Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 123 - ver ahora
Transcripción completa

Vengo de hablar con mi padre.

Le dije que te lo filtraron en el Ayuntamiento

y que Pastora no tenía nada que ver.

-¿Y? ¿Se lo ha tragado o no?

-Hasta el fondo.

Hay que sacar a Hortuño de la ecuación.

-Podemos empezar por Moreno Ruiz, era un antiguo socio de Hortuño.

Eran uña y carne.

Me he enterado de que has solicitado

declarar el edificio de interés histórico.

Enhorabuena. Oye, ¿cómo no me has dicho nada?

Bueno, lo vi tan claro que ni se me ocurrió consultarlo con nadie.

¿Y la idea? ¿Cómo surge? ¿Se te ocurre, te lo dice alguien?

En cuanto les comenté que era el gerente del Mercado, me dijeron

que la concejala había hecho la solicitud

de catalogar el Mercado como bien histórico.

Ah, ¿sí? No veas qué sorpresa

cuando me enteré de que podía hacer la solicitud.

Lo hice sin pensarlo.

-Paolo, ¿dónde está Rosa?

-No ha venido.

-Pero iba a empezar hoy, ¿no? ¿No se reincorporaba ya?

-Sí, sí, eso creía yo.

Pero me ha llamado Nacho, no se encuentra bien.

Y no va a venir. -Ah.

¿Otra vez enferma? -Eso dice Nacho.

-Esto que me ha dado ahora de ser independiente es una tontería.

Y no solo porque vaya en silla de ruedas.

La culpa no me dejará hacer lo que hacen los demás.

Ya sabes que... que no tiene sentido que esté aquí

fingiendo que no pasa nada cuando sí pasa.

-Lo siento, pero todavía no estoy preparado para adaptarme a nadie.

Ni a ti ni a ninguna otra mujer.

Será mejor que lo dejemos aquí.

-¿Quieres volver con ella?

-No, pero es evidente que no consigo quitármela de la cabeza,

así que mejor que esté solo.

Así no haré daño a nadie.

-Mi padre prometió no tocarte, eras una línea roja.

Si sabe que no estamos juntos, van a ir a por ti.

-Pues tranquilo.

No necesito que nadie me proteja y menos tú.

Solo has conseguido ponerme en peligro con tus mentiras.

A tu padre le dices lo que quieras.

Pero que sepa que hemos roto.

-Me obligas a acercarme a él para espiarle,

que le mienta, y ahora que no estamos juntos

y no te sirvo para nada, piensas ir a por él.

¿Tú no tienes escrúpulos?

¿Y qué hago?

Tengo encima a Hortuño.

No podemos fallar.

Hay que hacer las cosas bien. Que me da igual.

Que Javier y yo hayamos roto

no significa que no sienta nada por él.

Haberlo pensado antes de romper.

Felicidades.

¿Sobre qué es la primera entrevista?

Pues no tengo ni idea, pero algo se me ocurrirá.

Seguro. No tengo dinero.

Te pago luego. No te preocupes.

Gracias, hasta luego.

Hasta luego, ¡mucha suerte! ¡Gracias!

¿Lo imprimiste todo? Sí, ya está.

¿Y sabes qué? Tengo una idea para el artículo.

¿En serio?

Sí. Qué rápido.

No tengo mucho tiempo, me dejo llevar por la intuición.

Y he visto estos artículos, que me han dado la idea.

¿Esos artículos?

Sí.

Hablan sobre un tal Moreno Ruiz.

Es un empresario de la construcción

que ha levantado un imperio en tan solo dos años.

Y su empresa es pionera en edificios ecológicos.

No sé por qué lo tiene aquí Javier.

Pues... igual se está construyendo una casa ecológica, no sé.

No lo creo.

Pero, bueno, yo ya tengo la idea.

Esta misma tarde intentaré contactar con él y entrevistarle.

Hija, no estés tan seria, que al final no ha sido para tanto.

Ya has oído a Samuel.

No le ha sentado tan mal.

Y si va a sufrir tanto sacándose el carnet,

pues que lo deje y punto.

Oye, y te digo una cosa, a unas malas,

lo llevo a los conciertos o adonde haga falta.

-Buenas.

¿Qué?

Mucho trabajo, ¿no?

-Oye. Oye, oye.

Que he estado hablando con Adela y me ha dado una idea estupenda:

contratar una "wending" de bodas.

-¿Una qué?

-Una... "wending".

Es una señora que te organiza la boda a medida

sin que tú hagas nada.

-Si ya estoy yo en ello, ya he encargado varias cosas.

-Ya, pero es que quedan un montón más.

Si nos lo ahorramos con la "wending", pues mejor, ¿no?

-Es que... no sé si estoy muy de acuerdo

con que una desconocida elija por nosotros.

Si tú no tienes tiempo, ya me ocupo yo.

-Yo lo que quiero es que estés tranquilo y disfrutando de la fiesta.

-Es que yo soy más tradicional.

Y me gusta que las cosas las hagamos nosotros a nuestro gusto.

-Pero, chico, ¿tú no ves que lo que dices no tiene sentido?

Es como si me dices

que el sorbete de limón que vamos a servir en el convite

lo tenemos que hacer nosotros.

-No sabes el sorbete de limón que hago yo.

-Qué tonto.

No, si te lo digo porque para eso están los profesionales,

para hacer las cosas que se les pidan

y las hacen bien.

Por Dios, Carmen, dile algo a este hombre.

Tú que vives en el siglo XXI, no como él.

-Eso, ¿qué opinas tú?

-Pues yo opino que sois un par de cabezones.

Y que más os vale empezar a ceder

si os queréis casar.

Y opino también que me voy a ir a tomar algo,

que me lo merezco.

-Me parece muy bien, hija.

-¿Hacemos un trato?

¿Qué te parece si tomamos las decisiones por turnos?

Irá mucho más rápido.

Y, al menos,

ganaremos una de cada dos.

-Vale, pero yo primero.

-No, a cara o cruz. -Mmm.

Vale.

-¿Cara o cruz?

-Hombre, yo, cara.

Está claro que el De la Cruz eres tú, ¿no?

-¡Oh, cruz! -¿A ver?

-Olvídate de la "wending" esa.

La boda la organizamos nosotros.

-Pues ahora me toca a mí.

Y te voy a hacer una propuesta que no puedes negarte.

-A ver, que miedo me das.

-No me quiero casar de blanco.

