Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 167 - ver ahora
Transcripción completa

Nos hemos quedado sin hilo del que tirar.

Y no has podido averiguar nada, imagino.

-Nada, que su pareja es médico y que tienen una relación abierta.

Nada más. O sea, lo siento.

Yo esto no te lo estoy diciendo, ¿vale?

Germán suele venir a esta hora por el Mercado.

¡Quién sabe si te lo encuentras!

¿Eh?

Si tú fueras mi amiga,

me habrías preguntado por mi vida directamente a mí,

y no husmeando por internet.

Eso no es lo que haría una verdadera amiga.

Espera un momento, espera.

Espera, por favor, espera.

Me has entendido mal.

No tengo tiempo, la que no has entendido nada eres tú.

Eh... Me operan la semana que viene. ¿La semana que viene?

Sí. Pero eso es genial. Ay.

Tengo una foto de la habitación del niño de los pintores.

¡Ha quedado preciosa!

-Pero me parecen muchas horas para trabajar.

Pero, vamos, tú verás. -Da igual.

No me voy a quedar ahí toda la vida.

-Oye, ¿esa sudadera?

¿Esta? Sí.

La ha diseñado Carla. Pues yo quiero una.

-Mira cómo ha quedado la bici.

-Te preocupas más por la bici que por mí, ¿no?

Lo peor es que, como se entere Carmen,

me va a caer lo que no está escrito, es que...

-Ya, pero a ti te cubre la Seguridad Social.

A la bici, no.

-Juanmi es de Cabezón.

Y el hijo de la Conchi trabaja en un taller en Cabezón.

Y ha encontrado la moto de mi abuelo en la parte de atrás, tapada,

escondida entre otros cachivaches.

-Vale, ¿y qué pinta el tal Juanmi?

-El que ha robado la moto es el que ha quemado la casa.

(NACHO) No quiere veros a ninguno. (JESÚS) Eso no es verdad.

De mis hijos, Rosa es la más cariñosa.

Y no rechazaría nunca ver a alguien de la familia.

-No, pero necesita estar con su marido.

Aunque tú seas su padre, yo la entiendo mejor que nadie.

-¿Con quién hablabas, cariño?

-Con tu padre.

-Pero ¿ha estado aquí?

-Sí.

He tenido que ser un poco duro con él.

-¿Por qué?

-Me da miedo que intervenga y estropee el plan que tenemos.

-Pero ¿cómo te arriesgas así? Le mandas un mensaje a tu madre

a través de Carla. -Sh.

-O de Samuel. -Me dijo que, si no vuelvo a casa,

la medicará más. -Vale.

-Que tengo que volver. -Ni se te ocurra, Noa.

Ni se te ocurra.

Si vuelves, no vas a salvar a tu madre.

-No tenía que haberme marchado de esa manera.

No tienes que disculparte de nada.

Además, yo he buscado información sobre ti en internet y...

Tenía que haberte preguntado directamente.

Celia, no solo he tenido mala suerte en el amor, ¿sabes?,

con mis socios también.

Especialmente con mi mejor amigo, Ginés.

Éramos como hermanos.

Confié en él y acabé en la cárcel por su culpa.

¿Te manda Velasco? -No, no conozco a ningún Velasco.

-¿Quién coño eres?

-Gonzalo, tu tío.

-¿Qué hablas? No tengo ningún tío.

-Tu madre y yo llevamos 22 años sin hablarnos.

-Vale.

-Tengo cáncer.

Está ya en estado terminal.

Gracias.

Bueno, ven, siéntate.

(SUSPIRA)

No, no, no. Perdona, perdona.

Perdona, Antonio, no. No, no.

Perdóname tú, perdóname, de verdad.

Somos amigos, es verdad, somos amigos. Lo siento.

A lo mejor he hecho algo que te ha podido confundir

y lo siento, pero no.

Es verdad,

una mujer como tú nunca se sentiría atraída por un hombre como yo.

No digas eso, eres un hombre estupendo,

lo que pasa es que...

Llevo mucho tiempo sin estar con nadie y... no es el momento.

Pues yo creo que sí es el momento, es el momento perfecto.

Eres preciosa.

Y me muero de ganas por estar contigo, Celia.

De verdad, lo siento, tenía que decírtelo.

Es que no sé qué decir, sinceramente.

No sé... No digas nada, no te preocupes.

(Puerta)

¿Hola?

-¡Huy!

No... no me esperaba que estuvierais los dos... aquí.

O sea, no os esperaba. Sí, no pasa nada, no pasa nada.

Nada, que... que he encontrado un curro en una discoteca,

solo es esta noche.

Pero, al menos, así haré un poco de pasta.

Y, nada, voy a pillar algo para comer.

Pero que... que no molesto más. No.

En la nevera creo que hay algo para que cenes.

Continúa. -No, tranquila.

Ya... ya me voy. Sí.

Te acompaño a la puerta. Sí.

Adiós.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¡Madre mía!

Menos mal que has llegado.

No sabía ya cómo pararle los pies, se ha puesto muy pesado.

Creo que ha llegado el momento de que me cuentes qué haces con él.

No entiendo nada.

A ver, este hombre es Antonio Velasco.

Es un empresario que se quiere hacer con el Mercado.

Parece que está intentando que no llevemos a cabo la renovación.

Pero no solo me interesa por eso.

Conocía a Manuel.

No sé muy bien qué relación tenía, pero Manuel le estafó mucho dinero.

¿Qué dices? A ver.

Velasco no está interesado en mí como mujer,

quiere vengarse por lo que le hizo Manuel

y recuperar su dinero.

Tú dirás lo que quieras,

pero yo le veía muy interesado en ti. ¡Dios!

No lo sé, a lo mejor es una estrategia

o que se ha encaprichado de mí, no lo sé.

No lo sé, pero yo no sé cómo pararle los pies y...

Es insistente, es peligroso, es...

Pues con más razón, tía, deja de seguirle el rollo.

Pero es que yo necesito saber qué vínculo tenía con mi marido.

