Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 309 - ver ahora
Transcripción completa

De acuerdo, inspectora.

Pues muchísimas gracias. Adiós.

¿Qué te ha dicho?

Que no acaban de triangular la señal

y que no tienen nada. Habrá que esperar.

No me lo puedo creer, vamos.

(GERMÁN) Hola.

¿Qué pasa?

Vaya careto tenéis los dos.

Si es sobre Fernando, contadlo ya.

Me vais a preocupar más si os lo calláis.

Me ha llamado para amenazarme.

No está fuera de Madrid como creíamos.

Bueno, eso no es seguro.

¿Cómo que no, Elías? Sabía lo que llevaba puesto.

"Estás muy guapa con el jersey azul", ha dicho.

Está claro que está cerca del mercado.

Se lo ha dicho alguien, Adela, hombre.

Y te ha llamó para asustarte.

¿Tú crees que es tan imbécil Fernando

de volver por aquí, por el mercado? Hombre...

Quiere hacértelo pasar mal.

Sabe que la Policía, tarde o temprano, lo pilla.

Y quiere hacerte sufrir hasta que llegue.

Tiene sentido, pero si es verdad que Fernando estaba ahí, ¿qué?

Fernando no está ni en Madrid.

No está ni en Madrid, Adela.

¿De verdad va a venir aquí,

sabiendo que tienes un policía vigilándote,

protegiéndote día y noche?

Es verdad.

Lleva meses ocultando lo de Ágata, no creo que sea tan tonto.

Bueno, yo no sé qué pensar.

Solo que cada vez que recuerdo esa llamada...

Oye, Adela.

No, eso sí que no. No entres en su juego.

Si vives con miedo, él habrá ganado la partida.

¿Has pensado lo que te dije de pasar la noche aquí?

Creo que será lo mejor, estaremos más más tranquilos.

Sí, creo que voy a aceptar la oferta.

porque no me apetece estar sola en casa.

Te preparo la cama

y te echas un rato. No hace falta.

Luego la hago yo.

Aún acuerdo dónde están las sábanas en esta casa.

Voy a hacer una tila, ¿alguien quiere?

No has comido nada, ¿te hago algo?

Es que no tengo el estómago para nada.

Voy a la cocina.

¿Crees que ha salido de Madrid? No.

Lo he dicho para tranquilizarla, pero no lo creo.

De verdad, hijo, no sé qué pensar.

Tras lo de Velasco y Nacho, creí que lo había visto todo,

pero este tío es peor.

Está desquiciado, fuera de sí,

y tengo miedo de que le haga daño a tu madre.

Sí, yo también tengo miedo.

Debemos estar con ella, no la podemos dejar sola.

Eso no es problema,

estoy encantado de estar con tu madre.

A ver si al final, con esto, termináis juntos otra vez.

Estaría bien, ¿verdad?

Han tenido que pasar muchas cosas, incluso perderla,

para ver que es la mujer de mi vida.

También estaría bien que tú y Martín os reconciliarais, ¿no?

Siento mucho haber metido la pata.

Yo también he cometido muchos errores contigo

y me has tenido que perdonar.

Si somos tal para cual.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme a aquel lugar,

# sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos,

# con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color, sabor al son

# de aquel Mercado Central. #

-Pero bueno, tú eres un artista, ¿no?

Pero si parece el tataki que prepara Jorge.

-Solo aparentemente. Pero no se parece al suyo.

-Seguro que está buenísimo. ¿Sabes qué pienso?

Como tiene que recuperarse,

podías aprovechar para perfeccionar su receta.

-La única forma de tener a Jorge lejos del fogón es ingresado,

y ya no lo está.

No te sorprendas si aparece.

-No creo, David. Le acaban de dar el alta.

No creo que le apetezca venir a ponerse a trabajar y a cocinar.

Hola, chicos.

¡Pero bueno...!

Madre mía, qué alegría.

¿Cómo estás?

Bien, bien. Bien.

Los médicos han descartado lesión cerebral,

así que francamente bien.

Me alegra muchísimo que estés recuperado.

Se lo debo a mis dos chicas.

Me dieron fuerza para salir de esta.

Oye, qué bonito veros otra vez juntos

después de lo que habéis pasado.

Jorge, ¿tú no deberías estar descansando,

aunque sea un par de días?

Se lo he dicho mil veces ya, pero...

¿Qué te voy a decir? Soy yo peor. Dios nos cría y nos juntamos.

He descansado bastante en el hospital.

Lo único que quiero es ponerme al día con el bar.

Si lo sé, no digo nada.

No te preocupes por eso. ¿Le dijiste que está solucionado?

Claro que se lo he dicho.

Pero no has dicho cómo se ha solucionado tan pronto.

¿Pasa algo?

Mira, te lo voy a contar, porque te enterarás...

