Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 70 - Ver ahora
Transcripción completa

Nada me hace más feliz en mi vida que casarme contigo,

pero quiero que sepas que jamás daría un paso así

a costa de tu felicidad,

¿tienes alguna duda o no? No.

¿Qué?

O me lo cuentas tú todo, ¿o qué pasa,

tengo que preguntarles a ellos? Que no estoy enferma, mamá.

No sé de dónde se han sacado esa idea.

-Lo del misterio este de las medicinas,

que su madre se haya mudado a vivir con ella...

Todo encaja. -Claro que encaja.

Es que la cosa no pinta nada bien.

No puedo más, Mabalé. -Pues tienes que mirar adelante.

-Lo que necesito es entenderlo. -¿Entender el qué, Kiros?

Trataste de librar una batalla que no podías ganar.

-¡No era así!

No iba a ser así.

¿Qué es lo que me tiene que contar María?

Eh...

¿Has hablado con ella y no me has dicho nada?

Que acabo de meter la pata hasta el fondo.

¿Y no te veremos mañana en la timba?

Agradezco que me lo recuerdes, pero es que ya no estoy en esas.

Me he cortado la coleta definitivamente.

No, no, por favor, no.

Francisco, habrá novatos con la bolsa llena.

Qué calladito te lo tenías, ¿no? -¿Qué calladito me tenía el qué?

Que Julia me ha contado que le has pedido unos días libres.

Ella pensaba que yo estaba en el ajo,

y cuando ha visto que no... ¡Uy! Pobre, se ha sentido fatal.

Pobre, pobre. -Sí, pobre.

Ella es una mujer radiante

que conseguirá que Ángel vuelva a centrarse.

-¿Acaso lo ves descentrado?

-Pero ¿es que tú no has escuchado los rumores?

Se dice que tiene un amante.

Ángel y Alicia tienen que volver a estar juntos, ¿queda claro?

Sabes que puedes hablar conmigo si lo necesitas.

-Te lo agradezco, pero tengo que hablar con Carmen.

-¿Quieres que el deje algún mensaje?

-Sí, puedes hacerlo.

¿Y si voy a Madrid y me planto por sorpresa

en su trabajo?

-Yo creo que es mejor esperar a que te hable y así te explica...

Ten paciencia.

Seguro que, al final, todo se arregla.

(Móvil)

No esperaba que me llamaras hoy.

Me siento cada vez más acorralado, Inés.

-Solo vemos una manera de...

aplacar las sospechas de Patricia.

-Y es que Alicia y yo reanudemos la relación.

-A ver, si tan mal está como decís, quizás deberíamos hacerle algo

que no sea mandarle frutas. -Tenemos el bote

de la colecta que hicimos para reflotar el taller.

Por favor, te pido que lo reconsideres, que...

-¡No!

-Tú misma dijiste que nos merecíamos ser felices.

-No a mi costa.

No sé cómo se atreve a pedirme algo tan indecoroso.

¿Gastarnos el dinero en comprarle flores y bombones?

Yo no estoy de acuerdo. -¿Quién habla de flores y bombones?

Este dinero puede venir bien por si necesita

algún tipo de tratamiento especial o lo que sea.

Toma, un regalo para ti. Gracias.

Tu madre me ha puesto la cabeza como un bombo.

Ojo, que yo la entiendo, ¿eh?

Que ve cómo todo el pueblo está hablando de ti.

Todo el mundo da por hecho

de que estás a esto de estirar la pata.

Claro, la pobre está en un sinvivir.

Quiere hablar con usted sobre el último mueble

que diseñaron juntos, el que iban a exportar.

Y me ha dicho que le espera esta noche

en la fábrica. Dile que no me va a ser posible

ir esta noche. Señorita, creo que debería ir.

Conozco a Kiros desde hace muchos años.

Es como un hermano para mí y nunca lo había visto así,

tan nervioso.

Debe de ser muy importante lo que le quiere decir.

¿Qué haces por aquí a estas horas?

¿Le diste mi mensaje a la señorita Carmen?

-Palabra por palabra, como me dijiste.

-¿Y dónde está ella? Llevo aquí un rato esperando.

Es del mejor encuadernador de la colonia.

Le pedí que pusiera una cosa en la primera página.

Es una dedicatoria para tu tata.

Es un regalo maravilloso.

¿Sigues queriendo ir a pasear sola?

Solo hay una forma de que la gente se tranquilice con este tema.

Que cuentes la verdad. No, Elena, ni hablar.

A ver, esto es una cosa íntima, no tengo por qué contárselo

a todo el pueblo. Bueno, pues no lo compartas

con el pueblo, pero a tu madre cuéntaselo.

¡Deja de interrogarme!

Parece que tengo 13 años y acabas de encontrarme

un paquete de tabaco en la mochila. No estaba en la mochila.

Mamá, que sabes que no me gustan las adivinanzas, ¿de qué estás hablando?

De esto.

¿Quiere decir

lo que creo que quiere decir? Sí.

Estoy embarazada.

Mamá, que te acabo de decir que estoy embarazada.

¿No vas a decir nada?

Yo creo que mejor vamos a dejar el jarroncito aquí, ¿vale?

Para no hacernos daño.

¡Ay!

¡Mi niña, que me va a hacer abuela!

¡Ay, abuela!

(TARTAMUDEA) Qué mayor suena, ¿no? Así de repente.

Bueno, me alegro mucho de que te lo tomes así,

pero vamos con calma, ¿eh, mamá? ¿Y si es una niña?

Una chiquitina risueña y pizpireta como su abuela. ¡Ay! ¡Mua!

Será de Sergio, ¿verdad?

Sí, dime que es de Sergio, que no has cometido ninguna locura

con cualquier desnortado. Sí, es de Sergio, mamá.

Afortunadamente, no he salido a ti en eso.

¡Ay, Dios mío! Si es que yo sabía que te pasaba algo.

Pero claro, ¿cómo iba a imaginar algo así?

Sí, yo dándote una buena noticia, ¿eh? ¡Qué locurón!

