Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 102 - ver ahora
Transcripción completa

Joder, el puñetero contestador, de verdad.

¿Qué pasa? Nada.

Un amigo, Escobedo, no me coge las llamadas.

Ya aparecerá, hombre. Tú tienes mala cara.

Sí, no he pasado muy buena noche, no.

Pues alégrala, nos vamos a dar un homenaje como Dios manda.

Claro. ¿Dónde está tu hijo?

Ahí viene.

(GERMÁN) Perdón por el retraso.

-Ay.

Bueno.

Con la marcha de la tal Íngrid esta, ¿mmm?,

ha supuesto un duro golpe para el Mercado.

Sí que ha estado bien, sí.

Y lo de la cubierta ha estado muy bien.

No se reponen de este golpe.

¿Sabes qué pasa?

Cuando las cosas se tuercen, las ratitas se ponen nerviosas.

Ya verás qué pronto empiezan con discusiones y a querer vender.

Solo va a quedar una cosa:

quitarnos de encima a algún que otro lastre problemático.

-¿Qué lastre?

¿Me he perdido algo? No.

No, no, no, son temas del pasado.

Ahora tenemos que mirar hacia el futuro.

Hay que buscar la manera de dar el golpe final al Mercado Central.

Y no darles tiempo a que se repongan.

-Tenemos que librarnos de Javier Quílez.

Con todo lo que hemos estado presionando a Íngrid,

la reputación de Javier como gerente se ha visto afectada.

Él, de "motu proprio", va a seguir los pasos de la chef.

¡Pues, venga, a celebrarlo! ¡Venga! (RÍE)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(Risas)

Te digo una cosa, ¿eh, campeón? Esto ya no hay quien lo pare.

Que sí, hombre, que sí. (AMBOS RÍEN)

-Bueno, tenme informado. Sí.

Cuidadito con lo que hacéis.

Tú, cuidadito con el coche. (RIENDO) Ah, sí.

-Eh... Os estáis pasando por el forro lo de Javier, ¿no?

Yo no sé qué planes tenéis para él, pero...

(SUSPIRA)

Germán, escúchame.

Javier tiene que irse del Mercado, es lo mejor, sobre todo, para él.

¿Estás de acuerdo conmigo o no?

Sí, sí, supongo que sí.

Pero no estoy tranquilo, lo tenéis en el punto de mira.

No, eso no es así.

Se va a ir solo,

sin necesidad de que nosotros hagamos nada, ya verás, ¿mmm?

Y estate tranquilo,

seguro que encuentra trabajo de lo suyo, es muy bueno.

Y, si no, ya le echo yo una mano, sin que se dé cuenta.

Lo mejor para él es que salte del barco del Central

antes de que se hunda y le afecte este asunto.

Sí, sí, si es que estoy de acuerdo.

Pues espero que puedas acabar tu trabajo a tiempo.

Y que no afecte demasiado a tu relación.

Pero, si ves que se demora o se lo piensa demasiado,

le das un empujoncito. ¿No lo he hecho?

Estaba a punto de dimitir.

Pero Jorge lo ha convencido para que se quede.

Lo conozco, tiene mucho amor propio y no se va a ir sin pelear.

Otra vez Jorge, ¿no?

Bueno, pues nada,

voy a tener que hacer algo para darle un empujoncito al asunto.

Convocaré una reunión de comerciantes para esta tarde.

(Móvil)

¿Tu abuelo?

Dime, papá.

Cálmate, dime.

¿Qué dices?

Bueno, no, no, no, voy, voy para allá.

Voy ahora mismo. Adiós.

¿Qué pasa?

Celia, que le ha dado un bofetón a tu madre

en el Mercado. ¿Cómo?

¿Estás bien, cariño?

Estás tosiendo mucho.

-Estoy bien, me he comido un poco de chocolate

y se me ha ido por el otro lado. -A ver.

-Ya está. -Tienes muy mala cara, ¿estás bien?

-Estoy bien, ay... -¿Tienes algo de fiebre?

-De verdad, no me agobies, Nacho.

(CARRASPEA)

-Rosa.

Rosa, esa tos no es de haberte atragantado con nada, cariño.

-Ya está.

Ya está, me pones nerviosa con tanta preocupación, Nacho.

Ya está, vete a hacer tus cosas, por favor, déjame en paz.

-Déjalo, ya lo recojo esto yo luego, ¿vale?

-No me gusta ver la mesa tan sucia.

-Bueno. -Ya está, estoy bien.

Déjame en paz.

(TOSE)

Ah.

(TOSE)

(Golpe)

-¿Rosa?

¿Rosa?

¡Rosa!

No, Nicolás, no me entiendas mal, ¿eh?

Lo paso muy bien con Maite.

Es una mujer... llena de recursos.

Pero... -¿Pero?

-A ver cómo te lo explico.

Yo estaba acostumbrado a comer siempre la misma pizza.

La pizza Cristina. -Sí.

-¿"Capisci"? -Sí.

-Ponte en mi lugar.

A ti te encanta la pizza Cristina,

pero, de repente, te la quitan de la carta.

¿Y qué haces? Tienes que elegir otra, ¿no?

Acabas de probar una nueva y te gusta.

No es la pizza Cristina, de acuerdo, pero... está rica.

-Sí, sí, sí.

-Pero el problema es, Nicolás, ¿ahora qué haces?

¿Te quedas con esta nueva pizza para siempre

o sigues probando pizzas nuevas

hasta que encuentres una que... que te vuelva loco,

que te guste incluso más que tu favorita de siempre?

¿Entiendes?

-Pero, entonces, ¿el problema cuál es?

¿Que no sabes qué pizza elegir o qué? Es que no lo pillo.

-Que no, Nicolás.

Que no sé qué hacer.

Si quedarme con Maite

o si seguir conociendo a mujeres nuevas.

