Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 72 - Ver ahora
Transcripción completa

Embarazada, ¿no? ¿Estás segura de que lo que te pasa es eso?

Sí, bastante segura.

¿Esto no será un retraso o una cosa...?

¿Crees que si fuera un retraso pasaría por este trago?

Se ha subido al coche, ha metido quinta y ha salido corriendo.

¡Sinvergüenza! ¡No se puede ser más sinvergüenza, de verdad!

Está claro que le llegó la noticia así, muy de sorpresa

y necesita un tiempo para asimilarlo.

Dice que la distancia siempre nos separará y que,

como nunca podremos estar juntos, es mejor dejarlo.

¿Mejor para quién? Porque para mí no.

Has sido un gran pupilo, muy aplicado, abnegado...

Le ruego que pare, don Ventura,

ya sabe que me abruman los cumplidos, y más viniendo de usted.

Déjame mirar un momento...

Quizá podamos ampliar el contrato.

Vuelvo a remarcar mi agradecimiento, pero...

tengo otros planes de futuro.

-Cada vez entiendo menos por qué sigo en este pueblo.

Ahora lo ves todo negro,

pero no tiene por qué pasarte lo mismo.

Claro que no me va a volver a pasar,

porque nunca conoceré a nadie como Dani.

Señorita, lo desconozco todo de su amor por ese muchacho,

pero lo que sé es que debe luchar por él.

No deje que nada ni nadie se interponga

entre usted y su felicidad.

Te aseguro que no lo haré.

Debes tomarte un descanso de la fábrica, Francisco.

¿De dónde sacas que yo... no pueda seguir haciendo mi trabajo?

Yo no digo que no puedas seguir haciendo tu trabajo,

pero sugiero que necesitas descansar.

Y no vas a conseguir hacerlo si sigues trabajando a este ritmo.

¿Y si solo necesita pensar y luego aparece?

Espero que sea eso, Elena,

porque, si me ha dejado sola en un momento así,

te juro que se puede olvidar de mí.

Ángel me ha recordado que ha terminado su periodo de prácticas.

Y, bueno, se me ha ocurrido la descabellada idea

de pensar que Víctor podría continuar con ese trabajo.

¿Y le has preguntado a Ángel si quiere trabajar contigo?

Por supuesto. Y ha declinado amablemente mi oferta.

El rechazo de Víctor no ha sido el único que he sufrido hoy.

No quiero que te lo tomes mal, pero me estabas agobiando

y no sabía qué hacer para que dejaras de presionarme.

Yo solo quería ayudarte, que te sintieras acompañado...

Lo mismo lo estoy haciendo fatal, pero si la cago es mi vida.

No me gustaría demorar mucho los preparativos de la boda.

¿Y qué propones?

Me gustaría sentar las bases y juntar a las dos familias

en una merienda o quizá una cena.

¿No sería empezar a darles demasiado protagonismo?

Bueno...

Aunque, a quién pretendo engañar...

A ellos les hace tanta ilusión como a nosotros.

La idea de una merienda me parece estupenda.

¿La señorita Carmen está en casa? -No lo sé.

Pero sé que tenía intención de hablar contigo

sobre eso de los muebles.

(KIROS) "Sigo esperando tu respuesta sobre el asunto

de los muebles que tenemos pendiente".

"Me pregunto por qué no cumpliste lo que acordamos

y cómo es posible que hayas perdido tu interés así".

"¿O quizá nunca lo tuviste?".

Es un halago que Ventura quiera seguir trabajando conmigo.

¿Y eso no te da más fuerza y seguridad

para tomar tu propio rumbo?

-Sí.

Me las da, pero...

no es fácil dejar de ser la mano derecha

del empresario más importante de todo Río Muni

para ser un simple estudiante.

Sigo preguntándome si he tomado la decisión correcta.

Créeme cuando te digo que tú puedes aspirar a más.

A muchísimo más.

(LEE) "¿Y si el exotismo y misterio de Kiros

me ha encandilado hasta nublar mi razón?".

"¿Y si es solo un capricho, algo que nunca debió suceder,

un error que debo enmendar antes de que sea demasiado tarde?".

No es cotilleo, es interés sano.

Ya viste que intenté hablar con ella directamente,

pero me tuve que ir con las mismas.

Sí, he visto que cualquier excusa es buena para merodear por su casa.

Si no quieres que nadie "merodee", dinos qué le pasa.

Mira, que Julia está embarazada.

Ya no hace falta que pases a todas horas por casa

para ver cómo está.

"Hola, soy Sergio".

"Bueno, eso no es del todo cierto,

técnicamente, soy el contestador automático de Sergio".

"En este momento no puedo atenderte porque estoy ocupado

en algún asunto de vital importancia para la humanidad,

como diseñar un desalinizador de agua de mar".

"Pero puedes dejar tu mensaje después de oír la señal

y te en cuanto sea posible. Adiós".

Sergio, por favor, llámame, que bastante difícil es todo ya.

¡Julia, enhorabuena! -¡Madraza!

Que calladito te lo tenías. -Yo ya había notado algo raro.

¿Te encuentras bien? -¿De cuánto estás?

Chicos, chicos, por favor, dejadla respirar un poco.

¿Que sois? ¿Amigos o paparazis?

Pero es que es un notición.

Que hace años que no hay un nacimiento en el pueblo.

Solo queremos que sepa que nos tiene para lo que necesite.

Aunque tendrá a Sergio. -Ya basta, chicos.

¿Dónde está? Para darle la enhorabuena.

-Eso, ¿dónde está? -Sergio es un tío genial.

Hacéis una pareja muy guay. -Ya ves.

-Julia, ¿estás bien?

Pero ¿ahora qué le pasa?

¿No se supone que el embarazo es una buena noticia?

Ya os vale. Os estaba pidiendo que os callarais.

A ver, que intentábamos ser majos.

Nos alegramos mucho por ella, nada más.

Eso. ¿Por qué tendríamos que callarnos?

¿Tú sabes salgo más o qué?

Claro que sé algo.

Que sois muy plastas, eso es lo que sé.

Venga, entrad al taller, que hay que empezar a currar.

Y a ver si mantenéis el mismo entusiasmo.

(Sintonía de "Dos vidas")

¿Qué le pasa a Cloe, que lleva un par de días de bajón?

¿Os ha pasado algo otra vez? -No, no nos ha pasado nada.

