Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 61 - Ver ahora
Transcripción completa

La viuda de Maqueda nos ha confesado a Carmen y a mí

que cerraste un trato con él,

que le ofreciste una importante suma a cambio de provocar el incendio.

He despedido a Ribero.

No he vendido ni un mueble y he tenido que recortar gastos.

Y encima, Elena no ha visto bien el despido, hemos discutido

y ella también ha dimitido también.

Francisco, voy a salvar una vez más a esta familia del escándalo,

pero tú y yo hablaremos largo y tendido,

porque esto no va a quedar así.

(GRITA)

"Está claro que a ti no he salido".

"No, porque tú salvas vidas, tú eres una salvadora".

"Y yo soy incapaz de sacar ni una sola pyme adelante,"

¡Nunca seré cómo tú!

El expediente del incendio de la fábrica se ha cerrado

como un trágico accidente provocado por el fallo de un generador.

Eso no es verdad.

Por mucho que desaprobemos lo que ha hecho tu padre,

y lo desaprobamos las dos, es mejor que nadie sepa nada.

Quiero saber cómo habéis conseguido sacar a Mabalé de la cárcel.

He tenido que pedir uno de los favores más grandes de mi vida.

Y algún día, tú tendrás que devolvérmelo.

Te puede interesar hacer negocios con ella.

Es más, seguro que sus muebles se venderán muy bien en tu tienda.

Hiciste todo esto para cobrar un seguro.

Lo hice porque estoy arruinado.

Debo mucho dinero.

¿Julia?

Julia. Sí.

¿De qué estás hablando?

Hablo de algo que pueda aliviar

el peso de la deuda, incluso... de hacerla desaparecer.

Casarte con Víctor Vélez de Guevara.

Lo siento, Carmen.

Tu matrimonio con Víctor es lo único que puede salvar

nuestro negocio y nuestra familia.

No te haces una idea de lo que hay en juego.

¿Lo dices en serio?

Es...

el miedo y los nervios, ¿están hablando por ti?

No.

Ventura me prestó dinero,

una cantidad muy elevada

que no hemos sido incapaces de devolver.

A eso también se suman los problemas con Mateo,

y los gastos del incendio...

¿Qué me quieres decir?

Que no podemos permitirnos que Ventura nos reclame la deuda.

Lo necesitamos de nuestro lado.

Y solo será así, si... aceptas casarte con Víctor.

Lo siento mucho, hija.

Jamás te pediría algo así de haber otra opción.

Pero si no resolvemos nuestros problemas económicos,

las consecuencias serán terribles. ¿"Nuestros problemas económicos"?

Dirás los que has provocado tú con tus malas gestiones,

tus partidas de cartas y tus delitos.

Todo eso quedó atrás, hija.

Quiero hacerlo bien. Contigo, con Patricia...

Quiero ser un buen padre

y mantener unida a la familia. pero para eso, te necesito.

No.

No pienso anteponer tu negocio a mi felicidad.

No amo a Víctor. Por favor, hija.

El amor llegará... después.

Tienes que ver el lado bueno de todo este asunto,

Víctor es un buen muchacho y últimamente está enmendándose.

¡Sé perfectamente cómo es Víctor!

¡No tengo queja de él, pero eso no significa que quiera ser su esposa!

No es necesario que os caséis ahora,

podréis seguir conociéndoos, y, mientras tanto,

vuelves a la fábrica a trabajar.

Claro que volveré a trabajar en la fábrica, hoy mismo.

No.

Lo siento.

Pero...

No lo harás hasta que no aceptes mi propuesta.

Y ahora me chantajeas.

Por favor, hija, entiéndelo, por favor.

Dios, esto tendría que haber sido de otra manera...

Tú ya lo tenías decidido, ¿verdad?

Por eso me pediste que me quedara,

por eso no pusiste ningún problema cuando me instalé en su casa.

Todo formaba parte de tu plan.

Contéstame.

Dices querer ser un buen padre,

pero ¿qué padre entrega a su hija como si fuese una mercancía?

¿Esto es lo que valgo?

Me has puesto precio.

No digas eso, por favor...

(GRITA) ¿Y qué quieres que diga?

Me has hecho ver que para ti solo soy un negocio más.

No, no, no, yo no he dicho eso.

Todo lo que hago, lo hago por ti, sí,

para que tengas una vida mejor.

No seas hipócrita.

Lo haces para que tú y Patricia tengáis mejor vuestra vida, no yo.

Creía que eras un buen hombre,

pero empiezo a ver cómo eres realmente.

Y lo siento, pero yo no me voy a casar con Víctor.

(Sintonía de "Dos vidas")

¡Ah!

-Alicia...

Escucha un momento. -Deja que te expliquemos...

-Escucha un momento, te puedo explicar...

Por favor, Alicia, escúchanos un momento.

-Tranquila. Alicia, por favor.

Alicia, espera un momento, Alicia...

