Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 69 - Ver ahora
Transcripción completa

Me pregunta todo el rato cómo estoy. Todo el rato.

Es una regresión a mi adolescencia.

Bueno, es tu madre, es normal que se preocupe.

Sobre todo, si le das motivos.

¿Qué motivos?

Julia, te conozco.

Está claro que pasa algo.

Te juro que quería decírselo, pero es que...

Estoy bloqueada con esto. Vamos, que se ha ido sin saberlo.

-He cerrado la reunión con don Santiago, el notario,

para la cesión de las acciones.

Estos son los documentos, por si quieres revisarlos.

-Enoa vino ayer a la librería.

Tu madre la envío para decirme que quiere hablar conmigo sobre ti.

Pensar que algún día una parte de Maderas Río Muni puede ser mía,

me da fuerzas para mirar al futuro sin derrumbarme.

"No me apartes de la fábrica".

"Nunca".

(ELENA) "Me dice la tía que no le pasa nada".

Que está bien y que confíe en ella.

¿Y cuál es el problema entonces? Que no me creo ni una palabra.

Soy su madre, sé que me oculta algo. Me lo huelo.

Esto no te está dejando avanzar. Ya se lo he contado.

¿Cuándo?

Antes.

Pues tu madre no me ha dicho nada.

¿Este es el trato que tendremos ahora?

¿Como jefa y trabajador? Baja la voz.

No sé cómo comportarme después de todo.

Tal vez podrías empezar por darme explicaciones.

Cuando termines, notifícaselo a Mabalé.

(RIBERO) "Aquí os dejo esto",

recién entregado. -Lo cojo yo.

Trae. No, solo cojo yo.

Elena, puedo perfectamente. Yo también puedo. Déjalo.

¿Cómo que enferma?

-Y si a eso le añades lo de su madre...

-¿Qué de su madre?

-Que se ha mudado con ella una temporada.

Y, para que Diana se quede en el pueblo,

hace falta que ocurra algo muy gordo.

-Me gustaría preguntarte en confianza

si conoces a esa misteriosa mujer

que le ha arrebatado el corazón a mi hijo.

Lamentablemente, solo sé lo que se comenta por ahí.

Sobre todo, porque no me gusta alimentar las habladurías.

Vale, que no sabes nada.

¿Saber qué?

Julia está enferma.

Muy enferma.

Francisco, ya has oído a don Santiago.

Tienes que firmar debajo de tu nombre

para que la cesión sea efectiva.

¿Le importaría dejarnos a solas un momento, por favor?

Gracias.

¿Qué sucede? Ya está todo hablado. No.

Has hablado solo tú.

No sabes lo que supone para mí cederte estas acciones.

Siento una profunda culpa

por entregar a mi hija para salvar este negocio.

Ahora no puedo apartarla.

"¿Sabes por qué no le he contado nada a mi madre

sobre mi futuro enlace?".

Porque aún albergo esperanzas de que nunca se produzca.

Vas a casarte con Víctor dentro de unos meses,

tal y como está previsto.

A no ser que haya algo que lo impida.

Ya te advertí de cuáles serían las consecuencias

si te echabas atrás, ¿no las recuerdas?

Averiguaré la identidad

de ese hombre con el que pensabas fugarte.

Una vez lo haga,

se me ocurren muchas maneras de arruinarle la vida.

¿Quieres que te cuente alguna?

(NERVIOSA) Carmen tenía dudas antes del compromiso,

pero es lo normal, ¿no?

Las dudas antes de un compromiso.

Pero ¡qué sabré yo, nunca me he comprometido!

Carmen...

Voy a ser muy sincero contigo, ¿de acuerdo?

Me gustaría que tú también lo seas conmigo.

Si hay algo dentro de ti que te dice...

que no quieres seguir adelante con esta relación,

creo que es el momento perfecto para que me lo digas.

Carmen...

¿Quieres detener este compromiso?

Solo quiero saber si es cierto lo que me ha dicho Linda esta tarde.

¿Tenías dudas?

Estaba inquieta y hablé con ella.

No te he preguntado eso. ¿Tenías dudas o no?

Víctor, estaba nerviosa.

Tenía las dudas propias de cualquier mujer.

La pedida de mano es un paso muy importante.

¿Y por qué no me preguntaste a mí en lugar de a Linda?

Te habrías preocupado sin necesidad.

¿Sin necesidad? Sí.

Sin necesidad. Con Linda es más fácil,

con ella puedo pensar en voz alta,

sin medir las consecuencias de cualquier cosa que diga.

Lo que no sabes es que esa no es la única vez

que he hablado de eso con Linda.

¿A que eso no te lo ha dicho?

No.

La próxima vez que la veas, no dejes de preguntarle.

¿Para qué? A mí me basta con tu palabra.

Pocos días después, volví a verla.

Me preguntó sobre mis dudas... y yo le dije toda la verdad.

Que...

Que habían desaparecido por completo.

Y que estaba segura...

de que había hecho lo que tenía que hacer.

Carmen...

Nada me hace más feliz en mi vida que casarme contigo.

pero jamás daría un paso así a costa de tu felicidad.

Así que te vuelvo a preguntar...

Déjalo, Víctor, por favor. Carmen, Carmen...

¿Tienes alguna duda o no?

No.

¿Ninguna?

Ninguna.

(Sintonía de "Dos vidas")

"Mucho ánimo. Tus vecinos".

