Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 111 - ver ahora
Transcripción completa

Eh, Paolo.

-¡Eh, Nicolás!

-Hola, ¿tienes un momento?

-Claro.

¿Todo bien? ¿Qué es esa cara que tienes?

-Bueno, pues...

Es que no es fácil lo que te tengo que decir.

-¿El qué? -Pero mejor que te enteres por mí,

supongo.

Y que estés preparado.

-A ver, que me entere, que esté preparado...

¿De qué me hablas, Nicolás?

-Pues...

(Móvil)

-Volverán a llamar, sigue.

(Móvil)

-Eh... Bueno, mira, que...

¿Que no piensas contestar?

(Móvil)

-Bueno.

(Móvil)

Un momento, ¿eh?

¿Sí?

"Ciao", tesoro, escucha, estoy con Nico...

No.

¿En serio?

Pero... pero ¿cuándo...?

No.

Pero ¿cómo la habéis encontrado?

"Grazie mille", amor. No.

Sí...

Sí, sí, sí, vale, te vuelvo a llamar yo.

En diez minutos, de acuerdo.

"Ciao, ciao".

"Ciao, ciao".

Marta.

Sus amigos han encontrado una habitación para Andrea

en Liverpool. -Ah. ¿Y qué le pasó a Andrea?

¿Tenía problemas? -Pues sí.

Su propietario de piso le ha dicho

que él y sus compañeros de piso se tenían que ir.

Y, como no tienen contrato, Andrea se veía en medio de la calle.

Pero, por suerte, ahora, Marta ha resuelto el problema.

Y sin que yo le haya dicho nada, ¿eh?

-Ah, pues sí que se preocupa por Andrea.

-Sí. -Qué bien.

-Es que Marta es una maravilla, Nicolás.

Es de lo mejor que me ha pasado en la vida.

Pero te he interrumpido, perdón, ¿qué estabas diciendo?

-Ah, no, nada.

Eh...

Que quizá suben la cuota de los puestos

para la renovación, -No.

¿Más gastos? -Ya. (RESOPLA)

-Por eso tenías esa cara tú.

-Sí. Bueno, de momento, son rumores.

-Ya. -Sí.

-Pero yo pensaba que era una tragedia...

Si todo fuera eso...

Aunque, claro, pagar, pagar, siempre pagar.

Ya estamos con el agua al cuello.

A ver dónde llegamos.

Bueno, que sigo trabajando.

Pásate luego a tomar una caña.

¿De acuerdo? -Muy bien.

-No has sido capaz de decírselo, claro.

-Es que se le ve tan a gusto con Marta, tan contento,

que no quería amargarle el día. -Cobarde.

-Entra tú, que está dentro, si es tan fácil, díselo tú.

-Es que es tu amigo, no el mío, ¿no?

Tendrás que apechugar tú.

-A lo mejor tenemos suerte

y, con la bronca que le echaste, Cristina no vuelve.

-Sí, fijo.

Vamos para adentro, que hace frío. -Uf, de verdad...

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Y aquí tenéis.

"Mozzarella di bufala" con tomate y basílico.

"Bon apetito".

-"Bon pomeriggio".

-Tesoro mío. -Se dice así, ¿no?

-Sí, sí.

"Bon pomeriggio a te".

¿Qué haces aquí?

-Bueno... -No, no, no.

Ni te lo pienses, ¿eh?

Después de ocho horas trabajando en lo tuyo,

no vienes aquí a trabajar.

Que bastante has hecho para la habitación de Andrea.

-Si solamente he hecho una llamada.

¿Qué esfuerzo es ese, mi amor?

Y, además, me apetecía echarte una mano en la pizzería.

Y he estado documentándome

y he aprendido un truco para que la masa quede más crujiente.

-¿Qué truco es este?

-La semolina. -Ah, sí, sí.

La utilizábamos en la pizzería de mi padre.

Ahora no tengo.

-Pero yo sí. -Ah.

-La he comprado de camino.

Me voy a lavar las manos.

-Pero... si piensas que voy a cambiar la receta,

te equivocas, tienes que esforzarte mucho.

Hasta ahora.

¿Todo a vuestro gusto?

Perfecto. -Paolo.

-¿Qué... qué haces aquí?

-Volví hace unos días y...

quería hablar contigo para... para explicarte.

-Yo creo que tú y yo ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar.

Además, tengo mucho trabajo.

-Significa que el restaurante va muy bien, ¿no?

-Normal, como siempre.

-Mmm.

Hace días hablé con... con Andrea.

Se le ve contento en Liverpool, ¿verdad?

-Sí, sí, lo sé, hablo con él cada día.

Bueno, ¿te ha contado lo que...

que hemos resuelto el problema con la casa?

-No, no.

(PAOLO RESOPLA)

Pues tanto no hablaréis entonces si no ha querido contártelo.

-Paolo, será solo un minuto.

Si tienes mucho lío con las cenas, te puedo echar una mano, ¿mmm?

-Paolo, ¿dónde está la levadura?

-Marta, ella es... Cristina.

Cristina, Marta. -Hola.

Será mejor que me vaya, ya... hablaremos en otro momento.

-Sí.

-Adiós.

-¿Estás bien? -Sí, sí, sí.

No, la verdad es que no.

Ella... es mi exmujer.

Y ha vuelto de Napoli.

-Ya.

¿Y... qué quería?

¿Ha pasado algo? -No, no.

Mira, ni lo sé ni quiero saberlo.

Solo que me he quedado un poco tocado, pero...

Porque no me esperaba verla.

(SUSPIRA) -¿Seguro, Paolo?

Conmigo no tienes que disimular. -No.

-Sé cómo te trató.

Y... -No tienes por qué preocuparte.

De verdad.

