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1600808
No recomendado para menores de 7 años La Señora - Capítulo 12 -  Los accidentes en la mina arrecian mientras Gonzalo y Victoria preparan su boda - ver ahora
Transcripción completa

Queda claro que estas capitulaciones...

...consagran la separación absoluta de los bienes entre doña Victoria...

...y don Gonzalo, futuros contrayentes.

En una situación así,...

...lo normal es que exista una dote para compensar al marido.

Sí, yo... Renuncio a la dote.

Bien.

Entonces, firmen, por favor.

Sí.

Subtitulado por TVE.

¿Qué es este desorden? Estas sillas no pueden amontonarse.

En la pared, rápido. Venga, no tenemos todo el día.

¿Y estos regalos qué hacen aquí? No sé cómo decirlo.

-Otro regalo. -A ver qué es esta vez.

A ver, rápido.

-Mira.

Es bonito, ¿no?

-Bueno, Victoria no se fijará nunca en ella.

Da igual. No he visto novia que aprecie menos los regalos.

Parece que la boda no va con ella.

-A ver si no está segura.

-No lo digas ni en broma.

-Yo estoy seguro. -¡Justo, por Dios!

Nos pueden ver.

-Todos saben lo que hay.

Somos novios.

-Pero estamos trabajando.

-Qué se case ya la niña.

-Esta casa no será la misma.

-Es ley de vida, mujer.

-Ese palacio es tan frío...

Yo sé que Victoria no estará a gusto allí.

-No hagas un drama, vendrá a menudo.

Y no estará sola.

-No, con la hermana de la marquesa.

-Y con su marido. El marido está para que la mujer no se quede sola.

-Sra. Vicenta, el Srto. Pablo está llegando.

-Pablo.

Dese la vuelta, por favor.

Claxon

Pablo.

Pero bueno.

Solo es un momento, es mi hermano.

Así no vamos a terminar nunca.

¿Qué tal por aquí? -Muy bien.

-Estás muy delgado. ¿Te has cortado el pelo?

-Qué gusto volver a casa, la verdad.

Pablo.

Victoria.

¿Qué haces vestida así? La toile del vestido de novia.

Pues estás guapísima.

Tú sí que estás guapo.

Sabemos los detalles de tu experiencia por esas tierras.

Fue muy revelador.

Ese pueblo te estará siempre agradecido.

No sé quién debe estarlo más, yo a ellos.

Ángel te hemos hecho venir porque necesitamos tu ayuda.

¿En qué puede serle útil este humilde servidor?

Tú vienes de abajo.

Eres hijo y hermano de mineros.

Nadie mejor que tú conoce todas las penas.

Y no nos pasan desapercibidos los problemas.

Ni al obispo ni al Santo Padre.

Conocerás la encíclica del Pontífice sobre la situación de los obreros.

"Rerum novaroum".

"Las cosas nuevas".

Los tiempos nuevos.

Le preocupa que estalle el conflicto entre patronos y obreros.

Y aún hay más, hijo.

Le preocupa que la riqueza esté en manos de unos pocos...

...y que la pobreza sea para la mayoría.

Esto hace que los obreros enfrenten sus fuerzas.

Y la moral se relaja.

Y que la Iglesia se quede fuera.

Nos preocupa que ese socialismo no crea en la propiedad privada.

Y esto hace que anule precisamente el orden establecido.

Las revueltas nunca han sido buenas para nosotros.

Los obreros también tienen razón en sus quejas.

Hay que estar al lado del débil.

Perdón, señor, no entiendo qué papel juego yo en todo esto.

Un papel fundamental.

Después de lo que hiciste en ese pueblo perdido de la mano de Dios,...

...todos confían en ti.

Has llevado orden donde no había. Era mi deber.

Ahora tu deber son estos obreros.

Anda, vete a casa.

Estarás deseando ver a tu familia.

Padre...

El obispo quería oficiar la ceremonia un mes después.

Ponía como excusa compromisos de la catedral.

La Purísima, Gonzalo.

Bueno, lo que sea.

Le dije: "Ni la Madre de Dios retrasará mi boda con Victoria".

Si me tiene que casar D. Enrique, que me case.

Muy bien.

Pero no es necesario blasfemar.

No te vas a escandalizar por algo así.

¿No?

Además, necesito tu ayuda.

Quedan muchos detalles.

Claro.

La lista de invitados.

Han confirmado todos menos los italianos.

Te libras de Bianca.

Estarás contenta. En el fondo la echo de menos.

¿Y Hugo de Viana?

Sí, ha dicho que sí.

Junto a su mujer y a su padre.

Tengo parte de su astillero. No iba a faltar.

Huguito de Viana casado con esa chismosa de Isabel.

El destino nos depara lo que nos merecemos.

El destino contigo ha sido generoso.

Sí, no me puedo quejar.

Que Hugo ocupe un lugar preferente en la ceremonia.

Que no se pierda ni un detalle.

Descuida.

Habrás preparado tu vestido.

Eres la madrina y todos te mirarán.

No es apropiado, por Irene.

Eres mi única familia.

Vale.

¿Qué ocurre? -Un recado de la mina.

¡Maldita sea!

Lo digo en serio, la situación en la mina es preocupante.

El acuerdo con el estado italiano será fructífero a la larga.

El ferrocarril... Es un proyecto a la larga.

Vinculado a la política.

No sé si has pensado que las cosas no están tranquilas.

¿Crees que no lo sé?

Ha llegado el momento del cambio.

Ahora.

No te hablo de política.

