Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 277 - ver ahora
Transcripción completa

-Lo sé todo. Aquí tienes tus cosas, porque no quiero pases por casa.

-Ese asesino te hizo mucho daño,

no dejes que te lo haga una vez muerto.

Tienes que pasar página y dar un paso hacia delante.

-Me encargaré de la cocina del Ainara.

-Pobre de ti como te quedes para vigilarme.

Estoy bien, y no pienso repetírtelo cada día.

-Mira, Rosa, soy tu padre, no tu hijo.

Haces que me arrepienta de decírtelo.

Yo me operaré cuando crea conveniente.

Te ofrezco un 20.

Solo pido dos meses para aclarar todo y cerrar trámites.

El negocio es redondo.

-Eso si quisiera vender.

-¿Gloria? ¿Qué tiene que ver en esto?

Organizó una fiesta en el Ainara y me presentó a una amiga.

Supongo que la conoces, una tal Puri.

-Me engaña con una compañera de curro.

-¿Estás segura?

Habla con el periodista que escribe artículos de mí difamándome.

Dile que rectifique.

-Sería bueno ir al psiquiatra otra vez.

-Me encanta que seas arisca conmigo.

Disfrutad. Es una de las novedades de la carta.

¿Tenemos alguna novedad? Sí, hablé con el periodista.

Se disculpó y escribirá un artículo sobre la retirada de cargos.

No quiero que escriba otro artículo sobre mí,

no quiero darle más carnaza a ese buitre.

Quiero una rectificación de ese periodista

sobre su falta de profesionalidad.

Fabuló con mi vida sin contar con nada.

Parece que no fabuló tanto.

Conmigo no ha hablado jamás.

Pero sí con alguien del Central. Tiene su fuente en el mercado.

Dijo que fue un crimen machista, que maltratabas a tu mujer

y todos lo sabían.

¿Quién le ha dicho esa barbaridad?

No ha querido decírmelo.

Los periodistas no rebelan sus fuentes.

Ya sabes, secreto profesional.

Pero parece que tienes el enemigo en casa.

Sí.

Eso parece.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme a aquel lugar,

# sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos,

# con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color, sabor al son

# de aquel Mercado Central. #

Pues nada, si el periodista ese no te dice cuáles son sus fuentes,

tendré que ir a hablar con él.

No te servirá de nada.

Conseguirás que se sienta acosado y te denuncie.

Además, escribirá un artículo

sobre la retirada de cargos y tu inocencia.

Que no es suficiente.

¿Qué más quieres? Limpia tu imagen y la del mercado.

Tú quieres encararte con quien malmete contra ti, ¿no?

Pues claro. Claro que quiero eso.

Quiero saber por qué está diciendo esas barbaridades.

No lo sé, Elías. Pues yo sí lo quiero saber.

Hace daño y no se lo permito.

Se atiene al secreto profesional.

Te pongas como te pongas, no abrirá la boca.

(CARMEN) Gloria.

Traigo albaranes de los pedidos de pokes.

-Gracias, Carmen.

Oye, Carmen, ya sabes que han retirado los cargos

que había contra mí, ¿verdad?

-Sí. No te lo he dicho porque estabas liado.

Claro. Tú no eres de interrumpir

ni entrometerte en la vida de los demás, ¿no?

Nos conocemos hace mucho tiempo, Carmen.

No hablas a la cara, lo dices todo por la espalda.

Y si no sabes algo, te lo inventas, ¿a que sí?

-Por favor, no me montéis aquí un numerito.

-No sé qué insinúas, pero no tengo el día para tonterías.

No, tonterías no.

Tonterías no.

Alguien le ha dicho barbaridades al periodista

y seguro que eres tú.

-¿Podéis bajar el volumen? Sí.

Y me parece mentira que seas tú la que le digas eso.

Primero, hablé con la Policía lo que debía hablarle: la verdad.

No miento por ti.

Y segundo, no he hablado con un periodista.

¿No? Carmen, por favor, que eres la cotilla oficial del barrio.

Y antes, que eras inofensiva, me hacía gracia, pero ahora no.

Te has pasado, me estás haciendo daño.

Y tú, que desde hace tiempo somos familia.

Entérate de algo,

en el Central nos ayudamos unos a otros,

no hacemos leña del árbol caído.

¿Me hablas tú de traiciones,

que te compinchaste con Hortuño y Velasco

para arruinarnos la vida?

¡Faltaría más!

Eres el menos idóneo para dar lecciones.

Y en una cosa tienes razón,

aquí somos todos una gran familia y nos ayudamos,

pero tenemos memoria.

O pregúntale a tu hijo, que perdió a su novio por...

Bueno, por lo que sea.

No te extrañe que creamos que eres capaz de hacer lo que sea.

Hablé con la Policía, sí, pero con ningún periodista.

Si lo hubiera hecho, te lo diría, porque hablo a la cara.

(ASIENTE)

No, no, no, la idea me parece maravillosa.

No, por favor, gracias a vosotros.

Claro, estamos en contacto. Chao, chao.

-No sé si preguntar porque las llamadas son privadas,

pero pareces sorprendido.

Sí, lo estoy, lo estoy.

Son de "MasterChef".

Quieren que vaya como invitado y prepare unas recetas mías.

Esa es una gran noticia.

Sí, sí, lo es.

Será una buena promoción para el bar.

¿Y por qué no parece que te alegres?

Quieren hacer un reportaje sobre mi vida y...

que aparezca mi pareja.

¿Y tú quieres que salga Lorena?

Sí, sí, a mí me encantaría, por supuesto.

Pero no sé si ella querría.

Tendrás que preguntárselo, es la única forma de saberlo.

Sí.