Necesito saberlo.

Además, si, mientras hago eso, consigo saber cosas sobre él,

podemos ir en su contra. No sé.

Creo... creo que te estás flipando. No.

Puedo matar dos pájaros de un tiro.

Lo que no entiendes es que estás metiendo a ese baboso en tu casa.

Carla, tienes razón, es verdad, pero yo necesito saberlo.

Te prometo que David no va a estar aquí si está Velasco.

¿Por qué tenéis que quedar los dos solos?

Pues no lo sé.

Pero funciona, cuando estamos solos, él se abre.

Y a lo mejor por ahí puedo conseguir algo, no lo sé.

No sé, yo creo que, si quedáis,

tenéis que quedar en un sitio público,

con más gente alrededor.

A mí me da mal rollo pensar que estáis los dos solos.

No sabemos qué intenciones tiene, lo que puede hacer.

No me va a hacer nada.

Él solo quiere una cosa de mí, lo mismo que yo de él: información.

Carla, cariño, tienes que estar tranquila.

Tengo que descubrir qué clase de persona era Manuel.

No sé. Y qué relación tenía con Velasco.

Y, si descubro cosas sobre el plan que tiene para el Mercado,

vamos a conseguir mantener nuestro trabajo, nuestras vidas.

Y eso es importante. Te estás metiendo en un jardín...

De verdad.

Cariño, gracias por preocuparte por mí.

No puedes decir nada de esto, ¿de acuerdo?

Claro que no voy a decir nada de esto.

Y, aunque no me mola nada de lo que está sucediendo,

si necesitas ayuda,

si necesitas que alguien te eche un cable, una mano, lo que sea,

estoy aquí, ¿vale?, avísame. Vale.

Pero no voy a dejar que os quedéis los dos solos otra vez.

Escúchame una cosa.

Si vuelvo a estar a solas con él y la cosa se complica,

te mando un mensaje, ¿vale?

Celia, este tío va muy a fuego.

No sabemos qué intenciones tiene. Por favor, ve con cuidado.

¿Tú sabes quién estuvo ayer hasta las tantas de la mañana

coordinando a los matones de Velasco para una entrega en Lisboa?

Servidor. ¿Y dónde estabas tú? Desaparecido.

Así que no me toques las narices. No estaba desaparecido.

Quien está desaparecida es mi nieta.

Y mi hija, tu hermana, está hecha unos zorros.

Así que no me toques las narices. -Elías.

Eh...

Si ves a Germán, ya le he cogido el bajo de los pantalones.

Están en su cuarto.

Ah, muy bien, pues gracias de su parte.

No hay nada que agradecer.

Para mí, es un nieto más.

En cambio, de ti no puedo decir lo mismo.

No te querría de hijo ni regalado.

Perdona, Jesús, lo siento.

No quería hurgar en la herida, tú no tienes la culpa de nada.

Me voy al puesto.

Hija, qué susto, ¿qué pasa?

-Bueno, estáis todos aquí, mejor.

Así me ahorro viajes. -¿Qué pasa?

-Ya he averiguado quién nos quemó la casa de Comillas.

¿La reconoces?

-¡La moto de mi padre!

-¿Sabes quién la tiene? -¿Quién?

-Juanmi, el hijo de la Covadonga, la tendera.

¿Cómo te quedas?

¿Cuándo pensabas contarme que tengo un tío?

Te lo ha contado tu padre, ¿verdad? Es que...

No ha sido papá, y esto no es lo importante.

Llevas toda la vida mintiéndome.

¿Por qué no me has dicho que tengo un tío?

A ver, Germán. No.

Soy el último en enterarse, ¿no? ¿Quién más forma parte

de esta conspiración? Germán.

No te lo he contado nunca porque mi hermano no existe para mí.

Dejamos de hablarnos antes de que nacieras.

Ya, me lo contó anoche.

Gonzalo es muy mala persona

y no quiero que tenga trato contigo, se lo he dicho.

Soy mayor para saber con quién hablo. Sí, claro.

Pero hazme caso, por favor.

Me parece un tío decente. Ah, ¿sí?

Me contó que estabas enfadada con él,

que os hizo algo muy gordo y que no le has perdonado.

¿Te contó qué hizo? No entró en detalles.

Claro, que listo es mi hermano.

Pues no me extraña, que ese siempre ha sido un pieza.

-La madre no lo ha metido en cintura, pero se acabó.

Le voy a poner una denuncia en la comisaría.

¿Te quedas con el puesto?

-¿Te vas a ir ahora?

-Sí. Samu me dijo que se puede hacer por internet, prefiero en persona.

Y no me presento en Comillas y le agarro por el pescuezo

porque... -Porque es un pirómano peligroso.

Es mejor dejarlo en manos de la guardia civil.

Tu madre está sufriendo por todo este asunto.

Ya pongo la denuncia yo. -No, no.

Yo al imbécil le pongo la denuncia.

Faltaría más. -Escucha.

Escucha.

Mira, yo tengo un viejo amigo que es guardia civil.

Le doy los datos y él pone la denuncia

y habla con los de Comillas.

Estas cosas van más rápidas por vía interna.

Tranquila.

Antes de que llegues a casa,

el tal Juanmi está detenido y en el calabozo.

Estás hablando de Iván, el sargento, ¿no?

Sí, de ese. Tiene una mala leche...

-A ver, hija,

déjalo todo en manos de Jesús, que él sabe lo que hace.

Que tú ya has hecho bastante.

-Bueno, vale, pero en la cárcel hoy,

¿eh? -Sí, sí, sí.

-Me voy para el puesto. ¿Te vienes?

-Ahora voy. -Anda.

He abierto yo y ya lo hago todo yo, tranquila.

Menos mal que no ha denunciado al Juanmi ese.

-Lo mata Velasco. -¡Ay!

Ya no es solo eso.

La policía empieza a preguntarle...

Seguro que canta y llega a Velasco,

hasta nosotros y hasta Carmen. ¡Ay!

