Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 128 - ver ahora
Transcripción completa

Lo que has visto no es asunto tuyo.

-Tampoco quiero ser cómplice de un depravado como tú.

-¡Cállate!

No sabes de lo que hablas. -Sí.

Sí, lo sé perfectamente.

Y por eso tengo muy claro lo que voy a hacer.

Ir a la policía.

-Espérate.

Si lo tuvieras tan claro, ya lo habrías hecho.

Pero estás aquí hablando conmigo porque eres una chica lista.

Y sabes que esto es tan peligroso para ti como para mí.

Tú te irás a Londres como querías.

Y yo seguiré con mi vida.

¿Está claro?

Javier, debimos decirle a Celia que Elías estaba en el ajo.

Sí, ya lo sé, nos equivocamos.

No es la primera vez y no voy a tirar la toalla por eso.

Y espero que os haya servido de lección.

Os enfrentáis a gente sin escrúpulos,

con más poder que vosotros

y que no va a tener reparos

en utilizar en vuestra contra cualquier decisión errónea.

Pues ayúdanos a tomar las decisiones correctas.

Jorge, te necesitamos y lo sabes.

Solo te pido eso, dame un nombre.

Espero que me hagáis caso.

Cerrad y vended los negocios antes de que sea demasiado tarde

y tengáis que lamentar algo más que el dinero.

Se me ha caído una entrevista y no tengo plan B.

Pues yo puedo proporcionarte una.

Dime de qué se trata.

Franquicias. ¿De qué?

Conozco a un individuo

que es el dueño de una franquicia de floristerías

y que estafa a la gente

haciéndose pasar por un empresario íntegro.

Eso es muy interesante.

Si quieres, te paso el contacto de Maripaz,

que es quien ha vivido ese calvario en primera persona.

Te proporcionará la documentación o lo que necesites.

¿Te interesa? Sí.

Lo siento, pero ni me das pena ni me arrepiento de nada.

No espero que lo hagas.

Ahora entiendo que estuvieses tanto tiempo casada con Elías.

Él me mandó unos okupas

y tú me has difamado para acabar con mi negocio.

A los dos os gusta jugar sucio.

Lo único que he sacado de esto

es que no es así como quiero llevar los negocios.

Ya me quedé viuda una vez, yo no quiero perder a tu padre.

Y lo peor, que...

que acabe... que acabe olvidándose de mí.

Por la oreja, lo llevo al médico.

¿Eh? Ay, ¿de verdad?

Sí, te lo prometo.

Si se casan y el abuelo se muere,

los Pacheco dirigirían nuestra empresa,

nuestra empresa.

El abuelo está fuera de control.

No sabe qué decisiones tomar, no las consulta con nadie.

¡Ha echado a Morata!

Ya, ¿y cuál es el plan?

¿Incapacitar al abuelo, hacerle creer que está loco

para robarle su empresa?

Eso es solo idea de un monstruo.

Ay... Mira, llevas razón.

Me he equivocado.

Pagas a un matón para que me dé una paliza.

Engañas a tu mujer.

Le haces creer a tu padre que está loco.

Pero, eso sí, siempre para proteger a la familia.

Hola.

Eh... ¿Te puedo robar un minuto? Necesito hablar contigo.

-Estoy ocupado, ¿no lo ves?

-Sí, sí que lo veo.

Pero no respondes mis llamadas.

Aunque me evites, no pienso dejar de insistir.

Es mejor que me escuches y terminemos con esto.

-Tienes un minuto, di lo que sea y déjame trabajar.

-¿Por qué no le has dicho a tu madre que hemos roto?

Me obligaste a decírselo a mi padre.

-¿Qué sabes lo que he hablado con ella?

-Me llamó ayer.

-¿Para qué?

-No voy a decirte para qué. -Por supuesto que vas a decírmelo.

(GERMÁN SUSPIRA)

Me ha pedido que le ayude a organizar una comida sorpresa en tu cumpleaños.

Quiere juntarnos a todos.

-Lo sabía, siempre la tiene que liar.

-No quería meter la pata, pero supongo que tenía que decírtelo.

-¿Qué le has dicho?

-Nada.

Flipé cuando me di cuenta de que no sabía que habíamos roto,

pero le seguí el rollo.

No soy yo quien tiene que decirle esto

y menos por teléfono.

-Vale, pues gracias por decírmelo, hablaré con ella.

Ya ha pasado un minuto, Germán.

-Ya.

Y todavía no me has respondido.

¿Por qué no le has dicho que hemos roto?

-No te lo he dicho porque no me da la gana.

Tampoco tengo por qué darte explicaciones.

-Muy bien.

Me va a llamar esta tarde, ¿qué le digo?

¿Que cuente conmigo para reservar el restaurante?

¿Hasta cuándo tengo que mentirle?

-Si te llama, no le cojas el teléfono.

Hablaré con ella cuando pueda.

No vas a tener que seguir mintiendo a nadie más.

-Es que ya tendrías que haber encontrado el momento.

Si no lo has hecho, significa algo. -Ah, ¿sí?

¿Y qué crees que significa exactamente?

¿Qué es lo que esperas oír?

-Pues lo mismo que siento cuando me miras a los ojos.

Que todavía estás enamorado de mí.

Y que estás esperando

a que sea capaz de ganarme tu confianza

para perdonarme y estar conmigo.

-Es increíble

la capacidad que tienes para engañarte a ti mismo, Germán.

Eso solo está en tu cabeza.

No vas a poder ganarte mi confianza otra vez.

Jamás volveré contigo.

-¿Y por qué no se lo has dicho a tu madre?

-Porque sé lo que me va a decir.

Que me advirtió mil veces que los De la Cruz no sois de fiar.

-Que lleve su apellido no me convierte en mi padre.

-Bueno, pues enhorabuena, Germán.

