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No recomendado para menores de 7 años El viaje de un órgano - Eva - ver ahora
Transcripción completa

España es líder mundial

en trasplante de órganos y donaciones desde hace 27 años.

Hacemos más de 5000 trasplantes al año, 14 diarios, de media.

Y todo es posible gracias a la generosidad

de más de 2000 donantes.

Solo el pasado año el trasplante de pulmón

salvó la vida a 363 personas.

Pero solo es un capítulo de esta historia,

la historia de un milagro hecho realidad.

La primera vez que yo volví a coger

aire así, y no me ahogué, no tosí,

no entró el pánico en mi cabeza,

ese día fui libre otra vez, ¿no?

Me llamo Raquel, tengo 48 años,

soy trasplantada bipulmonar desde hace seis años.

(Sintonía "El viaje de un órgano")

No hay una buena manera de dar una mala noticia nunca.

(DOCTORA) Raquel tenía una fibrosis pulmonar,

temimos por su vida.

(DOCTOR) Tuvimos que ponerla en urgencia,

necesitaba un trasplante de ambos pulmones.

Tenemos un donante.

(ENFERMERA) Es una carrera contra el reloj.

Solo hay dos maneras de salir:

o salimos trasplantados o sales muerta.

Pero es que no me quería morir.

Yo era una mujer muy independiente.

He disfrutado siempre mucho con la lectura.

Me encanta viajar, me ha gustado siempre mucho conducir,

me ha liberado mucho, me ha dado mucha libertad.

Coger el coche, darme tres vueltas,

para mí es tan estupendo como darme un paseo.

A mí se me diagnostica la enfermedad con 41 años,

hasta ese momento hago una vida completamente normal:

de mujer trabajadora fuera de casa, con dos hijos.

Para mí, mi madre es todo.

Desde pequeño siempre he estado pegado a ella,

nunca me he separado de ella.

A mí siempre me ha transmitido que yo tengo que echarle fuerza.

Antes era con los deberes, con cosas más de niña,

y ahora con cosas más de adulta.

Mis hijos me han dado muchísima fuerza y muchísimas ganas de vivir.

Yo veía que mi vida era larga,

porque yo pensaba, como todo el mundo piensa,

que tenía derecho a tener esa vida tan larga,

porque sí, porque es así y ya está.

Yo creo que el principio de mi enfermedad

fue el fallecimiento de mi padre.

Pensé que era parte del duelo.

Empecé a tener cansancio.

Tampoco le di mucha importancia.

En el 2011,

ya entro en una fase de fiebre,

de cansancio, de agotamiento, y sobre todo de falta de aire.

Y es cuando mi doctora decide mandarme una radiografía

pensando que puede ser una neumonía.

Me fui con mi marido y mi hijo,

y mis bolsas para ir a hacer la compra,

porque me iba a hacer la compra.

Digo: "Me hago la placa y luego me voy a la compra".

Me hice la placa y me quedé en el hospital tres semanas.

Empecé a ver caras serias,

ante cosas tan normales como una analítica, o una placa.

Me aislaron en una habitación,

entraban con mascarillas,

sospechaban casi con plena seguridad que mi enfermedad

era una fibrosis pulmonar idiopática,

que estaba en un estado muy avanzado,

que mi esperanza de vida era muy corta, que era de un año,

y que mi única opción de vida era un trasplante pulmonar.

No hay una buena manera de dar una mala noticia nunca.

¿Qué me están contando, que me estoy muriendo?

Yo siempre he sido muy generosa conmigo,

siempre me he visto con muy buenos ojos y decía:

"Yo no estoy para morirme".

El hecho de que te diga alguien que te queda un año de vida,

si tú no te estás viendo mal, es muy difícil aceptarlo.

No quería estar enferma, no quería.

Pero es que no me quería morir tampoco.

Era una negación total a la muerte.

No me quería morir en ese momento.

A mis hijos les conté la realidad y lo que estaba pasando.

A mí me lo contó en el hospital, donde le diagnostican la enfermedad,

la miré, me eché a llorar, y bajé corriendo las escaleras.

Huí, necesitaba huir.

Yo creo que ellos se asustaron muchísimo,

lo que pasa que yo intenté dar la mayor tranquilidad posible.

Cuando me lo contaron, tenía yo nueve años,

me contó todo el proceso de cómo era,

que le quitaban los pulmones

y le ponían otros nuevos, de otra persona.

No entendía del todo, cómo podía suceder todo eso.

La realidad de la enfermedad apareció cuando yo fui a casa.

Ves que ya no puedes hacer tu vida cotidiana,

que empiezas a tener problemas para hacer las cosas más básicas.

Yo hacía mi cama y tenía que parar tres veces porque me asfixiaba.

Era bastante duro porque el verla que no podía respirar,

que ya no podía ir conmigo de compras,

que no podíamos hacer cosas típicas de una madre y una hija.

Yo veía que la enfermedad era real,

cada vez me iba arañando y me iba quitando un poquito más.

Yo sentía que no podía hacer nada.

Ni siquiera sabía qué decirle,

porque cuando alguien está así,

decir eso de todo va a ir bien; pues no sabemos si va a ir bien.

