Hacer de comer La 1

Hacer de comer

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Para todos los públicos Hacer de comer - Guiso de pulpo y albóndigas a la jardinera - ver ahora
Transcripción completa

(Sintonía)

Un poco de limón...

Es que todos los días estoy aquí y todos los días

tengo que estar como un roble y en buena forma

para no cogerme ningún constipado.

Así que, agua con miel y limón

es mi truquito que me enseñó mi abuela

para mantenerme sano

y perfecto para cocinar hoy para vosotros.

Me dejo esto por aquí porque ha llegado el momento

de hacer de comer, así que, muy buenos días a todos

y os voy a contar las dos elaboraciones

que vamos a preparar hoy. Primero haremos un guiso de pulpo

y después unas albóndigas a la jardinera.

Y no lo voy a hacer solo porque vendrá a cocinar conmigo

Vicky Martín Berrocal.

Pero primero, vamos con el guiso de pulpo, así que,

me voy a ir lavando las manos mientras os digo los ingredientes.

Aceite de oliva, pimienta, sal,

pulpo, puerro, cebolla, laurel,

pimienta en grano, sal gorda, arroz, patata, salsa de tomate,

vino blanco, pimentón agridulce,

pimiento, cebollino, cebolleta, ajo y langostinos.

Como veis, tengo aquí ya una cazuela con agua hirviendo

porque el primer paso de todos es hacer el pulpo.

Para hacer el pulpo en esta ocasión lo vamos a hacer

a la vieja usanza y os enseñaré algo

que seguro que no habéis visto en vuestra vida a pesar

de que seguro también habéis cocinado

mucho pulpo. El pulpo siempre tiene que estar congelado.

Necesitamos romper esa fibra para que quede un poco más tierno

y más todavía en un guiso como este.

Para cocer el pulpo en el agua voy a hervir primero una cebollita,

un poquito de puerro, voy a pegarle un par de cortes.

Así, mira, media cebollita por aquí, puerro...

Siempre es mejor hervir con un poquito de sabor,

hoy, incluso, más porque vamos a usar este agua

de cocción para cocinar luego, el guiso entero,

así que, laurel, la pimientita,

la sal gorda, así,

y, ojo, aquí es donde está el rollo.

Voy a echar el arroz, el arroz os parece raro,

pero el arroz, verdaderamente, nos servirá para que la piel

no se resquebraje, aparte del típico

y tradicional asustado que vamos a hacer ahora mismo.

A mí me gusta siempre darle la vuelta a la cabeza

y cogerlo así y ahora ya es el momento

de asustarlo, de verdad.

¿Cómo se asusta a un pulpo? Pues agua hirviendo.

Mínimo de tres veces, metemos... sacamos.

Veis que se va rizando poco a poco, si yo lo meto, directamente,

la piel se irá resquebrajando y no quiero que lo haga

aunque sea en un guiso. Vuelvo otra vez.

Segundo asustado...

Y para arriba, vemos que se rizó todavía

un poquito más, ¿vale?

Vamos con el tercer asustado.

Metemos, así...

Y listo, ya tiene la permanente, prácticamente, hecha,

ya veis los ricitos.

Así que, ya, ahora sí, para dentro.

¿Tiempos? Os puedo decir que puede tardar una hora y media

que creo que es lo que tardará esto,

pero, realmente, la única manera de saber cuando el pulpo

está en condiciones es pincharle, sobra todo,

la raíz de la pata, donde sale la pata

y tiene que haber cero resistencia de la pata, que metas el cuchillo

y lo saques y sientas que aquello ya está blando,

ese es el momento, pero para este tamaño,

aproximadamente, creo que en hora y media estará.

(Música)

Voy a pinchar por aquí, así.

Veis que, bueno, no lo veis, pero digo lo que siento,

siento que apenas hay resistencia, lo cual quiere decir

que mi pulpo está hecho.

¿Que notáis que está un poquito más duro?

