Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.30 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 272 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué quería dejarte tu ex?

-Pues un local en Aluche, que no sé lo que haré con él,

y una carta de su puño y letra.

(MUJER) "Solo siento todo el mal que aún harás,

y rezo para que no te dé tiempo a destrozar otra vida,

como la mía."

-"Desmontaré su coartada"

y te daré pruebas de que es un asesino.

¿Y qué quieres?

200 000 euros.

-Gloria quiere transformarlo en un gastromercado.

-Está comprando los puestos libres que hay.

¿Cuánto crees que me daría por la frutería?

Viendo tu foto en el currículum,

intuyo que lo harás muy bien.

-Hablamos de reguetón. -No te contraté para charlar.

-Sabe más de lo que dice.

Él insistió en los chupitos para animar la cosa

cuando Puri se iba.

-¿Cuánto te han ingresado? A ver.

Pero...

Esto es una porquería.

-Lo que pasa es que se siente inseguro a tu lado.

-¿Me estás vacilando? O sea, me pone a prueba.

¿Cuánto estás dispuesta a pagar por el puesto?

-90 000. 110.

100 000. Es mi última palabra, Elías.

Está bien, 100 000.

Pero hay otra condición. ¿Cuál?

El dinero debe estar antes de 24 horas.

No hay problema.

Te extiendo un cheque y lo cobras en el banco.

¿Cuánto tardas en preparar el contrato?

-Ya está preparado.

Solo falta poner la cantidad y firmarlo.

-Me encanta tu diligencia.

Pues cuanto antes lo hagamos, mejor.

Sí te urge el dinero.

Estupendo.

Solo falta la firma de tu padre como copropietario del puesto.

(Notificación de móvil)

Me reclaman, perdonad.

Bueno, cuando lo tengas, me avisas y te doy el cheque.

Gracias.

(Puerta cerrándose)

-¿Tu padre aceptará firmar?

¿Mi padre? Ni de broma.

¿Y entonces?

Llegados a este punto, solo hay una cosa que se puede hacer.

¿Y en qué has pensado?

Falsificar la firma.

Es un delito grave.

Tendrás problemas familiares y legales.

¿Y qué hago, Fernando? ¿Qué hago? Es la única opción que me queda.

O el culpable seguirá en la calle y yo iré a la cárcel.

¿Y qué le dirás a tu padre? De esto se entera pronto.

La verdad, seguro que entenderá

que es necesario para hacer justicia.

Si estás decidido, adelante, pero que no se note que es falsa.

Mira, Elías, te agradezco tu confianza,

pero hubiera preferido que no me contaras nada.

Yo no diré nada porque estoy a tu favor,

pero me has metido en un compromiso.

Pues gracias.

Y recuerda que eres el único que sabe nuestro secreto.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Y se apagó una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven y sígueme a aquel lugar,

# sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió una luz en la ciudad,

# en la plaza donde regateamos,

# con un beso,

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color, sabor al son

# de aquel Mercado Central. #

(Timbre)

Menos mal, pensé que no venías. -Llego tarde, lo siento.

No esperaba tanto tráfico.

Oye, no sé tú, pero no estoy para perder el tiempo.

Tranquilo, no pierdas los nervios temprano.

Tranquilo no.

Tú me diste 24 horas para recaudar el dinero.

No sé si te acuerdas.

Te ha sobrado toda la mañana de hoy.

¿No ves cómo eres hombre de recursos, Elías?

¿Qué pasa, no te fías de mí?

Tengo tantas ganas como tú o más

de que Eusebio se pudra en la cárcel.

Ya. ¿Y lo mío?

¿La llave de un coche?

Dentro encontrarás lo que estás buscando.

¿Por qué no traes lo que tienes que darme?

Tranquilo, está en un lugar seguro para los dos.

Luego te doy la ubicación.

Solo tendrás que ir, abrir el coche y coger las pruebas.

Pero ese no era el trato.

Dinero a cambio de pruebas, lo que hablamos.

Y como no hay pruebas, no hay dinero.

Mira, vamos a hacer una cosa.

Yo te doy 100 000 ahora

y el resto cuando tenga las pruebas.

No, cuando tengas las pruebas, ya no estaré por aquí.

No me regatees como si fuera un proveedor de fruta.

Me juego la vida con lo que te doy. El precio es justo y lo quiero ya.

Yo me arriesgo contigo, tú lo haces con Eusebio.

No eres consciente

de lo peligroso que puede llegar a ser Eusebio, pero yo sí.

Ya me arriesgo quedando aquí contigo.

Si me cogen con las pruebas, estoy muerto.

Dejo las pruebas en el coche,

lo aparco y te llamo. ¿Cuándo será eso?

Cuando sepa que Eusebio no me sigue. Y haz lo mismo cuando vayas.

Sí, no sería la primera vez que me siguen.

¿Lo ves? Tenemos que andar con mucho ojo.

No me la estarás jugando,

no repartirás el dinero con un asesino.

Mira, Elías, 200 000 euros no es dinero para mí.

Es justo lo que necesito para escapar de Eusebio.

Te lo pido por no sacarlo de mi cuenta,

para desaparecer sin levantar sospechas.

Y no, no me lo voy a repartir con un asesino.

No hay trampa, Elías, te doy mi palabra.

Entiende que también necesito tiempo.

¿Tiempo para qué?

Para irme al entregar las pruebas y que detengan a Eusebio.

Pero si se te ocurre otra manera de encerrarlo, adelante.

La decisión es tuya. Y el dinero también.

Te llamo para darte la ubicación del coche.