Gloria firmó las instancias

y habló con alguien del ayuntamiento para agilizar la apertura.

Supongo que se sentía culpable y necesitaba enmendar su error.

Eso no lo sé, pero consiguió que el bar no cerrara

y que la prensa no se enterase.

Vale.

David, ¿desde que eres jefe de cocina no saludas?

¿Cómo estás?

Vale, templa, sin esfuerzos, por favor.

-He pasado mucho miedo, pensé que no volvería a verte.

Pues he vuelto, David, y estoy perfectamente.

Pero podrías haber muerto.

Las drogas causan cosas terribles al cuerpo,

enfermedades renales, neurológicas...

Sí, sí.

¿Sabes cuál es el peor efecto de la droga?

Que te aleja de la gente que quieres.

Siento muchísimo haberte hablado así.

No es lo que pienso, David. No hablaba yo, hablaba la droga.

Y te juro que no volverá a pasar.

Puede que no seas mi padre, pero te quiero como si lo fueras.

Y yo a ti, chaval.

Bueno, ¿me das...?

Bueno, bueno, venga, a trabajar.

Que el bar no va a funcionar solo. Y quiero mi mandil.

No hay manera con él.

Rosa. -¿Qué?

Que, bueno, si te parece bien,

luego pasaré a recoger mis cosas y vuelvo a casa.

Claro, sí. Bueno, Sofía está allí.

Además, tú tienes llaves, o sea que haz lo que quieras.

¿Vas a estar bien? ¿Te parece bien?

Estoy muy contenta de que hayáis vuelto a estar juntos.

Pero te voy a decir una cosa, hermana,

te voy a echar mucho de menos.

Ven aquí.

(ANA) Carla.

Vengo de tu puesto, quería comprar "cupcakes",

y hay un cartel de "vuelvo enseguida".

¿Estás esperando a alguien?

(TITUBEA) Estoy esperando a un proveedor

para que me traiga un paquete.

Pero como tarda, le diré a Samu que lo recoja.

¿Lo has visto? -Sí, está en el despacho.

Pero está liadísimo, no puede venir.

Lo he dejado ahí, trabajando.

Hemos ido a la Latina

a comer pizza en un sitio que tienen horno de leña.

-Sí, nos encantaba comer ahí. Hemos estado un par de veces, sí.

-¿A qué están buenísimas las pizzas? -Sí, sí, sí.

-Nos habríamos quedado allí toda la tarde,

pero Samu ha organizado una reunión de trabajo con unos comerciantes.

Oye, quería aprovechar para preguntarte una cosa.

Es que quiero regalarle un viaje a Samu,

y había pensado que igual tú sabes de algún sitio

al que siempre haya querido ir.

-Pues no sé.

Ahora mismo me pillas... No sé, no se me ocurre nada.

-Qué pena. La verdad es que me hubiera gustado

llevarlo a algún sitio que fuera especial para él.

-Una vez estuvimos a punto de ir a Londres los dos.

Él se empeñó en coleccionar unas chapas

con las que sorteaban un viaje y, bueno, ya sabes cómo es.

-Como un niño.

-Y nos tocó.

Pero bueno, que al final no pudo ser.

-Decidido. Si tiene pendiente Londres,

iremos para zanjarlo.

Yo creo que le va a encantar. -Seguro.

-Muchas gracias, eres una tía superlegal.

Gracias

-¡Germán!

¿Podemos hablar un momento?

-Si es sobre Martín, nos lo hemos dicho todo.

-Pero yo no.

Quería decirte que no me alegra cómo estáis.

-¿Tienes buenos sentimientos?

Te preocupará la felicidad de otros...

-Si es la de mi hermano, sí.

Y él es feliz contigo.

Mira, sé que he hecho mal muchas cosas.

-Primera noticia.

Entre otras, meterme en vuestra relación.

Aunque no me creas, me arrepiento mucho.

Solo espero que lo solucionéis. Y lo deseo de verdad.

Soy consciente del mal que he causado.

He destrozado muchas vidas sin calibrar el daño que hacía.

Lorena, Jorge, Martín, tú...

Todos habéis salido heridos por mi culpa.

A ver, lo que trato de decir

es que no debéis pagar por mis errores.

Que no dejéis que os condicionen.

Porque Martín y tú tenéis un futuro que no podéis desaprovechar.

-Lo que le da miedo es mi pasado, no el futuro.

-Tu pasado lo ha impactado, pero lo acabará aceptando.

¿Sabes por qué? Porque te quiere.

Nunca lo he visto mirar a nadie como a ti.

Ni siquiera a Susana.

Tienes que darle tiempo.

Son muchos cambios, tiene que asimilarlos.

Pero no dejes que se entretenga mucho,

porque cuanto antes sea capaz de ver

la maravillosa vida que lo espera junto a ti,

antes la viviréis.

Hazme caso y ve a por él.

