Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos Vidas - Capítulo 76 - Ver ahora
Transcripción completa

Estuve haciendo un informe de la competencia

y hablé con...

bueno, con varios empresarios de la colonia.

-Estoy francamente impresionada, Víctor.

Sí, sí que le sacaste provecho a la fiesta de ayer.

-Ojalá un día pueda estar, bueno, a la altura de tus expectativas.

-Te tomo la palabra.

Es que me muero de miedo, Sergio.

No he tenido tanto miedo en mi vida.

Y creo que sí, que necesito que hagamos esto juntos.

Aquí me tienes. No como una pareja, ¿eh?

Como dos personas que se quieren mucho,

porque tú y yo nos queremos, ¿no?

Y por eso va a salir todo bien, ya verás.

Vamos a ser una familia.

(LEE) "Los empresarios de Río Muni se reúnen en una gran velada".

Estoy seguro que, algún día, titulares como este

incluirán la palabra mujeres. -Ay, hijo mío, ojalá.

Creo que todavía queda mucho para eso.

-Terminará ocurriendo, y si es así, es gracias a mujeres como tú.

-"Mery, yo me voy a independizar" y voy a irme a vivir a Madrid

con un buen trabajo y, si todo va bien, incluso estaré con Dani.

A ti te jode que no te vaya a pasar nada de eso.

-Estás muy equivocada, pero ya te darás cuenta tú sola.

Que solo intento protegerte, a ver si te enteras de una vez.

-"Ventura aprecia mucho esa valía"

y no parece dispuesto a querer prescindir de ti.

Quiere que vayas a verle hoy a su casa.

Tiene algo que proponerte. -No quiero saber nada

de lo que me vaya a decir. -Hijo, no me hagas el feo

de no ir a ver a Ventura. Escúchale y luego decide

lo que quieras, pero ve a verlo, te lo ruego.

-"El vértigo, el miedo..."

Todo eso es normal.

Yo creo que... Sergio puede ser un buen padre.

Que tiene sus defectos y que ha liado alguna que otra,

pues sí. Ay, no me lo recuerdes, por favor.

Pero... se nota que te quiere por encima de todo.

Yo creo que ha cambiado, ¿no?

Lo propio sería que te contuvieras esos comentarios

y te comportases como es debido. Como la señorita prefiera.

Tendremos que trabajar juntos, Kiros, te guste o no.

Y por el bien de los dos, debemos mantener las formas.

La señorita puede estar tranquila.

Descuide, estaré listo para acatar sus órdenes.

Es la mejor decisión que podéis tomar, eso está claro.

Ahora, se os viene una buena encima, ¿eh?

Y no quiero más sorpresitas. Si estoy aquí,

es porque quiero hacer las cosas bien, Diana.

Más te vale. De hecho, voy a acompañarla

a su primera visita al ginecólogo.

Quiero transmitirte la delegación comercial

de mis empresas tabaqueras de la colonia.

-¡Vaya! No esperaba una oferta así.

-Es un puesto importante

que te permitirá seguir creciendo y codearte con empresarios

y con diplomáticos.

Piénsalo bien, Ángel.

Una oportunidad como esta solo se presenta una vez en la vida.

Dani, me gustas muchísimo; bueno, nos gustamos,

y si la distancia es un problema, pues hala, fuera distancia.

Me voy a Madrid, me voy a mudar allí.

-Mira que eres cabezota...

(SUSPIRA)

-"No te lo he dicho antes porque no quería hacerte daño".

He conocido a otra chica

"y estamos juntos, así que creo que lo mejor es que"

dejemos de hablar.

"Padre, tú eres el socio mayoritario".

Es que no puedes desentenderte por mucho que necesites

esas vacaciones. Yo ya no soy el socio mayoritario.

¿Cómo?

Hace unos días, le cedí a Patricia parte de mis acciones.

Ahora es ella la que tiene la mayoría.

Cuando estoy con una mujer que... -Hola, tío.

-Erik, ¿qué haces aquí?

-Ya ves.

Esas acciones...

iban a cambiar de manos,

pero no iban a ser para Patricia, sino...

tuyas.

Siempre quise que...

que alguien de mi familia tuviera una parte de la fábrica

y, hace un tiempo, decidí que fueras tú.

¿Y por qué no? ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? ¿Qué?

Tu compromiso con Víctor.

¡Bueno, ya estoy sentada! Dímelo. ¿Es que el bebé no está bien?

No es que no esté bien, mamá, es que no está.

¿Cómo?

Que no hay bebé. Que no estoy embarazada, vamos.

¿Es que te has propuesto quitármelo todo? ¿Eh?

Ahora mismo estás detrás de esta mesa,

haciendo y deshaciendo a tu antojo, pero algún día, eso cambiará,

¡y yo no habré olvidado nada de lo que hiciste!

Carmen, estas no son formas ni el momento de entrar aquí...

Sí que es el momento. Tú y yo vamos a hablar claramente

de una vez por todas. ¡No!

Víctor y yo estamos revisando unos informes...

¡He dicho ahora!

Está bien. ¿Quieres hablar?

Adelante, vamos a hablar.

A solas. No.

Víctor es el director de operaciones,

puede escuchar cualquier cosa que quieras contarme.

¿Tú crees? Sea lo que sea.

Mi padre guardaba una quinta parte de las acciones de la empresa.

Esa iba a ser mi herencia y, ahora, esas acciones

están a tu nombre.

Veo que ya te ha puesto al tanto de la situación.

Imagino que te habrá contado también

los motivos de la decisión. De tu decisión.

Llámalo como quieras. ¿Te lo ha explicado o no?

Sí, pero no me lo creo.

Tú y yo sabemos cuáles son las verdaderas razones.

Claro, tú ya lo sabes todo, por lo que veo.

Mira, Patricia, no sé por qué, pero te has propuesto hundirme,

quitármelo todo, y no pararás hasta conseguirlo,

y lo peor de todo es que has convencido

a todo el mundo de que tus intenciones son nobles.

Pero a mí no me engañas, sé que eres cruel y manipuladora

y que solo te mueves por tu conveniencia.

Lo que no entiendo es qué tienes contra mí.

¿Es algo personal o simplemente es una cuestión de poder?

Ni una cosa ni la otra.

Lamento decirte que ocupas muy poco lugar en mis pensamientos.

Sea lo que sea, te ha salido muy bien,

porque tú querías ocupar esa silla y esta situación

te ha venido de perlas.

Entiendo que ya te has desahogado y ahora lo propio

es que te tranquilices y que escuches mis explicaciones.

No, porque no creo en tu palabra ni confío en ti.

Carmen, va. Víctor, esto no va contigo.

Y por lo visto, tampoco va conmigo. Tú ya lo sabes todo.

No tiene sentido que te explique nada.