No la veía así desde que os cabreasteis.

Espera, ¿no será por el tío ese, el de Internet, por Dani?

Yo no sé nada.

Uy, sí, es por el tío ese. ¿Qué ha pasado, han discutido?

Si quieres, pregúntale y que te cuente ella.

Claro, es la mejor idea del mundo,

lo que necesita Cloe es que su exnovio le pregunte

si ha discutido con su novio virtual.

¿A ti se te va la olla?

Vale, es verdad. Lo que me menos necesita Cloe es rendirte cuentas.

Oye, que yo no quiero que me rinda cuentas,

pero estoy preocupado.

Porque es para estarlo.

Vale, tú ganas.

Dani ha dejado a Cloe.

¿A qué viene esa cara?

¿Qué cara?

Es cara de sorpresa. Que no me lo esperaba.

Pero también de tristeza. Pobrecillos.

Lo siento por ellos.

Ya.

Y cara de como Cloe ahora está jodida porque la ha dejado,

es tu oportunidad para recuperarla.

Se te da fatal leer caras.

Tengo un Máster en leer la tuya, chaval.

Cloe ahora está jodida.

si quieres que sepa que puede contar contigo, vale,

pero nada más, ¿te queda claro?

Vale, vale, tranquila, tía.

Tú tampoco estás muy normal, que digamos.

No, yo estoy supernormal.

Lo que pasa es tengo es mucho trabajo.

-(MARIO) "Pues me alegro mucho".

El pueblo necesita niños,

que ya solo quedamos viejos aquí.

Sí, eso ya lo he oído esta mañana.

Ensalada de brotes tiernos con queso pasteurizado

y grosellas para llevar.

¿Y cómo está Julia? ¿Qué tal se encuentra?

Bien, está bien, está bien.

Así que, deja ya el tema, que mira que eres cotilla.

De cotilla nada.

Soy un vecino preocupado.

Como deberíais estar vosotros también.

¿Y eso por qué?

Porque ese niño o esa niña

será quien pague vuestras pensiones.

Pensad en ello...

mientras me alejo de vuestra mala leche mañanera.

-Oh.

Ahí tienes. Va justo.

Puedo pensar en más platos para embarazadas para añadir al menú.

Sí, vale.

¿Por qué me miras así?

¿Quieres saber cómo está Julia? -No. Ya se lo has dicho a Mario.

Está bien, pues bien. Todo bien.

Pero yo te conozco mejor que Mario,

y sé cuando mientes.

Vale, es verdad.

Julia está pasando... por un momento muy delicado.

Y supongo que Sergio no está siendo ese apoyo que necesita.

No se le está viendo mucho por el pueblo.

¿Por eso discutían el otro día?

Yo ya he hablado demasiado.

Si tienes alguna pregunta, mejor lo hablas con Julia.

Esto del embarazo te ha pillado descolocado, ¿verdad?

Lo único importante es que esté bien.

Eso es lo único que me preocupa.

Pues entonces, intenta hablar con ella otra vez.

Créeme, le vendrá bien saber que estás ahí, preocupado por ella.

-Cómo se ha puesto Julia con lo del embarazo.

Ha reaccionado un poco raro.

Yo no he tratado con muchas embarazadas en mi vida,

pero... ¿A ti te pareció normal lo que hizo?

Pueden ser nervios o las propias hormonas, vete a saber.

A lo mejor le ha pillado todo por sorpresa.

Por sorpresa, por sorpresa...

Te acuestas con tu marido y no te pones el capuchón...

"El capuchón"... ¿En serio? El capuchón...

(CLOE SE RÍE) ¿Qué hacéis aquí?

Os he preguntado algo.

¿Os habéis vuelto sordos o solo maleducados?

Estamos en nuestro correspondiente descanso.

Si tienes algún problema, habla con Julia, que es la jefa.

Eso ha cambiado.

Mientras mi hija esté indispuesta, yo la sustituyo.

Así que, a partir de ahora, yo tomo las decisiones.

Y la primera es, que se ha acabado este descanso.

¿Me podéis decir qué tareas hay pendientes?

Tú, la niña del móvil.

Eh... Pues sí, sí, claro que hay algunas tareas pendientes,

claro.

Unas más importantes que otras y otras menos importantes que unas.

Muy precisa, como siempre.

Muchas gracias por tu aportación.

Tú, Juana de Arco. ¿Podrías ser más concreta?

María, Cloe y Ribero. Tenemos nombres.

Cuando me demostréis que sabéis cuál es vuestro trabajo,

os demostraré que yo me sé vuestros nombres.

Hay que actualizar los diseños de los muebles y subirlos a la web.

Lo segundo es revisar los pedidos

y comprobar que están todos los de la semana.

Y lo tercero,

pensar en una campaña para el relanzamiento del taller.

Gracias, María.

¿Y cómo es posible que teniendo tanto trabajo tú y Cloe,

estéis aquí sin hacer nada?

Samuel, ¿dónde vas?

Ribero, por favor, todo el mundo me llama Ribero.

Menos mi madre. Vale, pues Ribero. ¿Adónde vas?

Voy a recoger un pedido de maderas a un taller

que está bastante lejos, así que, yo me voy.

Las maderas no son necesarias ahora mismo,

lo he comprobado y para esta semana tenemos suficiente.

Hay que rematar los muebles pendientes

que hay en el taller de Juan Carlos. Así que, andando.

¿Que haga qué?

Lijar, poner tiradores, mezclar los pigmentos,

preparar los tintes, dar una capa, luego otra, luego otra...

¿Qué te pasa? ¿Te ha saturado el cerebro tanta información?

Yo no sé hacer eso, no es lo mío. Lo mío es llevar y traer las cosas.

Ah, claro,

que trabajas en un negocio de muebles sin saber nada de muebles.

Pues que sepas que necesitamos tintes para los muebles terminados,

así que, anda, ve preparando los pigmentos.

¿"Pigmentos"?

¿Y no puede hacerlo otra persona? Es que yo...

¿Tú ves alguna otra persona por aquí?

No. Pero es que yo soy...

Entonces ¿por qué estamos perdiendo el tiempo discutiendo?

Vamos, a preparar los pigmentos.

Venga, muévete. Un, dos.

Un, dos. Un, dos...

Ay, Jesús, de verdad, qué paciencia.

Muchas gracias, Enoa.