No lo dejes escapar.

A ver, Elías,

¿te vas a pasar aquí toda la tarde sentado?

Sí.

Hasta que termine de cuadrar los gráficos

de los balances de las cuentas de la empresa, estaré aquí.

Escúchame, ya hay un policía que me vigila,

no hace falta que estés aquí para protegerme.

No me quedo en casa para no pensar en Fernando,

y con vosotros aquí plantados me recordáis que estoy en peligro.

Tranquila, no estás en peligro.

Nadie está más protegido en el mercado que tú.

Pero...

si no quieres la protección de un guardaespaldas guapo,

alto, bien parecido, con don de gentes,

simpático a raudales...

me veré obligado a ir a casa a tomar un café

y vuelvo enseguida.

No quiero que pienses que soy una desagradecida.

Te estás portando muy bien conmigo y me tranquiliza saber

que puedo contar contigo para lo que sea, pero...

Pero no quieres estar en deuda con nadie ni deberle nada a nadie.

Por mucho que ese animal siga por ahí suelto

y tú estés muerta de miedo.

Pero no te preocupes, no seré yo quien lleve la contraria

a la mujer más valiente que he conocido en mi vida.

Tonto.

Voy y vengo.

Que voy y vengo, digo. Venga.

Hola, David. ¿Qué tal?

-Raro. Me alegro porque Jorge haya vuelto,

pero tras la conversación que tuve ayer con Daniela,

no sabría decirte. Pero ¿cómo estás?

¿Cómo estáis los dos?

Ayer me fijé y no parecía que fuera muy bien.

Hicimos las paces

y me pidió disculpas por ser injusta conmigo,

pero también dijo que no quiere que nos veamos

y que solo seremos amigos.

Bueno, tienes que darle tiempo.

Ha pasado una situación muy complicada.

Creía que Fernando nos separaba

y que cuando no estuviera podríamos tener una relación, pero no.

No entiendo por qué no quiere verme.

¿Soy torpe y meto la pata con las chicas?

No, hombre, no. No creo.

Debe ser eso porque me sale mal con las que lo intento.

Soy raro, me lo han dicho toda la vida.

Supongo que es la causa de que me dejen de lado.

No digas eso ni te ofusques con esa idea.

Tú eres una persona encantadora, educada y muy valiente.

Y se lo demostraste a Daniela.

-Me alegra que estés bien.

¿En serio?

Igual deberías estar orgullosa,

era esto lo que querías al darme droga, ¿no?

Estaba llena de resentimiento por la pérdida de Simón y de Ainara

y solo deseaba que sufrieras.

Pero al verte en el hospital

y ver cómo casi Lorena pierde a su bebé,

me he dado cuenta de que no siento odio.

Solo siento una... pena inmensa por mí misma.

Así que me gustaría que me perdonaras.

Y si hay algo que pueda hacer para reparar el daño que he hecho,

por lo menos...

No sé, que me dejes intentarlo.

¿Qué pasa, Gloria? ¿Te remuerde la conciencia?

Ahórrate las buenas acciones.

No sé si alguna vez en tu vida has sabido lo que es querer,

pero ya se te ha olvidado.

Y deja de justificar tus actos por lo que le pasó a Simón.

Mira, yo he hecho daño mucha gente, a mucha.

Y te aseguro que he pagado por ello.

He pasado por mi calvario.

Pero tú...

tú lo has hecho de manera fría, sibilina, premeditada, mezquina.

Si tan bien conocías a Simón,

deberías saber que él jamás habría aprobado esto.

Has ensuciado su memoria.

¿Y ahora quieres limpiarlo todo?

No.

Nada de lo que hagas te convertirá en una buena persona,

porque no lo eres.

Eres lo peor que me ha pasado en la vida.

Juré que no volvería a caer en la droga y lo he hecho.

Casi pierdo a mi mujer y a mi hija por tu culpa.

Jorge... Si de verdad

quieres hacer algo por mí,

lárgate.

Me has acusado de matar a tu marido

y de la muerte de tu hija.

Y tú no has estado muy lejos de hacer lo mismo con los míos.

No quiero volver a verte en mi vida.

Vete.

Lo que pasa es que Fernando nos ha hecho daño en lo más profundo

y Daniela estará muerta de miedo.

-Yo no soy como él, nunca le haría daño.

Ya lo sé, David.

Pero eso tan obvio para ti, seguramente ella no lo ve.

Y necesita tiempo para confiar en los hombres.

Pero a ti te pasó lo mismo y no estás tan mal.

He visto cómo os miráis Elías y tú y no tenéis tanto miedo.

Vaya, veo que sabes mucho de lenguaje no verbal.

Tengo un manual.

Mira, cada persona es un mundo

y cada uno reacciona de forma diferente.

Sí, me refugio en Elías, pero también tengo miedo.