¡Déjame! -Tienes que escucharnos.

Lo que has visto... No, por favor.

Alicia, espera.

Tienes que evitar que hable, si llegara a hablar...

Lo sé, lo sé.

¿Ahora me espías?

Dicen que es suspicaz el que tiene algo que ocultar.

¿Crees que tienen razón?

Tenemos una conversación pendiente, no sé si lo recuerdas.

¿Y tiene que ser precisamente ahora?

Mira, mi paciencia ya ha llegado a un límite:

te pregunté si tenías algo que ver con el incendio,

me miraste a los ojos y me mentiste.

Te pregunto y me mientes, te vuelvo a preguntar y me mientes.

¿Hasta cuándo vamos a jugar a este maldito juego, eternamente?

Patricia, no tengo fuerzas para aguantar otra reprimenda.

¿Perdona?

¿He oído bien?

¿Cuándo vas a comportarte como el hombre que dices ser?

Una vez más te he salvado el pellejo.

De no ser por mí, tu hija te habría delatado

por estar involucrado en el incendio de nuestra fábrica.

Ahora mismo estarías pudriéndote en la cárcel.

Me debes la vida, Francisco Villanueva.

Así que vas a sentarte en ese sillón

y me vas a contar palabra por palabra

todo lo que ha pasado sin dejarte ni un detalle, ¿estamos?

(Puerta)

No quiero ver a nadie.

Señorita, vengo a traerle algo para comer.

Perdona, pensaba que era mi padre, o Patricia.

¿Está todo bien? No.

Nada está bien en esta colonia. A veces, desearía no haber venido.

Un mal día, lo tenemos todos, pero seguro que pasará.

Te agradezco mucho tus palabras, Enoa,

pero lo que me ocurre no es algo que se desvanezca

de la noche a la mañana.

Su tata era alguien con luz.

Lo era.

La echa mucho en falta, ¿verdad?

No sabes cuánto.

Y más hoy.

Me pregunto qué me diría

si supiera todo lo que me está pasando.

Necesito tanto su consejo.

Mi abuela murió hace ya dos años.

No me lo habías dicho, lo siento mucho.

No lo haga.

Los Fang somos como ustedes, los cristianos:

creemos que los que se van y nos quieren,

siguen velando por los que nos quedamos desde el Más Allá.

Sobre todo, en los días oscuros, como los suyos.

Tal vez, si escribe usted en su cuaderno unas palabras para su tata,

ella pueda mostrarse a su lado y darle el alivio que necesita.

Es muy bonito.

Enoa, gracias por el consejo. No hay de qué.

Si no me requiere para nada más...

Si, puedes irte.

Tata, te escribo porque estoy perdida.

Si estuvieras aquí, ya me habrías reconfortado con tu desparpajo,

con tu capacidad para relativizar y sacarme una sonrisa,

pero, sobre todo, estarías arrojando luz sobre lo que siento.

Gracias, tata. Gracias por estar siempre conmigo.

Adelante.

Quiero saber para qué querías el dinero de la póliza del seguro,

porque hay algo que no me cuadra, Francisco.

Se supone que habíamos resuelto los problemas con los transportistas.

¿Qué sucede ahora, qué ha pasado?

¿Has vuelto a jugar? ¿Es eso? No, te juro que no.

Solo le debo dinero a Mateo.

Mateo cobró un pagaré que yo misa ingresé en el banco.

He ido a comprobarlo.

¡Pues ahora quiere más! ¿Por qué?

Está enfadado con nosotros porque...

dejamos de trabajar con él.

Nos están extorsionando.

Sin ir más lejos, la otra noche fue a la fábrica

y amenazó a Carmen.

Francisco, nosotros no deberíamos mostrar miedo.

Eso sería sentar un precedente muy peligroso.

Tenemos que mantenernos firmes, que nos vean poderosos.

Ese hombre es una amenaza. Sería capaz de cualquier cosa.

Le daremos su dinero ¡y ya está!

¿Y qué te hace pensar que va a ceder?

¿Cómo sabes que no seguirá pidiendo más y más dinero?

¿Esa es tu manera de hacerte valer como empresario,

ceder ante chantajes? No quieres entenderlo, ¿verdad?

No temo por mi vida, sino por la tuya,

la de Carmen, la de Ángel.

Si les damos lo que nos pide,

nos dejarán en paz.

¿Cuándo has llegado a volverte tan débil?

Aún recuerdo la primera vez que te vi entrar en el Río Club,

tan erguido, tan apuesto,

tan seguro de ti mismo.

Y ahora, mírate.

Lo que tú ves como debilidad, yo lo veo como cautela.

Si te he mentido, ha sido para protegerte.

Ya te advertí de lo que pasaría si volvías a mentirme,

si volvías a cometer errores...

Y yo, a diferencia de ti, sí que cumplo mi palabra.

Dios... Te juro que todo saldrá bien, Patricia.

