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No recomendado para menores de 12 años  Gran Reserva - T2 - Capítulo 23
Transcripción completa

-Decida si quiere seguir siendo un fantasma en las vidas

de sus hijos o si realmente va a hacer algo por salvarles

de las mentiras de su marido. -Soy tu madre, Emma.

-Como se lo cuente estoy jodido. Se va a enterar

de que les estoy mintiendo. Daniel Reverte es un buen fichaje

para nuestro negocio. -Haces buenos vinos, Pablo,

pero juntos estoy convencido de que podemos hacerlos mejores.

-Yo soy el enólogo de estas bodegas.

¿Crees que así conseguirás el puesto de enólogo?

-No he venido a quitar nada a nadie.

-Pero sí a estropear mi vino. -Ah.

No voy a decírselo a Gustavo, pero no vuelvas a cometer

una tontería como esta. -Esto no es una tontería, papá.

Quiero dejar a Gustavo.

-Irene tenía una misión muy clara: no quitarme la vista de encima

en ningún momento, y la situación se le fue de las manos.

Dejadnos solos.

No consiento que nadie venga a... -¡Cállate, Vicente!

La próxima vez que mates a alguien procura hacerlo bien,

porque a veces los muertos vuelven. Tu padre ayudó a mi padre

a esconder el cuerpo. Lucía, tu padre fue un hombre

bueno que se metió donde no debía por ayudar a su amigo.

-Como Lucía vea esas fotos vas a ser tú

el que saldrá perdiendo. -Vas a ver de lo que soy capaz.

No me voy a casar contigo, Raúl. Y no quiero volver a verte

en mi vida. -Pero ¿a qué viene esto?

¿Tienes los papeles? -Lo sumó sin darse cuenta.

-Hay algo, Raúl, algo que si Lucía lo supiera supondría el alejamiento

definitivo de Miguel. Es sobre la muerte

del padre de Lucía. No fue un accidente.

(SUSPIRA) -Ha sido un día difícil, ¿eh?

-Espera, Gus,

quiero hablar contigo.

¿Qué pasa, cariño? ¿Es por lo de tu madre?

-No, no es por lo de mi madre.

Es por nosotros.

Esto no va bien.

-¿Esto? ¿Qué es esto?

-Gus, no me lo pongas más difícil, por favor.

-No sé de qué estás hablando, Emma.

-Yo te quiero mucho.

Pero no de la forma en la que debería quererte.

-¿Qué forma es esa? Eres mi mujer, ¿no?

-Ya no.

-¿Me estás dejando?

-Gus.

-No puedes hacerme eso, Emma.

No puedes hacerme eso.

Yo he cambiado, lo sabes.

Desde lo de Paloma he hecho todo lo posible

para que estuvieras bien. ¿Qué más quieres que haga?

-Nada. -Dímelo.

-No quiero que hagas nada. Ya no.

-Ya no te importa.

Vas a tirar a la mierda diez años.

¡Con todo lo que yo he hecho por ti!

¡Lo he dejado todo por ti, Emma! ¡Me he venido a trabajar

aquí con tu familia, con tu padre, que me odia!

¿Cuánto crees que va a tardar en echarme?

(LLORA) ¿Qué voy a hacer ahora? Dímelo.

-Te puedes quedar aquí hasta que encuentres una casa.

Hasta que arregles tus cosas.

-¿Y tu familia?

-No les voy a decir nada hasta que tengas donde ir.

Encontrarás un trabajo rápido, ya lo verás.

Lo siento.

-No lo sé, no me coge el teléfono.

Estoy en la bodega, Mónica, en algún momento tendrá que venir.

Puerta. Te llamo ahora.

¿Lucía?

¿Puedo ayudarla en algo?

Raúl Cortázar.

¿Se encuentra bien?

-¿No me reconoces?

-Disculpe, pero tengo muy mala memoria.

-Raúl, soy tu madre, hijo.

-¿Una mala noche? -No estoy de humor, Sara.

-Ya imagino, ya.

-¿Ya imaginas qué? -En esta casa es imposible

guardar secretos, Gustavo. Las paredes hablan.

-Ya, y algunas orejas escuchan demasiado.

-Lo suficiente para saber que Emma te ha dado la patada.

Y cuando se entere Vicente...

-No tienes ni puta idea.

-Si yo te entiendo. Tantos años aguantando

las humillaciones de los Cortázar para nada.

-Supongo que ya tenemos algo en común, ¿verdad?

-No.

Yo sigo aquí. -Ya, yo también, y no pienso irme.

(SUSPIRA) Conozco a Emma. Me necesita.

-¿No se te ha pasado por la cabeza que igual ya tiene

con quién consolarse? -Mi mujer no está con nadie,

¿me oyes? -¿Cómo estás tan seguro?

-Me paso todo el día con ella, y cuando no está conmigo,

está en el trabajo. -Ahí también hay gente, Gustavo.

-Mamá... -Cariño, ¿qué haces con el pijama

todavía? -Que me duele la tripa.

-¿Te duele la tripa? A ver. Vamos a ver dónde te duele a ti.

Ven.

-Necesito el dos y el tres.

¿Tenía que firmar algo? -Sí.

-Sí. Tengo más de diez años de experiencia.

En las Bodegas Cortázar.

De acuerdo, pues mañana me pasaré por allí, gracias.

-¿Una entrevista de trabajo?

-Más o menos.

-¿Y qué te han dicho?

-Pues que me pase por allí a dejar el currículum.

-¿Ya está? -¿Qué quieres, Emma?

Con la edad que tengo y con la crisis que hay

no es fácil encontrar curro. -No, pero después de tanto tiempo,

¿no tienes algún contacto que te pueda echar una mano?

-Cuando la gente oye hablar de las Bodegas Cortázar se asusta.

Esta empresa no tiene la mejor de las famas.

-Esta bodega te ha enseñado todo lo que sabes.

-Sí, pero ahora tu familia no me quiere

porque no soy un Cortázar y los de fuera tampoco

porque se creen que lo soy. -Encontrarás algo, ya verás.

-Sólo necesito un poco más de tiempo.

-Pues no lo pierdas.

-Si empeora llamas al médico, ¿de acuerdo?

-Sí, no te preocupes. ¿Qué pasa? ¿María está mala?

-Sí, hoy se queda en casa. -Le duele un poco la tripa.

¿Vas a la bodega? -Sí.

Supongo que estarás satisfecha, ¿no?

-Su hijo por fin ha visto quién es.