Me despertaba en la noche y me iba al cuarto de baño a llorar.

Yo veía que no tenía tiempo,

porque me notaba cada día más mermada.

Yo lloré mucho, pero lloré mucho una semana,

luego dije: "Ya se acabó, no se llora más".

Me enfadé mucho una semana.

Dije: "Ya no me enfado más".

Delante de nosotros siempre era fuerte,

siempre, y siempre sonriendo, y con buena cara.

Decidí seguir trabajando.

Tenía que hacer paradas de regreso a casa,

para poder recuperarme y coger aire.

Para llegar a casa e intentar que se me viese bien.

Yo quería seguir manteniendo el ritmo de vida

de la Raquel sana.

Hasta que yo entendí y acepté, que mi vida era

la de Raquel enferma, tuve esa lucha.

¿Cuándo lo entendí? El día que tuve que decidir

qué era mejor, si respirar u orinarme encima.

Ese día me di cuenta de que ya el límite estaba sobrepasado.

Es duro asumir la enfermedad que tienen.

Enfermedad progresiva, incurable,

que en poco tiempo va a limitar su vida.

De la noche a la mañana se encuentra con que le dicen casi que:

"Hoy tienes una gripe y mañana te tengo que trasplantar,

porque no tienes otra solución".

En el caso de Raquel, era claro que necesitaba

un trasplante de ambos pulmones, puesto que con uno solo

no era suficiente para poder sobrevivir.

Tenía miedo de que pudiese perderla para siempre,

pero también me asustaba

que no se pudiese valer por ella misma,

que no se encontrase como yo veía a mi madre antes.

La enfermedad te quita muchas facetas,

a mí me quitó el trabajo, me quitó mi faceta de madre,

no podía ir a buscar a mi hijo al colegio ni hacer cosas con él.

Mi enfermedad no es dolorosa,

solamente hay falta de aire,

que es peor que el dolor.

Cuando llegué al límite,

me di cuenta de lo horrible que es la falta de aire.

Llega un momento en que estoy completamente agotada,

y tengo que ir a urgencias,

al Hospital Puerta de Hierro, de Majadahonda.

La doctora Laporta, explica el proceso de trasplante,

y qué va a pasar.

El trasplante es complejo, pero es una opción

frente a una enfermedad que no hay nada que hacer.

Hay que plantearlo como una esperanza.

No me curaba, me daba años de vida.

Me explica las pruebas que van a hacerme,

para ver si soy apta.

Tienen que ver si mi corazón está bien,

el resto de mis órganos, y si mis condiciones físicas

son suficientemente buenas para soportar una operación así.

Que me dijesen que fuera apta,

a ver, te abre una puerta,

te alegras mucho,

pero por otro lado, te entra un miedo.

Pero me estaba dando una oportunidad,

y yo soy muy oportunista,

yo me agarro, veo una oportunidad y voy a por ella.

Dije: "Bueno, hay una oportunidad, vamos a por ella".

No hay ningún país del mundo en que el acceso al trasplante

sea tan extraordinario como en España.

(Teléfono)

Es un sistema público,

cualquier persona que resida en nuestro país tiene acceso,

de manera gratuita.

La Organización Nacional de Trasplantes tiene que garantizar

que cualquier persona que necesita un trasplante,

esté en lista de espera para poderle asignar un órgano,

atendiendo a un modelo mixto,

que tiene criterios geográficos, y criterios clínicos.

Lo más lógico es que vaya destinado

a pacientes que estén lo más próximos posibles

y que sean compatibles biológicamente.

Y luego hay una serie de criterios clínicos

que deciden qué pacientes son los que están más graves

en lista de espera.

Raquel ha entrado en la lista nacional de posibles receptores,

ahora tiene que esperar su turno,

y que surja un donante compatible.

Coordinación de Trasplantes hace un gran trabajo en los hospitales,

hacen de intermediarios en todo este proceso.

Y Coordinación de Trasplantes es quién te explica

qué es el estar en una lista de espera,

y qué te espera al estar allí.

Te pueden avisar en cualquier momento desde que firmas,

en el caso del pulmón tenemos que estar cerca del hospital.

Tienes que tener el teléfono 24 horas activo,

y es la espera.

Cuando llegué a casa después de firmar los papeles

de la lista de espera, ya me ponen oxígeno.

Hasta ese momento no había utilizado oxígeno.

Me ponen oxígeno 24 horas.

No podía reírme porque me ahogaba.

Estábamos en casa viendo un programa de televisión,

me empecé a reír, y me dio una crisis y me ahogaba.

Es duro, tener que quitar de tu cabeza

cosas que no te hagan reír, porque te estás asfixiando.

Empiezo a tener una demanda de oxígeno cada vez más alta,

y de repente en el salón de mi casa

empiezan a aparecer nodrizas de oxígeno líquido;

llego a tener hasta tres,

porque el caudal que necesito cada vez es más alto y gasto más.

Llega un momento que eso es insoportable tener en casa,

y me ingresan en el hospital a la espera del trasplante.

(DOCTORA) Raquel tuvo una evolución muy rápida.

Su deterioro fue acelerado.