Y también necesito que todo vaya despacio.

Supongo que a ella le pasa igual. Entonces, ¿qué hago?

No puedo sacarla de mi cabeza.

Y Carla dijo que no la bombardeara a mensajes.

Pues creo que Carla tiene razón, no estaría bien.

A ver, a ti te gusta esa chica mucho, ¿verdad?

Claro. Con nadie antes lo había pasado tan mal como con ella.

Si lo de que el amor y el dolor son proporcionales

a lo que te gusta una persona es cierto, me gusta bastante.

Pues no te queda otra opción que cargarte de paciencia

y dejar que el tiempo le cure las heridas.

¿Y cuánto tiempo es eso?

Si le pasa como a mí,

supongo que no podrá retomar plenamente su vida

hasta que Fernando sea encarcelado. Pues espero que eso sea pronto.

Estaba allí.

De verdad, lo he visto.

-Me alegro mucho de verte bien.

Lorena ya me dijo que todo se quedó en un susto.

Sí, sí, así es. Pero ¿qué pasa, ya estás trabajando?

Sí, me quería poner al día con el bar,

hay mucho pendiente.

Y si me quedo en casa, me como la cabeza y no descanso.

Conociéndote, estarás deseando hacer esas tapas que te inventas.

Avísame, que, aunque son raras,

ya sabes que yo siempre estoy dispuesto a probarlas.

Cuenta con ello.

Si no te importa, hablamos en otro momento.

Debo darle caña al bar. Para lo que necesites, estoy aquí.

Claro, tenemos que celebrar que ya has vuelto.

Chao.

(GLORIA) Tenemos una combinación de fruta clásica, verduras clásicas

y después productos nuevos que tenemos que introducir, ¿vale?

Y ahí entras tú.

Los colocamos estratégicamente, que atraiga la gente,

y detrás la novedad.

Pues ahora ve a buscar, por favor, piñas al almacén.

-Eso mismo decía yo a mis mozos

cuando este viejo puesto era de la familia.

-Es el chico nuevo. Lucas nos deja, se va a Florencia.

-Es una pena,

porque ya había empezado a saber bien el oficio.

Oye, que... gracias por lo que has hecho en el bar.

-Para lo que me ha servido...

Jorge me sigue odiando.

-¿Y qué quieres que haga?

Después de lo que le has hecho a él y a Lorena, ¿qué quieres,

que te abra los brazos y lo olvide todo?

-Sé que lo que he hecho no tiene perdón,

pero me gustaría decirles que lo siento.

Que me arrepiento del dolor que les he causado.

-Lo mejor que puedes hacer es no acercarte a ellos nunca.

Hola. Te he traído algo de comer del Ainara.

Gracias, pero ahora mismo no me entra nada.

Y menos con Fernando aquí.

Que no está, hombre.

Se tiró un órdago con lo de la ropa y acertó, ya está.

Elías...

lo he visto.

¿Cómo que lo has visto?

Sí, en el mercado. Me pareció verlo en el pasillo.

¿Te pareció o le has visto? Creo que era él.

No estoy segura, ese desgraciado me va a volver loca.

Bueno, tranquila.

Es normal que con el miedo veas cosas que no hay,

pero no significa que esté.

(Móvil)

Perdona.

Es la inspectora Millán.

(SE LAMENTA) Lo tengo silenciado.

Cinco llamadas.

-Mira, te lo digo por experiencia,

los fantasmas del pasado suelen volver para atormentarnos.

Yo hace poco he tenido que enfrentarme a ellos.

Y no es agradable. Nunca lo son.

Pero puedes evitarlos.

No tienes por qué vivir con ellos eternamente.

-Esto me va a perseguir toda la vida.

-Sobre todo, si te quedas aquí, en el Central.

Todo te va a recordar lo que hiciste.

Que te alejes de Lorena y de Jorge es bueno para todos,

pero sobre todo, para ti.

Eres una mujer muy válida, Gloria.

Y todavía eres joven.

Puedes rehacer tu vida y ser feliz.

Está en tu mano.

Y otra cosa.

-Dime.

-Hagas lo que hagas con tu vida, quiero que me hagas un favor.

-Lo que quieras.

-Este puesto fue el inicio de mis años de trabajo

y el nacimiento de mi empresa.

Fue lo primero que realmente fue mío en toda mi vida,

y lo primero que cuidaba para dejarlo a mis hijos.

Era... mi legado.

Yo vi cómo me lo quitabas de las manos.

Pero lo que no podría ver...

es que alguien lo echase a perder.

Cuídalo.

¿Quieres?

-Te lo prometo.

(Pasos alejándose)

Sí. Muy bien, no se preocupe, que yo se lo digo.

Venga, gracias. Gracias.

¿Qué te ha dicho?

Nada, nada, simplemente llamaba para saber si estás bien.