No tengo nada que añadir a esta conversación.

Quiero que le devuelvas a mi padre su despacho y mis acciones.

Carmen, tu padre puede recuperar este despacho cuando quiera.

Ha sido él quien ha decidido tomarse un descanso.

Manipulado por ti. En cuanto a las acciones,

no hay nada más que hablar.

Tienen mi firma y seguirán en mi poder.

¿Esa es tu última palabra?

No seas teatrera, Carmen.

Esa es mi única palabra. ¿Y pretendes

que me quede de brazos cruzados tragando con toda esta farsa?

Bueno, si no estás de acuerdo con la nueva línea del negocio,

también puedes quedarte al margen. No voy a alejarme de la fábrica,

si eso es lo que pretendes. ¡Claro! ¿Cómo voy a pedirle yo eso

a doña Carmen Villanueva?

Aunque se me ocurre una manera mucho más sencilla

de que te ahorres toda esta farsa, como tú le llamas.

Estás despedida, Carmen.

¿Cómo?

Patricia, quizás tengamos... -Víctor, ya has oído a Carmen.

Esto es entre ella y yo.

Es evidente que, desde que se anunció tu compromiso,

tienes la cabeza en otro sitio, así que lo más conveniente es

que te alejes un poco de la fábrica y te dediques

a los preparativos de tu boda para hacerlo como Dios manda.

Ya luego decidiremos cómo hacer. Tiene gracia,

porque Víctor está en la misma situación que yo,

pero a mí me despides y a él lo premias con un ascenso.

¿No irás a compararme las tareas de la futura esposa

con las del hombre de la casa? ¿Y me lo dices tú,

que siendo mujer, has conseguido apartar a mi padre

de su negocio? El mío es un caso excepcional.

A la fuerza ahorcan. Tengo muy claro que, si haces esto,

es porque en este terreno, en este trabajo

en el que me dejo la piel cada día, no puedes controlarme como haces...

No vayas por ahí. No te conviene absolutamente nada.

Sal a recoger tus cosas inmediatamente.

Fuera de este despacho.

¡Fuera!

-Patricia... -Víctor, no es el momento.

Podemos esperar a que se calme y, a partir de aquí,

seguiremos hablando.

(Sintonía de "Dos vidas")

Mamá, te acabo de decir que no estoy embarazada.

No pasa nada. Vamos a tomárnoslo con calma.

Pero ¿con calma? Pero ¿qué disparate es este?

¿Cómo que no estás embarazada? Pues que me han repetido el test

y que ha dado negativo. ¿Cómo te va a dar negativo?

Si los test te habían dado positivo...

El test, el test. ¿Qué pasa, que solo te hiciste uno?

¿Cuántos querías que me hiciera, 16?

Todo el mundo sabe que hay que repetirlo

para estar segura. Bueno, pues yo no lo sabía, ¿vale?

Era la primera vez en mi vida que me pasaba algo así.

¿Y las náuseas? ¿Y el cansancio? ¿Y esa cara de acelga que tienes?

El médico ha achacado los síntomas al estrés del trabajo.

Ya ves tú... Y al a ansiedad que le provocaba

el creer que estaba embarazada: cansancio, dolores de cabeza,

mareos, vómitos provocados por empachos de comida...

Pero ¿qué me quieres decir, que mi hija en vez de llevar

una criatura dentro, lleva una bola de ansiedad?

Algo así. Pues mira, yo no me lo creo,

¿qué quieres que te diga?

Aquí, cuando no saben lo que pasa, te salen con lo de la ansiedad.

Parece que, en este caso, no hay dudas.

Era ansiedad, mamá.

Oye, espera un momento.

¿Y si Germán ha mirado mal? ¿Y si no ha encontrado al embrión?

Mira que es muy mayor, ¿eh? Y no ve tres en un burro.

Vamos, yo creo que... ¡Que tengo ansiedad, mamá!

Tengo ansiedad, y viviendo contigo, no me extraña.

Bueno, ¿y ahora qué? Ahora nada.

Ahora todo sigue igual, como antes de que pasara lo que...

o más bien, de que no pasara lo que...

Pero ¿qué dices? Mira, que no sé,

que me voy a beber una infusión y me voy a la cama.

Bueno, pero ¿ya está? ¡Sí, mamá, ya está!

Y déjame tranquila, por favor, que está siendo un día muy largo.

Pero ¿cómo es que estás aquí?

-Ya ves.

-Pero así, sin...

sin avisar...

¿Va todo bien, Erik?

-Bueno,

yo si eso, como que ya me voy, ¿eh?

-¿Ha pasado algo, Erik?

-Hoy es mi cumpleaños.

-¡Verdad!

¡18 años!

Estás... Estás...

enorme. -Sí, mayor de edad por fin, sí.

-Felicidades.

Eh...

Bueno, no te canto porque sabes que yo y la música

no nos llevamos muy bien, pero creo que tengo una tarta en...

-Déjalo, no tengo hambre. -Aunque sea para soplar las velas.

-Me vale con algo de beber, que vengo seco.

-Bueno, pues marchando un refresco. -Una cerveza mejor.

-Un refresco estará bien.

Por ti, chaval, porque tengas una vida larga

y feliz.

Madre mía,

casi ni te reconozco, ¿eh?

Ha pasado mucho tiempo y así.

-Sí, llevamos mucho tiempo sin vernos.

-Siete años.

-Algo así.

Pero vamos, que no te agobies, ¿eh? Que no he venido aquí

a recuperar el tiempo perdido ni esas mierdas.

Estoy solo de paso. -¿Adónde?

-Pues de paso. No sé, lo mismo me voy a Londres

o a Sudamérica

o lo mismo me pongo a currar en un chiringuito de la playa.

-No lo tienes muy claro, ¿no?

-Bueno, lo que tengo claro es que necesito montármelo yo solo,

lejos de todo. -¿Así, de repente?

-Sí, lo necesitaba. -Te has ido de casa

el día de tu cumpleaños.

Lo estarías deseando, ¿no?

-Desde hace mucho tiempo, sí.

-Ya. ¿Y...

tu madre sabe algo? -Ni falta que hace.

Ya te digo yo que a mi madre le da igual dónde esté.

-Bueno, Erik, pero llámala, ¿no? Al menos que sepa que estás bien.

-Bueno, que paso, ¿vale?

Ya soy mayor de edad, no tengo que darle

explicaciones a nadie de dónde estoy,

y mucho menos, aguantar las charlas de mi madre.

-Bueno, ¿y qué haces aquí?

Hay muchos kilómetros desde Barcelona.

¿Has ido a ver a tu...? -No, no, he venido a verte a ti.

Verás, quería pedirte un favor. -¿Qué favor?

-Quería que me dejases algo de dinero.

No sé, bueno, tampoco necesito mucha pasta.