Temimos por su vida, de forma realmente inminente,

y al poco tiempo hubo que priorizar a nivel nacional

para solicitar unos órganos de forma urgente.

A mí me dijeron que estaba priorizada

y que los primeros pulmones válidos eran para mí,

porque el tiempo, estaba ya muy justita.

Tuvimos que ponerla en urgencia,

es decir, el primer donante que hubiera a nivel nacional

iba a ser para Raquel.

La situación de urgencia cero es una situación de gravedad,

que va a decidir que algunos receptores

tengan prioridad sobre otros.

Podemos estar hablando de un tiempo medio

de unos siete días, como mucho,

para que encuentre un donante apropiado.

Estaba limitada, ya no podía hacer nada,

ya tenían que ayudarme para todo,

si me reía me asfixiaba,

si comía muy rápido también,

tenía que comer muy despacio.

Yo la recuerdo que ella se apagaba,

sus ojos se apagaban, se iban apagando, apangando.

Pero yo nunca fui consciente de que podían apagarse del todo.

Estuve dos meses y medio esperando que llegasen esos pulmones.

Esto es una carrera contra el reloj,

la evolución puede hacer que ya no seas un receptor adecuado

para el trasplante, eso es muy duro:

pensar que se te acaba la única oportunidad que tienes.

Solo hay dos maneras de salir:

o salimos trasplantados o sales muerta.

Yo hice hogar en esa planta.

Yo llevaba mi pijama,

unos pijamas monísimos siempre, muy yo, ¿no?

Me daba otra seguridad el verme con mi pijama,

con mi chal, con mis libros.

Allí charlábamos, contábamos intimidades,

veíamos la tele, series,

una habitación tan pequeña se hizo un hogar.

Fue como mi segundo hogar, mi casa,

porque pasaba ahí casi todo el tiempo.

Mi hijo, que era pequeñito en ese momento,

tenía ya diez años, y se ponía a hacer los deberes allí conmigo.

Alba igual, venía, me contaba, yo les contaba,

yo seguía siendo madre.

Yo notaba que iba empeorando día a día en el hospital,

pero cuando abríamos la puerta y: "Mami, soy yo".

Se le cambiaba la cara completamente,

y siempre tenía la sonrisa en la boca.

Es dura la espera de los pacientes en lista,

que no llegan esos órganos,

es duro ver cómo se van deteriorando,

y el no poder hacer más.

Somos muy cercanos a ellos, vamos a verles, sabemos cómo están.

No implicarse es lo difícil;

implicarse es muy fácil.

Sabía que estaba en el mejor sitio del mundo,

pero me podía morir en cualquier momento.

Entonces, todos los días, cuando mis hijos se iban,

no era un: "Mamá hasta mañana, mañana...".

No, era un: "Adiós mamá",

porque a lo mejor mamá al día siguiente ya no estaba.

Yo siempre esperaba que al día siguiente la iba a ver,

y que no iba a pasar nada malo.

Eran unas despedidas muy emocionantes,

de mucho beso, mucho abrazo.

Bueno, mi madre se está despidiendo de mí, sí, es duro,

pero se está despidiendo otro día más,

y eso me daba fuerza a seguir y continuar.

Y a la vez con miedo, porque yo decía:

"Es que quiero seguir abriendo esa puerta del hospital

y seguir encontrándomela ahí, en la cama".

Yo sabía que si yo me iba su vida iba a continuar,

pero con el sufrimiento de la pérdida de su madre.

Me dolía más eso, que la muerte misma.

Ángel era muy pequeño para pasar por eso, Alba también,

no quería, no tenía que ser, tenía que pelearlo.

Tenía que conseguirlo, por ellos.

Justo ese verano iba a ser mi cumpleaños,

y pregunté a mi madre:

¿Mamá, vas a venir a mi cumple?

Entonces ahí sí tengo que decirle a mi hijo que...

que no lo sé.

Que si no llegan los pulmones, no, porque me habré muerto,

y que si llegan, no sé qué va a pasar.

Me caí a llorar encima de ella, también vino mi hermana.

Uno de todos los momentos más duros

de todo este proceso, ha sido ese.

El tener que decirle a tu hijo

que te mueres,

y que él lo entienda,

es durísimo.

Nos echamos a llorar y nos emocionamos,

y nos abrazamos los tres.

Otra vez, vuelves a respirar, vuelves a coger aire,

y a seguir motivándote,

porque tu madre sigue aguantando, sigue al pie del cañón,

y tú tienes que dar el callo más que ella, por ti y por ella.

Fue un momento muy emotivo con ellos,

tenemos una foto que estamos los tres,

mi hijo está rojo de tanto que lloró,

pero bueno, él tenía que saber a lo que nos enfrentábamos.

Yo lo hice lo mejor que pude, y lo mejor que sabía.

Yo quería que mis hijos tuviesen un recuerdo de su madre real.

No podían ver una madre derrotada,

no podían ver una madre comida por la enfermedad.

Para mí fue un esfuerzo,

pero era un esfuerzo que merecía la pena, era por mis hijos.

Ellos estuvieron ahí como dos campeones.

Pero yo siempre les decía que iba a llegar.

Los receptores de un órgano, como Raquel,

dependen de la generosidad de los donantes y sus familias.