¡Por Dios!

Todo esto es culpa tuya.

Nos has dejado en manos de un asesino.

Eres un canalla. Y me voy.

Me dan ganas de darte otro guantazo.

¿Qué vas a hacer con eso? Quemarlo.

Lo importante es que está arrepentido y parece sincero.

¿Tan grave es lo que te hizo como para no perdonarle?

Mira, mi hermano es un estafador y un caradura como no te imaginas.

Si está aquí es para liarla, es lo único de lo que estoy segura.

Ha vuelto porque se está muriendo.

¿Eso te ha dicho?

Sí, que tiene cáncer, que tiene leucemia.

(RÍE) Le quedan dos meses, menos quizás.

Ha venido para reconciliarse. ¿De verdad te ha dicho eso?

No me lo puedo creer.

Pues yo me lo creo, ¿quién iba a inventarse una cosa así?

Es que yo lo conozco bien, mi hermano es un jeta.

Puede inventarse cualquier cosa para salirse con la suya.

Pero qué recelosa eres, que es tu hermano.

A lo mejor ha cambiado.

¿Cómo ha dado contigo? No sabía que tenía un sobrino.

Pues yo qué sé, no lo sé.

Me estuvo siguiendo, me encaré con él y me lo contó.

Pero ¿cómo sabía que eras tú? No os habéis visto nunca.

Yo qué sé, mamá.

No me lo puedo creer.

Me estabas llamando.

Estaba preocupado, normalmente no te retrasas tanto.

Supongo que estabas preocupado por algo más.

No es la primera vez que llego tarde.

Celia, la última vez que te vi estabas con Velasco.

No es muy tranquilizador.

Ya lo sé, y tienes razón.

Tengo que hacerlo si quiero encontrar respuestas.

Vale, pero no te confíes, por favor.

La verdad es que ayer se enfadó conmigo

cuando le recordé su paso por la cárcel.

Bueno, luego vino a casa,

me pidió disculpas y me dio un montón de explicaciones.

¿Explicaciones?

Me hubiera encantado oírlas.

¿Qué te dijo?

Pues me dijo que había sido una pobre víctima,

que fue estafado por su exsocio, un tal Ginés.

Y que, nada, que le engañó y se tuvo que comer el marrón.

Miente más que habla.

Ya lo sé.

No le creí ni una palabra, ya me lo imaginaba.

No tiene pinta de víctima, es demasiado listo.

Sí, y demasiado sinvergüenza.

Ese tío del que te habló, Ginés. Sí.

Era Hortuño.

O sea, que Velasco es el famoso socio en la sombra

del que me habló Moreno Ruiz.

Y ya sabes cómo acabó Hortuño.

Muerto.

Asesinado por el propio Velasco.

Así que no olvides este dato cuando estés con él.

No dejo de darle vueltas a la cabeza.

No entiendo cómo Manuel se acercó a Velasco

y cómo tuvo el valor de robarle tanto dinero.

No entiendo nada, pero lo voy a descubrir.

Entiendo que quieras respuestas, yo te voy a ayudar.

Es muy astuto, siempre va un paso por delante.

Algo se me ocurrirá, no te preocupes.

No es buena idea que sigas investigando.

(Móvil)

(Móvil)

Perdona, lo tengo que coger, es... Perdona.

Asunción, sí, dime.

Sí, sí, David está en Zaragoza.

Discúlpame, no te lo había dicho.

Sí, bueno, ya sabes.

El pobre quería ir a ver a su novia, es normal.

Yo estoy bien, de verdad que sí, no te preocupes.

Y David también, los padres de Andrea son un encanto.

Ya.

Ajá.

Sí, te quería dar las gracias por el teléfono del joyero.

Estuve hablando con Gorka.

Y la verdad es que me dio mucha información,

me contó muchas cosas y...

Asunción, ¿tú sabías que Manuel estafó a un empresario?

"¿Que le robó 400 000 euros?"

"Se llama Antonio Velasco. ¿Tú le conoces, sabes algo de él?"

De acuerdo, Asunción, no te preocupes,

cuando llegue de Zaragoza, yo te aviso.

Eso es.

Venga, un beso. Hasta luego, chao.

Huy... ¿Estás bien?

-(DUDA) Creo que sí.

Acabo de tener una conversación con mi madre un poco intensa.

Me explota la cabeza. -A ver.

¿Qué ha pasado? -Nada.

Movidas familiares que necesito procesar.

¿Tienes un analgésico o algo?

-No, no tengo. -Vale.

Se lo pido a Lore.

(Mensaje)

(Mensaje)

(Mensaje)

(Mensaje)

Pues gracias, Juanjo, y da recuerdos a Pilar, ¿eh?

Y ya me dirás cómo están los mangos, ¿eh?

-¿Qué tal, Jesús?

¿Sabes algo de Rosa?

-He hablado por teléfono hace un rato con Nacho.

Me dice que mejor, descansando.

-La pobre... No me extraña que esté de los nervios.

Normal que le haya dado un ataque.

-Nacho me ha dicho que no se va a mover de su lado

hasta que no aparezca la niña, pero no sé.

No estoy muy tranquilo.

-¿Por qué? ¿Por el encontronazo que tuviste con él?

Hombre, tendría un mal día.

Él está también sometido a mucha presión.

Lo más importante es que seamos todos una piña.

-Si Nacho me ha pedido disculpas.

Ha reconocido que me habló de malas formas.

Pero nada más.

-¿Y qué más quieres? Bastante que se ha disculpado.

Los hombres sois orgullosos.

-Pues no me convence. -Anda.

Déjate de historias.

Ha acabado bien.

¿Vas a ir a ver a tu hija?

¿Te acompaño?

-Pues no sé.

Es mejor que descanse, ¿no?

¡Que no quiero ver a Nacho!

(Móvil)

(Móvil)

Es Iván.

Sí, sí, dime, Iván.

¡Gracias!

Muchas gracias, te debo una, ¿eh?

