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Para todos los públicos En Portada - La odisea de Darién - ver ahora
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Subtitulado por accesibilidad TVE.

(Música)

(Sonido ambiente selva)

(Sonido ambiente mar)

(Música)

Uno a uno, los migrantes se bajan del autobús

en el que han cruzado Colombia.

Ha sido un viaje interminable.

36 horas por carretera desde Ipiales,

junto a la frontera con Ecuador,

hasta Necoclí,

muy cerca de la frontera con Panamá.

Su vestimenta, los delata.

Chaquetas de cuero y abrigos...

en una ciudad, con una humedad insoportable.

Son, las 7 de la mañana,

y estamos, a 30 grados.

Julio, ha viajado con un grupo de 20 compatriotas haitianos.

Busca un techo para dormir.

Para llegar hasta aquí,

Julio ha hecho la ruta que repiten cada año

miles de migrantes.

Toman un vuelo en Haití, Cuba, o países africanos y asiáticos.

Y aterrizan en países de Sudamérica donde no les exigen visado.

Luego, inician un largo recorrido hacia el norte,

con destino final en Estados Unidos.

Creen que están a un día de Estados Unidos,

porque ven en el mapa que es cerca,

y no tienen ni idea sobre lo que tienen que afrontar.

La ruta panamericana une el Continente de Norte a Sur.

25.800 kilómetros de carreteras,

que únicamente se interrumpen, aquí, en el Golfo de Urabá,

y en la selva del Darién.

Así que, para llegar hasta Panamá,

los migrantes deben cruzar el golfo en barco.

Después, tendrán que caminar entre 7 y 10 días

por una selva tropical, llena de peligros.

Te matan en la selva, te quitan el dinero.

Piensan como tienen dinero y te lo quitan.

Y te matan.

Y como en la selva nadie,

se responsabiliza de nadie,

pueden morir 25.000 personas, y nadie lo sabe.

(Música)

Víctor y Yusmail, cubanos, apuran las horas

con cierto nerviosismo.

En apenas un día, se internarán, en la selva del Darién.

Trabajaba en un mercado, pero en un mercado agrícola.

La comida en Cuba es muy cara,

y el cómputo que tú ganas no te alcanza para comer,

y entonces decidí, emigrar,

como todo prácticamente cubano que sale de Cuba

por un futuro mejor.

Victor y Yusmail no tienen ni un dólar.

Sólo la compasión de este grupo de haitianos les permite alojarse

en esta humilde pensión.

Son las horas previas a un viaje extremo.

Así que lo importante es,

hidratarse, y descansar.

Dentro, el calor insoportable de Necoclí los adormece.

Y el tiempo, parece detenido.

Jean Baptiste y Marjoli, volaron de Haití a Guyana.

Luego cruzaron a Brasil.

Y allí nacieron sus hijos: Youssafa de tres años,

y Este, de apenas 6 meses.

Marjoli y su familia se aferran, sobre todo, a la fe.

Víctor, Kenia y Yusmail son los únicos cubanos del grupo.

Mi sueño es llegar a Estados Unidos, y,

y cuando me establezca en Estados Unidos, mi gran sueño es,

llevar a mi mamá,

es duro compadre.

Si yo logro pasar la selva, que la voy a pasar.

Yo, imagínate, logro tener a mi hija a mi lado,

todo, todo, todo, lo que yo quiero,

todo mi pensamiento que yo quiero, todo lo voy a lograr.

Comprar mi casa en Cuba, a mi mamá, tenerla estabilizada.

Yo prefiero, arriesgarme a todo el peligro que tenga la selva,

que eso no se compara a lo que se vive en Cuba.

Hay una cosa que une a los migrantes,

sean de donde sean,

la inmensa mayoría, no sabe, quién manda,

en la selva del Darién.

Vosotros, ¿habéis oído hablar del Clan del Golfo?

¿Del Clan del Golfo? El Clan del Golfo.

No, no, nunca hemos oído hablar.

¿Sabes lo que es el Clan del Golfo?

