Los jinetes del alba Archivo

Los jinetes del alba

Fuera de emisión

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4120378
Los jinetes del alba - Capítulo 3 - ver ahora
Transcripción completa

(Timbre)

(Pasos)

Ah, eres tú.

Hola, madre. Pasa.

Buena la has armado.

Don Erasmo llamó y lo contó todo.

Menos mal que a Amalia le dio por tomárselo a broma.

¿Contó todo? ¿Qué contó? Lo que tenía que contar.

(AMALIA) ¿Quién es? -Es Marian.

-(AC. ARGENTINO) La fugitiva. Que entre, quiero verla.

Ven, dame un beso.

Cimarrona, que eres una cimarrona. ¿Quieres un bombón?

Pero no te quedes de pie, siéntate.

Dime dónde paras.

Vivo en casa de una señora que conocí en el balneario.

¿Una señora? ¿Qué señora? Se llama doña Elvira.

Me imagino que su hermano ya se lo habrá contado.

(RÍE) Esto sí que es bueno. Tu hija es un portento, Mina.

Se escapa del balneario para que mi hermano no la manosee

y se mete a vivir en una casa de putas.

La casa de la alcahueta más famosa de todo Oviedo.

(RÍE) -Ya le diré yo cuatro cosas.

Cimarrona, que eres una cimarrona.

Los cimarrones son esclavos que huyen y viven solos en el monte.

(MOLESTA) Yo no soy una esclava. Ya lo sé, no me río de ti.

Me río porque tu madre me hace cosquillas.

(RÍEN AMBAS)

-¿Ya te vas? Sí, volveré otro día.

Corta ha sido la visita. Ven, dame un beso.

Si te quedas, te cuento todo de mi hermano.

-Déjala. Si quiere irse...

-No vayas a creer que a tu madre ya no le importas.

Ella te quiere.

¿Cómo está la niña?

Tu hermana está mal, se va a morir.

Mejor para todos.

-¡Marian, vuelve!

(Música triste)

(LLORA)

¡Menos mal! ¿Y Antonia? ¿No habíais salido juntas?

Sí, pero luego nos separamos. ¿No sabes cuándo volverá?

No. Me pasa por ser demasiado buena.

¿Puedo servirle en algo?

¿Tú?

No, tú no. Hala, súbete arriba.

¿Te pasa algo? ¿Has llorado?

(Despertador)

(Lo apaga)

Antonia, son las siete.

Mmm. Buena la corriste anoche.

Si supieras...

(QUEJUMBROSA) No... ¿Esto qué es?

¿Un mordisco de tu novio? Sí.

Anda, levántate y me lo cuentas mientras limpiamos.

¿No te importaría empezar tú?

Quisiera dormir un poco más, estoy deshecha.

Ya me imagino. Bueno, va, un día es un día.

(Golpea)

(Corta el aire)

¡Antonia!

(ENFADADA) Toma, perdiste esto anoche.

Comienzan modositos, pero el uno por el otro se van animando.

A veces, se pasan. ¿El uno por el otro? ¿Vas con dos?

¿Con el gordo y el flaco? ¿A qué vienen tantos remilgos?

A que tú me dijiste que de eso, nada.

Mira, yo te dije lo que te dije, pero solo así puedo ganar dinero.

Son generosos, ¿sabes?

Mira.

Tú acabarás haciendo lo mismo. Ni aunque me cuelguen.

(SARCÁSTICA) Sí, Doña Virtudes.

-¿Qué guisas? Fabes con almejas.

Qué cosa más rara.

Mmm, pero huele muy rico. ¿De dónde lo sacaste?

Lo inventó un cocinero del balneario.

Lo probaremos. Esto debe ser de mucho chup-chup, ¿no?

Sí.

Pues mientras tanto, ven al salón. Quiero hablar contigo.

¿Estás bien aquí?

Te noto como triste. No.

Bueno, hoy es el día que bajan los caballos al pueblo.

Es el primer año que me lo pierdo. Ya.

Mira...

Te tengo que hacer una pregunta un poco indiscreta.

Dime, Mariana...

¿Eres virgen?

Sí. A mí me da igual si mientes.