-Bueno, el vestido es lo que menos me importa.

Pero, bueno, es que es la tradición, y ya que estamos...

-Me quiero casar de rojo, de rojo pasión.

-¿Me estás hablando en serio? -Y tanto.

Que el rojo es un color muy elegante. -¿Cuándo has visto tú

una novia vestida como un pimiento morrón?

-En ningún sitio.

Pero ya te digo que en nuestra boda se va a ver.

Me tocaba a mí y a ti, apechugar.

Y es lo que hay. -Bueno.

Pues pimiento morrón. -Así.

(Beso)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Mamá. Eh.

Ya he hablado con mi amigo.

¿El diseñador? Sí.

Está montando un "sarao" que flipas

y dice que le va a ir muy bien contar contigo.

¿En serio? Qué bien.

¿Cuándo es, qué es lo que necesita?

Quiere que le hagas el diseño floral

de una comida de diseñadores en un hotel.

Vaya, menudo día llevo.

Me ha salido una boda con la "wedding planner"

y ahora esto.

Pero, bueno, ¿para cuándo es?

Pasado mañana.

Un poco justo, ¿te va a dar tiempo? Sí, bueno.

Eso es ya, pero todo bien.

En los negocios, te mueres de hambre o de sueño.

Ya. ¿Por qué no contratas a alguien?

Ya me gustaría, pero no me lo puedo permitir.

A ver si esta racha dura un poquito más

y... Ya.

Puedes contratar a alguien por días, que te ayude en semanas así.

Sí, eso es lo que estaba pensando.

Y ya tengo a alguien en mente, a Susana Castillo.

No sé quién es.

Es una decoradora floral que lo hace muy bien.

Me gusta mucho.

(Móvil)

Me encantaría trabajar con ella.

Es Jorge.

Me espera en el despacho con Javier.

Supongo que es algo de Hortuño. ¿Te vienes?

No, tengo muchísimo lío, pero luego me cuentas.

Vale, paso y nos ponemos al día luego.

Oye, ¿qué tal con Javier? ¿Estáis mejor?

No.

De hecho, lo hemos dejado definitivamente.

Me ha pedido que se lo cuente a papá

porque no quiere hacer el paripé delante de él.

No te rindas.

Tarde o temprano se dará cuenta de lo mucho que vales.

Cuanto más lo pienso, más rabia me da.

Ya.

Imagino que tiene que ser un poquito decepcionante.

Ahora te necesito fuerte.

(Llaman a la puerta)

-Hola. Hola.

¿No viene tu madre?

Se lo he dicho, pero tiene lío en el puesto.

¿Has averiguado algo sobre Hortuño? No.

O sea, sí, que está casado, que tiene un hijo de 19 años

que solo sale de fiesta y cuelga fotos en redes...

Seguiré buscando.

Vale.

Otra cosa.

Celia quería hacer un artículo, estaba buscando un tema,

y lo va a hacer sobre Moreno Ruiz.

-¿Perdona?

Encontró los artículos sobre tu mesa.

Tiene poco margen, dos días, para presentar la entrevista,

y decidió hacerla sobre Moreno Ruiz.

-Bueno, nos puede ir bien, ¿no?

Sí, podemos pedirle

que averigüe algo sobre Hortuño.

-¿Sabe algo de todo esto?

No, no le he dicho que Elías y Hortuño están compinchados,

pero creo que debería saberlo.

No, ni se te ocurra.

Cuanta menos gente sepamos todo lo que está pasando, mejor.

Menos riesgo de que alguien cometa un error

y se enteren Elías y Hortuño.

-Sí, estoy de acuerdo con Javier.

Yo creo que es mejor dejar a Celia al margen de todo esto.

-Además,

Celia fue amante de Elías.

No sabemos qué grado de complicidad tienen.

Y donde hubo fuego...

¿Insinúas que Celia sería capaz de traicionarnos?

No, no digo eso, pero mejor no arriesgarnos.

Mira, su relación con Elías está acabada.

Quedó muy escarmentada del tema.

Y, aunque no fuera así, seguro que jamás nos traicionaría.

-No sería la primera vez, ¿eh?

Quiero decir, mi madre y ella eran íntimas, tenían un negocio,

hasta vivían juntas,

y ella, mientras tanto, se acostaba con mi padre.

Que a mí me cae bien, ¿eh?, pero no sé...

Es diferente, Germán.

Tiene nuestro mismo interés

en acabar con Hortuño, en que el Mercado se renueve.

Y no va a poner en peligro su fuente de ingresos.

-Ya no es la única.

Ahora va a trabajar en un periódico.

Sí. Sí.

Si los dos estáis de acuerdo, adelante.

Pero no sé cómo le pediremos información sobre Hortuño

sin decirle lo que sabemos.

Hay que conseguirlo como sea.

No podemos dejar escapar ni una ocasión

de sacar algo contra Hortuño.

¿Estamos los tres de acuerdo?

Yo es que hace tiempo que tengas ganas de trabajar contigo

y he pensado que podíamos probar.

Ah, pero, entonces,

¿tienes firmado una exclusividad con algún cliente?

Pues entonces sí, va a ser difícil, claro.

Bueno, Susana, pues qué se le va a hacer.

No te molesto más.

Pero, si cambias de opinión, tienes mi número.

¿De acuerdo?

No, no, gracias a ti.

Vale, adiós.

Si has venido a marearme, no tengo tiempo.

Si has venido a acusarme de alguna barbaridad,

llamo a la policía.

No vengo a discutir ni a acusarte de nada.

Pues entonces márchate de aquí.

No voy a dejar que me espíes para que me hagas la competencia.

No te pongas a la defensiva.

Debería haberte explicado desde el primer momento

por qué me interesaban los detalles de tu negocio

en lugar de hacerme pasar por un cliente.

Lo siento.

Espero que no me guardes rencor.

¿Conseguiste echar a esa gente del local?

Sí, me costó, pero ya están fuera.

Estoy pintando de nuevo y espero inaugurar pronto.

Pues lo único que puedo hacer es desearte buena suerte

y que la competencia sea beneficiosa para los dos.

Yo también.

Por eso he venido a hacerte una propuesta.

¿Cómo? ¿Qué te parece si nos asociamos

y compartimos beneficios?

Es que...

No, no, yo ya he estado asociada.

Y no me ha salido muy bien la cosa, la verdad.

Pues más probabilidades de que esta sea la buena.

Supongo que sabes que soy el dueño de Floramundi.

