Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 52 - Ver ahora
Transcripción completa

Sergio, yo... Julia, es una propuesta sincera.

Esta vez no hay ningún plan maquiavélico detrás.

Te prometo que he aprendido la lección.

Te lo digo de verdad.

Me conoces mejor que nadie.

Mírame a los ojos y verás que no te miento.

Solo quiero quedarme para estar cerca cuando lo necesites.

Solo quiero ayudarte.

¿Te estoy mintiendo?

No, no estás mintiendo.

Y sé que me conoces mejor que nadie,

y que, a veces, nos basta una mirada

para saber lo que queremos o lo que estamos pensamos,

y tener a alguien así cerca... Y seguimos formando un buen equipo.

Sí, estos días nos hemos divertido.

La noche de ayer...

Sergio, hacía tanto que no tenía una noche como la de ayer...

Fue increíble. Fue maravillosa, sí.

Pero necesito que entiendas que...

mis sentimientos no han cambiado.

Lo siento, pero sigo creyendo que es mejor que no estemos juntos.

Sergio, yo... No hace falta que digas nada más.

Entiendo tu decisión y la respeto, claro.

Es solo que...

hubiera preferido la otra respuesta.

Espera. Te agradezco mucho todo lo que haces por mí, de verdad,

que te hayas venido al pueblo para estar conmigo

lo valoro muchísimo.

No lo suficiente, al parecer. No, no, lo valoro mucho.

Y saber que quieras dejar tu vida a un lado,

significa que sientes mucho por mí,

pero creo que no deberíamos estar juntos, solo por eso.

Deja los sentimientos a un lado un segundo.

De verdad, que lo único que quiero es ayudarte.

Lo nuestro, nuestra relación... Bueno, pues ya veremos qué hacemos.

Pero no estarás sola en esto.

Esa es la clave, Sergio.

Estoy en un momento de mi vida

en el que necesito salir adelante yo sola.

Es lo que quiero hacer.

De acuerdo.

En ese caso, supongo que... solo queda decirnos adiós.

(Sintonía de "Dos vidas")

"Ey, Dani. ¿Qué haces?".

"Yo he estado esta tarde tomando algo con Mery".

"Creo que no te he hablado de ella, ¿no?".

-No. ¿Quién es Mery?

"Mery es mi mejor amiga".

"Hemos estado un tiempo enfadadas, pero lo estamos arreglando".

"Y menos mal, porque ya la echaba de menos".

"Te caería muy bien".

-"Pásame su móvil".

¿"Pásame su móvil"? Ya la has cagado.

Ahora va a pensar que eres el típico ligón baboso, eres idio...

(Mensaje)

-"Pues mejor no te la presento,

porque es una tía bastante inteligente,

y a los chistositos no los soporta".

"Sí, sí, tú ríete,

pero que sepas que has perdido unos cuantos puntos".

"Ya me dirás qué vas a hacer para recuperarte".

-Pues una canción de buenas noches.

Pero ¿qué haces?

¿Qué haces tú?

Últimamente no sueltas el móvil.

¿Y eso es justificación para que no llames a la puerta?

Vale, tienes razón.

Perdona.

¿Me cuentas que te tiene tan absorbida en la pantallita esa?

No hablaba con nadie.

Yo no he dicho que estuvieras hablando con nadie.

Pues eso. Solo miraba cosas en Internet.

Ah. ¿Y no podrías hacer eso en el salón?

Es que, desde hace unos días, para ti no existo.

Siempre dices que paso de ti. -Es verdad.

Pero es que ahora es cierto.

Antes no estabas tanto tiempo pegada al móvil.

Hacíamos cosas juntas:

cenábamos viendo la tele o una peli...

Parece que te pasa algo conmigo.

¿Contigo? Qué va.

No me pasa nada contigo. -¿Seguro?

Llegas del trabajo y te encierras en la habitación,

día sí y día también, como si no quisieras saber nada de mí.

¿Cómo no voy a querer saber nada de la mejor madre del mundo?

Lo dices para que te deje en paz y no te pregunte con quién hablabas.

Que no hablaba con nadie.

Si quieres que te crea, tendrás que hacer algo más que piropearme.

A ver qué se me ocurre...

(ELENA SE RÍE) Que me tiras.

Vale. En cuento tenga un segundo, me paso a veros, de verdad.

Y muchas gracias por el esfuerzo, Juan Carlos.

Verás cómo entre todos lo sacamos adelante. Gracias.

Cóbrame, Tirso.

Tres con veinte.

¿Qué pasa? ¿Estás bien?

No.

No estoy muy bien.

Quería disculparme por lo que te dije el otro día,

pero no sé si debo. ¿No sabes si debes disculparte?

Sí que debo disculparme,

pero no sé si es mejor o es peor... Tirso...

Cada vez que lo intento, acabamos peor que antes.

