo no me crea ni una de tus palabras.

Pero ¿qué tengo que hacer

para demostrarte que no hay trampa en esa cesión?

Nada, tú no tienes que hacer nada. Tú eres un mentiroso patológico.

Ya me encargo yo de buscar un abogado

para que revise estos documentos y para que me diga cómo puedo

sacar a mi hijo de este embrollo,

porque estoy segurísima de que le has metido en algún lío.

Y solo me queda averiguar en cuál.

Adela.

Tengo un cáncer en estado terminal. Ya.

¿Para qué iba a engañarle

si en dos meses, tres a lo sumo, ya no estaré aquí?

Gonzalo, te creo tan poco,

confío tan poco,

que pienso que esa enfermedad no es más que un truco

para engañar a la gente que dices que quieres tanto.

Y, ahora, márchate.

(Portazo)

Sí.

Sí, todas las camisetas.

¿Me manda confirmación al "e-mail"?

Vale, perfecto.

Vale. Chao, gracias.

-Por fin me he podido escapar. Estoy de los nervios.

Dime que has hablado con ellos. -Sí. Me ha costado, pero sí.

-¿Y?

-Cuando tienes el pedido en marcha, ya no te deja anularlo.

Pero he insistido y creo que ha colado.

-¡Ah! ¡Menos mal!

-Pero no nos dan el 100 % del dinero.

Solo una parte.

-¿Qué parte?

-El 20 %.

-¿El 20 %, tío? ¿En serio?

Esto es un desastre. ¿Sin camisetas, sin dinero?

-¿Qué quieres? No he podido sacar otra cosa.

-¿Y qué hacemos?

Han venido con las camisetas desteñidas pidiendo dinero.

Y va a venir más gente.

-Ya me imagino, ya.

No lo he pensado, no me ha dado tiempo.

-Claro, no te lo has pensado.

Como no te pensaste

lo de lanzarte a pillar más camisetas sin consultarme.

-¿Otra vez, Carla? Ya te he dicho que lo siento.

-Es que somos gafes, tío.

Lo de las tablets y ahora esto. -Bueno, ya está.

No podemos venirnos abajo todavía, espérate.

-Ah, ¿por qué no le dices todo esto a tu socia capitalista?

A ver qué opina. -Joder.

Mi abuela. -Ah.

(Llaman a la puerta)

-Adelante.

Hola, Elías.

Samu, tenemos que hablar.

Espero que sea fácil.

Javier todavía no ha llegado ni me ha llamado.

Ya, ya.

Javier va a tardar un tiempo en volver.

Le ha surgido un contratiempo.

Pero ¿está bien?

(DUDA) Sí, sí, está bien, está bien.

Le ha surgido la posibilidad de ir a... Barcelona.

A conocer un par de mercados. Va a tardar un par de días.

Me podía haber mandado un mensajito.

Se le habrá pasado, ya sabes cómo son estas cosas.

Cuando estás de viaje, no paras.

Te vas a tener que hacer cargo de sus funciones.

¿Yo? ¿Así, sin inyección ni nada?

Sí, eres el suplente, ya lo has hecho antes.

Sí. Pues, ¿entonces?, al lío.

Sí, lo único... que ahora tenía una cosa importante entre manos.

Y no me da tiempo a nada. Samu.

Yo no estoy para excusas.

Eso que tengas entre manos, lo pospones.

Lo importante es el Mercado.

Así que vas al almacén, a estar pendiente de las cargas.

De acuerdo, claro que sí.

Está muy limpio este despacho últimamente, ¿no?

(Portazo)

Lo que faltaba ya, de verdad. Joder. -Con la que tenemos encima.

Espero que no me dejes sola.

-Pues no, a ver. Pero ¿qué quieres? Ya lo has oído.

-¿Me vas a dejar sola?

¿En serio?

Sí, exacto, eso es lo que queremos, revocar la firma.

Sí, mi hijo es mayor de edad.

Ya, pero es que no sabía lo que estaba firmando.

Entonces que se pase por su despacho y ya habla usted con él, ¿no?

Pues estupendo, muchísimas gracias.

Venga, adiós.

