Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 278 - ver ahora
Transcripción completa

-Sé que tú hablabas con el periodista.

Gracias a tus maniobras,

yo conseguí la frutería y tú echar a Elías.

¿Le preguntaste por "MasterChef"? Sí, pero no tengo buenas noticias.

-¿Qué te parece

comer mañana en nuestra casa? -"Okay".

-Samu preferirá que vivas aquí en vez de esa pensión infecta.

Ven, te enseño la casa.

-¿Sabes qué? ¿Por qué no preguntas a Jorge si te lo presta?

Voy a Oporto y echo una mano.

-Dame tiempo para saber cómo está todo entre nosotros.

Al centro, por favor.

-Llamaré al médico y le pediré hora para el preoperatorio.

La vi en el cuarto de seguridad, donde las cámaras, trasteando.

No vayas a decirle nada.

-No esperabas que me adelantara y borrara las cintas.

Soy la única persona en el mundo

que puedo evitar que echen a tu madre del país

y que la encierren en una cárcel venezolana.

(LUCAS) Bueno, bueno, cuidadito, que esto sale con "tutti"...

-Pensaba que no llegaríamos. -Yo estaba seguro de que sí.

Entre el tremendo madrugón y que tú y yo...

-Que tú y yo, ¿qué?

-Que formamos buen equipo.

-¿Qué haces aquí tan temprano?

-Bueno, nada, que no podía dormir y he salido a dar un paseo.

Pero lo que me sorprende

es veros trabajando tan temprano a vosotros. Y aquí.

-Se me estropeó el horno y Jorge me ha prestado el suyo.

Y, bueno, suerte que se ha portado,

si no, no habríamos llegado al pedido del hotel.

Y menos mal que Lucas me ayuda.

-No soy de dulce, pero he de reconocer

que pasaría la vida viendo tus "cupcakes"

a primera hora de la mañana.

-Es bueno tener buenos amigos al lado.

-Sí, eso es lo importante.

Y sobre todo, saber distinguir

quién es nada más que un amigo, ¿verdad?

-¿Quieres desayunar?

-Vale.

(Notificación de móvil)

-El repartidor ya está aquí. -¿Ya?

-Sí. -Bueno, voy sacando las cajas

al muelle de carga. -Muchas gracias.

No sé cómo agradecértelo, de verdad. -Por favor...

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme a aquel lugar,

# sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos,

# con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color, sabor al son

# de aquel Mercado Central. #

-Pues hoy Samu tiene partido de baloncesto, ¿sabes?

Yo iré a verlo. Lo digo por si quieres venir.

-Es muy buen plan, pero no. No puedo, lo siento.

Hablando de planes,

hoy a mediodía no pases por casa, porque David estará...

Tiene una cita con Daniela, la chica de la limpieza.

-Sí, tranquila.

A mediodía es cuando tengo más pedidos, Carla.

Bueno, por lo visto, Samu está que se sale, vamos.

-Siempre ha sido buen jugador. -Sí, es verdad.

Tiene un estilo... que ni Pau Gasol.

Mira, el otro día le sacaron una foto... madre mía.

Y está espectacular.

Mira. -Sí.

Sí, muy guay.

-Oye, Carla, ¿por qué no haces un esfuerzo

y vienes conmigo a verlo jugar? Le haría mucha ilusión.

-Porque no puedo ni quiero ni debo.

¿Recuerdas que lo dejamos?

-Fue un malentendido.

Él te sigue queriendo y te echa mucho de menos, de verdad.

Y rompió contigo porque quería... -Ponerme a prueba, sí, lo sé.

Me quedó muy claro.

Por ese motivo no quiero saber de él.

-Carla, por Dios, no te lo tomes tan a la tremenda.

Lo está pasando mal.

Y es verdad que él metió la pata hasta el fondo,

pero si tú hicieras un simple movimiento...

-No pienso hacer ningún movimiento.

Tu hijo es un inmaduro que me hizo sufrir

y jugó con mis sentimientos. Que apechugue.

-No levanta cabeza, por eso está siempre con el baloncesto.

-Que lo hubiera pensado antes.

Voy a por el "cupcake".

-Nada, hijo,

lo nuestro es fastidiarla y quedarnos solos.

(CHASQUEA LA LENGUA RESIGNADO)

Hola, Elías. Buenos días.

Estoy leyendo el artículo que han escrito

sobre el asesinato de Ágata, ¿lo has visto?

Sí, sí, lo he visto.

Pues no se te ve muy contento.

A ver, te tildan de héroe.

Dice que aguantaste la presión

y que, gracias a ti, Eusebio está ante la justicia.

Permíteme que no lo celebre mucho.

He pasado tantas semanas luchando para demostrar mi inocencia,

que no he tenido tiempo para asumir la pérdida de mi mujer.

Lo debes ver por el lado positivo, ahora ya puedes retomar tu vida.

Has demostrado que eres inocente y nadie hablará de ti.

Bueno, según.

Al igual que antes no todo el mundo pensaba que era culpable,

no todo el mundo pensará que soy inocente,

aunque la noticia sea publicada.

¿De quién hablas?

Por ejemplo, de Emilio, el hermano de Ágata.

Ahora mismo me acaba de llamar por teléfono.

Que cómo he podido engañar a la Policía, dice.

Es que él no va a desdecirse con la que montó tras el entierro.

No es orgullo. Él cree que yo maté a su hermana.

Has demostrado que eres inocente, no puedes hacer más.

Lo que él piense, es asunto suyo. Supongo

No me gusta verte así.

Pues no te preocupes, que me voy a venir arriba.

¿Estás así solo por eso o por algo más?

No te engaño... ¿A qué te refieres?

A Germán.

Me da que te ha dolido que no te deje ir a Oporto a verlo.

Es que llueve sobre mojado, Adela.