Hablo de negocios.

Te casas con una persona que sabe que ambas cosas van unidas aquí.

Pensé que habías aprendido de él.

Papá siempre mantuvo separados sus intereses de la política.

Y yo haré lo mismo.

Tu padre tuvo que asociarse con él, con tu futuro marido.

Si vas a jugar a ser patrona, deberías jugar con todas las armas.

Aquí no hay término medio.

Antes no pensabas así. Tengamos la fiesta en paz.

Vengo para llevarte al altar y disfrutar de tu boda.

Y lo estropeas con los negocios.

Si te comportas así, no te enseño lo que te traigo.

Pablo.

No, ya me has enfadado.

Se lo daré a otra. No.

A Encarna.

No.

No.

Buenos días, Encarna.

Buenos días.

Demasiada tripa para los meses que tienes.

Otra boca que alimentar.

Gracias.

Yo solo digo lo que hay.

¿O creías que iba a ser fácil tener un hijo...

...sin un padre?

Puedo hacerlo.

Escúchame, Encarna.

La gente no pasa por alto esto.

Es que no me importa lo que diga la gente.

Ya lo sé. Pero ¿a tu hijo?

¿Qué sentirás...

...cuando lo señalen y se lo quieran hacer pagar?

Sería más fácil si el padre de la criatura estuviera al tanto.

Una de las chicas de la casa Márquez dijo que el señorito había vuelto.

¿No se lo piensas decir?

Espero que no le vayas con el cuento.

¿Por qué no?

Él es el padre.

Tiene derecho a saberlo.

Eso si fuera el padre.

¿Y quién si no?

No es el único hombre con el que he estado.

¿No te habrás acostado con el muerto de hambre del médico?

Mira...

Eres más torpe de lo que yo pensaba.

¡Virgen Santísima!

Bueno, ya está bien.

Ya está bien de exagerar la nota.

Esa jaula ha pillado a unos mineros. Un accidente.

Afortunadamente, todos pueden contarlo.

-¿Tienen que morir para que sea serio?

-No he dicho eso. -Eso parece.

Tienen que arreglar el elevador.

-¿Y quién va a pagarlo, usted?

-Lo tendrá que pagar su jefe.

Se beneficia de estos hombres pagándoles un salario vergonzoso.

Y les niega el día de descanso. -Lo que faltaba.

Aguantamos a esos vagos y el médico nos lee la cartilla.

¿Ah, sí?

Señor marqués.

Le agradezco que haya venido.

Pero el asunto ha quedado en nada. Alonso.

Dale este dinero a los heridos.

Que compren algo a sus mujeres.

Puede irse. Le supongo ocupado, no se entretenga por una tontería.

-La verdad es que no.

Los problemas de esta mina no se arreglan con limosna.

Señor marqués, ese elevador no para de darnos problemas.

Deberíamos cambiar el motor.

¿Estás de broma?

Ahora no podemos asumir ese gasto.

Los mineros trabajan a destajo. Y ya protestan.

¿Se han reunido?

No.

Aún no, pero no creo que tarden en hacerlo.

Ahora ese medicucho habla por ellos.

Lo que nos rodea no ayuda.

Los trabajadores de los astilleros piden mejoras.

¡Maldita sea!

¿No nos van a dejar vivir en paz?

Alonso, dales un día libre para celebrar mi compromiso con Victoria.

Ella es la propietaria de la mina.

Buena idea, señor. Eso calmará los ánimos.

Eso espero. Unos muertos de hambre no van a comprometer mis negocios.

Ni mi boda.

Hijo mío.

Madre. ¡Hijo de mi vida!

Venga, madre, que estoy entero.

Sí, hijo, sí.

¡Ay, hijo!

Cuando don Enrique nos leía las cartas...

...en las que contabas lo que habías pasado, casi me muero del susto.

Esos hombres podían haberte matado.

Pero todo fue bien, esa gente ahora es libre.

-Ese cura del demonio dijo que casi te matan.

Ya ves que no.

Supongo que todo está dispuesto.

Sí, contraté servicio para la celebración.

Tiene que ser perfecto. No repare en gastos.

Aquí nunca lo hemos hecho.

Gonzalo.

Mi futura esposa.

¿Se quedará mucho, don Gonzalo?

Por favor, no seas descortés.

Disculpa, Victoria.

Pero no es correcto visitar a la novia cuando queda poco para la boda.

¿Es eso?

Qué antigua eres.

No, Vicenta tiene razón.

No tardaré.

Esta es mi última visita.

Muy bien.

Con su permiso.

Gracias.

Siéntate.

Me parece...

...que no le caigo bien.

No, es que está nerviosa con los preparativos.

Y acaba de llegar Pablo.

¿Ah, sí? Sí.

¿Dónde está?

Ya le conoces.

Tenía muchas cosas que hacer y ha desaparecido.

No sé.

Le he notado un poco cambiado.

No sé si le ha venido bien el viaje a Italia.

¿No crees que exageras?

Bueno...

Le he hablado de la situación de la mina y no me ha prestado atención.

Estoy preocupada.

¿Has visto los números?

Acabáramos.

Y yo pensaba que estabas así por la boda.

Sé que has estado en la mina.

Y ha habido otro accidente, otro más.

No me extraña que tu hermano no te hiciera caso. Resulta decepcionante.

¿El qué?

Dicen que nada es comparable a la ilusión de una novia.

Y a ti te preocupan más los negocios que tu boda.

Escúchame, Victoria.

Necesito saber que estás segura.