¿Me vas a contar lo que te pasa? ¡Mamá!

Aparte de darme un susto de muerte, nada.

No me mientas. Que no te estoy mintiendo.

¿Y esa cesta tan hortera?

¿A qué viene el regalito?

Ni idea, soy la primera sorprendida.

¿Quién te la ha enviado? Aquí pone "tus vecinos".

"Mucho ánimo". Sí.

Pero no te pasa nada. No.

Mira, hija, de verdad...

Te miro...

y no puedo entender qué es lo que he hecho

para que pierdas la confianza en mí.

Mamá... ¿En qué me he equivocado?

No sé lo que he hecho para que te alejes siempre de mí.

¿Cómo es posible que te haya perdido?

Ay, me estás un poquito de dolor de cabeza.

Ahí lo tienes. ¿Que tengo el qué?

¿Qué?

Para que lo sepas, vengo del hotel.

¿Y quieres que te dé la enhorabuena?

Julia María, no seas ahora sarcástica.

Los vecinos piensan que estás enferma.

¿Qué?

Sí, ¿o me lo cuentas tú todo...?

¿O qué pasa, que debo preguntarles a ellos?

No estoy enferma. No sé de dónde se han sacado esa idea.

Mario dice que está en boca de todo el pueblo.

Sabes que Mario es un poco exagerado, ¿no?

Lo será, pero esta vez es cierto.

Si no, mira lo que me ha pasado.

Viniendo, una señora que no conozco de nada me ha parado por la calle.

¿Y sabes lo que me ha dicho?

Que su familia está contigo, que saldrás adelante.

Pues, mamá, no estoy enferma, te lo prometo.

Mira.

Me ha dado este relicario para ti.

Bueno, dice que protege muchísimo.

La tela es del hábito de Fray Gomo de la Salina.

Por lo visto.

Recuerdas que no eres creyente, ¿verdad?

Sí, pero esto mal no te va a hacer.

La tela está chamuscada, al pobre lo quemaron,

como a San Lorenzo.

Qué se le va a hacer.

Bueno, y ahora ya...

Dime, ¿de qué enfermedad estamos hablando?

Mamá, de verdad, que no estoy enfermedad.

No me pasa nada.

Mírame, estoy bien, sana como una manzana.

¿Seguro? Que sí.

De verdad.

No sé de dónde han salido esos rumores,

pero, si estuviera enferma, ¿no serías la primera en saberlo?

Y esto... Mira, de verdad, te lo voy a dar a ti.

que creo que para los nervios te va a venir hasta bien.

Ay, hija... Qué cosas tienes.

Mamá...

¡Anda!

¿Qué pasa, que hoy no atiende nadie?

Tienes la cafetería a rebosar. -Debo limpiar todo esto.

Quien tenga prisa, ya sabe qué hacer.

-Vamos, que te has levantado con el pie izquierdo.

¿Estoy en lo cierto? -No, no estás en lo cierto.

-Si te agobia el curro, pilla manos extras.

-No es eso.

-Si quieres, después de currar, me paso.

Se me da bien estar detrás de la barra.

-Gracias, chaval, pero no. No es por el trabajo.

-¿Entonces?

-Pues entonces es cosa mía.

Es que no paro de pensar en Julia.

-¡Bah! Menuda novedad.

-Me refiero a todo eso que dicen de su salud.

-La cosa tiene fácil solución.

-Ah, cómo no.

-Hablas con ella, y aquí paz y después gloria.

Me voy a poner el café, porque si te tengo que esperar...

Anda, anda... Venga, vamos.

Vamos, venga.

-Hombre, se puede decir más elegante,

pero es que tiene razón.

-Aunque no tuviera razón, habría que dársela igual.

-Si tanto te preocupa Julia, ¿por qué no vas a ver cómo está?

-No es fácil.

-Va, Tirso... -Para mí no, niño.

Para mí no es fácil.

Solo pensar todos los días que llevo enfadado con ella...

-¿Qué?

-Que podría tener una razón de peso para no querer verme esa noche.

Ni a mí ni a nadie.

-Si no le preguntas, nunca vas a salir de dudas.

-¿Tú sabes algo de...?

¿De lo que tenga, la enfermedad es grave?

-No, yo solo sé lo que hablamos el otro día.

Que está supercansada.

Muy muy floja.

-Es que eso es raro en Julia.

-Y tan raro.

-No sé, y lo del misterio de las medicinas.

Que su madre se haya mudado a vivir con ella.

Todo encaja. -Claro que encaja.

Si es que la cosa no pinta nada bien.

-Y el otro día me la crucé por la calle

y me porté como un imbécil.

-Uy, esto tiene buena pinta.

Desarrolla, ¿cómo fue?

-Pues todo lo que le dije fue...

"hola",

"tengo muchas cosas que hacer" y "bien".

¿Qué te parece?

Hombre, cuando te cruzas con alguien en la calle

con la que tienes algo especial, es normal cagarla.

Pero ve a disculparte. Y, sobre todo, a darle tu apoyo.

Lo demás da igual.

¿Qué cómo lo ves?

¿Crees que debo quitar algún motivo de aquí?

Ni lo toques, no le sobra ni le falta nada.

¿No lo ves un poco recargado? Está como tiene que estar.

Pues nada, así se queda.

Quién nos lo iba a decir, ¿eh?

