Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 97 - Ver ahora
Transcripción completa

¿Cómo vas por ahí contándoles a las sirvientas

que tu corazón es de otro hombre?

Aunque ese hombre y yo nos amemos, no ha ocurrido nada.

y nada va a ocurrir, te lo juro. Así que, confía en mí.

¿Que por qué me mentiste,

por qué me ocultaste esto y te inventaste lo de las obras?

Ese piso es donde te criaste, donde pasaste toda tu infancia.

Y tu padre y yo pensamos que te llevarías un disgusto

al enterarte de la venta, así que, decidimos evitártelo.

Hola. He tenido que decirle lo de la casa a tu hija.

Sí. Pero te pido que, si te llama, no le des detalles.

Todavía es pronto para decirle la verdad.

Me resisto a creer que Ángel me haya robado.

No necesita el dinero.

Y sabe que algo así le costaría el puesto.

A veces, crees conocer a alguien y...

ni sospechas quién es de verdad.

Me gustaría volver al taller de muebles.

¿Has oído, Carmen? Nuestro mejor ebanista ha vuelto.

Sí, sí lo he oído.

-Hubiera puesto la mano en el fuego por ti.

¿Quiere decir que ya no lo haría, ya no confía en mí?

-¡Don Ventura! ¡Doña Inés se ha desmayado en la librería!

He intentando reanimarla, pero ya no sé qué hacer.

Yo me hago cargo. -Don Ventura...

Tómate la semana libre. Ya terminaremos esta conversación.

Mira, chaval, si lo dices por los robos, Erik ya se disculpó,

y no ha vuelto a pasar, ¿vale? -Ese es el problema,

que tú eres muy buena y te fías de cualquiera.

¡Mira, Ribero, si me lo llevo, es cosa mía!

No te metas.

-"Si tenemos reducida la jornada," pero hay que sacar el mismo trabajo

que con la jornada completa, o fallan los plazos

o fallan los acabados.

Este pedido no puede fallar, a ver qué haces.

Milagros no, desde luego.

Milagros desde luego que no, si no lo intentas.

-"En mi opinión," Inés acumula cansancio.

Lo cierto es que la librería es un trabajo más exigente

de lo que parece, está durmiendo poco...

¿Cómo sabes que eso es cansancio?

A lo mejor hay que llamar al doctor.

Si después de unos días de reposo no se recupera, lo llamaremos.

¿Y si en vez de cancelar la fiesta hacemos algo íntimo en el club

con sus amigos más cercanos?

Y a Víctor le serviría para distraerse y levantarle el ánimo.

Seguro que se siente arropado.

Lo peor es que no es la primera vez que sucede.

¿A qué te refieres?

Llevo días viendo a doña Inés cansada.

Por no hablar de su comportamiento, que...

¿"Su comportamiento"?

Que veo en ella cambios de humor.

La he visto más alterada, irascible...

No quiero alarmarlo, don Ventura,

solo temo que sea algo más que cansancio.

-"¿Qué es esto? ¿Qué hacéis aquí?"

-Pues sacarte de casa.

¿No querías presentarle a tus amigos?

Pues aquí estamos todos.

¿Cómo está tu madre? Mejor, parece.

Vamos, que tiene unos celos que te cagas.

Puede ser, sí.

Pero es verdad que tampoco te conozco mucho.

Bueno, vale. Dime, ¿qué quieres saber?

La verdad es que desde que está contigo,

Víctor ha sentado cabeza.

Perdona, pero ¿por qué te ríes de esa manera?

Con Víctor hay algo que nunca cambia,

más bien alguien.

-"Me ha dado plantón dos veces" en nada de tiempo.

¿Cómo no vamos a chocar en el trabajo?

Si cada vez tenemos menos relación fuera de él.

A ver, si el problema que estás viendo

es que os estáis distanciando, ¿por qué no intentas acercarte tú?

Porque es ella la que se está alejando de mí.

-"A ver," ¿tú a Elena le has hablado mal?

No.

¿Has hecho algo de lo que te arrepientas?

No. Si últimamente, todo lo que hago

es por el bien del taller y de mis trabajadores.

Pues, entonces, no sé por qué vas a pedirle perdón, la verdad.

No sé, porque es lo que siento.

Carmen, ¿de verdad quieres saberlo? Os vais a casar en unos meses.

Precisamente porque nos vamos a casar en unos meses,

debería saber lo que está pasando. Pues que Víctor...

sigue viéndose con su "mininga".

¿Estás... rompiendo nuestra relación, nuestro compromiso?

He puesto todo de mi parte para que esto funcionara,

sacrificando incluso lo que nunca habría pensado

que iba a sacrificar por nadie.

Hemos terminado. Vete, por favor.

Carmen... Carmen... Vete.

¿Llevas ahí toda la noche?

No hace falta que contestes, tu aspecto ya lo hace por ti.

Llevo aquí desde las doce.

Minutos después de que Carmen rompiera su compromiso conmigo.

¿Qué dices, estás de broma?

No me parece una broma de buen gusto,

y menos, con madre postrada en una cama.

¿Qué demonios ha pasado?

Alguien le ha dicho a Carmen que me veo con una "mininga".

¿Ni comprometido con una buena chica

eres capaz de sujetarte los pantalones?

¿Puedes bajar la voz?

No me gustaría que mi madre se enterase así.

Oh, qué considerado.

Siempre piensas en ti mismo, y ahora te preocupas por la discreción,

esa que no eres capaz de mantener.

Ya entiendo, ya eres de los que desaprueba que se sepa,

no que se haga.

Desapruebo que sigas poniendo mi apellido en ridículo.

Si tan incorregible crees que soy,

¿a qué viene tanta sorpresa?

Solo tenías que disfrutar

de lo que tanto me he esforzado en conseguirte, nada más.

Tenías un trabajo digno, una buena prometida...

Lo único que tenías que hacer era quedarte quieto.

Tranquilo, lo haré de ahora en adelante.

No, no, no vas a tirar por tierra todos mis esfuerzos.

Asumí hace tiempo que nunca serías un hombre de provecho,

pero te aseguro que vas a parecerlo.

Así que, adecéntate y ve a recuperar a Carmen.

Ni puedo ni quiero, padre.

Lo cierto es que, desde que le pedí la mano a Carmen,

me siento como un funambulista,

siempre en la cuerda floja y con miedo a caer al vacío.

Déjate de literatura barata y ve ahora a recuperarla.

¿Y cómo esperas que lo haga, padre?

¿Cómo esperas que ella me crea si ni tú lo haces?

No te he contado lo que ha pasado y estás dando por hecho que es cierto.