¿Tú sabes por qué no fui a la reunión con el técnico?

Sí.

Sé que Cloe te pidió ayuda para convencer a María

de que no se fuera.

¿Y sabías que para conseguirlo tuve que detener el coche de Elena

con mi cuerpo?

Tengo entendido que fue el suelo el que paró tu cuerpo.

A ver, en realidad... No, déjame acabar.

Siempre pasa lo mismo,

que intento disculparme, pero tú cambias la conversación,

se va a otro lado, discutimos y es imposible.

Tienes que reconocer...

que tú no me lo has puesto fácil estos días.

No es la disculpa emotiva que esperaba, la verdad.

Bueno, pero no nos estamos insultando.

A lo mejor no es la disculpa emotiva que esperabas,

pero tan mal no está.

¿No?

Como veis, he organizado todo el trabajo que tenemos por delante

en esta pizarra. Está todo clarísimo.

-Eso de clarísimo tampoco.

-Más que claro no lo sé, pero colorido...

Yo me estoy mareando un poco.

Chicos, un poco de positividad y espíritu que si no, no llegamos.

Yo os lo explico día a día,

así sabréis qué tenéis qué hacer y cumplir con la fecha de entrega.

Apuntad.

Lo primero es revisar el stock de madera y materiales

y comprobar qué nos hace falta.

Post-it verde, eso quiere decir que es tarea de Ribero.

Lo tienes que hacer para hoy. -Hoy no puedo.

Tengo que llevar los muebles de la semana pasada a Madrid,

es un envío urgente.

Lo sé, pero ahora, todo ha cambiado. A partir de ahora,

esta pizarra y estos post-its son las tablas de la ley.

Tendrás que hacer las dos cosas.

No me va a dar tiempo. -Te tiene que dar, Ribero.

Chicos, esto va a ser duro.

Todos vamos a tener que trabajar más de lo que nos corresponde.

Es el momento de arrimar el hombro. ¿Estáis dispuestos?

Así me gusta, con entusiasmo. Seguimos.

Post-it azul, Cloe.

Mañana tienes que encargar más material,

y después, ir donde Juan Carlos para llevar madera.

¿Yo? ¿Llevar madera? -Sí, gracias por el esfuerzo.

Post-it amarillo, María.

El miércoles a primera hora deberían tener

las primeras piezas para barnizar,

tienes que hacer el pedido de barnices.

Post-its rojos y naranjas, Julia y yo.

Nosotras estaremos rematando todas las piezas.

Deberíamos tener terminadas las tres primeras piezas

para el domingo.

¿Eh?

Espera, que falta recoger la entrega de Juan Carlos de esta semana.

A ver...

Venga.

Post-it azul.

Cloe, te encargas tú, ¿vale?

Esto no me está encajando.

No te encaja porque este día estoy haciendo embalaje.

Claro, es verdad. Bueno, no pasa nada.

No pasa nada. A ver...

Entrega...

Post-it verde. Ribero. Tiene más sentido, ¿no?

¿Te lo apuntas?

Ah, ese día estás recogiendo los pomos y las bisagras.

Pero ¿cómo va a recoger eso si no está hecho el pedido?

Sí. Pues nada, lo ponemos otro día y ya está.

Admito que no te lo he puesto fácil.

Pero te lo merecías.

Me juzgaste de primeras sin conocer mi versión de la historia,

y me dijiste cosas que me dolieron mucho.

Lo sé, lo sé. ¿Y sabes lo que más me dolió?

Que pensaba que me conocías un poco.

Pero si me conocieras, sabrías que no te hubiera dejado tirado

si no tuviera un buen motivo.

Y sé que te pasa algo, está claro.

Si me lo quieres contar, genial.

Y si no, pues me dará rabia, pero lo aceptaré.

Lo que no voy a aceptar es que lo pagues conmigo.

Y ahora, venga,

Pídeme perdón, que no es tan difícil.

Pero... ya me he disculpado, ¿no?

Sí, pero ha sido una mierda de disculpa.

Yo quiero mi disculpa buena, la emotiva,

la que me va a tocar el corazoncito.

Vale.

Julia, lo siento.

Tienes razón.

He sido un orgulloso y un imbécil.

Espero que no tengas en cuenta todo lo que te dije

y que... puedas perdonarme.

¿Qué tal así?

Mejor.

Entonces ¿te he tocado el corazoncito?

Sí, sí. Todo olvidado.

Disculpas aceptadas. Hasta luego.

Al final, se ha ido sin pagar.

Señorita, deje que la ayude.

No hace falta, Kiros.

Disculpe.

No, no, no, perdóname tú a mí, que soy muy torpe. Da igual.

Kiros, da igual.

¿Qué haces en el suelo, Carmen?

Deja que Kiros recoja todo esto.

Eh... ¿Te encuentras bien?