En cuanto encontremos a un distribuidor nacional,

nos hacemos de oro.

A ver, de oro es pasarse un poco, ¿no?

Claro que sí, de oro, de oro.

Yo, con sobrevivir...

¡Ay!

A ti a ponerte metas no te gana nadie.

A ver, vale, un poquito más:

que el negocio sea rentable, que no tengamos apuros...

Y que no tenga que depender ni de mi madre ni de Sergio,

que solo dependa de mi trabajo.

Yo con eso me conformo.

Chica, ¿no puedes soñar a lo grande? Que es gratis.

A ver, ¿con qué sueñas tú?

Ya te lo he dicho: nos hacemos de oro.

Y en poco tiempo tenemos un pastizal tan grande en el banco

que nunca miramos la cuenta...

Porque nos podemos comprar de todo, sea lo que sea.

Justo. Y así todo, ¿me entiendes?

Los pajaritos cantan, las nubes se levantan...

Qué animada estás tú hoy, ¿no? Bueno...

Mira, me alegro porque el otro día no daba pie con bola.

Bueno, tengo motivos para estar mejor.

¿Como cuáles?

A ver, por ejemplo, mi amiga Julia se queda en el pueblo.

Eso es muy buen motivo.

No me voy al paro. Todavía mejor.

¿Y sabes qué?

Estoy muy orgullosa de María, la verdad.

No sabes lo que me alegro de que hayáis hablado.

De que te haya contado.

¿Que me haya contado qué?

No, como has dicho que estabas orgullosa...

Es que es para estarlo, mujer.

Mira, esta mañana, nada más levantarme,

la tía había organizado la compra de la semana.

Y, encima, había aspirado el coche.

No sé si lo habías visto, estaba de mierda hasta arriba.

Y lo que más contenta me pone es que todo esto que te digo

lo ha hecho ella así, sin yo habérselo pedido.

Qué bien.

¿Por qué has dicho eso antes?

¿Qué es lo que me tiene que contar María?

Nada, a ver...

Oye, oye, no me pongas esa carilla Tú sabes algo.

Habéis hablado, y no me has dicho nada.

A ver, hablar hablar... Julia...

...tampoco.

Acabo de meter la pata hasta el fondo.

Me estás poniendo de los nervios.

A ver...

María me ha pedido...

que os dé...

dos días extras de vacaciones a cada una.

A ti y a ella.

¿Cómo?

Sí, como te lo cuento, me ha pillado con el paso cambiado.

Pero la he visto tan ilusionada que le he dicho que sí.

No me lo puedo creer. Ya.

(RIENDO) Qué fuerte.

Sí, sí.

Pues no tenía ni idea, no sabía nada.

Ya lo siento, claramente, tu hija te quería dar una sorpresa.

Y yo fastidiándola. No te tortures, no pasa nada.

No le digas nada, por favor.

Espera a que ella te lo cuente a su ritmo y como ella quiera.

Tranquila, me haré la sorprendida. Eso.

Ay, qué loca.

"Unos días de vacaciones", dice. Con todo el trabajo que tenemos.

Ya.

(TIRSO) "Julia"...

"Lo primero es que me gustaría saber si estás bien".

(NERVIOSO) No, no...

"Julia, ¿estás bien?".

Vale, sí, muy bien. Sobre todo, si no estás bien.

A ver...

"Julia, me he enterado de que estás mala

y he venido corriendo".

Esto, directamente, es ridículo.

Espabila...

"Julia, he venido porque estoy preocupado por ti".

(Móvil)

No esperaba que me llamaras hoy.

Y muchas gracias de nuevo por interesarte por nosotros.

Pero ya has visto que el aserradero está a pleno rendimiento

y no tendremos problemas para abasteceros de madera.

Bueno, da recuerdos a Olivia de mi parte.

Y dile que Patricia y yo iremos pronto a haceros una visita.

¿Y no te veremos mañana en la timba?

Te agradezco que me lo recuerdes, pero ya no estoy en esas.

Me he cortado la coleta definitivamente.

No, no. Por favor, no.

Francisco, habrá novatos con la bolsa llena.

Te espero.

(Ruido de maderos)

¡Maldita sea, Kiros, mira lo que has hecho!

¿Dónde tienes la cabeza?

Has destrozado horas de trabajo.

¿Y cree que lo he hecho a propósito?

Son mis horas de trabajo las que han caído al suelo.

Ha sido un accidente.

¿Tú quién eres para hablarme con ese tono?

Pero ten por seguro que tu salario pagará esto.

Ahora, recógelo, vamos.

¡Que lo recojas, he dicho!

-¡Kiros! ¡Kiros! Señor...

Yo me encargo de que Kiros haga lo que ha ordenado.

Déjelo de mi cuenta.

¿Se puede saber qué te pasa?

¿Quieres que don Francisco te dé una paliza?

-Déjame tranquilo.

-Sé que no estás pasando por un buen momento,

pero no te puedes tomar las cosas así.

-Déjame tranquilo, por favor. -¿Y qué quieres, eh?

¿Que te echen a la calle?

-Al menos no veré a la pareja más famosa de todo Río Muni.

-Kiros... Debes tomarte las cosas de otra forma.

Te estás haciendo daño.

-Hay cosas que no elegimos.

-Hermano...

-No puedo más, Mabalé.

-Claro que puedes, no te rindas. -No.

