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Historia de nuestro cine - Coloquio: Echanove - ver ahora
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(Carrete)

¿Qué tal? Bienvenidos de nuevo. Esta noche estamos de aniversarios.

El primero tiene que ver con un actorazo de nuestro cine,

uno de los protagonistas de la película que acabamos de ver:

Juan Echanove, que cumplió años ayer.

Así que felicidades y bienvenido, ¿cómo estás?

Muchas gracias, encantado de estar aquí.

No te canto el "Cumple feliz" porque tal,

pero un placer tenerte hoy aquí con nosotros.

Muchísimas gracias. Con esta película, además.

Y el segundo que queremos celebrar hoy

es el 75 aniversario de una extraordinaria película,

"Mi tío Jacinto" de Ladislao Vajda,

película estrenada en 1956

y protagonizada por el genial Antonio Vico.

Hoy nos acompaña su nieto, el también actor Antonio Vico,

autor del libro "La Carbonell y los Vico".

Buenas noches. Buenas noches.

Anda que no hemos hablado aquí de tu abuelo muchísimo

porque es uno de esos actores que adoramos.

Sí, sí. Gracias por venir.

Mi abuelo y mi abuela eran mis padres para mí.

Nos hablarás de ellos, claro.

Y nuestro tercer invitado es el historiados cinematográfico

y colaborador habitual del programa Luis Parés.

¿Cómo estás, Luis?

Muy bien. Decíamos antes:

"Qué buena sesión doble tenemos hoy, ¿verdad?",

qué interesante. Sí, es interesante

porque parece que las películas, aparentemente,

no tienen nada en común, pero, si miramos un poco con lupa,

tienen muchísimo que ver entre las dos.

Puesto que venimos de disfrutar de "Suspiros de España

(y Portugal)", quería preguntarle a Juan

por el director, por José Luis García Sánchez.

Ha sido un director fundamental

en tu trayectoria y él en alguna ocasión ha dicho:

"Con Echanove, desde 'Divinas palabras', siempre".

Te quería siempre ahí.

Es que José Luis, seguramente, es el director

que más influencia ha ejercido sobre mí

de todos los que he trabajado.

Pero, más allá de eso, José Luis García Sánchez

es una de las personas que más ha influido en mi vida

desde que tengo uso de razón

y, por supuesto, profesionalmente, digamos,

quiero decir, del periodo de 40 y tantos años

que llevo ya trabajando en esto,

es alguien maravilloso, él y su manera de pensar,

su manera de hacer cine

y las personas también que de alguna manera estaban

cerca de José Luis, sobre todo, Rafael Azcona.

Y, seguramente, ese es un punto que tienen en común

las dos películas.

Hay algo en Azcona que entronca mucho

con ese cine neorrealista italiano

y con ese deseo en España de hacer un cine

de alguna manera también neorrealista.

Y todo eso luego desemboca por ese lado de Azcona.

Es interesante ver las dos. Y también hay otra cosa estupenda

y es que José Luis García Sánchez,

que es uno de los que más sabe de cine español

porque dedicó su vida a catalogarlo

y a hacer comentarios y fichas de todas las películas

del cine español.

Una de las suyas de las que más les gustaba era

"Mi tío Jacinto".

De tal manera que vi "Mi tío Jacinto", buh,

cuando estaba empezando en esto.

¿Cómo empieza tu pasión por la interpretación?

Porque, claro, tú, a diferencia de Antonio,

no vienes de familia de actores.

No.

Es algo tan sencillo como que, en el colegio

donde yo estudiaba, la gente hacía deporte

o hacía otro tipo de actividades, que las únicas que existían eran:

había un profesor de Literatura

que montaba funciones de teatro sencillas,

simples, de Alfonso Paso,

o no tan simples, porque hacía también Jardiel

o Miura o cosas así y tal.

Y entonces yo, que era absolutamente alérgico

al deporte, vi que la única manera que tenía

de socializar dentro del colegio

y no convertirme en el imbécil de la clase

era hacer teatro.

Y descubrí, ya desde el primer momento,

que había cierta soltura en mí

que podía hacer que, del aprendizaje de la memorización

al escenario, no supusiera un trauma,

sino que todo lo contrario,

me divertía, me gustaba.

Y, a partir de ahí, me fui complicando,

todo se fue complicando,

afortunadamente. En tu caso las referencias

las tenías muy próximas, porque en tu libro dices

que tu familia se dedica a la interpretación

desde el siglo XIX ya. Sí, lo que pasa es que en casa

a mí no me dejaban ser actor.