Ahora solo te pido una cosa,

que confíes en mí, hasta el final.

(Puerta cerrándose)

(Tonos de marcación)

(Móvil)

Fernando, ¿qué tal?

-Bien. Oye, Elías, yo te llamaba

para ver si habías conseguido ya lo que buscabas.

No, no, nada. Todavía no he conseguido nada.

¿Cómo? ¿Tristán no se ha presentado?

Sí, sí, se ha presentado aquí,

pero ha venido sin nada, sin las pruebas.

Dice que me las deja dentro de un coche,

que no quería correr ese riesgo.

¿Dentro de un coche?

Sí. Decía que tenía miedo.

Pensaba que Eusebio nos está vigilando.

Todo esto es muy raro.

Raro, ¿por qué?

"No sé, me parece muy extraño.

No se te ocurra darle el dinero si no te da las pruebas."

Elías, ¿me oyes?

Ya se lo he dado.

¿Que se lo has dado? "¿Qué hacía?"

O pagaba o se acababa el juego.

Bueno, sí. Supongo que no es una decisión fácil.

Y a partir de ahora, ¿qué pasará?

Me llamará cuando le dé la gana, me dirá dónde está el coche

y podré ir a por las pruebas.

Si necesitas ayuda, puedes contar conmigo.

Lo sé y te lo agradezco.

Y que me hayas facilitado el trato con Gloria.

Si no es por eso, no tendría ni esa opción.

Bueno, no pasa nada.

¿Has hablado con Jesús?

No lo entendería.

Cuando tenga las pruebas, se lo explicaré.

Así que te pido discreción.

Sí, confía en mí.

Oye, y mucho cuidado con el tema del coche.

Sí, tendré cuidado. "Y no te hagas el valiente."

Esa gente es muy peligrosa. Y tenme informado.

Al menos que alguien sepa dónde paras.

No te preocupes, te voy a mantener informado.

"Venga, hasta luego."

Hola, Gloria. -Hola, Fernando.

-¿Puedo? -Por favor.

Qué rápido ha firmado Jesús, ¿no? -Sí, sí, sí.

-De hecho, Elías ha hecho efectivo el cheque.

¿En qué andará metido ese hombre?

Todo tan de tapadillo, tan deprisa...

Espero que no emplee mi dinero en nada turbio,

porque cuentan cada cosa de él...

-Ayer, cuando te hablé de esta operación,

no te vi tan preocupada.

Se te iluminó la cara

cuando dije que conseguirías un gran puesto del mercado

y a muy buen precio.

-No, yo estoy encantada.

Pero también muy intrigada.

Oye, ¿tú sabes a qué se refería Elías

cuando me pidió discreción?

-Supongo que sería una manera de hablar.

-¿Tú crees?

-Elías sabe que haga lo que haga, en el mercado lo van a poner verde.

Imagino que esperaba a cerrar formalmente la operación.

-De hecho, ha corrido a cobrar el dinero.

-No le des tantas vueltas.

Lo sabrá quien tenga que saberlo.

Pues... su familia, el chico que trabaja en el puesto.

-Es verdad. Además, aquí las cosas se saben

hasta incluso antes de que sucedan.

-Veo que tú también te has dado cuenta.

-Gracias, Fernando. Me quedo más tranquila.

Me voy, tengo que hacer unos ajustes en la frutería.

-Muy bien.

-Oye, tómate algo. Corre de mi cuenta.

-Gracias.

Y la trufa blanca, nada, con poquito que eches en la pasta,

en prácticamente cualquier plato, le das un toque superespecial.

Hasta luego, guapa.

-Hola, Roberto. Oye, perdóname,

porque es que estaba en el almacén y te oía entrecortado.

Dime.

Sí, eso es.

Sí, cuatro de tostada y dos de sin alcohol.

Vale, perfecto. Otra cosa que te quería comentar.

A partir de ahora, por favor,

tienes que llamar al móvil de José Antonio,

porque se va a quedar él a cargo de la cervecería, ¿vale?

Ya.

Ya, ya, ya. Sí, bueno... Sí, bueno, no te preocupes.

Tú, cuando estés fuera, me llamas y salgo.

Venga, hasta luego. Chao.

(RESOPLA) Hermana...

Gracias por echarme una mano, de verdad.

Es que no llego a todo.

Tranquila. Es lo que te faltaba, hacerte cargo de la cervecería.

Pero se lo he prometido a Alberto.

El problema es que he contratado al camarero más inútil del mundo.

¿Sí, tan malo...?

(Móvil)

¿Sí?

Vale. Pero ¿es que hay algún problema?

Pues nada, nos vemos allí a las 11:00.

Vale, gracias. Hasta luego.

¿Pasa algo?

De la consulta de mi ginecóloga, que quiere verme ahora mismo.

¿Ahora? ¿Te ha explicado para qué?

Pues no, no he hablado directamente con ella.

Dice que me quiere ver.

No sé, supongo que será por los resultados de la eco

y los análisis que me hice.

Dijiste que estaba todo en orden.

Sí, pero sabes cómo son los médicos.

Dijeron que me mandarían los resultados y...

A ver si va a ser algo malo. Que no, Lorena, no.

-Buenas.

-¿Desea algo?

-No, gracias. He venido a echar un vistazo.

-Bueno. Los vistazos son gratis, de momento.

-Lucas, Elías no ha venido a hablar contigo, ¿no?

-No. No lo he visto en toda la mañana.

-¿Y Jesús tampoco?

-No.

¿Pasó algo?

