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Los camioneros - La izquierda de un campeón solitario
Transcripción completa

Subtitulado por TVE.

Maldita sea, ahora se va a la derecha.

-Pues como el viento arrecie...

Es demasiado volumen y poco peso.

Con lo bien que se va con arena de río.

Pero no se paga igual el porte.

-¿Y qué nos importa? Lo nuestro es trabajar, Paco,

y no hacer dinero. A ver cuándo te convences.

Trabajar para vivir y nada más.

Va seguro. -Ya veremos más adelante.

Nos pasó con Luis el Maño, traíamos una carga de corcho

de Algeciras camino de Málaga.

Nos sacó el viento y nos puso en una huerta.

Menos mal que la tierra estaba blanda y nos frenó.

Pudimos ir volando hasta el Peñón de Gibraltar.

No seas cenizo.

¿Tienes hambre? -Tanta que no veo.

En guardia, campeón.

-¡Hombre, cómo estás!

¡Cómo estás! ¿Pero de dónde sales?

-¿Y tú? Del trabajo de siempre.

¿Le sigues dando? -Sí.

Hace tiempo que no se te ve, ni en los periódicos.

¿Qué es de tu vida? -Hace mucho que no peleo.

¿Y por qué?, eres el mejor.

-La vida es muy complicada.

Mira, mi compañero Paulino, José Biosca, el campeón.

¿Es el tuyo? -Sí.

¿Qué le pasa? -No sé, algo en la dinamo.

-Las escobillas, están gastadas. Sí, entonces hay para rato.

¿Por qué no comes con nosotros? -Sí, le va a tener más cuenta.

Hala, vamos. -Bueno.

¿Qué tal va esa izquierda? ¿Te acuerdas de aquellos tiempos?

Qué envidia le teníamos todos en el gimnasio

Era como un látigo. ¿Nunca le viste?

-No me interesa el boxeo. ¿Pero qué te interesa a ti?

-En este momento comer.

Suerte y que le tumbes antes del quinto.

-Ya no soy capaz de tumbar a nadie, y menos a Tony Valdés.

¿Y tu izquierda qué? -Ya no es un látigo como antes.

Mira mis manos, míralas,

están demasiado blandas para pegar fuerte.

Estoy casi fuera, Paco.

Me gustaría poder decirte lo contrario,

pero ya sólo me queda el nombre y eso es lo que voy a vender.

Pepe, tú nunca fuiste de esos.

-Sí, todos somos iguales cuando llega la hora.

Me lo propusieron y llegamos a un acuerdo.

No es mucho dinero, lo sé, pero lo necesito.

Además, ya no pensaba volver.

Si tú quieres ni te toca.

-Hace un par de años tal vez, pero el tiempo pasa.

Tú nunca subiste al ring así.

-La vida da muchas vueltas y no siempre a tu favor.

Eso es una limosna.

-No tengo más remedio que poner la mano.

Igual te sale el nervio de los buenos tiempos y le noqueas.

-No, no estoy en forma para tumbar a nadie.

Bueno, ya lo sabes todo.

No se te ocurra ir a verme, ¿eh?

-Sigue pegando el maldito viento.

Ya se calmará si quiere.

-No sabía que quisiste ser boxeador.

Bah, nunca lo tomé muy en serio.

Fue una cosa de los 18 años.

En cuanto me partí una ceja lo dejé.

Pero aún me tira.

-Todo por haber nacido en Vallecas.

-Lleva cuidado, Paco, que no tenemos ninguna prisa.

Ya.

No hago más que pensar en lo de Biosca.

Cuando se ha tenido su clase no puede uno venderse.

-Todos nos vendemos.

El nombre de un campeón no se puede dar por dinero.

-Bueno, no te pases, Paco, él sabe lo que hace.

No tiene otra cosa que vender.

Lástima que no le valga mucho.

Tú no entiendes nada, Paulino.

Biosca tiene que llegar al final en campeón.

-Cada cual hace lo que puede, lo que quiere o lo que le mandan.

Los cobardes, eso lo hacen los cobardes, y él nunca lo fue.

Al final de un viaje lo único que de verdad cuenta

es haberlo hecho bien.

Biosca quiere tirarse ahora a la cuneta para cobrar el seguro.

¿Lo harías tú? -Tendrá sus razones.

No hay razones para eso, no valen.