Yo solo veía las funciones entre cajas

sin que mi abuelo se enterara de que yo estaba viendo la función.

Mi abuelo, si llega a vivir,

me da dos guantazos

en cuanto me ve encima de un escenario.

En cambio, yo iba con mi padre,

si mi padre me dejaba ir a verle.

Y aquello de un niño ver a una persona mayor que se disfraza

y sale a hacer "El enfermo imaginario",

solo lo veías como diciendo:

"Yo quiero hacer eso". Lo que pasa es que luego,

cuando te pones, ves lo difícil que es,

que es muy complicado.

Luis, si te digo "Juan Echanove y Antonio Vico",

¿qué me dices?

Siendo como dos figuras muy distintas,

me da vergüenza porque estás delante,

de dos orígenes distintos

porque, obviamente, los tiempos no eran los mismos,

entonces Antonio Vico nace en una familia de actores,

forma compañía porque era la forma de poder tener un trabajo continuo

y regular. Y, en cambio, Juan estudia,

entra en televisión y ahí entra como también

su continuidad laboral. Creo que son dos personajes

que están muy próximos,

dos tipos de actuación que están muy próximos

porque los dos, haciendo personajes eminentemente cómicos

o cómicos, intentan siempre como traslucir

otro lado, un lado más amargo,

un lado más tristón, un lado incluso más trágico.

Es decir, que no acaban de ser completamente bufones

y no acaban de ser completamente personajes trágicos,

sino que, en su forma de trabajar,

se quedan siempre en un terreno entre medias,

que es lo que crea realmente esa especie de aliento

con el espectador, porque nos vemos muy reflejados

en ese tipo de personaje.

Y esa empatía. Vamos a hablar de la película

que acabamos de ver, de "Suspiros de España

(y Portugal)", estrenada en 1995.

Lo apuntabas antes. Es una película hecha entre amigos,

había ahí muchas complicidades unidas.

Todas. Todo este tramo de películas de "Suspiros de España

(y Portugal)", "Siempre hay un camino a la derecha",

"Adiós con el corazón", pero también incluso otro tipo,

hay otras películas por ahí que están alrededor,

todas tienen que ver con la necesidad de hacer

un cine personal, que era el cine de Rafael Azcona

y José Luis García Sánchez. Para poder producir estas películas,

había que hacerlas entre nosotros

y lo que hicimos fue una empresa

Juan Luis, José Luis, Rafael, José María Calleja y yo.

¿Qué destacarías de la película que acabamos de ver,

Antonio? A mí me encanta

porque es la picaresca

desde que empieza, en aquel convento los dos,

cómo ese camino que hacen recorriendo toda esa España negra

hasta que llegan al pueblo donde hay

como "Los santos inocentes",

como un recuerdo a "Los santos inocentes".

Entonces me parece

que es una película que enseña la España que no querríamos tener.

Y, sobre todo, ver a Galiardo, a la Sardà.

Yo es que soy muy cómico en ese sentido,

quiero a los cómicos.

Es verdad que todo el mundo relaciona Azcona con Berlanga,

pero con el que más películas hizo

fue con García Sánchez. Sí, y, además, hacen, realmente,

un matrimonio superbién avenido porque se entendían perfectamente.

Ya que hablamos de raíces españolas en esta peli,

creo que la más evidente y a la vez la menos evidente

es "El Quijote".

No dejan de ser dos personas que van en pareja,

que van haciendo un camino, que uno parece mucho más sabio

que el otro, pero que se acaban como mezclando las personalidades,

¿no?, esa "road movie" que se hace.

Y luego una cosa que puede pasar desapercibida,

pero esa selección musical

de canciones que no nos pondríamos nunca quizá

nosotros en nuestra soledad, pero también nos han marcado

y forman parte del imaginario.

Creo que la peli sabe jugar

con todo lo que nosotros creemos que es lo español,

nos guste o no nos guste.

-Sí, es la línea del esperpento.

-Claro. -De alguna manera,

es el esperpento rural moderno.

Y, al final, te das cuenta

de que José Luis García Sánchez, que, sin duda alguna, creo que es

el mayor entendido en este país de Valle-Inclán,

supo hacer coincidir su manera de ver las cosas

con la de Rafa, con la de Rafael Azcona,

y dieron forma al esperpento moderno.

