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No recomendado para menores de 7 años  Gran Reserva. El origen - Capítulo 36 - Bernardo y Clotilde encuentran a Asunción en el suelo, tras su intento de suicidio - Ver ahora
Transcripción completa

Este vino está mal etiquetado, mira.

-No entiendo cómo ha podido pasar.

Me estoy quedado ciego, hija.

-No, hablaremos con D. Alejandro... -No, no, no.

No, hija, lo importante es que esto no llegue a oídos de don Vicente.

Hay unos posos en el vino así, como si fueran garbanzos.

Pero tú no los ves, ten la decencia de reconocer que mientes

y que te estás quedando ciego.

Cuando crea conveniente mi familia dejará la casa.

Con permiso.

(LEE) "He tomado la decisión más difícil de toda mi vida,

dejar a Jesús el control de las Bodegas Reverte.

Tú, Adolfo, recibirás únicamente la legítima".

Esa carta me ha abierto los ojos, Sofía.

No quiero seguir siendo ese hombre.

Perdóname, por favor.

Mírame a los ojos, ¿qué te dice el corazón?

-La analítica dice que Ricardo Reverte

tenía una dosis excesiva de metanol en sangre,

lo que no entiendo es cómo llegó a su sangre.

-Bernardo no quiero que entregues

el resultado del análisis de Ricardo Reverte a su familia.

Lo único que tienes que hacer es confirmar

que Ricardo Reverte murió de un infarto.

Quiero el 5 por ciento de las Bodegas Miranda.

Tenías prisa en conocer el resultado de los análisis de tu padre.

Son los propios de un fallo cardíaco.

Lo demás es normal.

¿Confirma que murió de un infarto? Efectivamente.

-Firma.

(LLOROSA) -Fui sola al cine, Elena me recogió a la salida.

Es un billete para Francia, harás las maletas y cogerás ese tren.

¿Qué crees que hará padre con Manuela cuando se entere?

Jamás le perdonará su silencio y que te haya protegido.

Voy a ir a Burdeos. -No sabes la alegría que me das.

Has tomado la mejor decisión.

-Esto son vitaminas para embarazadas.

-Yo solo venía a buscar una cosita.

-Antes he visto un frasco de vitaminas para embarazadas

y he visto cómo lo cogías.

-No son para mí. -¿Y para quién son?

-Para Carolina.

-¿Y quién es el padre? -Es tu hermano Gabriel.

-¿Qué?

¿Estás embarazada de Gabriel? Solo quiero ayudarte.

-A ver, cuando Gabriel murió Vicente me ofreció muchos billetes

para... que me deshiciera del niño.

Si la ayuda que quieres ofrecerme es la misma que él,

más te vale largarte por esa puerta.

-Yo no sabía... -Pues ya lo sabes.

Nadie debe saber nada.

-Te quiero, Carolina.

Me gustaría que fueras mi novia formal.

-Yo no te quiero, Ángel.

(BAJITO) No te quiero.

Pues ahí tiene. -Un Miranda ni más ni menos.

Y lo mejor, regalado de precio, padre Genaro.

Me acordaré de ti cuando lo descorche.

-Perdón. -Ay, Luis, qué sorpresa.

¿Cómo tú por aquí? -Tengo prisa, me marcho.

Me alegro de veros. -Hasta luego.

Eso me ha abierto los ojos.

Nos estamos utilizando el uno al otro y no es bueno para ninguno.

No sé qué hacer para que volvamos. -Olvídame de una vez.

-¿Qué haces?

-¿Por qué Bernardo tiene el cinco por ciento de nuestra empresa?

-Hay cosas que solo me conciernen a mí, y esta es una de ellas.

-Pues dirija su empresa como le dé la gana.

Me voy contigo.

Ni mi padre ni las bodegas me necesitan como yo a ti.

(MUJER) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(HOMBRE) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(AMBOS) Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz

en medio del cielo.

Pues yo sigo pensando que si tenías que reconocer a doña Felisa

que venga ella a la consulta.

-¿Pero qué dices, mujer? Si tiene 95 años, 95.

-¿Y no tiene hijos que la traigan?

Anda, y además esa casa está llena de telarañas y de mugre.

-Y hablando de hijos,

¿sigues con esa estúpida idea de darle celos a Luis Miranda

con el pobre muchacho de Jesús?

-No es una estupidez porque ha funcionado.

-¿Ah, sí? -Hombre.

Hace un rato ha venido Luis,

yo me he ido para dejarles solos,

reconciliándose. -Bueno, si tú lo dices.

¿Dónde has dejado el periódico? (SUSPIRA) -Ay...

¿Ha mirado en tu despacho?

¡Ay, Asunción! ¡Bernardo!

¡Bernardo!

-¡Asun, Asun!

Tiene el pulso muy débil.

¡Dios santo! -¡Por Dios, dime qué pasa!

-Que se ha tomado un frasco de barbitúricos.

¡Vamos, ayúdame a levantarla!

Vamos a ponerla en la camilla. -¡Hija!

-Venga.

Coge de mi maletín la sonda. Deja, deja.

¡Coge la sonda del maletín, tráemela!

¡Rápido, rápido!

Ay, Dios mío, ¿qué has hecho, mi niña?

Hay que vaciarle todo lo que tenga en el estómago, ponla de lado.

Espero que no sea tarde.

-Vaya rácanos, ¿tú te crees?

Solo tres chatos de vino y un vaso de agua,

ni una triste banderilla.

Menos mal que esta tarde está el "Escala en hi-fi",

a ver si hacemos buena caja. -A ver.

-¿Qué te pasa, hija? ¿Tienes alguna molestia?

-Que no, que estoy bien. Además, ya escuchó al Dr. Ramírez, ¿no?

Dijo que el embarazo iba estupendamente.

-Carolina, nos conocemos y sé que estás preocupada.

No será que Elena le ha dicho a su hermano que sigues...

(MUY BAJITO) embarazada. -Que no es eso.

En realidad...

si me siento mal ni siquiera es por mí.

-¿Entonces qué es? -A los buenos días.

Ponme un vino, niña,

a ver si hay suerte y no está picado.

-De sobra sabes que aquí no servimos vino picado.

