Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 116 - ver ahora
Transcripción completa

Hombre, Lucía, pasa, por favor.

¿Qué tal estás? -Bien, bien.

¿Y tú qué tal estás?

-Bueno, pues un poquito mejor, por lo menos, ya me voy levantando.

Oye, Nacho no está, se ha tenido que ir a la oficina,

que tenía una reunión, pero creo que no va a tardar mucho.

-No te preocupes, si venía a despedirme de ti.

Es que os he cogido mucho cariño a todos.

-Y nosotros a ti.

Y eso que me he pasado la mitad del tiempo

metida en la cama.

Me dio mucha pena cuando Nacho me dijo que no te habían contratado.

Lo siento muchísimo.

-Ya. La verdad es que me había hecho ilusiones.

Me he dejado la piel en el trabajo, pero...

-Lo sé, si es que os he visto trabajar mano a mano

y dedicándole muchísimas horas.

Pero, hija, este trabajo es así.

-Vaya mierda.

(SUSPIRA)

-Bueno.

Cielo, no te pongas así.

¿Te quieres sentar un ratito?

No te desesperes, ¿eh, Lucía? Tú eres muy joven.

Además, Nacho dice que tienes muchísimo talento.

Yo creo que te va a salir trabajo, no sé, en alguna empresa.

O, si no, en la agencia de Nacho.

No sé, cuando salga una vacante.

Ya te conocen, ¿no?

Te contratarían. -Ya.

Ojalá, Rosa, pero es que yo creo que...

que si no me han contratado ha sido por...

por cosas que no tienen que ver con mi trabajo.

-¿A qué te refieres? -Bueno, no solo se valora el trabajo.

-¿Qué está pasando aquí?

-Oye, Nacho, me estaba contando Lucía que cree que no la han contratado

por cosas distintas al trabajo.

¿Tú sabes algo de esto? -Buen, a ver.

Son cosas mías.

Yo solo venía a despedirme y no quiero molestaros más.

-Pero no te vayas así, mujer.

-No, estoy bien, Rosa, de verdad.

-¿Seguro? -Sí.

-¿No ves que quiere irse? No seas pesada.

-Yo solamente quería deciros que...

que gracias a los dos por todo.

-Bueno, te acompaño a la puerta si quieres.

-Sí, vale.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Pero bueno.

¿Por qué has estado tan poco simpático con la chica?

¿Ha ido mal la reunión o qué?

-No, qué va, ha ido estupendamente, he conseguido al cliente.

-Entonces ¿a qué viene esa mala leche?

¿No has visto cómo estaba Lucía?

Podías haber sido un poquito más amable.

-Rosa, siéntate, quiero hablar contigo.

-A ver, ¿qué pasa?

-Si no te he contado nada antes es porque estabas enferma

y no quería que te afectara.

Pero Lucía no es tan buena como parece.

-¿A qué te refieres?

-Si no ha conseguido el contrato no es porque no sea buena diseñadora.

-¿Por qué no lo ha conseguido?

-Desde hace días,

Lucía ha intentado seducirme para conseguir el trabajo.

-Ah.

Venga, no me lo puedo creer.

-¿Te diría algo así si no fuera verdad?

Ha sido muy incómodo.

Una situación difícil de manejar.

-¿Por qué no la has echado?

-Porque fue al final.

Era menos lío dejar que acabara sus dichosas prácticas

y perderla de vista.

-Fíjate, con lo educadita que es, ¿no?

Y lo preocupada que estaba por mí, es que...

No me puedo creer que haya hecho eso a mis espaldas.

-Lucía parece una cosa,

pero... pero es más retorcida y manipuladora de lo que parece.

Por eso se ha presentado aquí hoy.

Para malmeter, sabía que yo no estaba.

Esa chica es capaz de cualquier cosa por conseguir lo que quiere.

-Ya.

-¿Qué pasa? ¿No me crees?

-Sí, sí, claro que te creo, cariño, ¿cómo no te voy a creer?

Pero me extraña, ¿sabes?

No sé, que haya hecho una cosa tan fea.

(NACHO SUSPIRA)

Buenos días, Paolo.

-Eh, Nicolás.

-¿Qué? Has venido muy pronto hoy, ¿no?

Bueno.

Anda, ponme un café.

Bien cargado, ¿eh?, que tengo un lío hoy que no veas.

Tengo que arreglar las luces de la frutería.

-Déjame un momento, porque hoy se me ha juntado todo.

Tengo todas las mesas reservadas para la hora de comer,

la declaración trimestral del IVA y, además,

tengo que acabar de preparar la noche de puertas abiertas.

Así que... Mira, baja esto.

-Sí. Bueno, pero Marta te echará una manita, ¿no?

-No.

-¿Y eso? Si ella está siempre muy dispuesta a todo.

(PAOLO SUSPIRA)

Es que Marta y yo hemos roto.

-¡No me digas!

Pero, hombre, pero...

¿Cómo has podido cortar con ella, si era maravillosa?

Oye, ¿y quién ha cortado?

Siempre hay uno que corta y el otro que se queda mal.

-¿Quién va a ser, Nicolás? Ella.

-Ah... -Se enteró de que yo había accedido

a que Cristina volviera a trabajar en el Mercado

y me dijo que...

que no estoy preparado para una relación

hasta que me la quite de la cabeza. -Ah.

¿A quién se la ocurre decirle que no te importa que trabaje aquí?

Eso no estuvo bien, Paolo.

Tampoco estaría bien que te ablandaras con Cristina.

-Eh, que yo no me estoy ablandando. -Bueno.

Permite que lo dude, ¿eh?

Ay, qué pena, hombre, lo de esa chica.

Mira que me gustaba para ti Marta.

-Ya, a mí también.

Muchísimo.

Mira, igual tiene razón y...

y yo no puedo tener una relación hasta que... me olvide de Cristina.

-No, hombre, yo no creo que sea eso.

Lo que pasa, Paolo,

es que a ninguna mujer le gusta estar con un tío

que está más preocupado por su ex que por ella, es que...

-Eh, eh, eh, ¿más preocupado de qué?