Porque, si no es así, deberías ser sincera conmigo.

Si me vas a romper el corazón, hazlo cuanto antes.

Claro que estoy segura.

Y me quiero casar contigo.

Estoy seguro de que sabrás ser una gran marquesa.

Seguro.

Tu parte.

-Qué bien, he visto un sombrero que me ha robado el corazón.

-Mientras sea un sombrero, no hay problema.

No pensé que esto de las películas iba a ser un negocio tan ventajoso.

-Desde que hicimos el trato con el Sr. Revuelta, no para de venir.

-¿Hicimos?

-Quiero decir que todas estamos en el mismo saco.

-Pensé que te había quedado claro.

No olvides que esta es mi casa y que yo dirijo el negocio.

Yo le proporciono al Sr. Revuelta las chicas.

Y tú haces tu numerito.

Yo soy la única socia.

-No quería dar la sensación... -Pues es la sensación que has dado.

Puerta

Adelante.

-¿Quería verme?

-Sí, Salvador, pasa. Quiero hablar contigo.

Ya sabes.

No gastes todo, la prisa no es buena.

-Usted dirá.

-¿Cuánto tiempo llevas trabajando para mí?

-Va para cuatro meses. ¿Por qué?

¿Tiene quejas?

-No, al contrario.

Haces un buen trabajo.

Y las chicas están más tranquilas, se sienten protegidas.

-¿Entonces?

-Te voy a ser sincera. Te he estado observando.

Y he procurado que la voz se corriera.

Sé lo pequeña que es esta ciudad.

Y un comentario, en el lugar oportuno, se hace grande.

Una mentira se convierte en verdad. -¿Qué comentario?

-Que el marqués te puso una trampa haciéndote aparecer...

...ante tus compañeros como un traidor.

Y tú querías matar a ese cerdo.

El mismo que te condenó a ese penal en que ahora te pudres.

Tenías más de un motivo para desear la muerte de Gonzalo.

Tú y yo tenemos el mismo enemigo.

Por eso sé que vas a ayudarme.

Quieren utilizarme para mediar con los mineros.

Entiendo.

Y para hacerlo tendrás todo el poder de la Iglesia.

Has llegado donde nunca soñé llegar.

¿Cree que eso me importa, padre?

Tu experiencia habla por ti.

Eres una herramienta en manos de Nuestro Señor.

Solo hice lo que debía, no buscaba reconocimiento de ningún tipo.

Ángel, te fuiste buscando respuestas,...

...atormentado por el pecado que habías cometido.

Y allí viste la luz.

Sí, padre.

Encontraste el camino.

Igual que ella.

Se casa con el marqués de Castro.

¿Te das cuenta de cómo es la voluntad de Dios?

Hijo mío, ahora las cosas son como deben ser.

¿Qué tal, hombre casado?

-Bien.

-¿Qué te pasa?

-Nada, me has asustado. -Ya.

Ni cuando fuiste a Marruecos tenías esa cara.

¿Pasa algo con Isabelita?

-No.

Pasa con mi padre.

-Ya, tuvo que ceder ante vuestros trabajadores.

-No quiso enfrentarse.

-¿Y tú sí?

-¿No has leído los periódicos?

Aquí hace falta mano dura.

Como en el resto de España. Mira.

Mira la prensa.

Altercados todos los días.

-Es verdad.

-Si a los obreros no se les trata con firmeza, se crecen.

Y hacen la revolución, como en Rusia. -No hagáis caso a todo.

Esos periodistas no son de fiar.

-D. Germán, Ud. por aquí.

Le hacía en Londres.

-Pues he vuelto. Vengo a la boda de Victoria.

-Por cierto, Hugo,...

...te felicito por la tuya.

Tu padre te haría llegar mi felicitación.

-Sí, por supuesto.

-Supongo que eres feliz. Lo mejor es tener a la mujer que se quiere.

No es que lo diga yo. Fíjate la alarma que hay en Madrid.

Se ha extendido por todo el país.

Y se ha convertido en un asunto de estado.

-Sí, pero no tenía más salida que la negociación.

¿Iba a parar los astilleros?

-Pablo, qué agradable sorpresa.

-Señores.

-Vaya.

Tu viaje a Italia te ha ayudado para renovar tu vestuario.

-A lo mejor no solo el vestuario.

-¿Por qué lo dices?

-Tu hermana me contó que te han impresionado el Duce y sus fascistas.

-Pues sí.

Me parece un movimiento absolutamente renovador.

En mi opinión, es el futuro.

-Bueno, según mis colegas del periódico,...

-Me temo que tus colegas no tienen ni talento ni formación...

...para entender las ideas de Mussolini.

-Vaya.

Parece que tu experiencia en Italia te ha hecho cambiar.

Y mucho.

-Afortunadamente, Germán.

-¿Por qué no tomamos algo?

Charlemos de esa magnífica boda.

-Si me disculpan...

-Bueno, con qué aires ha venido el señorito Márquez.

Y con esa facha.

-Al menos él no vende su herencia para malgastarla en vino y mujeres.

Hazme el favor de comportarte.

Vuelve a casa.

Procura que la insufrible de tu mujer no se pelee con las criadas.

O te juro que os pongo en la calle.

-Bueno. -Ni se te ocurra.

Tú haz lo que te digo y chitón.

Voy.

Pablo.

Hola, Encarna.

Me dijeron que habías vuelto.

He llegado hoy mismo.

No sabía si venir.

¿Por qué no ibas a hacerlo?

Al fin y al cabo, todo esto es tuyo.