Pareces... cansado.

No estoy bien.

Estoy mejor que nunca.

Pues no parece que hayas dormido muy bien.

He dormido del tirón. Y con la conciencia muy tranquila.

Solo digo que es la primera vez que llegas tarde al trabajo.

Si estás cansado, tómate el día libre.

Te lo agradezco, pero puedo hacer mi trabajo a la perfección.

¿O crees que no podré comportarme como un adulto?

Solo quería comprobar que nuestra relación personal

no va a afectar a la parte profesional.

Te estás confundiendo.

Te diriges a mí como si tuviera motivos para estar mal contigo.

Solo quiero asegurarme de que podemos trabajar juntos.

Estamos a punto de hacer una gran entrega de muebles a la metrópoli

y no podemos fallar.

¿De verdad crees que estoy afectado por tu rechazo?

¿Por tu rechazo?

Carmen, todo esto ha sido un malentendido, todo.

Pensaba que eras tú la que estaba interesada en mí,

y yo me dejé llevar porque no te quería rechazar.

Ya estabas teniendo muchos problemas:

que si la fábrica, tu familia...

Yo me comporté como se comportaría un caballero, no hay más.

Pues lamento muchísimo oírte decir eso,

porque llegué a creerme de verdad que estabas interesado en mí.

Pero si estabas fingiendo, no tengo nada más que decirte.

Que...

aquel Víctor era alguien que merecía la pena.

Gracias por la ayuda, Kiros.

Si quieres hablar de trabajo, estaré en el despacho.

¿Y tú qué miras?

¿No tienes ninguna mecedora que lijar?

(CHASCA LA LENGUA)

Esto está sucio.

Lavadlo de nuevo.

-Enoa... -Diga, señora.

Quiero que todo esté al gusto de Carmen

ahora que ha regresado a casa. -Por supuesto.

Para todo el servicio es una alegría que la señorita haya vuelto

y, todas queremos que se sienta cómoda y bien recibida.

No queremos que la joven sufra más alteraciones.

¿Qué has querido decir?

¿A qué se refiere?

No, ¿a qué te refieres tú?

¿Has querido decir que a la señorita Carmen

no se le ha tratado adecuadamente en esta casa?

No, señora. Me ha malinterpretado.

Me refería al terrible trance de la muerte de su tata.

Montad la mesa para la comida inmediatamente.

Y más os vale que no vea ni una mancha.

Quiero todo perfecto.

Vamos.

Yungani, quédate.

¿Qué tal te adaptas a tu nuevo trabajo?

Bien, señora. -Me alegro.

Tienes mucha suerte de estar aquí.

Cuando encarcelaron a tu hermana, hablé con Francisco

y le dije que no podíamos dejar abandonada a tu madre.

Y por eso te trajimos.

Y yo se lo agradezco mucho.

Mi madre y yo nos sentimos muy avergonzadas por aquello.

Vosotras no tenéis la culpa.

Además, ella ya está pagando por su crimen.

Por cierto,

ayer fui a visitarla,

me dio recuerdos para vosotras.

Perdone que le pregunte, pero ¿cómo está?

Pues muy bien, mejor que la mayoría.

Esa cárcel puede ser un lugar peligroso,

pero yo me estoy encargando de que no le falte de nada.

Mucha gracias, señora.

Como comprenderás,

ese trato de favor tan especial no nos está saliendo gratis.

Nosotras no tenemos dinero.

Usted sabe que mi madre lleva años enferma...

No sé cómo podemos compensarles.

No, no os reclamaré nada.

Aunque puede que sí te pida un pequeño favor personal.

(INAUDIBLE)

Kiros...

Tengo algo que deciros a todos.

¿Es ese Ndongo?

Sí, ha venido a la fábrica para hablarnos.

¿Has visto al patrón?

No. -¿Y al señorito?

Está bien. Silencio, por favor.

El próximo viernes celebraremos el tradicional Mêteiñ.

Ndongo, nuestro nguengäng, nos dará sus bendiciones

para que nos vaya bien en la fábrica,

tengamos salud y nos vaya bien en la vida.

Así que, gracias, Ndongo,

por compartir tus dones y bendiciones con nosotros.

(Aplausos)

Solo soy una herramienta de nuestros ancestros.

Ellos me han otorgado las pocas cualidades que poseo,

con la condición de hacer el bien a nuestro pueblo.

Soy un servidor y quedo a vuestra disposición.

Gracias, Ndongo.

Como ya sabéis, los trabajadores podéis traer a vuestros amigos,

mujeres y familiares.

Eso sí, os pido discreción.

Recordad que en esta ceremonia no están invitados los colonos.

Al final, es una ceremonia para honrar

y homenajear a nuestros antepasados y a los que ya no están.

Y ya sabéis que a los blancos no les gustan nuestras tradiciones.