Vale sólo lo que se deja detrás.

Vale el que la gente te recuerde y diga:

"mira, no hubo otro como él.

Peleó hasta el final."

-Que no es un santo, Paco, que es un hombre.

Es un campeón, y tiene que serlo siempre.

-Para ti, para mí no lo es.

¿Y por qué, porque le has visto derrotado en un coche viejo?

-No lo sé, puede ser.

No, no es por eso.

Yo te voy a decir por qué es.

Porque en sus ojos la mala conciencia del que se vende.

Claxon.

-¿Qué pasa?

Nada, que te toca el turno.

-Mira quién está ahí.

¿Otra vez roto?

-Este trasto está más viejo que yo.

¿Qué le pasa ahora? -Que no anda.

Se calentó mucho y se ha parado.

¿Le has puesto agua? -Sí, ahora mismo.

Pues no tiene. -¿Y eso qué significa?

-Que la pierde.

El radiador y los manguitos están bien.

-Mala cosa.

Es la junta de la culata.

Se mezcla el agua con el aceite, está quemada.

Vente con nosotros y a la vuelta

nos traemos un mecánico y te la cambia.

-O sea, que tengo que dejar aquí el coche.

-O tirarlo por un barranco, para lo que vale.

Dame la maleta, campeón.

-A los chavales los tengo con mi madre.

¿Y tu mujer?

-No sé por dónde anda, no sé nada.

Mala suerte.

-Peor que mala, de verdad.

Fue ella la que tuvo la culpa de todo.

Tenía mi vida hecha y estaba en el mejor momento.

Ahora lo único que me preocupa son mis hijos.

Mira, este año han empezado a ir al colegio.

Son bien majos.

-Lo único que me queda, ¿comprendes?

Todo lo demás pasó.

-No, no descargaremos hasta mañana.

En esta ocasión me alegro.

-Menos mal que hay uno que no tiene prisa.

Hasta mañana, Patxi. -Adiós.

-¿Cuándo? Mañana al mediodía.

-Vaya, hombre.

¿Y qué hacemos hasta entonces?

Ir a ver al campeón.

-Déjale en paz, Paco, no quiere hablar de boxeo.

No quiere que le veamos.

Déjalo, se terminará por enfadar y con razón.

Ya tiene el hombre bastantes cosas encima.

Nunca entenderás nada, Paulino.

-Es la mitad, pero si lo quieres todo no tengo ningún inconveniente.

-No, no, el resto después de la pelea, fue lo convenido.

-Bah, tratándose de ti ya sabes que no me importa.

-Ya, ¿pero para qué lo quiero ahora?

-Bueno, siéntate, campeón. -Ya no lo soy.

-José, te aprecio demasiado para no ser sincero contigo.

Sé lo que sientes.

Sé lo que un boxeador siente cuando firma su primer contrato.

Y también cuando firma el último.

-Estamos en otra cosa, necesitas mi nombre y lo compras.

-¿De quién es la culpa, José? -Mía.

-Aún podrías estar en plena forma. ¿Qué te pasa?

-¿Si estuviera en plena forma

te hubiera servido para este combate?

-No. -Entonces mejor así.

Ya no tengo pegada

y mis cejas se rompen como el papel.

Me pesan las piernas, no tengo fondo.

Sé todo eso de mí y mucho más.

-Este eras tú, campeón.

-Hace dos años.

Hoy sólo soy un montón de recuerdos unidos a un hombre.

Y eso es lo que vendo.

-No haces un buen negocio.

-No tengo otro mejor.

¿Qué es lo que vende Tony Valdés?

-Lo que tenías tú cuando empezabas: juventud, fuerza y clase.

Cúbrete bien y no te dejes colocar ni un sólo golpe en el cuerpo.

No pierdas la distancia,

salta rápido de las cuerdas, aguántalo.

Sólo puedes hacer eso.

-Ya.

-José, no quiero que te castigue.

No es necesario, ¿comprendes?

-Hola, Paco. ¿Qué hay?

¿Dónde te habías metido? -Ultimando el trato.

Vengo de cobrar la mitad.

Durán tiene muchos defectos, pero es un buen tipo.

¿Quién es Durán? -El promotor.

Ya, ya.

-Le di lástima y no me gusta dar lástima.

¿Prefieres que te deje por si quieres descansar?

-¿Descansar, para qué?