Me importa un carajo si es verdad o no, ¿me oyes?

Lo único que quiero es que la lleves a altar, ¿entendido?

Lo cierto es que ya no me sorprende que me decepciones,

es una costumbre que has cogido.

Pero te recuerdo que tu madre está convaleciente

y lo último que necesita es un disgusto como este.

Lo dices como si te importara algo que no seas tú y tus ínfulas.

Padre, por mucho que reniegues de mí, nos parecemos demasiado.

La diferencia es que yo lo acepto,

y acepto que hay cosas que no puedo cambiar.

Y ahora, si me disculpas,...

voy a descansar.

(Sintonía de "Dos vidas")

Y 2,50 hacen cinco.

¿No quieres tomar nada más? Acabo de hacer torreznos.

Hasta la próxima.

¡Hombre! -Hola.

Mario... Dichosos los ojos.

Ya decía yo que llevaba tiempo sin verte.

Un cortado, ¿verdad? No, deja.

Solo vengo a por cambio.

El bar de la gasolinera se ha quedado sin monedas

para la máquina de tabaco.

¿Qué?

Bueno, ya sé que lo había dejado,

pero me echo un cigarrito todos los días,

y el resto se lo doy a Lorenzo.

Bueno, se lo revendo, que al precio que está...

Ya. ¿No me digas que estás yendo al bar de Eugenio?

Claro, por eso no se te ve el pelo.

Bueno, es por redistribuir un poco la riqueza.

No me parece justo que de mi gasto semanal en hostelería,

tú te lleves ocho eurazos y él nada.

Ya. Pero es que no eres el único.

Que esta semana, no sé qué pasa, pero está siendo muy floja.

Quién me iba a decir que echaría de menos

el jaleo que montabais con el dominó.

Bueno, a eso sí que me he negado.

Pero... la gente se ha empeñado en echar la partida...

en otro sitio.

Mario... Acabáramos.

La partidita, ¿donde Eugenio también?

Pero si no pone ni tapa,

que los frutos secos que pone parecen cantos rodados.

Ya, pero el hombre, atender, atiende.

¿Y qué hago yo aquí, macramé?

Ya, tú también atiendes.

Pero tu sobrino es como hablarle al fondo de un pozo.

Ya sé que es algo disperso. Ya se lo he dicho yo.

Pero le he leído la cartilla bien leída.

Sí. ¿Y estás seguro de que te oyó

o tenía puestos los cascos esos que lleva casi siempre?

Porque para mí que mucho caso no te ha hecho.

Hago lo que puedo.

Además, acaba de empezar, lleva poco tiempo,

habrá que darle cuartelillo, un poco de paciencia.

Ya, si lo sé,

pero ya sabes cómo es la parroquia,

que paciencia poca, y menos, cuando tienen hambre.

Ya.

Bueno...

Y creo que no es solo eso, es por el trato.

Abelardo dice que para que le ignoren, ya tiene a su parienta.

Y ahí tengo que darles la razón.

No, si no se pone las pilas, se las tendré que poner yo.

Algo hay que hacer. -Le harías un gran favor.

Y esto, al chico no le conviene saberlo,

pero a ti sí te diré que aquello de los robos aún colea.

No, no, no, eso está zanjado.

Te lo puedo asegurar, pongo la mano en el fuego

y las dos si hace falta.

Lo sé, lo sé.

Pero ya sabes cómo son los de Robledillo,

que perdonan pronto, pero olvidan tarde.

Y mientras no le acepten, veo difícil que tú remontes.

Así que... suerte y al toro, majo.

Buenos días. A... todos.

Elena, traigo desayuno. Bollos.

Como el resto no lleguen pronto,

nos los vamos a comer tú y yo solas y no les vamos a decir nada.

Elena, ¿podemos hablar?

Elena. Perdón. ¿Decías?

Te preguntaba si podemos hablar.

Ya.

Eh... Si no es urgente, ¿podríamos dejarlo para otro momento?

Voy muy apurada y me gustaría acabar de patinar esta pieza

antes de empezar con el resto.

No, claro, claro. no es muy urgente.

Podemos hablar luego. Vale.

He traído desayuno, bollos recién hechos, por si quieres.

Vale, vale.

-Buenos días, chicas.

¿Os importa que vaya supervisando la producción?

Prometo que no molestaré mucho.

¿Y los demás?

Han ido a llevar el material donde Juan Carlos.

Ahora vendrán con las piezas que estén terminadas.

¿María y Cloe también?

Es que era muy urgente.

Bueno, Elena, empezaré entonces contigo.

¿Con qué pieza estás, con la seis o la siete?

La tres.

Ah. ¿Eso quiere decir que solo llevas tres?

No, eso quiere decir que es la número tres.

Si quieres saber cuántas llevo, pregúntamelo.

-No, no hace falta.

Manejo datos suficientes para saber que tenemos que pisar el acelerador.

Si no damos el 200 por cien cuanto antes,

acabaremos pidiendo la hora.

Pero sé que todos sentimos los colores y vamos a sudar la camiseta.

Yo con las metáforas deportivas me pierdo,

a mí me sacas del pilates, y no entiendo de nada.

Pero si nos estás metiendo prisa,

ya le dije a Julia que vamos todo lo rápido que podemos.

No se puede reducir la jornada, sin reducir la productividad.

Y no sé para qué te cuento esto si tú eres el de los números.

Por eso, hemos decidido hacer un estudio de productividad,

para encontrar una manera de aprovechar más el tiempo.

¿"Hemos"? -Sí, Julia y yo.

Lo único que necesito es haceros unas preguntas a todo el equipo.

Ya. ¿Y ponernos a hablar no es un poco incompatible

con aprovechar más el tiempo? Serán cinco minutos.

Y si nos ayuda a encontrar soluciones...

Solamente van a ser dos minutos.

Bueno, ¿y qué se supone que tenemos que hacer?

A ver, simplemente tienes que hacer un poco de autocrítica de tu trabajo

y plantear alguna sugerencia para mejorarlo.

A tope. Perfecto. -¿Eh?

Sí. Vale. -¿Eh? Vamos.

Vamos allá. -Autocrítica ¿no?

Eso es. -Vale.

¿Vale?

Genial, pero ¿esto va a salir en algún lado?

Yo creía que estas cosas eran anónimas.

O por escrito.

Autocrítica es eso de criticarme a mí mismo lo que hago, ¿no?

Vale.

Un segundo, lo voy a compartir en mis redes, si no te importa.

Bueno, es un segundito.

Es que no todos los días salgo en una entrevista. Un segundo.