Y eso es sólo mérito suyo. Por una vez no me queda

más remedio que darte la razón. Todo este asunto de mi mujer

no me está dejando en demasiado buen lugar.

Voy a tener que recuperar la confianza de mis hijos

de alguna forma. -¿Vicente Cortázar

haciendo un propósito de enmienda?

Puede que a mi hijo no le guste mi actitud,

pero te aseguro que tampoco le va a gustar descubrir

ciertas cosas sobre ti, ¿verdad? -Usted ya no tiene credibilidad.

Yo no, pero los papeles no mienten, y en cuanto mi hijo

sepa lo que has firmado volveré a recuperar su confianza.

Y tú lo perderás todo. Lo primero, tu hija.

-No será capaz.

Estoy dispuesto a sacrificar a quien sea

antes de ver rota a esta familia.

Mi mujer no lo va a conseguir, y te aseguro que tú tampoco.

-Lo siento, hijo. Tú no sabes lo que yo he pasado

durante todos estos años.

Me hubiera gustado contaros la verdad, estar aquí,

con vosotros. -¿Y por qué no lo hiciste?

-Ya sabes cómo es tu padre. -Y aun así nos dejaste con él.

Nos abandonaste. -No, no os abandoné.

He estado siempre aquí. He estado en las bodas

de tus hermanos, en el bautizo de la pobre Claudia.

Pero siempre lejos, donde no podíais verme.

Hijo, Vicente me separó de vosotros

y no estoy dispuesta a seguir así.

He perdido demasiado tiempo.

Estoy aquí para recuperarlo.

-Llevo toda la vida sin madre.

¿Por qué crees que la necesito ahora?

-Porque yo te necesito a ti.

Por favor.

(SUSPIRA)

Raúl... -Necesito hablar con Lucía.

Lo siento, pero no está.

-Sofía, por favor... Sé que he cometido errores,

pero necesito verla.

No sé, se duchó, se fue hace una hora.

¿Estará en la bodega? -Pues no, no está.

Y no me coge el teléfono. No consigo hablar con ella

desde ayer.

Ha pasado la noche con Miguel, ¿no?

Raúl...

-¿Has vuelto con Miguel?

Disculpa un momento, David. ¿Se puede saber qué haces?

-Te he hecho una pregunta.

Quiero que todo vuelva a ser como al principio.

No había nada entre nosotros y conseguimos levantar esta bodega.

¿De verdad te crees con derecho de venir a pedirme explicaciones,

tú, después de lo que hiciste? -Te lo vuelvo a repetir, Lucía:

esas fotos pudieron hacerlas hace siglos.

No puedes caer en la trampa de alguien que quiere hacerme daño.

Me da igual, Raúl. Eso es lo peor de todo,

que me da igual. -¡Pues a mí no!

¡Que es mi hermano, Lucía! Eso es lo que te importa.

Miguel. -No paró hasta echarme

de las bodegas. Destrozó la vida de Paula.

Y ahora quiere hacer lo mismo con la mía.

Eres tú el que la ha cagado, Raúl. (SUSPIRA)

(SUSPIRA)

-Veo que estás aquí.

-Sí, he venido pronto.

Quería hacer unas pruebas. -Escúchame...

-Pablo, sé que crees que fui yo el que estropeó tu vino,

pero te aseguro que no es así.

Toma, prueba esto.

Por favor, pruébalo.

(OLISQUEA)

-¿Qué?

-No está mal. -Sé que no es tu vino,

pero se parece bastante.

He estado mirando tus notas. -No te he dado permiso para eso,

¿verdad? ¿Has empezado mal?

-Mira, Pablo, está claro que el que saboteó tu vino

quería que nos enfrentáramos, y lo está consiguiendo.

Pero yo tengo la conciencia muy tranquila, así que tú verás.

-¿Y si no fuiste tú quién fue?

-No lo sé.

Lo que sí sé es que yo no he venido aquí para joderte,

sólo para ganarme la vida.

Quiero ayudarte... si me dejas.

Creo que hiciste un buen vino, Pablo.

Se estropearon las pruebas. Muy bien, podemos hacerlo de nuevo.

Me gustaría ayudarte.

-Vas a tener que aprender mucho si quieres hacer de esto

parecido a mi vino.

-Bueno, me pagan para ello.

-Pásame la pipeta.

-Don Vicente... ¿Todo bien con Pablo?

-Bien, parece que empezamos a entendernos.

Sabía que entraría en razón. -Ya. Verá, quería hablarle

de otra cosa. ¿Tiene un minuto? Claro.

¿Tienes algún problema?

-No. No, verá, sólo que...

Como ya sabe, llevo un tiempo sin trabajar y...

Bueno, ando un poco justo de dinero.

(RÍE) ¿Necesitas un préstamo? -No, es sólo un adelanto

del sueldo. Lo suficiente para ponerme al día.

Hablaré con la administración. Esta tarde lo tendrás preparado.

¿Pasa algo?

-No, nada, nada.

Daniel, ahora eres uno de los nuestros.

Y a un Cortázar nadie le dice no.

-Un momento, por favor. Buenos días, Manuel.

-Buenos días, don Vicente, disculpe.

No, tranquilo, no vengo a hablar contigo.

Quería ver a mi hija.

-Está en su despacho. Gracias.

Ah, tenemos una conversación pendiente.

Buenos días. ¿Se puede?

-Qué raro, tú por aquí.

Quería saber cómo estabas.

¿Ya has hablado con Gustavo? -Sí, ya está.

Pero no quiero que digas nada. No queremos hacerlo público

hasta que no encuentre un trabajo y un sitio para vivir.

Emma, Gustavo ya no es tu problema y no podéis ocultarlo más tiempo.

-Eso es algo que tengo que decidir yo, papá.

Me ha prometido que va a hacer todo lo posible cuanto antes.

Y, la verdad, no creo que sea una situación cómoda para él.

Si te resulta difícil, puedo hablar con él.

-No, no quiero que te metas. Es mi vida y ya me encargo yo.

No quiero humillarle más.

¿Y Manuel?

-Irá todo bien.

Hum... ¿Confías en él?

-¿Por qué no habría de hacerlo? No me ha dado ningún motivo

para pensar lo contrario. Sólo me preocupas tú.

Sigues siendo... pequeña.

-Ya no soy pequeña, papá.

No sabes lo fácil que es dejar de ser una niña

cuando te das cuenta de que toda tu infancia

ha sido una gran mentira. Ah, hija...

-Me esperan en el almacén. Me voy.