-Yo es que creo que es un esperpento,

como tú has dicho, pero es un esperpento hedonista,

que hay cierta alegría de vivir,

hay gente que hace el amor, gente que se baña desnuda en un río,

hay como verbenas, hay bailes, hay alegría.

¿Fue improvisada? Galiardo bañándose desnudo

en el río, ese es uno de los días,

no voy a entrar en detalles, pero mira como el Vico ya se parte,

y todavía no he dicho ni si era por la mañana

o por la noche.

Esa casa de campo y luego todo lo del río.

-Es que Galiardo era mucho Galiardo.

-Sistemas de motivación de Galiardo,

los gritos que pegaba al entrar en el agua

arengando a la nación.

-Disciplinas nórdicas.

"Mens sana in corpore sano".

Es muy bonito porque hay muchos guiños

a muchos amigos, hay actores que se recuperan,

como los que decís. Ese guiño, por ejemplo,

también a Vicente Parra,

que lo recupera, es como una especie de homenaje.

-Sí. -Vicente Parra

estaba en una época de trabajo sequía, sequía de actor.

Antes de esta película, hicimos la segunda parte

de "Turno de oficio"

y uno de los protagonistas de un capítulo dentro del...

Yo en aquel tiempo, en esa segunda parte,

era el encargado de hacer el castin

de esa segunda parte de "Turno de oficio", fíjate tú.

Me vi actores y actores

y, en uno de los "books",

apareció Vicente Parra.

Y digo yo: "Vicente Parra está en este 'book'",

tal cual, no sé qué,

y empecé a pensar y a ver lo que me gustaba a mí

Vicente Parra. Aparte, que era una persona...

-Maravillosa. -Era un dios.

Entonces, en el castin de esta película,

dijimos desde el primer momento:

"Tiene que estar Vicente.

Tiene que estar", como otros actores que hay por ahí

de cameos. Está Manolo Huete, el juez.

-Maravilloso. -Manolo Huete.

¿Y cómo son esos dos personajes protagonistas?

La verdad es que de uno lo sabemos casi todo.

Del personaje de Juan Echanove,

sabemos que era joven,

que entró allí, que apenas ha visto más vida

y más horizonte que los del convento.

Pero, del personaje de Juan Luis Galiardo,

apenas sabemos nada y casi preferimos no saberlo,

porque sabemos que ha sido muy golfo.

-Es tóxico. -Sí, y con bastante poca ética.

Y creo que lo bonito,

más que cómo están definidos los personajes,

es cómo se define la relación entre ellos,

esa especie de relación

entre maestro y discípulo, que, al final, acaba siendo

suegro y yerno y, al final, acaba siendo

casi entre iguales,

los dos igual de temerosos antes de salir a los toros.

Me gusta mucho la evolución de estos personajes

porque realmente nos cuentan mucho más

de los que nos cuentan verbalmente de su origen

y de su forma de ver la vida.

Pienso que Juan y yo somos dos actores muy complementarios.

La extraña pareja somos. Esos personajes que se complementan

en ternura, en complicidad,

en disparidad incluso.

¿Y la escena esa de la plaza de toros?

¡Uh, uh! Bueno, bueno.

¿Qué pasó?

Esto es lo que hace la amistad por el cine,

porque era una locura, pero una verdadera locura.

Llegamos a Cartaxo, que es la plaza por antonomasia

de las pegas de forcados portugueses

con autoridades por todos los lados y tal y cual.

Entonces a Galiardo

se le ocurre, con mi complicidad,

salir con la pega, ir al callejón, que era lo que teníamos que hacer,

y de repente Galiardo y yo estamos así viendo

que nos están grabando

y me dice Galiardo:

"Salta conmigo, chatín.

-¿Cómo? -Salta conmigo, chatín.

Hay que jugarse la vida por esta producción".

-(RÍEN) -Vestidos como salimos vestidos.

El vestuario era tremendo para hacer todas esas cosas.

Dice: "Salta, salta, chatín".

Cogemos los dos y nos vemos en mitad de la plaza

y el toro que viene y los portugueses que vienen

y empezamos a hacer como el bombero torero allí y tal

hasta que nos echa de la plaza la autoridad.

Y nos dejan en la puta calle

sentados en un bordillo sin dinero

porque todos los demás estaban dentro grabando.

Y nos vemos Galiardo y yo vestidos así sin un duro

para poder tomar un café, una caña

o lo que fuera, sin un duro y sin que nos conociera ni Dios,

que era lo peor. Decía Galiardo:

"Todavía te conocen y le puedes decir a algún ciudadano

que te invite a un café".