No te canses, da igual lo que hagas, da igual lo que digas.

No voy a poder volver a confiar en ti.

Mi madre tiene razón, odio decirlo, pero lo nuestro nunca fue buena idea.

Y no voy a repetir ese error.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Qué te pongo de tapa? ¿Queso, tortilla, croquetas?

-No tengo hambre. -¿Desde cuándo?

Oye, Jona, ya sé que estás cabreado conmigo.

Pero ¿en serio?

¿Tanto como para no querer una tapa gratis?

-Vaya fama tengo, ¿eh?

Ponme un par de croquetas, anda.

-Oye, que...

Perdona por lo de ayer.

Pero entiéndelo, te vas y me dejas aquí toda tirada.

Por tu viaje y por tu nueva vida en Londres.

Oye, no pienso dejar que te vayas a Londres cabreado conmigo.

Más te vale brindar.

-Venga, va.

Por Londres,

donde espero poder brindar contigo cuando vengas a visitarme.

No vas a venir a visitarme, ¿verdad?

-A ver, Jona.

Vas a estar tan liado con la casa, con buscar curro...

No vas a tener tiempo.

-Oye, empiezas un poquito mal si quieres que te perdone.

-Ya sabes que iría.

Pero no vas a vivir solo, no quiero molestar.

-Los dos sabemos que si no vienes

es porque Lucía te cae como el culo, bien.

-Ay, que vale, que sí, que iré cuando ahorre, ¿contento?

-Pues sí, pues sí, esa es la actitud.

Eh.

Samuel...

Qué... qué elegancia, ¿no? -Bueno.

Yo sé que soy un bollito, Paolo,

pero no te hagas muchas ilusiones, esto es imposible.

-Bueno, no será fácil, pero creo que podré resistirme.

¿Qué... qué haces aquí? -Nada.

Que he quedado con Carla. ¿Dónde está? ¿En el baño?

-¿Con... con Carla?

-Carla. -Pero ¿no has hablado con tu padre?

-¿Con mi padre?

-Sí, que tenía que avisarte de que...

-¿Me tiene que avisar de qué?

-Yo sabía que era un error.

Porque la cena sorpresa...

es una idea de David.

Y se supone que tu padre tenía que explicártelo.

-¿Me estás vacilando?

-Lo siento mucho, Samuel, la verdad.

Yo he intentado arreglarlo, pero... no sé qué ha pasado.

Porque yo hablé con tu padre y...

-Que sí, no te preocupes, que me lo ha dicho.

-¡Ah!

¿Por qué me haces sufrir así? -Bueno.

-¿Y qué? ¿Carla también lo sabe?

-También lo sabe.

-¿Y?

-Y va a cenar conmigo.

Al final, le debo una a David.

-Es que David siempre tiene buenas intenciones.

Pero este plan era un poco arriesgado.

Y yo no quería que nada saliera mal y que la sorpresa... vamos.

-Ya no hay sorpresa, Paolo.

Y espero que todo vaya bien y...

No sabes el tiempo que llevo esperando este momento.

-Ya.

Me alegro mucho, la verdad.

Porque yo siempre he creído en vosotros como pareja.

Bueno.

Contáis con la mejor pizza. -Hombre.

No esperaba menos. Y con el mejor tiramisú.

-Claro que sí. Esta es la mesa. -Venga.

Eh, ¿qué pasa?

-Y, mientras esperas a Carla, te invito yo a un "spritz".

-Eres un grande, Paolo. Muchas gracias.

Oye, Noa, de verdad que siento dejarte tirada con lo del alquiler.

-Nada, no te rayes.

Lo que sí que estoy pensando es que igual alquilo tu habitación.

Si no te importa, claro.

-No, no, claro, lo que necesites, tía.

-¿Y qué tal?

¿Cómo se lo han tomado mi tío y mi abuelo?

¿Ya te han buscado un sustituto?

-Aún no les he dicho nada.

Prefiero esperar a tenerlo todo cerrado

para... para soltarles la bomba.

-¿Que todavía no sabes cuándo te vas?

-Eh...

-Ah, o sea,

puedes cambiar de opinión. -No.

No, no empieces, que la decisión está más que tomada.

No empieces a taladrarme la cabeza.

Que nos conocemos. -Que no, tranquilo.

A ver, que siento haber sido tan pesada, tío, pero...

Vas a dejar muchas cosas atrás, Jona.

Solo quiero que estés seguro.

-Y lo estoy, tía.

De verdad, no quiero pasarme toda mi vida rayado

pensando en lo que podría haber sido y no será

por no haber tomado la decisión,

por no haber tenido valor suficiente para hacerlo.

-Entonces no me queda otra que apoyarte.

Y mi abuelo seguro que lo tiene fácil buscándose a otro,

pero... a ver dónde encuentro yo otro mejor amigo.

-Ven aquí, anda, tonta.

No vas a encontrar a otro como yo, olvídate, ¿eh?

Así que... vas a tener que venir a Londres a visitarme

si de verdad quieres un abracito de estos.

-Bueno, vale, iré.

Dile a tu novia que no me caliente la cabeza.

-Que no.

Que no te va a calentar la cabeza.

Lucía es buena tía, Noa, de verdad.

Solo... solo tienes que darle una oportunidad.

Mira, después de que pasó, bueno, ya sabes, lo... lo nuestro,

que yo estaba todo loco ahí por ti,

pues...

creí que no, tía, que no me iba a volver a pasar,

pero... de verdad que creo que la quiero,

que la quiero mucho.

-Tendré que aprender a quererla yo también.

Venga, que tengo que currar.

(LUCÍA) "Hola, ahora mismo no puedo atenderte,

puedes dejarme un mensaje cuando suele la señal".

¿Llevas mucho esperando?

No, acabo de llegar.

¿A qué viene tanto misterio?

¿Y por qué te has empeñado en citarme aquí?