Antonio. Sí.

Quiero que averigües todo lo posible sobre una persona.

-Te dije que no vinieras aquí. -Se te olvidó en casa.

Llevan llamando toda la mañana. -Pensaba que lo había perdido.

Gracias, Héctor, tío. Y, ahora, por favor, vete.

A mis jefes no les gusta que tenga visitas en la oficina.

-Tranquilo, hablamos después en casa.

-Adiós. -Adiós, hermano.

(SUSPIRA)

-Buenos días.

-Oye, perdona, perdona, ¿puedes venir un momento?

¿Nos conocemos? -No.

-¿Estás seguro que no? Mira que tu cara me suena.

No habrás venido a ver a Emma, ¿verdad?

-¿A quién? -A Emma Cortázar, mi mujer.

-No, yo he venido a ver a Manuel, el secretario.

-Ah, coño, claro, de eso me suenas. Te he visto en una foto.

Tú eres su novio. -¿Su novio?

-El novio de Manu. -No, no, soy Héctor, su hermano.

-¿Cómo que su hermano? -Sí, he venido a traerle el móvil.

-Perdona.

-Manuel... -Hola, Gustavo.

¿Te puedo ayudar en algo?

-¿Y toda esa pasta? -Cosas de don Vicente.

-¿Van a echar a alguien o qué?

-Lo siento, Gustavo, pero no puede decirte más.

-Ya. ¿Puedo hablar contigo un momento?

-Sí, claro, sí. -En el despacho.

Tu cartera.

-¿Qué? -Que me des tu cartera te he dicho.

-¿Me estás robando? -¿Qué te voy a estar robando?

¡Dame la cartera, coño! -Vale, vale, tranquilo.

Toma.

-Es curioso, porque juraría que a este de la foto

le acabo de ver salir de las bodegas.

Tu novio, ¿no? -Bueno, tenemos una relación

complicada. -Ya, típica de amigos.

Casi como hermanos, ¿no?

-¿Cómo?

-¿Me has mentido, Manuel? ¿Hum? ¿Me has mentido?

-¿Por qué iba a mentirte, Gustavo? -No lo sé. Dímelo tú.

-No. -¿Ah, no?

Ha sido él el que ha mentido.

Aún no ha salido del armario. No está acostumbrado

a decir esto por ahí. Sabes que no es fácil.

Y, como comprenderás, tampoco lo va a hacer en mi curro.

No sabe a quién puede decírselo. No quiere perjudicarme.

-Ya.

Puedes volver a tu mesa. -¿Me das mi cartera?

Gracias.

-A ver, cariño, que te voy a poner el termómetro.

María...

María.

María, hija.

Cariño, ¿qué hacías con las pastillas

del abuelo? ¿Eh? ¿Cuántas te has comido?

Quítate eso de la boca, mi amor.

¿Cuántas te has comido? ¿Eh? María, hija.

-¿La madre de María Cortázar?

-Sí. ¿Cómo está? -No te preocupes.

La niña está perfectamente. Estaba tan bien

que antes de hacerle un lavado de estomago hemos preferido

analizar las pastillas. -¿Y?

-Habéis tenido mucha suerte.

¿De dónde las sacó? -Son las pastillas de mi suegro

para el corazón. -¿Para el corazón?

Si esas pastillas son placebos.

Si tu suegro se está tomando eso, no está enfermo.

En diez minutos puedes pasar a verla.

-Gracias.

(SUSPIRA)

-Sara, ¿qué ha pasado?

-Nada, perdona por el mensaje que te dejé.

Estaba muy nerviosa. No paraba de decir

que le dolía la tripa y me asusté.

-Pero ¿qué tiene? -Nada, acabo de hablar

con la doctora y parece que ha sido una indigestión.

(SUSPIRA)

-Está bien.

-¿Por qué no contestas a mis llamadas?

-Tenías razón.

Han vuelto.

-Te lo dije.

¿Y qué piensas hacer?

-Quiero a Lucía

y voy a recuperarla.

-¿Le has dicho lo de su padre?

Raúl, ¿a qué estás esperando?

Fue Miguel quien mató a Jesús Reverte.

-¿Piensas que me va a creer ahora? ¿Eh?

Acaba de dejarme por liarme con otra.

Va a pensar que lo hago por despecho.

Por alejarla de Miguel.

-Bueno, y no estaría muy equivocada, ¿no?

-¿Sabes qué?

Que prefiero que sea él mismo quien lo haga.

Que le diga a la cara que es un hijo de puta.

-Eso no lo vas a conseguir nunca.

-Quiero a Lucía, ¿no?

Vamos a ver si es capaz de asumir la culpa de lo que ha hecho.

De mirarla a los ojos y decírselo.

Tú quieres hundirme, ¿no?

Te crees muy listo.

Crees que has conseguido lo que querías quitándome a Lucía.

¿Por qué siempre piensas que todo tiene que ver contigo?

-Porque te conozco sé cómo eres. Y sé que lo que te mueve

es el rencor. -Mira, yo tengo muchos defectos,

pero quiero a Lucía. Tú eres el único

que la ha utilizado para hacerme daño.

Y sólo has conseguido hacértelo a ti mismo.

-Pues eso no va a durar, porque tú eres el asesino

de su padre.

Pude ser un cabrón en su momento, pero jamás habría matado

a Jesús Reverte. -¿Ah, sí? ¿Estás seguro?

¿Qué recuerdas antes del disparo? ¿Eh?

¿Podrías jurar que no lo mataste?

-No, no puedes.

¿Y tú? ¿Puedes demostrarlo?

¿O sólo es tu última baza para recuperarla?

-Mira, yo no tengo pruebas, pero tengo a Mónica.

Y no hay mucha gente que le conociese tanto como ella.

Ni con tanto rencor como para seguir metiendo mierda

en mi vida, ¿no? -Pregúntale a Lucía

a ver si es capaz de estar con el hombre que mató a su padre.

No hay secretos entre vosotros, ¿no?

Papá.

Hijo, dichosos los ojos.

Creí que tampoco vendrías a cenar.

Quería preguntarte algo, papá.

Tú dirás.

El día de la muerte de Jesús Reverte

yo hablé con él, ¿verdad? ¿A qué viene eso ahora?

¿Lo recuerdas o no?

Sí, Las bodegas estaban en la ruina.

Lo mejor para ellos era vender y para nosotros comprar.

Pero Jesús, como buen capitán de barco,

jamás las habría abandonado, aunque se estuvieran hundiendo.