(RÍEN)

Qué horror, cómo fue aquello.

Pero eso se agradece. Es un momentazo de la película.

Sí, la verdad es que pasamos miedo.

Vamos a hablar de la película que vamos a ver a continuación,

de "Mi tío Jacinto",

estrenada en 1956.

No sé si era uno de los trabajos más queridos

por tu abuelo, porque, desde luego, es uno

de los que siempre se destaca cuando se habla de su trayectoria.

No, mi abuelo era muy raro.

Entonces él no tenía un trabajo,

él no se creía nada de que él era un buen actor.

Él siempre iba.

Nunca se creyó nada,

aunque fue echado de dos funciones de teatro

porque él no estaba de acuerdo

con la forma de actuar de sus mayores.

Y fue echado.

Pero él nunca se creía nada.

Mi abuela siempre le decía:

"Antonio, te tienes que creer que eres un buen actor".

Y mi abuelo siempre decía:

"Bueno, lo voy haciendo".

Y él en casa no hablaba de teatro.

Entonces él no decía: "Yo hice 'Mi tío Jacinto'".

Él decía: "Mi novela del oeste,

mi novela de novela negra,

mi fútbol, mi nieto".

Él no decía nunca: "Yo he hecho esto,

yo he hecho lo otro".

¿Qué te parece cómo está tu abuelo en esta película?

Uf.

A mi abuelo es que lo he conocido como abuelo.

Además, dicen que me parezco a él.

Sí, sí te pareces.

Cada vez, más. Sí, sí, mucho.

Y me siento como acobardado.

-No, tú también eres muy buen actor.

No juegues a lo mismo que tu abuelo.

-No, pero me siento acobardado.

Antes de comenzar esta charla,

ya estabais hablando de "Mi tío Jacinto".

Es que es una de esas grandes películas

de la historia del cine español.

Sí, sí, y, además, cada vez que hay un movimiento

de cámara en esta película, ves que la cámara era un bargueño.

Cada vez que había un movimiento de cámara,

ahora, con la tecnología,

hoy en día, con los movimientos de cámara

uno puede plantearse

cualquier virguería porque puede salir,

pero es que aquello era que hacía falta mucha gente

para mover eso, "travellings", historias y tal.

Y todo este tratamiento de imagen que tiene Vajda

y, con el blanco y negro, además, que la hace hermosísima la película,

la ambientación, el maquillaje,

determinadas cosas de cine de gran producción,

porque "Mi tío Jacinto" era una gran producción.

Y la España que retrata, Luis.

Sí, bueno,

sí, es una España que por una parte es trágica,

pobre, deprimida, depauperada;

pero, por otra parte, es como sigue teniendo esperanza,

sigue pensando que puede ocurrir,

puede aparecer la suerte,

se puede salir adelante,

se confía en el otro,

Juan Calvo con Pablito cuando le deja el traje de torero.

Es decir, hay como algo muy lindo,

porque es como un contraste

que no acabas de entender,

el mismo contraste que propone la película,

que es a la vez una película neorrealista muy dura

y un sainete muy dulce.

Bebe del neorrealismo italiano

y muchas veces, siempre que hablamos de esta película,

hacemos referencia al "Ladrón de bicicletas".

Porque no podemos olvidar

que Vajda era un hombre inteligentísimo.

De hecho, seguramente, es

el director más español de todos los que han dirigido cine

en España, y eso que era húngaro,

porque él tenía una cultura centroeuropea,

había vivido mucho tiempo en Berlín,

entonces él conocía como muchas tradiciones culturales

y las sabía mezclar. Él también había trabajado

en Italia, es decir, conocía muy bien

el neorrealismo italiano y por eso lo pone en práctica

en esta película. Pero también conocía

la opereta vienesa y por eso la pone en práctica

en su adaptación de "Doña Francisquita".

Viendo las películas de Ladislao Vajda, realmente,

ves como una especie de mezcla de tradiciones

que enriquecen muchísimo sus películas.

Película con niño, pero qué niño.

Creo que es el niño de los niños.

-Sí. -O, por lo menos, uno de los tres,

pero porque hay grandes historias de grandes niños

en el cine español,

Pero Pablito Calvo tenía un descaro, era un ángel.

-Sí. -Básicamente, era angelical.

Era travieso.

Era todo lo bonito,

todo lo perdonable, todo lo entrañable.

Y, sobre todo, tiene un plano un corto.