Ya, y fíjate, fíjate que no viene en mal momento, ¿eh?

Porque con las obras en casa, pues puedo ayudarte en todo

para que lo dejes todo listo. Ya. Yo no sé si eso a mí

me viene muy bien. Bueno, no digas tonterías, hombre.

Ah, pero ojo, ojo, que al taller le puede ir mal.

Mira, tenemos que ir pensando en tu baja.

¿Mi baja? Sí.

Mamá, soy la jefa. No, pero da igual.

Aquí tienen que acostumbrarse a estar sin ti

y hacer las cosas sin ti.

Mira, yo creo que nos deberíamos sentar

y planificar los cuatro próximos meses.

Mamá, frena, frena.

Es que necesito ir asimilándolo poco a poco.

¿Poco a poco? Sí.

A ver, Julia, cielo, que...

que un embarazo dura lo que dura.

Tienes nueve meses para dejarlo todo atado.

Bueno, ocho meses y medio si se te adelanta, como a mí.

Tendrás ya un ginecólogo de confianza.

Mamá... No, es que eso es fundamental.

Aquí no hay prórroga que valga ni nadie te puede cubrir.

Bueno, Sergio estará contigo, pero tú tienes que hacer cosas

muy concretas.

Por cierto, Sergio estará contentísimo,

¿a que sí?

Julia.

Julia, no me lo puedo creer.

¿No me digas que no les has dicho nada?

Es que,

mamá, lo estoy digiriendo yo todavía.

¿Cómo le voy a decir algo si todavía

no lo he asimilado del todo?

Pero, hija mía, de verdad, que te conozco.

Como esperamos a que lo asimiles, se lo vas a contar

cuando la criatura haga la primera comunión.

Entiéndeme, mamá. Es que no es fácil.

Es que ni siquiera estamos juntos. Bueno, pero es su padre,

así que tienes que llamarlo y decírselo ahora.

Pues, mamá, no creo que tú seas la más indicada para decirme

cómo tengo que gestionar todo esto, ¿o te tengo que recordar

de dónde vengo yo y cómo de bien lo gestionaste tú?

Hija, yo no te estoy juzgando, así que te agradecería

que tampoco me juzgaras a mí, porque además, no es comparable.

Yo conocía a Carlos de dos días, pero a ti, Sergio,

a ti Sergio te quiere con locura.

¡Si es que es tu marido, por el amor de Dios!

¡Pues no!

No, no le voy a llamar, y mucho menos ahora,

cuando tú digas. Sí, hombre... Mira, deja de mangonearme.

¡Venga, hombre! Que te crees que me he caído de un guindo.

A mí no me pongas como excusa para escurrir el bulto, ¿eh?

Y madura un poquito. Mamá, no estoy haciendo eso.

¿Cómo que no?

Lo que quiero decir es que claramente soy adulta

y tienes que respetar mis tiempos y mis decisiones.

¿Adulta? Adultísima.

Por eso pones la cosa más importante de tu vida

ahí, escondida en un jarrón.

¿Para qué lo has metido ahí?

¿Qué quieres, que crezca como un geranio?

Mira, mamá, vamos a dejar ya esto y, si quieres apoyarme,

pues bienvenido sea y, si no, pues te vas,

pero tienes que respetar mis decisiones y mis tiempos.

Y deja de reprocharme cosas, por favor,

que es lo que menos necesito en este momento.

(Sintonía de "Dos vidas")

¡Alicia!

Alicia, por favor.

Alicia, por favor, necesito hablar contigo.

Siento abordarte así. -Lo siento, Ángel,

pero yo no tengo nada que hablar contigo.

-Alicia, por favor, tan solo será un minuto.

-De verdad que lo siento, pero me pillas en mal momento.

-¡Alicia! Te lo ruego, por favor.

Necesito disculparme.

Necesito pedirte perdón por mi enorme torpeza,

por nuestra enorme torpeza de ayer. Inés y yo jamás quisimos ofenderte,

y menos a ti, con lo generosa que te has mostrado

manteniendo nuestro secreto a salvo.

Te estamos eternamente agradecidos, de verdad.

A Inés le atormenta que te enteraras así.

Fue todo un terrible malentendido. -Sí, no te imaginas cuánto.

-Fue una enorme torpeza.

Y si a eso le agregamos el hecho de querer compensarte

con dinero, pues... -Ángel, eso es terrible.

-Lo sé, y tan solo fue un pensamiento de Inés en voz alta.

No habíamos tomado ninguna decisión al respecto.

-¿Una decisión?

¿Sobre qué, sobre cómo convencerme para hacerme entrar

en vuestra farsa? -¡No! No, no, no.

Nunca querríamos hacer algo así, de verdad. Tienes mi palabra.

-¿A pesar del riesgo que corréis, no?

-Afrontaremos las consecuencias, sean cuales sean.

-No quiero que os pase nada malo. -Lo sé, y te lo agradezco, Alicia,

pero eso no depende de nosotros y mucho menos de ti.

Alicia, tengo que pedirte un favor. -¿El qué?

Pero dime algo que no sea hacer fingir una mentira

que me destrozaría. -No, no quiero provocarte

ningún tipo de dolor, es solo que...

tal vez podrías acceder a...

a que caminemos juntos y volver a charlar para...

¿Qué estoy diciendo?

Olvídalo, olvídalo, no quiero parecer

que he venido aquí a manipular tus sentimientos

ni mucho menos, porque no es así.

He venido hasta aquí para pedirte perdón en mi nombre

y en el de Inés. -Muy bien,

pues acepto vuestras disculpas y, además,

celebro que esté aclarado, pero por mi parte, está ya zanjado.

-No te vayas.

¿Tú sabes lo que más me duele de todo esto?

Que realmente echo en falta nuestros paseos y nuestras charlas.

Las disfrutaba muchísimo, Alicia. -Yo...

Yo también los echo de menos. -¿No te parece una pena?

Sé que es culpa mía y solamente mía, pero...

me sabe mal haber roto lo que podría haber sido

una bonita amistad.