-Ah... Ya, ya, ya lo pillo.

Me estaba entrando hambre, la verdad.

¿Y qué vas a hacer? Quedarte con ella, ¿no?

-Pues... A ver.

Lo que te voy a decir es un poco feo, ¿eh?, pero...

Es que, cuando empezó a hablarme de nuestro futuro

o de las cosas que podíamos hacer en familia,

presentarme a su hijo o conocer a sus amigas,

que, supuestamente, me van a encantar,

no sé, a mí,

se me revolvió el cuerpo.

Y, de pronto, dejé de escucharla.

Y empecé a pensar en la chica esta, ¿sabes?

La que me dejó su número. -Sí.

-Y pensé:

"¿Por qué no?".

Tengo que aprovechar, ¿no? ¿Tú qué crees?

-Mira, el amor es como las oposiciones, Paolo,

si no le dedicas tiempo, suspendes, mírame qué bien me va.

-Ya, pero mira el tiempo que le he dedicado yo

y cómo me han salido las cosas. -Ya.

-Es que... Si me vuelve a pasar algo como lo de Cristina, Nicolás...

No sé si voy a superarlo.

-Vaya carrera llevas, ¿eh? (PAOLO RESOPLA)

-Pero, bueno, Paolo, tú aprovecha, que la vida son dos días.

Hola.

¿Podemos hablar?

Ahora no me viene bien, y mucho menos aquí.

¿Para qué le cuentas a Carmen?

Ahora no necesito ningún sermón, Elías, ¿eh? Hasta luego.

¿Y de verdad le has dado un bofetón a Adela? Yo alucino.

Adela se ha pasado de la raya, se ha metido con David.

Ha dicho que no le extraña que esté trastornado

teniendo una madre como la que tiene y no me he podido controlar.

Lo entiendo, ¿eh?

Adela, cuando quiere, tiene la lengua muy afilada

y sabe escoger las palabras para hacer daño.

Y ha sido muy violento, la verdad.

Bueno, no sé, ponte también en su lugar.

Ahora todos saben que su marido le ha puesto los cuernos.

¿Has venido a decirme

lo buena que es tu mujer y lo mala que soy yo?

¿Y tú qué? ¿No has hecho nada?

Perdona, que yo también soy un damnificado, todo el mundo

también va a hablar mal de mí.

Pues mira, no, porque tú eres el gallo del corral.

Adela es la buena, la víctima, y yo soy la bruja.

Ah, ¿sí? Sí.

¿Y le cuentas a Carmen?

¿Eh?

Estábamos tranquilos.

Tranquilo estarías tú, yo, desde luego, no.

Mira, Elías,

mi vida era una mierda cuando llegué aquí,

pero, desde que me encontré contigo, va peor.

Y eso también es culpa mía.

Hombre, parte de culpa sí que tienes.

¿Crees que me hace gracia

que mi vida privada quede aireada entre los del Mercado?

Mira, la gente sabe...

David.

Bueno, vamos a ver, yo lo que yo quería, o intentaba,

era arreglar las cosas entre Adela y tú.

Pero es imposible. Ahórratelo.

No quiero saber nada de este tema.

Pero no te vayas. ¡Tengo que hablar con David!

(Móvil)

(SUSPIRA)

Velasco, dime.

Sí. Sí, sí, no, yo también quiero hablar contigo.

Tu amigo Hortuño no para de preguntar por Escobedo.

Tienes razón. -Claro.

-Tendré que dar una oportunidad a ese nuevo Paolo, ¿no? A ese...

A ese italiano irresistible, ¿no?,

que tiene un imán para las mujeres, ¿o no?

-Bueno, tampoco te pases, ¿eh?

-Bueno, que "é vero".

-¿Vero quién es, otra?

-Que no, Nicolás, que es verdad.

-Ah, vale. -Desde que estoy soltero,

no sé qué pasa.

-Ya. -Todas me miran.

No me dejan en paz. -Madre mía.

-Tendría que aprovecharlo.

Experimentar emociones nuevas. -Ya.

-Huir del aburrimiento, de la monotonía, ¿no? ¿O no?

-Bueno. -Claro, aunque,

viéndote a ti... Tú estás feliz con Carmen, ¿no?

-Sabes que yo soy más de estar siempre con la misma.

O sea, para gustos, los colores.

-Pero, si me quedo solo, Nicolás... -(CHASQUEA LA LENGUA)

-Es que esto nunca se sabe.

Pero ¿qué hago?

Voy a perder puede que la última oportunidad

de tener una compañera estable.

Una con quien envejecer.

¿Para qué?

¿Para tener decenas, centenares de mujeres guapas, jóvenes,

simpáticas, inteligentes, brillantes...?

-Hombre, contado así, la verdad es que...

-Es tentador, ¿eh?

Pero es que el riesgo es muy alto, Nicolás.

Quedarme solo, morir solo en mi lecho de muerte.

Sin nadie que me quiera, aparte de mi hijo, claro.

-Bueno, ya está, que me estás haciendo la picha un lío.

Vamos a ver, Paolo.

Tú eres el Marcello Mastroiani del Mercado.

Déjate de tonterías, cualquiera querría estar en tu lugar.

Bueno, menos yo.

Aquí, lo importante es una cosa.

¿A ti qué te apetece en este momento hacer?

-Esto me gustaría saberlo a mí.

Bueno, me voy a trabajar.

-Cientos de mujeres...

No, no, no, Carmen, Carmen, Carmen.

¡Mamá!

¡Papá!

(NACHO) ¡Chist!

Baja el volumen.

Está durmiendo. -¿Cómo está?

-(SUSPIRA) El médico acaba de irse ahora mismo.

Dice que ha empeorado de la neumonía.

Tiene mucha fiebre

y le ha recetado otro antibiótico de refuerzo.