Hombre, alguien podría pensar que igual salgo demasiado al patio.

Pero eso también es trabajo.

#trabajoenquipo.

#trabajoduroperoguay.

Porque en los trabajos creativos hay que salir fuera a tomar el aire

para que te vengan las ideas.

No lo digo yo, lo dice la neurociencia.

#puravida,

#masfelizqueunaperdiz,

#buenosdias...

-Mira, si te digo la verdad, yo lo que peor llevo es concentrarme.

Yo aguanto diez, 15 minutos, pero esos 15 minutos, a tope.

Y hay que levantarse cada hora para estirar las piernas,

la espalda y descansar la vista...

-Hashtag...

Tranquilo, que acabo en un segundo, de verdad. Es un segundito.

Ya no me queda nada.

#robledillolife,

#ponunpuebloentuvida,

#aporlasemana.

Pero salvo eso, yo creo que lo demás lo piloto bastante bien.

-No te creas que estoy todo el día pegada al móvil.

De hecho, cuando llego al trabajo lo suelto,

y lo pongo en modo avión y no lo vuelvo a tocar.

Solo lo cojo cada hora o así.

Y como no fumo, ese ratillo lo cojo también.

En vez de echarme un piti, yo me tomo un poco de vitamina D.

Igual podíamos poner una mesa fuera para que todo fuera más sencillo

de trabajar.

Sí, bueno. Perdona, el retraso.

Estaba... ya sabes, trabajando.

Aunque si ponemos una mesa fuera,

para desconectar tendría que entrar al taller.

Y que me lleguen las ideas dentro, un poco chungo.

-Si tuviera que mejorar algo,

creo que, tal vez, soy demasiado crítica.

No, no, quita, déjalo como está.

Aunque ahora que se nos pide autocrítica, igual eso es bueno.

No sé, es que ando un poco confundida.

Porque esto consiste en que nos cuestionemos nuestro trabajo,

pero al tuyo y al de Julia no se le puede poner un pero, ¿no?

¿Es eso? Lo pregunto por aclararme, nada más.

¿Me habías preguntado algo más?

No me acuerdo mucho de lo que me has dicho.

Pues ya estaría.

¿Algo no es de su agrado, señorita?

Todo lo contrario, Kiros.

Hacía tiempo que no veía un trabajo tan prometedor.

Estoy convencida de que van a ser tus mejores creaciones.

¿Cómo lo sabe? Apenas acabo de empezarla.

¿No te parece que,

cuando das algo por perdido

y el destino lo pone otra vez a tu alcance,

lo valoras mucho más?

Es posible. Dicen que uno no sabe lo que tiene

hasta que siente el miedo de perderlo.

Tú siempre has amado este taller.

Pero creo que imaginarte lejos de él,

hará que lo abraces con más fuerza.

Así que, no hace falta que estén terminadas

para augurarles un gran futuro. Al menos, así lo siento yo.

A esta pieza aún le queda mucho trabajo por delante.

Y por suerte, no pueden estar en mejores manos.

Me alegro mucho de que hayas vuelto.

Yo también.

Aunque debo pedirle que me disculpe.

Sí, claro, disculpa mi intromisión.

Solo quería saber qué tal iba tu vuelta.

Y... contarte una cosa que pasó anoche.

¡Señores,

descanso para refrescarnos! Venga.

Nada, olvídalo.

Hablaremos en otro momento.

¿Ahora tampoco me vas a reconocer el motivo de tu vuelta?

¿De verdad tengo que explicar por qué regreso al mejor trabajo

que un hombre como yo puede tener?

-(MABALÉ RÍE) Tienes razón.

Haces lo que te apasiona,

cerca de la mujer por la que bebes los vientos...

¿Es que estás leyendo novelas románticas últimamente?

Te advierto que la vida real no va así.

Puede ser, pero para haberla olvidado,

te gobierna demasiado.

Perdona, pero tengo mucho trabajo pendiente.

Mira, Kiros, ella es el motivo por el que decidiste irte.

Y ella es lo que te ha hecho quedarte.

Cuando pensé irme, tú mismo me dijiste que era un error.

¿Tan raro es que actúe con sensatez?

Kiros, sería la primera vez,

la primera, que sigues un consejo mío.

Puedes engañarte a ti mismo, pero a mí no.

(Llaman)

La sirvienta dice que quieres verme.

Sí. Quería que supieras que me encuentro infinitamente mejor.

Eso parece. Tienes mejor cara que estos días.

Sí. He dormido como un bebé,

y creo que ese sueño reparador ha sido vital.

Así que, no es necesario que Enoa malgaste su tiempo en mi cuidado.

Lo hago con mucho gusto, señora.

Le aseguro que no es ninguna molestia.

No quiero seguir privando a Francisco de su mejor sirvienta.

Así que, agradécele su generosidad

y dile que lamento muchísimo el revuelo causado.

Tampoco hay urgencia en volver a la normalidad.

Bueno, tampoco hay motivo para no hacerlo.

De verdad, que no son necesarias tantas atenciones.

Enoa, puedes marcharte, yo misma te acompañaré a la puerta.

Cariño, ¿a quién pretendes engañar? Estás temblando como una hoja seca.

Porque llevo demasiadas horas tumbada y aún estoy en ayunas.

Es normal que esté algo débil.

Te conozco desde hace demasiados años,

¿a quién quieres engañar?

Te tiene que ver un médico, ya está.

No quiero molestar a un médico

por un simple episodio de agotamiento.

Para un médico no es molestia venir a visitar a una paciente.

Y tampoco debería serlo para ti.

No sé por qué le tienes miedo a una revisión.

Porque estoy bien.

No tengo nada grave, así que no lo necesito.

Cuanto más me dices que estás bien,

más me convenzo de que algo te ocurre.

Es solo que te vea un médico. Aparte, el doctor vendrá enseguida.

Por favor, asegúrate de que no salga de la cama y descanse.

Y cualquier cosa que diga el doctor, me lo dices antes a mí.

Mi esposa no está en condiciones.

Cariño, descansa, por favor.

No se disguste señora, no le conviene malgastar energías.

Por favor, Enoa, debes evitar que suba el doctor.

No me puede ver, por favor.

Yo no puedo hacer eso, señora. Se me ha ordenado cuidar de usted.

Te lo suplico, Enoa, el doctor no debe explorarme.

Haz lo que sea, invéntate algo, me da igual.

De acuerdo, le ayudaré en lo que pueda,

pero para eso, necesito entender qué le ocurre.

¿De qué tiene tanto miedo? -De estar embarazada.