Voy a preparar las mesas.

-Jorge. ¿Me pones un cortado para llevar, por favor?

Sí, claro.

Oye, no he podido evitar escucharlo. Enhorabuena.

Es fantástico que te llamen de ese programa.

Es una oportunidad que no puedes desaprovechar.

Sí, sí, sí, es una muy buena oportunidad.

¿Qué?

Es por Lorena, ¿no?

Ni siquiera sé cómo plantearle una cosa así.

Sigue muy enfadada conmigo.

Lo sé, soy su paño de lágrimas.

No sé, si quieres, puedo probar a decírselo yo.

Hoy comemos en el Ainara.

No, esto tengo que hacerlo yo.

Aunque me mande a paseo.

Lo digo porque, al estar enfadada,

quizá, aunque quiera ir, dice que no.

¿Sabes? Cuando el dolor nos nubla la razón,

a veces decimos y hacemos cosas que no pensamos ni sentimos.

Ya.

Pero bueno, igual tienes razón. No, si es que no es tan mala idea.

No sé, puedo probar.

Conmigo va a ser sincera.

Mira, sí, díselo tú.

A ti te escuchará, conmigo será imposible.

Oye, gracias, Gloria. De verdad. No, nada.

Me encanta poder ayudaros.

Quédate tranquilo.

Te lo debo No, no, está pagado.

Gracias.

-¡Hola!

Perdona, no te quería asustar.

-No, no, si no pasa nada. Soy yo, que ando un poco despistada.

-¿Qué tal? ¿Cómo lo llevas? -La verdad es que bastante bien.

-Sí, ¿no? Mola.

Y, bueno, la gente es maja. A ver, cuando yo curraba aquí,

me di cuenta de que la gente, pues tiene sus manías,

pero son manías, no sé, pues que tampoco te vuelven loca.

-¿Sí? ¿Qué clase de manías?

-Pues mira, por ejemplo, tenemos... a la de la pescadería.

-Vale. -Solo le mola

el friegasuelos con olor a limón.

Ni lavanda ni olor a pino, nada.

No, limón. Quédate con el dato.

Luego tendríamos al de los frutos secos

que es alérgico al amoniaco.

Ni se te ocurra acercarle el amoniaco.

Friega con agua, lejía y friega suelos, nada más.

Y no mezcles el amoniaco con la lejía,

es superpeligroso. Te lo digo yo.

Y, bueno, después estarían los de la panadería.

A ver, ellos siempre dejan todo el pasillo lleno de harina,

lo has de limpiar dos o tres veces al día,

y lo debes hacer con escoba de púa fina.

Lo bueno es que cada día

te van a regalar un cruasán recién hecho, que está bien.

Y los demás, yo que sé, tienen sus manías,

pero nada del otro mundo.

-Pues muchas gracias por los consejos.

Me vendrán muy bien.

-¿Y qué, no tienes nada más que contarme?

-¿De qué? -A ver,

es que David me ha contado que tuvisteis una conversación y tal,

pero como es tan hermético, no le he sacado nada.

-Sí.

La verdad es que fue curiosa la conversación.

Me sorprendió lo mucho que sabía de mi país.

Luego noté que lo aprendió de memoria para impresionarme.

-Si es que es muy majo. Es muy majo.

Bueno, es un poco cuadriculado,

como todos los asperger, pero es muy majo.

(SE SORPRENDE) No sabía que era asperger.

-¿No lo sabías?

A ver, bueno, es bastante evidente.

Le cuesta mucho entender las emociones de los demás

y a veces dice las cosas como muy directas,

y eso a veces cuesta. Pero es muy atento.

Es muy inteligente y siempre está abierto a ayudar a los demás.

Y, sobre todo, a la gente que es especial.

Ya me entiendes.

-No, si ya sabía yo

que no había escrito un reguetón porque le gustase esa música,

o que se aprendiera de memoria la historia de Venezuela

así, de repente.

-Pues ya sabemos qué siente él, ahora toca saber que sientes tú.

-La verdad es que...

me parece que es un chico diferente, y eso me gusta.

Estoy harta de los típicos hombres babosos y maleducados

que solo van a por lo que van.

Y, no sé, lo conozco poco, pero me parece muy, muy simpático.

Me hubiese gustado decírselo esta mañana,

pero no ha habido ocasión.

-Bueno, pero eso se arregla organizando una cita.

Y así podéis hablar y conoceros más.

¿Qué te parece comer mañana en nuestra casa?

-"Okay", de acuerdo.

Me vendría muy bien pasar un rato agradable.

-Si es que he nacido para esto, te lo digo.

Hola. ¿Qué haces aquí, no deberías estar en el bar?

-Sí, pero quería hablar contigo

sin que los clientes nos interrumpan.

¿Te puedes sentar, por favor?

Rosa, si es para hablar de la movida de ayer...

Yo no se lo dije a Jorge, ¿vale?

Mira, no quiero discutir, Lorena.

El bebé está bien,

tú ya has hablado con Jorge, ya está.

Tengo que hablar contigo de algo muchísimo más importante.

Se trata de papá.

(DUDA) Te habrás dado cuenta de que no ve bien.

Sí, claro. Y es tan orgulloso que no quiere gafas.

Ya, pero no es una cuestión de dioptrías, Lorena.

Papá tiene cataratas.

Y si no se opera, se va a quedar ciego.

¿Qué dices?

Me ha pedido que no se lo dijera a nadie,

pero ya no puedo más.

O sea, necesito que reaccione, ¿sabes?,

antes de que todo esto vaya a peor.

¿Y por qué lo oculta? ¿Por qué no se opera?

Pues porque tiene miedo.

Miedo a los médicos, miedo a las intervenciones...