-Pues sí. Pasó que, desde hoy, soy tu nueva jefa.

-¿Que qué? -Bueno, desde hoy no,

hay que dejar unos días de carencia,

pero en un par de semanas se hará efectivo el cambio.

-O sea que los De la Cruz

le vendieron el puesto de la frutería a usted.

-Sí. Lo dices como si fuese algo malo.

-No, no. Pero...

-Lucas, quédate tranquilo.

Elías me habló bien de ti. En principio, conservas tu puesto.

-Bueno... En principio, muchas gracias.

-Quiero darle más visibilidad al negocio.

Quiero que hagamos zumos naturales, "smoothies"...

Ya te iré contando. Tú, de momento, toma nota.

-Lo que usted me diga.

-A ver, pon esto por ahí.

-"Healthy juice". -Sí.

Espero que a Elías no le importe. No, ahí no.

A ver...

Vamos a centrarlo. (VALERIA) Buenos días.

Anda, ¿qué pone ahí?

(LEE LITERAL) "Ealti juice. Próximamente".

¿Quién es, un cantante de rap que tanto os gusta?

-No, no, Valeria, no.

Quiere decir que próximamente vamos a vender zumos saludables.

-¿Quiénes? ¿Todos?

-Bueno, en principio yo.

-¿Tú?

¿Aquí? ¿A santo de qué?

-Valeria, Jesús no te ha explicado nada, ¿no?

-¿Qué tiene que explicarme? -Ayer compré la frutería.

-Estás de broma, ¿no? -No.

-Es imposible que Jesús venda la frutería.

Antes se deshace de un riñón, fíjate lo que te digo.

-La verdad, ha sido todo muy precipitado.

Yo creo que hoy te lo iba a contar.

Gracias, Lucas. Hablamos con calma.

Siento que te hayas enterado por mí.

-Te dejo, debo hacer una llamada.

(ROSA) No te montes películas, seguro que no es nada.

Sí, sí, seguro que no.

Vale, bueno, pues... voy para allá y luego vengo y te echo una mano.

Vale, avisa a Jorge y yo me quedo aquí,

que puedo con todo.

A Jorge, ¿para qué? No.

Pues ¿para qué va a ser? Para que te acompañe.

No, no, no me parece buena idea.

Por favor, está aquí al lado.

Sé que estás enfadada con él. Es el padre de tu hijo.

Rosa, voy a ir sola, ¿vale?

¿No le vas a decir nada? No.

Bastante nerviosa me he puesto ya. ¿Me das cinco minutos?

Cierro el puesto y te acompaño. No, no, no, ni hablar.

Mira el lío que tienes aquí y has quedado con el de la cerveza.

Que José Antonio se ponga las pilas, que para eso le pago. Ya está.

Rosa, escúchame.

Has dicho que no va a ser nada,

así que cuando salga de la consulta, te llamo, ¿vale?

Chao, guapa, chao.

La madre que la trajo.

¿Lorena no está por aquí?

Lorena se ha ido hace un momento.

¿Y cómo está?

¿Tú cómo crees que está?

Enfadada.

Vale.

Hasta luego.

Hasta luego.

-Pero ¿dónde se ha metido este hombre ahora?

¿Qué pasa, hija? -¿Qué pasa?

Pasar, pasar, no pasa nada.

Bueno, mejor dicho, no pasa nadie.

Por culpa de tu piquito de oro.

-No vengas también con misterios.

-¿Qué misterio?

Te lo digo claro: la has pifiado bien pifiada.

-Nada, no está disponible. ¿Se puede saber qué he hecho?

-Lo del directo, mamá, ha sido un desastre.

Ya han venido tres clientes a quejarse.

Y los de Cárnicas Aldea han llamado

y han amenazado con no servirnos carne nunca más.

-Pues tienen la piel fina.

-Dijiste que el solomillo es una porquería.

-¡Yo no he dicho eso!

Lo que he dicho... -Explicaciones a los clientes.

A ver cómo vendo un solomillo

después de que digas que están muy secos.

-Era una manera de hablar.

Era en tono de comedia.

-Sí, mira cómo me río.

Y luego sigues.

Y has dicho que no te comerías algunas partes del cerdo

ni aunque te pagasen.

Dime, si no quieres pagar, ¿cómo hago pagar a un cliente?

-No te pongas así.

-Y luego que los veganos son tristes.

-No te hagas la santa ahora,

que te he oído decir cosas mucho más gordas de esa gente.

Los llamas cara acelga y para arriba.

-Claro, eso lo digo en casa, en el mercado,

pero no en Internet, para que me oigan en Singapur.

Que esos, los cara acelga, se organizan bien.

En menos que canta un gallo te montan un escrache aquí.

-Lo siento. No sabía que esto se saldría de madre.

-Ya no importa, el mal está hecho.

-Además, tú fuiste la que me animaste a grabar esos vídeos.

-Sí, pero con un guion bien escrito por mí.

A ti se te va la olla. ¿Qué haces con el teléfono? Para ya.

-Hija, es que no localizo a Jesús.

No sabes lo que ha pasado.

-A ver, ¿qué ha pasado? Cuéntame.

-Cuando he entrado en el mercado,

vi a Gloria poniendo un cartel dentro de la frutería.

-¿Qué hacía dentro? -Compró la frutería ayer.

-¿Qué dices, mamá?

No estoy para bromas. -Hija, no es una broma.

-¿Cómo van a vender la frutería?

-No me ha dicho más. Por eso intento localizarlo,

para que me aclare el disparate.

-¿Dónde está? Yo no lo he visto. -No lo sé.