Dejadlo un poquito más y no pasa, absolutamente, nada.

Lo que sí os digo es que no os arriesguéis

porque, si lo sacáis, al final acabáis sin guiso,

sin pulpo o un pulpo duro que es bastante menos interesante.

Voy a sacarme por aquí una tablita

y vamos a hacer el pertinente sofrito

de este guiso. Ajito, cebolla y pimiento.

Me lo traigo por aquí. Mientras voy cortando,

quería contaros cositas del pulpo porque es supercurioso.

El pulpo es uno de los animales más inteligentes que hay,

quién me iba a decir que cuando yo buceaba un poquito

en los espigones de la playa de Marbella y veía bastantes pulpos

era muy difícil cogerlos y ahora entiendo el por qué,

porque, verdaderamente, son muy listos.

Dicen que, por ejemplo, coge un cangrejo

en un bote y el pulpo es capaz de abrirlo,

pero con los ojos cerrados.

También os digo a mí me ponen una lata de caviar en un bote

y hago lo que sea para abrirla también,

o sea, que imaginaros. Son capaces de distinguir colores,

formas y que la recuerdan durante dos años.

¿Os acordáis del pulpo Paul el que predecía los resultados

de fútbol que creo que era la Eurocopa?

Eurocopa o Mundial, ya no recuerdo bien.

La próxima quiniela que haga, pulpito. Tengo una historia

que le pasó a una amiga mía que estaba allí en Marbella

en una "moraga" y estaba con su novio.

Ya sabéis lo que se hacía en los espigones, antiguamente,

por la noche, bueno, en Marbella y en muchos sitios.

Arrumaquitos que se dicen, achuchoncillos,

como diría mi madre también y de repente nota que hay algo raro

por ahí, un visitante, ¿y qué era?

Un pulpo, imaginaos el susto y son curiosos, cuando se te pega,

se te pega, intentas correr y lo tienes pegado a ti.

Echo la cebollita rápido que no se me olvide lo importante,

he echado el ajo, ya está bailando,

está cogiendo color también, voy a echar la cebollita,

estoy intentando cortarla, relativamente, fina, así.

Ya sabéis que mientras más fina la cortemos, tenemos dos cosas,

mucha más elegancia al final

y mucho menos tiempo de cocción ahora.

Ahí, para dentro.

(SUSPIRA) ¡Ay, la cebollita!

Bueno, vámonos con el pimiento, estoy empezando a llorar,

esta cebollita fresca hace siempre que llore un poquito.

Intentamos siempre hacer trocitos pequeños,

lo que viene llamándose una "brunoise".

Este guisito que hacemos de pulpo, lo podríamos hacer, por ejemplo,

pues no sé, con cualquier otro tipo de pescado.

Cada vez que voy a Nueva York voy a un sitio que está

en Central Park y hay un plato brutal

que es una pasta con pulpo guisado,

parecido a lo que estamos haciendo hoy.

Sobre todo, incluso en el color, veis el color de este caldito

que junto con el tomate se nos hará un color potente.

Eso sí, el caldito es, ligeramente, dulce

porque, al final, como este tipo de bichos

también tienen un poco esa sensación

como más dulce, ¿no?

Pimiento, para dentro.

Voy a echar ya un poquito, un poquitito solo, eh,

de vinito blanco, quiero que cueza rápido,

ya sabéis que me gusta hacerlo y quiero que reduzca poco a poco

y que el pimiento vaya cayendo y vaya fondeando.

Siguiente paso: Patatitas chascadas,

hoy nos vamos a meter en el mundo patata chascada

que es el mundo tradicional. Al chascarla sabéis

que aprovechamos un poco esa partecita del almidón

para trabar el guiso, pero, ojo, también,

porque es secundario, pero el arroz que echamos aquí

en el pulpo, también nos aportará esa parte de ese almidón

porque ya el caldito tiene una textura un poquito

más espesa que la habitual.