Que tengo ya varias floristerías franquiciadas.

¿Has estado alguna vez en alguna de nuestras tiendas?

No.

Muchísimas gracias, pero no creo que me interese.

Pero si ni siquiera te lo he contado.

Pues a ver.

Mi intención es seguir expandiéndome.

He hecho un estudio de mercado y los clientes son de este distrito.

Con lo que me interesa tener dos tiendas aquí.

Y alguien como tú es justo lo que necesito.

¿Alguien como yo? ¿Qué quieres decir?

Una mujer elegante, con gusto y con presencia

es lo que Floramundi necesita.

¿Puedes pasar por aquí? Acabo de limpiar.

-Bueno, es que en realidad no...

A ver, que... que he venido a hablar contigo, Carla.

-Dos no discuten si uno no quiere, yo no quiero, así que...

-¿Hasta cuándo va a durar esto?

-¿El qué, Carmen? ¿A qué te refieres?

-A las consecuencias del accidente.

Pero no solo eso. -Ya.

-El accidente trastocó tu vida y la de Samu.

No estoy intentando comparar las pérdidas.

-Pues menos mal.

Porque la verdad es que mi hermana no conducía borracha.

El accidente no fue su culpa. -Ya lo sé.

Pero lo que pasó pasó, no se puede cambiar.

Samu no te puede compensar.

Nadie puede.

Es que... yo no soporto verlo tan triste.

¿No crees que estar en una silla de ruedas

ya es bastante castigo?

¿Cuánto más necesitas verle sufrir?

-Todas y todos sufrimos cuando pensamos en lo que pasó.

Y yo no puedo evitar pensar en eso cada día.

-Ya, pero es que hay que avanzar.

¿No crees que a tu hermana no le gustaría verte sufrir así?

Samu está en casa, deprimido, no tiene fuerzas ni para trabajar.

Ya no sabemos ni qué decirle para animarle.

-Yo no le deseo ningún mal.

-Pues demuéstralo.

-¿Cómo?

-Ayudándole para que no vuelva a caer en una depresión.

Lo hizo por ti, ¿no?

Te lo agradezco, pero...

Es que a mí me gusta ser mi propia jefa.

El negocio seguiría siendo tuyo.

Con los recursos de una empresa establecida.

Y tendrías acceso

a profesionales de prestigio.

Cuando he llegado, estabas hablando con una tal Susana.

Sí. ¿No sería Susana Castillo?

¿La conoces?

Claro, si trabaja prácticamente en exclusiva para mí.

Adela.

Tendrías el privilegio de ser la primera franquicia urbana.

Perdóname, no quiero presionarte más.

No hace falta que me digas nada ahora.

Piénsatelo, ¿vale?

Yo lo veo complicado.

No tenía ninguna duda.

Por cierto, y si no es indiscreción,

sé que Elías ya no es tu marido.

¿Y?

No, perdóname, pero,

después de que entraran los okupas,

tuve que preguntar a la gente del barrio.

Bueno, en fin, que...

Siento haberte acusado a ti de todo eso.

Es evidente que eres una mujer con mucha más clase.

Está bien, está olvidado.

Adela. ¿Mmm?

El divorcio te ha sentado muy bien.

Que tengas un buen día.

-"A ver, Carla".

Para él, conducir es algo simbólico.

Es como un paso más para intentar avanzar,

para superar el accidente.

Pero es que ha dicho que no lo quiere volver a intentar.

-Bueno, ¿y qué quieres que haga yo?

-Apoyarle.

Insistirle en que se lo saque.

Estar ahí con él.

Creo que eres la única que puede convencerlo.

-Carmen, es que yo no quiero apoyarle.

Es que yo no creo que él deba subirse a otro coche,

¿lo entiendes?

-Yo tampoco quiero que conduzca. -¿Entonces?

-Pero es que, para él,

conducir es como estar un poquito más cerca

para poder llevar una vida normal, a pesar de su condición.

Estoy dispuesta a hacer de tripas corazón y ayudarle.

Pero no es mi ayuda la que necesita.

¿Tanto te costaría?

Igual te ayuda a pasar página.

Acabas de decir que sigues sufriendo.

-Lo siento, pero no puedo.

-Si alguna vez has sentido algo por él de verdad

y no le deseas ningún mal,

solo te pido que lo pienses.

(LORENA) "Y este".

El escote no...

Mira, este de aquí. -Ya.

-El del encaje.

Hay un montón de vestidos de novia rojos,

no sabía que estaban de moda.

-¿Y a que son preciosos? -Sí.

-Si el color rojo es bonito.

Pero, vamos a ver,

¿no podía ser un vestido blanco con un detalle rojo?

-No, de eso nada.

Yo lo quiero de pies a cabeza.

Y con un... un puntito así de brilli-brilli

que le dé glamur.

-¿No te parece que te estás pasando un poco?

-No.

Y no has oído lo mejor.

Quiero que los invitados lleven algo rojo.

-Pero es que, en vez de una boda,

va a parecer un anuncio de Nochevieja.

-Pues a mí me da igual, hijo.

Ya basta de... de ensalzar el blanco como si hubiera que demostrar pureza.

Que yo no tengo que demostrar nada.

Que yo lo único que quiero

es ensalzar la pasión y el amor que tenemos los dos.

-Esto me parece muy bonito

y muy bien. -¿A que sí?

-¿Tú qué vas a decir, si siempre has sido una jipi?

-Y tú, un clasicorro.

A mí me parece que está muy bien,

me parece que la simbología

es... es muy bonita, papá.

Y es su boda.

Se puedes vestir como le dé la gana. -Ahí.

-Pero es mi boda también, ¿no? -Ya.

-Ya, pero yo no te digo cómo tienes que ir vestido.

Me caso otra vez, ¿qué más te da?

Oye, que va a ser la última, ¿eh?

-Yo tampoco pienso casarme más veces.

Bueno.

Ya que lo hemos echado a suertes,

y te toca a ti elegir,

tengo que aguantarme con lo que escojas.

-Así es. -Además,

que vas a estar guapísima,

aunque vayas vestida de pimiento morrón.

-Oye, ¿qué vais a dejar para después de la boda?

-Anda. -Cochinos.

¿Tengo que echar el jarro de agua?

¿Y este follón? ¿Qué es todo esto?

-Pues vete al despacho, para eso lo tienes.