Supongo que la enfermedad de mamá hizo que...

bueno, que lo pasara muy mal. Sufrió mucho, lo sabes.

Tiene fobia a todo lo que huele a hospital.

Claro, no debe tener ninguna gana de meterse en un quirófano.

Es que puede perder la visión, Lorena.

Tenemos que hablar con él hoy, ¿no? Eso es.

Se pondrá como un basilisco al saber que me lo contaste.

Es que no se lo vamos a decir todavía.

Verás, he pensado en una manera

para que él vaya al hospital por su propio pie,

pero necesito que tú me ayudes, Lorena.

Así que tenemos que apartar nuestros problemas.

Esto es más importante. ¿Me vas a ayudar?

Claro, cuenta con ello.

(Tacones acercándose)

-Supongo que ya sabes

que han retirado los cargos contra Elías.

-¿Sí? (GORIA ASIENTE)

Hablé con el periodista que más lo atacó

y le he concedido la exclusiva para dejar bien al mercado.

Al fin podemos centrarnos

en transformar esto en gastromercado,

sin preocuparnos de un sospechoso de violencia de género

que dé mala fama al Central.

-Creía que una de mis funciones como gerente del Central

era hablar con la prensa.

Pero veo que os gusta más

tratar directamente con la presidenta.

-Por lo que sé,

tú no te has cortado ni un pelo para hablar con ellos, ¿no?

Sé que eras tú el que hablaba con ese periodista.

-¿Yo? ¿Por qué motivo?

Todo lo que ha pasado con Elías afecta directamente al Central.

Sería idiota si quisiera echar más leña al fuego.

-Sí, pero, por otro lado, entiendo tus razones.

Elías es tu rival frente a Adela

y querías ponerle la picota frente a ella.

Por eso no te dije nada.

Gracias a tus maniobras,

yo conseguí la frutería y tú que Elías se vaya del Central.

Los dos hemos salido ganando.

-No te montes películas, Gloria.

-Pero por mí no te preocupes.

Y tampoco por Elías.

No le diré nada, él ya no forma parte del Central.

Sin embargo, tú y yo sí somos parte de esta gran familia, ¿no?

Por delante fingías ayudar a Elías para ganarte a Adela,

y por detrás le clavabas la puñalada.

Eres listo. Sí, señor.

-Gloria, ¿qué es lo que quieres?

-Nada. De momento.

Ahora te conozco,

y sé que no eres tan escrupuloso ni recto como quieres aparentar.

Pero me debes un favor, y espero...

que cuando me lo quiera cobrar, recuerdes esta conversación.

¿Un postre?

-No sé si voy a poder hacerlo. -Tírate a la piscina.

Es lo que yo haría, ser sincero, ¿viste? De verdad.

¿Y esa cara?

-Que no funciona el horno. Quizá dándole golpecitos...

Por cierto, a ti te quería ver.

-Ya sabes dónde encontrarme.

-A ti no, idiota, a ti.

Voy a ser tan directa como a ti te gusta.

A Daniela le molas.

Y mañana tienes una cita en casa para comer juntos.

-A ver, objetivamente hablando,

preparar una cita con un día de antelación

es precipitado, ¿no?

-No, tranquilo, esto se prepara perfectamente.

O sea, es cuestión de poner algo de voluntad.

-Además, habéis quedado al mediodía para comer.

Tampoco es una cita, cita.

-Pero ¿qué preparo de comer?

Quizá debería pedir a un restaurante.

-¿Cómo vas a pedir algo con lo bien que cocinas?

-¿Si me pongo nervioso y sale mal? ¿O bien, pero no le gusta?

-Pilla algo del bar de Jorge y luego le das tu toque.

-Si lo querés hacer más divertido,

proponle comer con los ojos vendados y que adivine los platos.

-¿Con los ojos vendados? Tú tienes...

O sea, se te da bien esto a ti, ¿no?

-Bueno, soy así. Una vez comí en un restaurante

que tenía menú para personas invidentes

y me pareció alucinante.

O sea, te vendan los ojos y saboreas de una manera increíble.

Es impresionante: sabores, texturas, explosión en la boca...

-¿Seguro que Daniela te dijo que le gusto?

-No me dijo exactamente esas palabras,

pero me dijo que no le eres indiferente.

Para estar seguro, tendrás que averiguarlo tú mismo.

-¿Y cómo lo hago? -Besándola.

-¿Y si no quiere?

-Pues no la besas y punto. Al menos, habremos salido de dudas.

Pero no la puedes besar así, a lo loco,

hay que encontrar el momento perfecto para hacerlo.

-No sé si seré capaz de encontrar ese momento.

-Claro que sí. Tenés que estar pendiente de las señales.

Cuando dos personas se gustan,

irradian muchas de estas señales, ¿viste?

Lo primero, tienes que generar un lugar tranquilo.

Un ambiente tranquilo en el que ella se sienta tranquila.

(DUDA) Tenés que hablar con ella, hacerla reír.

Y, sobre todo,

que sepa que no sos un baboso que se tirará a la yugular.

O sea, ante todo, respeto.

Después, te vas a fijar en las señales físicas.

No sé, si, por ejemplo, están comiendo y le proponés:

"Vamos al sillón a sentarnos, ¿no?". Y va y...

Al rozarse ahí con el brazo, digo: "Ella no lo aparta".

Señales. Señales.

Si se toca el pelo...

Si se ríe cuando te mira...

Son todo señales.

Si se dan todo este tipo de señales,

es el momento adecuado para besarla.

Si pudiste leer bien estas señales,

es imposible que te rechace.

(GLORIA) Pues mejor aquí, ¿no?

Nos tomamos una infusión al solecito.