Ella solo es la... Es la madre de mi hijo, nada más.

Entre tú y yo no cambia nada.

(LORENA SUSPIRA)

Muy bien, Rafael.

Pues, si yo me entero de alguien, te aviso.

Muchísima suerte.

-¿Quién era ese?

-Es un empresario que ha comprado el local de al lado.

Quiere hacer una tetería

y busca a alguien de confianza para llevarla.

¿Qué? ¿Te interesa?

-Oye, Lore, tenemos que hablar.

-Oh, oh.

Por el tonito,

no vamos a cotillear sobre la boda del abuelo, ¿no?

Has hablado con tu madre.

-La he dejado en casa con una tos horrible y disgustada.

-Qué sorpresa.

-Lore, lo digo en serio.

Estáis todo el día discutiendo, y no está para broncas.

-¿Y yo sí estoy para broncas? -No, a ver, mira.

Lo único que te pido es una tregua.

Hasta que se recupere. No sé, tía, muérdete la lengua.

-Yo siento muchísimo que tu madre esté enferma,

pero eso no le da derecho a meterse en mi vida, tía.

Ella me puede criticar a mí.

Y yo no la puedo criticar.

Ella me puede machacar y machacar y yo a recibir.

Pues estoy cansada.

No tiene ni idea de cómo es Jorge.

Vamos, por favor, ni que su marido fuera perfecto.

-No, Lore, claro que no es perfecto.

Pero, bueno, por lo menos, él ahora está

más pendiente de que... -¿Pendiente de qué?

¿De que veamos lo mucho que se preocupa por ella?

Por favor.

Un marido que quiere de verdad a su mujer

no estaría permitiendo que dejara los antibióticos

y estaría convenciéndola para que no se abocara

a esa... a esa tontería de la santería, por favor.

-Es que no ha dejado los antibióticos.

-A ver, explícame eso.

A ver, ¿qué quieres ahora?

Te he llamado para hablar de tu hijo.

¿Qué le pasa al niño?

Bueno, nunca pensé que...

que fuéramos a tener la típica conversación de padres divorciados.

Germán se avergüenza de nosotros.

Cuéntame algo que no sepa. Le pasa desde los doce años.

A ver, Germán ha conocido a la madre de Javier.

Y ella quiere conocernos.

Antes nos ha visto perder los papeles

y no quiere presentárnosla.

Teme que le dejemos en ridículo.

Muy bien, ¿y eso a mí que me importa?

Pues a mí sí me importa, y mucho.

No quiero que se avergüence de mí porque le dejaré mal.

Si tu hijo se avergüenza de sus padres, ajo y agua.

No me apetece hacer el paripé con una señora que no conozco.

Yo no estoy para gaitas, ¿eh?

¿Crees que me apetece ir a una cita en la que estás?

Maravilloso, perfecto, estamos de acuerdo en algo.

No vamos y punto. Germán está hecho polvo.

Qué exagerada has sido siempre. Oye.

Cómo me gustaría ser como tú.

Y que todos me resbalasen.

Lo que pasa es que ese es mi hijo.

Y creo que como mínimo se merece que nos sepamos comportar

delante de su familia política.

No hay que ser la pareja perfecta. No, faltaría más.

Solo quiero que Germán confíe en nosotros.

Y te pido que te comprometas a lo mismo.

Si no, solo conseguiremos...

que se aleje de nosotros, y con razón.

(SUSPIRA) ¿No hemos perdido ya demasiado?

¿Quieres perder también a tu hijo?

Qué manía le ha entrado a todo el mundo de celebrar el amor.

Que celebren lo que quieran, pero que nos dejen tranquilos.

A ver si se quieren casar estos.

No, hombre, no.

Simplemente están enamorados y quieren juntar a las familias.

¿Puedo contar contigo?

(SUSPIRA) Venga.

Elías.

Germán, justamente estábamos hablando tu padre y yo.

Y nos encantaría conocer a la madre de Javier.

¿Me estás diciendo que estáis medicando

a tu madre en contra de su voluntad?

Noa, eso es una barbaridad.

-Lore, mi madre se cerró en banda con los antibióticos, ¿vale?

Y cada vez estaba peor.

Mi padre ya no sabía qué hacer y se los siguió dando.

-Esto es increíble.

¿Y tú estás de acuerdo? O sea, tú eres su cómplice.

-No, ¿vale? Cuando me enteré, también me cabreé mucho.

Pero no se me ocurrió nada mejor, ahora ya está más tranquila.

Ya está, Lore. -No, no, "ya está", no.

"Ya está", no, por favor, que la estáis engañando.

Es tu madre la que tiene que decidir cómo gestionar su salud.

¿Con qué derecho se cree ese hombre

de engañarla de esta manera? -Pues ya está, Lore, con ninguno.

-Pues sí, con ninguno.

Porque, al final, ¿sabes a qué se reduce todo esto?

A que tu madre haga lo que quiera tu padre,

quiera ella o no quiera.

Y tú, encima, te pones de su parte.

-¿Me pongo de su parte? -Le estás defendiendo.

-No, perdona, yo nunca defendería a un hombre como mi padre, Lore.

Pero ahora no puedo enfrentarme a él.

Mira.

Solo te pido que dejes las movidas con mi madre,

porque le están afectando.

Y ahora lo importante es que se ponga bien, tía.

-¿A costa de engañarla?

-Pues, mira, sí.

Si es por su bien, sí.

(SUSPIRA)

¿Y eso? Bueno.

Antes hemos perdido los papeles

y nos hemos dado cuenta de que eso no lleva a ninguna parte.

Así que hemos firmado un pacto de no agresión

y a partir de ahora nos vamos a comportar bien

delante de ti y de todo el mundo.

¿Y cómo os habéis enterado?