¿No te parece casualidad que el mismo día

que rechazó mi oferta apareciera muerto?

Aquello fue un accidente. Vamos, papá,

¿desde cuándo creemos en las casualidades?

¿Qué estás insinuando? ¿Maté yo a Jesús Reverte?

¿A qué viene esa pregunta? Contéstame.

En aquella época eras capaz de cualquier cosa.

Eso lo sé. Pero no puedo responderte a esa pregunta.

¿Porque nunca te lo dije?

Porque si te contestara sería tu cómplice.

No soy el único que tiene cosas de las que arrepentirse.

¿Verdad, hijo?

-Dani... -Dime.

-Que me ha dicho Manu que tiene un sobre para ti.

-Bien. Claro, luego me paso.

Gracias. -De nada.

-¿Qué tal con Pablo? ¿Bien?

-Sí, todo bien.

Es un poco cabezón pero es bueno, como su vino.

-Bueno, sabe que este proyecto es la gran oportunidad de su vida

y no quiere echarlo a perder. -No le culpo.

Cuando hay una oportunidad hay que aprovecharla.

-Dani, me alegro de que estés aquí. De verdad.

-Jamás pensé que lo diría, pero yo también.

-Bueno, pues bienvenido a las Bodegas Cortázar.

(SUSPIRA)

-Gracias. -Oh...

(SUSPIRA)

-Hasta luego. -Te veo.

Manu, creo que tienes algo para mí.

-Sí.

Aquí tienes. -Gracias.

Pero ¿y esto?

-¿Cuánto dinero hay aquí? -Pediste un adelanto, ¿no?

Creo que son tres meses.

¿Es menos de lo que esperabas? (SUSPIRA)

-No, no, qué va, esto... esto es perfecto.

-Pues nada, que lo disfrutes.

Oye, Manu, ¿cuándo fue la última vez que saliste por ahí?

-Hum... A veces voy al cine. -Oh, qué canalla...

Tú y yo esta noche nos vamos de copas.

-No, hoy no. -Te espero a la salida.

-Daniel, de verdad, que hoy no...

-Perdona.

Tu padre todavía estaba despierto. No quería que me viese

irme a dormir a otro lado.

Emma...

Esto está siendo muy difícil.

-Pues no lo hagas tú más, Gustavo, por favor.

-Emma, yo te quiero.

Tiene que haber alguna forma de solucionar esto.

-No la hay, ya te lo he dicho.

Creí que había quedado claro.

(SUSPIRA) -No te preocupes.

Dentro de poco no tendrás que verme más.

-Me voy yo, déjalo.

Me voy al cuarto de Raúl.

-No hace falta.

-Lo prefiero. Prefiero no estar aquí.

(SUSPIRA)

Música de baile.

-Bueno, ¿qué? ¿Dónde vamos ahora? Conozco un garito de puta madre

que está aquí al lao. -Oye, Dani,

yo creo que me voy a ir para casa. -Ni de coña.

¿Tú sabes el tiempo que hacía que yo no salía de fiesta?

Sin tener que dar explicaciones a nadie, sin responsabilidades...

A casa no se va ni Dios. -Mañana trabajamos los dos

y yo necesito dormir un poco antes de ir a la oficina.

-¿Nunca has ido al curro de empalmada?

-Qué canalla eres. -La última y nos vamos, lo prometo.

Manuel, ¿nos lo estamos pasando de puta madre o no?

Anda, ¿qué te pasa? Cuéntaselo a papá.

-Estoy colgado por una chica.

-Bien.

-Y ahora estará acostándose con su marido.

-Mal. (RÍE)

-Muy mal.

(RÍE)

-Oye, mira, si te sirve de consuelo,

no me ganas en tener una vida de mierda.

Hasta hace dos días yo dormía en mi coche,

mi familia me echó de casa y mi novia me la pegó.

-Eh, y si he aprendido algo

es que la vida te da oportunidades. Hay que disfrutar, Manuel.

Y yo no pienso desperdiciar ni un solo segundo.

-¡Hombre, Dani! -¡Pero, tío, Josete!

(RÍE) -Sigues sin perderte una, ¿eh?

-Anda que tú, cabrón. ¿Os conocéis?

-Si no nos presentas... -Pero ¿no lo conoces?

Que sí, hombre, que sí. ¿Tú no me dijiste

que trabajabas en Calahorra? ¿En Rojas, la empresa

de empaquetados? -En Calahorra no,

trabajé en la delegación de Logroño. Me entendiste mal.

-Me dijiste en Calaho... -¿Me dejas el móvil?

Tengo que hacer una llamada. Me he dejado el mío en la oficina.

-Sí, claro. -Gracias.

Vibrador.

-Si vuelvo a verte cerca de mi mujer te reviento.

-¿Qué coño te pasa? -¿Crees que porque el viejo

te haya traído aquí puedes hacer lo que te salga de los cojones?

-¿Se te va la olla? -Si sigues en estas bodegas

te joderé la vida. ¡Más vale que te largues!

-Sé que llevabas tiempo detrás de este puesto.

Es que entre un pelele como tú y un Reverte,

tu suegro lo ha tenido muy fácil. -No me toques los huevos.

Te estás intentando tirar a mi mujer.

Y eso me jode más de que te hayan dado el puesto.

-¿Qué me estoy intentando...? ¿Estás idiota?

Aunque conociéndote no me extraña que se busque la vida.

-¡Ah!

-¡Quietos! -¡Si vuelves a llamar a mi mujer

te mato! -¡En la vida la he llamado!

-¡Anoche la llamaste! -¿Qué estás diciendo?

-¡Suéltame, coño! -Suelta.

Estás loco.

(JADEA)

-Conociéndole, seguro que no está moviendo

un dedo. -Que sí, que está buscando trabajo.

Pero tal y como están las cosas no es fácil.

-Ya. Y si no lo encuentra, ¿hasta cuándo vais a estar juntos?

-¿Puedes tener un poco de paciencia?

Si hemos llegado hasta aquí podremos esperar unas semanas más.

Es sólo cuestión de tiempo.

¿Qué te ha pasado?

-Nada, un marido celoso.

Aunque supongo que me lo tendría merecido si anduviera tonteando

por ahí con una mujer casada, ¿no?

-¿Quién te ha hecho eso?

-Creo que tú lo conoces bastante bien.

Imagina quién podría liarse a puñetazos a la primera de cambio

pero ser tan tonto como para equivocarse de amante.

Tranquilos, sigue bastante desorientado.

