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No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulo 20 - Ver ahora
Transcripción completa

Tú, entonces, ¿por qué te vas?

¿Por los cuartos o por los problemas que has tenido con Manuela?

-Eso ya no importa, Eduardo.

Yo necesito un sitio donde de verdad se me aprecie.

-Si pudiera mediar con su hijo para que le subieran el sueldo.

Si Roberto se va, mi Manuela...

-Sabes que lo más importante para mí es formar una familia,

así que cuenta con ello.

Esta subida de sueldo a mis espaldas te saldrá cara.

Recuerda una cosa, Eduardo.

Un día mandaré yo en estas bodegas.

y te juro que te haré pagar caro que me hayas pasado por encima

y le hayas ido a mi padre con la lagrimita.

Creo que podemos hacer borrón y cuenta nueva.

-¿Podrías olvidar todo lo malo que dije de ti?

-Sí, te perdono.

-¿Por qué no vamos este domingo al cine, a Aro?

-No te ilusiones. Quiero que seamos amigos.

-Manuela ya lo sabe todo. Me va a acompañar.

Cuando vi la camilla y los aparatos que iban a utilizar conmigo

no pude seguir adelante.

-¿Lo sabe tu madre?

-No. Yo solo sé que quiero tener a este niño.

No.

¿Qué pasa ahora? No hace mucho que nos conocemos.

Llevamos unas semanas y no está bien.

Sabemos que queremos estar juntos. He dicho que no. No soy de esas.

Eres peor. Me enciendes y luego me dejas así.

(SUSPIRA) No te acerques a mí, cerdo.

Veo que te han dado unas calabazas en toda regla.

-Tu amiga es de todo menos una mujer decente.

O no hubiera subido a su habitación con el hijo de los Reverte.

-Estoy enamorado de ti. No quiero perderte.

Fui yo. El alcalde dijo que vio subir a un Reverte

y todo el mundo pensó en Adolfo, pero estaban equivocados.

Tengo que ir a pedirle perdón.

Me lo ha contado Jesús. Sé que él se acostó con Claudia.

¿Me perdonas?

Si me he enamorado de ti como un tonto.

-Este mechero se lo regalé yo a Luis,

el hijo de Santiago Miranda.

-Está usted detenido como sospechoso del asesinato de Gabriel Cortázar.

-Es mi mechero. -¿Reconoce que es suyo?

-Sí, claro.

-Estaba en la tina donde se encontró el cadáver de Gabriel Cortázar.

-No sé cómo llegó mi mechero ahí.

No tengo nada que ver con esto.

-Él no es capaz de hacer algo así. Tienes que creerme.

-Lo dices porque estás enamorada, Elena.

Lo tengo claro, pero tú, ¿qué harás cuando le acusen?

¿De qué lado estarás, del suyo o de tu familia?

¿Qué le trae por Lasiesta? Cerraré un acuerdo con Miranda.

No sé si se ha enterado, pero el hijo de Santiago Miranda

está detenido como sospechoso de asesinato.

Eso lo cambia todo.

No quiero ensuciar el nombre de mis supermercados.

Me decanto por ustedes,

siempre y cuando puedan suministrar pedidos enormes.

¿De qué cifra hablamos?

De unas 10.000 botellas iniciales que se ampliarán según las ventas.

Cumpliremos con todos sus pedidos.

Hoy por hoy los Cortázar no pueden suministrar tanto vino.

¿Has pensado de dónde lo sacarás?

De los Reverte.

Les pediremos el vino que nos falta para cubrir la demanda de Olea.

Bastará con ofrecerles un buen porcentaje de las ventas.

¡Me has robado a Ernesto Olea! Pero ¿qué dice, hombre?

Ernesto Olea es un hombre libre.

Hace negocios con quien quiere,

claro que si no es con el padre de un asesino, mejor.

Me he enterado de ciertos datos.

-¿Ciertos datos? ¿Qué datos?

-La hora en que murió.

Dicen que fue entre las ocho y las nueve de la noche.

Y por lo visto, Luis no tiene coartada.

-Las ocho y las nueve.

Vengo a declarar que es imposible

que Luis Miranda sea el asesino de Gabriel.

Nos vimos de forma clandestina en su bodega.

El día de tu boda fui a verlo.

Luis Miranda y yo estamos enamorados.

-Aquí está su declaración.

Si le gusta el redactado, firme.

Elena, no tienes por qué hacerlo.

No entiendo qué ganas con esto. Solo hago justicia, Vicente.

¿Y si te acusan de perjurio?

¿O de ser su cómplice y encubrirlo? Pero ¿qué dices?

Gabriel también era mi hermano. Nunca encubriría a su asesino.

Solo evito que un inocente vaya a la cárcel.

-Sr. Cortázar, no me haga perder la paciencia.

Devuélvale la declaración.

Elena, piénsatelo.

Soltarás al asesino porque no crees que pudiese ser él.

No fue Luis. ¿Cómo quieres que te lo diga?

Que estaba con él en su bodega. Estás mintiendo.

Cuando lo mataron estabas en mi boda.

No dejarás que su muerte quede impune solo por defender

a tu amante. Está claro que estás con ese hijo de perra.

D. Vicente, por favor, estamos en una comisaría de policía.

Devuélvale ahora mismo la declaración.

O de lo contrario le acusaré por obstrucción a la justicia.

Usted verá. No se atreverá.

No me ponga a prueba.

-Ricardo.

-Hombre, Alejandro. (RÍEN)

-Sabía que estarías hoy aquí.

En el aniversario de tu boda. -Sí.

Aquí traje a Renata para pedirle que se casara conmigo.

Tres meses después celebramos nuestra boda.

-Qué bien lo pasamos, ¿eh?

-(RÍE) Creo que fue la única vez en la vida que te vi bailar.

Qué tiempos aquellos...

Con una bota de vino y unas jotas ya nos contentábamos.

-No me lo recuerdes. Aún veo a Úrsula sentada en el suelo

sobre un mantel merendando debajo de aquel árbol

contigo, conmigo y con Renata.

-Era la más alegre de los cuatro.

Cómo se reía de nuestros sueños de grandeza.

-Y nos hacía poner los pies en el suelo

y disfrutar del momento.

-Y en aquel momento tus sueños parecían bravuconadas.

Y te has convertido en uno de los bodegueros

más importantes de La Rioja.