-Pero si parecía que estaba mejor.

-Lo estaría si no la hubiese dejado a tu cargo.

¿Ir al Mercado le sentó bien?

Una neumonía es una cosa muy seria.

Hay que cuidarse, hacer reposo.

Y hay que obedecer al médico, no hacer lo que quieras.

-Bueno, yo pensaba que casi estaba curada.

-"Yo pensaba"... No tienes que pensar, sino obedecer.

Tanto insistir en que te dejara cuidarla.

Y confío en ti ¡y vas y la cagas!

(ROSA TOSE)

Noa no tiene la culpa de lo que pasa.

Yo soy la única responsable de lo que ha ocurrido.

-Las dos habéis puesto vuestro granito de arena, ¿eh?

¿Cómo puedes ser tan inconsciente?

Estabas empezando a mejorar, Rosa.

Sé que tienes prisa por curarte, pero tienes que tener paciencia,

¿no te lo dijo el médico?

Y, para remate, en vez de contarme que te sientes peor,

intentas engañarme y no me cuentas nada.

Yo ya no sé qué hacer contigo. -Ay, papá, por favor, no exageres.

-Noa, tu padre tiene razón,

no debí haber salido si no me sentía bien.

-No solo pones en riesgo tu salud, también la mía.

Tengo los nervios de punta.

No puedo concentrarme en el trabajo, estoy todo el día pendiente de ti.

Solo pido comprensión, ¿tan difícil es?

-Os pido perdón a los dos.

No va a volver a pasar, os lo prometo.

A partir de ahora, me voy a cuidar. (CARRASPEA)

Voy a descansar.

Hasta que me cure, os lo prometo.

-Es normal que nos preocupemos por ti, mamá.

Anda, venga, vamos a la cama.

Que tienes que descansar, lo que ha dicho el médico.

(ROSA TOSE)

Gracias a todos por venir a esta reunión.

Como sabéis, desgraciadamente,

Íngrid Balsera no va a abrir su restaurante en el Mercado Central

finalmente, ella quería explicaros personalmente

por qué no. Íngrid, cuando quieras.

Pues... hola a todos.

No quería irme sin dar la cara y explicaros

que mi decisión no tiene nada que ver con ningún asunto personal.

Tengo muchos amigos en el Central y espero

seguir teniéndolos durante mucho tiempo, pero...

Si me voy es porque, digamos,

he perdido la confianza en el proyecto.

-¿Qué significa que has perdido la confianza en el proyecto?

-Pues digamos que tengo mis dudas sobre la gerencia del Mercado.

Con la inversión que iba a hacer, no me parece justo

que no se me informara sobre los problemas

con Hortuño y su lucha contra la renovación.

-Íngrid tiene razón, quería haber hecho una reunión

para explicaros este asunto, pero Elías se me adelantó.

En fin.

He cometido un grave error.

Usé el dinero que Íngrid adelantó para su puesto

para pagar a la constructora que va a arreglar el tejado.

Bueno, vamos a ver.

Yo también apoyé

la iniciativa.

Eh... Es que es algo habitual, que se hace siempre en las empresas.

La anterior gerente lo hacía continuamente.

Yo lo hago también en mis empresas.

Utilizo los ingresos

y los diversifico con distintos gastos.

En cualquier caso, fui yo el que tomó esa decisión.

Lo siento, Íngrid.

Entiendo perfectamente que te sientas molesta.

(CARMEN) Es una chapuza, lo que tenía que hacer es dimitir.

No creo que sea la única que piensa eso.

No estoy de acuerdo.

Él se ha equivocado ahora, es verdad,

pero no se ha quedado parado.

Javier, desde que llegó, ha luchado por y para el Mercado.

Lo ha intentado el hombre.

Parece como si se hubiera llevado dinero.

Y no es verdad y no es justo.

Bueno, Adela, de todas formas... No, no, Carmen, no.

Lo ha hecho por nosotros y para salvar el Central, ¿no?

Es lo que pienso yo.

Me parece muy bien

que defiendas a la familia, pero no te pases.

Necesitamos un nuevo gerente.

Claro, y, mientras lo buscamos,

ponemos a tu hijo en la gerencia, ¿no? La que no corre, vuela.

¿Algún problema? Ahora está el novio del tuyo, ¿no?

Todas barremos para casa. (JAVIER) A ver.

Si soy el problema, lo solucionamos. No, esto no va así, ¿eh?

Samu es un buen chico y siempre ha hecho un buen trabajo.

Pero al Central le esperan retos muy importantes

y tenemos la necesidad de tener un gerente profesional

que se deje la piel por sacar esto adelante.

Y estoy con Adela.

Javier ha demostrado que es ese tipo de persona.

Llegados a este punto, se me ocurre que votemos

para que Javier se quede o se vaya.

Muy bien, pues, nada, pues...

Vamos a votar.

David, ya estás aquí.

Quiero hablar contigo.

Pero no es hora de hablar, deberías estar trabajando.

Sí, bueno, he cerrado un rato.

Lo que te tengo que decir no puede esperar.

Siéntate aquí, por favor.

Pero ¿qué pasa?

La última vez que hablaste conmigo fue para contarme

que papá había muerto.

No te preocupes, esto que debo contarte es importante

pero no es tan triste.

Verás...

Cariño, yo nunca te hablo de mi vida privada porque es eso,

privada, como la propia palabra lo dice.

Lo que pasa es que, por motivos que...

que ahora mismo tampoco vienen al caso,

el caso es que la historia ya la sabe mucha gente

y prefiero contártela antes de que te enteres,

¿lo entiendes?

Vale.

David, ¿te acuerdas cuando te dije que a mí me gustaba Jorge?

Pero Jorge está con Lorena.

Sí, ya lo sé, no es eso de lo que quiero hablar.

También te dije que yo no podía tener una relación con él,

había cometido un error.