Aunque acabará por darse cuenta. Y cuando eso ocurra,

no me gustaría estar delante.

-Espera un momento, por favor... -No, Emma, no tienes que darme

explicaciones de nada, en serio.

Haced con vuestra vida lo que queráis.

Yo no voy a decir nada a nadie. Y andaos con cuidado.

-Dani,

gracias.

Escúchame, Emma, Gustavo jamás entendería

que le dejases sin más. Tiene que buscar un culpable

y no va a parar hasta que lo descubra.

-Tenemos que pensar muy bien lo que vamos a hacer.

-No, no hay nada que pensar. Lo sabe. Ya has visto a Dani.

¿Cuánto tiempo crees que va a tardar en darse cuenta?

¿Entonces ha pasado bien la noche? -Sí, debió ser una indigestión,

¿verdad, hija? Pero ya está bien y hay que ir al cole.

(RÍE)

-Buenos días. Hola, Emma.

-Buenos días. -Papá, quería hablar contigo

un momento. Iba a llevar a la niña al colegio.

-No se preocupe, Vicente, yo la llevo,

que tengo que hacer unos recados en el pueblo.

Vamos, hija.

Adiós, cariño. -Adiós.

Bueno, tú dirás.

-Ya sé que te dije que me iba a ocupar yo y que...

Papá, tengo miedo.

Gustavo ha pegado a Daniel Reverte. ¿Qué?

-Sí, bueno, pensaba que él y yo estábamos juntos.

Ah, el que juega con fuego acaba quemándose.

No te preocupes.

-A ti te hará caso, ¿verdad?

Y se irá.

Si tú quieres no volverás a verle nunca más.

-Rosalía... Perdone que la pille así,

por sorpresa. Soy Sara, la mujer de Pablo.

-Sé quién eres.

Te vi el día de tu boda. Estabas preciosa.

Lo que me sorprende es que hayas venido a buscarme.

¿Y Pablo? -Pablo no... Pablo no lo sabe.

-¿Ha sucedido algo?

-Bueno, mi hija abrió el bote de pastillas de Vicente

para el corazón y se las tomó.

Gracias a Dios no pasó nada, porque según me dijo la doctora

esas pastillas no eran para el corazón.

Eran placebo.

Vicente no está enfermo.

(SUSPIRA)

-Esto sí que no me lo esperaba.

¿Y tú por qué me cuentas a mí todo esto?

-Sólo pensé que debía saberlo.

-Vicente no aprende.

Le acaba de estallar una mentira que ha estado a punto

de costarle la familia y todavía guarda un montón

que le pueden explotar en cualquier momento.

Llevo tanto tiempo esperando este momento

que no sé por dónde empezar.

-Sería la primera vez que se queda sin palabras.

Tienes razón. Es posible que esté exagerando.

Pero es que quiero explicarme bien.

Estos últimos meses han sido muy complicados

para nuestra familia.

El aborte de Emma fue una tragedia para todos.

-Sí, también era mi hijo. Fue muy duro.

Me lo imagino. Nosotros perdimos un heredero,

pero tú perdiste la última oportunidad

de incorporarte definitivamente a esta familia.

Y eso debe ser muy duro, ¿no?

Llevas mucho tiempo haciendo malabares

para seguir bajo la protección de la familia Cortázar.

¿Crees que has hecho lo suficiente? -He hecho todo lo que me ha pedido,

Vicente. Todo. Ya lo sé.

Sí que has hecho todo lo que te he pedido,

pero has descuidado lo más importante: a mi hija.

-Eso no es verdad. He intentado hacer todo lo posible

para que sea feliz.

Sí, pero una cosa es la intención y otra el resultado.

Mi hija no es feliz.

Mejor dicho, no es feliz contigo. -Don Vicente...

¿Por qué no me dejas terminar? -Porque eso no es verdad.

Emma ha tomado una decisión.

-Lo superaremos juntos. Estaré más pendiente de ella.

Por supuesto que lo superará, pero no contigo.

Te quiero fuera de esta casa antes de que mi hija

vuelva esta tarde.

Tu despido.

Como comprenderás que estabas aquí por ella,

no por tu valía como ingeniero.

Ahora ya no tiene ningún sentido que sigas en las bodegas.

-No me puede hacer esto.

Claro que puedo, Gustavo.

-¿No creerá que voy a aceptar esta mierda así como así?

¡Sé muchas cosas de usted y de su familia!

Gustavo, por una vez en tu vida piensa las cosas antes de hablar.

-No pienso irme con las manos vacías.

Puedes irte con las manos vacías o esposadas.

Tú eliges.

Hijo, hagamos las cosas fáciles.

Subes, haces la maleta... Nadie se va a acordar de ti.

Nosotros nos quitamos un peso de encima

y tú tienes la oportunidad de empezar de cero.

¿Quién sabe? A lo mejor encuentras una mujer y creas una familia.

Tu propia familia.

Hola, Miguel.

Creí que ibas a llamarme.

Fue un día complicado.

Sí. Tu hermano se enteró que pasamos la noche juntos.

Lo sé. Vino a hablar conmigo.

Lo siento. Le dejé claro que tú no tenías nada que ver

en esto. Somos hermanos.

Me da igual, Miguel. Además, no pretenderá

que le perdone después de lo que hizo.

A lo mejor sí.

Podrías. Pues claro que no, Miguel,

me engañó. Me da igual que esté arrepentido.

Ya.

No quiero perderte a pesar de lo que ha hecho.

¿Desde cuándo eres tan comprensivo con tu hermano?

Ya te perdí una vez.

Y sé lo que duele.

Pero eso ya no va a volver a pasar.

Ya sé cómo es Raúl.

-Hola, Vicente. ¿Qué haces tú aquí?

-He venido de visita. Creí que había quedado claro

que tú nunca volverías a pisar esta casa.

-Y yo creía que había un pacto de no agresión entre nosotros.

Y sigue existiendo. Tú no malmetes contra mí

y yo no malmeto contra ti. -Y mientras tanto

yo no puedo entrar en mi casa. Porque alguien ha cambiado

la cerradura y ha cancelado mi cuenta en el banco.

O sea, que tampoco tengo dinero. Esa casa es mía.

Que no metamos a nuestros hijos en nuestras guerras

no significa que yo te deba nada. Las reglas estaban muy claras.

Nunca debiste decirle la verdad a Miguel.

-No te conviene estar a malas conmigo, Vicente.

Mi casa era tuya, es verdad. Pero es que esta sigue siendo

mi casa.

En la salud y en la enfermedad.

