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No recomendado para menores de 7 años El viaje de un órgano - Begoña - ver ahora
Transcripción completa

(LOCUTORA) España es líder mundial en trasplante de órganos

y donaciones desde hace 27 años.

Hacemos más de 5000 trasplantes al año,

14 diarios de media,

y todo es posible gracias a la generosidad

de más de 2000 donantes.

El trasplante de corazón

ha salvado la vida de 8000 personas,

pero es tan solo un capítulo de esta historia,

la historia de un milagro hecho realidad.

El día que ya me dijeron

que la "mixture-solución" es un trasplante,

para mí fue un motivo de alegría.

Podemos ser felices en situaciones límites.

Me llamo Begoña, tengo 48 años y llevo 6 meses trasplantada.

¿De? Del corazón.

(Sintonía del programa)

Lo último que oí fue: "Mamá, mamá, mamá, ¿qué te pasa?".

y boom, y me desplomé.

Ya había tenido un mareo un poco complejo.

Ahí sí que está en la línea entre la vida y la muerte, total.

¡Mamá!

Creo que pensó que moría.

Tenía como un nudo en la garganta que no me dejaba respirar.

Entrabas en la habitación y digo: "¡Me trasplantan!".

O sea, ¡una fiesta!

Es la peor noticia que nos han dado.

(HOMBRE) Todo lo hacía con ese espíritu que tiene ella

tan entusiasta.

Me daba una esperanza de vida

digna y con muy buen pronóstico.

Vivo en Valencia y estoy casada,

tengo tres niñas

y yo antes era juez sustituta.

-A mi madre la definiría como una persona muy alegre,

muy positiva y sobre todo, generosa

porque, a pesar de todo lo que ha vivido,

siempre ha querido que lo veamos como que no es para tanto.

-Mi madre es una persona fuerte,

con mucha vitalidad,

es muy optimista...

Pues sí, es una madre diferente.

Y, en parte, un tanto original.

Un terremoto desde que nació.

Desde que nació,

ha sido una niña muy viva,

muy extrovertida.

Desde siempre, es tan positiva,

te da tantos ánimos...

Divertida, leal,

dura. -Muy valiente.

Tiene 48 años y ha afrontado todos los problemas

con alegría y sin preocuparnos.

Ejemplo a seguir por todo el mundo.

La que tenía el corazón más grande.

Encantadora, encantadora.

Empecé con unas migrañas que se prolongaban en el tiempo

y llegó un momento que yo siempre pensaba

que esto no tiene que ser un mal de morir

porque llevo 20 años con esto y no puede llevar a nada malo.

-Lo descubrieron buscándole

una interpretación a las jaquecas

y tratando de poner un tratamiento para calmar

las jaquecas.

A los 43,

un día me coge esa misma migraña bastante fuerte,

me puse a vomitar y como yo ya estaba hablando

con neurólogos por si acaso,

le llamo por teléfono y justo estaba de guardia

y me dijo: "Ven y te veo."

-"Begoña, para empezar, te haré un electro."

-Antes de medicarla. -Antes de verla...

Bueno, por auscultar... -"Hagamos un electro."

-Un electro.

Y ahí fue.

Ahí empezó todo.

Cuando me hacen el electro,

la enfermera que me estaba atendiendo empieza:

"¿Con quién has venido?

¿No te oprime el pecho? ¿Qué te pasa, qué te pasa?".

Y yo: "No te preocupes, no pasa nada.

Esto me ha repetido muchísimas veces,

no te preocupes, llevo 20 años con esto."

"Esto es muy extraño, mucho."

La enfermera que hacía el electro

llega allí, estaba yo en su despacho y dice:

"El electro no lo entiendo."

Dice: "Es que no sé si el aparato va mal."

Bueno, a mí me puso, imagínese.

Inmediatamente llamó al cardiólogo.

Esa noche ya se quedó allí.

Al electro lo llaman "terrorífico", ¿vale?

-Era un electro claramente anormal.

Dejó boquiabiertos a todos los cardiólogos

cuando fue de mano en mano.

Con los estudios de imagen,

comprobamos que el ventrículo derecho de Begoña era más grande

y funcionaba peor, no contraía con suficiente fuerza.

-El ventrículo derecho, en vez de contraerse con normalidad,

que es lo que hace todo el corazón cuando va bien,

va contrayéndose menos

y llega un momento que queda sin contraerse.

Entonces, claro, si no mueves la sangre con facilidad,

se acumula.

Me dijeron que si podía repetir el electro

y vuelve a salir mal.

-Esto nos llevó al diagnóstico de miocardiopatía arritmogénica

con afectación fundamental del ventrículo derecho.

-El corazón, con esa mala función

y ese déficit de contracción, produce arritmias.

Estas arritmias muchas veces son malignas, son peligrosas,

arritmias rapidísimas que pueden hacer

que todo el corazón se pare súbitamente

y se produce la muerte súbita.

-Cuando diagnosticas a un paciente con una de estas enfermedades,

con cierta frecuencia sale de la consulta pensando,

efectivamente, que tiene una espada de Damocles

puesta encima de la cabeza.

Tenía esa espada de Damocles detrás, ¿vale?,

esperando a que llegase en cualquier momento:

"Puede que te mueras súbitamente,

y además se da por la noche, o puede que nunca te pase."