Ya sabes, lo normal para empezar y eso.

-Así que es eso...

-Es lo que hay. ¿Por qué pones esa cara?

-Bueno, no sé, también podrías haber venido

porque sí, porque querías verme, ¿no?

No hubiese estado mal tampoco. -Ya...

Bueno, tú lo tenías más fácil para venir a verme a mí

y tampoco lo has hecho en siete años.

Bueno, ¿entonces qué? ¿Me vas a dejar algo de dinero?

-Erik, esto no marcha muy allá últimamente.

Y tampoco...

sabía que ibas a aparecer así, sin avisar, tan de repente.

Espera, Erik.

¿Por qué no te quedas unos días y lo hablamos?

-No me jodas.

-Sí, puedes dormir en una de las habitaciones.

-Ya...

Bueno, ¿y cuántos días son unos días?

-No lo sé.

Lo vamos viendo. ¿O es que...

te espera alguien en algún sitio?

-Nadie me espera ni me echa de menos.

-Yo sí que te he echado de menos,

aunque no fuera a verte.

Bueno, es...

subiendo las escaleras, al fondo, ¿vale?

-Muy bien.

-Erik, una cosa.

Eh...

Si vas a quedarte solo unos días,

hay cosas...

que es mejor que no se sepan, ¿vale?

-Ya... Lo dices por lo de mi padre, ¿no?

-Sí.

La gente en el pueblo habla mucho y no se sabe nada.

-Vale, sí, tranquilo.

Tranquilo.

Solo te llamo para que sepas que tu hijo está aquí.

Está bien.

(Puerta)

Pasa.

-Hola.

-Hola. -Me ha abierto tu madre.

(Móvil)

-¿Me has enviado un mensaje?

(LEE) "Tú llevabas razón, Dani no merecía la pena

y yo he sido una idiota. Por favor, perdóname,

no soy capaz de decírtelo a la cara".

¿Tú eres tonta?

-Pues sí, sí que lo soy. -¿Qué ha pasado?

-Pues que está con otra.

-Joder, tía.

-¿Qué te parece?

-Pues una putada.

-Por eso no quería que fuese a verle

ni que fuese a Madrid.

Si es que no sé cómo he sido tan ridícula.

-No digas eso. -Si es que es verdad.

-No, tú solo te has dejado llevar por tus sentimientos.

-Como hago siempre. -¿Y eso qué tiene de ridículo?

-Es que me siento fatal, Mery. -Tú has sido de verdad, como eres.

No tienes de qué arrepentirte. -Sí, sí que tengo,

porque tú intentaste avisarme y, claro, es que lo de Madrid

era un poco locura, pero yo no lo quise ver.

Estaba tan ciega, que incluso te dije cosas

que, bueno, que prefiero no acordarme,

porque me muero de vergüenza. -Eso ya está olvidado.

¿Entonces te quedas? -Se acabó Dani.

-Ya aparecerá alguien mejor que Dani, ya lo verás.

-Si aquí nunca aparece nadie, como si no lo supieses.

-Ya... -Aunque, bueno,

el otro día estaba en el hotel con Tirso

y apareció su sobrino.

Erik creo que se llamaba. -¿Tirso tiene un sobrino?

-Sí, y además, bastante guapo.

De esos que tienen pinta como que se la suda todo.

-No sé si te pillo. -A ver,

tú imagínate a Ribero.

Pues solo coinciden en lo guapo.

Además, este parece que ha vivido más vidas que un gato.

-Pues mucho te has fijado en él. -¡Qué va!

Si solo fueron tres segundos. -Pues ya me dirás

cómo sabes tú todo eso. -Pues porque eso se sabe, Mery,

eso se sabe.

¿Cómo está Julia?

-Tengo que acercarme a verla. Sé que ayer tenía médico,

pero no sé nada. -Eso es que está todo bien

y no hay nada más que saber, porque si no,

te hubiera llamado por teléfono. -Sí.

-Me voy a dar una vuelta.

Pásame una botella de agua, anda.

-¿Quién es ese?

-Erik. -¡Ah, hombre, Erik!

El famoso Erik, del que al menos yo,

nunca he oído hablar.

¿Tú, Mario? -Primera noticia.

Tiene que ser un sobrino, porque se parece muchísimo

a su hermano Jorge. -¿El que se fue del pueblo?

-Sí, ese. -Yo es que todavía no estaba aquí.

No llegué a conocerlo. -Tampoco te perdiste nada, ¿eh?

-¿Por qué dices eso? -Nada, déjalo.

Oye, Tirso,

¿ese chaval...? -Es mi sobrino, sí,

el hijo de mi hermano Jorge. -¿Qué te he dicho?

Es que estaba claro. -¿Ahora ya estáis contentos?

-Pero bueno, ¿qué te cuesta darnos un poco de información?

-Nunca me habías contado que tienes un sobrino.

-Bueno, no habrá salido el tema. -Y de tu hermano Jorge

tampoco hablas nunca. -Llevo muchos años

sin tener relación con él. -Se fue al extranjero, ¿no?

-Marruecos. -¿Y sigue allí?

-Sí. -¿Trabajando?

-No, es que le gusta ver las lunas...

Sí, Mario, trabajando, claro. -¿Y el chico estaba ahí con él?

-No, lleva todos estos años con su madre en Barcelona.

-Ah, que están separados... -¿Y el chico qué hace aquí?

¿Se va a quedar? -Bueno, ya está, ¿no?

Os ponéis a cotillear y no veis el fin.

-Bueno, tampoco es para ponerse así, no sé.

-Solo que tampoco me apetece comentar

el álbum familiar. -Por algo será.

-Mario, no tires de la cuerda, anda.

-Perdone el señor.

-A ver, ya sabéis lo que tenéis que saber.

Es mi sobrino y ha venido a pasar unos días conmigo, ya está.

Buenos días.

-¿No te tomas ni un café? -No tengo mucho tiempo, madre.

-Víctor, para un café siempre hay tiempo.

¿Cómo lo llevas en el trabajo?

-Bien, no... no me puedo quejar.

-Pero ¿estás contento con tus atribuciones?

La verdad es que no hemos hablado desde que te ascendieron.

-Bueno, pues el puesto me gusta, director de operaciones.

Tengo que encargarme de algunas estrategias

para mejorar la producción, conseguir nuevos contratos...

-El día a día de un empresario de Río Muni.

-Así es, solo que para mí es algo novedoso y muy estimulante.

-Hijo, ¿estás bien?

Te noto preocupado.

-Nada con importancia, madre. -Algo te debe suceder

cuando tu madre te lo ha notado nada más verte.

-Hubo algún percance en la fábrica, pero bueno, supongo que todo

volverá a su cauce pronto. -¿Y qué ha pasado?