Ah, que os lo ha contado Javier, ¿no? Sí.

O sea, que vais a conocer a Violeta.

Lo estamos deseando.

Vale.

Vale, pues unas instrucciones, ¿sí? Es peculiar, tenemos que quedar bien.

¿Apunto? Apunta. Primero.

Habla como una cotorra.

No, pero no la interrumpáis, por favor.

Está bien, dejarla hablar.

Sí. Segunda: es muy fina, tiene gustos muy caros.

Por ahí nos la podemos ganar.

¿Mmm? No habléis ni de política ni de religión.

Tampoco de su perro ni de animales, se le ha muerto hace poco

y está como bastante afectada.

Ah, tampoco habléis

ni critiquéis, por favor, la cocina griega.

No sé.

Y...

Hace muchas preguntas, es invasiva.

Os preguntará seguro por el divorcio.

Así que id preparando la respuesta.

Amable.

Y, sobre todo, diga lo que diga, no le llevéis la contraria.

Vamos, que no podemos abrir la boca.

Pues va a ser un esfuerzo

que mantenga la boca cerrada, ¿eh?

Perdón.

Tendremos paciencia.

Tendremos paciencia.

No te preocupes, la haremos sentir como si estuviera en su casa.

(SUSPIRA)

Comida griega.

A Virginia y a Pili las conocí cuando estaba trabajando,

pero con Sandra me hice la carrera.

En tercero, nos fuimos a vivir juntas.

A un cuchitril... ¿Era muy pequeño?

Bueno, era enano.

Y se caía a pedazos, tenía el parqué levantado.

-¿Por qué no se lo dijisteis al casero?

Porque me daba igual, cariño.

Yo solo quería ser independiente, como si fuera debajo de un puente.

Y los fines de semana

nos cogíamos el coche y nos hacíamos viajes.

Y nos fuimos al... a hacer el descenso del Sella.

Precioso, nos encantó.

¿El descenso del Sella?

Sí, es un río.

Precioso. Tiene mucha fuerza, ¿eh?

¿Y cómo bajabais con tus amigas?

En canoa.

Pero eso es muy peligroso.

Qué va, cariño, es muy divertido.

Además, una vez que vas en medio de la naturaleza,

respirando aire puro...

Ya, pero imagina que algo sale mal y te ahogas

en el río.

Cariño, eso no pasó y no tiene por qué pasar.

Tú no sabes lo bien que remaba tu madre.

Yo, en aquella época, hacía mucho deporte extremo.

-¿Qué dices?

No te creo, no le pega. Que sí.

Te lo digo yo. Anda.

Jolín...

(Timbre)

Aquí está mi parte, terminada, esperando tu supervisión.

-Baja la voz, que Rosa descansa. -Ya.

Me costó más de lo que pensaba... -Lucía.

¿Estás loca? ¿Eh?

Encontré tu regalito.

¿Cómo se te ocurre poner tu sujetador en mi maletín?

-¿Y cómo sabes que es mío?

¿Tanto te fijas en mí?

A ver, eh, Nacho, es mi manera de darte las gracias

por la confianza y por haberme llevado a la reunión.

-Si querías darme las gracias,

podías haberme regalado una botella de vino.

-Ya.

Pero ¿te hubiera gustado tanto?

Eh...

A ver, Nacho, deja de disimular.

Y hablemos las cosas claras.

Somos adultos y podemos hablar de lo que está pasando aquí.

-¿De qué? No sé de qué me hablas.

-Bueno, pues de lo que hay entre nosotros.

Es obvio que te sientes atraído por mí.

Y, bueno, quiero que sepas que la atracción es mutua.

Al final, es normal.

Pasamos mucho tiempo juntos y, ya sabes,

el roce hace el cariño.

-¿Y tu chico?

-Mi chico es un niñato, Nacho.

Pero tú eres un hombre.

Un hombre con experiencia.

Con carácter, con las cosas claras, como yo.

Hacemos un muy buen equipo.

Antes de casarme con Manuel,

tenía un grupito.

Estaba Sandra, su hermano,

Fernando,

y más gente que no conoces.

El caso es que nos íbamos de escalada,

íbamos a...

(SUSURRA) Hice "puenting".

Mamá. -¿Qué dices?

¿Y qué se siente? La verdad es que impresiona mucho.

Pero hay que hacerlo, cariño, alguna vez.

Se siente una sensación de libertad muy potente.

-¿E invitamos a esa gente? No sé para qué organizamos nada.

Cariño, tampoco van a venir en piragua.

¿Eso es un chiste? No me hace gracia.

Ay, David.

Lo que hice en el pasado no tengo que hacerlo ahora,

no lo necesito y no lo quiero.

Pero me apetece verlos

y charlar con ellos, va a ser un soplo de aire fresco.

(Timbre)

¿Sí?

Vale, sube, te abro, sí.

¡Ay...! Había hielo, ¿verdad?

Sí, sí, hay una bolsa entera en el congelador.

¿Vale? Sí.

Los canapés, las mus... ¿y el mus? Está todo preparado.

Nos vamos. Vale.

Quedaos, Carla.

En serio, que me apetece que los conozcáis.

Que no, que no, que hoy es tu noche.

Nosotros nos vamos al cine y ya volvemos.

-No hagáis ninguna locura.

No te preocupes, se lo dejaré muy claro:

en esta casa, nada de deportes extremos.

Venga, no te enfades, hijo.

Lo único que vamos a hacer es charlar, ponernos al día.

Y ha sido gracias a vosotros.

-Estoy escuchando el ascensor. ¿Sí?

Pásatelo muy bien. Vale, vale.

(GRITAN)

Te admiro muchísimo, Nacho, de verdad.

¿Y qué es la atracción sino admiración por la otra persona?

