Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 101 - ver ahora
Transcripción completa

No, no, que me lo ha confesado la propia Celia.

Aunque yo ya había atado cabos.

Sabiendo cómo es Elías

y viendo lo mal que estaba Adela con su exsocia,

es que no había que sumar más que dos más dos.

¿Me pones un café para llevar, por favor?

Claro.

(LORENA) Bienvenida al club de las ovejas negras.

No debe ser fácil aguantar cómo todo el mercado te mira, te juzga, ¿no?

No me importa lo que piensen de mí.

Pero odio ser el tema de conversación.

A mí tampoco me importa lo que piensen de ti,

pero estoy cansada de que hablen de mi familia.

¿Por qué le has contado a Carmen que te has acostado con mi hermano?

Pues porque me sacó de mis casillas, y estallé.

De todas formas yo no le he contado nada.

Ella lo imaginaba y yo simplemente... lo confirmé.

Mira, deberías estar contenta.

Oficialmente soy la mala del mercado y Adela es la víctima.

Tendrías que alegrarte. Pues no, no me alegra.

La verdad es que tampoco me importa.

No, sí claro.

Porque soy la encarnación del mal,

para ti y para todo el mercado, ¿no?

No. No me parece que seas el demonio.

Solo me das pena.

Sí, es muy triste ver

cómo tomas una mala decisión detrás de otra mala decisión.

Y te habla la voz de la experiencia.

Ya.

Pues muchas gracias por tu condescendencia.

Quédate con el cambio.

¿Has visto eso? Vamos ni los buenos días.

Se le cae la cara de vergüenza.

Con la pinta de mosquita muerta que tiene. Ya ves tú. Menudo bicho.

Ya está bien, ¿no?

Descansa un poco la lengua que madre mía como le das.

¿Me hablas a mí así?

¿La defiendes con lo que ha hecho? -No la defiendo,

pero para hablar de con quién se acuesta mi hermano o no,

por favor, hazlo fuera de aquí. -Celia ha traicionado a Adela

y la gente tiene derecho a saber el tipo de víbora que es.

¿Sabes qué es una víbora?

Una tipa que va esputando el veneno sobre los demás.

Y ahora mismo, fíjate, tengo una delante de mí.

Me insultas para defender a Celia.

Muy bien. Esa eres tú. -No te estoy insultando.

Te digo lo que veo, lo que hay.

Y tampoco la defiendo a ella.

Solo te digo que en mi bar no quiero más cotilleos.

¿Te queda claro?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Aquí tienes.

Un auténtico capuccino italiano.

Un verdadero placer para todos los sentidos.

Yo estoy aquí, ¿eh? Cualquier cosa que necesites...

Gracias. -Amigo mío.

Va, ven que te invito a un café.

No, no, tengo que abrir el puesto. Tengo lío.

Pero oye, te veo muy animado. ¿Algo que deba saber?

No, no, no. Ya sabes que no puedo.

Yo soy un caballero.

Un Casanova es lo que eres. Oye, a ver si me queda claro.

Os visteis por la tarde, repetisteis por la noche, ¿y?

Eso es.

¿Hubo algún gatillazo?

Es que no te entiendo ¿"Gati" qué?

Qué crac. Míralo. (PAOLO RÍE)

¿En qué habéis quedado, en volver a veros?

Bueno, ahora que he superado el test de rendimiento...

Mayte ha accedido a quedar a comer conmigo.

Muchos estarían encantados con ese test.

Ya lo sé, pero... es que yo soy de la vieja escuela.

A mí me encantan los paseos cogidos de la mano, las cenas con velas...

y al final de todo, entonces sí,

acabar haciendo el amor apasionadamente.

Es que soy un romántico. Ya.

Ya has hecho el amor apasionadamente,

habéis comido... Solo te queda el paseo.

Eso es, el mundo al revés.

Va, quédate conmigo, va.

Te preparo un café. Siéntate aquí. Uno rapidito.

Sí.

(JONATHAN) ¡Noa! Noa, ven un segundo.

¿Qué tal? ¿Dónde te habías metido?

Cuando me he despertado ya no estabas.

Ya, es que quería ver a mi madre antes de entrar a currar.

Ah. -Y ahora Lorena me espera,

así que no tengo mucho tiempo. -Ya, vale. Solo necesito un minuto.

Es que bueno quiero hablar contigo. Es importante.

Jona, si es por lo de la otra noche, ya lo hablamos y...

Que no, Noa, que no tiene nada que ver con esto.

Es que... te quiero pedir un favor.

Es por los gastos de la casa.

Yo colaboro mientras siga allí. -Que no.

Que no, Noa. Gracias, te lo agradezco, pero...

pero no tiene que ver nada con eso. Es...

Verás, que quiero que me eches un cable con Lucía.

Sí, es que no paro de cagarla con ella.

Ah, eh...

A ver no te prometo nada, porque casi no la conozco,

pero si quieres puedo intentar hablar con ella

y allanarte un poco el terreno.

Allanar el terreno está muy guay.

Igual lo que te voy a pedir es un poquito más cutre, pero...

pero es que... ¿sabes qué pasa? Es que ya no sé qué hacer.

Dame un segundito y ahora mismo te lo cuento, ¿vale?

Pues nada, al final quedamos así.

Uy... Amigo mío, no te gires,

pero yo creo... Eh, que no te gires.

Yo creo que has ligado.

Mi nueva clienta no te quita los ojos de encima.

(RÍE) Perdona, donjuán, pero creo que te estaba mirando a ti.

¿A mí? Ajá.

No.

Mira, está escribiendo... Sí, te está dejando propina.

(MUJER) Chao. Chao.

¿Me ha guiñado el ojo?

Igual es que tiene un tic la muchacha.

Habrá que ver qué pone, ¿no? (PAOLO) No, no, déjala.

(CHISTA) No, ven, que es mi servilleta.

Oh.

¿Qué? Nada.

Déjame ver. La puntuación de tu capuccino.

Me ha dejado su nombre y su número de teléfono.

Y por si quedaba alguna duda, ha firmado con un corazoncito.

Es que no lo entiendo.

Desde que me dejó Cristina,

yo estaba invisible para las mujeres.

¿Y ahora qué ha cambiado? Tú has cambiado.