Cuando te decía que me sentía yo mismo

cuando estaba contigo, era cierto. Nuestras charlas, nuestros paseos,

era todo real. -Lo sé.

Además, no puedes dar esos paseos de la mano de Inés, ¿verdad?

-Verdad.

¿Crees que en un futuro hipotético tal vez podamos volver a...

a ser amigos?

-Bueno,

sería una pena no...

darle una segunda oportunidad a nuestra amistad

y sería una pena que eso no pasara por mi culpa.

Yo nunca me perdonaría que te pasara nada,

así que si lo puedo evitar...

-Significa mucho para mí.

Alicia, muchas gracias.

¿Estás preparada para el qué dirán?

Una joven guapa como tú,

difícilmente puede pasear de las manos de un hombre

sin que las mentes aburridas se pongan a malpensar.

A vista de los demás, volveremos a ser una pareja.

-Bueno, pues que malpiensen lo que quieran.

Entonces,

¿tengo que entender este como uno de nuestros paseos

de esta renovada amistad? -¿Por qué no?

Además, así aprovecho y te pido un último favor.

Esta vez de verdad.

¿Vamos?

Gracias, Mariano. Buen día.

Eh, Mariano, ¿quiere colaborar con...?

¿No?

Buenos días. -Hola.

¿Y eso? -¿Esto?

La vida, que no sales de una y te metes en otra.

Y peor. ¿Qué te pongo? -Lo de siempre.

-¿Dos cafés? -Para llevar.

-¿Y...

quieres colaborar, aunque sea con algo de calderilla?

Menos... Menos da una piedra.

-¿Colaborar con qué?

Mira que le hemos cogido el gusto a las colectas en este pueblo, ¿eh?

Déjame ver si llevo calderilla...

-A ver si podemos ayudar a Julia, ¿no?

Mejor que quedarnos con los brazos cruzados será,

digo yo. -Eh...

¿Ayudarla con qué?

-Con la enfermedad.

¿Tú sabes lo que es, si es grave o qué?

Lo que se escucha es que no pinta nada bien.

Anda con mareos, muy cansada...

No sé, yo iría a preguntarle, pero es que no tengo cuerpo.

-Pero ¿qué dices, Tirso? -Pues lo que escuchas,

que estoy muy preocupado por esto, la verdad.

-Anda...

Déjate, déjate de colectas. -Pero, Elena, hombre,

aunque sean un par de euros para tener un buen detalle.

-Que a Julia no le pasa nada.

A ver, sí, sí le pasa, pero no es nada malo.

Que no está enferma, vamos, que no. -¿Cómo que no?

-Yo alucino con lo rápido que cualquier rumor

en este pueblo se convierte en verdad absoluta.

-¿Qué dices de rumor? Yo lo he escuchado

en varios sitios. -Ah, ¿sí? A ver, ¿en qué sitios?

-Pues no sé exactamente, pero me lo ha comentado

algún vecino. -Ya...

Ya te diré yo qué vecino te lo ha comentado,

don mucho hablar y doña poco saber.

¡Tirso, que pareces nuevo, tío! -Vale. A ver, no está enferma.

Pero algo le pasa, tú misma lo has dicho.

Si no es una enfermedad, ¿qué es? -Lo que le pase o le deje de pasar

lo tiene que contar Julia, pero claro, tú como no te atreves

a hablar con ella, como no tienes cuerpo, pues claro,

¿cómo te vas a enterar de nada?

(SUSPIRA) Mira, tú verás lo que haces con tu vida.

-No desvíes, ¿eh? Que te conozco. Tú sabes algo. Suéltalo.

Es la única manera de parar el rumor.

-Mira, solo te digo que, de salud, Julia está perfectamente.

Y el rumor lo vas a acallar tú diciéndole a más de un vecino

que se deje de chismes.

¡Cenizos, que sois todos unos cenizos!

Ahí lo tienes.

Como ya sabréis, se ha extendido a gran velocidad

por el pueblo un rumor sobre mí y, a mí normalmente,

estas cosas me darían un poco igual,

pero dado que se ha creado un revuelo gigante,

pues me veo en la obligación de desmentirlo

y de daros una explicación. O igual no, ¿eh?

Que igual no hace falta ni que expliques nada.

Que por nosotros, todo está bien, de verdad.

O sea, que cada cosa que pasa, pues cada uno lo asume a su manera,

unos para adentro y otros para afuera.

Si ese es el tema, Cloe, que pasar, no me pasa nada.

Vamos a ver, Ribe, es verdad que tú el otro día entraste

y me viste un poco flojilla y te pensaste que estaba enferma,

pero en realidad no me pasa nada.

Adelante. Flojilla nada, te dio un amarillazo

como no he visto en mi vida. Y eso que he visto algunos.

Bueno, ¿me dejas seguir, por favor? Sí, claro, era un comentario solo.

Por alusiones. Lo que quiero deciros

es que los rumores son falsos y estoy perfectamente de salud.

Pues ya está.

¿Entonces por qué te dio el blancazo ese?

¿Te ha vuelto a pasar? ¡No!

Sí. ¡No!

No, no me ha vuelto a pasar, y sí, sé por qué me dio el blancazo

y fue porque me dio un bajón de azúcar.

¿Eso es porque has ido al médico? ¿Te lo ha dicho él?

No, no me lo ha dicho él, pero es que no me ha hecho falta.

¿Y cómo sabes que es un bajón de azúcar,

si no has ido al médico? Porque ya me ha pasado antes.

Pero ¿no has dicho que solo había pasado una vez?

Me ha pasado una vez ahora, en el presente,

pero me ha pasado antes, en el pasado, ¿estamos?

Y no me va a pasar otra vez en el futuro, así que ya está.

A ver, lo que quiero deciros

es que todo esto es un malentendido y que pasemos página

de lo que ha pasado estos días, ¿eh?

Pero ¿qué ha pasado estos días?

¿Te han dado más vahídos?