Pero yo me quedé con que..., que por qué me tiene que pasar,

igual nunca me pasa.

Pienso que me voy a despertar y que ha sido un mal sueño, ¿no?

Mi madre cuenta que mi padre no dormía en toda la noche

porque su primer diagnóstico

fue terrible, o sea que se moriría de muerte súbita.

Se pasó tres meses sin dormir, sí.

Dormir con ella era superdesagradable

porque estabas todo el rato mirando si respiraba.

Por ejemplo, cuando se echaba una siesta en el sofá,

estaba pendiente a ver si estaba respirando,

o sea, era un agobio.

Tenía miedo, pero más bien agobio de que le pudiera pasar.

Sí que es verdad que me despertaba y decía: "Huy, vivo."

Sí, además cada vez decía: "¿Ves? Vivo."

-Sigue estando encima de la mesa la posibilidad

de que esto sea una enfermedad genética de corazón, evidentemente,

pero esto sucede hasta en un 50 % de los pacientes.

Cuando me dicen que tiene una carga genética importante,

pensaba en mis hijas porque, evidentemente,

ellas lo iban a sufrir

y, sobre todo, que a lo mejor yo no estaba

para estar con ellas si llegaba el momento.

(HABLAN A LA VEZ JUGANDO)

-Cuando existe una enfermedad genética del corazón

hay una indicación de ver no solo a esas personas,

sino también a sus familiares de primer grado.

Los hermanos, los padres

y las hijas de Begoña vinieron a la consulta.

Las miraba y quería que pasase el tiempo,

por favor,

que crezcan, ¿sabes?, y que yo lo vea.

Es la única época que he pasado realmente

una situación de ansiedad.

Ni los padres ni los hermanos ni las hijas de Begoña

tienen ninguna enfermedad del corazón a fecha de hoy.

Pues fue el momento en el que ya me tranquilicé

porque, si era así, no había carga genética

y ya soy yo sola la que va a sufrir esto.

Me hicieron el tratamiento,

que fue dar unos corticoides

y poner oxígeno 16 horas diarias.

-Begoña tenía, antes del trasplante,

una disnea muy importante.

La disnea es la sensación que tienen los pacientes

de falta de aire.

El oxígeno en la sangre está disminuido

y hay que poner oxígeno por la nariz con unas gafas nasales.

-Observaba cómo la enfermedad iba

minándola un poquito,

pero nadie, nadie se daba cuenta de ello.

En el momento en el que me ponen oxígeno

es cuando ya se empieza a visualizar la enfermedad,

entonces mis hijas ahí es cuando se percataron de la enfermedad.

Verla con la mochila de oxígeno y con el oxígeno todo el día

era muy duro porque yo...,

o sea, eso lo asociaba a gente superenferma.

Veían que su madre no podía subir las escaleras,

no podía hacer la cama...

Claro, tenía fatigas a pequeños esfuerzos,

es estar parada y estar ahogándome.

-Solo con levantar la pierna

para subirse a la escalera se ahogaba

y entonces ponerse a llorar.

Eso me impactaba mucho porque es verla llena de impotencia.

Esa época fue dura dura.

Para mí, lo más difícil de todo esto ha sido

imaginarme que algún día nos faltará mi madre.

(Música de piano)

(Graznidos de gaviotas)

-Ella me pareció, cuando le pregunté,

que hacía una vida bastante buena.

Yo no paré, me las iba ingeniando en cada momento

para: "¿No puedo andar? Pues no ando.

Como no ando, pues voy en taxis,

voy en coche, voy en autobús,

si tengo que ir de parada a parada,

¿vale?, pero no voy a parar."

Ahora, yo siempre con tacones, ¿eh?

Como no podía andar mucho, siempre con tacones.

Todo lo hacía con ese espíritu que tiene ella tan entusiasta.

Quería vivir, disfrutar y con mis limitaciones.

La veían tan bien y de repente con el oxígeno y la gente decía:

"Le pasa algo grave."

Pero yo salía todos los días, ¿eh?

Que ella diga: "Estoy mal, no quiero salir."

eso pasaba pocas veces,

o sea, mi madre siempre intentaba estar lo mejor posible.

Me cogía mi mochilita,

después de comer me ponía las dos horitas de mi oxígeno

y si tenía que ir a por las niñas al colegio, yo iba.

Ahí sí que ya no podía trabajar,

estaba incapacitada para cualquier actividad.

Entonces ya dije: "Bueno,

lo que siempre había querido, que era dedicarme a mi familia

mientras eran pequeñas y no autónomas,

pero tenía que trabajar, no lo iba a dejar,

pues ahora lo puedo hacer."

Digo: "Mira, me ha puesto la vida ahí, pues mira,

dedicarme a ellas, vivir con ellas al máximo."

Yo les decía que no pasaba nada, que esto iba a ser temporal,

lo que pasa es que ahora tenemos que vivir así.

Claro, ellas me veían bien y la preocupación era...

"Si mamá nos dice que está bien, ¿por qué no trabaja?".

Porque sabían que mi trabajo me apasionaba.

