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Para todos los públicos Hacer de comer - Moussaka y morro de cerdo - ver ahora
Transcripción completa

(Sintonía)

(Sintonía)

Menudo atascazo hemos pillado.

Claro, es que esto es lo que es. ¿Dejo esto por aquí?

Cuando vivías en Marbella esto no te pasaba, ¿eh?

No, en Marbella no, en Marbella había pocos atascos.

Bueno, de vez en cuando, me como atascos en verano, ¿eh?

Es verdad, algún atasco sí que hay en agosto.

Sí, señor.

¡Muy buenos días a todos!

Como veis, estoy con Esther Arroyo, mi gaditana favorita,

que es una gran amante de la comida griega;

así que con ella, lo que haremos, será una musaca griega, claro,

y, después, haremos un morro de cerdo.

Vete lavando las manos. Venga.

Y yo iré contando los ingredientes de esta musaca...

Leche, harina, mantequilla, sal, nuez moscada, pimienta,

aceite de oliva, salsa de tomate, caldo de carne, cebolla,

vino blanco, berenjena, puerro, pimentón, ajo, orégano,

carne de vacuno picada y parmesano. Esto tiene muy buena pinta.

Ya te digo...

Me voy lavando las manos y me cuentas qué te pasa con ella.

Mira, que la berenjena, que a mí me encanta,

pero creo que se me queda como agria, ¿sabes?

Un puntito amarga. Sí, eso es.

Es algo que le ocurre a muchos, porque tiene un proceso llamado,

suena un poco feo, pero se llama así, purgar.

Si te parece, nos ponemos manos a la obra,

lo que haré es sacar la mandolina para cortar la berenjena.

Pero mira qué bien.

Te voy a mandar deberes. Claro, ya veo que está todo...

¿Quién me iba a decir, cuando era más jovencito,

que algún día estaría cocinando con Esther Arroyo?

Somos fanes el uno del otro. (RÍEN A CARCAJADAS)

Voy a poner esto por aquí para quitarte la tablita.

Te lo he puesto fácil, porque la cebolla está picada,

la he picado antes, solo queda el puerro.

El puerro este, vale.

Bueno... veo mucho nivel aquí. Hombre...

¿Cuándo aprendiste a cocinar? En mi casa se cocina muy bien,

a mi abuela le adivinaba la comida desde la puerta;

y mi madre, también, cocina muy bien.

Estando en mi casa nunca me interesó la cocina,

pero cuando salí de mi terreno dije: "¿Qué hago para comer...?";

así que, aprendí a cocinar por teléfono.

Llamaba a mi madre y le preguntaba cómo se hacían las lentejas

y decía: "A ojo", así que cuando me preguntan

cómo hago determinadas cosas yo digo "a ojo".

"A ojo no, ¿cuánto le echas?".

Esto le pasa a los cocineros antiguos,

a los de verdad, porque antes no había pesos.

Claro. A mí la repostería se me da mal por eso, por medir.

No eres capaz de pesar. Me pone de los nervios.

(RÍE)

Lo que hago es colocarlo en una bandejita para echarle sal.

Como veo que eres una alumna aventajada

y yo, mientras, debo seguir cortando berenjena,

te voy a contar los otros pasos y los vas a hacer tú.

Por un lado, hay que marcar la carne

y, por otro lado, tenemos que hacer el sofrito.

Sofrito: un poquito de ajito, cebolla, puerro, aceite de oliva...

Yo te dejo ya. Tú me dices cuánto echo de aceite.

Con esta cantidad tenemos más que de sobra.

Tienes el ajito aquí, aquí tienes la cebolla.

La cebolla... Y el puerro.

¿Lo echo ya? Sí, sin miedo, ya huele.

Esperamos a que baile, siempre lo digo.

Eso te iba a decir. Mi madre decía: "Primero el ajo, niña".

Me encanta. ¡Por fin, por fin! ¿Cómo se llama tu madre?

