Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 118 - ver ahora
Transcripción completa

¿De dónde lo has sacado?

¿Y eso qué más da?

Lo importante es que tu prometedora carrera política...

puede acabarse por un escándalo así.

Tú no sabes nada.

(HORTUÑO) Mira, yo no te juzgo. Sé que lo hiciste por tu familia.

Pero, ¿sabes qué pasa?

Que la opinión pública no va a pensar esto,

y te va a juzgar por un caso de prevaricación así.

Te ofrezco una salida, un "quid pro quo".

Tú me das la documentación de ese maletín

y que has solicitado al ayuntamiento,

y yo dejo que te quedes con ese dosier.

¿Cómo sabes qué he solicitado al ayuntamiento?

Esa información no entra dentro del trato.

¿Qué me dices?

Cuenta y publica lo que quieras sobre mí y mi familia, lo afrontaré.

Vaya, pareces sorprendido.

¿Pensabas que iba a aceptar el chantaje sin más?

Estoy harta de la gentuza como tú.

Siempre os salís con la vuestra.

Es fácil encontrar algo con lo que coaccionar y amenazar a los demás,

pero esta vez no te va a salir bien.

Asumiré las consecuencias de lo que hice.

Vas a sacrificar una prometedora carrera política por nada.

Eso ya lo veremos.

Tú también vas a pagar por tus delitos pronto.

(Pasos alejándose)

Velasco. Sí, soy yo.

No, no tengo la documentación.

Bueno, pues tendré que ser más persuasivo la próxima vez.

¿Cómo? ¿Cómo que ya has tomado cartas en el asunto?

¿Qué quieres decir?

Ya... Ya veo lo que confías en mí, sí.

Bueno, nos vemos. Nos vemos. Vamos.

Joder.

Vámonos.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Te vas?

Ay, cariño, lo siento mucho.

Había olvidado decirte que había quedado con Lorena y con Noa

para desayunar en el Central.

¿Y no podríais quedar más tarde? Ahora hace frío.

Eres... Eres un amor.

Que me voy a abrigar un montón. No te preocupes.

¿Sabes qué pasa?

Que querían invitarme para agradecerme lo de anoche,

y la idea del desayuno fue mía.

Si me parece mala idea es precisamente por lo de anoche.

Forzaste demasiado, deberías descansar.

Pero que no me voy a meter detrás de la barra.

Cielo, voy a ir como una marquesa, me van a servir.

Venga, cariño, no te enfades.

Estoy muy bien.

El médico me ha quitado los antibióticos, ¿no?

Pobre, si supiera que no me los tomo desde hace días...

Bueno, es igual.

Ya has tomado la decisión, o sea que para qué discutir.

(ROSA SUSPIRA)

Venga, Nacho, no te enfades.

Sé que te pones así porque te preocupas por mí.

Lo de anoche no me fatigó, al revés, me dio fuerzas para sentirme útil.

Hacía mucho tiempo que no dormía tan bien.

Sé sincera, ¿de verdad no estás pensando en volver a trabajar?

Pues claro que sí, pero no hoy.

¿Seguro? Porque igual que te vas a desayunar,

no sé, esta noche te pones a servir pizzas.

¿Y tan malo sería?

Rosa, el médico ha dicho que... que puedes recaer en cualquier momento.

Y... Mira, da igual, da igual. Haz lo que te dé la gana.

Estoy harto de discutir. Vete a desayunar.

Nacho, por favor, que me va a sentar mal el desayuno

si te dejo así. Confía en mí.

Vale.

Vale. Solo te pido que pienses un poco en mí.

¿Vale? No quiero pasar más noches en vela haciendo de enfermero

ni perder el trabajo por faltar a la oficina.

Sé cuánto te has sacrificado por mí.

Siento mucho haberte dado tanto trabajo, Nacho.

A ver, no tienes que disculparte. Yo te quiero.

Me encanta hacer cosas por ti.

Pero solo te pido una cosa,

antes de hacer cualquier cosa que ponga en riesgo tu recuperación,

ten en cuenta mi opinión y la del médico, por favor.

(SUSPIRA) Vale.

Anda, vete, que vas a llegar tarde.

Eh, ¿qué haces?

Que tus tostadas están mucho más ricas que las del Central, ¿sabes?

Además, me un poquito de pereza salir tan temprano.

¿Qué? ¿Me pones un café?

Pues claro.

Luego me voy a ver a las chicas.

(JAVIER) ¿Cómo se te ocurre irte sin decir nada?

Lo siento. Cuando me fui estaba todo tranquilo.

¿Tranquilo? El mercado estaba a tope.

Estaba puesto el equipo de música, las luces.

Debiste prever que se irían los plomos.

Un momento. Antes de echarle la bronca a mi padre, escúchame.

No te metas, Samu.

Soy el responsable de mantenimiento y debo responder por lo de ayer.

Y yo soy el responsable de que mi padre abandonara su trabajo.

Como te dije ayer, yo tenía un compromiso, que era importante,

y por eso te pedí la tarde.

No tenía quien me llevara y se lo pedí a mi padre.

¿Qué clase de compromiso?

¿La verdad? Pues un concierto.

Yo compré las entradas, me costaron una pasta,

antes de saber lo de la jornada de puertas abiertas del mercado.

Pero como todos estaban currando, pues...

le dije a mi padre que me llevara.

No justifica que tu padre desatendiera sus obligaciones.

Sabes que nunca lo hubiera hecho si yo no lo hubiera chantajeado.

Es fácil para un hijo en silla de ruedas chantajear a su padre.

-No, no. No necesitó chantajearme.

Samuel lo está pasando muy mal desde que lo dejó con Carla,

y pocas cosas lo ilusionen. Por eso decidí acompañarlo.

¿Por qué no me dijisteis nada?

Habría buscado a alguien para sustituirte.

Chicos, esto ha sido muy poco profesional.

Sí. -A ver, Javier, yo...

pensé que estaba todo controlado, que no pasaría nada.

Me equivoqué y pagaré las consecuencias.

Es lo mínimo que debes hacer.

Los comerciantes están cabreados. Sabes lo que me van a pedir, ¿no?

Que te despida. -Ya, pero eso...

Tranquilo, no lo voy a hacer. Voy a hablar con ellos.

Ya me inventaré algo. Daré la cara por vosotros.