Madre mía, Adela, qué mala cara, ¿no?

Un mal día, esto es una epidemia.

Pues sí, hija,

una quiere vivir tranquila y los demás lo complican todo.

No me tires de la lengua, porque, vamos, tengo yo una encima...

No he dormido de los nervios.

Y he estado pensando en ti.

¿En mí? ¿Y eso?

Pues sí, yo a veces cometo errores y contigo patiné.

A ver, no sé a qué te refieres, pero entre nosotras no pasa nada.

Yo tengo problemas mucho más serios ahora mismo.

Y ojalá todo fueran nuestros tiras y aflojas.

Hiciste muy bien en dejar a Elías.

Pero no entiendo cómo aguantaste tanto tiempo.

Hombre, no ha sido sencillo. Ya me imagino.

Porque menudo pieza Elías.

Un sinvergüenza, con todas las letras, vamos.

Al principio no te entendía, pero ahora te admiro.

Hiciste muy bien en darle la patada.

A ver, Carmen, Elías es como todo el mundo.

Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

¿Cosas buenas? Sí.

Si le dejamos, nos lleva a la ruina con él.

Por eso, el día que le dejaste, te debiste de quedar en la gloria.

Pues no, en la gloria no, ¿y sabes por qué?

Las separaciones son muy difíciles.

Para mí, para Elías y para mi hijo, que sufrió tela.

A mí nunca me gustó Elías, para qué te voy a decir otra cosa.

No me gusta meterme, no he dicho nada.

Mira, lo vamos a dejar aquí.

Aunque Elías y yo estemos separados,

hemos pasado muchos años juntos y es el padre de mi hijo.

Y no me gusta nada este tono.

Así que, que tengas buen día.

De buena te has librado.

Hola.

He tenido una conversación con Carmen de lo más rara.

Me ha cogido y me ha puesto a tu padre a caer de un burro.

Es que está rabiosa, es normal. ¿Y eso?

Anoche se enteró de que papá estaba con Hortuño y Velasco.

Estaba escuchando detrás de la puerta.

Y papá tuvo que darle explicaciones.

Acabáramos.

Sí, una movida gorda.

Es que esto cada vez se pone más difícil todo.

¿Por eso tienes esa cara?

No, es por Javier.

Javier es un hombre inteligente y con recursos.

Aparecerá antes de lo que imaginamos.

Sí.

Pero que no haya mandado un mensaje me hace pensar en lo peor.

Entiendo que es desesperante, pero no te preocupes.

¿Tú qué querías? Querías verme, ¿no?

Sí, pero, bueno, no es nada.

Ya te lo contaré, no te preocupes.

Vale.

Eh, Germán.

(CHASQUEA LA LENGUA)

¿Dónde está?

Jonathan.

Jonathan.

¿Lorena ya se ha ido a la clínica?

-Pues estoy cubriéndola, debe estar a punto, hasta hace nada

andaba por aquí. -Vaya.

-Veníamos a desearle suerte y darle ánimos.

-Ánimos... Ánimos no sé si tendrá, pero energía, demasiada.

Me ha puesto la cabeza como un bombo, dándome explicaciones

de cómo estar aquí, como si fuese la primera vez.

-No se lo tengas en cuenta.

Estará nerviosa, pobrecita.

-Nerviosa... -Me hubiera gustado acompañarla.

Pero ahora no puedo ni pensar en volver a pisar un hospital.

-Es normal, tu tía lo va a entender, no te preocupes.

-¿Cómo... cómo ha ido en casa de tu tío?

-Bien, aunque mi abuelo no se tragó la excusa que le pusimos.

-Intuye que algo pasa en casa y por eso Noa no quiere volver.

-Menos mal que me he despertado y ya no estaba.

A poquito que me pinche, me saca la verdad.

-Lo que tienes que hacer es, cuando te pregunte,

hablar de otro tema.

Hasta que no llevemos a Nacho a los tribunales,

mejor no implicarles.

-Pero... ¿habéis avanzando algo?

-Venimos de ver al abogado, pero no ha servido de mucho.

-Es lo que teníamos que hacer.

Hablamos de un delito muy grave.