Todo tiene una pinta deliciosa. Es un placer.

Hace una semana no sabía si volvería a verla con apetito.

Bueno, se me echó el mundo encima

y no veía la luz.

Pero, con el tiempo, una aprende que la solución a los problemas

no está en mirar el techo de la habitación,

sino afrontándolos

y... saliendo a calle.

Es una alegría oírle hablar así.

¿Pudo hablar con Kiros?

Ayer volvió a la casa buscándola.

No, no. Y de hecho, fui a la fábrica a buscarlo,

pero nos debimos de cruzar y por eso no nos encontramos.

Pues no deje de intentar coincidir con él,

porque ayer le vi bastante decidido.

Parecía urgente.

No te preocupes, más pronto que tarde, conseguiré hablar con Kiros.

Buenos días. Buenos días, señor.

Ahora mismo le traigo el desayuno. Gracias.

Bueno...

Padre, te noto cansado. ¿Te encuentras bien?

Sí, estoy en perfectas condiciones.

Pero hoy no voy a ir a la fábrica.

¿Tienes un viaje del que no me haya enterado?

Estos días no he estado muy al día de las novedades de la fábrica.

Pues no, no tengo ni viaje ni enfermedad alguna.

Es solo que...

Bueno, pues he decidió tomarme un tiempo de descanso

y dejar la fábrica en manos de Patricia.

"¿Y si el exotismo y misterio de Kiros

me ha encandilado hasta nublar mi razón?".

"¿Y si el éxtasis de sentirme amada por él me impide ver la realidad

de que no hay un futuro para nuestro amor?".

"O tal vez es esa imposibilidad lo único que me seduce,

la idea de perseguir lo inalcanzable".

"¿Y si es solo un capricho, algo que nunca debió suceder,

un error que debo enmendar antes de que sea demasiado tarde?".

¡Kiros, para!

¡Para! ¿Es que te has vuelto loco? ¡Soy yo, Kiros, soy yo!

(GRITA) ¿Qué haces?

(GRITA) ¿Qué pasa aquí, qué pasa? ¿No hay trabajo aquí?

A trabajar todos. ¿Qué pasa?

¡No puedo más, no puedo más!

Pero ¿qué te pasa, hermano?

¿Eh?

Tengo un dolor, un dolor que no consigo apagar.

¿Qué dolor es ese? ¿Qué lo provoca?

Es por la señorita Carmen, ¿verdad?

Estoy enamorado de ella.

Me he enamorado de la hija del patrón.

Ya sé lo que vas a decirme, pero no he podido evitarlo.

Nunca he sentido nada así.

Tienes que olvidarte de ella. -No puedo, Mabalé.

No sale de mi cabeza ni un segundo.

Pienso en su pelo,

en su sonrisa...

Ella lo es todo para mí, Mabalé.

Kiros, dudo mucho que esos sentimientos

te llevasen a destrozar todo esto.

No son mis sentimientos los que me duelen,

son los suyos.

He descubierto que para Carmen yo no soy nada.

Kiros, escúchame.

Es evidente que amas a esa muchacha,

y no seré yo el que diga que la herida que ahora sientes

vaya a cicatrizar pronto, pero sí puedo decirte una cosa,

eres una persona inteligente y sensata.

Y al final, te darás cuenta de que... esto es lo mejor.

¿Sentirme vacío?

Para llenar la vasija del mejor vino,

hay que sacar el que se ha avinagrado antes.

Kiros, a veces,

para volver a ser nosotros mismos,

hay que quitarse de dentro a otra persona.

Creo que ha llegado el momento de irme de la colonia.

Es la única manera de poder encontrar la paz.

Eso no te va a servir para nada.

¿Crees que el dolor y el vacío que ha provocado todo este destrozo

va a desaparecer por muy lejos que te vayas?

Venga, ayúdame a recoger todo esto antes de que alguien lo vea.

Venga, vamos.

No, padre, no lo entiendo.

¿A qué viene esta decisión? ¿Cuándo la has tomado?

La he tomado, eso es lo que importa.

Insisto, no lo entiendo.

Hija, no hay nada que entender,

solo que ahora es Patricia quien estará al mando.

¡Con todo lo que eso conlleva! No te alteres, nada va a cambiar.

Claro que va a cambiar. Tú no eres Patricia.

A ver, es algo temporal.

Yo necesito descansar.

La fábrica seguirá como hasta ahora

y yo sabré todas las cuestiones importantes que sucedan.

Tú lo has dicho, será si te informan.

¿Qué estás insinuando?

No te voy a engañar, padre.

Esta situación no me convence.

Ni tu necesidad de descanso repentina

ni que Patricia esté al mando de la fábrica.

¿Y si empieza a tomar decisiones drásticas?

¿"Drásticas"? Sí.

Sí, drásticas, que produzcan cambios irreparables.

Patricia sabe perfectamente lo que tiene que hacer,

y si se produce algún cambio, será porque es necesario.

Igual que si tú decides hacer algún cambio en el taller de muebles.

Sé que lo tienes todo bajo control, yo confío en ti.

Hija, no me necesitáis.

¿Puedo hacerte una pregunta?

Adelante.

¿Esta idea de tu "descanso temporal"

ha sido cosa tuya o de Patricia?

O sea, ¿primero pones el grito en el cielo

porque no voy a dirigir la fábrica durante un tiempo

y ahora me no me crees capaz de tomar mis propias decisiones?

Yo no he dicho eso. Sí que lo has dicho.

Eso, o estás acusando a Patricia de algo que no llego comprender.

Es eso, ¿no?

Hija, entiendo que...

te den miedo los cambios,

pero créeme, todo va a salir bien.

¿De acuerdo?

Sergio, por favor, llámame, tenemos que hablar.

(Puerta)

Hola. Hola.

¿Qué tal estás?

Pues bien.

Un poco baja de ánimos, pero bien.

Pasa, anda.

Oye, si necesitas cualquier cosa, dímelo.

Gracias, pero de momento es suficiente con que podáis sacar

el trabajo del taller sin mí unos días.

Eso seguro.

Ha venido tu madre con el látigo y nos ha puesto derechitos.

Lo siento.

Sé que mi madre, a veces puede ser un poquito incisiva.

¿"Incisiva"?

Vale, es una plasta, bastante plasta.

Oye, ¿te puedo hacer una pregunta?

Claro.