Se levantó temprano

y no me dio tiempo a preguntarle dónde iba.

Está muy raro.

-Si está raro, ya sabes por qué. Blanco y en botella...

Estaba vendiendo la frutería, mamá.

-¿Por qué no dijo que la vendía?

-No sé, vete tú a saber. No querría que te enterases.

Gloria se quedará con el mercado.

-Alguien debe pararle los pies.

-Sí, pero no será ni tu marido ni su hijo.

Seré yo la que le lea la cartilla. Si no, se monta su cortijo.

-Ya.

-Buenos días. -Hola, bonita.

-¿Cómo estás?

-Pues mucho mejor, la verdad.

(Puerta abriéndose)

-Lo que faltaba, ya está bien.

(Puerta cerrándose)

(Tonos de marcación)

-Pero bueno, si tenemos aquí al "runner".

-¿Sabías que los De la Cruz le vendieron la frutería a Gloria?

-¿Qué? Estás flipando.

-Vino Gloria a decirme eso

y a explicarme una movida de unos zumos naturales,

que van a empezar a vender a partir de ahora, y no sé qué más.

-Flipo con lo que pasa aquí. Tú te quedas, ¿no?

-Eso me dijo, pero sabes cómo es esto.

Igual contrata a alguien con experiencia en zumos, no sé.

-¿Quién hará zumos naturales mejor que tú?

Eres lo más natural y saludable del mundo.

Solo hay que verte.

-Gracias por los ánimos, lo necesitaba.

-También estoy mal en el curro.

Me están liando los "british" con los diseños.

-No se habrán echado para atrás.

-No, pero todo son pegas, recortes.

Y de aquí a que cobre algo, pues pueden pasar años.

Y no sé, lo de los "cupcakes", pues no terminan de arrancar.

-¿Va muy mal la cosa?

-Supongo que estoy rallada, así, como en general, con todo.

Bueno, voy a buscar harina.

-A ver si podemos tenerlo listo para el lunes.

Rosa, ¿qué tal? -Bien.

Mira, te traigo el fua de oca del que te hablé. Está buenísimo.

No sé, pruébalo y si te gusta, podemos hacer un pedido.

(GLORIA ASIENTE) Muchísimas gracias. -Nada, a ti.

Cualquier cosa, ya sabes. -¿Por qué no te tomas un respiro?

¿Quieres probar nuestros "brunch"?

-No, muchísimas gracias.

Oye, antes, en el muelle de carga, no me dio tiempo a darte las gracias

por echarme una mano con los de la cervecería.

-Nada. Sé lo que es llevar varios negocios.

-Ya te digo. Voy como pollo sin cabeza.

-He visto a un chico nuevo, ¿no? -Sí, José Antonio.

Pero no me hables. He hecho el fichaje del año.

-Bueno, es que esto del personal es una lotería.

A ver si viene pronto Alberto y te relajas un poco.

-Eso no va a pasar.

Hasta donde yo sé, se fue sin billete de vuelta.

-Vaya...

Bueno, pues si sigues muy agobiada y no encuentras una solución,

ven a verme y te compro la cervecería.

-Perdona, ¿estás hablando en serio?

-Sí. Pon una cifra y sales de dudas.

Mira, tengo aquí a mi abogado.

-Bueno, muchas gracias por el interés,

pero ¿sabes qué pasa? Soy la encargada.

Quiero decir que no puedo tomar ese tipo de decisiones.

El bar, realmente, es de Alberto.

Bueno, era solo una idea.

-Pero tú tienes ya dos puestos, ¿no? No sabía que querías un tercero.

-Cuando apuesto por algo, apuesto a fondo.

Y creo mucho en el futuro de este mercado.

-Hola. Hola.

-Hola, guapa. ¿Cómo estás?

Pues estoy, que ya es bastante.

Hay que subir ese ánimo.

El tiempo lo cura todo. Bueno, casi todo.

Os dejo, que tengo aquí a mi abogado.

Luego te cuento un montón de cosas. Gracias, Rosa.

Vamos fuera y así no molestamos.

-¿Nos sentamos?

-¡Che!

Mi padre ha entrado a trabajar de botones en un hotel del centro.

¿Quieres que lo llame y le pregunte

a quién debes llamar para ofrecer tus "cupcakes"?

-Hombre, pues sí. Eso sería genial.

Si le parece bien, que no quiero abusar.

-¿Abusar de qué? Es mi padre. Al menos debo intentarlo.

-No, si al final, con tanta dieta y tanto azúcar y tanta movida,

vas a ayudarme a llenar el mundo de grasas saturadas.

-Así soy, un ser inconstante y contradictorio.

-Por contradictorio hay uno al que no le ganas.

-A Samu.

-Muy fuerte. ¿Sabes por qué me dejó?

-No, no tengo ni idea. -Me han dicho que me ha dejado

porque quiere saber si realmente estoy enamorada de él.

¿Se puede ser más capullo?

¿Y sabes qué pasa? Que lo que más me duele

no son las mentiras ni que sea un cobarde,

sino que está decidiendo por mí. ¿Se puede ser más machista?

¿Quién se cree que es para ponerme a prueba?

Es mi amigo, pero no tiene derecho a hacerlo.

-No, no tiene derecho. Pero se va a enterar.

-¿Qué vas a hacer? -¿Que qué voy a hacer?

Va a probar su propia medicina.

-Vamos, que llegó el ascensor.

-¿Qué te ha dicho la doctora?

Pues nada bueno.

Venga, no me asustes, ¿qué pasa?