Oye, pues sí. Sí que hace buen día...

Creo que he comido mucho.

Madre mía, qué bien cocina tu hermano.

Se lo diré. Además, viniendo de ti, será doble piropo,

estás acostumbrada a la cocina de Jorge Santos.

Sí.

Por cierto, ¿qué tal con él?

Pues...

Esta mañana nos hemos visto y...

ha sido raro, Gloria.

Éramos como dos desconocidos, dos extraños.

Es justo la situación que intento evitar,

luego no levanto cabeza.

Me quedo hecha polvo todo el día. Ya, pero es normal.

Las rupturas siempre son dolorosas.

Bueno, no quiero pensar que Jorge y yo hemos roto del todo.

Quiero pensar que tratamos de solucionar un problema

y que necesitamos distanciamiento.

Pues no te ofendas,

pero yo ya no sé distinguir entre vuestros distanciamientos

y una verdadera ruptura.

Y la verdad es que yo tampoco.

Lo que tengo claro

es que si cada vez que nos vemos nos vamos a sentir tan raros,

tan tensos, pues prefiero evitarlo.

Necesito tiempo para curar esta herida tan profunda y...

Y coincidir con él cada dos por tres no ayuda.

Si sigues mi consejo, deberías dejar espacio.

No precipitarte, no forzar la máquina.

Es lo mejor para los dos.

Y sobre todo, esperar que el tiempo lo ponga todo en su lugar.

Y una cosa importante,

no dejes que los problemas con Jorge agoten tus energías.

Lorena, las necesitas para ti y para la niña.

(Notificación de móvil)

Perdona.

(CHASQUEA LA LENGUA) ¿Todo bien?

Sí. Bueno...

mi hermana.

Es que estamos preocupadas por mi padre.

¿Y eso? ¿Qué le pasa?

Se tiene que operar de cataratas y no puede.

Desde que me lo dijo Rosa no dejo de darle vueltas.

Me siento culpable.

Pero ¿culpable tú, por qué?

Cuando murió mi madre,

yo estaba en Berlín con mis problemas, ya sabes.

Desde entonces no dejo de lidiar con la culpa

de no haber estado con ella en ese momento.

Siento que...

fallé a mi madre y que fallé a mi padre.

Y mi padre ha desarrollado una especie de fobia a los médicos

por tener que ser testigo

de la agonía que sufrió mi madre en el hospital.

Ya ves, mi padre, mi héroe,

el hombre más fuerte del mundo, no se quiere operar de la vista.

Y estoy preocupada,

no quiero que le pase nada a mi padre

y que esté siempre conmigo.

Te entiendo perfectamente.

Yo también estaba muy unida a mi padre.

Como ahora a mi hermano.

Es...

Es especial el vínculo que se crea entre padres e hijas, ¿no?

Es como tan único, tan incondicional...

El hombre más importante en la vida de cualquier niña querida,

siempre es su padre.

Creo que Jorge será un buen padre para mi hija.

Seguro que sí.

Aunque...

lástima que los hombres, como pareja, dejen tanto que desear.

No me gusta caer en los tópicos,

pero es que al final todos son iguales.

Fíjate lo que ha pasado con Nicolás. ¿Qué ha pasado con Nicolás?

¿No te has enterado? El mercado no habla de otra cosa.

Ha engañado a Carmen con otra.

Venga ya. ¿Nicolás?

No, por favor, eso es imposible.

Pero si Carmen y él se adoran, eso no puede ser.

Pues yo te digo lo que me han contado.

(Llaman a la puerta)

¿Se puede?

-Pasa.

He recibido el bonus del hotel y del viaje,

y es mucho mejor de lo que esperaba.

¿Sabes que lo diseñó Frank Gehry para las bodegas?

Y que conste que Elías quiso llevarme

y no había habitación libre.

Un viaje a La Rioja es una prueba para mi problema con el alcohol,

pero si supero esto, supero todo.

No creas que no lo he pensado, porque también tenía mis dudas,

pero he llegado a la conclusión de que debemos ir.

Porque rechazarlo sería como admitir que no confías en ti

y no te ves capaz de superar tu adicción.

Y yo estaré ahí contigo para ayudarte.

Algo que tengo a mi favor

es que yo soy mucho más de vodka que de vino.

Pero estoy seguro de que me vas a tentar

con algo mucho más irresistible.

No lo dudes.

Pero no, que sé lo que quieres. Tú también quieres.

Que no, que no podemos seguir comportándonos como críos aquí.

Nos terminarán pillando y aquí todo se sabe.

Si lo dices por aquel ayudante, no hay problema.

Estadísticamente, si pasa algo una vez,

ya no vuelve a pasar. ¿Sí?

Déjate, las cámaras las carga el diablo.

Que se lo digan a Daniela.

¿A Daniela?

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Nada. No, no ha hecho nada.

Le había dicho que no te iba a decir nada.

Adela...

Prométeme que si te lo digo, no la tomarás con ella.

Lo prometo.

La pillé en el cuarto de seguridad, donde las cámaras,

y estaba trasteando.

Porque ayer, cuando la vi contigo, se había cambiado en el almacén,

y quería saber si las cámaras la habían grabado desnuda.

Eso es lo que me ha dicho.

Pero lo que yo creo

es que buscaba imágenes de ella y de David.

Porque yo creo que están juntos y no quiere que se sepa.

Fernando, no vayas a decirle nada.

Sé que la contrataste sin estar convencido,

pero es que yo no quiero perjudicarle.

Por favor. En serio, no le digas nada.

Son críos, están en la edad, ¿quién no lo ha hecho?

No le des más importancia. Está bien, no le diré nada.

¿Sí?

Ya te lo compensaré, tonto.