Pero si vuelve a ocurrir algo así, ya sabéis las consecuencias.

(SAMUEL) De acuerdo.

Gracias, Javier. Te debemos una.

Buenos días, guapo.

Hola, Vanesa.

¿Qué pasa? ¿No te alegras de verme?

No, no. Yo me alegro mucho de verte.

Me sorprendió que me llamaras, la verdad es que me gustó.

Y te echaba mucho de menos.

Y yo a ti.

Es que... bueno, yo quería disculparme por la última vez,

porque me fui un poco... digamos que...

No tienes por qué justificarte,

que no tenemos ningún compromiso, y...

la verdad que la pasamos bien juntos, ¿o no?

Sí, yo lo paso genial contigo.

Pero eso, solo contigo.

Quiero decir que para mí, es verdad lo que dicen que...

bueno, que tres es multitud.

Ya, ya. Ya me di cuenta.

A ver, que yo estoy abierto a probar cosas nuevas, ¿eh?,

pero que poco a poco. Además, no todas las cosas me...

No pasa nada, que no a todo el mundo nos van las mismas cosas.

Y yo también disfruto de tu compañía.

Entonces... ¿podemos volver a disfrutar juntos?

No me mires así, que me pongo nerviosa.

¿No querías... descubrir la cocina un poco?

Ay... Pensé que no lo ibas a decir nunca.

Entonces, vamos a cocinar.

Venga.

¿Qué? Escuece, ¿eh?

Ver a tu ex divirtiéndose con otras mujeres.

Piensa que en vez de tu ex, es tu marido

y que ella es tu mejor amiga.

Me alegra que disfrutes, pero guárdatelo, ¿quieres?

Relájate, que vengo en son de paz.

Y no te preocupes por ella, ¿eh? No es nada importante.

Es uno de los ligues que se ha echado Paolo.

Ya veo, ya...

Marta, Vanesa... Las que habrá por ahí.

Pues ¿qué quieres? Paolo es hombre. No le faltan voluntarias.

Encima es guapo, tiene negocio propio, divertido, tierno...

Ya... Y a cual más guapa, más joven, más alta...

Bueno, mujer, que tú estás muy bien para la edad que tienes, ¿eh?

Tú te puedes ligar a uno de esos maduritos con pasta.

Gracias, Carmen.

¿Dejamos las pullas y me dices qué quieres?

Si es por la cámara frigorífica... -Sí, sí, sí. Venía por eso.

Eh... No te voy a cobrar nada

y tampoco se le voy a decir a tu jefe.

¿Perdona? Sé perfectamente lo que piensas de mí.

¿A qué viene tanta generosidad?

Bueno, es que igual, no soy tan mala como tú te piensas.

Ya ves, todos nos llevamos sorpresas.

Así que deja de preguntar

y siéntete agradecida porque hoy me he levantado generosa.

Perdona, Carmen, no... no me lo esperaba.

Te debo una, y grande.

Sí, eso parece.

Oye, por cierto, ya que estamos...

Tengo una cosa en la cabeza que te tengo que preguntar o reviento.

Eh... con lo guapo y lo majo que es Paolo...

Por qué me fijé en Doménico, ¿no?

No te puedo responder porque ni yo misma lo sé.

Pues si tú no lo sabes, ya me dirás...

Boba, que eres más boba...

Trufa negra y huevas de salmón.

Necesito pedirte un favor, que hagas un canapé especial.

Viene Pastora Montesinos a hablar con nosotros.

Huevas de salmón con queso fresco, aguacate y mostaza vieja.

Huevos trufados con espuma de patata.

¿Qué te parece?

Mira, ahora mismo te llevaba al almacén

y te demostraba lo mucho que me gustan tus ideas.

Me encantaría, pero no puedo, porque tengo que hacer canapés.

Pero, bueno, cuando acabe, te espero allí y me lo demuestras.

Vale, cuenta con ello.

Y ojalá esta noche podamos celebrar

que la concejala cumple su palabra de salvar el mercado.

Vale. ¿Qué he hecho ahora?

Estoy superorgullosa de ti por lo que hiciste anoche.

Bueno, no lo hice yo solo, lo hicimos entre todos.

Por eso salió bien.

Solo falta que Pastora traiga buenas noticias

y a respirar un poco. Serán buenas noticias seguro.

¿Sabes por qué? Porque voy a hacer los canapés,

y cuando ella los pruebe,

no se te va a resistir absolutamente a nada de lo que le pidas.

De eso estoy seguro, ¿vale?

Vaya.

Siento ser inoportuna. No, no. Si no lo eres.

Que esto era un beso de despedida. Ya.

Me voy al puesto. Si quieres, luego me paso

y te ayudo con los canapés. Está todo controlado.

Esa es mi chica.

Chao.

Hasta luego, Jorge.

¿Canapés? -Sí.

Es que viene la concejala a reunirse con Javier y con Jorge.

Vaya.

Oye, ¿por qué no has venido a desayunar esta mañana?

¿Qué ha pasado? -Ay, lo siento.

Es que con todo lo de anoche y esto...

que se me han pegado las sábanas.

No te preocupes, vienes en el momento perfecto

para echarme una mano con las patatas y darme conversación.

Es que no me parece buena idea. Yo estoy todavía de baja

y no debería de...

Lorena...

¿En qué dirección debe entregar las pizzas?

(PAOLO) No muy lejos.

A una de las urbanizaciones nuevas, cerca de la estación.

Vale. David.

Qué bien preparado vienes, ¿no?

Por si falla el motor de carga.

He estado estudiando los motores eléctricos.

Menudo fichaje he hecho yo. Repartidor, y además, mecánico.

Las herramientas espero que no las necesite.

(PAOLO) Claro que no.

Cariño, lo importante es

que hayas memorizado muy bien las rutas y las calles.

Así vas sobre seguro.

Voy a pasar por diez semáforos, dos ceda el paso y tres stop.

Además, Paolo ya me ha pasado la dirección.

Tranquila, Celia, que tu hijo ya ha pensado en todo.

Sí, él siempre piensa en todo.

De todas formas, mi vida,

si tienes problemas, te asustas o lo que sea,

me llamas en seguida. No te preocupes.

Estoy preparado para todo. Vale.

Vamos, David, que las pizzas se enfrían.