Nos decía que era porque estaba malita,

pero que volvería a trabajar, que era un tiempo de descanso,

pero nosotras no lo entendíamos y eso nunca nos lo hemos creído.

Si está bien, ¿por qué no puede trabajar o hacer otras cosas?

Me tratan como a una niña pequeña y no quieren contarme qué pasa.

Creo que para mí fue más fácil de asimilar

porque para quien peor fue, fue para Begoña

porque ella era más mayor y alguna explicación más le darían.

-Me lo tomé muy mal al principio,

no me lo quería creer,

no quería escuchar lo que me contaba

y lloraba y lloraba.

-Entiendo que entre las tres hermanas,

que son muy hermanas, se llevan muy bien, entre ellas lo hablarían

y se apoyarían las unas a las otras.

Era una preocupación total y absoluta

y es verdad que muchas veces me decían que si les engañaba.

-He tenido bastantes noches muy duras,

que tampoco sabía si algún día iba a poder estar bien o no,

y también ver a mis hermanas mal por las noches también me afectaba.

Creo que ellas sí que se angustiaron y lo vivieron

porque creo que sí que pensaban, a lo mejor,

que el desenlace no iba a ser tan...

tan maravilloso como ha sido.

Sentía que quería estar todo el rato con ella,

dejé el ballet porque decía: "A ver si le pasa algo y yo no...",

es algo que a mí me gustaba de verdad,

pero lo tenía muy claro,

si tenía que sacrificar cualquier cosa, pues...

Hizo que estuviera como más rebelde,

bajé un poco en las notas,

solo me importaba eso, es decir,

me daba igual suspender alguna asignatura

o enfadarme con alguna amiga

porque que mi madre estuviera bien era mi única prioridad.

Yo me estaba empeorando poco a poco, pero muy poco a poco.

Justo ahí había tenido ya un mareo

un poco complejo, un poquito más largo,

ya con mucha inestabilidad.

Estaba comprando y le dije a la chica

que estaba atendiéndome:

"Si ves que me desplomo, por favor, deben llevarme a La Fe,

te lo pido por favor,

porque tengo un problema muy importante de corazón...".

Pero, como remitió,

no le hice mucho caso.

Entonces llegué a la visita rutinaria, lo comenté,

entonces ella me dijo que no le gustaba nada el mareo

y yo le dije: "A mí tampoco.",

¿sabes?, porque yo intentaba quitarle hierro:

"A ver si son las cervicales...",

y me dijo: "Begoña, no me ha gustado nada el mareo.

Te voy a poner un desfibrilador."

Ahí sí que ya me doy cuenta que estoy empeorando,

ya no estoy estable, ya avanza la enfermedad

y que ya se está poniendo la cosa un poquito más peligrosa.

Begoña llega al desfibrilador

cuando su corazón se contrae muy poco, bombea poca sangre

y estos corazones tienen tendencia a hacer arritmias,

que pueden desencadenar en un paro cardiaco.

La única forma de prevenir esto es que, en ese momento,

se te dé un poco de electricidad

para que vuelva a activarse el corazón

y esto hace el desfibrilador.

"La gente vive con un desfibrilador,

es tu garantía de vida,

quiere decir que estás mucho más segura,

que si pasa cualquier cosa, él va a activarse...",

con lo cual, es una solución a la situación que yo vivía.

El desfibrilador lo único que hacía era aguantarla,

ellos nos explicaron que era como un ángel de la guarda

que la mantenía o aguantaba, entonces, claro,

que tu madre esté con un aparato en el corazón que la aguante,

que la impida morirse,

pues eso no hay por dónde cogerlo ni hay nada de positivo en eso.

Sí que ya empiezo a darme cuenta que ya vamos capa caída, ¿no?

O sea, que... (RÍE)

Creo que sí me hice más fuerte

porque iba asumiendo que mientras estuviese aquí,

pues que intentaría ser, en la vida, lo más feliz posible.

-El aspecto de Begoña siempre ha sido un aspecto saludable,

no veías la cicatriz con el desfibrilador,

con la ropa y tal, tampoco podías pensar,

la veías una persona activa, con muchas ganas de vivir

y con un aspecto saludable.

Ha transcurrido medio siglo desde que se hizo

el primer trasplante de corazón en España.

En este tiempo se ha convertido en una práctica habitual,

aunque no por eso deja de parecernos tan milagrosa.

El trasplante era la única solución para Begoña,

esa parte de corazón, el ventrículo derecho,

funcionaba muy mal, si una contractilidad normal

se considera por encima de un 50 %, podía tener un 15 %

o incluso menos.

La noticia del trasplante y su repercusión

en su vida...

fue sencilla y fácil

porque ella así nos lo hizo ver desde el principio.

Begoña es una persona que realmente impacta.

Es sorprendente, ¿no?, una persona con esa vitalidad,

a pesar de que sabíamos que tenía un corazón

que fallaba y que le daba un pronóstico muy malo.

-Los cardiólogos que nos dedicamos al trasplante

siempre nos asusta un poco el momento que le decimos

al paciente que necesita un trasplante.

No sabes cómo van a reaccionar, todos se asustan.

"Si te hago apretar un botón y vuelves a la vida de antes,

¿lo apretarías?". Digo: "¡Ahora mismo, claro!".

