Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 73 - Ver ahora
Transcripción completa

¡Julia, enhorabuena! -¡Madraza!

Chicos, chicos, por favor, dejadla respirar un poco.

Solo queremos que sepa que nos tiene para lo que necesite.

-Aunque tendrá a Sergio. ¿Dónde está? Para darle la enhorabuena.

-Eso, ¿dónde está?

"¿Y si el exotismo y misterio de Kiros

me ha encandilado hasta nublar mi razón?".

"¿Y si es solo un capricho,

un error que debo enmendar antes de que sea demasiado tarde?".

Mira este destrozo.

Ni siquiera se puede reutilizar la madera.

¡Porque a estos dos se les ha ocurrido la genial idea

de destrozarlo todo voluntariamente!

Dani ha dejado a Cloe.

Cloe ahora está jodida,

si quieres que sepa que estás a su lado, vale,

pero nada más, ¿te queda claro?

¿Nos dejas un momento a solas?

No tenemos nada más que hablar. Ya está todo solucionado.

-Estamos en nuestro correspondiente descanso.

Si tienes algún problema, habla con Julia, que es la jefa.

Eso ha cambiado.

Mientras mi hija esté indispuesta, yo la sustituyo.

Así que, a partir de ahora, yo tomo las decisiones.

Hija, no hay nada que entender,

solo que ahora es Patricia quien estará al mando.

¿Y si empieza a tomar decisiones drásticas?

Patricia sabe perfectamente lo que tiene que hacer,

y si se produce algún cambio, será porque es necesario.

Igual que si tú decides hacer algún cambio en el taller de muebles.

Es el link

de una asociación de personas trans.

No estoy segura,

pero creo que ahí

puedes encontrar a gente que ha pasado por lo mismo que tú.

Teníamos un acuerdo, ¿recuerdas?

Sí, pero no creo que... El acuerdo consistía...

en que la mercancía esperaría en la fábrica

la llegada de los camiones,

y, después, iría oculta entre la madera.

Tú harías la vista gorda... y yo te perdonaba parte de la deuda.

Supongo que lo que más me gustaría ahora mismo...

sería estar en Madrid. Así conseguiría dos cosas:

dejar este pueblo ya de una vez por todas

y conocer a Dani en persona.

¡Claro! Pues eso es lo que tengo que hacer.

Irme a Madrid, darle un giro radical a mi vida.

Siempre hablamos de que te vendría bien

no tener tanta responsabilidad sobre la parte comercial,

que nombraríamos a un director de operaciones

de nuestra confianza, ¿no?

¿Quién mejor que tu hijo?

Francisco ha decidido tomarse un descanso,

y ha delegado en mí las decisiones importantes.

La cuestión es que, si voy a liderar esta fábrica,

me parece adecuado que tú seas mi mano derecha

y ocupes el puesto de director de operaciones.

La gente dice que la maternidad es para estar contenta,

y, no sé, si Sergio estuviera aquí,

compartiendo la carga conmigo...

A lo mejor está organizando algo.

"Buscando mi auténtico yo donde todo empezó: en el mar".

-"¿Trato hecho?".

-Cuenta conmigo. Tengo muchas ideas y muy buenas para esta fábrica.

Antes quiero pedirte una cosa más, Víctor.

No notificaremos tu ascenso,

al menos hasta que Francisco se haya adaptado a su nueva etapa.

Esto quedará entre nosotros.

Quizá estaría bien que saliese con Ángel de vez en cuando.

¿De qué le sirve tener una coartada si no hay nadie que se lo corrobore?

Este jueves,

se celebra una importante gala de empresarios en el Río Club.

Déjame que lo hable con Ángel antes de darte una respuesta.

Claro. No acataré una ley absurda

que todos se empeñan en cumplir aunque no esté escrita...

¡Sí que está escrita!

¡Pero no con tinta, sino con sangre!

¿Cree que son la primera pareja negra y blanca

que trata de amarase?

Lo siento, lo siento, es que estaba en shock.

De hecho, ahora... No, no, tranquila.

Si, sabiéndolo todo, el que lo siente soy yo,

por haberte agobiado.

Tirso, tú no tienes que sentir nada.

Tú viniste, me dijiste lo que me dijiste...

y yo no te contesté, así que entiendo que te molestara.

A mi madre la perdí por unas fiebres.

Años más tarde, mi padre volvió a enamorarse.

¿También de una mujer blanca?

Quisieron luchar por su amor,

rebelarse contra las normas, como dice usted.

Pero, días más tarde,

cuando la colonia se enteró de su relación,

mi padre desapareció de repente.

Mabalé, lo comprendo.

Pero amo a Kiros con todas mis...

Sí realmente lo entiende, señorita,

deje las cosas como están.

La vida de Kiros está en sus manos, señorita.

Una boda siempre es un tema de primera para las tertulias.

Sobre todo, si van rodeadas de escándalo.

¿Tú sabes quién es Paquito? ¿El mayor de los Hinojosa?

Pues siempre ha sido un donjuán de categoría.

Si lo ves por la calle,

te entraría el tembleque de pensar que viene hacía a ti

el mismísimo Alfredo Mayo.

Qué pelo, qué hechuras,

qué boquita de piñón, Carmen.

La cosa es que se prometió con Rosaura Calderón,

la sobrina de un empresario del cacao de Santa Isabel.

Una muchacha encantadora, con aire de realeza...

Estuvieron prometidos dos años, dos años, con toditos sus meses,

porque Paquito viajaba mucho a la metrópoli por negocios.

Cuando llegó el día y todo estaba dispuesto,

agárrate, que te caes, Rosaura le dice que no.

Que donde dijo digo dice Diego.

Bueno, más que Diego: Felipín.

Que estaba enamorada de Felipín, el hermano pequeño de Paquito.

¿Cómo te quedas?

Yo me acuerdo y se me eriza hasta el perlé.

Carmen, ¿tú has escuchado algo de lo que he dicho?

Que estuvieron dos años prometidos y la boda no llegó a celebrarse.

Sí, sí, pobre Rosaura.

Pobre Paquito.

Eso. Sí, sí.

Pero tú tranquila, que tu boda se celebra sí o sí.

Como se le ocurra a Víctor decir que no,

lo hecho al estuario para que se lo zampen los cocodrilos.

Carmen, ¿me dejas a ver un rato el anillo?

Venga.

Es que a mí esta joya me da energía,

me da como felicidad.

Uy... tienes el dedo rojo como un tomate.

No es cierto, Linda.

Carmen, ¿no te habrá dado por quitarte el anillo?

Eso trae mala fortuna. Lo sé.

Lo sé. Es que todavía no me he acostumbrado a llevarlo puesto

y me paso el día dándole vueltas.