Elías, tenía el teléfono silenciado,

por eso no me he enterado,

pero no creo que tanta insistencia sea para saber cómo estaba.

(DUDA) Era también para recordarte lo de la aplicación del móvil.

Que si sabes cómo funciona. Recuerdas, ¿no?

Si hay problemas, pulsa tres veces el botón,

llega la Policía y Durán, que está ahí.

Sí, sí, ya lo sé.

Dime qué te ha dicho. ¿O la llamo y que me lo explique?

Fernando está en Madrid.

Sacó dinero de un cajero, no les dio tiempo a detenerlo.

Sabía que lo que vi era real.

Que saque dinero es muy bueno.

Lo está sacando para irse de Madrid.

Pero... ¿de qué, Elías? Si él no tiene un céntimo.

¿No te acuerdas que me pidió dinero

para pagar, decía él, una derrama del local,

pero era para sobornar a Vanessa? -¡Adela!

¡Elías!

No os lo vais a creer.

Me llegó un mensaje del banco, han vaciado la cuenta del mercado.

Han transferido el dinero a una cuenta que no conozco.

Ha sido Fernando. -Tiene toda la pinta.

Solo nosotros tenemos las claves y yo no he sido.

Se lo ha llevado todo. ¡Todo!

Hasta lo que donaron mis padres.

Como se entere mi madre...

No hay que decir nada, no podemos alarmar a los comerciantes.

Se lo tenemos que decir a Gloria, es la presidenta de la asociación.

Bueno, y a Millán, ¿no? Sí, hay que decírselo a la Policía.

Asesinato, violación y ahora robo, se está cubriendo de gloria.

Qué sinvergüenza, se le ha ido la cabeza.

No, Samu, está más cuerdo que nunca.

Y quiere morir matando.

Va a por el Central por ponerse en su contra

y quiere acabar con todos.

¿Gloria?

Estás aquí, te estaba buscando.

-Sí, estaba haciendo inventario por última vez.

-¿Cómo que por última vez?

-Me marcho del Central.

Pero a ver, no te estoy entendiendo, ¿hablas de marcharte para siempre?

Entiendo que quieras recuperarte de lo que ha pasado,

pero no hace falta ser tan radical.

-Quedarme supone cruzarme cada día con Jorge y Lorena

y revivir el daño que les he hecho.

Ellos no podrán perdonarme y yo... yo no podré vivir en paz.

Mira, creí que...

que la venganza me serviría,

pero estoy más perdida que nunca.

Creo que si quiero ser feliz, debo irme y olvidarme de todo.

-Pero ¿te marchas a Valencia, al Tangorina?

-No.

Dejo la hostelería.

Necesito descansar.

-Gloria, pero si a ti te apasiona tu trabajo.

-No, apasionaba a Simón.

Si he seguido en este negocio, fue por mantener vivo su recuerdo.

Como si eso pudiera me permitiera sentirlo más cerca.

Pero es una tontería.

Estará siempre conmigo, me dedique a lo que me dedique.

Martín, me voy muy tranquila porque lo dejo todo en tus manos.

No se me ocurre nadie en quien pudiera confiar más.

-Gloria... -Eres un gran chef,

y sé que vas a llevar al Tangorina,

al Ainara y al restaurante de Pozuelo a lo más alto.

Yo he sabido gestionarlos,

pero... como siempre decía Simón,

lo que hace volver al cliente es la comida.

-Pero ¿qué vas a hacer?

-Descansar.

Me siento muy orgullosa de ti

y te echaré mucho de menos, hermano. Ven aquí.

-Es que...

¿Sabes qué pasa?

No estoy tampoco seguro de querer seguir en el Central.

Vine para estar contigo en un momento complicado, pero...

si no estás, no tiene sentido que esté yo.

-Eso no es verdad.

Tú tienes motivos para quedarte.

-Si lo dices por Germán, ese tema está más que cerrado.

-Los dos sabemos que no.

Te sugiero que te plantees muy en serio lo que sientes por él.

Hay personas por las que merece la pena perdonar y... abrir la cabeza.

Puedes irte del Central y olvidarte de Germán,

puedes intentar retomar tu antigua vida

y olvidar lo que sientes por él,

pero ¿crees que te va a merecer la pena?

No hagas como yo, intenta ser feliz.

Sé feliz por mí, anda.

-Le dije que no lo volvería a molestar,

así que no lo molestaré.

-Carla, no podés tomar esa decisión tan rápido.

-¿A qué quieres que espere? La decisión está tomada.

No quiere saber nada de mí.

Ya está, debo aceptarlo. Carla, debes aceptarlo, punto.

-No, porque quizá le surgió algún problema.

No sabés por qué no se presentó. -No.

Había organizado reunión de trabajo y luego ha quedado con Ana.

¿Lo ves?

(SAMUEL) ¿Qué tal, chicos? (ANA) Hola.