Han encontrado algo raro en los valores del análisis del bebé.

Y puede que haya algún problema.

¿Qué clase de problemas?

Pues no lo sé. Podría ser...

algún tipo de problema neuronal o... No lo saben.

Lo confirman con las pruebas que me han hecho.

Pero yo pensaba que en los embarazos "in vitro"

estas cosas estaban muy controladas, ¿no?

En más de un 90%.

Pero parece que a mí me ha tocado el lado malo de la estadística.

¿Y cuándo te dan los resultados?

Me llamarán.

Bueno...

Lo siento muchísimo, Lorena. Ya.

Oye, vamos a pensar en positivo.

Sí, estoy intentando pensar en positivo, pero...

Rosa, es que Jorge y yo

hemos luchado tanto para tener este hijo, que...

Y si la cosa realmente es así de fea, pues...

Es que voy a estar obligada a tomar una decisión.

Decidas lo que decidas, estoy aquí, contigo.

Lo sabes, ¿verdad?

Sí.

De todas maneras,

yo creo que esa decisión no la debes tomar tú sola.

Jorge es el padre de ese bebé.

Creo que debería saber qué estás pensando hacer.

¿Se lo vas a decir?

Lorena, mírame. Dime que se lo vas a decir.

(Música latina en los auriculares)

-Hola. -Hola.

-Te veo concentrada llevando el ritmo.

-Lo siento. No le pregunté si podía escuchar música mientras trabajo.

-Mientras no te distraigas, no hay problema.

-Descuide, que este será el mercado más limpio de todo Madrid.

-No esperaba menos de ti.

Bueno, ¿cómo va todo?

-Muy bien. Y ya me han dado el uniforme.

-Sí, ya veo. Estupendo.

Pero es una lástima

que no puedas trabajar con tu uniforme habitual.

-¿Perdón? -Una chica tan guapa como tú

es una pena que lleve un uniforme tan feo.

Hablaré con tu empresa.

Porque así no se distingue lo bien que te mueves al ritmo de la música.

-Es que no debería escuchar música mientras trabajo.

Lo siento, no volverá a ocurrir.

-Es broma.

-Prefiero no dar que hablar a nadie.

La música queda para los amigos, como la ropa que me gusta vestir.

Y si no le importa, tengo que continuar trabajando.

(FERNANDO GIME DE ESFUERZO)

¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

(Llaman a la puerta)

¿Fernando?

¡Fernando!

¿Estás bien?

Sí, perdona, es que tengo mil cosas en la cabeza, como siempre.

-Bueno, esto ya está listo. Voy a continuar.

Anda, acompáñame al puesto.

Hasta luego.

Oye, ¿qué tal Daniela? Parece que ha empezado con ganas.

-No sé si hice bien contratándola sin ponerla unos días a prueba.

¿Por qué, ha hecho algo mal?

De momento no, pero ya sabes cómo es la gente joven,

van demasiado a su bola.

Fernando, no seas así, dale un poco de margen.

Y si luego no te gusta, llamas a la subcontrata

y te envían a otra en su lugar. Sí. Sí, sí, seguramente sí.

Lo hará fenomenal. Se la ve encantadora.

Perdona. Lorenzo.

(GLORIA) Sí. Oye, muchas gracias por venir.

Se me olvidó preguntarte qué permisos harían falta para eso.

Ya. Pues no sé, yo calculo que, de aquí a final de mes,

igual caen un par de locales más.

Pero vete acelerándolo por si acaso.

Y si hablas con Patrimonio, también,

porque seguramente, para un local tan antiguo,

habrá que pedir permisos para la rehabilitación.

¿Te puedo llamar en dos minutos?

Venga, hasta ahora. Gracias.

¿Quieres algo?

-Avisarte que el pedido que hiciste de cordero

llegará esta tarde.

-Vale. Pues perfecto, sin problema. Muchísimas gracias.

¿Querías algo más?

-Bueno, aprovechar para darte la enhorabuena.

Por la compra de la frutería, si es que la has comprado.

-Sí. Gracias. -O sea que la compraste.

-Sí.

Oye, ahora, si no te importa... -Es que sí me importa.

Quiero saber cómo has conseguido que te vendan la frutería.

Llevan ahí toda la vida.

-Tendrías que hablarlo con Elías.

-Ya, Elías. Otro qué tal baila.

Los traspasos y compra de puestos, ¿tiene que ver con el gastromercado?

-Eso se hablará y se votará

en la asamblea de comerciantes esta tarde.

-Pues ya sabes lo que va a ser mi voto: no.

Pero que no soy la única que piensa así,

muchos piensan como yo.

-Bueno, pues perfecto. Se tendrá en cuenta.

-Si crees que comprando puestos como si no hubiera un mañana

convertirás esto en el palacio de la fritanga,

estás equivocada.

-Carmen, los tiempos cambian y hay que saber cambiar con ellos.

A lo mejor es que tú no sabes o no quieres.

-¿Me estás llamando vieja? -Eso te lo llamas tú.

-Los viejos en este mercado tenemos mucho peso.

Una vieja te puso en el puesto y te puede quitar de una patada.

Aún tengo influencia en el mercado. -Muy bien.

Pues eso lo propones esta tarde en la asamblea y lo votamos.

-Pues eso haré. A ver quién gana.

-Bienvenidos. Enseguida os atienden. Sentaos, por favor.

(JESÚS) Las gotas que me han puesto me han dejado fastidiado.

-Nada. Me sabe mal no haber llegado a tiempo.

Tuve una entrega donde Cristo perdió la gorra,

y no llegué a tiempo de alcanzar el coche.