Al final todo se complicó más de la cuenta.

No sabía qué decirte...

No te he pedido explicaciones.

Dale con fuerza. Sigue con las copas y con las jarras.

Faltan cubiertos. ¿Qué hemos hecho con los cubiertos?

¿Qué te pasa?

-No, nada,...

...que vengo del mercado.

-Eso ya lo veo.

¿Y?

-Pues que las mujeres estaban hablando.

-¡Qué novedad!

-Hablaban de lo contento que está D. Enrique.

-¿Qué le pasa a don Enrique?

Adelina.

¿Me lo vas a contar?

-Está muy contento porque ha vuelto ese chico.

-¿Qué chico?

-¿Qué chico va a ser?

Sabes de sobra de quién te hablo, el cura.

Todavía nos va a estropear la boda, ya verás.

¿Te gustan?

Sí.

Mucho.

Con todo el follón, ni me había parado a mirar.

Es verdad.

No te habías parado a mirar.

¿Y don Gonzalo se fue?

Sí, ahora te lo iba a decir.

¿Estás bien?

Muy bien.

Me voy a mi habitación.

Pero me avisas si llega Pablo.

Es que me pongo de tonta...

...con esto de los regalos...

(ALICIA) "Yo haré que tus compañeros vuelvan a confiar en ti".

"A cambio, quiero que me garantices que paralizarán la mina".

"Esta vez sí, Salvador, esta vez todo será distinto".

"Confía en mí".

Perdona, esas ahí no. Al jardín, por favor.

A ver.

Listo.

Ya lo tengo todo preparado.

¡Qué bien!

¡Ludi!

¡Ludi!

-Está fuera con el servicio contratado, da instrucciones.

-Lo que nos faltaba. Ludi haciendo de jefa.

Pero bueno.

¡Qué guapo se nos ha puesto nuestro Justo!

-¿Tú crees?

Me está pequeño.

-Qué va, vas a ir elegantísimo a la boda. Y te ve Vicenta.

-No empieces, Adelina.

-¿Digo alguna mentira?

-Me está pequeño. -Qué va.

¡Qué guapa estás!

-¿Habéis visto a Victoria? -No.

-No.

Creía que la ayudabas con el traje.

-No la encuentro.

-No te alarmes. ¿Has mirado en el jardín?

-Que sí, Justo, he mirado en el jardín.

¡Ay, Dios mío, si ya lo sabía yo!

Sabía que estarías aquí.

Es que me ahogaba en casa.

Necesitaba respirar.

Como siempre.

Claro, como siempre.

Es que hay cosas que no cambian nunca, por mucho que queramos.

No deberías haber venido.

¿Por qué?

Porque es el día de tu boda.

¿Lo sabías?

Todo el mundo sabe que vas a ser la nueva marquesa.

Sí.

¿Y estás segura de lo que haces?

No está en el jardín.

-¿No dejó una nota? -No.

-Habrá ido al cementerio antes de la boda.

-No está en el cementerio. -¿Cómo lo sabes?

-Porque ese chico, ese maldito sacerdote, ha vuelto.

-¿Ángel?

-Sí, Ángel, Ángel.

Todo vuelve a empezar. ¡El día de la boda!

-No lo sabemos, no saques las cosas de madre.

-Seguro, por estas que la niña está con él.

-Señora Vicenta.

-Buenos días.

-Buenos días, no la esperaba.

-Vengo a ayudar a la novia. Vamos a ser cuñadas.

-Claro.

-No le diré a Gonzalo nada del traje, trae mala suerte.

¿Y la novia?

Lo que pasó entre nosotros...

Ángel.

No me tienes que explicar nada.

Lo que pasó entre nosotros no debería haber pasado.

Tú eres sacerdote y perteneces a Dios.

Y eso es maravilloso.

Yo, dentro de poco, voy a ser una mujer casada.

Y pertenecerás a tu marido.

Sabes que eso nunca será así.

Pero, si no olvidamos lo que pasó, no podremos estar en paz.

Yo ya estoy en paz.

Pues pídele a tu Dios que me ayude a encontrar la forma de olvidarte.

Padre.

Gracias, Vicenta.

-Señora. -¿Qué pasa?

-Me preguntan si habrá boda.

-Claro que sí.

-Pero la señorita no está. -Ludi.

Pon orden, no quiero que alguna vaya con el cuento.

-Sí. -Y no corras.

Tranquila.

-Nada, no está por ninguna parte.

-Baja la voz, la Srta. Catalina está en el salón.

¿Dónde estará?

-Aún faltan sitios por buscar.

-¿Qué pasa?

¿Sabéis algo que yo no sepa?

-Ángel Ruiz ha vuelto.

-¿Crees que está con él?

-Podíamos ir a su casa.

-Anda, venga, vámonos.

Victoria. -Victoria, te estaba esperando.

Necesitaba aire. -Catalina ha venido a verte.

-¿Nerviosa?

Un poco. Es normal.

Voy a vestirme. -Vale.

-La peinadora te espera. Sí.

-Te acompaño. No tardo.

Vamos, Catalina.

Déjalo ya, Encarna. No cojas peso.

Estoy bien.

No te preocupes.

¿Cuándo llegan?

No tardarán mucho.

El marqués les ha dado el día libre por su boda.

¿Quiénes vienen a la reunión?

Pues no lo sé.

Ojalá que todo esto sirva para cambiar las cosas.

Déjalo ya, tienes que cuidarte más.

Voy a trabajar hasta el final.