Son para una clienta habitual, pero un poco especial.

Si las pizzas le llegan frías, puede que te las tire a la cara.

¿Puede hacer eso?

No contaba con posibles reacciones violentas.

Que no, que no, David, que era broma.

Claro. No te preocupes.

Pero ponte en camino, va.

A ver...

Cariño, yo quiero que sepas que te quiero muchísimo

que estoy muy orgullosa de ti y de lo que estás haciendo.

No hace falta que repitas siempre la misma información.

Si dejas de quererme o de estar orgullosa, avísame.

Vale.

Te quiero.

Buen viaje.

Parece increíble, ¿eh?,

lo mucho que ha mejorado en tan poco tiempo.

Y tú siempre ahí, acompañándolo.

Bueno, para ti tampoco habrá sido fácil, ¿no?

Pues la verdad es que no.

Muchas noches sin dormir, muchas lágrimas

y sobre todo, mucho miedo.

Miedo a que sufra, a que no consiga ser independiente,

a que me pase algo y se quede solo...

Yo qué sé. Celia, tú has hecho un gran trabajo.

Sí. Lo ves a David, ¿no?

Ya es un joven independiente,

capaz de conseguir todo lo que se proponga.

Felicidades a los dos.

Gracias.

(Móvil)

Perdona, ¿eh? Sí, sí. Nada, nada.

Hasta luego. Hasta luego.

Hola, Marco.

"Come stai?".

Claro. Yo siempre tengo tiempo

para el presidente de la Asociación de Amigos de Italia.

Sí, dime.

Ay...

Vale. ¿Para cuándo?

Perfecto. Entonces una tarta "della nonna",

con crema "pasticcera", pero sin ricotta.

Perfecto. "Bellíssimo".

A mediodía, genial. Vale.

Sí, sí, haré mi receta especial.

(LORENA) Las necesito en trozos grandes para hervir,

porque voy a hacer una espuma de patata, ¿vale?

¿Una espuma? Pero ¿desde cuándo hay un sifón en esta cocina?

Desde que salgo con un chef, hermana.

Oh, vaya.

Me alegro que las cosas vayan bien con Jorge.

Y siento mucho lo que te dije el otro día sobre él.

La verdad es que... no hacéis mal equipo, ¿eh?

Gracias.

Pues, ¿sabes qué? -¿Qué?

Que después de lo de anoche,

yo creo que tú y yo tampoco hacemos mal equipo, ¿eh?

Estuvo bien, sí. La verdad es que sí.

Oye, Rosa, y...

no sé, ¿no te gustaría... volver a venir

todos los días unas horas? Elías te pagaría genial.

Ya, pero no me parece una buena idea, Lorena.

Si es por Paolo, quizá podemos llegar...

No, no es por Paolo. Es por todo lo demás.

O sea, lo de ayer fue especial,

pero tú y yo sabemos que somos como el agua y el aceite.

Y no quiero que las cosas se compliquen.

Vale. No insisto más. Te dejo tranquila.

Paolo tiene suerte de contar contigo a jornada completa.

¿Ya sabes cuándo vuelves a trabajar? -No, sigo convaleciente.

Prefiero esperar a que el médico me dé el alta definitiva.

¿Convaleciente? ¿Viste anoche? Estabas fuerte, perfecta.

Sí, cariño, pero no quiero recaer. -Si no vas a recaer.

¿Qué te pasa? ¿De qué tienes miedo?

Rosa, ¿hay alguna otra cosa?

¿Qué cosa, Lorena? Que he estado enferma.

Mi familia y yo lo hemos pasado fatal.

Y ya te lo he dicho, quiero recuperarme, no quiero recaer.

Pero... trabajar en la pizzería no significa que vayas a recaer.

Al contrario, te vendrá bien salir.

Oye, ¿no me escuchas cuando yo te hablo, Lorena?

¿Quieres dejarlo de una vez?

Mira, aquí tienes las patatas, ¿vale?

Me voy, que ha sido una mala idea venir.

Rosa, por favor, quédate. -No, me voy.

Rosa...

Míralo. Madre mía.

Ya no tienes cuerpo de concierto por la noche, ¿eh?

Calla. Si lo sé, no voy. Uf, estoy hecho polvo, Carmen.

Y encima de todo,

no veas la bronca que me ha echado Javier.

Por lo del apagón, ¿no?

Qué mala suerte, para un día que no estás, ¿eh?

Pero mira, así valoran el trabajo que haces.

¿La cámara está arreglada? -Como nueva.

Que, por cierto, me ha costado 450 euros la pieza, ¿vale?

Cuando vea a Paolo, le devuelvo los 50 euros.

(CARMEN) No, no, no.

Por la mano de obra y el género que se ha perdido.

Por favor, no seas cutre,

que Paolo no tendría que haber pagado nada,

que todo ha sido culpa de Cristina. -Así es como lo ha querido él.

Y a Cristina le he dicho que le hemos perdonado la deuda.

De verdad, que me entra una mala leche solo pensarlo...

Ya. -¿Esa?

Esa no se merece la suerte que tiene.

Tranquilo, la he hecho sufrir un poco.

Porque estaba ahí Paolo, con una chica, en plan...

y he ido yo a meter el dedo en la llaga.

Me ha dado hasta pena la pobre.

Pero bueno, así son las cosas. -Exactamente.

Para que no se le ocurra volver a acercarse a Paolo,

que bastante daño le ha hecho.

Ah, y por cierto,

que no se entere de que le ha pagado la reparación de la cámara.

¿Cómo se va a enterar? No se va a enterar nunca.

Hola, chicos. ¿Qué tal? Hola.

¿Tienes la llave maestra de los almacenes?

Sí. Quiero entrar en el mío. Carmen.

¿Qué tal? -Tengo un lío de llaves...

A ver. Mira, aquí la tienes. Muchas gracias.

(Llaman a la puerta)

Perdona el retraso, me he liado con un cliente.

¿Todavía no ha llegado?

No, me ha mandado un mensaje diciendo que se retrasaría un poco.

Pues me viene perfecto.

Lorena tenía lío en el bar y está terminando los aperitivos.

Yo he aprovechado para adjuntar la documentación del mercado.

Ahí viene.

Estábamos hablando ahora de ti. Pasa.

¿Estás bien?