-La verdad es que no entiendo.

No entiendo qué está haciendo ese loco.

Mira, Carla,

si él no quiere nada con vos, tendría que haber dado la cara.

O sea, lo que hace demuestra que el loco es un inmaduro.

-¿Por qué me saluda como si nada? Te juro que no lo entiendo nada.

-¿No has visto a Carla un poco rara? ¿Cómo me ha mirado cuando llegamos?

-Sí, sí. Ya, no sé, yo también me he fijado y sí, está muy rara.

Aunque no sé, creo que Carla es un poco lunática, ¿no?

No sé, de repente está contenta

y al otro momento, pues te pone mala cara.

-No sé.

-¿Te vas a ir de Madrid entonces? -Sí, claro.

-Vale. ¿Cuándo te vas a ir?

-Pues no lo sé. Necesito unos días para cerrar el puesto

y poner todo en orden y...

-¿Te vas a despedir de él?

-No, yo paso.

Paso de ser la que se acerca a decir adiós.

No, no, no, que lo haga él.

Lo mejor es pirarme de aquí como si nada y ya está, me olvido.

-¿Tenés pensado dónde te querés ir? -No.

Pero no me da miedo la aventura, hace nada vivía en una furgoneta.

Me acostumbré a vivir cada día en un lugar distinto.

Prefiero eso a quedarme esperando a que me quiera.

Alguien que no me va a querer nunca.

-¿Qué miras? -¿Qué?

-Que estabas mirando a Carla, ¿no? -No estaba mirando a Carla.

Estaba embobado mirando para allá, pero no estaba mirando a Carla.

-Samu, me puedes decir la verdad, no me voy a enfadar.

Si Carla significa algo para ti, dímelo.

Aunque me duela... -No, lo de Carla está enterrado.

De verdad. -¿Seguro?

-Te lo prometo.

-Martín.

He hablado con tu hermana, ¿sabes?

Y me ha hecho ver que no podemos dejar las cosas como están,

y creo que tiene razón.

Así que... si necesitas tiempo para asimilar lo nuestro,

yo estoy dispuesto... -Me voy.

Mi hermana deja la hostelería

y yo me vuelvo al restaurante de Pozuelo.

Estaré más cerca de Cloe.

Desde que llegué aquí, he puesto mi vida patas arriba.

Y he perdido el rumbo.

No sé lo que siento por ti

ni sé cuándo va a dejar de importarme tu pasado...

pero no voy a quedarme para averiguarlo.

Se me va a hacer muy duro dejar de verte.

Pero es la única manera de reencontrarme conmigo mismo.

Necesito saber quién soy.

Y si me quedo, no lo voy a averiguar.

(GERMÁN) Pues...

si esto es lo que quieres...

creo que ya no puedo luchar más.

Pero si te vas, hazlo afrontando la verdad.

Porque yo sí que te quiero.

-¿Qué quieres?

Nada, no quiero nada.

Vengo de llevar comida a Adela del Ainara

e iba a devolver los platos.

Oye, para no importarte Germán,

se te ve un poco afectado.

Elías, déjame en paz, por favor.

¿Otra vez?

¿Otra vez vas a hacer lo mismo? ¿Otra vez?

¿Convencerme de se metió en líos porque no tenía alternativa?

De verdad, déjalo, por favor

No voy a hacer nada porque ya da igual.

Porque no importa el pasado.

¿Qué más da lo que hiciera él o lo que hiciera yo?

Importa en qué nos hemos convertido y qué somos ahora.

Mira a tu hermana.

Tu hermana provocaba dolor a los demás

viendo si así paliaba el suyo.

Y vio que no vale de nada vivir en el pasado.

Fíjate, vino buscando venganza

y encontró el perdón.

Y tú no viniste aquí buscando nada, pero fíjate,

te has encontrado a ti mismo.

Mira, Martín,

puede que la vida te esté diciendo algo.

Te está diciendo: "Para.

Atrévete a ser feliz,

a olvidar el pasado, vivir el momento".

Y no pongas de excusa el pasado de Germán para esconder tus miedos.

Date la oportunidad de ser feliz.

Empieza otra vez.

Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Así que no creas que vas a olvidar a Germán fácilmente,

porque esa cara que tú tienes está diciendo todo lo contrario.

(Puerta abriéndose)

(ROSA) ¿Hola?

-Hola.

-Qué bien huele, ¿no?

-Hoy tenemos menú especial.

-Pero ¿qué pasa, has comprado cena?

-De eso nada.

He estado toda la tarde cocinando.

-¿Y esta mesa tan maravillosa? ¿Tenemos celebración?

No me digas que es tu cumpleaños...

-Dejé de cumplir años a los 40.

Y eso porque los 40 son los nuevos 30,

que si no, tampoco.

-Bueno, ¿y entonces?

-Para celebrar que te libras de mí.