Para mí es más importante que lo parezcas que que lo seas.

Yo puedo hacer que lo parezcas una y cien veces,

así que allá tú.

Hay hombres a los que aquello de tirarse a un virgo los pone locos.

Son de "cuellis portique". ¿Qué?

Pagan mucho.

Doña Elvira, yo... No te pido lo que hace Antonia.

Tú eres una chica más fina, ella es como más de batalla.

Para ti serían cosas muy especiales con gente muy refinada.

Siempre que lo quieras tú, claro.

Piénsalo. No hace falta que me contestes ahora.

Si me dices sí o me dices no, tan buenas amigas.

Piénsalo bien, Mariana.

El tiempo pasa muy rápido para las jóvenes como tú.

Puedes irte.

-¿Lo ves?

-Mariana...

¡Mariana!

(NERVIOSA) Levántate, necesito que me ayudes.

¿Qué hora es? ¡Levántate!

Anda, date prisa.

Antonia...

Antonia. ¿Está muerta?

No digas tonterías. Anda, ayúdame.

Antonia, bonita, solo un momento.

Estarás mejor en tu habitación, ven.

(HOMBRE GRITA) ¡Doña Elvira! -Mierda.

Tú quédate aquí.

O no, mejor: llamas al Dr. López y le dices que venga enseguida.

¿Al Dr. López? ¿En qué número sale? ¡En la libreta! ¡Venga, deprisa!

(Voces de hombres)

¿Pero qué hacen ustedes aquí?

¡Ya les he dicho que se vayan! ¿A qué esperan?

-¿Lo ve? No quiere irse. -¡Ya está bien, tienen que irse!

El médico va a llegar de un momento a otro.

-¡Bestia! (LLORIQUEA) -No quería hacerlo.

-¡Va a venir la policía!

(LLORA) -No quería hacerle daño, Antonia me gustaba.

-¡Váyanse!

¡Les ordeno que se vayan!

(SUSURRA) -Puta.

-Si usted y ella afirman que ha sido un accidente, una caída,

yo no declararé lo contrario,

pero esta chica debe ingresar inmediatamente en el hospital.

Ayúdeme.

¿Puedes levantarte?

(ANTONIA) -Cuidado. -Valiente, así me gusta.

La llevaremos en mi auto. ¿Yo también voy?

No, tú quédate aquí.

Si llama alguien, dile que no estoy, que me he ido de viaje.

Supongo que de esto no hay que decir nada a nadie.

(SUSURRA) Por supuesto. De lo que has visto, ni mu.

¿Está claro? Sí, sí.

Aquí no ha pasado nada.

Tendrás lo tuyo más tarde, cuando vuelva.

Ya se lo recordaré.

¿La sala de mujeres, por favor? Por el pasillo a la izquierda.

Hola, Antonia.

Ay.

Te he traído unas naranjas. Gracias.

¿Que tal estás?

Bien. -No le haga caso, señorita.

No para de llorar. (ANTONIA LLORA)

No te preocupes, mujer.

Dentro de unos meses no te quedará ninguna señal.

Si no lloro por eso. Lloro por él.

¿Por él, quién?

Mi novio, Blas.

Ha desaparecido. ¿Qué importa eso ahora?

Cuando salgas de aquí, te pondrás guapísima.

Encontrarás todos los novios que quieras, ya verás.

Pero es que se ha llevado todos mis ahorros.

Todo lo que había guardado para casarme.

Me ha dejado sin nada.

¡Será hijo de mala madre!

Toma, para ti. Buena parte te lo debo a ti.

(SUSURRA) Doña Elvira me hizo jurar que no se lo diría a nadie,

y a cambio...

Así que no me des las gracias.

Me voy, porque si no yo también me pondré a llorar.

Marian... Adiós, Antonia.

Suerte.

Esta sí que es una amiga y una persona buena.

-Sí.

(NARRADORA) "No sabía qué hacer. Quería a irme, pero, ¿adónde?

Con mi madre no podía contar.

Martín y Raquel bailaban en mis pensamientos.

¿Pero dónde encontrarlos?"

(Teléfono)

¿Sí? ¿Quién es?