-Perdóname, por favor.

No puedo vivir sin ti.

-Ahora entiendo lo de la bici.

La tienes para atender a todas tus amantes, ¿no?

-Que yo no tengo ninguna amante. -¡Por favor!

¿Cómo has podido caer tan bajo?

-No quería decirte que soy "rider"

porque, ¿qué he conseguido a mi edad?

¿Pasar el día de punta a punta de la ciudad

repartiendo paquetes en bicicleta?

¿Eso es lo que he conseguido?

Yo no quería que te avergonzaras de mí.

-Eso sí lo has conseguido.

-Carmen, si yo te quiero con toda mi alma. Créeme, de verdad.

No sé, pensé que a lo mejor tú te merecías algo más que yo,

por eso no te dije nada.

-Y eso lo pensabas mientras la abrazabas, ¿no?

-No fue así. Lo que viste no es lo que parece.

-¡A ver, si un hombre abraza así a una mujer,

es lo que parece y punto!

-Pero si Lupe es solo es una amiga, Carmen. De verdad, créeme.

Me ha ayudado a pasar la situación que estoy pasando.

Y me ha consolado, que estoy hundido en la miseria.

-El próximo paso, un hotel, ¿no?

-Pero, Carmen, ¿cómo piensas eso? Yo pienso en ti desde que te conocí.

-A ver, que no te creo.

Y a saber en cuántas cosas me has mentido más.

Por ejemplo, si tú no trabajabas en el centro de congresos,

la dedicatoria del cedé, ¿quién la escribió?

No me digas que la escribió tu amiga.

No ha valido de nada que me trague mi orgullo,

que dé el primer paso... Nada.

Pero para él tampoco tiene que ser fácil, Elías.

Conociéndolo, no estará orgulloso.

Que no, Adela, que no. No es por el dinero.

Es por Javier.

Sigue pensando que fui culpable de su muerte

y no me lo perdonará nunca.

No pienses eso, Elías. ¿Por qué?

Si es la verdad, ¿no?

He perdido a Ágata,

he perdido a mi hijo...

He perdido hasta la frutería.

Dentro de poco no me quedará nada que perder.

No me hagas caso, Adela, de verdad.

Estoy un poco bajo de moral, pero me recuperaré, ya verás.

Elías, pase lo que pase,

no quiero que vuelvas a dudar, Germán te quiere.

Y estoy segura de que, dentro de muy poco,

os vais a ver y lo vais a solucionar todo, seguro.

¿Voy por un par de cafés y te ayudo en la floristería?

Sí.

¿Germán?

No, no, no ha pasado nada.

(DUDA) Escúchame,

tengo que pedirte una cosa.

Necesito que bajes las defensas con papá.

Ya, ya sé que habéis hablado,

y no te digo que lo recibas en Oporto, pero...

pero ten un gesto con él.

Te aseguro que lo necesita más que nunca.

-No, Nicolás, es que esto sí que no te lo perdono.

Vamos a ver, tanta confianza,

tanto cariño con una persona de la que ni me has hablado,

solo puede llevar a un sitio.

-Carmen, te juro que no. Créeme. -¡Que te largues! Lárgate.

Tengo cuchillos y sé despiezar cerdos.

-Carmen, por Dios. -Que te largues.

(VALERIA) Pero bueno, ¿no te dije que la dejaras en paz?

-También me engañó con lo de Camila Bruno.

-¿Qué? ¿También se acostó con esa cantante?

-No, mamá, ya quisiera él. Qué va.

Su amiguita, que ha falsificado la dedicatoria.

No me merezco esto. Llevo toda la vida

con un hombre que no conozco. -Hija, llora un poco, desahógate.

-No, no, no.

No voy a soltar ni una sola lágrima.

Tengo que acostumbrarme a pasar mi vida sola.

-Carmen, tampoco es eso. -Que sí.

Hace semanas estaba segura de mí misma y de mi gente,

pero ya veo que es todo mentira.

-Tu familia te sigue queriendo. -Sí, parte.

Mi otra familia me desprecia.

-No sé de qué hablas. -De los comerciantes, mamá.

Confían más en Gloria que en mí. Y lo pagaremos todos.

-Ha sido una faena. -Más que una faena.

Ha sido una decepción muy grande.

Y lo de Nicolás, la puntilla.

No confiaré en nadie nunca más.

-Hija, es normal que estés así ahora, pero...

ya verás como no tienes razón.

Pues nada, enhorabuena.

Enhorabuena ¿por?

Pues porque ya no te importa hacerte selfis con tus admiradores,

no te da vergüenza salir en la tele.

¿Es por "MasterChef"?

Eres importante en el negocio. Exactamente,

por eso no entiendo nada.

¿Qué no entiendes? Quiero que participes.

Jorge, deja de fingir que te importo

porque es mentira, no te importo.

Pero perdóname, te dejo.

Te dejo que disfrutes de tu gloria solo, como siempre.

-¿Adónde vas? Cancelamos el desayuno.

Pero si íbamos a desayunar...

¿Qué pasa? ¿Habéis vuelto a discutir?

No sé, ni idea.

Cada vez entiendo menos a tu hermana.

Pero bueno, algo habrá pasado, ¿no? No sé.

Siempre tiene excusa para acabar discutiendo.

¿Y qué ha sido esta vez?

Me han invitado al programa "MasterChef"

y le pedí que me acompañe.

No me digas que se niega. No puede ser,

disfrutaría mucho con el desparpajo que tiene.

Le dije a Gloria que le preguntara y soltó un no rotundo.

Espera un momento.

(DUDA) ¿Qué tiene que ver Gloria en todo esto?

Últimamente nos cuesta hablar

y le pedí a Gloria que fuera intermediaria.

Jorge, deberías de haber hablado tú personalmente con ella, ¿no?