Nunca has sido invisible para las mujeres, Paolo.

Estabas ahí con Cristina, con... tu corazón roto.

Todavía está roto, ¿eh? Sí, pero estás mejor.

y ahora te estás abriendo al mundo y el mundo se está abriendo a ti.

Elsa... Bonito nombre, ¿no?

Sí, sí lo es. Igual a Mayte no le gusta tanto.

Tienes razón.

Pues nada, que Elsa ha llegado tarde.

Eh, eh, eh. ¿Qué vas a hacer? ¿Qué dices?

Hombre, que lo voy a tirar.

Ahora que estoy saliendo con Mayte

no puedo llamar a Elsa. Esto no se tira, Paolo.

Esto se guarda por si... ya sabes.

Ya te lo guardo yo. No.

Si no lo quieres. No, déjamelo a mí.

¿Qué? O sea tú estás flipando, ¿no?

¿Cómo se te ocurre pedirme que finjamos estar juntos?

-Tranquila, que tampoco es para tanto.

Que no nos tenemos que enrollar ni nada.

Y fue lo mismo que le pediste a Luis antes de irse a Nueva York.

Tú y yo no corremos el riesgo de quedarnos pillados.

-Y si Lucía piensa que estamos juntos,

vendrá a tus brazos, ¿no?

¿Tan idiotas crees que somos las tías?

Que no, tía, que no es eso.

Solo quiero comprobar si vernos juntos le provoca algo en ella,

si le molo o no.

Que me vuelve loco, un día dice que pasa de mí

y al siguiente me habla normal.

Si quieres saber eso, se lo preguntas y punto.

No seas retorcido ni me metas en medio.

Ah, ¿retorcido yo? -Sí.

¿En serio, Noa?

Lo dice la que se piró no sé cuántos meses

y me obligo a callarme la boca.

¿Sabes lo mierda que me sentía cuando tu madre lloraba en mi cara?

No seas injusto. Esto no tiene nada que ver.

Aquello fue horrible, Noa. Lo hice porque somos amigos.

Supuestamente somos amigos y es lo que hacen los amigos.

¿Y tú no eres capaz de hacer esta estupidez por mí? ¿En serio?

Tú mismo lo dices, que es una estupidez, tío.

(NOA) ¿Cómo quieres que finjamos...?

Hola, chicos. -Hola. ¿Qué tal?

Muy bien.

Últimamente vienes... mucho por aquí por el mercado, ¿no?

(LUCÍA) Bueno, si tú lo dices...

Noa, te traigo estos documentos

que se ha dejado tu padre. Igual los necesita.

-Ah, vale, se los doy de tu parte. -Vale.

Estupendo, gracias.

Bueno, ¿y vosotros qué?

Últimamente sois como inseparables, ¿no?

Pues sí, sí. Sí, sí.

La verdad es que Noa y yo nos conocemos tanto

que nos entendemos con una mirada. ¿Verdad, Noa?

Sí, sí. Nos leemos con la mirada.

Nos leemos, sí.

Bueno, pues yo os dejo. Hasta luego.

Ya vale, tío.

Ventresca, ventresca, ventresca...

¿Dónde está la ventresca, por favor?

(INGRID) ¿Buscas esto?

Las dejé fuera para liquidar esta remesa

y se me ha olvidado por completo.

Déjame que termine este pedido y en seguida estoy contigo.

Puedo volver en otro momento.

Esto ya está...

a ver... listo. ¿Qué querías?

Quiero preguntarte algo y necesito que seas sincero.

Vale.

¿Te has arrepentido alguna vez de abrir tu puesto en el Central?

Pues es una pregunta que me han hecho muchas veces y...

siempre respondo lo mismo, dejar La Fanega fue una decisión...

No hablo de tu cambio de vida, Jorge.

Quiero saber si te arrepientes de elegir este mercado

para montar tu negocio, eso es todo.

Bueno, no te voy a negar que he tenido altibajos, pero...

este mercado me ha dado más de lo que esperaba.

Ya sé que tienes aquí a tu novia y muchos amigos,

pero te pregunto como empresario.

¿Te salen los números que esperabas?

¿Has recuperado lo invertido? ¿Tienes clientela necesaria?

(RÍE) Esas son muchas preguntas.

Vamos al grano Ingrid, ¿qué te preocupa?

Que este no sea el lugar adecuado para montar mi restaurante.

Te pido tu opinión, como amigo y como empresario.

Mira, creo que aquí vas a encontrar algo

que no vas a tener en un centro comercial.

Este mercado tiene alma. Jorge, déjate de poesía, de verdad.

Ahora no me interesa el alma del mercado,

sino el riesgo de perder mi dinero

por invertir en un puesto que no pueda prosperar, eso es todo.

Ya. Necesito garantías.

Pero es que garantías no vas a tener ni aquí ni en ningún sitio.

Mira, creo que tu restaurante va a funcionar muy bien aquí,

que le vas a hacer mucho bien a este mercado y viceversa.

Con el alfil te comes el caballo.

Qué susto, colega, pensaba que eras el encargado de la subcontrata

y que venías a echarme la bronca.

¿La bronca por qué? ¿No estás en tu descanso?

Más o menos. Dentro de 5 minutos empiezo mi descanso de 30 minutos.

Si son cinco minutos,

lo mismo te ve tu jefe y te vas detenida o te despide o...

Estás muy a tope con el ajedrez, ¿no?

¿Qué tal la partida con David el otro día?

Fatal. Humillante, te lo juro.

Eso es porque no seguiste mis consejos

No, eso es porque David es muy bueno y a ti también te habría ganado.

¿A mí? ¿Qué dices? Eso no lo sabes.

Sí que lo sé, sí.

Y puedes comprobarlo por ti mismo, que él estaría superdispuesto.

Pues lo voy a comprobar, fíjate. -Pues muy bien.

Si quieres jugamos y preparas para la revancha.

¿La revancha, con David? ¿Estás loco? No, que este tío es un master.

Es como el Messi del ajedrez.

Messi y el ajedrez... -Sí.

Si no preparas para la revancha, ¿qué haces?

¿Esperando a que se muevan solas? -Estoy aprendiendo.