Sí, pero no me contaste qué error.

Bueno, ese error es que...

Que me he acostado con otro hombre.

Con Elías.

Y Adela se ha enfadado mucho y se ha separado de Elías.

Y ahora no somos ni socias ni amigas.

¿No dices nada?

¿Por qué te acostaste con Elías si está casado?

No lo sé, hijo, de verdad que no lo sé.

Cometí un error y no lo puedo borrar.

Y...

Supongo que estaba sola

y me sentía triste porque papá ya no estaba.

Sé que es una excusa,

no tengo una respuesta para tu pregunta.

No la tengo.

No quiero que me hables más.

Me has dicho que no era algo triste y es triste.

Vale, escúchame.

No te lo digo para que te sientas mal,

solo te lo quería explicar yo.

Me gustaría que lo entendieras. Lo entiendo perfectamente.

Eres una mentirosa.

Capaz de engañar a una amiga y acostarse con su marido.

-Ya veo que se lo has contado, siento que se lo haya tomado así.

¿Estás bien? Ven aquí.

Lo siento.

Pues así están las cosas.

Dos votos

a favor de que Javier deje de ser el gerente del Mercado Central

y el resto, en contra.

Ya sabéis.

Javier, enhorabuena.

Sigues siendo el gerente del Mercado.

Gracias a todos por venir. Se levanta la sesión.

Tenías que abstenerte, ¿en serio?

Soy el presidente de la Asociación de Comerciantes.

¿Eso te impide tener una opinión propia?

Hombre, que... que era feo

que yo tome partido cuando hay tanta división, ¿no?

Aparte, te digo una cosa,

ni con nuestros votos conseguiríamos lo que queríamos.

La idea de la asamblea ha sido una mierda.

Es lo que tiene la democracia, es lo que hay.

Me voy, tengo que trabajar.

-Vaya reunión más tensa, ¿eh?

Menos mal que ha salido todo bien.

¿No te alegras por mí?

¿Aunque sea un poquito?

-Pues ni por ti ni por mí, Javier.

Ojalá te hubieran hecho dimitir.

Así podríamos empezar nuestra vida juntos

y abrir el hotel que sueñas desde crío.

-Lo del hotel es un sueño, tú mismo lo has dicho.

-Pero ningún sueño se cumple si no luchas por él.

(SUSPIRA)

Mira, no pasa nada, entiendo tus prioridades.

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

-¿Estás muy liado? -No, pasa.

(RESOPLA)

-¿Qué tal? ¿Ya ha terminado la asamblea?

-Sí.

Y Javier se queda.

-Ah, ¿sí?

Me alegro por él.

-Sí, yo también.

Oye, ¿qué tal tu madre?

Has tenido que salir corriendo, se había puesto peor.

-Sí, bueno, ha tenido una pequeña recaída.

Ya la ha visto el médico y está todo controlado.

-Me alegro.

¿Y tú cómo estás?

-Pues ahí voy.

No sé, es que...

Me preocupa que la recuperación de mi madre esté siendo tan lenta.

Y... Ver a mi padre tan agobiado, no sé.

Creo que debería volver a casa, tío.

Aunque sea para... para estar con mi madre.

La pobre está como loca por hacer algo.

-Ya, ya imagino.

¿Vas a volver entonces?

-No sé.

Es que a veces lo pienso,

pero luego estoy en casa y no lo soporto.

Mi padre no me deja ni tocar a mi madre.

Y hasta mi madre me ha dicho que lo mejor es que me vaya.

-Vaya plan.

-¿Tú qué harías?

-Es que da igual lo que yo haría.

Me estás preguntando esto

para que te diga lo que quieres escuchar.

Que pienses en ti.

Pero tú ya tienes una respuesta, ¿o no?

(Llaman a la puerta)

-Eh, ¡que ha funcionado!

-¿Que ha funcionado el qué?

-Lo de darle celos a Lucía, "bro". -Ah, ¿sí?

Mírale, muy bien, chaval.

¿Y qué? ¿Cómo ha ido?

-Pues de lujo, "bro".

Y no he ido en plan arrastrado, ¿eh?

Que le he puesto condiciones. -Claro que sí.

Muy bien. -¿Y qué ha dicho, eh?

-Pues que sí.

-Que sí. -Eso ha dicho.

¡Eh!

-Bueno, entonces ya habrá que romper nuestra relación, ¿no?

-¿La de pareja? Sí, hombre, claro, no voy a estar con las dos a la vez.

-Con las dos, no. -A ver.

(AMBOS RÍEN)

-Muy bien. -Oye, tía, que muchísimas gracias.

-Nada. Hoy recojo mis cosas de tu casa.

-Bueno, que tampoco te estoy echando.

Puedes estar el tiempo que sea necesario.

Si no te sientes incómoda.

-No, qué va, no es por eso.

Tengo que ayudar a mi madre en casa, al menos, hasta que se ponga buena.

-Vale, vale. Bueno, tú, como veas.

Me vuelvo a la frutería, "bro".

Que tengo lío.

-Sí, a ver si curras algo.

-Sí, solo venía a contaros la buena noticia.

Venga. -Venga, "latin lover", disfruta.

Que te mola, ¿no?

-Qué va.

Así que, si tienes prisa,

vete tranquila y ya hablaremos más adelante.

Y gracias por apoyar a Javier, ¿mmm?

Hola, David.

Te he traído esto.

Los bombones que me compra mi abuela cuando estoy disgustado.

No quitan el disgusto, pero están buenos.

Los he comprado en el centro.

He tenido que esperar 30 minutos a ser atendido

y me han cobrado 24 euros.

Pero no lo tienes que pagar, es un regalo.

Ya, pues muchas gracias, pero...

¿A qué viene? No es mi cumpleaños.

A mí no me gustan las mentiras.