Ya, pero ya ves cómo se pone cuando hablamos.

Intento hacer todo bien, pero siempre acaba mal.

Tendrás que tener un poco de paciencia.

Rosa, se me está agotando.

Ir a "MasterChef" debería ser motivo de alegría

y una oportunidad de compartir y no estar como estamos.

Cada día estoy más lejos de ella y te juro que no sé qué hacer.

Ya.

(Llaman a la puerta)

Hola, hermana.

Siento haberte dejado colgada,

se me han quitado las ganas de desayunar.

Oye, Lorena, ¿no crees que deberías tranquilizarte un poco?

Estar de morros todo el día no es bueno para ti ni tu bebé.

No es mi intención estar así.

Sé que no, pero últimamente todo te saca de quicio.

No, Jorge me saca de quicio.

¿Pues sabes que yo lo veo un poco desesperado?

El pobre no sabe ni cómo acercarse a ti.

¿Te ha dicho que va a "MasterChef"? Sí, claro.

¿Tú no lo sabías?

Me he enterado porque me lo ha dicho el pescadero

al llegar al mercado.

¿No te lo dijo Gloria?

¿Gloria? Sí, Gloria. Gloria lo sabe.

A ver, es que Jorge le dijo

que quería que tú participases en ese programa,

y dijo que se encargaría de proponértelo.

Nadie me ha propuesto nada.

Parece que ahora la culpa no es solo de Jorge, ¿no?

Gloria no habrá dicho nada

porque sabe que llevo días evitando a Jorge.

Bueno, pero esta vez... Jorge no lo ha hecho tan mal.

Si Jorge tiene que decirme algo, me lo tiene que decir en persona.

Estoy completamente de acuerdo contigo.

No me puede ningunear, el negocio también es mío.

Y nos vemos, estamos a 20 metros. Ayer tres veces, desgraciadamente.

No quiero defender a Jorge, pero tú estás a la que salta.

¿Estoy a la que salto? Sí.

Quizá tenga razones para estarlo.

Quizá me he separado, me he quedado sin casa,

estoy preñada, con las hormonas por los aires...

Quizá mi novio se tiró a una en un hotel,

quizá puedo estar a la que salta. Vale, ya está. Sí, tienes razón.

Si tiene miedo de hablar conmigo, que mande un mensaje.

Para eso están los móviles. ¿Sabes qué pienso, Lorena?

El problema es que habéis dejado todo

en manos de un tercero.

Y no entiendo que esa persona sea Gloria.

¿Qué hace en medio de este follón?

Pero ¿qué dices?

Que qué hace Gloria en medio de vosotros dos, Lorena.

A ver cómo te explico esto,

habéis tenido más de un enfrentamiento

y ha estado involucrada de una manera u otra.

Me parece muy raro.

Que yo sepa,

Gloria no ha obligado a Jorge a tirarse a su amiga Puri.

Es verdad, no lo ha hecho.

Pero que yo sepa,

Gloria no ha hecho nada para suavizar las cosas, ¿no?

¿Quién es ella para decidir

si tú tienes que saber lo de "MasterChef" o no?

O sea que Jorge está acusando a Gloria

para escurrir el bulto. Estupendo.

No me quiero pelear contigo, no he venido aquí para eso.

Yo tampoco.

¿Sabes qué me pasa, Lorena? Que me da muchísima pena.

Porque sé cuánto os queréis y cada día os veo más distanciados.

(Móvil)

Papá. Lo tengo que acompañar al médico. Perdona.

No. Luego me cuentas, ¿vale? Sí.

Papá, que ya estoy yendo.

Venga, hasta luego. Sí, sí, ya voy.

(ROSA EXHALA APURADA) -Venga, hija.

Que voy a perder la cita del médico.

-Perdón, me entretuve con Lorena.

-Es que a mí me gusta llegar pronto. -Ya lo sé.

Aún tenemos tiempo. -¿Qué tal tu hermana?

-Hoy no es su mejor día.

Pero tú preocúpate de tu vista, ¿vale? ¿Estamos ya?

-Bueno, ¿dónde vais vosotros dos?

¿No me habéis oído?

(JESÚS DUDA) Sí, sí, sí.

Le he pedido a Rosa que me acompañe a hacer recados.

-¿Qué recados?

-Verás, quería comprarle a Noa ropa para mandársela a Málaga.

Se lo he contado a mi padre y me ha dicho que quiere pagarla.

-De momento es mi única nieta y debo cuidarla.

-No te justifiques conmigo, Jesús.

Me encanta ver cómo cuidas de tu familia.

-Qué menos, ¿no? -Yo también debo cuidar de mi hija.

Así que pasaré por casa a coger un par de cosas

para pasar unas noches con ella. -¿Le pasa algo?

-Rosa, que está hecha polvo.

Nunca la había visto tan desquiciada.

-Se siente sola, ¿no?

Y dolida por lo que le ha hecho Nicolás.

-¿Quién nos lo iba a decir? Con lo buen hombre que parece.

-Sigue siéndolo, ¿no?

Por un desliz no significa que sea un monstruo.

-Tú ten mucho cuidado con engañarme,

si no quieres ver a una Pacheca cabreada.

¿Te parece bien que le haga compañía?

-Por mi perfecto, claro.

-Gástate lo que puedas en Noa,

que no crea que su abuelo es agarrado.

Bueno, os dejo.

-Hasta luego, Valeria.

-Lo poco me gusta mentir a Valeria. -¿Crees que a mí sí?

Cuando se entere, se enfadará. Y con razón.

Es que eres un cabezota. No sé por qué no se lo dices.

-Ya te lo he explicado mil veces, no quiero que se preocupe.

-Venga, vamos a coger un taxi, que no llegamos.

-Venga.

Pues me dio muchísima pena Nicolás.