Y me dijeron: "Venga, Begoña, venga,

ven que vamos a firmar los papeles."

"Begoña, hay que firmar, es preciso ya el trasplante,

cuando tengamos un corazón, hay que trasplantar."

Lo mejor que le ha podido pasar.

Es la alegría más grande que podáis tener

porque lo otro todo son parches y esto es la solución.

Y ya estábamos preparados.

Y lo que queríamos es que fuese,

cuanto más rápido, mejor.

Yo, personalmente, no tuve miedo.

Con el hospital La Fe y sus grandes profesionales,

nos trasmitían seguridad, confianza

a lo largo de todo el proceso.

Respiro hondo, es verdad que te viene a la cabeza que te queda,

a lo mejor, un poco de tiempo de vida,

pero bueno, te queda la esperanza de que hay muchos

que salen muy bien y que, claro, vas a vivir.

Sabíamos que por ella no iba a quedar,

que si tenía que ir bien, iba a poner todo de su parte.

Yo lo cogí con ilusión y con alegría,

con esperanza y con muchísima felicidad.

Sentimos mucha satisfacción de ver que ella se podía salvar

y volvía a nacer.

Me ingresan ya para hacerme el estudio para el trasplante,

tanto para ver si estás en condiciones de trasplantar

o hay algún impedimento.

Con las niñas,

entendía que era necesario estar hablando de esto, ¿no?

Sí que nos comentaron que había que ser claros,

evidentemente con toda la positividad

que yo lo estaba viviendo,

o sea, que va a salir bien, va a salir bien, va a salir bien.

No puedes pensar otra cosa, porque si piensas otra cosa...

Lo de las niñas fue hasta divertido y dramático a la vez

porque yo decidí que no iba a hacer un drama diciéndolo.

"Tengo una noticia maravillosa que daros."

Dijo: "Tenemos una solución."

"Huy, os voy a contar algo interesantísimo,

pero es una superbuena noticia, uf,

ideal, lo mejor que nos puede pasar."

"Mamá, ¿qué es?" Digo: "Ya verás."

"¡Me trasplantan!

O sea, ¡una fiesta, de verdad, nenas!"

Lo primero que se me pasa por la cabeza

es la peor noticia que nos han dado.

"Esto es lo mejor que nos puede haber pasado."

Las tres llorando, pero como locas,

teníamos miedo de que...

Una operación de trasplante es muy dura

o puede pasar que no salga de ahí.

-Fue horrible porque nosotras asociábamos trasplante

al terror, a lo peor,

era como la última opción, que ya estaba muy mal

y que era una operación de muchísimo riesgo.

Empiezan a llorar, pobrecitas, como Magdalenas:

"No, no, por favor.

¡No, mamá, no, mamá!".

Era desesperación, era susto,

además mis hermanas gritaban también.

-Mi hermana siempre lo ha planteado como que nos ha tocado la lotería.

Las niñas, al ser más pequeñas,

decían: "¿La lotería un trasplante?".

Porque, claro, un trasplante es porque ya no hay más solución.

Claro, te asustas.

Total que vienen hasta las enfermeras.

Me dicen: "Begoña, ¿pasa algo? Que nos han dicho

que hay aquí un poco de follón.", y las miro y digo:

"Nada, que les hemos dicho que me trasplantan.

¿Verdad que es una noticia fantástica?".

Y ellas: "¡Fenomenal! ¡Qué suerte ha tenido tu madre!".

Hay que implicar a la familia siempre.

Los familiares son los enfermeros de casa.

En el caso de Begoña, también a las hijas,

que se hicieran a la idea del proceso

y de qué manera podían apoyar.

-Nos explicó que teníamos que cuidar mucho

de nuestra madre todos estos meses,

que una vez la trasplantaran, ella iba a caer porque dicen

que todas las personas a las que les trasplantan

como que luego tienen una depresión postrasplante,

pero nunca nos dijeron que no saldría, nos decían:

"Ya veréis cómo sale bien.",

nos explicaron que su vida iba a cambiar por completo.

Y solo con pensar en eso,

(RESOPLA) no sé, compensaba mucho porque...

la calidad de vida que tenía mi madre

antes del trasplante era nefasta.

-De las niñas,

al principio, me preocupé,

pero vi que estaban reaccionando fenomenal:

"Abuela, no te preocupes porque nosotras somos felices."

Yo no me imaginaba que estas niñas

serían así y entenderían las cosas como las están entendiendo

y nos harían tan felices.

Pronto entendieron que aquello tenía que salir bien casi seguro.

Entiendo que es muy difícil para ellas,

pero bueno, en ningún momento se han deprimido.

Tener esas tres niñas ha sido...

Te dicen 40 000 veces al día: "Te quiero, abuela."

"Te quiero, abuelo." ¿A que sí?

Me pusieron en la lista de espera ya

y ahí ya empieza el recorrido,

el vertiginoso mundo del mundo del trasplante.

La lista de espera de corazón

suele alcanzar los 500 pacientes al año.

La media de tiempo que tardan en conseguir un órgano

es de 78 días.

Al final el ingreso se hizo bastante largo,

decidieron que podía salir desde una determinada fecha

para volver a ingresar el fin de semana.