-Tienes que mirar adelante. -¿Y crees que no lo hago?

Pero no lo consigo.

Pues debes intentarlo con más fuerza, Kiros.

No, lo que necesito es entenderlo, Mabalé.

-¿Entender el qué, Kiros? ¿Entender el qué?

Trataste de librar una batalla que no podías ganar.

-No era así.

No iba a ser así.

Tú no lo entiendes.

Todo cambió de un día para otro.

Necesito saber por qué, porque no lo entiendo.

-Kiros, quien habla es tu resentimiento,

la rabia... -Ya no.

Al principio, estaba tan lleno de rabia

que no veía más allá.

Pero el dolor es más grande que la rabia

y es el dolor el que no me deja vivir.

-Vale, ¿y qué piensas hacer?

-Hablar con Carmen.

-Kiros, eso es lo último que te conviene.

-Pues es eso lo que voy a hacer.

-No seas bobo, Kiros.

Lo que debes hacer es olvidarte de la señorita Villanueva.

Y centrarte en tu vida, en tu trabajo, en tu gente.

-Eso ya no es posible.

O hablo con Carmen o me voy de la colonia.

No tengo más opciones, Mabalé.

(SUSPIRA) Qué calor.

He visto a Alicia, por cierto.

Estaba un poco agobiada.

¿No la estarás presionando demasiado en el trabajo?

-¿Y ese repentino interés en Alicia?

-Esa muchacha tenía encanto.

Y, de repente, parece una sombra de lo que fue.

-Ventura, me ayuda con los libros,

no creo que sea una tarea agotadora precisamente.

-Tal vez para ella sí.

Quizá debas darle más horas libres, aflojar un poco.

No te cuesta nada.

-Miraré el calendario, a ver qué puedo hacer.

-Y hay otra cosa que quiero que hagas por mí.

-¿El qué?

-Inés, por favor, deja de meterle pájaros en la cabeza.

Tiene que encontrar su propio camino.

No trabajará siempre en la librería, lo sabes.

-¿Su propio camino? -Sí

Al lado de Ángel, naturalmente.

Ya he encauzado el camino de Víctor,

ahora no permitiré que Ángel se pierda.

-(SUSPIRA) -Debes darle buenos consejos,

en la dirección adecuada, que vuelva con Ángel.

-Entiendo.

-Ella es una mujer radiante.

Conseguirá que Ángel vuelva a centrarse.

-¿Acaso lo ves descentrado?

-¿Tú no has escuchado los rumores? Se dice que tiene un amante.

Eso explicaría sus constantes retrasos

y sus ausencias inexplicables.

¿Tú qué crees? ¿Que es cierto ese rumor?

-Francamente, no.

-Ya. Tal vez solo sea una prostituta.

-¡Ventura, por favor!

Además, tal vez deberías tener esta conversación con Linda.

Sabes que no soporto alimentar los correveidile de este lugar.

¿Qué te hace tanta gracia?

Me gusta cuando sacas tu carácter.

-Es que no entiendo la fijación que te ha dado hoy con los amoríos.

Ángel y Alicia deben volver a estar juntos.

¿Queda claro? Es lo mejor para todos.

¿Qué haces aquí? ¿Ocurre algo?

-Tengo que hablar con Carmen. -La señorita no está.

Ha salido con su prometido.

¿Es algo importante?

Ven, que aquí nos pueden oír.

Kiros, últimamente estás como distraído.

Sabes que puedes hablar conmigo si lo necesitas.

-Y te lo agradezco, pero debo hablar con Carmen.

Es un asunto del taller, solo puedo consultárselo a ella.

-¿Quieres que le deje un mensaje?

-Sí, puedes hacerlo.

-Dime.

-Pero debes decirle exactamente lo mismo,

usando las mismas palabras.

¿De acuerdo?

-Haré lo que pueda.

-Dile que debo hablar con ella

sobre el último mueble que diseñamos juntos.

El mueble que íbamos a exportar. Repítemelo.

-Que quieres hablar con ella sobre el último mueble...

-Que diseñamos juntos.

-Que quieres hablar con ella

sobre el último mueble que diseñasteis juntos.

-Y que íbamos...

-Y que ibais a exportar. -Eso es.

Quiero saber si va a hacer su parte del trabajo.

Que piense en ello.

Y que estaré trabajando en la fábrica esta noche.

Dímelo entero.

-Que debes hablar con ella

sobre el último mueble que diseñasteis juntos,

el que ibais a exportar. -¿Y qué más?

-Y que quieres saber si ella hará su parte del trabajo.

Que la esperarás esta noche en la fábrica.

-Mejor imposible.

(CLOE) "Hola, ¿qué tal? ¿Cómo ha ido el reportaje?".

"¿Has terminado ya?".

"No sé, me parece raro

que no me hayas mandado ni una foto".

"Oye, me dijiste que te ibas solo unos días fuera,

así que imagino que ya estarás de vuelta, ¿no?".

"Estos días que no hemos hablado, te he echado de menos".

"Cuando te venga bien a ti, me dices".

Nada, tía, que no hay manera.

Le he enviado unos audios, y no me contesta.

Y estaba en línea, te lo juro. -Dani.

-Desde que le dije que iba a visitarlo a Madrid,

no contesta a ninguno de mis mensajes.

Pero es que todos los lee.