¿Qué insinúas? -No, yo no insinúo.

Yo digo lo que veo.

Para mí, que últimamente estás sintiendo algo por Cristina.

-A ver si te queda claro, Nicolás.

Que yo no quiero volver con Cristina, ¿estamos?

Otra cosa son las intenciones de ella.

Que yo ya...

-Pues las intenciones, para mí, están muy claras: volver contigo.

-Hola. -Hola.

Mira, que me he encontrado al cartero en la puerta,

debe pensar que seguimos...

Bueno, que esto es para ti.

Hasta luego. -Gracias.

-Adiós.

Pero qué barbaridad.

Si es que da igual lo que ganes, esto es un carro de impuestos.

No sé si sale a cuenta ser autónomo.

Además, no me puedo desgravar nada, qué bien.

Ay...

Vete al colegio, que vas a llegar tarde.

No, hoy voy bien, no... no pasan lista.

Si tienes matemáticas, ¿no?

¿No es el profesor más riguroso de todos?

Lo es.

¿Y no pasa lista?

Normalmente, sí.

¿Y hoy no? No.

¿Y por qué no?

Pues porque no tengo clase.

A ver, ¿cómo que no tienes clase? Claro que tienes clase.

Es que se van a reunir para organizar el viaje.

¿El viaje de qué?

(NICOLÁS) "La teoría",

la controlas muy bien, pero la práctica...

¿No te das cuenta de lo que hace? ¿Eh?

¿Has visto la carita de cordero degollado?

Paolo, que está dispuesta a sacar la artillería pesada

hasta que vuelvas con ella, y tú lo harás porque eres bueno,

tuviste un hijo con ella

y porque has tenido una relación durante muchos años con ella

y has sido muy feliz, ya está.

-Ay, Nicolás.

¿Qué quieres que te diga? Igual tienes razón, no sé.

Es que, cuando la veo,

todo son dudas. (RESOPLA) -Ya.

-Mira que me gustaría no sentir nada más que odio por ella.

-No, a ver, no es fácil, ¿eh?, yo sé que no es fácil.

Porque, cuando odiamos a alguien, es que nos importa.

Pero tienes que conseguir que te sea indiferente.

Que, cuando pase a tu lado, sea como invisible, ya está.

-¿Me ayudarás tú con esto? -Claro que sí.

Voy a ser tu asesor en asuntos amorosos.

El primer consejo.

Tú ahora no estás preparado para tener una relación seria.

Muy bien.

Pero eso no quita, hombre,

que te des homenajes de vez en cuando, chiquillo.

-¿Qué quieres decir?

-Que llames a Vanesa, la del trío.

-Ah, no.

Yo no tengo energías suficientes para estar a la altura de Vanesa.

-Mira, aquí decimos:

"La mancha de una mora con otra verde se quita", o sea...

-No, no, Nicolás, ni moras, ni verdes ni nada.

Yo no quiero saber nada de mujeres por un tiempo.

(RESOPLA)

¿Qué es esto?

Es la autorización para el viaje a París.

Lo tenías que firmar antes del viernes.

No te lo di porque no quería ir.

¿Y desde cuándo haces tú este tipo de cosas?

No te he dicho ninguna mentira.

Cariño, no me has contado lo del viaje.

Y no me has dado la autorización.

Es que no quiero ir.

Bueno, mira, no pasa nada,

nos queda... una semana, voy a hablar con la tutora.

No, por favor. Pero ¿por qué no?

A ver, hijo, no te estoy regañando, pero quiero saber

por qué no quieres ir a París, es un planazo.

Ya, pero tendría que dormir con otras personas

y usar un baño ajeno y hablar con gente

que no me gusta y comer comida que no me gusta.

Sí, eso ya lo sé.

Pero me da mucha pena que te pierdas todo esto, hijo.

Te encanta la arquitectura y hemos hablado de ir a París,

de visitar el Museo del Louvre, de ver Nôtre Dame...

No es el mejor momento para visitarla,

pero eso da igual, te estás perdiendo

una oportunidad maravillosa de ver cosas estupendas.

¿Solo por no convivir con otros chicos?

¿A ti eso te parece normal?

A mí, sí.

Prefiero quedarme aquí contigo.

Y nuestra economía tampoco está... No.

No quiero que lo cojas como excusa, no te obsesiones con el dinero.

Hemos hablado muchas veces con tu terapeuta

de que tienes que empezar a romper con tu zona de confort.

Con Jorge también lo has hablado.

Ya, y la próxima vez lo intentaré.

Pero, por favor, no me obligues a ir a ese viaje.

Vale, cariño, como tú quieras.

Pero no me parece bien que me ocultes estas cosas.

Lo entiendo.

¿Y qué vas a hacer

cuando tus compañeros estén organizando ese viaje?

Pues, mientras ellos se reúnen, yo estudiaré en la biblioteca.

Todo lo que van a ver lo puedo ver "on-line",

tampoco me pierdo mucho.

¿Todavía estás enfadada?

No.

Ya está.

Pero no vuelvas a hacer algo así, ¿vale?

La próxima vez, lo hablamos entre los dos

y decidimos qué es lo mejor.

Te lo prometo.

Vale.

Bueno, entonces se supone

que te voy a tener por aquí unos días.

Bueno, de hecho, he quedado con Jorge para ordenar el almacén.

(SUSPIRA)

De verdad, no sabes cuánto me frustra verle así.

Se está perdiendo un montón de cosas estupendas

porque no se relaciona con chicos de su edad.

Y encima se preocupa por mí.

Esto es el mundo al revés.

(RÍE)

Que no, Manzanares, que no, gracias a ti, hombre.

Gracias, no...

A mí me da igual lo que hagan los demás.

Nosotros, si hay dinero, pagamos.

Así somos en Frutas y Verduras De la Cruz, ¿eh?

Bueno, si hay dinero y tratándose de proveedores como tú, ¿eh?,

que eres nuestro principal proveedor y nos tratas muy bien.

Claro que sí.

Que no me lo digas más veces, gracias a ti.

Adiós.

¿Te vas de viaje?

Con Valeria, ¿algún problema?