Y un abogado nos tiene que asesorar, pues ya está.

-Y... ¿qué ha dicho el abogado? -Como imaginábamos,

las fotos del disco duro no las podemos usar como prueba

porque están manipuladas.

Eso, por un lado.

Si ponemos una denuncia anónima,

no puede prosperar por falta de pruebas.

-Es increíble.

A ver, ¿y lo que le hizo a Noa, qué?

¿Los antidepresivos que te dio para ponerte enferma?

-Ya ves, no es tan fácil poner una denuncia a una persona.

-Estamos igual que al principio.

-Al abuelo y Valeria les hemos dicho que íbamos a ver a un psiquiatra

para una segunda opinión sobre mi trastorno.

-Vale, vale.

¿El abogado no ha dicho nada de por dónde podemos ir tirando?

-Sin un testigo, sin una víctima que denuncie,

alguien que haya vivido eso, no tenemos nada que hacer.

-Es la única posibilidad legal, habrá que buscar otra cosa.

-Bueno.

(DUDA) ¿Y Natalia?

-Natalia no quiere saber nada, ya te lo he dicho.

-Ya, pero Natalia me lo contó todo, ¿no?, de alguna manera se implicó.

-Que no, no quiere testificar.

-Que no quiera testificar no quiere decir que no le importe.

-No sé. -(JONA) Noa.

Noa, Rosa tiene razón.

Si Natalia llamó, si quedó contigo, es porque algo le importa.

-Ajá.

-Igual deberíamos tantearla otra vez, ¿no?

-¿Intentamos convencerla tú y yo? -Claro, Noa.

Cuéntale lo del psiquiátrico,

lo que le hizo a Rosa, a mí con Lucía.

Tampoco tenemos nada que perder.

¿Qué haces aquí?

¿No estabas en casa preparándote para irnos a la clínica?

Habíamos quedado en que te recogía. Sí.

¿Has cambiado de opinión?

No, no.

Es que tengo un... un par de cosas que me gustaría dejarle

a Jonathan.

Son unos pedidos que no han llegado,

unos asuntos que no le he explicado, no me dio tiempo.

Tengo aquí esta nota, ¿vale? ¿Se la puedes dar cuando le veas?

Claro, pero Jonathan ya ha estado encargado del bar otras veces

y sabe lo que tiene que hacer.

Y, si tiene alguna duda, para eso estoy yo.

Sí, bueno, ya.

Yo qué sé, déjasela, ¿vale?

Vale, oye.

Ven aquí.

Ven aquí.

¿Qué pasa?

Estás nerviosa. No.

Estoy bien, estoy bien.

Sabemos que es una operación sencilla.

Estoy tranquila.

Y va a salir todo bien. Sí.

Lo sé. Muy bien.

Bien.

¿Qué pasa, Jorge?

Nada.

Sí, sí pasa, estás mirando el teléfono.

No es nada. ¿Esperas una llamada?

No, de verdad, nada.

El tema de Velasco, que se ha complicado un poco.

¿Qué significa que se ha complicado? Se va a hacer con el Mercado, ¿no?

No, no, no. No es eso, no es eso.

A ver, hemos encontrado una cosa bastante gorda

para usarla contra él.

Javier se está arriesgando para conseguirla.

Vale, Javier se está arriesgando.

¿Le ha pasado algo?

No lo sabemos.

No sabemos dónde está.

¿Me estás diciendo esto en serio?

No podemos localizarlo.

Vale.

¿Desde cuándo?

Ayer al mediodía.

Por eso estoy mirando el móvil.

Cada segundo que pase sin noticias no es buena señal.

¿Por qué no me lo has dicho?

Porque esto se va a solucionar y tú necesitas estar tranquila.

No te voy a cargar con otra cosa.

¿Y... y Germán sabe esto?

Porque Germán tiene que estar... Germán lo sabe.

Pero esto... Ya está, va a aparecer y... y ya está.

¿Qué hacemos? ¿Qué podemos hacer? Nada.

Toca esperar.

Y nos vamos a la clínica y nos centramos en lo importante.

Y ya está. No.

No. No, tú te quedas aquí.

¿Cómo que me quedo? Sí.