Siempre pago mis deudas, aunque sea con unos chatos de vino.

Un abrazo, sargento.

-Pero ¿qué pasa?

-Ha encontrado a Noa. -¡Ay, Jesús!

-Por la señal del móvil.

Parece ser que hizo una llamada y localizaron dónde estaba.

-¿Y... y dónde estaba?

-Luego te lo cuento. -Vale.

-Ahora voy a buscarla. -Sí, sí, corre, corre.

No paran de entrarte mensajitos.

-¿Lo dices molesto?

-Me molesta que no me hayas dicho

que has reabierto la página de contactos.

-Tú ya lo intentaste con Bosco, me toca a mí.

-¿Y no ibas a decírmelo? -¿Para cabrearte?

-Me cabrea que no me lo digas.

-No tengo ganas de discutir.

Si tienes una idea mejor para sacarle información, genial.

-No, no se me ocurre una idea mejor para sacarle información.

No me hace gracia que quedes con este tío.

-Sé manejarme con tíos así, ¿vale? "Tranqui".

(Mensaje)

-Tus fans te echaban de menos.

-El fan que me interesa es Bosco y aún no ha picado.

Ya caerá.

-Eso espero, si no, te va a explotar el móvil en la cara.

-Huele como... como a celos, ¿no?

-¿Sabes a lo que huele?

Al ataque de cuernos que te dio ayer cuando quedé con Bosco.

-¡Ah!

Vale, okey.

De todos modos,

la contraseña de mi perfil es mi número de móvil.

Puedes entrar.

-Cariño, no es eso, confío en ti.

Me preocupa Bosco.

-De momento, no ha picado.

Y por chat no me va a morder.

Habrá que subir un poco la apuesta.

-¿Qué quieres decir?

-Pues que necesito fotos nuevas.

Fotos que le molen más.

-Ya.

Y supongo que necesitas un fotógrafo que te haga esas fotos.

-¿Se te ocurre alguien mejor que mi adorable y talentoso novio?

Vas a flipar con los juguetitos que he traído.

Nacho, ¿cómo está mi hermana?

No, si necesita descansar, que descanse, no te preocupes.

Vale. Lo que necesitéis, me llamas.

Me avisas, que voy para allá es nece...

Oye, Nacho, te tengo que dejar.

Lo dicho, con lo que sea, me avisas.

Venga, venga, gracias. Un abrazo.

¿Por qué has ayudado a mi hermano a acercarse a Germán?

¿Qué te hace pensar que lo he hecho?

Elías, por favor.

Mi hermano nunca ha visto una foto de Germán,

¿cómo iba a saber quién era?

Tu hermano vino a verme.

¿Lo iba a mandar al carajo? Él ya sabía que tenía un sobrino.

No hubiera dado con él si no le hubieras ayudado.

¿Y qué querías que hiciera?

Tu hermano está mal, muy mal, me dio mucha pena.

¿Él? ¿Que te ha dado pena él a ti?

Sí, me ha dado pena, sí.

Os hizo mucho daño, pero eso fue hace mucho tiempo.

A lo mejor es el momento de perdonar.

Perdonar.

¿Te suena a ti de algo lo de perdonar?

Él es consciente de que se equivocó

y ha llegado así, reconociéndolo todo.

Sabe que le hizo daño a sus seres queridos,

entiende que no quieran saber de él, pero se siente fatal.

¿Y?

Tu hermano ha cambiado.

Elías, por favor, ¡no me fastidies!

Han pasado 22 años, Adela.

Yo creo que él está arrepentido.

Si no, no pasaría la vergüenza de discutir contigo.

Pues porque algo quiere.

Yo sé muy bien cómo funciona mi hermano.

Siempre ha hecho lo que ha querido, sin importarle a quién arrollaba.

Y, cuando necesita ayuda, repliega alas y pide disculpas.

Y, cuando crees que está arreglado, te la clava por la espalda.

Adela. Sí, siempre ha sido así.

Esta vez ha cambiado. Que no, que la gente no cambia.

Si lo hacen, es a peor.

Nadie deja de ser quien es de repente.

Quien diga lo contrario, miente.

Siempre ha sido eso, un mentiroso.

Tú sabes perfectamente cómo lo pasamos mis padres y yo.

Lo sé perfectamente. Pues entenderás

que no quiera saber nada de él ni que se acerque a nosotros.

Yo te estoy pidiendo que reconsideres tu postura,

que lo escuches por una vez, ¿eh?, por lo menos, escúchalo.

Y, si hay algo que te huele mal, me lo dices y me encargo del tema.

¿Cómo hace mi hermano para meteros a todos en el bolsillo?

Hay que darles una segunda oportunidad

a aquellos que reconocen sus errores.

¿Y ahora de quién hablamos? ¿De mi hermano o de ti?

Ahora que lo dices... Sí, sí, ya, ya.

Ya entiendo por qué le ayudas, porque sois tal para cual.

Dos expertos en traicionar a la gente que queréis.

O decís que queréis.

Y de escrúpulos y de ambición andáis muy parecidos.

Pues sí, mira, yo es que no soy perfecto.

En cambio, tú sí.

Claro, tú... tú eres doña perfecta.

Implacable, siempre en tu sitio.

Comedida, justa, incapaz de perdonar, ¿sabes por qué?

Porque no sabes cómo se hace.

Adela.

¿Sabes que tu hermano se muere? ¿Te lo ha dicho Germán?

Como si me lo dice el papa de Roma.

Le conozco muy bien y no me lo creo, porque es un liante.

¿Y si esta vez es verdad?

¿Eh?

¿Y si esta vez está diciendo la verdad?

Es tu hermano, Adela.

Tu único hermano.

Y, si se está muriendo de verdad

y tú no le das la oportunidad de disculparse,

te vas a arrepentir el resto de tu vida.

El resto de tu vida.

(JONA SUSURRA) Ya. Vale.

Ya, ya, ya.

Sí, pero, escúchame, a ver, eh...