Hola, Juan Carlos.

Te llamo para saber cómo llevas

las últimas tareas del pedido de Tamar Muebles.

Sí, para saber si podemos ir a recoger

alguna de las piezas que faltan.

No, claro, te entiendo.

Sí. No, no, no, no. A ver, no quiero agobiarte.

Ya, ya. Bueno, no te preocupes,

sigue trabajando y en diez minutos te llamo para ver cómo vas,

¿te parece?

Pero tú no te agobies, de verdad, no te agobies.

Tranquilo.

Gracias.

Ay...

(Puerta)

Servicio a domicilio.

¡Ay! Gracias, Tirso. Déjala por ahí, ahora me la comeré.

Bueno, comer comer...

Con las horas que son, es más una merienda-cena.

¿Y si por atender a un amigo paras cinco minutitos?

Y de paso, te comes el sándwich, que frío no sabe a nada.

Vale. Que conste que lo hago por hacerle el favor a un amigo.

¿Qué, cómo van las cosas por aquí? ¿Salen o no salen?

Bueno, ahí vamos.

Lo más importante ahora es cerrar el pedido

con la distribuidora nacional.

Tamar, ¿no?

Te recuerdo que tus asalariados son también mis clientes.

Pues sí. El pedido de Tamar es exigente.

Nos ha pedido muchas de las piezas del catálogo,

y todo esto, en un momento que no es el mejor para nosotros.

Ya. Nunca es un buen momento para un examen.

Pero no es la primera vez que sacáis un pedido en tiempo récord.

Ya, pero ahora es diferente.

He tenido que tomar decisiones muy complicadas con la plantilla...

y lo están haciendo todo muy difícil, Tirso.

Y encima, en un momento en el que nos jugamos tanto.

Es que, necesitamos cerrar ese contrato bien

para salir de este bache.

Suena un poco a pescadilla que se muerde la cola, ¿no?

Necesitas a tu equipo al 100% para sacar ese contrato adelante,

pero tu gente no puede estar al 100%

hasta que no cierres el contrato.

Algo así, sí.

En una semana estaremos en el hotel celebrando

que todo ha salido bien.

¿Cuántas veces habéis estado con el agua al cuello

y habéis sacado el curro? Demasiadas veces, demasiadas.

Y es que no se puede trabajar así, Tirso, al límite siempre,

al final, eso acaba pasando factura.

Y bueno, antes, al menos éramos un equipo

y tenía la sensación de que íbamos todos a una

y remando en la misma dirección, pero ahora...

ahora no estoy segura de nada de eso.

¿Lo dices por alguien en particular?

Por Elena.

Todo se complicó cuando decidí reducirle la jornada,

y bueno, le sentó como un tiro.

Bueno...

No es algo fácil de digerir para ningún trabajador.

Si supiera que la otra alternativa era despedirla...

¿Y por qué no se lo has dicho?

Porque no quería preocuparla, Tirso,

y ahora, con toda esta tensión que hay entre nosotras,

pues la verdad es que me da un poco de miedo.

Siento que todo lo que diga podrá ser utilizado en mi contra

en cualquier momento.

En serio, empiezo a pensar que mi madre tiene razón,

y tanta confianza en el trabajo no es buena.

Yo, como pequeño empresario,

que el único empleado que tiene a su cargo es su sobrino,

te diré que... es una cagada monumental.

(RÍE) Pero monumental.

Yo que te iba a pedir consejo...

No, no, no.

Estamos en las mismas, estoy trabajando en ello también.

¿Sabes qué me pasa?

Siento que si Elena y yo no fuéramos amigas,

se tomaría mucho mejor mis decisiones.

Ya. Yo también pienso que si Erik no fuese mi sobrino,

no me tomaría por el pito del sereno.

A ver, si te sirve de consuelo, y por lo poco que le conozco,

creo que torearía exactamente igual a cualquiera.

Sí, sí, probablemente sí.

Lo que pasa es que a la mayoría de mis cliente

no les hace mucha gracia la pose de rebelde sin causa que lleva.

Me está vaciando el hotel.

¿En serio? Sí.

¿Y qué vas a hacer?

No lo sé. Lo que sí sé que no voy a hacer es tirar la toalla.

Es mi familia y yo soy la suya.

Así que no le voy a dejar tirado.

Ya podías esmerarte así cuando no estoy mirando.

Joder, qué susto. ¿Eres un ninja o qué?

¿No me habías visto y estabas barriendo

como si fueras a ganar un concurso?

Cuando no hay nadie dándome la brasa, me concentro más.

Ya. Y ya habrás visto que estos días

no hay mucha gente por aquí que te dé la brasa, ¿no?

Sí que está esto demasiado tranquilo últimamente, sí.

La gente se está yendo a otro sitio

porque no están muy contentos con tu trabajo.

Se quejan de que tardas en atenderles,

que te confundes con las comandas,

con la cuenta... -Ya lo pillo.

Que no me van a nombrar camarero del año, vamos.

Lo siento de veras. No sabía que se lo iban a tomar tan a pecho.

Pero vamos, tampoco es mucha sorpresa.

Con mi alergia a la gente y la que me tienen a mí,

no iba a durar mucho. -¿Qué haces?

Devolvértelo. Me estás echando, ¿no?

Que no, que no va por ahí, Erik. Eso sería lo fácil.

Pero los Noguera

somos... muy de complicarnos la vida.

Podrías ponerme en el almacén.

Ahí estaría a mi bola y fijo que no daba problemas.

Podría.

Pero tú, como buen Noguera,

deberías de empezar a complicarte un poco la vida.

Verás que si te centras

y te dejes de risitas con Cloe

y te esfuerces de verdad, todo esto

no es tan complicado.

Pero si ya has visto que soy un desastre.

Que no le gusto a la gente. Y ellos a mí tampoco.

Ya. Pero yo te pago para que me ayudes,

y te necesito aquí, atendiendo.

¿Crees que a mí no me costó aprender?

Al principio me agazapaba en la cocina

solo salía para atender y cobrar. -¿Y cómo hiciste para acostumbrarte?

Porque ahora te adoran.

Pues no lo sé. Supongo que fue cuestión de tiempo.

Empecé a observar a la gente

y descubrí que cuando me pedían un vino o un montadito,

no solo querían eso,

querían compañía,

contarme sus penas, sus alegrías, que les preguntara que tal el día...

Y cuando lo hacía, conseguía que se sintieran especiales.

Y ellos me hacían sentirme especial a mí.

Y desde entonces, empecé a cocinar mejor, a ser más amable...

Me empezó a gustar de verdad este trabajo.