No quería que pareciera una reunión ni que nadie nos viera.

Echa un ojo a esto.

¿Has contratado a una agencia para investigar a Hortuño?

Vengo de estar con ellos, la mejor agencia.

¿Y qué van a buscar?

¿Las pruebas de Moreno-Ruiz que robaron a Celia?

Van a buscarlo todo, Javi.

Después de Moreno-Ruiz, Hortuño levantó un imperio.

Seguro que tiene más de un cadáver en el armario.

Van a buscar en lo personal, en lo profesional, donde sea.

A ver, Jorge, hay algo que no entiendo.

Tú dejaste el grupo porque no querías entrar en una guerra sucia.

¿Y ahora me dices que has contratado a una agencia

para sacar todos sus trapos sucios?

¿Sabes qué pasa?

Que, cuando los problemas aparecen, yo tiendo a apartarme.

Me pasó en mi matrimonio, con mi restaurante.

Y no voy a dejar que me pase ahora.

Estoy cansado de perder.

Y no permitiré que Hortuño se lleve lo que es nuestro.

Vaya.

¿Quién eres tú?

¿Te conozco?

Mira, estoy harto de morder el polvo y de sentirme una mierda.

Sé recibir los golpes.

Y ahora estoy dispuesto a devolverlos.

Bien, ahora empezamos a hablar el mismo idioma.

Por cierto, te queda muy bien este rollito de tipo duro.

Dale, déjate de coñas, Javi.

He contratado a la agencia

porque no quiero sustos como el de Celia.

Desde ahora haremos las cosas bien.

De acuerdo.

Los profesionales se encargarán del trabajo sucio

y nosotros mantenemos un perfil bajo frente a Elías y Hortuño.

Encontrarán las pruebas.

Y luego nos cargamos a Hortuño y a Elías,

pero sin exponernos personalmente.

Hablas en plural.

¿Eso quiere decir que vuelves al grupo?

Si todavía me admitís...

Nunca quisimos que te fueras.

Tenemos una ventaja, Javi.

Hortuño solo lucha por un negocio.

Nosotros, por nuestro medio de vida.

Por eso vamos a ganar esta guerra, porque no vamos a rendirnos.

Nunca.

(SAMU SUSPIRA)

-Samuel, deja de mirar esa pantalla.

Llámala otra vez. -La he llamado 20 veces ya, Paolo.

Y 2000 mensajes.

Ha apagado el móvil.

-Pero... a ver.

¿Tú estás seguro de que Carla

lo entendió todo bien? -Sí.

-¿Y de que aceptó cenar contigo? -Que sí, Paolo, completamente.

Pero debe de ser...

Habrá cambiado de opinión.

-Bueno, igual ha tenido algún imprevisto.

-Me da igual, para eso están los móviles.

¿No me puede mandar un mensaje?

-Ya. -Que me ha dejado plantado.

-Lo siento mucho, Samuel.

Pero ya lo sabes, todo pasa.

-¿Sabes lo que pasa?

-¿Qué?

-Que Carla no me quiere. -Oh.

-Y yo cada día estoy más enamorado de ella.

Y es una mierda.

Pero, bueno, ya está.

Aprenderé a vivir con ello y punto.

La culpa es mía, por venirme arriba como un imbécil.

Cuando me dijo que cenaba conmigo,

te juro que habría dado cualquier cosa

por levantarme y dar saltos de alegría.

-Lo entiendo. -Estaba completamente convencido

de que me había perdonado,

de que volveríamos a estar juntos y sería como antes.

Demasiado bonito para ser verdad.

-Samuel.

Escúchame.

Tú lo superarás.

Como todo lo que has superado hasta ahora.

Porque la vida sigue.

Y tú encontrarás a otras mujeres y...

Mírame a mí.

Creí que no superaría lo de Cristina. -¿Y lo has hecho?

-Bueno, todavía no, pero... va mucho mejor.

¿Qué haces?

No, no, deja, que invita la casa.

-Gracias.

Hola.

¿Eso qué es? ¿Un café? -Sí.

-¿Por qué no te tomas mejor una tila? ¿Voy a por ella?

-Tómala tú si te apetece, cariño.

Déjame tranquilo.

Yo no me meto en lo que tomas y dejas de tomar.

-Te meterías si te preocuparas por mi salud, y lo sabes.

A ver, que yo lo único que te pido

es que vayamos al médico para hacerte una revisión

y quedarnos tranquilos. -Claro.

Y que te den el diagnóstico lo antes posible

por si hay que anular la boda.

Nadie quiere casarse con un viejo demente.

-¿De verdad piensas eso de mí?

¿Eh? ¿Me crees capaz de hacer algo así?

-Perdona, no quería disgustarte.

Pero es que...

me arrepiento de haberme sincerado contigo,

de haberte contado todos mis miedos.

No quiero que los uses contra mí ni que me agobies con eso.

-Es que tampoco es mi intención.

Es que no entiendo por qué no quieres quitarte esos miedos

yendo al médico para ver que todo está bien.

-¡Porque no estoy loco, ni senil, ni necesito un médico!

¡Lo único que necesito es tomarme un café tranquilo!

-¿Y qué pasa con lo que necesito yo?

Si estuvieras en mi lugar,

me llevarías a rastras si fuera necesario.

-Eh, dejad de discutir, por favor.

No hay motivo para angustiarse.

Los supuestos despistes no eran reales.

-¿Qué hablas tú de despistes?

¿Ya le has ido a mi nieto con el cuento?

-Lo siento, es que me pilló en un momento de debilidad

y yo no... -Se lo sonsaqué yo.

No te cabrees con ella.

Y escuchadme los dos.

Mi padre...

os ha gastado una especie de broma pesada,

os ha estado tomando el pelo.

-¿Cómo que una broma?

-Pues el grifo abierto, las llaves por fuera...