-Desperfectos con los muebles. Se avisó al cliente

de que volver a fabricarlos supondrá un retraso en la entrega.

-No parece nada grave, ¿no? -No, hasta que el cliente

te avisa de que no te va a pagar si no envías los muebles a tiempo.

Gajes del oficio, supongo. -Míralo, gajes del oficio.

Lo dice como si llevara toda la vida en el negocio de las maderas

y viniera de una familia de ebanistas.

-O eso o puede que el refrán esté equivocado

y el hábito sí que hace al monje, padre.

Madre, nos vemos.

Buen día.

¿Te vas?

Tú estabas delante cuando Patricia me despidió.

Aun así, Carmen, intenta... ¿Aun así qué?

¿Piensas que tengo opción? No, pero intenta hablar con ella.

Seguro que estará más calmada y tú también...

Eso no va a cambiar ni su opinión ni la mía.

Y ella es quien manda, no lo olvides.

Carmen, es que no soporto que te vayas tú de aquí.

Eres tú la que le has puesto amor y empeño a esta fábrica.

Créeme que a nadie le duele más que a mí.

Pues con más motivos, Carmen, habla con Patricia.

No pienso hablar con ella. Pero ¿por qué?

Confiésame, ¿es por orgullo? No, es porque sé

que no serviría de nada. No va a rectificar.

¿Por qué estás tan convencida de eso?

Porque me la tiene jurada desde que puse un pie

en esta colonia. Siempre encontrará la manera

de arruinarme la vida, ¿o necesitas que te recuerde

lo que le hizo a mi tata? ¿Sigues con esa idea en la cabeza?

Víctor, no fue una idea. Fue lo que sucedió.

Que Patricia quedase impune no significa nada y menos para mí.

Yo sé la verdad. Desde luego, si le vas a decir eso,

es mejor que no le digas nada. Víctor, piénsalo.

Si fue capaz de hacer algo así, es capaz de cualquier cosa.

Tú lo has dicho, si fue capaz,

pero no tienes pruebas para esa teoría, Carmen.

No tienes ni idea de cómo es ella en realidad.

Nos tiene a todos en su mano y solo va a hacer

lo que le favorezca a ella, a nadie más.

Va a pasar por encima de todo y de todos.

Carmen, ¿tú te oyes?

Hablas de Patricia como si fuera Satanás.

Para mí es que ella es su delegada en esta colonia,

pero ninguno queréis verlo, estáis todos ciegos,

y el que más, mi padre. ¿Has hablado con él?

No, no. Cuando llegué a casa, estaba durmiendo.

Lo primero que tienes que hacer es hablar con él.

Él seguro que consigue amainar la situación.

Víctor, mi padre no va a mover ni un dedo.

Y aunque quiera, Patricia no se lo va a permitir.

Que se acabó. Lo único que me queda es asumir la derrota.

Bueno, pues hablaré yo con ella. No queda otra.

Hablaré yo con ella y le diré que esta fábrica sin ti

no puede seguir adelante

y que...

me pondré triste si no te veo aquí cada día.

Víctor, te lo agradezco, de verdad, pero...

no es necesario que te esfuerces.

Da igual.

Eh...

Perdonad. Venid un momento, por favor.

Quiero que sepáis que...

que dejo mi trabajo aquí en la fábrica.

A partir de ahora, será Víctor quien se encargue

del taller de muebles.

Vamos, ¿qué pasa? ¡A trabajar!

No lo entiendo.

Primero se marcha el patrón y ahora su hija.

¿No te parece raro?

Creo que está pasando algo y seguro que no es nada bueno.

Conmigo no hace falta que disimules,

sé que esto te afecta mucho más de lo que tú te crees.

-Te equivocas, Mabalé.

Es más, creo que las cosas me irán mejor

sin la señorita por aquí.

-Eso puede ser.

Así seguro que te la quitas de la cabeza.

-Sí.

-Hermano,

pero te queda el corazón, no lo olvides.

Y aunque creamos que nosotros lo gobernamos,

es él el que nos gobierna a nosotros.

-Mi corazón ya no puede conmigo, Mabalé.

¿Se te olvida que es un corazón roto?

Así que estaré a salvo. No te preocupes más por mí.

Estaba pensando que tal vez hubiera preferido

que Víctor trabajase conmigo y que un día

se hiciese cargo de todo. -¿Lo dices en serio?

-Sí. Víctor ha cambiado, es una persona diferente,

y si sigue así, tan centrado... -Ya le ofreciste un puesto

la semana pasada. -Sí, que tuvo la desfachatez

de rechazarme.

-Y sigues contrariado por eso.

-A veces, sí.

En otras ocasiones, pienso que ha sido lo mejor.

-Yo creo que, de momento, le va muy bien.

-Desde luego, está ganando experiencia,

aprendiendo lo que es trabajar para otros

y todo eso.

Ya tendré tiempo de ofrecerle trabajar conmigo.

-Eso espero.

-Y no obstante, siempre puedo contar con Ángel,

por fortuna.

-¿Con Ángel?

-Sí.

Mujer, lo dices como si...

como si fuese una desfachatez. -No, no, no, no es eso, es...

que pensaba que te había dicho que no,

que quería dedicarse de lleno a sus estudios.

-Eso fue cuando le ofrecí prolongar su contrato

de aprendizaje. -¿Y qué ha cambiado?

-Le he estado dando vueltas y...

me he decidido apostar por él.

-¿En qué sentido?

-Le he ofrecido un puesto de relieve.

La delegación comercial de todas mis tabaqueras

de la colonia.

-Es un salto muy grande para él. -Por eso ha aceptado.

Pero, cariño, pareces disgustada. ¿Qué pasa?

-No, no, no, es que...

tal vez veo a Ángel muy joven e inexperto para enfrentarse

a semejante responsabilidad.

-Me sorprende que digas tú eso.

-¿Por qué dices eso? -Porque cada vez

que hablamos de Ángel, siempre defiendes su valía,

su madurez.

La verdad es que no te entiendo, querida.

-Supongo que tienes razón.

Por un momento, me imaginé a Ángel tan joven

y tratando con gente sin escrúpulos...

-Pierde cuidado.

Ese muchacho no está tan desvalido como aparenta.

Sabrá abrirse camino.

-Conoces ese mundo mejor que yo.

-Todo irá bien, Inés. No te preocupes.

Estás muy elegante, hijo mío. -Gracias, madre.

-¿Estás preparado para tu primer día

como delegado comercial de don Ventura Vélez de Guevara?

-La verdad es que estoy algo nervioso.

Llevo dos años trabajando para él como aprendiz

y no he tenido que demostrar nada, pero ahora,

ahora es diferente. -Bueno,

esos nervios solo indican cosas buenas.

Significa que quieres estar a la altura

y que esto te importa,

que no quieres fracasar.

