Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 121 - ver ahora
Transcripción completa

De tu padre...

De tu padre me puedo esperar cualquier cosa

porque ha hecho cosas terribles.

Pero esto se lleva la palma.

Yo también me metí en esto por pasta.

Recuerdas el fin de semana en el hotelazo en Ibiza, ¿no?

Ya sabes quién lo pagó.

Me da igual.

Lo hace para salirse con la suya, como siempre.

Ahora, que me va a oír. No.

No, no, no, no puedes hacer eso.

¿Cómo que no?

Tenemos que desenmascararlo, los comerciantes deben saberlo.

Ya, mamá, y lo sabrán, pero no ahora, ¿vale?

Si te descubre, sospechará de mí y no podré hacer nada.

¿Y pretendes que me quede como si nada?

Hasta que no haya un plan sólido, sí.

Sé que es difícil.

No lo sabes tú bien.

Lo estrangularía con mis propias manos.

Ya, mamá, pues contente, por favor.

¿Me lo prometes?

Mamá.

(SUSPIRA)

Qué remedio.

No sé con quién he estado casada durante 30 años.

Es como si fuera un extraño.

Me va a costar quedarme callada.

Ya.

Pero te prometo que el sacrificio no va a durar mucho, ¿vale?

Y no será peor que lo que he tenido que pasar yo.

Bueno.

Ya verás como lo tuyo y lo de Javier

no está perdido.

Le tienes que dar un poco de tiempo.

No, mamá, no.

Si es que le he mentido durante mucho tiempo,

no va a confiar en mí.

Bueno, le costará.

Cuando vea que estás arrepentido, seguro que acabará perdonándote.

¿Mmm?

Ya sabes cómo es.

Él valora la honestidad por encima de todo.

Hay una cosa que está por encima de la honestidad:

es el amor.

Ese amor se ha roto.

No.

El amor no se rompe tan fácilmente.

Es la cosa más resistente que existe.

Y, cuando te atrapa,

no te suelta.

A lo mejor,

necesitas la ayuda de alguien para ablandar un poco a Javier.

Jorge es su mejor amigo.

Y ya te ayudó con Violeta.

No sé, no creo que quiera meterse.

Eso no lo sabrás si no lo intentas.

¿O es que te vas a rendir?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Hazme caso.

Habla con él.

Y yo voy al muelle, que tengo que recibir mercancía.

Gracias por tu apoyo, mamá.

Jorge, ¿tienes un momento?

No, no lo tengo, tengo prisa.

Un momento, por favor, es que necesito que me ayudes.

La he cagado mucho con Javier y... y no quiere ni verme,

pero si tú hablas con él...

No, no lo voy a hacer.

Si no te he contado lo que ha pasado. No importa.

Sé que has estado ayudando a Elías y a Hortuño a hundir este mercado.

¿Te lo ha contado Javier? Oye.

Has traicionado a los comerciantes que han confiado en tu padre.

Has puesto en peligro el futuro del Mercado.

Has jugado con el pan de mucha gente.

Ya, he cometido un error, por eso quiero arreglarlo.

Pues ya no puedes.

Has hecho demasiado daño.

No, Jorge.

Os puedo ayudar, ¿no te ha contado eso Javier?

Mi padre y Hortuño no tienen ni idea de que lo sabéis.

Os puedo contar sus planes, podemos salvar el Mercado.

Ya.

Oye, ¿de verdad esperas que te crea?

¿Quién me dice que esto no es una estrategia de Elías?

No lo es, te lo juro.

Ah, vale, pues ya está.

Me lo juras, arreglado, Germán.

Creo que vas a necesitar algo más que un juramento.

¿Quién me dice a mí que no estás intentando, no sé,

volver a ganarte nuestra confianza y volver a traicionarnos?

¿Es eso? No.

¿Qué sentido tiene? He confesado porque he querido.

Si obedeciera a mi padre, no habría pasado esto.

Igual temías que Javier empezara a sospechar.

He confesado porque no podía seguir engañándole.

Le quiero.

Lo dudo.

¿Qué dices?

¿Eres consciente del daño que le has hecho a Javier?

¿Sabes lo mucho que le ha costado abrirse,

confiar en alguien, lo sabes? Sí.

Claro que sí. ¿Lo sabes?

¿Y le das esa puñalada?

Tienes una manera muy bonita de querer.

Vale.

Entiendo que no quieras hablar con Javier

porque él ya no confía en mí, pero...

Pero tú sí.

De verdad, mira, chaval... De verdad, que os puedo ayudar.

Os puedo contar todos los planes de mi padre.

Le podéis ganar para siempre. Le vamos a ganar para siempre.

Pero sin ti.

¿Y cómo vais a hacer eso?

Pues, mira, eso es algo que nunca me plantearía contarte.

Y, ahora, si no te importa, déjanos en paz.

A mí, a Javier y a toda la gente a la que le has jodido la vida.

Abrígate, que en la bici hace todavía más frío.

Tenías que haber traído la bufanda.

Y aquí tienes, David.