El supuesto despiste del pedido del Nina.

Ha sido un montaje de mi padre para hacer creer que eran despistes.

-Pero ¿quién haría semejante cosa a su padre?

Pero ¿ese hombre qué pretende, desquiciarnos a todos o qué?

-Convencerme de que soy un viejo acabado.

¡Eso es lo que pretende!

Elías ha cometido el mayor error de su vida.

(CARLA LLORA)

(Timbre)

Si Mahoma no va a la montaña...

-Lo siento.

Lo siento mucho.

Yo quería ir.

Te lo juro.

Lo había pensado, yo... quería ir.

Pero no puedo. -¿Por qué?

¿Por qué, Carla?

Era solo una cena.

Y no sé, pensé que...

podíamos hablar simplemente.

Nada más, y, la verdad,

si decidiste no ir, un mensajito no hubiera estado mal.

-Lo siento.

Lo siento mucho, tú me habías dicho que...

que querías hablar conmigo y yo...

Es que me he bloqueado, no...

No sé.

Tú me quieres.

Y yo también te quiero.

Así que... no podía ir.

-¿Por qué, Carla?

¿Por qué?

Después de lo que pasó con el coche,

estoy seguro de que... juntos podemos superar

cualquier cosa... -Yo no puedo superar

la muerte de mi hermana si estoy contigo.

¿Tú lo entiendes eso?

Que, cada vez que te miro a la cara, veo su cara.

La veo a ella.

¿Entiendes?

Yo me odio a mí misma por quererte tanto.

Por favor, vete.

Vete de aquí, por favor.

Tú y yo no podemos volver a estar juntos, es imposible.

Nunca.

Vete.

Míranos aquí, quién nos lo iba a decir.

Muy rica la cena, todo lo que tú quieras,

pero, con lo que somos, cenando como dos solterones...

Me alegro de que te guste la cena,

no tienes que darme las gracias, pero habla por ti,

tengo un novio que está como un tren y después de cenar

he quedado... No me cuentes, no quiero saberlo.

Pero, por si las moscas, de verdad,

ándate con ojo con el delicadito,

no te entregues demasiado, a ver si pierdes la cabeza.

No eres la persona más indicada para hablar de perder la cabeza.

-Pensaba que no podías caer más bajo.

Pero nunca dejas de sorprenderme.

Vete con tu novio, que esto no va contigo.

No te muevas, Lorena.

Tienes derecho a saber lo canalla que es tu hermano.

Si tienes que decirme algo, lo hablamos entre los dos.

¿Qué te pasa?

Que eres un idiota, eso me pasa.

Lo tenía delante y no he sabido verlo.

Un hijo que miente y estafa a su padre

nunca se queda ahí.

Pero nunca pensé

que ibas a ir tan lejos.

-¿Podemos tranquilizarnos?

¿Sentarnos y hablar lo que pasa? -Esto no tiene solución, Lorena.

Lo sabes perfectamente.

Se acabó el juego, Elías. -Tranquilízate un poco,

papá.

-Estos días ha intentado

volverme loco haciéndome creer

que no me acordaba de la gente que conocía,

robándome las llaves para volver a ponerlas por fuera,

abriendo los grifos detrás de mí.

-Elías, ¿eso es verdad?

-Viendo el daño que me causaba,

Germán

nos lo contó todo a Valeria y a mí.

-A ver, eh...

¿Tú estás loco, tío?

El que no paraba de hacer locuras era tu padre.

Que ya no sabía cómo pararlo.

Estaba desesperado

y se me ocurrió una locura, es verdad.

Pero, cuando me di cuenta, lo paré

y por eso se lo conté al bocazas de mi hijo.

-Pues ya puedes darle las gracias a tu hijo,

porque es la única razón

de que no te machaco como me gustaría.

-A ver, por favor, cálmate.

No entiendo nada, ¿por qué has hecho eso?

-No quiere que me case con Valeria.

Y, como no ha conseguido la separación de bienes,

ha decidido incapacitarme.

¿No es verdad, Elías?

Pero has vuelto a subestimarme.

Y te va a costar caro.

Voy a volver a tomar las riendas de mi empresa y de mi dinero.

¡Y, si me la vuelves a jugar, te vas a quedar sin nada!

Ah.

Y otra cosa.

Vete haciendo las maletas porque ya no vas a vivir aquí.

Fuera de mi casa.

Venga, anda, que ya he cerrado.

Oye, te vienes a tomar ahora una conmigo, ¿no?

Quiero que me sirvan un poco, para variar.

Además, me debes como 800 rondas.

Que llevas toda la tarde bebiendo por la carita, amigo.

-¿Dónde se habrá metido esta tía?

-¿Va todo bien?

-Eh... Sí, sí.

Venga, tira, te invito a las que quieras.

-¿A las que quiera? -A las que quieras, sí.

¿No me has oído? ¡Fuera de mi casa!

-No, no, no. -¡No quiero verte nunca más aquí!

-¿Qué dices, papá? -Cállate, Lorena.

Lorena, tranquila, ¿no ves que es otra de sus locuras?

¿A que sí, papá? Pero ¿cómo te atreves?

¡Conmigo no se juega! -¡Quieto!

Te vas a hacer daño, papá, te vas a hacer daño.

Vamos a ver.

Aquí hay cosas que tú no entiendes, esto está por encima de ti.

Hay cosas muy complicadas y me haces la vida muy difícil.

Entiendo que ahora estás enfadado, mosqueado, lo que quieras,

pero haremos esto.

Nos vamos a dormir, descansamos,

y mañana nos gritamos, nos hablamos y lo que quieras.

No tengo nada de qué hablar, ¡te quiero fuera de casa esta noche!

Que sí, que ya me lo has dicho,

pero sabes que las decisiones no se toman en caliente, ¿verdad?