Pero ¿sabes quién me dio lástima? Carmen.

Mucha.

¿Me estás escuchando?

¿Elías? ¿Qué?

¿Estás bien? Sí, sí, sí.

Oye, que te agradezco mucho que me dejes ayudarte.

No, en serio, que se agradece la buena compañía.

Pues mira qué bien,

que insinúes que para hacer mi trabajo

no hace falta tener dos dedos de frente

Oye, perdona, Adela. ¿Qué?

Para hacer tu trabajo hace falta talento,

no todo el mundo lo tiene.

Pero para cortar tallos a la misma altura...

Mira, aunque no te lo parezca, todo es importante.

Sí.

Ostras. Esto hecha una peste a licor que tira para atrás.

Hombre, claro.

¿A qué crees que me refería cuando decía "buena compañía"?

El carajillo. Ahora es mi mejor aliado.

Qué gracioso...

¿Por qué no te apuntas a un concurso de chistes?

En serio, Elías, nunca me gustó que bebas antes de comer.

Bueno, hoy lo necesito. Hoy, solo hoy.

Elías, ya sé que estás deprimido.

Rodéate de la gente que te quiere

y no ahogues las penas en alcohol. No sé, Adela.

Lo mejor es que me dejéis solo un tiempo.

No, Elías, no. No vamos a dejarte solo.

Voy a estar a tu lado. ¿Y sabes una cosa? Germán también.

Creo que aceptaré la invitación

y te acompañaré a Oporto a visitar a nuestro hijo.

Sí. Le diré a Fernando que cambiemos el viaje,

que podemos ir otro fin de semana.

Lo importante es ir a ver a nuestro hijo juntos.

No va a hacer falta.

¿Cómo no va a hacer falta? Si estás ido, ¿no te ves?

Que no va a hacer falta.

¿Qué...?

(LLORA)

-Aún no me han arreglado el horno. -¿Qué?

-¡Que aún no me han arreglado el horno!

-¡No te escucho! ¡Habla más fuerte! (GRITA) ¡Eres idiota!

-¿Va mal la cosa? ¿Qué pasó? -Pues sí.

Hay que cambiar una resistencia y va a tardar dos o tres días.

-Bueno, entre el horno de casa, el horno del bar y eso...

salimos del apuro. "Tranqui", yo te ayudo.

-No sé qué haría sin ti.

-¿Vos necesitás cocinar, necesitas... lo que quieras?

-Lo que quiera. -Yo te ayudo.

-¿Qué es eso?

-¿Esto? Es un zumo natural de frutilla,

mango... -¿Frutilla?

¿Qué es frutilla?

-Fresa, ¿qué va a ser? ¿No conocés la frutilla?

-Os he llamado muchas veces y no me habéis contestado.

Como para necesitaros en una urgencia.

No me puedo creer que estés aquí, tonto.

Qué guapo que está.

Pero estás muy delgado.

Pero si hace un rato te llamé y estabas en Oporto,

¿cómo estás ahora aquí?

-Ya estaba en Madrid, mamá.

¿Cómo que estabas en Madrid? Ahora te lo explico.

Bueno, supongo que has venido para ver a tu madre,

así que me voy y así podéis hablar. No, prefiero que te quedes,

así no tengo que explicar la misma historia dos veces.

Germán, ¿qué es lo que pasa?

Bueno, pues...

todo fue mal desde el principio. Nada más llegar,

una carta del ministerio nos comunicaba la expropiación

de parte de los terrenos.

Y los jardines, que eran lo más bonito del hotel,

se quedaron en nada.

¿Y eso tus socios lo sabían?

No, nos pilló por sorpresa a todos.

Empezaron las obras, perdimos a casi todos los clientes

y al poco vimos que no valía la pena seguir abiertos.

Pues lo siento. Lo siento muchísimo, hijo.

Y yo también.

En parte, hacía todo esto por Javier y he fracasado.

Bueno, hijo, tú ya sabes cómo es esto de los negocios,

a veces salen bien, otras veces salen mal

y no pasa nada. Ya, ya, ya.

El problema es que a mí siempre me salen mal.

Te prometo que te devolveré todo el dinero

cuando venda el hotel.

O al menos una parte, porque ahora vale mucho menos.

Eso ahora mismo, hijo, no tiene importancia ninguna.

Me siento avergonzado por todo lo que ha pasado.

Por eso he tardado tanto en venir a veros.

Llevo dos semanas en Madrid.

¿Cómo que dos semanas?

¿Y no has venido con lo que estaba pasando?

Bueno, Adela. Adela...

No es momento de hacer reproches. Ya hablaremos tranquilamente, ¿no?

¿Ahora entiendes por qué no quería que fueras a visitarme a Oporto?

Y si te hubiese ido bien,

¿te habría gustado que fuese a visitarte?

Vale.

¿Y dónde te estás quedando?

Los primeros días en un hotel y ahora en casa de un colega.

Pero, Germán, puedes venir, si quieres, a...

Ya, mamá, pero de momento estoy muy bien. Gracias.

Bueno, como tú quieras.

Pero somos tu familia,

y puedes contar con nosotros para lo que quieras.

-Me iba a duchar para mi cita,

y no encontré mi gel hipoalergénico ni champú de cabello fino.

Y eso no es lo peor.

No está mi neceser con colonia y desodorante.

¿Lo habéis cogido vosotros?

(LUCAS) David, nosotros jamás usaríamos tus cosas, no.

-Eso me imaginaba.

Así que solo ha podido robarlo una persona, Nicolás.

-Bueno, robar. "Robar" es una palabra muy fuerte, ¿no?

Se habrá confundido,

porque tenéis un neceser similar de color negro.

-¿También con el champú y el gel que estaban en la ducha?

-Ya sabes qué hacer. Ve a la farmacia y cómpralos nuevos.