Pues nada, Begoña sale del hospital tan feliz

y llego a mi casa

y ya noto que estoy como que me caigo.

Y de repente me estaban hablando y yo no respondía.

Lo último que oí fue: "Mamá, mamá, mamá, ¿qué te pasa?".

y boom,

me desplomé.

¡Mamá, mamá!

Pensaba que la perdía de verdad y ahí me puse muy nerviosa

y yo tenía que llamar a la ambulancia.

Yo no sabía ni dónde estaba, ya estaba muy nerviosa.

Nagore, cada vez que lo describe, solo dice:

"Uf, uf, mamá, qué momento."

-Mi hermana Nagore, el momento del desmayo,

me lo cuenta como algo horrible,

como una de las situaciones más desagradables de su vida

porque, claro, o sea...

dice que estuvo dos minutos inconsciente.

-"¡Begoña, Begoña!".

Y despertándola y todo eso, sí.

En ese momento que estaba inconsciente, yo...

Se me pasaron tantas cosas por la cabeza.

Creo que pensó que moría, creo que lo pensó.

-¿Y si no llega el trasplante?

¿Y si no llega el corazón para mi hermana?

Y cuando ya te dicen que vas para trasplante y pasan los días,

los meses y no le llaman,

y va pasando y pasando y decías: "Esto cada vez va a ir empeorando.

Yo quiero que mi hermana esté bien y quiero que llegue un donante."

En un paciente que está en lista

nunca vamos a saber cuándo se va a producir el trasplante.

Sí que pensaba que no sabía cuánto iba a durar.

"¿Llegaremos al trasplante?".

Por lo visto, yo estaba muy mal,

quiero decir, mi corazón estaba muy mal, por eso estaba en espera,

pero yo podía seguir haciendo actividades.

Lo llevé muy bien

gracias a mi entorno, mi familia, mis amigos...

No me podía haber tocado una familia mejor.

Mi hermana me dedicó su vida, paralizó su tiempo

para dedicármelo y mi hermano también.

Nuestra red, tanto familiar como fraternal, de hermanos,

creo que es intensa, es intensa, es una familia unida

y que se apoya.

Mis padres, durante toda la enfermedad,

estuvieron al pie del cañón, mi madre, en silencio,

sí que lloraba muchas veces,

pero delante de mí, era todo mucha felicidad.

Nunca he sentido miedo.

Ella te ha dado tranquilidad siempre.

También contacté ya con AVATCOR,

la Asociación de Trasplante de Corazón.

Me daba un...

una esperanza, ¿vale?,

una esperanza de vida digna y con muy buen pronóstico.

-Esos cuatro meses sí que fueron un poco desesperantes,

por así decirlo,

porque te dicen que te puede tocar en cualquier momento,

da igual la hora, el día,

y entonces estás todo el rato muy nervioso,

cada vez que suena el teléfono, corriendo a ver quién es.

De hecho, con el móvil sí que estaba obsesionada

y compramos uno que era únicamente para La Fe.

Solo lo tenía para que le llamaran del hospital.

Estabas continuamente pegada al teléfono,

además tenías que estar pendiente de él,

era la prioridad, todos los días el móvil

por si acaso llamaban.

Estábamos en la playa y...

Con el móvil en la mano. -En la mano, pero con alegría.

-Lo único que les exigimos, con todo el cariño del mundo,

a los pacientes que están en lista de espera

es que, por favor, estén localizados permanentemente.

Pero que lo estén sin agobios, es decir,

si llamo y el teléfono me da que no hay cobertura,

yo insistiré.

-El trasplante de corazón,

normalmente los pacientes esperan cuatro meses.

-En España, tenemos la suerte de vivir en un país

que ha sido un auténtico ejemplo,

a nivel mundial, en la donación.

-Alcanzamos la cifra de 46 donantes por millón de población,

que eso está a años luz del resto del mundo.

El trasplante de corazón

tiene la desventaja de que, para poder aprovechar

el órgano, la causa de la muerte del donante

es una causa que está muy limitada

en cuanto a que prácticamente solo podemos disponer de corazones

en pacientes que han tenido una muerte cerebral

o encefálica

porque necesitamos que el corazón funcione hasta el momento,

prácticamente, que nosotros podemos obtenerlo.

-Cuando un paciente fallece

en una unidad de cuidados intensivos

en muerte encefálica significa que su cerebro ha dejado de funcionar

y es la muerte legal de la persona.

Esto se diagnostica por tres médicos diferentes.

La muerte es legal, confirmada e irreversible.

(Teléfono)

-Hola, buenas tardes.

Te llamaba para hacerte una oferta de un corazón.

Es un grupo 0+.

Perímetro torácico de 86 y un perímetro abdominal de 75.

(Vibración de teléfono)

Ay, la llamada.

La llamada es..., en ese momento estás...

Te pones pletórica.

"¿Sí?".

Una sensación de emoción, alegría, felicidad...

Lloraba, pero lloraba de emoción.

Y me llamó como llorando y me dijo:

"Que ha llegado."

"¿Cómo que...?". "Carola, que me trasplantan."

Fue un día de mucha alegría y de mucho miedo

porque era, o va a salir muy bien

o termina aquí.

En el primer momento

reconozco que sientes un poco de miedo,

pero intenté que durase lo menos posible.