Vicky. Vicky, por favor te lo digo,

de verdad, muchas gracias. Alguien que piensa como yo.

Porque es para ligar. Eso es.

Primero echas el ajo, que es lo que liga.

A la gente le da pánico porque se les suele quemar,

pero al echarlo segundo ya no suelta el aroma.

Exacto. Claro.

Echo ya esto, ¿no? Sí, ya ha bailado.

Como no tengo una bandeja kilométrica,

lo que haremos es lo siguiente, voy a ponerla aquí.

Este proceso es el importante, porque, además,

es la razón por la que Esther está hoy con nosotros;

quiere quitarle ese puntito amargo. Esto, como digo, en cocina,

vulgarmente, se le llama purgar, es lo que vamos a hacer.

Esther, todo el mundo recordará un accidente que tuviste.

Ya te digo... ¡y yo! (RÍEN)

No se me olvida. Pero, bueno, te veo...

Estoy fenomenal, porque, además, hace poco...

¿Sabes qué? A lo mejor, me repito, pero me gusta contarlo

porque hago terapia con las redes sociales.

Hay gente que me pregunta cómo se me quitaron

esos dolores tan fuertes que tenía, después de diez años,

y fue porque me inyectaron procaína en las cicatrices.

Parece que la cicatriz es algo que está ahí y...

Lo vuelvo a contar porque la gente se interesa,

para quien tenga problemas de cicatrices, la procaína.

Me alegra mucho verte así de sonriente.

La sonrisa no la he perdido nunca. ¿Sabes qué pasa? Que es gratis.

Mira qué cosa más curiosa. Qué bonita.

Era lo que te contaba. ¿Ves ese agüita que suelta?

Sí. Es lo que suele dar el amargor.

Vale. Queremos que purgue mucho más,

así que la tendremos veinte minutos para que elimine todo el agua,

mientras tanto, vamos a seguir haciendo el sofrito.

La cebollita está, así que voy a echarle el puerro,

y la sartén está calentando para sofreír la carne.

Muchas veces, veréis versiones de musacas con carne de cordero,

nosotros la vamos a hacer con ternera.

Le tengo mucho manía, cuando compro la carne picada,

tal como está, y la echo aquí. Sí...

La empiezas a romper, se queda más grande...

La romperé y la salpimentaré antes, y le echaré el aceite de oliva,

pero la romperé antes de echarla en la sartén.

Yo la condimento antes, porque soy de muchas especias,

yo le echo de todo a la carne. De todo lo que pillas, ¿no?

Qué me gusta una especia, no puedo evitarlo.

Y con las lasañas hago igual, aliño la carne primero...

Hoy vamos a meterle orégano, pimienta y nuez moscada;

pero acepta muchísimas cosas.

Mira cómo va perdiendo más agua. Sí, cómo suda.

¿Has visto cómo suda? Sí.

¿En casa qué cocinas?

Mira, cosas fáciles. Hago muchas albóndigas,

porque las hago fritas o en amarillo;

luego, los cocidos, no puedo vivir sin un cocido,

necesito mis garbanzos, mi sopa, la "pringá"...

La "pringá", el caldito de puchero...

Hago muchas lasañas, también, pastas con pesto, me encanta...

¿Te gusta el pesto? Sí, pero el pesto de casa.

Lo hago con nueces en vez de con piñones.

Bueno, muy bien. Sí, me gusta más.

Me gustan las cosas con sabores fuertes.

A mí me gusta echar pimienta a las cosas.

Díselo a mi madre...

Que te comes medio plato, porque las echa entera, en grano.

¿Sí, no? Claro, y tienes que ir apartando.

Oye, tu madre es muy como yo. Sí, sí, sí.

La carne tengo que ir marcándola, pero marcándola, poquito a poco,

no he hecho ninguna tontería, al echar el aceite, ¿veis?

Ya se está marcando, esa burbuja de grasa y no de agua.