Mi piso está vacío, mis inquilinos se fueron.

No hay excusa para seguir dándote la lata.

-Sabes que te puedes quedar el tiempo que quieras.

Además, Lorena se va con Jorge.

-Lo sé, hace un rato ha estado aquí llevándose sus cosas.

Dice que Jorge está muy bien, hasta ha ido a trabajar y todo.

-Sí, es lo que tiene el Central,

nos quita la vida, pero también nos la da.

Entonces, ¿esto es una despedida? -No, esto es un "hasta luego".

No te vas a librar de mí tan fácilmente.

Pero ya es hora de que me vaya.

La mejor visita, la de Papá Noel, una vez al año y sin enterarte.

-Te echaré mucho de menos.

-Conmigo no hace falta que mientas.

Sé perfectamente lo insoportable que soy.

Hasta mi hijo llevaba la cervecería hace un montón de meses

y no me había dicho nada.

-No te lo vas a creer,

pero tener a una mujer como tú,

tan fuerte, aquí, en casa, a mi lado...

Sofía, has sido un ejemplo para mí.

-Para cuatro personas mañana a las 21:30.

Estupendo, muchas gracias.

Hola, Martín.

Quería hablar con tu hermana, ¿está por aquí?

-Pues hace rato que no la veo.

Hable con ella antes y dijo que no se encontraba bien,

habrá ido a casa.

Pues ya hablaré con ella mañana. Nos vemos.

Adela, espera.

Que... siento mucho lo de Fernando.

Todo el mundo habla de lo que ha pasado y...

la verdad, espero que lo cojan pronto.

Si necesitas cualquier cosa, sabes dónde estoy, ¿vale?

Pues gracias.

Yo también siento mucho el daño que os ha hecho a ti y a Germán.

Gracias. Quería separaros y lo consiguió.

Gracias.

Durán, ¿te importa esperarme fuera? Es un minuto.

Martín, yo no te conozco demasiado,

y nunca he querido entrometerme en vuestra relación,

pero...

quería decirte que Germán es una gran persona.

A veces va de chico duro y todo eso,

pero en realidad es porque es muy sensible.

Ha sufrido más que los chicos de su edad

y creo que se merece ser feliz.

Así que...

te ruego que no le hagas daño.

Te lo pido como madre.

Si lo vuestro no puede ser, que así sea, pero no le hagas sufrir.

(SAMUEL) Adela, perdón.

Perdona.

La floristería está cerrada

y me dijo mi madre que estarías aquí.

Sí. Bueno, es que...

no he podido decir a Gloria lo que habíamos hablado.

Deberías hacerlo, es importante.

Ya, ya lo sé.

Dice Martín que estaba cansada y se ha vuelto a casa.

-Lo que me extraña es que se haya ido sin decirme nada.

-Me da mucha pena que te vayas.

-No te pongas dramática, que la teatrera soy yo.

-Bueno, ya sabes que soy un poco tonta.

-No digas eso.

Eres una mujer muy inteligente.

Y muy valiente también.

He interpretado a muchas heroínas

y te aseguro que tú podrías ser, perfectamente, una ellas.

Eres una de las muchas mujeres anónimas

que no abrirán nunca un telediario

ni ocuparán la primera pana de un periódico,

pero que luchan cada día para que sus seres queridos salgan adelante.

Hasta el punto de olvidarse de ellas mismas.

Eso es lo que os convierte en heroínas.

Mirar siempre por el bien común.

Y si estás sola y no te gusta,

es porque tú misma boicoteas tu propia felicidad.

Lo mejor para olvidarse de una es estar siempre pendiente del otro.

Pero ahora ha llegado el momento de mirar por ti.

Siéntate, que tengo una cosita.

-Me siento. (SOFÍA ASIENTE)

(SE LAMENTA) Sofía, no tengo nada para ti.

-Pero bueno...

Pero ¿ves lo que estoy diciendo?

Cómo sois las heroínas, nunca os cansáis de dar.

¿Te parece poco todo lo que ha hecho por mí?

-¿Lo abro?

Vale.

-Para que, a partir de ahora,

escribas tu propia historia.

-Es...

Es muy bonito, muchísimas gracias.

Eres como...

No sé, como...

-Ni se te ocurra decir "como una madre",

porque la tenemos. -No, como una... ¿hermana?

Hermana sí, ¿no? -Vale, eso ya me gusta más.

¿Qué es eso?

-¿Esto? Que estamos recogiendo firmas para intentar

que las condiciones laborales de los repartidores sean mejores.

-Venga, trae, que te firmo.

-¿Sí? (SOFÍA ASIENTE)

-Gracias. -La firma de un famoso

siempre da caché a las buenas causas.

-¿La estrenas tú? -Muy bien.

-Gracias. -Bueno, vamos a brindar.