No sabía que os habíais reconciliado.

Pues ya lo sabes.

Estamos preparando el viaje de novios.

Mmm. ¿No habíais suspendido la boda?

Ya no, vamos a casarnos.

Cuando dos personas se quieren de verdad,

no se rinden a la primera dificultad.

Y que sepas que nos vamos a casar por régimen de gananciales,

que es lo que he querido siempre.

Le voy a preparar a Valeria la mejor boda que hayas visto jamás,

pese a quien pese.

Pues muy bien, pues me alegro mucho, entendido.

Nada, que seáis muy felices.

Eso no es verdad.

Pero gracias de todos modos.

Mmm.

Ah, búscate un buen chaqué.

¿Un chaqué? ¿Yo? Ajá.

¿No estarás pensando...? Justo eso.

Vas a ser mi padrino.

Qué bien, qué alegría.

Oye, una cosa, ¿tú le has pagado ya el pedido a Manzanares?

Aún hay tiempo, ¿no?

Sí, sí, hay tiempo.

Pero no te retrases en el pago.

Es nuestro principal proveedor y hay que cuidarle.

No te preocupes, ya me encargo yo. Venga.

Hola, Lorena. -Hola, guapo.

-Va, Jorge, ¿de qué quieres hablar?

Estoy solo en la pizzería y tengo un poco de prisa.

Un segundo, envío esto al proveedor y estoy contigo.

¿Qué pasa? ¿Has quedado, Paolo, con una de tus novias?

(PAOLO RÍE)

(VALERIA) Buenas. Vale.

Hola. Buenas.

Como sabéis, Javier y yo estamos ultimando

los detalles de la jornada de puertas abiertas.

Y el problema es que no manejamos mucho presupuesto.

Por eso necesito que pongamos toda la carne en el asador,

debe salir bien.

No te puedes quejar, todo el mundo está muy implicado.

No, no es queja, no es queja, solo os pido un último esfuerzo.

Necesitamos que esto salga bien.

Eso sería estupendo, Jorge. -Ya sabes que puedes contar conmigo.

Sigue en pie lo del sorteo, una cena para dos en tu pizzería.

Claro. Necesito que sea

algo potente, no me vale con una pizza.

Una auténtica "delicatessen" napolitana.

No te preocupes, que ya lo tengo todo pensado.

Va a ser un banquete napolitano. Vale.

Es el regalo estrella, debe estar a la altura.

Por supuesto. Luego te paso el menú.

Vale. ¿Puedo marcharme ya?

Sí.

Nos vemos luego. Vale.

-Ponme un carajillo. -Sí, ahora.

¿Qué te parece si, además de las cenas,

hacemos una degustación de sangría?

-¡Ah! Mira.

¿Sangría? -Sí.

Bueno, es que no la has probado, es una receta familiar que está...

Que te mueres. -Sí.

Vale, pues sangría, vale. -Genial.

Pásamelo, Jonathan.

-Para ti.

(SAMU) ¡Eh!

-¡Eh! ¿Qué pasa, flipado? -¿Cómo que "flipado", pringado?

Estoy calentando para esta noche, para el concierto.

-¿Qué concierto? Ah, ¿el de...? No.

¡No, tío, no, se me ha pirado!

-Ah, muy bien. -Pensaba que era más adelante.

-Pues háztelo mirar lo de la memoria.

He pensado que podemos quedarnos un ratito esta noche

en lo de la jornada de puertas abiertas

y luego tirar para el concierto. -No, ni de coña.

-Ya, tienes razón.

Mejor salir con tiempo para coger sitio.

O tendrás que cogerme. -No.

Que no, Samu, no puedo, tengo curro, tío.

-Hablo con Jesús y le explico. -Que no flipes.

Que no vas a hablar con nadie, que tengo curro.

Me he comprometido con Jorge en ayudarle para el sorteo.

-¿Me vas a dejar tirado? Ya he comprado las entradas.

-Ah, bueno, pero tú puedes pirarte y no pasa nada.

Lo dejas a punto y Javier lo termina, pero ¿yo qué?, que tengo lío.

Esto se va a poner hasta arriba.

No me dan fiesta ni de coña.

Aquí tienes, carajillo cargadito. -Gracias.

Oye, Jorge, ¿habéis conseguido

que venga alguien famoso?

Eso nos vendría bien, da mucho tirón.

Aquí, un famoso no creo que quiera venir.

Estoy haciendo gestiones.

Y está siendo complicado, yo no contaría con ello.

Supongo que se decorará el Mercado, ¿no?

Podéis contar conmigo, se me da bien decorar.

Sí, pero es lo que he dicho antes, no hay mucho presupuesto.

Se pueden hacer cosas muy aparentes con poco.

Mejor el ingenio que el dinero. Claro.

Si te encargas tú, genial.

¿Tienes tiempo?

¿Te busco alguien para que te ayude?

Celia...

Bueno, mejor Cristina.

Mmm... No lo sé, ya... ya lo hago yo sola.

-Yo te puedo echar una mano.

Tranquila, Valeria, que ya me apaño yo, ¿mmm?

Oye, Jorge, que yo puedo echar una mano en lo que haga falta.

Si quieres, pregúntale a Javier si han llegado los carteles

y le ayudas a pegarlos.

Oye, que yo valgo para algo más que ir a pegar carteles.

Lo sé, pero no se me ocurre qué te puedo decir.

No hay nada más que hacer.

Ah, ¿no? Pues, a mí, muchas cosas.

¿Sabes qué te digo?

Que me voy, tengo una cosa importante que hacer.

Vale.

Buenos días.

¡Buenos días! Bueno.

Yo también voy a mi floristería.

Vale. ¿Qué?

Es que es una mujer activa.

(RIENDO) Ya.

Jonathan, flipo contigo, de verdad.

-¿Qué? -¿Quién me lleva al concierto?

-Ah, vale, vale, vale, que por eso era tanto drama, ¿no?

Que te llevara. -No digas tonterías.

Que me apetecía ir contigo.

Ir a un concierto solo es muy triste.

-Pues un poquito, la verdad.