Un paciente que fallece en una Unidad de Cuidados Intensivos,

en muerte encefálica, el cerebro ha dejado de funcionar.

Se considera que está en muerte legal,

pasa a ser un potencial donante de órganos.

(Teléfono)

ONT.

Cuéntame, Nuria.

Cuando en un hospital, el coordinador de trasplantes

tiene un potencial donante, nos llama por teléfono,

aquí, a la ONT, para comunicárnoslo.

¿Únicamente es ese problema anatómico pero funcionalmente están bien?

Pues confirmo entonces y te digo algo, ¿vale?

Venga, hasta luego.

Una vez hecha la valoración de todos los órganos,

hacemos una correcta distribución de los mismos.

Determinamos a qué hospitales y a qué receptores

van a ir los órganos del potencial donante.

Llamamos por teléfono al coordinador de ese hospital,

y le comunicamos que tenemos un potencial donante,

y que ese órgano puede ser

para un receptor de la lista de espera.

Hola, soy Sara, de la ONT.

Sí, mira, buenas noticias,

te llamo para hacerte una oferta de unos pulmones.

Sí, ya me imagino, qué bien.

Sí, además está en urgencia cero,

que me imagino que estabais con el tiempo ya muy justo.

En coordinación se recibe una llamada, y nos dicen:

"Tenemos unos pulmones para vuestra urgencia cero".

Se trata de un varón,

y la causa de la muerte un traumatismo craneoencefálico.

La gasometría es muy buena, con CO2 al 100 %,

y tiene una PO2 de 520.

Nos dan todos los datos, y en función de esos datos,

esos pulmones, son válidos o no son válidos

para la persona que tenemos en urgencia.

Grupo A positivo, 85 kilos.

Es un chico grande, mide 1'90.

Para hacer la valoración pulmonar se utilizan las medidas:

la talla del receptor y las medidas de los pulmones.

La cavidad torácica tiene una capacidad

que no puede expandirse más,

es necesario buscar un tamaño de pulmón adecuado a cada receptor.

Yo la llamé por teléfono, porque le encantan los helados,

que si le podía llevar una tarrina.

Llevaba sin comer helado, ni se sabe.

Raquel.

En ese momento entra la doctora Laporta, Rosalía Laporta,

y me mira y me dice: "Raquel, tenemos donante de pulmones.

Deja el helado ahora mismo, no comas más".

¿Sí?

Nos abrazamos, ella estaba muy serena.

Todos estábamos muy nerviosos, pero con una ilusión.

Comenzaba una nueva vida, un nuevo camino,

y era lo que estábamos esperando todos.

Es el momento que estás esperando, pero cuando llega,

se desata todo.

Ángel lloraba: "¡Mamá, mamá!".

Alba se quedó que no sabía muy bien qué decir.

Yo era: "Uf, ha sonado la alarma".

Como si fuera una sirena de bomberos, igual.

El miedo, la incertidumbre, la alegría, todo mezclado.

Es una sensación complicada.

Ahí sí que me estaba despidiendo de verdad.

Sí, soy Sara de la ONT.

Para comunicarte que el equipo sale ya con el órgano.

Calcula 15 minutos por carretera hasta el aeropuerto,

lo que tarden en embarcar, y tiempo de vuelo 1 hora 15.

Perfecto, preparas tú la ambulancia allí para recogerles.

Muy bien, venga, gracias. Chao.

Se pone en marcha un mecanismo que depende de muchas piezas.

En cada trasplante, entran en juego más de 100 profesionales.

El tiempo empieza a contar

desde el momento que estamos en el hospital

donde se encuentra el donante.

Tenemos que extraer los pulmones en el hospital donante,

tenemos que trasportarlos, normalmente en avión,

tenemos que haber quitado ya los pulmones en el receptor,

y tenemos que implantarlos.

Todo eso no debe superar las seis, ocho horas.

Yo no sabía lo que iba a pasar,

entonces intenté, sobre todo, tranquilizarles.

Aunque por dentro yo estaba con más miedo que nada.

Pero esa podía ser la última imagen que tuviesen de su madre.

Le di muchos besos en el pecho,

yo no sabía si era una despedida

para volverla a ver dentro de equis días,

o era una despedida para siempre,

entonces tenía que ser lo más especial y cariñosa posible.

Nos dimos un abrazo, un achuchón,

yo conteniendo las lágrimas, claro, y la emoción,

y ya, pues se la llevaron al quirófano.

Yo creo que tenía una mezcla de alegría y de miedo.

De miedo ante lo que se le venía encima,

y de alegría porque le podía dar una calidad de vida

y una posibilidad de seguir viviendo con sus hijos.

Me asustaba el morirme, no me quería morir,

no quería, desde que empecé esto,

era como un mantra: "Que no me quiero morir".

Y me asustaba el despertar.

¿Me despertaré?

¿Y cómo me despertaré?

Todo lo que es trasplante de pulmones es una operación de riesgo,

y así se le explica al paciente.

Pero afortunadamente,

hay un porcentaje de éxito muy muy grande.

Viene una coordinadora de trasplantes,

Fátima Dávila, que nos acompaña hasta quirófano.