¿Por qué no me dijiste nada de lo del embarazo cuando vine ayer?

¿Tú me vas a hablar a mí de guardar secretos?

No te dije nada porque...

no sé cómo gestionar todo esto.

Bueno, poco a poco.

Estos días en casa tendrás tiempo para aclarar las ideas

y tomar una decisión.

¿A ti estar en casa sin hacer nada

te ha ayudado a saber qué hacer con lo tuyo?

No. Pues eso.

Oye,

he pensado que con todo esto del embarazo secreto,

y con la conversación de anoche,

me he dado cuenta

de que a lo mejor te he presionado demasiado

para que lo contaras.

Sí que lo hiciste, la verdad.

Es la misma presión que mi madre me metió a mí

para que le contara todo a Sergio. Y lo siento, de verdad.

Y en ningún caso quería que sintieras

que estaba cuestionando tus decisiones,

no es eso, lo único que quería que supieras

es que no estás solo y que no tienes que pasar este proceso solo.

Eso y que tu madre está preocupada por ti.

No sabes lo bien que me viene hablar contigo de todo esto.

Ya sabes, siempre que te sientas agobiado o triste,

mi puerta estará abierta.

Gracias por usar el masculino conmigo.

Sí. Lo prefieres así, ¿no?

Perdóname, es que no sé cómo es la forma correcta.

Es que... me alivia tanto oírlo.

Toda la vida me han llamado niña, chica...

Y yo mismo me he tratado toda la vida en femenino.

Y siempre había algo que no encajaba.

Solo cuando hablaba con Cloe como Dani, podía decir:

"estoy cansado" o "soy estúpido".

Y ahí sí, ahí sí cuadraba.

Me siento bien cuando tú me hablas así.

Pues ya sabes, puedes venir aquí

siempre que quieras que te llamen estúpido.

(RÍE)

Oye, la conversación que tuvimos anoche me ha hecho pensar.

Y quiero ayudarte,

siento que no puedo ayudarte todo lo que me gustaría.

Así que, estuve buscando ayer en Internet.

Mira. Ahí va.

Es el link de una asociación de personas trans.

Julia, yo no sé si...

A mí me vas a tener siempre que me necesites,

pero siento que yo no puedo ayudarte tanto como me gustaría.

Bueno, si te sirve de consuelo, lo estás haciendo bastante bien.

(RÍE) Gracias.

Pero en serio, no estoy segura,

pero creo que ahí puedes encontrar a gente

que ha pasado por lo mismo que tú

y que van a saber ayudarte de un modo en que yo no puedo.

Dime que te lo vas a pensar.

Me lo pensaré.

Bien.

Pero ¿qué hago yo mezclando pigmentos?

Eso mismo digo yo.

¿Y por qué no le has dicho a Diana que eres daltónico?

¿Y arriesgarme a que me eche? Ni de coña.

Esto no puede ser tan difícil.

¿Tú sabes cuál es la diferencia entre el gris zinc y gris perla?

No, a mí no me metas en tus líos, que bastante tengo yo con lo mío.

Si es que no sé ni para qué pregunto.

Elena, ¿tú sabes cómo se obtiene el gris zinc?

¿"El gris zinc"?

Coge nueve partes de gris ceniza y rebájalas con una de blanco crema.

Pero ¿de qué estás hablando?

Esos colores te los estás inventando.

Me estáis vacilando.

A ver, Ribe.

Gris ceniza, blanco crema.

Vale, gracias. Llevo con esto media hora.

Es que no deberías llevar con esto ni dos minutos,

que no es lo tuyo.

No hace falta que lo jures.

No te pases.

Si me explicáis las cosas paso a paso y sin inventarte colores,

lo acabo pillo.

Déjalo anda, que ya lo hago yo luego.

"Luego" dice.

Desde que llegó la nueva jefa esa palabra ya no se usa aquí.

¿"La nueva jefa"?

¿Qué está pasando aquí?

Pues que mientras Julia se recupera,

Diana se ha hecho cargo del taller.

Bueno, del cuartel, según lo ve ella.

Y ella me ha pedido que yo me encargue de esto.

Y no pienso llevarle la contraria. Me da miedo.

Me da igual lo que diga Diana. Este taller sigue siendo de Julia.

Ribe, ¿tú has ido a por el pedido de las maderas?

Ojalá.

Pues deja eso y vete a por ellas ahora mismo.

Si Julia las pidió con urgencia, será por algo.

¿Qué pasa? ¿Es que yo no te doy miedo?

Hombre, Diana da mucho más.

Nos estáis volviendo locos. ¿A quién hacemos caso?

¿A ti, a ella...? -Ribero, lo mejor es llamar a Julia.

No, no, no, a Julia no se la molesta para esta tontería.

Ribe, ve a por las maderas

y, si hay algún problema con Diana, me lo dices, ¿vale?

Solo espero que no me zurre.

¿Qué ha pasado aquí?

¡Os he hecho una pregunta!

Hemos cometido un error al montar estos muebles

y no ha habido más remedio que desecharlos.

No podemos permitirnos fallos.

Lo que esta fábrica pueda o no permitirse, no es decisión tuya.

¿Acaso sabéis el precio de los muebles

con los que estamos trabajando?

¿Sabíais que estos muebles tenían que ser enviados ya?

Por supuesto que no.

Y por eso mismo, vosotros os dedicáis a acatar órdenes.

Aunque, bueno, por visto lo visto, ni eso se os da bien.

¿Hay algún problema?

Mira esto.

Mira este destrozo.

Ni siquiera se puede reutilizar la madera.

Es un desastre.

¡Es un desastre!

Y no es que hayan entrado unos animales salvajes, no, ¿o sí?

Porque a estos dos se les ha ocurrido la genial idea

de destrozarlo todo voluntariamente.

¿Es eso cierto?

Víctor, ¿por qué no me dejas hablar con Kiros a solas

para entender lo que ha pasado? Ya te lo he contado yo, Carmen.

Ya, pero tenía una conversación pendiente con él

sobre los muebles.

Quiero asegurarme de que esto no haya sido

un problema de falta de comunicación.

Haz lo que consideres, pero dudo que tú les hayas dicho

que destrocen muebles que tenemos que enviar ya.

Yo me encargo. Perfecto.

Mabalé, ¿nos dejas un momento a solas?

No tenemos nada más que hablar. Ya está todo solucionado.

-Si me disculpa, señorita.