¡O te vas o te saco a patadas! -Papá.

Por favor, no hagamos nada de lo que nos podamos arrepentir.

-¡Pues díselo a tu hermano!

No me voy a mover de aquí ¡hasta que no salga por esa puerta!

Pues nada, la noche va a ser larga, ya te lo digo yo.

Querías quedarte con todo lo mío, ¿eh?

Y, como no eres capaz de hacerlo por ti solo,

¡me atacas donde más me duele!

Es que no, papá, es que no es así, que no te enteras, no es así.

Y, cuando me di cuenta del daño que os estaba haciendo,

lo paré, eso fue lo que hice.

No creo en tu arrepentimiento.

¡A saber dónde habría llegado esto si Germán no me cuenta la verdad!

Piensa por un momento.

Si yo no hubiese querido pararlo, si no me hubiese arrepentido,

¿se lo contaría a mi hijo, me crees imbécil?

Querías inhabilitarme para quedarte con la empresa.

Pues te ha salido el tiro por la culata.

Te estás equivocando, papá.

¡No me vuelvas a llamar así, no te quiero ver más!

Escúchame, por favor.

No estuvo bien lo que te hice,

lo reconozco, pero lo he hecho por tu bien.

¡Lo que faltaba! Papá.

Para que te des cuenta de que eres mayor.

Estás bien, pero eres un anciano, estarás mejor fuera de la empresa.

¡No voy a consentir que me hables así en mi propia casa!

Te lo digo por última vez.

¡Lárgate de aquí!

(Portazo)

Madre mía, Lucía.

¿A ti te parece normal desaparecer así como así?

Me estoy preocupando.

200 000 llamadas, 200 000 mensajes que te he dejado ya

y tú no... -Jonathan, que está fregado.

-Mira, no me calientes la cabeza, que no es el momento.

-Vale, colega.

¿Otra vez, tío?

Perdón.

¿Qué haces aquí tan temprano?

-Iba de camino a clase.

-Ya.

Y a tu cole se va por aquí, justo por encima del fregado.

-No, pero quería preguntarte por qué no fuiste ayer a la cena.

-Venga, acompáñame, que tengo que dejar esto.

Pues, mira, en primer lugar,

porque había quedado contigo para cenar, no con él.

-¿Estás enfadada? -No estoy enfadada.

-Entonces ¿por qué no fuiste?

Cuando vine a casa, estabas en tu cuarto y no saliste.

-Te agradezco mucho la intención.

Pero lo he estado pensando y no quiero volver con Samu.

-Tú misma admitiste que todavía sientes algo por él.

-Bueno, me he dado cuenta

de que nadie puede borrar sus sentimientos de golpe.

-¿Entonces? No lo entiendo.

-Aunque quiera a Samu,

no quiere decir que quiera volver con él, ¿entiendes?

-Pero no puedes querer una cosa y la contraria al mismo tiempo.

-Claro que sí.

Y, cuando te enamores, me vas a entender.

Te agradezco mucho la intención, pero no lo vuelvas a hacer.

-Pero ¿por qué no?

Tú dices que hay que ayudar a los amigos, más si están tristes.

Y está claro que tú lo estás.

Y más sola que la una.

-Hombre, muchas gracias.

A mi madre le hicimos una cena con sus amigos.

Fue un engaño y le encantó.

-Ya, pero es diferente.

Las relaciones amorosas son diferentes.

Además, que... que no tenga un novio no significa que esté sola.

-Ya me dirás cuándo te ayudo y cuándo no.

Martina no es tu pareja y cuando... -¡No estamos hablando de Martina!

-No hay quien te entienda.

-Pero ¿cómo te tengo que repetir que no quiero volver con Samu?

Y, ahora, vete, tengo que terminar.

Vamos.

(RESOPLA)

Deja el correo encima de la mesa.

¿Has dormido bien?

¿Qué quieres?

Hacer la buena acción del día.

Toma.

¿Esta ropa?

¿Qué pasa? Ya has hablado con el abuelo, ¿no?

Sí. Pues toma.

Gracias, no la necesito.

Ayer cedí y me fui por no empeorar las cosas,

pero esto no ha sido más que una rabieta.

Ya.

Quédatela, ¿vale?, porque está que echa humo.

Que no, hombre, que no.

En cuanto se le pase el calentón, las cosas volverán a la normalidad.

Papá, que se te ha ido la olla de verdad.

Le has dado donde más le duele.

Estaba hecho polvo porque se le había ido la pinza.

Eso es lo que tú te crees.

Como abuelo puede ser un ser entrañable,

pero como padre puede llegar a ser muy cruel.

Ya. Me hago una idea de lo crueles que pueden ser los padres.

No, Germán, a mí no me compares con él.

Yo jamás te he hecho nada parecido a ti.

No, tienes razón.

Es verdad, mi padre es mucho más guay.

Me invitó

para liarme con un tío y sacarle información y contrató

un matón para que me pegara, lo normal que hacen los padres.

Germán.

Yo no quería que te diera una paliza,

yo quería que te asustara

para que abrieras los ojos y empezases a trabajar conmigo.

¿Sí? Para que abriera los ojos. Ajá.

Pues casi me abrieron la cabeza, fíjate.

De verdad, es que no vale hablar de nada del pasado.

Además, te recuerdo que esto que está pasando es culpa tuya.

Claro. Claro, claro.

¿Me cuentas cómo es eso de que sea culpa mía?

Pues, mira, yo te dije que iba a dejar de fastidiar al abuelo.

Y tú fuiste y le contaste lo que estaba pasando.

Si no se lo dices, el abuelo no se entera.

A ti te la pela todo, ¿verdad?

Te da igual fastidiarle la vida

a tu hijo, a tu padre, a tu mujer o quien sea.

A ver si os entra en la cabeza.

Yo todo lo que hago lo hago por el bien de la familia.

