Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 112 - ver ahora
Transcripción completa

(LORENA CHISTA) Paolo.

La van a abrir. -¿El qué?

¿Cómo que el qué? La tetería.

Ah.

Pues a ver si es verdad, porque el cartel ya llevaba meses colgando.

(LORENA) Es verdad.

Ayer estuvo aquí el dueño

y me preguntó si conocía a gente para trabajar.

Ah.

Pues espero que sea verdad.

Porque una novedad nos hace falta a todos.

Falta nos hace, sí.

Lo que me pude reír ayer con lo de Fabián.

Sí. Sí, bueno, ¿a quién se le ocurre...?

¿A quién se le ocurre comprar juguetes eróticos para sus amigas?

Y pagarlo con la tarjeta del ayuntamiento.

¿Sus amigos también?

¿Y qué hacía, se los vendía...?

Mira, de verdad, te lo digo en serio, Sandra,

menos mal que pasaste de él,

porque si no, te veía en la cárcel por corrupta.

Sí, ya, ríete.

¿Esta tarde?

Pues yo creo que sí.

¿Te llamo cuando eche el cierre?

¿Sí? Venga. Eso es.

Un besito. Hasta luego, chao.

¿Vas a volver a quedar con tu amiga?

Bueno, sí. ¿Te parece mal?

No. Solo un poco usual. Quedar dos veces en tan poco tiempo.

Bueno...

Ayer nos quedaron muchas cosas por contar.

Y nos hemos cogido con ganas.

Te veo feliz. Me gusta que estés feliz, mamá.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Buenos días. Hola.

¿Vas a querer tomar algo?

Sí, me pones un café cargado, por favor, y...

bueno, unas tostadas con jamón. Muy bien. Pues...

¿Y qué haces aquí, cariño, desayunando en el bar tú solo

Es que en casa no había nada.

Además, lo dejasteis todo muy sucio.

Es que nos lo pasamos genial.

Hijo, muchas gracias, cariño.

Te quería hacer unas preguntas sobre Carla.

A ver, ¿qué preguntas?

Eh... ¿Qué sabes de su familia?

Eh...¿Dónde está su madre, su hermana...?

¿No te cuenta nada?

Esto son muchas preguntas, hijo. Parece un reportaje

Tú me has preguntado que qué preguntas.

Vale. Algo sé, pero no todo. Así que...

Es tu inquilina, deberías saberlo todo.

Te recuerdo que quien quiso

que Carla se viniera a vivir fuiste tú.

Ya, pero tú eres la adulta y la responsable

de saberlo todo de la gente que metes en tu casa.

Que listillo eres, mi vida.

Mira, Carla me gusta y me llevo muy bien con ella,

y ella se lleva bien contigo, y eso es difícil, mi vida.

A mí me cae bien Carla, pero no te pregunto eso.

Te pregunto qué sabes de su vida.

Pues sé lo que necesito saber, que es muy buena chica

y que ha tenido una vida muy difícil, muy dura.

¿Por qué?

Bueno...

Su madre está ingresada en un hospital psiquiátrico.

¿Tiene una enfermedad mental?

Ajá. ¿Qué le pasa?

No lo sé.

Y su hermana mayor falleció en un accidente de coche

Objetivamente eso es una vida dura.

¿Y qué hay de la otra hermana?

Está en un centro de menores.

¿En cuál? No lo sé.

Y aunque lo supiera, tampoco te lo diría.

Si quieres saber más, pregúntale a ella.

He preguntado, pero no responde. Pues la debes respetar.

Tiene todo el derecho de no querer contártelo.

Es que quiero ayudarla.

Y no puedo si no tengo toda la información.

¿Cómo quieres ayudarla exactamente?

Quiero reunirla con su hermana, porque están enfadadas.

Igual que te reuní con tus amigos y fue genial.

Vale, David, escúchame.

Una cosa son los amigos y otra cosa diferente, la familia.

Eso es muy complicados y muy íntimo, hijo.

No te metas ahí, David. David.

No entres ahí, ¿vale?

Bueno, pues aquí tienes.

Café cargadito... Gracias.

...y tostadas con jamón.

Y los cubiertos.

Eh... ¿Sabes que va a abrir la tetería?

Ah, qué bien.

Si os he reunido aquí es por un tema muy importante...

sobre el cual, necesito el consejo de mis amigos.

Cristina...

ha vuelto.

Venga ya. ¿Y qué le has dicho?

Para empezar, te habrá pedido perdón, ¿no?

Sí, sí. Eso sí. Estaba muy arrepentida.

Yo ya sabía que estaba aquí. -¿Qué?

Carmen y yo nos la encontramos el otro día.

(PAOLO) ¿En serio? ¿Y por qué no me dices nada?

(NICOLÁS) Te lo iba a contar, pero me faltó valor, la verdad.

Le dijimos que no era buena idea

que se presentara sin avisar, aquí, de repente, pero...

Estaba claro que tarde o temprano iba a venir aquí

llorándote para que la perdonaras.

(PAOLO) Nicolás, te lo agradezco, pero...

no necesito que me protejas delante de Cristina.

Yo puedo gestionar esta relación perfectamente.

Que yo me entere, ¿ha venido para quedarse?

Sí, se queda.

¿Con Doménico? (PAOLO) No, no.

Con Doménico se acabó.

Ella ahora dice que es un miserable.

Reconoce que ha perdido la cabeza por nada, como una quinceañera.

Ahora, yo sé que no está bien, pero...

la verdad es que me alegro mucho que hayan acabado mal.

Es lo más normal del mundo.

¿Y te ha revuelto mucho volver a verla?

Hombre, un poco.

Pero delante de ella nada, ¿eh?

Un bloque de hielo.

Ni media sonrisa.

He escuchado sus disculpas, le he deseado suerte con su vida...

y ya está, "arrivederci", como dos desconocidos.

Bien hecho. No va a volver contigo con cuatro pucheros.

(PAOLO) No, no, no. Ella no quiere volver conmigo, ¿eh?