¿Me podéis dar un vaso de agua, por favor?

Sí, claro.

Siéntate, por favor.

Aquí tienes.

Gracias.

¿Seguro que estás bien?

Ahora, mejor. Gracias.

Te había preparado la documentación,

pero si quieres, lo dejamos para otro día.

Necesito que pruebes un aperitivo de Lorena.

Voy a por él y vuelvo. Espera.

Tengo algo que deciros.

Es importante.

Os juro que he intentado aguantar.

Soy una mujer fuerte.

Pero en esto no voy a poder ayudaros.

El mercado tiene enemigos muy poderosos.

Y están dispuestos a todo.

Tenéis que saberlo. (JAVIER) ¿Qué ha pasado?

¿Te han hecho daño?

Lo han intentado. No solo a mí, también a mi familia.

Solo puedo deciros que lo siento.

El mercado sigue teniendo todo mi apoyo, pero...

no puedo hacer nada por vosotros.

Hortuño, ¿no?

Perdonadme.

Ojalá pudiera ayudaros, pero es demasiado peligroso.

Solo puedo deciros que tenéis al enemigo en casa.

No a todos los propietarios les interesa la renovación del Central.

Lo siento de veras.

(JAVIER) Lo sabía.

¿De quién estaba hablando, eh? ¿Quién se ha vendido a Hortuño?

¿De verdad, Javier? ¿Aún tienes dudas?

Elías.

Sí, señor. Muy buen material.

Seguro que te habrá costado mucho conseguirlo.

(HORTUÑO) No lo he conseguido yo.

La chica era más dura de pelar de lo que parecía,

así que quien lo ha logrado ha sido Velasco.

Se ha ocupado de convencerla.

Pues no me quiero ni imaginar qué habrá hecho para convencerla.

(HORTUÑO) Ni yo.

Solo sé que me ha dado la documentación

con una nota que decía: "Al final, no era tan dura".

Pues nos hemos librado de una buena.

Porque si este material cae en manos de Pastora y lo mueve,

el edificio se vuelve intocable.

Y adiós a nuestros planes.

Bueno, lo importante es que cada vez le queda menos al Central.

Tú lo has dicho, cada vez le queda menos.

(RÍE)

(CRISTINA) Hola.

Te he traído un té, ¿quieres? Pues muchas gracias,

no he podido salir en toda la mañana.

Tenía esto muy desatendido,

por lo de la noche de puertas abiertas.

Quedó genial, ¿eh?

Bueno, no lo hubiera conseguido sin tu ayuda. Gracias a ti.

No, gracias a ti,

que eres de los pocos que se toma un café conmigo.

Aunque, eso sí, todo el mundo habla de mí, ¿eh?

Ya... ¿Por eso te fuiste tan pronto ayer?

Pues sí.

No tenía ganas de aguantar los desplantes de Carmen.

Y tampoco me apetecía ver mucho a Paolo,

tonteando con uno de sus ligues. Pero me ha tocado verlo esta mañana.

¿Y qué es lo que has visto?

A una modelo de revista metiéndole mano.

Bueno, lo siento. No sé, quizás con el tiempo...

No, Adela, no.

No. Yo siento que... que he perdido a Paolo.

Es que no lo reconozco.

Nunca lo había visto tan frío, tan distante,

y nunca ha sido un hombre mujeriego.

Cristina, cada uno reacciona a su manera ante el dolor.

Siento ser yo quien te lo diga, pero le hiciste mucho daño.

Su vida dio un vuelco. Sí, sí, lo sé.

Y nunca me lo perdonaré, ¿eh?

Pero no pensé que lo encontraría viviendo una segunda juventud.

Es que tendrías que haberlo visto cuando te fuiste.

Estaba hundido.

Intentaba refugiarse en el trabajo, en Andrea,

pero estaba perdido, no levantaba cabeza.

Perdona, no tendría que haber hurgado en la herida.

No, mujer, tranquila.

Si tengo lo que me merezco, y lo acepto, ¿eh?

Solo me gustaría saber si Paolo hace esto para castigarme

o porque ha pasado página de verdad. No sé.

Eso solamente lo dirá el tiempo.

Tú, ahora, lo que le tienes que dar es espacio.

Solo me gustaría que me diera la oportunidad de explicarle que...

que lo siento muchísimo,

que lo echo de menos,

que a diario maldigo lo de Doménico.

Y que conste que no le echo la culpa a él, ¿eh?

Fui yo la que tiré mi vida por la borda.

Bueno, estaría bien que intentaras hacerlo, por si llega el momento

y Paolo te da la oportunidad de hablar.

Él va a querer respuestas.

¿Y qué le digo?

¿Eh? ¿Que no supe gestionar la rutina?

¿Que me ahogaba?

¿Que no sabía lo que necesitaba?

¿Que se me fue la cabeza, que a Doménico lo puse en un pedestal?

Me porté como una adolescente.

¿Sabes?

Todo eso se puede entender.

Lo único que no entiendo es cómo teniendo a Paolo...

Ay...

¿De qué te ríes? ¿Cómo me fijé en Doménico, no?

Sí. Hija, pues esa es la gran pregunta.

Todo el mundo lo piensa, pero...

ni yo misma lo sé.

Me voy al puesto, ¿vale?

Venga.

A ver dónde se ha metido este chico...

Hola Eh, Celia.

¿Todo bien? Sí.

Venía a ver si tenías cambio.

Tengo por aquí los billetes...

Ay, me lo he dejado todo en la droguería.

No sé dónde tengo la cabeza.

¿Qué? Has venido a ver si David ha vuelto, ¿no?

Disimulo fatal, ¿verdad?

Oye, ¿no tendría que estar aquí? ¿No es hora ya de que llegara?

Se ha retrasado unos minutos,

pero no creo que sea suficiente para preocuparse todavía.

Vale.

¿Y David? ¿Cómo le ha ido la primera entrega?

No lo sabemos, no ha llegado.

Igual... digo que esas nuevas urbanizaciones son como una colmena.

Seguro que la ha costado encontrar el portal.

Que sí, que sí, que son un lío.

Eso.

Da igual, lo llamo y nos quedamos tranquilos.

(CARLA Y PAOLO) No. -No lo llames aún,

que va a pensar que lo estás controlando.

Y si quieres que sea independiente, tienes que confiar en él.