He adelantado nuestro plan

y le he dicho a Carmen que debe casarse con Víctor.

Dame una sorpresa y dime que tu pequeña ha accedido.

No. No lo ha hecho. Pero le haré que entre en razón.

De nuevo, me obligas a asumir el mando.

¿Y sabes por qué lo hago?

Porque en el fondo, me quieres,

y porque sabes que yo daría la vida por ti.

Francisco, si es dinero lo que necesitamos,

lo conseguiré yo por mis propios medios.

Porque si tengo que dejarlo todo

en las arbitrarias decisiones de tu hija Carmen

y en tu pobre autoridad como padre, jamás saldremos de esta.

Pero te advierto que esto me lo vas a recompensar

de una u otra manera.

Ay, perdonad el desastre.

Julia, ella es Leticia. Te hablé de ella, ¿recuerdas?

Es la dueña de "Thirty home", la tienda de muebles.

Claro, claro, te conozco. Encantada.

Perdón.

Quería que os conocierais, pero mejor volvemos en otro momento.

No, me va bien. Ya que estoy, pues...

Ando algo liada, pero prefiero acabar ya.

Ha debido pasar un huracán por aquí.

He tenido un ligero problema de...

Un problemilla.

Ya veo el problemilla.

¿Qué narices ha pasado? Es muy largo de explicar ahora.

¿Aquí tienes toda la producción?

No. Sí.

No. Quiero decir, como este espacio es pequeño, decidí...

que iba a descentralizarlo todo

y a colaborar con otros talleres del pueblo,

y así trabajamos todos juntos.

¿Y eres la única dueña?

Sí, soy yo.

Las buenas decisiones y las malas las tomo solo yo.

Este me parece muy distinto a los demás.

¿Lo has pintado tú? Sí.

Esta noche, con las pinturas que tenía por ahí.

Es una nueva línea que estoy probando...

Lo que quiere decir es que le faltan unos retoques.

Julia es muy perfeccionista.

Si quieres, cuando lo remate, vuelves.

No le hacen falta retoques.

Enhorabuena.

Enhorabuena, Julia.

Esta pieza tiene alma.

Es verdad que esto es un caos, sí, pero tú eres una artista.

Ay, muchas gracias.

A ver, artista no, que acabo de empezar...

No te quites mérito.

Llevo tiempo en esto y sé de lo que hablo.

Si te apetece, me gustaría tener una reunión

y ver de qué manera podemos colaborar.

¿Te viene bien mañana? ¿Mañana?

Sí, aquí mismo. Cierro la tienda y vengo.

Me va fenomenal.

Estupendo.

Te acompaño al coche.

Sí.

Venga, ya estoy con vosotros.

Uno con leche por aquí y un cortadito.

Muchas gracias. -A vosotros.

Niño, ¿te lo caliento? Se te habrá quedado helado.

No. Me imagino que es con hielo y ya está.

Venga, que no se diga, eres Ribero, la alegría de Robledillo.

Pues ahora soy Ribero,, el penurias de Robledillo.

¿Es por el despido o por la ruptura?

No lo sé, en poco tiempo me han echado del trabajo

y del amor.

Lo superarás.

Conocerás a otra chica con la que ilusionarte.

No lo creo.

Yo sí lo creo.

¿Me pones un zumo y una tostada?

Marchando.

¿Me puedo sentar aquí?

Sí, claro, los sofás no tienen nombre.

Me he enterado de la movida del taller. ¿Cómo lo llevas?

Creía que lo iba a llevar mejor,

pero mucho tiempo libre y pocas cosas que hacer

son mala mezcla.

Julia lo ha hecho como el culo.

¿En qué estaba pensando para echar a uno de sus mejores trabajadores?

Que digo uno, al mejor trabajador.

Gracias.

No, es la verdad. No es peloteo. Te lo juro.

Pues gracias otra vez.

Oye, ¿y por qué no vuelves a hacer chapuzas con tu padre?

No, no, no me apetece nada.

Después de haber estado trabajando a mi bola,

sería dar un paso atrás.

Si puedo evitarlo, mejor.

Bueno, ahora que tienes experiencia en un taller de muebles,

podrías mandar currículos a fábricas de muebles.

Sí, eso sí, he ampliado mi horizonte laboral.

En serio, Guille, inténtalo.

Además, Julia te puede hacer una buena recomendación.

Te puedo ayudar con el currículum. -No hace falta, yo me apaño.

Mira, Ribe, siento que estés pasando por esto ahora que...

¿Ahora? -tú y yo...

Bueno, que lo nuestro no había salido bien.

Eh, tranquila, que yo de lo nuestro estoy bien.

¿Seguro?

Seguro. No te vengas arriba, que casi no pienso en ti.

Bueno, miento,

cada vez que me como una tortilla sin cebolla

pienso en las que me comí con cebolla por amor.

(RÍE) Perdona que me ría.

Lo que has dicho es muy gracioso.