¿Por qué no se lo dices a Noa? Lo mismo se anima.

Y así recuperas la pasta.

-No puede, tiene que ayudar a su tía.

-Vaya. -Nada, la venderé por Internet.

-Oye, Samu.

Que... si tanto te gusta el DJ ese, te puedo llevar yo.

-No.

La jornada de puertas abiertas del Mercado

es importante y mejor que esté aquí, por si necesitan las ruedas o algo.

-Una vez que esté esto en marcha, nos podemos ir tranquilos.

Nadie nos echará de menos.

-Claro. -¿A qué hora empieza?

-A las once. -Pues entonces ya está.

Me voy contigo, ¿eh?, a ver el DJ ese, ¿vale?

Todo arreglado, ya está. -A tope.

Di que sí.

-Escúchame, Jonathan.

Voy a buscar la remachadora y vuelvo y te acabo esto.

-Remacha, remacha.

Es enrollado tu padre, ¿no?

-¿Enrollado? ¿Qué dices, tío?

¿Cómo voy a ir con mi padre? La gente va a flipar.

-Si no te importa lo que piensen. -Ya, ya.

No me apetece ver a mi padre bailando arrítmico perdido

y contando chistes, me muero de la vergüenza.

-Te vas a morir del ataque de risa que te dará

de ver a tu padre dándolo todo.

-Tú eres imbécil. -"Bro", que no te va a quedar otra.

El concierto está a tomar por el saco.

Y se va a poner hasta arriba, y pillar taxi

va a ser una movida, sobre todo, para volver.

No te va a quedar otra, a darlo todo con Nicolás.

-No seas... -Ay, ay, ay.

-Payaso, a que te atropello. -¡Quita, hombre! (RÍE)

-Joder.

He organizado el almacén con dos criterios diferentes:

uno, fecha de caducidad, y dos, unidades más vendidas al mes.

Así los productos más populares son también los más accesibles.

Vale, pues eso está genial.

Oye, te agradezco mucho que hoy me eches una mano.

Tengo mucho jaleo con la noche de puertas abiertas.

¿No bajas a ver si lo he hecho bien?

No, no, no tengo tiempo.

Cuando llegue tu madre y vigile el puesto,

me voy a terminar unos recados.

Por cierto.

Eh...

No hace falta que me des más dinero,

me diste para el cumpleaños de mi madre.

No quita para que te dé un extra, lo has hecho muy bien.

¿Cómo lo sabes? No lo has visto.

Porque confío plenamente en ti.

(CARRASPEA)

Tú no te habrás saltado las clases para venir a ayudarme, ¿no?

No tengo clase por lo del intercambio cultural.

Mi clase se va a París y están organizando los viajes.

Antes de decir que salga de mi zona de confort,

no hace falta, mi madre me lo dice cada día.

Vale, vale.

(Timbre)

(SUSPIRA)

¿Qué quieres?

-He venido para decirle una cosa a Nacho que antes se me olvidó.

-Pues no está.

-Vale, pero ¿va a volver o... o ya está en la oficina?

-Mira, voy a ser muy clara contigo porque creo que va a ser lo mejor.

Nacho me lo ha contado todo.

Te hemos abierto la puerta de nuestra casa

¿y tú te dedicas a acosar a mi marido?

Yo no sé lo que tienes en la cabeza, pero deberías mirártelo.

-¿Eso te ha contado Nacho?

-Pues sí, ¿creías que no me lo iba a contar?

-Mira, Rosa, te voy a decir una cosa.

Aquí, la única acosada he sido yo.

No te has enterado porque has estado enferma,

pero tu marido... -Mira.

No pongas a prueba mi paciencia, te puedes llevar una gran sorpresa.

-Rosa, que tienes que creerme, de verdad,

lo he pasado fatal con Nacho todo este tiempo.

Si hasta ha intentado que lo dejase con Jonathan

para pasar más tiempo con él.

De verdad, si no me crees, se lo puedes preguntar a Noa.

-¿Tú te crees que yo soy tonta?

Si eso fuera verdad,

Nacho no me habría dicho nada, pero me lo ha contado.

Fíjate tú.

¿Y sabes por qué?

Porque es mi marido.

Y confiamos el uno en el otro.

¿Lo has entendido?

(Móvil)

Ni te muevas, ¿eh?

(Móvil)

(Móvil)

Hola, Noa, cariño, dime.

Sí, estoy un poquito mejor, la verdad.

Pues sí, habíamos pensado pasarnos esta noche por el Central.

Lo que pasa es que no vais a poder contar con mi ayuda, ¿eh, cari...?

Bueno, estoy un poco floja todavía, ¿sabes?

¿Te importa si te cuelgo?

Estoy un poco cansada, me gustaría tumbarme.

Venga, hasta luego, chao.

Me gustaría ver el Louvre, pero es un agobio.

En 2018 recibió como 10 millones de visitantes.

Por algo será.

La "Mona Lisa" se merece esperar una buena cola.

A mi madre no le sobra el dinero, y el viaje es caro.

Ya.

Oye, igual no deberías preocuparte tanto por el tema económico.

Tu madre no está tan mal.

Y tampoco deberías utilizarlo como excusa.

Bueno. ¿Me das más trabajo? Tengo el resto de la semana libre.

Me temo que no tengo nada más.

Pero estoy seguro de que cualquiera del Mercado

estaría encantado con un tío tan trabajador y responsable.

-Hola. -Cristina.

¿Qué haces aquí?

-¿Qué tal estás, David?

-Has hecho daño a Paolo y a Andrea.

Tú deberías estar en Nápoles, no aquí.

David, tranquilo,

Paolo sabe que Cristina está en el Mercado.

No, no quiero verla.

No me gusta la gente que hace daño.

A mi madre la he perdonado, pero a ti no.

-Gracias por intentar defenderme, Jorge.

Cristina, no lo he hecho por ti, lo he hecho por él.

Lo ha pasado muy mal viendo sufrir a Paolo.

Ya, me lo imagino.

No creo que haya sido buena idea que volvieras al Mercado.

Todos tenemos que vivir, ¿no?