-Pues los que ha cogido Nicolás estaban nuevos

y no era precisamente baratos.

Y necesito aguacates, alguien se comió los míos.

¿Quién ha sido?

Nicolás, seguro.

-A ver, fuiste vos quien lo metió en casa, ¿o no?

-¿No le contaste las normas básicas? -Sí, cinco veces,

pero hace lo que le viene en gana.

-Bueno, que tanta norma, capaz que es difícil retenerla, ¿viste?

-Bueno, no será porque no ha vivido toda su vida con la señora sargenta.

-El tema es que yo soy a quien más afecta esto.

Debería estar en la cita preparado y preparando la mesa.

Como salga mal por su culpa, no se lo perdonaré.

-No, no, no, David, no. Va a salir increíble, de diez.

Y te digo una cosa,

los aguacates corren por cuenta de la casa.

-Oye, papá, no me puedes pedir eso. -Es lo mejor para todos.

-Es lo mejor para ti.

Estás escurriendo el bulto con tu mujer, como haces siempre.

Y en cambio, nos comprometes a mí y a Noa.

Te dejo aquí las gotas.

-¿A ella qué le va a afectar?

-Perdona, papá, le vas a pedir que mienta, ¿no?

-Es una mentirijilla piadosa para hacerle un favor a su abuelo.

Seguro que lo hará encantada.

-Es que no entiendo por qué no le dices la verdad a Valeria.

-Y vuelta con la mula al trigo. Te lo he dicho cien veces.

Y vamos a bajar la voz, no nos vaya a oír.

-Pues si quieres que Noa y yo mintamos por ti,

lo tendrás que explicar las veces necesarias,

porque no lo entiendo. Sinceramente, creo que lo mejor

es que pases el postoperatorio en casa.

-Y Valeria todo el día preocupada. -Es normal que quiera cuidarte.

-Si, pero es absurdo preocuparla sin necesidad.

Además, no quiero que me vea en un estado tan lamentable.

Vas a entrar en un quirófano.

Valeria debería saberlo.

-Bueno, se lo diremos cuando haya pasado todo.

-Venga, papá, por favor... -Mira, Rosa,

aunque sea una operación sencilla y con anestesia local,

yo la conozco, y Valeria va a estar asustada.

Además, ya has oído que Carmen la necesita.

-No vengas con rollos, son cosas distintas.

-Que yo sepa, Valeria no tiene el don de la ubicuidad,

y si me cuida a mí, no puede atender a Carmen,

que lo está pasando mal.

La excusa de que tenemos que visitar a Noa

para comprarle la ropa que necesita allí, es perfecta.

Piénsatelo.

Así, Valeria estará tranquila.

Y si ayuda a Carmen, pues no se sentirá culpable.

-Porque tú no te sientes culpable, ¿verdad?

-Bueno...

Sí, sí, sí, me siento culpable.

Pero bueno, a veces hay que tomar decisiones difíciles

para que las cosas no vayan a más.

-Bueno mira, ya está. Vale, tú ganas.

Llamaré a Noa y le contaré la película que te has montado.

Pero la ropa se la compramos, que la necesita.

-Es más, se la voy a comprar yo.

Anda, espérame en el bar, que voy a darle un beso a Valeria

y luego te invito a comer.

-Papá...

Hola, Noa. ¿Qué tal? ¿Cómo estás, cariño?

Bueno, bien.

Mira, te llamo porque tengo que pedirte un favor

de parte de tu abuelo, ¿sabes?

Sí, sí, está bien, está bien.

No sabes cómo siento que no saliera bien lo del hotel.

Pero a mí me viene tan bien que estés aquí...

-Yo también me alegro mucho de verte, tía.

¿Qué tal tu niña, cómo está?

Lo devora todo, no hace más que pedir comida.

¿Y tú?

Por lo que he visto al servirnos, las cosas no van de maravilla, ¿no?

Aprovechó la mínima para escapar.

Pues no, no están bien.

Es una historia larga, complicada, que no quiero contar ahora.

Ya te la contaré.

Hablemos de los portugueses, ¿son guapos, son románticos?

Pues seguramente.

No he tenido mucho tiempo para fijarme.

Allí invertía las 24 horas del día en intentar sacar a flote el hotel.

Campeón.

-¡Pero bueno!

¡Qué alegría verte, Germán!

¿Cómo estás? -Bien.

Estás radiante. Se ve que la vida te trata bien.

-Bueno, no sé, hago lo que puedo.

Tú sí que estás guapo. ¿Se puede saber qué haces aquí?

-Pues resumiendo, el hotel se ha ido a pique.

-Vaya por Dios.

-Sí. Bueno, la parte positiva es que puedo volver a ver a mis tías,

de las que tanto me he acordado y tanto he echado de menos.

Y... lo siento, me he enterado de que lo dejaste con Alberto.

-Sí. Bueno, no pudo ser.

Creo que no era el momento.

Pero estoy bien.

Por cierto, hace un rato hablé con Noa

y te alegrará saber que está estupendamente con Jonathan.

-Lo sé, hablo mucho con ella. -¿Sí?

-Sí.

Y el resto, ¿qué tal, cómo están?

-Bueno, más o menos bien, ¿no? Sí.

El que peor lo ha pasado ha sido tu padre.

¿Has hablado con él?

-Sí, sí, sí. Lo de Ágata ha sido muy duro para él.

-Mucho.

Sobre todo, porque casi todo el mundo lo ha culpado de su muerte.

Y eso ha estado a punto de destrozarlo.

Bueno, pero ya está todo aclarado.

-¿Y el abuelo?

Por cierto, ¿qué tal fue? -Luego te cuento.

-¿El qué ha pasado?

(AMBAS) Nada. -Nada.

(DUDA) Bueno, verás, el abuelo tiene problemas de vista

y lo hemos llevado al oftalmólogo.