-Estoy casado.

-Claro.

Claro, y lo vas a seguir estando.

Yo solamente quería ser sincera, y no hay nada de malo en eso.

(ROSA TOSE)

-¿Qué haces levantada?

-Tengo la garganta seca de tanto toser.

Necesitaba un poco de zumo.

Hola, Lucía. -Hola, Rosa.

¿Qué tal estás? ¿Estás mejor? -Pues sí, estoy mejor.

Lo peor es la tos esta, que me está dando una noche...

¿Os preparo un poco de café?

-No, por mí, no hace falta.

Pero muchas gracias.

-No me cuesta nada, ¿eh?

Tenéis una noche muy larga. -No, bueno.

Acuéstate y te llevo un zumo.

-No, no, se lo llevo yo.

-Cariño, que solamente tengo que echarlo en un vaso.

-Puedes coger frío, ¿sabes?

Métete en la cama y en cinco minutos te llevo yo el zumo.

-Bueno, está bien.

Gracias a los dos y buenas noches. -Buenas noches, Rosa.

-Escucha, no podemos hablar estas cosas aquí,

con Rosa en casa, podría oírnos.

-Tranquilo, Nacho, que no nos ha oído.

Además, no estábamos haciendo nada malo.

-Venga, no te hagas la tonta.

-Bueno, es que no hay nada de malo.

Solo estábamos hablando.

Igual que no hay nada de malo en aceptar regalos.

Y el mío es...

todo para ti.

-Bueno, será mejor que prepare el zumo para Rosa.

Tú ponte a trabajar, ¿eh?

Bueno, chicos, yo quería...

Quería daros las gracias a todos por haber venido.

Sé que esta invitación llega tarde, lo siento.

Bueno, cuando murió Manuel, sé que todos estuvisteis conmigo.

Os sentí a mi lado, lo que pasa es que,

en aquella época yo estaba muy superada.

No solo me separé de vosotros, me separé de todo el mundo.

Lo siento. Celia.

Somos amigos, no tienes que disculparte.

Lo sé, pero tenía que haberme dejado abrazar más por todos vosotros.

Y ahora os tengo aquí otra vez,

recordando los viejos tiempos, riéndonos y...

No sé, chicos, quiero que sepáis que formáis parte de mi familia,

que os quiero a mi lado y...

Espero, por favor, que me perdonéis, ¿vale?

Gracias.

(TV) "Es el mayor alijo de heroína incautado en España

por la Policía Nacional en una sola intervención".

"Más de 300 kg de la conocida como 'brown sugar', de gran pureza".

"Iba escondida entre 185 toneladas de cemento".

"La encontraron en el interior

de nueve contenedores procedentes de Turquía

en el puerto de Barcelona".

(RESOPLA) Muy tarde, ¿no?

No sabía que había toque de queda.

¿Y esa cara de perro que traes?

No estarás enfadado por lo del brindis de esta mañana.

No me gustan los dardos que sueltas delante de mi futura mujer.

Ahora no me irás a soltar

eso de "va a ser tu futura madre" y todo eso, ¿no?

Ya somos mayorcitos.

Pues tú no lo pareces, ¿eh?

Ese comentario es propio de un niño de seis años.

Mira, Elías, siempre has sido un tocapelotas y no vas a cambiar.

Pero yo me caso con Valeria porque la quiero.

Claro.

Y no hay nada más bonito que el amor de dos personas.

Ríete lo que quieras.

Pero espero que, desde ahora, la trates con más respeto.

Lo intentaré.

¿Sería mucho pedir que, por una vez en la vida,

todos los miembros de esta familia

fueran capaces de alegrarse por mí?

¿Tú sabes lo que pasa, papá?

Que yo, por más vueltas que le doy,

no termino de ver el amor en esta ecuación.

Sin embargo, tú, de tan enamorado que estás,

te estás volviendo ciego y no ves las cosas, pero yo sí.

Yo soy un empresario y lo veo venir todo.

Tú lo que estás es amargado por lo que te ha pasado con tu mujer.

Esa boda no me gusta.

No me gusta porque afecta al negocio, mi negocio.

¿Tu negocio? Sí, mi negocio, papá, mi negocio.

Que también es mío, que me mato a trabajar por él.

Y no permitiré que lo regales.

¿De qué me estás hablando? Lo sabes perfectamente.

¿Te quieres casar? Hazlo.

Pero con separación de bienes, no en gananciales.

Déjalo todo bien atado.

No seas tonto y no dejes el patrimonio familiar

en manos de esa mujer.

Pues, mira,

no solo me voy a casar con Valeria en régimen de gananciales.

Ah, ¿no?

¿Y esa respuesta que me estás dando es fruto de una maduración

o producto de un principio de demencia senil?

Cuando seamos marido y mujer,

voy a poner todo lo que tenía antes de casarme

a nombre de los dos.

Muy bien, muy bonito.

Te voy buscando la residencia.

¡Yo voy a hacer lo que me salga de las narices!

Valeria no está conmigo por el dinero.

¿No? Pues no le importará casarse con separación de bienes.

Cada uno con lo suyo y todos contentos.

¿Tú te has parado a pensar qué puede pasar

con nuestros trabajadores si faltaras antes que ella?

Tranquilo, no pienso morirme todavía.

Aquí no importa lo que pienses.

Las cosas pasan y punto.

Y alguien tiene que pensar en el futuro.

Porque, si por desgracia tú faltaras antes que ella,

ella se quedaría con todas las acciones,

haría lo que le diese la gana.

¿Y si le diese por vender esta casa o el negocio? ¿Qué pasaría?

Valeria va a dejar todo como está. O no.

Eso tú no lo sabes.

Porque lo que hoy es amor mañana se convierte en odio.