Así no vendré corriendo cuando me ponga de parto.

Encarna.

Sabes que yo nunca te he dicho nada.

Ni te pregunto.

Pero Pablo Márquez ha vuelto. Y ha vuelto muy cambiado.

¿Por qué lo dices?

Unos meses en Italia.

Y piensa que Mussolini es lo mejor que puede pasar.

Nunca será fascista.

Sus ideas... Cambian.

Pero los apellidos no. Y Pablo es un Márquez.

Y es de una de las familias más poderosas.

¿Y por qué me lo dices?

Si se entera de que el hijo que esperas es suyo, te lo quitará.

Por eso no se lo has dicho, ¿no?

Pues no.

No lo había pensado.

Estás guapísima.

¿Le gustará a Gonzalo?

Estoy segura.

Escucha, Victoria.

Me siento muy feliz de que vayas a formar parte de nuestra familia.

Y estoy orgullosa de que hayas sido tan valiente.

¿Valiente?

Gonzalo...

...no era del agrado de tu padre, desconfiaba de él.

Ya ves que sin motivo.

Gonzalo ha demostrado mucho a esta familia.

Y ahora mucho más.

Va a ser tu esposo.

Espero que tu nuevo hogar sea de tu agrado.

Cuenta siempre conmigo.

Gracias.

Para mí es un placer.

Si me disculpas,...

...me tengo que ir.

Gonzalo me espera.

Bueno, vete ya.

Qué guapa estás.

Mi niña.

No te pongas a llorar.

No, claro que no.

Campanadas

¿Lo ves, Catalina? Nos han abierto la capilla del Santísimo.

¡Sh!

-Por fin llegó el momento que nadie podría esperar.

-Nunca creí que Victoria fuera tan incrédula.

-O tan ambiciosa, según se mire.

-No entiendo por qué nos han sentado tan cerca.

-Porque el marqués te aprecia. -Claro.

-La capilla no está mal.

Pero en nuestra boda estaba todo más coqueto.

Por no hablar del vestido de novia, seguro que es un horror.

-Por favor.

-El traje era un horror, ¿eh?

-Queridos hermanos...

"Venís a que Dios garantice con su sello vuestro amor...

...ante el pueblo de Dios aquí congregado...

...y presidido por sus ministros".

Un día fuisteis consagrados en el bautismo.

Hoy, con un nuevo sacramento,...

...Dios va a bendecir vuestro amor.

Os enriquecerá y os dará fuerza...

...para que os guardéis mutua fidelidad.

Y para que cumpláis vuestra misión de tener hijos.

Los hijos, sangre de vuestra sangre,...

...una nueva sangre,...

...os llenará la vida de dicha y gozo.

Creo que aún podemos negociar.

-¿Qué más queréis negociar?

¿Que la próxima vez en vez de heridos haya muertos?

Tiene razón.

Mirad a los de los astilleros.

-Pero allí no está el marqués.

-¿Tenéis miedo al marqués?

El marqués impone el miedo.

Sabe que os tiene cogidos y que no haréis nada.

-Lo perderemos todo si nos enfrentamos a él.

-¿Y qué tenéis?

Yo os lo diré.

Jornadas inacabables por una miseria.

Os pagan al peso.

Eso ya no lo hace nadie.

-¿Por qué escucharte? Trabajaste en su casa. ¿Y si esto es una trampa?

¿En qué cabeza cabe que Salvador pudiera traicionarnos?, por favor.

Si alguien sabe hasta dónde llegaría el marqués, es él.

¿Qué proponéis?

-Solo hay un camino.

-Parar la mina.

Lo tendréis cogido por el cuello.

Parad la mina.

Ya que queréis contraer santo matrimonio,...

...unid vuestras manos.

Y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia.

Tú, Gonzalo López,...

...marqués de Castro,...

...¿recibes a Victoria Márquez como esposa?

¿Prometes ser fiel en la alegría y en la pena,...

...en la salud y en la enfermedad,...

...y amarla y respetarla todos los días de tu vida?

Sí quiero.

Y tú, Victoria Márquez,...

...¿quieres a Gonzalo López,...

...marqués de Castro, como esposo?

¿Prometes serle fiel en la alegría y en la pena,...

...en la salud y en la enfermedad, amarle...

...y respetarle todos los días de tu vida?

Sí quiero.

El Señor, que hizo nacer entre vosotros el amor,...

...confirme este consentimiento.

Lo que Dios ha unido,...

...que no lo separe el hombre.

En el nombre del Padre,...

...del Hijo,...

...del Espíritu Santo,...

...amén.

Campanadas

Qué guapa has venido.

Tú más. Tú eres la más linda.

¡Qué susto!

¿Quién pensabas que era?

Nadie, qué tontería.

Déjame ayudarte.

Tú sola no podrás.

Veo que habéis tenido visita.

Alejandro.

A veces, juega aquí al dominó con unos amigos.

Vaya.

No hacía yo a ese médico aficionado al juego.

Pues ya ves.

¿Y tú qué haces aquí?

¿No era la boda de tu hermana?

Sí, ya ha terminado.

Y ahora tengo que volver.

Encarna.

Tengo que preguntarte algo muy importante.

Tú dirás.

Es acerca de ese hijo que esperas.

Necesito saber si es mío.

Antes de que me fuera, pasó algo entre nosotros.

Y cabe la posibilidad.

Necesito saberlo.

-No hay nada que saber, Sr. Márquez.

Porque el hijo que espera Encarna es mío.

-Pero...

¿Os habéis casado?