Pero es un cabezota y lo quiere mantener en secreto.

Así que tú...

¿Vale?

-Adela. Oye, mira, hoy tengo mucho papeleo

y no podré quedar para comer,

pero te compensaré cenando, ¿te parece?

Un beso.

Pero...

Samuel. -Dímelo.

-¿Sabes algo de Daniela? -Sí. Llamó que está mala.

-¿Qué le pasa? -Gastroenteritis.

Se va de vareta. El médico le dijo que vaya a casa.

-¿Y por qué no me dices nada?

Soy el gerente y tengo que saber estas cosas.

-Perdóname, no lo creí importante. -Lo es.

Quedé con ella para tratar unos temas a mediodía.

-Dijo que te avisara de que no podía venir

y que no la llamemos.

Iba a apagar el móvil para meterse en la cama a reposar.

¿Tan importante era?

-Ni es importante ni deja de serlo. Pero lo que más odio

es que me cancelen planes sin decir nada.

-Vale, perdóname, ha sido culpa mía.

-A ver si otra vez te centras y dices las cosas en su momento.

-Vale.

-Me bajo al almacén,

a ver si veo a Fermín y ha arreglado las cámaras frigoríficas.

(Timbre)

-Hola. -Hola.

Disculpa por el retraso.

-Tranquila, me ha venido hasta bien.

Estás guapísima.

-Gracias.

Tú tienes el cuello un poco... descolocado.

-Lo siento.

-No te preocupes. A ver, déjame a mí.

-Vale.

He tenido problemas con mis productos de aseo

y se me ha hecho tarde.

-Ahí, ya está.

-Gracias.

-Bueno... ¿no me vas a invitar a pasar?

-Sí, claro, adelante.

-¿Puedo?

¿Y eso?

He pensado que podría ser divertido vendarte los ojos

y que adivines qué he preparado.

Si anulas un sentido, los otros cuatro se potencian.

Aunque quizá te parece una tontería y prefieres comer normal.

-Me preguntaba

si solo me los vas a vendar para comer.

-¿Para qué más te los iba a vendar?

No conoces la casa, si vas a ciegas, te golpearás con algo.

Y si tienes un accidente, no me lo perdonaré.

¿He dicho algo gracioso?

-Tú eres muy gracioso, David. Y me encanta.

Mira, como tú aceptaste mi reto de reguetón,

yo voy a aceptar que me vendes los ojos para comer.

Así que relájate, ¿vale?

Míralo, ahí lo tienes. (GERMÁN) Hola, abuelo.

-Por fin te has dignado a venir.

-Sí.

¿Cómo estás?

-Decepcionado.

(ROSA) Papá, creo que no es momento...

-Da igual, tía, déjalo.

Tiene derecho a decirme lo que piensa. Adelante.

-¿Sabes cómo lo pasó tu familia estos meses?

¿Y no has pensado que podíamos necesitarte?

Tu padre, además de perder a su mujer,

estuvo a punto de ir a la cárcel.

Se ha sentido solo, abandonado por sus amigos

y sin poder contar contigo.

-Quise venir, pero mamá recomendó no hacerlo.

-¿Por qué crees que lo hizo, Germán?

Porque no eres capaz de olvidar las rencillas

y apoyar a tu padre.

-Lo de Javier no es una rencilla. -Eso lo sentimos todos.

Pero eso no te da patente de corso para hacer lo que te dé la gana.

Papá, tranquilo, no estás siendo justo con él.

¿Y él ha sido justo con nosotros?

¿Aparte de irse sin contar con nadie?

Le quitó el dinero a vuestro hermano.

¿Sabes que por tu culpa perdimos la frutería?

(ROSA) A ver, no lo puedes culpar a él

de las decisiones de Elías.

-Necesitaba dinero para demostrar su inocencia.

Vendió el puesto para no ir a la cárcel.

-Lo siento.

-Más lo siento yo, que el negocio era mío.

Sé que debía olvidarme y pasar página,

pero lamentablemente, no puedo.

Perdonadme.

Dejemos la comida para otro momento.

-No se lo tengas en cuenta.

Han sido unas semanas muy duras para él.

Bueno, cariño, ya sabemos cómo es. ¿Qué te voy a contar yo?

Estoy segura de que está feliz de que estés aquí.

-Pues quien lo diría.

Voy a tomar un poco el aire.

(DAVID) Aquí tienes.

He hecho lo que he podido,

pero admito que no todo lo preparé yo.

Para algunos platos me ayudó Jorge.

-Desde que llegué al mercado

he soñado con probar sus famosas tapas,

pero no me lo puedo permitir.

-Pues parece ser que hoy es tu día de suerte.

-Eso parece.

-Ojalá pueda ser tan grande como Jorge,

pero hay que prepararse mucho.

-Lo vas a conseguir.

Tú eres ese tipo de personas

que puede conseguir absolutamente todos sus sueños.

-¿Tú crees? -Claro.

Eres un chico muy inteligente y muy curioso.

Ya me lo demostraste ayer

cuando te sabías de memoria todo acerca de mi país.

-Leo mucho la Wikipedia, pero no siempre es fiable.

-Si es que, mire donde mire, he estado ahí con Javier.

Y ahora suma fallar a mi familia, así que...

No, no. Tú no le has fallado a nadie.

El abuelo no dice lo mismo.

Germán, yo no justifico lo que hiciste,

pero sí entiendo tus razones.

Pues se ve que el abuelo no.

Ya, pero es que él lo ha pasado muy mal con todo lo de Elías

y no se perdona...

¿El qué?

Bueno... durante algunos días llegó a dudar de tu padre.

A ver, no de que la matara intencionadamente,

sino que perdiera los papeles en alguna discusión.

Imagino que a papá no le hizo gracia.

Imaginas bien.