Vives en un gran caserón y no tienes nada que envidiarle a nadie.

-Sí, pero en mis sueños entraba compartir estos logros con Úrsula.

Y ya ves. Quién me iba a decir que iba a disfrutarlos yo solo.

-Bueno, ya está bien de nostalgias por hoy.

-Tampoco venía a hablarte del pasado, sino del futuro.

Quiero hacerte una propuesta.

-Tú dirás.

Cuando estés ante el juez, deberás retractarte de todas esas mentiras.

Piénsalo. No tienes el don de la ubicuidad.

No puedes estar en mi boda y donde los Miranda a la vez.

Había mucha gente en la ceremonia.

No podías controlarlos a todos en todo momento.

Además, ¿no recuerdas que tuvimos una conversación en el despacho?

¿Qué hacéis? -¿Dónde estabas, Elena?

-Fui a dar una vuelta, que me dolía la cabeza

de las batallitas de Dña. Angustias, qué mujer.

Venga, nos esperan para cortar el pastel.

Te mentí.

Estaba con Luis.

Pero llegué a tiempo para el brindis y la tarta.

Vaya.

Cada vez se te da mejor clavarle puñales a tu familia.

Esto parece un consultorio. Si tienen problemas familiares

váyanse a su casa y lo solucionan. -Ni hablar.

No me muevo hasta que libere a Luis Miranda.

-Nada es tan fácil como parece. Hay que hacer papeleo

y hay que hacer muchas cosas.

Primero, anular la orden de traslado a Logroño que firmó el juez.

Ya lo has oído. Tú te vienes a casa conmigo.

Cuando padre se entere,

se te quitarán las ganas de pasarte de lista.

Déjame.

Me quedo a esperar. Da igual las horas.

Me quiero asegurar de que Luis Miranda queda libre.

-Va a quedar libre, se lo aseguro.

Puede tardar unas horas, pero pronto estará en libertad.

Y ustedes no pueden quedarse aquí.

Tampoco tenemos ningún interés, gracias. Elena, ya lo has oído.

Tú primera.

(Música de tensión)

Cerré un trato con una cadena de supermercados

para venderle mucho vino.

Tanto que necesito el vino de otras bodegas

para embotellarlo con la etiqueta Cortázar.

Y ahí entras tú.

-¿Me estás pidiendo que te ofrezca mi vino

y renuncie a venderlo con la marca Reverte?

-Solo sería una parte de tu producción.

A cambio recibirías un porcentaje de los beneficios.

-Alejandro, no me hagas esto.

Si de algo estoy orgulloso es de mi vino.

Me gusta ver mi apellido en mis botellas.

Además, se lo debo a mi padre y a mi abuelo.

-Con ese dinero podrías aumentar la producción

y modernizar las bodegas.

-¿Y para qué si no puedo etiquetarlas con mi apellido?

Mi apellido ya no me pertenece solo a mí.

Es también patrimonio de mis hijos.

-Por eso hay que pensar en el futuro.

-Yo sólo miro al pasado.

-Mis métodos, lo sabes, son los tradicionales.

Yo hago las cosas como siempre. No entiendo las modernidades de hoy.

El futuro de mis bodegas son Jesús y Adolfo.

-¿Qué me quieres decir?

-Les contaré tu propuesta y a ver qué opinan.

Por favor, no me pidas que haga otra cosa.

-Con eso me basta, te lo agradezco. Bueno, no te molesto más.

Que pases un buen día de tu aniversario.

Díselo a Renata de mi parte.

-Gracias.

-Ah...

Se me olvidaba.

Para que celebres tu aniversario a mi salud.

-Muchas gracias.

Inés.

Inés.

Bueno, ¿dónde se habrá metido esta mujer?

Voy a buscarla. Deja, mujer, nos servimos nosotras.

¿No te importa? Qué tontería.

Bueno.

Oye, gracias por los zapatos, ¿eh? Son preciosos.

Adolfo te ha invitado al aniversario de sus padres

y quiero que estés preciosa.

Ay... Estoy muy nerviosa.

¿Por qué? Me presentará como su novia.

¿A los padres les parecerá bien?

A quien tiene que parecerle bien es a ti y a él.

Bueno...

¿Qué era eso tan importante que me querías contar?

¿Buenas noticias? ¿Qué?

¡Ah, sí!

Verás... A ver.

Me han hecho una oferta por mi casa de Madrid.

¿En serio? Ajá.

¿Y es buena?

Resulta que un banco quiere construir oficinas en el solar.

Y...

¿Cuánto?

Pues sí. El asunto del asesinato de Gabriel Cortázar se complica.

Han aparecido nuevos datos que no teníamos

y mi tío va a soltar a Luis Miranda. -¿Liberan al asesino?

-Ya no está tan claro que fuera él. -¿Por qué?

¿Sospechan de alguna otra persona?

No, ha aparecido un testigo como quien no quiere la cosa

que lo vio a la hora del crimen.

-¿Y lo van a soltar esta semana? -Mi tío lo va a soltar hoy mismo.

Su padre ha contratado un abogado de los caros.

Se presentó con todos los papeles para ponerlo en la calle.

-No hay como tener influencias y dinero.

Fíjate tú, los Miranda de eso tienen mucho.

-Es como una película de detectives.

Si llegan a tener mayordomo, ya tenemos al asesino.

-Veréis como mi tío lo encuentra y yo le ayudaré en lo que sea.

-Ya está bien de perder el tiempo con problemas ajenos

que yo tengo los míos, como cuadrar mis cuentas.

Así que venga. -Sí, tengo un pedido que organizar.

Me voy pitando. -Muy bien, Dimas.

-Adiós, Dimas. -Hasta luego.

-Bajo la llave. ¿De qué hablaban en ese corrillo?

-Pregúntale a tu amiguito madrileño. Es un cuentista de mucho cuidado.

Menuda radionovela nos ha contado. -¿Ah, sí?

Un millón de pesetas. (INSPIRA)

Un millón de pesetas. Dios mío, eso es muchísimo.

Si tu casa no vale ni la mitad. No quieren que se la venda a otros.

Además, el barrio se ha revalorizado.

Si es un barrio de obreros. Ahora es céntrico.

Madrid ha crecido muchísimo.

Menuda suerte que has tenido, de verdad.

Yo que tú vendería inmediatamente.

Nadie te hará una oferta mejor. Lo sé, pero me da pena.