Solo indican buenas señales.

-Siempre encuentras las palabras perfectas, madre.

¿Cómo es que estás aquí y no en la fábrica?

-Estoy reorganizando parte de las competencias

de la plantilla.

Iré más tarde. -De acuerdo entonces.

-Ángel.

Espera.

-Madre...

-Quiero que ahora la uses tú.

-No sé si podré.

Llevas usándola desde que yo soy un renacuajo.

-Bueno, y ya la usaba desde antes.

La compré unos meses antes de que tú nacieras,

con mi primer sueldo como secretaria.

-¿Cuando trabajabas en una de las tabaqueras de Ventura?

-Sí.

-Me da ternura imaginarte allí sola.

-Bueno, tú ya estabas allí conmigo.

No, no, la verdad que no fueron tiempos fáciles.

Yo vivía para trabajar

y para ti.

Y no sé si te imaginas

lo que suponía ser madre soltera en un lugar como este.

-Ojalá algún día pueda devolverte todo lo que has hecho por mí.

-No, hijo mío.

El código entre padres e hijos es distinto.

Yo te doy a ti

todo lo que tú luego vas a darle a tus hijos.

A mí no tienes que devolverme nada.

Cuídala mucho, Ángel.

La verdad que yo, cuando compré esta pluma,

no me podía imaginar todo lo que iba a hacer con ella.

Con ella escribí tu inscripción en el Registro Civil,

firmamos el contrato de la fábrica con Francisco...

Y no he dejado de usarla ni un solo día.

Me ha acompañado siempre

y me ha visto...

convertirme en la mujer que soy.

-¿Estás segura de que quieres desprenderte

de algo tan valioso para ti?

-Yo no me desprendo de nada.

Te la doy a ti, que eres mi hijo, para que la uses tú.

-Gracias.

-Me alegro muchísimo de que esté entre tus manos.

Para que siempre me tengas presente

y para que recuerdes, Ángel,

que todo lo que tú y yo tenemos nos lo hemos ganado a pulso,

hijo mío.

Y ahora vete, anda.

No vayas a llegar tarde en tu primer día.

Buen día, cielo.

-Igualmente, madre.

-¿Me puedes poner un café, por favor?

-¡Marchando!

-¿Qué?

¿Cómo va ese embarazo?

-No va.

-¿Cómo que no va?

¿Lo ha perdido?

-No, no, no es eso, es que que no está embarazada.

Falsa alarma.

-Qué cosa tan absurda, ¿no?

-Un poco sí, pero bueno, son cosas que pasan.

-Aunque no me sorprende.

Viniendo de Julia, no me sorprende lo más mínimo.

-¿Y cómo está?

-Si te digo la verdad, no lo sé.

Yo creo que ni ella sabe muy bien cómo está.

Voy a quedarme unos días para, bueno, cuidarla y eso.

-¿Porque piensas que está mal? -Te acabo de decir que no lo sé.

Me quedo para estar pendiente, ¿vale?

-Si tanto te preocupa ella, ya sabes.

-No, no, bastante tengo yo con lo que tengo ya.

Además, Julia no está sola.

Ya vendrá el momento de hablar.

-Pues con lo comunicativo que tú eres, igual ni llega.

-¡No exageres!

Ya empiezo a compartir más mis cosas.

-Como lo de tu sobrino, ¿no?

-Eso es un tema aparte, ¿vale, Mario?

-Bueno, ¿cómo es posible que ni supiéramos que existía?

¿Qué pasa, que estás peleado con tu hermano?

Es eso, ¿verdad?

-Una cosita, Mario, solo una cosita:

¿por qué no empiezas a vivir un poquito tu propia vida?

Un rato solo.

Con un ratito está bien.

-Pero si mi vida es esto...

-Pero ¿entonces es verdad o no es verdad?

-Sí que es verdad. -¿No está embarazada?

-He hablado con ella esta mañana

y parece que ha sido una falsa alarma.

-Pero ¿y cómo la has visto?

-Es que casi no he podido estar a solas con ella.

Su madre no dejaba de entrar y salir.

-Esa mujer es incansable. -Ya ves.

Lo que menos necesita Julia es que esté todo el rato ahí.

Va a acabar de la olla. -Bueno, también puede ser un apoyo.

-¿Diana?

-Es su madre. Y las madres, aunque a veces seamos unas pesadas,

estamos ahí para lo bueno y para lo malo.

Bueno, vamos a dejarlo ya, chicos, ¿vale?

Que Julia puede llegar en cualquier momento.

-¿Y qué se dice? -¿De qué?

-En estos casos, ¿qué se dice? ¿"Te acompaño en el sentimiento"?

-Joder, Ribe... -Pero algo habrá que decir, ¿no?

-Pero eso no. -Yo qué sé.

-Podemos marcarnos un detalle con ella.

-A ver, ya nos curramos una buena tanda de muebles la semana pasada.

-Y le encantó. -Sí, sí.

-Incluso le hizo mucha ilusión.

-A ver, yo creo que lo mejor es actuar con naturalidad.

No es que haya perdido al bebé, es que no había bebé.

-Elena, si lo piensas bien, en su cabeza sí que existía un bebé,

así que, por lo tanto, es como si lo hubiese perdido.

Pues ya veo que las noticias vuelan.

Se preocupan por ti, Julia, y me han preguntado...

No, no pasa nada.

Pues sí, al final no había bebé. Vamos, que no estoy embarazada.

Me ha sorprendido, es verdad, pero estoy fenomenal.

Estoy muy bien, me siento superliberada.

Bueno, venga, todo el mundo a currar, ¿eh?

Será por tarea...

Tengo que reconocer que hasta ahora solo había pensado en mi hija.

¿Qué quieres decir? Que cómo estás tú.

(SUSPIRA) Pues desconcertado, la verdad,

pero, sobre todo, preocupado por Julia.

No sé hasta qué punto ha asimilado esto.

Tengo mis dudas, la verdad.

Normal que las tengas.

¿Se lo habías dicho a tus padres? No.

Por una vez, me da por ser prudente, y mira...

Menos mal.

Yo me había hecho ya tan a la idea, que ahora...

Si es que hoy mismo iba a comprar el carrito.

(RÍE) Pues tendrás que esperar.

No creía que me iba a hacer tanta ilusión ser abuela.

Y mira que una siempre cree

que es demasiado joven para que la llamen así, ¿eh? Abuela.

Pero no sé, me parecía que era lo mejor que podía pasarnos.

Si es que un bebé es un motivo de alegría.

Son muchos cambios, mucho trabajo, pero mucha alegría.

Y viéndoos así, tan juntos, dispuestos a ser una familia,

parecía todo tan bonito...

Y ahora todo se ha esfumado.