Es el combate más fácil de mi vida.

Lo tengo perdido hace mucho tiempo.

Vámonos por ahí, no quiero quedarme solo en la habitación.

Me da por pensar y no quiero pensar.

De acuerdo.

-Me dijo que lo aguantara, que no hiciera más que eso.

¿Sabrás hacerlo? -No es difícil.

Nunca lo has hecho.

-No, nunca.

Si veo que la cosa no va cómoda me dejaré caer como un fardo.

Te va a amargar por mucho tiempo.

-Ya me está amargando.

Pues no lo hagas.

-Mira, Paco, el combate está resuelto.

Es la eterna historia,

el joven que empieza con toda la carrera por delante

y el viejo que termina y le sirve de trampolín.

Van a borrar mi nombre para siempre.

Sube a pelear. -Estoy acabado.

Pero no puedes terminar así.

-Óyeme, ¿si subiera a pelear de verdad sabes lo que pasaría?

No, Paco, no me salva ni un milagro.

¿Sabes en dónde peleé por primera vez como profesional?

Aquí.

¿Sabes quién me firmó la pelea?

Durán.

También yo empecé con un viejo que estaba acabado.

Todavía veo su cara.

Es como si me mirase en un espejo.

Luis Medina.

-¿Te acuerdas de él? Sí.

-Fue un combate.

-Esto sólo tú y yo lo sabemos.

Si algún día se enterasen mis hijos...

Te dejas comprar por ellos, ¿no es eso?

-Necesito el dinero, y además es mi último combate.

Buen final para un campeón...

-¿Y qué puedo hacer?

Lo que has hecho siempre, pelear.

-¿Por quién? Por ti mismo.

Todo en regla, vámonos a la fundición.

-¿Para qué tan pronto? No cargarán hasta mañana.

Mejor será dejarlo allí. -Bueno.

Voy a llamar por teléfono.

Ahora vengo. -Te espero.

Teléfono.

-¿Diga? Soy Paco, ¿cómo estás?

-Bien, lo he decidido...

voy a pelear.

Hola, Pepe. -Hola.

Gírale esto a mi madre,

ella y los chavales lo están esperando.

Yo iré a la playa. ¿Por qué te vas a la playa?

Es lo que hice hace años cuando peleé aquí por primera vez.

Me trajo suerte y quiero repetirlo.

Así me gusta, campeón.

-Te prometo que subiré al ring con la misma ilusión que entonces,

aunque me cueste caro.

Otro favor, Paco, cuando me hagas ese encargo

pásate por el gimnasio y échale un vistazo a Valdés.

Quiero saber si es tan bueno como dicen.

Bien.

-Izquierda, izquierda.

Derecha.

Cintura, cintura.

Para, para, seguís vos solo.

Buen negocio hizo usted, señor Durán.

El pibe está fenómeno, fenómeno.

-Como el pobre Biosca no se tire a tiempo le mata.

-Se tirará, es su bien.

-Vamos, uno, dos.

-Izquierda, izquierda, cintura.

A ver ese gancho.

-¿Qué, es tan bueno como dicen?

No sé.

-Vamos, Paco, déjate de gaitas y dime la verdad.

Sólo le vi hacer guantes un momento.

Pepe, yo creo que no debiste aceptar este combate.

-Ya, entendido, es bueno de verdad.

No tanto, sólo pega fuerte con la derecha.

-Ya, sólo puedo atacar una vez.

Y tiene que ser la buena, ¿verdad?

Sí.

-Vamos, Paco, no te preocupes.

Esperaré el momento y si hay suerte...

Tiene que haberla.

-Si la sé buscar.

¿Quieres salir conmigo de segundo?

Claro, ya sabes que yo siempre quiero estar a tu lado.

-Entonces vámonos, necesito descansar.

¿Cómo te encuentras? -Casi en forma.

Alboroto de público.

-Valdés se lanza resueltamente al ataque.

Biosca, que tiene más experiencia, seguramente sabrá compensar

el ímpetu del novel.

Pero me está pareciendo que no va a ser así.

Biosca acaba de recibir una lluvia de golpes.

Estamos viendo el nacimiento de una nueva estrella.

Se trata de Tony Valdés que está acorralando a su contrario

el veterano José Biosca.

Sale de las cuerdas, Tony le persigue.

Le llega con la izquierda.