Lo cierto es que las lluvias este año

han arruinado algunas plantaciones, pero no podemos decir...

que el resultado del año sea negativo.

Pareces un marqués, Francisco.

Me queda mucho para marqués. Bien lo sabes.

Lo digo porque estás ahí mano sobre mano.

Supongo que será tu día libre. Te dejo, yo estoy trabajando.

Lo cierto es que me voy a tomar

unas pequeñas vacaciones de la fábrica.

Continúen, ahora los alcanzo.

¿Y en manos de quién has dejado tu negocio?

Patricia se hará cargo de todo.

Aunque me irá informando de forma regular.

Convendrás conmigo que tiene aptitudes sobradas

para llevar la fábrica.

No me importan sus aptitudes.

No creo que deba estar al cargo de un negocio como el tuyo.

Bueno, tu mujer está al cargo de la librería.

Inés de divierte con eso, sí,

pero, como comprenderás,

no es que se haga millonaria en una librería.

No, imagino que no, claro.

Las mujeres tienen sus virtudes y los hombres tenemos las nuestras.

Ya, pero puede que Patricia... Mira, no me estás entendiendo.

Puedes poner a dirigir tu fábrica a quien quieras.

A mí me importa otra cosa.

¿El qué?

Teníamos un trato, Francisco.

¿Qué pasa si Víctor o Patricia encuentran el cargamento? ¿Hum?

Me parece una temeridad que no te quedes en la fábrica

controlando que todo sigue igual.

Y me parece una desconsideración imperdonable

que tomen una decisión como esa sin consultarme a mí.

Bueno, la verdad es que...

pretendía hablar contigo todo este asunto.

¿Cuánto tiempo más usarás mis camiones?

¿A qué viene esa pregunta?

Porque ha llegado el momento de zanjar ese asunto, ¿no?

Mira, Francisco, usaré tus camiones el tiempo que me plazca.

Teníamos un acuerdo, ¿recuerdas?

Sí, pero no creo que... El acuerdo consistía...

en que la mercancía esperaría en la fábrica

la llegada de los camiones,

y, después, iría oculta entre la madera.

Tú harías la vista gorda... y yo te perdonaba parte de la deuda.

¿Te acuerdas o no?

Pensé que la boda entre nuestros hijos

saldaba la deuda.

Buen intento. Yo te dejé el dinero, yo decido cuándo se salda la deuda.

¿De acuerdo?

Con eso has ganado algo de tiempo y una gran dote para Carmen.

Ahora me voy, que estoy trabajando, tengo una reunión.

Te voy a dejar una cosa clara.

El acuerdo sigue en pie y tú deber es protegerlo.

Y para eso no hay vacaciones.

¿Ha quedado claro? Sí.

Y alegra esa cara.

Eso que estás tomando corre de mi cuenta.

(MURMURA)

Imagino que no has venido aquí

para quedarte mirando como un pasmarote.

Me he enterado de que Ángel deja de ser el pupilo de Ventura.

¿Y?

Creo que ha llegado el momento de que ayude a esta familia

arrimando el hombro en la fábrica.

Bueno, muy bien. Me lo pensaré, sí.

¿Qué quieres decir con que te lo pensarás?

Nada le impide trabajar en el negocio familiar.

Y, ahora que yo no estoy en la fábrica,

nos sería de buena ayuda.

Carmen está ayudando con el taller de muebles.

A él le corresponde hacer lo mismo.

Vive aquí. Tendrá que echar una mano, como todos.

Por favor, Francisco. No compares a mi hijo con Carmen.

Ángel tiene un futuro prometedor.

Debe apuntar a lo más alto.

Y Carmen...

En fin, Carmen...

Carmen, ¿qué?

Carmen es una joven

que tiene la cabeza en otra parte, sencillamente.

Es cierto que ha tenido una idea para la fábrica,

de ahí a que le interese todo este mundo empresarial...

Lo dudo mucho.

Vamos a ver, Carmen está ayudando y aportando,

no como Ángel.

No voy a consentir que siga viviendo aquí mano sobre mano

con la excusa de estudiar.

La que no va a consentir que hables así de su hijo soy yo.

Vamos a ver, ¿qué fijación te ha entrado ahora con Ángel?

No ha dado un solo problema, ni a ti ni al negocio.

Algo que no puedes decir de Carmen.

Carmen no es el tema de conversación, Patricia.

No, es verdad.

El tema es Ángel Godoy, un chico talentoso, dispuesto,

que fue en la mano derecha de Ventura por méritos propios.

Gracias a nuestra posición en la colonia.

Gracias a su perspicacia, a su buen hacer.

No como tú,

que no has aprovechado jamás todo eso en estos años.

Está bien.

Está bien, no voy a discutir.

Pero dime al menos que te lo pensarás de verdad.

Siempre hablamos de que te vendría bien

no tener tanta responsabilidad sobre la parte comercial,

que nombraríamos a un director de operaciones

de nuestra confianza, ¿no?

¿Quién mejor que tu hijo?

¿Qué mejor momento, que estás tan cargada de trabajo?

Me lo pensaré.

De verdad.

Está bien.

Gracias.

Te dejo trabajar.

No me cambiaba por Ribero por nada del mundo.

Vaya marrón.

-Ya ves.

-Ey, si te he dicho que vengamos aquí,

es para animarte un poco, que llevas unos días...

-¿Cómo quieres que esté si me acaban de dejar?

-Perdón, tía, que solo me preocupo por ti.

-Sí ya lo sé, lo siento. Siento haberte hablado mal.

Es que no sabía que me iba a afectar tanto.

-Es normal, es una experiencia nueva.

Nunca te habían dejado.

-No, si es que no es eso. Bueno, no es solo eso.

Echo muchísimo de menos a Dani.

No sé, nuestras conversaciones.

Él sabía qué decirme y cómo decirlo.

No sé.

-Ya, tía, entiendo que estés triste, hecha un asco.

-¿Yo, hecha un asco? -A ver, digo emocionalmente.

Parece que te está consumiendo la tristeza.

Y tú eres de echarle un par de ovarios a la vida.

Y esa es una de las cosas que más me gusta de ti.

-¿De verdad?

-Sí, si eres la persona más valiente que conozco.

Como cuando cogiste el caballo de Evaristo

y te subiste a galopar como en las películas.

-Ya, el problema es que ese caballo no había ido mucho al cine

y me tiró a la primera de cambio.