¿Recuerdas? Tú hace mucho tiempo

que dejaste de formar parte de esta familia.

-Puede, puede que sí, pero tú pronto vas a saber

lo que es quedarte sin tus hijos. Eso nunca.

-¿Crees que van a perdonarte la mentira?

¿Por qué, Vicente? ¿Porque eres un pobre enfermo?

Quizá ha llegado el momento de decirles que en eso

también les has mentido.

¿Creías que no iban a enterarse nunca?

Fuera de aquí.

-Volveré Vicente, te lo aseguro. Y será para quedarme.

(JADEA)

(JADEA)

Miguel...

Pablo...

(JADEA)

Ah...

Sara...

Avisa a Pablo.

-¿Qué le pasa? No me siento bien.

El brazo.

Rápido.

Ah...

¿Qué haces?

-Conmigo no hace falta que finja, Vicente.

Uh... -No me daba pena

cuando creía que estaba enfermo, menos ahora.

(JADEA) ¡Miguel!

-No se esfuerce.

Estamos solos usted y yo.

(JADEA) -¿No me diga que al final

de tanto fingir ha terminado por pasar de verdad?

Qué ironía...

Y ahora usted me pide ayuda a mí.

(JADEA)

Ah...

-Ayer me pidió que rezara para no perder a mi hija.

(JADEA) -En realidad lo que he deseado

con todas mis fuerzas era perderle a usted de vista.

(JADEA)

-Y ahí está.

(JADEA)

Ah... (JADEA)

-No se resista, Vicente.

Déjese llevar. Nos hará un favor a todos.

A mí, a su familia. Incluso a la bodega.

(JADEA)

-No aprendió la lección con Claudia.

No es buena idea

quitarle una hija a su madre.

(JADEA)

-Cariño, qué pronto has llegado. -Tenía que hablar uno asunto

con mi padre. Está en el despacho, ¿verdad?

-No, creo que se fue.

-Qué raro.

Le llamé para decirle que venía.

-María estaba preguntando por ti. -¿Ah, sí?

Está bien, dile que ahora mismo subo.

Papá...

Papá.

¡Sara!

Llama a una ambulancia. Corre, por favor.

-Sí. -Eh, papá....

Papá, escúchame.

Sara, ¿estás llamando?

-¡Sí, sí!

-¡Manu! Espera...

Escúchame. Ya no tenemos por qué tener miedo.

Mi padre lo ha arreglado todo.

Gustavo se va y es para siempre.

-¿En serio? -Sí.

Teléfono.

-¿Sí?

¿Qué ha pasado?

-Le encontré en el suelo del despacho, Emma.

-¿Y cuánto tiempo llevaba ahí solo?

-No lo sé. No sabemos nada. Tranquila, lo importante

es que le ha encontrado a tiempo. -¿Y tú?

-¿Yo qué? -¿Tampoco te has dado cuenta

de nada? -No, a mí me avisó Pablo.

-Son los hijos de Vicente Cortázar, ¿verdad?

-Sí. Sí. ¿Cómo está?

-Les voy a ser sinceros, su padre está muy grave.

Ha sufrido un infarto de miocardio. -Pero ¿se va a recuperar?

-No puede decírselo. Hemos tenido que subirle

a quirófano. -¿Quiere decir que podría...?

-Tenemos que esperar a ver cómo evoluciona.

Ya les avisaremos.

-Bueno, voy a llamar a Raúl.

-Puede que no se acuerde de algunas cosas,

pero sabe perfectamente que era capaz de matar a Jesús

Reverte. -¿Y crees que será capaz

de decírselo a Lucía? -Si no lo hace

significa que el cabrón que yo conocí sigue existiendo.

-Y que Lucía tiene que enterarse por otro lado.

-Por muy enamorada que esté, no creo que esté dispuesta

a aceptar algo así.

Teléfono.

-Un segundo.

Dime, Pablo.

¿Miguel?

¿Cómo está tu padre? ¿Sabes algo?

No, aún no. Estamos esperando a que salga del quirófano.

(SUSPIRA) -¿Cómo estás?

Gracias por venir, Lucía.

No me des las gracias, cariño. Estoy aquí por ti.

-No, todavía no sabemos nada. Creo que va a ser mejor

que te vayas.

Y si hay alguna novedad, te llamo.

Vale.

Hasta luego. Chao.

-Tu padre es un hombre fuerte, ya verás cómo sale de esta.

Oye, voy para allá. -No, estamos todos aquí

y no me parece lo más oportuno. -Emma, ya no tenemos

que escondernos de nadie. Y tarde o temprano

vas a tener que contárselo a tus hermanos.

-Ya, Manu, pero hoy no es el momento

para explicarle nada a nadie.

-Lo sé, lo sé.

-¿Tú crees que habrá sido la conversación con Gustavo

lo que le ha provocado todo esto? -Emma, no, ¿eh?, no.

No te eches la culpa a ti ahora. ¿Me oyes?

-Es que echar así a alguien de su casa, de su trabajo,

no debe de ser fácil ni siquiera para mi padre.

Oye, te tengo que dejar. Luego te llamo.

-¿Cómo está, Emma? -En quirófano.

-No tenía ni idea hasta que he ido a la bodega

y me lo ha contao Agustín. -Lo siento, no he podido llamarte.

Ha sido todo muy rápido. -No te preocupes.

-¿Has hablado con mi padre? -Sí, he hablao con él.

Ha sido muy generoso. La verdad, no me lo esperaba.

Me ha dicho que me puedo quedar hasta que encuentre algo.

Pero me iré lo antes posible. En eso quedamos.

-Ha salido el médico. Vamos.

-Nos hemos asegurado de que el sistema arterial

funciona y de que las arterias coronarias no están obstruidas.

-¿Eso significa que está bien? -Bueno, ya tiene una edad

y las próximas horas sin cruciales. -De momento,

todavía sigue inconsciente. Hay que esperar a que despierte.

Paciencia.

-Ahora vuelvo, cariño.

Doctor...

Perdone, ¿tiene un minuto? -Sí, ¿dígame?

-Mi suegro estuvo mucho tiempo inconsciente.

¿Puede ser que le fallara el oxígeno o...?

No sé cómo decirlo. -¿Quiere saber si el cerebro

puede haber sufrido daños? -Sí.

-Puede ser, pero hasta que no despierte

y le hagamos pruebas no lo sabremos.

-Ya, gracias. -No hay de qué.

-Miguel...

Mamá...

-¿Qué tal está?