Mira, a lo mejor ahí es donde tengo futuro, en la comedia.

Pues mira...

¿Algo más, parejita?

Perdón, la costumbre.

No pasa nada.

Pues mira sí, te invito a desayunar.

¿Qué dices de invitarme? Si estás en paro.

Te invito yo.

Por favor, Tirso, póngale al caballero lo que quiera.

¿Qué quiere el caballero? -Unas tostadas también.

Ahora mismo.

(Puerta)

(ELENA) María, ¿me abres?

Sí.

Venga, cariño, que voy cargada. -Voy.

Hija, que no tengo toda la mañana.

María, lo del pestillo tampoco puede servir

para que me tengas en la puerta esperando como una tonta.

Ya, es que estaba en mitad de una partida

y si me levantaba a medias, pues "game over."

Ya.

¿Qué estabas haciendo? -Jugar una partida.

¿Con la consola apagada?

¿En el ordenador?

Ya.

Por eso lo has cerrado, claro.

Es un acto reflejo, lo cierro siempre, mamá.

Además, no me interrogues. ¿Qué eres, poli?

Ya sé lo que estabas haciendo.

¿Estabas viendo porno?

¡No, claro que no! -Oye, que no pasa nada,

que es normal, yo a tu edad tenía curiosidad.

¡Calla! -Perdona.

Ya sé que eres adulta,

pero a lo mejor, cuando hablamos de sexo en su momento,

no te dije mucho sobre relaciones...

sobre... -Ni quiero saberlo.

Relaciones entre mujeres, hija, pero no estoy yo muy puesta.

Puedo enterarme. Podemos enterarnos juntas.

¿Qué dices, qué dices? No, que no, que no.

Ya me quedó todo clarísimo.

Si tienes alguna pregunta más, podemos hablar abiertamente.

Que no. Y no estaba viendo porno, estaba jugando una partida.

Y quiero terminarla, venga.

¿Seguro que no me quieres contar nada?

Que no. -Te noto muy rara últimamente, hija.

No hay nada de lo que hablar. No me agobies más. Fuera, pesada.

Sí, te prometo que ha sido como una crisis,

no sé, crisis catártica. (RÍE)

No te rías, que te lo digo en serio.

Estaba fatal, Sergio.

Ha sido verlo todo así, de pronto, roto.

Y... lo he visto claro.

Y te voy a decir una palabra que me horroriza: "fluir".

Sergio, es que todo fluía, te lo prometo.

Ha sido como si una musa me hubiese visitado.

¿"Una musa"? Sí.

Sí, yo creo que ha sido mi abuela,

que me ha dado una señal: la nueva línea de muebles

no pasa por reducir costes ni renunciar a mi idea inicial,

para por llevar proyecto a fondo y seguir creciendo.

¿Estoy diciendo muchas tonterías?

No, al contario. Y me alegra verte así.

Aunque te veo algo mística con lo de lo de fluir, la musa...

Creo que se te ha subido a la cabeza

que Leticia te llamara "artista".

Ay, no me hagas reír, que me duele la cabeza.

El café no te va a quitar esa resaca.

¿Se me notaba mucho antes?

No.

Mientes fatal, ¿eh?

Había una botella de vino vacía en el suelo, Julia...

Qué bochorno, menos mal que ha salido todo bien.

Anda, come.

No tengo hambre. Qué asco.

Oye, pero lo de la reunión bien, ¿no?

Quiero decir, ¿cómo lo ves?

Sí, pero con calma, que te veo venir.

Aún tienes que saber qué quiere proponerte y si te cuadra.

Ya. Pero me cuesta tanto contenerme...

Estoy tan segura de que Leticia me va a ofrecer algo interesante...

¿No lo viste en sus ojos? ¿Viste cómo miraba el mueble?

Yo creo que se ha ido encantada, de verdad.

Sí, lo ha hecho.

Esta mujer tiene una de las mejores tiendas de muebles de Madrid

y se las sabe todas.

¿Cuánto de importante es su tienda? Del uno al diez.

Doce.

Leticia es mi salvadora, de verdad.

Si consigo cerrar un contrato con ella,

va a ser "adiós" a la deuda con mi madre

y "hola" a mi independencia.

Y todo ha sido gracias a ti.

Sí, gracias por insistir,

por traer a Leticia

y por no rendirte cuando yo lo había hecho.

No he sido el único que te ha apoyado, también lo ha hecho Tirso.

¿Tirso? Sí, Tirso, y tus trabajadores.

Todos creían en tu proyecto.

Es más, lo siguen haciendo.

No me digas eso, que me siento culpable.

No lo digo para que te sientas culpable,

sino para que sepas a quién tienes a tu lado y con quién puedes contar.

He metido la pata hasta el fondo.

No te voy a decir que no.

¿Crees que debo hablar con Elena y Ribero?

Sí.

Vale.

Mabalé,

perdona que te moleste.

Pero ¿podemos hablar?