-A lo mejor está ocupado. -¿Me estás diciendo que en tres días

no ha tenido ni un momento para escribirme?

-Solo digo que lo mismo... -Que no, María, que no.

Me está haciendo "ghosting", eso pasa.

"Ghosting".

¿No entiendo cómo ha desaparecido de repente?

Sí, ya pienso que todo era mentira.

No, tía, no pienses en eso. Todo lo que habéis hablado,

lo que os habéis dicho, lo que habéis sentido era verdad.

¿No?

-Es que ya no lo sé.

-Claro que lo sabes.

-¿Era verdad?

-Si es que yo creo que sí.

Que sí, que era verdad.

-Pues eso no te lo quita nadie.

-Lo dices como si se hubiese acabado.

-Bueno, no quería decir eso.

-Da igual, María, si es que yo también opino

que esto ha llegado a su fin y que se ha terminado.

-Tía, no eres idiota,

si eres la chica más lista que conozco.

-¿Y si voy a Madrid y me planto por sorpresa en su trabajo?

Así, al menos, lo hablaríamos en persona.

Y que me diga si quiere dejar de hablarme

o que yo le deje de hablar.

Pero que me lo diga mirándome a los ojos.

¿O no? ¿Qué opinas?

Crees que debería dejar que me llame él, ¿no?

Si es que estoy hecha un lío.

-Creo que es mejor esperar a que te hable, y así te explica.

A lo mejor te estás montando un drama y no pasa nada.

Ten paciencia.

Seguro que al final todo se arregla.

-Siempre estás ahí.

Voy para adentro.

-Ya ves.

(Puerta)

Toma, un regalo para ti. Gracias.

¿Qué hacías?

Estaba haciendo un pastel.

Pues qué ganas, chica.

Yo, la verdad, si puedo evitarlo...

¿Y eso? Porque es todo muy engorroso.

Pudiendo ir a la pastelería, ¿no?

Los dulces me gusta hacerlos yo.

Los que venden por ahí tienen conservantes,

mejoradores, acidulantes...

Demasiada química.

Vaya, qué casualidad, ¿no?

Muchísimas gracias.

Déjalo, no te esfuerces, no pasa nada.

No, no, seguro que está buenísimo. Tiene una pinta...

Además, he hecho café.

Ah.

-Pero ¿no habíamos quedado en que ibas a ir a hablar con ella?

-No he podido aún.

-Pues entonces lo mejor es no agrandar más los rumores.

En este pueblo te acatarras

y todo el mundo se hace unas películas...

-Creo que es algo más que un rumor.

-¿Y en qué te basas para decir eso?

-Hombre, en todo lo que te hemos contado

y que, además, parece otra.

Está rarísima, no es la misma Julia.

-A lo mejor Cloe tiene razón y no esté enferma.

que esté solo preocupada.

-Además, siempre se preocupa por todo.

¿No ves que hablamos de Julia?

-Esto parece otra cosa.

Tampoco ha querido desayunar conmigo está semana.

Está claro que le pasa algo

y que necesita su tiempo... para contarlo.

-¿Habéis oído lo de Julia?

Qué fuerte, ¿no?

¿Será verdad? ¿Y por qué no nos ha dicho nada?

-Será algo muy grave y no ha querido preocuparnos.

-Preocuparnos más de lo que estamos ya.

"Elena"...

Sé que tú y yo no empezamos con buen pie,

pero voy a estar por aquí un tiempo.

Un tiempo largo.

Y no quiero que nos llevemos mal. Sé que mi hija te tiene aprecio.

Yo también prefiero que nos llevemos bien.

Este pastel tiene una pinta buenísima.

A ver... Me alegro de que te guste.

(SABOREA)

¡Riquísimo!

Sí, SÍ. Pero rico rico.

(SUSPIRA)

Dime una cosa, Elena. ¿Sí?

¿Tú sabes qué le pasa a Julia?

¿A qué te refieres?

No te hagas la tonta.

Sois uña y carne, debes saberlo. ¿Qué le pasa a mi hija?

Así que de eso va la visita, ¿no?

Tú no has venido aquí a hacer las paces conmigo.

A ti te da igual si nos llevamos bien o mal.

Has venido a sonsacarme información.

A ver, ¿qué quieres? Es mi hija.

No pienso decirte nada.

Si quieres saber algo sobre Julia, habla con ella.

Creo que tampoco es para ponerse así.

Me pongo como me pongo, estamos en mi casa

y no me gusta la gente que no va de frente.

Está bien. Siento haberte engañado.

Pero explícame qué querías que hiciese.

No engañarme, por ejemplo.

Vamos a ver, está todo el pueblo comentando

lo mal que está mi hija,

el mal aspecto que tiene,

hasta que puede estar gravemente enferma.

Pues habla con ella. Ya lo he hecho.

Y me miente, y se queda tan ancha.

Estoy que no vivo. ¿Cómo sabes que te miente?

Elena, que tú y yo somos madres, eso se sabe.

¿Qué harías tú en mi lugar

si tú te enteraras de que a tu hija le pasa algo malo

y ella no te quiere contar nada? ¿No estarías preocupada?

Claro que estaría preocupada, Diana.

Pero no estamos hablando de ti y de mí como madres,

hablamos de Julia y sus asuntos.

Y, si tiene algo que contarte, debe ser ella quien lo haga.