Porque yo puedo ir a la clínica con Adela.

No. ¿Y si Javier te necesita?

No, tú haces más falta aquí.

Lorena.

Jorge.

No tiene ningún sentido que estés en una sala de espera de un hospital

mano sobre mano sin poder hacer nada.

No sabemos dónde está Javier, no sabemos lo que ha pasado.

Te necesita, tienes que estar aquí, ¿vale?

(Móvil)

Espera.

(Móvil)

¿Sí?

Ah.

No, no, no hay ningún problema.

Vale, vale. Espero, perfecto, perfecto.

Vale.

Pues, mira, era de la clínica.

Que hay retraso en los quirófanos.

Y se atrasa la operación, no sabemos cuánto rato.

O sea, es perfecto, yo puedo avisar a Adela, ¿vale?

Lorena, yo quiero ir contigo.

Yo quiero apoyarte en esto. Ya lo sé.

Sé que me apoyas.

Yo te llamo cuando me bajen a quirófano, ¿vale?

(Móvil)

Sandra. Estaba esperando tu llamada, ¿dónde te metes?

Sí, claro, te puedo ver ahí.

Espera, espera. Oye, ¿va todo bien?

No sé, te noto un poco rara.

Vale, ahora lo hablamos.

Vale, chao.

Y Andrea te manda recuerdos.

Ajá. Perfecto, cariño.

¿Estás bien? Te veo muy callada.

Sí. Sí, sí.

Pero es que estaba yo pensando, David,

¿qué te parece si te vas a pasar unos días con tu abuela?

Prefiero ir a casa, echo de menos mis cosas.

Ya, pero ella también te echa mucho de menos a ti.

¿Qué? ¿Le damos una sorpresa y vas con ella a comer?

Pero ¿no quieres comer conmigo?

Pensaba que me preguntarías cosas sobre Andrea.

¿No quieres saber si nos hemos acostado?

La verdad es que yo confío en vosotros, cariño.

Venga, te llevo con tu abuela, ¿sí?

Querías que me quedara más días en Zaragoza

y quieres mandarme con la abuela, parece que no tienes ganas de verme.

¿Cómo no voy a tener ganas de verte?

Pero tu abuela quiere estar un tiempo contigo.

De todos modos, ahora no puedo ir, está el tema de la pizzería.

¿Qué pasa con la pizzería?

Pues, mamá, que soy repartidor de pizzas.

Paolo me necesita.

Ah, no, no, hijo, eso no puede ser.

¿Por qué no? Pues porque no.

Ahora no puedes estar solo por la calle, expuesto.

¿Expuesto a qué?

Mira, David, se acabó la pizzería.

¿Qué pasa con los estudios?

Puedo compaginar el trabajo y los estudios.

Lo demostré en la evaluación anterior.

Sí, lo sé, pero, aun así, eres muy joven.

Es estresante tener dos cosas a la vez.

Venga, hijo.

Cógete la maleta y vete con tu abuela.

Dale con la abuela.

¿Por qué no puedo ir a casa? Pues porque no, porque...

A ver, no te lo había dicho,

pero... estoy pintando las paredes de casa.

Está todo patas arriba. Además, la pintura es tóxica.

¿Pintando? Pero si el piso está perfecto.

Mamá, estás muy rara.

Pues sí, sí, estoy rara, qué le vamos a hacer.

Tengo toda la casa patas arriba.

No te puedes quedar, vete con tu abuela.

¡Oye, David!

¡Cariño!

¿Qué escondes ahí?

-¿Te parece bien?

¿O una no puede guardar su bolso sin pasar un control?

-Yo antes no tenía que controlar lo que entraba y salía, ahora sí.

-Ya te dimos explicaciones anoche.

Por lo menos, podías confiar en tu madre.

-No, me encantaría, pero es un lujo que no me puedo permitir.

Antes confiaba en ti y tu marido,

pero igual acabo llevándote tarteras a la cárcel.

-Jesús y Elías lo están solucionando.

Y haz el favor

de bajar la voz y no volver a sacar este tema.

Hola, Carla, bonita. ¿Qué tal?