No sé, era una sensación de...,

sí, de alegría y tristeza a la vez, tristeza por el miedo

de que saliera mal o de que no saliera directamente

y alegría por pensar que iba a tener una vida normal.

El día que llamaron a mi madre, como todos los días,

me levanté y pensé: "Hoy no va a ser

porque no puede ser, tengo que hacer unas cosas y hoy no."

Y recuerdo que estaba en el cole

y me encuentro a la mayor, que está en la universidad, claro,

que no iba al colegio, y le digo: "¿Qué haces aquí?"

Dice: "Que han llamado a mamá." Y me puse a llorar.

Y Begoña solo me decía: "Si mamá está feliz,

llora de alegría."

(Teléfono)

-Hola, soy Sara de la ONT.

Sí, te llamo para decirte

que el equipo sale ya para el aeropuerto.

Lo digo para que vayas preparando la ambulancia.

Ya van con el órgano en la nevera.

-Cuando surge una alarma de donación,

hay una parte del equipo

que va a extraer el órgano o que lo extrae en el hospital

y otra parte del equipo, que es el que lo implanta.

-El corazón que vamos a trasplantar tiene siempre un tiempo limitado

de viabilidad, no va más allá

de las cuatro horas aproximadamente, ¿no?

Entonces me dijeron:

"Estamos haciendo la prueba de compatibilidad,

vete a casa, ya no puedes comer, estate relajada...",

me dieron un margen de tres horas

para que estuviese con los míos,

o sea, momento feliz feliz feliz que nunca olvidaré.

Ella sí que me dijo una frase: "No, no, me voy para coger

a las niñas al cole porque quiero pasar el mayor tiempo con ellas."

Y nos reunimos todos en mi casa

intentando pasar un rato agradable porque es lo que dice mi madre,

ella no sabía si eran los últimos momentos de su vida,

que claramente quieres pensar que no, pero ¿y si sí lo son?

Pues, no sé, tienes que hacer lo más agradable posible.

La espera hasta que supimos que el corazón era compatible

fue... muchísima angustia.

A las tres horas llega la llamada y es compatible.

Empezamos todos a abrazarnos,

bajamos las escaleras cantando: "Compatible, compatible.",

como si nos hubiesen dado un chute de energía.

(TODAS) # Compatible, compatible.

# Compatible... #

A las niñas sí que les saltaban las lágrimas,

yo lloraba de emoción.

Tenía una necesidad imperiosa de estar con ellas, abrazarlas,

reír, llorar...

De verdad, o sea, estaba feliz.

"Y venga, venga, vamos a abrazarnos,

venga, dadme un beso..."

(HOMBRE) Un besito con Begoña.

Exigía a todo el mundo que, por favor,

me arropase y que me quisiesen en ese momento.

-Cuando se fueron, que iban a hacerle el trasplante,

en el coche... era una juerga.

(CANTAN) # De princesas que buscan... #

-Es que... no puedes con ella.

Es... No, no...

Nos fuimos los cinco en el coche y nos grabamos videos

y yo les escribía y les daba las gracias

a la gente que había estado a mi lado desde la enfermedad.

Mi hermana fue al hospital como si se fuese de verbena.

Y yo estaba...

Me sacas sangre y me sacas horchata.

Era lo mejor que nos hubiese podido pasar.

Lloras de alegría... No sabes de qué.

Estábamos todos muy nerviosos,

pero mi madre como que intentaba disimular,

hasta el último momento, que ella estaba mal.

Ella intentaba que nosotras lo viésemos de otra manera.

-Mi hermana pequeña, que se lo guarda todo para ella,

es muy reservada, ahí sí se derrumbó porque, claro,

veía que ya íbamos al hospital, que sí la trasplantaban

y encima veía a mi madre dando las gracias todo el rato,

diciendo que nos quería.

Entonces, claro, ahí asocias un poco a una despedida

y te agobias.

Y llegó un momento que se nos desmoronó

y le dije: "Venga, nena, te prometo que son unas horas."

"¡Para todos los que me habéis querido,

allá voy!

Va por vosotros. Va a salir todo bien.

Dentro de nada ya estoy por ahí."

Intentaban seguirme la alegría

y me lo hicieron muy bonito.

"Bueno, aquí estamos." "Voy a grabarte la entrada."

"Oye, mil gracias a todos los que habéis estado

a mi lado, de verdad."

Sí que me planteaba: "¿Cuánto tiempo me queda?

No lo sé, pero puede que mucho."

Si hubiese pasado algo, me hubiese ido relajada, sí.

No nos dio ninguna instrucción antes de operarse

porque ella estaba convencida que salía de esto.

(Música suave)

Ya llega el momento, nos mirábamos:

"Os quiero, os quiero, os quiero.",

y así fuimos.

Estamos toda la familia con ella

y dice que adelante.

Nos da un beso a cada uno

y ya nos dijo: "En unas horas nos vemos."

-Recuerdo que mi hermana Nagore y yo bajamos con el celador

ya para quirófano y el resto estaba esperando abajo.

No parábamos de cogerla y todo eso por si acaso.