La verdad que el arroz sirve para muchos trucos,

me encanta eso cuando dicen que se te moja el teléfono

cualquier cosa así, unos auriculares y tal

los metes siempre en un frasquito de arroz, ¿no?

Pero, vamos, que, al final, el arroz sirve para,

absolutamente, todo, no solo para cocinar,

nos ayuda también, a rescatar nuestro móvil empapado,

nuestros auriculares, etc.

Voy a seguir cocinando. Guisito de pulpo con patatas,

pimentón agridulce, así.

Voy a añadir, ya sabéis que me gusta hacerlo,

este poquito de aceite de oliva.

Perfecto, esto ya va cogiendo color

y va cogiendo aroma.

Siguiente paso: Salsita de tomate.

Igual, me gusta reducir un poco, integrarla, que cueza,

ya sabéis que en la cocina hay que ir paso a paso.

O sea, intentar respetar los pasos es lo que hará que la cocina

sea diferente. Vamos a dejar ahora que reduzca un pelín

y voy a echar el vino. Mientras tanto, le voy a hacer

a los langostinos, ese cortecito que lo he hecho en alguna ocasión

que me gusta y que queda súper, superbonito, así.

Y no porque lo echemos ahora,

porque ya sabéis que soy superrespetuoso

con la cocciones y ya que compramos langostinos,

nos gastamos el dinero en comprar langostinos,

echémoslos dos minutos antes que con eso es más que suficiente.

Así, bueno, también os diré que me encanta

que me hagáis caso porque veo en las redes sociales que...

También tenéis vuestra creatividad, tengo que confesarlo,

a veces, decís: "Cambié esto por esto

porque no lo tenía". Lo leo, perfecto.

De eso se trata también, de hacer las cosas

un poco a su gusto y como digo siempre,

damos mil ideas, pero igual que hoy hacemos esto con pulpo,

se puede hacer con otro pescadito.

El pulpo tiene tanta personalidad, que no le hace falta nada.

Ya tengo las incisiones aquí. Ya ha reducido el tomate.

Y ahora es el momento de añadir el vino blanco,

que ya queda poquito, porque antes echamos.

Le voy a dar un poco de candela.

Y ahora, voy a coger el caldito del pulpo.

Bueno, el pulpo ya está cocido.

Por eso no necesito meterlo dentro del guiso.

Lo que sí os digo... Voy a echar el caldo

y lo voy a enfriar un poco mientras se cocina la patata

para poder cortarlo mejor.

Nunca lo cortéis en caliente, porque si no,

puede ser un auténtico desastre.

Caldito de pulpo, para adentro.

Nada de sal, eh, por ahora.

Esto va a reducir y nos va a dar mucho sabor y mucha potencia.

Sobre todo, mucha personalidad al pulpo.

Con esto, yo creo que hay más que suficiente.

15 minutitos por aquí. Justo el tiempo en el cual

yo voy a sacar el pulpo también

y a cortarlo con mucho cuidado.

Si tenéis tiempo a enfriarlo, todavía mucho mejor.

(Música)

Momento de añadir los langostinos.

Os recuerdo que han pasado 15 minutitos.

Tengo langostinos dentro y terminando de cortar el pulpo...

Así.

A mí me gusta... En frío se corta mucho mejor.

Hacedme caso en ese tipo de cosas, porque, además,

en caliente, os vais a despellejar.

Suena mal, pero es así.

Así que pulpo para adentro.

No me olvido del cebollino, que voy a coger mi tablita verde,

por aquí, y voy a picarlo muy fino.

Y se lo vamos a añadir también. Cocinemos pulpo.

Y cocinemos el pulpo de todas las maneras.

Y si lo podemos comprar congelado, mucho mejor.

Hay mucha diferencia de precio del cocinado

que cuando lo compras fresco.

Podéis cocinarlo en casa tranquilamente.

Y ahorrarnos unos eurillos que nos van a servir de sobra

para ponerle langostinos. Y os digo ya en serio,

hasta bogavantes, incluso.