Bueno, es normal.

Lo que está claro es que con ese anillo,

no te hará falta encender ninguna de noche.

Buenos días, Kiros. -Buenos días, señoritas.

Amiga, qué ganas tengo de verte con tu prometido

en la fiesta de empresarios del Río Club.

Y así me cuentas cómo ha ido la merienda.

¿Qué merienda, Linda?

¿Cómo que qué merienda?

La merienda que dais las dos familias

para empezar con los preparativos de la celebración.

Carmen, de verdad, yo no sé dónde estás,

pero desde luego, muy lejos de aquí.

Lo siento, Linda, pero tengo que dejarte.

Me quiero preparar bien para la merienda.

Venga, vete ligera.

Me cuentas en cuanto sepas.

Y échate crema de manos para la rojez, pero no abuses,

que le viene mal a la joya.

¡Qué joya, Carmen, qué joya!

(Sintonía de "Dos vidas")

Ayer estuve con Julia.

¿Y eso? Pensé que no había salido de casa en todo el día.

Le hice una visita anoche.

¿Y?

Estuvimos hablando de la situación que tiene encima la pobre.

Y me enseñó una foto de Sergio haciendo el canelo en la playa.

Menuda joyita de tío.

Yo es que alucino con él.

Se le ve tan formal, tan correcto y luego mira los numeritos que monta.

Prefiero no hablar de él porque me hierve la sangre.

¿Cómo ha podido dejar a Julia sola en este momento?

Bueno, Julia no está sola.

Lo sé. Pero tengo la sensación de que podemos hacer más

de lo que estamos haciendo, al menos yo.

¿Ah, sí?

Sí. No sé...

Quiero que sepa que,

por muchos impedimentos absurdos que ponga Diana,

puede contar conmigo para lo que sea.

¿Para lo que sea? -Tú ya me entiendes.

Que yo voy a estar ahí,

que no voy a salir corriendo como otros.

¿Qué pasa con esa risita?

¿Qué he dicho? ¿Por qué me miras así?

Creo que Julia tiene mucha suerte de tenerte cerca.

Pero también creo que ahora debes ir con calma.

Lo sé. Sí.

Le vendrá muy bien saber que está arropada, eso seguro,

pero necesita espacio para digerir todo lo que está pasando.

Recuerda que ahora mismo es una bomba de hormonas con patas.

Sí, lo digo de verdad.

Cuando estás embarazada, eres capaz de reír y llorar a la vez

por el mismo motivo y con la misma intensidad.

Yo no voy a ser una mosca cojonera como su madre,

pero mantenerme ahí, presente.

¿Y cómo vas a hacerlo?

No sé, pero he pensado que podría llevarle comida todos los días,

así no tiene que preocuparse de eso.

Pero ¿te estás oyendo? -Ayer me entró la inspiración

y estuve rediseñando el menú para que se apto para embarazadas.

Hazte un favor y grábate a fuego estas palabras:

"Bomba de hormonas con patas".

Que sí, que le dejaré su espacio.

Pero después de darle sus táperes, tres táperes que le he hecho,

ensalada campera, que sabes que me sale... ¿O no?

Pollo al limón, que te encanta y unas tartaletas de frutas.

Espectacular. -No vas a hacerme caso, ¿verdad?

Bueno... -Perfecto.

Si te tira el pollo a la cara, pásate por aquí,

que sabes que me encanta. -Eso no va a pasar.

Ya...

Pero ¿y este despliegue?

Estamos de celebración.

¿Por el embarazo de Julia? -No, no, ¿qué dices?

Un niño es un bajón.

Bueno, depende de para quién.

Que sí, que me alegro mucho por ella,

pero estamos de celebración por mí.

Mañana tengo una entrevista para una tienda de ropa en Madrid.

¿Qué?

Sí, muy fuerte, lo sé.

Y hoy pillo el bus porque tengo un casting.

¿Cómo que un casting?

Bueno, para compartir piso.

Pero eso no es un casting.

Bueno, pues como si lo fuera.

No sabes lo complicado que es coger una habitación decente.

Te caes de culo con los precio.

Algo he oído.

Entonces, tendré que coger otro trabajo,

porque el sueldo de la tienda me da para pagar una habitación

y comer una vez al día.

¿Sigues con esa idea en la cabeza?

Claro, ¿qué quieres que haga?

No tengo ahorros y no le voy a pedir el dinero a mis padres.

Comeré cuando pueda.

Que no, que digo lo de pirarte a Madrid.

Pues claro, si sabes que llevo tiempo queriendo volver.

Yo siempre he sido la chica de Madrid.

Antes de que llegara Julia, claro.

Pero viniste cuando era una niña, eres más de aquí que de allí.

¿Y qué más da de dónde sea?

La cuestión es que yo quiero, no sé,

espabilar, vivir, volar...

Y pegártela.

Desde luego que eres única dando ánimos.

Es que creo que te estás precipitando.

Mery, que ya no hay nada que me ate aquí.

Aunque lo hayas dejado con Ribero, tienes más cosas.

¿Ah, sí? ¿Cuáles? ¿El taller?

Tus padres.

Mery, que eso es ley de vida,

tienen que entenderlo en algún momento.

No se lo voy a decir hasta que consiga un trabajo.

¿Y si no te dejan ir? -Me voy a ir sí o sí.

Se pongan como se pongan.

¿Y tú puedes dejar de ser tan ceniza, por favor?

Te recuerdo que cuando quisiste irte a Madrid,

yo era primera que estaba apoyándote.

Eso era diferente. -¿Sí, por qué?

Porque yo tenía un motivo importante

y tú lo estás haciendo por un tío al que ni siquiera conoces.

Eh, que entre Dani y yo hubo algo muy especial.

Y si tengo una mínima posibilidad de recuperarlo,

no me quedaré de brazos cruzados. -No quería nada contigo.

No me dijo eso.

Me dijo que estando los dos separados,

no tenía sentido seguir conociéndonos.

Pero si me voy a Madrid, ya no estaremos separados.

Se te va la pinza. -Relaja el tono conmigo.

Pero ¿es que no ves que aquí hay muchas cosas

que te pueden hacer feliz?

Te vas a ir para arrastrarte detrás de un tío que pasa de ti.

¿Me estás llamando arrastrada?

Pues mira, sí.

Pero ¿adónde vas?

Me voy a arrastrar fuera de aquí porque no quiero hablar contigo.

Te he traído algo.

¿El qué? "Voilà".

¿Lo has hecho tú?

¿Qué pasa? ¿Que no me crees capaz?

Es un bizcocho, no la Teoría de la Relatividad.

Tienes razón, Mario, perdona.

Que no, que lo ha hecho Antoñita. Ah.