¿O no hemos aprendido nada en todo este tiempo?

Tú parece que sí, ¿eh? Demasiado.

Esa boda es una decisión empresarial.

Pero ¿qué me dices?

Que afecta a toda la familia y como tal se tiene que tratar.

Haz esa boda, papá, pero hazlo

como tiene que ser,

firma la separación de bienes. Mira.

Yo voy a casarme como me dé la gana.

¡Y tú no eres quien para imponerme nada!

(SUSPIRA)

Ay...

Ah.

-¿Te ayudo? -No, no, no.

No hace falta que me ayudes, puedo solo.

-Ya, ya lo sé.

-¿Qué haces aquí?

¿Qué quieres?

-Ya te lo dije, hablar contigo.

-Pues, igual que ayer, no tengo tiempo.

-Vale que ayer estuvieras ocupado, pero hoy no has abierto la pizzería.

De verdad que será solo un momento.

-Que no abra no significa que no esté ocupado.

-Hice las cosas muy mal y te debo una explicación.

¿Nos tomamos un "ristretto" como hacíamos cada mañana?

-Mis mañanas han cambiado mucho.

Pero, bueno, todavía no me he tomado ningún café.

Siéntate.

¿Qué haces aquí?

¿No piensas abrir el bar hoy?

-Abre Noa. He quedado con Jorge para desayunar.

-Ah, con Jorge.

Me alegra que hayáis arreglado lo vuestro.

No me gustan las parejas enfadadas.

Bastante tengo con tu hermano, que no hay quien le aguante.

¿Y qué?

¿Te arrepientes de venir a Madrid?

-Pues no, porque a Jorge y a mí nos va muy bien.

No sabes anoche, me llevó a unos baños árabes.

Luego nos hicieron un masaje integral.

Y luego Jorge me hizo a mí otro masaje integral.

-No me des más detalles.

Al menos, de tres de mis hijos, dos están emparejados felizmente.

Ay.

No veas cómo trata Nacho a tu hermana.

-Sí, demasiado la está tratando, sí.

-¿Y ese tono?

¿Qué pasa? ¿Que has vuelto a discutir con tu hermana?

-Nacho está medicando a Rosa a sus espaldas.

Me lo ha dicho Noa. -Ya.

-¿Cómo que "ya"? ¿Es que lo sabías?

-También me lo ha dicho Noa a mí.

-¿Y no dices nada?

-¿Y qué quieres que diga?

Tu hermana es una tozuda

y Nacho está haciendo lo que tiene que hacer.

Lo que haría cualquiera con dos dedos de frente.

-Pero ¿cómo te puede parecer bien esto, papá?

Esto es un disparate.

-¿Y qué quieres que haga?

¿Curarla con infusiones y gominolas jipis,

como quiere ella?

Pues eso. (LORENA SUSPIRA)

-Hay que seguirle la corriente, como hacemos todos.

Mentir a un enfermo no está mal si es para el bien suyo, ¿eh?

A tu hermana no hay quien le hable, hay que actuar,

que es lo que hace Nacho.

-Muy bien, para ti la perra gorda.

Uf... ¿No llego en buen momento?

-No, no, yo ya me iba.

Tengo que abrir el puesto.

Hey.

¿Estás bien?

Sí, sí, estoy bien.

¿Me ves mal o qué?

Bueno, precisamente de risas no estabais.

¿Habéis discutido por la boda?

Por mi hermana.

Es que me tiene superpreocupada.

¿No ha mejorado? No, no es eso, es...

Verás, eh...

Tú y yo somos novios.

Ya me puedes contar tus cosas, es lo que hacen los novios.

¿Sí? Sí.

Y los novios también se pagan los desayunos.

No es incompatible.

¿Qué?

Siéntate.

¿Y por qué has vuelto?

-Esta es mi ciudad.

Aquí está todo lo que me importa.

Las cosas en Nápoles no...

no fueron demasiado bien.

-Entonces has vuelto para quedarte.

-Eso creo.

-¿Y Doménico?

¿También ha vuelto?

-Doménico se acabó.

El hombre enigmático resultó ser todo fachada.

Me engañé.

Me engañé a mí misma, al padre de mi hijo, a mi hijo.

Me siento tan idiota.

Es que lo he pasado muy mal, Paolo.

Pero qué te voy a contar a ti.

No me comporté de una manera muy madura.

Se me fue la cabeza como una quinceañera.

Los problemas empezaron cuando nos instalamos en Nápoles.

Doménico se desentendió de todo.

Se iba por ahí con sus amigos y me dejaba en el restaurante.

Sola, imagínate.

Sin ayuda, sin amigos, en una ciudad nueva.

Ay, no sé.

Me he complicado la vida por nada.

Luego venían los reproches y las discusiones.

Es muy difícil mantener viva una relación así.

Así que... se fue todo a la mierda.

El príncipe azul resultó ser...

un sapo vago y gritón.

Y no me lo pensé.

Hice las maletas y...

Y aquí estoy.

-Pues lo siento.

-Los dos sabemos que no es verdad.

Que tengo lo que me merezco.

Pero gracias por ser tan considerado.

-Pues...

¿Qué vas a hacer?

-Me he alquilado una habitación en un piso.

Ya te conté que invertí el dinero de la floristería

en... en el restaurante, así que, bueno,

ahora estoy... buscando trabajo.

Si te enteras de algo...

-Sí.

-Es lo que tiene cometer errores.

Que hay que pagarlos y...

Y salen muy caros.

Y así tiene Nacho a mi hermana,

tomándose la medicación

sin saber que se está tomando la medicación.

¿Cómo te quedas?

(SUSPIRA) Menudo prenda tu cuñado.

¿De verdad piensas eso?

Oh.

Gracias, por favor, alguien está de acuerdo conmigo.