¿Por qué?

Pues, ya sabes. Porque nací y crecí en esa casa,

mis recuerdos familiares están allí dentro.

A tus padres no les importaría que pensases en tu futuro.

Al contrario.

Estarían encantados de que ese dinero te ayudara.

Hum... Si la vendo no me quedará nada de ellos.

Es una casa vacía.

Y tú no vas a vivir en Madrid, por eso has venido aquí.

Ese dinero te vendrá muy bien en Lasiesta.

Ay, no sé, no sé...

Ay, Sofía...

A tus padres los llevas en el corazón y en la mente.

Esas paredes no te los devolverán.

Ya...

¿Qué historia les contabas a estos, que estaban tan atentos?

-Ninguna. Les decía lo guapa y lista que eres y ellos me daban la razón.

-Qué tonto. Venga, va, cuéntamelo.

Sé que es como una radionovela.

-Haremos una cosa: me acompañas a dar un garbeo y te lo cuento.

-Como si no tuviese nada mejor que hacer.

-Venga, desde que llegué a Lasiesta

quiero que me enseñes los alrededores del pueblo.

-¿Ah, sí? Tantas ganas... ¿Y por qué no me lo preguntabas?

-Bueno, lo estoy preguntando ahora.

-Pues no sé, ¿eh?

¿Y si lo que me tienes que contar no merece tanto la pena?

-Pues te regalaré las flores más bonitas que encuentre.

O vamos al río a ver quién gana a lanzar piedras.

Tranquila, no te aburrirás.

-Pues que sepas que yo soy muy buena tirando piedras al río.

-Mira la Chispi. Seguro que no tanto como yo.

-Conque esas tenemos, ¿eh?

Te vas a enterar. Ahora mismo nos vamos tú y yo al río.

Voy por la chaqueta.

-Carolina.

-¿Qué? -No vayas, te lo pido por favor.

¿Es que no has aprendido nada, hija?

Este es como Gabriel, pero muerto de hambre.

-Madre, solo voy a dar un paseo. ¿Me quiere dejar respirar un poco?

-¿Has olvidado lo mal que lo pasaste cuando fuiste a Logroño a...

...a lo que tú sabes? -No se preocupe.

No lo voy a olvidar.

Tienes que ser menos sentimental y aprender a ver un buen negocio.

Oye, hablando de negocios,

¿llevaste al de los supermercados a probar los vinos?

¿A Ernesto Olea? Sí.

Le encantaron.

¿Sí? Sí. Y gracias a mí

Vicente va a poder cerrar un trato fantástico.

¿De verdad? (ASIENTE)

Vicente debe de estar feliz.

Sí. Me dijo que llevo los negocios en la sangre

y que mi padre estaría orgulloso.

Ah... (EN VOZ BAJA) Si supiera...

Buenas tardes. Ay, hola, Adolfo.

Sofía, ¿ha pasado algo? Dios mío, olvidé el aniversario.

Perdón, llego tarde. ¿Estás lista?

No. Si no he pasado por casa. No te pongas mucho colorete...

(RÍEN) Cállate, cambié la bombilla.

Gracias por los zapatos. Pasadlo bien.

Adiós, gracias.

-Pues si a Reverte no le interesa nuestra oferta

no sé de dónde sacaremos el vino para Olea.

-No te pongas en lo peor. Hablará con sus hijos

y ellos tienen mejor visión de futuro.

Padre, no se lo va a creer. Soltarán al asesino de Gabriel.

¿A Luis Miranda, por qué?

-Porque él no puede ser el asesino.

Mejor cállate, que bastante has metido la pata hoy.

Tengo derecho a hablar.

Te empeñabas en que era el asesino.

Le juzgaste y te equivocaste. ¿Me das lecciones?

¿Tú que nos has mentido? Basta.

No consiento que os peleéis en mi presencia.

-Para poder cumplir con los pedidos del supermercado

necesitan embotellar nuestro vino.

¿Toda la cosecha o una parte?

Bueno... -¿Qué estoy oyendo?

No me digáis que habláis de vino y de trabajo en un día como hoy.

-Hombre, Renata, que es un asunto muy importante.

-Ya sé que para ti las viñas son muy importantes,

pero me habíais prometido que hoy no se hablaba de trabajo.

Mañana será otro día. -De acuerdo, tienes razón. Perdona.

¿Y Adolfo?

-Pues yo creo que ha ido a buscar a su novia.

Y como a Sofía le gusta arreglarse tanto, creo que tardará un poco.

Sofía no es de las que se pasan el día ante el espejo. Es natural.

No diga que son novios. No están comprometidos.

Hijo, qué manera de decir las cosas. Se diría que se la quieres birlar.

¿Qué dice, padre? Esa chica me cae bien, nada más.

Ya has oído a tu hijo, así que no digas tonterías.

Y eso de que Sofía es natural es verdad.

Pero a veces para estar tan natural hay que estar mucho ante el espejo.

-Pues tú no lo estás y también eres muy natural.

-Porque ya no estoy joven.

Y yo... Bueno, que no vais a entender.

Tengo unas ganas de que venga una chica para hablar de esas cosas.

-Tú de lo que tienes ganas es de casar a Adolfo con esa chica.

Y no te lo reprocho porque la moza es bien maja.

-Hola, familia. Ya estamos aquí. Hola.

¿Qué tienes que ver con la liberación de Luis?

-Solo he ido a comisaría a contar la verdad.

Y Luis no podía estar con Gabriel cuando le asesinaron...

...porque estaba yo con él.

-Qué tonterías estás diciendo. Estabas en la boda, te vimos.

Dice que tras la ceremonia se fue y volvió para el brindis.

No sé por qué, pero me da a mí que más de uno lo sabía.

A mí no me mires.

Pero si estaba con Luis me parece bien que lo dijera.

Es injusto culparle si no lo hizo. -Nadie te ha pedido tu opinión.

¿Crees que así honras la memoria de tu hermano?

-También tengo ganas de que encuentren al asesino.

Pero no consentiré que paguen justos por pecadores.

-Me destrozaría que hicieras esto para encubrir su crimen.

-Prefiere que él cargue con su muerte por ser Miranda.

Sería una buena manera de honrarle. No seas impertinente con padre.

Lo que has hecho no tiene nombre. Para de acosarla.

Deja que se explique. ¿La crucificarás sin más?