¿Cómo estás?

Bien, gracias.

Me gustaría disculparme por haberte metido en todo este asunto.

Se lo agradezco, pero tengo que volver al trabajo.

Espera. Por favor, no te vayas.

Entiendo que me odies

por el sufrimiento que te haya causado mi testimonio.

Me vi acorralada por mi padre

y no me quedó más remedio que contarle lo que pasó.

No sé, nunca quise inculparte.

Ya le he dicho que acepto sus disculpas.

Y supongo que... estamos en paz.

¿"Estamos en paz"?

Sé que ha tenido algo que ver con que me hayan soltado,

me lo dijo Kiros.

No podía dejar que pagaras tú

cuando eras inocente.

Por eso estamos en paz.

Pero tampoco puedo agradecerle que me sacara

de donde usted misma me metió.

Kiros nunca debió invitarla a nuestro ritual.

¿Y... quién te habría sacado del fuego entonces?

He de reconocerle su valentía.

Pero sigues pensando que no debería haber acudido.

Eso he dicho.

Y ahora, si me disculpa, tengo que volver a mi trabajo.

¿Por qué te comportas así conmigo?

¿Cómo me comporto? Siempre he sido respetuoso con usted.

Sí, pero no me refiero a eso,

¿por qué siempre mantienes tanto las distancias conmigo?

Señorita, ¿oye esa palabra: "señorita"?

La manera que tengo de llamarla no va a cambiar nunca.

Y supongo, que usted nunca me llamará "señor".

Por mucho que compartamos lugar de trabajo

o una conversación como esta,

nunca seremos iguales.

Si te refieres a privilegios, sí,

sé que soy una privilegiada por ser blanca.

Pero yo también sufro las normas e imposiciones de la sociedad,

de la ley, incluso de mi propia familia.

Y créeme, ser mujer, por muy blanca y de buena familia que sea,

tampoco es fácil.

No te pido que olvides el color de nuestras pieles,

ni que te pongas en mi lugar,

sí, sé que soy más privilegiada que tú,

solo quiero que nos des la oportunidad de empezar de cero.

¿Quiere ser mi amiga?

Pues me conformo con que dejes de considerarme tu enemiga.

Me alegra saber que no es solo una mujer con valentía,

sino también, con inteligencia.

Me gusta rodearme de ese tipo de personas.

¿Eso quiere decir que estamos ante un nuevo comienzo?

Tal vez.

Me basta con eso.

Espero que...

sepa bien las consecuencias que tienen sus actos.

Entiendo sus dudas, pero esta edición es la más bonita.

¿Qué me dice?

Buenas, Ángel. Has tardado mucho en volver a por tu ejemplar.

He tenido una tarde complicada, pero ha sido en balde.

Se los puede llevar a casa y allí decide.

Buenas tardes. -Buenas tardes.

¿Has hablado con ella? -No la he encontrado.

La he buscado en el club, en la plaza, en la biblioteca...

Nada, se la ha tragado la tierra. -¿Cómo no va a estar?

En algún lado debe estar. ¿Y en su casa?

-Sí, y su madre tampoco sabe dónde estaba.

-¿Crees que sabrá algo?

-No. Le he preguntado y parecía no sospechar nada.

-Esa es buena señal. -¿Buena señal?

¿Sabes lo que pasará si Ventura...? -Por favor, tranquilízate.

-Inés, debemos encontrarla ya

y asegurarnos de que no ha dicho nada.

¿Tienes alguna idea de dónde puede estar?

-No, no, Alicia es una buena chica.

La conozco, y sé que está aturdida y necesita tiempo para pensar.

Ponte en su lugar, la pobrecilla...

está ahora paseando por ahí,

intentando sobrellevar toda la situación.

-Estás siendo optimista. No tiene sentido.

-Por favor, confía en mí.

Cuando decidimos continuar con nuestro amor,

sabíamos que esto podía pasar.

Juntos podemos sobrellevar esta situación.

Pero debemos estar unidos.

-De acuerdo.

Es como si no hubiera pasado nada.

Todo parece haber vuelto a la normalidad.

Casi no me miran mal.

El tiempo lo cura todo.

Desearía poder acelerar las manecillas de los relojes.

¿Por qué dice eso?

Después de todo lo sucedido,

mi padre no me deja volver aquí por un tiempo.

¿Y qué hace aquí, entonces?

Debería marcharse

si no quiere enfadar a don Francisco.

Solo quería saber cómo estabas.

Estoy bien.

Y también quería darle las gracias por haber cumplido con su palabra

y haber sacado a Mabalé de la cárcel.

En parte, se ha hecho justicia.

Kiros...

¿Llegaste a dudar en algún momento de mi palabra?

Usted me puso muchas excusas.

Cuando me dijo que Víctor le ayudaría,

dudé más todavía.

Pero ahora sé que me equivocaba,

y me siento avergonzado de haber dudado de usted.

