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Para todos los públicos En portada - La mafia carioca - ver ahora
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Subtitulado por Accesibilidad-TVE.

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Jerónimo Guimaraes, alias Jerominho, policía retirado.

Once años entre rejas.

Considerado el fundador de la milicia:

La Liga de la Justicia,

la más poderosa del oeste de Río de Janeiro.

Cláudio Ferraz, dirigió la lucha contra el crimen organizado.

En Brasil le conocen como el cazador de milicias.

Detuvo a 900 milicianos.

Experto en artes marciales,

lanzó el operativo-trampa para detener a Jerominho.

Marcelo Freixo, diputado federal.

Autor del llamado CPI, el informe sobre el poder de las milicias.

El nombre de Jerominho aparece en más de 200 ocasiones.

Es determinante para su condena.

Guimaraes, Ferraz y Freixo son las tres piezas

que ayudan a entender un puzle:

el de la lenta desaparición del Estado brasileño

ante el empuje de un poderoso grupo criminal: la milicia.

Es 14 de marzo de 2018.

La concejala Marielle Franco termina una reunión

en Casa das Pretas, en el centro de Río de Janeiro.

Habla ajena a su destino,

ignora que apenas le quedan minutos de vida.

Sí lo saben, los dos sicarios que la esperan en la calle,

dentro de un Chevrolet Cobalt.

Marielle vuelve a casa, conduce su chofer, Anderson Gomes.

Brasil no se imagina la tragedia que está por venir.

En Río, los bares se llenan de futboleros

pendientes de la clasificación del Flamengo

para la Copa Libertadores.

A Marielle la siguen de cerca sus asesinos.

Les permiten circular unos 3 kilómetros.

En una plaza, no lejos del sambódromo,

se cruzan y rodean el coche.

Son las nueve y media de la noche.

Los sicarios descargan 13 balas,

cuatro de ellas impactan en la cabeza de Marielle.

Muere en el acto, también su conductor.

Brasil se revuelve.

Hasta los futboleros se olvidan del Flamengo.

La policía despliega un plástico negro

para ocultar la escena del atentado.

Dos años después,

el plástico es una metáfora del encubrimiento

que rodea la investigación del crimen político más importante

de la historia reciente de Brasil.

Marielle era hija de la favela, una mujer muy popular.

Un altavoz contra los abusos que sufren millones de brasileños,

especialmente por las fuerzas de seguridad y las milicias.

Eso le costó la vida.

No hay una sola milicia, hay varias.

Hacen de Estado allí donde el Estado tira la toalla.

Organizan el transporte;

ofrecen acceso a luz, agua, internet;

venden solares ilegales y construyen casas también ilegales.

Y aplican su ley de violencia y extorsión.

En realidad, son un Estado paralelo.

Las integran policías, empresarios, políticos...

Los milicianos simplemente ejecutan las órdenes de sus jefes.

Por eso, la cuestión no es saber quién mató a Marielle...

Y esa pregunta, quién mandó matar a Marielle,

se ha convertido en un modo de lucha, y de vida,

para Mónica Benicio, su viuda, su amante...

la guardiana de su legado.

Campo Grande está al oeste de Río de Janeiro,

una ciudad dormitorio carente de servicios públicos

y alejada de las bulliciosas playas de Río.

Terreno abonado para la milicia.

En Campo Grande vive Jerominho, su hermano Natalino

y el resto de la familia Guimaraes.

Nos citan en su casa.

Desplegados por la propiedad, unos 20 hombres.

Según Jerominho, todos buenos amigos.

El primer contacto es algo tenso.

Jerominho quiere confirmar que somos de fiar.

Se apoya en su asesora de prensa y un profesor evangélico

que hace de abogado.

Terminada la charla deciden seguir adelante con la entrevista,

pero con condiciones.

Ellos van a hacer una copia de la entrevista,

la van a grabar también,

por si en algún momento nosotros reproducimos algo

y ellos no están de acuerdo

porque creen que el protagonista dijo algo diferente...

para probarlo.

Sin problema.

Jerominho y Natalino eran policías de barrio.

En los 90, ganaron popularidad ofreciendo seguridad a los vecinos.

Con el tiempo,

llegaron a gestionar el mayor grupo paramilitar de Río.

Lo llamaron La Liga de la Justicia,

como la banda de superhéroes del cómic.

De hecho,

firmaban sus crímenes con el logo de Batman.

Hoy, es otro el logotipo que vemos.

Este corazón rojo es el de su obra social:

Corazón Valiente.

Según él, atiende a miles de vecinos.

Les sirve, sobre todo, para enlucir su pasado.

¿La milicia existe? Sí.

¿Qué hace, a qué se dedica? ¿Cómo?

Esta es otra. ¿Es peor?