Nunca las digo

y creo que no sirven para nada y que solo causan problemas.

Por eso te dije que descolocas los champús,

que te sientas raro y que tus tostadas están malas.

Y, sinceramente, me alegré cuando te fuiste de casa.

Por eso creo que mi madre no hizo bien

al acostarse con tu marido.

Entiendo que estés enfadada con ella, también lo estoy.

No me gustaría que un amigo se acostase con mi novia.

Aunque no tengo.

Y por eso te he traído los pasteles.

No te quitarán el disgusto, pero están buenos.

Y creo que es todo lo que te quería decir.

¿Llegó el momento?

Sí, el gran momento.

Adiós al Central.

Fui bonito mientras duró y "bla, bla, bla, bla, bla, bla".

Bueno, espero que entiendas mi decisión

y espero que sigamos manteniendo el contacto

ahora que nos hemos reencontrado.

Por supuesto, cuenta con ello. (RÍE)

Oye, eh... Que te vaya muy bien, con todo.

Muchas gracias.

La verdad que mejor que me vaya, ¿eh?

Porque el Jorge de ahora es mucho más interesante

que el Jorge de La Fanega. Vale, ya, ya.

(RÍE) Sí, y estás mucho más estable, ¿eh? ¿Sabes qué?

No sé si podría contenerme contigo, a pesar de lo que le dije a Lorena.

Es una pena que no apuestes por esto.

Por el Mercado, quiero decir.

Ya.

Bueno, me voy tranquila y, además, me gustan tus amigos.

Unos más que otros, ¿eh?

Y te dejo en buenas manos. Y en manos de Lorena.

Que, oye, tampoco está mal, ¿no?

No, de hecho, está incluso muy bien.

Mmm.

Bueno.

Tengo que irme.

Quiero un abrazo.

Quiero un abrazo grande.

Muchas gracias.

-¿Ya te vas?

-Sí, ya me voy.

Y sé que me voy con la competencia, pero...

Os deseo lo mejor en vuestra guerra contra Hortuño,

de verdad.

Bueno, adiós, Lorena. -Adiós.

-Y una cosa.

Cuida mucho a este bichejo.

-No te preocupes, es muy apañadito, se cuida él solo.

-Sí.

Bueno, chao.

-Chao. -Que vaya bien.

-Adiós.

(SUSPIRA) Ay, pues la vamos a echar de menos.

Pues sí, es una pena.

Porque este tipo de cosas

hacen daño al Central y minan un poquito

la moral.

Hemos perdido una batalla, no la guerra.

Javier se queda, es un triunfo.

Por cierto, estoy muy orgullosa de ti.

Le defendiste en la asamblea, me lo dijo Adela.

Me pareció muy injusto lo que decían.

Sí, lo del dinero de Íngrid y todo eso.

Javier la cagó, pero no había muchas más opciones.

Es un buen tío. Sí.

Y me alegro mucho de que esto no haya estropeado vuestra amistad.

No dejes que nada os separe, necesitamos a Javier aquí.

Ajá. Tenemos que seguir adelante.

Claro.

Y tú y yo podemos con esto y con mucho más.

Que tiemble Hortuño.

Que tiemble Hortuño.

¿Cenamos esta noche?

Cenamos esta noche.

Eso es, ¿está bien así?

-Mmm, sí, muy bien.

Gracias, cariño.

Venga, ponte con lo tuyo, ¿no?

Que hoy ya te he dado mucho trabajo.

-¿Qué dices? Tú no me das trabajo.

Sabes que me encanta cuidarte.

¿Mmm?

Siento haberme enfadado antes.

Me asusté cuando te vi toser así otra vez.

-Pues no lo sientas

porque... tenías razón en todo lo que me has dicho.

He sido una irresponsable. -No.

-Sí. -No, no, qué va.

Bastante paciencia estás teniendo ya, ¿eh?

Yo no imagino como estaría.

¿Sabes? Tengo que disculparme también con Noa.

Fui injusto con ella.

No tiene la culpa de lo que te pasa, ¿mmm?

Y no puedo pedirle más. -Ya.

-Yo tengo que estar pendiente de ti.

¿Mmm? -Ajá.

-Ya la perdimos una vez por presionarla.

-Por favor. -No puedo cometer el mismo error.

-Nacho, eso es horrible.

O sea, es que yo me muero

si perdemos... -Chist.

...a Noa. -No va a pasar, te lo aseguro.

Tú descansa, ¿vale?

Descansa y recupérate.

Ya sé que ahora la casa se te viene encima,

pero es lo que toca.

-Ya. -¿Vale? paciencia.

Yo intentaré ser menos exigente también.

¿Mmm? -Ajá, vale.

-Mira el lado bueno.

Tienes tiempo para ver esas series que querías.

¿Eh?

Y, cuando estés mejor, saldremos a dar un paseíto.

Cortito, para que no te canses demasiado, ¿mmm?

Solo te pido que no me ocultes nada de lo que hagas.

-Te lo prometo.

-Gracias.

-Hola.

-Hola.

-Hola.

-¿Qué haces aquí, que no estás acostada?

¿Te encuentras mejor?

-Pues sí, ya no tengo fiebre.

-Voy a seguir trabajando.

-¿Y esa bolsa?

¿Ya te has apuntado al gimnasio?

-No.

Vuelvo a casa.

Desde aquí podré ayudar más fácilmente a papá

y así no te sientes tan solita.

-Ya.

-¿Qué pasa? ¿No te parece bien?

-Oh, ¿cómo no me va a parecer bien, cariño?

Eres una chica estupenda y muy generosa.

Pero...

No quiero que vuelvas a casa, cielo.

No te lo tomes a mal, ¿eh?

No quiero que vuelvas para cuidarme.

Tú tienes que vivir tu vida y todo lo que hagas ahora

va a repercutir en tu futuro, yo estoy muy bien.

