Presentado por: Félix Rodríguez de la Fuente | Dirigido por:  | Félix Rodríguez de la Fuente

El programa más conocido de Félix Rodríguez de la Fuente, legendario naturalista que falleció en Alaska el 14 de marzo de 1980 mientras realizaba uno de sus documentales sobre fauna y naturaleza.

Más información en nuestro especial "30 años sin Félix".

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El hombre y la tierra (Serie canadiense) - El cementerio helado - ver ahora
Transcripción completa

Mientras remontamos el río Nahanni, en nuestra expedición

por los territorios del noroeste del Canadá,

pudimos contemplar en lo alto de un farallón rocoso,

el lugar donde se abre la boca de la gruta Valeria.

En el interior nos dijeron, hay más de 100 esqueletos,

casi completos de muflones de Dall.

Resulta, sin embargo, sumamente difícil su filmación,

porque la hipotermia, por un lado,

la profundidad de la caverna, por otro,

han hecho fracasar dos grandes expediciones internacionales.

¿Seríamos capaces nosotros de desvelar el misterio

del cementerio helado de los carneros de Dall?

(Música)

(Música)

Uno de los temas que más ha impresionado

al gran público

es el de los cementerios de animales.

Yo recuerdo los días de mi infancia

en los que ya era un loco de la zoología.

El cementerio de los elefantes.

Pensaba que los restos de los grandes mamíferos

se acumulaban en algún lugar secreto de África,

al que solamente tenía acceso el fabuloso Tarzán.

Después se demostró que los cementerios de animales no existen

y que los elefantes mueren donde les sorprende el fin de su vida.

Pero nosotros, queridos amigos hemos tenido la infinita suerte

de encontrar en el Canadá, en la remota región de Nahanni,

un auténtico cementerio de animales.

Más de 100 cadáveres,

lo que queda de los cadáveres, que murieron parece ser,

según las dotaciones de los científicos,

hace más de 2000 años.

Están escondidos en una remota caverna.

He de confesarles que el descubrimiento no es nuestro.

En el año 1971 hubo ya exploradores que llegaron a la caverna

y dieron con los restos de estos animales

que son los muflones de Dall.

Hemos tenido nosotros acceso

a todos los informes que han obtenido

los científicos del Canadá en estos años

para el estudio de la caverna.

Están perfectamente enumerados

perfectamente datados y estudiados los distintos restos esqueléticos

que ese encuentran en este cementerio helado.

En realidad, el muflón de Dall es un carnero blanco

que vive en el norte de las Montañas Rocosas.

Llevamos trabajando aquí algunos días

y tenemos, por ejemplo, unos perfectos esquemas de la caverna

que tiene unos dos kilómetros de longitud en gran parte de hielo,

y en el trayecto que hemos ido realizando

están perfectamente marcados con números desde el número uno

hasta el ciento y pico,

los restos que se encuentran

en este asombroso cementerio de animales.

Había tenido la oportunidad de constatar personalmente estos datos

durante una rápida expedición que realicé a la caverna días antes.

Pero explorar la caverna en solitario

o acompañado de un grupo de miembros del equipo

con luces frontales,

sentirse profundamente impresionado

ante el misterio de estos animales muertos en grupo, no era suficiente.

Había que tratar de que el misterio del cementerio helado

fuera desvelado,

que pudiera ser visto por miles

y seguramente por millones de personas.

Esto no resulta nada fácil,

tiene una cueva de dos kilómetros de profundidad,

cuyos galerías, en gran parte, están heladas.

Para empezar había que iluminar el interior de la caverna,

con la suficiente intensidad

como para que se viera toda su belleza

y también con nitidez los restos de las ovejas o muflones de Dall.

Se presentaban graves problemas.

No podríamos de ninguna manera utilizar generadores,

puesto que por un lado,

los gases emitidos por estas máquinas y el calor

podían alterar el microclima de la caverna

con graves problemas para estos restos

que se han conservado tan maravillosamente

durante más de 2000 años.