-Hola, es que me está haciendo Noa el turno

y les he invitado a comer,

Valeria me está enseñando los trajes de novia.

-¡Mira!

¿Eso son trajes de novia?

Pero es rojo, ¿no? Sí.

¿Vas a ir de rojo?

Sí, ya lo he decidido.

¿Y tú no dices nada?

-¿Yo qué voy a decir? Si a ella le gusta...

Ah, claro, que haga lo que le dé la gana, ¿no?

Si a ella le gusta, ¿eh?

Rojo.

Rojo sangre.

O sangría, ¿no?

Como la que te va a hacer en las cuentas.

¡Bueno, ya está bien!

No voy a permitir que faltes al respeto a Valeria,

ni a mí tampoco.

Si tienes envidia, te aguantas, pero deja de fastidiarme.

¿Envidia de qué, papá? ¿Envidia de qué?

¿De un setentón que está perdiendo la cabeza?

¿De eso tengo envidia? Sí.

Envidia, sí.

Porque soy feliz y voy a casarme con la mujer que quiero.

En cambio, tú estás amargado.

Trabajando día y noche.

No tienes otra cosa que hacer.

(VALERIA) Déjalo. -Y la mujer de tu vida pasa de ti.

-Déjalo, Jesús, no tiene importancia.

-Si lo has perdido todo

es porque no has sabido apreciar lo que tenías.

Deja de meterte en la vida de lo demás

y céntrate en la tuya, que falta te hace.

Vámonos, Valeria.

-Papá.

Papá...

-Perdona, hija.

Se me han quitado las ganas de comer delante de tu hermano.

Vamos.

(LORENA CHASQUEA LA LENGUA)

Bueno, si me has mandado ese mensaje será para darme buenas noticias.

-Así es.

Aunque ha costado bastante.

No ha sido fácil convencer a los jefes

de que te envíen a Londres.

Pero, bueno,

les he hablado de tu juventud, de tu capacidad de trabajo,

tu dominio del inglés, tu carácter competitivo

y tu ausencia de cargas familiares, y parece que ha colado.

-Muy bien.

-Pero bueno.

Aún falta el visto bueno del jefe del proyecto en Londres.

-Pues entonces no está todo. -No.

Tengo una última reunión, precisamente para hablar de ti.

-Ah, bueno, le caí genial en la reunión

y, si lograste convencer a los jefes de Madrid,

no creo que haya problema con él.

-Seguro que no.

El problema es que no voy a apoyarte si no recupero antes mi disco duro.

-Eso no va a ser posible, Nacho.

-A mí me parece que sí.

-No.

A mí me parece que no.

El disco duro es mi seguro y, si te lo devuelvo,

¿cómo... cómo voy a saber si me tengo que fiar de tu palabra?

-Porque a mí también me interesa que te vayas.

Así que tendremos que confiar el uno en el otro, ¿no crees?

-Es que yo, después de lo que he visto,

pues jamás me voy a fiar de ti.

-Tienes mucha sangre fría para chantajearme así.

Ahora que has visto el archivo encriptado,

¿qué piensas de mí?

-Te lo puedes imaginar.

-No, no me lo imagino.

Dímelo.

-Bueno, pues que, si antes sabía de qué pie cojeabas,

ahora lo sé muchísimo mejor.

-Claro.

Supongo que te has dado cuenta de que,

después de todo, no somos tan distintos, ¿verdad?

-No, no, Nacho, tú y yo no tenemos nada que ver.

-Pero compartimos los mismos gustos.

La misma ambición.

-Sí, a ver, soy una chica ambiciosa,

pero mi ambición no es tan extrema como la tuya.

-Ya.

Bueno.

Se ve que lo tienes claro.

Que has visto el archivo.

Lástima que me haya cansado.

Vamos, el disco, dámelo. -¿Qué haces?

-Dame el disco. -Que no está ahí.

-Te dije que lo trajeras.

¿Quién lo tiene? ¿Dónde está?

¿Dónde está? ¿Quién lo tiene?

-¡Que no te lo voy a decir!

-No te vas hasta decirme quién lo tiene.

-Ay. -¿Con quién has hablado?

Vamos, dime.

¿Has hablado con Jonathan? -No sabe nada del archivo.

-Del archivo no, pero ¿del disco sí?

Noa vive con él.

-¡Noa no sabe nada de esto! -Vamos a ver a Jonathan.

Y a recuperarlo ahora mismo.

-¡No! Te lo devolveré, de verdad, te lo devolveré.

Cuando esté segura de que está solucionado lo de Londres.

-Ya me estoy cansando, ¡lo quiero ya!

-Déjame salir.

(Portazo)

Qué pesado eres, ¿eh?

¿Por qué no bajamos al bar y le pedimos uno a Lorena y a Jorge?

Que no quiero líos. -Sí.

Y comemos mañana, con lo tarde que es.

Además,

el sacacorchos es mío.

-Al guiso le quedan diez minutos.

Bajo y subo, si es un momentín.

-No me da la gana.

No me gusta molestar a la gente cuando trabaja,

habiendo uno aquí.

-Bueno, pues rápido.

¿Y este hombre qué? ¿No recoge la mesa?

-Desde que se ha ido Adela, lo tiene todo manga por hombro.

-Ya lo veo, ya. -Con lo bien que estaríamos comiendo

con Lorena.

A veces me dan ganas de cruzarle la cara.

-Ay, Jesús, no quiero que os enfrentéis más.

Ya hemos tenido suficiente.

-Él nunca tiene suficiente.

No le voy a consentir

que se siga comportando como un crío.

Si le molesta que yo sea feliz y él está más solo que la una,

es su problema.

-Si tienes razón.

En el fondo, me ha gustado ver cómo sacabas carácter.

-¿Te acuerdas cuando me dijiste que era un calzonazos?

-Pensaba que te dejabas manipular por tu hijo.

Pero hoy me has demostrado que estaba equivocada.

Quien lleva los pantalones en esta familia eres tú.

Y hay que ver cómo te quedan,

por cierto.

¿Ahora también utilizáis mi casa de picadero?

-Querrás decir "mi casa".

-Bueno, voy abriendo la botella.

¿Sabes?

Sáez me ha pedido asociarme con él.

Perdona, ¿estamos hablando del mismo Sáez

que se hizo pasar por cliente para sacarte información?

El mismo.

Pero he de reconocer que me ha pedido disculpas.

Hombre, solo faltaba.

Me ha estado explicando las ventajas de sus franquicias.