-Eso solo lo haría una persona valiente.

-O colgada.

-También.

La persona más valiente y colgada que conozco.

(RÍE)

Sí.

Tú, cuando quieres cambiar algo, lo cambias.

No esperas a que las cosas cambien solas.

Dime, ¿qué necesitas cambiar para estar mejor?

-Pues no sé.

Supongo que lo que más me gustaría ahora mismo...

sería estar en Madrid.

-¿En serio?

-Sí, creo que sí.

Así conseguiría dos cosas, la primera,

dejar este pueblo ya de una vez por todas.

Y la segunda, conocer a Dani en persona.

¡Claro! Pues eso es lo que tengo que hacer.

Irme a Madrid, darle un giro radical a mi vida.

Ya está, me voy a Madrid.

-Pero ¿a vivir a Madrid?

¿Estás de coña? -¡No!

¡Es lo mejor!

Es lo que esa tía valiente y decidida

de la que estabas hablando haría.

Me lo acabas de dejar superclaro.

-A ver, Cloe, que a veces te dan ventoleras

y también te querías ir a Madrid cuando nos miraban por la calle.

-Eso era diferente, eso era por cobardía.

Y ahora es justo lo contrario, por valentía.

¡Ya está, decidido! ¡Me voy a Madrid!

Muchísimas gracias, Mery.

Si es que eres la mejor.

Me voy.

¿Hola?

¿Hay alguien?

(Puerta)

¡La leche!

¿Es costumbre en este pueblo entrar de noche en casas ajenas?

Lo siento, venía a ver a Julia.

Estaba la puerta abierta. La próxima vez, llamo.

Y traigo un desfibrilador de paso.

¿Y tú qué haces aquí?

He venido a traerle algo de comer.

Son mis huevos con chistorra, que le encantan.

Qué fino.

También habrás venido a darle la enhorabuena, ¿no?

Sí, la enhorabuena por la madre que tiene.

Y a ver cómo está también, sí.

Casi que prefiero que me eches una de tus pullitas,

antes de que te quedes ahí callada, mirándome.

Mira, puedes subir,

pero solo porque sé que las visitas le vienen bien.

Aunque seas tú.

Y, ojito, que os estaré vigilando.

Y en cinco minutos te quiero abajo.

"He aprendido que a las mujeres nos pueden obligar a muchas cosas,

incluso a casarnos con la persona que no queremos,

pero no pueden obligarnos a decidir de quién nos enamoramos".

(Puerta)

¿Sí?

Hola, ¿se puede?

Sí, claro. No esperaba visita a estas horas.

Bueno... Eh...

Ya me he enterado...

Bueno, de que vas a...

A ser madre.

Pues sí.

Estoy embarazada... de Sergio.

Qué notición, ¿eh?

Eso parece.

No te veo muy animada.

Te he traído algo de cena:

huevos con chistorra. Pero tu madre me los ha confiscado.

Es que, embarazada, no puedo comer eso.

Ah... Perdona, qué burro soy.

No, no, gracias por el detalle.

Los voy a echar mucho de menos.

Vale.

Bueno, venía a traerte eso y a ver cómo estabas.

Así que...

Tienes razón.

¿Razón en qué?

En que no estoy muy animada.

Y...

¿Y por qué? Deberías estar contenta, ¿no?

Ya.

La gente dice que la maternidad es para estar contenta,

Pero es que a mí me ha venido de sorpresa.

Y, no sé, si Sergio estuviera aquí,

compartiendo la carga conmigo...

A lo mejor está organizando algo.

Buscando una cita con el mejor ginecólogo de Madrid

o algo así.

Por cómo salió corriendo

cuando le dije que estaba embarazada, no lo creo.

Necesitará unos días para asimilar la noticia.

"Buscando mi auténtico yo donde todo empezó:

en el mar".

¿Qué quiere decir con eso?

No lo sé. Es una foto que ha subido hoy

a sus redes sociales.

Mira, igual soy un poco malpensada,

pero creo que el mejor ginecólogo de España

no está en una cetárea asturiana.

¿Cómo se me ha complicado todo tanto, Tirso?

En realidad, todo sigue igual.

Tienes el taller de tu abuela, la casa de tu padre...

Y a todo el pueblo pendiente de ti.

Tu día a día desde que llegaste.

¿O no?

Gracias por animarme.

No pensé que me iba a reír hoy.

Julia, ¿es por el embarazo

por lo que me has estado evitando estos días?

Lo siento, lo siento, es que estaba en shock.

De hecho, ahora...

No, no, tranquila.

Si, sabiéndolo todo, el que lo siente soy yo,

por haberte agobiado.

Tirso, tú no tienes que sentir nada.

Tú viniste, me dijiste lo que me dijiste...

Y yo no te contesté,

así que entiendo que te molestara.

Bueno...

Ahora estamos aquí...

y podemos hablar.

Julia, lo que yo te dije el otro día...

¡Venga, ya!

Que mi hija no está aquí para entretenerte.

Ella debe descansar y tú tendrás que irte al hotel,

que eres el dueño.

Y allí trabaja todo el mundo menos tú.

Tienes razón.

Ahora, lo importantes es que Julia descanse.

Hablamos en otro momento, ¿vale?

Gracias.

Bueno, te ha traído huevos con chistorra.

En la basura están. Porque no lo puedes comer.

Hija, de solo verlos, me sube el colesterol.

Hoy estamos llevando muy buen ritmo.

Si seguimos así, podrás salir antes para descansar.

-Podemos aprovechar y le comento un tema.

-¿De qué tema quieres hablar?

-Bueno, no es importante. Se lo cuento al acabar de trabajar.

-Alicia, no me tengas en ascuas.

-Pues he estado pensando que quizá estaría bien

que saliese con Ángel de vez en cuando.

-¿Y por qué piensas que deberíais hacer eso?

Por dar credibilidad

a los rumores de que nos hemos reconciliad.

¿De qué le sirve tener una coartada si no hay nadie que se lo corrobore?

-Te agradezco tu preocupación. Lo que dices tiene cierto sentido.

-Claro que lo tiene.

Sobre todo, después de que dijeran que Ángel tiene un amor secreto.

Entonces ¿está de acuerdo?

-No estoy segura.

Tampoco me gustaría que esto tomase mucha importancia,

tan solo era una manera de mantener a raya las sospechas de Patricia.

