Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años  Mercado central - Capítulo 154 - ver ahora
Transcripción completa

-Solo Natalia puede hacerle ver la verdad a mi madre.

-No podemos obligarla a declarar si no quiere.

-La llamaré hasta que me lo coja.

(Puerta abriéndose)

Hola. ¡Uh! Perdón, perdón, perdón.

-Estamos juntos.

Ah, qué bien. Enhorabuena.

-Samu, yo quiero que seáis felices.

-Ahora solo falta que lo entienda tu madre.

-Bueno, igual, de momento, mejor que no se entere.

Si encontramos el coche,

demostraremos que los frenos estaban manipulados.

-A saber dónde está ese coche.

En un desguace, ¿no?

Ya intenté desbloquearlo, ¿recuerdas?

¿Qué hago yo sin móvil?

-Yo igual te lo puedo desbloquear. ¿Tú puedes?

Tiempo me llevará, pero menos que si llevas la chatarra esta a arreglar.

Está todo en regla, ¿no? (JAVIER) Sí.

Pero la cubierta ha estado desprotegida,

y con las lluvias han salido humedades en los almacenes y moho.

Si lo ven, lo mismo nos clausuran.

-Tengo cita en la clínica de fertilidad.

-¿Qué? ¿De verdad? -Sí.

-¿Quieres que te acompañe? -No.

No, quiero acostumbrarme a hacer esto sola.

-Oye, que serás madre soltera, pero no vas a estar sola.

(JAVIER) Esta ruptura demuestra que os queréis,

porque estáis poniendo la felicidad del otro

por delante de vuestros intereses,

y eso os convierte... En idiotas.

(CRISTINA) Tengo miedo a...

a volver a decepcionarte,

a no estar a la altura, a no merecerte...

Pero eso sí, he perdido el miedo a hablar.

Y lo único que deseo ahora mismo es poder estar contigo, Paolo.

¿Seguro que está bien hecho, que no nos hemos precipitado?

No, mujer, para nada.

Es que has puesto una cara... Porque me ha llamado Miqui.

Que ha tenido que salir corriendo a Zamora

y me ha dejado con un montón de recados sin hacer.

Y no vendrá en unos días.

Igual tiene para rato, ¿no? Pues espero que no.

Y no lo digo solo por el padre, que espero que se recupere pronto,

lo digo también por nosotros.

-No nos podemos permitir levantar sospechas de ninguna manera

ni tener testigos indeseados.

Por lo que creo que al mercado hay que dejarlo al margen.

Ni dinero negro ni drogas.

-Estamos de acuerdo.

-Y ya que estamos en eso,

quería comentarte algo sobre las rutas.

-Eso no es de tu incumbencia.

A ver si aprendes a hablar cuando yo te lo diga, abuelete.

Velasco.

En el futuro me gustaría

que hablases a mi padre con más educación.

Manda huevos.

Qué familia. Es alucinante.

-No vuelvas a hacer eso. No necesito que me defiendas.

-Lo único que quiero, Nacho,

es entender... (NACHO) ¿Entender qué?

A ver, ¿me quieres decir algo, Rosa?

¿O te crees las mentiras de mi hija?

-No, qué va, no es eso. -¿Y por qué lo estropeas todo?

-Por favor, Nacho. Lo único que quiero es hablar de este tema,

pero con tranquilidad, por favor.

Venga, no te enfades, cielo.

Ven, ven a la cama.

-¡Ya se me han quitado las ganas! -Por favor, Nacho.

Javi, para con el boli, tío. Me estás poniendo nervioso.

-Perdona, es que estoy... preocupado por lo de la cubierta.

No tienen que bajar al almacén, solo mirar la cubierta.

(Llaman a la puerta)

Buenas.

Hola. ¿Y Germán?

(Puerta cerrándose)

No lo sé. Me ha mandado un mensaje diciendo que venga aquí.

A nosotros igual, pero no sabemos para qué.

Hay mucha Policía por el barrio.

Al parecer hay unos chorizos asaltando locales en el barrio.

Espero que no les dé por meterse en el mercado.

Lo que nos faltaba. La Policía está en ello.

Vamos a confiar.

Como si no tuviéramos bastante con Hortuño y con Velasco.

Dice Germán que este es bastante peor que Hortuño.

Sí, sí lo es.

Eh... Adela. ¿Ajá?

Creemos que es él quien mató a Hortuño.

¿Cómo? ¿Qué?

¿Que Velasco ha matado a Hortuño?

Pero vamos a ver, ¿nosotros dónde nos hemos metido?

(Puerta abriéndose)

(JAVIER) Ya estamos todos. -Perdonad el retraso.

Eh... He venido con alguien. Adelante.

(CARRASPEA)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

-¿Puedo saber ya por qué me has traído aquí?

Pues mira, sí, todos estamos deseando saberlo.

Germán, ¿de qué va esto?

-Vale.

(SUSPIRA) Imagino que ahora mismo eres el que está más perdido.

Los que estamos aquí somos los únicos que sabemos

que papá y Hortuño quieren quedarse el mercado

y las únicas que estamos intentando frenarlo.

-Vaya.

Supongo que tengo que daros las gracias.

Y pediros disculpas por el comportamiento de mi hijo.

Debería haberme enterado mucho antes de todo esto.

-"Tranqui", abuelo.

Todos hemos andado algo despistados, y yo el primero.

-¿Qué quieres decir?

(GERMÁN) Pues que antes de estar al 100% con la gente del mercado,

estuve ayudando a papá y a Hortuño durante meses

a sabotear la renovación.

-Bueno, pero ahora estás aquí, Germán,

con nosotros,

para hacer las cosas bien.

Eso es lo que importa, ¿verdad?

Pues ahora somos uno más.

Así que muchísimas gracias por unirte a nosotros.

Cualquier ayuda es poca para acabar con ese... asesino de Velasco.

-Estoy de acuerdo. Es muy peligroso. Nos vendrá bien contar contigo.