Espero que me perdone.

Es comprensible, han sido días muy difíciles para todos.

Ojalá nada de esto hubiera sucedido,

me habría encantado pasar contigo toda la noche.

Hasta el amanecer.

Fue suficiente, yo me conformo con poco.

Pues yo no.

Kiros, hay algo que tengo que decirte.

Mi padre me ha pedido que haga una cosa por él.

-¿Carmen? ¿Qué haces aquí?

Solo he venido a comprobar

que se cumplen los plazos de producción.

No le diré nada, Carmen,

pero tu padre no quiere verte por aquí.

Deberías irte ya.

Me voy.

¿Estás bien?

Sí.

(ELENA) ¿Querías vernos?

Ay, sí, sí.

Hola. -Pero ¿qué ha pasado aquí?

¿Te han robado?

Eh... No. No.

Pues ha pasado que tenía mucho dentro que tenía que soltar...

Y, bueno, ya lo he hecho y estoy mejor.

-Pues todo sea por tu bienestar.

¿Nos vas a decir de una vez para qué nos has llamado?

Sí.

A ver...

Os quería pedir perdón.

Yo sé que he sido odiosa estos últimos días:

y sé que os he estado mareando con un montón de cambios,

exigencias, y de muy malas formas...

Y soy consciente de que os he metido muchísima presión.

-Pues sí, para qué nos vamos a engañar.

Lo siento mucho.

¿Sabéis lo que pasa?

Yo creo que lo que me pasaba era que tenía miedo.

Miedo al fracaso.

Y, al final, lo he pagado con vosotros.

Y entiendo que no queráis perdonarme,

que os cueste muchísimo,

pero necesito que entendáis

que no lo he hecho a malas, de verdad.

Os quiero muchísimo. Que sois como mi familia.

Si no podéis perdonarme ahora, lo entiendo, de corazón.

pero, no sé, que ojalá me podáis perdonar en algún momento.

Y ya está.

Eso era.

¿Perdonar el qué?

¿Seguro?

(RÍE)

¡Gracias! Si es que... ¡Madre mía!

Si es que tú eres un sol, y currante como el que más. ¡Ay!

Cuidadito, que estoy soltero.

Y...

¿Tú qué dices?

-¡Ven aquí, petarda! -(AMBAS RÍEN)

Bueno, me encantaría volver a teneros en el taller trabajando.

Si queréis vosotros, claro.

-Oye, ¿y las cuentas?

-Eso, ¿ya no tienes que devolverle el dinero a tu madre?

Sí, tengo que devolvérselo.

Pero he tenido una idea, y he quedado con una empresaria.

Ah, ¿sí? Bueno, ya os contaré con detalle.

Estoy convencida de que va a funcionar. Ya veréis.

Entonces ¿qué?

¿Y esas caras?

-Es que... yo ya tengo curro.

Oh, vaya...

-Y yo también.

Si es que me lo merezco, por imbécil.

¡Que te estamos tomando el pelo!

Ay, me queréis matar.

Eso en algún momento ha sido verdad. Pero ahora ya no.

Bueno, pues, nada, mañana volvemos al lío.

-Oye, por cierto, una cosita...

¿Y una subidita de sueldo? Por los agravios, digo.

Claro.

Eso también es broma, ¿no?

Eh... No, iba en serio.

Pero, bueno, era por si colaba.

¡Ay! ¡Anda!

Bueno, pues nos vemos mañana...

Qué bien, estoy tan contenta, de verdad.

-Adiós. -Venga, vamos.

Hasta mañana.

(CLOE) "Pues eso, entre una cosa y otra,

va y les dice que los vuelve a contratar".

"¿A qué es flipante?".

-¿Eso ha dicho? -(ASIENTE)

Y que tiene una idea nueva y que ha conseguido una reunión

con no sé qué empresaria superimportante.

-Me alegro mucho por Julia...

Y por el pueblo también, claro.

-Uh, me voy. Ya ha terminado mi media hora de descanso.

-¿Vuelves al currele? -Pues sí.

Hola. -¡Hombre!

Eh...

-Da igual.

-Hola.

-Termino esto y te atiendo.

-Muy bien.

Sé que Julia ha recapacitado con el tema de Ribero y de Elena.

-Sí, lo ha hecho. Afortunadamente.

-Y que va a tener una reunión con una empresaria importante.

-Vaya, las noticias vuelan.

-Es un pueblo y es pequeño.

Esa empresaria es la dueña de una tienda de muebles de Madrid

que tiene un catálogo increíble y mucha demanda.

Así que vamos a ver qué tal va.

-¿Tú tienes algo que ver con todo esto?

-En lo de Ribero y Elena, no, pero en lo otro, sí.

-Bueno, parece que las cosas empiezan a marchar.

-¿Tienes alguna habitación libre?

¿Te vas a quedar para ayudar a Julia?

Diana no está muy por la labor de perdonarle la deuda.