¡Vale! Que sí, que lo reconozco, que no estoy en mi mejor momento,

que es verdad que estoy cansada y que tengo mala cara

y que, bueno, estoy un poco de mal humor,

pero es solo estrés. De verdad, que no estoy enferma.

Os prometo que estoy perfectamente, ¿estamos?

Está todo claro, ¿no?

Totalmente. -Clarísimo.

Vale. ¿Veis como no era tan difícil?

Y ahora, a trabajar duro.

Pues si dice que está todo bien,

pues está todo bien. -Claro.

Si lo dice ella, habrá que creerla. -Hombre, claro.

¿Quiénes somos nosotros para dudar de su palabra?

-Claro.

-Ahora, también os digo una cosa, así entre nosotros,

sabéis cuál es la primera fase cuando te diagnostican

una enfermedad grave, ¿no? -No.

-La negación.

Pobre...

(Puerta)

¡Jesús!

Toma, tu linterna.

Apenas la usé tres segundos, así que cuando se te gasten

las pilas, no me hagas responsable. De nada, vecino.

Pero para darle tan poco uso, te ha costado soltarla, ¿eh?

Pero bueno, qué...

qué hospitalaria eres, vecina.

Ni un triste: "Pasa, hombre". Ni un: "¡Venga, que te invito

a un café con una copa de coñac y unas pastas!".

Yo creo que no es mucho pedir, digo yo.

¡Anda, pasa! De verdad, ¿eh? Que no me vas a dejar en paz,

me ponga como me ponga.

Bueno, veo que...

me vas conociendo. Eso está bien.

Y tanto que sí. A ti te tengo ya más que calado.

Pero me da que pensar esto, ¿eh?

Tanto bailecito aquí con la linterna para arriba,

la linterna para abajo, tú, tú lo único que quieres

es cotillear.

Qué chispa tienes algunas veces, Diana.

Eso es lo que a mí me quita el sueño,

descubrir qué misterios oscuros se esconden entre estas paredes.

Ay...

Espero que te guste, porque solo te puedo ofrecer

y te quiero ofrecer un té rojo.

Tienes suerte de que yo no le hago ascos a nada,

ni siquiera al aguachirri este de las infusiones.

¿Por qué planeta estás?

Por el tiempo que llevamos aquí, debes andar por Júpiter al menos.

-Como si tú nunca te hubieras quedado pillado

con tus cosas.

Por lo menos, a mí nunca me ha pasado

en una final online. -¿No me digas que hemos quedado

para meditar, que si lo sé, me traigo la mantita y el cojín?

¿Me vas a contar lo que te pasa? -No me pasa nada.

Solo te he dicho que quedáramos para desconectar del curro.

-Sí, desconectas tú que da gusto... ¿Qué es, por Julia? ¿Por tu madre?

¿Por las dos? -Que no me pasa nada.

Solo quería pasar un rato contigo. -Ah, bueno, pues si quieres pasar

más rato conmigo, perfecto. Desde que lo he dejado con Cloe,

tengo bastante tiempo libre. -¿Cómo vas con lo de Cloe?

-Pues lo llevo y poco más.

Intenté quedar con ella para ir al cine,

así en plan amigos, y bueno, también porque la vi de bajón

y quería animarla, pero a última hora se rajó

y ni apareció.

Y ese es el panorama.

-¿Y cómo llevas lo de no estar con ella?

En plan pareja. -Pues no te voy a mentir,

mal, peor que mal.

Muchas veces tengo la tentación de llamarla

y de pedirle que volvamos, incluso muchas mañanas

me despierto y no me acuerdo que lo hemos dejado

y, cuando lo hago, se me cae el mundo encima.

-Debe de ser duro.

-Sí, pero ¿sabes qué?

Cada día que pasa, es un poco menos duro

que el anterior. ¿Y te acuerdas lo que me dijiste,

de que lo importaba es que estuviera yo bien?

Pues no. En plan, no te hice ni caso.

Me sigue importando más que esté bien ella.

Y yo he entendido que, para eso, pues tengo que apartarme.

-Entonces,

si supieras que lo mejor para ella es alejarte para siempre,

¿lo harías?

-¿Qué remedio?

Si hay algo que le duela a Cloe,

yo haría lo posible por evitarlo, aunque ese algo fuera yo,

por mucho que me duela perderla.

Bueno,

pues ya me dirás, ¿eh?

¿Qué es lo que quiere usted saber?

¿O te lo tengo que poner en bandeja como el té?

Pero ¿por qué siempre tienes que desconfiar de mí?

¿Es que no me puede apetecer charlar sin más?

Venga, Mario, que nos conocemos. Bueno,

ya que te empeñas, te preguntaré cualquier cosa

para que te quedes tranquila.

Por ejemplo,

lo de Julia.

¿Es verdad eso de que está bien de salud?

Para tu información, se encuentra perfectamente,

pero no pienso darte ni medio detalle más.

O sea, que hay detalles que dar. Malgastas tu energía, Mario,

y no es bueno para tu edad. Pero ¿no me negarás

que a Julia le pasa algo?

Bien no se le ve. Está cansada, alicaída...

En fin... Bueno, algo le pasa.

Pero no es de tu incumbencia. Ah... Déjame adivinar...

Es que ha tomado una decisión

que a ti no te gusta, como siempre.

Que si tú me tienes calado a mí, yo te tengo doblemente calada a ti.

Pues te equivocas, listillo.

No me he irritado porque Julia tome una decisión,

sino por no tomar la decisión.

Y es algo que tiene que hacer, pero no hace,

y la cosa no puede esperar.

Vale,

entendido.

Si quieres que siga en la más absoluta

de las ignorancias, lo estás consiguiendo.

Pero vamos, ya son ganas de quedarte con el come-come

cuando podría ayudarte si te explicaras de una vez.

Pero vamos a ver, en el caso de que me quede

con un come-come, ¿quién te dice a ti

que necesito tu ayuda? Pues el hecho

de que no hay nadie más escuchándote por aquí.

Ni falta que hace, así que no sufras,

porque sé perfectamente cómo resolver las cosas

con mi hija. Tampoco sufras tú,

porque voy a seguir durmiendo perfectamente

las resuelvas o no. Pues muy bien.