-Hola. Hola, Valeria. -Oye.

El puesto está vacío, no he visto ninguna camiseta colgada.

-Eso es porque... porque no quiero que se ensucien.

-Si no están colgadas, no se ven y no se venden.

-Es que, en realidad, las camisetas se acabaron

y estamos esperando a que nos llegue el nuevo pedido.

-¿Y no te las han entregado? ¿Has reclamado ya?

-Es que Samu me dijo algo de... de una huelga de repartidores.

Y... -¿Tú has oído algo de una huelga?

-Nos han servido la carne en su momento.

-Eso es porque igual el repartidor era del matadero.

-Ah, pues será. -Sí, sí.

Y yo me refiero

a... Estoy hablando de...

De... de una huelga de repartidores "online".

O sea, internacional.

Como hemos hecho la compra "online"...

-Ah.

¿Alguna novedad? ¿Lo vieron por el hotel?

No.

Nada. Ni en los comercios ni en las tiendas de alrededor.

Les he preguntado si alguien lo había visto y... Es horrible.

He hablado con Sandra y...

No va a darnos las pruebas contra Velasco.

¿Qué? ¿Por?

Creemos que también la ha amenazado.

(SUSPIRA) ¿Y qué se os ocurre?

No podemos negociar con él.

Mi padre le ha llamado y no contesta.

Vamos a ver, algo podremos hacer, ¿no?

¿Y si vamos a la consultora?

¿A la consultora? Sí.

Vamos y no nos movemos hasta que nos digan dónde está.

Por no saber, no sabemos ni dónde vive.

Vale, voy contigo. Venga.

Chicos, un momento.

Vamos a pensar muy bien los movimientos que haremos.

Si damos pasos en falso, se lo hará pagar a Javier.

Siento mucho lo que voy a decir, pero ¿vosotros estáis seguros

de que Velasco tiene a Javier?

No tengo ninguna duda.

Vale.

Estate tranquilo, vamos a hacer todo lo posible.

Aparecerá, como apareciste tú. No.

Tengo un mal presentimiento.

Si le hubieran dado una paliza, ya lo habrían soltado.

Bueno, vamos a ver.

¿Cuándo fue la última vez que le viste?

¿Qué estaba haciendo?

La última vez...

Estaba hablando conmigo, me llamó por el móvil.

El móvil. ¿Qué?

Le podemos localizar a través del móvil.

Porque lo del pedido "online"... es mentira.

Y te he mentido porque las camisetas desteñían.

Los clientes pedían que les devolviéramos el dinero.

Tuvimos que devolverles el dinero y Samu ha llamado

para frenar el nuevo pedido

y no nos van a devolver todo el dinero.

-¿Cuánto nos devuelven?

-Pues muy poco, solo el 20 %.

-¿Qué? Pero ¿qué dices? -Sí.

-Si el producto no reúne calidad,

no nos podrán cobrar. -Es lo que decía el contrato.

En una letra muy pequeña.

-Que no.

Si no te entregan las camisetas, el dinero lo tendrán que devolver.

-Pues Samu no lo ha conseguido.

-Vamos a ver.

¿Os habéis gastado mi dinero

y no tenéis ni una camiseta de la nueva remesa?

¿Y qué vais a hacer?

-No lo sé, si es que no lo sé.

Encima, la semana que viene tengo que pagar

otro plazo de la ortodoncia de mi hermana.

-La forma de sacar dinero ahora mismo

es pedir las camisetas a un proveedor de calidad.

-Hemos pedido otros presupuestos y todo es carísimo.

Y, claro, ahora todo son pérdidas.

-¿Sí? Me van a oír en esa fábrica, fíjate lo que te digo.

¡Ya sé quién tendrá un mal día!

Fíjate. -Mamá.

Ten cuidado, el día bueno no lo tienes tú.

-¡Tú, Carla, vente conmigo!

¿Natalia?

Sé que hablaste con mi mujer y le contaste lo que no debías.

No llores, habértelo pensado mejor.

Tu padre tendrá que pagar por tus errores.

Yo te lo advertí.

En cuanto ponga la denuncia, lo inhabilitarán como médico.