He gastado uno de los favores que me debía.

Se lo he pedido a ella para asegurarme de que estaba bueno.

Porque la ocasión lo merece: enhorabuena por el embarazo.

Muchas gracias, es un detallazo.

Ahora tienes que dormir mucho,

que en cuanto llegue el bebé,

va a llorar sin parar y no vas a pegar ojo.

Que los niños vienen con un pan debajo del brazo,

pero no con un botón de apagado.

Lo tendré en cuenta, Mario.

Bueno, y olvídate de tener tiempo para ti,

los horarios los marca el crío.

Y la casa así de ordenada no la vas a volver a ver en tu vida.

¿Y por qué me das la enhorabuena? Casi mejor, dame el pésame.

Yo hablo sin conocimiento de causa, por lo que me lo han contado.

Aquí lo importante es que tú estés contenta y convencida.

Pues es que no sé cómo estoy, Mario.

Me lo había imaginado de otra manera, la verdad.

Esto de criar a un hijo sola es complicado, ¿eh?

¿Don Perfecto no se va a hacer cargo?

Parece que no.

Se lo he dicho... y salió corriendo.

Ya lo vi, ya. Qué valiente.

Mi madre y yo llevamos toda la semana llamándole

y dejándole mensajes y nada. Que no contesta.

Pues mira, en este caso, mejor sola que mal acompañada.

Ya, Mario, pero un bebé es mucha responsabilidad.

No sé si estoy preparada.

Tu abuela lo hizo sola y salió adelante.

Y yo no dejo de pensar en cómo lo hizo.

Pienso en lo difícil que tuvo que ser en su época.

Un recuerdo que tengo grabado es el de tu abuela llegando a mi casa

después de trabajar todo el día en el taller.

Venía para llevarse a Carlos,

que pasaba con mi familia las tardes.

Mario, nunca me habías contado eso.

Recuerdo a tu padre apoyar la cara sobre su hombro,

completamente dormido,

y a Carmen caminar muy despacito para no despertarlo.

En la puerta, se giraba y nos guiñaba un ojo, agradecida.

Con esa sonrisa suya tan única.

Madre mía, ser madre, llevar el taller...

No sé, es que no tendría tiempo para nada.

No me extraña que no encontrara el amor de nuevo.

¿"De nuevo"? ¿Qué te hace pensar

que estuvo tu abuela enamorada alguna vez?

Es una forma de hablar.

Voy a preparar más café, que se ha quedado frío.

Julia,

sé que esa cabecita tuya puede ser

tu peor enemiga.

En este pueblo tienes a mucha gente que te apoya,

igual que lo tuvo tu abuela en su día,

pero tú, además, cuentas con alguien mucho más importante,

que es a tu madre.

Tienes razón.

Solo espero que sea una ayuda y no un problema.

Alicia.

Buenas tardes, doña Patricia.

Lamento haber adelantado el paseo, pero tengo un compromiso ineludible.

Lo comprendo.

Una mujer de negocios como usted, tendrá una agenda muy apretada.

No se trata de una de esas aburridas reuniones de empresa.

Es una merienda informal en casa con los Vélez de Guevara.

Ya sabes que tenemos una boda a la vista.

Sí, qué emocionante. -Sí, lo es.

Eso hace que nuestro paseo tenga que ser más breve.

Bueno, aprovecharé cada minuto.

Estoy feliz de poder disfrutar de su compañía.

Usted significa tanto para su hijo. -Sí.

Perdone.

Estaba tan cómoda, que me he atrevido a cogerla del brazo.

Tranquila, mujer, no me lo esperaba.

Estás radiante, Alicia.

¿Tiene mi hijo algo que ver con ese brillo?

"Algo que ver"... Tiene todo que ver.

Qué bien. Me alegro entonces de que sigáis adelante.

Sí, avanzamos con paso firme.

Aunque no sé si estas confidencias se las tendría que contar a Ángel.

Si te lo pregunto a ti, es porque me interesa saber tu opinión,

y porque ya sabes, que a veces, los hombres tienen dificultades

para hablar con franqueza de las relaciones emocionales.

Sí. Ellos se lo pierden.

Me alegra ver que vuestra relación no ha mermado ni un ápice

después de la ruptura. -No, en absoluto.

A veces, es necesario sentarse y pensar.

Ahora, nosotros somos mucho más maduros.

Sí, no hay más que oírte hablar.

Eso no quita que no me sienta como una niña con zapatos nuevos.

Para mí todos los días con Ángel son de fiesta.

He de reconocer que llevo días que no puedo dormir desde que sé

que le acompañaré a la gala de empresarios del Río Club.

Ah, pero ¿iréis juntos?

Primera noticia. Mi hijo se lo tenía muy calladito.

Lo siento, no sé si se lo tenía que haber contado.

Le ruego que no le cuente a Ángel este desliz.

Tranquila. -Sí.

Ángel está lleno de virtudes, usted ya lo sabe,

pero no destaca por saber expresarse en los temas de amor.

A eso tendré que acostumbrarme. Y es un poco difícil.

¿Te sientes desatendida, quizá?

A ver, usted ha criado al mejor hombre de Río Muni,

de la Guinea española y de España entera.

Pero es verdad que echo un poco en falta algo más de afecto,

que cuide los pequeños gestos. -¿Qué tipo de gestos?

Los que hacen que una relación sea buena,

cogerme de la mano, alguna carantoña...

Sin pasar los límites del decoro, claro.

Claro.

Pues tomo nota, Alicia.

¿Qué me quiere decir? ¿Se lo va a decir a Ángel?

No... Si encuentro la ocasión, pues... se lo puedo dejar caer.

Qué vergüenza, doña Patricia. -No la sientas.

Entiendo perfectamente tu demanda.

Y si Ángel no se ha dado cuenta, francamente es,

por falta de experiencia.

Lo bueno es que tiene remedio.

Se le puede explicar,

él puede aprenderlo y ponerlo en práctica.

Gracias.

Es usted una mujer increíble.

Mire, está guapísima. Le sienta como un guante.

¿Qué sucede, señorita?

No me diga que me he equivocado.

Me dijo que preparara el vestido de las ocasiones especiales

y estaba convencida de que era este. Sí, es este, Enoa.

Recuerdo a mi tata decirme que, fuese donde fuese,

con este vestido siempre sería la protagonista.

Razón no le faltaba.

Me gustaría poder ayudarla. Dígame qué puedo hacer.

No te preocupes, Enoa.

¿Cómo la preparaba su tata?

Puedo seguir el ritual paso por paso.

Así no la echará tanto de menos. Gracias, de corazón.

Pero esto no lo arreglaría ni mi tata.