-Estar todo el día de arriba para abajo en bicicleta

no es un trabajo para ti. -Pues sí.

Acabo reventado. Pero de momento, es lo que hay.

Además, en diez minutos tengo que volver al tajo, vamos.

-El Induráin del barrio. -Oye, ¿qué te han dicho?

-Oye... ¿me puedes mirar lo que pone ahí?

-Nada, Valeria te ha llamado un par de veces.

Pero a ver, Jesús, no me cambies de tema.

¿Qué tal las pruebas? ¿Debes cambiar las gafas?

-Ya te dije que no era cuestión de dioptrías.

-¿Qué pasa, te harán más pruebas?

Si es así, mételes prisa.

Mira, tres meses estuvo Carmen para que le vieran un uñero.

Y cuando el especialista la vio, vamos, nada,

que no había uñero ni había nada.

-Me quedo ciego. -¿Qué me dices?

-Me quedo ciego, Nicolás.

Tengo cataratas.

Además de eso, tengo no sé qué cosa

en los vasos sanguíneos de la retina,

y por eso no veo tampoco de cerca.

-Pero las cataratas se operan y ya está, ¿no?

-¿Ya está? ¿Crees que es un uñero de tu mujer?

Las tengo ya muy avanzadas.

El preoperatorio, la anestesia y meterse en un quirófano a mi edad,

no es moco de pavo. -Sí, tienes razón, Jesús.

Meterse en un quirófano da mucho respeto.

-Y con mis antecedentes de corazón

y con lo que me han encontrado en la retina,

más que respeto, miedo.

Oye, de esto ni una palabra a Valeria ni a Carmen.

-¿Cómo no se lo vas a decir a Valeria?

-¿Para qué? ¿Para estar los dos en un sinvivir?

Bastante la he mareado yo con mis enfermedades.

-Jesús, te equivocas.

Si no lo dices, se cabreará cuando se entere.

Y además, con razón.

-El mismo cabreo que va a coger Carmen

cuando se entere de que eres el rey de la montaña.

-Vale, sí, es verdad,

pero yo te digo desde la experiencia,

que vivir continuamente en la mentira no es vivir.

Es un sinvivir, hombre.

-Bueno, ya veré lo que hago.

Me voy a casa a coger unas gafas de sol,

que con tanta luz me estoy mareando.

-¿Quieres que te acompañe? -No hace falta.

-¡Dios, que llego tarde!

Aquí os dejo esto, chicas.

Lorena, me alegro de verte. Lorena, de verdad, no puedo más.

No dejo de pensar ni me concentro. ¿Qué hago para que me perdones?

Escúchame. Fue un error.

Una cagada descomunal, pero no significó nada.

Lo sé. Ojalá lo hubieras tenido tan claro esa noche.

No recuerdo lo que pasó ni haber bebido tanto.

¿Sabes lo que me ha llegado a mí? Que estabas tan sereno

que pediste unos chupitos para calentar el ambiente

y así lanzarte encima de Puri.

Perdona, ¿de dónde sacas eso?

Pero ¿crees que soy imbécil?

Por favor, si sé que reservaste el hotel.

¿Lo vas a negar? ¡No recuerdo nada!

¡No recuerdo nada!

Por favor, perdóname. Yo te he perdonado otras cosas.

¿En serio me vas a comparar esto?

Para empezar, cuando pasó lo de Berlín, no te conocía.

En segundo lugar, y lo más importante,

es que no me he tirado a nadie

cuando más había que cuidar la relación.

No comparo nada, Lorena.

Solo digo que todos tenemos nuestras cosas.

Yo el primero, no soy perfecto. ¡Claro que no eres perfecto!

Tus explicaciones son absurdas.

¡Me has mentido!

¡Es mentira que no te acuerdas de nada!

¡Te tiraste a esa tía

porque te apetecía tirarte a esa tía!

Y no te arrepientes.

Lorena. ¡Lorena!

¡Lorena!

-Jesús. ¿Qué tal, cómo andas?

-Hola, Gloria.

Perdona, que estaba un poco distraído.

¿Todo bien? -Sí, todo bien.

Quería preguntarte si te importa que estos días

me pase de vez en cuando por el puesto.

-¿Por la frutería? -Claro. Seré muy discreta.

-Otra vez el ayuntamiento y sus inspecciones.

Tranquila, le digo a Lucas que esté al tanto.

-No, ya he hablado con Lucas.

Pero no se trata del ayuntamiento,

se trata de que yo quiero hacer cambios.

Sin que se pierda la esencia de la frutería.

He pensado en hacer una pequeña remodelación.

Quizá ponga una mesa alta con unos taburetes

para poder tomar los zumos ahí.

De momento he puesto un cartel anunciándolo.

-¿Un...?

¿Un cartel?

-Sí, un cartel diciendo que, próximamente,

se podrán tomar allí zumos saludables.

Si te molesta, lo quito ahora mismo.

-¿Mi hijo ha llegado a un acuerdo contigo

para hacer negocio juntos o...?

-No. Vamos a ver,

Elías me ha pedido discreción,

pero yo pensaba que tú estabas al corriente de todo.

Porque, de hecho, es imposible que no lo estés.

-¿Al corriente de qué? ¿Me quieres explicar?

-¿No sabes que he comprado la frutería?

-¿Cómo dices?

-He comprado la frutería, el puesto es mío.

-Eso no puede ser.

La frutería nunca ha estado a la venta.

Elías no la puede vender

porque el dueño de ese puesto soy yo.