Operar estando bebido no es apropiado,

sobre todo, si fastidias la vida de unos cuantos pacientes.

¡Tú te lo has busca...!

Bueno.

Si estás dispuesta a ser una buena chica,

yo también puedo ser más generoso.

Que no vuelvas a hablar, ni con mi mujer ni con mi hija.

Nunca, ¿estamos?

Ni acercarte a ellas.

Si denuncias y se entera la policía,

si alguien se entera de esta conversación,

tu padre ya puede despedirse de seguir ejerciendo la medicina.

Nada, sigue apagado.

Desde ayer está así.

Vale, no pasa nada.

Esta aplicación te permite encontrar el móvil

si te lo han robado y te dicen dónde se paró.

¿Tienes las claves de Javier? Sí.

(Pitido)

Ahí está. ¿Y?

¿Esto es...?

Un polígono en Villaverde. Ahí se apagó por última vez.

A lo mejor sigue allí.

Vayamos a comprobarlo. Sí.

Claro. A ver, un segundito.

Debería estar en la clínica, Lorena entrará en quirófano.

(DUDA) No pasa nada, voy yo, pero no podemos perder tiempo.

Espera, puede ser peligroso.

No sabemos qué te encontrarás. Jorge.

Tengo que saber si sigue allí.

Vale, voy contigo.

(JAVIER JADEA)

¡Suel...! ¡Ah! (JADEA)

(JADEA) -¿Qué?

¿A ver?

¡Guau!

¿Qué? ¿Vas a hablar o no?

Has tenido un mal día, ¿eh?

Nosotros también, ¿verdad?

Porque llevamos mucho tiempo aquí encerrados, aburridos,

esperando a que nos cuentes algo, y no nos cuentas nada.

Anda, cuéntame algo de Celia que yo no sepa.

-¿Celia? ¿Por qué Celia? No sé nada de Celia.

-Porque Celia tiene una cosa que es mía

y quiero recuperarla.

Venga, cuéntame algo

y dentro de nada estarás en casita, abrazado a tu novio.

-No sé de qué me estás hablando, si lo supiera te ayudaría.

-Venga, vamos, vamos. Sí que lo sabes, menos lobos.

He escuchado a Celia y a Jorge hablando.

¿Dónde están los papeles?

(JAVIER GRITA) -¡Mírame a la cara cuando te hablo!

¿Dónde están los papeles de su marido?

-No sé de qué me hablas, te lo juro.

Si lo supiera, te lo diría, te lo juro.

-Claro que lo sabes.

No lo hagas por mí.

Hazlo por Celia y por su hijo, para que no terminen como tú.

-Déjalos tranquilos, ellos no tienen culpa de nada.

-Bien, pues, entonces, cuéntame algo.

-Ya te lo conté.

Sospechamos que el forense falsificó el atestado de Hortuño,

pero no... no sé nada más.

No sé qué ha hablado Celia con Jorge, te lo juro.

-¡Te crees que soy imbécil!

He tenido una jugosa conversación con Sandra y me ha dicho

que buscáis pruebas de financiación ilegal de partidos.

¡Que queríais hundirme!

¡Tengo todos esos mierdecillas de jueces y políticos!

Y no lo vais a conseguir.

Vaya, hombre, parece que te has espabilado un poco, ¿no?

Esto ya sí te interesa.

¿Dónde están los papeles?

-Te juro que no sé nada. Te lo prometo.

No sé nada, te lo prometo.

(JAVIER LLORA)

-¡No lloriquees!

A lo mejor es verdad que no sabía nada.

Joder.

¡Rosa! -¿Qué haces aquí?

-Necesito hablar contigo. -No tenemos nada de qué hablar.

-Déjame que me explique. -No quiero oír tus explicaciones.

Estoy harta de tus manipulaciones. -No era mi intención mentirte.

-Ya está bien, ¿de acuerdo? Ya me lo sé todo.

No quiero hablar contigo.

-Estoy dispuesto a lo que sea para que me creas.

-Sí, ya lo sé, hasta a meter a tu hija en un psiquiátrico.

-Lo decidimos juntos, por consejo médico.

-Mira, ni se te ocurra hablarme de ese médico.