El patrón no debe enterarse.

Espero veros a todos el viernes. Gracias.

Podéis volver al trabajo.

¿Qué te ocurre, Kiros?

Nada. Es solo que tengo mucho trabajo pendiente.

No pareces muy contento.

Lo cierto es que... no tenía pensado asistir a la ceremonia.

No me encuentro con ánimo.

¿Qué dices? Es de tus rituales favoritos.

Lo sé.

Es solo que... llevamos muchas semanas con mucho trabajo

y lo peor está por venir. Creo que voy a descansar.

Es tiempo para estar todos juntos, Kiros.

Además, me ha dicho Mba que van a venir sus hermanas desde Buma.

Y me han dicho que están bien guapas.

(RÍE)

No lo dudo, pero no quiero conocer a nadie ahora.

Disfrutad del ritual.

Entonces ¿qué quiere que haga?

Quiero que estés muy pendiente de Carmen.

Necesito que sepas dónde está en cada momento,

con quién se relaciona, de qué habla,

con quién va a pasear, qué hace.

¿Quiere... que espíe a la señorita Carmen?

Sí.

¿Tienes algún problema con esto?

No, ningún problema, señora.

Huelga decir que este encargo requiere la máxima discreción.

Si alguien se entera,

yo misma me encargaría de que la vida de tu hermana en esa cárcel

sea un auténtico infierno.

Nadie sabrá nada, señora. -Muy bien.

Y una última cosa, Yungani,

nunca me busques tú,

seré yo quien te requiera la información que vayas recabando.

¿Estamos? -Sí, señora.

Puedes marchar.

Espera, que aquí tampoco puede ir esto.

Pero ¿qué está pasando?

Que a la semana le faltan días. -Calla, que me desconcentras.

No te preocupes, Elena.

A lo mejor, si yo cojo y me pongo

que el día que voy a la ferretería lo pongo aquí,

y a Ribero lo pongo aquí, a lo mejor puede ser.

No, que no puedo hacer el seguimiento online.

No pasa nada, lo hago yo.

Cojo mi post-it amarillo y lo ponemos aquí. No, no.

Entonces ¿quién actualiza la web?

Bueno, si un día no se actualiza, no pasa nada.

Somos una empresa online,

como no tengamos actualizada la web...

Vale, pues que lo haga Ribero. Post-it verde.

Pero entonces, estamos como al principio.

¿Y si lo hace Julia? Post-it rojo.

Aunque sea una empresa online, también es una fábrica de muebles.

¿Y qué quieres decir?

Que pretendes que una de las personas que hace los muebles

se ponga a hacer llamadas... -Dime que lo vamos a conseguir.

Que lo vamos a cuadrar todo y lo conseguiremos.

Yo soy daltónico.

-Tienes razón.

Volvemos a empezar.

¿Y esas maletas? ¿Has traído más ropa?

Como sigas así, vas a tener que coger otra habitación

solo para hacer de ropero.

No he traído más ropa, me voy.

Ha llegado el momento de marcharme.

¡Tirso! Que don Perfecto quiere irse.

¿Es cierto? ¿Te marchas?

Sí. Dime qué te debo.

¿Ya te has encontrado a ti mismo?

Sí. Y, si no te importa, yo y "mí mismo"

queremos pagar la cuenta e irnos.

Ahora mismo te saco la factura.

Podrías darme una camisa.

¿Perdona?

Sí, como regalo de despedida.

La azul con puños

y cuello blanco siempre me gustó.

Seguro que vale una pasta.

Sergio Cuevas.

Puedes pagar en efectivo, tarjeta o cheque al portador...

Esto no puede ser.

Me has pillado, no aceptamos cheques al portador.

No, lo digo en serio. Esto es mucho dinero.

Sergio, es lo que acordamos por noche, ¿verdad, Mario?

Está bien claro. -Sí, y poco me parece.

¿Le has hecho precio-amigo? -Sí.

¿Qué son esos 200 euros de aquí?

"Extras" pone. -Extras.

¿Qué extras, Tirso?

Pues extras. Parece que no has estado nunca en un hotel.

Servicio de habitaciones, tienes cenas apuntadas a cuenta,

y el planchado de tus camisas, que se hace fuera.

¿Dos camisas en un día?

Eso suena a trastorno obsesivo compulsivo.

Esas cosas hay que mirárselas, que si no luego van a más.

Esto es por la reseña negativa en Internet, ¿verdad?

¿Por quién me tomas, Sergio?

Por un estafador y un rencoroso.

¿Quieres copia? -No, gracias, no me hace falta.

Pues vuelve cuando quieras.

Para pagar una factura como esta me voy a un resort de todo incluido.

Allí no te pierden nada en la lavandería, ni hay animales.

Era una abeja. Ni que te hubieras encontrado un mapache.