Sin juego de piernas Biosca se desplaza torpemente.

Ha fintado, Tony le busca el hígado.

Le tiene acorralado. Insiste Tony.

No le da un momento de respiro, le está poniendo en mala situación.

Esto se va a acabar, esta pelea no será larga, señores.

Está rápido todavía Biosca. Valdés le golpea con ambos puños.

Biosca se cubre como puede tratando de evitar golpes.

Biosca se tambalea. El árbitro los separa.

Valdés vuelve a atacar: uno, dos, uno, dos.

Golpes con ambos puños a la cara y el cuerpo de Biosca

que intenta defenderse atacando a su vez

pero alocada y desordenadamente.

Valdés sigue pegando y Biosca se agarra.

El árbitro los separa.

Y Valdés vuelve a tomar la iniciativa.

Se resiste al fuera de combate.

Vuelven a enredarse.

Campana.

Y ahora es cuando toca la campana.

Suena la campana dando por finalizado este asalto,

con gran ventaja en la puntuación para Valdés.

Gritos y vítores.

Indudablemente Biosca se encuentra muy fatigado.

-Seguid, seguid así, pibe, que va bien, va perfectamente.

Seguid pegando, verás como se cae.

-Tenemos que decir a ustedes, señoras y señores oyentes,

que el combate de hoy no tiene gran historia,

sino simplemente el final de un campeón

y el nacimiento de una nueva estrella.

Se trata de Tony Valdés, que está atacando

con la derecha y con la izquierda a su oponente.

Cuidado, estás cansado.

-Segundos fuera.

-¡Vamos, Valdés, vamos!

-¡Biosca, dale!

-Segundo asalto.

Asalto número dos.

-Y empieza el segundo asalto.

Valdés ha salido atacando en tromba y quiere terminar

el combate cuanto antes por la decisión del k.o.

Gritos y vítores.

Gritos y vítores.

-Biosca está recibiendo

una serie rapidísima en ambos flancos.

Valdés lo tiene acorralado en las cuerdas

y Biosca no ve la forma de salir de ellas.

Se agarra para evitar el castigo.

El árbitro los separa.

Vuelve Valdés a la carga con fuerza y golpes

dirigidos ahora a la cara de Biosca.

¡Un, dos, un, dos!

Le ha colocado con fuerza la izquierda en el hígado.

Biosca se agarra de nuevo. El árbitro vuelve a separar.

Los golpes de Tony Valdés le están haciendo mucho daño.

Vuelve a atacar Valdés, ahora con golpes al cuerpo

y Biosca no ve la manera de quitarse de encima

la implacable lluvia de jabs y ganchos en corto

que está recibiendo.

José Biosca, que precisamente no es el púgil que habíamos visto

anteriormente, ya por completo acabado está ahora realizando

un boxeo pobrísimo con movimientos toscos.

Y Tony Valdés está castigando su ya malparado cuerpo,

porque vemos cómo sangra

e incluso se defiende ahora en las cuerdas.

Una y otra vez ataca Tony con golpes de derecha e izquierda.

Biosca se agarra tratando en vano de eludir lo que ya parece

una decisión implacable, con la esperanza sin duda

de llegar en pie al final de este asalto.

Valdés inicia una nueva serie.

Biosca vuelve a agarrarse y suena la campana.

Mantente a distancia, métele la izquierda.

Pero mantente a distancia, como tú sabes.

-Segundos fuera.

-¡Vamos, vamos, a por él!

-Voy a por él, Paco, ahora vengo.

-Tercer asalto.

Asalto número tres.

-Y comienza el tercer asalto con las mismas características

que los dos anteriores, Biosca cubriéndose y agarrándose

y Valdés pegando con la misma tranquilidad

que si estuviera haciendo saco.

Han entrado en clinch.

Y roto este Valdés golpea con ambos puños la cara de Biosca,

que trata desesperadamente de cubrirse el punto fatal del k.o.

con los guantes.

¿Eh, qué es esto?

¡Pero ahora hay una reacción formidable de José Biosca

que está acorralando a Tony Valdés!

¡Uno, dos, uno, dos!

¡Le golpea incesantemente con los dos puños!

-¡Hala, Biosca, a por él!

-¡Qué pelea, señores!

¡Le ha clavado la izquierda en el hígado,

Valdés se ha derrumbado como un saco!