Nunca me lo hubiera imaginado,

pero la verdad, me estoy enganchado al ajedrez.

Pensaba que era para friquis, pero me he dado cuenta de que...

¿Friqui?

Vamos a echar una partida, anda.

Se aprende jugando, va. -Que no,

una partida se puede hacer larga.

Si no vas a durar ni cinco minutos.

Yo juego con las negras.

Venga, listillo. -Muy bien.

Lo vas a flipar, chaval.

No entiendo tantas dudas. Pensé que estaba todo claro.

Oye, si es por lo del tema de la cubierta,

es una crisis que ya está solucionada.

Sí, gracias a mi dinero. ¿No te lo ha contado Javier?

No, ¿el qué?

Ha utilizado parte del dinero que le entregué para mi reforma

para pagar el adelanto de las obras del tejado, sin mi permiso.

No, no puede ser.

Javier es uno de los tíos más legales que conozco.

Sí. Si no me crees, puedes pregúntaselo a él.

Si me lo confesó delante de Elías, no creo que vaya a mentirte.

Vale, a ver si lo entiendo.

¿Utilizó tu dinero y luego te lo dijo?

Sí, se vio obligado a confesarlo.

Pero es una historia muy larga que no quiero contártela,

que te la cuente mejor él.

Me preocupa es que esto demuestra que el mercado no es solvente.

Ingrid, estamos en un momento complicado.

Creo que cuando se resuelva lo de la reforma, nos estabilizaremos

y saldremos reforzados. ¿Y si no se consigue?

Lo que ha hecho Javier demuestra que las cosas no van nada bien.

No sé cómo se han producido los acontecimientos,

pero conozco a Javier, habrá una explicación.

La hay y está muy clara,

el mercado me necesita más a mí que yo a él.

Ese no es un buen punto de partida. Tú, en mi lugar,

¿no te lo replantearías?

Colega, reacciona, que te acabo de comer el alfil.

Ya, ya, ya. Ya lo sé.

(CARLA) Estoy mejorando, ¿eh?

(SAMUEL) Sí, pero no lo suficiente todavía para ganarme.

Hombre, David. ¿Qué haces aquí?

Veros jugar. ¿Puedo?

Sí, pero ¿tú no tenías clase?

No. Hoy solo hay exámenes de recuperación y de subir nota,

y yo literalmente no puedo subir más nota.

¿Lo ves? Si es que es un genio. Venga, va, que te toca.

(SAMUEL) ¿Qué has hecho?

Ahora tengo que comerte la reina, mira. Anda, anda.

Te ha hecho una envolvente.

(CARLA) Que no te enteras, chaval.

Jaque mate.

Si no le comes la reina te hace mate con el caballo.

Ya, ya, ya lo veo.

Si no me entretuvieras, lo habría visto.

(CARLA) Tienes que aprender a perder.

(DAVID) Si sigues así, te vas a hacer una buena rival.

Tengo al mejor maestro. -Quiero revancha.

Yo con las negras, que las blancas no...

Eso tendrá que ser después, porque yo tengo que volver al tajo.

Yo voy a ver a Paolo, que le prometí a Andrea que lo cuidaría.

¿Luego vienes a comer a casa? -Sí, después del turno.

¿Te encargas de la comida y yo de fregar y de la mesa?

Vale. -¿Vale?

¡Y tú! Te debo la revancha.

Oye, Carla...

Es que te veo muy bien.

Y me alegro.

Yo también te veo bien.

Nos vemos por aquí.

Nos vemos luego.

Javier, acabo de hablar con Ingrid.

¿Se puede saber que ha pasado? ¿Qué estabas pensando?

En salvar el mercado, Jorge. No me estoy justificando. Lo siento.

Ni yo mismo me reconozco. Estaba desesperado.

¿Por qué hablaste conmigo? Pudimos haber buscado soluciones.

¿Qué soluciones? Pedí ayuda a todo el mundo,

pero casi nadie podía adelantar dinero.

De tener otra alternativa no lo habría hecho.

La alternativa era esperar a cobrar las cuotas.

Sabes que no podíamos seguir abriendo el mercado

con el tejado en estas condiciones.

Necesitaba tomar una medida urgente y no había dinero.

¿Qué más podía hacer?

No era una mala solución. No era limpia, pero era efectiva.

Con el dinero de las cuotas, habría repuesto el dinero de Ingrid,

que era lo que necesitábamos para empezar las obras.

Después, habría pagado las siguientes derramas

con las mensualidades que viniesen.

No sabía que le daba un arma a Hortuño para poder atacarnos.

¿A Hortuño?

Sí. Ingrid se ha enterado

porque recibió una foto con el extracto bancario.

No sé cómo lo ha hecho, pero estoy seguro de que ha sido él.

Ese tío se está convirtiendo en una auténtica pesadilla, Javier.

Y sí, tienes razón, le has dado el mejor arma para atacarnos.

Estaba desesperado, lo siento.

Me convencieron Elías y Samuel y...

¿Samu y Elías? ¿Qué tienen que ver con esto?

Me hablaron de las prácticas de Lola.

¿Cómo lo llamaba? Tapar agujeros.

Buscaba soluciones y tiré adelante. Lo siento.

Creo que Ingrid va a necesitar más de un "lo siento"

para quedarse, porque está decidida a marcharse.

Todo esto es culpa mía.

Te he fallado a ti y os he fallado a todos.

No volverá a ocurrir.

Hoy mismo presento mi dimisión.

¿Perdona?

¿Nos vas a dejar tirados? No, tirados no.

Voy a asumir mi responsabilidad. Ya.

¿Abandonar el mercado cuando más te necesitamos

es asumir tu responsabilidad, Javier?

Más bien es eludirla, ¿no?

Mira, voy a hacer como que no he oído esto último.

Porque sé que te lo vas a pensar mejor.

Y no comentas un error más grave, por favor.

(Puerta cerrándose)

Paolo, por favor, cómo estaba esa pizza.

¿A que sí?

¿A quién le compras la harina?

A Rafa, el que se la trae a Camilo, el de la panadería.

Ah. - Para la pizza es maravillosa.

Es que estoy pensando en cambiar de proveedor, ¿sabes?

Porque la mía no está mal, pero es que el tío es un pesado.