Si tú supieras que le pasa algo a mi hija,

tú me lo dirías, ¿verdad?

Por su bien.

Y por el tuyo. Me lo dirás, ¿a que sí?

Si le pasara algo malo, sí.

Más te vale no estar ocultándome nada.

Al final, me entero de todo.

Bueno, y ya estás hecho tú un pastel,

creo que me voy a llevar este, que tiene muchos conservantes,

mejoradores y acidulantes.

Pues me encanta esta pastelería.

(MARÍA) "¿Y por qué no vamos a hablar con ella?".

O, no sé, dejarle un detalle, para que sepa que la apoyamos.

-Ya se te han adelantado.

Alguien le ha mandado un cesto de frutas

en nombre de todos los vecinos.

-¿Un cesto de frutas? -Lo que oyes.

Y deberíamos dejar las cosas como están.

Si Julia tiene algo que contarnos, lo hará cuando le parezca oportuno.

No estoy de acuerdo. Es el momento de dar un paso adelante

y demostrarle que estamos a su lado. Si no ha dicho nada, será por miedo.

-A ver, si tan mal está, como decís,

quizá deberíamos hacerle algo que no sea mandarle frutas.

-Tenemos el bote de la colecta que hicimos para reflotar el taller.

-Es verdad.

Y habíamos quedado en hacer una reunión

para decidir en qué lo gastábamos.

¡Y nunca más se supo!

De todas formas, si es lo que queréis hacer,

gastarnos el dinero en flores y bombones,

yo no estoy de acuerdo.

-¿Quién habla de flores y bombones? Este dinero le puede venir bien

si necesita algún tratamiento especial

o lo que sea, yo qué sé.

-Se nos está yendo de las manos, es excesivo.

-A mí no me lo parece.

Y si alguien quiere poner más... -A mí ni me mires.

Ya apoquiné 20 euros en su momento,

y ahora resulta que, en vez de devolvérmelos, me pides más.

-Mira que eres rata, ¿eh?

-Gracias, chicos.

"Siempre me gustaron las paradojas,

pero era en los libros donde las encontraba".

"Nunca imaginé

que me vería en medio de una tan horrible como esta,

obligada a casarme con un hombre que no amo

para proteger al hombre que amo".

(Puerta)

Señorita, tengo un mensaje de Kiros para usted.

¿Qué? ¿Qué es?

Me ha pedido que lo repita

con las mismas palabras que ha usado él.

Quiere hablar con usted

sobre el último mueble que diseñaron juntos.

El mueble que iban a exportar.

Un mueble que diseñamos juntos.

Sí, eso me ha dicho.

Quiere saber si usted va a hacer su parte del trabajo.

Y me ha dicho que la espera esta noche, en la fábrica.

¿Quiere que le diga algo de su parte?

Sí.

Dile que no me va a ser posible ir esta noche.

Señorita, creo que debería ir.

¿Y por qué?

Conozco a Kiros desde hace muchos años,

es como un hermano para mí,

y nunca lo había visto así, tan nervioso.

Creo que debería sacar tiempo para verlo.

Debe de ser muy importante lo que le quiere decir.

No lo sé.

No sé si es buena idea implicar a Alicia en algo así.

Y menos después de lo que le hemos hecho sufrir.

-¿Y qué más podemos hacer? -No lo sé, déjame pensarlo.

-La vigilancia de Patricia nos está asfixiando.

-¿Crees que sospecha algo más?

-Ya no sé qué creer.

Pero, si no obedecemos a Ventura,

terminará hablando con Patricia,

y alguno de los dos acabará descubriéndonos.

-Me siento cada vez más acorralado.

-Solo vemos un modo de aplacar las sospechas de tu madre.

-Y es que Alicia y yo reanudemos la relación, ya.

-Sé que es un arreglo extraño,

pero, tal vez, si hablamos con ella, no sé,

ella acepte.

-Es cierto que tenemos confianza con Alicia, pero...

Pero pedirle algo así...

-A lo mejor podemos ofrecerle una recompensación económica.

No sé, una paga extra en su sueldo o algo así.

-No, no creo que eso cambie las cosas, Inés.

-No va a cambiar nada en absoluto. -¿Alicia?

-No pienso hacer eso.

-Alicia...

-Siento haberos sorprendido.

-¿Has escuchado lo que hemos dicho?

-Sí, lo he escuchado. Y no pienso prestarme a algo así.

-Por favor, te pido que lo reconsideres...

-No.

-Alicia...

Dijiste que nos merecíamos ser felices.

-No a mi costa, doña Inés.

No sé cómo se atreve a pedirme algo tan indecoroso.

-No sé.

Piénsatelo.

-No, no tengo nada que pensar.

Yo me tomo por una mujer decente. Lo que me está pidiendo

no es distinto de lo que hacen las "miningas".

-Déjame, yo me encargo. -(SUSPIRA)

-Hablaré con ella.

¿Qué haces por aquí a estas horas?

No tendrás un amante secreto, ¿no?

No me mires así, es broma.

Me habías asustado.

Perdóname, no era mi intención.

Quería dar un paseo bajo la luz de la luna.

Una idea maravillosa:

pasear del brazo de mi prometida mirando el cielo.

A veces me gusta pasear en silencio.

Puedo ser una tumba si me lo propongo.

Pasear sola, quería decir.

Empiezo a pensar que te estoy importunando.

No, no, Víctor, no es eso.