Y hacer pasar por demente a tu padre es por su bien, ¿no?

Pues sí, el abuelo estaba haciendo muchas tonterías,

con la empresa, con la puñetera boda...

Tomé una medida drástica, es verdad, ¿y?

Tus fines son más que cuestionables,

pero los medios que usas, chico, no hay por dónde cogerlos.

Ya me conoces y estamos juntos en esto, ¿no?

Sí, lo estamos.

Pero con lo de Hortuño y el Central.

Lo del abuelo es diferente.

No me puedes pedir que le vea sufrir y que no haga nada por él.

Porque es mi abuelo

y porque ha estado ahí siempre que le he necesitado.

Cosa que no puedo decir de todo el mundo.

Bueno, ya, ¿no?

Vamos a dejarlo ya.

Bastante discutí ayer con tu abuelo, ¿te parece?

Gracias por la ropa.

Y por el correo.

(Puerta)

(CRISTINA) "Andrea".

¿Cómo no te va a hacer falta? Si Liverpool es carísimo.

Por eso no te preocupes, ya me apañaré yo.

Me pasas el número de cuenta y te envío 200 euros.

Bueno, Andrea, tranquilo, no te pongas así.

Yo solo quiero que sepas que puedes contar conmigo, ¿vale?

Sí, sí, no te preocupes.

No te quiero entretener, hablamos en otro momento.

Pero, cariño, Andrea, que sepas que te quiero mucho, ¿vale?

Lo has oído, ¿verdad?

Te quiero, hijo.

(SUSPIRA) Un regalito.

Son muestras de jabón.

Lavanda y avena.

Siento mucho no haberte comprado nada,

pero es que ando muy apurada económicamente.

No me puedo permitir ni un jabón.

Que no es por eso, solo es un regalo.

Además, ya verás como las cosas se arreglan.

He cobrado mi primer sueldo.

¿Lo ves? Sí.

¿Y qué tal le va a Andrea?

Bueno, pues supongo que bien.

¿"Supongo"? Si acabas de hablar con él.

Es como hablar con la pared.

Y hoy me ha cogido el teléfono, normalmente no es así.

Sigue enfadado.

Sí. Ya.

Está muy enfadado por lo que le hice a su padre.

No quiere aceptar que le envíe dinero para sus gastos.

Para él sigo siendo la mala de la película.

Ya. Que no le culpo, ¿eh?

Si te sirve de consuelo,

David se enfadó muchísimo conmigo cuando supo lo de Elías.

Bueno, seguía estando casado con Adela.

Pero, bueno, poco a poco entendió que todos cometemos errores

y dejó de castigarme.

Yo sueño con ese día, pero... ese día no llega.

Que sí, tú dale tiempo.

Una cosa es traicionar a un amigo, pero a su padre...

Eso es muy difícil de perdonar.

No te castigues más, Cristina, por favor.

El tiempo pone a cada cosa en su sitio, te lo digo yo.

Creo que no me lo va a perdonar nunca.

Es mi castigo por haber sido tan tonta.

Te entiendo.

Pero hazme caso,

que tengo un máster en purgar errores.

Si quieres, te doy clases.

Disfruta los jabones. Nos vemos.

¿Me dices que Jesús le ha echado de casa?

Sí, que anoche durmió en el despacho.

¿Qué es lo que ha hecho?

Porque a papá se le va cada vez más la pinza.

Le estaba haciendo luz de gas al abuelo.

Le estaba haciendo creer que chocheaba para incapacitarle

y quedarse con el control del negocio.

¿Cómo se puede ser tan ruin?

-Buenos días, perdón por el retraso, "mea culpa".

Si os parece bien, nos sentamos y vamos al grano.

No sé cómo lo veis vosotros,

pero después del fiasco de la entrevista a Moreno-Ruiz

ir de cara contra Hortuño es una pérdida de tiempo.

Y peligroso.

Ya habéis visto el susto de Celia y lo que pasó con Pastora.

-Ya, ¿y qué esperabais?

Sabíamos que este tío va a saco.

Por no hablar de mi padre, que... -Bueno.

Ahora también vamos a ir a saco.

Jorge ha tenido una idea que nos puede ayudar.

Contratar a un profesional.

¿Un profesional? ¿Qué... qué tipo de profesional?

No, no estamos hablando

de un sicario ni nada así, ¿se lo explicas?

Mirad, estoy harto de que Hortuño vaya siempre un paso por delante.

He contactado con la mejor agencia de detectives.

No sé qué deciros.

¿Seguro que no podemos volver a convencer a Moreno-Ruiz?

-Qué va, esa vía está muerta, Hortuño ha salido

diciendo que Moreno-Ruiz es una especie de...

de dios de la arquitectura

y ha enterrado el hacha de guerra.

-Hortuño no es tonto,

sabe cómo regalarle los oídos a quien haga falta.

-La idea ha sido de mi padre, y lo orgulloso que está.

Tendríais que verle.

Otro chanchullero profesional.

-A ese también hay que pararlo o nos causará más problemas.

Vamos a por Hortuño, pero a Elías hay que frenarlo.

-Bueno, para eso ya estoy yo. -Sí, claro, ja.

-Aunque sea con palos o caramelos,

la cosa está en que Hortuño ha comprado a Moreno-Ruiz.

-Todos tenemos un precio.

Venga, tía, coge el puñetero teléfono.

(RESOPLA) Madre mía, Lucía, vaya tela.

Vaya tela.

Tía, Lucía, no sé dónde te has metido,

no sé si te ha pasado algo te han robado el teléfono o qué,

pero llevo desde ayer buscándote, te he dejado como mil mensajes.

(RESOPLA) Cuando escuches este mensaje, devuélveme la llamada.

Venga, un beso.

¿Qué?

Perdiendo el tiempo con el móvil, ¿no?