-Que sí, Pilar, me conformo con que no me pongáis

lo que le habéis puesto al Gato ese, que llevaba cara de muerto.

-Eso no es por mi vino, será por cosas de la comisaría.

-¿Pero qué comisaria? Si ese es un cenutrio.

Si el Gato es un quinqui, enteraos, un quinqui.

A ver si se va ya del pueblo. -Pues ese quinqui es mi amigo,

así que deja de insultarle ya.

-¡¿Por qué grita esta niña?! -¡Y es mucho más hombre

y mejor persona que serás tú en tu vida!

-¡Que no me grites!

-Oye, baja el tonito con mi hija, Andrés.

-¿Pero qué antro es este que insultan a los clientes?

-El único en el pueblo donde te dejamos beber

y si no quieres que te vuelva a echar vete al fondo.

-Vamos a ver... -¡Donde no te vea la jeta!

(PARA SÍ) No vaya a ser que te la rompa.

-Nunca he visto a Eduardo tan derrotado.

Ya...

A mí también me ha sorprendido.

¿Por qué no nos habrá contado desde el principio lo que le pasaba?

No lo sé, pero lo ha reconocido, aunque sea tarde,

así que ahora no hay tiempo que perder.

Me pondré manos a la obra para buscar un encargado nuevo.

¿Cómo un nuevo encargado? ¿Qué ha pasado con Eduardo?

Se está quedando ciego, no puede realizar su trabajo.

¿Cómo que ciego?

-Sí, nos ha dicho que deja el trabajo.

-Dios mío.

Pobre Eduardo, no sabía nada.

Nadie lo sabía, suerte que le pillé en un renuncio

o nos seguiría engañando.

Necesitamos a alguien cuanto antes, no podemos estar sin encargado,

y también hay que buscar a alguien que lleve la casa.

¿Inés y Manuela también se van?

-El nuevo encargado traerá a su familia,

siempre se ha hecho así.

-¿Y ya está?

¿Tantos años de servicio y a la calle?

Es duro, pero así es dirigir una empresa, por si no lo sabías.

¿Pero se puede saber por qué te has puesto así?

-Me molesta que ese se meta con Ángel.

-Si él es así, siempre criticando a todo el mundo.

-Ya, pero Ángel es mi amigo.

-Por eso estabas preocupada, por él.

-Pues sí, madre, si se marchó mal de aquí fue por mi culpa.

-¿Habéis discutido?

-Se me declaró, madre. -Ay...

(SUSPIRA) ¿Por eso se ha ido tan enfadado?

¿Pero tú qué le has dicho?

-Pues que no podía ser su novia y que no le quería.

-Claro, y ahora te sientes culpable.

-Es que yo le aprecio, madre, y mucho.

Pero no puedo ser su novia, no es justo para él,

no puedo hacerle cargar con un niño que no es suyo.

-Ya...

Lo entiendo, hija, lo entiendo.

Si tu situación fuese otra, pues...

¿Si tu situación fuese otra qué le habrías dicho?

-Eso da igual, madre,

yo decidí tener al niño y no me arrepiento.

Pero he de cargar con las consecuencias,

sean las que sean.

Si no le importa prefiero irme dentro, ¿vale?

(MUY BAJITO) -Ay, Jesús.

-¿Por qué no despierta, ha ido algo mal?

-Tranquila, no, lo importante es que ha echado todo lo que debía.

Pero no sé cuánta porquería tendrá en sangre.

-¿Es que aún podría morir? -No, estate tranquila,

se va a recuperar, ¿eh?

Igual tarda un poco en despertar, pero se recuperará.

Ay, hija, ¿por qué has hecho eso, querida?

(LLORANDO) -¿Aún no sabes quién es el culpable?

(Música de intriga)

-¿Luis Miranda?

-Y por eso me he ido yo de casa.

Nosotras creíamos que había venido a reconciliarse,

pero ya se ve que no.

-Malditos sean esos dos, ¡malditos!

-¿Cuándo va a dejar de sufrir la pobre?

-Mi niña...

¡Eh!

Ya se ha despertado.

¿Cómo estás, preciosa, cómo estás?

(DORMIDA) -Me duele la cabeza.

-Bueno, eso es normal, pero se te va a pasar, ¿sí?

Y ahora te llevaremos a la cama para que descanses.

¿Vale? -Bien... (HABLA ININTELIGIBLE)

-Ay, hija, que casi te perdemos.

(LLORANDO) No vuelvas a hacer eso nunca más.

Nunca, nunca más.

-Bueno, Clotilde, llevémosla a la cama.

-Anda, hija.

-Como le gustan a tu Puri. (RÍE) -Muchas gracias, Dimas.

-¿Qué me han dicho?

¿Que Ángel y Andrés casi la tienen otra vez?

-Hay que ver cómo corren las noticias en este pueblo.

-La Jacinta, que los vio de lejos. -Pues suerte tuvo Andrés,

que estaba yo ahí y sujeté a mi sobrino.

-Tu sobrino también tiene un pronto. -Lo tiene, pero en este caso,

la culpa es del baldragas ese de Andrés.

-Tú muy objetivo con tu sobrino tampoco eres.

La otra vez, quien tuvo el rifirrafe fue tu sobrino.

-En este caso, de verdad, fue culpa del borrachín ese,

que quiere armar gresca.

(INDIGNADO) ¡Pues no va y nos llama "sarasas" y "afeminados"!

-¿Y eso por qué? -Pues no sé.

Debió de oírnos hablar,

que estaba yo con mi sobrino dándole consejos de amorío.

(RÍE) Consejos de amor. Esa faceta tuya no la conocía yo.

-Es que el muchacho necesitaba oír la voz de la experiencia, ¿no?

(SUSURRA) Porque es que le gusta una moza del pueblo.

-¡Ah! -Y anda un poco perdido.

-Mira, me alegro de que se haya decidido

a declararse a Carolina.

-¿Y tú cómo sabes eso? -Porque tengo ojos en la cara.

Cuando voy a la fonda, llega tu sobrino y la ve

y se le queda una sonrisa bobalicona

que en vez de un gato, parece un minino ronroneando.

-Esta vez yo creo que sí, que le gusta de verdad.

-Me alegro, hacen muy buena pareja.