Sí, pero ¿aquí, tan cerca de Paolo y con todo tan reciente?

Te pido que mantengas la distancia, Paolo ha sufrido mucho.

Te aseguro que no es mi intención hacerle daño.

Eso espero.

(SUSPIRA)

¿Qué?

¿Ya te lo has probado?

Sí, bueno, estoy en ello.

¿De dónde has sacado esa antigualla?

¿Qué antigualla?

Es el de mi boda.

Y me sigue quedando bien. -Mira.

Yo me he encontrado una cosa de tu boda.

El traje de novia de Adela.

Haciendo limpieza me lo he encontrado.

-¿Y qué piensas hacer con él?

No sé, lo tiramos, ¿no?

Adela no lo va a querer

y yo tampoco quiero conservar una prueba de mi fallido matrimonio.

Antes de tirarlo, tendrás que consultárselo, ¿no?

-Hombre. -Es su vestido de novia.

-Yo creo que tu padre tiene razón.

Aunque no te lo creas, seguro que le tiene cariño.

Para una mujer,

el traje de novia es algo siempre muy especial.

Creo que deberías preguntarle a ella y que decida

lo que quiere hacer.

A ver, hombre...

Oye, papá.

¿Por qué no me dijiste nada

de que ya le habías pagado a Manzanares?

Porque le he pagado hace un rato.

Ya, ya, lo he visto.

Pero lo hiciste ayer, ¿por qué lo has hecho dos veces?

¿Tú estás chalado?

Si le pagué esta mañana, cuando me lo dijiste.

Que no, papá, chalado, no.

Que lo he mirado en el banco, hombre.

¿Dónde está esto?

Mira.

Dos transferencias, mismo importe, a Manzanares.

No puede ser. ¿Cómo que no?

Le has hecho un dos por uno por la cara.

¿No... no le habrás hecho la transferencia tú?

No digas tonterías, papá, los pagos siempre son cosa tuya.

Pero que no pasa nada.

Lo llamo, le digo que ha sido un error

y que lo devuelva antes de gastarlo.

Cago en...

Menudo despiste.

¿No? Que no pasa nada, hombre.

Le puede pasar a cualquiera.

(CHASQUEA LA LENGUA)

¿Cristina? ¿Qué tal?

Ah.

Pues nada, ahí voy.

Pero... te veo muy baja de ánimo.

Así no vas a aguantar hasta las tantas.

La noche de puertas abiertas, ¿no te acuerdas?

Ah.

Me estoy encargando de la decoración.

Pero ando un poco agobiada, es más trabajo del que pensaba.

Oye.

¿No te apetece echarme una mano?

Pues muchas gracias, pero no.

Estoy harta de aguantar las miradas y las críticas de la gente aquí.

Así que no, no voy a echar una mano

a gente que me critica día sí y día también.

Ni me apetece ni le veo el sentido.

A la mayoría les encantaría verme fuera de aquí.

Pero no les voy a dar ese gustazo.

Si les molesta, que se aguanten.

Yo ya he pagado por mi error.

No tengo que soportar que me machaquen.

A ver, Cristina.

No todos estamos en tu contra.

Ya.

Me voy, que tengo trabajo.

¿Qué haces, cariño?

-¿Has visto mi disco duro? No lo encuentro.

-Pues... no, ni idea.

-Juraría que lo metí en el maletín.

-¿No te lo habrás olvidado en la oficina?

-No, lo eché.

No lo habrás movido tú, ¿no? No me gusta que toques mis cosas.

-Oye, cielo, que yo no he tocado tu maletín.

¿Vale? -Aquí solo vivimos tú y yo.

-Bueno, no sé.

-A lo mejor lo has metido en algún cajón.

¿Me ayudas a buscarlo?

-¿Sabes? Antes ha venido Lucía. Eh...

-¿Qué?

-Pues eso, que ha venido.

No sé, ha sido un poco raro, Nacho,

porque se ha ido sin despedirse, ¿sabes?

-¿Ha vuelto Lucía? ¿Cuándo? -Un poco después de que tú te fueras.

-¿Y qué quería? -Y yo qué sé.

Por lo visto quería comentarte algo que se le había olvidado.

-¿Y tú qué le has dicho?

-Nada, ¿qué le voy a decir?

Es que casi no la he dejado entrar.

Me he venido, ha sonado el móvil, he estado hablando un rato con Noa.

-A ver, a ver, espera, espera. Desde el principio.

Cuéntame exactamente lo que ha pasado.

Adela.

Mira, no quiero que suene a excusa, pero,

desde que llegué aquí al Mercado, lo estoy pasando muy mal.

Los compañeros no me lo están poniendo precisamente fácil.

Me lo imagino.

Todo el mundo quiere muchísimo a Paolo.

Cuando me has pedido ayuda con los adornos,

había tenido un encontronazo con Jorge y David.

¿Sí?

Siento mucho si he estado seca contigo.

Eres de las pocas personas que ha sido amable conmigo.

Y tampoco es que me hayas recibido con los brazos abiertos.

Pero, si alguien tiene derecho a estar enfadada junto con Paolo,

esa eres tú.

Oye, que yo no estoy enfadada contigo, ya no.

Pues deberías.

Tú has sido mi confidente con todo lo de Doménico y...

y me advertiste de lo absurdo que era

dejar mi matrimonio por un hombre al que apenas conocía.

Eh.

Eso ya pasó.

Aquí, cada uno toma sus propias decisiones.

Sí, si eso es verdad, pero...

Entiendo que te afecte lo de las infidelidades

con lo que has pasado con Elías.

Por eso... te agradezco que te hayas acercado a mí.

Y, si todavía quieres,

pues estoy dispuesta a ayudarte con lo del Mercado.

Para mí, será un honor colaborar con el Central.

Pero qué tonta está.

Claro que sí, me encantaría que me ayudaras.

Además, tampoco me sobran las amigas aquí, ¿eh?

Ahora tengo que limpiar el almacén del puesto,

quiero hacer méritos con el jefe.

Uf. No creo que tarde mucho.

Cuando acabe, te llamo y nos ponemos con esto.

Venga.