Una "quattro stagioni"

y una "diavola" con extra de "pepperoni".

Calentitas y listas para entregar.

Aquí tienes la dirección.

-Pero esto es una zona peatonal.

A estas horas estará llena de gente. -Ya.

Ya lo sé.

Es un pedido de un cliente habitual.

Andrea siempre protestaba cuando tenía que ir allí.

-No estoy protestando, te informo de un hecho objetivo.

-David, si no lo ves claro, para mí...

-No.

Vuelvo a trabajar, mejor con un trabajo complicado.

Y si tardo un poco más, al menos lo intento.

Los inútiles no lo intentan.

-Claro que sí.

-¿Seguro que quieres confiar en mí después de lo que pasó?

-Claro que sí.

Todo irá bien, no te preocupes.

Pero va.

Que, si no, se enfrían.

-¡Espera!

Con esto, seguro que no te pierdes.

Y, además, viene con un soporte para la bici.

-No necesito una pantalla tan grande, ya tengo el móvil.

Ya, pero así vas a ver mejor todo, las calles,

las direcciones... Me perdí porque había obras.

-Ya, pero, por eso, le he descargado una nueva "app"

que lo que hace es actualizar el GPS en todo momento

y que hace nuevas rutas si hay accidentes

o hay tráfico o hay obras.

-Bueno, puede ser útil.

-Puedes decir la dirección por voz, ya verás, pruébalo.

-Avenida de la Zaragozana, 87.

-¿Lo ves?

-Pues tardaré unos 16 minutos en ir, 5 en entregar y 16 en volver.

-Muy bien. Toma.

Mira, lo ponemos aquí, ¿no?

-Tranquilos, ya he memorizado la ruta.

Te quiero cariño, ten cuidado.

-Hasta luego.

(CARLA SUSPIRA)

-Esperemos que todo vaya bien.

-Seguro que sí.

Y, oye,

lo siento mucho por lo de la tarta, la lie un montón.

-No te preocupes, lo hiciste con buena intención.

Eso es lo que importa.

-Ya. -Bueno.

Voy a preparar otro pedido. Hasta luego.

Gracias, Paolo. -Gracias.

Qué majo.

¿De dónde has sacado la tablet?

Pues, mira, la encontré baratísima por internet.

Es un poco vieja, pero como solo necesita el GPS, ¿no?

Luego me dices cuánto te ha costado y te la pago.

Que no, que es un regalo. Que sí.

No, y no me insistas, que te conozco.

Lo hago para intentar compensar todo esto de la tarta.

Te quiero dar las gracias.

Estás ayudando mucho a David, eres un gran apoyo.

No será para tanto. ¿Cómo que no?

¿A quién ha llamado con todo este lío?

¿Y quién la ha liado después?

Lo que está claro es que yo no soy un apoyo suficiente para él.

Celia, por favor, no te fustigues tanto, hija.

No. No.

Tú lo has convencido para que siga en el curro.

Le has enseñado que lo apoyas

y le has dado espacio para equivocarse.

De todas formas, que no se equivoque más,

por favor, por favor.

Ay.

Es del centro de menores.

Ahora voy, ¿vale? Claro, sí.

¿Sí?

Sí, soy yo.

Vale, espero.

(Cámara)

(Cámara)

(Cámara)

(Cámara)

(Puerta)

¿Tú qué haces aquí?

Yo estaba... El...

Bueno, que quería verte.

¿Qué pasa? ¿Me echabas de menos?

No.

Quería pedirte perdón.

¿Tú, pidiéndome disculpas a mí? Pues eso sí que es una novedad.

Sí, no tendría que haberme puesto así contigo y con el abuelo.

Estaba enfadado con Javier y lo he pagado con vosotros.

¿Tú no ves como yo tenía razón? A mí no me puedes engañar.

Ya, ya veo que no.

¿Y qué? ¿Qué ha pasado con Javier?

Nada, una chorrada, no ha pasado nada.

Seguro, ¿no?

Ahora no nos interesa que estéis a malas.

No, "tranqui".

¿Algo más?

Eh... Sí.

Que...

Que me alegra que podamos hablar estas cosas con normalidad.

Pues a mí también, hijo, a mí también.

Y entiendo muy bien la situación en la que estás, es muy complicada.

Le has cogido mucho afecto a Javier y, bueno,

te cuesta ocultarle según qué cosas.

Pero entiendo perfectamente por lo que estás pasando.

Y estoy muy contento con lo que haces.

Por eso no pasa nada

si de vez en cuando explotas contra nosotros.

Pero si todo esto sale bien...

Que soy muy pesado.

Ya te lo he contado. Sí.

Bueno, que estoy orgulloso de ti.

Papá, papá.

El...

O sea, que las palmaditas en el hombro están bien...

Un copazo, ¿no?

Un copazo, venga.

No se puede negar que eres mi hijo.

Por que... por que todo salga bien.

(Móvil)

Perdona.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

Sí, dime.

¿Cómo, cómo, cómo?

¿Por qué no has hecho la entrega?

Ya, pero ¿la furgoneta está bien, le ha...?