Voy a echar de menos esto, chicos.

¿Te parecía gracioso?

Sí.

Pero más gracioso me parece esto.

¡Estrenar camisa!

Tenía razón, el servicio de lavandería funciona un poco mal.

Devuélvesela.

Mario...

(RÍE)

Ribero, ¿qué haces aquí?

Ni siquiera has empezado y sabes que estamos hasta arriba.

Elena, por favor, dame cinco minutos.

Estoy haciendo un balance mental para calcular los pedidos.

Ahora voy, ya acabo.

¿Por qué no te dejas de tonterías y me cuentas lo que te pasa?

Estoy bien, de verdad. Solo necesito unos minutos.

No será por lo del daltonismo. No es algo de lo que avergonzarse.

No, no es por eso.

Es por Cloe.

Ah.

A ver, ¿tú no le habías preparado un picnic sorpresa?

Sí. Y la cosa empezó bien,

pero terminamos discutiendo.

Tampoco es que fuera una bronca enorme.

Pero de repente había tensión... No sé.

Es evidente que hay un problema de comunicación entre vosotros.

Pero ¿cómo va a haber un problema de comunicación si no hablamos?

A ver si el problema va a ser ese.

No sé. Cloe está muy rara. Me evita.

Pues a lo mejor hay que convertir el problema en solución.

Déjale un poco de espacio.

Puede que solo sea una mala racha.

Seguro que en unos días todo mejorará.

No tiene buena pinta la cosa.

Siento que lo nuestro entre ella y yo ya no es como antes,

como si se acercara el final.

Bueno, un poco de esperanza, ¿no?

Si todos nos rindiéramos con tanta facilidad,

no estaríamos donde estamos. -Ya.

¿Y dónde estamos?

Pues ahora mismo, Ribero, cayendo por un pozo

y como no arrimemos el hombro, nos caemos con todo el equipo.

Tienes razón.

Tenemos un marrón y yo contándote mis movidas.

Es verdad que tenemos que volver al curro,

pero esto lo puedes ver como una oportunidad

para arreglar las cosas con Cloe.

No sé en qué me puede ayudar todo esto.

A ver, ¿no sabes que en los momentos de crisis

la gente se une más que nunca?

Juntos en la trinchera.

Claro.

Las relaciones se fortalecen cuando hay un enemigo común,

y eso os puede pasar a Cloe y a ti.

Ya.

¿Y quién es el enemigo común?

El tiempo, Ribero, el tiempo es nuestro enemigo.

Ah, vale, vale, vale.

Pero ¿qué tengo que hacer exactamente?

Tu trabajo, nada más. Venga, dale.

¿Quién ha colocado estas maderas aquí?

Kiros, ven.

Ven.

¿Quién ha puesto eso ahí? -No lo sé. No debería estar ahí.

¿Y os da igual?

¿La veis todos y os da igual?

¿Esperáis que la recoja yo?

Seguro que quien la dejó ahí lo hizo por alguna razón,

pronto vendrá a recogerla.

No es cuestión de qué trabajador lo haya hecho o no,

de eso ya me encargo yo. Eso de ahí...

es inaceptable.

Recógelo ahora mismo.

La señorita me ha pedido prioridad con esta pieza,

en cuanto esté lista, haré lo que me pide.

Kiros, creo que no me has entendido.

Te estoy diciendo que lo recojas. Ahora.

Le aseguro que en cuanto esté... -¡Tú no tienes que asegurarme nada!

¡Y si te digo que lo recojas, lo recoges y te callas!

¡Que obedezcas!

La señorita Carmen es quien manda

y me ha pedido que termine esta pieza.

Si es tan amable, márchese y déjenos hacer nuestro trabajo...

Ten cuidado, Kiros, ten mucho cuidado.

A mí nadie me dice lo que tengo que hacer, y menos un salvaje.

Aquí no eres nadie.

No eres nada.

¿Qué está pasando aquí?

Que los trabajadores no quieren trabajar.

Eso está pasando aquí, Carmen. ¿A qué te refieres?

Algún idiota ha dejado esas tablas de madera ahí

para que cualquiera se caiga y la rompa.

¡Y a esta panda de gandules no se le ha ocurrido recogerlo!

Pero ¿crees que es necesario hablarles así?

Ojalá pudiera decir que es gente con iniciativa y perspicacia,

pero su inteligencia no se lo permite.

Está bien, de verdad, Víctor, está bien.

Luego se preguntan que por qué son trabajadores

y otros somos patrones. Está bien, ya te he oído, ya.

Kiros, ¿podríais recoger esos tablones de madera?

Te lo agradecería mucho.

Sí, señorita.

-Ahora sí obedeces, ¿eh? Ahora sí.

Víctor.

Seguid trabajando, por favor.

Gracias.

¿Por qué no haces un descanso, y te coges el día libre, Víctor?