La única explicación que veo

es que te ha manipulado para que le protejas

aprovechando lo que sientes por él. No soy un juguete para manipular.

Y lo digo por Luis y por ti. Ya no soy una niña.

-Deja de atosigarla, Vicente. ¿Acaso no la conoces?

Sería incapaz de mentir en un caso así,

aunque nos haya engañado a todos en su relación con Miranda.

Quizá a todos no. Eres el encargado de vigilarla, Rafael.

Así que una de dos: o te ha engañado también

o nos ocultaste todo lo que pasaba.

Eres un prepotente.

Y un día te pasará factura. -Basta.

Dejadme a solas con Elena. Hablaremos.

Está bien.

Si dices que es inocente tendré que creerte.

Pero olvídate de volver a las andadas con ese desgraciado.

¿Me oyes?

(SUSPIRA)

-Anda, hija, cómo traes a estos dos.

No hay forma de que vaya yo a la panadería.

(RÍEN) -Siempre quieren ir ellos a por pan.

Sofía, qué guapa estás. Gracias.

Si tienes el mismo efecto con todos los chicos, dejarás las viñas vacías

y formarás unas colas delante del horno que ni te cuento

por mucho que se te queme el pan. -Por Dios, no digas tonterías.

No, no, si aún se me quema. Pero cada vez menos.

Dimas enseña bien y es paciente. Es verdad.

Así que mucho cuidadito con lo que le dice a mi novia.

(RÍEN) -Fíjate,

al final conseguirás hacer de Adolfo un chico serio y todo.

Haré lo que pueda, si a ustedes les parece bien, claro.

Cómo que si nos parece bien. Estamos encantadísimos.

-Esto hay que celebrarlo. Traeré otra botella de vino.

-Qué guapa está hoy.

-Ay... ¿De verdad? -Sí, sí.

Son los pendientes. -No. Que me miras con buenos ojos.

(RÍE) Venga, vamos a la mesa. -Claro.

-Bueno, toda la documentación está en regla. Es asombroso

que lo haya conseguido tan rápido. Yo ni siquiera pude ver al juez.

-No es tan asombroso. Es que sé rodearme de gente competente.

Cuando uno se rodea de los mejores, todo va más rápido.

-Me tiene impresionado, Sr. Miranda.

-Me alegra que por fin haya visto que mi hijo es inocente.

-¿Cuál es el motivo de su visita? Pensé que delegó todo a su abogado.

¿Puedo ayudarle en algo? -Sí.

Exijo ver a mi hijo.

Quiero que lo traiga ahora mismo a mi presencia.

-Por supuesto, pueden esperar aquí. Discúlpenme.

-Muchas gracias, Camilla. Veo que sigue con sus contactos

con el gobierno civil de Logroño.

-No me lo agradezca a mí.

Si le ponen en libertad es porque apareció un nuevo testigo.

D. Santiago.

-De lo que me dijiste, solo estoy de acuerdo contigo en una cosa.

Ya no eres una niña.

Por eso tú y yo tendremos una conversación muy seria.

-Ya sé lo que me va a decir.

Que está muy decepcionado conmigo. -Sí.

Esperaba con ansia tu regreso de Burdeos para abrazarte

porque te echaba de menos como hija. -Y yo a usted.

A pesar de todo lo que ocurrió. -Quién lo diría...

Desde que llegaste nos has tomado el pelo a mí y a tus hermanos.

-Me entristece que lo vea así. -¿Hay otra manera de verlo?

Nada más llegar te has visto con Miranda a nuestra espalda.

Mintiéndonos día tras día. ¿Cómo llamarías tú a eso?

-Supervivencia.

Me vi obligada a hacerlo porque sabía cómo reaccionaría.

-Así que te enorgulleces de haber mentido a tu padre.

-No. Lo he pasado muy mal. He sufrido mucho.

Y me siento sola.

Duele ver que tu padre no entiende ni respeta tus sentimientos.

-Te equivocas.

Yo sólo pretendo tu bien.

Por eso estoy dispuesto a perdonarte.

Pero debes olvidar para siempre a Luis Miranda.

-Prefiero que no me perdone y me odie de por vida.

-No seas impertinente.

-Luis...

¿Cómo estás, te han tratado bien? -Estoy bien, no se preocupe.

Pero no entiendo por qué me sacan. -Porque ya es un hombre libre.

Puede irse.

-¿Cómo lo ha conseguido?

-No le des el mérito a tu padre. Ha sido por una declaración que

un testigo hizo a última hora. -Sí, sí...

Eso me ha comentado mi abogado. ¿Quién es?

-¿No se lo imagina?

-No tengo ni idea.

-¿Seguro?

Elena Cortázar ha dicho que estuvo con usted a la hora del crimen.

¿Es así?

-¿Eso ha dicho? No puede ser, es imposible.

-Pues si miente la podemos acusar por encubrirle.

Así que dígame.

-Bueno, es verdad. Tuve una reunión con ella esa noche.

-Es una maldita Cortázar.

(SUSPIRA)

-¿Te recuerdo lo que los Miranda nos han hecho durante generaciones?

-Padre, no empiece otra vez con eso.

-Humillaciones, venganzas...

Incluso usaron la violencia contra nosotros.

-Pero Luis no ha hecho nada de eso.

Él me quiere a mí y yo a él. -Elena, eres una mujer adulta.

Deberías saber que este amor es imposible.

Al menos mientras yo esté vivo y dirija esta familia.

-¿Qué quiere, convertirme en una esclava de su pasado?

-Es también el de tu familia, de tu sangre.

-Pero nosotros no tenemos la culpa de lo ocurrido.

Él no hecho nada a los Cortázar ni yo a los Miranda.

-No me obligues a hacer cosas que no me gustan.

Acuérdate de lo que pasó hace dos años.

-(SUSPIRA) Cómo lo voy a olvidar.

Será una espina que llevaré siempre clavada.

Pero le advierto que no me iré de Lasiesta por más que se empeñe.

Me quedaré aquí con Luis a luchar por mi amor.

-Mientras seas mi hija y estés en mi casa harás lo que te diga.

Te prohíbo que veas a Luis Miranda.

-No le temo, padre.

Y en cuanto salga le iré a ver se ponga como se ponga.

-Por encima de mi cadáver.

Ahora vete a tu cuarto y no salgas. -No me castigue como a una niña.

Acaba de decir que soy adulta y puedo tomar mis decisiones.