Si fuera de agua se cocería.

¿El sofrito cómo va? Oye, tiene buen color, ¿eh?

Sí, lo que pasa es que yo mareo la comida, me gusta moverla.

Aquí tenemos el pimentón, la salsa de tomate,

el vino y el caldito, ¿vale?

Yo hago esto con el pimentón, porque me gusta que toque chapa.

Hago un huequecito... Toma la cuchara.

Y echo aquí el aceite.

¿Ves la importancia de que la burbuja sea grasa?

Sí, sí. Que no sea agua.

Sí, a mí me pasa, a veces, porque no tengo tiempo de cocinar.

Eso es cierto.

Echo toda la carne junta y, al final, le sale agua.

Mira, dale aquí un poquito, para que se haga un pelín...

En cuanto veas que burbujea... Burbujea.

Voy a echar el tomate frito, intégralo ahí.

Corrígeme, que he venido a aprender.

Estoy encantado de la vida contigo. Vale.

Voy a coger otro cacharrito...

Soy mucho de cacharros, menos mal que tengo lavavajillas.

Esta carne no necesita más, el resto de cocción será después,

cuando la echemos ahí.

Así...

Tengo que seguir haciendo carne, pero debo hacer un paso importante

para que, precisamente, no suelte mucha agua;

que es limpiar, por completo, la sartén.

Esto, que parece una tontería, es importantísimo,

porque la poca agua que ha soltado no la quiero, es mi enemiga.

No tiene nada que ver cuando la carne está salteada...

No, no, no. A que se haya cocido.

Cuando se cuece coge un sabor que parece que la carne está mala.

Exactamente.

Oye... de vino blanco eres más generoso que yo,

los vinos me dan más... ¿Sí, no? Voy a echar más carne.

Soy más prudente. No echo aceite porque ya tiene.

Claro. A fuego...

El vino ha evaporado, es el momento de echar

el caldito de carne a nuestro sofrito.

Aquí vamos a tener un proceso de veinte minutos de cocción,

hasta que reduzca, prácticamente, a seco.

Vamos a esperar veinte minutos a que reduzca el caldo,

otros veinte minutos para que purgue la berenjena

y vamos a terminar de saltear la ternera.

Como veis, estoy haciendo las berenjenas a la plancha,

como veis, también, no me gusta echarle aceite de oliva,

porque si no, la berenjena se vuelve muy...

Yo digo "enguachinai" y la gente no me entiende.

Yo te entiendo, sí. Esa sensación un poco de...

Sí. De "enguachinado".

"Enguachinado", totalmente, sí. Para meterla es importante

que la sequemos, por eso tengo aquí este papelito.

Y además, es el truco que le hemos enseñado

aquí, a Ester, para que no amargue.

Mira, tenemos que quitarle todo el agua

por eso con el papel absorbente ya hago así, aquí, la pongo aquí.

Lo voy a echar aquí a la sartén. Bueno, he pedido a Ester

que me haga la bechamel porque ya he visto que tiene toque

que juega en el centro del campo y reparte la pelota, perfectamente.

Vamos a verlo. Así que, le puse los ingredientes

de una bechamel tradicional: Mantequilla, harina,

leche y un poquito de nuez moscada, así que, cuéntame tú cómo la haces.

Yo echo... Si veo algo raro, te corrijo.

Eso, yo echo la mantequilla primero.

Ahí está, muy bien. Y cuando está derretida

le echo la harina.

Le echo la harina... ¿Qué es lo más importante

que viene ahora? Cocinarla bien

para que no sepa a crudo porque luego...

Mira, esto huele a galleta. Oye, es verdad, tienes razón.

Huele a galleta. Es la sensación de la harina...

Sí. Creo que ya puedes.

Se ha cocinado. Ya cogió color, sí,

se ha cocinado. Y huele a galleta.

Mira, te doy y échale sin miedo, ve echando toda la leche,

te doy una varilla y saco también, mirad,

esto es vital, nada de aceite. ¿Veis cómo queda así seca?