No, no me lo cuentes por teléfono.

Nos vemos en el muelle de carga y me lo cuentas.

Voy para allá.

Carla.

Perdóname, cariño, pero...

No te gusta hablar de estas cosas.

Pero te escuché hablar con el centro de menores.

¿Está todo bien?

Ah, sí, sí, mi hermana está bien.

Sí, sí.

Pues no lo parece.

Como mi hermana no me habla, he hablado con una supervisora

y le he pedido que me llame para saber cómo está.

Bueno, eso está muy bien. Sí, lo que no quiero es...

es forzar las cosas, ¿sabes?

Yo me conformo con saber que ella está contenta

y que está concentrada con los estudios y... y ya está.

Entonces ¿qué es lo que te preocupa?

No estoy preocupada por mi hermana, sino por Samuel.

Él está muy deprimido.

Cada vez más. Y tengo mucho que ver en todo esto.

Pensaba que estaba todo mejor entre vosotros.

Sí, pero, de repente,

cuando me enteré de que quería sacar el carnet de conducir,

pues... todo eso me revolvió por dentro

y... y se lo eché en cara.

A lo mejor es su manera de superar el trauma, ¿no?

Sí, no sé.

O de hacerme revivir todo eso, ¿sabes?, otra vez.

Carla, esa no es su intención, estoy segura.

Yo había vuelto a confiar en él, ¿sabes?

De verdad, te lo prometo.

Pero, de repente, esto no me cuadra.

No me cuadra que, de repente, quiera sacarse el carnet de conducir.

Cariño, tiene todo el derecho del mundo a pasar página.

Si yo no quiero que sufra más con todo eso.

Ya lo sé, no... no quiero que sufra, pero es que no...

Me cuesta muchísimo

conformarme con la idea de que se olvide de todo eso, así.

Mira, te voy a decir una cosa y no te enfades conmigo.

A lo mejor, la que no ha pasado página eres tú.

¿Y cómo se hace eso de pasar página?

Pues, mira, lo primero de todo, perdonar a Samu.

¿Tú te acuerdas de lo que me dijiste

cuando yo no sabía qué hacer con la caja de Manuel?

Me animaste a enfrentarme a ella.

Y yo tenía mucho miedo.

En aquella caja estaba mi terapia.

Me enfrenté a mi culpa.

Y, poco a poco, estoy empezando a perdonarme a mí misma.

Ya, pero es diferente, lo de Samu es distinto.

Sí, claro que es diferente, es mucho mejor.

Porque, el día que le perdones,

no estará liberando del sufrimiento a una persona, sino a dos.

¿Es que no lo ves?

Vamos a ver, Carla.

Nadie te está diciendo que te olvides de tu hermana.

Samu y tú no vais a olvidar lo ocurrido nunca.

Y el recuerdo va a estar con vosotros siempre.

Pero ese recuerdo no se puede convertir en una condena.

Tenéis que soltar ese lastre.

Hasta que no lo haga uno de los dos, no lo podrá hacer el otro.

¿Lo entiendes?

Piénsalo.

¡Hey, David!

35 minutos.

El reparto ha ido muy bien, ¿no?

-Sí, y me ha dado propina.

-¡Ah!

La próxima vez, tú preparas la pizza y yo hago el reparto.

-No sé si me convendría.

Lo calcularé.

¿No hay más pedidos?

-No, de momento, no, puedes descansar, campeón.

David.

Dos Penedés, un Ribera, de lo mejorcito que tengo.

Ah, fantástico. Pruébalos y me cuentas.

Si vas a quedar con la chica, yo tiraría del Ribera.

Muchísimas gracias.

Apúntamelo en la cuenta

y la semana que viene te lo pago todo.

¿La semana que viene? No tienes cuenta, Paolo.

La abrimos ahora.

-Te quería preguntar una cosa.

David, ando regular de tiempo.

Ya, pero no sabes cuánto rato hablaremos,

no puedes calcular si tienes tiempo.

Pues eso es verdad.

Dale.

Se me ha ocurrido una forma de ayudar a mi madre.

¿Ayudarla cómo?

A conseguir un trabajo de periodista.

Cuando lo estaba intentando,

solo enviaba currículos a portales de empleo.

Pero yo creo que le convendría más enviar sus artículos publicados.

Así los periódicos verían lo bien que escribe.

Pues esa es buena, sí.

¿Y tienes acceso a esos artículos?

Sí, me los ha enseñado.

La mayoría están accesibles en hemerotecas "on-line".

He preparado un correo para mandarlo a algunos medios,

pero no estoy seguro de mandarlo.

Y aquí viene la pregunta.

Ya, déjame adivinar.

Quieres saber si puedes mandarlos sin que tu madre lo sepa.

Yo prefiero decir la verdad,

pero en este caso no estoy tan seguro.

¿Qué pasa si se hace ilusiones y luego no la llama nadie?

Pues, mira, ¿sabes qué? Yo no le diría nada.

No sería mentir, sería como... ¿Reservar información?

Eso es.