-No creas que tanto, porque los dos tienen un carácter que...

-Esos van para adelante, te lo digo yo,

que tengo un sexto sentido.

De aquí, de atender al público, pues conozco el alma humana.

-¿Y por qué no utilizas tu sabiduría para buscarte una mujer para ti?

-Muy gracioso, Ortega. -Te lo digo sin mala fe.

De verdad, yo creo que te convenía ya tener una esposa.

Porque desde que nos dejó tu madre, estás solo en la vida.

No me dirás que no lo has pensado.

-Sí, alguna vez sí que lo he pensado. -¡Pues natural!

¿Y qué? ¿Has echado el ojo a alguna vecinita?

(ELVIRA) No hace falta que disimule conmigo, Dimas. (RÍE)

Lo que lee dice mucho de cómo es usted en lo más profundo.

-Qué vergüenza.

Doña Elvira, ¿qué pensará ahora de mí?

-Que es un hombre con un gran corazón.

Acostumbrado a dar cariño, y quizás deseoso de recibirlo.

(GRITA) ¡Dimas!

(DISIMULA) No, no, no hay aquí ninguna mujer

que yo vea para emparejarme.

-Tío, llevo rato buscándole.

La comisaría está cerrada y tampoco encuentro a Pajarillo.

Quiero seguir investigando las cosas de los Cortázar.

¿Me da las llaves? -¿A ti qué te pasa?

Si hemos mirado las pertenencias de Gabriel Cortázar, mil veces

y no hemos encontrado nada.

¿Y además, qué? ¿No ibas a hablar con Carolina?

-Ya lo he hecho.

Por eso prefiero tener la cabeza ocupada.

O eso, o me vuelvo loco.

-Entiendo.

Anda, toma.

Luego paso yo por allí. -Gracias.

Adiós, Dimas. (IRÓNICO) Coge algo si eso.

-¿Qué ha sido de tu sexto sentido? ¿Está averiado?

-Pobre Ángel, ahí sufriendo por amor.

-Es que hablas como si fueras un experto en el tema.

-No soy un experto en el tema, pero algo sé.

Pues de leer las novelas que leo,

que siempre alguien sufre por amor.

-Nos estamos precipitando.

Eduardo es de los que más saben de vino en la región.

Usted siempre lo dice, padre.

Aún puede aportar mucho, aunque no vea igual.

No digas tonterías.

Ha traicionado nuestra confianza, es imperdonable.

Si ni ha sido capaz de trasegar una barrica.

(GRITA) ¡Está enfermo, Vicente, enfermo!

Estaría asustado.

¿Nos estamos volviendo locos o qué?

Por un error, ¿borraremos tantos años de duro trabajo?

Un error puede arruinar nuestras bodegas, no lo permitiré.

No tienes compasión, Vicente. Ni tú criterio.

Muy bien.

Vete a las viñas a hacer lo que sea

y nosotros tomaremos las decisiones importantes.

Escúchame bien.

Quizás no sepa de grandes decisiones, porque no me dejáis,

pero sé tratar a los empleados. Estoy con ellos en el campo cada día.

Eso no tiene qué ver con llevar una empresa.

¡Por favor! ¡Muchísimo más de lo que te crees!

Padre, nosotros exigimos fidelidad y respeto a los empleados,

pero no sumisión.

Nosotros no somos como los Miranda. -Cierto.

-Y gracias a eso y al buen hacer de nuestros empleados,

las bodegas prosperan cada vez más.

¿Cómo van a respetarnos si a la primera de cambio

dejamos tirado a quien ha trabajado más años aquí?

(RESOPLA)

(Campanadas)

(SUSPIRA) No es momento para hablar de negocios, Santiago.

-Pero ¿no recuerdas que teníamos pendiente una reunión

para hablar de tu participación en las bodegas?

-Lo siento, Santiago,

pero no estoy para recordar ni para hablar de nada.

-¿Qué te pasa, Bernardo? No te había visto nunca así.

-Asunción ha intentado quitarse la vida.

(CONSTERNADO) No.

-Se ha tomado un frasco de barbitúricos de mi despacho.

-Pobrecita, lo siento. (PREOCUPADO) ¿Cómo está?

-Bien.

Gracias a Dios la encontramos a tiempo. Está descansando.

-¿Y tu mujer? -Destrozada. No para de llorar.

He llamado al padre Genaro para que la consuele.

Está con ella.

-Sí, él sabrá qué decirle. -Eso espero.

(CANSADO) Porque lo que es yo, hoy no doy más.

-¿Y por qué...?

¿Por qué habrá hecho Asunción una cosa así?

-¿De veras me lo preguntas?

Por tu hijo.

(SUSPIRA)

(Puerta)

-Eduardo, ¿dónde te habías metido?

¿Has hablado ya con Don Alejandro?

-Sí, he estado hablando con él.

Y perdona que no haya venido

inmediatamente a verte, pero... -Ya.

-Tenía ganas de ir a los viñedos, a verlos por última vez.

-O sea que... has renunciado.

-Es lo que tenía que hacer.

(ENFADADO) ¡Es que soy un inútil

que no sabe ni hacer una simple trasiega!

-Eduardo Matute, te prohíbo que me hables así.

Porque tú serás un cabezota, y un burro y un orgulloso,

pero no eres un inútil.

Bueno... la realidad es que me he quitado un peso de encima.

Pero lo siento por vosotras,

porque por mi culpa, vamos a tener que irnos de este sitio

que ha sido nuestro hogar durante tantos años.

-No te preocupes por nosotras, saldremos adelante.

Yo trabajaré en otra casa y Manuela también,

que para eso nos ha salido una hija

tan bien dispuesta y tan espabilada.

-¿Y dónde está?

-La he mandado a hacer recados, estaba muy nerviosa.

-Bien hecho, porque no quería preocuparla.

(Puerta)

¡Don Alejandro!

-Quería hablar con vosotros.

-Sí, estaba aquí comentando con Inés las novedades.

-No se preocupe, Don Alejandro, que cuando llegue el servicio nuevo,

me encargaré de ponerles al tanto de toda la casa.

-Empezaremos a empaquetar los bártulos

y nos iremos cuando disponga.

-Entonces espero que nunca, al menos mientras yo viva.