Por consiguiente, ha habido que acudir

a un auténtico arsenal de material,

que realmente es el único mérito de esta expedición,

250 kilómetros en barcas de motor, río arriba,

viajes en avión, helicópteros,

hacer descender todo el material hasta la misma caverna.

Esta realmente va a ser la esencia de la aventura que empieza ahora.

El campamento base,

así como el combustible para los aviones y helicópteros,

había sido transportado por tres grandes embarcaciones de acero

con motor a reacción.

El resto del equipo,

principalmente el material eléctrico,

fue traído en tres vuelos por un pequeño y viejo hidroavión

que procedía de Fort Simpson,

capital de los territorios del noroeste.

Hasta Fort Simpson habían llegado en avión de línea,

desde Vancouver.

Tenemos aquí recogidos en nuestros cuadernos,

los datos del recuento de todas estas cosas tan complejas

que nos van a permitir hacer la película.

Son diez cuarzos de 800 vatios, pinzas, trípodes, lámparas,

100 metros de cable.

Dos cuarzos de 650 autónomos,

tres baterías para los cuarzos de 650.

Cuatro lámpara frontales,

tres cargadores, 15 baterías de 12 voltios,

y de 60 amperios,

dos grupos de baterías de 12 voltios y de 60 amperios,

un botiquín completísimo.

Hay otro tema también importante.

Gran parte de este material

hay que descenderle desde un helicóptero

o haciendo una escalada no fácil.

Para ello, hemos contado con la ayuda de un experto

guarda de los parques nacionales canadienses,

que aparte de conocer perfectamente

la geografía y la fauna de esta región, es un experto escalador.

(Música)

Pero una vez situado el material en el campamento base,

nos enfrentábamos con uno de los problemas más complicados,

situar todos aquellos delicadísimos y ciertamente pesados elementos

a la puerta de la caverna denominada gruta Valeria.

(Música)

Contábamos para ello con la colaboración

de uno de los mejores pilotos que he conocido

en el norte de Canadá.

Bruce, que así se llama este veterano del aire,

tiene que comenzar por calibrar el peso

que puede llevar su helicóptero hasta la puerta de la caverna.

Ciertamente, sabíamos más o menos que habíamos transportado

en los aviones y en las barcas

alrededor de 1.000 kilos de material.

Pero aquellos elementos no habían sido pesados individualmente.

Es decir, no sabíamos cuánto pesaba exactamente cada uno

y estos datos resultaban absolutamente imprescindibles

para el piloto del helicóptero.

Optamos entonces por probar ya en aquellas altas latitudes,

lejos de cualquier centro civilizado,

no contábamos con otros elementos.

(Música)

Mientras Bruce trataba de elevar con su nave, la red

repleta de baterías de camión, de manga,

de elementos cinematográficos,

nosotros íbamos retirando uno tras otro

los bultos que darían el peso ideal

para los viajes que habríamos de realizar

entre el campamento y la boca de la caverna.

(Música)

Finalmente, amigos míos, el aparato de Bruce

se elevó en los aires, llevando con toda ligereza la bolsa,

en la cual se transportaba una buena parte

de nuestro preciado material.

No se trataba ni mucho menos, de situar en este vuelo

el material en la entrada de la caverna,

ya que previamente había que tomar unas medidas imprescindibles.

Simplemente sabíamos que podíamos volar en diez viajes

desde el campamento hasta la puerta de la gruta Valeria,

llevando absolutamente todos los elementos

eléctricos y cinematográficos

que precisábamos para nuestra filmación.

(Música)

Una vez realizada la comprobación,

debíamos ocupar el helicóptero en el primer vuelo,

la unidad de operador, ayudante, técnico de sonido y yo mismo,

para situarnos a la puerta de la caverna

y filmar las posteriores operaciones,

los distintos vuelos del helicóptero que constituían,

ciertamente la esencia de nuestra aventura.

Teodoro Roa, Alberto Mariano,

Manolo Peña, Carlos de Andrés y yo

estuvimos volando cerca de los inmensos farallones,

en los que se abren las bocas de un sistema de cavernas,

en los cuales está inscrito la gruta Valeria.