-Todo a su tiempo, la vida real no es tan fácil como la de vuestra clase.

Todo a su tiempo.

-Si me disculpáis...

¡Virgen Santísima!

Cómo han comido esos condenados. Y eso que son ricos y no les falta.

-Y se ponen pesados.

Que si chica por aquí... Mi estola, mi gabán.

Estoy hecha polvo.

-Venga, no te quejes, te he guardado algo que te gusta.

Ya verás.

Mira.

-Trufas.

-Venga, coge una. Venga.

Venga.

¡Qué gusto!

-Es lo mejor del mundo.

-¡Qué gusto!

-¿Qué os pasa?

-Nada, que nos estamos dando un gusto al cuerpo.

Hoy hemos trabajado bastante.

-¿Cómo que un gusto?

-Coge una.

Venga.

-No, yo nunca tomo chocolate.

-Pues de vez en cuando deberías.

Coge una, no seas siesa.

Venga.

-Qué rico.

-Esto tiene que ser lo más parecido a la noche de bodas.

¿Por qué me miráis así?

-Por nada.

Igualito, igualito.

¿Verdad, Vicenta?

Que os lo paséis muy bien. Y abrigaos, en Suiza hace frío.

Descuida. Y tú descansa, querida.

Sí, iré un par de días a Deauville. Un balneario te vendrá bien.

Seguro.

Llegáis tarde. El sombrero.

Adiós, Catalina. Adiós.

"Señor Smith,...

...espero que esta carta llegue a su debido tiempo".

"Mi llegada a Porst-Mouth está prevista el 13 del presente mes".

"Iré directamente a su despacho...

...para tratar los asuntos relativos al accidente de mi padre".

"Atentamente, Victoria Márquez".

Buenos días. Me pareció escucharte.

¿Y Gonzalo?

Se marchó muy pronto.

¿Te pido el desayuno?

Victoria, ¿qué te pasa?

¡Ay, querida!

No te preocupes.

Será en el mes que viene.

Cuando no pienses en ello, te quedarás embaraza.

Sí.

Gracias.

Pero ¿qué haces?

¿Qué haces, Justo?

-No te importará que nos vean.

Victoria ya no vive en esta casa.

-Bueno, para mí es como si viviera.

-Sí, pero ya no vive.

-Pues yo la hecho de menos.

-El caso es que no nos vayan las cosas bien.

-¿A qué viene eso ahora? Hablamos de Victoria.

-No estamos hablando solamente de eso.

Hablamos de nosotros.

Y de lo que nos falta.

-Los hombres siempre pensando en eso.

-¿Y tú en qué piensas?

Buenos días, Juan.

Buenos días, señora.

Lo que me imaginaba, paperas.

Por eso se le ha hinchado el testículo.

-¿Se me va a quedar así toda la vida?

-Esperemos que no.

Tome una al día durantes una semana.

Si no se atrofia, no hay riesgo de esterilidad.

Tranquilo, sé lo que digo.

A mí me pasó y no me lo pillaron a tiempo.

A Ud. no le va a pasar.

Una al día.

¿Eso que le has dicho es verdad?

¿O era para tranquilizarle?

Es verdad.

Y se lo he dicho para tranquilizarle.

Eres un buen hombre.

¿Estás bien?

Sí, es lo de siempre.

Está empezando a moverse la criatura.

Espero que no se mueva mucho, me va a matar.

¿Sabré hacerlo bien?

Estoy seguro.

Eres la mujer más valiente que conozco.

Alejandro.

Encarna.

Podría ser un padre para tu hijo.

Y, si quieres,...

...un marido para ti.

Creía que a ti también te daba igual lo que pensara la gente.

Y me da igual.

Pero tú no me das igual.

Sí.

¿Sí? ¿Qué quiere decir sí?

¿Sí es...?

Que sí.

Quiero que seas el padre de mi hijo.

Y mi marido.

Cuidado. Sí.

¿Qué?

Justo no viene, ¿verdad?

-No.

Ha ido a llevar a Pablo.

-¿Se puede saber qué te pasa?

-¿A mí?

Nada.

-No, nada me pasa a mí.

Estás más tensa que un alambre.

¿Qué te preocupa?

Vicenta, ¿qué?

-Pues que no sé si voy a saber hacerlo.

-¿El qué?

-Pues desde que Justo y yo dimos el paso de una relación formal,...

...él me busca.

-¿Cómo que te busca?

¡Ah, eso!

Pero ¿cómo te busca?

-¿Cómo me va a buscar? Pues buscándome.

Todo el rato. -Ya.

Y no sé qué hacer para pararlo.

-Es que eso no se puede parar.

Él es un hombre y tú una mujer, y...

-Pues eso, él es un hombre.

Y yo no sé qué es lo que tengo que hacer.

-Ya.

Pues yo en eso poco te puedo ayudar.

De eso sé menos aún que tú.

-Nunca he tenido intimidad con un hombre.

-Ya. -Es que...

¿Y si hago algo mal?

-Toma, bebe.

Tú no te preocupes.

Él ya sabe que tú no tienes ni idea.

¿Eh?

-Es que no quiero hacer el ridículo. Ya tengo una edad.

-Ya.

Pues necesitas a alguien...

...que te lo explique bien claro.

¿Eh?

En la cocina no vas a encontrar a nadie.

¿Se puede?

¡Ay! -¡Victoria!

-¡Mi niña!

-¡Qué alegría!

¡Qué bien!

Os echo mucho de menos.

Y las comidas que me hacía mi Adelina.