Uf...

Madre mía, la cantidad de cosas que tenían aquí, ¿no?

No sabes lo sucio que estaba.

Tanto tiempo el puesto cerrado, no para de salir mierda.

Oye, he escuchado que tu jefe de la tetería

tiene un montón de tiendas distintas por Madrid.

Ajá. Ya me podía contar cómo lo hace.

Yo estoy pelada, y, encima, con esto de los autónomos...

Ya.

Yo estoy pelada y arruinada. (CHASQUEA LA LENGUA Y SUSPIRA)

Solo se me ocurre a mí vender la floristería,

gastarme el dinero en comprar un restaurante en Nápoles

y juntarme con un hombre que no valía la pena.

Pensaba que poniendo tierra y mar por medio

se iban a solucionar mis problemas, pero no.

Tenía que haberme quedado aquí y empezar de cero.

Me siento tan tonta, de verdad.

Yo, persiguiendo sueños,

y... se ha convertido esto en una pesadilla.

Bueno, ya está bien, a ver.

Cristina, mujer.

Ya está.

Mira, lo hecho, hecho está, ¿vale?

Ahora tienes que mirar hacia adelante, venga.

Sí, si tienes razón.

Pero no es tan fácil empezar de cero como dice la gente.

¿Puedo hacerte una pregunta? Claro.

Y no quiero que te sientas enjuiciada,

bastante he sufrido yo también con lo mío, pero...

Pero, no sé, con lo mono que es Paolo

y lo seco y bajito que era Doménico, no sé qué es lo que viste en él.

Ni yo misma lo sé, la verdad.

No te tenía que haber hecho esa pregunta.

¿Te vienes para arriba conmigo?

No, que mira cómo está esto.

Tengo que seguir limpiando. Vale, nos vemos luego.

Vale.

(CHASQUEA LA LENGUA) Ay...

Paolo.

-Eh, David.

¿Qué tal?

-Mal.

-¿Qué pasa?

-No me parece bien que Cristina haya vuelto.

¿No estaba en Nápoles abriendo un restaurante?

¿Para qué ha vuelto?

(PAOLO SUSPIRA)

Pues parece que las cosas no le han ido demasiado bien por ahí,

por eso ha vuelto.

-¿Y Andrea lo sabe?

-No. Y, David, es mejor que no le digas nada todavía.

Porque, entre Andrea y su madre, las cosas no van demasiado bien.

Y yo no quiero echar más leña al fuego.

¿De acuerdo?

-Y Andrea se enfadaría.

Y con razón.

No sé por qué vuelve después de lo que os hizo.

-Es un poco complicado.

Y, además, ahora estoy haciendo otra cosa.

La declaración trimestral de autónomos.

Y no me salen las cuentas.

-A mi madre, tampoco le salen.

Siempre paga demasiado e ingresa demasiado poco.

-Como yo, entonces.

-Pero pensaba que la pizzería iba bien.

Eres el mejor pizzero del barrio.

-Muchas gracias.

Pero es que últimamente he descuidado un poco el negocio, la verdad.

He tenido demasiadas cosas por la cabeza.

Cosas que tienen poco que ver con el trabajo.

Y, además, estoy sin Rosa.

Y lo que me ha fallado es el reparto a domicilio.

Porque, desde que Andrea se fue,

no he podido servir los pedidos de la misma forma.

Y, sin pedidos, claro, los ingresos bajan.

-Yo podría ser tu repartidor.

-¿Tú... tú, repartidor? -Ajá.

Tengo manos, pies, sé montar en bici.

Además, tu bici es eléctrica, así que mejor.

-Ya.

Pero ¿sabes qué? Que...

Pensándolo bien,

el reparto a domicilio tampoco me da muchos ingresos, así que...

-¿No quieres contratarme porque soy ásperger?

-No, no, David, faltaría, no.

-Entonces, déjame hacerlo.

(PAOLO RESOPLA) Mira, vamos a hacer una cosa.

Tú le pides permiso a tu madre.

Y, si ella te dice que sí,

entonces... serás mi repartidor, ¿de acuerdo?

¡Hasta luego!

(RESOPLA)

Madre...

(RESOPLA)

Ay, Nicolás.

Perdona que te quite sitio.

¿Dónde te lo pongo? -Estás muy amable con todo el mundo.

Antes no eras tan simpática.

Claro, como ahora tienes que caer bien...

-Yo no tengo por qué darte explicaciones, ¿eh?

Sé lo que pensáis tu mujer y tú

de que trabaje en el Mercado. -A mí no me molesta que hayas vuelto.

Me molesta cómo le está sentando a mi amigo Paolo tu vuelta.

-Yo, sobre eso, no puedo hacer nada.

-Que yo no me trago la milonga esa de que no quieres volver con él,

de que el Mercado es tu casa y todo ese rollo.

Pero es que Paolo, el pobrecito mío, es muy bueno.

Y se lo cree todo, ese es el problema.

Si fuera por mí, tú no te habrías instalado aquí.

-Mi vuelta no tiene por qué afectarle.

(NICOLÁS RÍE) -Y, a ti, menos.

-No tiene por qué, pero le afecta.

-¿Qué quieres decir? -No.

Que ha sido volver tú y Paolo ha roto con Marta.

-Vaya.

Lo siento, porque la chica parecía maja, ¿eh?

-No disimules.

En el fondo estás encantada, ¿no es eso lo que querías?

-Ay...

-Te voy a pedir un favor.

Si todavía te queda un poquito de afecto con Paolo,

déjale en paz.

Él no va a volver contigo.

No le conviene.

¡Cristina!

Cristina. ¿Qué pasa?

Tu jefe ha visto la tetería cerrada y se ha enfadado, sube.

¡Venga, sube! ¿Mi jefe también? Menudo día llevo.

¡Ay!

Escúchame, Lucía.

Es la tercera vez que te llamo y no me contestas.

Te lo voy a decir bien clarito: devuélveme el disco.

¿Eh? Ya está bien de jueguecitos.

Si no, tendrás que asumir las consecuencias.

-¿Has conseguido localizarla? -Eh...