Somos su vínculo, su parte conocida,

para ese medio hostil que siempre es un quirófano.

Estás en la camilla y la coordinadora te agarra la mano,

te cuenta, te da mucha tranquilidad.

Le cogimos la mano, le dijimos: "Todo va a ir bien,

empieza una nueva vida,

vas a poder volver a disfrutar de Ángel, y de tu hija".

Recuerdo todo el trayecto del pasillo,

y mi cabeza, decía:

"Es verdad lo que sale en la películas".

Claro, el enfermo va en la cama mirando para el techo,

tu te vas fijando: tu, tu, tu, en el techo.

Mientras estuve enferma, a escondidas,

yo escribí unas cartas para cada uno de mis hijos,

y se las di, para que cuando me llevasen a quirófano

las tuviesen y las leyeran.

Que valían tanto si yo me moría, como si salía viva.

Tanto mi hermana como yo nos las leímos ya en casa,

y fui llorando directamente a mi hermana,

pues de todo lo que contaba la carta.

"Mi querida hija,

coge aire, respira despacio,

escucha todas las veces que te he dicho te quiero.

El amor todo lo puede, y con ese amor

quiero que te fortalezcas cuando te sientas asustada.

Estoy muy orgullosa de ti,

te has convertido en la mejor hija que podía desear.

Y ahora, cariño,

mándame un beso enorme, que yo te estoy enviando

la mejor de mis sonrisas. Te quiero, mamá".

"Soy la mamá más feliz del mundo,

porque tengo un hijo más especial que pueda tener.

Te quiero siempre, mamá".

La operación consiste

en quitar los pulmones malos y poner los buenos.

Pero no solo es eso, necesitamos tiempo,

para hacer lo que llamamos hemostasia, es decir,

que coagule bien la sangre,

que no haya pérdidas de aire por ningún sitio,

ponerle los tubos de drenaje que van a llevar después y cerrar.

En este caso fue una operación complicada.

Siempre intentamos traer pulmones parecidos,

pero no siempre es posible,

y en el caso de Raquel no fue posible.

Por lo tanto teníamos que adaptar esos pulmones más grandes, a Raquel.

Desde que abrimos su tórax,

hasta que lo cerramos, pasaron 12 o 13 horas.

El paciente sale luego en una Unidad de Cuidados Intensivos,

y la recuperación en estas unidades,

viene a ser dos, tres, cinco días como máximo.

El postoperatorio de Raquel fue turbulento,

por problemas que tuvo que se le agravaron,

y eso alargó durante meses

su estancia en los Cuidados Intensivos.

Fue un postoperatorio complicado,

como no suele ser habitualmente.

Yo despierto,

veo que estoy paralizada de cuello para abajo,

no puedo moverme, estoy conectada a un respirador.

Tuve un ataque de pánico sin poder gritar,

sin poder moverme, sin poder hacer nada,

solo en la cabeza, fue un momento angustioso.

Precisó lo que llamamos un respirador,

o ventilación mecánica o ventilación artificial,

durante tiempo. Y probablemente,

eso es lo que ella recuerda con más angustia.

Después de la operación fueron una complicación tras otra,

y complicaciones muy graves.

Estuve muchas veces a punto de morir.

(Pitidos)

Estaba rodeada de máquinas, pitidos que no conocía.

Recuerdo una vez que se me desconectó el respirador,

y empezó a pitar aquello: pi,pi,pi,pi.

(Pitidos)

Y de repente para y dije yo: "Claro, ya me he muerto".

Cuando volví a ver a mi madre después de la operación,

me asusté porque la vi llena de tubos, dormida.

Pero me sentía bien porque la podía tocar,

la podía coger la mano.

Estuve mucho tiempo entrando y saliendo del coma,

mi cabeza estaba funcionando,

y estaba con una sensación de estar metida en un mar de gelatina,

que no me permitía salir a la superficie,

donde los sonidos estaban distorsionados,

y a mí me asustaban muchas cosas.

Noventa y nueve días en la UCI es infernal.

Todo los días que llegaba, me colocaba a su oído,

y le contaba todo, como si ella me estuviera mirando,

escuchando, agarrándome la mano, sonriéndome.

Yo tenía la sensación de que si hacía eso,

se iba a poner mejor.

Mi hija iba todos los días, por la mañana y por la tarde.

Me daba masajes con crema, me ha cuidado mucho mi hija.

Habían pasado tres meses, mi hijo no me había visto,

yo a él tampoco.

Le prometieron que le iba a llamar el día de su cumpleaños.

Pero el día de su cumpleaños entré en coma.

Y él se pasó todo el día diciendo: "Mi mamá me va a llamar.

¿Va a llamar mamá?".

Pero mamá no podía llamar, claro.

Mamá le llamó un mes después, que ya pude hablar,

lo primero que le dije fue un: "Hola, cariño".

Me caí al suelo llorando,

yo sin poder seguir hablando, mi madre diciéndome cosas.

Estaba en shock, porque pensaba que mi madre había muerto,

y que me lo habían ocultado durante todo este tiempo.

Para mí el que mi hijo me escuchase fue tan importante,

eso dio pie a que luego le pudiese ver.