¿Puedo comer sopa con vosotras? Claro.

Claro que sí. ¡Por Dios, mi niña!

Ya lo sabía yo, mucho palacio,...

...pero de comer nada.

Mira qué delgada está.

Dame el plato.

Lo cogieron entre todos los trabajadores.

Lo subieron a la chimenea de la fábrica.

Le ataron una cuerda al cuello, al otro extremo un peso, y lo tiraron.

Dicen que la muerte por ahorcamiento es más lenta.

-Quizá estaríamos más seguros si nos vamos a Madrid.

-¿A Madrid? ¿Dónde crees que estallará antes el polvorín?

Aquí tenemos a la Guardia Civil.

Si no,...

...esos no me pillarán desprevenido.

-Pero ¿estás loco?

-¿Loco?

Esto es valor, primo.

No te importa qué les ocurre a los mineros. Ese negocio es tuyo.

-Ese negocio lo lleva mi querido cuñado.

-Tu padre no aprobaría su gestión de la mina.

Creía que tú tampoco.

-Tienes razón.

Su forma de gestión se ha quedado antigua.

Es casi medieval.

Como todo en este país.

Nos preparamos para el cambio, no tardará en llegar.

Y yo no solo estaré ahí para verlo.

-¿Te refieres a la oferta política que has recibido de Madrid...

...gracias a tu cuñado?

-La misma que he rechazado.

Solo para asegurarme de que estaré al lado de los vencedores.

Es solo cuestión de esperar.

Un nuevo partido.

El orden y la modernidad para este país.

Buenos días. Buenos días.

Ha llegado de la mina. Gracias.

¿Necesitáis algo más? No, gracias.

¿Qué pasa?

¡Malditos ingleses!

Tensan la cuerda para buscar una excusa y rescindir los contratos.

¿Por qué?

El gobierno inglés protege sus empresas.

Y reduce los impuestos de quienes las utilizan.

Pero podemos encontrar una solución.

Habrá que reducir costes.

¿Más?

O despedir al 20% de la plantilla, ¿qué prefieres?

Vamos, Victoria, no discutamos de negocios.

No me gusta verte enfadada.

No estoy enfadada.

Pues lo parece.

¿Qué pasa?

Catalina me dice que no estás a gusto.

Que vas de visita a tu casa a menudo.

Porque echo de menos a Vicenta.

Me ahogo aquí encerrada.

Cada día merienda con esas señoras.

Sobre todo a la gobernadora, no la soporto.

No es la primera vez que hablamos de esto, Alonso.

Te he dicho que tengo el consentimiento del obispo.

Sí, ya tenemos bastante. Avisa a tu marqués.

A ver si él le contradice.

-Los mineros, que no quieren entrar.

-¿Cómo que no?

-Están en huelga hasta que se les atienda.

-Maldita sea.

Déjame a mí.

Sirena

Vamos a intentar solucionar esto, ¿de acuerdo?

Solo espero que tus compañeros sepan mantener su palabra.

-Descuide. Se juegan el pan y su propia vida. No dejarán la huelga.

-Bien.

Gonzalo López, marqués de Castro.

Tu patrimonio está en la cuerda floja.

Brindemos, Salvador.

Por ti. Sin tu ayuda no habría sido tan fácil.

-Por usted.

-No me trates de usted, hace que me sienta vieja, y no lo soy.

-Como quieras.

-Alicia.

-Alicia.

¿Pero no decía Alicia que estaba toda quemada?

-Y por un ojo no ve.

Pero eso da igual, lo demás funciona. La cara le quedó bien y no es feo.

-Con la vida que llevamos y tú con ganas de hombre.

-Lástima que no sea rico.

¿Vicenta?

¿Qué haces aquí?

-Vengo a hablar contigo.

-Si empiezas con lo de que vuelva a casa, olvídalo.

No lo hice antes y menos ahora.

-Que no es eso.

-¿Entonces?

-Podríamos ir a... un lugar más privado.

¿A tu habitación?

-Puedes hablar delante de ellas, son como de mi familia.

-Quería pedirte consejo.

-¿Consejo? ¿A mí?

¿Sobre qué?

-Pues...

Pues sobre hombres.

-¿Que tú y Justo por fin...?

-¿Y cómo lo sabes?

-¡La única que no lo sabía eras tú!

Anda, ven.

-Perdón, ¿Justo? ¿Nuestro Justo?

-Sí, vuestro Justo.

-¡Ah! Y qué... que...

Que quiere jarana y tú no sabes cómo dársela.

-Jarana.

Pues sí, podría decirse algo así.

-Has venido al sitio perfecto.

Somos las mejores maestras, ¿verdad, chicas?

Mira...

Señor.

Menos mal que está aquí. Alonso,...

...¿dónde está tu educación? ¿No vas a saludar?

Perdón, señora.

A ver, ¿qué es eso tan urgente?

Los hombres se han puesto en huelga.

¿Qué? Sí, señor.

Esta mañana se han negado a entrar.

¿Todos?

Todos.

Maldita sea.

Y en el peor momento. Escucha.

Llama a la Guardia Civil. Se van a enterar de con quién están jugando.

Igual si hablas con ellos...

¡No, Victoria, no se negocia!

Si quieren guerra, la tendrán.

No estáis al mismo nivel. Tienes que hacer algo por mí.

Necesito que hables con el gobernador y le cuentes esto.

Me quiero quedar aquí. Por favor, haz lo que te pido.

Confía en mí, amor mío, es muy importante.

Sí, como quieras.