Como puede comprobarse,

las dimensiones de estos farallones, resultan cósmicas,

1.000 y 1.500 metros en algunas de las verticales.

Finalmente, contemplábamos la boca de la caverna

y podíamos comprobar con satisfacción

la existencia de una pequeña plataforma con un bosquete,

donde podríamos aposentarnos

para recibir la mercancía que descendía desde el helicóptero.

Volamos muy cerca de los farallones,

donde se habrían otras bocas que quizá

encerraran otros tantos misterios.

Teníamos que ser depositados en lo alto de una pequeña meseta,

donde comienza un incierto camino que baja por la ladera

hasta la boca de la caverna.

El helicóptero, evidentemente,

no podía dejar a ningún miembro del equipo

en la entrada de la gruta Valeria.

Todos debíamos ser transportados hasta la pequeña meseta forestal,

desde la cual descendíamos hasta la entrada de la cueva,

por una vereda, habitualmente transitaba precisamente

por los muflones de Dall

y por los pocos montañeros que llegan hasta aquellas regiones.

(Música)

Previamente habían sido colocadas unas cuerdas de montaña

en las verticales paredes y en los deslizaderos

por los que teníamos que bajar,

transportando en nuestras propias manos

el material más delicados.

Y sobre todo, aquel que resultaba imprescindible

para filmar las idas y venidas del helicóptero.

(Música)

Entre tanto, la nave

había llegado ya hasta el campamento y traía la primera carga.

Este fue, posiblemente

el momento más emocionante de todo el vieja.

La red podría engancharse en cualquiera de los muchos abetos

que se interponían entre ella y la entrada de la caverna.

Por otra parte, el avión debía situarse

tan cerca de las rocas

que resultaba prácticamente inverosímil

que pudiera mantener aquella situación.

Abriéndose paso entre la vegetación,

llega a la puerta de la caverna, el primero de los envíos.

La coordinación entre Bruce el piloto y el guarda

resulta extraordinaria.

Con temor tiramos de la red pensando

en que podemos desnivelar la nave, que mantiene todo aquello,

pocos metros por encima de nuestras cabezas

y prácticamente pegada a la roca.

La cámara descubre ahora la difícil posición del helicóptero

durante la operación de descarga.

Los viajes entre la puerta de la caverna

y el campamento base, afortunadamente,

duraban de 10 minutos a un cuarto de hora.

Apenas habíamos ordenado los bultos cuando Bruce

estaba nuevamente sobre nuestras cabezas.

En raras ocasiones,

los movimientos de una carga de montaña

habrán sido seguidos con tanto anhelo

por los ojos de un equipo entero de hombres.

En pocas ocasiones, un piloto habrá expuesto tanto

para conquistar el descubrimiento de un misterio científico.

Prácticamente colgado en la roca sobre nuestras cabezas,

el helicóptero tableteaba constantemente,

mientras de manera febril,

transportábamos los distintos elementos cinematográficos

que nos iban a permitir iluminar la caverna.

Evidentemente, contábamos en nuestro campamento base

con el combustible necesario para repostar el helicóptero

en aquel constante y permanente trasiego.

Fuimos comprobando todos nuestros complicados

y frágiles elementos.

Sobretodo las 15 pesados baterías de camión

que iban a hacer posible la iluminación de la caverna.

Y así, amigos míos, en una jornada interminable

se llevaron a cabo los 10 viajes que tuvo que realizar el helicóptero

desde el campamento base a la plataforma que se abría

en la boca de la gruta Valeria, del cementerio helado de animales.

Cuando recibimos el último de los envíos,

cuando sabemos que finalmente nuestro amigo Bruce

va a poder despegarse definitivamente de la roca,

un gran peso se nos quita de encima.

Sabemos que a partir de ese momento comienza lo más duro de la jornada.

El transporte de todo aquel material

a lo largo de 800 metros de cueva,

de los cuales las dos terceras partes son de hielo.

Pero al menos ha desaparecido el riesgo aparente.