Tendría que ser la mujer más feliz del mundo

y lo único que siento es dolor.

Ya está. No voy a bajar al salón.

¿Cómo?

Que no me necesitan para nada, está claro que soy un títere.

No tengo ni voz ni voto.

Me han robado cualquier posibilidad de elegir mi destino.

Señorita...

Que no, que no voy a bajar, de verdad.

Que cierren ellos los detalles,

no quiero saber nada de esa boda, nada.

Señorita, esa boda es su boda. ¡Yo no lo siento así!

Para mí es una condena. ¿De qué sirve vivir en un mundo

en el que no puedes estar con la persona que amas?

Señorita,

debe asistir a esa velada. No.

Es la única manera de hacer oír su voz.

Estoy harta de interpretar un papel.

Temo que en algún momento alguien pueda notar

la rabia que llevo dentro, el dolor, el temor de...

Voy a explotar en cualquier momento.

Hagamos un trato.

Si en algún momento siente que va a explotar,

diga que se siente indispuesta.

Yo me encargaré de sacarla de la velada,

traerla a la habitación y dar todas las explicaciones necesarias

para que nadie suba a verla.

¿Harías eso por mí?

Por supuesto.

Gracias.

No sabes lo que significa para mí

poder confiar en alguien.

No se merecen.

Y ahora,

vamos a prepararla para que esté usted presentable.

Tirso, ¿qué se nos ha perdido por aquí?

No seas impaciente. Ya no queda nada.

Mira aquí. "Voilà".

¿Y esto?

Tome asiento, señorita.

Con tu madre en casa he pensado que necesitarías un respiro.

Un respiro y un banquete, parece ser.

Como sé que te encanta el sushi y el sashimi,

pero no puedes comer pescado crudo,

me he tomado la licencia de reinventar la receta.

Ninguno tiene pescado,

todos llevan verduras de la huerta y aguacate, que eso te encanta...

También he hecho una ensalada campera,

pollo al limón y unas tartaletas.

¿Y has hecho todo esto por mí?

Sí, claro.

Eres la única embarazada que conozco.

Si consigo que me trates así de bien

cerrándote la puerta en las narices,

¿qué no conseguiré cuando te trate como te mereces?

Como se merecen todas las personas, quiero decir.

Como... Sin portazos, portazos no.

No.

Tirso, yo sé que tenemos una conversación pendiente.

¿Y si nos olvidamos?

Al menos, por ahora.

Si te he traído aquí, es para que hagas un paréntesis y respires.

Ya habrá tiempo para lo demás.

Gracias.

Dime que esos no son los mismos tintes que te mandé preparar ayer.

Técnicamente, no.

Ayer no tenía ni idea de cómo conseguir el gris zinc,

y bueno, ahora sí.

No hay más que verte la cara para saber que no has hecho nada.

¿Y qué iba a hacer?

Estuve tres horas esperando las maderas,

y como iba con el tiempo justo, cogí un atajo y me perdí.

Para hacer las cosas bien, necesito hacerlas sin presión.

Ribero, ¿tú hablas mi idioma? Es una pregunta trampa, ¿no?

No. Es que no entiendo por qué hiciste

justo lo contrario de lo que te pedí.

A ver, lo contrario...

Lo contrario hubiese sido no hacer nada

y viéndolas venir, pero no paro de un lado para otro con la logística,

que curro más que en vendimia. ¿Por qué?

Porque soy el chico para todo.

¿Que por qué fuiste a llevar las maderas

cuando te dije específicamente que no lo hicieras?

Porque se lo pedí yo.

¿Es eso verdad?

Ribero, no pasa nada, puedes decir la verdad.

Sí, Elena me dijo que dejara los tintes y fuese a por las maderas.

¿Y quién te ha dado derecho a contradecirme?

Trabajo en este taller cada día,

sé perfectamente cuáles son sus necesidades.

Además, de los tintes me ocupo yo. Ya veo, ya.

Sí. Gracias a tu decisión,

tenemos ahora varios muebles esperando a ser pintados

y un almacén a rebosar de maderas que no necesitamos.

Oye, eres brillante con tu don de mando.

Muchas gracias.

Ya que te veo tan entregada, tendrás la suerte de verme en acción.

Ribero,

deja estos pigmentos

y ve donde Juan Carlos para entregarle los nuevos diseños.

Bueno, ¿por cuál empezamos?

No me gusta echarme flores, pero todo tiene muy buena cara.

A ver si lo mío va a ser la cocina fusión

y no me he dado cuenta.

¿Por ahí?

Vega. A ver.

A ver qué te parece.

¿Qué tal?

Está increíble.

¿Sí? Ya soy un maestro del sushi.

"Arigato".

Deberías incorporarlo en tu menú, es cocina mediterránea.

No creo que la mitad de mis parroquianos lo acoja muy bien.

No, no, no.

Voy a echar de menos verte comer huevos con chistorra,

al menos, durante una temporada.

Ya, y yo.

Prométeme que en cuanto pueda volver a comerlo,

me harás un plato gigante. -Te lo prometo,

doble ración de chistorra.

De momento, me comeré yo tu ración.

Bueno, puedes perfectamente.

Estoy entrenado.

¿Sabes que mi bisabuelo participaba en competiciones culinarias?

¿También era un cocinillas? No, no.

Las competiciones consistían en comer hasta reventar.

40 huevos se comió una vez. ¿No?

40 huevos. ¿Quién se come 40 huevos?

Impresionante.

Sí, sí, pero...

mi abuelo hubiese encontrado en ti a una dura rival.

Oye...

Bueno, a ver.

Venga, Ribero, que no tenemos todo el día.

¡Samuel, no te muevas de ahí!

¡Y dale con lo de Samuel! ¡Ribero!

Mira, que paso de los tintes, del gris zinc y de los pigmentos,

que soy daltónico.

Y con mi daltonismo no puedo.

¿Encima eres daltónico?

Sí. Ya está dicho.

Me voy a entregar los diseños al taller de Juan Carlos.

¡Quieto ahí! Suelta eso.

¿Yo?

No, se lo digo a la ventana. ¿Tú qué crees?

No vas a salir de aquí hasta que no termines.

Si es necesario, pondremos nombre a los colores para que no te líes.

Y date prisa, los quiero para ayer.

¿Para que no me lie? -Ni hablar.

Coge esos diseños ahora mismo y llévaselos a Juan Carlos,

que los está esperando.

Si tanto los necesita Juan Carlos, que venga él a por ellos.

O mejor, le haces una fotito y se los envías por el móvil.

Mira, qué idea tan práctica y objetiva.

Optimización de recursos se llama, por si quieres apuntarlo.

Date prisa, que no es para hoy.

He dicho que no.

Ribero, vete.