Había mucha tensión y los nervios estaban a flor de piel.

En fin, que lo ha pagado contigo.

Ya me extrañaba que lo justificara

por vender la frutería a sus espaldas.

¿Ves? Si perdona a su hijo,

¿cómo no te perdonará a ti, que eres su nieto?

Al final eres la única que no falla a nadie.

Bueno, a mí me toca separa el grano de la paja

y darle a las cosas la importancia que de verdad tienen.

-Perdona, Adela. No sabía que estuvieras acompañada.

Hola, Fernando. Pues sí.

Mira, te quiero presentar, él es mi hijo Germán,

y él es Fernando.

Es el nuevo gerente.

Y un amigo.

Encantado. He oído hablar mucho de ti.

-El gusto es mío.

-Tendréis cosas que hablar, así que os dejo.

-No, tranquilo, Fernando.

He quedado a comer con un colega y llego tarde.

Nos vemos luego, ¿vale?

Chao.

-O sea que soy solo soy un amigo.

Es que me ha cogido por sorpresa y no sabía cómo reaccionar.

¿Para hablar de lo nuestro te tienes que preparar?

No, no es eso.

Lo que pasa es que mi hijo ha llegado de forma inesperada,

no sé cómo se lo tomaría...

Y además, es que ocupas el puesto de su exnovio y...

No busques excusas, Adela.

Que no son excusas, Fernando.

Es mi hijo, la cosa más importante de mi vida.

Sí, sí, lo entiendo.

Sé que tu hijo y yo jugamos en ligas diferentes,

pero pensé que también era importante para ti.

Fernando, por favor. Venía a decirte

que no hagas caso del mensaje de voz que mandé,

porque hice hueco para comer juntos.

Bien. Ya, pero se me ha quitado el hambre.

Lucas, Lucas. Espera, espera.

Oye...

Tú compartes piso con David, ¿no? -Sí, ¿por?

-Es un poco violento.

No me gusta meterme en la vida de los demás,

pero estoy preocupado él.

-Preocupado, ¿por qué?

-Me he fijado en que últimamente está mucho por Daniela,

la nueva chica de la limpieza.

-Es usted muy observador, Fernando.

-Y tú sabes, como yo, que David es un chico especial.

Solo basta con mirarle un poco

y te das cuenta de lo que está pensando.

-¿Adónde quiere ir a parar? -Que David es muy sensible,

y no creo que le convenga fijarse en una chica como Daniela.

Es muy impetuosa, muy decidida.

Quizá podría hacerle daño.

¿De qué te ríes?

-Que tiene razón, David es un chico muy especial,

pero de tonto no tiene un pelo. O sea, de hecho,

lo mismo que siente él por Daniela, Daniela lo siente por él.

-¿No me digas? (ASIENTE)

Y fíjese que en este preciso momento están comiendo juntos.

-¿Estás seguro de eso? -Sí, sí, 100% seguro.

A Carla y a mí nos prohibió ir a casa.

Vamos a ir a comer un bocata al parque.

Mire, no se preocupe por David, que está mejor que nosotros dos.

-Ya, ya. Ya veo, ya.

Bueno, me alegro mucho por él.

Sigue, no te molesto más.

-Hasta luego, Fernando.

-Daniela, soy Fernando.

Sé que no estás enferma y que comes con David.

Te quiero en cinco minutos aquí.

-Cuando me recitaste todas aquellas cosas de Venezuela

y te marchaste,

no me dio tiempo a decirte lo que opinaba realmente de ti.

-Aún me siento un poco idiota por eso.

No quería engañarte y que pensaras que sé más de lo que sé.

-Tú no eres idiota.

Puedes ser muchas cosas, pero no... no eso.

(notificación de móvil)

Vaya.

Un segundo. -¿Es algo importante?

Te ha cambiado la expresión.

-No, no es nada.

-Bueno, ¿por dónde íbamos?

-Tengo hambre. ¿Comemos?

-Claro.

(Tacones acercándose)

¿Qué pasa Carmen? ¿Cómo te encuentras?

-No sé si ir a comer a casa o ahorrármelo.

Total, para estar sola.

¿Por qué no vienes al bar y comemos en condiciones?

Venga, yo te invito.

No quiero ir al bar, seré la comidilla todo el mercado.

No, que hay mucha cotorra

encantada de meterse en la vida de la gente.

Qué dices, mujer. Eso son imaginaciones tuyas.

Yo creía que todos hablaban de mí

cuando Elías me puso los cuernos, pero no.

Pensabas bien, hablábamos de ti.

Pero no sabía que me pasaría lo mismo.

Si te sirve de consuelo,

como presidenta del club, te digo que todo se supera.

Sé cómo te sientes y quiero pedirte disculpas.

¿A mí?

Soy una bocazas, pero te juro que no tengo maldad.

Ya lo sé.

Sabemos que la discreción no es tu punto fuerte,

pero todos sabemos que tienes virtudes que valoramos muchísimo.

¿Sí? ¿Cuáles?

Eres una tía generosa, honesta,

con un corazón que no te cabe en el pecho.

¿Te vale eso o no?

Bueno.

Ha venido Germán, ¿no? Debes estar contenta.

Sí, mucho.

Es duro estar lejos de un hijo. Ya.

Será posible... ¿Qué pasa?

-Hola, buenas tardes. ¿Podemos hablar?

-No tenemos nada que hablar. No sé a qué vienes.

Tranquila, Carmen. ¿Cómo me voy a tranquilizar?

Esta petarda es la amante de mi marido.

-Para empezar, te pido, por favor, que me respetes y no me insultes.

-¿Respetar una persona como tú?

-No vengo a pelear, sino a arreglar cosas.

Pero no permito que me humilles.

-Me humillas acostándote con mi marido.

-No me acuesto con nadie.