No es eso, pero...

Aunque sea tu prometida,

no quiero que me veas como un objeto de tu propiedad.

Soy independiente, y, si no estaba bien claro,

me gustaría que lo estuviese a partir de ahora.

Eso ya lo sé. Sé cómo eres y no quiero que cambies.

Eso es mucho más fácil decirlo que cumplirlo.

Pero vosotros, los hombres, tenéis algo que os empuja

a querer tener sujetas a las mujeres.

Carmen, que yo no quiero eso para ti.

¿No? No.

¿Y qué haces en la puerta de mi casa

a estas horas de la noche?

Yo...

Yo he venido a traerte esto.

Ábrelo.

Es del mejor encuadernador de la colonia.

Le pedí que pusiera algo en la primera página.

Es una dedicatoria para tu tata,

a modo de "ex libris".

Si te gusta, puedo pedir que lo conviertan en un sello.

Así, cada vez que escribas tus pensamientos en el libro,

será como susurrárselo al oído a ella.

Esa era mi idea.

No sabes cómo me siento ahora mismo.

Es un regalo maravilloso.

Me alegra mucho haber acertado.

¿Sigues queriendo ir a pasear sola?

Enoa... ¿Qué haces aquí?

-Yo quería avisarte.

-¿Avisarme de qué? ¿Le diste mi mensaje a Carmen?

-Palabra por palabra, como me dijiste.

-¿Y dónde está ella? Llevo aquí un rato esperando.

¿Te dijo que vendría?

-Me dijo que no iba a poder ser.

Pero no parecía muy convencida.

Yo tenía la esperanza de que cambiase de opinión.

Le dije lo importante que me parecía para ti.

-¿Y eso es todo?

¿No te dio una respuesta para mí?

Al menos una excusa para no presentarse.

-Según me ha dicho una sirvienta, la señorita salía de casa

cuando se cruzó con el señor Víctor, ya en la calle.

Pero eso es todo lo que puedo decirle.

-Si ella no quiere venir, iré en su busca.

-¿Me parece apropiado molestarla a estas horas?

Ella ya ha tomado la decisión de no acudir.

Parece que no le da tanta importancia como tú

a este asunto.

-Ese es el problema.

El problema que debemos tratar le atañe tanto como a mí.

-¿Y quién eres tú para decir algo así?

Por muy buena que sea nuestra relación con la señorita,

no debemos de olvidar cuál es nuestro sitio.

-Sé cuál es mi sitio, y no es el de un tonto

que espera a que ella se digne a hablar conmigo.

-Kiros, me parece muy bien que te tomes en serio tu trabajo,

pero la señorita es tu jefa.

Si ella considera que este asunto puede esperar hasta mañana,

tu deber es acatarlo. ¿No crees?

-Tienes razón, la señorita Carmen es quien manda.

Anda, ¿y todo esto?

El pueblo, que como piensan que estoy gravísima,

esta mañana me han traído una cesta de frutas,

y ahora me han llenado la casa de flores, ¿qué te parece?

Bueno, eso que te llevas.

No deja de ser un gesto bonito, ¿no?

Pues sí, en cuanto sepan que no estoy muriéndome,

que solo estoy embarazada, no me van a dar ni los buenos días.

Embarazada, Elena.

Me cuesta hasta decirlo.

Todavía no me hago a la idea.

(SUSPIRA)

Julia, ya que sacas el tema,

tu madre me ha puesto la cabeza como un bombo.

Me ha agarrado por banda,

y, venga, menudo interrogatorio, maja.

Me lo puedo imaginar.

Ojo, que yo la entiendo.

Que ve como todo el pueblo habla de ti,

que pareces una "celebrity".

Y encima todos dan por hecho que estás a esto de estirar la pata.

La pobre está en un sinvivir.

¿A quién se le ocurriría lo del rumor este?

Pues a quién va a ser, a Ribero.

No.

Si dijiste que no iba a sacar ninguna conclusión.

Hombre, visto lo visto...

Pobrecito mío.

Seguro que lo ha hecho con buena intención.

Seguro, pero la que ha liado parda, ¿eh?

Bueno, no pasa nada, los rumores como vienen se van.

O no.

Mejor pararlo ahora, Julia, de verdad.

Igual, a la mínima que te descuides, te tienen preparado el velatorio.

Que no sería la primera vez,

Vaya ánimos.

Tú hazme caso.

Solo hay una forma de que la gente se tranquilice con este tema.

Te cuentes la verdad.

No, ni hablar, es una cosa íntima.

No tengo por qué contárselo a todo el pueblo.

Vale, no lo compartas con todos, pero a tu madre cuéntaselo.

No sé, no lo veo.

Mira, la gente que piense lo que quiera, allá ellos.

pero, decírselo a tu madre, es bueno para ella y para ti.

Julia, vas a necesitar ayuda. Bueno, pero te tengo a ti.

Pues claro que me tienes.

Y yo te voy a ayudar en todo lo que necesites,

pero tu madre está muy preocupada.

Elena, mi madre no está preocupada, es preocupada.

Especialmente conmigo.

En este caso, como una madre...

Si ya lo sé,

si contaría con mi madre si no tuviera la madre que tengo.

Tendrá cosas buenas, ¿no?

Has visto cómo se ha comportado con todo este tema del taller

durante estos meses, ¿no?