Tu padre me está cuidando mucho, ¿a que sí?

(RÍE)

Así que voy a salir de esta.

-Pues, vale, no sé, me vuelvo a casa de Jonathan.

-Pero no te lo tomes a mal, ¿eh?

No es que no quiera verte, yo estoy encantada.

Mira.

Sé que esta cita que has tenido con Álex no ha salido bien.

Pero a mí me ha encantado ser tu cómplice.

Hacía mucho tiempo que no nos divertíamos tanto, ¿no?

Sin malos rollos.

Y quiero que siga siendo así.

¿De acuerdo?

-Pues claro que sí, mamá.

A mí también me encanta hacer cosas contigo.

Aunque no siempre salgan bien, claro.

-Guapa.

(CARLA SUSPIRA)

Ya sé por qué te has ido enfadado, me lo ha dicho tu madre.

-He ido a ver a Adela, le he llevado unos pasteles.

No te quitan los problemas, pero están buenos.

-Eso está muy bien.

Es muy generoso por tu parte. -No.

No soy generoso, soy justo.

Mi madre se ha portado muy mal con ella.

-Mira, David, a veces, los adultos cometen errores, ¿sabes?

Lo hacen sin mala intención.

-No, un error es estar haciendo un estofado

y que te salga mal, pero... Eh.

-Eh. Ya.

-Pero acostarte con el marido de tu amiga es ser mala persona.

Los dos son malas personas.

-Ella no es una mala persona, tu madre no es una mala persona.

Y no... no hizo eso para intentar hacer daño a Adela.

Lo hizo porque, mira, no lo pensó, le salió así.

-No hay qué pensar.

Elías es el marido de Adela y Adela es su amiga.

No hacía falta que se acostaran, podía haberse acostado con otro.

-A veces no podemos controlar de quién nos sentimos atraídos.

Lo vas a entender con el tiempo.

-Le ha hecho daño a su amiga, es mala persona.

-No es mala persona y es una buena madre.

Mira la mía. -Ya.

No hablamos de tu madre, hablamos de mi madre.

Me avergüenza ser su hijo, no quiero verla.

-Pues tendrás que verla y tendrás que perdonarla.

-Ya. ¿Por qué? -Porque es tu familia.

-No, mi familia es mi abuela Asunción.

Me quiero ir a vivir con ella, no quiero vivir con mi madre.

-Mira, David, piénsatelo, tu madre es una buena persona.

Y es una buena madre. Tienes mucha suerte de tenerla cerca.

Bueno, pues aquí están las facturas y el resto de documentos.

No... no te quiero engañar,

pero... no ha sido nada fácil justificar todo ese dinero.

Aunque lo importante es que ya está hecho.

(Móvil)

Perdón, es de trabajo.

¿Sí? Dime.

Eso es, te vas a Lisboa y, después, a Oporto.

Caetano te está esperando allí.

Muy bien.

Y, después, rápido para acá, ¿eh?

Bueno, venga, gracias.

Veo que también tienes distribución a nivel internacional.

Sí, bueno, sí, sí, sí.

No nos va mal.

Intentamos estar en todos los sitios.

Estamos en Portugal, en Marruecos, estamos en Francia también.

Ah, bueno.

Un hombre hecho a sí mismo.

Bueno, la... la empresa, en realidad, la creó mi padre.

Yo he aprendido mucho viendo adónde ha llegado partiendo de cero.

Un hombre admirable, sin duda.

Y con suerte, ¿eh?

Porque él consiguió la frutería en una timba de póquer.

Ah, bueno, para ganar dinero y mantener a la familia

todos los negocios y los modos en que se hagan

son lícitos. (RIENDO) Sí.

De tener un simple puesto de fruta a distribuirlo internacionalmente,

hay que reconocer que ha trabajado mucho.

Nadie puede dudar eso.

Yo he aprendido mucho viéndolo.

Aunque no siempre estoy de acuerdo con él.

Ni en lo profesional ni en lo personal, ¿sabes?

Pero, bueno, no estás aquí

para que yo te cuente historias de mi familia.

Perdona, veo que he tocado un tema sensible.

No, no, no, no, de verdad. ¿No?

Aunque, Velasco,

para sensible, lo de Escobedo, ¿no?

¿La policía ha averiguado algo?

Tranquilízate, Elías.

No tienes que preocuparte por eso.

Bueno, muy tranquilo no... no estoy, ¿eh?

Hortuño no para de preguntar por él.

Hoy he comido con él.

Lo ha llamado por teléfono no sé cuántas veces.

De Hortuño me encargo yo.

No se puede actuar en caliente y con precipitación

si está en riesgo el negocio.

Ya encontraré el momento.

Y acabaré con él.

Él también está buscando el momento para acabar contigo.

Y, en estos casos, el que da primero suele ganar.

Y por eso te necesito a ti.

Quiero que averigües qué planea Hortuño.

Ya, pero ¿cómo? O sea, que yo no soy uno de...

de tus matones y, a mí, Hortuño me va a contar

lo que él quiera.

Aparte, no quiero perder su confianza.

Ah, claro, sí, sí.

Estás en una posición muy delicada. Claro.

Pero yo estoy dispuesto a tener paciencia contigo.

Porque me has demostrado que puedo confiar en ti.

Por supuesto.

Hablando de confianza,

desde que el desgraciado de Hortuño me mandó a la cárcel,

la policía judicial tiene bloqueadas todas mis cuentas.

Y tengo mucho dinero negro.

Eso iremos blanqueándolo poco a poco, ¿verdad?

No es suficiente.

Necesito sacar ese dinero del país y ponerlo a buen recaudo.

Y tu empresa de transporte es perfecta para eso.

Pero va a ser poca cosa.

Además, un hombre de negocios como tú,

honrado,

nadie, ni la policía siquiera, sospecharía de ti.