Es como si le quieres hacer un regalo sorpresa.

Si se lo dices y aciertas, bien.

Y, si no se lo dices, le ahorras el mal trago.

¿Un regalo? Ajá.

Me gusta la comparativa.

Y a ella, los regalos.

Gracias, Jorge.

De nada.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

Hola.

Me ha dicho Jesús que estabas aquí. ¿Podemos hablar?

-Tengo que volver al puesto. -Ya.

¿Has podido hablar

con la hermana de tu amigo? -No.

Estaba fuera por un viaje, volverá en un par de días.

-¿Y sabes si podrá desencriptar el archivo?

-No me lo puede asegurar hasta que vea qué protección tiene.

Cuando vuelva, quedaré con ella y a ver qué me dice.

-Fenomenal. ¿A qué hora sales de trabajar?

-Tarde, me toca cerrar el puesto.

-Si quieres, te recojo y vamos a cenar a un "japo".

-No, es que acabaré muy cansado.

-No, venga, que quiero celebrar mi contrato.

Te invito yo.

-Bueno, pues... celébralo con una de tus amigas.

O con algún compañero del trabajo. -No.

Prefiero celebrarlo contigo.

-Ah, ¿sí? -Sí.

Si estás muy cansado, podemos, no sé, coger cena y llevarla a casa.

-No, prefiero descansar y estar solo.

-Oye, ¿te pasa algo? -No.

¿Y a ti?

¿Qué tal? ¿Qué tal tu día?

-Bien, currando.

-¿En la agencia?

-Sí, claro.

La mañana ha sido complicada.

Pero estoy muy contenta. -Claro.

Claro, como Nacho ya ha dejado de hacerte la vida imposible, ¿no?

-Sí, desde que me han contratado,

intento mantenerme lo más lejos de él.

-Ah, ¿sí?

Entonces ¿por qué os habéis ido a un hotel juntos esta mañana?

¿Para celebrarlo?

-¿Cómo? ¿Me estabas persiguiendo?

-Responde a mi pregunta. -No.

Responde tú a la mía. ¿A qué vienen tantas preguntas?

No me gusta este juego. -¿Sí, Lucía?

Pues bien que le has seguido el rollo a Nacho.

Robándole el disco duro y... -Mira.

Sabes que si lo he hecho ha sido para que me contraten

y para demostrar lo que valgo.

-No, que no te engañes.

No te han contratado por tu valía, sino por chantajear a Nacho.

Y no has tenido suficiente, te lo estás tirando.

-Pero ¿qué dices? ¿Qué estás diciendo?

-Pues lo que oyes.

¿Y entonces qué hacíais juntos en un hotel?

-Bueno, pues hemos ido a hablar sobre mi futuro en la empresa.

-Ah, o sea... -No te lo he contado

para evitar estos numeritos.

-Que me das la razón, ¿no? Os estáis enrollando, ¿es eso?

-A ver, Jonathan.

Yo solamente te quiero a ti.

A ver si lo entiendes. -No me lo creo, Lucía.

Oye, ¿tú qué haces?

¿Y tú quién eres?

Nada, lo que ves.

Aquí se viene a trabajar, no a pelar la pava.

Vamos, a otro sitio.

¿Por qué no entregaste la mercancía? No había nadie.

¿Qué quieres que haga con ella?

Coges la furgoneta y la escondes en el garaje.

Y le dices a Velasco que esto no puede volver a pasar.

Nos jugamos mucho. ¿Estamos? Venga, tira.

(Puerta)

¿Qué hace este aquí?

-Te esperaba, tengo algo que enseñarte.

-No tienes nada que enseñarme, lárgate.

-Por favor. -Que te vayas.

Javier, escúchale.

Por favor, es importante. A mí me ha convencido.

Te habrá comido la cabeza con otra de sus mentiras.

Acabo de ver unos documentos que creo que deberías ver también.

Son para una solicitud

que nunca se llegó a tramitar para que el edificio del Mercado

fuera declarado de interés histórico.

No sabía que tuviera valor arquitectónico.

Yo tampoco, la idea fue de Pastora.

Cuando descubrió que era de los años 30,

contrató a un grupo de expertos para ver si era viable.

¿De dónde han salido estos papeles?

-Del despacho de mi padre.

Sabía que habían chantajeado a Pastora

para que no siguiera adelante con los trámites

y también que existía una carpeta

que confirmaba su compromiso con el Mercado.

Si hacemos que estos papeles salgan a la luz,

podemos salvar el Mercado.

-Aquí solo dice que podría tener una protección especial.

Un comité de expertos tendría que valorar si puede acogerse

a la Ley de Patrimonio Histórico. Sí.

Pero Pastora contempló esa posibilidad

porque lo vio factible.

-Yo creo que, si hacemos correr ese rumor,

Hortuño se echará para atrás.

Bueno, como mínimo,

el Ayuntamiento tomará cartas en el asunto

y empezará un estudio.

Aunque el estudio fuera desfavorable,

los trámites nos darán un margen.

Tendremos tiempo para plantear la renovación, Javier.