¿Qué pasa? -Que entra a la cocina,

me mira de arriba a abajo, como si viniera a salvarme la vida, ¿sabes?

Es que me da un asco... -No, no.

Nada que ver con mi proveedor.

Rafa es un "galantuhomo".

Siempre elegante. Siempre muy educado.

Es verdad que la harina es más cara que las demás,

pero creo que vale la pena.

Mira, luego me paso y te traigo un paquete, así la pruebas.

Vale. -¿Te parece?

Muy mala tiene que estar para que no la coja.

¡Hola, Ingrid! -¡Hombre!

¿Qué tal, Paolo? Hola, Lorena, ¿qué tal?

Hola. -¿Qué tal todo?

¿Has empezado la reforma del puesto?

No, todavía no. Pero espero que pronto.

¿Cómo va nuestro negocio? Y sed sinceros, es importante.

Lo vuestro es lo más parecido que hay por aquí a mi negocio.

Ingrid, yo sé lo que piensas,

pero mira, nosotros no vamos a ser competencia.

Vendemos productos diferentes. -Ya.

-Además, cuantos más negocios haya en el mercado, mejor para todos.

Porque, por ejemplo, tus clientes vendrán a tu restaurante,

pero pasarán por mi pizzería o por el bar de Lorena.

Y así, al revés, ¿sabes? -Ya.

Tu negocio será bueno para todos. (INGRID) Eso seguro.

Pero lo que quiero saber es si os va bien el negocio ahora.

Bueno, mi caso es un poco especial,

porque desde que me he separado, no estoy muy centrado en el negocio.

La verdad es que me iba mucho mejor cuando...

estaba aquí mi hijo... mi mujer,

antes de que ella me dejara por mi mejor amigo.

(INGRID) Bueno, Paolo, lo siento. No quería...

Bueno, Paolo no es el mejor ejemplo en este momento

porque él está pasando por una mala racha, que se va a pasar.

(PAOLO) Ya, ya. -Se va a pasar muy pronto, verás.

Pero... mira, ¿por qué no nos sentamos tú y yo un momento?

Sí. ¿Os traigo un café? -Un café... Dos cafés. Perfecto.

Porque yo creo que te puedo dar una visión mucho más realista

que la de él.

Así compensamos un poquito su depresión, ¿vale? Siéntate.

¿No puedes ver si está despierta? Quiero hablar con ella.

Vale, bueno. Dile que cuando se despierte, me llame.

Vale. Ah, oye por cierto,

Lucía ha dejado unos documentos que cree que puedes necesitarlos.

¿Te los llevo luego? -Bueno, si quiere se los llevo yo,

que tengo libre.

Ah oye, que Lucía está aquí.

Que dice que si quieres, que te los lleva ella.

Vale.

Vale, vale, se lo digo. Chao.

Que... que nada, que dice que muchas gracias, pero que no le urge.

¿Y tú qué haces aquí? ¿No tenías que trabajar?

Sí, tenía una reunión, pero mi cliente me ha dejado tirada,

así que tengo tiempo.

¿Me pones una tónica? -Claro.

Oye, Noa, igual es meterme donde no me llaman,

porque nos conocemos desde hace poco, pero...

¿te puedo hacer una pregunta?

Claro. Dispara.

(LUCÍA) Lo de Jona y tú es solamente un rollo, ¿no?

O sea, no vais en serio.

No. No es solo un rollo.

Estamos juntos. ¿Por qué lo dices?

Por nada. simplemente que me sorprende.

¿El qué te sorprende?

Somos muy buenos amigos y nos gustamos.

No, ahora no te quedes callada. ¿Qué te sorprende? A ver.

Bueno, a ver, la seguridad que tienes en ti misma

para creer que esa relación tiene futuro.

A ver, admiro muchísimo a las tías como tú, ¿eh?

Ya. ¿Piensas que lo mío con Jona no... no tiene futuro?

A ver, lo importante es que...

en este mercado tenemos una grandísima ventaja,

tenemos una clientela fija, ¿vale?, que nunca nos falla.

Es verdad que ahora, con todos estos cambios y con la renovación...

bueno, se nota un poquito de incertidumbre.

Ya. Eso me está pareciendo.

Vale, Ingrid, pero piensa que todo este esfuerzo,

todos estos cambios son para mejorar, ¿vale?

Queremos convertir el Mercado Central en un lugar más moderno,

más atractivo para la gente joven, gente con más poder adquisitivo...

y para eso, tu negocio... es perfecto.

Ya. -Y va a pegar el pelotazo.

(Notificación de móvil)

Noa, que se tiene que ir a comer, vale.

Lo siento, me tengo que ir.

De verdad, Ingrid, tranquila.

Lo tuyo va a ir como un tiro. Y nos va ayudar a todos.

Va a ir como un tiro, de verdad.

Gracias

Chao. -Chao.

(PAOLO) Esto sería.

Pero ahora tú puedes irte a casa.

Tendrás cosas mucho mejores que hacer.

(DAVID) No tengo nada más que hacer. Y además, me gusta ayudarte.

-Vale, pues entonces, pon alguna toallitas, por favor.

¿Crees que Lorena tiene razón?

A ver, lo que dice Lorena es verdad.

Todos tenemos la esperanza... bueno, de que te vaya muy bien.

Ya. -Y que gracias a tu éxito,

más comerciantes se animen a participar en la vida del mercado.

Ya. Entonces, ¿yo que soy en todo esto,

un conejillo de Indias con el que experimentáis

para ver si la cosa funciona? -No quería decir eso.

Cada vez tengo más dudas

de que este sitio sea idóneo para abrir un restaurante.

Por eso he preguntado. Vale que no somos amigos íntimos, pero no sé,

puedo confiar en vosotros. -Claro.

Antes no me has mentido. No me decías que te iba como el culo.

No, no, en absoluto. -¿Entonces?

Paolo, ¿tú qué harías en mi lugar?

¿Me meto en un lío abriendo el negocio aquí?

Porque yo tampoco estoy para perder dinero, ni tiempo.

Ya. Te entiendo. Nadie quiere perder dinero y tiempo.

Pero cualquier negocio es una apuesta, ¿no?

Tú tienes que confiar.

Verás que todo irá bien.

(INGRID) Ya. -Créeme.