Quería pedirte por si podíamos adelantar la cita para hoy.

Sí, hombre, si tienes la agenda cerrada,

es complicado, pero...

De verdad... de verdad que es un tema muy importante.

Sí, pueden ser diez minutos, ¿eh?, nos da igual.

Vale.

Vale, vale, perfecto.

Dice que lo va a mirar.

-A ver si es verdad.

-Sí, sí, aquí sigo.

Ajá.

(DUDA) Ya...

Vale, vale, de acuerdo, pues muchas gracias.

-Nada, ¿no?

-Los abogados nos reciben esta tarde. -¡No!

-¡Sí! -¡Sí!

¡Por fin!

-¿No confiabas en mí?

-Sí, idiota.

¿A qué hora? -A las cinco, tía.

Esto ya no hay quien lo pare.

-A ver si es verdad, mi madre está en peligro.

-Que no.

No pienses eso, de verdad. Rosa va a estar bien.

-Si me drogó hasta dejarme inconsciente,

con ella no se cortará.

-Que no, no le des más vueltas a eso. Rosa va a estar bien, créeme.

-Jona, la encerró en casa a base de pastillas.

-Ya lo sé, pero Nacho sabe que Rosa es muy importante para ti,

debe tenerla de su lado.

-Pues más razón para que le haga cualquier cosa.

-Mira, Nacho lo que quiere es internarte a ti, ¿no?

Pues ya está, tía.

A Rosa no le hará nada, ella se traga todo lo que le dice.

-Ojalá no fuera verdad.

No entiendo cómo se puede creer todo lo que dice ese hombre.

Pero ya lo del psiquiátrico me mató.

-Oye, mírame.

Las dos vais a salir adelante sin ese cerdo.

-Pues a ver si es verdad, porque estoy cansada.

Estoy cansada de huir, de no fiarme de nadie...

-De mí te fías, ¿no?

-De ti, del que menos.

-Anda, anda.

-Echo de menos a mi madre, Jona.

Y es que, aunque nos quitemos a mi padre de encima,

le va a costar mucho asumir la clase de hombre que es.

-La verdad es que sí.

Va a ser duro.

Pero, oye, alegra esa cara.

Que, venga lo que venga, voy a estar ahí contigo, de verdad.

(Mensaje)

Esta tarde iremos con el abogado, le contaremos y nos dirá qué hacer.

-¿Qué haría yo sin ti?

-(DUDA)

Pues... este va a ser un buen momento para descubrirlo.

-¿Qué?

-¿Recuerdas la entrevista que tenía mi hermana?

Pues bien, porque la han cogido.

-¿En serio? ¿Qué dices? -Sí, empieza hoy.

No le ha dado tiempo a encontrar a alguien para cuidar a mi sobrino.

Así que me toca apechugar.

Oye, no me mola dejarte sola, de verdad.

Pero mi hermana necesita el curro. -Que no, "tranqui", vete.

Nos vemos esta tarde con el abogado.

-Sí. ¿Vas a estar bien?

-Que sí, que sí. -¿Segura?

-Celia se ha ido a trabajar y, si llega, Carla me dice algo.

A ver, aquí dentro no me puede pasar nada.

-Vale.

Pues nos vemos luego. -Vale.

-Cuídate, ¿eh?

(Puerta)

(Móvil)

(Móvil)

(ROSA) "¿Noa?"

"Noa, ¿estás ahí?".

-Mamá.

-¡Cariño!

¿Dónde estás? ¿Estás bien?

-Sí, pero ¿cómo estás tú?

Me han contado lo que te ha pasado, ¿estás bien?

-Pues ¿cómo quieres que esté? Estoy mal.

He pasado mucho miedo, cielo.

Pensaba que te había pasado algo, ¿sabes?

¿Cuándo vas a volver?

-A ver, mamá, escúchame.

Escúchame, esto es importante: no te fíes de papá, ¿vale?

No te tomes nada de lo que te dé. ¿Me oyes?

-Ya lo sé, cariño.

Ya sé quién es tu padre.

Lo siento muchísimo, cielo.

Perdóname.

Ya sé que tu padre es... es un monstruo,

es... es un manipulador.

Lo siento tanto, cielo.

Escúchame.

Necesito que tengas una cosa muy clara.

Le estoy siguiendo el juego a tu padre.

No quiero que sospeche de mí.

¿Lo has entendido?

Noa, ¿me estás escuchando?

-Vale, mamá, voy para allá.

Tienes que salir de ahí hasta encontrar pruebas contra él.

-Es que no puedes venir ahora, no sé cuándo va a llegar tu padre.

-Me da igual, no le tengo miedo, ¿vale? Ahora nos vemos.

-Noa, por favor, no vengas, por fa...

(Puerta)

-¡Hola!

-¡Cariño! ¿Qué tal ha ido la reunión?

-Muy bien.

-Has llegado muy pronto.

-Sí, es que ha ido muy bien. -Ajá.

-¿Con quién hablabas?

-Pues con quién quieres que hable, con... con los de la publicidad.

Llevan toda la mañana llamándome, me tienen loca perdida.

-Sí, es que son unos pesados.

-Sí. Voy a ir al baño.

Sí lo son, hijo, sí, lo son.

¡Chicos, estoy aquí!

¡Jonathan!

¿Noa?

(Timbre)

(Timbre)

-¿Tú vives aquí?

-Eh... Sí.

Bueno, es casa de Celia, pero le alquilo una habitación.

-Ah. ¿Puedo pasar?

-Sí, claro. Pasa, pasa.

(TOSE)

-Noa está aquí, ¿verdad?

-¿Qué? No.

¿Quieres comprobarlo?

-No, no, no hace falta.

-¿Por qué lo dices?

-La guardia civil ha localizado una llamada desde su móvil

en esta dirección.

¿Dónde está mi nieta?

Di la verdad, Carla.

-Eh...

Eh... -¿Qué? ¿Te hace gracia o qué?

-No, qué va. Es que, claro, he pensado lo que puede haber pasado.