Ha desaparecido el peligro de un helicóptero

moviéndose en uno de los terrenos más difíciles,

por los que haya transitado una nave de este tipo.

Pero la verdad es que, terminada la aventura del helicóptero,

nos enfrentamos nosotros

con la obligación de introducir todo el material

en el interior de la caverna.

La temperatura hemos podido comprobar

que es de 5 a 15 grados bajo cero permanentemente.

Por consiguiente,

una larga estancia en el interior de la gruta Valeria,

puede producir fenómenos de hipotermia.

De hecho, esta hipotermia, derivada de la humedad

y de la baja temperatura,

hizo fracasar el empeño de una gran expedición internacional

que dos años antes había pretendido filmar

los esqueletos de los muflones de Dall

en el interior de la caverna.

La experiencia de aquella primera expedición

que había sido surtida precisamente de material eléctrico

por la misma casa de Vancouver, que nos proveyó a nosotros,

nos iba a resultar sumamente positiva.

También el guía había participado en aquella expedición,

pero no había querido desanimarnos.

Pretendió guardarse para sí los problemas con los que tropezó

aquel grupo norteamericano francés

que no pudo llevar a cabo sus fines cinematográficos.

(Música)

A medida que penetrábamos en la gruta Valeria,

conocida únicamente por el guía,

íbamos contemplando las paredes.

Íbamos viendo todos los elementos que habían hecho posible

la penetración de los muflones de Dall en su interior.

Estábamos dispuestos a montar tres campamentos.

Recorrer los 800 metros de suelo difícil cargados

resultaba prácticamente imposible.

(Música)

No dejaba de emocionarnos el hecho

de que por aquel mismo suelo que pisamos,

habían penetrado 2.300 años antes los muflones de Dall,

cuyos esqueletos buscábamos tan afanosamente.

Por qué habían penetrado en la gruta Valeria,

nos cuenta durante nuestras expedición,

el guía del parque,

que es normal que en los inviernos fríos,

los carneros de las Montañas Rocosas,

penetren en las grutas y en las cavernas,

buscando temperaturas más templadas.

Efectivamente,

en el exterior puede haber días y noches

de 30, 40 y 50 grados bajo cero.

Dentro de las cuevas, a 100 o 150 metros de la entrada,

nunca se desciende por debajo de los 15 grados.

(Música)

Los elementos más valiosos de nuestra expedición

eran las 15 grandes baterías de camión.

Más de 30 kilos, cada una.

Para transportarlas hasta la gran sala

del interior de la caverna,

utilizamos las armaduras de nuestras mochilas.

Ciertamente, la progresión era lenta,

pero paso a paso, nos íbamos acercando a nuestro objetivo.

Absolutamente todos los miembros del equipo,

no solamente el guarda del parque que nos acompaña,

no solamente el especialista del parque

que observa nuestros trabajos, sino los operadores, los ayudantes,

los técnicos de sonido, los hombres de la producción,

absolutamente todos, cargamos con el material

y formamos parte viva de la expedición.

Finalmente, amigos míos, llegamos al gran momento.

Enchufa Alberto Mariano, en su serie de baterías,

y se hace la luz en la gran cripta,

en la sala interior de la gruta Valeria.

Ante nuestros ojos, por primera vez,

el esqueleto de un joven macho de muflón de Dall.

(Música)

El suelo absolutamente helado lo aprisiona.

Pero no son solamente amigos míos, los esqueletos de los muflones,

lo que queremos mostrarles,

el techo de la gran cripta,

el techo de la gigantesca sala de la caverna

es una auténtica filigrana de hielo.

De hielo azul, hielo fósil,

hielo que seguramente no ha cambiado

en los últimos 100.000 o 200.000 años.

(Música)

Pero la duración de nuestras fuentes luminosas

es demasiado corta.

Tanto las pequeñas baterías que alimentan

a nuestros flashes continuos y que llevamos en gran número,

como las grandes baterías de camión

que nos permiten iluminar mayores espacios

tienen el tiempo contado.

A pocos metros, amigos míos, del vestíbulo helado,

encontramos el gran depósito de esqueletos.