-Esa mujer es implacable, de verdad.

-Sí, hablar con ella es como hablar con una puerta.

Si la reunión sale mal,

quiero estar aquí para encontrar una solución.

-Bueno, habrá que ser optimista.

-La Abedul.

-¿Abedul?

-Parece que Julia va a sacar el taller adelante gracias a ti.

-Sí. ¿Y por qué me miras así?

-Sergio, me tienes despistado.

¿No sería bueno para ti que la reunión no saliera bien?

-¿En qué sentido?

-En el sentido de que tendría que cerrar el taller

y volverse a Madrid.

Así podrías volver a tu vida de antes.

-Bueno, sería bueno para mí, pero no para Julia.

-Parece que no eres tan mal tipo como pensaba.

Invita la casa.

-¿Significa que vas a hacerme precio de amigo?

La última vez, entre unas cosas y otras, me dejé un dineral aquí.

-No te vengas arriba, anda.

(SUSPIRA)

Esto... a la plancha.

-Pero ¿qué haces? -Estoy ordenando.

-No. Estás mirando mis cosas.

-Vale, sí, estaba echando un vistacillo.

Pero es porque sé que no estás bien.

-Estoy perfectamente. -No, no lo estás.

-Te conozco, maría, y me preocupas.

¿Por qué no me dices lo que te pasa? -Porque no me pasa nada.

Pusimos el pestillo

para que no buscaras entre mis cosas.

-Tienes razón, lo siento.

Estoy un poco desquicia últimamente.

-Yo no busco en tus cosas.

-Podrías hacerlo, no tengo nada que ocultarte.

-Mamá, ¿y esa es una razón?

No tenías derecho, no tenías ningún derecho.

-Lo sé, y lo siento mucho.

-Si es así como quieres que te cuente las cosas, mal vamos.

Vete.

Vete, por favor.

-Déjame en paz. -Hija...

-Vete.

¿Qué es esto?

Es una nueva idea para reorientar el negocio.

Pero ¿lo has pintado tú?

Buen, ¿ahora qué pasa? ¿Vas a poner también dibujitos?

¿No va a encarecer la producción?

Sí, pero también atraerá a más compradores.

Es mi toque de distinción: muebles pintados a mano.

Ah...

Hija, ¿estás bien? Sí, sí.

¿Te has mareado? No, es de cansancio.

Estoy bien, solo es cansancio.

De verdad.

No, claro, eso te pasa por trasnochar...

y por alimentarte como te alimentas.

Hija, no se puede vivir en esta vida de huevos fritos.

¡Mamá!

¿Sabes lo que es eso en tus venas y en tus arterias?

Veneno.

Voy a llamar al doctor Méndez

para que te haga un chequeo lo más pronto posible.

Un chequeo como Dios manda.

¿Has venido para algo en concreto o solo te has pasado a saludar?

Julia, ya sabes a lo que he venido.

El dinero que te presté, vengo a saber si lo tienes.

Vamos, esto de los dibujitos... y demás, está muy bonito,

pero ha llegado un poco tarde. El plazo se acaba de terminar.

El plazo acaba en una semana, no hoy.

Bueno, ya estás como cuando estudiabas,

dejándolo todo para el último momento.

Y te recuerdo que siempre aprobaba.

Además, a ti qué más te da, me gestiono mi plazo como yo quiera.

Mientras que te devuelva el dinero..., ¿no?

Bueno, haz lo que quieras. Yo solo te advierto.

Voy a tener una reunión con la dueña de Thirty Home.

¿Perdona?

¿La de la tienda de muebles?

Ah, ¿la conoces?

Hombre, por favor,

cualquiera que tenga un poco de clase y algo de gusto

la conoce.

Oye, por un casual, ¿esto no será cosa de Sergio?

Sí, él me la ha presentado. Sí.

¿Por?

No, por nada, por nada.

Me alegro, sí. Me alegro.

Bueno, y más que deberías alegrarte. Si consigo cerrar un acuerdo,

podré devolverte cada céntimo de tu préstamo.

Y, entonces, podré llevar mi taller como yo quiera.

Con o sin dibujitos.

(VENTURA) Este whisky hace honor a su fama, Francisco.

Ya lo verás.

Recién importado de Escocia.

No le pones hielo, ¿verdad?

No, por favor.

¿Y bien?

¿Cómo van los asuntos en la fábrica?

He oído que han soltado al indígena al que encarcelaron.

Sí, sí, se trataba de un error.

Fue todo un accidente, provocado por un fallo de un generador.

Ya está todo solucionado.

¿Y los daños materiales? ¿Los cubre el seguro?

Pues, lamentablemente, no cubre todo, no.

(SUSPIRA)

Y por eso estás aquí, ¿verdad?

Siéntate.

Lo sabías, ¿no?

Mira, Francisco, esto de pedirme dinero

se está volviendo una fea costumbre.

No, pero esta vez es diferente.