No me des la chapa,

estaba enviando un mensaje importante.

Importante o no, los mensajes se mandan en la hora del bocadillo.

Aquí se viene a trabajar.

Bueno, vale, vale, tampoco hace falta ponerse así.

-Hay que ser cobarde

para pagar tu enfado con el pobre chaval.

Hombre, el Robin Hood del Mercado Central.

¡Venga ya, hombre! Oye.

Que te haya echado de casa

no te da derecho a que lo pagues con los empleados.

Haberlo pensado antes de hacerlo.

Por cierto, ¿dónde has dormido esta noche?

¿En el banco de enfrente de casa? No, en el despacho.

Me ha quedado muy claro

que no te importa si no tengo dónde caerme muerto.

Pues sí.

Y yo a este le echo la bronca cuando me da la gana,

que para eso es mi empleado.

Más, si lo veo tocándosela a dos manos delante de mí.

Lárgate, que haces el ridículo. Y otra cosa.

Tanto defenderlo,

que sepas que Jona se prestó para la bromita con lo del Nina.

Ya te encargarías tú de engañarle bien engañado,

que conozco tus tretas.

¿Cuánto le pagaste?

Claro, claro que las conoces, me las enseñaste tú.

Todo lo malo que he aprendido en la vida me lo has enseñado tú.

Menos mal que estaba mamá ahí para contrarrestar tanta mala leche.

¡A tu madre ni la mientes! ¿Me oyes? -Por favor.

Ya, déjale en paz.

¿No le has hecho ya suficiente daño?

-¿De qué te quejas, desgraciado?

-Para ya. -¡Te lo di todo hecho!

-Para ya, por favor.

¿No ves que solo quiere provocarte?

-Si es que me saca de mis casillas. -Ya.

Eso es precisamente lo que quiere, sacar lo peor de ti.

-Ay... -Y lo triste es que lo consigue.

-Tienes razón.

No tengo por qué enfadarme contigo.

Ni hablarte de mala manera, como lo estoy haciendo últimamente.

-Motivos no te faltan,

con tu hijo haciéndote luz de gas. -Ya.

Pero eso no es excusa.

Me estoy volviendo un viejo gruñón, perdóname.

-No hay nada que perdonar.

Si es que estabas muy nervioso.

Bueno, yo también estaba nerviosa.

Es normal, con tu hijo, que reparte estopa por todos lados.

-Sí, a mi hijo hay que echarle de comer aparte.

Pero he sido yo el que te ha tratado mal

y eso no... no tiene justificación posible.

-No me has tratado mal, no digas eso.

-Tú has conseguido que mi vida vuelva a tener valor.

Y mereces que te traten como una reina,

que es lo que eres.

-Y así me siento.

-Valeria.

La verdad es que a lo mejor estoy perdiendo la cabeza.

Pero no porque esté viejo ni gagá,

sino porque estoy enamorado de ti hasta las trancas.

-Yo te quiero con toda mi alma.

Y con tus malos humores

y con tus despistes o sin tus despistes,

te voy a seguir queriendo hasta mi último día.

¿Entiendes?

-Estoy loco por casarme contigo.

-Vamos a ser muy felices, le pese a quien le pese.

Carla, ¿qué tal?

Oye, quería... -Samu, por favor.

Ya hablamos ayer, nos lo dijimos todo,

yo creo que mejor dejamos el tema, ¿vale?

-No, a mí hubo cosas que se me quedaron por decirte.

-Samu, por favor, no lo pongas más complicado.

-Mira, no... no te preocupes

porque no voy a insistirte para que vuelvas conmigo.

A lo mejor no me crees,

porque cuando quiero algo no paro hasta que lo consigo,

pero, antes de quedarme en silla de ruedas,

yo era un huevazos que te cagas.

Y tiraba la toalla a la primera.

-Mira, tengo que volver al curro. -Yo también, Carla.

Pero es solo un minuto, por favor, escúchame.

Lo que te quiero decir es que...

a mí el accidente me cambió la vida.

Todo empezó a ir a peor.

Pero, a pesar de toda la mierda que tenía encima,

una cosa buena que saqué

es que me convertí en un luchador.

-Ya lo sé.

Y eso tiene mucho mérito. -No.

No es mío.

El mérito es todo de mi padre.

No dejó que me hundiera ni me rindiera nunca.

Y gracias a él sigo vivo.

Me he dado cuenta de que, por mucho que luches,

hay cosas que se escapan de las manos, Carla.

Y tú eres una de ellas.

Carla, he luchado

con todas mis fuerzas por ti.

Primero, para que me perdonases y...

Y luego para que te quedases a mi lado.

Perdonad que yo saque un tema un tanto más doméstico,

pero ¿de dónde va a salir el dinero para pagar al detective?

Bueno, yo he adelantado el 10 % de lo que nos van a cobrar.

Y os aseguro que barato no va a ser.

¿Y de cuánto estamos hablando?

Pues esto es un pico, ¿eh?

Sí, sí lo es.

Después de lo de Íngrid,

no haré ingeniería financiera con las cuentas del Mercado.

Ya, pero eso significa que tendremos que financiarlo nosotros,

hasta donde podemos.

Bueno, si no lo veis claro,

yo he tomado la decisión sin tener en cuenta la vuestra,

así que lo pagaré de mi bolsillo.

Voy a hacer lo que sea para pararle los pies a Hortuño.

Cuenta con mi parte. Y con la mía.

-Y con la mía, no os voy a llevar la contraria.

Pues, entonces, adelante.

Aunque a mí esto de los detectives me suena un poco a cuento chino.

No, no, es una agencia de fiar. ¿Sí?

La mayoría de los investigadores son expolicías

y saben qué tecla tocar, a qué puerta llamar.

He quedado ahora con el detective que nos asignarán.

Pues me gustaría conocerle.

Sí, claro. No hay problema.