(DAVID) Yo abriría el puesto en otro sitio.

Este mercado tiene los días contados.

Podría cerrar mañana mismo,

y aunque no lo hiciera, pierde 21,31 clientes al día.

Bueno, David, pero esas son estimas ¿no?, estadísticas.

No es la realidad.

-La realidad podría medirse en estadísticas.

De hecho, en el 85,

pasaban una media de 300 personas diarias por el mercado, y ahora 80.

O sea, que la tendencia es a la baja.

David, muchísimas gracias por tu sinceridad.

Chao, Paolo.

Ingrid... -Chao.

A ver, lo que yo creo es que Jona no sabe lo que quiere.

No sé, hace dos días estaba coladito por mí y ahora...

A ver, me da miedo que te utilice.

¿Utilizarme?

Noa, Jona está despechado.

Las dos sabemos que si yo no lo dejo tirado,

no estaría contigo, y lo único que hago es preocuparme por ti.

Lucía, no tienes ni idea de lo que estás hablando.

Jona ya estaba enamorado de mí antes de conocerte.

Así que a la que ha usado es a ti. ¿Y sabes qué?

Mira, da igual, olvídalo. -No.

Dime. No te vayas a quedar callada ahora. ¿Qué querías decir?

Que no eres a la primera que usa para tratar de olvidarme.

Y si yo hubiera empezado antes con él, a ti ni te habría mirado.

Pues me alegro mucho de que pienses así, de verdad.

Además, Noa, que yo no lo hacía para que te sentase mal.

Al revés, es porque me preocupo y no quiero que te haga daño.

Pues mira, no te preocupes, porque Jonathan y yo somos muy felices.

Pues, de verdad, enhorabuena.

Ojalá la felicidad os dure muchísimo.

Noa, ponme un café.

(SAMUEL) ¿Interrumpo algo?

No. Yo ya me iba.

Toma.

Dale un saludito a tu novio, de mi parte.

Lo haré

¿Pasa algo con Lucía? - No sé qué ve Jona en esa imbécil.

Es una creída. -Noa, Si te pica, háztelo mirar.

¿Estás celosa o qué?

-Pues no, Samuel, no estoy celosa. -Vale, vale.

Lo que estoy es harta de aguantar tonterías.

Ponme el café. ¿Noa?

Noa, el café.

(Llaman a la puerta)

Lo siento, no es un buen momento, Germán.

¿Esa carita? Me he cruzado con Jorge y parecía muy cabreado.

Lo que más me duele es haberos decepcionado a ti y a él.

Nadie puede castigarte más de lo que te castigas tú.

Y si quieres seguir haciéndolo, pues "okay", adelante,

pero no voy a dejar que lo hagas solo.

Gracias por estar ahí.

Ahora, más que nunca, voy a necesitar tu apoyo.

Pues voy a estar aquí pase lo que pase, no tengas miedo.

Hay vida más allá del Central y vamos a cumplir nuestros sueños.

Primero tengo que cumplir con mi compromiso como gerente.

Por eso voy a necesitar tu apoyo.

¿Y qué quiere decir eso?

Que me quedo.

Que voy a seguir luchando por el mercado.

Quiero que tenga un futuro.

A ver, ¿qué futuro?

Javier, que aunque te quedes, eso no va a frenar a Hortuño.

No parará hasta arruinar y comprar el Central.

Bueno, pues no se lo voy a poner fácil.

Eh... Vale, no sé, no lo entiendo.

Pensaba que estábamos de acuerdo, que teníamos planes.

-Mira, nuestros planes pueden esperar,

pero Jorge tiene razón, tengo que asumir mi responsabilidad.

Mis decisiones han traído aquí al mercado

y ahora tengo que dar la cara y seguir luchando.

Ya.

Nada de lo que diga te hará cambiar de opinión, ¿no?

No.

Pero necesito saber que cuento con tu apoyo.

Es muy importante para mí.

Claro que sí.

Eh... Me voy.

Sí, yo tengo que seguir trabajando.

(DAVID) Tu juego es imprevisible.

Engañarías a jugadores menos experimentados, pero a mí no.

Te derrotaría en dos movimientos. -Sí, en dos movimientos.

Estás flipando. A ver, ¿cómo lo harías?

Buenas. Hola.

¿Ya estás aquí? Faltan 28 minutos.

Sí, bueno, hoy he cerrado antes, estaba un poco cansada.

¿Y qué tal vosotros? Se os ve entretenidos.

Carla le ha ganado a Samu

y yo le he dicho que a mí no podrá ganarme, y se ha picado.

Bueno, qué chulito. Es muy modesto él.

La modestia es mentir para quedar bien. No es mi estilo.

-Basta de hablar. Vamos a hacer la comida.

Hoy voy a hacer ensalada de canónigos

y una tortilla de patatas, ¿apetece? Pensaba que ibas a hacer croquetas.

Hemos decidido que para otro día,

porque tienes deberes, ¿no?

Así que voy a hacer mi tortilla de patata al estilo Carla.

¿Y cómo es al estilo Carla?

(CARLA RÍE) Pues como la de siempre, pero al revés.

¿Qué te parece? ¿Dejamos que la haga a su manera?

Su manera es caótica.

Pero su forma de jugar también es caótica.

Así que le daré una oportunidad.

A veces el caos y la creatividad crean resultados inesperados.

Lo mismo pienso yo.

(DAVID) Me voy al baño.

De verdad, si no lo veo no lo creo.

¿Te ayudo con las patatas? Venga.

¿Qué haces aquí?

Nada. Estaba haciendo tiempo para... para ir a buscar una tienda

para comprar tóner de impresora y esas cosas. Sabes cuál, ¿no?

No. No sé cuál.

Ya. Bueno, en realidad, yo tampoco.

Pero, como en todos los mercados, supongo que habrá uno por aquí.

Ya.

Como en todos los barrios, querrás decir. Pues...

O sea que no vas a ninguna tienda, ¿no?

No. No.

A ver, me tendría que haber buscado otra excusa.

A ver, Jonathan, es que sabía que era tu hora de comida

y yo también tengo tiempo libre, así que...

Bueno me gustaría hablar contigo. Si tú quieres, claro.