Pensé que me volvía loca.

Claro que estoy de acuerdo.

Es tu hermana, es normal que estés preocupada.

Es que Nacho hace lo que quiere con ella,

la tiene engañada.

Y ella se deja.

Bueno, y a ella no le falta tiempo para meterse con nuestra relación.

Con la joyita que tiene en casa. Lo sé, me lo dijo.

No se lo tengas en cuenta, se preocupa por ti.

Ya, y yo estoy preocupada por ella.

Por eso... creo que le voy a contar lo que está haciendo Nacho con ella.

Oye, está claro que Nacho es un impresentable,

pero... creo que lo que está haciendo ahora no es tan malo.

Perdona, no te entiendo, ¿has cambiado de opinión?

No, pero lo importante es que Rosa se recupere.

Y, en este caso, el fin sí justifica los medios.

Vamos a ver,

¿me estás pidiendo que permita que Nacho la siga engañando?

¿No quieres que Rosa se tome las pastillas?

Sí, pero ¿a qué precio?

Si se lo dices a Rosa,

corremos el riesgo de que no las tome.

Y me parece un precio muy alto

para demostrarle que Nacho no es el hombre que ella cree.

Decidas lo que decidas, te voy a apoyar.

Pero ten en cuenta las consecuencias de tus actos.

Si lo haces, puedes causarle más daño que otra cosa.

Ahora tu hermana es muy vulnerable.

¿De verdad crees que merece la pena?

(CHASQUEA LA LENGUA)

¡Anda! ¿Qué haces aquí?

-Voy a desayunar, en casa no hay nada.

-¿Qué pasa, que a tu madre se le han pegado las sábanas?

-Se acostó bastante tarde.

-¡Bueno, bueno!

O sea, que la noche se alargó.

Pues esto es un éxito total.

-Eso parece.

-Me alegro mucho de que sus amigos se decidieran a pasarse.

Porque les avisamos supertarde.

-Sí, no eran tan malo amigos como decía ella.

-Claro.

No es que Sandra no quisiera quedar,

igual andaba liada

o que el tiempo, al final, pues hace mella.

Pero una buena amistad al final se recupera, ¿no?

-No tengo datos para confirmar que eso sea real.

-Lo que está claro

es que a sus amigas les importa mucho tu madre.

Y, mira, no hay que tener miedo de insistir.

Es mejor hacerse pesada que luego arrepentirse.

-Cuando llegamos a casa, estaban cantando a gritos.

¿La gente suele hacer eso cuando bebe?

-La verdad es que daban un poquito de vergüenza ajena.

-Calculé una botella por persona.

-¿Siempre tienes que calcularlo todo tú o qué?

-Todo no, pero cosas concretas sí.

Era una botella de vino por persona.

-Ya, pero dicho así suena fatal.

La gente, cuando queda,

y organiza cenas para amigos, pues bebe.

Y bebe a saco porque está de buen rollo.

La noche se pasa rápido.

-Ya, pero eso no afecta al cálculo.

-Lo que importa es que, mira,

yo estoy muy feliz de que haya salido bien.

El plan ha funcionado.

Y, ahora, lo que tiene que hacer tu madre

es quedar más con sus amigas y abrirse al mundo.

Darse cuenta de que la vida no es solo

casa, mercado, hijo, casa, mercado, hijo.

¿Sabes? -Me parece una buena vida.

Pero intento ser flexible, lo pensaré mientas voy al baño.

-Vale.

Ay...

Hola, soy... soy Carla Rivas.

Me gustaría hablar con mi hermana, Martina Rivas.

Sí, sí, espero, espero.

Cristina...

Me gustaría ayudarte, pero, económicamente,

yo no estoy pasando por mi mejor momento.

Bueno, como siempre.

-Ah, lo sé, lo sé.

Yo... yo no vengo a pedirte nada, de verdad.

Solo quiero pedirte disculpas porque...

no hay un día en que no me arrepienta de lo que te hice.

-Para mí, tampoco ha sido fácil.

-Lo supongo.

¿Y a Andrea cómo le ves? -Andrea...

Bien, bien.

Ahora, mucho mejor.

-Ya. -Le gusta la ciudad.

Bueno, te habrá dicho, ¿no? La escuela...

Ahora también tiene un grupo nuevo. -Ya.

Siento mucho haberle hecho daño a él también.

Oye, Paolo, yo...

Yo no pretendo que me perdones.

Sé que lo has pasado muy mal por mi culpa.

Pero me he equivocado y... y quiero hacer las cosas bien.

Lo primero, pedirte disculpas.

Y aportar dinero para los estudios de Andrea.

No es justo que lo pagues todo.

Solo te pido un poco de tiempo, hasta que encuentre un trabajo.

-Te lo agradezco.

(SUSPIRA) Bueno, yo... tengo que abrir ahora.

-Ah, sí.

-Te deseo mucha suerte con el trabajo.

-Gracias.

Ah.

Menos mal que tú tienes ayuda.

Lo digo por la camarera nueva. Marta se llama, ¿no?

-Marta. -Parece buena chica.

-Sí, Marta es una gran mujer.

Pero no es mi camarera.

Es mi novia.

-Oh, vaya.

Me alegro mucho por ti.

Sabía que no te iba a costar mucho rehacer tu vida.

Porque eres... eres un hombre...

estupendo.

Gracias.

Martina, ¿por qué no quieres hablar conmigo?

Pues porque...

Pues porque quiero saber cómo estás, quiero saber de ti.

No, no me cuel... no me cuel...

-¿Por qué no quiere hablar contigo? -Ahora no, David, por favor.

-¿Por qué no? -¡Pues porque no y punto! ¿Vale?

-Pero ¿dónde vive tu hermana, o cuántos años tiene?