(Voz de hombre)

"Era Don Erasmo, me reconoció por la voz.

No trató de disimular que ya sabía de mi presencia en aquella casa.

Tal vez fuese él el cliente especial

a quien D Elvira guardaba mi virgo. El caso es que quedamos en vernos.

Me hubiese agarrado a un clavo ardiendo".

¿Amigos?

Para siempre.

Eso depende de usted.

Marian, ya sé que tengo que hacerme perdonar.

Aquella noche yo no estaba en mis cabales.

Te juro que no pasará nada que tú no desees.

¿De acuerdo?

Vuelves a Las Caldas. ¿En qué condiciones? Dilo tú.

Si vuelvo es para algo más que barrer y fregar.

Picas alto, ¿eh? Quieres ser gobernanta.

Conozco el balneario mejor que nadie.

He nacido allí.

Si hay que pagar, pues pago, pero no ahora.

Cuando yo diga.

Marian...

Eso de pagar no me gusta.

Yo también quiero algo más.

No habrá pasado nada en esa casa, ¿verdad?

Mira que yo conozco muy bien a doña Elvira.

Solo pasa que yo pienso ahora de otra manera.

Nada más.

(Disparo)

(Claxon)

(SANTERO) Don Erasmo.

Caballero de nubes, ruega por nosotros.

Padre de los peregrinos, escucha nuestro ruego.

Una limosna para el santero de la ermita.

¿Todavía sigues vivo, granuja?

Lo que escondes en el corazón puede verse en tus ojos.

Yo...

ya no tengo corazón en las partes bajas.

Soy santo. (RÍE)

(Silbido del tren)

¡Marian!

¡Marian!

¿Qué quiere?

Has vuelto cuando debías volver, como estaba escrito.

Anda, ven conmigo. ¿Adónde voy a ir contigo?

Tú no preguntes y ven conmigo. Ahora mismo.

¡Espera, ya voy!

¡Martín!

(Música emotiva)

(SOLLOZA) ¿Por qué has tardado tanto?

Va.

¿Recuerdas dónde dejamos esta mañana la conversación?

En la naturaleza humana.

Los santos ya no besan a los leprosos.

Ahora, los leprosos tienen que besar a los santos.

¿Qué quieres decir con eso? No has contestado a mi pregunta.

¿Es justo o no es justo que las cosas sean justas?

Te has hecho mayor.

Han sido días muy malos.

El invierno y todo el frío y toda la hambre del mundo.

Estás sucio.

Hueles.

Huíamos de noche.

De día nos refugiábamos en alguna cueva.

Ayer nos encontró Froilán.

Nos trajo aquí, dijo que estaríamos más seguros.

Cuando hay algún peligro, dormimos en el cementerio,

en un nicho.

Ventura quiere volver a Oviedo, dice que hay que seguir luchando,

que lo de octubre no fue más que el principio.

Yo no sé.

Estoy cansado.

(GIME)

¿Y tú?

¿A ti qué te ha pasado?

¿Qué más da? ¿Qué importa eso ahora? (GIME)

¿Te imaginas a esos dos ahí dentro?

Creen que son felices y no saben que ni siquiera son. No existen.

Deja que crean que existen. El amor es perfecto para el hombre.

Con el huyen el temor y las penas.

El que vive sin él teme hasta cuando sueña.

Pero es el amor a Dios el que importa, no ese.

Bueno, eso creo yo.

¿Tú qué opinas?

Para mí, Dios y lo otro son lo mismo,

pero se llama revolución. No tenéis remedio.

Carne de horca es lo que sois.

Estáis todos locos.

Si tú lo dices.

Algún día llegará esa amnistía que dicen.

Antes de llegará otra guerra

y aquí todos tienen cuentas pendientes.

Ojalá, porque esta la ganaremos.

Si Dios quiere.

Aunque no quiera.

¡Marian!

¿Necesita algo, doctor? No, nada en absoluto.

Solo quería decirte...

Supongo que vienes de la ermita.

¿Qué tal le va al santero con sus huéspedes?

¿Qué huéspedes?

No te hagas la boba.