Sin duda, me solucionaría problemas de personal, de publicidad...

Estas cosas.

Y no sé, no sé lo que haré, estoy dándole vueltas.

Ha estado muy simpático y muy amable, sí.

Ya, bueno, ten cuidadito, Adela.

La gente que se anda con engaños no cambia de la noche a la mañana.

No sé, pero esta vez le he notado diferente.

Pero ¿a ti qué te interesa de Sáez, sus franquicias o sus cositas?

Quita, quita, mujer.

Por favor, cuando le conocimos en la floristería,

te comía mirándote, te lo dije.

Y yo te dije que no estaba para hombres.

Ya, ya lo sé, que no es el momento de tener una relación,

que tienes esa puerta cerrada, pero abre una ventanita, mujer.

Que no, Lorena, que ni puertas ni ventanas.

Tengo la cabeza en otro sitio.

Adela, a nadie le amarga un dulce.

Un poquito de cariño.

La soledad puede ser muy dura a veces.

Sí.

Eso precisamente es lo que estoy aprendiendo.

Pues eso.

Igual, tarde o temprano, te apetece tener una relación.

¿Y cuándo se sabe si se está preparado o no?

No lo sé, en eso no te puedo ayudar.

¿No te ha quedado claro

que no consentiré tus salidas de tono?

¿Qué pasa, qué quieres?

Una explicación.

Lo que hagas con tu boda me da igual,

pero lo que hagas con el negocio, no.

¿Por qué has cortado el contrato con Morata?

Porque últimamente se había subido a la parra con los precios

y su género dejaba mucho que desear.

Nunca has dicho nada. ¿Para qué decirte nada?

¿No ves que cada vez vendemos menos fruta tropical?

Porque no es época. Porque no tiene calidad.

Me he estado informando.

Y vamos a cambiar de proveedor.

Va a ser Reyero.

El de las cestas de tu boda.

El mismo que viste y calza.

Es un sieso, no tiene sangre en las venas.

Sí, es un sieso.

Pero su género es económico y bueno. ¿Algún problema?

Pues sí, que Morata es amigo mío de toda la vida

y me he muerto de vergüenza cuando me ha llamado.

¿Y a mí qué más me da? Ah.

¿Nos da igual quedar mal delante de todos?

De todos, no.

Delante de tu amigote.

Si tú te vas a tomar copas con Morata,

no voy a mantener el contrato por eso.

Y su fruta no vale ni para zumo.

Jamás te has quejado.

Bastante ridículo hicimos ya

con no encargarle las cestas de tu boda.

Porque no nos gustaban.

¿No te gustaban a ti o no le gustaban a esa?

¡Ya está bien!

¡Deja a Valeria en paz,

que siempre tenemos que acabar en el mismo sitio!

Reyero

es lo mejor para la empresa y punto.

Y los demás socios apoyarán mi decisión.

¿Quieres que llamemos a Germán y a Adela

y les preguntemos si quieren seguir con tu amigote?

¿O asumes que te he ganado la batalla?

Otra vez.

(RESOPLA) (LORENA) "Cuéntame".

¿Qué te dijo exactamente Sáez?

Bueno, tampoco fue muy directo, un coqueteo.

Que si era muy elegante.

Que tenía mucha clase.

Bueno, es que es verdad.

O sea, aquí hay tomate si tú quieres, ¿no?

Si esa es la cuestión, si quiero o no quiero.

No te martirices.

Si quieres, quieres y si no quieres, no quieres, ya está.

Tiempo al tiempo, ¿no?

Ya.

Pero ese también es el problema.

¿Y si cuando llegue el momento no hay nadie disponible?

Claro, cuando llegue el momento,

habrán desaparecido todos los hombres.

Ay, me refiero a alguien que valga la pena.

Pero ¿qué está pasando aquí?

Sáez te gusta más de lo que me estás reconociendo.

Que no.

Pero el hombre no está mal.

Tiene buen porte, ¿no?

Bueno, en todo caso,

cuando te apetezca tener una relación seguramente lo sentirás.

Y Sáez hay muchos por el mundo.

Y también hay muchos Elías.

Ya.

Oye, y hablando de Elías, ya que él sabe de negocios,

¿por qué no le preguntas por la franquicia?

No.

Eso es cosa mía.

Además, Elías ni mira por mi negocio ni por ninguno del Mercado.

¿Por qué dices eso?

Porque anda como pollo sin cabeza.

No está centrado.

Y ya sé lo que me va a decir,

que él no dejaría sus negocios en manos de nadie.

Ya, pues eso a lo mejor es un buen consejo.

No tienes que decidir ahora, ¿no?, lo puedes pensar.

Sí.

Aún me quedan por hacer un par de encargos.

No sé cómo voy a hacerlo. Mmm.

¿Qué encargos?

Tengo que decorar el salón de un hotel

para una comida de diseñadores.

Y es pasado mañana.

Me hubiera venido bien contar con una decoradora floral.

Hay una muy buena, Susana Castillo, pero trabaja en exclusiva para Sáez.

Vaya. Y realmente es buena.

Hablé con ella y es un poquito pija y estirada,

pero me vendría de perlas.

Pues fíjate que quizá tienes

una alternativa mucho mejor que la tal Susana.

Y mucho más cerca de lo que tú te crees.

Qué lista eres.

¿Qué tal, Celia? Hola.

¿Trabajando en tu artículo?

Sí, ¿cómo lo sabes?

Me lo ha comentado Jorge. Ah.

Es para un periódico digital, ¿no?

Enhorabuena. Muchas gracias.

Ha sido una alegría.

Como ahora mismo no hay nadie,

intento sacar un ratito, no tengo mucho tiempo.

¿Mucho tiempo sin escribir o qué? ¡Buf!

Ahora tengo que coger el ritmo.

Por cierto, el artículo es sobre nuevos emprendedores,

nuevos empresarios.

Y la idea se me ocurrió porque...

Bueno, voy a escribir sobre Sebastián Moreno Ruiz.

Anda. Había artículos en tu despacho.

¿Te vas a hacer una casa?

Ya me gustaría a mí, qué va.

Estaba buscando información para una amiga de mi madre,

quiere hacerse una casa ecológica.

Que sepas que el tío este es muy interesante.

Y, por cierto, fue socio de Hortuño.

Sí, sí, algo... algo he leído.

Y no debieron terminar muy bien.

Oye.

A lo mejor, a nosotros nos vendría bien

saber algo de esas peleas.