Con que seamos Adela, Jorge y yo, creo que será más que suficiente.

-Ja.

Y creía que...

nuestro amor iba a poder con todo.

Pero me equivoqué.

No puedo pedirle a alguien que cambie lo que no quiere.

-Samu. -No, espera.

Anoche, cuando...

me dijiste que me querías, pero no podías estar conmigo,

yo no entendí absolutamente nada.

Pero, cuando llegué a mi casa

y daba vueltas en la cama como un tonto,

empecé a entender que... que yo no puedo hacer nada

para que lo cambies.

Te crees que no mereces ser feliz. -Eso no es verdad.

-Has dejado que la rabia y...

y la frustración te rompan la vida.

Y lo peor de todo es que te has rendido.

Como yo casi lo hago mil veces.

Y yo pensaba que nuestro amor...

iba a poder con todo.

Pero estaba equivocado.

Y me he dado cuenta de que ni tú no yo... podemos cambiarlo.

Solo hay una cosa que tengo clara,

y aunque me rompa el alma decírtelo, porque te quiero con locura,

necesito que sepas que...

yo no quiero una vida como la tuya.

No estoy dispuesto a desperdiciar mi vida sufriendo.

Si es tu decisión,

perfecto.

Pero la mía, no.

Así que creo que tienes razón

y que lo mejor es que...

cada uno haga su vida.

Enhorabuena, ya eres lo que querías ser siempre,

una mujer rica.

Eh, que yo ya era rica antes, no te confundas.

Era rica en amor y en dinero.

Pero tú me robaste lo primero

y no iba a dejar que me robases también lo segundo.

¿Cómo hay que decirte las cosas para que las entiendas?

Tu madre prefiere esperar.

-Te ha calentado para que no vuelvas, ¿no?

-Por favor. -Ya empezamos.

-A ti nunca te ha gustado que mamá trabaje en la pizzería.

-Lo ha dejado porque es lo mejor para ella.

-¿O para ti?

Él es Javier, el gerente del Mercado.

Adela, una de las comerciantes.

Sandra, la detective.

Mi madre puso esa cara cuando supo a qué me iba a dedicar.

Bueno, vayamos a lo que nos ocupa. ¿Quién es Hortuño?

-Dejamos el tema, no volvemos a lo mismo, por favor.

Andrea tiene que darse cuenta de que no puede seguir

con este rencor, tú eres su madre

y siempre lo serás.

-He estado haciendo algunas averiguaciones.

Y os adelanto que no va a ser un hueso fácil de roer.

¿Y entonces?

Entonces vamos a tener que untar con dinero a alguien de su entorno.

-¿Dónde está Lucía? ¿Qué le has hecho?

-¿Cómo que qué le he hecho? -Tiene el móvil apagado.

Sé que te chantajeó con no sé qué de un disco duro.

Lo que no sé es qué guardarías tú ahí para ponerte así.

-Se va a Londres esta tarde.

-¿Qué dices? Anda.

Si eso no puede ser, si nos vamos juntos.

-Veo que tu presunta novia tiene otros planes.

-¿Estás defendiendo a ese desgraciado?

No vayas por ahí.

Bueno.

Lo haces con buena intención,

pero no voy a hacer las paces con él. -Papá, no dejes

que el odio se enquiste.

Cuanto más tiempo pase, más vas a sufrir.

Sabes perfectamente de lo que te hablo.

-Sí, lo sé, pero me ha hecho demasiado daño.

-¿Sabéis ese edificio abandonado que hay enfrente del mercado?

¿La antigua imprenta?

Correcto.

No sé si estáis al tanto

de que hace no mucho encontraron el cadáver de una chica.

¿Crees que hay alguna conexión entre esa muerte y Hortuño?

Estoy esperando que un contacto

me pase el informe policial para ver los detalles.

Conociendo a Hortuño,

no me sorprendería que tuviera que ver con ese crimen.

No llevaste el hacha, sino el cuchillo jamonero.

-Que te digo que no.

Yo solo quiero que no le vuelvan a romper el corazón.

-Se lo han roto de todas maneras.

-Qué retorcida es la niña esta.

-Óscar la Torre. Oye, ¿de qué me suena a mí este?

-Óscar.

Del Mercado, ¿no te acuerdas?

Que es el primo de Nicolás.

Es que mis hijos se han empeñado en invitarle.

-Sí. Tú tuviste algo que ver con ese.

¿No? -¿Eh?

-¿No podéis compartir ni una tarde, aunque sea la boda de tu padre?

-No, ¿y sabes por qué?

Porque Óscar no va a ir a esa boda.

O se lo dices tú a los novios o se lo digo yo.

-¡Lo que me faltaba por oír! Pero ¿no te das cuenta

de que tenemos que resolver esto?

Yo no soy tan frívolo como tú.

Yo me tomo las cosas en serio.

El daño que me hiciste no te lo perdonaré.

¿Me oyes? ¡Nunca!

Recoge las cosas que tengas que recoger ¡y largo!

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Mercado Central - Capítulo 128

26 mar 2020

Javier le confiesa a Germán que lo suyo fue un error, por eso no le ha contado nada a su madre, para no darle la razón.
Jonathan y Noa hacen las paces. Pero Lucía no da señales de vida.
Samuel, ilusionado, acude a su cita con Carla, pero ésta le deja plantado. Samuel decide cortar por lo sano: no quiere vivir en la infelicidad.
Jorge está dispuesto a volver a hacer frente común con Javier, Germán y Adela. Decide contratar a una detective para desactivar a Hortuño.
A través de Germán, Jesús se entera de que sus “lagunas de memoria” estaban propiciadas por Elías y le echa de casa.
Elías reprocha a Germán que haya desvelado la luz de gas a Jesús. Llegan los papeles del divorcio.
Cristina está afectada por la frialdad de Andrea.

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