No, no sé, no se habla de eso, no he escuchado eso.

Cuando estéis listos, ¡embarcar!

El Ejército, ha librado miles de batallas

en las selvas de Colombia.

Principalmente, contra las guerrillas.

Pero esta vez,

el objetivo, es el mayor grupo narcotraficante del país:

el Clan del Golfo.

En estos laboratorios se procesa la hoja de coca.

Hay campesinos que trabajan a sueldo del clan.

Y hay, hombres armados del grupo. que vigilan cada laboratorio.

“Quietos!, ¡Quietos todos!

¡Arriba las manos! ¡Arriba las manos!

¡Somos tropas del Ejército Nacional, quietos, quietos quietos!

¡Arriba las manos, Arriba las manos! Tienen derecho a guardar silencio.

Hay miles de laboratorios como este por toda Colombia.

Bueno jóvenes, la finalidad es que ustedes tengan muy claro

cómo es que tenemos que neutralizar.

estos laboratorios donde se produce la coca.

Esto es necesario que lo entrenemos, que lo tengamos claro,

porque en algunos de estos laboratorios

vamos a encontrar personal civil.

Desde hace años, el coronel Padilla vive,

con una obsesión.

Preparar a los soldados, para ganarle la guerra,

al Clan del Golfo.

El Clan fue fundado por antiguos miembros de grupos paramilitares.

Hoy es, la mayor la empresa ilegal de Colombia.

Exporta más de la mitad de la cocaína, en el país,

que más cocaína produce.

¿Qué tenemos que hacer?

Vamos a realizar una maniobra de emboscada, entonces...

En esta base se entrena para acabar con el narcotráfico,

y con otras actividades ilícitas que financian al Clan.

Sobre todo, el tránsito de migrantes por la selva del Darién.

Las rutas que usan los narcos para subir la droga hasta Panamá,

son las mismas que utilizan los migrantes.

La cadena es sencilla: el migrante paga a un coyote

para cruzar la selva;

y el coyote entrega buena parte de ese dinero al Clan.

Lo que hacen es coaccionar a estas personas

que transportan a estos migrantes,

cobrándoles una especie de vacuna o una cuota,

por el traslado de este personal.

(Música)

En Turbo hay, cientos de personas, a sueldo del Clan.

Observan y alertan de cualquier movimiento sospechoso.

Los comandos urbanos del grupo, dominan, esta zona.

Pero no se dejan ver.

Los jefes se aferran al anonimato y la clandestinidad.

Sin embargo, uno de ellos, al que llamaremos “Elber”,

acepta que lo entrevistemos.

El encuentro es, en plena noche,

y en un lugar seguro, de la región de Urabá.

El Clan del Golfo, ha hecho, negocios,

con los migrantes

¿Cómo funciona ese negocio?

Los migrantes pagan un impuesto, y asumen, todo tipo de riesgos.

Algunos atraviesan la selva como camellos,

cargados con cocaína del Clan.

¿El Clan del Golfo tiene, coyotes de confianza,

y a sueldo digamos, a través del Darién, para,

hacer pasar estos migrantes?

¿Qué pasa si un coyote desobedece una orden?

Las botas pantaneras de Danilo, conocen al dedillo,

cada trocha del Darién.

Danilo es el nombre figurado de un coyote, que lleva,

5 años, pasando migrantes.

Durante toda la entrevista, por miedo o por precaución,

Danilo, no pronuncia las palabras, Clan del Golfo.

Pero deja claro, cómo funciona la trama.

Hay alguna organización, algún grupo que está regulando esto

y que, obviamente, cobra, por cada migrante,

cobra cierta cantidad.

Entonces el coyote arregla su viaje con los migrantes,

como te dije antes, si no tienen línea,

y paga un impuesto.

Nunca se sabe a quién se le paga, pero a ti te lo cobran.

Es, imposible saber, cuántos migrantes,

han perdido la vida en el Darién.

Nadie regresa para enterrar a los muertos.

Los cuerpos se quedan en el camino, como el de este cubano.

Y ese es el argumento con el que muchos coyotes

justifican su trabajo.