No estoy interesada en que la colonia

empiece a hablar de Ángel y de ti.

-¿Y eso por qué?

Porque a usted no le afecta para nada que nos vean juntos, ¿no?

¿O sí?

-No, no es eso.

-Doña Inés, cualquier rumor o conversación

sobre nuestras supuestas relaciones

es la mejor manera de disipar cualquier duda.

¿No cree?

Si no está de acuerdo, lo entiendo perfectamente.

-Gracias.

-De acuerdo, pero ¿qué hago si me preguntan?

-¿A qué te refieres?

-Doña Inés, yo hago lo que puedo, pero me he cruzado a Linda

y le he contado que Ángel y yo nos hemos reconciliado.

Pero no se lo ha creído.

De hecho, me ha preguntado si eran fantasías mías.

-¿Es eso cierto?

-Sí.

Creo que acudir aunque sea solo a una cita en público

es la mejor manera de afianzar la mentira.

Precisamente, este jueves,

se celebra una importante gala de empresarios en el Río Club.

Sería el lugar idóneo para hacer acto de presencia.

Así evitamos que estos rumores se expandan.

-No lo sé, es un acto muy importante.

-Ya, pero... ¿quién iba a sospechar de usted y de Ángel

si somos Ángel y yo los que acudimos a ese acto?

Es la cita perfecta

para que todo el mundo se trague el cuento.

-(SUSPIRA)

Déjame que lo hable con Ángel

antes de darte una respuesta definitiva.

-Claro. Faltaría más.

¿Puedo pasar?

-Víctor. Pasa, por favor.

-Patricia, te quería avisar

de que ha surgido un pequeño percance

en el taller de muebles.

-¿Qué ocurre?

-Kiros ha decidido que los muebles que estaba realizando

no entraban dentro de los estándares de calidad

y los ha destrozado todos.

-¿Perdón?

-Así es.

He intentado tomar cartas en el asunto,

pero se ha encargado Carmen.

Es su departamento, así que no me quiero involucrar.

-Comprendo.

-A raíz de eso, los últimos pedidos van a tener un pelín de retraso.

-Teníamos cierto margen para esa entrega.

No creo que haya problemas.

Gracias, Víctor.

Más mano dura es lo que hace falta en esta fábrica.

Eh... Víctor...

Siéntate, por favor.

Apenas hemos tenido tiempo de compartir sensaciones.

¿Qué tal te encuentras trabajando en la fábrica?

-Patricia, ya sabes que estoy muy agradecido,

no solo contigo, con tu familia.

Este puesto de trabajo...

y mi compromiso con Carmen, todo esto me hace sentir mejor.

-Me alegra mucho oír eso.

¿Te ves mucho tiempo trabajando aquí, con nosotros?

-Todo el que haga falta.

Mi padre me ha ofrecido en un futuro formar parte de su negocio.

Lo he rechazado.

Quiero tener mi propio camino.

-Me parece una decisión acertada y muy valiente.

No hay nada más satisfactorio en la vida

que labrarte tu propio destino.

Ha llegado el momento de que ocupes el lugar que te mereces

en esta fábrica. -¿A qué te refieres?

-Mira, Francisco ha decidido tomarse un descanso,

y ha delegado en mí las decisiones importantes.

-Me pareció extrañó no verlo. Se encuentra bien, ¿no?

-Perfectamente. No hay nada de qué preocuparse.

La cuestión es que, si voy a liderar esta fábrica,

me parece adecuado que tú seas mi mano derecha

y ocupes el puesto de director de operaciones.

¿Qué te parece?

-No... No tengo palabras, Patricia. -¿Qué ocurre?

¿No te interesa?

-No, en absoluto. Claro que sí, solo que...

¿En qué lugar deja todo esto a Carmen?

-Seguirá llevando el taller de muebles, como hasta ahora.

-Vale. -Ella está muy centrada en eso.

Le hará mucha ilusión saber que su prometido

tiene más responsabilidad

y se está labrando un gran porvenir.

¿Trato hecho?

-Cuenta conmigo.

Tengo muchas ideas y muy buenas para esta fábrica.

-Habrá tiempo para escuchar esas ideas.

Antes quiero pedirte una cosa más, Víctor.

-Adelante.

-Discreción, eso es lo que quiero.

No notificaremos tu ascenso,

al menos hasta que Francisco se haya adaptado en su nueva etapa.

Esto quedará entre nosotros.

Carmen tampoco debe saber nada, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

Mabalé.

¿Podemos hablar un momento, por favor?

Id yendo, enseguida os alcanzo.

¿Qué puedo hacer por usted?

Antes, en la fábrica, te he notado tenso.

Parecía que querías decirme algo con la mirada

cuando se ha ido Kiros.

Señorita, creo que debe saber algo.

Kiros ha descubierto que no es más que un capricho para usted.

¿Cómo?

Y, por muy enamorado que él esté,

usted no siente lo mismo.

¿Te ha dicho que sigue enamorado?

Señorita, es tarde. Debo irme.

Mabalé...

Kiros no es ningún capricho para mí,

¿cómo puede pensar algo así?

Yo eso no lo sé.

Pero el dolor que había en sus ojos cuando me lo dijo era muy real.

Debo hablar con él. Señorita...

Debo decirle lo que siento.

Deje las cosas como están, por el bien de los dos.

Kiros y yo merecemos estar juntos.

Déjelo en paz, por favor.

Si realmente lo quiere,

asuma ya que nunca podrán tener una relación.

Kiros es...

un hombre negro.

Y usted es una mujer blanca, hija de un hombre de negocios.

Estoy harta de escuchar siempre lo mismo.

No acataré una ley absurda que todos se empeñan en cumplir

aunque no esté escrita... ¡Sí que está escrita!

Pero no con tinta, sino con sangre.

¿Cree que son la primera pareja de hombre negro y mujer blanca

que trata de amarase en la colonia?

¿Ha habido más?

A mi madre la perdí por unas fiebres,

al poco de nacer yo.

Años más tarde, mi padre volvió a enamorarse,

cuando yo era un adolescente.

¿De una mujer blanca?

Martina, se llamaba.

Era la hija de un terrateniente.

El dueño de la finca donde trabajaba mi padre.

Quisieron luchar por su amor,

rebelarse contra las normas, como dice usted.