Estos papeles lo cambian todo.

Y los tenemos gracias a Germán.

Ya os he dicho que podéis confiar en mí.

-Tengo que pensarlo.

Vale, pues hazlo, tómate tu tiempo.

Pero hazlo rápido.

Tenemos que actuar cuanto antes.

¿Nos vemos aquí esta noche y concretamos?

¿Sí?

Vale.

Si me disculpáis, tengo trabajo que hacer.

Hola.

-¡Rosa!

¡Qué placer verte!

Oh...

Estás una maravilla.

-Gracias, ojalá pudiera decir lo mismo.

Pero ¿qué te ha pasado?

-Ah, no, nada.

Una tortícolis que se ha complicado.

Pero en dos días estoy como nuevo.

Oye, qué placer verte, la verdad.

Te he echado mucho de menos. -Yo también, yo también.

-Ya estás recuperada, ¿no?

-Bueno, todavía tengo alguna secuela, pero ya hago vida normal.

-Ah. -Así que hoy he salido a pasear.

Y estoy disfrutando de la calle, de la gente, de lo que me gusta.

-Qué bien.

-Sí, la verdad es que no empiezas a apreciar lo que tienes

hasta que te lo quitan. -Ya.

Y me alegra mucho oírte decir esto

porque ya es hora de que te reincorpores a tu trabajo.

Va, siéntate, que te invito a algo.

-Pero...

Paolo, ¿tú todavía quieres contar conmigo?

-Claro que sí.

Te he estado guardando el puesto todo este tiempo.

Además, con este brazo, te voy a necesitar más que nunca.

David me está echando una mano con los repartos.

Va a haber más demanda.

Así que yo no podré con todo solo.

Te puedes incorporar hoy mismo.

-Oh... Bueno, yo creo que tengo que ser un poco prudente.

Todavía no estoy bien del todo.

-Pero no lo estarás hasta que no recuperes tu vida, Rosa.

-Si no estoy al cien por cien, voy a ser un estorbo.

-No, pero tú empiezas poco a poco y le vas cogiendo el ritmo.

Va, Rosa, no me digas que no.

Va. -Bueno, venga, vale, sí.

-¡Ah! -Sí.

-Muy bien.

Esto tenemos que celebrarlo con un buen "amaretto".

-Yo no puedo tomar alcohol todavía, ¿lo sabías?

-No, eso son dos chupitos de nada.

Que yo también lo voy a necesitar.

-Salud. -Salud.

Este era el tuyo, ¿verdad? Sí.

Pero ¿no tienes otro?

¿Por qué? Es el que te llevas siempre, ¿no?

Sí, pero no estoy para lujos. ¿Tienes uno más barato?

Anda, venga, toma, te lo regalo.

Que no, ¿qué dices? Que no.

Te debo un favor por lo de David y la Asociación de Amigos de Italia.

Va. Quédatelo.

También lo hice para ganar puntos con Paolo.

¿Y fue bien?

Digamos que no nos hemos reprochado nada.

Mira, igual son imaginaciones mías, pero yo lo noté menos distante.

Yo creo que no son imaginaciones tuyas.

Yo hablé con él y le dije que se tenía que relajar contigo.

Pues te lo agradezco.

Ahora estoy en deuda contigo, te lo tengo que pagar.

¿Vamos a hacer una competición de esto o qué?

Lo importante aquí es que tu relación con Paolo vaya a mejor.

Ay, no sé, Celia, no sé.

Igual no ha sido buena idea volver al Mercado.

¿Por qué me dices eso? ¿Has discutido con la Pacheca?

No, no. Ah.

Ha sido con Vanesa, la chica con la que está.

Ya te habrán dicho que Cristina ha vuelto, ¿no?

-Si hay algo más rápido

que la velocidad de la luz en este Mercado es un cotilleo,

sobre todo, si Carmen está detrás.

Discúlpame, que...

No debería de hacer bromas con esto. -Bueno.

-¿Qué tal estás?

-Pues... asimilándolo.

Es que Cristina es la madre de Andrea y siempre lo será.

Por eso, por el bien de Andrea,

yo quiero tener una relación cordial con ella,

a pesar de todo.

-Tú sabes que eres un buen tipo. Sí. -No, yo te he dicho lo que quiero.

No que lo consiga.

Porque no es nada fácil teniéndola trabajando aquí al lado.

Pero bueno.

¿Qué tal con Nacho?

-Pues... fenomenal. -Ah.

-Me ha cuidado muchísimo, me ha apoyado.

Me ha puesto por delante de su trabajo.

Si para algo ha servido toda esta enfermedad,

ha sido para... para darme cuenta de que tengo el mejor marido.

Sí. -Ya.

Me alegro mucho por ti.

-Gracias.

Oye, por cierto,

me ha dicho un pajarito

que estás saliendo con una tal... ¿Vanesa?

¿Vanesa?

¿Paolo? -Vanesa, sí.

¿Hay algo que Carmen no sepa? (ROSA RÍE)

-Esa mujer no tendría que ser carnicera,

sino un agente del CNI.