Es que ahora mismo, eso da igual, Carla.

A ver, los tres sabemos que, si se altera, se desorienta.

Puede estar en la otra punta de Madrid.

A ver, sí. Los tres estamos preocupados por David.

Y tú más, claro, porque eres su madre.

Pero...

piensa un segundo lo que te dice Carla.

Es que ahora mismo no puedo pensar en otra cosa, más que en él.

Te entiendo, pero...

David se está retrasando respecto a su plan,

¿cuánto, 10, 11 minutos? ¿10? ¿11?

Lo que digo es que si lo llamas ahora,

David no entenderá por qué te preocupas tanto.

Por tan poco tiempo, digo.

Carla tiene razón.

David tiene que pensar que confías en él,

y si lo llamas ahora,

no lo ayudarás, sino todo lo contrario.

Ya lo sé.

Pero ahora mismo, solo se me pasan cosas malas por la cabeza.

Si se ha caído con la bici o si se ha hecho daño.

No, no. Quita, quita.

Mira, hacemos una cosa. Tú no lo llamas, lo llamo yo.

Ay, sí. Porque soy su jefe

y podría pedirle de hacer un recado. Eso es. Llámalo.

-Deja el teléfono, está llegando. Ya está aquí.

Vamos a ver, Rafa, que nos conocemos y tú te enteras de todo.

Dime, ¿quién se ha quejado de Nico por lo del apagón al gerente?

Deja a Rafa tranquilo, que no tiene nada que ver con el tema

y lo pones en un compromiso.

Si tú me lo contaras, no tendría que preguntar.

Porque sé cómo te pones, y me estás dando la razón.

Bueno, ya está. Listo.

Rafa, anda, échate un cafelillo, si quieres,

antes de repartir, ¿vale?

Venga.

Carmen, si yo sé que tú lo haces para defenderme, pero hubo un apagón

y yo no estaba donde tenía que estar, ¿vale?

Nos guste o no, la gente tiene motivos para quejarse.

¡No! ¡No, no, no!

A ver, si tú tienes un problema con un compañero,

vas y se lo dices a la cara,

no vas por detrás malmetiendo con el gerente, que no.

¡Eso es una puñalada trapera!

No dramatices, que no tiene que ver contigo.

¿Cómo no va a tener que ver conmigo?

Si se meten contigo, se meten conmigo.

Yo sé lo que es esto. Es envidia, que hay mucha y muy mala.

A ver, escucha, por favor.

Vamos a ver, Javier ya ha intercedido por mí, ¿vale?

Las aguas están tranquilas, no empieces a removerlas.

¿Removerlas? ¡Que se preparen para el tsunami!

A ver, a ver. Por favor.

Siento mucho que papá se haya metido en un problema por mi culpa.

No quiero que vuelva a pasar.

Ha sido un contratiempo y está solucionado.

Ya está. (SAMUEL) Vale,

pero no quiero depender de vosotros. -No dependes de nosotros.

Tienes tus amigos, tu trabajo, te fuiste a vivir con tu novia.

Pero para ir más lejos, me tenéis que llevar en coche.

(NICOLÁS) No es problema.

Lo hago con gusto, para eso estamos. -Claro.

¡Eh!

Aquí está aquí mi nuevo fichaje.

¿Cómo ha ido tu primer reparto, campeón?

Bien. He dio a una media de unos 15 kilómetros por hora

y he llegado en 11,5 minutos.

Después he hablado con Licia, enfermera desde hace años.

Es muy duro, pero le gusta la adrenalina.

Qué bien, cariño. Lo has hecho muy bien.

Y parece que Licia se ha quedado muy contenta conmigo,

porque me ha dado cinco euros de propina.

"Bravissimo!" Buen trabajo, socio.

Te has puesto en el bolsillo a tu primera clienta.

Pero no te relajes, ¿eh?, porque tengo más trabajo para ti.

Saca el móvil, va.

Esto es un reparto muy importante.

Te voy a mandar a casa de Marco Comelli,

el presidente de la Asociación de Amigos de Italia.

¿Cuántas pizzas ha pedido? -No, no. Nada de pizzas.

Este pedido es mucho más delicado.

Es una torta "della nonna", una receta muy especial.

Es que es el cumpleaños del hijo pequeño de Marco.

Y le encanta esta tarta.

Aquí tienes la dirección.

Voy a por la tarta, ¿eh? Sí.

¿Puedes dejar de controlarme todo el rato?

Me pones nervioso. Bueno, cariño,

solo quería aprender, nada más.

Bueno, pues en casa ya te enseñaré cosas.

Estoy trabajando, deberías hacer lo mismo.

Hombre, claro. Ahora me voy.

Pero quería saber cuál era la dirección,

por si necesitas algo o si yo necesito algo

o si queremos hablar por lo que sea...

Mamá, no va a pasar nada. Ya.

Y si pasa, le diré a mi jefe, no a mi madre.

Pues claro que sí, colega. Yo me la llevo. Venga.

Venga, cariño, lo estás haciendo muy bien.

Hasta luego. (CARLA) Adiós.

Te quiero.

Aquí tienes.

Marco es un buen cliente, muy generoso.

Si haces un buen trabajo, te vas a sacar un billete de los gordos.

Tendré que abrir una cuenta para las propinas,

porque me quiero comprar una impresora 3D.

Eso son muchas propinas, ¿eh?

Vas a tener que darle duro a los pedales.

Bueno, soy joven, podré hacerlo.

Hasta luego.

El caso es que lo he estado pensando y voy a dar un paso más.

Estoy preparado.

Pero me falta un poco de dinero para pagarlo y, bueno, pues...

si me lo pudierais dejar...

Bueno. Miedo me da preguntar. ¿Para pagar qué?

La matrícula de la autoescuela.

Quiero sacar el carné de conducir y comprar un coche adaptado.

No pongáis esa cara, que os lo voy a devolver todo.

(NICOLÁS) Si no dudamos de eso, Samu, pero...

(CARMEN) No, no, es que no vamos a pagar semejante locura.

Olvídate. (SAMUEL) ¿Locura?

La gente a mi edad tiene carné. -Pero la gente de tu edad

no ha pasado por lo que tú, ni sus padres.

(SAMUEL) Aquello ya pasó.

¿Por qué no me dejas vivir?

