Presentado por: Félix Rodríguez de la Fuente | Dirigido por:  | Félix Rodríguez de la Fuente

El programa más conocido de Félix Rodríguez de la Fuente, legendario naturalista que falleció en Alaska el 14 de marzo de 1980 mientras realizaba uno de sus documentales sobre fauna y naturaleza.

Más información en nuestro especial "30 años sin Félix".

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El hombre y la tierra (Serie candiense) - Kluane - ver ahora
Transcripción completa

En la mañana del 4 de julio de 1979,

iniciamos nuestra primera expedición en Canadá.

Tiene por objeto obtener el primer reportaje geográfico

dentro del parque nacional de Kluane.

Hemos pernoctado en las orillas del hermoso lago Kathleen.

Y nos disponemos a iniciar el ascenso

hasta los altos glaciares que constituyen

el mayor atractivo del parque nacional Kluane.

Forman parte de esta expedición:

un operador, su ayudante, un técnico de sonido,

un naturalista, el piloto de la nave,

un guía especializado en alta montaña y yo mismo.

En el parque nacional de Kluane, de 225 000 hectáreas

aproximadamente de extensión,

el helicóptero constituye

el medio más apropiado de locomoción,

dada la práctica carencia de vías de comunicación

y las enormes distancias entre unos puntos y otros.

La pericia de los pilotos de los helicópteros

en los parques nacionales del Canadá resulta extraordinaria.

Estos hombres se emplean tanto para conducir

a los naturalistas, reporteros y biólogos,

como para rescatar a los montañeros

que, en ocasiones, quedan perdidos en los glaciares

y en los altos picos de este parque de montaña.

El parque nacional Kluane, situado en el oeste

del estado del Yukón,

tiene una pequeña parte constituida por la taiga,

un bosque infinito de abetos y abedules.

Dos grandes lagos, el lago Kathleen y el lago Kluane,

así como una riquísima red fluvial

irrigan este parque impar del norte del Canadá.

Una de las características más llamativas del parque de Kluane

es la facilidad con que pueden cambiar

las condiciones atmosféricas.

La altitud de la zona, por un lado;

la proximidad al Pacífico, por otro;

y la estructura geológica, sobre todo glaciar, de la región,

hacen cambiar el tiempo de modo rapidísimo.

En la mañana del 4 de julio,

cuando pretendemos llegar a las altiplanicies

cubiertas por los glaciares,

los anuncios meteorológicos son de lo más pesimistas.

-Estoy viendo uno, me parece que hay otro más pequeño.

En nuestra ruta hacia la alta montaña

descubrimos una pareja de osos grizzlies.

Son abundantísimos en este parque los enormes plantígrados.

Pertenecen realmente a la misma especie que nuestros osos pardos.

Pero les doblan o les triplican en peso.

No es raro encontrar grandes ejemplares

como estos que seguimos en nuestro helicóptero

que pueden pesar más de 500 kilos.

Ron, el experto piloto de nuestro helicóptero,

trata de sacar a los osos pardos al glaciar,

libre de vegetación, donde podremos observarles

y filmarles perfectamente.

Pese a su corpulencia, estos plantígrados omnívoros

pueden correr con enorme velocidad

como se desprende de estas imágenes.

Dentro de los límites del parque, lógicamente está prohibida

la caza de los osos o de cualquier otro animal.

Continuamos nosotros volando sobre las laderas

cubiertas de abetos, de abedules y de sauces.

Seguimos los cursos de los ríos, con objeto de llegar,

dado que las nubes se encuentran muy bajas,

a encontrar un agujero que nos permita escalar

las altas cotas de las montañas del Kluane.

Siguiendo nuestra singladura, descubrimos un enorme lobo

clarísimo del Yukón.

En este estado, los lobos son quizá más abundantes

que en cualquier otra región del Canadá.

Se caracterizan por su gran tamaño y por sus tonos claros.

El espécimen solitario, que corre bajo nuestra nave,

puede perfectamente superar los 60 kilos de peso.

Lo mismo que los osos pardos canadienses,

los lobos pueden doblar también en talla a los lobos ibéricos.

Esta corpulencia de los mamíferos, entre otras razones,

obedece a una adaptación a las bajas temperaturas

que, en invierno, en el parque Kluane llegan fácilmente

a los 50 y a los 60 grados bajo cero.

Ordinariamente, en Canadá, como en otras partes del mundo,

los lobos viven en manadas.

Pero es, precisamente, durante la primavera y el verano

cuando puede encontrárseles aislados.

Terminada la filmación del lobo,

continuamos volando nosotros sobre el bosque

tratando de encontrar un agujero para penetrar las nubes bajas.