Por lo que te cuento, me parece imposible que Nicolás

le haya puesto los cuernos a Carmen.

Con la historia que tienen ellos dos, no puede ser.

Pues yo te digo lo que me han contado.

Mira, hablando del rey de Roma.

(LUPE) ¡Nicolás, por favor!

¡Casi te atropello! -Qué susto.

Perdona, ha sido culpa mía, que iba mirando para abajo.

¿Adónde vas? -A por un encargo.

¿Qué haces sin tu bici, no trabajas? -Qué va.

Le dije a la empresa que me fallaron los frenos

y ahora tuve que decir que está en el taller arreglando.

¿Tienes un minuto? Te iba a llamar para hablar contigo.

-Sí, claro. Espera.

-Lupe, menuda racha llevo, no salgo de una y me meto en otra.

-¿Carmen? -No digas su nombre.

A ver si aparece, que es como Bitelchus.

¿Recuerdas que estuvo un poco rara contigo

cuando viniste a por el pedido que debía venir yo?

-Sí. -Pues resulta

que ha aprendido a usar la aplicación

y, claro, cuando me mandaron aquí a recoger los "cupcakes",

pues se las apañó y vio mi ficha.

Cuando viniste tú a por el pedido,

pues claro, volvió a ver la ficha y ató cabos.

-Vaya...

Mira, si lo piensas, quizá ahora te genera problemas,

pero a la larga, es mejor que Carmen sepa la verdad.

Engañarla te estaba generando muchísimo estrés.

-Lo peor no es que ella se entere de que soy repartidor.

Lo peor es que...

ella cree que tú y yo estamos liados.

-Pero... ¿cómo se le ha podido ocurrir algo así?

-Cuando hablamos en el parque, yo estaba mal y me abrazaste.

-Sí. -Pues me había seguido y lo vio.

Y ahora, claro, ¿para qué queremos más?

Se montó una película y no hay quien la saque de ahí.

-Madre mía, Nicolás.

De verdad, siento muchísimo haberte metido en este lío.

-No es culpa tuya, me lo he buscado solo, Lupe, tranquila.

Además, yo la entiendo.

Carmen ya se ha cansado de mis tonterías y...

y me ha echado de casa.

-¿Te ha echado? ¿Y dónde estás viviendo?

-En una pensión de aquí al lado, un cuchitril,

pero ahora es lo que puedo pagar con mi sueldo de "rider".

-Mira, Nicolás, si quieres, puedes venirte a casa.

Tengo un sofá cama cómodo.

-Muchas gracias. Nicolás.

Te acabo de defender cuando me ha dicho Gloria lo que ha pasado.

Pero ¿qué ha pasado?

Mira, si tú te sientes atraído por otra mujer

y quieres, no sé, satisfacer tu deseo,

vale, no es asunto mío, tú asume las consecuencias, claro,

yo ahí no me meto,

pero ¿aquí, tío, en la puerta del mercado?

¿Si te ve Carmen? Lorena, por favor, escúchame.

No sé qué habrás oído por ahí,

pero te pido que escuches mi versión.

Sí, por favor, dame tu versión

porque tengo la sensación de que los del mercado

tienen bastante claro lo que pasa. -Perdona que te interrumpa,

pero es que entre Nicolás y yo no hay nada.

Solo somos compañeros de trabajo.

Mira, yo no me quiero meter, esto no es asunto mío,

pero mira, Nicolás,

Carmen no merece pasarlo mal, ¿vale?

-Ya has oído a Lorena. Es lo que piensa la gente de aquí.

-Mira, yo creo que ahora mismo no estás en momento para estar solo.

De verdad, si te quieres venir a casa,

mi oferta sigue en pie.

-Lupe, de verdad, te lo agradezco,

pero no creo que sea lo mejor ahora irme contigo a vivir.

Gracias.

Tengo que hablar con Carmen.

-Vale. Bueno, pues... hasta luego.

-Adiós, Lupe.

-Hola. -Buenos días.

(Tacones acercándose)

¿Le has preguntado lo de "MasterChef"?

-Sí, pero no traigo buenas noticias.

Ha dicho que no. (GLORIA SIENTE)

Debes entenderla, se siente herida.

Y no le apetece ponerse a hacer vídeos contigo,

ante de las cámaras, simulando que todo está bien.

Ya. Yo que tú no forzaría las cosas.

Te lo digo como amiga.

Y más, sabiendo el estado de fragilidad en el que está.

Ahora lo que necesita es poner distancia entre vosotros.

Le duele ver que cada vez que os encontráis os peleáis

y acabáis sufriendo.

Lo entiendes, ¿verdad?

Sí, lo entiendo.

Entiendo que no quiera tener contacto conmigo.

No sé qué pasa, pero siempre discutimos.

Mi consejo es que intentes asimilar la situación,

y respetar sus sentimientos y sus plazos.

Está claro que, estando la situación como estaba,

preguntarle lo del programa

no era una buena idea. No, no, no. No lo era, no.

Siento muchísimo no haberte ayudado más.

Nada me gustaría tanto como veros juntos de nuevo.

Has hecho bastante.

Gracias por intentarlo. Nada.

He de volver al trabajo.

Sí, sí, yo también, yo también.

Buen día. Chao.

-No estoy de humor para broncas, por favor,

solo quiero hablar con Carmen.

-Qué pena, ella no quiere hablar contigo.

-Pues que me lo diga. ¿Dónde está? -Ha salido.

Y voy a aprovechar que estás aquí para decirte lo que pienso de ti.

Eres un cobarde y un mentiroso. Y lo que has hecho no tiene perdón.

-Te juro por lo más sagrado

que no he engañado a Carmen, de verdad.