Cobran ―dicen- por salvar vidas.

Porque es imposible que un migrante, sin guía,

sobreviva al Darién.

Obviamente se va a perder muy fácil, va a perder la vida,

o va a tener un accidente grave,

e inclusive puede terminar muriendo de hambre

o de deshidratación en la trocha.

(Sonido ambiente selva)

Marjoli y Jean Baptiste se han levantado temprano.

Hoy es un día importante para toda la familia.

Les espera la selva del Darién,

el tramo más peligroso de su viaje a Estados Unidos.

La pequeña Giselle estrena botas nuevas para el viaje.

También ella afronta un día crucial en su vida.

El puerto de Necoclí, es el punto de salida hacia Capurganá.

Hay que navegar dos horas,

y ya estarán a las puertas del Darién.

Pasajeros que van a tramitar tickets,

los que tienen reserva, van a ser la primera fila entrando.

Llevan su equipaje, va marcadito, compran su boleto,

mira que los llevo en planilla con su número de pasaporte,

el número de migración.

Hay ocasiones que, en un solo día, hemos transportado

un aproximado de 700, en un solo día.

Los migrantes pueden viajar, sin problema,

en los barcos turísticos.

Únicamente deben mostrar el salvoconducto

que les ha dado el Gobierno colombiano.

Un documento válido durante unos 15 días,

que les permite permanecer legalmente en el país,

y seguir su camino hacia el norte.

¡Yusmail Blanco, Kenia y Víctor!

¿Ya están?, OK, perfecto, verifico acá.

Embarcación número 3.

Hay africanos que hoy están descubriendo el mar.

Por primera vez se ponen un chaleco salvavidas.

Este es, también, el primer viaje en barco para Marjoli, Jean,

y sus dos hijos.

El mar da golpes de realidad a los migrantes.

Muchos parecen cansados, rendidos,

antes incluso de poner un pie en el Darién.

Raquel Romero vive con un ojo puesto en esta costa.

Porque de estas playas recónditas suelen salir lanchas clandestinas.

Lanchas pilotadas por coyotes, y cargadas de migrantes.

Hemos encontrado personal en las lanchas, sin chalecos,

incluso con sobrecargo de personal,

en una embarcación que es para 30 personas, por ejemplo,

pueden llegar hasta 50 o 60, el doble.

Buenos días, somos unidades de la Armada Nacional Colombia,

Vamos a proceder a prestarles ayuda.

Obrigado, Gracias, Gracias.

¿De dónde son?, ¿Where are you from?

Bangladesh, Pakistán, India, Burkina Fasso, Costa de Marfil.

¿Hace cuánto están aquí?

La Armada sabe cuántas vidas ha salvado.

Pero no cuántos migrantes han desaparecido en el mar.

Hace un año,

los vecinos de Capurganá recogieron 19 cadáveres de sus costas.

Una patera, pilotada por dos coyotes,

se hundió con 30 migrantes a bordo.

Desde la proa, el embarcadero asoma a lo lejos,

empequeñecido ante la majestuosidad del Darién.

Aturdidos y semidormidos tras dos horas de viaje,

los migrantes están, ahora sí, a las puertas de la selva.

Este control de migración, donde muestran el salvoconducto,

es su último contacto con las autoridades colombianas.

A partir de ahora, su futuro está en manos de los coyotes.

Y los coyotes ya están aquí, en el puerto, listos para negociar.

El grupo se mueve por una calle costera de Capurganá.

Son los coyotes quienes deciden dónde hablar,

y cuánto habrá que pagar.

Escúchenme caballeros, aquí tenemos, a partir de ahora, que andar unidos,

en familia, cuidarnos, los niños, ¿entiendes?

El que se canse, esperamos para que se recupere,

no podemos dispersarnos,

que ahí es donde está el peligro.

Tenemos que andar en manada.

Los migrantes caminan,

y callan.

Su silencio es, fiel reflejo, del miedo y la tensión acumulada.

Todos saben que el futuro que soñaron, no está en sus manos.