Bueno, ya yo...

Entiendo lo que me pides, pero...

Yo no le puedo pedir a mis trabajadores...

No les tienes que pedir nada a tus trabajadores.

Vosotros lleváis el material

y nos encargamos de cargarlo y descargarlo.

No... no os vamos a molestar.

Lo tienes todo bien pensado.

Necesito sacar ese dinero del país lo antes posible,

tengo que invertir en inmuebles, oficinas y otras operaciones.

Mmm.

¿Y la primera ruta que tienes pensada cuál es?

Bueno... Lisboa.

¿Y si algo sale mal?

No tienes que pensar eso.

Esto entra dentro del acuerdo.

Somos amigos, ¿no?

¿O quieres dejar de serlo?

No, hombre.

Claro que no, somos amigos,

cómo no le voy a hacer un favor a un amigo, ¿verdad?

¡Ah! ¡Me encanta!

Ya sabes que me encanta la lealtad.

Es lo más importante para mí.

Bien.

Tendrás noticias mías.

Y haremos el primer envío, ¿de acuerdo?

(Puerta)

David, cariño.

¿Estás bien?

Tranquilo.

Tranquilo, David, tranquilo.

Tranquilo.

¿Por qué me has llamado tan alterado?

¿Qué ha pasado?

-Mi madre ha hecho algo horrible. -¿Algo horrible?

Pero tú estás bien, ¿no?

-Nos ha mentido a todos.

A mí, a Adela, a su familia.

Ella se acostó con Elías, y está casado.

-Entiendo.

Y tienes razón, es algo que está muy mal.

Pero tienes que entender que...

que los adultos también nos equivocamos.

-Todos decís eso, ¿por qué?

-Supongo que no tenemos una respuesta para cuando nos equivocamos.

Nadie hace las cosas

pensando en que está haciendo algo mal, ¿sabes?

-Ya, eso tiene sentido.

Si no, todo el que hace cosas malas sería malo.

Y a veces no es así.

-¿Y tú cómo te has enterado?

-Me lo contó mi madre.

-Mmm.

Oye, tengo una idea.

¿Quieres venir a casa?

Si quieres, te preparo la cena.

¿Qué tal unos filetes empanados?

-Bueno, la verdad es que tengo hambre.

-Pues vamos.

Hortuño...

Hortuño, escúchame.

Oye.

Oye, Íngrid ya no está, ¿no?

Sí, ya, ya, ya sé que eso no soluciona nada, ya lo sé.

Pero es un golpe para la moral de todos los comerciantes, ¿no?

Si ven que la gente no confía en el Mercado,

muchos empezarán a dudar.

Sí.

Oye, Ginés,

lo de Javier se ha gestionado de la mejor manera posible.

No.

No, como presidente de la Asociación de Comerciantes

yo no puedo despedir, lo tengo que someter a la asamblea.

Pues han decidido seguir contando con él.

Le dan su apoyo, qué quieres.

Cálmate, que ya veremos la manera

de que Javier se vaya del Mercado antes o después.

Confía en mí.

Sí.

Sí.

Sí.

¿Escobedo?

No... no tengo ni idea.

¿Qué pasa? Sigue sin dar señales de vida, ¿no?

No lo sé, a mí no me ha llamado, desde luego.

No.

¿Quién te dice a ti que no ha encontrado un ligue

y no quiere que lo encuentren?

Tampoco he hablado con Velasco, no.

Oye, que no he hablado con...

No te preocupes, cuando sepa algo de él,

te...

Que te llamo, te estoy diciendo.

Muy bien.

Venga, adiós.

La madre que me parió.

(Timbre)

Qué sorpresa, no te esperaba.

Vengo a despedirme.

¿Ya? ¿Tan pronto? Sí.

Una lástima.

Pero no quería hacerlo sin agradecerte

que me abrieras los ojos con el Central.

No tenías que contarme lo de Hortuño y lo hiciste,

así que eso te honra.

Si llego a saber que tomas esta decisión de irte,

no te lo hubiese contado.

Ya. Tu decisión nos perjudica a todos.

Es una señal, una mala señal, sobre el futuro del Mercado Central.

Y a todos nos interesa

que el Mercado dure cuanto más tiempo, mejor.

Sobre todo, a mí, que soy el que más dinero invierte.

Entonces, ¿por qué me lo dijiste?

Porque me caes bien.

Vaya. Te respeto como empresaria.

Hay que tener mucho valor para empezar un negocio desde cero.

Y no me parecía bien,

además, era absurdo ocultarte esa información,

te hubieses enterado. Ajá.

Decidí contártela, que la pusieras encima de la mesa

y que tú decidieras, que es como tiene que ser.

Pues siento que te saliera el tiro por la culata.

Es que no se puede ganar siempre, sería muy aburrido.

Cierto.

Ponte cómoda, ¿no?

Siempre.

Pero te digo lo mismo que les dije a Jorge y a Javier.

Ajá.

Hortuño no es mi guerra.

Ya.

¿Te apetece una copa?

No.

Hoy no me apetece una copa, hoy me apetece esta copa.

Gracias.

Pues es una pena que te vayas, ¿eh? Mmm...

Y no solo por el restaurante, no. Ya.

Me hubiese gustado conocerte mejor.

Ajá. Eres una mujer muy interesante.

Dicen que no conviene mezclar el placer con el negocio, ¿no?

Ah, ¿sí? ¿Eso dicen?

Sí.

Bueno, pues menos mal... Ajá.

...que ya no trabajas en el Mercado Central

y no es una relación profesional.

¿Verdad? Sí.

Esta despedida va a durar más de lo que tenía previsto.

Mi intención es que dure mucho.

Si me disculpas un segundo...

Ahora vengo. Por allí.

David, por favor, llámame.