¿Y cuando tienes un mal día, qué haces,

o te toca el típico cliente tocapelotas?

¿Qué haces tú con el típico amigo tocapelotas?

¿Eh?

Echarle paciencia, ¿no?

Y unas risas también me echo. -Ya.

Pues los clientes son eso,

es un amigo que quiere pasar tiempo contigo.

Pero ahora, se están yendo con Eugenio.

Eugenio. -Eugenio, sí, el de la gasolinera.

Y nos toca

volver a hacer que se sientan especiales otra vez.

No sé, organizar algo que les haga recordar que aquí son queridos.

Pero no se me ocurre nada. ¿Alguna idea?

¿Y cuál es la especialidad del Eugenio ese?

¿Qué tiene que no tengamos nosotros?

¿Que puedes tomarte un café

mientras te llenan el depósito del coche?

¿Y cuál es nuestra especialidad?

Ahora que el servicio ha decaído un poco...

Yo diría que las tapas.

Siempre me han celebrado mucho las tapas.

Pues invitémosles a tapas.

Tapas especiales, para clientes especiales.

¿Una fiesta de la tapa?

Eso es, eso es. Podemos llamarlo "el día de la tapa",

un homenaje a tus clientes de toda la vida.

En honor a todos nuestros clientes.

Le agradezco su disposición, doctor.

Huelga decir que si necesita cualquier cosa,

no dude en decírmelo.

Por cierto, dele recuerdos al doctor Garrido,

espero que se recupere pronto.

Acompaña al doctor a la salida.

Padre, ¿qué le ha dicho? ¿Es grave?

Afortunadamente, no es nada grave.

Bueno, ¿y de qué se trata? Estoy en un sinvivir, de verdad.

No paran de llegar llamadas de conocidos preguntando por su estado.

Hasta Ángel ha venido interesándose por ella.

Debes ser muy discreto con este asunto, Víctor.

No quiero que hables con Ángel ni con nadie de esto.

No quiero que se desaten las habladurías.

Padre, prometo que guardaré el secreto, pero dímelo.

Padre...

Lo que le ocurre a tu madre es una cosa natural en cualquier mujer.

Tiene sofocos, mareos, cambios bruscos de humor...

Es el paso natural de cualquier mujer a partir de cierta edad.

Padre, no, no...

Víctor, que tiene la menopausia.

¿Madre? Pero... ¿no es muy joven para eso?

Yo también lo pensaba,

pero el doctor me ha dicho que es algo que puede ser normal,

en algunos casos se puede precipitar.

¿Y eso es todo? ¿Y nosotros qué hacemos?

¿Qué vamos a hacer? Aceptarlo, Víctor.

¿Adónde vas? -A ver a madre.

Estará convaleciente, quiero acompañarla.

Déjala descansar, por favor.

Me lo ha pedido. Vamos a respetar su decisión.

Vale.

El doctor me ha dicho que esta noticia puede ser muy dura

para algunas mujeres.

Si quieres ayudar,

lo mejor que podrías hacer es retomar tu relación con Carmen.

Si tu madre está convaleciente es por los problemas que le das.

Eres un quebradero de cabeza.

Estas sales de lavanda le ayudaran a relajarse.

Solo tiene que sumergir los pies

y, verá como en un rato se encuentra más serena.

No te molestes, querida. Los nervios no son mi problema.

Solo quiero es dormir un rato.

Pues este baño le ayudará.

El doctor ha dicho... -Me trae sin cuidado el doctor.

Ese pobre hombre no tiene ni idea.

"Menopausia"... Menuda insensatez...

Me faltan muchos años para cruzar ese río.

¿No te parece ridículo?

No he visto ni he oído jamás de ninguna mujer joven

que se encuentre en una situación así.

Yo tampoco conozco a ninguna,

pero he oído que puede suceder en raras ocasiones.

Pediré una segunda opinión.

Y una tercera si es necesario.

Buscaré cuantos médicos hagan falta.

A ver si se atreven

insinuar que a mi cuerpo le ha llegado el otoño.

Míralo tú misma.

¿Te parece que estas piernas, esta piel

y este rostro son los de una mujer mayor?

¿Por qué a mí?

¿Cómo es posible estar en la flor de la vida,

y al día siguiente darte cuenta

que días como el de ayer nunca volverán?

Cada día es único e irrepetible.

Pero eso es así para usted, para mí, para todos.

Lo único que nos queda es hacer que cada uno de esos días,

valga la pena.

Pero yo aún tengo mucha vitalidad,

sueños, ilusiones...

Aún me siento joven. -Es joven.

Y lo será mientras mantenga vivas esas ilusiones.

¿Y cómo voy a hacerlo,

si mi propio cuerpo me sabotea?

Si se niega a engendrar más hijos,

¿cómo se puede dar y recibir placer en el amor,

si se desdibuja tu condición de mujer?

Mírese.

¿Le parece que esas piernas,

esa piel y ese rostro no son los de una mujer?

Y aunque ese espejo no lo refleje, su voluntad es la de una mujer.

Y su arrojo, su fortaleza, su ingenio son los de una mujer.

Y su sonrisa, es sin duda, la de una mujer.

Así que no se olvide de mostrarla a menudo.

Gracias, Enoa.

La naturaleza sigue su curso, implacable,

y poco le importa si estamos preparados o no

para la siguiente etapa.

Pero la naturaleza también es sabia

y nunca nos trae algo que no podamos manejar.

Ahora, aún se encuentra superada,

pero cuando retome sus rutinas

y sienta el enorme cariño de todos los que se han interesado por usted,

lo verá todo de otra manera.

¿He recibido visitas? -Muchísimas.

Han venido doña Patricia, don Francisco,

la señorita Carmen, la señorita Linda...

y el señorito Ángel.

Todos muy preocupados por su salud y deseándole una pronta recuperación.

Agradece a todos ellos su interés,

pero de momento, seguiré sin recibir visitas.

Y quiero pedirte que no des detalles sobre lo que me sucede.

Y trasmítele lo mismo a mi marido, por favor.

(Timbre)

¿Esperamos a alguien?

No.

(Timbre)

¿A qué esperas para abrir?

Presentarse a estas horas en una casa y sin previo aviso...

Qué desfachatez, por Dios.

En fin...

Ah, Ventura, que agradable sorpresa.

Toma asiento, por favor.

No será necesario. No me quedaré mucho rato.

Retírate.

Bueno... ¿Qué tal se encuentra Inés?

Espero que se esté recuperando.

Lo cierto es que no he venido a hablar sobre la salud de Inés.