Bueno, aparte me quemo, pero queda así.

No tiene nada de humedad, solo la que pueda coger ahora,

pero este paso es importantísimo.

Esta va a ser nuestra pasta. Tengo por aquí la sartén,

la dejo aquí y ahora, voy a añadir, por fin,

la carne a nuestro sofrito.

Aquí, os recuerdo que la carne está, básicamente, cocinada,

lo único que haré será darle ese hervor que a mí me gusta

cuando queremos integrar una cosa en otra.

La carne ya está hecha y mirad qué pinta,

ahora echo el toque de orégano. Mientras tú vas dándole cocción

a la bechamel, yo voy construyendo al musaca,

vamos a poner berenjena, capa de carne, berenjena,

capa de carne, berenjena, bechamel y quesito.

El queso, otra cosa que me vuelve loca.

Sed generosos, no quiero que me pongáis...

Oye, que he cortado mucha berenjena a conciencia,

quiero que esté todo bien tupido que se diría, o sea,

que cuando echemos la carne y corte, haya berenjena.

Sí. Porque, al final, una musaca

sin berenjena no es nada. Ya habéis visto cómo está esto

y lo que no habéis visto

es cómo está de punto de sazonamiento.

Yo voy a mirar para otro lado y me tienes que decir

si necesita o no necesita, ¿vale?

A mí, no, está perfecto. Es la reducción,

es que hay veces que hay gente que me escribe y dice:

"Oye, no le has echado sal". Ah, bueno, con el caldo.

¿Sabéis qué pasa? Que voy reduciendo, reduciendo,

concentrando sabores y, al final, no necesito sal.

Allá vamos, vamos a ir poniendo la primera capa.

Hay muchas musacas, también, vegetarianas,

podíamos haber hecho esta boloñesa solo de verduras.

Imagina que en vez de carne,

hacemos una "brunoise" vegetariana de apio, calabacín,

zanahoria, de cualquier cosa de ese tipo.

Mira, aquí, primera capa, vámonos a por la segunda

que ya cuando termine va a estar la bechamel a punto.

¿Cómo la ves, está hirviendo? Está hirviendo, sí.

¿Cocinan tus hijos o no? Mi hija empieza a tener

un poco de curiosidad, pero luego, al final

es como que mamá te ayudo, pero tú sabes.

Lo justo. Sí, espera que ahora vengo.

La pequeña tiene 13, ¿no? Claro, y mi hijo, el mayor,

tiene 26 y ese se apaña solo,

a ver, no se hace grandes platos, pero también me preguntó

mucho por teléfono porque estudió en Inglaterra

y vivía con unos amigos y de repente era:

"Mamá, y el pollo... Dime algo fácil de hacer".

Y le enseñaba a hacer cosas un poco sencillas y triunfaba.

En alguna ocasión lo veo en mi hija

que explica lo que has dicho que una vez lo hacen y les sale

dicen: "Guau, puedo hacerlo,

es mágico, he hecho eso y me lo puedo comer".

Sí. Está convencido que está rico.

Bueno, vamos aquí ya... Oye, esto está, eh.

Ponla a punto de sal y voy a ir terminando

esta capa de berenjena.

Venga, y la nuez moscada. Y esto y a mi ojo o qué.

Como a ti te guste. Qué bien huele la nuez moscada.

Te gusta, ¿no? Uf.

Bueno, listo, tráela para acá, vamos a echarla por aquí,

tiene una pinta brutal, está perfecta.

Vamos a ver. Ella tenía sus miedos,

pero mira cómo ha quedado. Nada, mira, a ver,

yo tenía el miedo, el respeto

de estar contigo al lado del "boss",

digo: "Bueno, a ver". No, no.

Es difícil de quedar bien. Mira, así.

Qué bárbaro, qué pinta tiene.