-Pero nosotros... -Quiero que os quedéis en la casa.

(NERVIOSO) No puede ser, Don Alejandro,

porque yo ya no puedo trabajar en la bodega.

Estoy perdiendo la vista, me voy a volver un inútil, señor.

-Eso tendrá que decirlo un médico. -Ya me ha visto uno.

-No uno cualquiera, un especialista.

Irás a Pamplona, para que te vea el Dr. Lucio Pastor.

Ya he reservado consulta para que lo visites mañana.

-Pero eso ha de ser muy caro.

No podremos... -No te preocupes por el dinero.

Corre de mi cuenta.

(EMOCIONADA) Don Alejandro, es usted un santo.

-Solo quiero corresponder a los duros años de trabajo

que ha dedicado Eduardo a las bodegas.

(EMOCIONADO) No sé qué decir... -No tienes nada que decir.

Afortunadamente, mi hijo Rafael me ha hecho

ver las cosas con claridad. (SOLLOZA) El señorito Rafael...

-Tienes en él al mayor de los defensores.

Así que id a preparar el equipaje los dos.

-No, no, ¿para qué vamos a ir los dos?

No voy a permitir que... -Sé que Inés es imprescindible.

Pero Manuela la puede sustituir un par de días, ¿no es así?

-Por supuesto, Don Alejandro, descuide.

-Ah, Eduardo...

Cuando tengas un problema grave, confía en mí,

como has hecho siempre.

-Así lo haré, Don Alejandro.

(SOLLOZAN DE EMOCIÓN AMBOS)

-Todos sabíamos que Asunción

se había quedado muy afectada por la ruptura.

Pero han pasado varias semanas.

-Luis vino esta tarde.

Clotilde los dejó solos

y cuando volvió, Asun estaba en el suelo.

¿No te resulta bastante claro?

(COMPUNGIDO) Lo siento muchísimo.

-Hemos de hacer algo con esta situación.

No puede seguir así.

-Estate tranquilo. (ENOJADO) "¡Estate tranquilo!"

Si entro más tarde por esa puerta, mi hija estaría muerta.

(ALTERADO) ¡Qué tranquilo ni tranquilo!

-No pienses eso ahora. Lo importante es que se ha salvado.

(SUSPIRA) Mira, yo no quiero verla sufrir más.

Esto ha de acabar. (ROTUNDO) ¡Se acabará, te lo aseguro!

Luis se casará con Asunción, ya lo verás.

-¡No digas cosas que no puedas cumplir, hombre!

-Lo digo y lo cumpliré.

(Pasos)

-Padre, ¿ha hablado ya con ella? -Sí.

Parece algo más tranquila. -Gracias a Dios.

-Bueno, yo les dejo. Tendrán cosas de qué hablar.

Ánimo, Bernardo, sé fuerte.

Todo se arreglará, ya lo verás. -Gracias, Santiago.

Siéntese, padre.

¿Quiere tomar una copa?

-Mañana salimos para Pamplona.

Por eso quiero que me sustituyas en mi ausencia.

-¿Está seguro, Eduardo? Hay gente con más experiencia.

-Pocos tan responsables y serios como tú.

Además, me quedaría mucho más tranquilo si lo aceptas.

Yo en ti confío. -Muchas gracias.

Yo espero poder estar a la altura.

-Estoy convencido de que sí podrás.

Aunque... si no quieres, lo entenderé perfectamente, ¿eh?

-¿Cómo no voy a querer? Yo encantado.

Es lo mínimo que puedo hacer. -Bueno, pues estupendo.

Ahora solo falta la aprobación de los patrones,

y no habrá ningún problema.

-Lo que usted diga.

Lo importante ahora es que usted se recupere.

-Bueno, no corras, no corras, todavía no me ha visto ni el doctor.

-Sí, ya verá, hombre, yo lo sé, saldrá todo bien.

-Ojalá, pero no, yo...

no me hago muchas ilusiones.

-Ya, ya le entiendo. Es normal.

Don Alejando se ha portado muy bien con usted.

-Sí, la verdad es que estoy realmente emocionado

de cómo se han comportado conmigo Don Alejandro

y el señorito Rafael, dando la cara por mí.

Pero no sé qué pensará Don Vicente, ¿está por aquí?

-Por ahí viene ese pájaro.

Eduardo. ¿Sí?

Te estaba buscando.

(NERVIOSO) Precisamente, estaba diciéndole a Roberto

que se encargara de todo mientras no estoy aquí.

Ya.

¿Sabrá hacerlo? Sí, por supuesto, estupendamente.

-Yo me esforzaré al máximo

para que no se note la ausencia de Don Eduardo.

Muy bien.

¿Nos dejas un momento? (CARRASPEA) Como usted diga.

-Bien...

Ya me he enterado de que va a verte el Dr. Pastor.

Estarás contento, ¿no? Mucho, señor.

Y muy agradecido a usted y a su familia.

(CORTANTE) No, no te equivoques.

Yo no tengo nada que ver en esa decisión.

Yo no premio la deslealtad.

(DUBITATIVO) Ya, supongo que estará enfadado porque...

no... he hablado de mi problema.

Mira, Eduardo, puede que mi padre

y el blando de Rafael estén de tu parte,

pero yo te tengo calado.

Te tengo calado.

¿A qué se refiere? A que ya me la has jugado dos veces.

Cuando hablaste con mi padre

para pedir un aumento para Roberto y ahora.

Mi padre ha decidido que te quedes y lo acato,

porque a diferencia de ti, sí soy leal.

Pero te aviso, cuando mi padre no esté

y sea yo quien dirija estas bodegas,

lo primero que voy a hacer será ponerte de patitas en la calle.

Aunque estés completamente ciego. Me da igual, me da igual.

Así que ve preparando la maleta para cuando llegue ese día.

Lo siento mucho.

(SUSPIRA APESADUMBRADO)

-Hace días que no te dejabas caer por aquí.

-Hay mucha faena en las bodegas desde que falta mi padre.

Y mi madre también nos necesita. -Ya.

Aquí también se le echa de menos.

No hay día que algún parroquiano no lo mente para bien.

Siempre tenía una palabra amable con todos.

-Así era mi padre.

-Desde luego, en este pueblo uno no gana para disgustos.