Samuel...

Si yo me pongo, me puedo organizar, me dejáis una noche y ya está.

Ribero, ¿qué tal si sales un poco al patio y te tomas un...?

Descanso, perfecto. Me va a venir genial.

Y vosotras tranquilas, con calma, que hablando se entiende la gente.

Si me necesitáis, estoy fuera.

-Bien.

Diana, yo entiendo que quieras estar pendiente del taller

mientras Julia descansa.

Es un gran gesto, de verdad.

Pero tienes que confiar en mí y en mi forma de hacer las cosas.

Lo haría si supiese que Julia sabe lo que hace,

pero visto lo que ha tardado en decirme que estaba embarazada,

está claro que no está en sus cabales.

¿Estás celosa?

¿Yo? ¿Por qué?

Si lo que te molesta es que me lo haya contado a mí antes que a ti,

deberías olvidarte.

A veces, es más fácil hablar con una amiga simplemente.

Julia y yo también somos un poco amigas.

Un poquito. No, tú eres su madre.

Y te necesita.

Por eso, harías bien en dejar el taller en nuestras manos

y centrarte en apoyarla.

¿Sabes algo de Sergio?

Está "missing."

Le he mandado mensajes, emails,

solo me faltan señales de humo, pero nada, ni una respuesta.

Esto tiene muy mala pinta.

Como lo pille...

(ELENA) Cariño, ¿seguro que no quieres cenar?

Mira que te recaliento el arroz en un periquete.

No tengo hambre.

Uy. No me digas que ya estás metida en la cama.

Si ni siquiera ha salido el hombre del tiempo.

A ver...

Fiebre no tienes.

¿Qué te pasa? -Nada.

Que estoy rayada por Cloe.

No sé si prefiero que tengas fiebre, fíjate.

Mamá... -Es que sois muy intensas.

Ella es intensa.

Se ha colado por un tío que, aunque se muere por estar con ella,

no puede hacerlo.

¿Quién?

No te importa.

Un poco sí. Por contextualizar.

Da igual,

si no lo conoces.

No es de aquí.

Vive en Madrid. -¿Y cómo lo ha conocido?

Por Internet. Pero ya no están juntos.

Y Cloe se quiere ir a Madrid a recuperar la relación.

Pero ¿ha quedado con ese chico alguna vez?

En la vida real, quiero decir.

Yo he intentado abrirle los ojos,

pero solo he conseguido empeorar las cosas,

y ahora, piensa que soy una amiga de mierda por no apoyarla.

¿Y qué piensas tú? -Bueno,

que algo de razón tiene,

porque le he dicho que era una arrastrada.

Por eso estás así.

Bueno, y también porque no quiero perderla.

Cariño, vas a tener que ser paciente.

Cloe tiene que superar la ruptura y no es fácil.

Seguro que todo eso de irse a Madrid es un impulso.

Yo la veo muy segura.

Pues lo único que te puedo decir es que,

si sientes que has metido la pata, sé sincera y pídele perdón.

Una disculpa a tiempo evita muchos conflictos.

Ojalá fuese tan fácil.

Ya.

Venga, sal de ahí y baja a cenar.

Te voy calentando el arroz.

Por favor, pasad.

Mientras las mujeres se acomodan, quiero ofreceros

un escocés exquisito.

Mi último gran descubrimiento.

El tiene un sabor ahumado perfecto.

Tiene un toque a jerez, ¿no?

Qué gran paladar.

Sí.

Yo tuve que invertir más de un trago para apreciar el matiz.

Víctor. No, gracias.

Con dos dedos me basta. Ese para Ángel.

Así me mojo los labios. -Quién te ha visto y quién te ve.

El terror de las noches de Río Muni pidiendo una copa menos llena.

Parece que Carmen le ha hecho brujería,

está irreconocible. -Tranquilos, sigo siendo el mismo.

Lo único que han cambiado han sido mis prioridades.

¿Y cuál es ese nuevo orden?

Por supuesto que no, padre. Es para todos los públicos.

En primer lugar, Carmen. Me alegra saberlo.

En segundo lugar, Carmen.

Y después, Carmen otra vez.

Resulta que eres un romántico.

Me gusta mi nueva vida.

Ya no busco distracciones en los bares,

simplemente, con mis responsabilidades, me distraigo.

Verlo para creerlo, Víctor.

Mi prometida y mi trabajo ocupan todo mi tiempo

y me hacen sentir el hombre más afortunado.

Está bien que vayas por el buen camino, hijo,

pero no deberías de conformarte.

La empresa de Francisco está bien es un negocio modesto,

pero lo que distingue a los grandes hombres, es que aspiran a más.

Te agradezco el consejo, padre,

pero Maderas Río Muni para mí es un ejemplo del trabajo bien hecho.

(RÍE) Gracias.

Por mi parte,

me basta con saber que todo esto ha sido por propios méritos.

No necesito más.

Ya. Insisto, cuidado con estar tan conforme,

un hombre sin ambición es como un guerrero sin armadura.

Insisto, también dicen que quien todo lo quiere, todo lo pierde.

¿Eso quién lo dice, los indígenas, los perdedores?

-Vaya.

Creo que debería haberme quedado yo el vaso con más alcohol,

estamos a punto de escuchar uno de los consejos de mi padre.

Bueno, lo cierto es que para mí, el conocimiento

es el mayor patrimonio que puede tener un hombre.

¿Me equivoco, Francisco?

Pocas cosas hay más valiosas.

Ya. Pues mi hijo se empeña en ser un ignorante.

Padre, por favor.

¿Qué puedo decir? Te doy consejos y haces todo lo contrario.

Bueno, tengo mi propio criterio.

Tan propio como ese orgullo que acabará por hundirte.

¿Más whisky?

Buena idea.

Y a riesgo de profanar este escocés, iré a por hielo para mi vaso.

¿Alguien echa en falta algo más?

¿Quieres? Por supuesto.

Carmen.

¿Qué haces aquí tan sola?

Tu madre le está enseñando a Inés la cubertería de plata.

Están en la cocina. ¿Y tú? Te imaginaba fumando puros

y hablando de grandes operaciones empresariales.

Ha logrado escapar con la excusa

de ir a por hielo para enfriar mi vaso.

¿Te importa que me quede aquí?

No quiero ir a la cocina,

no me interesan las curiosidades de las cucharillas de plata.

Oye, pues el saber no ocupa lugar.

Pero sí tiempo. Sí tiempo.

Y en este caso, prefiero pasarlo contigo.

¿Puedo? Claro.

He visto a Víctor muy feliz. Enhorabuena.

Deberías estar ilusionada, a juzgar por tu cara, diría lo contrario.

Es que, a veces, todo esto me supera.