Así, todo lo que tenemos dentro de la musaca está cocinado,

por lo tanto, solo tenemos que dorar.

Aqui, perfecto. ¿Esta me la puedo comer yo?

Puedes comer lo que quieras. ¿Se pueden chupar las cucharas?

Dale sin problemas.

Mira, cubrimos bien con queso rallado

y ya tengo el horno precalentado en el modo grill

porque lo único que quiero es, simplemente, que gratine.

Ve abriéndome el horno, Ester, que esto está...

Ostras, ah, ahí, que de repente, no me habías presentado el horno.

¿Sabes qué pasa? Que es omnipresente.

Bueno, así, con todo bien lleno de queso

lo vamos a gratinar cinco o siete minutos

y la musaca estará perfecta.

(Música)

Ester, a mí esto me huele a Grecia. A mí ya me caen dos goterones.

Bueno, mirad qué brillo que ha cogido esta musaca

y ese gratinado que siempre, además, aporta esos sabores

y esos aromas increíbles.

Voy a hacer ahora un morrito de cerdo,

¿te animas a quedarte conmigo? Prefiero comerlo

y no verlo porque no vaya a ser que me dé... Entonces,

te bichearé un poco. Quédate por casa tranquilamente,

que te pego un toque y me pongo con los morros

y te veo en la mesa. Me refresco para comer.

Vale, hasta luego. Hasta ahora.

(Música)

Llega el momento del morro de cerdo.

En esta ocasión he querido acompañar

el guiso tradicional del morro

con un acompañamiento un tanto diferente.

Quiero usar el nabo y lo vamos a encurtir,

ligeramente, después, además, le añadiremos un poquito

de anacardo y de apio, sobre todo, para darle

un poco de frescura. Así que, os cuento los ingredientes

que vamos a utilizar: Morro, oloroso,

caldo de carne, aceite de oliva, pimienta, sal,

zanahoria, cebolla, anacardo, tomillo fresco, laurel,

apio, ajo, nabo, vinagre de sidra,

azúcar, zumo de limón y agua.

Empezamos sacando la olla exprés, ya sabéis que es la mejor

de mis compañeras, la adoro, me encanta.

Y si de verdad tenéis en la cabeza eso de que la olla exprés

hace las cosas diferentes, me gustaría haceros un día

una prueba a ver si acertáis dónde hago unos morros

en la olla exprés o unos morros en una olla convencional.

Pero, bueno, tenemos por aquí, voy a traer el ajo, la cebolla

y la zanahoria aparte de los aromáticos

que es con lo que vamos a empezar.

Bueno, sé que estáis acostumbrados a que marque la proteína,

pero, sobre todo, marco la proteína

cuando es como carne 100%.

Aquí, en el caso del morro no lo voy a hacer,

se nos puede pegar, nos puede saltar,

tiene su grasa, su gelatina, su colágeno

y además, quiero que se quede con una textura melosa

que es lo que me importa.

Por lo tanto, el hecho de marcar y sacar no tiene mucho sentido.

Así que, hoy lo primero que voy a hacer, directamente,

es poner un poquito de aceite de oliva

y el ajo a bailar.

Así, sé que muchos de vosotros

a lo mejor estáis pensando: "Qué morro", morro, morro,

la verdad, de verdad, este tipo de cocina

con este tipo de ingrediente, aparte de ser baratas

es que son suculentas y maravillosas.

Cuando os hablo de trabajar con morro, no creáis

que vamos a usar lo que es la parte del hocico de cerdo,

realmente, se trabaja, absolutamente, casi lo que es

toda la careta, lo que es la careta y el morro del cerdo.

Voy a poner el laurel,

ya sabéis que me gusta romperlo siempre

y voy a poner, cómo no, un poquito de tomillo fresco.

Bueno, ajito, hierbas por aquí. Siguiente paso, la cebolla.