Solo quiero hablar con ella. No lo he hecho.

-Si la quisieras, no le habrías partido el corazón.

¿Sabes lo que es tener a tu hija en tus brazos llorando,

rota de dolor?

No la veía llorar así desde que perdió a su padre.

Y la culpa es solo tuya.

Carmen confiaba en ti plenamente,

y tú has hecho pedazos esa confianza.

¿Qué? Estarás orgulloso, estarás contento, ¿no?

¡Qué hazaña!

-Mira, Valeria, sé que me equivoqué al mentirle con lo de mi trabajo,

pero te juro, de verdad,

que nunca he engañado a Carmen con una mujer.

Yo la quiero.

Quiero hablar con ella para explicarme mejor.

-Te voy a decir una cosa.

Y no la voy a repetir, así que escúchame bien.

No permitiré que te acerques a ella hasta que esté más calmada, ¿vale?

Bastante daño le has hecho ya.

-Hola, David.

-Tienes una pinta horrible.

-Gracias. Yo también te quiero.

-¿Qué te pasa? -¿No lo sabes?

Debes ser el único que no sabe los rumores sobre mí en el mercado.

-Sí, me he enterado, todos hablan de ello.

Pero te conozco y no lo creo.

-Pues muchas gracias, David.

Seguro que solucionarás tus problemas con tu mujer.

Vosotros, objetivamente, sois muy compatibles.

Ella es estricta y tú pusilánime.

Siempre te da órdenes. -Pues hasta esto echo de menos.

Ahora no quiere que vaya a casa ni que me acerque, vamos.

Pero bueno, mira, no quiero deprimirte con mis historias.

Voy a pillar algo preparado para cenar,

porque en la pensión donde me quedo a dormir

no hay ni microondas.

Bueno, hasta luego.

-Nicolás. -Dime.

-Creo que se me ha ocurrido una idea.

-¿El qué?

-Puedes vivir aquí hasta que soluciones tus problemas.

-Gracias, David, pero ya te he dicho que no me gusta molestar.

-Ya, pero no molestas. Y además, te lo debo.

Cuando trabajaste en el bar no te traté bien

y quiero compensártelo. -No hace falta, en serio.

Mira, yo me vuelvo a la pensión, que allí estoy bien.

Sin molestar a nadie. -Mira, Nicolás,

si por David no hay problema,

que es al que más le cuesta sociabilizar,

por mi parte tampoco.

-Bueno, muchas gracias, hombre. (CARLA) Por mí puedes quedarte.

Lo único es que ocupamos las tres habitaciones del piso,

así que tendrás que dormir en el sofá.

-Bueno, por eso no te preocupes. Si ya estoy acostumbrado.

Y ahora, con todo esto, pues casi no pego ojo.

Y en cualquier caso, si me quedara,

me acuesto el último y me levanto el primero

para que no notéis nada.

-Cuando estaba Samu éramos cuatro y no había ningún problema.

Elías.

¿Por qué traes esa cara?

¿Y qué cara quieres que tenga?

Me acabo de cruzar con el de la quesería,

que es un don nadie, y la de los ultramarinos

mirándome con un descaro...

Cuchicheando delante de mí con...

Es que no me quitaré este sambenito nunca.

Bueno, Elías, pueden hablar de cualquier cosa.

Sí... De Nicolás, por ejemplo.

¿Sabes lo que ha pasado? Algo he oído.

Pues ya está.

Está ahí dentro. Mi enemigo está ahí dentro.

Lo sé, está ahí dentro.

Y sí, está bien, han retirado los cargos contra mí,

pero una cosa no quita la otra, que está ahí dentro mi enemigo.

No pongas esa cara. No estoy loco, lo sé perfectamente.

Alguien da información al periodista que me pone a parir.

¿Cómo estás tan seguro? Me lo dijo Gloria.

Ha hablado con el plumilla y le dijo que hay uno ahí dentro,

uno o una, pero se escuda en el secreto profesional.

No revela su fuente.

Elías, ya sabes cómo es la gente, les encanta hablar.

Y los rumores caerán en el olvido.

Y sí, ya sé que Eusebio te dijo que él no mató a Ágata

y que el asesino está más cerca de ti de lo que crees,

pero cualquiera puede hablar con el periodista,

porque muchos vieron tu encontronazo con Ágata.

Llevas razón. Pero ¿qué quieres? No me lo quito de la cabeza.

Bueno, pues todo eso es lo que tienes que dejar atrás, Elías.

Y a la gente del mercado dales tiempo.

Ya verás cómo te vuelven a acoger.

Bueno, todos no creo. Carmen seguro que no.

Me crucé con ella y tuvimos un encontronazo.

Y aparte he metido la pata.

Porque la he acusado de que ella era la traidora

y me he equivocado.

Pues ya sabemos cómo es.

Le gusta irse de la lengua... No, no, no.

Por la cara que ha puesto, no ha sido ella.

Pobre, pero a ella la fama le precede.

Qué me vas a contar. Pues ya somos dos.

Lleva razón, Carmen lo ha dicho. Con el historial que tengo...

Hortuño, Velasco...

Es que es normal que me pongan a parir.

¿Sabes qué estoy pensando? ¿Qué?

Que tenías razón.

Igual te vendría bien ir a Oporto.

(NICOLÁS) ¡Adiós! No, no, no, esperad, esperad.

Es que yo no he pensado en qué dirá Samu si se entera.

No, no. mira, mejor yo me voy, ¿vale?

Y ya está. -Seguro que Samu preferiría

que vivieses aquí en vez de esa pensión infecta.

¿Sabéis que no tiene baño propio y lo comparte con gente?

-Bueno, tampoco pasa nada, David.