Bueno... Integramos bien el cebollino.

Mirad qué pinta.

El langostino se hace muy rápidamente.

Por lo tanto, está ya en su punto.

El pulpo se ha cocinado. Quiero que se integren

un poco todos los sabores.

Y, sobre todo, llega el momento más importante.

Vamos a ver...

¡Pues hoy he fallado! Le falta un poquito. Así que...

Bueno, así es la vida. Voy a ponerle un poco de sal.

¡Pero, ojo...! Está tremendo. ¡Listo! Hervor por aquí...

Lo saco y, en esta misma cazuela, lo presentaremos en la mesa.

Aquí tenemos el guiso de pulpo con langostinos.

(Canción "Before I Let You Go")

Es verdad que es igual que tú. ¡Bueno, bueno!

Me lo dijiste por teléfono y no me lo creía.

Oye, gracias por traérmela. ¡Por favor!

No ha salido de casa nunca. Solo a tu cocina. ¡No!

Vamos, no la saco... ¡Qué ilusión!

La vamos a poner a presidir.

¡Venga, va! Yo, feliz. Mírala... Bueno...

Tú ahí tranquilita, eh.

No hables, eh. No tengo una pinche. Tengo dos.

(RÍE) Dos.

Dos mejor que una, porque anda que la que tienes aquí...

(RÍE) No. Como veis, estoy aquí

con Vicky uno y Vicky dos.

Tu muñeca me parece genial. Pero más genial es

que hayas venido tú en persona para hacer de comer conmigo.

¿Cómo no voy a venir yo? Me hace mucha ilusión.

¡No, no! El lujo es mío.

O sea, cocinar a tu lado, a tu vera.

Vamos a hacer unas albóndigas a la jardinera.

Me contaste que tenías un pequeño problema

con las albóndigas. Cuéntame.

Tengo ese plato de mi abuela, de mi casa, de toda la vida...

Bueno, de mi casa y de la casa de todos,

porque una albóndiga... Yo creo que es increíble

que, aunque se hicieran con diferentes ingredientes,

todas las albóndigas de casa sabían igual.

Pero yo no sé si hay un truco...

No sé si hay algo que haya que echarle...

No encuentras la parte gustativa de...

No. No encuentro esa... De tu casa.

Esa casa, la mía...

Mi casa, la de mi abuela, la de mi madre.

Te enseñaré cómo hacerlo. Vete lavando las manos,

que yo voy a ir diciendo los ingredientes

que vamos a necesitar

para estas albóndigas a la jardinera.

Aceite de oliva, pimienta, sal, perejil, harina, pan rallado,

carne picada, pan de molde,

huevo, caldo de carne, vino tinto, guisantes,

cebolla, zanahoria, ajo y un poquito de leche.

Lo primero que vamos a hacer, va a ser preparar

lo que es la carne. Aliñarla bien y ponerla a punto

para que tenga el cuerpo suficiente,

que tampoco se seque, la jugosidad, etcétera...

Estas cosas son importantes.

Yo siempre digo que la cocina es un cúmulo de circunstancias.

Ese tipo de circunstancias bien hechas

son las que te van a llevar al sabor

que tú tienes en la memoria.

En un rinconcito de la memoria gustativa.

A mí me pasa, a veces, igual. Intento hacer cosas y digo:

No es lo que me hacía mi abuela.

Claro. Te lleva a esa... A tu infancia.

Venga. ¿Has venido preparada para cocinar?

Sí. Para meter las manos en la masa.

Para todo. Lo primero, desmigaja el pan ahí.

Lo vamos a hacer ahí todo junto. Vale.

Vale. Y lo vamos a mezclar con un poco de leche.

Que eso lo hacían todas las abuelas.

¿Esto? ¿Con el pan de molde? Sí, sí.

¿Así vale? Así vale. Un poco de leche...