¿Os creéis que la gente es ciega? ¿Y por qué no dieron parte?

Porque aquí la gente es buena. Ni se les ocurriría eso de denunciar.

Pero esta tarde ha llegado Don Erasmo.

En fin, yo solo quería que lo supieras.

Allá tú. Allá ellos.

(Ruido)

¿Quién es?

Soy yo.

He llegado esta tarde.

He mandado un criado a tu casa, pero no estabas.

Pasa.

Vengo a pagar una deuda.

¿Qué dices?

Pronto se abrirá el balneario y usted dijo que sería gobernanta.

¿Eso dije? Ya no quiero ser gobernanta.

Ahora quiero que nos proteja.

¿Que os proteja?

¿Cuántos sois?

Yo y Martín.

Toma.

Debiera haberme ido con Ventura.

Estaría más seguro en Oviedo.

(SUSURRA) Aquí estás seguro.

Además, estás conmigo.

Vamos, Polaco, vamos. Quieto.

Quieto ahí.

-Si quiere carne, más le valiera criar borregos.

-Como las monte, las revienta.

Tú me apuntaste con un fusil. ¿Yo?

No creo. Eras tú, en Oviedo.

Cuando os creíais los dueños del mundo.

Les he traído un novio a tus yeguas. Me han dicho que entiendes de esto.

¿Que entiendo de qué? ¿De qué va a ser?

(RÍE) De mamporreros.

Ve a echarles una mano.

(AMENAZANTE) Más te vale obedecer.

(RÍE) ¿A que tiene gracia?

¿Te acuestas o no te acuestas con él?

Pregúnteselo a su hermana si no me cree.

Doña Amalia, y también mi madre, le tienen mucho afecto.

No quieren que le pase nada.

Mi hermana tiene caprichos muy extraños.

(ENFADADO) Como tu madre. Y tú, no digamos.

Todas alrededor de ese pollito.

¿Qué tiene, eh? ¡Dime que tiene!

Yo criando caballos y tengo debajo de mi cama un garañón con 2 patas.

¡Haz lo que te dé la gana, no me importa!

Aquí yo soy el toro que más mea

y en cuanto levante el dedo, tú vienes a calentarme el culo.

Ese...

Ese va a comer en mi mano de ahora en adelante.

Tenía que haberle matado cuando tenía el dedo en el gatillo.

¿Qué más da, Martín?

Casi es mejor que te haya descubierto.

Así ya no tendrás que ocultarte.

¡Maldita la hora en que me quedé aquí!

Debí haberme ido con Ventura. ¿Por qué, le prefieres a mí?

Prefiero a un amigo que a una puta. ¡Martín!

¡Martín, espera, cálmate!

Espera hasta mañana, no me dejes sola.

No te dejo sola.

(SARCÁSTICO) Tienes con quién consolarte.

Si te vas, me mataré.

¡Pues mátate!

(GRITA) ¡Marian!

¡Ay!

Está ya muy bien, pero conviene que la lleves vendada.

Ve con manga larga, no vayamos a tener una visita de los civiles.

Estoy muy agradecida. No sé cómo decir...

No me lo digas a mí, reza.

Díselo a Dios esta noche antes de dormirte.

Pídele perdón por un acto tan desconsiderado hacia él.

Si no lo hago, se me va Martín. Hazme caso, Marian.

Al pecado hay que atajarlo. ¿Por qué no os casáis?

Es un lío.

Es un lío, ¿qué más quisiera yo?

Cásate y vete lejos, a vivir a otro pueblo.

Aquí el brazo de ese hombre es muy largo, Marian.

¿Qué hombre? ¿Crees que los demás son ciegos?

Dios nos libre del pecado de escándalo, es el peor de todos.

(Claxon)

En mentándolo...

Quédate tú ahí.

¿Qué se sabe de Raquel?

Nada, Juan rompe las cartas sin abrirlas.

Dice que no quiere saber hasta que no enmiende su camino.

Esta es su dirección. Escríbele y dime algo.

(TOSE)

(TOSE MÁS FUERTE)

Anda mal de salud, el amo. ¿Sabe que estoy aquí?

No, ¿qué va? No lo sabe. ¿A qué ha venido?