Sí, claro que sí.

Cuantos más seamos, mejor.

¿De verdad que Velasco acabó con Hortuño,

que no fue un accidente?

Es que a mí me cuesta asimilarlo, ¿eh?

-Está claro que Velasco no se anda con bromas.

(GERMÁN) Dímelo a mí,

que me hice el gallito con él y no le gustó demasiado.

Secuestro y paliza, sin previo aviso.

¿Cómo?

¿Y no me lo has contado, Germán?

Lo siento, no te quería preocupar.

No ha pasado nada. No ha sido tan grave.

La culpa de todo esto es de Elías,

que ha metido a esa gentuza en el mercado.

(JESÚS) Elías ya no es un peligro para el mercado.

Tiene tantas ganas como nosotros de deshacerse de Velasco.

Pero lo tiene cogido por las pelotas.

¿Qué pasa, que ahora confiamos en Elías?

¿Y eso por qué?

Velasco sabe...

que tenemos dinero negro.

Hicimos un negocio con un socio y...

y nos llevamos el dinero a Andorra.

Evidentemente, no estoy orgulloso de eso.

-No sabemos cómo Velasco se ha enterado de eso,

pero lo está utilizando para extorsionar a mi padre.

-Bueno, lo importante es que Velasco quiere lo mismo que Hortuño,

hacerse con el mercado.

Elías nos ha metido en esto y él nos tiene que sacar.

Así que va a tener que venir

y dar la cara ante los comerciantes.

Adela, no es buena idea.

¿Por qué? (JESÚS) No es buena idea.

Hay dos razones por las que Elías no debe saber nada.

Primero para proteger a Germán;

no debe saber que ha estado haciendo un doble juego todo este tiempo.

-¿Y la segunda?

-Que yo tampoco me fío de Elías.

-Necesitamos algo contra Velasco.

Ya. El problema es que no tenemos ni idea de por dónde empezar.

Yo creo que sí que tenemos algo por dónde empezar.

Gracias.

¿Estás bien, Noa?

(NOA) Sí. ¿Por?

No sé, te noto tristona. ¿Puede ser?

No, es que he dormido mal.

-Hola, Celia. Hola.

Perdona el retraso.

¿Ha habido mucho lío? -No.

-¿No me vas a preguntar?

-¿El qué?

-Hoy he tenido mi primera visita

a la clínica de fertilidad. -Ay, es verdad.

Perdón. ¿Qué tal? -Pues... bueno,

de momento, un rollo, así, introductorio.

Me han hecho un montón de preguntas,

me han dicho cómo va a ser el proceso...

y ahí estamos.

-Estoy tan contenta por ti, Lore...

Hay que ser muy valiente para hacer lo que vas a hacer tú.

Bueno, y encima, sola.

-La verdad es que tengo mis miedos, ¿eh?

Y sí, sería mucho más fácil

compartir esto con alguien a quien quieres,

que te apoye, que desee lo mismo que tú...

(CHASQUEA LA LENGUA) Pero las cosas vienen como vienen,

así que esto es lo que hay. -Claro que sí.

¿Quién necesita a un hombre?

-Yo no.

-¿Sabes?

Mi sobrina, porque va a ser una chica,

no va a echar nada en falta a un padre.

-Te quiero mucho.

-Y yo.

-Cariño, ¿estás bien?

-Sí, sí. Es que... estoy muy contenta por ti.

De verdad, creo que esa niña va a ser muy feliz

con una madre como tú.

-Noa, ¿te pasa algo?

-No, no, no. Es... Tengo el día tonto hoy.

Así que me voy a la escuela a terminar unos trabajillos, ¿vale?

-Hola, Adela, Ah. Hola, Rosa.

Eh... ¿Te pillo bien? Sí, claro que sí.

¿Qué necesitas?

Bueno, más bien lo necesita Paolo.

Verás, es que los centros de flores de las mesas de la pizzería

están hechos polvo, y como no me encargue yo...

¿Tú podrías prepararlos?

Mujer, claro que sí.

Además, mira, he recibido un catálogo nuevo...

que tiene centros monísimos y muy sencillos,

algunos ideales para la pizzería.

¿Qué te parece este, por ejemplo?

Pues mira, perfecto. Mira.

¿Te parece si se le comento y te digo algo?

Sí, claro que sí. Muy bien. ¿Vale?

Oye, también quería darte las gracias

por escucharme esta mañana.

Rosa, que soy Adela. Por Dios, faltaría más.

¿Qué tal todo en casa? ¿Bien?

Bueno, no del todo bien.

Verás, tú sabes que yo confío mucho en Nacho,

pero es que algunas de las cosas que ha insinuado Noa sobre su padre

me han dejado muy tocada.

Y entonces no paro de preguntarme...

¿hasta qué punto conoce una a su pareja?

Aunque hayas vivido años y años bajo el mismo techo.

Rosa, ¿a mí me lo vas a contar?

Ya.

Es que yo tengo la sensación de que no termino de conocer a Nacho.

Por lo menos no del todo, ¿sabes?

Así. -Ah, vale. ¿Justo?

Sí. Oye, perdona.

No he podido escuchar, y... enhorabuena.

Parece que sigues adelante con lo de ser madre.

Sí.

Sí, lo he pensado mucho y...

y bueno, ya sé que va a ser difícil, y más estando sola...

Pero no quiero tener miedo, es que es lo que quiero.

¿Por qué dices que estás sola?

Pues...

No.

Sí, sí. Hemos roto Jorge y yo.

Lorena, lo siento.

Ya.

Ya, la verdad es que es un palo porque...

porque nos queremos mucho, pero...

pero bueno, es lo mejor. Es lo mejor para los dos.

De verdad que siento que las cosas no hayan funcionado entre vosotros.

Es una pena.

Ya lo sé. Gracias.

(ROSA) Y me da un poco de vergüenza hablar de esto, ¿eh, Adela?

Veras, cuando tenemos...

ya sabes, relaciones íntimas. Sí.

Pues a Nacho le gustan cosas que a mí me incomodan, ¿sabes?

Espera un momento. ¿Te hace daño o...?

No, no, no. No es nada violento. Bueno...

A ver, ¿cómo te lo explico, por Dios?

Es como una especie de ritual que él tiene.

Y le gusta que yo haga cosas que...

Bueno, si lo piensas fríamente, son muy inocentes,

pero en el fondo...

Ay, Dios mío.

Le estoy poniendo palabras a esto y me siento ridícula.

Mira, es una tontería, de verdad.

Vamos a dejarlo, porque no... Escucha, Rosa.

Lo que te pasa es que te da un poco de corte. Mira.

Yo creo que el sexo tiene una parte que también es un juego,

y hay que buscar cosas nuevas

para que no se convierta en una rutina aburrida.

Ya sabes, el "pim pam pum", y además, ahí, como medio dormidos.

Ya... Así que háblalo con él.

Seguramente, lo que le pasa

es que piensa que para ti es divertido.

Así que díselo y buscad algo que os agrade a los dos.

Es que a mí me da un poco de apuro hablar de estas cosas.

A ver, Rosa, mi vida,

a esas alturas hay que superar la vergüenza.

Lo que no puede ser es que el sexo sea un problema.

Hay que buscar las soluciones.

Y más cuando se llevan tantos años de relación.

Pero a esas alturas, ya qué vamos a hacer, ¿no?

Eh.

Hay que mantener la mente abierta y dejarse llevar.

Y jugar.

Mira, lo mismo te sorprendes tú, así que sorpréndelo a él.

El sexo es cosa de dos, y es así.

Mira, Adela, lo voy a pensar, ¿vale?

Y... bueno, volviendo a lo otro, ¿te importa si me llevo el catálogo?

¿Vale? Claro, mujer.

Y según lo que me diga Paolo, pues te cuento.

¿Te parece? Ajá.

Vale, pues... hasta ahora. Rosa.

No le des tantas vueltas a la cabeza.

Ajá. Chao.

No, no, no, no.

¿En serio?

¿Qué les pasa a estas baterías? Por favor.

Hola.

-Hola. ¿Qué tal?

Bien. ¿Qué tal tú?

Bien. ¿Y tú?

Mierda.

Eh...

Bueno, eh... Estaba escribiéndole un "mail" al tipo del piso para...

para decirle que...

Pero me he quedado sin batería.

Pues... yo he estado en la clínica de fertilidad,

y si todo va bien, en una semana, más o menos,

empezaré con la primera fase de la "in vitro".

Vaya.

Vaya. ¿Quieres tomar algo?

¿Te sientas un momentito?

Sí, sí. ¿Vale?

Pues... me alegro mucho.

No sé por qué te he contado esto.

No, no, no. Está bien, Lorena. Me parece maravilloso.

Lo que pasa es que ha sido todo tan rápido que no me lo esperaba.

Pero me parece genial.

Y bueno, tú eres así, cuando...

quieres algo, vas a por ello, y eso es maravilloso.

De verdad que me alegro mucho por ti.

(JAVIER) Aquí están, todos los desguaces de Madrid.

-Guay. Pues imprime la lista, "porfa", y me la llevo.

-Imposible, la impresora no tiene tinta.

-Bueno, no importa.

-¿Qué haces?

-Pues... sacarle una foto.

A ver, que no voy a copiar la lista a mano.

Claro, qué tonto. Perdona.

Es que... tengo la cabeza en otra cosa.

No paro de darle vueltas a la reunión de esta mañana, ¿sabes?

-Debí contarte que venía mi abuelo, ¿no?

-No, no es eso, de verdad.

Me parece genial. Entiendo perfectamente que lo trajeses.

-Ya. Es que creo que necesitaba contárselo.

Me siento...

Me siento mejor, me siento liberado.

Y creo que él también se siente mejor,

ahora que sabe que os he estado ayudando a luchar contra mi padre.

Si no, no me hubiera perdonado ni de coña.

-De verdad, me alegro por ti.

Yo me sigo sintiendo fatal por no poder contarle a Jorge

que fui yo el que dio dinero a Osip para que se fuera.

Y ahora también hay que ocultarle lo de las drogas y Velasco.

-Estamos apañados, ¿eh? Los dos con problemas de conciencia.

-Tú has resuelto las tuyas.

Yo sigo mintiendo a mi mejor amigo, como si no confiáramos en él.

¿Por qué no se lo decimos?

(Llaman a la puerta)

-¿Cómo va el asunto de los desguaces?

-Bien, abuelo, ya lo tenemos. -Ah, bien.

(GERMÁN) Oye, una cosita.

Nada, que ahora que Javier ya lo sabe...

¿qué te parece contarle a Jorge lo de las drogas de Velasco?

-Nos podría ayudar. (JESÚS) No, no, ni hablar.

Tampoco me gusta ocultarle la verdad a Valeria,

pero es la forma de protegerlos ante el psicópata de Velasco.

Todos conocemos a Jorge.

Si supiera la verdad,

tendría la tentación de enfrentarse a Velasco,

y él no dudaría ni medio segundo en quitárselo de en medio.

-Está bien. Seguiremos sin decírselo.

(Móvil)

-Elías.

(Móvil)

Sí.

¿Eh? Tranquilo, tranquilo, tranquilo.

Sí. ¿Qué pasa?

Vale. Ahora nos vemos. Sí.

No te preocupes, que no será nada.

Lo ha llamado Velasco.

Está muy cabreado.

Nos ha citado a tu padre y a mí esta noche en el despacho.

(GERMÁN SUSPIRA)

(PAOLO) Rosa... ¿Qué pasa?

Ya es el segundo plato esta tarde.

-Lo siento. -Lo recojo yo.

-Lo siento, de verdad.

-De verdad, no te preocupes, va. Déjame hacerlo.

Y... "voilà".

Hecho.

¿Estás bien, Rosa?

-Sí. -Puedes contarme lo que quieras.

-Lo sé, lo sé. No te preocupes.

-Además, podías volver un poco más tarde.

Sabes que a estas horas no hay mucha gente.

-Sí, pero yo quería venir antes.

No pasa nada, Paolo, estoy muy bien. -Vale.

-¿Y tú qué tal con Cristina?

Porque por lo que veo, la cosa no va nada mal, ¿no?

-No, no va nada mal.

-¿Qué pasa, no me lo vas a contar?

-Sí. Bueno, eh...

Nada, esta mañana, Cristina se enteró...

de que no le había dicho de una oferta de trabajo...

(ROSA) Ajá. -Y quiso saber por qué.

Entonces, una cosa llevó a otra...

y acabamos hablando de lo que sentimos el uno por el otro.

-¿Y... qué más?

-Es que Cristina me dijo que nunca ha dejado de quererme

y que si ha vuelto era porque esperaba que yo la perdonara.

Y que lo de Nápoles, bueno... fue un error, nada más.

La cosa es que...

bueno, la conversación fue tan bien, tan intensa, tan apasionada...

que acabamos besándonos.

-No, Paolo. -Sí.

-Me alegro mucho.

-Ya. Yo también.

Es que me hace mucha ilusión.

Pero quiero tomarme las cosas con calma, ¿sí?

Porque... bueno, porque he sufrido mucho.

Yo no quiero lanzarme así, a lo loco.

Lo que necesitamos los dos es tiempo

para pensar bien lo que sentimos el uno por el otro.

-Ya...

Pero os habéis besado, ¿no?

-Ya. -Ya.

-Ya nos besamos hace unos días, pero...

yo creo que ahora es diferente.

Porque, no sé, este beso lo sentí como...

como los besos de antes, ¿sabes?

Antes de la crisis, antes de Doménico,

antes de la separación... (DOMÉNICO) "Ciao", Paolo.

Rosa.

-¿Y tú qué haces aquí?

-Estoy de paso por Madrid y he querido saludarte.

-Voy a hacer mi descanso ahora, si no te importa.

-Hola. -Hola, Nicolás.

-Hola. Papá, ¿te tomas un café conmigo?

Desde que he vuelto al mercado,

no hemos pasado un minuto juntos y me apetece mucho.

-Claro que sí. A mí también me apetece mucho.

¡Eh! Te quedas al mando.

-¡Qué ilusión, claro que sí! Mi primera vez solo, ¿eh?

-¿Qué, qué te preocupa, hija?

-¿Qué pasa? Que lo de tomar un café juntos no ha colado, ¿no?

-Pues no.

(ROSA) Ay, papá, me preocupan tantas cosas...

Me preocupa que mi hija se lleva a matar con su padre...

(JESÚS) Bueno, son normales los roces entre padres e hijos.

Tu hermano y yo estamos siempre como el perro y el gato,

y desde hace años, ¿eh? Y no pasa nada, no es tan grave.

(ROSA) Ya...

Oye, tú nunca me has dicho qué es lo que piensas de Nacho,

ni siquiera cuando éramos novios. -Porque nunca me lo has preguntado.

(ROSA) Bueno, papá,

¿desde cuándo has necesitado tú el permiso de nadie

para dar tu opinión sobre algo? -Ya, ya, ya.

Pero el tema de maridos y mujeres de los hijos es distinto.

Elegís vosotros.

-¿No me vas a ofrecer una grappa?

Estaba muy buena esa que te traían de Montepulcciano.

-Hay que tener mucha cara para presentarte aquí.

Haz el favor de irte de mi restaurante.

-Veo que no quieres beber conmigo.

-Doménico, márchate antes de que te rompa la cara.

-Tranquilo, que no estaré mucho por aquí.

Tengo que resolver unos asuntos pendientes en Madrid y luego me voy.

Suponía que Cristina estaría trabajando contigo en la pizzería.

-Pues no. Eso es mucho suponer.

Así que puedes irte.

-Me sorprende que no te dijera que estaba aquí.

-¿Cristina sabía que tú estabas en Madrid?

-Sí, claro, la llamé ayer. ¿No te lo dijo?

-Pues no.

Hablamos muy poco, y menos de ti.

-Bueno, ya que no me invitas a un trago, me voy.

"Ciao", Paolo. Me alegro de que estés bien.

Y...

volveremos a vernos antes de que me vaya, ¿"okay"?

"Ciao", Paolo.

-Pues te agradezco que seas tan considerado con mis decisiones.

Pero... tengo la sensación

de que no me vas a decir qué piensas de Nacho, ¿verdad?

¿Por qué tengo la impresión de que no te gusta mi marido?

-Eso no es verdad. Nacho se desvive por ti.

-Ya, pero que se desviva por mí no quiere decir que te guste.

Nunca has sido tan atento, cariñoso, con Nacho como con Adela.

A ella siempre la has tratado como a una hija.

-Bueno, es posible.

Pero es normal.

Adela y yo hemos vivido muchos años bajo el mismo techo,

y Nacho siempre se ha esforzado

en mantener las distancias con la familia.

-¿Tú crees? -Por ejemplo,

nunca vinisteis con nosotros al apartamento de Jávea.

Siempre ibais cuando no había nadie.

-Bueno, eso es verdad, sí. -Mira, no sé...

A lo mejor, Nacho no quería que nos metiésemos en vuestra vida.

Ya sabes que le gusta tenerlo todo bajo control.

Pero no puedes reprocharme que no lo aprecie más.

Tenemos la relación que él ha querido.

-Entonces, no me vas a decir qué piensas de él, ¿no, papá?

-Evidentemente, no es un mal hombre.

Pero nunca me ha gustado la falta de confianza en la familia,

que sea tan cerrado.

Se supone que tenemos que apoyarnos los unos en los otros.

-¿Y por qué nunca no me has dicho nada?

-No quería meterme.

Además, parece que no ha sido un problema para ti.

-¿Sabes? No tienes razón sobre Nacho.

Es verdad que no es tan cariñoso como Adela.

Es... bueno, reservado.

Pero quiere a la familia, papá, a su manera.

No tiene nada contra los De la Cruz, te puedo asegurar.

-Me has pedido mi opinión y yo te la he dado.

-Buenos días. -Buenos días, Carmen.

-Bueno, aquí estás. Vamos, que no quiero a mi madre sola en el puesto,

que los chorizos le van a vaciar la caja.

-No son atracos a mano armada. Solo roban con los puestos cerrados.

-Las cosas solo pasan una vez, cuando pasan.

Hay que hablar de la seguridad con Javier.

-No le calientes la cabeza con eso. (CARMEN) ¡Oh!

Bueno, parece que estás recuperada. ¿Qué era? Varicela, ¿no?

-Sí, que como me encontraba mejor, pues he venido aquí a...

a traerle algo para merendar.

-Ah. Pues ya se ve que estáis merendando, sí.

¿Cuánto lleváis? -Unos cinco minutos.

-Que cuánto lleváis juntos, que...

está claro que estáis juntos, me ha quedado clarísimo.

-Pues sí, mamá.

Estamos juntos y esta vez no voy a dejar que te metas en medio.

-¿Cuándo me he metido yo en medio? (CARLA) Pues hace muy poco,

cuando le decías que no se acercara a mí

porque no había pasado la varicela. -No quería que se contagiara.

Pero para el caso que me hace...

(SAMUEL) Sabía que era para que no me acercara a ella.

-Pero ¿qué tipo de plan es ese? (SAMUEL) Tú sabrás.

Ya me lo han dicho también la abuela y papá.

-Ah, tú haz caso de la abuela y del papá.

La abuela no sabe dónde tiene la mano derecha

y él, ni cuándo es su cumpleaños. -El 4 de diciembre.

-El 5.

Adela.

Perdona.

Te veo muy sola. ¿Qué ha pasado?

Nada.

Ah. Vale, vale.

Elías, déjame en paz. Claro, claro, claro.

Esto... Esto no será porque Miqui te ha dejado, ¿no?

¡Oh! ¿Qué me dices, que se ha cansado de ti?

Vaya faena, ¿eh?

Bueno, y qué humillante también, ¿verdad?

Sabes que no me gusta ser agorero, pero yo te lo dije, ¿eh?

Esa relación no tenía futuro, estaba acabada antes de empezar.

Los calentones, que es lo que tienen, que duran poco.

Bueno, pues oye, de verdad, ¿eh?, lo siento.

No, pues no lo sientas tanto.

Porque nos va genial. Ah, ¿sí?

Sí. Lo único que pasa es que Miqui...

ha tenido que cogerse unos días

porque su padre se ha puesto enfermo

y ha ido a Zamora para cuidar de él.

Oye, pues ojo con los castellanos, que es gente recia

y no doblan la servilleta así como así.

Quiero decir, a ver si el padre se va a enquistar en la enfermedad,

dura años y años y...

Ya. Tú siempre tan sensible.

Mujer, que no es por malmeter,

pero, hombre, tú sabes, ¿no?

Miqui va allí a cuidar al padre, el padre aguanta...

Cualquiera sabe cuándo va a volver Miqui.

Si vuelve, ¿eh?

Elías. Dime.

¿Por qué no te vas a la mierda?

Un ratito, ¿eh?

Perdona, ¿tú lo sabías?

-¿Quién, yo? -No, el que tienes detrás.

(NICOLÁS) Hombre, a ver, saber, saber... algo sabía.

-¿Lo sabías y no me has dicho nada? -Me he enterado esta mañana.

-¿Llevas toda la mañana mintiéndome? -Carmen, que yo no te he mentido.

Es que no ha salido el tema, pero vamos, que si llega a salir...

-Que esto no es el Tribunal Supremo. Me has mentido y punto.

-Vale, sí, te he mentido.

Porque tenía miedo de que te lo tomaras, pues...

como te lo estás tomando, mal.

Además, no solo yo, ¿eh?, que tu madre también lo pensaba.

-¿Mi madre también lo sabía?

O sea, ¿soy la única que no se entera de nada?

(SAMUEL) A ver, mamá...

Es que sabíamos cómo te ibas a poner.

(CARLA) A ver, Carmen, que yo entiendo que no te fíes,

que quieres protegerlo y tal,

pero que esta vez vamos a hacerlo bien

y nos vamos a esforzar para que esto funcione. ¿Verdad?

-Sí. (CARMEN) Claro que lo pasado mal,

pero ¿qué madre no lo pasa mal cuando ve sufrir a su hijo?

No se le ponen puertas al campo, si es lo que queréis, yo...

Ahora, por favor,

ni una mentira más, que eso ya lo hemos aprendido.

-Vale.

¿Y me prometes que no...

no sé, que nos vas a apoyar? (CARMEN) Claro que sí, cariño.

Como siempre.

Otra cosa es tu padre, que igual hoy duerme en el sofá.

A ti no te perdono, ¿eh?

Tú y yo vamos a hablar en casa. -Que yo lo he hecho por tu bien.

Si es que es que, de verdad...

-¿Sabes?

Me siento fatal por la discusión de anoche.

Me gustaría que pudiéramos charlar con calma y...

-Ahora no va a poder ser.

(Notificación de móvil)

-Oye, mira, Noa...

Yo sé que, últimamente,

tu padre y yo no te hemos dedicado mucho tiempo,

pero quiero que no tengas ninguna duda de que te queremos,

de que nos preocupamos por ti.

Nunca haríamos nada, nada, Noa, contra ti.

Tú lo sabes, ¿verdad? -¿Qué me estás contando, mamá?

O sea, ¿de verdad te piensas que esto va de sentirme desatendida?

Te conté una cosa horrible de papá y no me crees, ese es el problema.

Es que... ¿no te das cuenta?

Te ha vuelto a hacer la misma de siempre,

te maneja, te manipula, te miente...

Hace contigo lo que le da la gana. ¿No lo ves?

-Hija... -¡Ni "hija" ni nada!

Natalia me contó lo que le hizo papá.

¿A ella tampoco la vas a creer?

-Papá no le ha hecho nada a Natalia, Noa.

-Ah, no, claro. Y entonces, ¿por qué dejamos de ser amigas?

¿Eh? ¿Por qué nunca más quiso volver a casa?

-Papá habló conmigo.

A ver, Noa, tú estabas celosa de Natalia.

-Bueno... -Os peleasteis.

Casi llegasteis a las manos, cielo.

Si no llega a ser por tu padre, la cosa va a más.

-Mamá, eso es mentira.

Por favor, te estoy contando que Natalia me lo contó a mí.

Pero ¿por qué no me crees?

-¿Tú estás segura de que Natalia te dijo eso?

-¿Cómo me iba a inventar una cosa así?

¿Te crees que estoy zumbada o qué?

-Es que a veces, hija, la cabeza juega malas pasadas, ¿sabes?

Nos creemos cosas que luego no han ocurrido.

Esto pasó hace mucho tiempo, Noa.

A lo mejor...

no sé, a lo mejor no lo recuerdas.

-Mamá, mi cabeza está perfectamente.

Todo lo que te estoy contando es verdad.

-Noa...

Creo que deberíamos buscar a un psiquiatra,

para que te ayudara.

-Mira, mamá,

aquí los únicos trastornados sois tú y el pederasta de tu marido.

-Por favor, Noa...

Jorge, oye, ¿no te quedarán algunas cremas "gourmet",

de esas que solemos llevar? Sí.

¿Me guardas una? Luego paso a por ello, ¿vale?

Oye, Jorge, perdóname,

que no quiero meterme donde no me llaman, pero...

me he enterado de que lo has dejado con Lorena. ¿Estás bien?

Bueno, no sé. Duele.

Supongo que es lo que teníamos que hacer.

Ella no... no quiere renunciar a ser madre

y yo no quiero volver a ser padre si no estoy preparado.

Te entiendo. Ser padre es una responsabilidad muy grande

y para toda la vida.

Celia, he sido muy mal padre con Marcos,

y él está pagando las consecuencias.

No voy a traer otro niño al mundo para volver a fallarle, no.

Jorge, por favor, no seas tan duro contigo mismo.

Eso pasó hace más de 20 años.

Todos aprendemos de nuestros errores.

¿O es que tu relación con Lorena es igual que como era con tu ex?

No, no. Claro que no.

Porque tú eres diferente.

Mira, yo he metido mucho la pata con David, muchos errores,

y he sufrido mucho por él.

Pero bueno, la verdad es que...

me hubiera gustado tener otra oportunidad,

haberlo hecho mejor con otro niño o con otra niña.

¿Y por qué no lo tuvisteis?

Por Manuel.

Lo de David le afectó mucho.

Es difícil criar a un niño con asperger.

Tenía pánico a volver a empezar de nuevo

y que las cosas no salieran bien. Ni siquiera lo intentamos.

No lo sabía. Lo siento.

Pero tú tienes otra oportunidad, Jorge.

Otra oportunidad para hacerlo bien, para ser padre.

Y encima, con una chica tan estupenda como Lorena.

De verdad, olvídate del pasado, no tiene sentido. ¿No lo ves?

Además, la vida te está dando una segunda oportunidad,

y eso pasa pocas veces,

y cuando eso ocurre, solo puedes hacer una cosa...

aprovecharlo.

Aquí.

"Hola, cariño.

Hace muy poco que te has ido, pero...

ya te echo de menos.

Resulta que... que he bajado aquí, al almacén,

y me he acordado de...

de lo que pasó entre nosotros.

¿Tú te acuerdas?

Perdona.

Iba a grabarte un vídeo, de estos subidos de tono, pero...

me da un apuro terrible.

Es que yo no soy muy buena para estas cosas.

Estos chismes me intimidan.

En cambio, tú no.

Tú justamente me causas el efecto contrario.

¿Y sabes? Me encantaría que estuvieras aquí...

para hacerte... todas las cosas que me pasan por la cabeza.

Y susurrarte al oído..."

(Llaman a la puerta)

(NICOLÁS) Hola.

Nada, ¿eh? No estaba haciendo nada.

No, sí, sí. Tranquila, tranquila, vamos.

(MÓVIL) "Hola, cariño.

Hace muy poco que te has ido, pero..."

¡Mierda! Esa eres tú, ¿no?

(Pulsaciones en el móvil)

No creas, ¿eh? -"...y resulta que...

que he bajado aquí, al almacén, y me he acordado de..."

Por fin. Estos móviles...

Sí, todo es culpa de los móviles, sí.

Pues sí. Inventos del demonio, Adela.

Y que lo digas.

Vivíamos mucho más felices cuando no los teníamos.

Dónde va a parar. Amén.

Me subo para arriba. Muy bien.

-Hola. -Hola.

Déjalo, Cristina.

No hace falta que me ayudes, ya casi he terminado.

-Sí, ya lo sé, pero habíamos quedado en hablar.

-Cristina, te he dicho que lo dejes.

-Oye, ¿qué te pasa?

-Nada, pero...

es que... ya no trabajas aquí, no hace falta que me ayudes.

-No sé. Mira, son muchos años estando a tu lado

y te conozco muy bien y sé que te pasa algo.

Esta mañana hemos hablado, nos hemos besado...

¿y ahora ni me miras? ¿Qué te pasa?

-¿Tú sabías que Doménico está aquí?

-¿Doménico?

¿Aquí, en Madrid?