Grave, pero siempre consigue sobreponerse.

Siéntate.

Te estuve llamando a tu casa, pero no contestaba nadie.

-Eso también es cosa de tu padre.

¿A qué te refieres? -¿No lo sabes?

Ha vuelto a apañárselas para dejarme en la calle.

Tu vida ahora está aquí, con nosotros.

En nuestra casa.

-Tu padre eso no lo permitiría. Papá no está en condiciones

de permitir o dejar de permitir nada.

Toma.

No voy a dejar que vuelvas a marcharte.

-¿Y tu padre? Primero tendrá que recuperarse.

Luego no le quedará otra que amoldarse a los cambios.

Pitidos.

-Sara...

-Raúl.

Perdona, sólo venía a ver cómo está.

-No te preocupes. Si te digo la verdad,

no sé ni qué hago aquí. -Bueno.

Te dejo solo.

-Mala hierba nunca muere.

¿Verdad?

Pero algo habrás hecho bien cuando tienes a todo el mundo

pendiente de ti.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

¿Cómo lo haces?

¿Eh?

¿Cómo consigues no dar nada bueno a nadie?

No dar tregua, asfixiando, maltratando a todo el mundo

que te rodea.

¿Cómo puedes no querer a nadie más que a ti mismo

y que tanta gente te perdone una y otra vez?

¿Eh?

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

No he cometido ni la mitad de errores que tú y mírame...

Estoy solo.

Sólo y a punto de perderlo todo.

Papá...

-Gustavo...

-¿Tú qué haces aquí, Nuria? -Así es la vida.

No he hecho nada más que llegar y qué notición:

Vicente Cortázar a punto de morir. -Es posible que se recupere.

(SUSPIRA) -Qué decepción...

Pensaba que habría muerto ya. Avísame cuando pase,

quiero estar aquí para disfrutarlo. -¿Cómo puedes presentarte aquí

y hablar así de mi padre? -Emma, no le hagas caso.

-No tienes ningún derecho a hablar así de él.

-Vicente Cortázar, ese buen hombre que tú dices que es,

chantajeó a mi padre para que dejase

la presidencia del consejo. Él perdió el puesto

y yo perdí a mi padre. No me habla desde entonces.

-No permitiré que acuses a mi padre de nada.

Sal de aquí ahora mismo o llamo a la policía.

-Haz una cosa: si despierta pregúntale por la grabación

que le enseñó a mi padre. Está muy bien.

Vas a descubrir qué clase de hombre es tu padre.

Y una cosa que quizá te interese mucho más:

¿Dónde estaba tu marido el día que abortaste?

-¿Qué tiene que ver Gustavo en todo esto?

-Adiós, Emma.

-Bruja... -¿De qué hablaba, Gustavo?

-Emma, papá ha despertado.

-Papá...

Ya sé que no es el momento,

pero es que ha estado Nuria Asensi

y asegura que chantajeaste a su padre con una cinta

para que dejara la presidencia del Consejo.

Necesito saber qué tiene esa cinta.

Ahora no, Emma, ahora no.

-Papá, por favor, es mi vida. Lo necesito.

Siempre he confiado en ti.

(CINTA) -Sexo y dinero, con esas dos cosas

se consigue todo lo demás.

Tú eres bueno en esto.

Y los Cortázar tienen dinero. -¿Has conseguido que alguno

cambie su voto? (RÍE) -¿Cómo crees que conseguí

las denominaciones de Muñoz Campos? ¿Eh?

La gente hace lo que sea por dinero.

Sólo tienes que saber quién tienes enfrente.

Y por cuánto está dispuesto a conseguirlo.

Besos.

-¿Qué haces en casa?

Pero, cielo, ¿qué te pasa? ¿Es por tu padre?

-Estoy harta.

No tienen derecho a tratarme como si fuera una estúpida.

Ya no puedo más con tantas mentiras.

-Tranquilízate. Estoy aquí.

Soy tu madre. Puedes confiar en mí.

-Ese es el problema.

Que ya no sé en quién puedo confiar y en quién no.

En mi marido, que me ha puesto los cuernos dos veces

o en mi padre, que lo sabía y luego me lo ha ocultado.

Todos creen que pueden hacer con mi vida lo que les dé la gana.

Y yo, la verdad, no puedo más.

-Yo también he pasado por eso.

Y sólo hay una forma de que no vuelva a ocurrir.

Tienes que coger tú las riendas de tu vida y decidir por ti misma.

Yo tuve que hacerlo cuando me fui de esta casa.

Abandoné a tu padre por otro hombre.

Sé que le quieres con locura y que es difícil de entender,

pero yo me desengañé de él. Se había convertido en un hombre

más pendiente de las bodegas que de su propia familia.

Y entonces apareció él.

Lleno de vida.

Me hizo sentir que yo era el centro del universo.

Nunca os habría dejado. Os habría llevado conmigo

adonde fuera.

Pero tu padre no lo permitió.

Mis años con aquel hombre fueron los más felices

de mi vida.

-Te entiendo perfectamente.

-Pues lucha por tu felicidad. No hipoteques tu vida por nada

ni por nadie.

-Y si volvieras a pasar por lo mismo,

¿volverías a hacerlo? -De lo único que me arrepiento

es de haberos dejado aquí.

Pero tú no tienes hijos.

Y nada que te ate a esta casa.

-Gracias.

Miguel...

¿Cuándo me va a llevar a casa?

Pronto.

Tranquilo, papá.

La recuperación va a ser lenta. Tienes que tener paciencia

y no hacer esfuerzos. Ah...

¿Y Emma? Se ha ido a casa.

Supongo que volverá enseguida.

Puerta.

-¿Qué tal, papá? ¿Cómo estás?

-Nos ha dado un susto de muerte, Vicente.

Por suerte tengo cerca a la familia.

-El doctor va a venir a hacerte una visita.

Ya verás como dentro de poco estarás de vuelta en casa.

Papá, ¿qué pasa?

Las piernas, no las siento.

No las siento.

-Es normal que después de un infarto como el que sufrió

se pierdan algunas facultades. En realidad debería sentirse

afortunado. ¿Afortunado por no poder moverme?

¿Por estar enfermo? -Papá,

podría hacer sido peor.

-Este estado no es irreversible. Mire, no quiero darle

falsas esperanzas, pero es posible que si ningún órgano

se ha visto afectado pueda con el tiempo

recuperar la movilidad de las piernas.

Gracias, doctor. Le acompaño.

-Ya has oído al doctor.