Siento que me persigue una avalancha de decisiones por tomar,

un tren en marcha que nadie puede detener.

Bueno, son cuestiones de la boda, pasará.

Eso espero.

En el fondo, me dais mucha envidia.

Nunca imaginé que dirías algo así. ¿Por qué?

¿Porque me paso el día entre libros de derecho y finanzas?

Hay que saber diferenciar la vida profesional de la personal.

Y por lo que se dice por ahí,

tú eres todo un experto.

¿Qué se dice por ahí, me lo puedes explicar?

Que Alicia y tú os habéis reconciliado.

Sí, volvemos a estar juntos.

Me alegro. Qué bien, ¿no?

Los dos emparejados y enamorados.

Sí, qué bien.

Has tenido que pasarlo fatal este tiempo lejos de ella.

Cuando el amor es verdadero,

el tiempo separados...

duele como un puñal.

Sí.

Como uno que se te clava en la boca del estómago y no te deja vivir.

Es insoportable.

Yo tengo muchas ganas de veros juntos.

Algún día podríamos hacer algo los tres.

Los cuatro, los cuatro.

Sí, los cuatro. Qué tonta, no me acostumbro.

Podríamos organizar una cita doble,

para despejaros de las presiones de la boda.

Te tomo la palabra.

Carmen,

comprendo que estés superada por la situación.

Pero si hubiera algo más, lo que fuera,

sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad?

Bueno,

el chico del vaso templado no debería entretenerse más.

¿Me acompañas a la cocina?

Gracias, pero yo tampoco siento gran simpatía

por las cucharillas de plata.

Aquí estoy bien, tranquila.

De acuerdo. Entonces, les diré que no tarden demasiado

no queremos que la prometida salga corriendo.

¿Como Rosaura Calderón?

¿Quién?

La que se marchó con el pequeño de los Hinojosa, su verdadero amor.

¿Debería de conocer esa historia? No.

Linda estará encantada de contártela con pelos y señales.

Creo que es el momento

para seguir nuestra conversación con las mujeres.

No, Víctor.

¿No, padre?

No te puedes comportar siempre como un crío.

La diferencia es que ahora puede elegir entre cobijarse

en las faldas de su madre o en las de su prometida.

(RÍEN)

Francisco, nadie mejor que tú sabe lo que significa

que un hijo quiera continuar con los negocios de la familia.

Cierto, Carmen siempre ha mostrado voluntad.

No puedo quejarme.

Ya.

Ahora también cuentas con la voluntad de Víctor.

Le ofrecí hacerse cargo de mis negocios,

pero me ha dado la espalda,

y ha preferido dedicarse en cuerpo y alma a tu serrería.

En honor a la verdad,

todo queda en casa,

los Villanueva y los Vélez de Guevara

seremos pronto una sola familia.

Si estuvieras en mi lugar, creo que lo verías de manera diferente.

¿Sí? ¿Y cómo, si puede saberse?

Como un gran error.

Incluso como una traición.

Padre, rechacé trabajar contigo,

y no me parece el momento ni el lugar para hablar de ello.

Eso lo decido yo, sigo siendo tu padre.

Empiezo a pensar que este numerito que estás montando

es para ser el protagonista de la noche.

Francisco, ahora mismo lo ves motivado,

cegado por el amor de tu hija.

Pero cuando vuelva a su natural inconstancia, por favor,

no dudes en echarlo a la calle.

Dudo mucho que Francisco quiera despedir

a su director de operaciones.

¿Cómo?

¿Director de operaciones tú? -Así es, padre.

No te enfades.

Ni que te hubiera nombrado ministro.

Bueno, es un paso natural,

ellos han sabido ver algo que tú no pudiste ver.

¿Patricia te ha ofrecido un ascenso?

Así es. No queríamos comunicarlo aún

porque esperábamos al momento adecuado.

¿Qué pasa, padre,

no te alegras, no me vas a felicitar?

(Risas)

Me encanta oír hablar tan bien de mi hijo.

-Es la pura verdad, Inés.

Y si preguntas al resto de trabajadores, te dirán lo mismo.

Víctor es un líder nato.

Por eso será un gran director de operaciones, ¿no?

¿Director de operaciones? ¿Es eso cierto?

Bueno, Patricia, que tiene mucha fe en mis capacidades.

¿Lo has oído? "Director de operaciones".

Estaba al corriente. Gracias, cariño.

¿Y por qué no me has dicho nada?

Porque tu hijo disfruta dando la noticia en persona.

-Me gustaría proponer un brindis por Víctor.

Estoy muy orgullosa de ti, cariño.

El trabajo duro tiene su recompensa.

Y el talento también. -Salud.

-Por Víctor. -Salud.

Bueno, muchas gracias a todos,

pero creo que deberíamos hablar de lo verdaderamente importante.

-Exacto.

Por asombrosa que sea vuestra capacidad

para hablar de la fábrica, madre,

estamos reunidos porque tenemos un enlace a la vista.

Toda la razón, hijo mío. -Eso es.

Así que... Bueno,

¿por dónde empezamos?

Por la fecha. -Los invitados.

-¿Y si empezamos por el principio?

Tenemos que elegir a alguien que se encargue organizarlo todo,

así, los prometidos no tienen que preocuparse de nada.

Muchas gracias, Angelito. -¿Quién queréis que lleve la batuta?

-Eh...

No sé.

Quizá podríamos preguntarle a Linda.

No, querida, Linda no. No podemos dejar la organización

de un acontecimiento tan crucial a tu amiga.

Estoy de acuerdo.

Linda es una chica demasiado fantasiosa,

necesitamos a alguien más centrado. Yo podría hacerlo.

Al fin y al cabo, dirijo una fábrica y tengo muchos contactos.

Y me enfrentaría a este desafío con la misma ilusión que una madre.

Lo agradezco, Patricia, pero quizá ya tengas tareas.

Si Patricia está ocupada, podría hacerlo yo.

Alicia se encarga de la librería sin problema

y yo dispongo de tiempo libre.

Muchas gracias, de veras, pero quizá Carmen quiera encargarse ella.

-¿La novia? Ni hablar. Ella está para dar el visto bueno.

No sabes la de quebraderos de cabeza

que trae un evento de esta naturaleza.

Empezando por el lugar.

Había pensado celebrarlo en Bata,

allí tenemos una casa familiar con grandes terrenos.

Y las vistas son preciosas.

Pero me dijo Inés que tal vez no estarías de acuerdo.

Yo pienso que lo suyo sería hacerlo en la catedral de Santa Isabel.

Yo...

¿Y movernos todos hasta Malabo? No, eso es una locura.

Implicaría viajar en barco hasta la isla de Bioko.