-Nos bajamos al quirófano con ella, a acompañarla

y en ese momento de despedida,

como que no quería mirar, no quería pensar

que era la última vez que vería a mi madre,

si las cosas salían mal.

-Ella se metió muy alegre, muy tranquila

y diciendo que la veíamos pronto.

Bueno, ellas dicen que lo pasaron muy mal en esas horas, sí.

Ahí sí que está en la línea entre la vida y la muerte total.

Tenía tanto miedo de que no saliese bien y que no la volviese a ver.

Claro, porque ahí sí que piensas que ya sí que puedes tener

una fecha, ¿no?

Si se terminaba,

iba a morir feliz.

-El trasplante cardiaco es un procedimiento que

está bastante consolidado y estandarizado.

-El corazón es muy importante,

pero además tiene cierta magia y es porque se mueve.

Siempre asusta el que deje de moverse.

Mientras que los órganos que son inmóviles

parece que se pueda prescindir de ellos.

-Uno siempre se pregunta, cuando coloca ese órgano

que va a poder ponerse a funcionar de forma inmediata

y a funcionar bien,

siempre tiene un cierto...

grado de duda o de preocupación sobre si eso realmente será así.

-El trasplante de corazón es una operación de alto riesgo,

hace falta un perfecto ensamblaje

entre lo que es el corazón del donante

y el cuerpo del receptor.

-Puede ser una intervención que tenga una duración

de unas 3 ó 3,5 horas aproximadamente.

La intervención de trasplante de Begoña

fue una intervención que comenzó a altas horas de la noche

y se prolongó hasta la madrugada.

-Yo sabía que iban a ser horas interminables y de muchísimo miedo.

-No estaba preparada para pasar esas horas

pensando si saldría bien o mal.

Tenía como un nudo en la garganta que no me dejaba respirar,

que me agobiaba.

-La espera se vive con una ansiedad

tremenda para toda la familia.

Éramos 24 esperando.

Bueno, una juerga. -Claro.

Fue una juerga a la puerta del quirófano.

Fue una experiencia inolvidable.

-El latido generalmente lo vemos casi siempre,

el tema es si ese latido va a ser vigoroso.

Cuando vemos que el corazón, después de unos minutos,

empieza a trabajar y lo hace con efectividad,

pensamos que realmente el paciente va a poder salir adelante.

Cuando el cirujano salió,

que salía con cara de muy cansado,

pero claro, le ves la cara y piensas:

"Madre mía, salió mal."

Muchas veces el aspecto que ofrecemos al salir

no tiene que ver con el resultado de la intervención.

Lo único que le pasaba es que estaba agotado

y nada, nos iba a decir que todo había ido bien.

-La intervención fue realmente rápida

y fue una intervención sin ningún tipo de...

de complicación.

-Me acuerdo que el cirujano que realizó la operación

nos dijo que el corazón era papel de fumar,

o sea que en cualquier momento se podía haber muerto.

Nosotros la gravedad no la sabíamos

hasta el día del trasplante.

De repente, se despertó.

Me acuerdo que ha sido el día que más tranquila

he visto a mi hermana, que estaba medio sedada

y solo nos decía:

"Os quiero mucho, os quiero mucho."

Cuando me desperté,

recuerdo que empecé a decir:

"Os dije que me despertaría, os dije que estaría aquí."

-Cuando la vimos, lo que repetíamos:

"Te queremos muchísimo. Estamos todos aquí,

muy contentos, todo ha salido bien...",

y todo el rato: "Te queremos mucho, te queremos mucho."

Yo las notaba felices, de verdad, ¿eh?,

con una sonrisa de oreja a oreja,

ahí creo que ya había pasado toda la preocupación.

-Estás como muy cansado porque, en muy pocas horas,

has vivido mil cosas,

has tenido mil sensaciones, pero estás súper superfeliz.

O sea, uno de los mejores momentos de la vida.

Objetivo cumplido, hemos llegado y lo mejor posible.

Ya, en la U.C.I., ya la recuperación fue excelente.

Una recuperación la verdad que llamativa

por lo rápida que fue.

A todos les sorprendía, salí sin oxígeno de la U.C.I.

"Pero yo ya maquilladita.

De momento no me puedo levantar, pero ya tengo unas ganas

de que, el primero que entre por la puerta,

le digo: "¿Me puedo sentar?"

Pedía levantarse, pedía ponerse su propia ropa,

pedía maquillarse si era posible para encontrarse guapa

y esto es, un poco,

la tónica que mantuvo durante todo el postoperatorio

y que hizo que su recuperación fuese sorprendentemente rápida.

-Por supuesto, su carácter siempre ayuda

porque minimiza los problemas

y es activa, la proactividad en muchos aspectos,

sobre todo también aquí, en la salud, es muy importante.

"# Hoy ya me puedo levantar... #

Huy.

# Estoy enganchada, pero me da igual. #"

No tenía ningún comportamiento de haberse sometido a una operación

tan... tan brutal.

El equipo médico impresionante,

en todo momento vi la preocupación que sentían

por mi enfermedad y que les importaba.

Y no es un importar de que eres un número más,

es que les importa tu vida realmente.

"¡Buenos días!

Aquí, mira, de paseíto pa'rriba, pa'bajo,

unos diez metros, si llega, pero bueno,

unas tiras hago. ¡Un besito!"