¿Cómo que a nosotros?

Hortuño está haciendo todo lo posible para acabar con el Mercado.

Igual si conseguimos algo de información privilegiada...

Como ellos trabajaron juntos y acabaron mal, ¿no?

Ya. Igual te cuenta... (CARRASPEA)

...algún trapo sucio.

Ay, Javier, es que no sé.

La verdad es que yo lo que quería era

hacer un reportaje sobre la figura de un emprendedor,

de un empresario, y no quería basarlo

en una denuncia contra nadie. Yo no te digo que escribas

un artículo de denuncia, no.

Aprovechando la situación,

igual puedes sacar algo de información.

¿Y tú crees que eso nos vendría bien?

No lo sé, Celia.

Estamos en una situación desesperada, no sé.

Supongo que cualquier ayuda será bienvenida.

Cuenta conmigo.

Sí, yo también formo parte de este mercado, ¿no?

Pues lucha por él y pon tu granito de arena.

Intentaré sacar la información que pueda sobre Hortuño.

Imagínate que consigues sacar

una información que salve el Mercado.

Y, sinceramente,

creo que un reportaje con un poquito de carnaza

es mejor que uno hablando de las bondades

de un empresario.

Mira, tienes toda la razón.

A la gente le encanta el morbo y, si es un empresario, también.

Pues nada, te dejo trabajar.

Vale. Gracias.

Huy, vale.

Hasta luego. Hasta luego.

(SAMU) No voy a subirme en ese coche con papá.

(CARMEN) Hola. -¿Quién es ese tío?

-A ver, ese es Sergio.

El profesor de la autoescuela.

Y es un profesional,

está especializado en coches adaptados.

Y ha venido a enseñarte a conducir, ¿de acuerdo?

Así que, mira.

Él es Samu, mi hijo.

Sergio. -Encantado.

Si te parece, empezamos. -Pues no, no me parece.

-Vaya usted para el coche, que ahora mismo va él.

-¿Para eso me traes?

No voy a conducir.

-No puedes seguir así. -Y con un desconocido.

-Es un profesional, especializado en coches adaptados.

Te enseñará mejor que tu padre.

-Le contarías que pasó para que me trate como un imbécil.

-Le he dicho que estabas un poco nervioso.

No hay por qué avergonzarse, es normal.

Es lo que necesitas ahora.

-No necesito nada, ¿no me escuchas? -Porque te escucho cuando hablas

estamos aquí.

Que tú no eres de los que te rindes, que ya lo has demostrado.

No voy a dejar que tires la toalla.

-Pero, además, si eras tú la que no querías.

-Pues me equivoqué y tú tenías razón.

Tenía miedo de que cogieras un coche, pero eso no puede ser.

Tu padre y yo no vamos a estar siempre, tienes que ser

lo más independiente posible. -Ya soy independiente con mi silla.

-Hijo, los dos sabemos que no es solo eso.

Conducir te puede ayudar a pasar página,

a que superes el accidente.

A ver, hijo.

Yo sé que esto no es fácil.

Pero te conozco y sé tu fuerza de voluntad.

Esta silla no te ha hecho más débil, te ha hecho más fuerte.

Por eso sé que eres capaz de sacarte el carnet de conducir

y de lo que se te ponga por delante.

Venga.

Vamos.

A pesar de todo, yo diría que ha sido

gracias a mis proyectos de construcción

basados en la sostenibilidad ecológica

con los que me he hecho un nombre en el sector.

Podríamos decir que Sebastián Moreno Ruiz

es un emprendedor en auge.

Supongo que sí. Sí.

¿Siempre te ha interesado este tipo de construcción?

No exactamente,

aunque siempre me ha interesado la sostenibilidad.

Un uso eficiente de la energía, el agua y los recursos

no solo en los edificios, sino en todo su entorno.

Fue a raíz de un artículo que leí

sobre la corriente alemana de las viviendas pasivas

cuando me planteé incorporarlo a mi empresa.

Quería que la fuente de energía fuera renovable y natural,

pero éramos dos socios y el otro no estaba por la labor.

Así que... Hortuño, ¿verdad?

Sí, Ginés Hortuño.

¿Y él no creía en el proyecto o no creía en los beneficios?

Le parecía una apuesta arriesgada.

Y tenía otras ambiciones económicas.

No se puede culpar a un empresario

por querer obtener los máximos beneficios.

Claro.

Aparte de estas incompatibilidades a nivel laboral,

¿hubo otra razón por la que os separasteis?

No puedo.

A lo mejor no soy tan fuerte como crees.

-Igual no tiene que ser hoy.

-¿Qué hace ella aquí?

-Le he mandado un mensaje con la dirección.

-Si vienes para machacarme más, ya me quedó claro que soy peligroso.

Por si te sirve de consuelo, no he podido ni tocar el volante.

Te puedes ir tranquila. -No he venido por eso.

He venido a animarte a que subas al coche.

Ya sé lo que dije.

Pero ha llegado el momento de que dejemos de sufrir.

Sé que lo único que has intentado es superar todo esto

y yo... no he parado de impedírtelo.

Me dolió muchísimo saber que querías conducir un coche.

Me pensaba que no te importaba todo lo que había pasado.

Y ahora sé con perspectiva,

veo que... que no lo has hecho por eso,

porque quieras olvidarlo, sino porque quieres

avanzar, superarlo.

Igual si te veo superándolo, si te veo dentro de ese coche,

a lo mejor querrá decir

que yo también podré hacerlo algún día, ¿sabes?

Además, sé que todo esto,

el accidente, lo que nos ha pasado,

sé que ha servido para darnos cuenta

de que... de que hemos aprendido de nuestros errores.

Y sé

que tú nunca vas a volver

a conducir un coche en esas condiciones.

-Gracias.

Sé lo difícil que es todo esto para ti.

-Venga, súbete.

No pierdas más el tiempo.

A lo mejor ahora no tendrás fuerzas para arrancar el coche, pero,

yo qué sé, con poner las manos en el volante...

Por algo se empieza, ¿no?

-Vamos.

Lo que quiero decir es

si hubo algún problema personal entre vosotros.

Si empezara a hablar de Hortuño, se nos iría la entrevista.

Tenemos todo el día por delante, ¿no?

No viene al caso.

No forma parte ya de mi vida.

Mejor hablar de cosas más interesantes, ¿no?

No sé si lo sabes,

actualmente el Central está librando una batalla por sobrevivir.