Sí, mira, que Noa me vendió su teléfono móvil, este.

Antes de desaparecer.

Y yo no sabía en ese momento que iba a desaparecer.

Me dijo que necesitaba pasta, me lo dejó a buen precio y...

-¿Y por qué ha estado tanto tiempo apagado, sin llamadas?

-Es que me lo dio con la batería totalmente fundida.

Y el móvil aguantaba nada más que cinco segundos encendido, ¿sabes?

Hasta que no le he cambiado la batería, pues...

Siéntate. ¿Por qué aceptaste cenar conmigo?

¿A qué viene esa pregunta?

Sé lo que te hizo Manuel.

¿Por eso te querías acercar a mí?

Vaya.

Me lo contó un amigo.

Así que te robó 400 000 euros. Es eso, ¿no?

Sí. Y por eso te querías acercar a mí.

Para recuperar tu dinero.

Yo no sé qué relación tenías tú con Manuel,

pero no tengo ni idea de qué hizo con ese dinero.

Te agradezco tu franqueza.

Y yo también agradecería tu sinceridad.

No tienes que fingir que te intereso

por recuperar tu dinero. Celia.

Quizá al principio fue así, pero lo que siento ahora es real.

Lo que te dije anoche era verdad.

Me interesa el dinero, claro, como a todo el mundo.

Pero, si yo supiera que tú lo tienes,

te pediría que me lo devolvieras ahora mismo.

Pero sé que no estabas enterada de los chanchullos de tu marido.

Mira, si yo tuviera 400 000 euros,

no estaría trabajando aquí, en un puesto en un mercado.

Siempre he tenido sueños, para mí y mi hijo.

Pero tampoco me quejo.

Voy saliendo adelante y estoy orgullosa de mí misma.

Lo sé.

Y eso es lo que más me gusta de ti,

que eres una mujer fuerte, honrada, luchadora.

No sé cómo acabaste con un hombre como tu marido.

Porque Manuel no era así.

Era bueno y era honrado.

Y no me entra en la cabeza cómo pudo hacerle eso a un cliente.

Pero supongo que nunca terminas de conocer a la gente,

tú lo dijiste.

Así que me rayé muchísimo cuando ella desapareció.

Pensaba que me había timado.

Y luego me enteré de todo lo que ha pasado

y... me sabe fatal.

¿Y la guardia civil ha dicho alguna cosa más o...?

-No, no, solo la llamada.

¿Y no se ha puesto en contacto contigo?

¿No sabes nada de nada de mi nieta? -No, no.

No sé nada, absolutamente nada, de hecho, estoy muy preocupada.

Y Jonathan y Samu lo están pasando muy mal.

-¿Y de Jonathan no sabes nada? -Lo mismo que debes saber tú.

-Te lo pregunto

porque sospecho que Jonathan ha ayudado a mi nieta a desaparecer.

-Lo que sé de Jonathan es que estaba enfermo

y medio liado ayudando a su hermana con su sobrino.

Aparte de eso, nada más.

-Si te enteras de algo, me lo dirás, ¿verdad?

-Claro que sí.

Si ya te he dicho que yo también estoy muy preocupada.

-Ya.

Bueno, pues... nos vemos

por el Mercado. -Nos vemos.

Pasa. -Hasta luego, Carla.

-Adiós.

Dios.

Está claro que no tienes un pelo de tonta.

Siento no haber sido sincero contigo desde el principio.

Pero, a partir de ahora, no habrá más secretos entre nosotros.

Pues, entonces, cuéntamelo todo.

Manuel trabajaba como abogado en mi empresa.

Se encargaba de algunos asuntos.

¿Relacionados con Sideral Gest?

No, no, nada de eso, no. ¿No?

Eran contratos de compraventa, mercantiles.

Manejaba mucho dinero

y sabía cómo desviarlo hacia su bolsillo,

maquillando luego las cuentas.

Me resulta tan feo hablar mal de un muerto...

Sobre todo, si se trata de tu marido.

En fin, que nunca confié demasiado en él.

Nuestra relación laboral fue muy breve.

Pero muy provechosa para él.

Ahora que está todo aclarado,

¿podemos seguir con nuestra relación como antes de que pasara esto?

Mira.

Tenemos una relación muy especial, Celia.

Sería una pena que terminara.

En eso estoy de acuerdo contigo.

Sería una pena.

(CARLA BOSTEZA)

-Qué prontito te has cogido el descanso hoy.

Casi no te veo. -Estoy reventada, tío.

Por cierto,

hace un rato ha pasado Jesús por casa preguntando por Noa,

la guardia civil ha localizado su móvil en casa.

Yo he intentado vacilarle, pero...

Bueno, yo supongo que habrá colado. -Joder.

-Esto tiene que terminar ya.

Noa lo está pasando fatal, pero su familia también.

-Ya, ya, sí, ya.

¿No has dormido mucho o qué?

-No he dormido nada.

-¿Y eso?

-Ya sabes que necesito la pasta para pagar

eso de mi hermana, y ayer, pensando, al final,

recordé que tengo una colega

que curra en una discoteca sirviendo copas.

La llamé, me dijo que había una fiesta

y que necesitaban camareras, y me he pasado la noche currando.

Ha sido un palizote, pero me han pagado bien.

-Ya, por lo menos.

¿Por qué no aflojas un poco? Ya estás doblando en la limpieza.

-¿Lo ves? Por eso no te lo quería decir.

Sabía que me ibas a dar la chapa. (SAMU SUSPIRA)

-Que no, hombre, que soy una tipa dura.

Puedo con todo. -Sí.

Ya te veo, estás que te subes por las paredes.

Una energía...

-¿Qué pasa? -Te has dejado abierto

el grifo del almacén.

-Lo siento, voy. -No, no hace falta que vayas.

Lo he cerrado yo.

Menos mal que me ha dado por bajar.

-Lo siento, Javier, no va a volver a pasar.

-Suerte que no ha pasado nada, pero se podría haber liado.