-Ha estado aquí, en el mercado, en mi restaurante.

-¿Contigo?

-¿Qué hace Doménico aquí?

-Ah, yo no lo sé. -Cristina, por favor, no me mientas.

Sabías que Doménico estaba en Madrid.

-Paolo, de verdad que no.

Hace mucho que no hablo con él, desde que me fui de Nápoles.

-¿Y por qué él dice que hablasteis ayer por teléfono?

-Pues mira, no lo sé. Pero no.

Es verdad que me llamó por teléfono, pero yo no... no le contesté. Mira.

Paolo, por favor.

Tienes que creerme.

Yo no sabía que estaba en Madrid. Hace un montón que no hablo con él.

-Mira, Cristina...

Ya no tienes que darme explicaciones.

Lo que hagas con tu vida es cosa tuya.

-A ver, Paolo, me da igual

que Doménico esté en Madrid, en China, donde sea, me da igual.

Eso no cambia las cosas. No cambia lo que hemos hablado.

Lo que ha pasado esta mañana, ¿no?

-Lo siento, pero...

Me has mentido tantas veces, Cristina, que...

ya no sé cuándo fiarme de ti, sobre todo si se trata de Doménico.

-Yo pensaba que habíamos hablado las cosas, las habíamos aclarado

y que podías volver a confiar en mí.

-Yo también lo creía, pero...

ya no estoy tan seguro, Cristina.

Y creo que es mejor dejar las cosas como están.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

Hola, Miqui, cariño. ¿Qué tal?

Oye, ¿has visto el vídeo que te he mandado?

Si supieras...

Si supieras lo que me ha pasado...

Bueno, a ver, simplemente quería saber cómo estás.

Bueno, y si tu padre ha mejorado, claro.

Espero que no sea nada grave.

Que... si no puedes llamarme, mándame un mensajito,

diciéndome que estás bien.

Es que como no tengo noticias tuyas, estoy un poco preocupada.

Bueno, pues eso, que me llames.

Y nada, que...

te echo de menos.

Bueno, un beso.

Mejor dos.

(VELASCO) ¡No me fastidies!

¿No decías que lo tenías todo controlado?

¿Eh? ¿Qué está pasando?

Velasco, yo puedo controlar todo lo que se puede controlar.

La Guardia Civil no entra en el paquete.

(JESÚS) Mira, lo que le pase a tu conductor me da igual,

pero la furgoneta es nuestra

y ahora nos van a investigar a nosotros.

Y si lo aprietan mucho, hablará, y nos va a delatar.

-Tú no sufras por eso, abuelete.

Mis hombres saben perfectamente qué es lo que tienen que hacer.

Si los cogen, dirán que han robado la furgoneta con el conductor dentro

para evitar sospechas.

Luego se autoinculparán y mi abogado solucionará el resto.

-Vaya, lo tienes bien organizado.

-Somos una empresa muy seria.

No hace falta que me des palmaditas en la espalda.

Pero ahora tenemos un problema,

y un problema bastante gordo.

Hay un control que va a estar toda la noche,

y los envíos tienen que llegar como sea.

No podemos perder ni un gramo.

Vas a tener que pararlo, no hay otra solución.

Yo no voy a hacer eso, ¿entiendes?

Porque perdería algo más importante que el dinero,

voy a perder la confianza de mis socios.

Es que no hay otra alternativa... (JESÚS) En realidad sí la hay.

Si no te importa la ayuda de un abuelete.

-Ahora mismo le pediría ayuda hasta al mismo demonio.

(JESÚS) Mira, hemos escogido la ruta de Salamanca,

y está muy bien, porque es la más segura.

Pero eso también lo sabe la Guardia Civil,

y por eso pone el control.

Hay otra mejor.

Mira, en Villacastín cogemos la 601 hasta Valladolid,

de ahí a Tordesillas.

Luego la E-82 hasta Portugal,

y en Sortes cogemos la A-4

y después, la A-1 hasta Lisboa.

Ya sé qué estás pensando,

que el viaje se alarga tres horas.

Pero es más seguro.

-Bueno, si lo único que vamos a perder es tiempo,

podría ser una opción.

Luego os veo.

Voy a organizar esto.

(Puerta cerrándose)

-Celia. Sí.

Desbloqueado.

Ah, ¿ya está? Sí.

Deberías quedártelo, es mejor que el tuyo.

Pues no es nuevo, precisamente. Ya.

Pero el tuyo era el más sencillo del mercado, superarlo era fácil.

¿Qué te debo? Pues nada. Nada, mujer.

A ver, favor por favor.

Yo te arreglo el móvil las veces que quieras...

y nos dejas de vez en cuando a Carla y a mí tu casa como nidito de amor.

¿Trato? ¿Trato?

Que David y yo no estemos en casa, que se oye todo.

No te preocupes. Dormiréis estupendamente.

Gracias. Chao.

Te dejabas esto. Ay...

Gracias.

¿Qué haces todavía aquí? Nada, ya me iba.

Buen móvil. Yo tuve uno igual.

Sí, era de Manuel.

Se me ha roto el mío y le pedí a Samuel que me lo arreglase.

Así lo tenía de recambio, pero me aconseja que me lo quede.

Ya. ¿Y tú qué piensas?

Pues sinceramente, no sé si es una buena idea.

Lo he mirado un ratito nada más y...

ya he visto cosas que me han revuelto por dentro.

¿Puedo preguntarte el qué?

Manuel tenía hechas un montón de llamadas...

al mismo número de teléfono, un tal Gorka...

justo el día en que se suicidó.

¿No te parece raro eso?

Sí, sí, es un poquito raro, sí. ¿Y no te suena de nada ese Gorka?

No sé, igual no es importante, o...

o a lo mejor sí, porque ese día se suicidó.

Pues llámalo y sales de dudas.

Igual te estás calentando la cabeza por una tontería.

Lo llamo.

Sí, vale.

(MÓVIL, HOMBRE) "Sí, ¿quién es?" Hola.