Así. Ahí... Venga, ahora vas a meter las manos en la masa.

Voy a echar aquí toda la carne. Vale.

Voy a echar sal y pimienta. Tú ve mezclando, sin miedo.

Sin miedo. Miedo ninguno. Oye, si has estado en "MasterChef"

rodeada de Jordi, Samantha, Pepe...

Sí, pero no... Y todos los chefs que han visitado.

Al final, ellos eran... crueles con nosotros.

Eran crueles, ¿no?

Pimienta y sal.

Yo no sabía cocinar. Era la primera vez en mi vida

que me enfrentaba a un fogón.

No me ha interesado nunca nada.

Llevaba 20 años que no metía la mano.

Pero es bonito. Tiene gracia la cocina.

Me ha enloquecido. Y la satisfacción de dar de comer.

Total. Estoy totalmente de acuerdo. La satisfacción de dar de comer

es algo increíble. Momento de echar el huevo.

Yo creo que nosotros nos trincamos todo esto.

Vamos, nos falta. Tranquilamente.

Eh... Sí. Movamos también.

Sin miedo, Vicky. Esto es como hacer un vestido.

Sí, sí. Ya, ya. Hay que...

Todavía, hacer un vestido, lo controlo.

¿Coses mucho o no?

No. Coser yo no, porque yo me dedico al diseño.

La parte del diseño. Claro. Soy la directora creativa.

¿Ya?

Esto, lo que vamos a hacer ahora, es que repose un poquito.

Ya te puedes lavar las manos otra vez.

Yo aquí, en plan principito.

O sea, sin pringarme, sin nada...

Yo lo hago todo por ti.

Ahora soy yo el director creativo. Sí.

¡Ahí! A mí me gusta... ¡Ah, vale!

Me gusta que no pille mucho aire, porque, al final,

el oxígeno nos lo va a oxidar.

Voy a hacer así... Nos falta una cosa importante.

¿Qué nos falta? El perejil.

Si lo tenemos al lado. ¡Ay, el perejil!

¡Uy! Lo de cortar no se me da nada bien.

No te preocupes. Eso lo hago o. Te aviso.

Lo de cortar... No sé qué...

Todas las clases de cortes. Yo hago así con el cuchillo

y cortamos. Pero he aprendido muchísimo.

Y hay algo que me ha sorprendido mucho. El perderle el miedo.

Porque cuando llegué el primer día, era como...

Pánico todo, ¿no? Escucha otra cosa...

La tortilla y el huevo frito.

Que yo pensaba... Que sabías hacerlo, ¿no?

Pensaba que sabía hacer un huevo frito y una tortilla.

¡No! Te puedo confesar que yo hace

muy poquito,

he aprendido a hacer una tortilla francesa de verdad.

Pero es que tiene su truco. Estaba viendo Instagram,

que es una fuente de información alucinante.

Sí. Lo es. Y vi un video de cómo hacían

tortilla francesa con mantequilla y alguien comentaba

que sin mantequilla, no podía hacer una tortilla francesa.

Nunca en mi vida... Lo probé y es alucinante el cambio.

¿Pero le cambias el aceite por mantequilla?

Pero ya está. ¿Huevo? Sí. Espérate.

Le voy a echar un poquito de...

Es que estoy embobado aquí contigo. (RÍE) ¿Sí?

Porque, en el fondo, ella me pone nervioso.

¡Sí, claro, claro! Se me había olvidado el perejil,

el pan rallado...

Así que lo voy a contar bien. A ver...

Carne picada con la sal, con la pimienta, con el huevo,

con el perejil y el pan rallado.

No estamos en lo que estamos. Hay que menearlo más.

Ah. ¿Lo meneo? Sí. Ya que estamos... Ahí.

Vemos que tiene un poco más de cuerpo y que...

Sí, sí. Además, ahora, el frío de la nevera

va a hacer también que cuaje un poco

y que podamos hacer estas albóndigas perfectas.