Aunque os adelante que seguramente se recuperará en unos días.

Lo que no parece tan halagüeño es el idilio que tiene mi hijo

con Carmen.

Y por vuestras caras, intuyo que no estáis al tanto de su nueva crisis.

La verdad es que no tenemos noticia.

Así que imagino que habrá sido una riña sin importancia.

Igual están cenando muy enamorados, que al día siguiente riñen...

En fin... Además, Carmen ha aprendido por fin

a no hacer un drama de cualquier cosa.

Sois demasiado ingenuos.

Carmen ha roto su compromiso con Víctor.

No quería arruinaros la cena, pero quería asegurarme

de que sois conscientes de la delicada situación en la que estáis.

Lamento muchísimo su comportamiento, Ventura.

Y por supuesto, no dudes que ahora que estamos al tanto de esto,

nos encargaremos de ello inmediatamente.

-Excusas y más excusas.

Lo cierto es que, a veces, preferiría que os rindieseis,

que admitieseis vuestra incapacidad para resolver esto,

pero ya es demasiado tarde para dar marcha atrás.

Esta boda debe celebrarse.

Aseguraos que así sea.

¿Es que tu hija no va a dejar de torturarnos con sus arrebatos?

¿Qué mosca le ha picado ahora?

Francisco, ¿tú sabías algo de esto?

Hace unos días, escuché cómo Carmen le decía a Enoa

que no podía dejar de pensar en otro hombre.

Pero no quiso decirme quién era

y me aseguró que no había nada entre ellos.

Qué testaruda es.

¿"Testaruda"?

¿Tú sabías algo de ese otro hombre?

Ese amor secreto lleva ocupando la cabeza de tu hija hace mucho tiempo.

Mira que intenté hacerla entrar en razón,

hacerla comprender las reglas del juego...

Pero nada, ha vuelto a romperlas una vez más.

Si Carmen ama a otro, y está claro que así es,

ni tú ni nadie va a alejarle de él.

Está claro que ese amor será nuestra ruina.

No.

No mientras me quede un hálito de vida.

Hablaré con ella inmediatamente.

Llegados a este punto, una de las dos debe claudicar.

Y ambos sabemos que no seré yo.

Bueno, dime. ¿Cómo ha ido el estudio?

Pensaba que era tu momento de desconexión.

Y yo. Pero no puedo leer ni una línea más

sabiendo que tienes ahí los resultados.

En realidad, no he descubierto gran cosa que no supiéramos ya.

Todos los trabajadores tienen cosas que mejorar.

Algunos despistes, otros, cierta relajación...

Pero nada que no tenga solución.

Todos están motivados y dispuestos a aprender.

Salvo Elena.

Es la única que tiene una actitud poco o nada colaboradora.

Ya.

Está tensa, a la defensiva y con una mentalidad bastante rígida.

Bueno, ella, a veces, puede ser un poco dura.

Pero está bien tener espíritu crítico en el equipo.

No ahora. Y no hacia ti.

No desaprovecha ninguna oportunidad para cuestionar tus decisiones

y subrayar lo que ella considera un error.

Bueno, ¿qué?

¿Cómo estoy? ¿Muy peripuesta?

¿Exagerada? ¿Ridícula?

Espectacular, mamá. Estás espectacular.

Entonces, me he pasado de arreglada.

No sé a qué me vengo yo tan arriba por una simple cena de exalumnos.

Ni que fueran los Goya.

Porque es una ocasión especial y te lo vas a pasar genial.

Y a diferencia de ti, te voy a pedir que no me mandes mensajes

que llegues todo lo tarde que puedas y que desparrames.

Ay, calla, que solo de pensar lo que tengo que madrugar mañana,

me dan ganas de irme a la cama con zapatos y todo. Hala.

No te pienso oír llegar.

¿Qué pasa? ¿Qué te has olvidado?

Que no voy. Si es que no me apetece nada.

Pero venga, no.

Anímate. Luego te alegrarás de haber ido.

Bueno, cometo errores, Sergio, eso es así.

Y está bien que mi equipo se sienta libre de señalármelos.

Es que da igual si tienen razón o no.

Hay una línea que un empleado no debe cruzar.

Y Elena tiene que aprender a respetarla.

Tiene que asumir que eres su jefa.

¿Antes que su amiga?

A veces, los amigos, las parejas pueden trabajar juntos.

Nosotros, por ejemplo, lo hacemos bien.

Desde el principio, establecimos un equilibrio

y separamos lo personal de lo profesional.

Pero otras veces, lo uno contamina a lo otro,

y creo que Elena y tú habéis llegado a ese punto.

Y si no haces algo pronto...

Si vas a sugerir que la despida, ya te dije que no es una opción.

Solo quiero recordarte que prescindiendo de ella

salvaríamos el bache económico con soltura.

Y sería una decisión estrictamente profesional.

Pero yo decidí tomar otra.

Y sigo pensando que es la mejor opción.

Y si Elena tiene algún problema con la reducción de jornada

o con cualquier otra cosa, tendremos que hablarlo.

Que no, que no.

Que no, que ya sé cómo van estas cosas.

Hace muchísimo que no veo a esa gente.

Y entre que rompemos el hielo, nos ponemos al día

y nos sentimos en confianza para contarnos nuestras miserias

y soltar cuatro chistes, ya es la hora de despedirse.

Y hasta dentro de cinco, seis o diez años,

no volveremos a saber nada los unos de los otros.

A ver, si lo vendes así...

Pero no sé por qué te has desinflado tan rápido.

Cuando te llamaron, te hizo ilusión.

Pues ahora me hace más ilusión quedarme aquí.

¿Quién quiere amigos pudiendo tirarse en el sofá, contigo,

a ver una peli? -Esto es por Julia ¿no?

Por eso no tienes cuerpo de fiesta...

Últimamente, no estáis tan bien.

Bueno, puede ser, puede ser.

A lo mejor no me apetece quedar con la gente del insti

porque en realidad no son mis amigos.

Mi amiga es Julia.

Y es con ella con quien me apetece estar.

Aunque a ella no le pasa lo mismo.

Que no quedéis, no quiere decir que ella no quiera.

Últimamente, tiene mucho lío.

¿Cuándo no ha tenido lío Julia, a ver?

Antes, por muchas penurias que pasara con el taller,

con su madre o vete a saber qué contratiempo,

siempre sacaba un rato para desahogarse conmigo.

Pero ahora, pasar tiempo juntas,

es una cosa más que se cae de su lista.

Porque la gente va por rachas.

A veces se acercan y a veces se alejan.

Por eso, es mejor ser como tú.