-Pero así, ¿con el estómago vacío? -Tú tranquila.

Cuando la botella cuesta más de 200 euros,

una no se emborracha, habla con Dios.

-Vale, pues hablemos con Dios.

-Bueno...

¿Por qué brindamos?

-Por las mujeres valientes.

Hola.

¿Hola?

Gloria.

¡Gloria!

(LLAMA SU ATENCIÓN) ¡Gloria!

Gloria...

Gloria, ¿qué has hecho?

Sí, necesito una ambulancia para el Mercado Central.

Una mujer adulta.

Ha tomado pastillas, no sé lo que son.

Deprisa, por favor.

Samu, no podemos contar

que Fernando ha robado el dinero del mercado.

Debemos ser muy discretos y cautos. -Yo lo estoy siendo ya.

Se lo he ocultado hasta a mi madre.

Pero alucino, he trabajado con él y no he notado nada.

Ya.

Es que Fernando tiene dos caras. La del buen vecino,

que puede subirte la compra a casa,

y la del psicópata, que es capaz de todo.

Por cierto, esto es tuyo. ¿El qué?

Estaba en el pasillo, frente a la floristería.

Pone tu nombre.

¿En el pasillo? Sí. No lo he abierto.

¿Qué pasa?

¿Qué pasa, Adela? Te has quedado blanca.

Es la pulsera que le regalé a Fernando.

Bueno, que fingí que se la regalaba

cuando registré su despacho buscando pruebas.

Creo que es una advertencia. Ni caso.

Ese está mal de la cabeza.

Si tuviera algo de cabeza, se iría por ahí.

La inspectora nos ha dicho que sigue aquí.

El dinero lo ha sacado en un cajero de Madrid.

Así que presiento que está cerca y que quiere hacerme daño.

Tranquila. Vas a irte a casa a descansar.

Te acompaño, ¿vale? No hace falta.

Durán está en la puerta.

No iré a mi apartamento, no quiero estar sola esta noche.

Voy a pasar la noche con Germán y con Elías.

Allí me voy a sentir segura y solamente es cruzar la calle.

¿De verdad? Sí.

Vale. Pero intenta descansar, ¿vale?

Gracias. Y tranquila.

Mañana darán con ese sinvergüenza. Seguro.

¿Durán?

¿Durán?

-¿Adónde te crees que vas?

Apártate...

o voy a empezar a gritar.

Nadie te va a oír.

Te equivocas, en el Ainara todavía hay gente.

Entonces no te muevas de aquí.

Para eso querías el dinero del mercado.

Para comprar una pistola y matarme.

Yo te he querido, Adela.

Te he querido de verdad.

Tú no sabes lo que es querer.

Tú solo sabes hacer daño.

Sois las mujeres las que me habéis hecho daño.

Tú, Carlota... Todas me habéis traicionado.

Me he convertido en lo que soy por vuestra culpa.

¿Vas a hacerte la víctima después de todo lo que has hecho?

¿A Ágata, a Daniela, a tu exmujer, a tu excuñada?

Ágata solo era una fulana

que se paseaba por el mercado y se vendía.

Daniela es una mosquita muerta y quería aprovecharse de mí.

Por eso me violaste, ¿no?

No, yo no te violé.

Fue un error, tú...

tú eras mi pareja.

Fernando,

¿te estás escuchando?

Necesitas ayuda.

Tenía tu ayuda y me la quitaste.

¡Suelta eso! ¡No, no, no!

¡Por favor! ¡Escúchame, escúchame!

Fernando, escúchame. por favor. No quiero escucharte,

¡tus palabras me han destrozado la vida!

No, escucha, aún estamos a tiempo de arreglarlo todo.

Yo te quise.

De verdad, te quise muchísimo. Y pensaba que ibas a ser el hombre

con el que me iba a olvidar de lo que me había pasado.

No, Adela, Por favor.

No, lo siento, ¡pero no me creo ni una palabra!

Por favor.

Te quiero.

No. Adela...

(Disparo)

(Golpe seco)

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Mercado Central - Capítulo 309

21 ene 2021

Carmen pide a Nicolás que abandone la campaña a favor de los riders, pero él le planta cara a su mujer. Samuel demuestra a Carmen que Nicolás no se siente valorado por ella.
Samuel no se presenta a su cita con Carla y ella entiende que él ya no está enamorado de ella, ajena a que todo ha sido por la intervención de Ana.
Germán hace un último intento de acercamiento a Martín pero éste le anuncia que se va del mercado.
Elías trata de tranquilizar a Adela diciendo que Fernando ha debido huir de Madrid. Pero nada más lejos de la realidad: Fernando está en el mercado y va a por Adela.
Jorge vuelve al Central sin daños cerebrales. Es cruel cuando se topa con Gloria: no la perdonará. Más tarde, la encuentra inconsciente junto a un bote de pastillas.

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