-Si tienes el valor de venir, ten el valor de reconocerlo.

-Que no me acuesto con nadie.

Lo que viste fue un abrazo entre dos amigos.

-Mientes. Y será porque eres tan adúltera como Nicolás.

-Estoy separada, no tengo que mentir.

Ojalá tuviera a un hombre tan bueno y noble como él,

capaz de partirse los cuernos por no decepcionarte,

porque solo lo respetas si es jefe de mantenimiento.

-¿Ves lo que he de escuchar?

-La verdad, nada más.

No sé cómo una mujer tan mal pensada tiene un hombre que la quiera.

-¡Si crees que puedes venir a soltar tus mierdas,

estás muy equivocada!

Carmen, ¿qué vas a hacer? Tranquilízate.

¡Callarla de una vez! ¡Dios mío!

Vamos, ¡te la vas a tragar enterita y sin masticar!

-Oye, tú estás loca.

No entiendo cómo te quiere, no lo mereces.

¡Tira! ¡Sal de aquí

si no quieres ir con los pies por delante!

Bueno...

-¿Qué tal la cita?

-No abrí el mensaje. Te esperaba para verlo juntos.

-¿Sí? (LUCAS ASIENTE)

Qué considerado, señorito.

-Muchas gracias. Es que es un momento único.

-Sí. Claro. -Sí.

Cambiará nuestras vidas. -Seguro.

-Además, yo qué sé.

No sé, puede cambiar nuestras vidas. -Sí, sí, sí.

-Dame la mano.

-Tú eres muy chulito, ¿no?

-Dame la mano.

Así le transmitimos todo nuestro apoyo.

Vamos a ver qué nos depara el futuro.

"Todo ha sido un desastre.

No hubo beso y Daniela se marchó a toda prisa".

-¿Qué? Pero ¿por qué? Pregúntale por qué.

-¿Qué pasó David? ¿Está todo bien?

(Notificación de móvil)

Ahí está. "Culpa únicamente de Nicolás,

que me ha gafado la cita".

-Pero ¿por qué...?

O sea, ¿ha venido o cómo...?

-No sé qué habrá pasado.

¿Qué? ¿Se apareció por ahí o qué? ¿Qué pasó, David?

¿Qué habrá sido, no?

(Notificación de móvil)

"No, al tener que ir a la farmacia a por gel y champú,

no me dio tiempo a arreglarme

y la recibí con la camisa mal colocada.

Nicolás ha arruinado la única oportunidad que tenía con Daniela.

Hablamos después". -Bueno, igual está exagerando.

Hasta que no hable con Daniela...

Es que David es muy dado a malinterpretar

este tipo de situaciones.

-¿Sabes qué? A mí no me gustaría... ¿sabes?,

estar en la situación de Nicolás en este momento.

-Ya, igual habría que llamarlo para avisar, ¿no?

De qué es lo que se va a encontrar en casa.

-Buena idea, lo voy a llamar. Sí, sí. Tenés razón.

Tenés razón.

(NICOLÁS JADEA A TRAVÉS DEL MÓVIL)

"Dime, Lucas." -¿Nicolás?

No estarás con la compañera de trabajo tuya, ¿no?

-"Qué leches, hombre.

Me has pillado subiendo la cuesta de Atocha

para entregar un kebab en Antón Martín."

-Qué alivio.

Escúchame, con Carla te queríamos advertir

de que te metiste en un pequeño problema.

-"¿Otro más? A ver, ¿qué he hecho esta vez?"

-Resulta que usaste el gel...

(Móvil, claxon)

-"¡No, no, no! ¡Mierda!" -¿Nicolás?

(Móvil, claxon, ruedas derrapando)

¿Estás bien?

-¿Qué pasa?

(Tono fin de llamada)

¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

-Creo que tuvo un accidente por hablar con nosotros.

-Dicen en el restaurante que preguntabas por mí.

¿Te puedo ayudar?

-Me gustaría saber a qué juegas.

-Échale un par y declárate, a ver qué siente ella.

-Por tu culpa tu madre acabará en una cárcel del tercer mundo

y no la verás nunca más.

Debes hacer las paces con tu hijo, no podéis pasar la vida enfadados.

¿Quién le robó a quién?

-No has dicho tu nombre.

-Soy Martin. El hermano de Gloria y el cocinero del Ainara.

-¿Te parece bien? ¿Ningún problema entonces?

-Claro que no, si me encanta la playa.

Y Málaga tiene una preciosa.

-No le agrada que tengas más confianza conmigo,

así que prefiero mantenerme al margen

y que Rosa esté tranquila.

¿Qué necesitas?

-Necesito hablar contigo. Sí. Pues dime.

-¿Ministerio de trabajo?

Soy la presidenta de la Asociación de Comerciantes del Central.

Quería denunciar.

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Mercado Central - Capítulo 278

01 dic 2020

Nicolás sigue luchando por recuperar a Carmen, sin éxito, y Lupe provoca la ira de la Pacheco cuando trata de interceder por él.

Gloria sigue ejerciendo su poder sobre Lorena, a pesar de que Rosa la advierte tras descubrir el papel que ha jugado en el último malentendido de la pareja.

Preocupada por su hija, Valeria decide pasar unos días con ella y Jesús convence a Rosa para que le ayude a ocultarle a su mujer el postoperatorio.

Germán reaparece en el mercado, respondiendo a una llamada de Adela: su hotel en Oporto ha quebrado. Todos lo reciben con los brazos abiertos, menos Jesús.

Fernando se siente dolido con Adela por ocultar a Germán su relación.

David se enfada con Nicolás por comprometer su cita con Daniela y Fernando descubre, por Lucas, que Daniela ha mentido para faltar al trabajo y a su cita.

Lucas y Daniela provocan, sin intención, que Nicolás sufra un accidente.

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