Y que ese sueño, podría convertirse en pesadilla.

El terreno, todavía es llano, y el grupo, permanece unido.

Todos guardan, una distancia prudencial.

Las maletas, los bultos, siguen intactos.

Y cada niño, con su familia.

Muchos de los migrantes piensan que ya ha empezado la travesía.

Pero este camino,

sólo conduce a una cabaña escondida.

Y es allí, donde se hablará de dinero,

de cuánto cuesta el siguiente paso

en esta larga aventura del sueño americano.

Los coyotes, han contactado a los cubanos para pactar un precio.

El resto del grupo espera nervioso.

Algunos, cogiendo energía antes de emprender el viaje.

Otros, quitando parte del equipaje antes de entrar a la selva.

Victor y Yusmail han sufrido ya el primer engaño

por parte de los coyotes.

Es imposible atravesar el Darién en un solo día,

se tarda como mínimo, una semana.

Y algunos días más, si en el grupo viajan niños.

Los haitianos se lo piensan.

Quieren rebajar el precio.

Víctor no ve otra opción.

Uno tiene que tratar la manera de negociar bien con ellos,

porque, esto es una mafia, me entiendes,

esto es una mafia que la controlan ellos,

y si uno no se coordina bien con ellos,

la vida de uno está en las manos de ellos.

Ellos nos llevan por los caminos buenos,

pero también nos pueden llevar por los caminos malos.

Nos podemos topar con los delincuentes, los vándalos,

me entiende.

A la guerrilla que anda en la selva,

y ahí nos pueden asaltar y nos pueden violar a las mujeres

que andan con nosotros.

Al final se llega a un acuerdo.

De los 50 dólares iniciales se pasa a 30.

Los migrantes inician una rutina penosa: pagar por pasar.

La maquinaria sigue su curso: pagar y pasar; pagar y pasar.

Allá toca pagar la otra mitad. ok.

Son 240 dólares.

Dos personas que han puesto 20 dólares acá, porque no tienen,

cuando lleguen allá van a juntar para darlos.

16 por 15.

240. -240

Usted va a cobrar 220 tengo aquí 230,

faltan otros 10 dólares.

Tu me respondes por los 10 y por la otra mitad allá.

Al final, todos echan mano al bolsillo.

De cada 50 dólares que recibe un coyote,

35 van a manos del Clan del Golfo.

Usted promete que nos va a llevar hasta donde nosotros vamos. -Sí.

Ese es uno. El segundo.

Hay muchos que andan con niños pequeños acá,

y no pueden correr por el camino. -No, no, nosotros vamos despacio.

Entonces para que uno no deje a otra atrás porque es peligroso.

Nosotros como caminen ustedes caminamos nosotros.

No hay problema ok. -Bueno.

Bueno vamos a pasar 16.

(Música)

Y sólo después de pagar, comienza la caminata.

(Música)

Este alambre de espino, al inicio de la ruta,

no sólo marca la entrada al aeropuerto de Capurganá.

Es, sobre todo, una cruel metáfora, de lo que está por llegar.

(Música)

Este pequeño arroyo donde se refrescan

marca el inicio de la subida.

Y Jean, Marjoli y su familia, siguen aligerando equipaje.

Bota, bota, bota, mucho peso.

(Música)

A la ruta se une un grupo de migrantes de Bangladesh.

El grupo avanza.

Nadie habla.

Pero las caras, los gestos, lo dicen todo.

La selva no espera.

Y los primeros en descolgarse son Marjoli, y su familia.

Jean revuelve el equipaje, sin saber muy bien qué guardar,

y que tirar.

Al lado, uno de los coyotes del pueblo, le advierte.

La espera se hace, eterna para Marjoli

que mide con la mirada,

la distancia que les separa del grupo.

Jean avanza con un solo bulto,

pero al final, regresa y paga al coyote

para que cargue la otra maleta.

Marjoli y los pequeños reanudan la marcha.

El Darién no entiende de sentimientos.

La solidaridad, se pierde. entre el barro y la maleza.