-Vete a tu cuarto he dicho. ¡Sal, no quiero verte!

-¿Por qué nos ocultó esa información?

Le hubiera valido para salir mucho antes del calabozo.

-Bueno, porque soy un caballero y...

No creí oportuno hablar de reuniones a solas con una señorita.

-Encima la llevaste a nuestra bodega.

¿Y qué se le había perdido a ella allí?

-Sr. Miranda,

quien hace las preguntas soy yo.

Me parece muy bien que fuese un caballero con la Srta. Cortázar.

Pero me ha dado muchos quebraderos de cabeza.

-Lo siento, Ortega.

-Además, no creo que se callara sólo por lo que dice.

-Puede que haya otra razón.

Mi hijo mantiene una relación con Elena Cortázar

y no quiere que se sepa. ¿No es así?

Vámonos para casa. Este no es sitio para hablar de según qué cosas.

Vamos. -Ortega.

-Esto... Esto va a traer cola.

-Por los novios. -Eso, que sean muy felices.

-Bueno...

Pues llegó la hora de los regalos.

-¿Los regalos?

¿Qué regalos?

-A ti qué te parece. Hoy es nuestro aniversario, ¿no?

Te he comprado un detalle.

-¿En serio? Si tú nunca me regalas nada en nuestros aniversarios.

-Pues ya iba siendo hora de hacerlo.

-Pues, no sé. Me has pillado. Yo no te he comprado nada.

-Ya es bastante aguantarme y estar a mi lado toda la vida.

Y como he sido un poco cascarrabias contigo últimamente,

pues quiero compensártelo.

-No sé qué decir. -Ábralo, todos queremos ver qué es.

-(EMOCIONADA) Ay, Ricardo. Es precioso.

-Hace muchos años te puse ante el altar el que llevas puesto.

Y ahora quiero ponerte este

para que sepas que te sigo queriendo como el primer día.

-Y yo también a ti, viejo gruñón.

(RÍEN)

(TÍMIDA) Bueno, yo les he traído un detalle también.

Unos pastelitos para tomar con el café, si quieren.

No se apuren, no los he hecho yo. (RÍEN)

Se los he encargado a Dimas.

Nosotros también tenemos un regalo, ¿no, Jesús?

Aquí está.

Dos billetes para Santander y una reserva de hotel.

-Hombre...

-¿De verdad?

-De niños siempre contaban su viaje a Santander y qué bien lo pasaron.

A ambos nos gustaría que repitieran. Pero no en una pensión,

sino en un hotel con vistas al mar.

A todo lujo. Qué regalo más bonito.

Bueno, pero esto ha tenido que saliros carísimo.

Padre, es una vez en la vida y se lo merecen todo.

Son los mejores padres del mundo. Claro.

-Yo estoy orgulloso de tener unos hijos como vosotros.

Aunque...

...no sé si es una buena idea que nos vayamos ahora...

Hay que sulfatar las viñas.

-Ay, deja ya las puñeteras viñas.

Tú y yo nos vamos a ir a descansar a un hotel

y vamos a pasear por la playa del Sardinero.

Y deja que estos hagan todo lo que hay que hacer aquí.

-Tienes razón, pero te digo una cosa:

iría a la pensión de la primera vez,

porque yo estando contigo estoy a gusto en cualquier parte.

-Ay, madre...

(Gorjeos)

-Pues es verdad, eres mejor que yo tirando piedras.

-Venga ya. Te has dejado ganar, me he dado cuenta.

-En Madrid habríamos desplumado a todo "quisqui" en las apuestas.

-¿Sabes? Le he dado vueltas a eso que me contaste ayer de ti.

A lo de que para cambiar de vida había que irse lejos.

-Ya ves. Si no pongo tierra de por medio, estaría en chirona.

Miranda tuvo suerte, pero la gente como yo es vulnerable.

-Si es inocente, me alegro de que lo soltaran,

pero no es de lo que quería hablarte.

-¿De qué quieres hablar?

-Pues de Madrid. Tú vivías allí y ahora vives aquí en Lasiesta.

Para ti todo esto será muy aburrido, ¿no?

-Pero ¿qué dices? No paran de pasar cosas.

El robo en la panadería y el asesinato de Gabriel.

-No me hables de eso, por favor, ¿vale? Me resulta muy desagradable.

-Perdona. Quería decir que en Madrid esto no pasa cada día.

-Ya...

Pero Madrid, con lo grande que es, debe de ser de todo menos aburrida.

Si es la capital del país y está llena de cines, conciertos,

teatros, bares... -Es verdad, pero...

...no creas que es el paraíso.

Para el que tiene perras, sí, pero si estás sin blanca

es un agobio. -¿Por qué?

-Porque ves lo que no tendrás: coches, trajes, buena comida...

Y tú no tienes ni para tabaco. -Bueno...

Aquí también muchos tenemos los bolsillos vacíos.

-Pero no te dan envidia con tanto lujo.

Quitando un par de caciques, somos igual de pobres.

-Ya...

-No pongas esa cara. Si lo sé, te digo que hay fuentes de vino

y de chocolate. -Ya.

Y cazan a los perros con longanizas. -Eso.

Y los alimentan con callos y calamares.

Así me gusta, verte reír.

Como para ponerte triste, con lo que me ha costado traerte.

-(RÍE) -En Madrid no se hacen rogar tanto.

-Las de pueblo no somos tan frescas como pensáis en la ciudad.

Pero me ha gustado mucho pasar este rato contigo.

-Entonces...

¿Estás a gusto? -Sí, claro.

-Pues no sé si será tanto aire puro, pero tengo ganas de hacer locuras.

-¡Ángel! Por favor, no te pases. Yo no soy así, ¿vale?

No te confundas conmigo.

-Entonces, ¿por qué has aceptado pasear conmigo?

-Quería estar a solas contigo para pedirte un favor.

Pero más vale que lo olvides.

-Espera, mujer, no te vayas así. No volverá a pasar.

-No, eso seguro.

-Espera.

Me sabe mal que te vayas así. Dime qué querías y lo haré.

-Ayúdame a fugarme a Madrid.

(Gorjeos)

(Llaman a la puerta)

-Dejadme. No quiero ver a nadie.

-Elena, soy yo, Rafael.

-¿Y qué quieres?

-Solo saber cómo estás. -¿Cómo voy a estar?

Indignada.