Lo tienes, ¿no? Yo creo que ya está.

Sí. Ahora, bolitas perfectas.

Genial. Le ponemos el "film" para que no se nos seque.

Y la vamos a dejar reposar en la nevera media horita.

(Música)

Masita reposada. Con esa media hora de frío,

hemos conseguido que quede

un poquito más compacta y manejable.

Bueno, y ahora llega el momento albóndiga.

Nunca mejor dicho. Hay que hacer las bolitas.

Yo no me voy a pringar, porque haré otra cosa.

Yo. Lo hago todo, por ti. Me estoy portando muy mal contigo.

¡No! Te estás portando muy bien.

Pero es la mejor forma de aprender. Esto es... Vamos...

Ahí está. Te voy a enseñar un truco. Mira.

Me voy a manchar, porque si no...

Yo siempre me mancho la mano, primero.

Luego, cojo... También un poco depende del tamaño.

Pero un tamaño así, está bien. Así.

Le vamos dando forma. La vas dejando aquí.

Luego, la pasaremos por algo sumamente andaluz,

que me encanta, que utilizamos para el pescado frito,

que es este maravilloso artilugio.

En mi casa era... Es tu recuerdo de infancia.

En todos los cajones, en cajones.

¿Sigo yo? Sigue tú.

Ahora os vamos a enseñar cómo se utiliza.

Yo, mientras, me voy a lavar las manos, primero,

y voy a empezar a hacer lo que es la salsita.

Una salsita jardinera, se llama así porque lleva verdura.

Hay dos ingredientes que me gustan por encima de todo,

uno es la zanahoria, que la tengo cortada.

Por otro lado, tengo esta olla, tenemos dos ollas;

en una estamos calentando aceite para que Vicky Uno, la de verdad,

haga las albóndigas, he puesto aceite a calentar,

por otro lado, tengo otra ollita, que utilizaré para hacer la salsa.

Voy a mover a Vicky a un ladito, no quiero que se manche.

No, no. A Vicky Dos.

¡Ah, a Vicky Dos! (RÍE)

La voy a poner por aquí, para que no le caiga aceite.

Ajito, así, un poquito de ajito. ¿Cómo lo llevas?

Bien, ¿no? Te veo bien, ¿eh?

El diseño, en el fondo, aunque no cosas, es manual, ¿no?

Como la cocina, lo tienes que pensar y, luego...

A mí me salen las ideas, pero la patronista

tiene que ser maravillosa. La que lo tiene que sacar.

Yo hago el primer plato, pero, después, en el restaurante...

En el restaurante tienen que hacer cincuenta cada día.

Claro, es una cadena, ¿no?

Si uno falla en esa cadena, por mucho que tú seas tú...

Me estoy viniendo arriba con el tamaño de las albóndigas.

(RÍE) No te preocupes, ahora, mermará, un poco.

No puedo estar rodeada de comida, lo quiero todo.

Tienes hambre, ¿no? Hambre tengo yo, vamos...

¿En tu casa se hacía buena comida?

Sí, mi madre cocina... No sabes cómo cocina mi madre.

¡Qué barbaridad! Hace unos guisos que no he probado en mi vida.

¿Cómo se llama? ¿Mi madre? Victoria.

Victoria, un besito.

Victoria, te digo una cosa...

Vente un día a hacer un guiso de esos de coles.

¿Cuál hace mejor? ¿El de coles? ¡¿Guiso de coles?!

Tiene una mano muy buena, el pisto... bueno...

El pisto tiene su miga, ¿eh?

El pisto y el rabo de toro los borda.

Me encanta el rabo de toro. Sí.

Añado la cebolla.

Y pico la última.

Nunca he contado la cantidad de cebollas que he cortado,

seguro que hay gente que ha cortado más.

Cuando empezaba me daba pánico ver el saco de cebollas.

Que te tocaba, ¿no? Me tocaba, a veces.

Y el saco de patatas, también, casi nada.