Ante la cabina de nuestro helicóptero

se alza la primera cadena montañosa del parque Kluane,

concretamente la de los montes Kluane,

que no superan los 3000 metros de altitud.

En esta región de la tierra, debido a las condiciones

glaciales que imperan,

la línea de los bosques se termina a los 1800

2000 metros de altura.

A partir de ahí, nos encontramos con praderas alpinas.

Pobladas, sobre todo, de sauces y abedules enanos,

de gramíneas y de líquenes.

En ellas abundan, sin embargo, los mamíferos, particularmente,

los osos grises, los mullones de Dall, las cabras de montaña

y las ardillas terrestres.

Las nubes se aferran cada vez más a los picos de la primera cadena.

El guía especializado de montaña y el piloto, nos muestran

el mapa, para que podamos ver el canal por el que vamos

a tratar de ascender hasta los altos glaciares.

Se trata del cuenco de un torrente de montaña

que en invierno está ocupado por los hielos.

Durante nuestra travesía, no podremos abandonar

los límites de la estrecha ruta.

Enmarcados por las empinadas laderas.

Al otro lado del collado, se encuentran ya los campos

de hielo por encima de los 3000 metros de altura.

Prácticamente abióticas, las redondeadas cumbres

de estas montañas

soportaron durante siglos y siglos el peso del hielo.

Unos pocos líquenes y magros pastos, se aferran

en las zonas más favorecidas por los microclimas.

Este es el reino del águila real,

del muflón de Daru y de la cabra de montaña.

Pero cuando ascendemos por el estrecho canal

de la torrentera, se declara el primer aguacero.

La visibilidad resulta, prácticamente nula.

Únicamente, la gran experiencia de nuestro piloto

y del guía de montaña

nos permiten seguir volando en las peores condiciones

metereológicas.

Bajo nuestra nave, el lago Kathleen,

sacudido por el oleaje, como si se tratara de un mar.

Son muy frecuentes, como decíamos, en el Parque nacional de Kluane,

estos cambios en las condiciones metereológicas.

Precisamente por esta razón, las autoridades del Parque

Nacional, exigen determinadas condiciones físicas

acreditadas por los certificados médicos

a los expedicionarios que quieren ascender,

aunque sea en helicóptero, hasta los altos glaciares.

Afortunadamente, el magnífico conocimiento del terreno

del piloto del helicóptero

y el guía de alta montaña

nos permiten dejar atrás la tormenta y llegar

a la morrena del glaciar Donjek.

-¡Mira el glaciar qué bonito!

Hemos superado los 3000 metros de altura.

Estamos entrando en los inmensos campos de hielo

que constituyen la red de glaciares

mayor de nuestro planeta.

Estos glaciares

que aterran cuando uno vuela sobre ellos a corta distancia,

permanecen acechantes desde la época glacial,

hace 20000 años.

Se da la circunstancia de que uno de ellos,

el glaciar Steel,

que podría traducirse por el glaciar de acero,

conocido en Canadá como el glaciar galopante,

ganó en el año 1960 11 km en cuatro meses.

En términos generales, los glaciales del Kluane,

están ganando lentamente el terreno que perdieron

durante el periodo templado que acaba de pasar la humanidad.

Estos avances en los glaciares árticos y subárticos

apoyarían las teorías de los sabios meteorólogos

que opinan que estamos entrando en una nueva era glacial.

El vuelo sobre estos yermos y hostiles territorios,

labrados cada invierno por las aristas del hielo,

nos dan una idea del aspecto que debió tener

la mayor parte del hemisferio norte

durante el periodo glacial.

Se desploman las aguas de las torrenteras

procedentes de los glaciares.

Pero únicamente, durante los meses de julio,

agosto y la primera quincena de septiembre,

los glaciares se descargan en forma de agua.

En invierno vuelven, nuevamente, a ganar

el espacio perdido.

Los campos de hielo son inmensos.

La vida sobre ellos, prácticamente, no existe.

La fotografía y la exploración de estos terribles

campos helados, únicamente puede llevarse a cabo,

desde un helicóptero.

Precisamente, por esta razón, la misión de nuestro

reportaje geográfico, se basaba, sobre todo,

en mostrar a los amigos de "El hombre y la tierra"

estas áridas regiones del planeta

de increíble belleza.

Pero aquí, también hay animales.

Como les decía, los carneros de Dall,

de las montañas rocosas.

Capaces de vivir en estas áridas mesetas

por encima de los 3000 metros de altura.

Se alimentan de líquenes y de gramíneas especializadas.

Pueden soportar las bajas temperaturas del invierno

y los terribles vientos.

Perforada, perfectamente, la capa de nubes inferior,

llegamos a la alta montaña.