En 2009, la Justicia brasileña promulga la primera sentencia

contra la milicia.

Condenados: Natalino y Jerominho,

entonces uno diputado y el otro concejal.

El informe del CPI aparece su nombre como 200 veces, 80 o...

y todas son mentira.

No se probó una de las acusaciones de asesinato.

Pero a Jerominho le cayeron 19 años de cárcel por otros delitos

como organizar la Liga de la Justicia.

Gracias a tres indultos, solo pasó once años en prisión.

José Cláudio Souza es un profesor muy popular

en la Universidad Rural de Río de Janeiro.

Un sociólogo de los que pisan barro.

Recorre comunidades y pregunta a los vecinos.

Así, armando confidencias,

se ha convertido en uno de los grandes conocedores

de la milicia en Brasil.

La favela Río das Pedras se fundó con los trabajadores

que levantaron las lujosas viviendas de Barra de Tijuca,

incluida la de la familia Bolsonaro.

Río das Pedras es también la primera favela controlada por la milicia.

El pacto: seguridad a cambio de una tasa.

Pura extorsión.

Aquí no se ven narcotraficantes disfrazados de bucaneros.

La favela es aparentemente tranquila.

Los milicianos están, pero no se les ve.

¿Aquí hay problema de tráfico?

¿Y eso lo ha parado la milicia? ¿O no?

La milicia vive en la omertá.

El silencio es el intangible

que justifica la inacción de la policía,

que protege a los asesinos y que ampara a los extorsionadores.

Nadie, en las favelas, reconoce el pago de la extorsión.

Cláudio Ferraz se desplaza sin escolta.

Asume que vivirá en peligro el resto de sus días.

Nos cita en el apartamento de una amiga.

Ferraz es un tipo duro.

No está claro dónde termina el hombre y empieza el mito.

Su gran golpe, la detención de los Guimaraes.

Jerominho, ¿es cierto que él se entregó?

Dicho de otra manera,

Ferraz le tendió una trampa, y Jerominho picó.

Y usted cree que siguen liderando grupos de milicias?

Ferraz es sin duda una de esas personas

que vale más por lo que calla que por lo que cuenta.

Parte de lo que calla en público lo vierte

en guiones de películas de acción.

El Batallón de Operaciones Especiales de Río

es el único grupo de élite del mundo que actúa todos los días del año.

De eso presumen.

Su entrenamiento es feroz.

El recluta se licencia

cuando su instructor le clava en el pecho

la chapa del batallón.

Al BOPE no le gustan las visitas.

Pocas televisiones han cruzado este punto.

El cuartel está en lo alto de un cerro de Río,

rodeado de favelas.

Aquí, todo es exagerado.

En la entrada vemos un pequeño cementerio

con cruces dedicadas a los fracos, a los débiles.

Chavales que no lograron soportar el curso de formación.

Todos están vivos,

pero para el BOPE murieron el día que tiraron la toalla.

En sus pasillos, gimnasios, garajes,

se repite este símbolo que lo dice todo: La calavera.

Trabajan al límite.

Un límite quizá difuso para algunos de sus miembros

que han sido acusados de corrupción o violación de Derechos Humanos.

El asesinato de Marielle también salpica al BOPE.

Marielle desveló negocios sucios del Escritorio del crimen,

la milicia de Río das Pedras.

Y el gran sospechoso de haber organizado su asesinato

es un capo del Escritorio del crimen y ex capitán del Bope.

Flavio Bolsonaro, senador e hijo del presidente,

parece el eslabón más débil de la familia.

Sus vínculos con el capo Nóbrega y con la milicia

son demasiado evidentes.

Barrios como Rio das Pedras

son nichos de votos para los Bolsonaro.

Desde hace años,

la familia defiende la legalización de las milicias

y no oculta sus relaciones.

El presunto asesino de Marielle, Ronnie Lesa,

es vecino de los Bolsonaro.

Y el otro presunto asesino, también ex policía,

estuvo en la urbanización de los Bolsonaro

solo momentos antes de tender la emboscada.

Lo afirma la cadena O Globo.

El presidente no lo desmiente, se enfurece.

Semanas después,

el capo Adriano Nóbrega muere por disparos de la policía

lejos de Río.

70 agentes contra un delincuente. Cae acribillado.

Estaba escondido en una hacienda

propiedad de un concejal del partido de Bolsonaro.

Nóbrega se lleva demasiados secretos a la tumba.

También de la muerte de Marielle.

Brasil convive con la violencia.

Los cariocas están acostumbrados a las armas y los disparos.

Acompañamos a una unidad del BOPE por una favela.

Es una patrulla de entrenamiento,

pero en las favelas de Río el peligro puede saltar

en cualquier esquina.

En 2019, solo en Río, hubo 4 mil homicidios,

menos que el año anterior.