Y de repente hay niños que se ven, solos,

solos, afrontando las empinadas trochas de la selva

sin saber muy bien, dónde, han quedado sus padres.

Marjoli, extenuada, pierde el contacto con su hijo.

Hasta que otra mano amiga recoge al pequeño Youssafa.

Los coyotes acechan.

Caminan al lado de migrantes que van cargados con bultos enormes.

Saben que tarde o temprano, van a flaquear.

Y se ofrecen a portar maletas, o a llevar a los niños,

a cambio de dinero.

¿Cómo negocias con los migrantes para subir las maletas?

Ellos hay veces que dicen, no ... yo tengo 10 dólares,

súbeme esta mochila hacia arriba, y yo ahí les ayudo.

Los que dan la cara afirman no ser coyotes.

Se definen como "maleteros".

6 horas subiendo, con este bolso,

6 horas, por 10 dólares.

Los cubanos,

han conseguido mantener el ritmo,

no se han descolgado del grupo.

Pero Marjoli y su familia siguen su viacrucis particular.

Ahora es el pequeño Youssafa quién intenta consolar a su madre.

A duras penas, la familia haitiana reanuda la marcha...

Por un instante, Youssafa teme volver a quedarse sólo.

Por delante, el grueso del grupo ha llegado, por fin,

al primer punto de descanso.

¿Cómo va?

¿Cómo vez al resto del grupo?

Andamos todos, con muchas tensiones.

Es como si fuera...

esto es como si fuera un deporte de atletismo,

que corre y corre, y es tensión, y a ver quién le gana al corredor,

estamos así nosotros.

¿Cómo vas?

Ay, superagotada, cansada y con mareos.

Me siento floja.

Pero bueno, hay que seguir.

¡Qué le voy a hacer!

Esto de acá adentro es lo que tiene.

¿Tú te ves capacitada para llegar?

Voy a llegar, y lo voy a lograr.

En esa carrera por la supervivencia hay vencedores y vencidos.

Cada paso es un mundo para Marjoli.

Sólo el brazo amigo de un haitiano

le permite alcanzar el punto de descanso.

(Música)

Marjoli cruzó 6 países desde que salió de Haití.

Sufrió atracos, extorsiones y robos.

Pero nada la ha puesto tan al límite,

como la selva del Darién.

Su estado agónico no ha pasado desapercibido, para los coyotes.

Tú y tu esposa, toca regresar. ¿Si me entendés?

Porque tu esposa no está bien de salud.

Ella ahorita subió esta loma pequeña,

y ya se puso mal.

Ahora subir más grande, se puede morir.

Marjoli ha logrado calmar el llanto de su hija,

pero ignora que su viaje acaba aquí.

Nosotros vamos a regresar.

Cuando yo regrese tendrás hotel, comida, para que tú descanses,

y tú puedas pedir colaboración a tu familia,

te dan dinero para continuar.

En lancha, mucho más bueno para ella.

¿Sí me entiendes?

porque ahora no me comprometo a llevarla caminando.

Tu esposa puede morir.

¿Tu me entiendes?

OK, vamos para atrás.

(Música)

La selva es un mundo de contrastes.

La vida futura que imaginó Marjoli se esfumó en un solo día.

Pero los cubanos y el resto de migrantes

mantienen el paso firme...

El paso firme,

y la convicción de que el sueño americano

es más fuerte que esta jungla, impenetrable y tupida,

testigo implacable de éxitos, de fracasos,

de vida y de muerte en el interior del Darién.

Subtitulado por Francisco José Fernández rey

(Música)

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En Portada - La odisea de Darién

02 mar 2020

Hay una crisis migratoria silenciosa, de la que casi nadie habla. Y está ocurriendo desde hace unos años en la frontera entre Colombia y Panamá. Miles de migrantes cruzan cada año esa frontera en su camino hacia Estados Unidos. Muy pocos de los que llegan allí saben lo que les espera. Para llegar hasta Panamá, los migrantes deben internarse en el Darién, y caminar más de una semana por esa selva húmeda tropical.

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