Harta de que esta familia viva en el pasado.

Quiero vivir mi vida en paz.

-Bueno, me imagino cómo te sientes, pero ponte en el lugar de padre.

Ha sido una forma extraña de saber que estáis juntos. Es duro para él.

-Si hubiera ido con cuidado se habría enfadado igual.

Porque es intolerante y testarudo. -¿Y qué esperabas?

Ha mamado el odio a los Miranda desde niño.

-No pienso renunciar a Luis

y se lo repetiré hasta que le entre en la cabeza.

-Sí, pero ahora mantén la calma, por favor.

No es el mejor momento para hablar. -¿Volverá a mandarme lejos de aquí?

Pues no me voy a ir.

Me voy a ver a Luis a comisaría. -No, no lo hagas.

No es una buena idea. Y Luis ya no está en comisaría.

-¿Ah, no? ¿Y cómo lo sabes?

Santiago Mirando entraba en el coche con él.

Y, la verdad, no tenía cara de muchos amigos.

-¿Qué quieres decir con eso? -Que los ánimos ya están caldeados.

No eches más leña al fuego. Intenta estar bien con padre y Vicente.

-Pero para eso tengo que pasar por el aro y someterme.

Y no estoy dispuesta a hacerlo. -Cálmate, por favor, ten paciencia.

Mira, hoy no salgas de casa, en serio.

Si me haces caso, mañana haré lo posible para que os veáis.

¿Sí?

-Luis no esperará a mañana y menos si sabe que testifiqué a su favor.

-¿Te he fallado desde que volviste?

No, ¿verdad? Me la he jugado y lo seguiré haciendo.

Pero, por favor, hoy no muevas ni un dedo.

Por favor.

(Música tranquila)

¿Qué tal lo has pasado? Muy bien.

Tu madre es una gran cocinera. Sí.

Da gusto ver cómo se quieren aún. Sí.

Discuten, pero no pueden vivir el uno sin el otro.

Me encantaría ser igual de feliz con alguien cuando tenga su edad.

Pienso como tú.

Es el mejor regalo que le pueden hacer a uno, ¿verdad?

Qué vas a pensar como yo; eres un donjuán.

¿Un donjuán?

Sí. ¿Qué me dices de Claudia, la de los cosméticos?

Eso no tiene nada que ver con lo que digo.

Cuando me enamore de una mujer seré capaz de todo por ella.

Así que esperas a la mujer perfecta para tener la relación perfecta.

Puede ser. Y puede ser que cuando la encuentre

ella no sienta lo mismo por mí. No. Eso no va a pasar.

Seguro que te corresponderá.

(Música tranquila)

Elvira. -(FELIZ) ¡Luis!

Ay, qué alegría volverte a tener en casa.

-Yo también me alegro. -Sí.

Yo ya sabía que no tenías nada que ver con ese crimen.

Pero lo has tenido que pasar fatal en el calabozo.

-Se ha alargado un poco, pero se ha aclarado todo.

-Lo que no me gusta es que Elena Cortázar esté mezclada en esto

y que me lo hayas ocultado. -¿A qué te refieres, Santiago?

-Cuéntaselo tú, Luis.

-Elena Cortázar testificó a mi favor.

La noche del asesinato estábamos juntos. Estoy libre gracias a Elena.

-No tienes nada que agradecerle a esa maldita Cortázar.

Está claro, es una cobarde.

Si no, hubiera ido antes a hablar con la policía.

Así te hubiera ahorrado tanta vergüenza y tanto sufrimiento.

-No, Elena ha sido muy valiente.

Ese testimonio le pone en contra a su familia.

-A mí no me importan sus problemas. -No está siendo justo, padre.

-Yo estoy con Luis.

La chica se ha jugado el tipo para ayudarle.

-Tú cállate, nadie te ha pedido tu opinión.

Y tú, Luis, eres un iluso.

Si Elena Cortázar te seduce es porque quiere conseguir algo.

Esos miserables traman algo y ella es el cebo para que piques.

-No se equivoque. Yo la quiero.

-(RÍE CON IRONÍA) Pero qué tontería es esa...

Será que no hay mujeres en el mundo para que tengas que divertirte

precisamente con Elena Cortázar. -No consiento que hable así de ella.

-Hablo de ella como se merece.

Es la culpable de que rompieras tu compromiso con Asunción.

-(SUSPIRA) Santiago...

Te guste o no, el amor es ciego.

-(RÍE CON IRONÍA) -Y no entiende de apellidos ni nada.

-Pero ¿qué es esto, una fotonovela de Corín Tellado?

No voy a permitir que esa mujer arruine tu vida.

-Acabo de librarme de la cárcel. No tengo ganas de discutir.

-Yo tampoco quiero hablar más de esto. Hay cosas más urgentes.

(Música de tensión)

-¿De qué habláis? De la futura novia de Jesús.

Ah, ¿y quién es, la conozco? No.

Porque aún no ha aparecido, ¿no?

Quizá está más cerca de lo que parece.

¿Y tus padres?

Mirando las estrellas como dos enamorados.

Qué romántico.

¿Nos vamos y les dejamos a solas?

Podríamos irnos de fiesta, la noche es joven.

¿Dónde vamos?

Ya es tarde para ir a Logroño o Aro. Tendríamos que ir a la fonda.

Creo que Pilar nos dejará montar jarana, ¿qué decís?

Yo contigo voy al fin del mundo.

¿Y tú, Jesús? No, no.

Tengo que madrugar para sulfatar. Como quieras, pero tú te lo pierdes.

Que no, que no. Tú te vienes.

¿Y si encontramos a la mujer de tu vida esta noche? Levántate.

Venga, hombre, no te hagas rogar. Venga, vámonos.

Así me gusta.

Quiero saber lo que opinas sobre la compra

de unos depósitos para la maceración.

-Eso puede esperar. Tengo algo más importante que hacer.

De hecho, solo he venido a a saludar a Elvira. Estás preciosa.

-Gracias.

-Con permiso. (CARRASPEA)

-¿Adónde vas?

-A agradecerle a Elena lo que hizo. -Eso es lo que tienes que hacer.

Es de bien nacidos ser agradecidos. -¿Quieres cerrar la boca de una vez?

Te prohíbo terminantemente

que pongas los pies en casa de los Cortázar.

-Me he librado de la cárcel gracias a Elena.

Así que voy a ir a verla te guste o no.