Yo te dejo vivir, pero no me pidas dinero

para hacer algo que no me va a volver a dejar dormir más.

No, no, Quítatelo de la cabeza. (SAMUEL) Gracias por la confianza.

-No es por la confianza. Es un coche.

Angustia, noches sin dormir, impotencia... Que no, que no.

Y me da igual si lo entiendes o no.

-No me hables como si fuera el niñato

que se puso al volante de un coche borracho y sin carné.

Te voy a decir una cosa.

Siento si todavía no has superado lo que pasó.

Pero yo sí lo he hecho.

Y no quiero que lo que pasó condicione mi futuro,

más de lo que lo ha hecho ya.

Nico, dile tú algo.

(NICOLÁS) Puede que tú estés preparado para dar ese paso,

pero tu madre y yo no lo estamos.

Trata de entenderlo y no insistas, por favor.

Maravilloso.

Gracias, de verdad.

Es estupendo saber

que cuento con la confianza y el apoyo de mis padres.

(NICOLÁS) A mí me hace la misma gracia que a ti,

pero el chaval tiene razón,

y es lógico que se quiera sacar el carné.

Es que a mí me da igual la lógica.

No me pasaré la vida esperando que llame la Policía

cada vez que el niño coja el coche. ¡No me da la gana!

Hola Hola.

¿No necesitarás unas cajas? Estás de suerte.

No, si he tenido que sacar muchas cajas para poder entrar yo.

No sabes lo sucio que estaba.

¿Un mal día o qué?

Pues como todos desde que llegué aquí.

Puedo aguantar las miraditas, los cuchicheos,

pero como alguien me vuelva a preguntar

por qué dejé a Paolo por Doménico, te juro que me pego un tiro.

Perdóname, que yo fui la primera en preguntártelo.

Y mira que sé lo frustrante que es

no tener una respuesta ni para uno mismo, pero...

A veces pienso que me voy a volver loca.

Es que pasan las imágenes como si fuera una película.

No me reconozco, como si no fuera yo.

Y me pregunto qué estoy haciendo.

A ver, Cristina, cometiste un error, como todos.

Bastante valor has tenido con venir aquí a enfrentarte a la situación,

que ya es bastante castigo. No te hagas más daño.

He perdido al hombre que más me ha querido en mi vida.

Nada me puede hacer más daño.

Pero no sabemos lo que te puede deparar el futuro.

A lo mejor, Paolo vuelve a... No, no, no.

Paolo no va a volver.

Así que mejor que pierda la esperanza.

Él ya ha pasado página.

Y yo me alegro, que él sea feliz.

Lo digo de verdad, porque se lo merece.

Lo que tengo que hacer es aceptar que...

que ya no me quiere.

Pues yo no estaría tan segura de eso.

Yo creo que a Paolo todavía le importas.

Si no, ya me dirás tú

por qué ha pagado la factura de la cámara frigorífica.

Si Carmen me dijo que... Da igual lo que te dijera Carmen.

Te ha mentido.

Los escuché a ella y a Nicolás hablar del tema.

Y Paolo les ha dado el dinero.

¿Qué tal, Jesús? Te veo ocupado.

Sí, hija, la boda da mucho trabajo.

Tengo que aprovechar los ratos muertos que me deja la frutería.

¿Puedo ayudar? Ya sabes que me encanta organizar celebraciones,

y la tuya me hace más ilusión que ninguna.

Te tomo la palabra.

Estoy mirando presupuestos

para hacerme idea del sablazo que me espera.

Uf. Pues, ánimo, Jesús.

Mira, tómatelo como una inversión para hacer más feliz a Valeria.

Lo es, es la mejor inversión de mi vida.

Oye...

veo que lo tienes todo, menos los adornos florales.

Espero que no hayáis pedido presupuesto aún.

Bueno, de eso se encarga Valeria.

Yo, como no entiendo, ni me meto.

Pero te adelanto que cuenta contigo.

Si no te ha dicho nada es porque vamos como locos.

Pues qué alegría me das.

Me daba cosa deciros nada,

para que no estuvierais así, en un compromiso,

y que no pensarais que quiero hacer negocio con vosotros.

Mira que dices tonterías con lo lista que eres.

Yo también te quiero, Jesús.

Pero mi regalo especial es para Valeria.

Le voy a hacer un ramo de novia único,

diseñado especialmente para ella. Seguro que le encantará.

Y espero que tú lo sujetes en la boda.

Queremos compartir contigo ese día.

Jesús...

Escúchame, Adela, sé que no es fácil,

pero que mi hijo sea un cretino

no significa que tengas que renunciar

a los buenos momentos de la familia.

Porque para nosotros, siempre serás familia.

Ya lo sé, y tienes razón.

Me encantaría estar ese día con vosotros, pero...

Elías es tu hijo y no quiero amargarle la boda de su padre.

Elías no se merece esa consideración.

Es mi día y el de Valeria, y queremos que estés ahí.

Bueno, y tu hijo también.

No pienses más en Elías y piensa en los demás, por favor.

No puedo ni trabajar. No puedo dejar de darle vueltas.

Ya somos dos. Llevo un rato y no consigo avanzar.

¿Tienes mucho jaleo? Lo normal.

Pero estoy harto de matarme a trabajar

para que luego Hortuño dinamite todo lo que conseguimos.

Ahora ya sabemos por qué siempre iba un paso por delante.

Tiene a alguien dentro del mercado, y tú y yo sabemos quién es.

Jorge, yo no creo que sea Elías.

Sorprende que lo tengas tan claro.

Pensaba que ya empezabas a confiar en él.

¿Sabes lo que me fastidia de verdad?

He visto cómo ese tío manipulaba a la gente delante de mí,

y no he sido capaz de ver cómo me manipulaba a mí.

Empiezas a sonar paranoico. No, no. Piénsalo, Javier.

Él sabe que no me cae bien, sabe que no confío en él

y sabe que puedo llegar a ser un problema.

Por eso se acercó a mí, por eso me ayudó a buscar a su hermana.

¿Te puedo dar una explicación sencilla?

Por favor. Estaba preocupado por su hermana.

Quería que volviese y recurrió a ti porque eras su pareja.

No estaba preocupado por ella.

Él sabía dónde estaba y cómo encontrarla.

La usó para ganarse mi confianza.