¿Yo? Carmen, soy el único que está cumpliendo con su trabajo.

Los que no lo cumplen son estos insurrectos,

que merecen un descanso fuera de esta fábrica.

Es una invitación, pero puede ser una orden,

recuerda que soy tu jefa.

Pues a sus órdenes.

Si me necesitas, ya sabes, estaré "descansando" en el Río Club.

¡Maldita sea!

¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

Estoy bien, madre, estoy bien.

¿Seguro? -Estoy perfectamente.

Creo que soy el único que tiene la cabeza en su sitio.

Los muebles de la casa no creo que opinen lo mismo.

Anda, a tu madre sí le puedes contar qué es lo que te pasa.

¿Has discutido con tu padre? -Ojalá, madre, ojalá.

Por lo menos, a él consigo comprenderle.

Sus razones son arcaicas e injustas, pero son razones.

No necesito preguntar para saber quién es la culpable de tu desvelo.

No logro entender a Carmen, madre.

No entiendo por qué ve mal todo lo que hago.

Estoy segura de que Carmen no tiene nada en tu contra.

Te aseguro que sí.

Tenías que haber estado en la fábrica.

¿Qué ha pasado?

Me ha humillado delante de los trabajadores.

Me ha dejado en ridículo.

Solo padre podría humillarme de semejante manera.

No parece típico de la Carmen que yo conozco.

Es que algo ha cambiado en ella, no entiendo.

Hace nada, estaba encantada de compartir momentos conmigo,

y ahora...

Puede que sea el momento de dejar a Carmen a un lado.

Intenta no pensar en ella y centrarte en ti

y en tu futuro.

¿Qué futuro, madre?

Uno que merezca la pena vivir

y en el que tú seas lo más importante.

No sé, podrías aprovechar para hacer algún viaje

o para retomar los estudios, como Ángel.

El amor volverá a llamar a tu puerta cuando menos te lo esperes.

Tienes razón.

He de pensar en mí y hacer lo que me gusta.

Claro. Me alegro de que pienses así.

Es el momento de recuperar viejas costumbres

y disfrutar de la noche como solía hacer antes.

Hijo, yo no me refería a eso. -Madre,

usted no quiere verme así, ¿no es cierto?

Sí... -Necesito volver a ser yo mismo.

Voy a mandar recado a Ángel para que me acompañe.

¿A Ángel? -Claro.

Los dos estamos solteros,

podremos vivir la noche de la colonia sin pensar en el mañana.

Pues nos ha costado, pero al final lo hemos cuadrado todo.

¿Qué te parece?

Se nota que habéis trabajado mucho en esto.

Sí, un buen trabajo en equipo.

Lo único... ¿"Lo único", qué?

Lo único que nada, está perfecto.

Tranquila, solo iba a decir que no está previsto

repetir un mueble si no pasa el control de calidad,

o revisar la madera...

Ay, me habías asustado.

Claro que no están previstas esas cosas, porque no hay tiempo.

Hay que dar prioridad a lo imprescindible.

Tenemos que hacer las piezas perfectas.

No hay margen para repetir nada. Y la madera...

Habrá que apañarse con lo que venga. Tienes razón.

Hay que centrarse en lo imprescindible, los muebles.

Vale. ¿Cómo va lo de la mesilla de noche?

Pues tenía que estar lista esta mañana, pero vamos con retraso.

Empezamos bien.

¿Han llegado las cajoneras con detalles de coco?

Tenían que haber estado aquí el martes...

No me lo puedo creer. Elena, o pensamos algo

o no llegamos a entregar el pedido en la fecha acordada.

Tienes razón.

De hecho, este plan solo cuadra si la semana tiene ocho días.

Igual deberías retrasar la entrega.

No podemos hacer eso,

no nos podemos arriesgar a que el cliente cancele el pedido.

Además, tenemos una política de empresa que dice...

Que como máximo, una entrega en un mes, lo sé.

Eso.

Mi madre tenía razón, son demasiados muebles.

Ya está. Hay que contratar a más personal.

¿Y a quién?

Si todos los que podían arrimar el hombro ya lo están haciendo.

Tengo en mente a la persona perfecta.

Buenas tardes.

No, no. Buenas tardes a ti.

¿Por qué sonríes tanto? Me asusta un poco.

¿Por qué? Soy un tío alegre de toda la vida.

¿Esto no tendrá nada que ver con que Sergio se haya ido?

¿Por quién me tomas? A mí eso no me alegra en absoluto.

A no ser que te alegre a ti.

Pues mira, para serte sincera, pienso que es lo mejor.

No sé, así él puede retomar su vida y yo puedo centrarme en mi taller.

Otra vez esa sonrisa. ¿Qué te pasa?

Nada. Estoy perfectamente.

Muy bien, de hecho.