Pronto estarás bien. Yo lo que quiero

es que me manden a casa. -Un poco de paciencia, ¿de acuerdo?

Ahora tenemos que irnos.

-Sí, es mejor que le dejemos descansar.

Y tengo que ir a buscar a María.

Dale recuerdos de mi parte y dile que pronto volveré a casa.

-Claro.

Voy a acabar contigo.

-Qué pronto se ha ido tu novia.

Raúl, escucha... -No, escúchame tú.

Disfruta de lo poco que te queda con ella.

Si no se lo dices tú, se lo voy a decir yo.

Y te aseguro que no volverá a mirarte a la cara en su vida.

-Miguel...

Me acabo de enterar. Lo siento. ¿Cómo está?

Ha ido bien. Lo han subido a la habitación.

-Tengo que verlo. No, ahora no puede ser.

-No puedo esperar. Hay algo muy importante

que tu padre debe saber. ¿Qué pasa?

Si es tan urgente, deberías contármelo.

-Se trata de Manuel, el secretario de las bodegas.

No sabemos su verdadero nombre, pero ni se llama Manuel

ni ha trabajado nunca en ninguno de los lugares

que puso como referencia en su currículum.

No sé a qué viene esto ahora, pero cuando mi padre se mejore

hablaremos con él y... -No es tu padre quien me preocupa,

sino tu hermana Emma. Creo que tiene

una relación con él. No sé por qué razón ese chico

nos ha mentido, pero no creo que sea por nada bueno.

Entiendo que por eso tu padre me pidió que lo investigase.

Y no consigo localizar a tu hermana.

Bueno, voy a llamarla.

¿Me disculpas?

Teléfono.

¿Emma? -Dime.

Escúchame, por favor. -¿Ha pasado algo?

¿Dónde estás? -¿Qué pasa, Miguel?

No, papá está bien. Quería hablar contigo.

Es sobre Manuel.

-Miguel, quiero a Manu y me voy a ir con él.

Emma, ¿te has vuelto loca? -No, y ya no hay marcha atrás.

El abogado de papá ha averiguado cosas que deberías saber.

-¿Como qué? ¿Como lo de Gustavo con Nuria? Y tú lo sabías, además.

Debería habértelo dicho, lo sé, pero...

-Pero las cosas de la bodega están por encima de todo, ¿verdad?

Me mentiste igual que lo hizo papá.

Sois iguales, y lo peor de todo es que ni te has dado cuenta.

Emma, por favor, escúchame, esto es importante.

-Olvídame. Estoy cansada de mentiras.

Cansada de esta familia.

-¿Estás segura de lo que vas a hacer?

-Sí.

-¿Emma?

¡Emma!

(SUSPIRA)

-¿Y qué pasa con tu padre, tu familia,

la bodega. -Ya es hora de que piense en mí

y en nosotros. ¿No crees?

-Sólo quiero que estés segura.

Si nos vamos no hay marcha atrás. -Lo sé.

Teléfono.

-¿Sí? Gustavo, ¿dónde estás?

-En casa. He venido a buscar a Emma.

Y no está, ¿verdad?

Contesta. ¿Se ha ido?

-Sí, se ha ido. A ver, escúchame bien,

mi hermana se ha ido con Manuel. -¿Qué?

Están a punto de fugarse.

Gustavo, ¿me estás escuchando? -Eso es imposible.

No, no, no lo es.

-Manu es marica. Pero ¿qué estás diciendo?

Mira, yo no sé quién es ese tipo ni lo que quiere,

pero o te mueves o no va a ver vuelta atrás.

-Gustavo, ¿me puedes acercar al pueblo?

-Tengo que encontrar a mi mujer. -Se ha marchado.

-Usted lo sabía.

-Llevo poco tiempo en la familia, pero parece que tu mujer

ha confiado más en mí que en ti.

Debes haber sido muy torpe todo este tiempo.

-¿Dónde está? ¿Dónde?

-No vuelvas a levantarme la voz en tu vida.

No se lo consentí a Vicente Cortázar,

no voy a permitírtelo a ti.

-Cree que le está ayudando, ¿verdad?

Pues se equivoca. Si piensa que yo no soy bueno

para su hija, él mucho menos. Yo no he mentido sobre quién soy.

-¿Qué estás diciendo? -Que la vida de Emma corre peligro

y si le pasa algo ya sabremos a quién agradecérselo.

-En la oficina.

Creo que han quedado en encontrarse allí.

-¡¡¡Puta!!!

¡¡¡Hijos de puta!!!

(JADEA)

¿Y Emma dónde está? -Emma, por favor, coge el teléfono.

Tenemos que hablar. -Júrame que no vas a mentirme

nunca. -Te lo juro.

-Manuel Hernández no existe. Su currículum es falso.

-Quiero hablarte de Miguel. Él mató a tu padre.

¿Es verdad? No lo sé.

-Quiere quitarme a mi niña. María no va a estar contigo

toda la vida. -No permitiré que le haga

a ninguna de las mujeres de esta casa

lo mismo que me hizo a mí. -La decisión está tomada.

Rosalía se queda en esta casa. -He vuelto para quedarme.

¿Qué es esto? -Mi dimisión.

-Escuche, yo quiero a Emma. Y voy a encontrarla.

Y voy a recuperar su confianza. Tráemela

y después hablaremos. -Se acabó.

-¿Me estás diciendo que ya no me quieres?

-Tienes que marcharte de ahí en seguida.

No recojas nada. -¿Por qué?

-Emma, ese chico te está mintiendo. Ni se llama como te ha dicho.

Te está mintiendo. -¿Oiga?

-Emma, por favor, coge el teléfono o llama a casa.

Es papá, que se ha puesto peor. No creen que pase de esta noche.

Acabamos de llegar del entierro. (LLORA)

Te estuvimos llamando mil veces, Emma.

Disparo.

Gran Reserva - T2 - Capítulo 23

02 jun 2011

Lucía y Miguel vuelven a estar juntos, pero Raúl no piensa quedarse de brazos cruzados, y para ello cuenta con la ayuda de Mónica, quien conoce los secretos más oscuros del antiguo Miguel.

Por un lado, Raúl y Mónica se unen por un objetivo común: separar a Lucía y Miguel, que vuelven a estar juntos. Por otro, el retorno de Rosalía complica enormemente la vida a don Vicente. Además, la entrada de Daniel en las bodegas Cortázar generará no pocos problemas, que serán aprovechados por Sara, empeñada en enfrentar al patriarca con Pablo.

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