Aunque una cosa sí te digo, ¿eh?

Antes de seguir tratando a tu hija como a una niña,

recuerda que ha sido capaz de levantar el taller de una forma

que incluso a mí me ha sorprendido.

Y empezar una nueva vida aquí, desde cero.

Mario, sé perfectamente de lo que es capaz mi hija,

pero a veces mete la pata y esta vez puede meterla

hasta el fondo. ¿Y qué si lo hace?

¿No tiene derecho a equivocarse?

A ver si empiezas a confiar un poquito más en ella

y en su capacidad de salir de los embrollos

por sí misma.

Que no es tonta, Diana.

Que en algo habrá salido a ti.

No sabe cómo le agradezco que me reciba así, de inmediato,

sin haberla avisado de mi visita. -Pierde cuidado, mujer.

Estas visitas inesperadas son las que más despiertan

mi interés.

De ninguna manera puedo dejar que te marches de aquí

sin contarme eso importante de lo que quieres hablarme.

-Igualmente le quería agradecer que me dedique parte de su tiempo.

Me consta que es usted una mujer muy ocupada.

-Adelante, cuéntame.

-Pues...

resulta que...

yo le quería comentar...

(SUSPIRA)

-Tranquila, mujer.

Tómate todo tu tiempo y piensa que conmigo puedes hablar

con total confianza, Alicia. -Pues tengo entendido que...

que usted hace unos días encontró una prenda de mujer

en el maletín de Ángel, una prenda íntima.

-Así es.

Sí, una media.

-Pues quería confesarle que esa media es mía.

-Alicia,

no quisiera desconfiar de tu palabra.

De ser así, no alcanzo a entender por qué mi hijo no me contó nada.

-Porque yo misma se lo pedí, igual que le pido a usted,

por favor, la máxima discreción sobre este asunto.

No sabe, de verdad, lo que me avergüenza

que esto pueda salir a la luz.

Yo soy una mujer decente, doña Patricia,

y para mí,

haber intimado con Ángel antes de haber formalizado

la relación, es un gran error, de verdad, es un gran error.

Bueno, no me puedo imaginar lo que pensaría mi madre

si llegara a sus oídos. -Debo entender entonces

que mi hijo y tú os seguís...

viendo.

-Así es, sí.

Pero yo no soy una persona que frivolice sobre un asunto así,

créame.

Si el vínculo entre Ángel y yo no fuera tan fuerte y sincero,

yo...

no... no habría llegado a ese punto de intimidad con él.

Que eso no hace mi debilidad menos vergonzosa

e incluso imperdonable. -Puedes estar tranquila, Alicia.

Yo no voy a juzgarte.

Y tampoco voy a permitir que algo tan privado

llegue a oídos de nadie.

Además, por descontado, acallaré cualquier habladuría

en caso de que sea necesario.

-Gracias. -Sobre todo porque no dudo

de la nobleza de tus sentimientos hacia mi hijo, ¿no es así?

-Por supuesto, no lo dude.

No hay ni ha habido nadie en la vida

que se pueda asemejar a lo que siento por Ángel.

Y por eso estoy aquí.

El ver que está en un aprieto semejante

pudiendo yo evitarlo, es algo que no me podría consentir.

-Entonces ha llegado el momento de que nos conozcamos mejor.

-Me encantaría. -Perfecto.

Eso sí, podemos dejar de hablar de temas tan escabrosos

y podemos ir a lo verdaderamente importante.

A ver, cuéntame, ¿desde cuándo habéis retomado

mi hijo y tú la relación? -Bueno, hace tan solo

un par de semanas. -Ah...

-Pero le puedo asegurar que mis sentimientos

no han decaído ni un momento desde que le conozco.

Su hijo es un joven maravilloso. -¿Qué me vas a contar a mí?

Quererlo con locura es mi único mérito,

y es algo que, como ves, no necesita mucho esfuerzo.

¡Qué maleducada, Alicia! No te he ofrecido nada para tomar.

¿Te apetece un té? -Sí, claro.

-Muy bien. ¡Enoa!

Enseguida nos lo sirven.

-¿Sí, señora?

-Sirve un té inmediatamente, por favor, y unas pastas.

Han llegado unas nuevas con mantequilla estupendas.

Ya las hemos traído más veces. -¿Sí?

(ASIENTE) -Ya las vas a probar.

Aún no sé cómo me gustaría que fuera la boda.

Lo que sí sé es que no la quiero llena de formalidades ni etiqueta.

No me interesa.

Quiero una fiesta divertida, alegre...

Una auténtica fiesta, loca.

¿Te encuentras bien?

Sí, sí.

Por supuesto. Y estoy de acuerdo con todo lo que has dicho.

De acuerdo, porque lo último que quiero

es sentirme fuera de lugar en mi propia boda. Eso no.

Hubo una vez que acudí a una y pensé que, si los novios se iban,

nadie se daría cuenta.

Eh...

¿Nos sentamos?

Por supuesto.

Pero...

¿te encuentras bien? Te noto...

distraída.

Perdóname.

Tienes razón. Es que...

estoy pensando en el cuaderno que me regalaste anoche.

Sigo embelesada. Es precioso. ¿Sabes? No...

Nunca paras de sorprenderme.

Al igual sacas una Carmen llena de arrojo y valentía

que una a la que no le da miedo mostrar sus emociones

y sus sentimientos.

Eres increíble.

Con la cantidad de chicas que hay encantadas de que les regalen

los oídos, y has ido a dar con la única

que se siente terriblemente incómoda.

Aquí está...

-¿Tienes algo que decirnos, Kiros?

-Sí, sí que tengo algo que decir, algo importante.

Se lo habría dicho anoche a la señorita Carmen,

pero ella no apareció. -Estábamos...

dando un paseo.

¡Ay! Qué...

Qué cabeza la mía. Es que...

Bueno, le prometí a Kiros que anoche me pasaría para revisar

unos desperfectos en varias maderas que quería mostrarme, pero...

se me olvidó por completo.