Estoy dándole vueltas a una cosa.

¿Ah, sí? Sí. A ver qué te parece.

He pensado que podría organizar una cena para los dos en el hotel,

¿qué te parece?

Me parece muy bien.

Pero no sé cuándo tendré una noche libre.

Estoy hasta arriba de trabajo.

No hace falta que pongas excusas...

No es ninguna excusa, de verdad, si me apetece mucho.

Bueno, de hecho, venía a pedirte que si nos echabas una mano

estos días en el taller.

Has pasado de rechazar una cena conmigo a ofrecerme un trabajo.

Estoy un poco confuso.

Di que sí.

No es un favor. Te voy a pagar, y bien.

Y así, no sé...

Mario se puede quedar aquí al frente del hotel unos días.

Yo no tengo ni idea de muebles.

Seguro que puedes encontrar a otra persona mejor.

Que no, de verdad.

Tú eres perfecto para el puesto.

Tienes experiencia gestionando un negocio,

y siempre estás con mil cosas a la vez, eres multitarea.

Eres seguro, rápido y eficiente.

¿Buscas un trabajador o un coche nuevo?

Te lo estoy diciendo en serio.

Además, prefiero pasar más tiempo contigo,

que con cualquier otra persona del pueblo.

¿Has dicho que me pagarías bien? Por supuesto.

Vale.

Se te ha ido la mano con los ceros.

Es lo que vale un trabajador seguro, rápido y eficiente.

No, esto es lo que cuesta un coche nuevo.

Yo por esto no te pongo ni un pincho de tortilla recalentado.

Oh... ¿Y por esto, qué haces lijar con los dientes?

Última oferta.

Vale, acepto.

Pero con una condición,

quiero que te comprometas a cenar conmigo.

Trato hecho.

Empiezas mañana.

A primera hora en el taller.

Allí estaré.

Bueno...

Qué gusto volver a hacer cosas así juntas.

Mamá, solo estamos cenando pizza congelada.

Sí, pero juntas,

no en tu cuarto y yo sola.

Estas pequeñas cosas son más importantes de lo que crees.

Cuando te hagas mayor como yo, lo entenderás.

No digas "mayor", mamá, que suena fatal.

Di mejor, vieja.

Vale, gracias.

Oye, ¿cómo ves tú a Ribero últimamente?

Eh... Bien.

Bueno, un poco rayado con las movidas que tiene con Cloe,

pero bien, se arreglarán.

Pues yo no lo tengo tan claro.

He estado hablando con él estos días

y, el chico está destrozado.

Está convencido de que su relación acabó.

¿Has hablado con Ribero sobre Cloe?

Sí. ¿Cuál es el problema? -¿Quieres que te lo diga?

Él vino a pedirme consejo.

¿Fue él a pedirte consejo o fuiste tú a darle la vara

hasta que te contó lo que le pasaba? -No, yo no le di la vara.

Tú eres mucho de querer ayudar y, a veces, de tanto ayudar,

acabas complicando las cosas.

Oye, eso no es cierto.

Mira, yo echo una mano a quien quiera venir a hablar conmigo,

y no le complico la vida a nadie.

¿Estás segura?

¿Te recuerdo lo que pasó cuando nos "echaste una mano" a Cloe y a mí

para reconciliarnos?

No hace falta que me recuerdes nada.

Además, esto es distinto. -Muy distinto.

En esa ocasión, eras madre de una de las partes,

ahora, te estás metiendo en la vida de dos chavales.

Claro que me meto. Yo quiero mucho a Cloe y a Ribe.

Lo que me extraña es que tú estés tan normal.

Bueno, tan normal... Creo que tenemos que dejarlo pasar.

¿Dejarlo pasar?

Hija, me dejas de piedra.

¿De piedra, por qué?

Tienes un amigo que se muere de dolor

y eres capaz de quedarte parada sin hacer nada.

¿Te da igual lo que pueda sufrir?

De piedra me dejas, de piedra.

Qué ganas tenía de llegar a casa.

Estoy hambrienta.

Uno pierde la noción del tiempo cuando está en el trabajo.

Sí.

Sobre todo, si el trabajo se realiza en buena compañía.

Entiendo que se refiere al señorito Víctor.

No sé qué habríamos hecho hoy sin sus aportaciones.

Pero ¿y ese sentido del humor?

Desconocía por completo a este Kiros.

Para mí también es nuevo.

Es un Kiros que...

solo se atreve a salir cuando está con usted.

Me gusta.

A mí también.

Aunque...

admito que la actitud de Víctor me ha resultado algo preocupante.

Y no ha sido a la única.

Los trabajadores estaban incómodos.

Espero que esto solo sea una mala racha

y, en breve, vuelva a ser la persona responsable que es.

¿Por qué lo justifica?

No lo justifico.

Es solo que entiendo por lo que está pasando.