La primera vez que pude ver a mi madre,

yo de primeras estaba como asustado,

en plan de qué me voy a encontrar detrás de estas puertas.

Lo primero que hago es tirarme encima de ella,

para poderla abrazar, besarla, y ver que era real.

Entonces él me besaba, pero besaba el papel,

me decía: "Te estoy dando besos de papel".

Qué bonitos son los besos de papel.

A mí me parecían maravillosos, me dio tantos.

Ese momento,

ese momento hizo que...

que de verdad la vida volviese.

Ángel me trajo otra vez la vida.

Cogimos aire nuevo y decir:

"Venga, queda otro trocito, pero ya este trocito es más fácil".

Cuando volví a ver a Raquel consciente,

lo único que hicimos fue agarrarnos de las manos,

me apretaba superfuerte, apretaba y dije:

"Ya está, ya estás aquí otra vez".

Yo me iba agarrando a todo eso,

para volver a la vida, a la vida real,

a la vida cotidiana.

Cuando conocí a Raquel la primera vez,

no podía mover las piernas, no podía ponerse de pie,

y solo podía mover la cabeza y expresarse con gestos, con la cara.

Y además estaba muy decaída también.

Él sacó a Raquel otra vez;

no era la enferma, no era la paciente,

sino él sacó a Raquel.

Me dio confianza, confió en mí.

Una persona que no me conocía de nada, confió en mí.

Raquel me puso las cosas muy fáciles.

Hay pacientes que tiran la toalla enseguida,

que se enfadan porque están enfermos y porque no ven avanzar,

Raquel fue siempre una persona muy luchadora,

que tenía muy claras las cosas,

que colaboraba muchísimo con nosotros.

Yo por estar tanto tiempo en la UCI, tanto tiempo sin poder moverme,

me quedó una lesión en la pierna izquierda,

de rodilla para abajo estaba muerta, no la sentía.

El ponerme de pie no era posible,

y yo quería ponerme de pie.

Y bueno, con Nacho lo hice.

Se alinearon los astros para que todo pudiera ir bien,

y decidimos ponerla de pie ese día, intentar que diera

unos pasitos hasta el sillón.

Me puso mis brazos en su cuello.

Yo la agarraba a ella por debajo de los suyos.

Le dijimos: "Vamos a bailar para levantarnos al sillón".

Eso fue bailar un vals,

una polka, todo junto. Para mí fue un baile.

Y lo consiguió.

Para mí sonó música, ¿eh?

Raquel ha sido una de las mejores pacientes que he tenido.

Siempre lo digo.

No la recuerdo nunca enfadada,

no la recuerdo nunca no colaborando.

Una de las mejores.

Cuando estoy en la UCI, que ya estoy mejor,

me dicen: "Te vamos a llevar a planta".

¡Uy! Llevarme a planta.

Todo el mundo planea: "Yo quiero ir a Bangkok, yo a tal".

"Yo me quiero ir a planta".

Que eran, no sé cuántos metros serán, serán 30 metros.

Ese fue el viaje más maravilloso de mi vida.

El hecho de salir de la UCI era un camino hacia la libertad,

hacia poder estar más tiempo con su familia.

Respiraba con sensación de triunfo.

Cuando llego a la habitación,

empiezo a hacer la fisioterapia respiratoria

y allí conozco a mi querido fisioterapeuta

Jesús Montilla.

La conocí en ese momento, cuando bajó a rehabilitación,

pesaría unos treinta y tantos kilos.

Estaba en unas circunstancias

muy, muy, muy precarias, muy límites.

Si tenemos que reeducar un pulmón,

pues tenemos que enseñar a respirar.

Un señor estupendo, pero que en un primer momento,

si hubiese podido acogotarle, le hubiera acogotado.

Yo llegaba cansada, agotada, de la pelea en la UCI,

llegaba con una pierna que no podía mover

y con mucho dolor.

Y este señor, me pone en la cinta,

y no daba dos pasos y me sentaba.

Me dice: "Uy, qué blandita, tú eres muy blandita".

Y yo me cogí un cabreo, yo me enfadé, decía:

"¿Blandita yo, con todo lo que he pasado?

¿Me dice a mí este que yo soy blandita?

Este se va a enterar".

Ese chispazo del momento, es lo que creo que hizo

que a mí me dio ese coraje,

y él como gran profesional que es, lo utilizó.

Yo le picaba.

"¿Que yo no soy capaz de aprender esto? Te vas a enterar".

Y ella reaccionaba haciendo lo que yo quería que hiciera.

Yo estoy caminando gracias a él.

Me hizo mucho más que andar, me hizo creer en mí otra vez.

Si podía volver a caminar, podía volver a hacer muchas cosas.

Raquel tenía mucho amor propio y ganas de ponerse bien,

y eso a nosotros, nos facilita mucho el trabajo.

Es una chica delicada, fina, delgada,

pero espiritualmente,

y anímicamente, es fortísima.

La recuperación de Raquel fue un derroche de voluntad,

no solo aprendió a caminar de nuevo,

sino que también tuvo que recuperar una función básica,

que ni siquiera somos conscientes de llevar a cabo: respirar.