Lo siento mucho, Kiros.

Sé que es un despiste imperdonable.

Y entiendo perfectamente que estés molesto.

¿Eso es todo?

-Me pareció importante recordarle a la señorita

que sigo pendiente de su...

supervisión.

Muchas gracias. Kiros, eres muy amable.

No te preocupes, porque me encargaré de esos asuntos

cuanto antes.

Pues ya está, aclarado el asunto. La próxima vez que tu jefa

quiera hablar contigo, hablaréis tranquilamente

en la fábrica. -Por supuesto.

Y siento interrumpirles.

Ahora volveré a la fábrica y seguiré trabajando

hasta bien entrada la noche.

-Nosotros iremos a dar un paseo hasta bien entrada la tarde.

Es increíble

la capacidad de trabajo de este hombre. Increíble.

Pero para enseñar su valía, no hace falta

que te pongas a su altura.

Pues sí, Patricia no solo se creyó mis explicaciones, sino que además,

luego nos quedamos charlando como dos viejas amigas.

-No sabes el peso que me has quitado de encima.

Muchas gracias, Alicia. -Bueno, no me ha costado nada.

Además, que me he dado cuenta que tengo buenas dotes

para la interpretación. -No te quites mérito, por favor.

Además de agradecida, estoy...

enormemente conmovida de lo bien que te estás portando conmigo.

-¿Y cómo no iba a hacerlo, doña Inés?

Con todo lo que ha hecho usted por mí...

Bueno, es de esperar que yo le apoye

en todo lo que pueda. -Esto supera con creces

lo que podía yo esperar de ti.

Y no sé cómo ni cuándo, pero...

te prometo que te compensaré. -No, no, no, si no hace falta.

Yo, con su tranquilidad, me doy por satisfecha.

Además, que Patricia me ha dicho que acallará cualquier rumor

que llegue sobre Ángel, así que no hay que preocuparse.

(SUSPIRA)

Se me olvidaba.

También me entregó el cuerpo del delito.

-Gracias.

Ten por seguro que no tendré otro desliz semejante.

Lo que no puedo entender es...

cómo llegó mi media a ese maletín.

Con ver que ha recuperado la sonrisa,

me resulta más que suficiente. Y ahora, si me disculpas,

tengo multitud de asuntos que atender.

(Tarareo)

Adelante, ríete todo lo que quieras,

no importa. Soy una mujer feliz.

Aunque te parezca increíble, no todo el mundo gira

a tu alrededor. -Me da igual si el mundo gira

o deja de hacerlo, solo me importas tú,

tenerte a mi lado.

Eres el centro de mi órbita en toda mi galaxia.

(RÍEN)

Lo que acabo de decir no tiene mucho sentido, ¿verdad?

-No. Antes de lanzarte con ese tipo de cumplidos,

deberías reforzar tus conocimientos de astronomía.

-Vale.

-Admito que estoy muy contenta de que Víctor haya encontrado

por fin a su compañera de vida. Ahora empieza un nuevo capítulo

para él, uno lleno de amor y...

y espero que algo más de sosiego, igual que a nosotros.

-No hay pareja igual que nosotros. (SE BESAN)

-Hola.

Soy yo.

Doña Inés, no le dé más vueltas.

Ya está todo resuelto.

Eh...

¿El señor Augusto ha llegado ya?

Augusto Azpeitia.

Organiza una partida esta tarde. ¿Sabe si ha comenzado?

Desearía muchísimo haberme equivocado, Francisco.

Lo tengo merecido. Dios...

Sé que te prometí que todo se había terminado,

pero...

Bueno, son solo un par de copas lo que tomo cuando estoy nervioso,

pero debía habértelo dicho. Francisco, bastante tengo

con tolerar tu debilidad, no voy a tolerar ahora tu cobardía.

Te acabo de escuchar preguntar por una partida de cartas.

Ten la dignidad de admitirlo.

Sí, es cierto.

He venido al olor de...

de la partida, sí.

Pero empiezo a sospechar que tú también estás aquí

por lo mismo.

Has venido por la partida, ¿verdad?

Olivia Azpeitia y yo somos amigas desde hace muchísimos años.

No he tenido ningún problema en que Augusto

me hiciera este favor.

O sea, ¿has...

planeado todo para cazarme? He planeado todo para protegerte.

De lo contrario, estarías ahora jugándote hasta el último tornillo

de nuestra empresa.

¿Esa es la confianza que tienes en mí?

¿Tanto temes que tropiece que me pones la zancadilla

para convertir tu miedo en certeza? Así es.

Si te empeñas en quedarte con la mayoría de las acciones

de la empresa, yo tengo que tener la seguridad

de que está en buenas manos.

Y ya tengo la certeza de que no lo está.

Es que si estar a punto de perderlo todo

no evita que vuelvas a caer a la mínima tentativa,

nada lo va a hacer.

Que te quedes con la mayoría de las acciones,

supone que volvamos a caminar sobre el alambre, y esta vez,

sin red.

He mirado tanto ese abismo, que ya,

a veces, ni lo veo.

¿Comprendes ahora que la única manera

de labrarnos un futuro es dejando la mayoría de ese accionariado

en mi poder?

Lo comprendes, ¿verdad? Claro que lo comprendo.

Pero ¿qué será del futuro de mi hija?

No, lo he tirado todo por la borda, todo lo que había construido

para ella.

Te entiendo.

Entiendo que ya...

no creas en mí

y que no reconozcas al hombre del que te enamoraste,

entiendo que ya no me quieras, claro que lo entiendo, Patricia.

Francisco, todo lo contrario.

Mi amor por ti no puede quebrarse.

Precisamente por eso estamos aquí,

porque te amo como el primer día,

porque nuestras vidas están unidas por un hilo invisible

y yo no puedo dejar que tú te destruyas,

porque tu fin sería mi fin.

Mañana nos vemos con el notario en la fábrica a primera hora

para hacer el traspaso de las acciones.

Camarero.