-Ya. Pero no sé qué decirte porque...

Seguro que hay una explicación para esto.

El hecho es que Elías ya ha cobrado el cheque que le di,

y que tengo un contrato de compraventa firmado por los dos.

-Ese contrato no puede ser legal ¡porque yo no lo he firmado!

-Jesús, ¿te encuentras bien?

-¿Cómo voy a estar bien?

Enséñame el contrato, por favor.

-Sí, pero respira y descansa un poco, por favor.

¿Te traigo algo? ¿Agua?

-No. ¡Enséñame ese contrato de una vez, por favor!

¡Por Dios te lo pido!

-Sí, pero tranquilo, respira. Está en el restaurante.

¿Por qué no me acompañas?

Y descansas en mi terraza mientras te lo enseño.

-Sí, vamos. Vamos. -Despacio.

¿Bien? -Bien, bien.

-Rosa, ¿a ti qué te ha parecido el movimiento de tu padre?

-Carmen, ahora no puedo.

En diez minutos he de ir a la cervecería.

-¿Cómo le vende el puesto a Gloria?

Si tu madre levanta la cabeza, se cae de culo.

-¿Qué me estás contando?

-Tampoco te lo ha contado.

No se lo ha contado ni a mi madre y duermen juntos.

¿Seguro que mi padre ha vendido el puesto?

¿Quién te lo ha dicho? -Gloria.

Además, ha sido de un día para otro.

-No me puedo creer, Carmen, que mi padre haga eso.

¿Por qué lo haría?

-No conozco los detalles.

Lo que sí sé es que Gloria está desbocada.

Entró con el restaurante, el Ainara,

ahora compra la droguería, la frutería...

Quiere comprar todos los puestos.

-No es ninguna tontería lo que dices.

-Claro que no.

Esta tarde ha montado una asamblea

para que votemos el cambio de mercado a gastromercado.

¿Qué te parece?

-¿Que qué me parece?

Ha intentado comprarme la cervecería.

-¿Qué dices? ¿Se la has vendido?

-¿Cómo se la voy a vender? Carmen, por Dios.

La cervecería es de Alberto. La decisión la debe tomar él.

-Esta es igual que Velasco, pero sin pistolas.

Conmigo ha pinchado en hueso.

(Llaman a la puerta)

(SAMUEL) Adelante.

-Hola.

Vengo para hablar contigo de una cosa muy importante.

-Tú dirás.

-Quería pedirte perdón por haberte montado un "show" ayer.

-No pidas perdón. Además, no fue un "show".

-Yo creo que sí.

No es fácil que te digan que no te quieren.

Sobre todo, si no te lo esperas.

Pero al grano, no estoy orgullosa de la reacción que tuve.

Y lo he estado pensando...

y creo que tienes razón.

Nuestra relación no...

no acababa de funcionar.

Estábamos estancados, no teníamos la misma ilusión,

así que eso, al final, pues acaba pasando factura.

Además, últimamente no parábamos de discutir por tonterías.

Aunque me dé rabia, es cierto que no era solo cosa tuya.

Así que yo tampoco estaba al 100% últimamente.

No puedo responsabilizarte por no estar enamorado de mí,

si yo realmente tampoco sentía lo mismo por ti ya.

Hay muchas historias de amor que terminan.

Igual la nuestra es una de ellas.

Eso es lo que crees, ¿no?

Que nuestra relación no tiene futuro, ¿verdad?

No hace falta que respondas, me quedó superclaro, ya lo sé.

Además, no sé... Gracias, Samu.

Gracias por no haber esperado a que nuestra relación

se fuera pudriendo poco a poco, lentamente.

Aunque sea una mierda,

creo que dejarlo ha sido lo mejor que podíamos hacer.

Y sí, yo creo que es mejor... no hacernos daño, ¿no?

No perder el tiempo

y abrirnos las puertas a poder conocer a más gente.

¿No? -¿Con más gente te refieres a Lucas?

-No hace falta poner nombre a nuestro fracaso.

Samu.

Ha sido un placer.

Y gracias por tomar una decisión que los dos necesitábamos.

De verdad.

Espero que te vaya muy bien.

-Qué imbécil soy.

(Móvil)

Dime, Fernando.

-¿Alguna novedad?

No, ninguna, Fernando, ninguna.

Sigo esperando. Espero que no me la haya jugado.

Bueno, tendrás que esperar un poco. No queda otra.

Oye, Elías, yo te llamaba...

es que no sé cómo decírtelo,

"con todo lo que tienes encima."

Fernando, déjate de misterios, ¿qué pasa?

Parece que ha habido un malentendido con Gloria.

Hace poco la vi hablando con tu padre.

¿Cómo?

-¿Qué has hecho, desgraciado?

Estoy al tanto de todo, muchas gracias.

¿Cómo has podido traicionarme así? ¡A mí y a tu familia!

¿Me dejas explicarlo?

¡Lo que haré es romperte la crisma, imbécil!

¡Ese puesto era mi vida y el símbolo de los De la Cruz!

Lo sé, papá. Lo sé.

¿Qué vas a saber tú?

La frutería estaba para recordarnos de dónde venimos

y hasta dónde hemos sido capaces de llegar.

Hace tiempo que nuestro negocio no es vender fruta.

Si hemos crecido, si ganamos dinero, si somos ricos,

es gracias a la distribución.

¡Me da igual!

¡No tenías ningún derecho a venderlo!

¡Y menos sin mi permiso!

¿Te pones sentimental?

Te recuerdo que la ganaste jugando a las cartas.