Raquel está viva de milagro,

y ha pasado por situaciones muy límite,

que posiblemente una persona con menos ganas

de pelear y de vivir, se la hubiera llevado por delante.

Es que ella quería quedarse.

Y se quedó.

A mí me han trasplantado los dos pulmones,

nos hemos hecho amigos

porque al abrirnos el pecho en la misma habitación,

nos han llenado del mismo aire.

Es una luchadora nata, que no mira para atrás,

que siempre mira para adelante.

(Teléfono)

Cuando nos llama el coordinador de trasplantes,

nos dice que se ha trasplantado, que ha ido bien, es muy emocionante.

Sientes que ha sido muy duro y ha merecido muchísimo la pena.

Cuando me dicen que me dan el alta,

es como: "¿Y voy a salir a la calle?

Llevo encerrada en cuatro paredes ocho meses,

y voy a salir a la calle".

Y recuerdo que al montar en el coche,

se me levantó un poquito la blusa,

y me dio el sol en el brazo, y me quemó.

Una sensación tan extraña,

hacía tanto tiempo que yo no sentía eso.

Y bueno, una felicidad enorme,

salir del hospital fue una gran, gran felicidad.

Para mí fue una alegría, el poderla volver a ver aquí en casa,

volver a estar como antes.

Llegué a casa y mi hijo me había puesto una pancarta

de "bienvenida mamá".

Tan contento, estaba su madre en casa.

El volver a sentirla, volver a olerla,

eso fue para mí,

el mejor regalo.

Lo que pasa, que cuando llegas a tu casa,

vuelves a ver la realidad.

Cuando me vi desnuda en el espejo,

miré y dije: "Esta no sé quién es, pero no soy yo.

No me gusta lo que estoy viendo".

Esa mujer sin pelo, llena de cicatrices.

"No, no, esa no soy yo".

Tuve que aceptar esa imagen.

A mí la vida de repente me adelantó no sé cuantas casillas.

Cuando regresé, regresé siendo pensionista,

jubilada, menopáusica.

No podía conducir, no podía hacer nada,

bueno, ¿qué más?

Las dos, tres primeras semanas fueron muy complicadas,

porque yo no tenía fuerza.

Del salón al cuarto de baño yo me caía.

Gracias a la rehabilitación conseguí empezar a caminar,

con ayuda de un bastón.

Hasta que ya retiré también el bastón.

Y de repente, podía respirar y caminar,

respirar y hablar, respirar y reírme.

Hacer las cosas cotidianas respirando

con mis nuevos pulmones.

Es que llega un momento en que puedes hacer planes

para los siguientes cumpleaños.

El poder soplar las velas todos, el reírnos, el pasarlo juntos.

Y luego, claro, el de Ángel fue un cumpleaños especial.

El anterior no había estado su madre,

en ese que ya estaba, fue un cumpleaños muy bonito.

Y cada libertad que yo recuperaba era una fiesta,

el irme de compras, eran pequeñas fiestas, que yo hacía,

pues eso, agradeciendo el poder respirar.

Si es que la vida, es cada día,

cada momento, cada segundo.

Disfrutar esto, cada experiencia.

Cuando empecé a caminar con el bastón y una soltura media,

dije: "Ahora voy a hacer prácticas con la furgoneta".

Me bajaba a la cochera, me montaba, y apretar el embrague.

Me dolía mucho, pero podía aguantar.

Sobre el mes de junio, hacía buen tiempo, lo recuerdo,

dije: "Yo puedo con la furgoneta, me la llevo para casa".

Entrar en la carretera, con mi furgoneta, conduciendo.

Yo iba llorando, a mí se me saltaban las lágrimas.

Ese momento, fue un momento de liberación;

soy libre.

Lo había conseguido.

Había vuelto.

Estaba ya otra vez, ya era Raquel,

Raquel ya estaba completa.

Soy una gran lectora, y siempre he escrito,

volví a retomar la escritura.

Empecé con poesía, escribía pequeñas poesías

hablando de mi búsqueda del viento y del aire.

"Bailo con el poniente,

el mundo se para durante un instante,

¿a dónde van los vientos cuándo no soplan?".

Escribí una obra de teatro, "Desde la habitación 008".

La hemos representado en el Hospital Puerta de Hierro,

y mis médicos, y mis enfermeras, y mis enfermeros,

fueron a verme al estreno.

Ver la obra de Raquel me emocionó muchísimo.

Creo que ha sido el mejor regalo que me han hecho como enfermero.

Es fantástico que te reconozcan tu trabajo,

que te lo reconozcan con cariño.

Me di cuenta de muchas cosas que desde el plano médico

no había percibido.

Estaba en primera fila,

me pareció excepcional.

Tengo miedo, porque si no tuviese miedo es que no me gusta la vida.

Yo lo veo así de sencillo.

¿Cómo supero el miedo? Viviendo.

Ha sido una de las pocas veces que he llorado.

Después de pasar por todo este proceso,

decidí montar una asociación, porque veía que era necesaria.

Ella me ha dicho: "Tenemos que hacer algo".

Y creamos Pulmón Madrid.