-(ENFURECIDO) ¡Luis!

Cierro. Bueno... Otra vez.

En Madrid, ¿qué hacías? ¿Eras jugadora profesional o qué?

No os quejéis y enseñadme lo que tenéis.

A ver las fichas. Me has fastidiado.

Madre mía... Si es que no levanta cabeza, Jesús.

Bueno, desafortunado en el juego afortunado en amores, dicen.

Ah... No sé yo...

Pilar, ¿dónde vas?

-Perdonadme.

Es que Carolina ha ido a dar un paseo y no ha vuelto.

Estoy preocupada y ya es muy tarde.

No la habréis visto. (LOS TRES) No.

-No sé, no sé...

Bueno, ahí os dejo esto. Cuidadito que ya es la tercera.

-Sofía tiene razón.

Quizá esta noche encuentres la mujer que buscas.

Vamos a ver qué hay.

Uf... Es que a esta hora está la cosa un poco mal.

Que son todo hombres.

Bueno, tienes a Pilar,

que está muy bien, cero compromiso.

Claro que está muy bien.

Pídele tú la mano y me dejas a tu novia.

Fíjate, si hasta tenemos sentido del humor, ¿eh, hermanito?

Qué tontos sois.

Voy a retocarme el maquillaje. No empecéis sin mí.

Bueno, voy para casa ya.

¿Qué dices, hombre? No seas aguafiestas, quédate un poco más.

¿Para que te rías a mi costa?

No, hermano. Y tendrás que estar solo con tu novia.

No voy a estar de carabina.

Si es así, vete si quieres.

De paso, paga la cuenta, que me he dejado la cartera en casa.

No te importa, ¿no?

¿Cómo lo haces para que siempre pague yo?

¿Qué tal, Adolfo?

-(NERVIOSO) Claudia, ¿qué haces aquí?

-No puedo creer que mi hijo me haya desobedecido así.

Está claro que esa arpía le tiene sorbido el seso.

¿Y tú? ¿Qué haces ahí tan tranquila? Cómo se nota que no es tu hijo.

Te quejas de que no se te considera una más de la familia.

-No pagues conmigo que tu hijo no te haya hecho caso.

No es un niño y es muy libre de cortejar a quien quiera.

-Es una Cortázar.

Se han pasado toda la vida burlándose y desafiándonos.

¡No pienso consentir que esa niñata se burle de mi hijo!

-(RÍE)

Siempre la misma música. Estoy... Bueno...

Esa historia de los Cortázar y los Miranda ya me aburre.

-No entiendes nada.

-Quizá no entienda de vuestras riñas entre familias.

Pero sé mucho más que tú de los asuntos del corazón.

Luis está enamorado de Elena hace tiempo.

Y ni tú ni nadie lograréis separarlo de ella.

-¿Desde hace tiempo?

¿Qué quieres decir con eso?

¿Es que hay algo que sabes tú y no me lo has contado?

-He tenido que ir a Aro por asuntos de trabajo

y de vuelta a Logroño he decidido pasar por aquí,

por si te veía. -Pues aquí me tienes.

¿Y cuándo te vas? -No hay prisa.

Me acuerdo mucho de ti.

-Claudia, hay gente mirando.

-Cuando subimos a la habitación no pareció importarte tanto.

-(SUSPIRA INCÓMODO) -Por cierto,...

...está la habitación ahí arriba esperándonos a ti y a mí.

-Sí...

Eres un miserable.

Sofía, por favor. ¡Sofía!

¡Que me dejéis en paz!

¿Y a esa qué le pasa?

-(SUSPIRA)

A ti no se te puede contar nada.

Solo hablas y hablas y hablas...

Pero nunca escuchas.

-Entonces, ¿tú lo sabías?

Sabías que tenían una relación aun antes que ella fuera a Francia.

¡Y me lo has ocultado!

-Cualquiera con dos ojos en la cara

se hubiera dado cuenta de que Luis estaba enamorado.

-Maldita sea.

(RABIOSO) Te he dado una vida que ni soñabas y me lo pagas así.

-¿Y qué podía yo hacer?

Haberte acercado a Luis como un padre.

Nunca te he visto preguntarle cómo le van las cosas,

ni cuáles son sus problemas, ni interesarte por sus proyectos.

-Él debe estar a la altura del apellido Miranda

y no arrastrarlo con una Cortázar. -(FASTIDIADA) Ay, ay, ay...

Con esa actitud no vas a conseguir la confianza de Luis.

Luego no te quejes si no confía en ti para contarte sus cosas.

Pero claro, tú...

Tú sólo entiendes de la ley del ordeno y mando.

-¡A mí no me hables así!

¡Eres quien me ha mentido ocultándome lo que pasaba con Luis!

-Sí. Y lo volvería a hacer.

Porque Luis es un buen hombre, digno, con un alma pura.

No como tú, que eres un ser despreciable.

No vas a destrozar su vida como hiciste con la mía.

-No consentiré que te inmiscuyas entre mi hijo y yo.

Luis es lo más importante que tengo en mi vida.

No dejaré que lo pongas en mi contra.

-Ya se ha puesto en tu contra.

Y lo has hecho tú solo, Santiago Miranda.

Así que sólo has ido a darle las buenas noches, ¿no?

Qué bonito.

También la habrás arropado, ¿no?

Rafael, déjate de cuentos. Dime qué estáis tramando.

No es tu enemigo, Vicente, por Dios. Estamos hablando de tu hermana.

No estés siempre a la gresca con nosotros. Somos familia.

Sí. ¿Y por qué nos has ocultado tanto tiempo lo que sabías?

¿Qué dices?

Sabías perfectamente que se veía con Luis Miranda

y has preferido callarte, Rafael. Has traicionado a tu familia.

Piénsalo.

Sabes que los Cortázar no queremos tratos con los Miranda.

Solo quiero que Elena sea feliz. Se lo merece.

Muy bien.

Piensa lo que digo. Si esto termina mal, serás en parte responsable.

Muy bien.

-Srto. Luis, ¿qué hace aquí? -He venido a hablar con Elena.

No intentes impedírmelo.

¿Cómo tienes la poca vergüenza de venir?

No eres bien recibido en esta casa. Lárgate.

No he venido a hablar contigo. He dicho que te vayas.

No me lleves la contraria o te juro que te arrepentirás

y lo pasarás muy mal.