-¿Entonces es verdad?

-Pues... nos estamos conociendo.

-"Nos estamos conociendo".

"Nos estamos conociendo".

Bueno, vale.

Va a servir para que te quites a Cristina de la cabeza.

-Eso es lo que decís todos.

-Vamos a brindar.

Por el futuro.

-Por nuestro futuro, y que sea brillante.

-¿Y ese brindis?

-Hola, Nacho.

-Hola. -Es para celebrar

la vuelta a la pizzería de Rosa.

¿Quieres uno?

-No, gracias.

-Yo voy dentro, os dejo.

-Gracias, Paolo.

-Gracias a ti, Rosa.

Te espero cuando quieras.

(ROSA RÍE)

-Hasta luego.

-¿No quedamos en que esperarías un tiempo antes de volver?

-Bueno, voy a empezar poco a poco.

-Aún no estás bien, Rosa.

-Ya lo sé, pero necesito recuperar mi vida,

necesito un poco de autonomía.

Yo no me puedo volver a meter en casa otra vez encerrada, Nacho.

Tú lo entiendes, ¿verdad?

-Bueno, si tú crees que es lo mejor...

-Sí, lo creo.

Vanesa me ha dicho que, si lo quiero,

tengo que aceptar que mi tren ha pasado.

Y que tengo que dejar que sea feliz.

¿Y tú crees que estando por aquí no va a poder serlo?

Sí, es lo último que quiero.

Lo mejor es que me vaya y no vuelva más.

Vamos a ver, Cristina.

Es verdad que tu llegada lo ha descolocado,

pero, chica, ¿para tanto? Si fuera solo eso...

Él intenta rehacer su vida.

Cuando yo llegué, estaba con Marta y rompió con ella.

Y ahora está con Vanesa y no quiero frustrar su relación.

Parece que va bien.

Bueno, ¿y tú cómo sabe eso?

Por lo visto, los encuentros son muy...

muy fogosos, por decirlo de alguna manera.

¿Lo del hombro? Sí.

No me digas. Sí.

A mí me dijo que era una tortícolis.

Ahora que lo pienso, no tiene sentido que vaya con el...

Él está ahora viviendo una etapa fenomenal.

Y yo no lo quiero poner en peligro eso.

No se lo merece, le he hecho mucho daño.

Lo mejor es que me vaya y todos tan contentos.

Bueno, todos menos tú.

Es lo que hay.

A ver, yo no creo

que vayas a arreglar nada yéndote, sinceramente.

Y tenéis un hijo, tenéis que seguir en contacto.

Cuando vuelva Andrea, tú querrás estar cerca de él.

Pero una cosa es estar en contacto

y otra cosa, trabajar a 50 m de mi ex.

Mira, sinceramente, creo que así no lo vas a recuperar.

Me lo he quitado de la cabeza. ¿Por qué?

Tienes derecho a intentarlo.

¿Has cometido un error?

Sí, como todos, qué le vamos a hacer.

Le he hecho mucho daño, Celia.

Mira, sinceramente, no creo que todo el mundo

sea capaz de hacer lo que has hecho tú.

Te equivocaste, pero has venido aquí

a intentar solucionarlo, cuando tienes a todos en contra.

Yo creo que es muy valiente por tu parte.

A lo que tú llamas valentía yo lo llamo inconsciencia.

Mira, yo no te estoy diciendo

que Paolo te vaya a perdonar de la noche a la mañana,

no soy tan ingenua,

pero sí que creo que te sigue queriendo.

Y, si eso es así,

no puedes tirar la toalla a la primera.

Quédate.

Esfuérzate, ármate de paciencia.

Déjale claro que es lo más importante en tu vida.

Y el perdón llegará, te lo digo yo.

¿Qué pasa, Paolo? -Hola, Nicolás.

Nada, estaba poniéndome al día con las facturas.

He estado de cháchara con Rosa y se me ha echado el tiempo encima.

-Pues dame un poco de cháchara a mí, que llevo un día...

-No puedo, tengo que ponerme con las facturas, lo siento.

-Que esperen, tú y yo tenemos que hablar cosas importantes.

-¿Qué cosas?

-Vanesa.

¿Es verdad el rumor?

-¿Qué rumor?

-Pues que te hiciste eso tras una noche de pasión loca

con ella.

-Es que no me lo puedo creer.

¿A ti quién te lo ha dicho?

-¿Entonces es verdad?

-Sí, pero no quiero que se entere todo el Mercado.

-Pero, hombre, pero ¿eso qué tiene de malo?

-No, no, de malo, nada.

Fue espectacular, Nicolás.

Es que Vanesa me está enseñando cosas que yo ni sabía que existían.

¿Tú lo sabes qué es el "shibari"? -Ni idea.

-Ya. Yo antes tampoco, pero ahora sí.

Tendrías que probarlo con Carmen.

-No, si el "shibari" te deja esas secuelas,

no sé si me apetece.

Y a Carmen no la veo muy por la labor de experimentar, la verdad.