Pero así es como se aprende.

Sí, no hay otra manera.

A mí, si me pones a hacer cien albóndigas de estas,

el próximo día tardaré tres segundos.

Tampoco habías vestido a novias ¿y cuántos vestidos llevas?

Muchísimos.

¿Es lo que más te gusta? Tengo debilidad por la flamenca.

Ahora estamos enfocados en novia, en madrina y en fiesta.

Todo felicidad, ¿no? Sí, sí.

Tiene que ver con la felicidad.

Tiene que ver con la felicidad, como lo que tú haces.

Somos el complemento ideal, ¿eh?

Podemos ir bien comidos y bien vestidos.

Pues nada, me queda una, creo que ya está todo.

Perfecto. Y ya estamos.

He puesto el aceite a calentar y voy a quitarme esto.

Ahora, tenemos que freírlas.

¿La albóndiga se fríe con tanto aceite?

Solo para freírlas. Conseguiremos cerrar poros y cocinarlas,

porque es carne picada y se hace en nada de tiempo;

no necesita mucha cocción.

Voy a echar la zanahoria antes de empezar a freír.

¿Las pongo aquí?

Los guisantes los echo al final. Creo que ya lo has hecho...

Está superbién, pero dale un último golpe.

A nuestra manera.

Las pones aquí y le echas otro poco de harina.

Como se hacía con el pescaíto frito.

Exacto. El cedazo sirve para mover.

Y elimina. Se elimina el exceso.

Normalmente, se mueve con otra caja, ¿no?

Con otra cajita debajo.

Así quedan, perfectamente, enharinadas.

Apóyala aquí, nosotros somos artesanos.

Y estas dos van ahí... Perfecto.

Tengo aquí la zanahoria, que está empezando a fondearse,

y los guisantes los echaré al final.

Lo que voy a hacer será añadir el vino tinto,

antes de ponerme a freír; así aprovechamos

que vaya evaporando y reduciendo al máximo,

mientras nosotros vamos friendo las albóndigas.

Manos limpias.

Limpieza en la cocina, no sabes la bronca que me echaron

en el segundo programa. (RÍE)

Que me subieron y me pusieron un delantal negro.

Por mala, ¿no? "La cocina estaba sucia", decían.

Es verdad, estaba sucia, para qué engañarnos.

¿El aceite tiene que estar fuerte?

Tiene que estar para freír, unos 170 grados está bien.

Ten en cuenta que se van a cocer en el caldo de la salsa,

pero es importante este puntito de fritura,

que hará que cierre poros. Voy a ver si puedo meterlas todas,

que no quiero que estén ahí supersuperfritas, ¿eh?

Te quito esto. Ni supersecas.

Cerramos poros, es suficiente con que cojan algo de cuerpo,

para sacarlas aquí, primero; luego, voy a echar el caldito;

voy a meter las albóndigas y los guisantes los echaré,

prácticamente, al final. ¡Huy, qué maravilla!

Buscamos ese dorado, pero por dentro no estarán hechas,

pero se van a cocinar... Con la salsa.

Con la salsita jardinera unos veinte minutitos.

Esto es lo que quiero, es más que suficiente.

No quiero que te quemes, pero, con el dedo,

vas a notar que por dentro, todavía, le queda, ¿no?

Unas albóndigas de categoría. ¡Ay!

Te lo digo de verdad. Gracias.

Tu mejor vestido de novia.

Ya he encontrado un sitio, si me quedo sin trabajo.

Acabo de recordar una pregunta que te quería hacer antes,

¿no haces vestidos de novios?

No puedo vestir hombres, porque no los conozco,

yo no conozco al hombre, no he llegado a conseguir...

No has llegado a conocer a ninguno. No lo he conseguido, realmente.

Te miento, fíjate, he vestido a un hombre.

¿Quién fue el afortunado?

Cállate, que se me ha olvidado.

Vestí a Morante para la Goyesca de Ronda.