Qué siempre estás donde tus amigos pueden encontrarte,

si están perdidos.

Mira, eso es una de las cosas de las que me siento más orgullosa.

Aunque, a veces, eso de ser una amiga que siempre están ahí,

no es suficiente.

A veces, me siento como una estación

llena de cosas, en una vía por la que ya no pasa el tren.

Anda, que te dejo elegir la peli y el sabor del helado.

¿"Helado"? No sé si hay helado. Al menos, yo no he comprado.

No fastidies.

Pero ¿tú no eras una estación llena de cosas?

Anda, elige una peli.

Elena.

Buenos días. Buenos días.

¿Podemos hablar un segundo? Sí.

Ya sé que no es buen momento, que estás muy liada,

pero es importante.

Quiero comentar contigo el resultado del estudio

que ha hecho Sergio. Ah.

Pensé que sería él el que hablaría con los empleados.

No sé qué plan tiene él, pero para mí no eres solo una empleada.

Así que, me gustaría que lo comentáramos.

Pues tú dirás...

Vale. A ver, yo sé que...

no estás de acuerdo con muchas de las decisiones que he tomado

y me gustaría que pudiéramos hablarlo.

¿Para qué?

¿Cómo que para qué?

Para que me cuentes con qué tienes problemas

e intentemos arreglarlo.

Pero ya sabes lo que pienso, ya lo hemos hablado,

incluso te propuse una alternativa que ni te molestaste en leer.

No sé para qué buscas mi opinión si luego la vas a ignorar.

Elena, a nadie le gustó la reducción de jornada.

Pero el resto del equipo ha entendido que es necesaria

y ha terminado por acatarla,

y no entiendo por qué tú sigues ahí atascada.

Bueno, porque tú misma has dicho que no soy una empleada más.

Me he dejado la piel contigo desde el minuto uno.

Dando ideas, echando horas, apoyándote en todo...

¿Y ahora que no me necesitas, pretendes que me limite a acatar?

Ah, que es eso. ¿Es por Sergio?

Porque no te gusta que esté trabajando con nosotros.

Desde que ha llegado, siento que solo te importa su opinión.

Todo hay que hacerlo a su manera

y, eso ha cambiado totalmente el espíritu del taller.

Siento... que ya no somos tu equipo,

somos el suyo.

Siento que lo veas así, la verdad,

porque no sabes cuánto pienso en vosotros

y cuento os tengo en cuenta. No te haces una idea.

¿Y cómo quieres que lo vea, si me desvivo por este sitio

como si fuera mío? Es que no es tuyo, Elena.

No es tuyo.

Y te agradezco mucho la entrega y el esfuerzo,

pero al final, cuando estamos al borde del abismo,

arriesgas un trabajo, y yo lo arriesgo todo.

Así que, perdóname si no quiero que se vaya todo a la mierda.

Don Ventura. ¿Qué tal? -Alicia.

¿Cómo se encuentra doña Inés, se ha podido levantar de la cama?

Te agradezco que te hayas venido, pero no está en disposición

de recibir visitas. -Claro, lo comprendo.

No quiero ser un estorbo tampoco.

Bueno, ya que has venido,

quería decirte que la librería se mantendrá cerrada unos días.

Al menos, hasta que mi esposa se recupere.

No se preocupe, la librería es lo de menos.

Lo importante es su recuperación.

¿Se sabe ya qué le ocurre? ¿La ha visto algún doctor?

Si no es así, le recomendaría...

Alicia, no te preocupes, mi esposa está muy bien atendida.

Claro, sí, perdón.

Le ruego que disculpe mi indiscreción, lo siento.

Pero este tema me tiene algo consternada.

Saber que doña Inés es tan fuerte y se vea postrada en una cama,

me duele.

Agradezco tu preocupación.

Alicia, se lo trasmitiré a mi esposa.

Sí, gracias.

Y no me tiene en vilo solo a mí,

son muchas las personas que me han preguntado por ella

al ver la librería cerrada.

Claro, yo quiero aplacarles y decirles que no se preocupen,

que doña Inés pronto volverá a estar tras el mostrador.

Pero tampoco les quiero mentir.

A mi esposa no le ocurre nada grave.

Lo cierto es que, físicamente, se recuperará en unos días,

es emocionalmente donde se encuentra más frágil.

Parece ser que

le ha venido el típico mal de las mujeres maduras,

pero a una edad muy temprana.

Y eso la tiene sumida en una profunda melancolía.

¿Se está usted refiriendo a la menopausia?

Sí. Inés se ha tomado muy mal el diagnóstico.

Lo cierto es que, si alguien te pregunta,

prefiero que digas que tiene algo de fatiga acumulada, nada más.

Es una cuestión de privacidad y de tacto.

Claro. Por supuesto, no dude que así lo haré.

Por cierto, he traído estos libros, lléveselos,

a ver si le pueden animar.

Y si hay algo más que pueda hacer, don Ventura, no dude en decírmelo.

Te lo agradezco.

Lo cierto es que mi esposa es muy afortunada

de contar con una ayudante tan dulce y entregada como tú.

Y ahora, si me disculpas, tengo muchos asuntos que atender.

Sí.

Te agradecería que llamaras antes de entrar en mi habitación.

Tu habitación está en casa, Carmen.

Y no estás en condiciones de pedir consideración

cuando no te has dignado a contarnos

que has roto tu compromiso con Víctor.

No es a ti a quien debo explicaciones, Patricia.

Y si mi padre tiene interés en lo ocurrido,

solo tiene que preguntarme. Mira, deja a tu padre...

Deja a tu padre, que le estás quitando vida con tu rebeldía.

Si tanto te importa su salud,

no deberías haberle apartado de la fábrica como a un mueble viejo.

¿Tienes idea del bochorno que ha pasado tu padre

al enterarse a través del mismísimo Ventura?

El único motivo que tiene para abochornarse

es el de obligar a su propia hija a casarse con alguien a quien no ama.

Dios mío, Carmen, ya hemos hablado de esto demasiadas veces,

y creí que había quedado clara tu función.

Tengo derecho a decidir con quién voy a pasar el resto de mi vida.

Cuando descubrí tu secreto,

podía haberle puesto fin, y no lo hice.

Te di una oportunidad, Carmen, y la has desaprovechado.

Así que, voy a descubrir quién es ese hombre misterioso

que ocupa tu corazón, y quién sabe si tu cama.

Por mí puedes investigar todo lo que quieras.

Como bien dices, me advertiste,

así que me he cuidado muy bien de no dejar pistas.

No me subestimes, Carmencita. No me subestimes tú a mí.