Venga, muy pronto Julia estará bien y quién sabe,

a lo mejor no tarda en hacerte abuela de verdad.

Ojalá sea contigo. (RÍE)

Estos próximos días tienes que estar muy pendiente de ella.

La conoces, y sabes que se ha hecho a la idea

y que le va a costar mucho recuperarse.

Estaré a su lado, te lo prometo.

¿Me acompañas y comemos juntos?

¿Qué tienes en esa caja?

¿Eh?

No te lo ha contado, ¿verdad?

¿Qué?

(RÍE) Qué sorpresa...

Pues que he dejado de trabajar en la fábrica.

¿Cómo que has dejado de trabajar en la fábrica?

Tu presencia allí es imprescindible.

Se ve que Patricia no piensa lo mismo. Me ha despedido.

¿Cómo que te ha despedido?

Pero si nadie me ha consultado nada.

Nadie no, padre, nadie no, Patricia.

Es ella quien no ha consultado contigo

la decisión de echar de tu negocio a tu propia hija.

Pero bueno, ahora es ella la socia mayoritaria, ¿no?

Puede hacer y deshacer a su antojo.

¿Habéis discutido?

Pues no puedo negártelo.

Padre, me despaché muy a gusto con ella.

¡Dios!

Pero que ese no ha sido el motivo del despido.

Patricia llevaba mucho tiempo queriendo quitarme de en medio.

Si no hubiera sucedido esto,

habría encontrado cualquier otra excusa.

Bueno, tal vez sea lo mejor, ¿no?

¿De verdad te parece bien?

¿No piensas hacer nada?

Solo intento ver el lado positivo de todo esto.

Espléndido, padre, pues nada,

cuando lo encuentres, por favor, avísame.

Hija, así tendrás más tiempo para dedicarlo a la boda, ¿no?

Es la misma excusa que ha puesto ella.

Qué casualidad tan asombrosa.

No sé, hija, pero piénsalo.

Piénsalo, estarás más tranquila

y dejarás a un lado las disputas con Patricia.

Y créeme que tu padre lo agradecerá, ¿eh?

No sabes cómo me duele veros discutir a cada instante.

Además, da tiempo al tiempo, hija.

Una vez que te cases,

yo me encargaré de que vuelvas al trabajo.

Si para entonces sigues queriéndolo, claro.

¿Qué me dices? ¿Eh?

Que no te reconozco, padre.

Que Patricia te tiene subyugado.

Tus sentimientos hacia ella te impiden ver la realidad.

¡No tienes derecho a hablarme en ese tono!

Pero ¿cómo quieres que te hable, padre?

¿Cómo?

Estás rendido a una mujer que no es cómo crees.

¡Le has cedido el mando de la empresa,

te has apartado

y ahora estás justificando lo que me ha hecho a mí!

¡Te aseguro que ella no es como tú dices!

Escúchame.

Por favor, padre, lo estás fiando todo a su criterio.

Hará su voluntad

y tú no vas a poder hacer nada por impedírselo.

Pues lo mismo se podría decir de ti.

Por favor, tienes que volver a la fábrica.

Tienes que recuperar el mando de nuevo.

Si te quedas aquí quieto mucho tiempo,

lo vas a acabar perdiendo todo.

Ves a Patricia como mi enemiga

y no lo es.

Mi único enemigo soy yo mismo.

He tomado muy malas decisiones a lo largo de mi vida

y os he arrastrado a todos conmigo.

Inversiones desastrosas, malas gestiones...

deudas de juego...

Pues ella siempre ha estado ahí para ayudarme.

Y yo siempre le he jurado que nunca más.

Hasta agotar su paciencia.

Pero un día volvió a darme otra oportunidad.

¿Y sabes qué pasó?

Que volví a traicionarla.

¡Dios...!

Ya tengo bastante con el peso de la vergüenza.

No me empujes a un lugar donde no puedo ir.

No quieras ver al hombre que no puedo ser.

Necesito descansar, Carmen.

Apartarme, verlo todo desde fuera.

Y ver si algún día puedo ser el hombre que fui.

¿Lo entiendes?

Inés,

¿cómo estás?

¿Qué pasa?

¿Estás bien?

-He tenido que enterarme por él.

Ni siquiera has tenido el valor de contármelo.

-Iba a hacerlo hoy, aquí.

-Pensaba que no querías seguir trabajando con Ventura

y resulta que ahora eres su delegado comercial,

poco menos que su hombre de confianza.

-No sabía que iba a tener una oferta así.

No es lo mismo que ser su pupilo, Inés.

Esto es un trabajo de verdad, un trabajo importante.

-Es un trabajo importante, sí.

-¿Tanto te cuesta entenderlo?

Voy a poder seguir aprendiendo, pero, esta vez, sobre el terreno.

No hay mejor oportunidad que esta para conseguir contactos.

-¿Y la Escuela Diplomática?

Pensaba que querías entrar y hacer carrera.

-No he renunciado a ella, tan solo tal vez se retrase un poco.

-¿Un poco?

Una vez que empieces a trabajar para Ventura, olvídate,

ya no saldrás de ahí.

-Qué poco confías en mí.

-Que no es cuestión de confianza, ¿es que no te das cuenta?

Estás siendo muy ingenuo, no sabes dónde te estás metiendo.

-Inés, he trabajado dos años en su despacho.

-Como aprendiz.

Pero no tienes ni idea

de la verdadera naturaleza de los negocios de Ventura.

Debes rechazar ese puesto, mi amor.

-¿Qué?

¿Cómo voy a hacer eso ahora?

-Pues le dices que te lo has pensado mejor.

Que se lo agradeces, pero que prefieres seguir estudiando.

-Inés, te preocupas demasiado.

-Eres tú quien confía en exceso.

-Escucha, Inés, sería un estúpido

si dejase pasar una oportunidad como esta.

Confía en mí. Estaremos a salvo.

-¿Es que crees que ahora mismo estoy pensando en mí?

-Si tienes miedo de que pierda la perspectiva

y me deje implicar en manejos oscuros,

te aseguro que no va a suceder.

-¿Y de verdad piensas que estará en tu mano decidirlo?

-Sí. -Créeme, no podrás.

Pero ahora estás a tiempo de rechazarlo.

Por favor, habla con Ventura, te lo ruego.

-Inés, lo siento, pero no puedo dejar pasar una oportunidad así.

-Puedo reconocer a Ventura hablando por tu boca.

Y lo siento, pero no quiero seguir escuchándolo.

Ya veo que has hecho desaparecer todas las bebidas.

Me parece acertado.

(ASIENTE) ¿Qué haces tú aquí?

¿No habrás venido para acompañarme a casa?

No, no.

No, vengo para hablar contigo sobre la fábrica.

¿Y sobre qué? ¿Sobre el cambio de decoración?