Y has visto cómo ha estado mientras ha vivido en mi casa.

Imagínate si le cuento que estoy embarazada.

Me entiendes, ¿no?

Pues no del todo, la verdad.

Vamos, que a ti te da igual

que mi vida se vaya a convertir en un infierno, ¿no?

Es tu madre, tienes que contárselo, y punto.

Se supone que no sé nada.

-No lo pillo.

-Me refiero a tu secreto.

Se supone que no sé nada y que debo disimular.

Pero, si no lo hablo contigo, reviento, hija.

Qué calladito te lo tenías, ¿no?

-¿Qué calladito me tenía el qué?

-Venga, no te hagas la tonta.

Esta mañana he hablado con Julia y me lo ha contado todo.

A ver, entiendo que quisieras darme una sorpresa,

pero estas cosas es mejor hablarlas,

discutirlas juntas, ¿no?

-Mamá, no sabía que... -(CHISTA) No te justifiques.

No hace falta.

El destino lo eliges tú.

-El destino.

-El del viaje, hija.

Puedes elegir el destino que más te guste.

Para mí ya es suficiente regalo

que quieras irte conmigo de vacaciones.

-¿De vacaciones?

-Julia me ha contado que le has pedido unos días libres.

Claro, ella pensaba que yo estaba en el ajo.

Cuando ha visto que no, se ha sentido fatal. Pobre.

-Sí, pobre. -¿Verdad?

No le digas nada, le he prometido que me haría la sorprendida contigo.

-Rápido te has ido de la lengua.

-¿Qué quieres? ¡Es la ilusión!

No le digas nada, no quiero que se sienta mal.

-Tranqui, tranqui.

-Bueno, pues nada, vete pensando adónde vamos.

Y con qué dinero.

-Claro.

-Mañana me cuentas. Me voy, que estoy reventada.

Tienes croquetas en la nevera, ¿vale?

(GRITA Y RÍE)

¡Ay, buenas noches!

Buenas noches, mamá. Julia...

¿No tienes nada que decirme?

Pues no. Pero, bueno...

Si quieres, te cuento mi día.

Cuéntame el tuyo. ¿Qué tal?

¿Has cenado? ¡Julia María!

Deja de tomarme el pelo y habla de una vez.

Es que no tengo nada que contarte.

Te he dicho mil veces

que no hagas caso de las habladurías.

Habladurías, sí.

Que no estoy enferma, de verdad, mamá.

Deja de interrogarme.

Parece que tengo 13 años

y que acabas de encontrarme un paquete de tabaco en la mochila.

No, no estaba en ninguna mochila.

¿Qué? Que no es tabaco.

Mamá, ¿qué sabes? No me gustan las adivinanzas.

¿De qué estás hablando?

De esto.

¿Quiere decir... lo que creo que quiere decir?

¿Julia?

Sí.

Estoy embarazada.

Que a Julia no le pasa nada.

A ver, sí le pasa, pero no es nada malo.

Que no está enferma, vamos.

-¿Y entonces qué es?

"Dime que es de Sergio",

que no has cometido ninguna locura con cualquier desnortado.

-Necesito pedirte perdón por mi enorme torpeza.

Jamás quisimos ofenderte, Alicia.

¿Cómo le voy a decir algo si aún no lo he asimilado?

Hija mía, que te conozco,

como esperemos a que lo asimiles,

se lo vas a contar cuando la criatura

haga la primera comunión.

Enciéndeme, mamá, no es fácil. Es que ni siquiera estamos juntos.

Tengo entendido que usted hace unos días

encontró una prenda de mujer en el maletín de Ángel.

Una prenda íntima.

-Así es.

Sí, una media.

Lo que quiero deciros es que los rumores son falsos

y que estoy perfectamente de salud.

Sabéis cuál es la primera fase

cuando te diagnostican una enfermedad grave, ¿no?

-No.

-La negación.

Augusto Azpeitia, organiza una partida esta tarde.

¿Sabes si ha comenzado?

Desearía muchísimo haberme equivocado, Francisco.

Lo tengo merecido, Dios.

Tanto bailecito aquí,

con la linterna para arriba y para abajo,

tú lo único que quieres es cotillear.

Eso es lo que a mí me quita el sueño,

descubrir que misterios oscuros se esconden entre estas paredes.

¿Comprendes ahora

que la única manera de labrarnos un futuro

es dejando la mayoría de ese accionariado en mi poder?

Lo comprendes, ¿verdad? Claro que lo comprendo.

Pero ¿qué será del futuro de mi hija?

Aquí está.

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Dos vidas - Capítulo 69

03 may 2021

El empeño de Julia en ocultar su embarazo a todos, también a su madre, desencadena el rumor de que lo que le ocurre es que padece alguna gravísima enfermedad. Tirso quiere averiguar qué hay de cierto en el rumor y se decide a ir a ver a Julia. Un malentendido hace que Julia esté a punto de traicionar el secreto de María ante Elena. En Río Muni, al saber por Linda de las dudas de Carmen sobre el plan de casarse con Víctor, el propio Víctor interroga a Carmen; quiere saber la verdad. Está dispuesto a cancelar la boda si ella no está segura de quererle. Inés y Ángel, cada vez más urgidos por la vigilancia de Patricia, urden un plan para tranquilizarla. Pero, para poder llevarlo a cabo, necesitan la ayuda de la despechada Alicia.

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