Aquí, y mientras tanto, voy a ponerme a preparar

el nabo encurtido. En esta ocasión quiero hacer

el nabo en forma de bolitas. En alguna ocasión

os he contado cómo usar el sacabolas

para hacer la bola completa, pero no os preocupéis

porque ahora lo voy a volver a contar.

Ya sabéis que esto es como jugar al pádel,

es como jugar al tenis, el giro de muñeca

y la muñeca es fundamental. Ya sé que me vuelvo muy cursi

diciendo esto, pero es así.

Mirad, os enseño a hacer las bolitas.

Como veis intento meterlo hasta el fondo

y una vez lo tenga así hago el juego de muñeca.

Ahí, y me saco la bola lo máximo posible,

una esfera bonita y una esfera perfecta.

Bueno, voy a ir haciendo bolitas,

la verdad, tengo trabajito y me van a salir agujetas

en la muñeca, seguro.

Bueno, el morro de cerdo lo podéis encontrar

en muchos sitios también como jeta.

Y hablando de jetas, os voy a contar

de dónde viene la expresión de "ser un jeta".

Normalmente, sabéis que la utilizamos

para referirnos a alguien

que es un caradura, un sinvergüenza.

Un jeta, ¿no?

Al ser el cerdo un animal impuro para los musulmanes,

el término "jeta" llegó hasta nosotros

con la connotación negativa que se le da.

Entre eso y que tiene la piel muy dura el cerdo de por sí,

al final, hemos acabado diciendo que ser un jeta

es alguien que tiene mucho morro.

Bueno, a ver cómo tengo la cebolla.

Bueno, esto está ya, prácticamente, así que voy a añadir la zanahoria.

Bueno.

Voy a coger un poquito de oloroso.

Me apetece un poco este aroma del oloroso.

No sé. Me encanta. Mira que yo, por ejemplo,

no soy muy de beber "jereces",

pero sí que soy muy de cocinar con "jereces"

y con ese tipo de aromas,

que son auténticos perfumes para la comida.

Es el momento ideal para ponerme un cacito

y preparar el encurtido.

Para encurtir, ¿vale? Agua por aquí...

Vinagre de sidra por aquí...

Zumo de limón. Estoy echando, como veis, los líquidos.

Sal. Sin miedo, como estáis viendo. Tenéis la receta y las cantidades.

Y azúcar.

¿Qué buscamos cuando encurtimos? Pues buscamos...

No voy a decir lo que, verdaderamente, estáis pensando,

que es conservación.

Que, probablemente, sí y es lo que se inventó.

¿Pero qué es lo que yo busco en esta receta

con este puntito de encurtido?

Básicamente, es buscar ese puntito de acidez,

de frescura. Quiero que esa bolita de nabo

sea esa parte importante en la receta del morro.

El morro, al final, es suculencia, es melosidad.

Necesitamos contraponer, no solo texturas,

sino, también, aromas.

Esta misma forma de encurtir la podéis utilizar

con cualquier otra verdura. Hoy yo estoy poniendo nabo,

pero reconozco que hay mucha gente que le da pánico el nabo.

Pues utilizad zanahorias, por ejemplo.

Cualquier verdura que tenga esta textura, nos valdría.

Mira. Ya tengo el nabo por aquí.

Y es el momento ya, prácticamente, de añadir el morro

y añadir el caldo. Ya sabéis que antes de cerrar

siempre la olla exprés, necesito que haya hervido,

que haya esa integración. Así que voy a echar ya el morrito.

Voy a mover un poquito.

Como veis, no he puesto nada todavía a punto de sal.

Quiero las cosas en su punto y quiero echarlas

en el momento idóneo. No todo vale.

En cuanto empieza a hervir, lo vamos a tapar.

Mientras tanto, lo que sí ha hervido,

es la mezcla para encurtir el nabo.

Aquí se trata de hervirlo por una razón muy sencilla.

Y es integrar y, sobre todo, diluir la sal y el azúcar.