Ni yo tampoco, que no olvido lo que me ha hecho sufrir.

Pero... bueno,

la verdad es que me ha dado un poco de pena verla tan perdida.

-A ella no le dio pena ponerte los cuernos y largarse con el otro.

A ver si se cree que va a venir jodida y con las orejas gachas

para volver contigo. No, cuanto más lejos, mejor.

(PAOLO) Ya, tienes razón.

Yo pienso lo mismo, ¿eh?

Pero...

Bueno, también es la madre de Andrea, ¿no?

Yo tengo la obligación de ayudarla.

Digo... Ahora podría hacerlo.

A ver si me entero, ¿Ayudarla?

¿Qué pasa, que a ti te regalan el dinero?

¿O es que hay algo que no sepamos?

¿5000 euros? ¡Sí, hombre!

Valeria, en esas revistas salen chicas muy jóvenes,

delgaditas, finas, con tipazo.

Dudo mucho que veas un vestido que te quede bien.

Aunque tú, para la edad que tienes, estás muy bien.

(VALERIA) Mira, si vienes a provocarme, olvídate.

Estoy muy ilusionada con la boda,

así que no me vas a fastidiar el día

con tus bromas de separado resentido con las mujeres.

Mira, en vez de eso,

¿por qué no vas buscándote un chaqué, eh?

Es que mi padre, que en paz descanse,

no me puede llevar al altar, así que igual te toca llevarme a ti.

Ay... Es que yo no... no soy yo mucho de paseítos.

No me veo.

Pero no te preocupes, habrá muchos deseando ir contigo del brazo.

Con más ganas que tú, cualquiera. Seguro.

Ya sé que la boda te ha sentado como una patada en el culo,

pero no te preocupes, nos casamos por amor,

así que tu herencia está a salvo. ¿Por amor?

Los dos hemos vivido lo suficiente

como para saber que el amor no dura para siempre.

Yo, a mi edad, me conformo con que me dure unos años.

Pues tú verás si te compensa.

Ya sabes cómo son los matrimonios, hay días malos y días peores.

Y también hay buenos y muy buenos. Ajá.

Y solo por esos días vale la pena compartir la vida con alguien.

Compartir, claro.

Eso es lo que a ti te interesa, compartir.

Lo que pasa es que en este matrimonio,

tú tienes poco que aportar, ¿no?

No como mi padre, ¿verdad?

Eso en mi pueblo, en mi pueblo y en todos los sitios,

se le llama pegar un braguetazo como Dios manda, ¿no?

Tú estás obsesionado con el dinero, ¿verdad?

A mí me da igual lo que tenga tu padre, y él lo sabe.

Hasta le devolví el último céntimo de la casa de Comillas.

Sí, pero con una boda de por medio la cosa cambia.

Hablamos de un imperio empresarial, no de una casucha medio en ruinas.

Es que yo no quiero el imperio, me conformo con el viejo emperador.

Pues me quitas un peso de encima.

Pues no te importará casarte en separación de bienes?

Pues la verdad es que aún, tu padre y yo no hemos hablado de eso.

Qué poco conoces al viejo emperador.

Y mira que es tu prometido, ¿eh?

Mi padre es un hombre de negocios, vive por y para el dinero.

Y si no te lo ha propuesto, no te preocupes,

que más tarde o más temprano, lo hará.

Entonces veremos si es de verdad eso de... "El amor".

Mira a ver en las últimas páginas, en oportunidades.

Ella ha perdido todo el dinero y ahora necesita trabajo.

Y Lorena justamente me ha dicho

que el de la tetería, ¿sabes?, está buscando gente de confianza.

Y yo he pensado que podía decírselo a Cristina,

para que llame al dueño y se ofrezca para...

para llevar el puesto.

De verdad, Paolo, ¿tú estás "zumbado"?

¿Quieres tener a Cristina aquí?

¿Para qué, para verla todos los días?

Venga ya, hombre, no me fastidies. Ya...

Paolo, es muy noble por tu parte que quieras ayudarla,

pero creo que ahora debes pensar un poco más en ti, ¿no?

Esta ciudad es muy grande, seguro que encuentra otra cosa.

(NICOLÁS) Y ahora tienes una relación con Marta.

Que no merece volver con ella. De verdad, hazme caso.

Ya. ¿Eh?

Claro, hombre.

¿Qué crees que va a pensar Marta

si le consigues un trabajo justo al ladito a tu ex?

Lo mismo te manda a la mierda, yo lo haría.

Perdonadme, pero ¿estás saliendo con Marta?

Sí. Qué calladito te lo tenías, ¿no?

La verdad es que estamos muy bien juntos.

Marta es una mujer maravillosa.

Pues si piensas así de ella, cuídala, ¿eh?

Cristina es el pasado, Paolo. Ya está, pasa esa página,

Sí, sí. Tenéis razón.

Cristina puede vivir perfectamente sin mí.

Y yo sin ella, ¿eh? Vamos, seguro.

Me mola que vengas a verme al mercado.

Me tranquiliza saber que tu jefe no te ha secuestrado... aún.

(LUCÍA) No estarás celoso, ¿no? Si es un viejo.

¿Yo, celoso? -Sí.

Pues no, tía. Pero ya lo sabes, no me gusta que tontees con él.

Jonathan, no estoy tonteando con él. Solo le sigo el rollo.

Pero yo a Nacho no lo toco ni con un palo.

Si quieres que te contraten, haz tu trabajo y punto.

No hace falta que lo calientes.

Hombre, yo estoy haciendo mi trabajo y creo que lo estoy haciendo bien.

Pero si para ganarme a mi jefe, tengo que seguirle el rollo un poco,

pues lo hago.

Ningún curro es tan importante como para seguirle el rollo,

y por un contrato de mierda.

No lo entiendes, tío.

Quiero progresar en la vida.

Para eso he estudiado todo este tiempo.

Y mira, Jonathan, si me contratan,

voy a cobrar 1500 pavos al mes,

que me da para vivir más o menos bien

y darme algún capricho que otro.

Además, que la empresa es superpotente.

Tiene hasta oficinas en el extranjero.

Y si no basta solo con ser buena y tengo que aprender a relacionarme,

pues eso es lo que hago y punto.

Jonathan, con Nacho me quedan cuatro días.

Y si me contratan, que estoy segura de que me van a contratar,

tú y yo haremos lo que queramos.

Perdemos de vista a Nacho.

Incluso nos podemos hacer algún viajecito. ¿Eh?

¿Has estado en Londres?

Pues no.

Estuve a punto una vez con sorteo que le tocó a Samu, pero no.

Lo más lejos que he estado es en Fuengirola.

Y fui a dedo.

Bueno, pues estoy segura de que te va a encantar.

Me voy.

Un beso, amor.

Ah, oye, por cierto, no le digas nada de esto a Noa.

que no hace falta que sepa que su padre es un cerdo.

(LUCÍA) Hola.

¿Qué? -¿Qué tal con...

la becaria?

Bien. ¿Tú cómo vas?

Aquí, a recoger un paquete.

Pues... a mí me acaban de invitar a Londres, ¿cómo te quedas?

Pues no parece que te haga mucha ilusión, ¿no?

A ver, es que Lucía está muy a tope con la relación, pero...

hay cosas de ella que no me molan nada.

¿Qué cosas?

Cosas.

De su forma de ser. En realidad, somos muy diferentes.

Ya.

Hombre, yo prefiero no opinar acerca de ella.

Pero, tío, no te dejes camelar con viajecitos.

Si hay algo que te ralla, habla con ella.

No tienes que tragar con cosas que no te molan.

Y ella es mi madre, Violeta.

Los padres de Germán, Adela y Elías. Encantada... y bienvenida.

Encantada.

Ahora, viéndoos juntos,

entiendo que tengáis un hijo tan guapo.

Bueno, eso es mérito de la madre. (VIOLETA) Eso siempre.

Yo espero que Germán hable tan bien de mí

como lo hace de vosotros.

¿Nos sentamos?

Bueno, hombre, bueno...

Me he tomado la libertad de pedir un vinito para abrir boca.

A todos nos gusta el vino, ¿verdad?

Yo prefiero un agua con gas, por favor.

Pues nada, no se hable más, un agua con gas, ¿eh?

Adela, tú si quieres vino, ¿no? Sí, sí. Gracias.

De nada.

Lorena, cuando puedas, para Violeta un agua con gas.

Claro, cuando pueda, que solo tengo dos manos, ¿no?

Bueno, ¿qué queréis comer?

¿Empezamos picando algo primero?

Sí. Empezamos picando algo. Me parece muy bien.

Lo que queramos, ¿eh?

No os preocupéis, el bar es mío,

así que barra libre con el pica-pica.

Trae un poco de todo, y raciones generosas.

Generosas, muy bien. A la orden.

Bueno, hombre.

Bueno, a parte del bar,

también somos los dueños del puesto de fruta que hay ahí,

de una empresa que distribuye la misma fruta

y una red de franquicias.

Pero tampoco quiero aburrirte con nuestros negocios.

¿Pensamos en los primeros?

Sí, claro. (JAVIER) Cuando queráis.

Pido por ti, ¿verdad, mamá? Sé lo que le gusta.

(VIOLETA) Y lo que no me gusta también.

Como por ejemplo, los hombres fanfarrones y pretenciosos.

No, no lo digo por ti.

O al menos no podré decirlo hasta que no te conozca mejor.

Aunque ese comentario sobre el bar y los negocios

me ha resultado tan innecesario, ¿verdad?

Verdad, verdad, completamente innecesario.

De hecho, siento mucho haber parecido presuntuoso.

No era mi intención, sino que te sintieras como en casa.

Discúlpame tú, entonces.

Nada, mujer.

Sin duda se trata de un malentendido.

Nada importante.

Pues sí, yo pediré lo mismo que Javier.

Tenemos los mismos gustos, ¿verdad, cariño?

Pero que lo pruebe primero él,

no vaya a ser que venga con un repelente antisuegras.

Esto te pasa por meterte donde no te llaman.

Sabía dónde estaba y cómo volver,

pero como la hermana de Carla me dijo esas cosas y me gritó,

pues me puse nervioso.

Y dejó de funcionar el GPS. Por eso te llamé.

Bueno, venga, ya está, dejemos de dar más vueltas al tema.

Toma.

"Muffins", gracias.

¿Cómo has localizado a Martina?

¿Y qué le has dicho para que te abronque?

Te dije que no tenías que venir.

Quería ayudar a Carla. Ella te ayudó con tus amigos.

Es un favor por favor. Ya lo sé, pero no la conocemos

como para meternos en su relación con su hermana.

Por eso quería saber antes sobre Martina.

Llamé a los centros de la comunidad hasta que me dijeron dónde estaba.

La esperé en el colegio hasta que me dijeron: "Es ella".

Te tomas muchas molestias por tu amiga,

porque no me vas a negar que es tu amiga.

Aún lo estoy valorando, pero puede ser.

¿Puedo continuar? Sí, perdona.

Cuando le dije a Martina por qué estaba allí, se enfadó conmigo.

Dijo que Carla me había mandado para ablandarla, pero era mentira.

Le dije que fui para saber por qué estaban enfadadas.

¿Y? Entonces, se enfadó todavía más.

Me dijo que a Carla no le importaba y que estaba allí por su culpa...

y que era una egoísta y que... solo miraba por ella.

Ya, entiendo.

Pero creo que Carla no abandonó a su hermana.

¿Verdad?

Mira, cariño, creo que te estás obsesionando mucho con este tema.

¿Por qué no dejas que se calmen las cosas?

¿Cuánto hay que esperar a que se calmen?

Vamos a hacer una cosa.

Voy a ser yo la que hable con Carla de este tema.

Pero tranquilamente y sin prisas,

que estas cosas hay que hacerlas con tacto, David, ¿vale?

Venga, que me estoy quedando helada.

Tira.

Esta es de chocolate con crema y esta tiene...

A Javier le encantaba peinarme y maquillarme cuando era pequeño.

Era un amor.

Siempre me acompañaba a comprarme la ropa interior.

Le encantaba la lencería fina.

Bueno, lo miraba y lo tocaba todo, con los ojos como platos.

¿Te acuerdas, cariño?

Estaba muy rica la comida, ¿no? -Ay, espera, espera,

que tengo otra historia divertidísima de Javier.

Aquel año que nos fuimos de vacaciones a la Costa Brava,

y resulta que en el hotel organizaron una fiesta de disfraces.

Pero aquel día... -Ya está bien, mamá, por favor.

(VIOLETA) Déjame que lo cuente. Si es divertidísimo.

¿Por qué no quieres que lo cuente? -Demasiadas historias.

Deja que los demás participen.

O sea que si no hablan, ¿es por mi culpa?

No, no, mujer, por favor, no es eso.

Y ahora que habéis sacado el tema,

yo tengo alguna anécdota graciosa con Germán.

Ya me extraña.

¿Y por qué te extraña, si puede saberse?

Porque no pareces el tipo de hombre que se ocupe de un hijo pequeño.

Ah, ¿sí? ¿Y se puede saber por qué te parece eso?

Venga ya, se ve a la legua que no has cambiado un pañal en tu vida.

Oye, Violeta, perdona, ¿eh?

Yo he ayudado mucho en casa. Adela, ¿sí o no?

Uy, sí, sí, alguna vez.

Lo que yo decía.

Escúchame una cosa.

¿Estás diciendo que no ayudaba en casa?

Yo no digo que lo hiciera todo, pero siempre que podía, ayudaba.

Claro.

Ese es el problema, que los hombres siempre pueden muy poco.

Eso es verdad.

¿Qué quieres que diga, Elías? Ella tiene razón, ¿no?

No sé cómo sería antes,

pero ahora, Germán y su padre están muy unidos.

No creo que lo hicieses tan mal. Gracias.

¿Y qué tiene que ver una cosa con otra?

A ver, mamá, tú no es que te mataras a trabajar en casa.

¡Uy! ¿Y a qué viene eso? -Teníamos chica.

¿O es que ya no te acuerdas? -¿A ti qué te hace tanta gracia?

Que es fácil ir de feminista por la vida y dar lecciones

con una chica que te lo hace todo. Ya vale, Elías.

Vamos a hablar de otra cosa. ¡No, ya vale no!

Que me ha llamado machista. Me está llamando vago.

(VIOLETA) Lo eres.

Además de un arrogante y un prepotente.

¿Y tú sabes lo que eres, Violeta? ¡Una pija asidua de bingo!

(VIOLETA) ¿Sabes lo que te digo?

¡Que prefiero ser una pija y no un cromañón!

¡Mamá! ¡Mamá! Espera.

Disculpad.

(JAVIER) ¡Mamá!

¿En serio? ¿Otra vez?

Ah, que la culpa es mía, ¿no?

Lleva toda la comida tocándome los mismísimos. ¡Toda la comida!

Adela, ¿sí o no?

Es que sois unos críos.

Ahí va. -Tenemos que hablar.

Sí, precisamente quería enseñarte una cosa.

Una cajita de frutas exóticas.

Tiene pitahaya, yaca, mangostino, lichi...

Tenía pensado regalarla a los invitados a la boda.

¿Qué te parece? Original, ¿no?

Está bien.

Y la primera de todas, para ti.

¿Te pasa algo?

¿No te gusta esta clase de frutas?

Son carísimas, ¿eh?

Y tan dulces como tú.

Ah, pues entonces no me va a venir mal...

porque tu hijo me ha amargado el día de buena mañana.

A ver, ¿qué ha hecho ahora?

Elías dice que te quieres casar con separación de bienes, ¿es verdad?

Bueno, que tenemos que hablar de ese asunto.

¿Qué pasa, te molestaría? -No.

No me molesta que lo hablemos.

Lo que me molesta es que sea él el que me venga con el cuento.

Ha sido idea suya, ¿verdad?

Pues sí, la verdad.

Al fin y al cabo, es uno de los herederos.

Ya me lo imaginaba.

Porque tú serías incapaz de proponerme una cosa así, ¿verdad?

Tú sabes que yo no voy a por tu dinero, lo sabes.

Sí, sí, lo sé.

Yo nunca haría nada que pudiera perjudicar a tu familia.

Ya lo sé.

Yo quiero una boda como las de antes.

Y si no confiamos el uno en el otro, mal empezamos.

Antes no pensábamos estas cosas, eran otros tiempos.

Ah, o sea ¿que lo has pensado?

¿Quieres casarte con separación de bienes?

¿Ya no confías en mí? ¿Crees que voy a por tu dinero?

-No, qué va. Pero no sé por qué te molesta.

Si no vas por mi dinero, ¿qué más te da casarte con separación de bienes?

¿Cómo te casaste con Consuelo?

Pues como se casaba la gente antes, por la Iglesia, con pedida,

anillo, banquete de bodas...

¿Y separación de bienes?

Gananciales.

Pues eso mismo quiero yo, la misma boda que tuvo Consuelo.

No es una cuestión de dinero, es una cuestión de confianza.

No me gusta que te dejes manipular por tu hijo.

No pensaba que fueras tan calzonazos.

Lo siento, hijo, he fastidiado la comida con tus suegros.

-Por una vez estamos de acuerdo.

¿Por qué tenías que meterte con Elías todo el rato?

Me ha llamado pija. -Empezaste tú llamándolo machista.

Es que lo es. -¿Y qué más da?

Ese no era el tema hoy, ¿verdad?

Se trataba de conoceros las dos familias

para celebrar que Germán y yo estamos juntos y somos felices.

Llámame loco, pero, perdona, creo que no lo hemos conseguido.

¿Por qué tenías que meterte con Elías?

Cuando te presenté a Germán, fuiste encantadora con él.

¿Por qué estabas tan quisquillosa?

Nada, he confirmado mis sospechas.

Cariño, esa familia no está a nuestra altura.

Pero ¿qué dices, mamá?

(VIOLETA) No te engañes, por favor.

Por mucha empresa que tengan, no dejan de ser simples fruteros.

¿Y?

Pues que son gente...

demasiado sencilla.

¿Qué quieres decir con "sencilla"?

Pues que son nuevos ricos, caramba.

Currantes venidos a más.

Y que se dan unos aires... vamos, del rey del mambo.

Pero no tienen ni educación ni cultura.

Son muy ordinarios. -Eso es mentira.

Y aunque fuese verdad, tampoco te da derecho a despreciarlos.

Lo siento, pero no.

Son lo peor.

Sobre todo Elías.

Me recuerda mucho a tu padre.

¿Qué dices? ¿Qué tiene que ver Elías con papá?

(VIOLETA) Son igual de chanchulleros.

A ver si te crees que la gente se hace rica vendiendo melones.

Y esos aires que se da,

de gran magnate enamorado de sí mismo.

Muy fuerte, ¿eh?

No lo soporto.

No te ha pedido matrimonio.

Solo faltaba.

Pero el pobre Germán sí que tiene que trabajar con él.

Y eso sí que es un problema.

Porque acabamos pareciéndonos a la gente con la que tratamos,

y él lo tiene como referente.

Lo ha dejado muy claro, él admira a su padre.

¿Tú qué quieres, compartir tu vida con un clon entre tu padre y Elías?

¡Por favor! -Ya está bien, mamá, por favor.

Hagamos como que esta conversación no ha existido.

Acábate la tila y te llevo a casa.

Pero te digo una cosa, y que te quede bien clara,

Germán y papá no tienen nada que ver.

¡Eh, eh, eh! ¿Qué haces? ¿Qué haces? Dame eso.

Toma. Es que se me ha olvidado mi disco duro

para hacer un "back up" del disco de hoy.

(NACHO) Ya, pero este está lleno. Ahora te doy otro.

Toma. Utiliza este.

Vale. Gracias.

Oye, Nacho, que estoy pensando que...

que igual tenías razón

y que es un poco incómodo hablar con Rosa por aquí.

¿Por qué no nos vamos tú y yo a tomar una copa?

Eh... Bueno, me encantaría, pero no puedo dejar sola a Rosa.

Bueno, a ver, Rosa está muchísimo mejor.

Y tú necesitas desconectar un poco.

A ver, esto no es ser infiel ni nada de eso.

Ya...

(Timbre)

¡Mierda!

Espero que no hayan despertado a Rosa.

¿Qué quieres? -Ver a mi hermana.

Está dormida.

Y no querrá verte después de la bronca.

No te preocupes, quiero hablar contigo.

Bueno, me voy a comer. Nos vemos esta tarde.

Claro. Chao. (AMBAS) Hasta luego.

A ver, ¿de qué quieres hablar?

¿Estás medicando a Rosa a sus espaldas?

Escucha. ¿Qué quieres, que la deje tomar solo hierbas?

Estaría ingresada, como dijo el médico.

No te equivoques, estoy a favor de que tome la medicación,

pero lo que no estoy a favor de que lo hagas a sus espaldas.

Ah, claro. ¿Y qué quieres, contarle la verdad?

Muy bien, es justo lo que necesita tu hermana ahora, un disgusto.

Qué asco me das. Qué miserable eres.

Muy bien. Has conseguido engañar a todo el mundo, pero a mí no.

Ya lo sabes, a mí ya no.

Y ándate con cuidado,

porque tarde o temprano, Rosa se va a enterar de esto.

Ponme otra a mí. ¡Oye, papá! ¿Qué haces ahí?

Pues esperándote para tomar una copa y tener una charla padre-hijo.

No es buen momento, ¿sabes?

Acabo de conocer a la suegra de Germán.

Así que necesito tomarme un copazo

y reponerme antes del siguiente combate.

¿Qué has hecho? ¿Pelearte con la madre de Javier?

Claro, hombre. ¿Cómo no?

Ya has dado por hecho que ha sido culpa mía, ¿verdad?

Pues no. Solo he hecho defenderme, no paraba de atacarme.

Esa mujer está loca perdida.

Por una vez, podrías ponerte de mi parte.

Lo siento, pero no paras de demostrarme

que no puedo confiar en ti.

¿Ya te ha ido Valeria con el cuento?

¿Y qué?

¿Qué pasa? Que no le gusta la idea

de casarse con separación de bienes, ¿verdad?

Pues si te quiere de verdad, no le importaría, ¿no?

Ah, no, claro, no.

Le tiene que importar,

porque si no, tú no estarías aquí, conmigo, tomándote una copa.

Pues mira, papá,

lo siento mucho.

Pero me alegro de haberla desenmascarado

y evitar de que te convirtiera en un desgraciado.

Aquí el único desgraciado que hay eres tú.

Y la culpa es mía

por dejar que te conviertas en un mamarracho.

Papá...

Si insultándome crees que te vas a sentir mejor, adelante,

insúltame lo que te dé la gana.

Pero no he sido yo quien te ha roto el corazón, papá.

Ni tampoco quien se iba a casar contigo por tu dinero.

(Puerta abriéndose)

Ya estoy aquí. Ya puedes dejar de llamarme.

¿Dónde estabas? ¿Por qué no me cogías?

No era un buen momento. Intentaba calmar a mi madre.

¿Cómo está? ¿Qué te ha dicho?

¿Tal mal ha ido?

¿Por qué siempre me tienen que pasar siempre estas cosas?

No has respondido. ¿Qué te ha dicho?

¿Qué más da, Germán?

Estaba atacada y se le iba la fuerza por la boca.

Lo mejor es que no le demos más importancia a esto, ¿vale?

Lo siento.

Si es que sabía que no iba a ir bien.

¿Por qué sentirnos culpables por el comportamiento de nuestros padres?

Es ridículo.

Vamos a dejar que pase el tiempo y que lo olvidemos.

Sí. Voy a evitar que se encuentren durante una temporada.

Y me voy a disculpar con tu madre.

Gracias, pero casi mejor que te mantengas al margen.

No quiero que estés en su punto de mira.

Al margen, ¿por qué?

Te empeñaste tú en presentármela como tu novio.

¿Quieres esconderme ahora? -No, no es esconderte. Es...

evitar el conflicto hasta que se enfríe la cosa.

Ya, amor, pero nos hubiésemos ahorrado toda esta situación

si no lo hubieras forzado.

Te dije que no era buena idea juntarla con mis padres.

Vale, lo siento.

Confiaba en que tu padre sabría comportarse.

¿En serio? Que fue tu madre la que no dejó de lanzarle dardos.

Sí, ella también se comportó fatal,

pero al final de la comida, tu padre se puso mucho peor.

No estoy de acuerdo.

Todo el mundo tiene un límite, amor,

y mi padre aguantó mucho más de lo que habría aguantado con nadie.

Cariño, la comida duró una hora.

Si ese es su aguante, perdona, pero no tiene mucho.

Vamos a ver, tu madre no le dio tregua.

Fue a degüello, y mi padre, sí, la cagó, "okay",

pero solo intentaba agradarle.

¡Venga, que la llamó pija! Hombre. -Ah. ¿Y no lo es?

Y tu padre un cromañón. Mira, los dos tiene razón.

¡Alucino! O sea, eh... ¿le estás dando la razón?

Tú estás defiendo a tu padre y es la primera vez desde que te conozco.

Precisamente, porque por una vez, no es el que se ha portado peor.

Y no lo digo por tu madre solo,

porque te estás portando como un idiota ahora mismo.

Mira. A lo mejor mi madre tiene razón...

y lo nuestro no es buena idea.

Tal vez sí.

Tal vez tenga mucha razón y no es una buena idea.

(JESÚS) Te entiendo más de lo que crees.

Es difícil ver felices a los que te rodean

cuando te sientes un desgraciado.

Pues tiene que ser así, pero no sé,

porque como yo no me siento un desgraciado...

Sé de lo que hablo.

Cuando murió tu madre, no podía soportar

ver que todo el mundo seguía con su vida.

¿Qué tiene que ver mamá con todo esto?

Tienes razón, no tiene que ver nada.

Yo vi morir a mi mujer...

y tú has perdido a la tuya por imbécil.

Papá, que seas mi padre no te permite faltarme al respeto.

¿Respeto? Pero si es algo que no sabes lo que es.

Tú no respetas nada ni a nadie.

Es increíble.

Desde que estás enchochado con Valeria,

vas por la vida como si fueras un caballero andante.

Los demás, vale, pero ¿a mí? No, hombre, no.

A mí no me des lecciones de moral, que yo he visto demasiadas veces

el tipo de persona que puedes llegar a ser.

¿Y tú que piensas, superarme? ¿Eh?

¿O es que lo usas para culparme de tu fracaso?

Lo siento mucho, papá, de verdad.

Sé que te gustaría,

pero es que yo no me siento ni un fracasado ni un desgraciado.

No. De verdad que no.

Yo simplemente quiero que me dejes en paz

y tomarme la copita tranquilo.

Yo no estaría aquí si no hubieses metido las narices en mi vida.

Y si vuelves a hacer algo así,

me voy a convertir en tu peor pesadilla.

Deberías darme las gracias.

Por mucho que te duela,

te he descubierto qué tipo de persona es Valeria.

Lo que he descubierto yo

es que tengo un hijo que es un egoísta y un amargado.

Lo tenías todo y lo has tirado todo por la borda.

Sé un hombre y asume las consecuencias de tus actos.

Y no te acerques a Valeria.

No voy a repetírtelo.

Si vuelves a hacer algo así, no habrá más que decir.

Solo consecuencias.

¿Cristina?

Adela.

Ay... Qué alegría de verte.

Estás igual de bien que siempre.

Gracias. Perdona, dejo esto en el mostrador.

Sí, no quiero molestarte.

Diento haber estado desconectada, pero han pasado tantas cosas...

Ha quedado preciosa. Se nota tu buen gusto.

¿Qué haces aquí, tan lejos de Nápoles?

He vuelto.

¿Y Doménico?

Doménico se ha quedado en Nápoles.

Y espero que para siempre.

Ya... No era tan fascinante como creías, ¿no?

No. Detrás de esa fachada de hombre misterioso,

había un hombre... inmaduro dependiente.

Ajá. Hay muchos así, que se esconden tras una máscara.

Conozco unos cuantos, sí.

Me siento tan tonta...

A veces lo pienso y me pregunto...

cómo me dejé fascinar por un hombre desconocido.

Yo pensaba que era un hombre ideal, pero de ideal no tiene nada.

¿Y qué pasó?

Cuando llegamos a Nápoles y se reencontró con sus viejas amistades,

empezó a tratarme diferente, todo cambió.

¿Y el restaurante que abristeis? Tampoco funcionó.

Me dejó a cargo de todo y él se dedicaba a invitar a sus amigos.

Me ha arruinado, Adela. Vaya...

Sé que no sirve de ayuda, pero mira que te lo dije.

Lo sé. Y no sabes la de veces que me he arrepentido

de no haberte escuchado.

Bueno, ¿qué tal tú? ¿Tu familia? ¿Qué tal Elías?

Están todos bien.

Yo acabo de firmar los papeles del divorcio con Elías.

Vaya. Ajá.

Pensé que habíais vuelto. Se lo veía dispuesto a recuperarte.

Sí, eso parecía.

Pero en realidad no estaba dispuesto a cambiar...

ni yo estaba dispuesta a estar con alguien... infiel y desleal.

(LUCÍA) ¿Te puedo ayudar, guapo?

Pues no, guapa.

Mejor reserva las fuerzas, porque pienso hacerte sudar mucho.

Pero mucho, ¿eh?

¿Qué pasa, que vas a volver a cancelar nuestros, planes o qué?

Bueno, Jonathan, lo siento,

pero me debo quedar hasta tarde maquetando...

Mira, haz lo que tengas que hacer. Tengo claras tus prioridades.

A ver, Jonathan, no siempre va a ser así, te lo prometo.

Bueno, prefiero no hacerme ilusiones, porque visto lo visto...

A ver. Podemos hacer una cosa si quieres.

El "finde" vamos al cine y luego te lo recompenso.

¿Eh?

Venga, no te enfades,

¡Eh, eh, eh! Idos a un hotel, hombre.

Que uno se pone tonto a mirar... -Cállate, capullo, anda.

Hola, Samuel. ¿Qué tal? -Hola. Muy bien.

Bueno, luego te llamo, ¿vale? -Venga.

Hasta luego. (SAMUEL) Chao.

(BURLÓN) "Bueno, luego te llamo ¿vale?".

No me lo puedo creer. Pero ¿no te quedó claro?

Nadie quiere verte en el mercado. -Déjame en paz. Hablo con una amiga.

-Aquí no te quedan amigos.

Todos hemos sufrido mucho por Paolo.

Celebramos que se librase de un bicho como tú.

A ver, Carmen. Ya vale, tampoco hace falta cebarse.

Si estuviera arrepentida, no habría vuelto.

¿Tienes idea de lo que le ha costado a Paolo

superar lo que le hiciste?

¿Qué haces aquí? ¿Has venido a torturarlo?

La verdad es que Paolo ha pasado un infierno.

Yo he pasado por algo parecido y lo sé.

Me gustaría no tener que ver a Elías, pero no tengo otra opción.

Os lo creáis o no, quiero al padre de mi hijo y lo respeto.

Si he venido ha sido para intentar rehacer mi vida.

Necesito trabajo, si conoces a alguien...

(CARMEN) Solo faltaba que buscaras trabajo aquí, vamos.

Gracias, Carmen, siempre es un placer volver a verte.

¡No puedo decir lo mismo, bonita! ¡Ojalá sea la última!

A ver, Carmen, vale ya. Que no vale la pena.

No le he dicho ni la mitad de lo que se merece.

Hay que tenerlos cuadrados para buscar trabajo aquí.

Pues ha llegado en un momento muy oportuno,

porque los de la tetería buscan personal

y ella se conoce el mercado, lo mismo la contratan.

Pues lo que tenemos que hacer es que no se entere.

Lo último que necesita Paolo es verla aquí todos los días, Adela.

Ya... La verdad que no sería justo para él, no.

El caso es que apenas nos vemos.

De hecho, esta tarde íbamos a ir al cine, y al final nada.

Hasta mañana ya no la veo. -Ya...

Y te ha sentado como el culo, ¿no?

Pues sí, pero empiezo a cansarme

de los rollos raros y de los plantones

¿Qué rollos raros?

¿Te ha pedido algo chungo en la cama o qué?

Ojalá.

No, el caso es que ella le pone a su jefe

y lo está aprovechando para sacarle partido.

Espera, espera, espera. ¿Su jefe no es Nacho?

Sí.

Al capullo, Lucía le pone a tope.

Venga ya. -Que sí, tío.

Yo tampoco me lo creería, pero lo he visto con mis propios ojos.

Y fui tan idiota de darle la idea a Lucía sin querer.

Joder con Nacho. Qué grima.

Está desesperada por que la contraten.

Nacho no se lo ponía fácil, y ella decidió ponerlo cachondo.

Pero ¿han tenido algo?

Claro que no. -Pues ya está.

Él lo está deseando y ella lo provoca.

¿Te molaría que tu novia hiciera eso?

A ver, Jonathan, pues no.

Pero también te digo

que las tías están continuamente con tíos babosos alrededor,

diciéndoles de todo, pues mira,

si una se aprovecha, pues qué te digo, que me parece bien.

¿Eh?

Ellos piensan con la... -Calla, calla, tío,

que me viene la imagen de Nacho y... Qué asco, de verdad.

Tranquilo, tío, hombre.

Este carca no te va a levantar a la novia.

En cuanto la contraten se acabó la tontería y ya está.

Eso espero, tío.

¿Y Noa sabe algo de todo esto? Porque va a flipar.

No, no, claro que no.

Y no le digas nada, porque...

con toda la movida de su madre, no quiero rallarla yo ahora.

Vamos, sería lo último,

destapar ahora que Nacho es un cerdo y un viejo verde.

Por mí no te preocupes, anda. Tranquilo que no diré nada, ¿vale?

Anda...

(CARLA) Martina...

No. Yo no tenía ni idea.

Te digo que no tenía ni idea.

No sé ni cómo supo la dirección para presentarse allí.

No tengo ni idea. No, no te estoy mintiendo.

Ya lo sé. Sí, ya sé que me has pedido un tiempo, lo sé.

Martina, no me cuelgues.

Eh. Carla, cariño, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado?

¿Que qué ha pasado? ¿Qué le has dicho a David?

Lo siento.

Estaba muy preocupado y le hablé de tu familia. Perdón.

¿Cómo has permitido que se fuera al centro?

¿Crees que quiero que David vaya a un centro de menores?

Me llamó desde allí.

Tendrías que haber previsto lo que iba a pasar.

Vamos a ver, yo solo intentaba que entendiera la situación.

Pues a ver si intentas que entienda

que, por su culpa, ahora mi hermana me odia el triple.

Vamos a ver, solo quería ayudar. ¡Carla, para!

Cuando David quiere a alguien que tiene un problema,

no para hasta que lo soluciona.

Es mi familia, es mi intimidad.

Lo siento.

Me puedo disculpar con tu hermana. No, no, no.

A mi hermana la dejamos en paz.

Ella no quiere saber nada de mí ni de mi vida,

así que yo he decidido que la voy a respetar.

Lo lamento por ella, porque te veo con David todos los días

y sé que eres una hermana mayor maravillosa.

Ella no opina lo mismo.

Y no la culpo, sinceramente.