Sería divertido, un viaje familiar.

Sería fantástico, Inés, pero no disponemos de tanto tiempo.

Lo suyo es hacerlo aquí, donde se conocieron,

donde van a hacer su vida.

Aun así, la casa de Bata es una opción a considerar.

Yo... ¿Qué se nos ha perdido en Bata?

Casas hermosas también hay en esta zona.

Por supuesto, pero el mar tiene una energía especial.

Creo que estamos muy preocupados por el lugar

sin tener clara la fecha.

Para el evento que queremos organizar, tiene razón Francisco,

tenemos que esperar al próximo año.

-Y debemos evitar la temporada de lluvias.

Si decidimos celebrarla en Bata... ¡Basta ya!

Lo siento, pero llevo un rato intentando decir

que me encuentro algo indispuesta. Así que, con vuestro permiso.

La señorita lleva sintiéndose mal desde esta mañana.

Cosas de mujeres, ya saben. Es mejor que la dejemos descansar.

Yo misma me encargaré de que esté bien atendida.

Gracias, Enoa. Es mi trabajo, señor.

(LLORA)

(LLORA)

(LLORA)

Señorita, ¿cómo está?

Me he asegurado de que nadie la moleste.

¿Puedo hacer algo por usted?

Lo mejor que puedes hacer es salir corriendo, Enoa, vete.

Señorita...

¿Cómo se detiene la más retorcida de las locuras?

Una en la que estoy obligada a sonreír en veladas en mi honor

en las que nadie se interesa por mí,

obligada a ocultar mis sentimientos,

a seguir las estúpidas normas,

a renunciar al amor, a ser infeliz toda la vida.

¡Debería marcharme del país!

¡Debería desaparecer! ¡Debería desaparecer!

(LLORA)

No la justifiques, Francisco.

Esta velada se ha celebrado en su honor,

y ella la ha abandonado como una niña caprichosa.

Estaba indispuesta. Por favor.

Esa excusa es un insulto a nuestra inteligencia

y un desprecio a los esfuerzos que estamos haciendo

por preparar el mejor enlace posible.

Sé comprensiva, por favor.

Si sigue con esa actitud de aquí a la boda,

vamos a tener muchísimos disgustos.

¿Y qué esperabas?

Está condenada a casarse con un hombre que no ama.

que amará en un futuro,

solo hay que ver la predisposición de Víctor.

Tu hija estaría ciega si lo rechazara.

¿Qué has visto en ese chico que estás entregada a sus encantos?

Lo dices por el ascenso... Claro que lo digo por el ascenso.

Por cierto, ¿cuándo tenías pensado decírmelo?

Lo siento mucho.

Entiendo que enterarte de esta manera ha sido un error.

Quería molestarle lo menos posible.

Pensaba contártelo cuando estuvieras más tranquilo.

Si vieras la vergüenza que he pasado delante de Ventura,

tendrías que haber visto su cara.

¿Cómo se te ocurre semejante apuesta sin consultármelo antes?

Reconoce que la decisión de nombrar a Víctor director de operaciones

es un acierto.

Seríamos estúpidos si no aprovecháramos

la resonancia de su apellido.

Patricia,

¿puedo saber cuál es tu verdadero objetivo?

No te entiendo.

Primero, ganas más poder con las acciones de Carmen,

y ahora, nombras a Víctor Vélez de Guevara

director de operaciones sin consultarlo con nadie.

No sé,

me cuesta creer que solo lo hagas por proteger el negocio.

Mira, Francisco, creo que

ahora que la deuda está totalmente saldada

y el negocio va viento en popa,

es hora de ser más ambiciosos.

Creo que debemos pensar en una expansión.

¿Quieres convertirte en la principal fábrica

de toda la colonia?

Quiero que Maderas Río Muni sea la fábrica más importante,

no solo de la Guinea española, sino de todo el país.

Quiero que nuestros apellidos resuenen en Madrid

y nos traten con el respeto que merecemos.

Apuntas muy alto. No he terminado.

Quiero ser la primera mujer en conseguir un logro así.

He trabajado tan duro como tú en esta fábrica todos estos años,

y estoy harta de ir siempre un paso por detrás.

Ha llegado mi momento, Francisco,

y nadie me va a detener.

¿Te das cuenta? ¿De qué?

Que siempre le das tres golpes al bote

y lo agitas como un sonajero. No.

Siempre que te piden un zumo.

Lo he hecho ahora. Tres, dos... No, cada vez.

¿Siempre tres? De verdad que sí.

Ah. Bueno, pues no.

¿Qué tal?

Elena... ¿Qué?

Haz una cosa, pídele un zumo a Tirso.

¿Qué dices? Que sí, que sí.

¿Qué quieres, Elena, qué te pongo?

Eh... Un zumo, por favor.

Venga.

¿Lo ves? ¡Lo has vuelto a hacer!

Que no, hombre. Que sí.

Casualidad, casualidad, pura, casualidad.

¿Interrumpo algo? Hola.

Que yo venía a por mi menta poleo de siempre,

pero si queréis me lo tomo en casa y os dejo con vuestro jueguecito.

La que me voy soy yo, que no he visto a mi madre esta mañana.

Me voy, chicos.

Hasta luego. Adiós.

Hasta luego.

¿Me vas a explicar qué pasa aquí?

Nada, qué va a pasar.

Ayer la llevé a la dehesa,

le preparé un picnic para que se desestresara un poco,

y creo que ha ido bien. La veo más animada.

Y tú también.

Elena, que te veo venir.

¿Habéis retomado esa conversación pendiente?

No, la verdad es que no.

Y es lo mejor que hemos podido hacer.

Va a tener muchas cosas en la cabeza y no quiero que esté presionada,

ya lo haremos cuando se pueda. -Bueno.

pero tú, por si acaso, cuidadito,

que te veo muy volcado y luego vienen los "madres mías".

"Madres mías". Sé lo que hago.

Vale.

Julia está a punto de vivir un montón de cambios,

y va a tener la cabeza ocupada en otras cosas.

Es importante que lo sepas. -Lo sé, lo entiendo y lo respeto.

Solo quería hacer algo para distraerla un rato.

¿De verdad lo haces como amigo?

(RÍE) Elena, ¿a qué viene esa pregunta?

Viene a lo que viene. Que nos conocemos.

Pues por eso mismo, porque nos conocemos,

me tendrás que dar un voto de confianza.

Yo no hago esto por acercarme a ella,

yo lo hago para que se olvide de los posibles miedos del embarazo,

del agobio de tener a su madre todo el día encima

y de la rabia por cómo se ha ido Sergio.

Y por supuesto que lo hago como un amigo,

es lo que soy para ella y es lo que necesita.

¿Eh?