Sí, cariño, ya está todo resuelto.

Se lio, creyó que era su disco.

Mañana me lo deja en la recepción de la oficina.

-Mucho mejor, no tienes que tratar con ella.

-Sí. -Eso que te ahorras.

-¿Cómo te encuentras hoy?

(ROSA SUSPIRA) Bien.

Nacho, yo creo que estoy recuperada.

-Bueno, pues, si te encuentras con ganas,

déjame que termine un par de cosas y damos una vuelta, ¿te apetece?

-Muchísimo, por favor.

¿Cuánto hace que no salimos? ¿Eh?

¿Qué te parece si nos vamos a la Noche del Central?

-¿Al Mercado, por la noche? -Ajá.

-¿Seguro? -Claro.

Noa dice que van a abrir las puertas para un evento así muy especial,

que va a haber música...

-No sé, mira, mejor nos vamos a otro sitio,

tú y yo solos, a nuestro aire.

-Venga, si van a promocionar el Mercado,

así les apoyamos,

hacemos un poco de bulto. -Ya, no sé.

Con lo desangelado que estará aquello.

A ver si vas a coger frío. No tentemos a la suerte.

Vámonos a un restaurante, estaremos bien calentitos, ¿eh?

-Me apetece mucho ver a la gente.

No sé, saber de ellos,

hablar...

-Rosa, acabas de superar una neumonía muy complicada, ¿eh?

Aunque estés bien,

al cien por cien no estás, al menos, las primeras semanas.

-Ya. Tienes razón.

Pero, mira, como no vamos a estar toda la noche,

vamos, les saludamos...

¿Que vemos que hace frío? Pues nos volvemos.

¿Qué te parece?

-Bueno, pero sin enrollarnos, ¿eh? Que te conozco.

¿Eh? -Perfecto.

Gracias, amor.

(Portazo)

¡Tú! ¿Sabes lo que has hecho?

-¿Yo? -No, claro.

Vive en los mundos de Yupi, no sabe los destrozos que causa.

-No sé de lo que hablas.

-Me has inundado el almacén.

-¿Yo? Anda y no te inventes cosas. -¿Tú no estabas limpiando el almacén?

-¡Ay, madre! -Te has dejado la manguera abierta.

-Estaba limpiando el almacén.

Celia me dijo que estaba mi jefe y se me olvidó cerrarla.

-Se ha inundado todo.

Y ha hecho un cortocircuito con la cámara frigorífica.

A ver, ¿por qué quieres ponerte a trabajar como repartidor de pizza?

No lo entiendo. Me ganaría un dinero para los dos.

Y es como mi trabajo perfecto.

O sea, sé montar en bici, tengo el móvil para las rutas,

soy metódico

y de fiar con el dinero, nunca me equivocaré al dar cambio.

Todo eso me parece muy bien.

Pero no te das cuenta de lo que implica este trabajo para ti.

¿Por qué lo dices?

Mira lo que pasó cuando fuiste al centro de menores.

Hijo, te perdiste.

Eso no fue exactamente así.

Lo que pasó es que me puse nervioso porque Martina me gritó.

Me fui sin mirar el móvil.

Bueno, tu imagínate que hay un atasco.

Llegas tarde y el cliente te grita, ¿qué haces?

Mamá, un atasco es previsible.

Lo que sea previsible, yo lo controlo.

Los gritos de Martina no eran previsibles.

Y, además, eran como muy agudos.

Cariño, si es que vas a acabar agotado, de verdad.

Y los dos sabemos que, cuando estás cansado,

te alteras fácilmente, no lo niegues.

Es una bici eléctrica, es imposible cansarse.

Es como una moto, pero mejor, no contamina.

Mira que eres cabezón, ¿eh?

Si algo se te mete en la cabeza, tienes respuesta.

Eres tú la que me dice que salga de mi zona de confort

y dejar de tener miedo de hacer cosas nuevas.

Tú, Jorge, la psicóloga, todos me lo decís.

¿Sabes lo que pasa, cariño?

Aunque sea una bicicleta eléctrica, al final, te vas a cansar igual.

Y tienes que contar con la presión de hacer un reparto a tiempo.

Es que no te entiendo.

Me dices que soy igual que los demás.

Si ellos pueden repartir pizzas, yo también.

Eres igual que los demás para unas cosas.

Eres mejor para otras tantas y...

Y especial en otras también.

Nunca seré igual si no puedo hacer lo que hacen los de mi edad.

Vamos a ver, ¿tú no puedes empezar con un trabajito más sencillo?

Jorge me dijo que eligiera el trabajo que quisiera.

Y ahora tú me dices que no. A ver si os aclaráis.

¿Isidro?

Sí, sí, ¿qué tal?

Bien, bien, todo bien.

Oye, quería pedirte un favor.

¿Recuerdas cuando inauguraste la tienda

todas las lucecitas y los adornos que pusiste?

¿Eso era tuyo o lo alquilaste?

Genial.

¿Y aún lo conservas todo?

Es que quería pedirte si me los podías prestar.

Es que, verás, estamos organizando una fiesta en el Mercado

y, bueno, siempre vamos cortos de presupuesto, ya sabes.

¿Sí? ¿En serio?

Pues no sabes la alegría que me das.

Te lo agradezco muchísimo, de verdad.

No, no, no, ya paso yo a buscarlo.

Que no, hombre, que faltaría más.

En un par de horas, paso y lo recojo yo todo.

Y muchísimas gracias, de verdad.

Venga, un abrazo, adiós.

¿Te pillo bien?

Pues depende para qué.

Porque estoy con mucho lío con la noche de puertas abiertas.

Ya, ya me ha contado Javier que te ha encargado

que decores el Mercado. Sí.

Todos tenemos que echar una mano si queremos que esto salga bien.

Te quedará precioso, siempre has tenido muy buen gusto.

Menos para escoger marido.

A ver, Elías, ¿qué es lo que quieres?

Nada.

No quiero nada.

He venido a traerte esto.

¿Le has dicho a David que se busque un trabajo?

Sí.

Me dijo que quería trabajar.

Me pidió trabajo a mí y le dije que no tenía nada.