¿Sobre que esto ya haya dejado de ser la barra de Río Club?

Ojalá fuera eso, no, es algo mucho más grave.

Es un asunto familiar.

Ya. Imagino que has venido para hablar de Carmen.

¿Por qué has tomado una decisión tan drástica?

¿Por alguna discusión? ¿Algún impulso?

Por el bien de todos, creo yo.

Carmen es rebelde y difícil de llevar a veces.

¿"A veces"?

(RÍE)

Pero, por encima de todo, es mi hija,

y la has apartado del negocio sin consultármelo siquiera.

Iba a comentártelo esta noche, Francisco.

A hechos consumados, ¿no?

Mira, te aseguro que yo no quería tomar una decisión tan drástica,

pero Carmen entró aquí hecha una furia,

pegando gritos, exigiendo que se cumpliera su voluntad.

Ya sabes cuál es su temperamento.

Claro que lo sé, y no estoy dispuesta a tolerarlo,

ni tampoco a que no acate mis órdenes,

y muchísimo menos que me acuse

de la primera atrocidad que se le pasa por la cabeza.

Era la mejor decisión que se podía tomar.

Para esta fábrica y para evitar males mayores.

¿No crees que estás exagerando un poco?

Entró aquí hecha una energúmena.

Víctor fue testigo del lamentable espectáculo que dio.

Sí, me lo ha contado ella misma.

Pues entonces, sabrás que tengo razón.

Todo tiene un límite, Francisco.

¿Por qué las dos mujeres que más quiero en este mundo

tienen que estar en guerra la una con la otra?

Mira, yo era solo un poco mayor que Carmen

cuando nos vimos por primera vez.

¿Lo recuerdas?

No lo voy a recordar...

Esa imagen me acompañará toda la vida.

Siempre me ha gustado mucho oírte hablar de esa época.

Estabas en la oficina

de la tabacalera,

sentada a la máquina de escribir.

Y yo... te miré un buen rato.

Tú estabas tan concentrada, que no te diste ni cuenta.

¿Y qué más?

Tenías puesto un vestido burdeos

y una esclavina gris.

Estabas preciosa.

Tan bonita que...

que cuando por fin me miraste...

No sé, para mí era

como si me hubiese mirado por primera vez una mujer.

Te ruborizaste, de hecho.

No era para menos.

Francisco, tú cambiaste mi vida de arriba abajo.

Cuando yo te conocí, vivía en un piso

que no era más grande que este despacho.

Con mi hijo.

Estaba sola.

No me daba la vida.

¿Y sabes qué?

Yo cada noche agradecía porque Ángel estaba sano

y porque yo ganaba suficiente para mantenernos a los dos.

Ya lo sé.

Siempre fuiste una luchadora.

Carmen no aprecia lo que tiene

ni lo agradece.

Necesita una cura de humildad.

Sí, tienes razón, sí.

Claro.

Todo esto le vendrá bien, le servirá como aprendizaje.

La hará más fuerte, ya lo verás.

¿Nos vamos?

Sí.

Buenas. Hola.

Te traigo uno de mis famosos táperes.

Gracias.

Es pisto manchego.

Si quieres te frío un huevo en un pispás

y te lo cenas.

No, déjalo, Elena, de verdad.

Si es que iba a cenar una pera y me iba a ir a dormir.

Ah, bueno, pues nada, nada,

no te quiero quitar horas de sueño.

Si solo venía para ver cómo estabas.

Como siempre estamos en el taller y ahí no podemos hablar tranquilas...

Y hoy la situación ha sido un poquito rara.

Es que me siento un poco así, ¿sabes?

Rara.

No sé, bueno, supongo que es normal,

con todo lo que me ha pasado...

Claro.

Es que me siento,

no sé,

confundida creo que es la palabra.

¿Sabes lo que pasa?

Que llevo unos días con la cabeza a mil,

sin parar de pensar

en todo lo que iba a cambiar en mi vida,

que si esto, lo otro...

Y ahora, de repente, todo sigue igual.

Sergio, mi madre, el taller,

no sé, esta casa, esa foto, la ventana...

Todo igual que siempre.

¿Te habías hecho a la idea de que todo iba a cambiar

o querías que todo cambiara?

Pues es que no lo sé.

No sé ni lo que quería ni lo que quiero ahora.

Lo que sí sé es que me siento muy estúpida

por no haberme repetido el test de embarazo.

Ya ves tú...

No, no, te lo digo de verdad.

Es que le estoy dando la razón a mi madre

con eso de que soy un desastre.

A ver, yo creo que has hecho lo que habría hecho cualquiera.

¿Qué tía se repite un test de embarazo

si el primero le ha dado positivo?

Yo qué sé. Nadie, Julia.

Otra cosa es que te dé negativo

y al no bajarte la regla te lo repitas porque no te fías,

pero si te da que estás preñada, pues estás preñada, ya está.

Ya.

No sé, supongo.

Es que también me siento culpable

porque estaba todo el mundo tan volcado, tan preocupado por mí,

y de repente, el embarazo es un "bluf".

Es que no sé, está empezando a ser la marca de la casa, ¿sabes?

No digas bobadas. No digo bobadas, Elena,

es que toda mi vida es un "bluf" constante.

"Bluf, bluf, bluf, bluf, bluf". Esto, lo otro...

Ahora, el embarazo, un "bluf".

¡Es que no hago nada bien, tía, nada bien!

Estás hecha unas castañuelas, ¿eh? Ya lo sé.

Lo siento. Julia, claro que haces cosas bien.

Muchísimas.

Lo que pasa es que ahora lo ves todo negro

y te parece que haces mal hasta lo que haces bien.

Mira, mi hija lo llama "las gafas marrones":

dice que cuando te las pones, todo te parece una mierda.

Pues mira, ojalá sea eso. Pues claro que es eso.

Oye, ¿y Sergio? ¿Qué?

Que cómo se lo ha tomado.

Pues ha cambiado mucho, ¿eh? Desde que volvió,

está todo el rato preocupado por que esté bien,

por cuidarme...

Vamos, con decirte que se ha quedado en el pueblo unos días

para estar por si necesito algo...

¡Vaya con Sergio! Sí que ha cambiado el cuento.

Pues sí.

Pero claro, estás tú como para saber lo que necesitas...

(Grabación mensaje de voz)

Hola, Julia.

Solamente quería decirte que estoy aquí para lo que necesites.

Si quieres que vaya a tu casa o que te llame y hablemos,

bueno, ya sabes que yo, encantado.

(Llaman a la puerta)

¡Ya va!

Puedes llamarme en cualquier momento, da igual la hora, ¿vale?

(Llaman insistentemente a la puerta)

¡Voy, voy!

-Ángel tiene muchas cualidades,

pero también tiene mucho que aprender.

-Es formidable, Inés.