Sé que estás enfadado,

pero yo necesito saber que estás bien y dónde estás.

Vamos a hacer una cosa: ¿por qué no vienes al Mercado?

¿Eh? Te espero en el puesto.

Venga, por favor.

Te quiero. Hasta luego.

No he podido evitar oírte. ¿Estás buscando a David?

Hace un rato estaba ahí fuera, charlando con Carla.

Está en buenas manos, así que no debes preocuparte.

Gracias.

Es mi suegra, está con él y está bien.

No sé si querías algo más o...

No. Bueno, sí.

Solo quería decirte

que... siento muchísimo que David esté pasando por esto.

Es un gran chico y no se lo merece.

Siento tanto que esté sufriendo y pasando esto por un error mío...

Y lo mismo contigo, Adela,

siento mucho haberte hecho sufrir tanto.

Bueno, tú también te estás llevando lo tuyo.

Pero, aunque no es consuelo,

yo también lo siento.

No sé lo que me pasó, por qué le dije eso a Carmen, no sé.

No lo sé, perdóname.

Sí, la verdad es que no fue una buena idea.

Cuando supe que estaban cotilleando sobre mí,

me sentí muy vulnerable y muy estúpida.

Pero, bueno, no es excusa

para decirte todo lo que te dije y para meter a David de por medio.

Fue muy injusto.

Siento el bofetón.

Yo estuve a punto de devolvértelo.

Y eso que ya te había dado uno.

La verdad es que deberíamos cobrar entrada.

¿Por?

Por el espectáculo que estamos dando.

Sobre todo, a las Pachecas.

Pues sí.

Pues solamente era decirte eso.

Te lo agradezco mucho.

Es lo justo.

Y gracias también a ti.

Adela.

¿Sabes qué es lo que más rabia me da de todo esto?

Que podíamos haber sido muy buenas amigas.

Lo fuimos.

Aquí tienes tu café para llevar.

-¿Qué te debo? -Nada.

El primer café es gratis para los nuevos clientes.

Pero... tienes que volver.

-Gracias, qué detalle.

-Es mi nueva campaña de promoción

especialmente dirigida a un público femenino.

¿Qué confianza tienes con Íngrid?

Mucha.

Íngrid, además de mi ex, es mi amiga.

Y no me gusta nada que se relacione contigo.

No sé nada de flores.

¿Podría echarle un vistazo a la lista de precios?

Eh... Al menos para hacerme una idea. Sí, sí, claro.

Aquí tienes.

Ahí viene tu novia, ¿me voy?

-No, ¿por qué?

-Porque se supone que me ha robado el novio.

Tendría que estar cabreada. -Eh...

Te ayudo con los currículos. Ajá.

Y tú me cuentas qué ha pasado con Adela.

De verdad, que no ha pasado nada, no quiero trabajar con ella, y punto.

Ya está, prefiero ser cortante

antes de que se haga ilusiones.

-Mira, Nacho, si tengo algo malo,

quiero saberlo, ¿de acuerdo?

No quiero que me trates como a una niña.

-Yo nunca haría eso, amor.

Confía en mí.

Ya está, hijo, vamos. Eran socias, ¿eh?

Y muy buenas amigas.

Es que esto a Adela le pasa

por ser tan confiada y tan buena persona.

¿Quién se iba a imaginar que iba a hacer algo así?

-Todo el mundo te odia.

Les has mentido a todos.

-Dile la verdad. -Noa.

No eres mi ex, nos liamos una vez y ya está.

No significó nada para ninguno de los dos, ¿no?

-A ella no le has dicho eso. -Ya, bueno.

No puedo decirle que era para darle celos.

-Pues sí, deberías.

-Bueno. ¿Qué tiene que ver?

Pues mucho. Ah, ¿sí?

Sí, porque resulta que ese señor, madurito, interesante,

va a montar una floristería enfrente.

(PAOLO RESOPLA)

-Paolo, no te reconozco.

Mira, una cosa es que tú ligues con desconocidas,

que me parece muy bien, ¿eh?,

pero desatender así el negocio, hombre, por favor.

-Pero ¿de qué hablas?

-Pero, bueno, ¿a ti te parece normal tener el restaurante ahora cerrado,

a estas horas, hombre, y si viene un cliente?

-Mi madre y tú me dais asco, no os voy a perdonar nunca.

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Mercado central - Capítulo 102

18 feb 2020

Tras conseguir que Ingrid abandone el Central, Hortuño quiere ir a por Javier. Elías convoca una asamblea para quitárselo de encima, pero los comerciantes votan que no dimita.

Elías reprocha a Celia que pegara una bofetada a Adela. Celia acaba contando a David que se acostó con Elías, por temor a que se entere por terceros. David se lo toma fatal y defiende a Adela.

Adela se da cuenta del rechazo de David hacia Celia y lo lamenta. Adela y Celia, sin reconciliarse, comparten su dolor.

Rosa se desmaya y Noa se plantea volver a casa, pero su madre declina el ofrecimiento.

Paolo duda si centrarse en Mayte o convertirse en un picaflor. Escoge lo segundo.

A pesar de que se ha propuesto alejarse de las mujeres, Elías no puede resistir la tentación y se acuesta con la persona más inesperada.

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  1. Mar

    Por qué lo llaman error cuando son una serie de decisiones egoístas? En todo caso serían errores, en plural. No te caes en la cama con otra persona si no has decidido ir hasta allí, quedarte, meterte y seguir ¬¬ Una vez una infiel me llamó fría, cuando la frialdad es lo que hay que tener para pasarse por el forro todos los valores por un calentón que tiene cualquiera y no por eso va haciendo lo que le pide el cuerpo, igual que nadie se caga en la calle cuando le da un apretón... La infidelidad es una decisión, porque no carecemos de lóbulo frontal como los psicópatas.

    21 feb 2020