Pues eso.

(Puerta)

¿Puedo pasar?

¿Se puede saber dónde estabas?

¿Cómo puedes ser tan irresponsable y desaparecer en un momento así?

¿Qué clase de hombre deja embarazada a una mujer

y desaparece?

Mamá...

Ni siquiera te has preocupado de llamar para dar una explicación.

Cobarde. Mamá, por favor, déjame a mí.

¿Por favor? De por favor nada, nos va a oír, a ti y a mí, a las dos.

¿Qué te costaba dar señales de vida,

mandar un mensaje, un audio, un algo?

Mamá, entiendo que estés enfadada, yo también.

Pero necesito que nos dejes a solas.

Ya hablaremos tú y yo. Ya hablaremos.

Creo que tenemos que hablar.

Traigo novedades. Don Perfecto ha vuelto.

¿Cómo que ha vuelto?

¿Seguro que era Sergio?

Todavía no soy ciego.

Le he visto entrar en casa de Julia hace un rato.

-Me alegro de que estés mejor. Lamento mucho...

haberme tenido que ir del encuentro con tu familia de esa manera.

Supongo que podrás acudir a la fiesta de empresarios del Río Club.

Ya sabes que ese tipo de veladas profesionales no me interesan.

Quizá estos asuntos de la boda la tengan algo alterada.

No sé, Patricia, pero me gustaría que volviera la Carmen llena de vida

y alegría que conocí.

Para nosotros también es muy importante

esa reunión de empresarios que se va a celebrar.

Tenéis que ser la pareja perfecta.

Deja el asunto en mis manos.

-Manda huevos que el primer niño de Robledillo en siglos

venga de los que menos tiempo llevan aquí.

A lo mejor te estás precipitando un poco.

No son pareja. A saber lo que va a hacer Julia.

Con la espantada que ha pegado, no creo que le perdone hasta 2025.

Se estarán tirando los trastos a la cabeza durante cuatro días,

pero volver, vuelven.

¿Hacemos una porra?

-Ya iré con Alicia en otra ocasión a Río Club.

-La ocasión es ahora.

Mi amor, tienes que hacer gala de tu reconciliación con Alicia.

Nadie puede tener dudas de que los rumores de que habéis vuelto

son ciertos.

Y mucho menos, tu madre.

-He llegado a la conclusión

de que una vez que Mateo ha saldado su deuda con nosotros,

vamos a contratar a otros transportistas menos problemáticos.

Mateo está tranquilo desde que ha cobrado su dinero,

no veo necesario tener que prescindir de él.

Yo sí.

¿Te importa dejar de mirarme? Me desconcentras.

Sí, perdona. Es que...

¿estás segura de que quieres hacer la entrevista?

¿A ti qué más te da, si soy una arrastrada?

Sabes que eso no es verdad, que lo dije en caliente.

Pues la que está calentita ahora soy yo,

y no me apetece hablar del tema.

Para ti cualquier excusa es buena, ¿no?

Es la verdad, Diana.

La única verdad es que he sido idiota.

Pienso en la de veces que he sacado la cara por ti

¡sin saber que eras un cobarde, un sinvergüenza,

un irresponsable, un niñato!

El otro día que quedamos y me eché atrás,

no debí de hacerlo. -No pasa nada.

Déjame que te invite a algo. ¿Te viene bien esta noche?

¿Mismo sitio y misma hora?

He estado revisando el histórico de los inventarios de cargas,

y esta gente nos está engañando. ¿Qué quieres decir?

Que los camiones no van nunca llenos,

van al 80, 90% de carga

en el mejor de los casos, pero nunca van llenos.

Me habéis dejado sin palabras. -¿Te han gustado los muebles nuevos?

Muchísimo. Es que son increíbles, de verdad.

No sabes la paliza que nos hemos metido.

Lo sé. Son preciosos, de verdad.

Lo más complicado ha sido llevarte hasta allí sin que sospecharas.

La verdad es que yo pensaba que pasaba algo malo.

Menos mal que al final no, lo que nos faltaba.

Quiero hablarte de Ángel,

puede que vaya siendo hora de que recoja

lo que ha sembrado durante estos años, ¿no crees?

Le ofrecí estirar su contrato de prácticas

y ha rechazado mi propuesta.

Habla claro, Ventura.

Sabes perfectamente que lo que le has ofrecido son migajas.

Que no estamos jugando al juego de Verdad o mentira.

Si quieres decirme algo, dímelo.

Vale, pues sí es verdad que quería decirte algo.

-Esto hay que celebrarlo, y no solo en la discreción de la pareja,

sino con los amigos. Camarero,

cuatro copas del mejor champán, por favor.

Don Ventura, no es necesario.

Ángel, últimamente, tus negativas son una costumbre.

¿No te recuerdan a nosotros cuando éramos jóvenes?

No, la verdad es que no lo había pensado.

Son nuestro vivo reflejo.

Me parece increíble que a Carmen no le apetezca lucir

su anillo de compromiso por estos salones.

Si fuera mi dedo el que llevara esa joya,

iría señalando a cada rincón

para que todos vieran cómo brilla la felicidad.

¿Estás seguro de que no conoces a nadie en Río Muni?

¿No tienes ninguna conexión fortuita o familiar lejano?

Acabo de mudarme de la metrópoli. No tengo vínculos con Río Muni,

ni con los trabajadores de esta fábrica.

Perfecto. Hace falta discreción absoluta para este trabajo.

He de confesar que últimamente estoy un poco molesto con...

la situación.

Me comentaron que un matrimonio puede ser un veneno

para una relación,

solo que no sabía que dicho veneno iba a atacar tan pronto.

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Dos vidas - Capítulo 73

07 may 2021

Tras conocer la noticia del embarazo de Julia, Tirso está dispuesto a aparcar la conversación que tienen pendiente y a mostrarle todo su apoyo a Julia como amigo. Un gesto que Elena ve con cierto recelo al sentir que los sentimientos de Tirso son más profundos y su amigo puede terminar haciéndose daño. Cloe está convencida de irse a Madrid para recuperar a Dani y en vez de encontrar el aliento de María, encuentra su rechazo. Y es que María sabe bien que Cloe se equivoca al dar ese paso. En Río Muni, Carmen se muestra reticente a asistir a una merienda entre los Villanueva y los Vélez de Guevara para acordar los detalles de la futura boda. Carmen siente el compromiso como una condena y cada paso hacia su celebración es un paso que la aleja de su verdadero amor: Kiros. Pero la obligación es más fuerte que su deseo, y no le queda más remedio que acudir a esa reunión e interpretar un papel difícil de sostener. La que está pletórica con haber retomado su relación es Alicia, que ve en Ángel el novio perfecto.

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