¿Lo ves? Da igual lo que diga, has tomado una decisión.

Elías es culpable. No vas a razonar.

Los De La Cruz tienen tres negocios en el Central.

Son los que más tienen que perder.

El dinero de los De La Cruz no viene por el Central,

sino por la empresa de transportes.

Da igual, esos puestos significan algo más que dinero.

Ellos son historia viva del Central.

Elías es un empresario, Javier, por favor.

No entiende de sentimentalismos.

Si Hortuño ha hecho un trato con él y va a ganar dinero,

no le va a temblar el pulso para cargarse el mercado.

Vale, ¿y Adela? ¿Para qué le compra la floristería?

¿Para luego perderla?

Tampoco creo que quiera ir en contra de su ex.

¿No? No, seguro que no.

Y como no quiere perjudicar a su ex, se acuesta con su socia.

Es eso, ¿no?

Javi, piénsalo. ¿A cuántos comerciantes del Central

has visto en un restaurante con Hortuño?

Germán ya nos aclaró eso.

Quedó con Elías porque le había hecho una oferta por la casa.

Y Elías le estaba tomando el pelo, jugaba con él.

Claro. Y tú te lo crees, ¿no?

Hortuño es un tipo al que manipular, ¿verdad?

Claro que creo a Germán, y si vas a acusarlo a él...

No estoy diciendo que Germán te haya mentido a ti.

Te estoy diciendo que a Germán le ha mentido su padre.

Javier, Germán es la clave. Necesitamos su ayuda.

Olvídalo. No voy a enfrentar a Germán con su padre.

Pondría en riesgo mi relación. Oh, claro, tu relación.

Hablamos del futuro del Central, del pan de muchas familias.

¿Y tú piensas en tu relación? ¡Genial! ¿Eh?

¿Y tu responsabilidad como gerente?

Estoy implicado con el mercado, y estoy luchando por él,

pero no va ser a costa de mi vida personal.

Javier, ¿de qué tienes miedo?

¿De poner en peligro a Germán con su padre o...

o de descubrir que te ha estado mintiendo todo este tiempo?

¿Y tú?

¿Por qué no te enfrentas a Elías y dejas de meter a su hijo en medio?

Pues porque no soy imbécil, y Elías tampoco.

Si me enfrento a él, sin pruebas, conseguirá desacreditarme

y lo único que voy a conseguir yo es destapar a Elías y a Hortuño.

Muy bien, consigue esas pruebas,

y si implican a Germán, yo te apoyaré.

Vale.

Vale. Te tomo la palabra.

Vamos a probar esta crema nueva que me ha venido.

Tiene aloe vera, ara tus grietas de las manos. Vamos a ver.

Ya, es una mezcla entre el frío y los productos de limpieza,

que con las prisas,

pues a veces no me da como para ponerme los guantes y algo cae.

Hay que empezar a cuidarse esa piel, señorita.

De acuerdo, mami.

Oye, no me digas eso, que me siento mayor.

Soy la tía joven o la hermana mayor... o yo qué sé.

Perdona, lo siento, Carla. Que no, que no.

Hermana mayor está bien.

Vale.

¿Y tú cómo estás? ¿Cómo llevas lo de David? ¿Estás bien?

Pues ahí estoy, intentando controlar la situación.

Al final tenías razón, no puedo hacerle las cosas más difíciles

y no puedo hacer que piense que no confío en él. Así que...

Lo estás haciendo muy bien. Tienes que estar orgullosa de ti.

Bueno, eso intento. Ahí estoy. Dame la otra mano.

¿Y tú que tal con Martina?

Porque no me dices nada, pero yo sé que estás ahí rumiando.

No te digo nada porque no hay nada que pueda hacer para arreglarlo.

Y eso es lo que más me duele.

Cariño, entiendo que la quieras respetar,

pero vas a tener que hacer algo.

No sé, a lo mejor, podrías hablar con un psicólogo familiar.

Yo conozco varios. Gracias, Celia,

pero conozco a mi hermana, y eso lo único que haría es alejarla más.

Así que tengo que esperar que sea ella quien se acerque.

Me da mucha pena. De verdad.

Te está perdiendo. Cada vez que te veo con David...

¿David? David es mucho más fácil que mi hermana. Te lo digo.

Es mucho más cercano a mí y mucho más sensible.

Bueno, bueno... Te lo juro.

Carla, nena, hay que limpiar ahí,

que se ha debido caer un batido o algo,

antes de que alguien se parta la crisma.

¿Dices que, por favor, limpie qué?

¿Cómo que "por favor"?

Es tu trabajo, guapa, te pagamos para eso.

Carmen, gracias por lo de "guapa". Tú tampoco estás nada mal.

Déjate de chorradas y cógete la fregona.

Mira que eres.

(Móvil)

¿Qué tal? ¿Todo bien?

(MÓVIL, CARLA) "¿Hola". -El GPS se ha desviado por obras.

Algo ha salido mal y ahora estoy perdido.

¿En qué zona estás?

Es como un descampado.

Pero no hay gente a la que preguntar,

y me he caído de la bici.

¿Te has hecho daño?

¿Todo bien? ¿Te duele algo? (DAVID) "Estoy bien"

Pero no quiero que mamá ni Paolo se enteren.

Tú tranquilo, que todo va a salir bien, ¿vale?

(DAVID) "No, todo está mal"

Se ha caído la tarta.

Está por el suelo y ya no la puedo entregar.

Déjate de tanta tarta, ¿vale? Ahora mismo voy y te ayudo.

Carla, oye, ¿está todo bien? Sí.

¿Seguro? Sí. Oye,

"quédate ahí, ¿vale? Ahora mismo te llamo"

¿Sí?

Nada que tengo una colega que ha discutido con su novia

y está fatal, debo ayudarla. Está fatal.

Vale. ¿Vale?

Oye, Carla, espera. ¡Oye!

¿Sabes que Elías me ha invitado a cenar?

Y no sé qué hacer.

Haz lo que tú quieras.

Es que...

no quiero que piense que lo sigo castigando, si lo rechazo.

Y me miedo aceptar, porque puede que le lleve a error

y se crea que las cosas volverán a ser como antes.

¿Tú qué harías, Jesús?

Tú lo conoces bien y sabes cómo está.