¿Ángel, qué haces aquí?

¿Has venido sola?

No, con Gonzalo, está en la oficina. Debes irte.

¿Por qué? ¿Qué pasa?

Intento calmar la situación.

Pues voy a hablar con ellos. No, ahora no, por favor.

Confía en mí.

Señor.

Llegó hace días, de Inglaterra.

De una compañía aseguradora.

No estuvo en ese balneario de Normandía. Estuvo en Inglaterra.

¿Quien, señor?

Nada, cosas mías.

Los mineros tienen...

...una serie de peticiones.

Si esas peticiones no son atendidas, no abandonarán la huelga.

¿Tú quién te has creído que eres...

...para decirme lo que debo y no debo hacer.

Un simple sacerdote.

Le manda el obispo, señor.

¿El obispo? Pues yo no me pliego ni ante el mismísimo Papa.

La huelga será indefinida.

Le aconsejo, señor,...

...por caridad, que llegue a un acuerdo.

Me voy a dormir, ¿necesitas algo? No, gracias.

Todo bien.

Ay, Victoria, no me di cuenta.

Le pediré a Juan que te retire la cuna.

No importa.

Como prefieras. Buenas noches. Buenas noches.

Suspira

Gonzalo, ¿ya estás aquí? Pensé que estabas en casa del gobernador.

Sí, todo fue más rápido de lo previsto.

¿Y la mina? Todos hablan de la huelga.

¿Y de qué te extrañas? Esta ciudad es pequeña.

Tarde o temprano todo se sabe.

Pero tendrá arreglo, ¿no?

Sí, todo tiene arreglo.

Excepto lo irreparable, claro.

Veo que no estás de humor.

Con permiso, me voy a dormir.

Espera, Catalina.

Desde mi vuelta de la luna de miel, no me has contado nada de Deauville.

¿No te lo pasaste bien? Sí, claro.

Ya... ¿Y no te hizo mal tiempo?

No, no especialmente. Qué raro, ¿no?

Porque en Inglaterra siempre hace un tiempo muy desagradable.

¿Pensabas que no me iba a enterar?

Qué querías, ¿tenderme una trampa?

Pues sí, estuve en Inglaterra.

Y ahora sé con certeza mis sospechas.

Estuviste detrás de la muerte de Ricardo Márquez.

Es mejor que te calles.

Fingías tu cojera.

Y palidecías cuando llegaba un telegrama de Londres.

Catalina... No estabas en el coche.

Ricardo viajaba solo.

Y alguien manipuló los frenos.

La compañía de seguros nunca se creyó...

...que fuera un accidente. Ah, ¿no? ¿Y tú tienes pruebas?

No, porque pagaste para silenciarles y sigues pagando.

Pero no hay dinero en el mundo que pague la fidelidad eterna.

Dime una cosa.

¿Cómo reaccionará tu mujer...

...cuando se entere de que está con el asesino de su padre?

Yo creo que no le va a gustar nada enterarse.

¡Catalina!

¡No te voy a permitir que le vayas con ese cuento!

¡Vas a tener que matarme!

Si quieres guerra, la tendrás.

No me trates como a uno de tus mineros.

¿Y cómo debería tratarte? ¿Dime?

¿Como la hija de una fulana negra que trabajaba para el marqués?

¡Este es tu padre! ¡Míralo!

El mismo que el de Irene.

Pero no os parecéis en nada.

Tú tienes sangre de una negra.

Oh.

¿Por qué me has hecho algo así?

Pensaba que estabas de mi lado.

Que podía confiar en ti.

Yo también lo pensaba.

Y pensaba que me querías.

Pensaba que me elegirías a mí y no a otra mujer para casarte.

Mi amor, ¿es que no lo ves?

¿No lo ves? Yo te adoro.

Yo te adoro. He vivido siempre por ti, me he desvivido por ti.

Y tu prefieres a una mujer que no te ama.

Está enamorada de otro hombre. ¡No vuelvas a decir eso! ¿Me oyes?

Jamás me hubiera casado contigo, ¿comprendes?

Jamás.

Porque por tus venas corre sangre negra y tus hijos,...

...o los hijos de tus hijos, tendrán el mismo color.

Más te vale que no digas nada, o te juro que la ciudad...

...sabrá quién eres.

Victoria, ¿qué ocurre? ¿Qué ocurre, mi amor?

Ya está, ya pasó.

Ven, cariño, ven. Cariño, ya pasó.

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La Señora - Capítulo 12

04 dic 2012

Los accidentes en la mina arrecian mientras Gonzalo y Victoria preparan su boda. Justo y Vicenta estrenan su noviazgo. Vicenta termina por pedir ayuda a Conchita, acudiendo al burdel, para saber "lo que quieren los hombres de las mujeres".

Histórico de emisiones: 22/05/2008

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  1. Meira Riesco

    Ya vi esta serie y como siempre la television Espanola ignora e insulta la inteligencia de sus usuarios y nos presenta la misma serie una y otra vez a la misma vez que nos interrumpen series sin haber terminado y sin importarles un rabano sus teleaudiencia, aqui en la tve International hay un tremendo descontento con este canal y estamos coleccionando firmas para que quiten este canal y pongan antena tres o telecinco

    08 dic 2012
  2. Ana

    Quisiera saber si la serie se ha terminado pues espero por el próximo capítulo hace dos dias....gracias anticipadas por su respuesta

    07 dic 2012
  3. beatriz

    arggg, se casa con Gonzalo, yo quería que se casase con el curita Angel

    06 dic 2012