He tomado una decisión. Mi decisión.

Y voy a mantenerla hasta el final.

No pienso casarme con Víctor.

Tu decisión no tiene ningún valor.

Aquí tenemos un trato y vas a cumplirlo.

¿Un trato?

Obligar a alguien a cumplir tus exigencias no es un trato,

es un chantaje.

Mi único error fue resignarme creyendo que no tenía otra opción.

¿De verdad crees que tienes otra opción?

Estoy ansiosa por conocerla.

¿Qué piensas hacer para evitarlo, Carmen?

Contárselo a mi madre.

Decirle que me obligáis a casarme en contra de mi voluntad.

Pedirle que ordene mi vuelta a la metrópoli.

Porque si debo irme de aquí para evitar esa boda,

lo haré.

No me toquéis las palmas, que vengo calentita.

¿Me vais a decir de una vez dónde está Julia?

Se ha tomado la mañana libre.

Después de dar tanto por saco con la entrega del siglo,

¿se toma la mañanita libre a un día de la entrega?

Necesitamos que todo fluya para llegar a tiempo con el pedido,

que cada uno lleva lo suyo.

Encima, voy a ser yo la que pone palos en las ruedas,

venga, hombre.

¿Qué haces?

Pues estoy trabajando, mamá, ¿qué crees que hago?

¿A esto le llamas tú trabajar?

Me apetece concentrarme como las personas normales,

en silencio.

Venga, suéltalo.

Para verte recluida en tu habitación,

ha tenido que pasar algo serio.

Voy a ir a la asociación. Cuánto me alegro.

Pero necesito que me hagas un favor.

Claro.

Si pregunta mi madre o alguien, ¿podrías cubrirme?

¿Se va de viaje?

Sí, vuelvo a Madrid.

¿Para siempre?

-Dani, qué bien que te hayas animado a venir.

Ven, siéntate.

No, mejor me quedo aquí, más apartado.

No digas tonterías, siéntate aquí.

Chicos, os presento a Dani.

-Nadie me dice qué pasa y cada día estoy más preocupado.

Dime todo lo que sepas, por favor.

Lo que sé es que Inés está así debido al cansancio.

Alicia, los dos sabemos que Inés estaba bien hace unas semanas.

Inés es una mujer tenaz, no se viene abajo ante el agotamiento.

¿Insinúas que miento? -Sí. Y quiero saber por qué.

¿Qué necesitas para dar el paso?

No hace falta que respondas, solo quería que...

Mi madre.

¿Llevarías esta carta al correo?

Es para mi madre.

Quiero que esté prevenida a mi llegada.

Por supuesto.

Ah, una carta nueva, por fin.

Esta vez se ha tomado su tiempo.

Y luego, ya sabes, lo de siempre.

Llevas la nueva carta al correo

y arrojas al fuego la de la señorita Carmen, ¿entendido?

Tengo un plan.

Un plan, ¿de qué? -¿Para qué va a ser?

Cloe. -Sí.

Tengo que conseguir que descubra quién es Erik.

Si entregamos el pedido a tiempo,

me voy a pegar un fiestón como el de después de la EBAU.

Pues yo me apunto.

¿Y también te apuntarías a arrimar el hombro?

Es que nos vendría muy bien un par de manos.

Siento que todo va de mal en peor.

La manera a la que hemos llegado a estar era tan especial,

que nos daba igual todo lo demás.

Yo creo que esa decepción es más por Julia que por el taller.

¿Crees que marcharte es la solución?

Mañana es "el día de la tapa" en el hotel, un homenaje a los clientes.

Y como hay comida gratis, irá todo el pueblo.

Ese es el momento para desenmascararle.

Quiere celebrar "el día de la tapa". -Fue idea suya.

-Un homenaje a los clientes de toda la vida.

¿Mañana hay tapas gratis? -Y ahí no se queda la cosa.

Todavía le estamos dando vueltas,

pero la idea es que cada cliente estrella tenga su propia tapa.

He pensado que, tal vez, sería un alivio

mantener una conversación distendida conmigo.

Me complace ver que has adquirido la seguridad suficiente

como para venir aquí y pensar que puedes ser un apoyo

para un hombre como yo.

Pero yo no te necesito, Ángel.

-"¿Vais a hacer" una tapa en mi honor?

Hombre, claro.

La tapa Mario, ni fría ni caliente, templadita.

-(RÍE)

Kiros, yo solo te di un pequeño empujón

para que sacaras el talento que tienes dentro.

Hizo más que eso. Confió en mí.

Consiguió que me viera con otros ojos.

¿Quieres sacarme los colores?

Lo que quiero es que vuelva al taller,

la necesitamos al mando.

Creo que es la hora de volver a Madrid.

-No se lo tenga en cuenta.

El señor lleva unos días de mal humor.

¿Se puede saber a qué se debe?

Alguien ha robado en la casa.

¿Qué haces aquí, estoy ocupada? Espero, no pasa nada.

¿Ha pasado algo en el taller? No, nada. Solo quería decirte...

Entonces, prefiero llamarte luego.

¿Ángel ha estado aquí?

Sí. Acaba de marcharse.

El chico tiene un corazón de oro.

Me ha preguntado por usted. Parecía muy interesado.

¿Y qué le has dicho?

¿Cómo crees que he sacado mi empresa a flote

en los momentos malos? Hija, de verdad,

cuando vas a hacer una tortilla, hay que romper algún huevo.

¡No me quiero parecer en nada a ti!

Hay otro trabajador, algo ha tenido que suceder.

Señorita, tengo que irme. Espera, voy contigo.

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Dos vidas - Capítulo 97

10 jun 2021

Sergio sigue sacando de su chistera nuevas y audaces estrategias para reflotar el taller. La última de ellas, un estudio de productividad, podría volverse un problema más que una solución. Otro negocio en horas bajas es el hotel de Tirso, que en pocos días ve como su clientela disminuye hasta desaparecer… y aparecer en un bar rival, porque están hartos de la incompetencia de Erik. Si su tío no toma medidas cuanto antes, podrían quedarse ambos sin oficio ni beneficio. En Rio Muni, lo que parecía una inocente velada termina sacudiendo el compromiso de Carmen y Víctor de manera terminante e irreversible. Y como bien saben las partes implicadas, las consecuencias de una boda malograda son temibles y cada vez más inminentes. Mientras, Inés, no solo lidiará con su débil estado de salud, sino con la amenaza de que un doctor la examine y desvele algo que podría ser terriblemente comprometedor. Lo que no imagina la librera es que su afección es muy distinta de lo que sospecha.

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