-¿Qué ha pasado?

-Gracias a Dios, solo ha sido un susto.

Me he encontrado al padre Genaro que salía de casa del alcalde

cuando yo venía aquí, y estaba muy afectado.

-¿Le ha pasado algo al alcalde? -A él no.

(DUDA) Igual no tenía yo que decir esto.

-¡No salgas ahora con esas!

Tú has empezado largando por esa boquita.

-Y nadie le ha dicho nada. -Venga, que estás hecho un cotilla.

Desembucha de una vez. -Está bien.

Pues... la hija del alcalde...

que, al parecer, ha sufrido un percance.

-¿Asunción? -Sí.

Se ha tragado un bote de pastillas entero

y la pobre casi se va al otro barrio.

-¡Ay! ¿Por qué una chiquilla como esa habrá hecho algo así?

-Por lo que se hacen estas cosas. Como dicen las novelas, por amor.

-¡Por amor o por lo que sea, no deja de ser una majadería!

Una chica tan joven, tan guapa, tan sana,

¿por qué hace esa locura? No entiendo.

-¡Pilar! -Ya voy.

Luego me sigues contando, ¿eh?

Tendré que contárselo a mi hermano.

Ya sabes que, últimamente, él y Asunción andaban juntos.

-No crees tú que la pobre chica haya hecho esto por tu hermano.

-Me cuesta pensar eso, la verdad. -A mí también.

-Jesús nunca ha sido un rompecorazones.

-No como otros.

-¿Lo dices por mí?

-No todos tienen la suerte que has tenido tú.

Una chica que te haya perdonado la metedura de pata que tuviste.

-No creas que no lo sé, no pienso volver a pifiarla con Sofía.

-Eso espero, que hayas aprendido la lección.

Como está muy contenta, ya no me quema las barras de pan.

-¿La vas a dejar salir pronto hoy? Me gustaría dar un paseo con ella.

-Vete para allá y dile que yo voy a cerrar.

-Gracias, Dimas. -De nada.

-Pilar, un vino a Dimas de mi parte.

(RÍE) -Muy bien. -Ahí va un hombre enamorado.

(RÍE)

-¿Quién nos iba a decir que ese chico sentaría la cabeza?

-Pues hay otro al que también le hubiera gustado sentar la cabeza:

Ángel. -Luego dirás que no eres cotilla.

Lo que hagan Carolina y Ángel es asunto suyo, tú no te metas.

-Yo no me meto, era por si tú...

-Yo seré una madraza, pero no soy una metomentodo.

Además, Carolina sabe muy bien cuáles son sus sentimientos.

-Lo digo porque el pobre lo está pasando fatal.

-Pero están en la edad, es lo normal.

-¿La edad? -A ver ese vino.

-¡Ay, la edad! Cualquier edad es mala.

-Hola.

(LEE) "Los vinos de España".

¿Y ese afán por el estudio?

Si voy a trabajar de enólogo a Francia, tendré que repasar,

ya que aquí no me habéis dejado ponerlo en práctica.

Bueno, tampoco hubieras podido.

Estabas ocupada yendo a hoteles a revolcarte con Luis Miranda.

Deberías haber estudiado Turismo. (RESOPLA)

(SARCÁSTICO) ¿Te duelen las verdades... Sra. Solana?

Me duele que intentes cambiar algo que ha sido maravilloso

en algo sucio y turbio. Vamos, por favor, Elena.

Nada bueno puede salir de la unión entre un Cortázar y Miranda.

De hecho, pienso en esa combinación

y solo pienso en cosas turbias. ¡Basta ya!

Has ganado la partida, ¿no? Me voy a Francia.

No veré nunca más a Luis. ¿No es eso lo que querías?

Toma.

Te he traído algo.

He ido a cambiarte francos al banco.

Para que luego digas que soy mal hermano. Anda, dame un besito.

(Pasos)

No os vais a creer lo que se comenta en el pueblo.

A mí me dan igual esas tonterías, Rosalía.

Me voy a la habitación a seguir estudiando.

¿No te interesa saber de tu amiga Asunción?

Ay, perdón, debería decir examiga, ¿no?

Déjalo, Rosalía.

No le interesa lo que le pase a la hija del alcalde.

De lo contrario, no le habría quitado el novio.

¿Qué le ha pasado a Asunción?

-¡Dios, pobre Asunción! -Yo también sufro mucho por ella.

-Solo espero que no lo haya hecho por mi culpa.

-¿Por qué dices eso? Sácate eso de la cabeza.

-Estuve con ella, Elena.

Fui a ver a don Bernardo y volvió a sacar el tema.

Dijo que me quería y que volviera con ella.

Le dije que era imposible. -No podías hacer otra cosa.

-Ya.

Pero fue mi rechazo lo que hizo que cometiera esa barbaridad.

-Escúchame una cosa, Luis, tú no tienes la culpa de nada.

Es de sus padres, por empeñarse en que se casara contigo.

-Me alegro de que se esté recuperando.

No me hubiera perdonado nunca...

Me hubiera ido de Lasiesta sintiéndome un miserable.

-Entonces, ¿sigue en pie lo que hemos hablado?

-Claro que quiero irme, cariño.

Ahora más que nunca, a Burdeos o adónde sea.

-No sabes lo feliz que me hace oír eso.

-Es lo mejor para todos, Elena. Incluso para Asunción.

Estando lejos, será más fácil para ella recuperar su vida.

-¡Creo que viene alguien, te tengo que dejar! Te quiero.

-Yo también.

Te quiero, mi vida.

-Luis, estás aquí.

¿Sabes si tu padre ha venido? No quisiera cenar muy tarde.

Mañana tengo mi clase de conducir a primera hora.

-Creo que no ha llegado todavía.

-¿Tú bebiendo? Qué raro.

¿Todo va bien?

-Sabía que te encontraríamos aquí.

Estaba intentando aclararme con las facturas.

¿Por qué no lo dejas y te vienes con nosotros a cenar?

Eso, madre iba a cocinar patatas con chorizo.

Ahora, cuando termine, voy.

¿Qué pasa? No sé si te has enterado ya.

¿De qué? De Asunción.

¿Asunción?

Si vas a decirme que me ennovie con ella otra vez...