Si algo he aprendido de mi relación con Valeria

es que, si hay amor, pase lo que pase, se abre camino.

Hablas como un hombre enamorado, pero yo no siento las cosas así.

Si estás segura de lo que sientes,

sabrás si tienes que aceptar o no esa invitación.

Es tu decisión, Adela.

Ya. Espera.

Que te voy a dar unos tomates de esos que te gustan tanto, ¿eh?

Ay, suerte que te encuentro.

¿Dónde has estado?

Has tardado como 58 minutos. 59 minutos.

Sí, lo sé. Sé que he tardado un montón.

Pero aquí tengo algo te va a calmar, ¿vale?

Una tarta "della nonna".

Del mejor restaurante italiano de todo Madrid.

Y es idéntica a la de Paolo.

¿Entrego esta en lugar de la de Paolo?

Exacto. A grandes problemas, grandes soluciones.

Pero ¿es exactamente igual? Bueno, básicamente. Sí.

Ya, pero básicamente no es como exactamente.

Yo distingo la tortilla de patatas de mi madre, de la del bar,

de la abuela... -Vale, es verdad,

pero esta gente está de cumpleaños, de fiesta.

Se habrán tomado algún limoncello y no se van a enterar de nada.

Los niños sí. No beben alcohol.

Mira, te digo yo que les va a encantar, de verdad.

¿O tienes una idea mejor?

Pues venga.

Yo no sé mentir. ¿Qué le digo a Paolo?

La verdad, que ya hemos entregado... que ya has entregado la tarta.

No es la verdad completa.

Bueno, es una verdad... a medias.

No se trata de mentir, se trata de no dar todos los detalles,

y en este caso, pues ninguno.

Es que a mí no se me dan bien estas cosas.

Como cuando mentí a mamá para organizarle una cena y me pilló.

Y eso que era una buena causa.

Esto también es una buena causa,

porque nadie quiere que Paolo se ponga triste, ¿no?

Así que esto tendrá que ser entre tú y yo.

No va a funcionar.

A veces es mejor no decir según qué cosas

para no hacer daño a la gente. ¿Vale?

Además, me he gastado 40 pavos en esta tarta y 20 en el taxi.

Voy a apretarme el cinturón todo este mes,

y no quiero que sea para nada.

Así que vas a tener que ayudarme a entregar esa tarta. ¿Vale?

¿O quieres quedarte sin curro? -No.

Porque eso es lo que va a pasar.

Bueno, vale, si no hay más remedio...

Vamos a poner esta tarta en la caja de Sapore di Napoli

y no se va a enterar nadie.

¿Y tú no vas a tener problemas por haberte escaqueado?

Claro que no. ¿Quién va a pensar en la de la limpieza?

(CARMEN) ¡Ay! ¡Mierda!

¡Carla!

¡La madre que la parió!

¡Ah!

Quiero poner una queja formal, Javier.

¿Qué? No, no, no. (CARMEN) Esto no se puede tolerar.

No, no puede ser. Nos podíamos haber matado cualquiera.

Toma cartas en el asunto.

Me intentáis sobreproteger y no soy capaz de hacer nada solo.

Fui a pediros ayuda y me la podéis negar,

pero no me tratéis como a un niño pequeño, que no lo soy.

(VALERIA) Una obra es un engorro

y van a tener que tragar polvo y ruido.

Pues que se lo traguen. -Ya.

Pero es que a mí no me gusta molestar.

Bueno, ellos viven en mi casa, ¿no?

Y yo hago en mi casa lo que me da la gana.

¿La casa de Elías es tuya, Jesús?

Sí. Bueno, yo estoy encantado de que vivan allí, ¿eh?

Pero la casa es mía y seguirá siéndolo.

-No quiero que volvamos a trabajar juntos.

No te importaba que trabajara en el mercado.

-En el mercado, no en mi pizzería.

A ver, dijiste que lo nuestro era agua pasada. ¿O no lo es?

No lo entiendo.

(VANESA) Paolo, ¿qué tal, bombón? -Vanesa.

Tú sabes lo que he visto.

Y no quieres que lo vea nadie más, ¿no?

¿Y qué has visto?

Ay, Nacho...

¿De verdad crees que es tan difícil desencriptar un archivo?

Eh... Adela,

que lo de la invitación para la cena sigue en pie.

¿Vas a venir?

Bueno, que sepas que yo estaré allí.

A las 21:00. (ROSA) "Felicidades".

Ya me he enterado que vuelves a trabajar con mi marido.

Estoy segura de que la oficina es lo suficientemente grande

como para que no tengas que cruzarte con él.

Ya. Espero estar en otro departamento.

Cuanto más lejos, mejor.

¿Estás diciendo que te vas a sacar el carné de conducir

después de todo lo que ha pasado?

Qué fácil, ¿no?, olvidarse de todo así.

-Mi madre tiene razón.

No soy como los demás y no puedo trabajar.

No, David, no. -Busca otro repartidor.

Que no quería... ¡David! Hijo...

¿A ti te cuadra todo? ¿De verdad? (JAVIER) Sí.

¿De verdad te cuadra que Elías sea capaz

de jugar con uno de los empresarios más importantes de España?

¿Que ese tipo conozca nuestros movimientos

antes de que nosotros los hagamos?

¿No tienes ninguna sospecha de que hay un topo en el mercado?

¿De verdad?

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Mercado central - Capítulo 118

11 mar 2020

Nacho siente frustración al no tener a Rosa, ya recuperada, bajo su completo control y ruega a su mujer que no retome su vida laboral sin su aprobación.

Cristina sufre al ver a Paolo frío, distante y saliendo con mujeres. Pero alberga una esperanza cuando Celia le dice que fue Paolo quien saldó su deuda con Carmen.

David realiza su primer pedido como repartidor con éxito, pero acaba perdido en un descampado al intentar hacer una importante entrega.

Javier y Jorge sufren una decepción al comprobar que Pastora no apoyará la renovación del Central. Su viraje se debe a los sádicos métodos que ha empleado Velasco para frenarla, los cuales se le escapan a Hortuño. La mujer, lo que sí hace, es alertarles: no todos los comerciantes apoyan la renovación del mercado.

Jorge está convencido de que Elías es el hombre al que Pastora se refiere y presiona a Javier para que use a Germán y sonsaque información. Javier se niega.

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