A ofrecer favores y préstamos a cambio de votos.

Son los caminos de la locura.

(Voces de hombres)

(Timbre)

-Estás hecho una pena.

Salud. Salud.

Hola, ¿qué tal? Contento de verte.

-¿Cómo estás de ánimo?

Hola.

Deja, deja.

Compañeros, es hora que dejemos de portarnos como ratas asustadas.

Hay que dar la cara, salir a la calle.

Demostrar que la represión no ha podido con el sindicato.

Hasta los partidos burgueses temen

la actitud dictatorial y militarista de la CEDA.

La convocatoria de elecciones es inminente y hay que ganarlas.

No valen actitudes abstencionistas como las de septiembre.

La confederación quiere revolución. Tú das tu opinión y yo doy la mía.

Pero aquí y ahora ni la una ni la otra valen para nada.

Insisto en que hay que dar la cara.

De esta reunión tiene que salir una asamblea de los sindicatos

y tiene que ser multitudinaria, abierta, pública.

Y a ver lo que pasa.

Decid si estáis de acuerdo. (TODOS) Sí, de acuerdo.

-Toma, es una pensión que está aquí cerca.

De toda confianza, según los compañeros.

El marido de la dueña está en la cárcel,

pero no por motivos políticos.

¿Por robar un mechero? Por robar carbón en una mina.

Se encontró con la Guardia Civil.

El enlace se llamará Carrasco.

Tú te llamarás José Duarte.

José Duarte, ¿de acuerdo?

Procura darte un baño. Y aféitate.

Mañana te haré llegar alguna ropa.

¿No podría quedarme aquí?

No.

Solo esta noche.

No puede ser.

Hace más de un año que no he tocado a una mujer

y más de los que no toco a una por la que sienta afecto.

Yo te quiero, Raquel.

Se está haciendo tarde.

Tienes que llegar a la pensión a una hora razonable.

Sé bueno. Vamos a seguir siendo amigos.

Venga, te acompaño.

Hasta luego. -Hasta luego.

-Maruja, mañana te pago. Hoy no pensaba venir.

-No te preocupes, hay confianza.

¡Raquel!

Yo no quiero quedarme aquí. Pero si te dejo en buenas manos.

Además, nos vamos a ver muy a menudo. Anda, es tarde.

-De momento, no tengo ninguna cama libre.

Tendrás que conformarte con un colchón aquí, en la cocina.

Me sabrá a gloria. Después de andar por el monte...

Aquí solo tenemos dos normas, aparte de la del pago.

La primera es que nadie habla de su pasado a nadie.

La segunda es que a partir de las 12 no abro.

Ni el mismísimo Dios que se me presentara.

Yo tampoco le abriría.

Cada cual con sus ideas, ¿de acuerdo? Lo que usted diga.

¿De dónde saco el colchón?

De mi cuarto. Hay dos, y para el tute que le doy...

(TOSE)

Tómelo, lo he traído de casa. Aún está caliente. Le sentará bien.

(TOSE)

Quiero que enciendas de una vez esa jodida caldera

y dejar de tiritar. Aquí ya se acabó el carbón.

Cuando se enteran que es para Ud., se niegan a vendérmelo.

Como anda metido en política... ¡Tendrían que regalármelo!

El día que me cabrée me quedo con la mitad de sus tierras.

No le perdonan lo de la yegua reventada por el garañón.

Tus paisanos están locos, nadie ha reventado a nadie.

Hicieron lo que la madre naturaleza manda.

Y lo hicieron muy a gusto.

Ya puedes decirle a tu amiguito, que no da golpe en todo el día,

a Martín, que a partir de mañana quiero el balneario al rojo vivo.

Y sin que me cueste ni una perra. (CONCILIADORA) Sí, don Erasmo.

Si no sabe dónde encontrarlo, que se vaya a una mina

y que lo arranque con las uñas. Muy bien, don Erasmo.

Si no, que se atenga a las consecuencias.

A la Guardia Civil le gustará saber que tiene al alcance de la mano

a una mierda de revolucionario

que un día se atrevió a levantar un fusil contra mí.

Trae.