Pues ya me dirás de qué quieres hablar.

No sé, ¿te pasa algo?

Jonathan, pues...

A ver, que me gustaría pasar más tiempo contigo.

Lucía, fuiste tú quien cortó la relación.

Querías centrarte en tu curro, ¿no? -Ya, ya lo sé, ya lo sé.

La cagué y estoy asumiendo las consecuencias.

Pero, a ver, quiero arreglarlo.

Jonathan, me equivoqué.

Ya sé que doy mucha importancia, a mi curro, que es muy importante.

pero... pero tú también lo eres.

Me he dado cuenta que eres un tío genial,

que me gusta pasar tiempo contigo.

Y como todas las personas que hacen sacrificios, pues...

a ver, yo también quiero hacerlos.

Lo que te quiero decir es que...

me encantaría compaginar mi trabajo con pasar tiempo contigo,

con nuestra relación.

Ya, Lucía, pero...

es que no puede ser, porque lo nuestro se acabó.

Ahora estoy con Noa.

Bueno, a ver, ya lo sé, pero...

no creo que te hayas olvidado tan rápido de mí, ¿no?

Lucía, no. Para.

Que yo no soy de esos.

Yo no puedo estar con dos tías a la vez.

Bueno, a ver, Jonathan, pues deja a Noa.

¿O qué pasa, no sientes lo mismo que yo?

Mira, Lucía, yo no sé qué sientes tú,

pero lo que siento yo es...

Lucía, no puedes aparecer así, de repente,

besarme y esperar que se me pase todo,

que lo olvide todo.

Me dijiste cosas muy chungas.

Lo sé, Jonathan, pero porque estaba Nacho delante

y es importante mi curro, debía demostrárselo.

Y lo es. Por eso cortaste la relación, ¿no?,

porque es muy importante para ti.

Bueno, pero he vuelto. ¿No te das cuenta?

Que me he dado cuenta de que mereces la pena,

que quiero estar contigo. ¿Qué quieres más?

Vale. Pero si quieres volver conmigo, tengo que ser importante,

tan importante como lo es tu curro para ti.

Pues claro. Mi curro es muy importante,

pero quiero compaginar mi curro con la relación contigo.

Todos lo hacen, yo también puedo. -Ahí, ahí.

Y nada de salir corriendo cuando te llamen del curro

fuera del horario de trabajo, ¿eh? -Que no.

Y los planes de fin de semana son sagrados, ¿eh?

Se confirman los viernes y no se cancelan por nada de trabajo, ¿eh?

Vale.

¿Sí? -Sí.

Aunque, bueno, me va a dar mucha pena Noa, ¿no?

Porque se va a quedar un poco decepcionada.

Ah, bueno. No te preocupes, ya... ya hablo yo con ella.

Ya verás cómo lo entiende, ¿sí?

(CARLA) Tío, pero ¿cómo te atreves a abrir la partida así?

Eres un kamikaze.

Es una apertura muy popular entre los ajedrecistas de nivel.

Si confías en tu juego y el rival cae en la trampa,

puedes ganar en pocos movimientos.

Yo siempre lo hago y siempre gano. -Ah, ¿sí?

Pues a ver si te atreves a hacerla cuando volvamos a jugar.

¿Por qué no me iba a atrever?

Bueno, pues las patatas están. ¿Te vale así o corto más?

No, están bien.

(Móvil)

Ve batiendo los huevos.

(Móvil)

Ya lo hago yo si quieres. Me lo ha pedido a mí,

lo debo hacer al estilo de Carla.

Si quieres ayudar, pídele permiso. No, no, no.

Estoy muy contenta de que hayáis congeniado tan bien.

Estaba un poco preocupada, no sabía si ibais a encajar.

Cuando te lo dije, pensé que no sería buena idea.

Pero ahora ya no.

Carla es rara, pero entretenida.

Rara, pero entretenida. ¿Eso te parece?

Sí. Y también es inteligente.

Sí. No sabía jugar al ajedrez

y ahora ya sabe.

No demasiado bien, pero pocos juegan bien.

Y ella es neurotípica y mayor, así que no está mal.

David, por favor, no es mayor. Solo te saca seis años.

Es una chica joven.

Para el ajedrez, sí.

Si hubiera empezado con cinco años, sería una rival digna.

Pero ya no puede ponerse a mi nivel, así que le voy a ganar siempre.

Bueno, no te fíes. A lo mejor, ahora se pone las pilas y te pilla.

Quién sabe, a lo mejor es una superdotada para el ajedrez.

Si fuera una superdotada ya lo sabría.

Bueno, también parecía

que os iba a costar haceros amigos tan rápidamente, ¿no?

Es que es lista y entretenida. Y a mí me gusta la gente así.

Entonces también es por ti.

Supongo que es un poco por mí.

David, ¿podríamos decir que...

que estás a gusto viviendo con Carla?

Sí. Me gustaría que fuera como Jorge o Paolo y Andrea.

¿Como ellos?

Sí, mis amigos.

"Mis amigos"...

¿Y sabes hacer otras cosas aparte de comida italiana?

A mí me gusta la variedad.

Pero... ¿de verdad hablas de comida o de otra cosa?

¿A ti que te parece?

Es que no... -Bueno, es igual.

Ya lo averiguaré.

Estoy segura de que tienes muchas virtudes ocultas.

Gracias. Tú también, ¿eh?

Toca llevar nuestra relación al siguiente nivel.

Deberíamos conocernos mejor, ¿no? -Ya.

¿De qué parte de Italia eras? -De Napoli.

Bueno, de Nápoles. -¿Cómo era tu relación con tu ex?

Con... Normal.

Sí, era un matrimonio... normal.

Bueno, hasta que.. se acabó.

¿Murió? -No, no, no.

Está bien. -Ah.

O sea, lo dejasteis. ¿Por qué?

No, no lo dejamos. Me dejó ella.

Se lio con mi mejor amigo y...

y se fueron a vivir a Italia.

Pero ¿qué me dices? -Ya...

Qué fuerte.

Bueno, pero eso tiene una parte muy positiva.

Ah, sí, ¿eh? ¿Y cuál es?

Quiere decir que eres el candidato perfecto

para una relación a largo plazo. -Ya.