Así que una vez diluido, lo incorporo a los nabos

y lo voy a dejar por ahí reposando diez minutos.

Yo creo que ya voy a tener el morro hirviendo.

Momento ideal de cerrar nuestra tapadera.

Así. Lo vamos a tener cociendo 30-35 minutos

desde que empiece el primer... (SISEA)

(Música)

¡Uy!

Siempre... (RÍE)

Me pilláis, pero siempre tengo mucho respeto

a la hora de sacarle el vapor a una olla exprés.

Mientras sale el vapor, voy a ir preparando

el acompañamiento. Dejé un poco de tomillo por aquí.

Tengo el nabo ya encurtido, que he colado la parte encurtida.

Llamaríamos a esto "un encurtido exprés",

básicamente, porque es lo que es. Y recordad que nos queda

por aquí el anacardo y nos queda también este apio.

Bueno, lo primero que voy a hacer,

es poner esta tablita aquí

para prepararla. Voy a sacarme una sartén,

porque quiero ir salteando el nabo junto al anacardo.

Así que ya tengo la sartén puesta. Y voy a ir abriendo por aquí.

Está claro que ya no hay nada de vapor

y, además, hoy día, las ollas exprés que venden,

las ollas rápidas, son bastante seguras.

Seguras y son bastante efectivas.

Mirad qué textura tan mágica.

Ese punto de melosidad. Eso es lo que quería, precisamente.

Y eso es lo que hemos conseguido.

El morro suelta el colágeno, que esto parece

que sea un pilpil. Ese colágeno se ha mezclado

con nuestro caldito, con nuestro oloroso,

aparte de con lo que suelta. Y hemos dejado, habéis visto ahí,

con esta cocción siguen las zanahorias enteritas,

que era algo también que me interesaba

y que quería que ocurriera y así ha ocurrido.

Tenemos la sartén ya caliente.

Voy a ir echando primero los anacardos.

Podríamos añadir un poco de aceite de oliva.

Yo no lo voy a hacer, en este caso,

porque prefiero la grasa del propio anacardo.

Por aquí tengo la raíz de este apio.

Le voy a quitar un poco lo que son las hebras.

Recordad que las hojas del apio son superaromáticas

y a mí me encanta utilizarlas.

Hoy no tengo aquí pero a esta receta

le vendría perfectamente.

¿Os acordáis cuando echamos unas hojas de apio

a unas lentejas vegetales que hicimos?

Recordadlo. Podéis mirar en nuestra web:

rtve.es/hacerdecomer.

Pero, también esa receta está, ojo, eh,

en el libro "Hacer de comer: Las mejores recetas".

Podréis encontrar muchísimas otras recetas

que hemos hecho en el programa.

"Hacer de comer: Las mejores recetas".

Sigo quitando, porque para hacer de comer bien,

precisamente, hay que quitarle esta hebra.

Lo único que voy a hacer, es cortarlas así. Ahí.

Insisto. No me tiréis las hojitas del apio.

Son superaromáticas. Es como todo el sabor del apio.

Bueno, ya nos queda, prácticamente, nada.

Mira. Mi anacardo ya ha cogido un pelín de color.

No necesito más. Ahora voy a saltear, ahí,

mi nabo encurtido.

Luego, voy a poner un poquito lo que es el apio.

Pero lo quiero, prácticamente, crudo.

De hecho, lo voy a echar por aquí.

Lo voy a poner encima del anacardo, porque tampoco

me hace falta que coja color.

Bueno, ya os avisé que era un acompañamiento diferente

a lo que estamos acostumbrados. Normalmente, serviríamos el morro,

prácticamente, así, tal y como está aquí.

Pero yo hoy me he puesto a hacer la receta y he pensado:

"Vamos a darle un toque".

Vamos a darle un toque de frescura.

Y aparte de darle un toque de frescura,

vamos a darle un toque de creatividad

y vamos a hacer algo diferente.

Vamos a encontrar nuevas texturas en este morrito de cerdo.