En la entrada hay machos jóvenes y hembras,

en el fondo están los machos adultos.

(Música)

Con todo detenimiento, iluminamos y filmamos

cada uno de los esqueletos que se ponen a nuestro alcance.

(Música)

Este gran macho con la curva del cuerno casi completa.

Este otro más joven.

Aquí una hembra, no lejos de un pequeño.

(Música)

Multitud de despojos, que llevan según los científicos, 2.300 años,

en esta cripta.

(Música)

Recuerdo yo, amigos míos, entonces, la primera vez

que tuve la oportunidad de ver en la naturaleza

a los muflones de Dall,

volando en un helicóptero pegado a una abrupta ladera

del parque Kluane.

Los muflones de Dall son los carneros mejor adaptados del mundo

a las bajas temperaturas.

Viven en el norte de las Montañas Rocosas.

Debieron llegar a su apogeo en plena glaciación.

Pero pese a su magnífica adaptación al medio en el que habitan

los muflones de Dall,

buscan el calor de las cavernas en invierno,

penetrando en las cuevas que encuentran a su paso.

Ha podido comprobarse un día que los muflones entran 50, 100, 200 metros

en el interior de las cavernas.

No solamente para librarse del frío, sino también

para lamer las sales minerales

que contienen las paredes de estas grutas.

En sus viajes por la oscuridad

parece ser que se orientan por el olfato

y también por las corrientes de aire

que se mueven en el interior de estos laberintos de cavernas,

en el norte de las Montañas Rocosas.

No cabe la menor duda pues de que aquellos muflones

cuyos esqueletos estamos filmando penetraron en la gruta Valeria

hace, según la datación de los científicos,

más de 2000 años, como os decía.

Penetraron huyendo quizá del frío,

tremendamente riguroso de una época especialmente glaciar,

dentro de esta fase climática.

Penetraron quizá a la búsqueda de las sales minerales

que les atraen como a todos los rumiantes.

¿Pero por qué no pudieron salir los muflones de Dall,

del corazón de la gruta Valeria?

(Música)

Sencillamente, amigos míos,

porque una catarata helada se lo impedía.

La catarata que se encuentra a mis pies puede bajarse,

pero no se puede ascender.

Forma un cepo natural

del cual no puede salir criatura viviente.

Por esa razón, encontramos muy cerca de ella

la oveja muerta junto al cadáver del cordero.

Aquella tremenda catarata helada,

aquella barrera infranqueable,

por la cual no hay animal viviente que pueda trepar,

fue sin duda alguna la causa de que los muflones de Dall

cuyos esqueletos nos servían a nosotros para tomar notas,

encontraron la muerte en el único cementerio existente de animales.

(Música)

Fría y objetivamente numerados por los científicos,

109 esqueletos de muflones de Dall

que parece ser que entraron en distintos grupos,

pero todos hace más de 2000 años,

encontraron la muerte en aquel laberinto,

en aquella trampa natural,

en la cual se puede penetrar, pero de la cual no se puede salir.

Que sepamos, nadie había dicho que la muerte

de los numerados muflones de Dall

hubiera acaecido como consecuencia de la estructura helada

de la pequeña catarata de la caverna.

Y esta constancia, amigos míos, los impulsó a todos,

echada la última mirada a los muflones de Dall,

a retornar por nuestros pasos,

empleando nuestros elementos de montaña,

para ganar la luz y la seguridad del mundo exterior.

(Música)

El hombre y la tierra (Serie canadiense) - El cementerio helado

31:57 03 abr 2021

En el año 1971 fue descubierta en una escarpa del parque nacional de Nahanni, una profunda caverna helada a la que se le dio el nombre de Gruta Valeria. A Ochocientos metros de profundidad se descubrieron esqueletos perfectamente conservados.

En el año 1971 fue descubierta en una escarpa del parque nacional de Nahanni, una profunda caverna helada a la que se le dio el nombre de Gruta Valeria. A Ochocientos metros de profundidad se descubrieron esqueletos perfectamente conservados.

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