¡Y ahora, señoras y señores, intentamos comprender

esta formidable reacción, ha caído sobre la lona Tony Valdés

con un perfecto izquierdazo que parece buen golpe!

¡Parece fuera de combate!

-Tres, cuatro, cinco, seis...

siete,

ocho,

nueve,

diez.

¡K.o.!

Vítores y aplausos.

¡Pepe, hemos ganado, Pepe!

-¡No veo, no veo!

¡No veo!

¡Un médico, pronto!

Pepe. -No veo.

Lo siento, Pepe, yo tuve la culpa.

-Qué dices, esto no es nada. ¿Verdad, doctor?

-Nada importante, hombre.

-Ya no siento la vergüenza de antes.

¿Lo hice bien? -Una gran pelea, campeón.

-¿Viste cómo le dejé entrar hasta que le metí la izquierda?

¿Ese es tu buen final?

Sí, campeón.

-De no haber sido por ti...

Ah, otro favor, coge las llaves del coche y llévate al mecánico

para que lo arregle.

Bien.

-En cuanto esté en Madrid te llamo, quiero hablar contigo.

-Adiós, campeón. -¿Qué, ya te gusta el boxeo?

-Ayer si me gustó, y mucho. Hasta pronto.

-Que tengáis buen viaje. -Gracias.

Adiós, Pepe.

-Paco, un momento.

¿Qué quieres?

-¿Es verdad que no tengo nada?

¿No me estáis engañando?

No, Pepe, no, nadie te engaña.

-¿Es así como tenía que terminar?

Sí, campeón, así era.

-Vete, ya sé que tienes prisa.

Hablaremos en Madrid.

Doctor, ¿seguro que se pondrá bien?

-Seguro, es una lesión sin importancia.

Enseguida se podrá marchar.

Vayan tranquilos, no hay ningún peligro.

Gracias.

-Gracias. -Adiós.

-Adiós, doctor. Adiós.

-Tenías razón, qué gran tipo, cómo le aguantó hasta acertarle.

Ahora tendrá todas las peleas que quiera.

No quiere ninguna más. -No digas cosas raras.

Puede pelear con quien le dé la gana.

Puede cambiar de coche, que buena falta le hace.

¿Y dónde cogemos al mecánico?

En cualquier taller de la salida.

-Alegra esa cara, diría que te molesta que haya ganado.

Me dio pena verle en la clínica, se le amargó el triunfo.

-Estaba contento. Sí, pero...

-Hiciste una pelea formidable, una de tus mejores peleas.

Yo creía que...

Bueno, todos creíamos que estabas acabado.

Me di cuenta en el segundo asalto

cuando Valdés empezó a levantar demasiado la guardia.

-Entonces vi el combate.

Sí, entonces vi que era mío.

-Me alegro de veras que nos hayas derrotado.

-El muchacho puede ser una gran boxeador.

-Sí, ya lo sé.

-En realidad debió ganarme.

-Bah, no puede contigo.

Quiere la revancha, ¿sabes? -Me lo imaginaba.

-Pero tengo para ti mejores cosas.

-No, no subiré más a un ring.

-No seas loco.

Te quedan muchos combates por ganar.

-Ayer fue el último.

-Aún estás en forma.

El médico me ha dicho que mañana volverás a tu casa.

Debes seguir, no hay ninguna que pueda contigo.

-No, el de ayer fue mi último combate.

Me costó mucho ganarlo.

Y lo gané porque era el último, ¿comprendes?

-Sí, campeón, te comprendo.

-Sigue con Valdés, tiene un futuro, te dará dinero.

-No sólo busco el dinero y tú lo sabes.

-También te dará victorias.

-Piénsalo bien, José.

-Ya lo he pensado.

Ayer gané mi último combate.

Ahora a luchar fuera del ring.

-¿Puedo hacer algo por ti?

-Sí, tráeme los guantes y un frasco de linimento.

-¿Linimento?

-Es que no aguanto el olor de los hospitales.

Oye, ¿quieres que te echemos una mano?

-No, me las puedo arreglar solo. Buen viaje.

-Y trátalo bien, ahí donde lo ves es el coche de un campeón.

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Los camioneros - La izquierda de un campeón solitario

10 dic 1973

Paco encuentra en la carretera a un viejo amigo, un boxeador excampeón de Europa ya en decadencia.

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