Begoña estuvo muy poco ingresada porque se encontraba muy bien

y todo salió fenomenal,

el nuevo corazón le funciona perfectamente

y el acople entre ella y el nuevo corazón es estupendo.

"Me voy mañana a casa.

¡Uh!

¡Esto es lo más!

No sé si están batiendo récords o qué."

En 12 días en casa y ya una vida fantástica, sí.

(Timbre)

El día que me dan el alta, pues nada, muy contentos.

"(TARAREA)"

Entré por la puerta, ellas esperándome, grabándome...

Una ilusión tremenda.

"Manda besos."

"¡Mil besos, guapis!".

Tenía que hacer mis reposos, tenía que descansar,

tomar la medicación,

y la recuperación fue, la verdad, extraordinaria.

Yo no he visto a nadie que disfrutase la vida

tan al máximo, nunca deprimida

y creo que yo no lo hubiese afrontado así.

La gente me apoyaba mucho, estaba todo el mundo pendiente,

qué necesidades tenía...

Todos mis amigos pendientes: "¿Qué quieres que hagamos...?".

Entonces, claro, esto fue también un apoyo importante, sí.

El modo que mi madre ha tenido de afrontar la enfermedad

es admirable,

nunca se ha quejado ni ha protestado por nada.

Es verdad que no me dieron momentos de bajón

ni de rabia, no, a mí me dieron más bien momentos emotivos:

"Igual no estoy el año que viene.",

y al minuto dos decía: "¿Cómo no voy a estar yo aquí?

¡Claro que voy a estar!", ¿sabes?

-Nunca he visto a mi hermana triste y deprimida.

Nunca, y espero no verla porque entonces me asustaré.

No solo a mí, a mucha gente le ha enseñado

que de todo se puede salir

y que si vas con positividad,

que las cosas son mucho más fáciles.

Creo que he aprendido a que

no hay una vida perfecta y estable

y que nos podemos adaptar.

-Ha sido un ejemplo enorme,

pienso que es una situación superdifícil

y que mantener ese ánimo

es admirable y muy complicado, sí.

Lo que quiero es disfrutar lo que me quede.

¿Que me queda poco?

Disfrutarlo. ¿Me queda mucho? Disfrutarlo.

-Begoña es una persona muy activa

y que ha participado en muchas cosas,

es uno de nuestros apoyos a la hora de realizar la difusión

de la donación y del trasplante de órganos.

-Yo, al donante de mi madre,

aunque no sepa quién es, le estaré siempre agradecida,

nos acordamos muchísimo de él y de su familia.

Le diría que mil gracias, me ha salvado la vida

y además, para ti gratuitamente,

decidiste un día que ibas a...

a crear..., o sea, a que alguien viviese.

-A la familia del donante le estoy eternamente agradecida.

Me ha salvado la vida, a mi madre y a mí

y a toda mi familia.

En todo este proceso

el importante es el donante.

Yo le pido a todo el mundo que, por favor, se haga donante.

Creo que es el gesto de generosidad

más digno que existe.

-A las familias que donan les diría

que no hay mayor regalo en la vida,

que son muy valientes porque,

a pesar del dolor que ellos están sintiendo

por la pérdida de su familiar,

tienen el coraje y la bondad de donar el órgano

para que otra persona continúe viviendo.

El 80 % de los españoles trasplantados de corazón

supera los cinco años de vida.

Más de 500 personas han vivido 20 años

y, a día de hoy,

hemos alcanzado la cifra de 34 años de supervivencia,

una esperanza enorme para mucha gente como Begoña

que llena de alegría su vida

y la de las personas que la rodean.

Begoña es una persona excepcional, no conozco a nadie como ella,

su positividad, su arranque,

su entereza ante circunstancias difíciles

a las que ha ido enfrentándose en la vida es ejemplar.

-Pues yo, para Begoña, lo que quiero es que no cambie,

que siga con ese carácter que envidiamos todos

tan entusiasta, optimista y echada para adelante

porque realmente da la sensación que, con ese carácter,

no puede pasar nada grave y si pasa, lo superarás,

como es su caso.

(Música)

Creo que en toda la enfermedad lo que he conseguido es

evitar que las emociones negativas

me perjudicasen en la enfermedad.

Yo le desearía...

que sea siempre así de positiva,

que tenga mucho amor

y que siga en esa línea.

-Quiero lo mejor del mundo para ella.

No hace falta desearle nada, que ella sola ya lo hace.

Que sea muy feliz que se lo merece,

y que la quiero mucho.

-Para mi madre,

lo que me gustaría a partir de ahora es una vida normal,

una vida como la que tenía antes, verla sana y verla feliz.

Después de tanto agobio, que haya salido todo bien.

-Cuando le doy un beso es como que me impacta mucho porque pienso:

"Es que está aquí.", no sé, es muy impactante, la verdad.

Mira, aquí estoy,

feliz y contenta y pudiendo contar esto

y por muchos años, puede ser.

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El viaje de un órgano - Begoña

11 feb 2019

Begoña es una jueza casada y con tres hijas. Es una mujer alegre y positiva. hasta que los resultados de unas pruebas médicas muestran que padece una grave enfermedad de corazón.

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