Acabamos de reparar los almacenes. ¿Se inundan ahora y qué?

A ver si nos centramos un poquito.

-Me he dejado el grifo abierto, tampoco es para tanto.

-No eres consciente de lo que se podría haber liado.

Ahí se guarda el género

de todos los comerciantes. -Ya.

Y el dineral que ha costado

quitar las humedades. -Javier.

Que lo hemos entendido, ya está.

No va a volver a pasar, prestará atención.

-Entendido, no más grifos abiertos.

Te lo juro. -Eso es.

-Eso espero, por la cuenta que nos trae.

(SAMU SUSPIRA) ¿Qué? ¿Vas a aflojar un poquito o no?

-No puedo, tengo que pagarle la ortodoncia a mi hermana.

-No es de vida o muerte, tu hermana puede esperar.

-¿No ves lo importante que es?

Puedo ayudar a mi familia,

aunque sea con algo tan tonto y caro

como pagarle la ortodoncia, ¿entiendes?

Esta vez tengo que hacerlo bien con Martina.

Que confíe en mí igual que confiaba en Laura.

No puedo volver a fallarle, ¿sabes?

-Sí.

Tienes razón, perdóname.

No lo había pensado así.

Y es admirable lo que estás haciendo.

Y no hace falta que te lo diga, ya lo sabes,

pero puedes contar conmigo.

-Ya lo sé. -¿Vale?

Y vete a dormir un poquito, no llegas a esta noche.

-Sí, anda. Si me pilla Javier, me mata.

-Yo me encargo.

-¿En serio?

-Claro, ¿qué te has pensado?

-Pero qué bueno que estás.

-Tú sí que estás buena, hija mía.

(SUSPIRA)

Celia, oye, ¿me puedes hacer un favor?

¿Te traes la sudadera de calaveras del otro día?

Cómo presume Jesús de tener un amigo guardia civil.

Como si los que no lo tuviéramos fuéramos tontos

o no supiéramos arreglar las cosas.

Pero la próxima denuncia la pongo yo porque la víctima he sido yo.

¿A quién le han quemado la casa? A mí.

¿A quién le han robado la moto? A mí. Ya está.

-Pero si Jesús nos quiere echar una mano...

-Date un poco de brío, que se nos hacen las mil.

Tienes que bajar al almacén a traerme la ternera.

-Eso pesa mucho. -¿Cómo?

-Digo, Carmen, que no... que no vale la pena.

Para hoy ya tienes, ¿no? -No sé.

Al menos, colócame las carnes en la vitrina.

¡Venga! ¡Madre mía!

¿Y esto?

Será de alguien que se ha portado como un idiota

y que no sabe cómo pedirte perdón.

No tienes que pedirme perdón. Lorena.

Ayer metí mucho la pata, lo siento.

Solo quería que supieras lo ilusionado que estoy con esto.

Y estoy convencido de que va a salir bien.

Jorge, yo sé que estoy muy tensa con... con lo de Noa,

con... con lo de la operación.

Y sé que lo haces con la mejor intención del mundo,

pero es que este optimismo a prueba de bomba tuyo

a mí... a mí no me ayuda.

¿Prefieres que me ponga en lo peor? No.

No me trates como a una niña a la que no se le dice la verdad.

No te trato como a una niña, solo quiero ser positivo.

Pero es que así no... no funciona.

¿Cómo funciona?

Pues no lo sé.

No lo sé, es todo demasiado...

demasiado íntimo, demasiado personal,

demasiado subjetivo lo que me pasa para explicártelo.

Tengo la sensación de que,

si al final no me puedo quedar embarazada,

me voy a sentir como una mierda.

No tienes por qué, Lorena.

Aunque salga mal, no tienes por qué. Es que soy yo

la que lleva la responsabilidad, todo el peso sobre sus hombros.

Es que no es real.

Estamos juntos en esto.

Estaré a tu lado pase lo que pase. Pues imagínate lo duro que será

si tenemos que devolver la cunita.

Tengo que...

Toma.

¡Manudo pelotazo que ha pagado Paolo con lo del premio!

Vamos, tiene más tráfico en la pizzería que la M-30.

De gente hasta arriba está.

Carmen, ¿por qué no me pones media docena

de salchichas y me las llevo a la hora de comer?

Te las pone en un momento Nicolás. Las salchichas.

Cristina se ha ido, ¿no?

Por fin.

Y yo que me alegro.

Ahora sí que se ha acabado la historia con Paolo.

-No te alegres tanto. Paolo me ha dicho

que Cristina ha ido a Liverpool para arreglar las cosas con el chico.

Así que están mejor que nunca.

Mira qué bien. -A mí no me parece bien.

Con el daño que ha hecho, ¿qué? ¿Vuelven sin más?

Sin más, no.

Lo ha pasado muy mal y se ha arrepentido de lo que hizo.

Y Paolo la ha perdonado.

Yo lo veo muy bien, porque se quieren con locura.

Ya veremos.

¡Las salchichas!

¿Qué te pasa?

-¡Ah! ¡Ay, ay, ay! ¡Dios! ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

¿Qué tienes? -¡Que me ha dado un tirón!

Ah, ah... -Pero...

¿Qué es esto? ¿Qué tienes aquí?

-No, es que, Carmen...

Nada, que... -¿Qué?

-Pues que le he tenido que echar una mano a Paolo en la pizzería,

repartiendo en bicicleta.

Y me he caído. Ay, Nicolás.

-¿Me pones problemas para ayudarme y has repartido pizzas en bicicleta?

-Por Dios, si es que no podía decirle que no.

Nos pilló mintiéndole. -¿Cuándo?

-En el concurso.

-¿Se lo has contado?

Este hombre, de verdad...

Por eso no querías bajar al almacén a por las cajas.

Y por eso anoche no se duchó, no quería enseñarme las heridas.

Y te acostaste con el pijama metido por dentro.

No es que tuvieras frío. Me miente.

Me miente sin parar. No puedo confiar ni en mi marido.