No es eso, Jesús, es...

Asunción, pues... Se ha intentado suicidar.

¿Qué?

Si he estado con ella hace nada. ¿Se puede saber qué le dijiste?

Que lo que estábamos haciendo no tenía sentido.

¡Madre mía! ¡Adolfo!

Una locura así solo se hace por esas cosas.

No lo ha hecho por mí, está enamorada de Luis Miranda

y me estaba utilizando a mí para darle celos.

Eso se notaba a la legua. Lo siento, hermano.

Cuando os vimos en el río, no parecía que os llevaseis mal.

Si es que no nos llevamos mal, somos amigos. Punto.

Podría haber sido algo más. No siempre es amor a primera vista.

Adolfo, no lo sé,

pero tenía que decirle que dejáramos de vernos.

Tú me entiendes ¿verdad? Has hecho lo que debías.

Eso, llevadme los dos la contraria. Solo ha sido sincero.

Yo creo que hay que decir lo que se siente.

¿Tú crees eso?

Pues sí, por mucho que cueste o que duela, sí.

De acuerdo, vosotros ganáis. ¿Qué tal si nos vamos ya?

Venga, vámonos.

Buenas noches.

-Ya era hora, ¿no? Pensé que no venías.

-Lo siento.

He ido a casa de Bernardo, está destrozado con lo que ha ocurrido.

-¿Qué ha pasado? -Asunción ha intentado suicidarse

atiborrándose de pastillas -¡Ay, Dios mío!

Pobre muchacha, pero... ¿está bien?

-De milagro.

Gracias a Dios, su padre la encontró con vida.

Aún así, Clotilde y él están hechos polvo.

¿Qué pasa? ¿A ti esto no te importa?

-Claro que me importa, y mucho.

Pero ya lo sabía. -¿Cómo te has enterado?

-Lo oí decir en la fonda. (RESOPLA) -¡Qué chismosa es la gente!

No pueden dejar de meterse en la vida de los demás.

-¿Cómo está Asunción? -Convaleciente.

Pero se pondrá bien. -Me alegro.

-Claro, así se tranquiliza tu mala conciencia, ¿no?

-Santiago, por favor, eres muy injusto con él.

-Elvira, déjalo, no hace falta que me defiendas.

-Si no hubiera roto su compromiso, nada de esto habría ocurrido.

-¿Otra vez? ¿No dijo que no volvería a meterse en mi vida?

-¡Lo dije, sí, pero he cambiado de opinión!

Alguien tiene que decirte las cosas como son.

Y tú tienes la culpa de que ella casi se haya muerto hoy.

-¿Cómo puede decirme eso y quedarse tan tranquilo?

-¿Acaso no estuviste en su casa antes de que tomara pastillas?

-Sí, estuve, pero... -¿Qué vas a decirme ahora?

¿Que lo que tú hablaste con ella no tiene nada que ver?

-Entonces, se van mañana a Pamplona.

-Sí, te quedas sola al servicio de los Cortázar.

Estate atenta, Manuela.

-¡Qué alegría, madre! Eso quiere decir que padre se va a curar.

-No levantemos las campanas al vuelo. -Que sí, madre, que hay que tener fe.

Seguro que todo va a salir bien.

-La verdad es que yo, después de oír a Don Alejandro,

me he llenado de esperanza.

Parece ser que ese Dr. Pastor es toda una eminencia.

-¿Y cómo esta padre?

-Desde que no tenemos que marcharnos y buscar otra casa,

mucho más aliviado. -¿Que nos íbamos a marchar?

-Es que tu padre le contó a Don Alejandro lo que le pasaba

y por qué tenía que dejar las bodegas.

Ya me veía yo empaquetándolo todo cuando vino Don Alejandro

y nos dijo que, mientras él viviera, nos quería en su casa.

-Don Alejandro es muy buena persona.

-Sí, hija, sí, y no solamente eso. Él va a correr con todos los gastos.

-¿Sí? Eso no me lo esperaba yo.

-Hemos de estarles agradecidas a D. Alejandro y al Srto. Rafael.

-¿A Rafael? -Sí.

-Siempre he sabido que Rafaelito era el más bueno de los cuatro,

pero D. Alejandro dice que ha sido él el que ha defendido a tu padre.

De no ser por su intervención, el señorito Vicente...

-Hola, estoy buscando a Eduardo. ¿Dónde puedo encontrarle?

(MANUELA LE BESA) (INÉS) ¡Manuela!

¡Vaya forma de comportarse! -Gracias, gracias, gracias.

-¿Por qué? -Por defender a mi padre y ayudarnos.

-¡Bueno!

La hora del caldito de tu tía Puri.

-Gracias, tío. Pero no me entra nada.

-¿Cómo que no? Pues vas a tener que tomarlo.

Como no lo tomes duermo yo en el sofá.

Toma.

Esto...

-Está bueno. -Pues claro,

como todos los que hace tu tía Puri.

Esto además templa el cuerpo y el alma.

Oye, ¿qué tal lo tuyo con Carolina? ¿Alguna cosa?

-Pues como usted ya se imagina, tío.

-¿Te ha rechazado?

-Le dije lo que sentía por ella, pero no sirvió de nada.

Me ha dicho que no me quiere. -Lo siento, Ángel.

-Pensé que ella también sentía algo, pero...

-Son cosas que pasan, no le des más vueltas.

-Pero no puedo evitarlo. Cuando le pregunté por qué

no podía ser mi novia me dio la sensación

de que iba a explicarme algo, que había alguna razón.

Ahora ya la razón es que no me quiere.

-Hombre, no es mala razón. -Sí, pero por un momento...

Pensé que había algo más,

me dio la sensación de que había algo que no quería contar.

-Sobrino, no busques cosas raras.

La chica seguramente te tiene afecto,

pero nada más.

Por eso te ha rechazado como novia.

Cuanto antes te hagas a la idea mejor para ti.

-Ya lo sé, tiene usted razón. Cuanto más vueltas le dé peor.

Cuando ha llegado volvía a revisar las cosas del finado.

-¿Has encontrado algo nuevo?

-Nada, iba a volver a revisar la agenda.

-¿Otra vez la agenda? Si hemos mirado los nombres, las señas...