-Todo "el" contrario que Vanesa.

Que está muy bien, pero es que, a veces, se pasa un poco de creativa.

-¿Y qué problema hay?

-Pero ¿tú me has visto el brazo?

Si he acabado así ahora,

imagínate cómo puedo estar dentro de un mes.

-Pero, Paolo, tienes que pensar en lo positivo, hombre.

Estás con una mujer de bandera que no te pide compromiso,

que te da libertad y que, encima,

es una crack en la cama.

Y, aparte,

te permite mantener a raya a Cristina.

¿Qué más quieres? ¿Quieres más? Ya está.

-Ya.

¡Contigo quería yo hablar!

Pues ya somos dos.

Estaba pensando en proponerte

que repitamos la cena de anoche. Déjate de cenas, Elías.

¿Te parece normal lo que has hecho?

¿A qué te refieres?

He hablado con Germán, Elías, y me lo ha contado todo.

¿Todo sobre qué?

Sobre...

Sobre el sorteo.

Ya sé que vas presumiendo de que lo amañaste para cenar conmigo.

Bueno, tiré de un par de hilos.

Tú no hubieses cenado conmigo si no es así.

Pues por supuesto que no. ¿Ves?

Pero ¿a que te lo pasaste bien?

Es lo que cuenta, el fin justifica los medios.

Ya, esa es tu excusa para todo, ¿verdad?

A ti lo único que te importa es salirte con la tuya,

aunque tengas que engañar y hacer daño a quien sea.

¿Cómo puedes ser tan egoísta, Elías?

Oye, que... que tampoco es para tanto.

Ah, ¿no?

Se me había olvidado la clase de canalla que eres.

Había llegado a pensar incluso que podía volver a confiar en ti.

Pero no voy a volver a cometer ese error.

Pienso tener presente cada día de mi vida

que eres un ser despreciable

y una vergüenza para todos los que te rodean.

Perdona, es que no lo entiendo.

¿Todo esto por un sorteo de nada? No, todo esto

es por todas y cada una de las mentiras

que han acabado con nuestro matrimonio

y con todo lo que construimos juntos.

No quiero saber nada de ti.

¡Nada más!

Velasco, sigo esperando.

Escúchame, tengo un problema, no, los dos tenemos un problema.

Y tienes que solucionarlo, cuanto antes.

Escúchame, tú no te estarás ablandando con Cristina,

¿no? -No.

¿A qué viene eso? Yo no la quiero ni ver.

-Me alegro.

Y que no se te olvide.

Ya me he encargado yo de que a ella tampoco se le olvide.

Estuve hablando con ella. -¿Qué le dijiste?

-Pues que no es bienvenida aquí y que se olvide de ti de una vez.

-Ah, Nicolás.

Te lo agradezco, pero no necesito que vayas de matón.

-Pero, vamos a ver,

¿no quedamos tú y yo en que la íbamos a mantener firme?

Pues eso hago.

(Mensaje)

-Mira, esta seguro que es otra factura.

Ah, no, es un "e-mail" de Andrea.

-Ah, ¿qué dice el Beatle?

(Mensaje)

¿Qué pasa? ¿Está bien Andrea?

-Sí, sí, es...

Me está pidiendo

hacer una videollamada esta noche. -Ah.

¿Y a qué viene esa cara?

-David le ha dicho que Cristina ha vuelto a Madrid.

(Mensaje)

-¿Y cómo se lo ha tomado?

-Pues... me dice que sea fuerte y que no me deje camelar por ella.

-Lo normal.

-No, lo normal, no, Nicolás.

(RESOPLA)

Es que me sabe muy mal que hable así de su madre.

Yo entiendo que esté dolido, pero... pero tiene tanto rencor.

-Pero ¿cómo no se lo va a tener, hombre?

Esa mujer, de la noche a la mañana, os dejó a los dos.

Que destrozó vuestras vidas.

-Pero a mí me sabe mal igualmente.

-De verdad, es que yo no sé

si tú eres buena gente o eres tonto.

Que no te tiene que saber nada mal de lo que haga esa mujer, hombre.

Es que te lo dice también Andrea, Paolo, por Dios.

Mira, hazme caso y olvídala de una vez

y céntrate en el "shibari" de la Vanesa.

-Ya. Una cosa es la teoría

y otra, la práctica. -Pues, mira,

la práctica se le daba bien a ella.

No tuvo miramientos para enrollarse con el engominado ese.

-Ya, no hace falta que me lo recuerdes, tienes razón.

Ya está. -Hazme caso y llama a la Vanesa.

Y queda con ella esta noche. -No.

El brazo...

-Que la llames.

Ahora pones estos en el mismo hueco, ¿vale?

Bueno, y este también...

(Móvil)

Este también.

¿Sí?

Sí, soy yo.

Espera un momento, ¿el portfolio de qué?

Sí, soy Celia Mendoza.

Me interesa mucho, sí.

Sí, disponibilidad absoluta, eso es.

Vale, de acuerdo, entonces espero vuestra llamada.

Gracias, que tengáis buen día. Hasta luego.