-Yo tampoco quiero que te quedes en ese sitio inmundo.

Tú eres familia para mí, te quiero mucho,

y estoy contenta de que estés aquí. Así que bienvenido.

-Bueno, pues...

muchas gracias a los tres.

-Ven, te enseño el resto de la casa.

-¿Estás bien?

-Estoy rallada por el horno que no funciona

y no sé si llegaré a tiempo al pedido del hotel.

-¿Seguro que es solo eso?

-¿Por qué lo preguntas?

-No te noto muy cómoda con que se quede Nicolás.

-Lo quiero mucho y no tengo nada contra él,

pero la idea de convivir con el padre de Samu

ahora que no estamos juntos, no es que me lo hubiera imaginado.

Además, no sé cómo se lo va a tomar Samu.

-David tiene razón para mí.

A Samu no le va a hacer gracia, pero bueno.

Yo creo que preferirá que su padre se quede con su ex

a estar en una pensión asquerosa.

-Supongo que sí, no sé.

-Y por lo del horno no te preocupes, yo te ayudo.

-¿Sí? -¿Sabes qué pienso?

-¿Qué?

-¿Por qué no preguntas a Jorge si te lo presta?

-Pues no es mala.

-Ya está, problema solucionado.

Ahora lo llamamos y todo "tranqui", todo "cool".

(SE QUEJA) -No te he hecho daño.

-No, apenitas.

Sí, ya lo sé, Elías.

Esta mañana creía que ninguno de los dos

estáis preparados para ese encuentro,

pero lo he pensado y creo que me he equivocado.

Porque los problemas hay que airearlos,

que, si no, se enquistan.

Además, te vendrá bien salir de aquí.

Es tu hijo, tienes que hablar con él.

Cuanto más tiempo paséis enfadados, peor.

Me encantaría ir, pero tengo un viaje con Fernando.

Que sí... Que yo no pueda ir,

no significa que no vayas.

Es que no sé. Yo no sé...

También he pensado y yo no sé si estoy preparado

para tener una charla así, padre e hijo.

Elías, claro que lo estás.

¿No querías acabar con las rencillas y hacer las paces?

Pues eso, llámalo y dile que vas a verlo.

Vale.

¿Ahora? Sí, sí, claro.

Ahora, en caliente. Si lo dejas enfriar,

encontrarás una excusa y no lo harás.

Venga, va, llámalo.

(Móvil)

"Germán."

-¿Papá? ¿Todo bien?

Sí, sí, sí, hijo, tranquilo. Si por eso te llamo.

Es que la fiscalía al final ha retirado los cargos contra mí,

así que parece ser que esta pesadilla

"ha terminado. Al menos en parte".

Pues me alegro. Ya era hora.

¿Por qué en parte? ¿No han encontrado al asesino?

Sí, sí, sí, lo han encontrado.

Lo que pasa es que las cosas aquí, en el mercado, siguen revueltas,

ha habido cambios en la empresa y...

Y verás, hijo...

he tenido que vender la frutería.

¿En serio?

No me lo puedo creer. ¿Y el abuelo ha accedido?

"Bueno, más que accedido, es que..."

no le quedó más remedio que aceptarlo

porque sabía que necesitaba el dinero para demostrar mi inocencia.

Pero bueno, es una historia larga, complicada...

"En fin, el resumen es que..."

Frutas y verduras De la Cruz no pertenece al Central.

Imagino que habrá tenido que ser muy duro para el abuelo.

Sí, hijo, sí.

Están siendo tiempos muy difíciles, y tú estás tan lejos...

Ya, yo quería venir, pero mamá me recomendó

"que no lo hiciera."

Sí, no, no, hizo muy bien, hizo muy bien.

Porque el tema estaba complicado

y mejor que no te inmiscuyeras, de verdad.

Y que conste que no te reprocho nada.

(GERMÁN) "Ya, ya.

Quiero que sepas que no me sentía bien"

lejos de la familia, con los problemas que teníais.

"Anda, anda, anda."

¿Qué ibas a hacer, hijo? No podías hacer nada.

Oye... (DUDA) Mira, que yo te llamaba porque...

Que... Que he estado pensando...

que yo creo que ha llegado el momento

de que hablemos cara a cara, ¿no?

Como padre e hijo y que resolvamos esto.

Cuanto más tiempo pase, más difícil será.

Ya, papá, pero yo no puedo venir a Madrid.

Está el hotel a tope, estoy hasta arriba de trabajo.

Eso es buenísimo.

Y no hay problema, voy a Oporto y te hecho una mano.

No sé si es buena idea.

Claro, no.

Era solo una idea.

Ya.

Necesito más tiempo para saber cómo están las cosas entre nosotros.

¿Lo entiendes?

Que sí, que sí, que sí, si lo entiendo perfectamente.

No pasa nada, ya hablaremos.

Pues nada, que...

Cuídate, ¿vale?

Sí. Tú también.

Hola.

Al centro, por favor.

-Es que no me puedo creer que Nicolás tenga un amante.

Pues sí que la tiene, sí. Yo pensaba que no,

pero luego los vi ahí agazapados y escondiditos

y sí, sí que la tiene, sí.

Desde luego, de quien menos te lo esperas.

Cualquier tío te la hace. Sabes que eso no es así.

No todos los hombres son iguales, lo sabes perfectamente.

Papá no engañó a mamá. Lo sé.

(Timbre)

¿Abres tú? Y voy yo a por la sorpresa.

Vale.

(Puerta abriéndose)

(JESÚS) Hola, hija. Hola, papá.

Vaya día que me está dando Valeria. Primero que os traiga un bizcocho

y ahora un taladro para colgar no sé qué.