Si lo arrojase en mitad del océano, se las apañaría para salir a flote.

Lo único, que prefiero no reconocérselo.

-Es lo más prudente, desde luego.

-Así, si sigue trabajando de mi mano,

es más probable que en el futuro no trate de morderla.

-¿Estás bien?

Necesito... No sé qué necesito.

Lo que intentaba decirte es que quizás harías bien

en no otorgarle demasiadas responsabilidades a Ángel.

El nuevo puesto de delegado comercial

es una gran oportunidad para él

y temo que si le involucras en otras actividades

pueda comprometerte con su inexperiencia.

-Pero ¿a qué viene tanta cautela?

Nunca has sido así con el resto de mis empleados.

Ya lo sé, y claramente ahora no era el momento para tener hijos,

pero ¿y si nunca encuentro a la persona?

¿O el momento?

¿Qué pasa si no llego a ser madre?

Supongo que es una cuestión de decidir si quieres serlo o no.

Y si la respuesta es sí, ya encontrarás la manera.

Estoy seguro de que vas a ser una madre genial.

Gracias.

Gracias a ti por atreverte a ser madre conmigo.

-¿No tendrías que estar en la fábrica?

Ya no trabajo allí.

¿Es que tu madre no te lo ha contado?

No, no me ha comentado nada.

¿Qué ha pasado?

Pues que me ha despedido.

Así que, yo en tu lugar,

me empezaría a preparar para heredar el negocio.

O sea, vas vestida exactamente igual que ayer.

¿Se puede saber dónde has pasado la noche?

Aquí.

¿No te das cuenta de que siempre hace

lo que sea necesario para conseguir lo que se propone?

Aunque tenga que quitarse a quien sea de en medio.

Te ruego que no hables de mi madre en esos términos.

Ángel, es la verdad.

Oye, y tu sobrino...

Erik creo que se llamaba, ¿no?

¿Sabes si se va a quedar mucho tiempo o...?

-Ni idea.

-Ni idea yo, que no sabía ni que tenías un sobrino,

y, además, de mi edad.

Que una tienda de Barcelona ha confiado en nosotros

y nos ha encargado 20 muebles.

Que no llegamos a los plazos, vamos, estamos trabajando a "full".

¿Seguro?

Pero ¿entonces qué hago yo matando el tiempo con sudokus?

¡Os voy a echar una mano! No, no hace falta en realidad.

Oye, que si no me vas a dejar el dinero, dímelo y punto,

pero no me tengas dándome largas

y haciéndome perder el tiempo en este pueblo.

-Ya te he dicho que no lo he decidido.

O esperas o pasas de largo,

pero no me presiones.

¿Entendido?

-Pero señor... -¡Y no quiero ningún pero!

No quiero que nadie corte ninguna tabla sin saber para quién va.

-Se detiene la producción hasta nuevo aviso.

-¿Qué ocurre aquí? ¿A qué se debe este parón?

-La producción nos necesita al 200%.

Con cada minuto de retraso peligran los tiempos de entrega,

y hay que cumplirlos sí o sí, así que, por favor,

os pido que aguantéis el tirón y que hagáis un esfuerzo.

Tenemos que echar los restos.

¿Sabes qué pasa? Que...

cuando trabajaba en la fábrica, no sentía que renunciara a nada.

Es ahora, cuando he perdido mi puesto allí,

que siento que lo he perdido todo,

y no sé qué me ata a esta colonia.

Eh...

¿Casarte con tu futuro esposo? ¿Formar una familia?

-(MARIO) Si hay algo capaz de romper una familia,

es una herencia.

Un tío de mi madre...

-Por mí no os cortéis, ¿eh?

Si mola el culebrón que os estáis montando.

Bueno, si queréis saber la verdad, es más rollo thriller.

Mi padre está en la cárcel.

Que eso va muy lento.

Además, ya te dije que, bueno, que eso podría durar meses.

¿Podrías ser un poquito más específica?

Porque es que meses es así como ambiguo.

Bueno, pues no sé, yo creo que unos dos, tres, cuatro meses...

¿Cuatro meses?

Fue una noche triunfal que, sin duda,

lo posicionó en el sector empresarial.

-Lo importante es que pudimos dar credibilidad

a nuestra reconciliación.

Y, gracias al beso que me dio, yo creo que funcionó.

-Listones de IPE, 2x20, 20 unidades.

Listones de IPE, 1x20, 20 unidades.

-Espera, me da a mí que estás tirando muy por lo bajo.

-¿Tú crees? Pero si he cogido la referencia del otro pedido

y lo he multiplicado por dos. -Pero este encargo

no se parece a ninguno de los anteriores.

Hay que ir pieza por pieza.

Tirso, de verdad que estoy aquí para ti, ¿eh?

Para escucharte, para apoyarte,

exactamente igual que haces tú con mis locuras.

Pero es que yo no soy como tú.

No aireo mi vida a los cuatro vientos.

Y no embarco a todo el mundo en mis problemas,

que al final es un teatrillo, como el del embarazo.

-Hemos adquirido 50 hectáreas de bosque

aquí, en Iroko,

y otras tantas 50...

-Madre.

He venido para hablar de otro asunto,

uno muy importante.

-¿Más importante que convertirnos

en la primera exportadora de maderas de toda la Guinea Española?

-Es sobre Carmen.

Necesito que me digáis

si los próximos dos domingos estáis libres.

Ribero, ¿qué has hecho? ¡Animal!

Yo estoy empezando a pensar

que el taller no puede asumir un pedido tan grande, de verdad.

O sea, ¿ni siquiera vas a respetar mi intimidad?

Ábrela.

He traído unos documentos que quiero que veas.

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Dos Vidas - Capítulo 76

12 may 2021

Julia entra en crisis al saber que no está embarazada. Todo el vértigo, aterrador y maravilloso a la vez, que le hacía sentir la perspectiva de ser madre se esfuma de repente, y es como si el vacío de su vientre se extendiese a su vida entera. Cloe, avergonzada por haber tratado tan mal a María cuando esta le aconsejó que se olvidara de Dani, va a pedirle perdón. Decidida a quedarse en el pueblo, Cloe se siente condenada a ver para siempre las mismas caras de los chavales de siempre. Pero no cuenta con la llegada de Erik, el sobrino de Tirso, un chico que acaba de cumplir los dieciocho y ha decidido volar solo. En Río Muni, Carmen, viendo que su padre ahora es poco más que un títere en manos de Patricia, la va a ver y le exige que deshaga el acuerdo y devuelva a Francisco las acciones y, con ellas, el control de la empresa. Pero Patricia, sabedora de que ya no rinde cuentas a nadie, le da la vuelta al órdago de Carmen y la despide. Inés descubre que Ventura le ha ofrecido un puesto a Ángel.

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