Y lo animé a preguntar a la gente de confianza.

Nada más. Nada más y nada menos.

¿Con el permiso de quién?

Perdona que me meta en donde no me llaman, pero...

Creo que le sentará bien trabajar con Paolo.

¿Cómo se va a poner a trabajar

si es incapaz de ir a París con sus compañeros de cole?

No va a París porque le impone estar en otro país.

Y también le puede el tema económico.

Sabe que no estás bien.

¿Te ha contado eso?

Me lo ha contado, sí.

Es un chico muy responsable, lo hará perfectamente.

Yo creo que no está capacitado para repartir pizzas.

Se puede perder o vete a saber qué.

No podemos decirle un día que se arriesgue y viva sin miedo

y, al día siguiente, lo contrario.

Pues yo no puedo evitarlo. Celia.

¿Qué? Celia.

Yo también soy padre.

Y sé que a veces no es fácil tomar ciertas decisiones.

Pero tenemos que confiar en nuestros hijos

y en sus capacidades.

Sean ásperger o no.

(RESOPLA)

Dios mío...

¿Esto dónde estaba?

Hace años... hace años que no lo veía.

Pues lo ha encontrado Valeria,

que ha hecho limpieza en los armarios.

(CARRASPEA) Me lo ha dado.

Y he dicho: "Pues se lo voy a llevar a Adela".

Supongo que irá directo a la basura.

No querrás tener recuerdos de nuestro matrimonio.

Lo hubiese tirado yo mismo, pero digo:

"Mejor se lo llevo, que decida ella", para eso es tuyo.

¿Te acuerdas de esto?

Me lo cosió tu madre antes de la boda.

Yo estaba tan nerviosa

que me enganché con una puerta y lo desgarré.

Me acuerdo perfectamente.

Estuvimos esperándote un buen rato todo el mundo.

Tuve que entrar a por ti.

Estabas... estabas hecha un manojo de nervios.

"Sin mi vestido no salgo, no me caso sin mi vestido".

Sí.

Pero tú me tranquilizaste.

Aún me acuerdo de lo que me dijiste.

¿En serio? Sí.

Me dijiste que nadie iba a fijarse en el vestido.

Y que yo iba a ser la novia más guapa del mundo.

Y me hiciste sentir así.

Va a ser verdad que trae mala suerte ver a la novia antes de la boda.

Lo nuestro no ha sido cuestión de mala suerte, Elías.

Somos víctimas de nuestros actos.

De los tuyos en concreto.

Dame, que te ahorro el trámite de tirar el vestido.

No, no lo voy a tirar.

No importa cómo estemos ahora,

yo creo que nunca voy a arrepentirme

de los años que he pasado casada contigo.

Tampoco lo hicimos tan mal, ¿no?

Anda, ayúdame a meterlo ahí dentro.

¡Mira, se ha echado todo a perder!

¡Los costillares, los solomillos!

¡Todo! ¡Las chuletas! ¡Todo!

-Aprovecha y lo sirves esta noche.

-¡Niña, que se ha roto la cadena de frío!

Por no hablar del dineral que me va a costar a mí

arreglar la cámara.

-Cualquiera diría que la gente aquí nunca se equivoca.

Y una crisis matrimonial no es para que la lapiden a una.

Pues sí. Y, además, ¿para qué?

Yo me di cuenta con Elías y con Celia.

Les hacía el vacío y la única perjudicada era yo.

Vivía amargada,

obsesionada con ellos y con todo lo que me habían hecho.

Y así no se puede vivir, Cristina.

¿Tú me harías un favor?

Un favor de esos que...

De esos que yo te pago y tú no haces preguntas.

Sí.

Devuélveme el disco duro.

-¿Qué disco duro?

-Devuélvemelo por las buenas o tendré que cogerlo por las malas.

-¿Me estás amenazando? ¿Mmm? ¿Qué vas a hacerme, pegarme?

-Hay muchas cosas que puedo hacer sin tocarte un pelo.

Cristina se ha dejado la manguera abierta abajo.

Ha entrado agua en el almacén de las Pachecas

y se ha estropeado una cámara.

Total, que Carmen dice

que el arreglo son 500 euros. -¿500 euros?

-Que los pague el dueño de la tetería.

-Es que 500 euros es mucho dinero. -Y verás Suárez cuando se entere.

Si no despide a Cristina, la hará pagar a ella.

¿La Concejalía tiene previsto apoyar a los mercados

de toda la vida? Sí, sí, por supuesto.

Es lo que buscamos potenciar

desde el Gobierno.

Por fin tenemos a alguien de nuestro lado.

Menos mal. Ya nos tocaba, ¿no?

-Yo sé que te da miedo que le pase cualquier cosa a tu hijo.

Pero ¿no ha llegado el momento de que aprenda a vivir por sí mismo?

¿No crees que va a poder hacerlo solo?

¿Tú crees que sobreprotejo a David?

Mira que eres cenizo, podías animarme un poco.

No soy cenizo, soy realista.

Vamos a ver, no te digo que vaya a volver así de...

Pero estamos dando pasitos, no sé.

Algún día, a lo mejor la recupero.

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Mercado Central - Capítulo 116

09 mar 2020

Ante las amenazas de Lucía, Nacho le cuenta a Rosa que la becaria trató de seducirle para medrar en el trabajo.

Javier y Jorge consiguen la colaboración de todos los comerciantes en "La Noche del Central". Adela, que se encargará de la decoración, le tiende la mano a Cristina.

Ante la negativa de Jonathan, Samuel se ve obligado a aceptar que Nicolás le lleve en coche a una sesión de un DJ.

Elías encuentra el traje de boda de Adela y se lo entrega a su ex, que decide no tirarlo.

Nacho se da cuenta de que Lucía se ha llevado el disco duro.

David le propone a Paolo convertirse en repartidor de la pizzería.

Protegiendo a Paolo, Nicolás culpa a Cristina de la ruptura del napolitano con Marta. Involuntariamente, Cristina provoca un desastre en los almacenes.

Celia se niega a que David trabaje como repartidor para Paolo.

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