(LEE) "Futuro, qué palabra tan pequeña

para albergar tantas posibilidades,

algunas tan preocupantes y turbadoras

que te hacen temblar de terror y, otras, tan alentadoras,

que te hacen llorar de emoción".

"¿Cómo puede caber en tan solo seis letras

tal inmensidad de preguntas y ninguna respuesta?".

(RESOPLA)

¿Podemos hablar?

Claro.

Yo quería disculparme.

Sí, porque...

antes te he insistido mucho con lo de contárselo a Sergio.

¿Esto qué es, un programa de cámara oculta?

¡Uy! Es que no me he peinado.

Te agradezco que bajes el pistón, mamá.

Y de verdad, no entiendo por qué esa desconfianza.

No sé, ¿no te das cuenta que el que tú dudes de mí,

me hace sentirme débil?

Me hace estar muy insegura de mí misma.

Cielo, mi intención no es que dudes de ti,

sino de lo que haces.

Julia, yo sé que me equivoco muchas veces,

lo sé, pero...

cuando te veo meterte en caminos que yo ya he recorrido,

es que no puedo evitar intentar sacarte de ahí

porque llevan a lugares que no conoces, pero yo sí,

y no son bonitos, créeme.

Lo entiendo.

Si yo lo único que quiero es que me lo digas así, mamá,

con cariño, tranquila...

No sé, sin reproches, sin órdenes. Muy bien.

Yo solo te pido una cosa a cambio. ¿A ver?

Habla con Sergio.

Julia, es mucho mejor.

No te puedes enfrentar a esto sola.

Además, él es el padre. Tiene derecho.

Y yo sé que es tu decisión, de verdad que lo sé,

pero me siento en la obligación de decírtelo.

Cielo, yo tuve mucha suerte

y en mi vida apareció Óscar.

Vamos, es que no sé, no me quiero imaginar

si no hubiera sido así.

Y no sé, imaginarte a ti así, en esta misma situación,

es que...

no sé, me sucede algo que no puedo explicar.

Es como algo irracional.

Es como un miedo que se te ata al estómago

y no puedes reaccionar.

Pero bueno, no pasa nada, supongo que acabarás entendiéndolo

más adelante.

Yo tengo una pregunta, mamá.

Ya sé que te quedaste embarazada así de sorpresa, pero...

en algún momento, después, ¿te planteaste si querías tenerme?

Bueno, en aquella época, la verdad que las mujeres

tampoco meditábamos tanto esa pregunta.

Vamos, en mi entorno, yo creo que casi ninguna mujer

se la planteaba.

Y luego, lo del reloj biológico, yo la verdad es que nunca lo sentí.

La cuestión es que pasó y fue muy bien.

Mírate.

Pues yo sí lo he pensado, mamá.

Sí, he pensado si quería ser madre, y alguna vez

incluso lo hablé con Sergio, y es verdad que dijimos

que en un futuro,

pero ahora,

ahora yo ya no sé si quiero lo mismo,

si ahora es buen momento, si...

si lo quiero con él o con quién o cómo...

Cielo, hay cosas en la vida que se saben sin pensar.

Yo supongo que a eso es a lo que llaman intuición.

¿Tú qué sentiste la primera vez que viste el resultado del test?

Miedo. Bueno, eso es normal.

Y creo que ilusión.

Vas a ser una madre maravillosa.

¡Sí!

Pero mírame a mí.

Si yo lo he hecho maravillosamente bien,

imagínate tú. Claro, y si no, no pasa nada,

porque te voy a tener a ti aconsejándome y apoyándome

todo el rato, aunque no quiera. Bueno, en mí no delegues todo,

que hay muchas personas que te pueden ayudar.

Por ejemplo, se me ocurre, no sé, así, a voz de pronto...

¿Sergio?

Cielo, de verdad, no es por insistir,

pero estoy segura de que si hablas con él

y compartes todos tus miedos y todas tus inseguridades,

te vas a encontrar mucho mejor, ya lo verás.

Anda, dame un abrazo.

Ay...

Ay.

(Móvil)

Hola otra vez.

¿Todo bien?

Es que me preocupa un poco que no me contestes a los mensajes

y, bueno, no sé si te pasaba algo.

Si estás enfadado conmigo o molesto por algo que he dicho o hecho,

me gustaría que me lo dijeses, por favor.

Sea lo que sea. Necesito que me digas algo.

Lo que sea.

Por muy malo que parezca, no creo que sea peor

que este silencio.

-Hola, Cloe.

(Móvil)

Hola, Cloe.

Siento no haberte contestado antes, pero necesitaba tiempo para pensar.

Eres la chica más increíble que he conocido

y me encanta hablar contigo, pero me he dado cuenta

de que siempre nos separará la distancia.

Nunca podremos estar juntos.

Y cuanto más tardemos en aceptarlo, más grande será el vacío

cuando lo hagamos.

Por eso, creo que lo mejor es que no sigamos hablando.

Cuídate mucho, Cloe.

Julia, ¿por qué no te sientas y hablamos de cualquier cosa?

Cuando estés más tranquila, ya me dices

lo que me tengas que decir. Sí, necesito tranquilizarme,

pero no te voy a hacer esperar más, que no quiero dejarte en ascuas

más tiempo, ¿vale?

Voy. Eh...

A ver...

¿Por dónde empiezo? ¿Por el principio?

Vale. Eh...

Tú y yo nos íbamos a casar, nos íbamos a dar el "sí, quiero"

hace unos meses. Sí que te has ido al principio, sí.

Y nos íbamos a casar y a tener una familia.

Vamos, lo típico. Haces que suene todo

tan romántico...

Perdón, perdón.

El caso es que al final no hicimos nada de eso

porque yo decidí que no, que me quería alejar de todo,

especialmente de ti por razones obvias,

y me vine aquí a empezar de cero.

Y al final, no hubo boda... Bueno, hubo boda, pero...

Odio interrumpirte, pero necesito saber

que no me has llamado para recordarme todo lo que pasó.

No, no ha sido para eso.