¡No hemos encontrado nada! -Ya, pero hay algo que no me cuadra.

-Pues volveremos a empezar desde el principio. A ver...

-Un momento... -¿Qué pasa?

-Aquí hay algo.

-¿A ver?

(LEE) "J.O. 50.000".

Parece la letra de Gabriel Cortázar. -Trae para acá...

(LEE) "J.O. 50.000". Eso deben de ser iniciales...

o siglas, ¿de qué o de quién?

-No lo sé, pero quizá alguien de su familia lo sepa.

-Mañana por la mañana pasamos a preguntárselo.

-¿Cómo que mañana? Necesito saber quién es ahora mismo,

bastantes decepciones llevo hoy. -¡Que es muy tarde! ¡Espera, hombre!

-¿Me estás oyendo?

Discúlpela usted, señorito. Perdone. -No pasa nada.

-Estamos muy contentas porque gracias a que usted habló con don Alejandro

ya no tenemos que irnos. -¿En serio?

¡Es una gran noticia! -Sí, sí.

Lo mejor es que tu padre ha concertado una cita

con un médico muy importante de Pamplona.

-¿De Pamplona? ¿Lucio Pastor? -Sí.

-Es un gran oftalmólogo. Tenéis que estar tranquilas,

si alguien puede hacer algo por Eduardo es él.

-¿Lo ve, madre? Padre se va a curar.

-Ojalá, hija. Ojalá... (SOLLOZA)

Perdone usted. -No hay nada que perdonar.

-Ha venido preguntando por Eduardo y no le hemos hecho ni caso.

-Sí, pero no corre prisa. Solo venía a animarle

y a ayudarle en la medida de lo posible.

-Ha hecho usted mucho por nosotros.

Si me disculpa voy a terminar con el equipaje.

-Me alegro mucho de que no os vayáis. -Yo también.

Me voy a ayudar a mi madre. -Claro.

-Rafael...

Gracias.

No lo voy a olvidar nunca.

(CARTA) "Querida Sofía,

Hoy has dicho que en los asuntos del corazón

hay que ser sinceros cueste lo que cueste.

Por eso yo quiero serlo contigo.

Te quiero, Sofía.

Te quiero desde la primera vez que te vi junto al río,

arrastrando tu maleta.

Sé que seguramente pienses que esto es una locura, un sin sentido.

Si es así, quema esta carta y no hables nunca del tema.

Yo sabré que no sientes lo mismo y nunca jamás volveré a molestarte.

Pero, si por asomo,

tú sientes algo parecido...".

(CARRASPEA) ¿Todavía trabajando?

Sí, se me están atascando las facturas estas...

¿Y tu hermano?

Mi hermano ha ido a acompañar a Sofía a su casa. Estará al caer.

Vuelva a la cama, debería descansar. No puedo conciliar el sueño.

Le echo mucho de menos.

Y yo.

También estoy preocupada por ti.

¿Por mí? (ASIENTE)

Por lo de la hija del alcalde.

Bueno, no dices nada pero sé que te ha afectado.

Da pena, pobrecita.

En cuanto se recupere un poco iré a visitarla.

Me recuerdas tanto a tu padre...

Tan bueno, comprensivo y trabajador...

Algún día harás muy feliz a una mujer.

Debería hacerse a la idea de que voy a acabar siendo un solterón.

Es lo que se dice por el pueblo. ¡Tonterías!

También pensábamos que Adolfo no iba a sentar cabeza y mírale.

Estoy tan contenta con que estén juntos.

Creo que esa chica le está centrando. ¿No piensas tú eso?

Sí...

Me hubiera gustado tanto que padre los hubiera visto...

Adolfo está muy ilusionado con esa chica.

Tú sabes que a veces tengo un poco de miedo.

¿Miedo?

Sí, miedo a que pase algo y se estropee.

No quiero ni imaginarme lo que sería de Adolfo sin Sofía.

Bueno, pues voy a ver si consigo dormir.

Tú no te quedes mucho rato aquí. Descuide.

Apaga las luces. Sí.

Me alegra mucho que Manuela y su familia se hayan quedado.

Para mí son parte más de la familia.

Yo también los aprecio mucho, pero son criados.

Los criados algún día tendrán que irse para dejar paso a otros criados

que también tendrán que irse... Y así, así, así.

A ti te hubiese encantado que se hubiesen ido hoy.

Por favor, dejemos las discusiones por esta noche.

¿Qué discusiones? Nada, padre.

Ya está zanjado. Me alegro.

Los días que faltan hasta que Elena se vaya a Francia

quiero que haya paz en esta casa.

-Hombre, si está la familia al completo.

Así acabaremos antes. -¿Qué manera es esa de irrumpir

en esta casa a estas horas? -Don Alejandro,

le ruegue disculpe al impulsivo de mi sobrino.

Nos vamos, ya volveremos en otro momento.

-Pero... -Nos vamos.

Un momento...

¿Esta visita tiene que ver con la investigación

de la muerte de mi hermano? Ha dado en el clavo.

Hemos encontrado una pista en la agenda de su hermano.

¿Agenda? Hace días le pregunté si había encontrado algo

entre sus cosas y me dijo que no. Se lo estoy contando ahora.

Hemos encontrado una agenda escondida dentro de una caja.

Hemos revisado todos los contactos sin ningún éxito.

-Hoy hemos encontrado una anotación extraña.

-Sí, que les consultaremos en otro momento más apropiado.

-¿Si están aquí por qué no podemos hacerlo ahora?

Por una vez estoy de acuerdo con mi hermana.

Pregunte lo que tenga que preguntar, agente.

De otro modo, no pegaríamos ojo en toda la noche.

-Sí, quería hablar con Joaquín Hormaechea.

Escuche, es de vital importancia que hablemos.

¿Y sabe dónde ha ido?

Estados Unidos...

¿No ha dejado ningún teléfono de contacto o alguna dirección?

Es muy importante que hablemos.

Está bien, si se comunica con él

dígale que llame urgentemente a D. Santiago Miranda.

Si no lo hace...

se arrepentirá.

(SUSPIRA)

-Lo sé todo, Miranda.

No pudo abastecer un pedido con su propio vino

y compró una partida de fuera de La Rioja.

-Eso no es ningún delito.