Inés, avise a mi padre. Sí, D. Vicente.

-¿Qué son estos gritos? -Elena, por favor.

-Luis. -Quieta, quieta.

-Déjame, ¿cómo estás?

-Mejor que nunca, cariño, gracias a ti.

-La has oído, quiere hablar conmigo, así que apártate.

Ni Elena ni ningún Cortázar tienen nada que hablar con un Miranda.

¡Lárgate! Quiero agradecerle lo que hizo.

¿Tanto os molesta? ¿O es la única que tiene sentimientos?

No. Todos tenemos sentimientos. Ahora yo estoy muy frustrado

porque no te pudrirás en la cárcel y no te darán el garrote vil.

¿Por qué dices eso? Porque es cierto.

Este malnacido quiere joder contigo para joder a un Cortázar.

¡Ah!

-¿Qué pasa? -¡No os peleéis!

-(RAFAEL) ¡Vicente! -(ALEJANDRO) ¡Basta!

¿A qué ha venido, Sr. Miranda, a golpear a mis hijos?

-D. Alejandro.

Vine a hablar con Elena y agradecerle lo que hizo por mí.

-(ELENA LLORA) Padre, por Dios...

¡Y tú di algo!

-Si venía a darle las gracias, ya lo ha hecho. Puede irse.

-D. Alejandro, su hija y yo nos queremos.

No hacemos mal estando juntos. No tienes derecho a venir aquí.

(SEVERO) Vicente, cálmate. Se lo diré solo una vez.

O se va o llamo a la policía para que lo devuelvan al calabozo.

Y hablo muy en serio.

-Hasta pronto, mi vida.

¡Hijo de perra!

Les gusto más a ustedes que a ella. -Es que Manuela es muy orgullosa.

Verás como acabará queriéndote, que una madre sabe estas cosas.

-Hay algo que te quiero decir desde hace mucho,

pero no he sabido cómo hacerlo. Me da miedo lo que puedas decirme.

Para mí eres más que una amiga.

Si no fuese por ti, habría hecho caso a los avisos sobre Adolfo.

Pero dijiste que era buena persona y yo confié en ti.

No sé qué decir.

Deja de vivir a la sombra de tu hermano y empieza tu vida ya.

Es a mí al que ha dejado, no a ti. No sé por qué te enfadas tanto.

Así que compórtate como lo que eres, mi hermano.

¿Cómo tienes tanta cara?

Suéltame. -¿Qué es esto?

Vuelvo a Madrid. Sin tierra de por medio no me curaré nunca.

No te vayas, por favor. Por favor, hazlo por mí.

Es mi decisión.

Sofía se va de Lasiesta. ¿Cómo?

Haré que cambie de opinión. Solo echarás más leña al fuego.

He hablado largo y tendido con mis hijos.

-¿Y qué habéis decidido?

-Sintiéndolo mucho vamos a rechazar vuestra propuesta.

Podríamos pedir un crédito. ¿Y si sale mal el negocio con Olea?

Cualquier cosa antes que regalarles este negocio a los Miranda.

Está bien.

-¿Qué hacía aquí el director del banco?

Estoy a punto de conseguir que Olea abandone a los Cortázar

para volver a mi lado.

La conversación con el director fue coser y cantar.

Salí convencido de que nos lo iban a dar.

No entiendo que se haya torcido. Dios mío, ¿qué vamos a hacer ahora?

Pídele a tu padre que invierta en el negocio de Olea.

Llámale, por favor. Quiero hablar con él ahora.

¿Qué tiene de raro esa partida?

-(TITUBEA) No, no pasa nada. Es que es de mala calidad.

-Aparte de ser un buen vino lo tengo a muy buen precio.

-Me la quedo. No está de más conocer a la competencia.

Esta noche tenemos una cena de despedida y así la probamos.

Uf, ni lo probéis.

Qué gusto tan raro.

Por muy Miranda que sea este vino, no está a la altura de esta cena.

-¡Dña. Clotilde!

Qué alegría volverla a ver por Lasiesta. Bienvenida.

-Mis obligaciones de madre y esposa me reclamaban.

-Con Luis no tengo nada que hacer. -Los hombres son gallos de corral.

Cuando aparece otro gallo y sienten la amenaza, marcan territorio.

Algún mozo habrá en el pueblo que muestre interés por ti, ¿no?

-Bueno, puede que haya uno.

Deberías sonreír más con esa sonrisa preciosa.

Qué galante eres.

Asunción, no dejes que te amargue un hombre.

¿Cómo estás?

-Bueno, pues...

-¿Qué pasa?

-No se puede ser más sinvergüenza.

-Buenos días. ¿Por qué está la puerta cerrada?

-Órdenes de D. Alejandro. La puerta debe estar cerrada con llave.

Si quiere salir, debo informarle antes.

Padre te preguntó directamente por Elena y tú le mentiste.

Por favor, no se lo digas. No me lo perdonaría nunca.

No tengo intención de hacerlo

porque a partir de ahora tú harás lo correcto.

Necesito que le des esta carta a Luis. Estará preocupado por mí.

-No te voy a ayudar, lo siento.

-Es para Ud., Srta. Elena, su amiga Marga

quiere darle el pésame por su hermano.

-Soy Elvira, la esposa de Santiago Miranda.

"Tengo aquí a mi lado a Luis, ¿te lo paso?"

-Vale, muchas gracias, Marga.

-Iré a tu bodega. ¿Podrías escaparte esta noche a las diez?

-Sí, claro. Por supuesto.

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 20

07 jun 2013

La confesión de Elena hace que Ortega libere a Luis, Toda la familia Cortázar se muestra decepcionada con Elena, menos Rafael que, en privado, la apoya.Ángel invita a salir a pasear a Carolina. El espera besarla, pero lo que ella quiere es que la ayude a fugarse a Madrid.

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  1. Elvira

    Creo que Luis y Elena tendrán un hijo en común, que será el padre de Ainhoa (Marina San José en Gran Reserva). Intuyo que los Reverte se van apartando cada vez más de los Cortázar por los juegos sucios de Vicente.

    10 jun 2013
  2. Mariana

    tengo una teoría sobre la historia de lso miranda... por el avance que vi.. me da a mi que muere Santiago miranda y se va la empresa al demonio, Luis se casa con Elena, se unen las empresas, y se van para arriba con el contrato del dueño del super mercado Olea.

    08 jun 2013