Si me dejas acabar, te lo explico, ¿vale?

Lo que quiero decirte es que... A ver...

...que a pesar de todos mis intentos

porque no estuviéramos juntos y por sacarte de mi vida,

tú has seguido ahí apoyándome, intentando que estuviera bien,

y no te has dado por vencido. Quieres que pare ya, ¿no?

Es eso, quieres que desaparezca y que me vaya más de tu vida.

¿No? ¿Es eso? Sergio, no, todo lo contrario.

Déjame acabar.

Lo que quiero

es darte las gracias.

Gracias, porque has estado ahí siempre.

Por animarme, por apoyarme y...

y por ser mi mejor amigo y mi compañero.

Y es que ahora te necesito más que nunca.

Mira, yo lo siento, pero necesito saber qué te pasa,

porque que me digas todas estas cosas bonitas ahora,

lo que hace es que me preocupe muchísimo,

porque no sé qué ha dicho un vecino antes

de que estabas enferma. ¡Que no estoy enferma,

que estoy embarazada, joder!

Y eso vendría siendo básicamente lo que tenía que decirte.

No, no, no, no te acerques.

Kiros, corremos un...

un riesgo muy grande si alguien nos ve juntos.

Lo sé, el riesgo es grande, pero... ¡Te lo ruego!

No te acerques.

Es que tú no lo entiendes, pero...

estamos haciendo algo extremadamente peligroso.

Está bien, no me acercaré, pero tampoco me iré

sin que me expliques por qué me dejaste de esa manera,

por qué aceptaste el compromiso de Víctor,

por qué hasta ahora no has sido capaz de decirme nada.

Esas son muchas preguntas

y...

ninguna es fácil de responder. ¿Fácil?

¿Crees que para mí fue fácil ver cómo decías sí a Víctor

y tirar por tierra todo lo que habíamos soñado juntos?

Lo siento.

Aunque te cueste creerme, Kiros, a mí me dolió tanto como a ti.

Si quieres que te crea, explícamelo.

Responde a mis preguntas.

Kiros, no es que no quiera responderte,

es que no puedo.

Lo único que puedo hacer es suplicarte que me perdones

y que confíes en mí. ¿Cómo voy a confiar en ti

después de que faltaras a tu promesa de huir conmigo?

Y sin darme una razón.

¿Por qué, Carmen?

Veo el miedo en tus ojos,

pero tú y yo, nunca hemos temido a la verdad.

Si me dices la verdad, seré capaz de soportarlo,

por muy terrible que sea.

Pero si no me dices nada, no seré capaz de hacer nada.

-¿Hay alguien ahí?

¿Hola?

Embarazada, ¿no?

¿Estás segura de que es lo que te pasa?

Sí, bastante segura.

¡Sergio, para, por favor!

¿Qué haces?

¿A qué ha venido eso? Es una muestra de amor

hacia mi prometida.

Todo el mundo sabe ya de nuestro compromiso,

no es necesario que te jactes.

-Igual no lo conocías tan bien. -¿Entonces qué,

que todo era mentira? No sé, el Dani cariñoso, sensible,

¿era falso y yo me he enamorado como una idiota?

No sé, hija, es que no me cuadra nada.

Es que no es propio de Sergio comportarse de esta manera.

Pero ¿tú estás segura...? ¡No me preguntes eso!

Que estoy que muerdo, ¿eh, mamá?

Poca broma con esto, ¿eh, Mario? Que estamos preocupados por Julia.

Al menos yo no estoy para chascarrillos

hasta que sepamos qué le pasa. -Yo creo que lo sé.

Disculpa las horas,

pero quería hablar contigo.

No tienes buena cara.

Padre, tú siempre has renegado de mí.

¿Y ahora me estás hablando de nombrarme tu sucesor?

-Considéralo un aliciente.

-Agradezco mucho la oferta, padre, pero no... no cuentes con ello.

Yo te encuentro...

melancólico, hastiado.

Creo que ha llegado el momento de tomar una decisión

que llevamos tiempo barajando.

Has dicho que todo el mundo

conoce de nuestro compromiso, así que no me gustaría

demorarme mucho más en los preparativos de la boda.

Pero falta mucho tiempo. Lo sé, pero si queremos tener

una boda a tu altura, es mejor que nos pongamos cuanto antes.

Tanto si aparece como si no,

tú no vas a estar sola, ¿eh?

Y en preparación al parto, le saco a Sergio

un curso de ventaja, así que...

No, no podemos quedarnos con los brazos cruzados.

Si ella se cierra en banda y no nos dice nada,

tenemos que averiguarlo por otros medios.

Menos esconderte detrás de un buzón de voz y más dar la cara, Sergio.

O te plantas ahora mismo a hablar con Julia a la voz de ya

o la vamos a tener, ¿entendido?

Pues he dicho.

(OFF) "¿Y si el exotismo y misterio de Kiros

me han encandilado hasta nublar mi razón?".

"¿Y si es solo un capricho?".

"Algo que nunca debió suceder".

"Un error que debo enmendar antes de que sea demasiado tarde".

¿Sabes si la señorita Carmen está en casa?

-No lo sé.

Es urgente.

Y cada minuto que pasa, es más urgente todavía.

¿Señorita?

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Dos vidas - Capítulo 70

04 may 2021

Julia se siente liberada al comunicarle, al fin, a su madre, la noticia de su embarazo. Pero Diana hará que esa paz dure poco y le exige que haga partícipe a Sergio y lo haga de inmediato. A quien también le urge tomar una determinación es a María, que ve como Cloe cada vez sufre más por Dani y siente que debe poner una solución, por mucho que les duela. En Río Muni, Kiros sigue confuso y resentido con Carmen, y anhela tanto una explicación por su parte, que no duda en ir a exigírsela, cuando y donde menos se lo espera. Mientras, Ángel e Inés parecen estar de enhorabuena al conseguir que Alicia acceda a ser la tapadera que proteja su secreto. La joven ha pasado de ser un peligro a ser su mejor aliada. O al menos eso creen.

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