¿Y por qué no quiere verte?

-Mira, David.

La familia no es como los amigos.

A los amigos los escoges, a la familia, no.

Y hay gente que tenéis suerte

y hay gente que... que odiamos a nuestra familia

o nuestra familia nos odia.

Es... es complicado.

-¿No te gusta tu familia? -Claro que sí, no es eso.

Pero a mi hermana le encantaría tener otra hermana.

De hecho, la tenía y se murió.

Y ahora le queda solo la hermana chunga, yo.

-Pero tú no eres así.

Tú eres desordenada pero entretenida.

-Hombre, gracias.

-Y te pasa un poco como a mi madre.

-Ah, ¿sí? ¿Por qué?

-Siempre estás en plan negativo y lo ves todo negro.

Y enseguida te vienes abajo.

-Eso me suena.

-Quizás las cosas no sean tan malas como crees.

Igual que le pasa a mi madre.

-Bueno, venga, basta de cháchara.

Tú tienes que desayunar.

Y yo tengo que ir a currar, ¿vale?

Venga.

Lo siento muchísimo, Elías, ¿eh?, pero es lo que hay.

Oye, si no te va bien, no es mi problema,

yo no voy a estar sola lidiando con la suegra.

¿Y qué te crees, que yo no estoy ocupada?

Yo tengo mil cosas que hacer, pero voy a ir porque es nuestro hijo

y porque se puso muy contento cuando le dijimos que iríamos

y que nos íbamos a comportar civilizadamente.

Así que no es plan de que tú le dejes colgado ahora.

Me da igual que sea una cotorra, te aguantas.

También lo es la Pacheca y la ves todos los días.

Elías, la comida es a la una y media,

así que sé puntual, ¿eh?

¿Le puedo ayudar?

Solo estoy mirando.

Disculpe.

¿Sí?

Verá, es que no he podido evitar oír la conversación.

Y hay que ver las cosas que hacemos las madres por los hijos.

No tiene precio.

No sabe cómo la entiendo.

Bueno, ahora tengo más problemas con mi exmarido que con mi hijo.

¿Separada?

Sí, pero intento llevarlo lo mejor posible.

Es que mi hijo quiere que conozcamos a la madre de su pareja.

Se ve que es un horror, habla por los codos.

Así que no va a ser la comida más divertida del mundo.

Pero, como usted dice,

lo que hacemos las madres por los hijos no tiene precio.

Es verdad, es que hay gente que no se calla ni debajo del agua.

Sí. Te dan ganas de darte la vuelta

y dejarles con la palabra en la boca.

Mira, yo tenía una amiga así, ¿eh?

Que no escuchaba.

No escuchaba, no había manera.

Pero, claro, cuando te das cuenta, piensas: "Yo le importo un pimiento".

Así que adiós muy buenas.

Sí, yo no aguanto a los charlatanes.

Te sueltan el rollo y no les interesa lo que dices.

Yo creo que solo les gusta escucharse a ellos mismos, ¿no?

Desde luego.

Y si lo que cuentan fuera interesante...

Sí. Pero es que,

la mayoría de las veces,

todo es pura palabrería y nada más.

Sí, tiene usted razón.

Según me ha contado mi hijo,

su suegra es una cotorra como no ha visto nunca.

De estas que coge la conversación y no la suelta aunque la maten.

(RÍE)

Pues lo siento por usted.

Bueno. Pero quédese

con la parte positiva.

Solo es una comida.

Eso sí, luego será su hijo el que tenga que lidiar con ella.

Que menudo regalito, porque, claro,

ya, siendo de la familia, la cosa se complica.

Sí, pero yo ahí no me puedo meter.

Mi hijo se ha enamorado y con su chico viene la madre.

¿Ha dicho "su chico"? Sí.

Es que la pareja de mi hijo es un chico.

Y, si no es indiscreción,

¿a qué se dedica la suegra de su hijo?

Pues no lo sé, pero creo que no ha trabajado nunca.

Según me ha contado mi hijo, su marido era rico.

Y también estafador.

De estos que se pasan la vida entrando y saliendo de los juzgados.

Y ella solamente presumía de ser "señora de".

Es que yo pienso que las mujeres debemos trabajar.

Y así tenemos nuestro dinero

y no dependemos de nuestros maridos, es lo que yo creo.

¿Y el hijo trabaja o también vive de las rentas?

No, el hijo es muy trabajador y encantador.

Estoy encantada de que mi hijo esté con él.

Así que iré a esa comida, aguantaré el chaparrón

y, si me muero, mala suerte,

lo importante es que Germán sea feliz.

¿Germán?

¿Ha dicho "Germán"? Sí.

Soy Violeta, la madre de Javier.

La cotorra.

Espere, espere, Violeta, lo siento.

Lo siento, por favor, lo siento.

He metido la pata hasta el fondo.

Y no sé qué puedo hacer aparte de pedirle mil veces perdón.

Te voy a tutear.

Por lo visto, no soy la única que habla más de la cuenta.

Porque tú hablas por los codos, guapa.

Está bien, me lo merezco.

Yo también hablo por los codos.

¿También? Ah, perdona, pero no.

Tú eres la única.

Yo solo me he interesado por ti

porque te he visto muy agobiada, ¡que quede claro!

Vale, de acuerdo,

he dicho cosas horribles sobre usted.

Y sin conocerla, que es lo peor.

Pero, si lo piensa, es la cosa más normal del mundo.

Será lo más normal para ti, para mí, no.

Quiero decir que...

Todo el mundo critica a todo el mundo.

Todos en la intimidad decimos cosas de los demás

que no nos atreveríamos a decirles a la cara.

¿O me va a decir que usted nunca le ha dado un repasito a alguien?