Echamos el caldito, el vino está, como veis, totalmente, reducido;

eso es importante.

Ahora hacemos... Mejor las cojo así,

porque he visto que una se podía abrir por ahí.

Vamos a portarnos bien.

Así... vale.

Los guisantes, lo habéis escuchado antes,

los voy a añadir al final, porque son congelados.

Con cuarenta segundos calentándose dentro del caldo

tenemos más que de sobra.

Pues nada, veinte minutitos, una cocción media,

os pido que cada dos o tres minutos hagáis este gesto,

porque si no, al final, la albóndiga está por fuera,

necesitamos, un poco, que redondee, que haga así.

Verás cómo al reducir se va a quedar brillante, bonito...

Y con el guisante, ni te cuento. En veinte minutos estará perfecto.

Para comer.

(Música)

Huele.

Bueno... Huele bien, ¿eh?

Huele bien, ¿eh? ¡Gloria!

Me estoy viniendo arriba, huele muy bien.

Cómo huele esto. ¡Los guisantes! Cuarenta segundos, ¿no?

Sí, un hervor.

Y ya. ¿Con ese color?

Se quedará con ese color, además, queda bonito.

Necesito, aparte del color, que se quede entero.

Es cierto que, normalmente, están rotos, con un color oscuro...

Estás deseando probarlo, ¿eh? Claro.

Voy a sacar una, pero, antes, voy a probar cómo está de sal.

Vamos a ver.

¿Cómo lo ves?

Está brutal, ¿eh?

No quería decirlo así... Perdón.

No necesita nada. Ha vuelto mi abuela.

(RÍEN)

Aquí está. Y sabe a guisantes, además.

Sabe a guisantes. Sabe a guisantes.

Quiero enseñaros este brillo que tiene de lo que es la salsa,

de la reducción, poco a poco; es, también, fundamental.

No necesitamos más cocción que esta.

Tírale, tírale. No necesitamos más cocción.

No está cruda, está rosada, pero no está cruda;

si la dejáramos más tiempo se nos quedaría seca.

Ahora mismo, está jugosa, jugosa.

La textura es la que yo recordaba.

Ahora, vas a emplatar.

Sí, pero, bueno, el emplatado es emplatado casa.

Esto acompañado con patatitas...

Con patatitas pajas encima hablamos de otro nivel,

pero como son jardineras... ¡Ah, vale!

He hecho las de verdad.

He hecho, antes de que vinieras, un guiso de patatas con pulpo,

para comer ahora, porque te quedas, ¿no?

Hombre, me quedo contigo, me voy al fin del mundo.

Ahora emplatamos el otro plato, pero, de momento,

aquí os dejamos estas albóndigas a la jardinera,

para Vicky Martín Berrocal.

("After The Winter", Lenka)

("After The Winter", Lenka)

Vicky, creo que hemos cumplido.

Todavía no hemos cumplido, porque no hemos comido.

Creo que, tanto tú como yo, tenemos ganas de hincar el diente.

Nosotros somos de buen comer. Somos de buen comer.

Vele dando que me voy a despedir de todo el mundo.

Recuerdo que hemos hecho un guiso de pulpo con langostinos

y, por otro lado, estas albóndigas a la jardinera,

que espero que a Vicky le ayuden a volver a su infancia.

Hum... Yo creo que sí.

Como siempre os digo: haz la comida y mejora tu vida,

que yo, ya, voy a hincarle el diente, también.

Vamos que nos vamos.

Me lo he pasado genial. ¿¡Sí!?

Sí. Pues, vuelvo.

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Hacer de comer - Guiso de pulpo y albóndigas a la jardinera

18 dic 2019

En la primera receta, Dani García cocina un delicioso guiso de pulpo. Después, la diseñadora de moda y aspirante de MasterChef Celebrity 4 Vicky Martín Berrocal echa una mano al chef tres estrellas Michelin para elaborar unas suculentas albóndigas a la jardinera.

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