El Ayuntamiento nos ha dado... Espera, espera.

¿Trabajas en el Mercado?

A ver, yo soy periodista, pero tengo un puesto en el Mercado.

El caso es que Hortuño se quiere hacer con este espacio porque quiere

hacer unas viviendas de lujo y un centro comercial.

No puedo decir que me sorprenda.

Ya. Ha comprado ya medio barrio.

Y creemos que está haciendo todo tipo de tretas

para que la renovación no se lleve a cabo.

Así que este testimonio nos vendría muy bien

para luchar contra él en el Ayuntamiento,

poder ganar un poquito de tiempo.

¿Y el artículo es real?

¿O es solo una invención? Es real.

Es real, te lo prometo.

Lo que pasa es que, bueno,

había pensado que a lo mejor podía matar dos pájaros de un tiro.

Pues espero que no tengas prisa, porque hay mucho de lo que hablar.

¡Bien!

Claro.

¡Cristina!

Contigo quería hablar.

¿Conmigo? Mira que tengo mucho trabajo, ¿eh?

La cantidad de clases de tés que hay.

Ay, con lo a gusto que estaba yo aquí en mi floristería...

Pues justo de eso quería hablar.

No sé cómo tienes la semana.

¿Qué te parecería echarme una mano

con una decoración floral que tengo que hacer?

Huy, me encantaría. ¿Sí?

Pues es para un hotel, para el salón de un hotel,

se celebra una comida de diseñadores pasado mañana.

Y te pagaría bien.

Ay, pues me hace muchísima ilusión.

Lo del dinero no es lo que más me interesa.

Pero me vendría muy bien. A ver.

Has dicho que es una comida, ¿no?

Sí.

Sería por la mañana. Claro.

Pues entonces no puedo.

Ay, ¿y eso?

¿No puedes cambiarle el turno a alguno de tus compañeros?

Acabo de empezar a trabajar, no voy a pedir ya favores.

Ya, entiendo. Ay, qué lástima.

Sí, pero muchas gracias por contar conmigo.

Mujer, qué menos.

Siempre que necesite una mano, voy a pensar la primera en ti.

No sé cómo voy a hacer, a quién proponérselo.

Germán me ha dicho que él me ayuda, pero...

Necesito alguien con experiencia.

Mi amiga Mari Paz.

Ella tiene una floristería.

Y no sabes el arte que se da para decorar, bueno, una maña...

¿Crees que podría ayudarme? Me salvaría la vida.

No sé, le voy a preguntar.

La llamo y te cuento, ¿vale? Sí, sí.

Y me dices algo.

¿Qué pasa, mamá? Germán.

Escucha.

Sé que Celia está escribiendo un artículo sobre Moreno Ruiz,

¿qué tal le va?

Pues eso, ahí va, está en ello.

Bueno, a ver si eso sirve para poner a Hortuño en su sitio.

Sí.

¿Tú cómo vas?

¿Te echo una mano?

No, no hace falta.

Cristina me va a poner en contacto con una amiga suya

para ver si puede ayudarme.

Quería comentarte una cosa.

He estado hablando con Sáez

y me ha propuesto entrar en su franquicia.

¿Y eso? Bueno.

Busca un local en este barrio.

Ya, pero ¿tú no te llevabas de pena con este tío?

Sí, pero el hombre ha venido a disculparse

y podría ser una buena oferta.

Me quitaría muchísimos quebraderos de cabeza.

A ver, ¿qué te ha propuesto exactamente?

Bueno, básicamente infraestructura, publicidad, un buen nombre.

A la larga, terminaría ahorrando y me daría un buen impulso.

No sé.

Es normal que tienes un pico de trabajo

y quieras delegar eso a otra gente,

pero yo creo que a ti eso, mamá, no te va mucho, ¿no?

¿No?

Si te mola mandar.

Te mola decidirlo todo, ser la jefa.

Sí, eso es verdad.

Lo que pasa es que levantar un negocio sola...

Es muy duro, ¿eh?

No sé, estoy hecha un lío.

Me vendría bien esa ayuda,

pero no quiero perder mi independencia.

No sé.

Pues díselo a Sáez.

¿El qué?

Esto mismo, lo que me acabas de decir.

Te reúnes con él, le propones tus condiciones

y, si acepta, el tío tiene buena fe y te respeta.

Y, si no, pues que le den.

Y te quedas como estás.

Sí.

Supongo que por reunirme otra vez con él no pierdo nada.

¿No?

Me voy. ¿Tienes prisa?

Sí. Venga.

Hasta luego.

Bueno, y entonces entró en el coche,

pero no solo arrancó, sino que avanzó unos metros, ¿sabes?

No sé, yo no las tenía todas conmigo, porque estaba supernervioso,

pero yo qué sé.

Mira, al final, lo logró.

-A mí me pasó lo mismo con la bici y el incidente de la tarta.

Me puse bastante nervioso.

-Ya, pero tú eres muy valiente.

-¿Y un coche adaptado

es igual de fácil de conducir que un coche normal?

-Supongo que debe de ser más complicado,

porque se tiene que hacer con los mandos

y las marchas están en el volante,

así que...

No sé.

A mí me dolió mucho estar ahí, verle ahí...

Pero, bueno, ya está.

-Si estabas sufriendo,

¿por qué te quedaste con él?

Ya le habías dicho lo que tenías que decirle.

-Pues no sé.

No quería dejarlo allí, sin más.

¿Sabes? Y ya que había ido hasta allí, pues...

No sé, y, aparte, sentí que me necesitaba.

-¿No estaba su madre?

-Sí, estaba Carmen.

Pero, no sé, quise quedarme.

-¿Porque todavía le quieres?

-Como amiga.

-Pero...

Samu y tú no erais amigos, erais novios.

Solo intento descifrar tus sentimientos.

Me resultan confusos. -Ya sé que es difícil de entender.

También es difícil de entender para mí, pero...

Me pensaba que lo que sentía por Samu había muerto,

pero fue verle ahí...

(RESOPLA) No sé, supongo que...

Si no sintiera algo por él,

no habría decidido apoyarle en esto, ¿no?

-Y si te has dado cuenta de que sientes algo por él,

¿por qué no os dais otra oportunidad?

-Pues porque no es tan fácil.

Samu y yo llevamos una mochila enorme encima

que es imposible de quitar, aunque lo queramos.