Vengo a por las salchichas luego, ¿no?

Claro. Vale.

(JAVIER) Estás tremendo.

Demasiado. Te van a salir fans por todas partes.

-El único fan que me interesa eres tú.

-Todo por la causa.

(Puerta)

Perdón, no sabía que estabais...

reunidos.

-No seas tonto. Pasa, anda.

Estamos colgando las fotos en la página de contactos

para cazar a Bosco.

-¿A que es una locura?

Y peligroso. Dile tú algo, no me hace ni caso.

-No empecemos otra vez, ¿vale?

Ya está, hemos dicho que es lo mejor y lo sabemos todos.

-¿No vas a decirle nada?

Chicos, perdonad, tengo la cabeza en otro sitio.

He tenido una conversación con Lorena sobre la maternidad

y me ha dejado descolocado.

Creo que ando desbordado con esta situación, no sé.

Lorena está hecha polvo, Celia se está jugando la vida

y ahora vosotros con esto.

Ánimo, amigo, todo pasa.

Y esto pasará.

(Mensaje)

¿Qué?

-Ha picado Bosco.

Sí, sí, si me parece muy bien.

Solo que es la primera opción...

No, no digo... Sí, también es la más económica.

No es por eso, el dinero da igual.

Claro, claro, pero...

Sí, lo único, no tengo algunos detalles que...

Ah, ¿sí? ¿Lo tienes ya?

Espera un momento.

Sí.

¿Por dónde?

No sé ahora mismo...

Ah, ya, ya, ya, ya.

Ya sé, cerca del...

Sí.

Vaya.

Dime, dime.

Sí, ya tengo.

A ver, lo apunto. (ROSA SUSPIRA)

El...

Okey, lo tengo.

Oye, pues muchas gracias.

Gracias por gestionarlo con tan poco tiempo.

Vamos hablando.

Bueno.

Pues ya tenemos plaza para nuestra Noa.

Es una clínica que está muy bien.

Los psiquiatras son de lo mejorcito.

Además, está en un sitio...

Bueno, con jardines, buenas vistas...

Le va a sentar muy bien la tranquilidad a nuestra Noa.

-Ah...

-¿Estás bien, cariño?

Estás un poco pálida.

Seguro que ni has desayunado, ¿no?

¿Te preparo un sándwich o algo? Mira.

Vas a hacer una cosa.

¿Te acabas la infusión?

¿Eh?

Tranquila, Rosa.

Tranquila, cariño.

Sí.

No, no, no ...

No te preocupes, mi amor.

Noa va a estar en las mejores manos, ya lo verás, ¿eh?

Que hemos cogido la enfermedad a tiempo.

¿Eh?

(ROSA RESPIRA PROFUNDAMENTE)

-Siento mucho hacerte esto, cariño, pero... no me ha quedado más remedio.

Lo entiendes, ¿verdad?

Te conozco, Rosa.

Y sé que te ibas a poner muy pesada para que no se llevaran a Noa.

Yo te quiero, lo sabes.

Te quiero mucho.

Me gustaría... poder abrirme más contigo.

Pero sé que nunca me vas a entender.

Nunca.

(Cerradura)

-¿Mamá?

-Noa, cariño.

Has vuelto a casa. -¿Dónde está mamá?

-Bueno, tu madre...

-¿Qué? ¡Mamá! ¡Mamá! -Tranquila, está bien.

Está bien. -Mamá, pero...

¿Qué le has hecho? -No le he hecho nada.

-¿Qué le has hecho? -Le di un calmante.

-¡La has drogado!

-Tranquilízate. (LLORA) Mamá.

Por favor. Despierta.

Vámonos.

-¿Veis lo que me obligáis a hacer?

Jonathan. (SUSURRA) Ven.

Ven.

-¿Qué? -Se la ha llevado.

-No son tan buenas noticias.

Andrea me pidió que no me acerque a Paolo.

Por fin le tengo donde quería, está en deuda conmigo.

Y ahora me estoy ganando su confianza.

¿Y cuál es tu plan exactamente?

¡Perdona, perdona!

-¿Sí? -Perdona.

Oye, que tienes una camiseta chulísima.

Quiero comprarle una a mi novio. ¿De dónde la has sacado?

-¿Quieres chantajearle?

-Preferiría no hacerlo, pero no tengo otra opción.

-Y quiero ofrecerte un trato.

Si me ayudas

a recuperar el dinero, te cederé una parte.

100 000 euros.

Creo que no ha sido muy buena idea hablarle a Lorena

de la habitación, la cuna y eso. Ya.

Yo solo pretendía animarla

y darle un poquito de confianza, pero... he conseguido lo contrario.

(Móvil)

No sabrás nada, ¿no?

-No, yo me encontré su móvil en casa.

Y lo apagué porque vino Jesús siguiendo la señal.

Ya sé que te cuesta entenderlo.

Pero es porque no conoces a Gonzalo.

Si hubieras convivido con él, sabrías que es capaz de esto.

(Móvil)

(Móvil)

Luego, Rosa.

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Mercado central - Capítulo 167

25 may 2020

Jesús consigue frenar a Carmen, que pretende denunciar al autor del incendio de la casa de Comillas.
Cansada por la sobrecarga de trabajo, Carla comete un error en el mercado.
Jorge intenta una reconciliación con Lorena, pero acaban distanciados.
Carmen descubre la lesión que Nicolás se hizo ayudando a Paolo a repartir pizzas.
Siguiendo con su estrategia para sonsacarle información, Celia le confiesa a Velasco que conoce la estafa que le hizo su marido. Hay un (falso) acercamiento presenciado por Jorge.
Elías trata de convencer a Adela para que dé una oportunidad a su hermano Gonzalo. Adela queda dubitativa.
Germán se ofrece voluntario para ser el cebo que atraiga a Bosco, el forense.
Noa, preocupada por Rosa, cae en la trampa de Nacho y se la lleva a la institución psiquiátrica donde será ingresada.

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