Y ahora vete, quiero dormir.

Doña Amalia no tiene hijos y usted tampoco.

¿Quién se ocupará del balneario cuando usted se muera?

El balneario es una sociedad anónima, Marian.

Pero es usted el que manda. ¿Quién mandará entonces?

Mucho tienes que cumplir para mandar tú.

Anda, vete a consolar a tu chulo.

Espera. ¿Qué quiere ahora, don Erasmo?

¿De mi hermana no sabes nada? Nada, don Erasmo.

Vaya par de zorras que están hechas las dos.

Sí, don Erasmo. ¡Y tú también!

¿Martín?

(SUSPIRA ALIVIADA)

Han traído un telegrama.

Ha muerto mi hermana.

Tendré que ir a Oviedo.

Estoy harto de que la gente disimule delante mío.

Harto de todo lo que se dice de mí y de ti.

Sobre todo, porque no puedo contestarles,

porque sí que es verdad. Yo hago lo que puedo.

(Campanadas)

¿Qué, cómo va la noche? -Sin novedad, algún borracho.

Vamos de retiro, ¿queréis algo? -No, gracias.

-Mucho trasnochas tú.

Blas dijo que igual no venías,

que parecía que esa noche habías encontrado mejor acomodo.

Ha venido la guapita a traerte unas cosas.

Ahí están.

¿No ha dejado una nota? Las jovencitas...

Muchas sonrisas y a la hora de la verdad, nanay.

Naranjas de la China, ¿verdad?

¿Por qué no miras un poco más de cerca, guapín?

Ven.

Vamos, que no es para tanto.

(Cacerolada)

Déjales.

Ahora te toca a ti, ellos ya tuvieron lo suyo.

-¡La pobre!

Estaba viendo jugar a las demás cuando se sintió mal.

Para la cuestión del entierro, ustedes dirán qué prefieren.

Era sobrina suya, ¿verdad?

-Sobrina lejana, era hija de Adamina.

-Ya sé. Aquí solemos hacerlo a primera hora de la tarde.

Tienen tiempo de sobra.

El carpintero vive junto a nosotras y el capellán no sale por la mañana.

La portera les indicará.

Froilán, ha muerto tu hija.

Sí, ya lo sé.

Esta noche se ha aparecido y me lo ha dicho.

Me ha pedido que la enterrarse aquí.

-Yo picaría un poco más alto, mi hijita.

Tu madre y yo lo hemos hablado muchas veces.

¿Mi hermano? Yo sé que él bebe los vientos por ti.

(EL SANTERO JADEA)

Santa por la ignorancia de sus pecados,

como los animales del monte.

(Música ominosa)

¿Quieres pedirle algo antes de que la entierre?

Aprovecha la ocasión.

Será muy milagrera.

Y con el primero...

puede hacer un milagro muy gordo.

(Música ominosa)

-Si ya te ha tenido, mejor. Ponle ahora precio de vicaría.

Si lo tienes enviciado, lo pagará.

El balneario tengo que dejárselo a él.

Es mi única familia.

Si tú y él acabáis en la sacristía,

sería como dejárselo a mi querida Adalmita.

(Música ominosa)

-¿Qué le has pedido?

Tres cosas.

La primera, que alguna vez tenga ocasión de matar a don Erasmo.

La segunda, que Marian y yo no nos separemos nunca.

Y la tercera, ¿puedo quedarme aquí algunos días?

Tengo problemas abajo.

La última es fácil.

Para las dos primeras, se debe esperar a que la santina crezca

y lo comprenda.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 3

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Los jinetes del alba - Capítulo 3

18 abr 2019

Marian acude a visitar a su madre, que vive en Oviedo con Dña. Amalia y comprueba que ya existe la relación prevista entre ambas. Regresa al balneario con D. Erasmo, allí es informada del regreso de Martín.

Histórico de emisiones:
23/01/1991
01/09/2013
15/03/2016

ver más sobre "Los jinetes del alba - Capítulo 3 " ver menos sobre "Los jinetes del alba - Capítulo 3 "
Programas completos (5)
Clips

Los últimos 7 programas de Los jinetes del alba

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios