Tras la emisión de cada capítulo de 'Víctor Ros', La 1 presenta la serie documental 'La España de Víctor Ros', guiada por Jerónimo Tristante, que ofrecerá la oportunidad de conocer una España repleta de curiosidades y transportar al espectador a una época en la que se gestó el cambio de mentalidad que ha llegado a nuestros días.

Con imágenes de archivo, grabaciones en enclaves históricos, escenas de la serie y con expertos: cronistas, historiadores, periodistas y todo aquel con autoridad en la materia, la serie indagará en el nacimiento de la policía, la hipnosis, las leyendas de casas encantadas y espíritus, los orígenes de la prensa, la lucha feminista, los primeros pasos de la investigación criminalística, la catalepsia, los duelos secretos, los crímenes con veneno, los sueños premonitorios, o los terribles crímenes de los primeros asesinos en serie y los “hombres del saco”, son algunos de los temas de la serie.

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No recomendado para menores de 12 años La España de Víctor Ros - Programa 4 - Ver ahora
Transcripción completa

Soy Jerónimo Tristante, creador de Víctor Ros.

La segunda mitad del XIX fue más frívola de lo que creíamos.

Proliferaban los burdeles, los espectáculos picarones

y el mundo de la noche comenzaba a ofrecer lo prohibido.

Inventos como la fotografía o el cine eran plataformas

para el vicio.

Algunos atribuían a esto la existencia de endemoniados,

aunque para los más modernos no había demonios, sino locos

sometidos a tratamientos que metían miedo.

(Sintonía)

El demonio del cristianismo es un ser espiritual

contra el cual no se puede luchar.

-Es muy fuerte vivir una sesión de exorcismo.

(Grito)

Yo creo que no es teatro.

-Alfonso XIII encargaba a los hermanos Baños

sus propias películas pornográficos para disfrute propio y de la corte.

-Había un sitio muy famoso al que se iba literalmente

a pescar novio. A lo mejor un día pescabas un conde,

otro día un millonario...

-Los muertos hablan, hablarán y siempre hablaron.

-Estar loco es una pena, un horror, una tristeza, una sordidez.

El demonio y los endemoniados son para muchos una realidad

que la ciencia no ha sabido resolver.

Por eso, además de psiquiatras, existen los exorcistas.

Si el Maligno ataca solo ellos nos pueden ayudar.

Se supone.

Vengo a darle ayuda espiritual al enfermo.

(REZA EN LATÍN)

(Música sacra)

-El siglo XIX en Europa

es una época en que la sociedad era mucho más cristiana.

Todos los cristianos creemos

que ese Dios todopoderoso creó seres angélicos,

algunos de los cuales se rebelaron

y se transformaron en demonios.

(Gruñidos sobrenaturales)

El demonio del cristianismo, el demonio de la Biblia,

es un ser espiritual contra el cual no se puede luchar,

se puede resistir cuando él nos viene a tentar.

Pero si yo le llamo, una vez que venga

no hay forma de luchar contra él.

(Voces demoníacas)

La posesión diabólica, lo que hay que dejar muy claro

es que se trata de un fenómeno muy extraño e inusual.

En los casos en los que sucede,

los signos no suelen ser cosas muy extraordinarias

en el sentido de lo que aparece en las películas.

-¡Padre, por favor, salga!

(Gritos)

-¡Está endemoniado!

-Sí que es cierto que una persona

después de haber ido a un santero, haber practicado espiritismo,

haber ido a un brujo,

puede por las noches empezar a despertarse

empapado en sudor lleno de pánico.

(Gritos)

Siente presencias alrededor de él...

que le mueven objetos, olores desagradables.

-Nos llevamos la ropa para analizarla.

-Se ha echado a perder y apesta.

-Sí, huele mal, es como azufre.

-¿Lo ve? Está endemoniado.

-Hay una etapa de acoso alrededor del alma.

(EL HOMBRE JADEA)

(GRITA)

-Y después esa persona acabará incluso entrando en trance...

(GIME DEL ESFUERZO)

y diciendo y haciendo cosas de las que él no es consciente.

Debemos alejarnos

de todo lo que son las fuerzas oscuras,

las entidades negativas.

El ser humano debe orar a Dios,

el ser humano adora a Dios, le pide cosas.

Pero si Dios no lo concede no debemos buscar atajos.

(REZA EN LATÍN)

(Ruido)

-Un exorcismo es un sacerdote

que con un ritual lee la palabra de Dios.

(REZA EN LATÍN)

-Invoca a los ángeles, a los santos...

y le pide a Dios que libere a esa persona que está allí

vejada por las fuerzas del Maligno.

-Entré en contacto con este asunto porque hubo una noticia

que puso en portada en todos los medios los exorcismos

y qué mejor para contar algo que vivirlo.

Y para vivirlo había que contactar con alguien que los hiciera

y contacté con el padre Fortea.

-¿Ha visto lo que pone en portada? -No.

El endemoniado de Atocha, título de novelista.

-Bueno, fantasioso lo es un rato.

-Era una adolescente de Murcia, acudía con su madre.

Y que esta chica había sido poseída por seis demonios

y que habían conseguido sacar con relativa facilidad

cinco demonios y que había uno que se llamaba Zabulón

con el que no podían.

-¡Sal de ella!

-Y así llegué yo a esa iglesia en Alcalá de Henares

con intriga, con expectación

de no saber muy bien a lo que me iba a enfrentar.

La madre, en presencia de la chica, nos explica

que ella llevaba ya años mal.

Que primero pensó que estaba loca, que era una enfermedad

no psiquiátrica, sino algo físico que había tenido una derivada...

y decidió ir a ver al padre Fortea.

-Casi todo el mundo que parece padecer una enfermedad psiquiátrica

padece una enfermedad psiquiátrica.

Lo que pasa es que hay casos,

pocos casos,

entre todos los que parecen problemas psiquiátricos

en que la explicación más razonable es la espiritual.

-Fortea le dijo: "Sí, la niña esta poseída".

Y empezó el exorcismo.

En el suelo colocó dos colchonetas para que la niña

reposara en horizontal

mirando hacia el techo, boca arriba y empezó la sesión.

La niña entra, digamos, en una suerte de trance.

A mí me llamaba mucho la atención la madre.

La convicción profundísima. Había que ver a esa madre

todo el rato de rodillas dos pasos detrás de Fortea

y a mí eso me impresionaba.

Entonces el padre Fortea no hablaba con la niña,

hablaba con el demonio.

-¡Por el poder de Dios, Zabulón, sal!

-Ordenándole por el poder de Cristo a que salga de ese cuerpo.

-¡Zabulón, por el poder de Dios, sal de ese cuerpo!

-En esa oración ese espíritu se remueve,

se agita, sufre.

-Se dirigía a él y a mí eso me llamaba la atención.

"Zabulón". -¡Zabulón!

-Manejaba un crucifijo, en algunos momentos lo dejaba

y le echaba agua bendita.

-Todas esas cosas son prescindibles.

Lo único necesario es el sacerdote

que conjura al demonio en el nombre de Jesús

y que le pide a Dios por la liberación de esa persona.

-La reacción física de la niña

era de una especie de convulsiones en el suelo, se retorcía.

-Se produce un terrible grito estentóreo.

-Cuanto más se producían las apelaciones del padre Fortea

a que saliera Zabulón, unos gritos,

que salían de lo más hondo de la garganta.

Y hubo un momento, el primero de dos momentos que me impresionaron

y me hicieron plantearme desde mi descreimiento

lo que estaba viendo,

es un momento en que muy lentamente los ojos empezaron

a dar la vuelta y se quedaron los dos ojos en blanco.

Después seguía con sus gritos, Fortea seguía con "Sal, Zabulón",

y entonces el padre Fortea me invitó

a no sé si le llaman "despertar", a que la niña saliera

y si quería hacerlo yo. Y le dije: "Yo encantado".

Entonces me invitó a hacer un rezo

y tenía que hacer la señal de la cruz en la frente de la niña.

Y lo hice. Entonces cuando yo hago eso

la niña abre los ojos con normalidad.

-Se siente bien, se siente liberada, se siente en paz, sonríe.

-Le pregunto: "¿Qué tal estás?"

Y me responde con una voz, que yo pensé

que después de muchos minutos de unos gritos desgarradores...

que salían de.... que son irreproducibles,

y dije: "Estará sin voz". Y hablando como estoy hablando yo.

Era un exorcismo reconocido por la iglesia católica

y yo me quedé con las dudas de que lo que yo vi ahí

normal no era.

Es muy fuerte vivir una sesión de exorcismo.

Esas convulsiones, todo eso, realmente...

yo creo que no es teatro.

Esto lo podría explicar mejor un psicólogo o un psiquiatra,

pues hay un ejercicio de convicción, de sugestión que lleva

a vivir lo que yo viví.

-Lo que la iglesia lleva diciendo no desde hace siglos

sino desde sus comienzos hace 2000 años

es que nosotros no debemos realizar nada esotérico.

Siempre advertimos acerca de los peligros

de todo lo que sea invocar espíritus desconocidos o malignos.

La pornografía no es un invento del siglo XX,

surgió con la misma fotografía.

Ya en el siglo XIX había fotografías en tres dimensiones

y no es broma, el cine no hizo sino ampliar las posibilidades.

Muchos no saben que Alfonso XIII, el rey pornógrafo,

participó en el desarrollo de tres películas pornográficas.

En algunas incluso desarrolló los argumentos.

Así, muy bien, ahora levanta la mirada.

Destápate un poquito más...

Perfecto.

-No escarmientas, Pardiñas.

-¡Carballo! Te juro...

-Que hacías estampitas para Navidad.

Alfonso XIII no solo era aficionado a la pornografía

sino que era productor, era el que ponía la pasta.

Él encargaba, por medio del conde de Romanones

uno de sus ministros, encargaba a los hermanos Baños

sus propias películas para disfrute y uso propio y de la corte.

Entonces lo que hacía,

incluso en algunos casos sugería argumentos.

No se sabe hasta qué punto solo sugería: "una película de médicos,

una película de la iglesia..."

Pero les daba el dinero y los hermanos Baños

hacían la película y entregaban el producto final.

"El ministro" es una película que cuenta la historia

de una señora, esposa de un funcionario que acaban de echar

que va al ministro a pedirle por favor la reintegración

de su marido.

Entonces el ministro acaba pidiendo a cambio favores sexuales.

La transgresión está en que son miembros de la administración

los protagonistas y los perversos, porque aquí la sexualidad

está tomada desde el punto de vista

del hombre que quiere aprovecharse de la mujer a cambio de algo.

"Consultorio de señoras" es una película de temática médica

en la cual una mujer acude con su hija al médico.

Y entonces el médico al reconocerla

le hace un reconocimiento completo por el cual se aprovecha de ella.

Pues es este uso de los médicos que luego ha sido habitual

en las películas pornográficas clásicas,

pero aquí está como muy primitiva.

"El confesor" es una película más transgresora de la época,

porque se desarrolla en una iglesia

en la cual una señora beata va a confesarse.

Se confiesa y el cura,

después de oír los pecados relacionados con la carne

intenta sacar tajada, nunca mejor dicho

de la promiscuidad de la señora y acaba aprovechándose de la señora

a cambio de los padrenuestros y avemarías correspondientes.

Los protagonistas de las películas

eran gente de baja extracción

y las mujeres eran todas prostitutas.

Los hermanos Baños eran unos realizadores reputados,

eran como los hermanos Almodóvar hoy en día.

El rey cuando va a encargar unas películas pornográficas

se las encarga a unos especialistas.

Y estos señores que habían filmado un montón de películas

y con cierto éxito en las salas

se dedican a hacer películas pornográficas.

Que evidentemente no están firmadas, no tienen créditos,

no aparecen ellos, pero son suyas, está testimoniado.

Las películas se proyectaban en el salón de palacio

y allí iban amigos, nobles,

y este tipo de gente a velas.

-Menuda colección. -¡Madre del amor hermoso!

¡Mire, Velázquez, qué pechos! -Se va a poner malo.

La pornografía erótica en España nace

como en el resto del mundo cuando aparece la fotografía.

En EE.UU. la primera proyección pública que se conoce es de 1896

y ese mismo año hay una película que se llama "El beso",

que son un hombre y una mujer dándose un beso gigante,

que a la gente le escandalizó.

La distinción entre erotismo y pornografía

como decía Berlanga es de clases sociales.

No es una distinción que se haga ni en el siglo XIX

ni en los primeros años del XX. Sencillamente porque

todo era sucio.

Entre la suciedad no había lo más sucio y lo menos sucio,

como los anuncios de detergente, no había nada de esto.

Los fotógrafos profesionales hacían muchas cosas

y una de las cosas que hacían era fotografía erótica.

En sus estudios contrataban prostitutas,

las desnudaban, les hacían una serie de posturas

y las convertían en postalitas que luego se vendían

en prostíbulos, pero también en algunos bares

que las tenían, bares de mala fama

que tenían estas fotografías para que la gente las comprara.

Es esta idea de la trastienda,

"Ud. ha visto aquí el retrato de la señora

con la sombrilla y en la trastienda le puedo enseñar otras cosas".

Barcelona era uno de los centros donde el auge de la fotografía

no solo erótica sino general, era uno de los centros más importantes.

En la parte que ahora se llama el Gótico, la calle Aviñón,

hay una anécdota muy divertida,

y es que las famosas Señoritas de Aviñón no son de Francia,

sino de un prostíbulo de la calle Aviñón y según se cuenta

Picasso compró una de esas fotografías eróticas

y vio determinadas poses de prostitutas en esas fotos

y decidió componer un cuadro en su perspectiva cubista.

La evolución del porno desde sus principios,

desde las primeras películas es la evolución

desde la clandestinidad hasta la plena libertad

para que hoy cualquiera pueda consumir bajándoselo de Internet.

En España hasta el año 1975

hay muy poca producción y es muy difícil de encontrar.

Porque es clandestina, se distribuye de manera muy especial

entre coleccionistas, entre gente muy específica

y círculos muy cerrados.

Pero a partir de 1984

que es cuando se aprueba la ley de distribución

de porno en España, la famosa ley Miró,

se convierte en un uso de consumo que primero es en los cines,

después pasa al vídeo en casa

y hoy en día nada de esto existe y es directamente

en Internet por medio de un ordenador, "tablet", etc.

Antonio Esplugues es un personaje muy curioso

porque era un fotógrafo pionero en muchísimas cosas.

Forma parte de la gran tradición que hay en Barcelona en el XIX

de la fotografía. Y él, que es una persona con mucha inventiva,

hace una serie de cosas que lo hacen muy diferente.

Es uno de los inventores del foto periodismo,

de la foto que implica una noticia.

También es el primero que filma una ciudad desde arriba.

En una exposición de globos aerostáticos se sube a un globo

y empieza a fotografiar la ciudad desde arriba.

Antes de que los aviones lo pudieran hacer.

Y lo curioso de él, un fotógrafo de mucho prestigio,

es que fue fotógrafo de la familia real y al mismo tiempo

hacía fotos pornográficas.

Hacía fotos pornográficas que vendía.

Lo llamaba "composiciones libres", tenía un nombre

como muy eufemístico.

Y las vendía en un apartado de su tienda

para el que quisiera comprarlas y los clientes eran

estos ambientes relacionados con el sexo en la ciudad condal.

Las fotografías de Esplugues eran de mujeres desnudas

a las que se veía desnudas pero no hacían ningún acto sexual.

Que alguien trabajara para la casa real y al mismo tiempo

pudiera hacer fotografías pornográficas o eróticas

no es tan descabellado. No hay más que pensar

que siglos antes Goya también hacía eso.

Pintaba a la familia real y pintaba cuadros muy transgresores.

Antonio Esplugues no consta que tuviera problemas con la censura,

entre otras cosas porque la sociedad del s. XIX

era, lo voy a entrecomillar, muy tolerante.

Era como que se miraba hacia otro lado

porque las propias autoridades utilizaban estos materiales.

Se hacía la vista gorda, se miraba a otro sitio.

No existía una ley que prohibiera la pornografía

porque en realidad no era tal.

La legislación de la pornografía

surge cuando la pornografía se convierte en una industria.

Era más bien una ley religiosa, por decirlo de alguna manera.

Es España en esa época la iglesia mandaba mucho,

entonces no se podía hacer porque la iglesia lo prohibía.

Evidentemente, matar también es un crimen

pero ver porno que para la iglesia es un pecado,

es un pecado, no un crimen, esa es la diferencia.

La condena es que te ibas al infierno,

tampoco es tan grave, creo yo.

En las ciudades había una vida de día y otra de noche

que surgía con las sombras. Y vaya si surgía:

espectáculos eróticos, los primeros "streaptease", travestis,

homosexuales..., que se amparaban en el mundo de la noche.

(Aplausos y vítores)

Mira qué cuadro.

Hombre, de cara es guapa, hay que reconocerlo,

pero para mí gusto le falta un poquito de carne.

-En aquel momento la vida nocturna era muy rica.

Había pobreza, era una sociedad que tenía que renovarse,

pero tenía una vitalidad enorme.

Hoy quisiéramos que hubiera esa vitalidad.

-La sociedad de finales del siglo XIX se caracteriza

por ser una sociedad con entusiasmo de cambio.

La palabra clave en Europa es "progreso".

-Eran tiempos, aunque parezca políticamente incorrecto,

donde los burdeles eran legales,

por lo tanto todo eso abría por la noche.

-Era una sociedad hipócrita: la mujer en casa, la pata quebrada

y yo divirtiéndome tomando champán con las "horizontales".

¿Qué son las horizontales?

Eran las únicas mujeres libres, curiosamente.

Como decía una gran cortesana, a la que una vez le preguntaron:

"¿Cuál es la diferencia entre las mujeres honradas y usted?"

Y dijo: "Yo me alquilo, pero ustedes las honradas, se venden".

-Madrid y Barcelona eran las dos únicas ciudades entonces

que se podían considerar ciudades grandes.

Lo demás creo que debía tener un aire tremendamente provinciano.

Los cafés, que había muchos, abrían toda la noche.

-En la vida nocturna el gran protagonista

es una vez más, París. Era el centro del mundo entonces.

Es la ciudad luz, había que divertirse,

había que tirar el dinero a espuertas...

Es un mundo frívolo, al mismo tiempo con mucho dinero

y con ganas de pasarlo bien.

(Canción de cabaret)

Había mucho submundo, porque en contra de lo que suele suponerse

genera mucha vida y había cabarets donde estas señoritas

guapas en general, cantaban.

Muchas no cantaban muy bien, pero lo importante es

que se fueran desnudando. Ahí venía el cuplé "La pulga".

La cantante dice: "Ay, tengo una pulga muy mala

que me está dando un picor"... Entonces se baja la hombrera

y tiene que empezar a enseñar un pecho.

Una pica sin pudor

me recorre sin cesar".

(Pianola)

(HOMBRE) ¡Que se lo quite!

(Aplausos)

-Había por supuesto las grandes "vedettes",

los grandes magos y equilibristas y cosas inauditas.

Había un señor que se llamaba "Le pétomane".

Que en francés suena muy fino, pero se dedicaba

a hacer música con pedos.

Tenía un éxito arrasador.

-Había personajes ilustres que mejor que estar en su casa

querían pasar la noche en el burdel.

Y estaba ese ancho mundo de la bohemia

donde había gente pobre que estaba todo el día en el café

que se hacía amigo de prostitutas, de mendigos.

Y también había esa prostitución masculina mucho más oculta

que generalmente eran "maletillas".

Un gran noble de la época y escritor decadente,

Antonio de Hoyos y Vinent, aparece en algún momento

en la Puerta del Sol con su secretario y un landó

y va a buscar un chico que está puesto por ahí,

que es un maletilla, hablan con él y se lo llevan en el landó.

Esto estaba por todos los lados. En la noche, no de día.

-Había un sitio que era muy famoso

al que se iba literalmente a pescar.

A pescar novio.

Entonces, las mujeres estaban arriba y los hombres estaban abajo.

Y tú tirabas una caña... (RÍE)

...y los hombres miraban si les gustaba quien tiraba la caña.

Y entonces te ponían una notita y quería decir

que habías sido pescado. A lo mejor un día pescabas un conde,

otro día, un millonario...

Otro día pescabas a un caradura.

(Música de baile)

Hay un travesti muy famoso,

totalmente olvidado, mucha gente lo oirá por primera vez.

Hay un cuplé muy célebre, "Las tardes de Ritz",

que hizo un novelista galante de la época, muy frívolo y gay,

llamado Álvaro Retana.

Era el autor de la letra del cuplé, que decía

"Suelo ir yo todas las tardes a merendar al Hotel Ritz.

Y al final suelo hacer mil diabluras por un galán que está loco por mí".

Esto está puesto en boca de una mujer.

Diríamos. Ese cuplé

se hizo para que lo inaugurase

un travesti que se llamaba Edmond de Bries.

Edmond de Bries.

Edmond de Bries era el señor que vistió de mujer

y cantó por primera vez "Las tardes del Ritz"

y otros muchos cuplés.

Los lugares secretos

era, por otro lado, muy públicos.

Solían ser tabernas de cante.

En esos sitios, además de eso,

había putas y había lo que hoy llamaríamos chaperos.

Que entonces no se llamaba así.

Los grandes señores que habían cenado en algún palacio,

o en algún "restaurant" muy encopetado, elegante,

luego, terminada la cena, se daban una vuelta por los barrios bajos.

con todas estas tabernas de cante, por estos sitios mal famados.

Ahí buscaban historias con señoritas o señoritos

a los que, naturalmente, pagaban, y por supuesto, terminaban al alba.

La homosexualidad era un mundo escondido

en la medida en que, por un lado estaba...

No estaba prohibido ni sin prohibir. Era algo que estaba entre dos aguas.

Pero, evidentemente, la sensación era de que la homosexualidad

no existía. Es decir, eso era una cosa tan mala,

que mejor ni hablarla.

Muchos creían que era obra del demonio.

Los que fueran creyentes. Teóricamente eran muchos.

Había también otra parte de ateos, anarquistas, etcétera,

y estos no creían que era obra del demonio.

Creían que era obra de una sociedad que no funcionaba bien.

-No lo entiendo, jefe. La verdad, no lo entiendo.

-¿El qué? -Que la gente pague

para verle el badajo a un tío.

-Quitando eso, el resto es de una mujer.

-Es que eso es "eso".

Y tiene un ciruelo que muchos lo quisieran.

Las autopsias daban datos impensables.

Como la hora de la muerte o la presencia de veneno.

Cortar un cuerpo en pedacitos sirve para algo.

Saber qué provocó la muerte o saber quién fue el asesino.

Porque los muertos hablan.

¿Cuántos disparos recibió?

-Tres.

Los dos primeros, el del hombro derecho y este en el pecho,

tienen trayectorias de entrada distintas.

-Le dispararon de un coche en marcha.

-Por la precisión de los disparos probablemente usaron un culatín.

-Los muertos hablan, hablarán y siempre hablaron.

Pero mucho, mucho.

(Máquina de escribir)

A través de una autopsia se pueden saber tantas cosas

que la gente se quedaría maravillada.

Se puede saber si uno murió dentro del incendio por el incendio

o ya estaba muerto.

Se puede saber si murió de una indigestión

o porque se ahogó en una piscina.

Si a un hombre lo intoxicaron por un arsénico

o por una sustancia de otro tipo.

La autopsia lo da casi todo.

En el siglo XIX, y eso que está un poco lejos de nosotros,

las autopsias, sobre todo a nivel anatómico,

eran, sin duda, perfectas.

Y estábamos en los albores de la toxicología.

Ya empezábamos a saber qué tóxicos podían matar a esa persona.

(Voces distorsionadas)

En España, en el s. XIX,

había una autoridad suprema en la medicina forense

que era Pedro Mata. Y toda la toxicología del s. XIX

Se levantaba sobre Mateo Orfila,

que era el que más toxicología sabía del mundo.

Y era español.

En el s. XIX era difícil averiguar con exactitud

hacía cuánto tiempo el cadáver estaba ahí colocado.

¿Y cómo se podía uno acercar a eso?

Estudiando los insectos que iban al cuerpo.

El cadáver se descomponía en un nicho o en la tierra.

Y había una serie de insectos que iban en oleadas al cuerpo.

Y según el insecto que había podíamos averiguar, más o menos,

de qué mes estábamos hablando.

La primera oleada, que duraba tres meses, eran las moscas.

Los siguientes tres o cuatro meses del cuerpo aparecían los coleópteros

y las polillas. Era la segunda oleada.

La tercera oleada, que eran otros seis meses,

eran ya ácaros.

Bichitos pequeñitos

que comían ya los huesos.

Y la cuarta oleada, de esta fauna cadavérica,

eran otros ácaros más pequeñitos que deshacían prácticamente el hueso.

Y según el bichito que encontrabas

sabíamos cuánto tiempo llevaba ese cadáver ahí.

En el s. XIX muy poca gente podía hacer autopsias.

Poquísima gente. Solo los forenses,

algunos médicos que estaban en la policía

y los estudiantes de medicina.

No había más posibilidades.

Como eran pocos los privilegiados que hacían autopsias,

la autopsia era exquisita.

-La pólvora contienen azufre, nitrato de potasio y carbono.

Y no coincide con esto.

Seguiré investigando.

-En cuanto descubra algo, avísenos. -Claro.

-Los instrumentos de la autopsia

apenas han cambiado desde los romanos.

La sierra sigue siendo sierra.

El costotomo, que corta costillas, que es como una pinza

podadora de árboles, sigue siendo igual.

Los bisturís, los escalpelos,

las sondas... Lo único que cambia es lo que es eléctrico.

Sierras eléctricas...

Pero apenas se ha cambiado, muy poco, la instrumentación.

Cuando se usaban los instrumentos en la sala de autopsia

siempre había un olor característico. El olor a formol.

El formol es un antiséptico brutal. Lo mata todo.

Cuando se usaban los instrumentos y las mesas, que eran de mármol,

primero se regaban con agua y jabón

y a continuación se echaban antisépticos

y aquello quedaba como una patena. Lo que hemos añadido

130 años después

es la técnica de laboratorio.

Porque lo que se ve con los ojos es idéntico.

-Quién la mató tenía el cabello moreno.

La mujer le debió tirar del pelo cuando la estrangulaba.

He encontrado pelos del asesino en su puño cerrado.

Y la víctima se defendió.

Había restos de piel en sus uñas.

Quien la mató se llevó un buen arañazo.

-Cuando se abre un corazón en el s. XIX

se abre igual que se abre ahora.

Si descubrimos un infarto cerebral en una autopsia,

el infarto era el mismo que se veía en el s. XIX y ahora.

Lo que ocurre es que ahora, con el ADN, la toxicología,

los microscopios electrónicos...

Todo el laboratorio apoya al análisis de la autopsia

y ahí sí que hemos ganado mucho.

A mí, no se me ha despertado nadie en 35 años.

Lo que no quita para que un día me lleve la sorpresa.

Cuando se va a una autopsia difícilmente se va a despertar

porque ya el cuerpo tiene signos positivos de muerte.

Una cosa es que cuando alguien muere no hay signos de vida.

Pero cuando aparecen signos de muerte,

entonces no hay posibilidades de resucitación.

Sí es cierto que hay episodios curiosos.

Por ejemplo, si hay gases en el interior del cadáver,

y vas a tocar el cuerpo, puede haber ruidos.

Y esos ruidos han despertado la leyenda urbana.

Como si hubiera habido personas

que se hubieran levantado de la autopsia.

-Que se le practique la autopsia. -¡Le han enterrado!

-Pida una orden para exhumarlo. -El obispo estará en contra.

-El cristianismo, en esa época, pesaba mucho.

Y entonces el cuerpo no era tocable.

Porque se esperaba la resurrección de la carne.

Había muchos pueblos de España que se negaban

a que se hiciera la autopsia. Y tenía que ir la Guardia Civil

a proteger al forense.

Es cierto que en el s. XIX, incluso en el XVIII,

con motivo de los robos de cuerpos y su uso para experimentos

o para autopsias en las escuelas de medicina,

alguna gente adinerada encargaba cajas de muerto blindadas.

Por ejemplo, se sabe que hacían, en vez de féretros de madera,

féretros de metal con candado.

De manera que era una caja fuerte.

Luego había enterramientos muy profundos

sobre los que se echaba hormigón.

Incluso había vigilantes de cementerios.

Se hacían torres en el perímetro de los cementerios con guardas

24 horas para evitar el saqueo de las tumbas.

Por lo tanto, hubo una época que hubo cierta psicosis

de robo de muertos. Y eso generó toda una leyenda.

Las fases de la autopsia son muy simples.

Y se hacen siempre igual. En el s. XIX y en el XX,

y se harán en el siglo XXIII.

La primera fase es la exploración del cuerpo por fuera.

El cuerpo hay que verlo perfectamente por fuera

en todos sus laterales. Para ver tatuajes,

pinchazos de agujas, lesiones de defensa en las uñas,

heridas, objetos extraños clavados,

el cabello, la implantación del pelo,

la boca, dientes... Todo eso se ve por fuera.

No hay que tocar el cuerpo, solo verlo.

La segunda fase es el comienzo de la apertura del cuerpo.

Esta segunda fase se divide en tres fases.

La primera, siempre, es la apertura del cráneo.

Hay que abrir el cráneo, que es dónde está el cerebro.

Y para abrirlo, nada mejor que, en el s. XIX era una sierra mecánica,

lo cual era bastante dificultoso.

Se abre como si fuera una corona el cráneo.

Se levanta lo que se llama la calota craneal

y se saca el cerebro para estudiarlo.

Para ver si hay un infarto cerebral, una hemorragia,

si había un disparo, ver el proyectil...

Fundamental: apertura del cráneo.

A continuación,

se baja dentro del cráneo para ver la base del cráneo.

Muchas muertes eran por fractura de la base del cráneo.

Una vez hecha esta segunda fase de la segunda fase,

entramos en la apertura del tórax.

Para abrir el tórax, en toda Europa,

se empleaba una incisión longitudinal.

Que era la técnica de Virchow.

Pero en España, se empleaba la técnica de Mata.

La técnica de Mata era abrir como si fuera una tapa.

Es decir, hacer una U invertida

de manera que se levantaba todo el pecho

y se empezaba a explorar las vísceras del tórax.

Corazón, pulmones, todo el mediastino...

Y esa era la segunda fase de la segunda fase.

Y la tercera fase sería la exploración abdominal

Se bajaba en el tórax a estudiar estómago,

intestino, bazo, riñones e hígado.

Extrayendo cada víscera, pesándola,

y cortándola para ver cómo estaba por dentro.

Y, posteriormente, se colocaba todo escrupulosamente en su sitio

se volvía a coser y aquí no había pasado nada.

Esas eran, son y serán las fases de la autopsia macroscópica.

La que se ve con los ojos.

A eso la posteridad le añadió el laboratorio.

En el s. XIX, hay cosas buenas y cosas malas.

Por lo general, no me suelo quedar con nada del pasado.

Pero si se me permitiera viajar al s. XIX,

yo quisiera sentarme al lado de Ramón y Cajal.

En silencio sepulcral y vería lo que hace.

Porque lo que hizo yo ya lo he leído y lo he visto.

Pero vérselo hacer a él con sus manos...

Eso sería inenarrable.

Endemoniados o locos,

muchos acababan en lugares de auténtico terror:

los manicomios, donde los psiquiatras,

más que curarles, experimentaban con ellos.

Vamos, que era casi mejor el exorcismo.

Un hombre de misa diaria no reacciona cómo él delante de la Santa Cruz

si no está poseído por el demonio. -¡Padre! Ya hemos hablado de eso.

Lo que ocurre en la cabeza de un hombre es un misterio.

Y seguirá siéndolo mucho tiempo.

(Grilletes y voces)

Las posesiones diabólicas como una realidad abordable

desde el punto de vista psiquiátrico no existían.

No tendría nada que hacer el psiquiatra contra el demonio.

Otra cosa es que existan o no.

Que exista la posibilidad del demonio como una entidad

que pueda interferir en la vida concreta de una persona.

Y no es que los psiquiatras no se lo puedan explicar.

Ni los psiquiatras ni los funámbulos ni los pendolistas. No es su campo.

Sería el campo de los exorcistas.

Yo he visto, una vez, como anécdota,

una chica joven a la que me trajo...

un perturbado, más perturbado él que ella,

que entró en la habitación con un crucifijo en la mano

porque me decía que me traía una endemoniada.

Era una pobre enfermita... Vamos, una pobre enfermita, tampoco.

Ni tan enfermita, siquiera.

Siempre se ha pensado, al no encontrar otro mecanismo,

que era el demonio o alguna otra cosa

ajena a nuestro control.

Y parece que la Luna siempre ha tenido un componente

romántico. Aparte que es un componente,

experimentalmente y empíricamente comprobado

que influía en sobre la naturaleza.

-Los psiquiátricos en el s. XIX en España

eran unos centros bastante alejados de lo que es la realidad actual.

-No eran ni siquiera unos manicomios. Eran unos depósitos

que estaban dirigidos, en el mejor de los casos,

por un médico y un grupito de gente sin ninguna preparación terapéutica

con afán de curar y solo con una capacidad de proteger.

-Cuando se abre este centro,

las Hijas de la Caridad se encargaban de cuidar a estos pacientes.

Normalmente, eran pacientes que eran considerados

los idiotas, los agresivos, los imbéciles...

-La primera parte del s. XIX casi no existe una psicología

como lo que hoy entendemos por psicología.

La psiquiatría de entonces, prácticamente se limita

a sujetar, retener...

A proteger a los de fuera de los de dentro.

Y ese de los de dentro es donde estaban los enfermos mentales.

-Cuando llegaban al centro los pacientes eran clasificados

en primer lugar por el sexo.

Había dos pabellones. El pabellón de hombres y el de mujeres.

Y a partir de ahí, se empezaban a subclasificar.

Los que eran válidos.

Eran aquellos que se podían vestir solos, comer solos

y que podían tener cierta autonomía.

Sin embargo, aquellos que estaban en un estado de enajenación

quedaban confinados en sus habitaciones.

-Era inhumana la situación en la que estaban.

En esas primeras personas que se preocupan de los enfermos

es dónde empieza a surgir la rotura de las cadenas.

Vamos a ponernos un poco al lado del enfermo

y a tratarle con más ternura.

-Se les controlaba por medio de unas contenciones

que eran unas tiras de cuero grueso

que se ataban bien a ambas muñecas,

a ambos tobillos o a los cuatro miembros.

Y luego iban unidas por unas cadenas.

-Se quitan las cadenas y tiernamente y caritativamente

se sustituyen por las camisas de fuerza.

Ya empieza la psiquiatría no solo a importarle el enfermo

y quererle y cuidarle un poco más,

sino a importarle más que el enfermo la enfermedad.

Recordemos que entonces no había casi drogas.

Se empiezan a usar medios físicos.

El mareo, las hidroterapias, el frío y el calor,

las duchas frías...

-Realmente, en esa época, no había grandes medicamentos para ellos.

De hecho, se usaban fundamentalmente plantas medicinales.

Eran las que las hermanas manejaban.

Posteriormente se pasó a técnicas más agresivas

como el electrochoque, la lobotomía...

-Las lobotomías iniciales en enfermos peligrosos,

para ellos y para los demás, en enfermos...

imposibles de controlar con los otros medios

de los que entonces se disponía, se les hacía una lobotomía frontal

Esto es una sección de los lóbulos frontales del cerebro.

-Este centro era como una mezcla

entre celda

y centro sanitario.

-Ese valor romántico que parece del siglo del que hablamos,

de que la locura tiene un... un toque de genialidad...

Yo eso no lo creo para nada. Estar loco es una pena.

Un horror, una tristeza, una sordidez.

Conocer la mente era una prioridad de los psiquiatras.

Muchos, por cosas que idearon,

parecían estar peor que los pacientes.

La frenología hoy día se considera una seudociencia.

Incluso una protociencia.

Es el inicio de la neurociencia cognitiva como la conocemos hoy.

Nació a principios del s. XIX de la mano de Franz Joseph Gall.

Era un fisiólogo alemán.

Propuso, y esto era una idea revolucionaria,

que las facultades mentales están en el cerebro.

Entonces no estaba claro.

Se pensaba que podría estar en los ventrículos,

los huecos que tiene el cerebro.

Tuvo la genial idea de la localización.

Es decir, que en el cerebro, en ciertas partes concretas,

se producen ciertos procesos mentales concretos.

Eso era revolucionario en la época.

Se pensaba que el cerebro funcionaba de forma masiva y unitaria.

Siempre, para hacer todo.

Propuso una idea muy curiosa, y es que en función del ejercicio

o del carácter de las personas o de su comportamiento,

las distintas áreas del cerebro crecerían más en tamaño.

Esto tiene una parte de verdad.

El error vino en que él pensaba que el aumento de volumen

de las áreas del cerebro se vería reflejado en el cráneo.

Como que empujaban el cráneo las áreas cerebrales al crecer

y producían ciertos abombamientos en el cráneo

gracias a los cuales se podía diagnosticar el carácter,

la forma de ser, el comportamiento o la forma de pensar de una persona.

Las ideas de los frenólogos eran un tanto disparatadas.

Yo tengo aquí esta cabeza que es la que se usaba en Inglaterra

para los diagnósticos frenológicos.

Para empezar, las funciones psicológicas o cognitivas

en las que divide el comportamiento humano

son absolutamente alocadas. Yo veo aquí

que en el lóbulo parietal aparece mencionado

que si esta zona estuviera abultada

esa persona tenía un gran amor por los niños.

Si lo abultado estuviera un poco más abajo

sería amor por los animales.

Es decir, la conducta humana

no la podemos dividir por los tipos de amor, por ejemplo.

(TITUBEA) Si tienes más o menos intensidad en el amor.

La concepción de lo que es la condición humana

era muy rudimentaria, no tenía que ver con lo que sabemos ahora.

Mas luego a describir eso a abultamiento de la cabeza,

era totalmente un disparate.

Los rasgos físicos es verdad que durante un tiempo se estudiaron

y surgieron teorías e hipótesis

sobre cómo determinar las tendencias asesinas.

Se hicieron algunos estudios aislados no científicos

pero sí exploraciones dónde a los asesinos

se les estudiaba la forma de la cabeza y sus abultamientos

para llegar a algunas conclusiones.

Hoy día, pensar que a partir de la fisionomía

o el aspecto, carácter visual de una persona

se pueden llegar a conclusiones con respecto a su psicología,

está aceptado pero solo para algunas cosas.

Por ejemplo, que los rostros que parecen femeninos

inspiran más confianza.

Esto parece que la ciencia lo está comprobando.

Pero la exageración que surge en el s. XIX

de pensar que por el aspecto de la cabeza, de la mandíbula,

de los ojos, la separación de los ojos,

el tamaño de las orejas, por ejemplo,

determinaban el carácter de las personas,

eso hoy día está absolutamente descartado.

Forma parte más bien de la psicología popular.

La gente piensa que eso tiene algún fundamento.

Pero la ciencia ha demostrado que no tiene ninguno.

En el s.XIX el tratamiento de los enfermos mentales

era muy duro, porque no había tratamientos.

Eran prácticamente tratamientos paliativos

o para apartar a los enfermos de la sociedad.

Para que no fueran peligrosos. Ni para sí mismos

ni para el resto de la gente.

Lo que se hacía era apartarlos,

(TITUBEA) encerrarlos, internarlos, atarlos,

darles grandes dosis de calmantes...

Para evitar su comportamiento.

Todo esto, con un gran sufrimiento, porque no había los ansiolíticos

o los calmantes de hoy día.

Eran fármacos y métodos, incluyendo el electrochoque, por ejemplo.

Aunque se sigue usando hoy día,

en aquel entonces se usaba con muchísima más frecuencia.

Eran tratamientos muy duros. La vida de un enfermo mental

era una vida bastante tétrica.

De hecho, muchos pacientes morían. Morían en su reclusión.

O porque se hacían daño o porque otro paciente les asesinaba.

El control de los pacientes no era adecuado en ningún momento.

Ni la vigilancia ni los tratamientos.

(Grito terrorífico)

La vida, la muerte.

Tener que levantarnos todos los días,

ir a trabajar...

para, al final, morirte. Pero que nos quiten lo "bailao".

Los que pensaban que el s. XIX era serio y formal

se equivocaban. Lo hemos visto.

Prostitutas, concubinas, noches desenfrenadas...

El ser humano ha sido siempre igual.

En cualquier época y en cualquier lugar.

La España de Víctor Ros - Programa 4

50:01 02 feb 2015

'La España de Víctor Ros' aborda la relación entre las creencias y la ciencia. Para una gran parte de la sociedad española del siglo XIX, tradicional y católica, el demonio y su acción sobre el mundo y el hombre era una realidad. Los endemoniados estaban a la orden del día. Los exorcismos se practicaban desde hacía siglos, con un ritual de oraciones que la Iglesia y los sacerdotes exorcistas tenían como manual de lucha contra el maligno. Pero en esa misma época, el estudio de la mente humana empezaba a ofrecer una explicación alternativa: no había, para la ciencia, posesiones ni influencias diabólicas; se trataba de enfermedades mentales que debían ser tratadas como tales, en los manicomios.

La muerte, el crimen, las enfermedades, hacen presa de los habitantes sobre todo en las ciudades, que han crecido por efecto de la industrialización y de los ricos burgueses, que generan una masa de proletarios y sirvientes. La medicina avanza a toda velocidad, desarrollando técnicas como la autopsia, en la vanguardia científica de la época.

 

'La España de Víctor Ros' aborda la relación entre las creencias y la ciencia. Para una gran parte de la sociedad española del siglo XIX, tradicional y católica, el demonio y su acción sobre el mundo y el hombre era una realidad. Los endemoniados estaban a la orden del día. Los exorcismos se practicaban desde hacía siglos, con un ritual de oraciones que la Iglesia y los sacerdotes exorcistas tenían como manual de lucha contra el maligno. Pero en esa misma época, el estudio de la mente humana empezaba a ofrecer una explicación alternativa: no había, para la ciencia, posesiones ni influencias diabólicas; se trataba de enfermedades mentales que debían ser tratadas como tales, en los manicomios.

La muerte, el crimen, las enfermedades, hacen presa de los habitantes sobre todo en las ciudades, que han crecido por efecto de la industrialización y de los ricos burgueses, que generan una masa de proletarios y sirvientes. La medicina avanza a toda velocidad, desarrollando técnicas como la autopsia, en la vanguardia científica de la época.

 

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  • Programa 6

    Programa 6

    50:55 16 feb 2015

    50:55 16 feb 2015 Es un programa  que repasa los hechos reales en los que se basa la serie "Victor Ros" y describe como era la España de finales del siglo XIX. 

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    50:13 09 feb 2015

    50:13 09 feb 2015 Es un programa  que repasa los hechos reales en los que se basa la serie "Victor Ros" y describe como era la España de finales del siglo XIX. 

  • 2:18 07 feb 2015 Morir en la España de Víctor Ros era muy fácil. Sobre todo si eras un niño sin recursos. Jerónimo Tristante, el creador de Víctor Ros, nos introduce esta semana en los frecuentes robos de niños a finales del siglo XIX, Porque... 'El hombre del saco' o el 'Sacamantecas' forman parte de la Historia real y no de la ficción. En el capitulo se abordan también: el terrorismo anarquista, el fin de un Imperio y la curiosidad científica por la mente de los asesinos. Emisión: lunes en La 1 tras el capítulo de la serie de ficción.

  • Programa 4

    Programa 4

    50:01 02 feb 2015

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  • Programa 3

    Programa 3

    49:42 26 ene 2015

    49:42 26 ene 2015 Programa que repasa los hechos reales en los que se basa la serie "Victor Ros" y describe como era la España de finales del siglo XIX.

  • 00:57 26 ene 2015 El lunes 26 de enero a partir de las 23.45 h tenemos una cita con la versión más entretenida de la Historia de finales del siglo XIX. La tercera entrega de La España de Víctor Ros bascula entre los grandes cambios que aportaron los avances en la ciencia y la medicina y las rémoras de un pasado oscurantista que se resistía a desaparecer. En ella comparten protagonistmo el origen de la actual policía científica, los protocolizados rituales de los duelos a muerte, la aparición de los grandes inventos que cambiaron el rumbo de la humanidad o el nacimiento de la ciencia-ficción.

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    Programa 2

    50:53 19 ene 2015

    50:53 19 ene 2015 Programa que repasa los hechos reales en los que se basa la serie ""Victor Ros"" y describe como era laEspaña de finales del siglo XIX.

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    50:08 12 ene 2015

    50:08 12 ene 2015 Programa que repasa los hechos reales en los que se basa la serie "Victor Ros" y describe como era la España de finales del siglo XIX. En este capítulo hablamos de casas encantadas, espiritismo, hipnosis, fenómenos paranormales y los métodos policiales de finales del XIX.A finales de ese siglo abundaban las leyendas sobre fantasmas y casas encantadas. Visitamos algunas de las más famosas de Madrid y sabremos que hay fenómenos paranormales que han llegado hasta nuestros días; La hipnosis triunfaba en los teatros y el espirítismo estaba de moda y era seguido por reconocidos científicos. En este capítulo recreamos una sesión espiritista como se hacían en aquellos años; Además sabremos como trabajaba la policía en unos años en los que intentaba modernizarse y adaptarse al crimen y a los primeros asesinos en serie.

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