No supe estar ahí cuando me necesitó y se sintió totalmente abandonada.

Carla.

Escúchame, las dos habéis sufrido mucho.

Y me da mucha pena que no sepa lo mucho que la quieres.

Tienes que luchar por recuperarla.

Venga, no llores más.

Ya está.

Le he metido más colores,

pero si no te gustan, se los puedo quitar.

A ver...

Bueno, no es mi estilo, pero... no está mal.

Bueno, creo que por hoy, ya hemos terminado la jornada.

Bueno, a ver, igual es un poco pronto para tomar unas copas,

pero si quieres, podemos empezar con unas cañas.

(NACHO RÍE) Gracias, te lo agradezco, pero...

pero no va a poder ser, ¿eh?

Tú sal y diviértete con tu novio,

que yo no tengo edad ni ganas de fiesta.

Uy...

¿Cómo que no? Si todavía estás en forma.

Gracias por hacerme sentir joven, pero...

no vas a hacer que cambie de opinión.

¿Por qué?

¿Qué hay de malo en tomarte unas cañas con tu compañera de trabajo?

Porque... ¿tienes miedo a algo?

No, no tengo miedo a nada.

Pero tengo que llevar a Rosa a revisión y quedarme a cuidarla.

Ya, bueno, pues espero que no sea una excusa, porque no la necesitas.

No, no lo es.

Y por otro lado no tengo que darte explicaciones. ¿No?

Ya...

Igual pues no ha sido una buena idea haberte invitado a tomar algo.

Dame el ordenador, anda, y quítate el abrigo.

¿Por qué? Si me has dicho que...

Ya, pero he cambiado de opinión.

Quiero retocar esas fotos, ¿eh?

Todavía queda un rato para la cita del médico.

Venga, mujer, hay que cerrar,

y te vendrá a buscar ahora mismo Jesús, ¿no? ¿O qué?

No creo que venga.

Ni quiero.

No tengo ninguna gana de verle la cara.

Mantente al margen, te lo advierto.

¿Otra vez me estás amenazando?

No engañas a nadie, lo único que quieres es joderme.

Te importa una mierda tu hermana y sus derechos.

-¿Tú eres imbécil o qué te pasa?

Yo, a diferencia de ti, quiero a mi hermana.

Pero además, la respeto.

Ya... Por eso te largaste, ¿no?

¿Cristina?

Celia. ¡Ahí va!

Pero bueno, ¿cuándo has vuelto?

Volví ayer al mercado.

La única que se alegra de verme. Para el resto soy una apestada.

Y si lo que no te apetece es salir conmigo, me lo dices y punto.

¿Adónde vas, Marta?

Me he cansado de hablar sola, y tengo cosas que hacer.

Creo que tienes que organizarte la cabeza.

No te vayas, por favor. Lo siento.

Perdóname, no... no sé dónde tengo la cabeza hoy.

Pues yo sí...

en tu ex.

No me equivoco con las personas.

Pues esta vez te aseguro que sí.

Tú puedes asegurarme lo que te dé la gana,

pero yo tengo claro lo que pienso.

Y esa conversación es absurda, no tiene ningún sentido.

¿Sabéis la dosis recomendada de alcohol diaria? Cero.

Y ya van dos veces. El otro día ya te emborrachaste.

Cariño, no me emborraché.

Y anoche tampoco.

¿No sabes que el alcohol crea adicción?

No debí ponerte en contacto con tus amigos, son mala influencia.

Sigo pensando lo que le dije, pero equivoqué las formas.

No quería hacerle daño.

Eres demasiado buena.

Tu hermana no se preocupa por ti.

No pienso dejar que sufras por ella, y menos estando convaleciente.

Carla, todas las familias tienen problemas

y a veces puede llegar a ser complicado, pero escúchame.

Yo no creo que tu hermana te odie.

Dices eso porque no la conoces.

Pero ella lo piensa.

Mi padre otra vez. Pero ¿por qué no me deja en paz?

Igual tu padre quiere... Da igual, Jorge.

No quiero hablar con él con la que me ha liado.

Vas a tener que hablar conmigo, te guste o no.

Quería verte.

Sabía que te iba a echar mucho de menos.

Me voy.

Me voy a la camita.

Pero antes... un besito de buenas noches.

Con otros asuntos no has tenido tantos reparos.

Bueno, eso es problema mío.

Y mío.

Ahora tenemos muchas cosas que compartir.

Toma.

¿Qué es esto?

Documentación sobre el millón y medio de euros

que tienes en Andorra.

Lo dices para quedar bien ante tu novia. Eres patético.

Yo nunca haría nada como tú, Nacho.

Ni con la medicación ni con otros temas.

¿Quién te crees que eres?

No necesito lecciones de un perdedor

que arruinó su matrimonio

y ha desatendido a su hijo y dejó que cayera en las drogas.

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Mercado central - Capítulo 112

03 mar 2020

Jorge y Nicolás convencen a Paolo para que no ayude a Cristina a encontrar trabajo en el mercado.

Elías hace creer a Valeria que Jesús quiere casarse en separación de bienes. La mujer se enfada con Jesús por la intromisión de Elías.

Jonathan no ve con buenos ojos los tonteos de Lucía con Nacho, pero ella sigue dispuesta a conseguir el trabajo. Jonathan le cuenta a Samuel la estrategia de Lucía y ambos acuerdan no decirle nada a Noa.

Violeta ataca a Elías frustrando la comida familiar. Violeta cree que su hijo merece una familia política mejor que los De la Cruz. Germán discute con Javier por defender a su padre tras el incidente con Violeta.

Lorena sigue el consejo de Jorge, pero planta cara a su cuñado.

A pesar de la oposición de Celia, David acude al centro de menores para hablar con la hermana de Carla, pero termina discutiendo con ella. Carla se enfada con Celia por haber permitido que David fuese al centro de menores.

Elías evade a Velasco. No responde sus llamadas.

Jesús reprocha a Elías que hablara con Valeria a sus espaldas.

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