Quiero que te vayas.

Y agradece que no le haya dicho nada ni a mi padre ni a Elías.

-Porque no te iban a creer.

-Si no lo he hecho ha sido porque me he dado cuenta

de que eres capaz de manipular cualquier situación.

Eres un manipulador, Nacho, manipulador.

Quiero perderte de vista, ¿entiendes? -¿Cómo puedes hablarme así?

¿Cómo arreglemos las cosas si no pones de tu parte?

-¿Arreglar las cosas?

No vamos a arreglar nada, esto no es una bronca cualquiera,

como cuando me dijiste

que dejara la pizzería.

Se acabó.

-Lo nuestro no se puede acabar.

Nosotros nos queremos, no podemos vivir el uno sin el otro.

-Quiero el divorcio.

-¿Qué?

-Voy a solicitarlo.

En cuanto el abogado tenga los papeles.

-¿Vas a consentir que nos separen?

-¿Qué es lo que no has entendido de lo que te he dicho?

¿Eh?

Todo lo que le has hecho a mi hija

para esconder ¡todas tus asquerosidades!

Eso no te lo voy a perdonar en la vida.

Estás enfermo, Nacho, necesitas ayuda.

Pero yo no voy a vivir bajo el mismo techo que tú.

-Qué fácil es echar la culpa a otros,

no ser responsable de nada, ser siempre la víctima.

-Está bien.

Vamos a poner las cartas sobre la mesa.

Respóndeme a una pregunta.

Lo que le hiciste a la pobre Natalia, todas esas fotos y todas esas...,

¿se lo has hecho también a nuestra hija?

Respóndeme si eres tan valiente.

-¿Me lo preguntas tú?

-Sí, te lo pregunto yo.

¿Lo hiciste o no?

-Si lo hubiera hecho, ¿cómo es que tú,

20 años casada conmigo, no te dabas cuenta de nada?

-¿Qué? -O bien es mentira.

¿O no será que preferías mirar para otro lado?

Es lo que te preguntará mucha gente. Piénsalo bien.

Si eso hubiera pasado, pasó en tu casa, mientras tú estabas.

-Eres repugnante.

-Si yo fuera como me pinta Noa, no sería el único culpable, créeme.

Hola.

-Hola. -¡Hola, David!

-¿De dónde has sacado que hubo algo entre nosotros?

De alguien que le conocía.

A ver qué opina el juez cuando testifique.

-¿Crees que va a testificar?

Es posible que estemos hablando de penas de cárcel para Germán.

"Es mi cuñado".

Tendré que ayudarlo en casos así.

No tienes ni idea de quién es Nacho.

-Tienes que venirte unos días a dormir con nosotros a casa.

Hasta que se calmen las cosas.

-¿A tu casa? Ni hablar. -Sí.

Como tú no le quisiste dar el dinero,

le estafó 400 000 euros a Velasco para irse con Gorka.

(Pitido)

¿Sí?

-Soy yo, ¿me escuchas?

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Mercado central - Capítulo 171

29 may 2020

Tras descubrir que Jesús y Elías trafican con droga, Carmen y Nicolás están dispuestos a denunciarlos a la policía. Jesús y Elías se ven obligados a contarles la verdad.

Celia recurre a Jorge ante la amenaza de Velasco de hacer daño a David. No sabe cómo encontrar lo que Velasco le exige, así que manda a David con su abuela para protegerle.

Samuel tiene que ocuparse de la gerencia del mercado en ausencia de Javier y se ve obligado a dejar a Carla sola con el problema de las camisetas.

Germán, desesperado, busca sin éxito una pista que le lleve hasta Javier. Finalmente descubre dónde estaba su móvil la última vez que Javier y él hablaron.

Jorge va a acompañar a Lorena al hospital para la operación, pero descubrir el posible paradero de Javier le impide hacerlo.

Adela se enfrenta a Gonzalo. Piensa que ha engañado a Germán al donarle en vida sus empresas.

Javier sigue desaparecido. Velasco intenta sonsacarle a Javier dónde están las pruebas que guardaba Manuel sobre la financiación ilegal de partidos.

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