Hola. Perdón, ¿con quién estoy hablando?

(MÓVIL) "¿Y quién es usted?"

Lo siento. Soy Celia Mendoza.

Quería hablar con usted porque mi marido, Manuel Carrasco, tuvo...

(Tono fin de llamada)

¿Hola?

¿Hola?

Me ha colgado.

Llama otra vez.

(CONTESTADOR) "Deje su mensaje y lo enviaremos por SMS.

Solo pagará la llamada..." Salta el contestador.

¿Qué pasa, que no quiere hablar conmigo?

Eh... Celia.

Celia, eh.

Mira, a lo mejor... es mejor que sea así, no sé.

Me lo dijiste cuando hablamos de Lorena.

Lo mejor es olvidar el pasado y seguir adelante. Olvídalo.

Ya. ¿Y?

No sé, ¿qué vas a ganar hablando con ese tipo?

Bueno, pues saber algo. A ver, ¿el qué, Celia?

Oye, la muerte de Manuel fue muy dura.

Has criado sola a David.

¿No te parece que has sufrido bastante?

Es que no entiendo por qué no quiere hablar conmigo ahora.

Pues sus razones tendrá, y seguro que no tienen que ver contigo.

Olvida el pasado.

Sigue con tu vida, es lo mejor.

Anda, vámonos a casa.

Sí.

(Timbre)

(Timbre, puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

-Oh, vaya, qué detalle. Qué bien me viene.

¿Todo bien?

Eso espero.

Las furgonetas que han seguido la ruta de Jesús

están llegando todas sin ningún incidente.

Las otras, ya veremos.

Lo importante es que lleguen todas, aunque sea... con retraso.

-Llegarán.

Felicidades por el éxito.

-Toma.

-¿Y esto?

-Bueno, es mi forma de darte las gracias.

Las palabras están bien,

pero los billetes dan más alegría.

-Gracias, eres muy generoso.

-Hay que ser generoso con los empleados que trabajan bien.

Bueno, me tomaría otra copa con vosotros,

pero tengo que irme, el deber me llama.

Os avisaré

en cuanto sepa que han llegado todas las furgonetas sin incidentes.

Lo digo para que podáis dormir tranquilos esta noche.

Ya me entendéis.

Vaya.

A mí jamás me ha dado una paga extra tan generosa.

-Porque no confía en ti.

Ah, ¿y en ti sí? Sí.

Y eso quiere decir que el plan funciona.

¿Qué plan?

¿Me he perdido algo?

Lo del control de la Guardia Civil es idea tuya.

¿Y cómo lo has...? Ah, con Iván.

El sargento de la Guardia Civil, ¿a que sí?

¿Por qué no me lo has dicho?

¿Sabes el mal rato que me ha hecho pasar este?

No convenía que lo supieras.

Velasco no es tonto y podría sospechar.

O sea que das el chivatazo,

montas el control de la Guardia Civil,

y ahora apareces aquí y como por casualidad, improvisado,

le salvas el culo a Velasco, ¿no?

Qué zorro has sido siempre.

Te lo he dicho mil veces. Cuando tú vas, yo vuelvo.

Mis respetos, don Jesús.

(ROSA) Ya está todo aclarado, ¿no?

Lucía te engañó y tú malinterpretaste cosas...

que pasaron hace tantos años...

-No me gusta este rollito entre nosotros.

Vale. De hecho, pienso exactamente igual que tú.

Espera, que se avecinan problemas.

-Yo siempre he intentado

que lo pasaras bien en la cama. No pensé...

-Me lo paso bien, de verdad, de verdad. O sea...

-Sí, pero la forma en la que me lo dijiste, yo...

Me hiciste sentir culpable y sucio.

Como si hiciera algo obsceno, ¿sabes?

Yo creo que...

que a ti te da miedo volver a ver a Doménico, ¿no?

-¿Crees que voy a volver a sentir algo por él,

que voy a caer rendida a sus encantos?

Tú misma lo estás diciendo.

Yo simplemente te he ayudado a expresarlo en voz alta.

-En eso te puedo ayudar, si quieres.

Puedo investigar ese número de teléfono.

Tengo un amigo policía que nos echaría una mano.

Este hombre ha venido porque le han dicho dónde mirar.

-¿Qué insinúas, Adela?

¿Que alguien se ha chivado al ayuntamiento?

-¿Que no quiere que levantemos cabeza?

-Lo he estado pensando y voy a pirarme de aquí.

-¿Qué? -Que te vas, ¿adónde?

-No lo sé, ya veré, adonde me llegue la pasta.

-Espera, he venido por ti.

Te quiero, quiero volver a intentarlo.

(MÓVIL, CONTESTADOR) "El número que ha marcado no existe.

Marque de nuevo"

Podrías ser más discreto, ¿no? -A mí no me pagan por esto.

No te quiero ver por aquí.

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Mercado central - Capítulo 154

06 may 2020

Jesús se une a la gente del mercado contra Velasco. Eso le acerca y reconcilia con Germán.
Rosa duda de Nacho y de su relación con él, pero acaba poniéndose finalmente de su parte y le dice a Noa que necesita terapia.
Adela envía mensajes a Miqui que éste no responde. Elías le transmite dudas acerca de su relación con el joven. Adela es descubierta por Nicolás cuando graba un mensaje erótico para Miqui.
Carmen se entera de la relación entre Samuel y Carla y decide apoyarles.
Doménico regresa por sorpresa a Madrid sin aclarar el motivo. Paolo se siente inseguro y sealeja de Cristina.
Samuel desbloquea el móvil de Manuel. Hay llamadas misteriosas a un número desconocido el día de su muerte. Jorge le aconseja no remover el pasado.
Velasco tiene problemas con un transporte de droga, y Jesús ejerce de líder para solucionarlo. Elías descubre que es todo es una maniobra de su padre para hacer que Velasco se confíe.

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