-Eres una persona fiable, y eso está muy bien.

-Ya, pero, Mayte... -Mis relaciones, la verdad,

siempre han sido muy cortas. En serio, fatal.

¿En serio?

No bromeo nunca con estas cosas, Paolo.

No, no. Perdona, yo... -El último fue Paco.

Horrible. Un maniático. Coleccionaba soldaditos de plomo.

Ah, me gusta. -Fue agotador.

Pero era muy bueno en la cama. Eso siempre engancha, claro.

El anterior fue Arturo. Arturo, economista, muy tacaño.

Taxidermista también. Tenía la casa llena de pájaros.

Uh.

Muertos.

Me dejó poco antes de mi cumpleaños. Seguro para ahorrarse el regalo.

Ya.... -Pájaros muertos.

¿Tú te imaginas?

No. -Muy fuerte.

Me alegra que hayas venido, Ingrid, justo iba a llamarte ahora.

Quería ver contigo la manera de solucionar el problema...

y disculparme otra vez.

Ya da igual, Javier. No voy a quedarme en el Central.

Ya te he explicado cómo ha sido todo.

Tenías razón. No debí usar tu dinero para arreglar el tejado,

pero, por favor te lo pido, reconsidera tu decisión.

El dinero me lo puedes devolver poco a poco si no tenéis liquidez.

No quiero ahogaros. -Si el problema soy yo,

estoy dispuesto a dimitir.

Jorge me ha convencido de que no lo haga,

pero si me tengo que ir para que tú te quedes, me voy.

No me gustó lo que hiciste.

En el mundo de los negocios a veces se juega duro.

Pero los que gestionáis los negocios de los demás

tenéis que ser impecables.

Así lo veo yo.

Pero no solamente tú.

Invertir en el mercado es más arriesgado de lo que pensaba.

Ni siquiera está claro si saldrá adelante la renovación del edificio.

Y yo no me la puedo jugar, sabiendo que un hombre como Hortuño

está intentando salirse con la suya. -Por eso damos la batalla,

Para que no lo consiga. -Yo no estoy para guerras, Javier.

Tengo bastante con sacar mi negocio adelante.

En la hostelería, si quieres triunfar,

tienes que minimizar los riesgos externos.

Ay, se me olvidaba Ernesto. Ernesto...

Ernesto estaba bien, la verdad.

Pero no paraba de hacer deporte todo el día.

Que si submarinismo, ciclismo, piragüismo, escalada... ¡Qué pesado!

Era muy guapo, la verdad.

Alto, cachas,

tenía buen trabajo...

Pero muy tonto.

No se puede tener todo en la vida. -Ya.

-A este lo dejé yo.

Me costó, ¿eh? Porque es que...

era como un perrillo de estos de bolsillo que no da problemas, ¿no?,

pero tampoco te aporta mucho. -Ya.

Vamos que no has tenido mucha suerte en el amor, ¿no?

Hasta ahora.

Ya...

-Te tengo que contar una cosa que no te he contado.

Espero que no te eche para atrás, ¿eh?

¿Qué es? -Eh... Verás.

Tengo un hijo, de seis años.

Ah. -¿Te importa?

No, no. Yo también tengo uno.

Ah, ¿sí? -Sí. Se llama Andrea.

¡Ay, qué bien! ¿Qué edad tiene?

No, él ya es un hombrecito.

Ah. -Ahora está en Liverpool,

estudiando música jazz.

¡Ay, qué bien!

Mi hijo también es un "amore".

No lo dudo.

Estoy deseando conocer a tu hijo. Me encanta la música, ¿sabes?

Bueno, no sé si el tipo de música que él hace te va a gustar.

Es un poco... -¿Que te parezco tan cateta?

No, no, no. No lo decía por esto.

Es porque a mí... -Es broma.

Yo tengo un amplio gusto musical.

Voy tres veces a la semana a bailes de salón.

Bachata, rumba, funky, hip-hop...

Me encanta.

Y no tengo pareja, así que... ya sabes.

Bueno, no sé si soy... el candidato ideal.

Digo por los bailes. -No, no te preocupes.

Yo te enseño.

Pero eso sí, hay que echarle horas, ¿eh?

Entiendo.

Te tengo que presentar a mis amigas, te van a caer genial.

Bueno, está Jazmín, Pepa, Olaya... -Eh... Mayte, perdón.

Es que no me siento muy bien. Pero ahora vuelvo, ¿eh?

-Vale, no tardes,

que te iba a contar una cosa que te vas a partir de la risa.

Ahora mismo -Venga.

(Móvil)

Ay, tía... Sí, sí, sí. Estoy aquí con él ahora.

Es... Bueno, yo creo que este es... este es.

Es que... o sea, le gusta el baile,

cocina,

no le gusta coleccionar ninguna de estas cosas raras,

y lo mejor de todo, sabe escuchar.

Buenas.

Tu mensaje decía que me pasara por aquí. ¿Pasaba algo?

Mejor siéntate.

Me voy del Central.

¿Como que te vas?

Ingrid, no puedes hacernos esto.

Y ya te dije que creo que tu negocio va a funcionar.

Acabo de firmar para abrir en otro sitio.

¿Dónde?

En el centro comercial que me hizo la oferta.

Los llamé, siguen interesados...

Incluso me han mejorado las condiciones.

Era imposible decirles que no.

(JAVIER) Ese centro comercial es de Hortuño.

Te estás metiendo en la boca del lobo, Ingrid.

Hortuño va contra vosotros, no contra mí.

Ingrid, no nos hagas esto, por favor.

Lo siento.

Tengo que pensar en lo que más me conviene.

Que tengáis buena tarde.

(Puerta cerrándose)

¿Y ahora qué? Ya se nos ocurrirá algo.

Pues cógela con cuidado, que no se te rompa, ¿eh?

Nicolás, ¿qué es eso?

¿Qué ha pasado? -Nada,

que tenías una pequeña fuga de agua en el almacén.

Ya te la he arreglado, pero las cestas se han echado a perder.

¿Qué hago con ella? Porque creo que no la vas a poder recuperar.

Bueno, déjamelo por aquí y ahora veré lo que hago.

Y gracias por subirlo.

De nada mujer, faltaría más.

Estoy a tu disposición para lo que necesites, ¿vale?