-Pero sí adulterar el vino para alcanzar el grado alcohólico.

Lástima que lo hiciera con metanol, un alcohol barato y bastante tóxico.

Un trago y directo al infierno. Después de esta explicación, dígame,

¿están o no están las bodegas Miranda en mis manos?

-No tienes pruebas de lo que estás diciendo.

Sería la palabra de un golfo contra la de un hombre de bien.

(SUSPIRA) -Se equivoca D. Santigo, no me subestime.

¿No reconoce este sello? Es el de las bodegas Miranda.

-Santiago.

¿No vienes a acostarte? -No, tengo mucho trabajo.

No me digas que me echas de menos en la cama.

-Eso sería lo normal, ¿no? En un matrimonio.

¿No crees? -Sí.

Pero nuestro matrimonio dista mucho de ser normal.

Así que dime qué es lo que quieres.

-Estoy preocupada.

Lo de Asunción ha sido una desgracia, Santiago,

pero, por favor,

no debes culpar a Luis de ello.

-Eso díselo a los padres de Asunción.

¿Algo más?

-No, nada más, gracias.

Hasta mañana.

-Hasta mañana.

-Don Alejandro,

mi sobrino ha encontrado esta anotación en la agenda.

- J. O.

50.000

-Entendemos que 50.000 debe ser una cantidad de dinero

y J. O. deben ser unas siglas, o iniciales, ¿no sabe usted?

-¿Conocen a alguien cuyo nombre coincida con esas siglas?

-No, no conozco a nadie con esas siglas.

-¿Entonces quién demonios es J. O.?

-Señor.

-Chelo, puedes retirarte. Mañana recogerás todo esto.

-En realidad no venía por eso, señor.

-Cierra la puerta.

¿Qué ocurre?

-Sabe que no me gusta meterme en la vida de los demás.

-Sí, ya lo sé, Chelo. Cuéntame, ¿sabes algo?

¿Has averiguado algo sobre la señora? -No.

Es sobre su hijo, le escuché hablando por teléfono.

-¿Y qué? ¿Con quién hablaba?

-Con la Srta. Cortázar.

Le dijo que se iría con ella a Burdeos.

-¿Estás segura?

-Sí.

-Has hecho muy bien en decírmelo. Esto no se lo repitas a nadie más.

Puedes retirarte. -Sí, señor.

-Había pensado que Roberto se podía encargar de sustituirme

mientras yo estoy estos días fuera. -Claro.

(DUDA) Sí, Roberto... puede hacerlo.

-Creo que ha influido la relación de este con su hija.

-Es la decisión de Eduardo, la respeto.

Y tú también, ¿entendido?

-Estaba claro lo que buscabas, hacerle coba al viejo

para medrar en la bodega. -Que cierres esa bocaza te digo.

-¿Quién te crees para decirme qué tengo que hacer?

Imbécil, que eres un imbécil. -Tranquilitos estáis más guapos.

-No vuelvas a tocarme.

-¡He dicho que no me toques, hostias! -¡Por favor! ¡Por favor!

-¿Cómo está Asunción?

-Destrozada, y sus padres también.

Menudo susto se han llevado. -Me imagino.

-Había pensado que quizá fuera conveniente

que te acercaras a visitarla.

Creo que lo mejor que se puede hacer para ayudarla

es hacerle saber que tú estás de su lado

para sacarla adelante.

-¿Tú qué haces aquí?

-He venido porque estaba preocupada por ti, para saber cómo estabas.

-Haberlo hecho antes y nada habría pasado.

Tú me mentiste, te burlaste de mí,

y me quitaste lo que más quería en la vida, a Luis.

-Espero que algún día puedas perdonarme.

-No te voy a perdonar nunca.

-Estamos al borde de la quiebra. -¿Cómo?

-Por eso he vendido a Bernardo el 5 % del negocio.

-¿Por qué no me lo dijo?

-Esperaba a ver si la cosa se solucionaba sin que te enteraras.

No quería preocuparte. ¿Puedo contar contigo, Luis?

-Me he encargado de que Luis no salga corriendo detrás de esa golfa.

-¿Ah, sí? Pues ya me dirás cómo, si puede saberse.

-Nada compromete más a un Miranda

que lo que lleva nuestro apellido. Nuestros vinos.

-Elena, tengo que contarte algo. -¿Qué pasa?

-No puedo irme.

-¿Cómo?

-Decirle que las bodegas pasaban por apuros económicos

ha sido un acierto por tu parte. -Era la mejor manera de retenerle

y que no se fuera corriendo detrás de las faldas de la Cortázar.

Y yo te aseguro que acabará casándose con Asunción.

-Mi aprecio por usted es como una roca profunda.

Fuente de escaso placer visible,

pero necesario.

(SUSPIRA) Dimas.

Me gustó mucho la dedicatoria.

Hacía tantos años que nadie me escribía unas palabras tan bellas.

-Y a mí que le gustara.

-Mi aprecio por usted es como las rocas profundas.

¿Es normal que se nos terminen los temas de conversación

cuando acabamos de conocernos?

He intentado quitármelo de la cabeza y no puedo.

¿Y si te dijera que pienso igual que tú?

No juegues conmigo.

¿Hablas en serio?

(SUSPIRA) -Tranquilo, enseguida se me pasa.

-¿Cómo que se te pasa? Tiene que verte un médico.

-Que no, no estoy enferma. Lo que estoy es embarazada.

-Gabriel dejó embarazada a Carolina.

Vicente le dio dinero para que se deshiciera de su hijo.

¡Un Cortázar!

-Sé que tu hija se quedó embarazada de Gabriel.

-¿Quién le ha dicho tal cosa? -Eso poco importa.

Tú no eres digno de llevar la bodega cuando yo falte,

y tampoco posiblemente de llevar mi apellido.

Eres un monstruo.

(GRITA DE DOLOR)

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 36

28 jun 2013

 Bernardo y Clotilde encuentran a Asunción en el suelo, tras su intento de suicidio. Por suerte, el médico actúa con rapidez. Ángel, desolado por el rechazo de Carolina, se vuelca en el trabajo. En la agenda de Gabriel encuentra oculta una misteriosa anotación que hace referencia a las siglas J.O.

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