Porque hace un momento, a esa amiga suya,

sin conocerme de nada, me la ha puesto de vuelta.

¿Lo ve?

La mala suerte es que yo no sabía con quién hablaba.

Mira, no suelo criticar a quien no conozco.

Y tú has oído hablar más de mí

que yo de ti.

Y tu hijo

te ha presentado un informe muy completito.

Fíjate, yo que creía que nos habíamos caído fenomenal.

Germán no tiene la culpa de nada.

Yo he hablado más de la cuenta, pero Germán es un chico estupendo.

Y está muy enamorado de Javier,

que es lo que debería importarnos a las dos.

Porque estoy segura de que las dos queremos que sean felices.

¿Estamos de acuerdo?

Por eso le pido que no la tome con Germán

porque yo haya sido un poco bocazas.

Muy bocazas.

Y muy bocazas.

No quiero que él salga perjudicado

y... Javier también indirectamente.

Porque no se lo merecen.

Puede que mi hijo haya hablado más de la cuenta, pero sin malicia.

Y, además, no todo lo que me dijo sobre usted es malo, ¿eh?

Ah, ¿no? No.

¿Y qué más te dijo sobre mí?

Me dijo que era una mujer muy elegante

y con muchísima clase.

Y tiene razón, eso salta a la vista.

Bueno.

Aquí lo importante son ellos.

Y a Germán no le falta parte de razón, ¿sabes?

A veces me pongo a hablar y se me olvida escuchar.

Pero es que mi cerebro va muy rápido.

Aún no me han contestado una pregunta y ya estoy pensando en otra.

Es que soy así, ¿qué voy a hacer?

Pues, por eso,

te pido que no se lo digas a nadie.

Que quede como una anécdota divertida entre nosotras.

Por el bien de ellos, ¿mmm?

No te preocupes.

Será nuestro secreto.

Mira, ¿y si te invito a tomar algo antes de la comida?

Así podremos hablar tranquilamente

y conocernos sin prejuicios, ¿qué te parece?

Muy bien. Mmm.

Aunque me da la sensación

de que la que tiene la necesidad de hablar eres tú.

Según he oído,

lo estás pasando mal con tu ex, ¿me equivoco?

Ahora mismo nos llevamos a matar.

Y Elías sabe cómo... cómo ponerme de los nervios.

Yo te daré unos consejos para lidiar con él.

Yo tuve un divorcio dificilísimo, pero ese canalla no pudo conmigo.

(RÍE)

Podemos hacer una comparativa.

Pero te aseguro que Elías

puede optar a candidato de exmarido canalla del año.

Tú cuenta, cuenta, cuenta.

Tengo que preparar un pedido y te lo cuento tomando café.

¿Te parece? Muy bien. (RÍE)

Ay, qué bueno. (RÍE)

Necesito trabajo, si conoces a alguien...

-Solo faltaba que buscaras trabajo aquí, vamos.

-Gracias, Carmen.

Siempre es un placer volver a verte.

-Ya sé que la boda te ha sentado como una patada en el culo.

Pero no te preocupes, nos casamos por amor.

Lo que pasa es que

en este matrimonio tú tienes poco que aportar.

Vamos, que a eso, en mi pueblo y en todos los sitios, se le llama

"haber pegado un braguetazo como Dios manda", ¿no?

¿La otra hermana? Está en un centro de menores.

¿En cuál? No lo sé.

Y, aunque lo supiera, tampoco te lo diría.

Es que quiero ayudarla, no puedo si no tengo la información.

-¿Yo, celoso? Pues no, tía.

Ya lo sabes, no me gusta que tontees con él.

-No estoy tonteando con él, le estoy siguiendo el rollo.

-Mira, si quieres que te contraten, haces tu trabajo y punto.

No tienes que calentarlo.

¡Me ha llamado "machista", me llama "vago"!

Porque lo eres.

Además de un arrogante y un prepotente.

-A ver, ¿qué ha hecho ahora?

-Elías dice que te quieres casar con separación de bienes, ¿sí?

No pensaba que fueras tan calzonazos.

-Nacho, que estoy pensando que...

que igual tenías razón

y que es un poco incómodo hablar con Rosa por aquí.

¿Por qué no nos vamos tú y yo a tomar una copa?

¿Se puede saber cómo has localizado a Martina?

¿Qué le has dicho para esta bronca? Te dije que no tenías que venir.

Solo quería ayudar a Carla como ella te ayudó a ti.

Un favor por otro.

-Qué asco me das.

Qué miserable eres.

Has conseguido engañar otra vez a todo el mundo, pero a mí no.

Y ándate con cuidado, ¿eh?

Porque, tarde o temprano, Rosa se va a enterar de esto.

-Tú también estás defendiendo a tu padre.

Y es la primera vez. -Pues, precisamente,

porque no es el que se ha portado peor.

Y no lo digo por tu madre solo, te estás portando como un idiota.

-Mira, a lo mejor mi madre tiene razón.

Y lo nuestro no es buena idea.

-Pues tal vez sí.

Tal vez tenga mucha razón y no es una buena idea.

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Mercado Central - Capítulo 111

02 mar 2020

Nicolás es incapaz de transmitirle a Paolo que Cristina ha vuelto y el pizzero se la encuentra, de sopetón, estando su nueva novia, Marta, en la pizzería.
Elías no soporta que su padre se case y le exige que, ya que lo hacen, sea con separación de bienes.
Paolo accede a hablar con Cristina y duda si ayudarla a encontrar trabajo en el mercado.
Jorge aconseja a Lorena que no le cuente a Rosa la verdad sobre la medicación que le está dando Nacho.
Carla, por su parte, recibe una llamada de su hermana que deja a David muy preocupado.
Adela mete la pata con Violeta.

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