Donde las condiciones metereológicas,

gracias al viento norte que acaba de salir,

son espléndidas.

Nos disponemos a tomar tierra para filmar,

con toda la tranquilidad, uno de los grandes glaciares,

el glacial Lowell.

Que, a través de decenas y decenas de kilómetros,

desciende desde la alta montaña, hasta la depresión Duke.

La atmósfera, por encima de los 4000 metros de altura,

es límpida como un cristal.

El aire del Norte corta como un cuchillo.

La temperatura oscila, en el mes de julio,

entre cinco sobre cero y cinco bajo cero.

En compañía del veterano operador Teodoro Roa

me dispongo a contemplar y filmar el glaciar Lowell.

Así como las criaturas capaces de sobrevivir

en estas cotas.

Una vez conseguida nuestra finalidad,

nos abandonará el helicóptero.

Acamparemos en un collado de estas altas cotas

para tratar de filmar la vida de las raras especies animales,

capaces de soportar

los imperativos de la alta montaña

a pocos kilómetros del Círculo Polar Ártico.

Los movimientos en las cotas próximas a los 5000 m de altura

resultan pesados y tórpidos.

Es necesario no hacer esfuerzos grandes

para no agotar el oxígeno de los pulmones.

Sin embargo, la visión del inmenso glaciar de Lowell

nos hace olvidar las circunstancias

altitudinales en que nos encontramos.

Esta increíble red de glaciares

que vienen de desde las altas montañas, como el Logan,

con 5950 metros de altura,

conquistado solamente en el año 1976.

Descienden formando franjas de todos los colores del arco iris

a través de estas increíbles rutas de hielo

que parece que acechan en espera

de volver a dominar la tierra.

El borde del glaciar que,

desde la altura en que estamos, resulta mínimo,

es más alto que una casa de 20 pisos,

como comprobaríamos después al volar frente a él en helicóptero.

Las aguas, que lentamente originan estos hielos fósiles,

van directamente al Pacífico Norte

a través de una red de riachuelos y de ríos

donde son abundantísimos los salmones.

Las altas montañas que cierran el horizonte

y que ocasionan el glaciar de Lowell

y los demás gigantescos ríos de hielo,

son, aparte del monte Logan, el monte King, el Monte Steele,

el Monte Wood, el Monte Vancouver,

todos ellos por encima de los 5000 metros de altura.

Estamos, sin ningún género de duda, en el techo de Norteamérica.

Pero el objetivo de nuestra expedición a las altas cotas

no solamente era contemplar y filmar los glaciares

sino el de ver de cerca a las más asombrosas criaturas,

capaces de vivir en estas condiciones climáticas.

Ayudados por el helicóptero, que ojea el rebaño,

van a aparecer pronto ante nuestros ojos:

las cabras de las montañas rocosas.

En realidad, gigantescos rebecos blancos

de 125, 130 kilos de peso.

No existe otro mamífero mejor adaptado

para la vida en las cumbres glaciares

que estas cabras de montaña

que están ahora en las pantallas de sus televisores.

Soportan la vida a los 3000 y 4000 metros de altura

tanto en el mes de julio, donde estamos a cero grados,

como en invierno, donde pueden encontrarse a -60”.

Son, quizá, la mejor manifestación de que la vida

se aferra a todas las posibilidades

que le ofrece el planeta.

El helicóptero, minimizado,

como una pequeña mosca en el gigantesco glaciar.

Mientras instalamos nuestro pequeño campamento de alta montaña,

las nubes regresan por el oeste.

Cubren rápidamente el corto trecho que nos separa del Pacífico Norte.

Por el este, aún brilla el sol.

Se recortan en el horizonte

las cumbres de la cordillera de San Elías.

Como únicos compañeros en nuestro solitario campamento:

las ardillas marrones de tierra.

Estos roedores, de tamaño mediano,

poco más pequeños que nuestros conocidos conejos de monte,

se las arreglan para sobrevivir en buen número

en estas altas cotas.

Comen líquenes,

comen gramíneas adaptadas a las grandes alturas.

Soportan los fríos vientos del norte

y las bajas temperaturas de la primavera y el verano.

Lentamente, las nubes nos van circundando.

En nuestro alto collado, estamos absolutamente separados del mundo.

El helicóptero se encuentra

a varios cientos de kilómetros de distancia.

Pero, amigos míos, en el alto collado del parque Kluane,

en el oeste del Yukón, sentimos la compañía

de las simpáticas y pequeñas ardillas de tierra.

Poco habituadas a la presencia de los seres humanos,

no nos temen en absoluto.

Nos miran, pensamos que con curiosidad.