Pero, días más tarde,

cuando la colonia se enteró de su relación,

mi padre desapareció de repente.

Ni siquiera pudimos enterrarle.

Perdí a mi padre...

y no quisiera perder a Kiros.

Es como un hermano para mí, ¿lo entiende?

Mabalé, lo comprendo.

Pero amo a Kiros con todas mis...

Pues realmente lo entiende, señorita,

deje las cosas como están.

La vida de Kiros está en sus manos, señorita.

Bueno, Julia no está sola. -Ya lo sé.

Pero tengo la sensación

de que podemos hacer más de lo que estamos haciendo,

al menos yo.

-Ah, ¿sí?

-Quiero que sepa que puede contar conmigo para lo que sea.

-¿Para lo que sea?

Lo que está claro es que con ese anillo

no te va a hacer falta encender ninguna luz de noche.

Buenos días, Kiros. -Buenos días, señoritas.

Ay, amiga, qué ganas de verte con tu prometido

en la fiesta de empresarios de aquí, de Río Club.

Y así me cuentas qué tal ha ido la merienda.

¿Qué merienda, Linda?

La merienda que dais las dos familias

para comenzar con los preparativos de la celebración.

No sé dónde estás,

pero está claro que muy lejos de aquí.

Mañana tengo una entrevista de trabajo

en una tienda de ropa en Madrid.

-¿Qué?

-Sí, muy fuerte, lo sé.

Y hoy debo coger un bus porque tengo un casting.

He de reconocer, además,

que llevo días que no puedo ni dormir.

Desde que sé que le voy a acompañar a la gala de Empresarios.

-Ah, pero ¿iréis juntos? Primera noticia.

Sí que se lo tenía calladito mi hijo.

-Lo importante es que estés contenta y convencida.

Pues es que no sé cómo estoy, Mario.

Yo me lo había imaginado de otra manera, la verdad.

Esto de criar un hijo sola...

es complicado, ¿eh? ¿Don perfecto no se hará cargo?

Echo en falta un poco más de afecto.

Que cuide los pequeños gestos.

-¿Qué tipo de gestos?

-No sé, cogerme de la mano, hacerme alguna carantoña.

-Se le puede explicar,

y él puede aprenderlo y ponerlo en práctica.

-Gracias.

Es usted una mujer increíble.

Te recuerdo que, cuando tú te querías ir a Madrid,

yo estuve ahí apoyándote.

-Eso era diferente. -¿Sí? ¿Por qué?

-Porque yo tenía un motivo importante,

y tú te vas a ir por un chico que ni siquiera conoces.

-Eh... Que lo de Dani y mío ha sido muy especial.

Y, si tengo una posibilidad de recuperarlo,

no me voy a quedar con los brazos cruzados.

Sé que esa cabecita tuya puede ser tu peor enemiga.

En este pueblo, tienes a mucha gente que te apoya,

igual que lo tuvo tu abuela en su día.

Pero, además, tú tienes algo mucho más importante.

Que es a tu madre.

Tienes razón.

Lo que pasa es que espero que sea una ayuda de verdad,

y no un problema.

"Ya está".

No voy a bajar al salón.

¿Cómo?

No quiero saber nada de esa boda. Nada.

Señorita, esa boda en su boda. Es que yo no lo siento así.

Para mí, es una condena. ¿De qué sirve vivir en un mundo

en el que no puedes estar con la persona que amas?

Tirso, yo sé que tenemos una conversación pendiente.

Francisco, ahora mismo lo ves motivado,

cegado por el amor que le ha regalado tu hija,

pero, cuando vuelva a su natural inconstancia,

No dudes ni un momento en echarlo a la calle.

(VENTURA RÍE)

-Dudo mucho que Francisco quiera despedir

a su director de operaciones.

-¿Cómo?

¿Director de operaciones tú?

-Así es, padre.

¿Por qué? Porque soy el chico para todo.

No, que por qué fuiste a llevar las maderas

cuando te dije específicamente que no lo hicieras.

-Porque se lo pedí yo.

¿Es eso verdad?

Ribero, no pasa nada, puedes decirle la verdad.

-Pues sí, Elena me dijo que dejara los tintes

y me fuera a por las maderas.

¿Y a ti quién te ha dado derecho a contradecirme?

Los Villanueva y los Vélez de Guevara

pronto seremos una única familia.

Si estuvieras en mi posición,

creo que lo verías desde otra perspectiva.

¿Sí? ¿Y cómo, si puede saberse?

Como un gran error.

Incluso como una traición.

Que me rayo... por Cloe.

-Ay, no sé si prefiero que tengas fiebre, fíjate.

-Mamá... -Es que sois muy intensas.

-Ella es intensa.

Se ha colado por un tío,

y, aunque se muere por estar con ella,

pues no puede.

-¿Quién?

¿Se puede saber qué has visto en ese chico,

que estás entregada a sus encantos?

Lo dices por el ascenso.

Claro que lo digo por eso.

Patricia...

¿Puedo saber cuál es tu verdadero objetivo?

¿Cómo se frena la más retorcida de las locuras?

Una en la que estoy obligada a sonreír en veladas en mi honor

en las que nadie se interesa por mí.

Obligada a ocultar mis sentimientos,

a seguir las estúpidas normas.

¡A renunciar al amor!

¡Seré infeliz toda la vida!

Debería irme del país. Debería desaparecer.

Debería desaparecer.

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Dos vidas - Capítulo 72

06 may 2021

Julia, agobiada por el embarazo, apenas puede hacer frente a la ausencia de Sergio y la presión de su madre. Elena es testigo de lo mal que está su amiga y anima a Tirso para que por fin hable con ella. Por otro lado, Cloe no levanta cabeza tras su ruptura con Dani y María la anima a que tome las riendas de la situación, pero entonces Cloe toma una decisión que cambiará sus vidas. En África, Kiros apenas puede aguantar el dolor tras leer en el cuaderno de Carmen que solo es un capricho para ella. El malentendido le ha dejado tan herido que pierde los papeles en el taller, destrozando varios muebles. Carmen quiere hablar con él, pero una conversación con Mabale hace que empiece a replantearse la reconciliación con su amado. Alicia le cuenta a Linda que ella y Ángel se han reconciliado, pero esta no le llega a creer. Cuando la joven le cuenta lo sucedido a Inés, esta se preocupa de que su coartada no sea efectiva, pero Alicia tiene un plan.

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