En cambio, las muertes provocadas por la policía han crecido un 20 %.

Seropédica es una ciudad tomada por la milicia.

Aquí vive Jose Cláudio Souza.

No hay negocio, por pequeño que sea, que escape a la extorsión.

Un simple vendedor de palomitas paga unos 10 euros a la semana.

La milicia funciona como una empresa del crimen.

Los gerentes y los dueños se reúnen para definir objetivos

y echar cuentas.

Y si las cuentas no cuadran, activan la maquinaria.

La cartera de negocios de la milicia

va desde el menudeo a las multinacionales.

Grupos como el Escritorio del crimen o La liga de la Justicia

recaudan millones de dólares al mes,

que a su vez generan dividendos por otros varios millones de dólares

La milicia se enfrentó también al dilema de todo grupo mafioso.

Los recursos son limitados y para aumentar el poder y el dinero

solo hay un camino: el narcotráfico.

A Marcelo Freixo el miedo le acompaña.

¿Vive con miedo? Sí. Siempre.

En 2006 la milicia asesinó a su hermano Renato.

Dos años después,

publicó un informe parlamentario sobre el poder de las milicias,

el llamado CPI.

Una guía completa, con nombres y apellidos.

300 folios que sirvieron, por ejemplo,

para llevar a la cárcel a Natalino, Jerominho,

y también a su hija Carminha.

¿Pero mintió en el informe del CPI?

¿Eso es mentira?

Ese es el gran salto de la milicia,

no se conforma con extorsionar, ni con matar,

también quiere mandar.

Para qué gastar dinero en comprar a un diputado

si tú puedes ser el diputado.

El viejo Palacio Tiradentes aloja a la ALERJ,

el Parlamento de Río.

El salón de plenos es un buen reflejo de lo caótica que es

la política en Brasil.

Los diputados toman la palabra

mientras sus colegas atienden el teléfono o debaten entre sí.

Desde hace años, por sus pasillos desfilan diputados y asesores

vinculados a la milicia.

Lo que la prensa y la calle dan por hecho, se niega en el hemiciclo.

Lo dice Pedro Brazao, diputado y hermano de Domingos Brazao,

un empresario ligado a la milicia.

Cuando en Brasil se cruzan las palabras milicia y política

siempre surge un nombre: Marielle.

La fiscalía acusa a Domingos Brazao

de ser el autor intelectual del asesinato.

¿Es la milicia la que controla la política

o es la política la que controla la milicia?

¿Cree que Brasil ha vuelto al punto

en que un político podría ser capaz de ordenar un asesinato?

Concluye su testimonio Jose Claudio entre los aplausos de alumnos

que le han ido arropando según avanzaba la entrevista.

Y terminamos también en casa de los Guimaraes.

Se nos hace complicado reconocer

en los ojos de estos dos setentones de aspecto bonachón

a los criminales que describe la Justicia en sus sentencias.

Pero a Natalino le apodaban nada menos que el Matarriendo.

Y Jerominho, a pesar de su apelativo cariñoso,

deja claro en todo momento que es el jefe del clan.

Sus órdenes se asienten, sin rechistar.

El hermano mayor manda y quiere seguir mandando.

Está en campaña y se nota.

Se presenta a alcalde de Río de Janeiro.

En las urnas se medirá a un viejo enemigo,

Marcelo Freixo aspira también a ser alcalde.

Mónica trabaja ahora para Marcelo Freixo.

La vida de Mónica dio un giro radical

aquel 14 de marzo de 2018.

Quedó sola, vacía.

Después de 14 años de una relación llena de altibajos

y de batallas libradas contra la homofobia.

(Canción)

Su terapia ha sido más Marielle.

Es la razón de su existencia.

Mónica vive pegada a su móvil.

Gestiona actos de homenaje, comparecencias ante los tribunales,

discursos, entrevistas.

Su hiperactividad, al menos, la mantiene alejada del dolor

durante muchas horas al día.

No será fácil señalar a quien mandó matar a Marielle.

Pero la democracia brasileña necesita saber quién la mandó matar.

Y sobre todo, la democracia brasileña necesita ser fuerte

para soportar esa verdad.

Subtitulación realizada por: Rosa M. Romero Ayuso.

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En portada - La mafia carioca

16 mar 2020

La mafia carioca. Las milicias dominan el territorio, el tráfico y también parte de la política de Brasil. En Portada se adentra en favelas y entra en el cuartel general de la BOPE, el grupo de operaciones especiales más activo del mundo. Se sospecha que la milicia está detrás de decenas de asesinatos, incluido el de la popular concejala Marielle Franco. El guión es de José Antonio Guardiola. La realización de Susana Jiménez. Imagen: Carlos Días Oliván. Sonido: Fernando Romera. Montaje: Javier Mula.

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