El horizonte se ha cerrado completamente.

También por el este están penetrando las nubes.

Prácticamente no se ven ya los campos de hielo.

El soleado glaciar no es más que una cinta blanca en el horizonte.

Confiamos en que, según los anuncios meteorológicos,

al día siguiente las nubes se habrán despejado.

Entretanto, siguen nuestras pequeñas amigas,

las ardillas de tierra,

como para darnos ánimos

y para decirnos que se puede sobrevivir.

Como los muflones, que ahora se recortan en la pelada ladera,

en aquellas altas y elevadas latitudes.

Por desgracia para nosotros, sabemos que los muflones

o carneros de las montañas rocosas

siempre tienen el recurso de descender a más bajas cotas

cuando las condiciones meteorológicas empeoran.

Y que las ardilla marrones de tierra se aletargan

durante ocho meses al año.

Incluso en plena temporada estival,

si las condiciones meteorológicas se hacen malas,

las ardillas pueden vivir bajo tierra,

a expensas de los graneros que acumulan

durante los buenos días.

Helicóptero.

Pero llega el buen tiempo

y regresa nuestro helicóptero, volando

sobre los soleados campos de nieve del glaciar de Lowell.

Durante la noche, se han disipado las nubes.

Nosotros podremos abandonar nuestro campamento

y dirigirnos a cumplir otra misión.

En esta gran expedición

que llevamos a cabo en el Canadá con la colaboración

de los expertos de los parques y con la ayuda del gobierno.

Al regresar al helicóptero,

después de haber pasado tantas horas

con la única compañía de las pequeñas ardillas

marrones de tierra,

no podemos menos que dedicarles un recuerdo.

Y efectivamente, amigos míos,

como para despedirse de nosotros, impertérrita

ante el ventarrón del norte que ha disipado las nubes

y que se está levantando de nuevo,

nuestra amiga, la ardilla parda nos mira tras su roca.

Es posible que este pequeño animal no hubiera visto antes

en toda su vida a los hombres.

Es posible que la presencia del ruidoso helicóptero

y de aquellas extrañas criaturas bípedas

esté despertando grandemente

su curiosidad en el techo de América.

Helicóptero.

Adiós, ardilla terrestre.

Satisfechos, pensando que hemos cumplido nuestra misión,

que es la de mostrar

a los seguidores de "El hombre y la tierra" en este reportaje

los mayores campos de hielo del mundo no polares,

regresamos lentamente hacia nuestra base.

Pero, aprovechando la buena luz,

queremos filmar antes, a corta distancia, la morrena,

el borde mismo del gran glaciar de Lowell.

Y queremos hacer también un plano comparativo

del tamaño de nuestro helicóptero

y del de estas masas de hielo,

de dimensiones realmente cósmicas.

Volamos ahora muy cerca de los icebergs,

de los bloques desprendidos del glaciar.

Los matices azules de estas masas de hielo

nos muestran claramente sus características fósiles.

Es decir, de hielo antiquísimo.

Un par de meses más tarde, en la estación,

en septiembre u octubre,

esto volverá a ser una masa helada.

El agua se tornará sólida;

el glaciar reconquistará el espacio perdido.

La vida aquí resultará prácticamente imposible.

Y al terminar nuestra expedición

a los inmensos glaciares del Kluane,

al terminar la panorámica sobre el borde del glaciar,

queremos manifestar verbalmente

nuestra profunda gratitud a la dirección

del parque nacional de Kluane,

al piloto de nuestro helicóptero;

al guía de alta montaña,

que hizo posible nuestra supervivencia

durante dos jornadas

en las altas e inhóspitas cotas

de las montañas de Kluane.

Volamos ahora sobre la inmensa vía de hielo.

Aprovechamos nuestra proximidad al glaciar

para describir, con todo detenimiento,

este gran río helado.

Esta masa de agua sólida,

que debe permanecer así desde hace más de 50 000 años.

Peor la autonomía de nuestra nave nos obliga a volver a la base.

Mañana, amigos míos, emprenderemos una nueva aventura,

un nuevo reportaje geográfico.

El hombre y la tierra (Serie candiense) - Kluane

30:08 03 abr 2021

El 4 de julio de 1979 se inicia la primera expedición canadiense para obtener el primer reportaje del interior del Parque Kluane. Después de pernoctar en un lago, el equipo se dispone a llegar hasta los altos glaciares, el principal atractivo de la zona.

El 4 de julio de 1979 se inicia la primera expedición canadiense para obtener el primer reportaje del interior del Parque Kluane. Después de pernoctar en un lago, el equipo se dispone a llegar hasta los altos glaciares, el principal atractivo de la zona.

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