Bien, verás, la fábrica ya ha recuperado la producción,

pero hemos tenido muchas pérdidas materiales...

Además, hay que sumar la reconstrucción del almacén.

Sería una cantidad para ponernos al día.

Ten por seguro que te lo devolvemos pronto.

Últimamente el negocio va bien.

Si el negocio fuese tan bien, no estarías aquí.

Entiendo que tengas una situación económica delicada,

un incendio es un asunto grave,

pero no voy a prestarte más dinero.

Tú y yo tenemos un trato, y tú aún no has cumplido tu parte.

Lo sé, Ventura.

Pero Carmen... ya sabes que...

no es una mujer dada a recibir órdenes.

Y convencerla no está siendo fácil.

Pero no te preocupes, que lo haré.

Pero antes... tengo que resolver mis problemas económicos.

No me estás escuchando, no voy a prestarte dinero.

Ventura, ese dinero no es solo para retomar el ritmo de la fábrica.

Ah, ¿no?

No, tengo que detener las extorsiones de Mateo,

el transportista.

Me está reclamando un dinero por mantener la boca cerrada.

Y, si no se lo devuelvo,

pues lo perderé todo y eso puede salpicarte a ti también.

A mí no me va a salpicar nada, ¿me oyes?

¡Nada!

¡Eres un fantoche!

Me estoy cansando de que no seas capaz

de tener el control de tu fábrica ni de tu propia casa...

Harto, Francisco.

Estoy harto.

Si pudiera solucionar este problema,

ten por seguro que no estaría aquí.

Pero no puedo.

Somos... Somos amigos.

Y en un futuro seremos familia.

Pero...

Pero necesito, te ruego...

que me prestes ese dinero.

Está bien.

Te lo voy a prestar.

Pero con una condición. La que sea.

Quiero que Carmen acepte como esposo a Víctor

antes de que acabe la semana.

No sé si podré convencerla en tan poco tiempo.

Antes de que termine la semana, Francisco.

Antes de que termine la semana.

Si no, los problemas que tienes ahora te parecerán una broma

comparados con los que puedo causarte.

Está bien.

Ya volvemos a hacer los muebles que nos gustan.

Nuestras muebles, los de verdad.

Así se habla. Y los vamos a hacer mejores.

¿Sabéis por qué?

Porque vamos a dibujarlos.

Si ignoras los problemas de tu familia,

dejarás de pertenecer a ella

y no volverás a pisar esta tierra.

¿Cuándo vas a dejar de actuar como una niña consentida

y pensar en tu familia?

¿De verdad pensaba que iba a renunciar a mi dinero

por la mala situación de su empresa?

-Todavía no ha escuchado mi oferta. -He escuchado más que suficiente.

-Inés, deberíamos marcharnos juntos.

No es el arrebato de un hombre enamorado,

¿no te das cuenta?

Podríamos llegar a terminar muertos.

-Es que no quería que te marcharas.

Y tengo que hacer algo.

(MATEO) En cualquier caso, mejor que sea él

quien le cuente el negocio que tenemos entre manos.

-Le exijo inmediatamente que me cuente todos los detalles.

-Creo que usted no está en disposición de exigir

absolutamente nada.

-Pero ¿todo eso que me contaste de Víctor,

lo de los nervios, las mariposillas por el estómago...?

Linda, prométeme...

Prométeme que no se lo dirás a nadie.

No hay alternativa.

Vamos a vender esta casa,

y, cuando empecemos a recuperar dinero...

¿Y qué vas a hacer con ese dinero?

Hoy tengo una reunión

con la persona que nos puede dar el empujón que nos hace falta.

Leticia Strasser, dueña de una de las tiendas de muebles

más importantes de Madrid.

Y abrirá otra tienda en Barcelona.

Ahora, resulta que se le ha ocurrido

que a los muebles hay que ponerles unos monigotes.

Y ya, mano de santo.

Lo que vas a hacer ahora mismo es localizar a la Leticia esa

y cancelar la reunión.

Tú no eres consciente

de la situación en la que estamos.

Si esta casa se vende,

será por encima de mi cadáver.

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Dos vidas - Capítulo 61

21 abr 2021

Cuando Sergio se presenta en el taller con Leticia, la posible compradora de muebles, Julia está rodeada de un gran caos. Entre el desorden se encuentra una nueva creación de Julia que llama la atención de Leticia. Parece que no está todo perdido. María quiere contarle a su madre que es un chico, pero la presión que recibe por parte de Elena, que la nota extraña, le hace dudar si es el momento de hacerlo. En Río Muni, Carmen no sabe qué hacer para quitarle a su padre la idea de casarse con Víctor. Francisco se encuentra en una encrucijada y la única solución posible para salvar el negocio es ese matrimonio. Inés y Ángel, que siguen dando rienda suelta a su amor en la librería, son descubiertos por alguien a quien, a partir de ahora, tienen que confiar su destino.

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