Gracias, Nicolás. Y más ahora.

¿Qué quieres decir con "más ahora"?

Mujer, por lo que ha pasado. Ya sabes.

Que sepas que Carmen y yo estamos contigo.

No, es que lo que te han hecho... eso no tiene nombre.

Es una poca vergüenza, una canallada, y de las gordas.

No, estamos contigo y te apoyamos totalmente.

¿De qué me estás hablando? -Mira, que al principio,

ella nos cayó mal, con todo el jaleo que lio con la pobre Serafina,

luego ya se fue ganando a la gente, sí, sí, sí...

Pero digo yo que la primera impresión, esa es la que cuenta.

Es la buena.

Bueno no, la mala.

No sé si me explico. No, la verdad es que no.

Que ella es... pues lo que parecía.

Que ella le gusta siempre, a la chica...

encariñarse de lo que no es suyo.

También te digo una cosa,

es que Elías tampoco se lo puso muy difícil, ¿eh?

Aunque bueno, ya sabemos de qué pie cojea Elías, ¿no?

Bueno, ahora sí. ¿Hablas de Elías y de Celia?

¿Qué sabes tú de eso?

Pues mujer, lo que sabe todo el mercado, y yo.

Si Celia se lo contó a Carmen.

Bueno, Adela, me tengo que ir.

Pues no tengo lío ni nada para estar aquí ahora de cháchara.

Pues aquí tienes Marta, muchas gracias. Hasta luego.

¿Tú de qué vas?

¿Perdona? ¿No tienes bastante

con acostarte con mi marido?

¿Tienes que humillarme delante de todos?

¿Por qué has contado que Elías me pone los cuernos contigo?

¿No me has jodido bastante la vida? ¡Para un momento!

Carmen lo sabía, yo no sé cómo. ¡Mentira! ¡Se lo has contado tú!

¿Cómo puedes ser tan retorcida? ¿Cómo has podido hacer algo así?

Espera. Entiendo que estés cabreada...

¡Ah, lo entiendes! ¡Oye, qué maja que eres!

Mira, yo también he tenido lo mío.

Estoy harta de que me den por todas partes y de que me trates fatal.

Vale, la cagué. Pero creo que ya he pagado por mis pecados.

¿Crees que me aplauden cuando se encuentran conmigo?

¿Quieres darme pena? Pobre Celia, se acuesta con el marido de Adela

y la gente la mira mal, fíjate.

Lo único que quiero es que dejen en paz.

Porque absolutamente nadie tiene derecho a juzgarme.

No sé si estás loca de remate o eres una idiota integral,

o las dos cosas.

Si no quieres que te juzguen, ¿para qué hablas?

Chicas, por favor. ¿A qué viene tanto grito?

Es culpa de esta.

No sé cómo con una madre así no tienes un hijo más tarado.

A David ni lo nombres.

Eh, eh...

Adela, por favor. Adela.

Por favor.

Por favor.

Si me voy es...

porque, digamos, he perdido la confianza en el proyecto.

-¿Y qué significa que has perdido la confianza en el proyecto?

Pues digamos que tengo mis dudas sobre la gerencia del mercado.

(Golpe seco)

¿Rosa?

¿Rosa?

¡Que ha funcionado! -¿Que ha funcionado el qué?

Lo de darle celos a Lucía, "bro". Que hemos vuelto.

Mírale. ¡Qué bien, chaval! ¿Y cómo ha ido? Cuéntame.

De lujo, "bro".

Necesitamos un nuevo gerente.

Claro. Y mientras lo buscamos,

ponemos a tu hijo en la gerencia. Si la que no corre, vuela.

Que no sé qué hacer,

si quedarme con Mayte o si seguir conociendo a mujeres nuevas.

Debemos buscar cómo dar el golpe definitivo al Mercado Central.

Y no darles tiempo a que se repongan.

Tanto insistir en que te dejara cuidar de ella

y cuando confío en ti, la cagas.

Me has dicho que no era algo triste y sí es triste.

David, escúchame.

No te lo digo para que te sientas mal, solo te lo quería explicar yo.

Y me gustaría que lo entendieras. Lo entiendo perfectamente.

Eres una mentirosa.

De Hortuño me encargo yo.

No se puede actuar en caliente y con precipitación

cuando está en riesgo el negocio.

Ya encontraré el momento y acabaré con él.

Me avergüenza ser su hijo y no quiero verla.

Pues tendrás que verla y que perdonarla.

Ya, ¿por qué? -Pues porque es tu familia.

(DAVID) Mi familia es mi abuela Asunción.

Quiero vivir con ella, no con mi madre.

Dicen que no conviene mezclar el placer con el negocio, ¿no?

Ah ¿sí? ¿Eso dicen?

Sí. Bueno, pues menos mal...

que tú ya no trabajas en el Mercado Central

y que esto no es una relación profesional, ¿verdad?

Sí.

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Mercado Central - Capítulo 101

17 feb 2020

La noticia del affaire entre Celia y Jesús corre como la pólvora en el mercado. Adela descubre que es culpa de Celia y se enfrenta a ella, insultándola. Celia acaba pegándole una bofetada.
Carla, apasionada por el ajedrez, acaba aceptando jugar una partida con Samuel, produciéndose un pequeño acercamiento entre ellos. Carla gana a Samuel la partida, lo que despierta la admiración de David, que se muestra contento de tenerla en casa.
Ingrid le cuenta a Jorge que Javier ha utilizado el dinero de su fianza para pagar a la nueva constructora. Jorge, decepcionado, se enfrenta a Javier, que está dispuesto a dimitir. Ingrid, dudando de la viabilidad del proyecto, se interesa por la rentabilidad de los negocios de Paolo y Lorena y decide no instalarse en el Mercado Central.
Noa finge ser novia de Jonathan para darle celos a Lucía, lo que origina un enfrentamiento entre las dos mujeres. Lucía, picada, se propone recuperar a Jonathan, aunque tendrá que aceptar sus condiciones.
Paolo, encantado tras su noche de pasión con Mayte, descubre que tiene un imán para las mujeres. Paolo se da cuenta de que no quiere comprometerse con ninguna mujer, sino aprovechar todas las oportunidades que se le presenten.

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