-Todo esto de las mochilas y el peso,

¿por qué no lo habláis y lo arregláis?

-Yo sé que parece muy fácil.

Pero tendría que venir aquí un hada madrina

con su varita mágica y empezar a hacer

"pin" para que todo se arreglara, ¿sabes?

Pero las hadas madrinas

solo están en los cuentos de niños, ¿lo entiendes?

Bueno, va, ponte a cortar unos tomates, tengo hambre.

Eh.

¿Qué tal ha ido la entrevista? Muy bien, estoy transcribiendo.

Jorge, ha sido increíble.

Le he preguntado por Hortuño.

Creo que fueron socios, ¿no? Sí.

Le he estado pinchando un poco porque no quería hablar

y al final me lo ha contado todo, ¿quieres escucharlo?

Sí. ¿Sí?

(MORENO) "En el edificio Torre Norte

a Hortuño se le imputó por el cobro de unos mármoles

que nunca se llegaron a utilizar,

en su lugar empleó otras piedras obtenidas a partir de escombros,

más baratas y de menor calidad".

"O sea, cobró los precios hinchados".

"Ajá, presentó facturas falsas".

¿Qué te parece?

Que esta vez lo tenemos bien agarrado.

Lo que dice no tiene precio.

Mira, más adelante habla de... gestión en los contratos.

A ver dónde lo tengo... Aquí.

"Todos los empleados estaban contratados a media jornada,

pero trabajaban a jornada completa".

"Aunque se haga mucho, son contratos fuera de la legalidad".

"¿Y eso se podría demostrar?" "¿Que son contratos ilegales? Sí".

"Aunque Hortuño hiciera chanchullos,

la hora a la que ficha un trabajador no se puede modificar".

"He descubierto que tiene un socio que le financia con dinero negro".

"No he podido averiguar nada de él".

"¿Quién es ese socio?"

"Lo siento, Celia, eso no te lo voy a decir".

"¿Por qué?"

"Hay gente a la que es mejor no enfadar".

Qué fuerte, ¿no?

¿Y no te dijo el nombre? No.

He intentado sacárselo, sé que es importante, pero nada.

Lo que sí que me ha dicho es que

la mayor parte del éxito dentro de los negocios de Hortuño

ha sido por dinero sucio, muy sucio.

Mmm.

Vale.

Oye, has hecho un trabajo impresionante.

Sí, ¿verdad? Está mal que lo diga, pero estoy orgullosa.

Tienes que estarlo.

¿Quieres escuchar más?

Sí, sí, claro.

Vale.

Mira, aquí habla de la estafa

por la que le imputaron en Levante, escucha.

Igual no es necesario, Celia, no hace falta.

Oír esto en el Mercado me da...

Solo un momento, lo de Levante y ya está.

Vale. Escucha. Ahora.

"Después empezó una obra

y no tenía solvencia".

"No reunía el capital y condiciones". Me hago una idea, no hace falta.

Chist. En serio, para.

"Hortuño desapareció con el dinero

de los compradores que habían pagado una señal

y dejó pendiente el pago de cientos de nóminas".

Elías, ¿qué tal? Bien.

Estaba hablando de Ginés Hortuño, ¿no?

Sí. ¿Quién era?

¿Quién hablaba? Moreno Ruiz, su antiguo socio.

¿Y cómo lo has conseguido?

Bueno, pues que le hice una entrevista.

Yo no sabía que conocía a Hortuño.

Pero Javier me hizo ver que podía sacarle información.

He tirado de la manta

y con lo que tenemos aquí le podemos pagar en su moneda.

Eso es un pelotazo, ¿eh?

¿A que sí? Oye, pues...

Mantenme segura esa información. Sí.

Estoy deseando ver a Hortuño.

Le vamos a dar la estocada definitiva.

Enhorabuena. Gracias.

Hay que evitar que la entrevista llegue a oídos de Hortuño.

¿Y cómo le cerramos la boca a Elías?

¿Y esa periodista quién se cree?

Si cree que conoce mi vida, ¿no ve que la voy a parar?

La frenaré en seco.

-Tengo una buena noticia, aunque no sé si lo es para ti

o para la hermana de tu amigo que lo ha desencriptado.

Ya no hace falta.

Que me lo devuelva y ya está.

-¿Ya no te pica la curiosidad?

-Sí, bueno, sí, pero prefiero cerrar el tema.

Devolvérselo a Nacho y ya está.

-¿Has conseguido ya echar a tu viejo del Mercado?

Todavía no, pronto, no te preocupes. Date prisa.

Ya sabes que la paciencia no es una de mis virtudes.

Lo sé, lo sé.

-¿Dónde vas? -A trabajar.

Cariño, no me pongas esa cara.

No me gusta estar de baja y lo sabes.

-Toma, acábate la infusión.

-Es verdad, mamá, desayuna tranquila.

-¿Contentos?

¿Quieres dejar de pensar en el pobre Sáez?

¿Pobre? Estás obsesionado.

Es un pobre hombre.

De pobre, nada, ese tío es un desgraciado.

Creo que es una víctima, igual que yo.

¿Tú no estarás liada con el Sáez este?

Por eso te has puesto tan guapa.

Lo que hacéis es un delito.

Deja de hurgar en mi disco y devuélvemelo.

O tendrás serios problemas.

-Yo no sé de lo que hablas. -Sabes perfectamente de lo que hablo.

Lucía me ha dicho que estás husmeando en mis archivos.

Hortuño se comporta como un verdadero mafioso.

Lo de Celia no quedará en una amenaza.

Yo creo que Elías haría de parapeto entre Celia Hortuño.

Mientras Celia tenga esa grabación, está en peligro.

Y no me voy a quedar de brazos cruzados.

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Mercado central - Capítulo 123

19 mar 2020

Sáez reaparece en la floristería de Adela y le propone unirse a su franquiciado.

Samuel está muy deprimido y Carmen, angustiada, no tiene otra que recurrir a Carla.

Elías vuelve a cuestionar la boda de Jesús, que estalla, humillándolo delante de Valeria y Lorena.

Nacho consigue el puesto en la agencia de Londres para Lucía con el fin de que ésta le devuelva el disco duro.

Javier convence a Celia para que entreviste a Moreno Ruiz, un ex socio de Hortuño que tiene muchos trapos sucios que contar sobre él.

Carla ofrece su ayuda y su apoyo a Samuel para que se saque el carnet de conducir. David se da cuenta de que Carla aún siente algo por Samuel.

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