Bueno, así.

Bueno, la verdad, estoy dudando ahora,

me pasa muchas veces, eh,

si juntarlo todo o ponerlo encima.

Yo creo que voy a elegir encima, por una razón muy sencilla.

Tampoco quiero que se me humedezca en exceso lo que es el anacardo.

Así que voy a empezar a poner.

Mirad qué textura, de verdad. Fijaos.

Fijaos qué auténtica maravilla.

Os digo una cosa, para la gente que esté pensando:

"Oye, yo soy reacio a la casquería y no me gusta".

¿Sabéis cómo podéis hacer esta receta muy similar

a lo que yo he hecho hoy?

Con carrillera, que eso nos gusta a todos.

A pesar de ser una parte de casquería.

Pero la carrillera podría ir genial aquí.

Bueno, es curioso cómo ciertas partes de la casquería

llaman más la atención que otras.

Porque lo que acabo de decir, es una carrillera,

que no deja de ser un poco, ya sabéis...

La carrillera es el mofletito,

que está, precisamente, detrás de este morro

y de esta careta.

Pero, bueno, es cierto que el morro tiene

más gelatina, más grasa

y eso parece que echa para atrás.

Al final, voy a acabar añadiéndole un poco de pimienta también

y un poquito de aceite de oliva, porque si no,

no sería un plato hecho por mí.

Lo primero que voy a hacer, es poner esta pimienta,

que nos va a dar un toque aromático también.

Importante, al final.

Y este poquito de aceite de oliva. Así.

Esto tiene una pinta brutal. A ver.

¿Sabéis qué pasa? Que yo hago los caldos en su punto.

Y hacerlos en su punto, hace que no tenga que añadir sal

casi, prácticamente, en ningún momento.

¡Qué sabor, eh! De verdad, maravilloso.

¡Qué sabor y, de verdad, qué rico que está!

Quiero que le echéis morro y me hagáis esta receta,

nunca mejor dicho.

Voy a coger otra cucharita y voy a ir colocando por aquí

los anacardos, el apio y este nabo,

con ese toque encurtido tan sumamente curioso.

Por cierto, si hacéis la receta, sobre todo,

esta, en concreto, no os olvidéis de subir

una foto a vuestras redes sociales con #hacerdecomer.

Yo, en mis ratos libres,

que suele ser casi de madrugada,

pero prometo que lo veo. Ya veis que doy "me gusta"

a, prácticamente, todo.

Así que... Bueno, perfecto.

¡Uf! Lo tenemos. Suculento morro de cerdo.

(Canción "Pretty Young Chan")

Cómo os gusta venir a mi casa y cotillear todo lo que tengo.

Claro. Te quedas un ratito por ahí y dices:

Vamos a ver Dani qué lleva ahí.

Pero bien que, a la hora de comer, estáis en la mesa siempre.

¡Hombre, por favor! De aquí no me muevo

hasta que acabemos.

¡Qué ganas tengo de probar eso! Claro.

El morro no te vas a animar, ¿no? Bueno, yo ahora lo probaré.

Mientras Esther se anima a probar el morro,

os recuerdo que hemos hecho una maravillosa musaca

y un morro de cerdo.

¿Que os habéis perdido algún detalle de la receta?

No pasa nada. Podéis consultarlo en nuestra página web:

rtve.es/hacerdecomer.

Haz la comida, mejora tu vida y nunca menosprecies

el sabor de un morro.

No, no. Para nada. Está buenísimo, vaya.

Mamá, lo siento, pero esto te lo estás perdiendo

y te volvería loca, vamos.

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Hacer de comer - Moussaka y morro de cerdo

30 oct 2019

Los amantes de la gastronomía griega están de enhorabuena. Dani García invitará a la modelo y presentadora Esther Arroyo para cocinar una moussaka en Hacer de comer. De segundo Dani da una oportunidad a un plato tradicional: morro de cerdo.

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