¿Y qué? La gané en una partida,

sí, pero creció gracias al sudor de mi frente

y el de tu madre, que en paz descanse.

¡Y al mío, papá, y al mío! No lo voy a consentir.

Ese contrato no tiene ninguna validez.

Demostraré que falsificaste mi firma, aunque vayas a la cárcel.

Por eso lo hice, para no ir a la cárcel.

¿Qué tiene que ver con vender el puesto?

Necesitaba dinero y tu nieto me dejó arruinado.

Claro, tu hijo te arruina y tú me arruinas a mí.

¿Para qué necesitas tanto dinero?

No pensarás fugarte. No, hombre, no.

Eso sería como declararme culpable. ¿Entonces?

Si me dejas, te lo explico.

-Perdona. Es que creo que antes me he dejado por aquí las llaves.

-No las he visto. -¿No?

¿Te importa que eche un ojo?

-Tengo que salir. Mira si están ahí.

-Gracias.

(EXCLAMA ASOMBRADA)

¡La madre que la parió!

Esta tía se cree la reina del mercado.

(Disparo de foto)

(Disparo de foto)

(Disparo de foto)

Yo sigo pensando que Eusebio Roca mató a Ágata.

Y el único que me puede dar pruebas para meterlo en la cárcel

no va a dármelas gratis. -Ya me parecía a mí

que esta locura tenía que ver con ese tema.

Claro que tiene que ver, tiene que ver.

El asesino de Ágata sigue en la calle,

y esto es muy sencillo: o lo encuentro

o voy a la cárcel por un crimen que no cometí.

Intentan colocar pruebas, incriminarme a mí,

y no van a parar, papá, no van a parar.

Y ahora te pregunto y, por favor, sé sincero contigo mismo y conmigo.

¿Me habrías dado el dinero? ¿A que no?

Por eso pensé que era más fácil explicártelo

si te enseñaba las pruebas y Roca iba camino de la cárcel.

¿Y cuándo tendrás esas pruebas? Aún no lo sé.

No entiendo nada. ¿No le diste dinero por ellas?

Vamos a ver, yo contacté con Tristán Toledano,

un socio de Roca que le proporcionó la coartada

la noche que mataron a Ágata.

Muy bien, ¿y qué? Estuve hablando con él.

Me dio la impresión de que este tipo

tenía cuentas pendientes con su socio.

Hablé, lo apreté, tiré un poco de la cuerda

y efectivamente, tiene pruebas para meterlo en la cárcel.

¿Y cuánto te ha pedido?

Una fortuna. ¿Cuánto?

Me ha dado 24 horas para conseguir 200 000 euros.

¡Por Dios! ¿Y de dónde has sacado el resto?

Porque la venta de la frutería no te ha dado para eso.

De las otras cuentas de la empresa.

¿Ya se lo has pagado?

Sí. Estoy esperando a que llame para decirme dónde están.

¡Pero tú eres tonto! ¿Y qué querías que hiciera, papá?

Estaba desesperado.

Estupendo.

Ahora estamos desesperados y sin un duro.

Tengo la intuición de que todo no está perdido.

Ese tío es que se lo ve.

Tiene rencillas con Eusebio Roca, motivos para traicionarlo.

Por favor, ¿no ves que te engaña?

¿Ves por qué no te pedí el dinero ni te dije nada? No confías en mí.

¿Cómo voy a confiar en ti con todo lo que me has hecho?

¡Porque eres mi padre y yo tu hijo, por eso!

(Móvil)

Sí.

(ASIENTE)

Muy bien.

Voy para allá.

¿Era él?

Ya sé dónde están las pruebas.

Te acompaño.

(Apertura a distancia)

Si no hay nada.

¡No hay nada!

¿Estos papeles son de Gloria?

-Sí. ¿Cómo los has conseguido?

-Entiendo que estés enfadado con él,

pero si sigues por ese camino, acabarás denunciando a tu hijo.

-Si es necesario para recuperar la frutería, lo haré.

-¿Y qué te dijeron?

-Quieren un pedido cada día para el bufé de la mañana.

-Si la cosa viene mal y no puedes seguir con el embarazo,

Jorge debe saberlo.

-¿Te dio las pruebas? No.

Le he dado la pasta y ha desaparecido.

(NICOLÁS) Mierda, mierda.

La leche, Valeria.

-Se han separado.

Por lo visto, Jorge ha sido infiel y Lorena está destrozada.

(JESÚS) Pero bueno.

-Déjalo. -¿Esto qué es?

Jamás traté mal a una mujer. ¿De qué hablas?

No me han acusado de matar.

-El plan funciona perfectamente.

Elías está hecho polvo y toma tranquilizantes.

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Mercado Central - Capítulo 272

23 nov 2020

Elías utiliza el dinero de la venta de la frutería para pagar a Tristán... que finalmente se la juega y no le da las pruebas que incriminan a Eusebio Roca.

El día negro de Jesús: descubre que Elías falsificó su firma para vender la frutería a Gloria y el médico le confirma que tiene que operarse o se quedará ciego.

Fernando acosa a Daniela y ella le para los pies. El gerente tiene otro flashback de la muerte de Ágata.

Gloria empieza a hacer movimientos en la frutería y Carmen descubre su verdadero propósito: hacerse con más puestos del mercado.

Tras enterarse de las razones por las que Samuel rompió con ella, Carla se venga de él diciéndole que ella tampoco está enamorada y están mejor separados.

Lorena recibe la noticia de que el bebé podría venir con problemas. No consigue decírselo a Jorge porque los dos terminan discutiendo.

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