Es que a este niño le acercaban la cámara esta

y es que podía con todo.

Tú le conociste. Sí, yo le conocí.

Él era mayor que yo, pero él venía a casa

y hablaba con mi abuelo.

Y era entrañable.

-Es una película que refleja perfectamente

ese ambiente del lumpen proletariado,

de la pobreza absoluta,

de luchar por la vida por los medios que sean,

pero reflejado con una ternura

y con una calidad tanto en la expresión artística

como en la iluminación, en los caracteres que intervienen,

en todo. O sea, para mí es una película perfecta.

Y luego trae esa generación de actores,

todos los actores que hay secundarios en la película,

desde Pepe Isbert hasta Gila,

en un personaje también.

Pepe Isbert, creo que es la película

en la que menos le he escuchado hablar del cine.

-Sí. -Y creo que tiene

otras cosas características

de Pepe Isbert, que es esa incredulidad

de la fatalidad.

-(RÍE) Sí, sí.

-En la comisaría, cuando abre el chaleco

y lleva 40 relojes.

-Sí, sí. -Es preciosa.

Si en "Suspiro de España", teníamos una extraña pareja,

podríamos decir, también en esta película

hay una extraña pareja

donde hay un cambio evidente de roles.

Sí, de hecho, mientras que en "Suspiros de España"

vamos viendo paulatinamente cómo se van mezclando los roles,

aquí no, aquí están invertidos

desde el principio, es decir, ese pequeño que cuida de ese mayor

y ese pequeño que es el que realmente aporta la esperanza

y las ganas de salir adelante que el mayor ya no tiene.

La pareja realmente es preciosa

y funcionan a la perfección, porque, aunque Antonio Vico,

por ejemplo, en su personaje no tiene grandes muestras de cariño

con el niño,

se nota ahí que hay un amor infinito.

-Siempre. -Es decir,

es como una especie de interpretación invisible

que te cuenta muy bien la relación que tienen entre ellos

de dependencia mutua, pero de ayuda infinita.

Vajda era un gran amante de la fiesta de los toros

porque la retrata en varias de sus películas.

¿Cómo está retratado aquí ese mundo, Juan?

Creo que hay más toro, hay más fiesta de los toros

en cómo cuenta su faena soñada el tío Jacinto

que a lo mejor en 20 películas de toros.

-Sí. -O sea, ese final cuando él cuenta:

"Tenías que haberme visto",

que eso es muy español,

eso es lo de todos, ese es el cazador, el pescador:

"Tenías que haberme visto a mí en ese río con tal, cual, tal".

De esa descripción, de ese "stand up" de tu abuelo,

bebe "El club de la comedia".

¡Eh! ¡Eh!

Vajda ahí, cuando hizo "Tarde de toros",

que mi padre hacía el espontáneo,

es la película que mejor retrata

la corrida de toros.

Y hay una curiosidad:

cuando a mi padre le coge el toro,

el chico al que le cogió el toro murió.

¡Manolo!

Lo vamos a dejar aquí y, antes de despediros,

me gustaría saber los proyectos que tenéis.

Yo he empezado a ensayar ayer "El crédito"

y, si la pandemia nos deja y eso, a mediados de mayo, lo estrenaremos,

si nos dejan.

# Si nos dejan. #

Eso. Juan.

Yo sigo con la gira de "La fiesta del Chivo",

seguiré hasta noviembre

del 21. Que ya llevas tiempo.

Sí, y empezaré a grabar la segunda temporada de una serie

que se llama "Desaparecidos" en mayo.

O sea, que, afortunadamente,

trabajo no falta, pero, como dice el maestro Vico,

es que esto hoy es de esta manera,

mañana ya veremos.

-Mañana Dios dirá. Crucemos dedos. ¿Luis?

Sigo con mis documentales intentando conseguir dinero,

conseguir montajes,

conseguir todo, pero tengo esperanza.

Claro que sí. Muchísimas gracias a los tres

por el rato tan estupendo de cine.

Os dejamos con un imprescindible

del cine español, una película que retrata

la miserias morales y económicas de una época,

pero desde la ternura y no desde la lágrima fácil.

Que la disfrutéis.

Historia de nuestro cine - Coloquio: Echanove

02 abr 2021

Elena S. Sánchez charla con los actores Juan Echanove y Antonio Vico y nuestro colaborador Luis E. Parés, sobre las películas que emitimos "Suspiros de España (y Portugal)" (1995) y "Mi tío Jacinto" (1956).

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