¿Vais a cenar ya? Sí.

Y tú eres el invitado especial.

Llamaré a Valeria para que no prepare nada.

La he llamado y sabe que cenas con tus hijas.

Por favor, papá, siéntate.

Vale.

Eso que estoy oliendo...

¿no será... las migas de mamá?

-Sabíamos que te gustaría.

-¿Y ese vino?

¡De Toro, mi preferido!

Cuando mamá me preparaba migas y ese vino,

es porque quería conseguir algo de mí.

(ROSA) Sabemos que es un código que tenías mamá y tú.

Lo sabíamos, ¿verdad?

Y a veces también lo utilizábamos nosotras.

(JESÚS) Mira, soy viejo, pero no tonto.

Y sé lo que queréis.

Se lo has contado, ¿no? Claro que me lo ha contado.

Soy tu hija y tengo derecho a saberlo.

Sí, pero son mis ojos.

Y yo puedo decidir lo que quiero hacer.

Ya soy adulto, ¿no?

-Compórtate como tal.

No puedes pretender que estemos sin hacer nada

cuando te quedas ciego.

Porque son tus ojos, pero somos tus hijas.

Y mamá y tú siempre decíais

que debemos estar unidos en los problemas.

Familia unida. A ella no le habría importado

que utilicemos la trata de las migas para convencerte.

(ROSA) Sabemos que fue muy doloroso quedarte sin ella tan pronto.

Perdiste a la mujer de tu vida y nosotras a nuestra madre.

Así que fue duro, pero para todos.

-Cuando murió,

pensé que no iba a volver a querer a nadie nunca.

Pues ya ves que no es así.

Porque quieres a Valeria.

Y ahora tienes que dedicar cada día de tu vida a ser feliz con ella.

-Y eso implica cuidar tu salud.

¿De acuerdo? Sabemos que tienes miedo,

pero nosotras estamos aterrorizadas con la idea de que te quedes ciego.

-No, no, no.

No es aconsejable beber cuando vas a operarte, ¿no?

Mañana llamaré al médico

y le pediré hora para el preoperatorio.

Sois unas manipuladoras.

Lo sabemos. (ROSA ASIENTE)

-Pues vamos a comer migas, que se enfrían.

(Llaman a la puerta)

-Adelante.

-Con permiso.

Me ha dicho Samuel que quería verme.

-Te agradecería que la próxima vez que te llame, me respondas.

Así me ahorraras

tener que decirle a mi ayudante que te busque.

Supongo que te he decepcionado, ¿no?

Lo digo por las cámaras de seguridad.

No esperabas que me adelantara y borrara las cintas.

¿Tú te crees que yo soy imbécil?

Sabía perfectamente que irías a buscarlas.

¿Qué ibas a hacer con ellas?

¿A quién se las ibas a enviar?

(NIEGA CHASQUEANDO LA LENGUA)

Me has decepcionado.

Pensaba que eras más lista.

Tienes que dejar de hacer tonterías y admitir que te tengo en mis manos.

Yo soy la única persona en el mundo

que puedo evitar que echen a tu madre del país

y que la encierren en una cárcel venezolana.

Toma.

Te la has ganado.

Es la llave de la habitación 314

del hotel que está aquí al lado, en la avenida.

Podríamos hacerlo aquí.

Ya sabes que soy experto en borrar cintas.

Pero... supongo que en la habitación del hotel

estaremos mucho más cómodos.

Quedamos mañana a las 14:00.

Y te aconsejo que seas puntual.

Lo digo por tu bien.

Y, sobre todo...

por el bien de tu madre.

-¿Dónde vais vosotros?

¿No he habéis oído?

-David, vos lo metiste en la casa. -¿No le has contado las normas?

¿Gloria? -Sí, Gloria lo sabe.

Dijo que te lo propondría. A mí nadie me ha propuesto nada.

-Lo que viste no es lo que parece. -¡A ver!

Si un hombre abraza así a una mujer, es lo que parece, punto.

-Como tú aceptaste mi reto de reguetón,

yo voy a aceptar que me vendes los ojos para comer.

Así que relájate, ¿vale?

No, es que me ha cogido de sorpresa y no sabía cómo reaccionar.

¿Para hablar de nosotros te lo tienes que preparar?

-¡Te la vas a tragar enterita y sin masticar!

-¡Tú estás loca!

Deja de fingir que te importo porque es mentira.

No te importo.

-Vamos a ver qué nos depara el futuro.

Le diré a Fernando que cambiemos el viaje,

podemos ir otro fin de semana.

Lo importante es ir a ver a nuestro hijo juntos.

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Mercado Central - Capítulo 277

30 nov 2020

Elías no consigue averiguar quién le traicionó en el Mercado, pero pierde los papeles al acusar a Carmen. Ella se defiende: no fue ella la que habló con el periodista.
Gloria sabe que el traidor es Fernando, y le confronta: a cambio de no revelarlo, algún día le pedirá un favor.
Jorge recibe una oferta para colaborar con Masterchef. Gloria le convence para tantear a Lorena, pero en realidad no le cuenta la verdad, y aprovecha para volver a sembrar cizaña entre la pareja.
Todo el mercado parece creer en la infidelidad de Nicolás. Éste no tiene donde quedarse, y acepta la oferta de David para ir a vivir momentáneamente a casa de Celia. A Carla no le gusta convivir con su ex suegro, pero no tiene más remedio que aceptar.
Elías intenta arreglar su relación con Germán y se ofrece a ir a verlo a Oporto, pero su hijo niega y le oculta que ya está de regreso en Madrid.
Lorena y Rosa consiguen convencer a Jesús para que se opere, apelando a su lado más tierno y sentimental.

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