Si puedes ayudar a una persona que está perdida en ese momento,

que no sabe qué hacer, o que tiene los miedos que yo tenía,

bueno, pues bienvenido sea.

El compromiso de devolver algo de lo que a mí me habían hecho,

que era darme la vida.

A mi donante le diría que estoy aquí,

un poquito más de tiempo,

en este camino que es la vida, gracias a él.

Sin donación no podríamos dar vida y calidad de vida,

a personas que tienen una oportunidad.

Yo estoy sorprendido

de cómo se comportan las familias

en esos momentos tan tremendos,

y que en el 85 % de las veces, dicen sin pensarlo que sí,

que puede ser donante.

Pienso en la generosidad de él, de su familia,

y de todo el sistema sanitario.

Les estaré eternamente agradecida,

porque gracias a eso,

pues mi madre...

mi madre sigue aquí.

Yo llevo seis años de regalo,

cada día para mí es un regalo.

Yo lo primero que voy a hacer

es ya al cumplir los 18, es hacerme el carnet de donante, directo.

No solo salvamos la vida de una persona,

sino que salvamos una familia entera.

La de Raquel es una historia de lucha,

amor por la vida, y fortaleza ante la adversidad.

Pero también es un ejemplo vivo de nuestro sistema de trasplantes,

de la Organización Nacional de Trasplantes,

y de una sociedad solidaria,

que sigue superándose día tras día.

Yo no cambiaría ni uno solo de mis días,

ni los más duros que he pasado,

porque también me han llevado a tener días muy alegres.

Estoy orgullosa de mí.

He pasado por una prueba muy dura, lo he conseguido y he ganado,

claro que estoy orgullosa.

Me gustaría tenerla a mi lado, como amiga muchísimos años.

Le pediría que siguiera a mi lado, claro,

que respirara siempre, mucho, mucho.

Que cada día vaya mejorando y pasemos mejores momentos,

el uno al lado del otro.

Y que siga ayudando a los demás como lo está haciendo.

Le deseo lo mejor,

lo mejor, se lo merece.

La respiración es un don.

Respirar en donde sea es maravilloso.

Hubo momentos que se creyó

que el pulmón no se podía trasplantar.

Ahora, en España, que se hayan hecho 4500 trasplantes de pulmón,

de verdad que es un éxito.

Yo estaba en el mejor país del mundo,

en el mejor hospital del mundo,

con los mejores profesionales.

Es que he tenido mucha suerte, he estado en lo mejor de lo mejor.

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El viaje de un órgano - Raquel

21 ene 2019

Raquel tenía 41 años cuando conoció una noticia que lo cambiaría todo: padecía una fibrosis pulmonar y debía recibir un trasplante antes de 12 meses. Este capítulo se centra en el caso de una mujer independiente y con dos hijos, Alba (19 años) y Ángel (9 años), que vio cómo la enfermedad la consumía hasta que su vida pendió de un hilo.

Raquel narra cómo vivió la espera del órgano y la tensión vivida, que se convirtió en máxima urgencia cuando cumplió su fecha límite y paso a ser una 'paciente cero', como se denomina a los posibles receptores que deben ser trasplantados inmediatamente porque corren el riesgo de fallecer en cualquier momento.

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  1. Ángela Lemiña Dacosta

    Me encantó escuchar tu testimonio!!! Me sentí muy identificada contigo. Tengo 36 años y en mayo hace cuatro años de mi trasplante bipulmonar. Tu historia me hizo llorar, por todo lo que has luchado. No fue nada fácil pero aquí estamos viviendo esta segunda oportunidad que nos han dado!!! Quiero dar las gracias a todos los donantes de órganos, tejidos y sangre y a sus familia porque sin ellos nada de esto sería posible!! Y a todos los servicios médicos y a todas las personas que forman parte de ello!!! Gracias a TODOS!!!#regalavida#haztedonante#¿¿

    07 mar 2019
  2. Mireya

    Maravillosos testimonios de lucha,fortaleza,superación,solidaridad,y en definitiva AMOR!!!! Debería emitirse en horarios de mayor audiencia porque son una enseñanza para todos los públicos. Enhorabuena a todos los que hacéis este trabajo y por supuesto a los protagonistas de estas historias de vida

    23 feb 2019
  3. Begoña Puertos

    Raquel grande!!!! Y tus hijos? Se puede desprender más amor a pesar de lo jóvenes que son? Y tú luchadora, ya sé cómo madre que soy que por ellos. Ejemplo a seguir. Enhorabuena a todos los que hacéis posible este programa. Hay que darle una mayor difusión, contribuyen a conseguir un mundo mejor. Qué buen sabor de boca!!!!!

    29 ene 2019
  4. Diana

    Me encanta!! Las historias bque acaban felices! Gracias por este programa soy trasplantada renal ..la vida es un regalo maravilloso pero los donantes by los equipos de trasplante son PERSONAS MARAVILLOSAS SIN ELLOS NADA ES POSIBLE!! ETERNAMENTE AGRADECIDA

    22 ene 2019
  5. Julian

    Gran reportaje enhorabuena a TVE Yo soy también transplantado renal en la actualidad Levi tres y doy gracias a esas personas que me Ab dado la vida

    22 ene 2019