¿Quién era?

No te lo vas a creer.

Era el redactor jefe...

de un periódico "on-line"

y dice que está interesado en mi perfil.

¿Te quieren dar trabajo? Bueno, más o menos.

Lo que quieren es entrevistarme

para ver si puedo hacer alguna colaboración con ellos.

Bueno, eso está bien.

Ya, pero yo no he enviado mi material a ningún sitio.

No ha dejado de hablar del portfolio.

Y yo nunca envío el portfolio cuando busco trabajo.

Bueno, tú no, pero yo sí.

David, ¿qué has hecho?

Como te veía tan desanimada, decidí ayudarte,

pero reservando esa información, para que no te ilusionaras.

Mandé tu portfolio a 24 medios digitales.

Normal que alguno te haya contestado, porque escribes bien.

Aunque abuses un poco de los adverbios.

Ah.

No estás enfadada, ¿no?

No, no estoy enfadada.

Pero me lo tenías que haber dicho,

he quedado como una tonta con el redactor jefe.

Pero te van a entrevistar. Sí.

No quedes como una tonta entonces y demuestra que lo puedes hacer.

Ya, bueno, es que esa es otra.

Estoy muy oxidada

y esos artículos son de hace muchos años.

Hacerse a un trabajo nuevo es práctica.

Sí. Me lo enseñaste tú.

A la mínima que te pongas a escribir, le pillas el truco.

¿Puedes responder a mi pregunta?

Sí, claro, ¿qué pregunta?

Si estás enfadada por reservarte información.

Claro que no, si me has hecho un favor, David.

¿Te puedo reservar información en otras ocasiones?

No.

Mira que tienes cara, ¿eh?

Me lo tienes que contar todo, ya lo sabes.

Te he hecho este favor, ¿me llevarás al Geominero?

Quedó pendiente.

Claro que sí, cariño, cuando tú quieras, mi amor.

No hace falta que me abraces tanto.

Es que estoy contenta. Últimamente tocas mucho.

Ja. Mira aquí.

Tiene que haber más cajas con material, sácalo.

¿Lo encuentras?

La cajita es mía.

¿Qué pasa?

¿No te fías de mí?

Yo no me fío ni de mi padre, Elías.

¿Qué ha pasado con la entrega?

¿Por qué no había allí nadie para recoger el paquete?

Si no podemos organizar una entrega, mal vamos.

Tranquilo, ha sido un malentendido,

ya está resuelto. No.

No digas que me tranquilice.

¿Sabes la cantidad de gente que pasa por aquí cada día?

¿Y si se enteran de que yo guardo droga aquí?

¿Qué pasa conmigo?

Esto hay que organizarlo como un reloj.

No sabía que eras tan cobarde.

No, cobarde, no.

A mí me gusta que las cosas se hagan bien.

¿Tú no querías jugar en primera división?

Pues ahora tienes que estar a la altura.

Esto es un negocio para hombres

y no para niñatos que lloran cada vez que algo se tuerce.

Sí.

Ha salido una cosa mal y saldrán más cosas mal.

Este negocio es imprevisible, por eso se paga tan bien.

Me gusta este sitio.

Es discreto y está en pleno centro.

La próxima vez que tengamos que guardar un paquete, te avisaré.

¿Cómo?

¿Tú estás loco, no acabas de oír lo que te he dicho? Que no.

Que por aquí pasa todos los días mucha gente.

Aquí no se guarda nada.

Eso lo decido yo.

No, no, escúchame una cosa.

No, escúchame tú, Elías.

No me gusta el tono con que te diriges a mí.

Me has llamado loco.

Te recuerdo que soy yo

el que te tiene cogido con los papeles de Andorra.

Y que he sido yo el que ha conseguido la carpeta

de Pastora Montesinos,

cosa que no habíais hecho ni tú

ni Hortuño.

¿Y sabes cómo lo hice?

Con un empujoncito,

con mi propio coche, a ella y a su marido.

Se salvó por 5 cm,

lo justo para que entendiera el mensaje.

Nadie le niega un favor a Velasco.

Nadie.

Nunca.

Ah.

Y recuerda esta historia cuando te vuelvan a saltar las dudas.

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Mercado central - Capítulo 121

17 mar 2020

David retoma su trabajo como repartidor y tiene una idea para que Celia vuelva al periodismo. Celia no tarda en recibir una llamada.

Germán demuestra su fidelidad al mercado fotografiando la solicitud (no tramitada) de declaración del mercado como bien de interés cultural de Pastora para mostrárselo a Javier y Jorge.

Carla ve a Samuel muy deprimido y Celia le aconseja pasar página.

Jonathan confronta a Lucía, convencido de que tiene una aventura con Nacho.

Rosa decide volver a la pizzería.

Debido a unos problemas con una entrega, Elías, furioso, se ve obligado a guardar un paquete de Velasco en el almacén. Velasco acaba llevándose el paquete pero advierte a Elías, al que "consideraba más valiente", de que él es quien manda y que volverá a guardar un paquete ahí si hace falta.

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