Imagino que está dolido por mi rechazo,

pero se le pasará.

Si usted lo dice...

Madre, ¿cómo es que está despierta?

¿Está padre despierto?

No, él duerme plácidamente.

Deberías de hacer lo mismo, es tarde.

Estaba muy preocupada por ti

y, por más que daba vueltas en la cama,

no conseguía conciliar el sueño.

Agradezco tus desvelos, de verdad,

pero no es la primera vez que salgo de fiesta.

Ya.

Y ya habías perdido la costumbre de esperarme despierta.

Bueno, ya has cumplido,

como ves, tu hijo está sano y salvo.

¿Y si nos vamos a descansar? -Ya que estoy desvelada,

¿por qué no me cuentas cómo ha ido la noche?

¿Quiere detalles?

Mi comportamiento ha sido intachable.

Dudo que puedas ser buen juez en esa materia.

¿Y qué has estado haciendo hasta estas horas?

Pues he estado protegido por las murallas del Río Club.

Recuperando el tiempo perdido:

gente a la que saludar; licores nuevos que probar;

mujeres desconocidas que conquistar...

¿Y Ángel ha estado contigo en esta ajetreada noche de solteros?

Angelito, Angelito...

A ese muchacho no hay quien lo entienda.

¿Por qué lo dices?

Tengo que hacerte una petición.

Es algo importante y quiero que sepas que es por tu bien.

Usted dirá.

Debes mantener las formas en la fábrica,

Víctor es tu jefe, y si no o haces, y podrías buscarte un problema.

Si hoy no llego a aparecer yo, no sé qué hubiera pasado.

¿Lo harás?

¿Por mí?

Tiene razón.

Lo mejor para todos será mantener las formas.

Pero es que...

Pero ¿qué?

Es que no lo soporto.

(RÍE)

Tienes razón, no es asunto mío.

Ese muchacho puede conducirse como quiera.

Y lo ha hecho, rechazó mi invitación para ir al Río Club conmigo.

Ahora que ha roto con Alicia, pensé que querría conocer mujeres nuevas,

pero no, ese hombre es un aburrido.

Bueno, no todo el mundo está hecho para las escapadas que tú organizas.

Estamos de acuerdo.

Pero yo he estado con él mano a mano en la barra,

y ese muchacho puede ser peor que yo.

No creo que nadie quiera volver a ver a Ángel así.

Yo tampoco, desde luego, yo tampoco.

Pero si se pudiera controlar,

sería un compañero de fiestas estupendo.

Es un hombre culto, interesante, con porte,

con cara de no haber roto un plato...

Haríamos una pareja de conquistadores capaces de batir

al mismísimo Casanova.

¿Y te dijo la razón por la que no quería acompañarte?

Me dijo que tenía que estudiar, pero no sé si creérmelo.

¿Por qué? -Porque voy conociendo a Angelito,

si se tratara de estudios o trabajo,

él estaría entero, como con ganas de superar el reto.

Pero estaba... meditabundo.

Bueno, ahora que no cuenta con la protección de tu padre,

de sus estudios depende su futuro.

Pero esa cara de descompuesto solo la tiene uno

si tiene a una mujer en mente.

¿Tú crees? -Sí.

Este ha roto su compromiso con Alicia porque tiene a otra chica.

Y ahora, si no te importa,

déjame descansar un poco hasta que la habitación deje de moverse.

Claro.

(RESOPLA) -Tú descansa.

No me quiero imaginar la cara de Carmen

cuando me vea mañana en la fábrica.

Señorita...

Enoa, ¿ha vuelto ya la señorita Carmen de la fábrica?

No la encuentro.

¿Tanta urgencia tienes por encontrarla?

Dime de qué se trata y te ayudo en tu búsqueda.

No, urgencia ninguna.

Es solo un recado de la señora Patricia.

Me ha pedido ser discreta.

¿Has probado a mirar en la cocina?

A veces regresa de su trabajo sedienta

y lo primero que hace es refrescarse.

Y cuando la has escuchado, ¿sabes si iba con alguien?

No sabría decirte.

Gracias, Enoa. -¿Sucede algo, Yungani?

Te noto un poco nerviosa.

Sabes que puedes contármelo, sea lo que sea.

Tome, esta está en su punto.

Nunca había probado una fruta tan jugosa.

Se nota su falta de costumbre.

Ya está.

Radiante, como siempre.

Creo que va siendo hora de que dejes de tratarme de usted.

Ahora mismo, no hay nadie con quien tenga más confianza que contigo.

A su padre le parezca adecuado.

Al menos cuando estemos tú y yo, solos.

¿Qué ocurre, Yungani?

Nada. Voy a comprobar si la señorita está en la cocina.

Espera.

¿Es urgente?

No. No te preocupes.

Luego te cuento.

Te busco después, cuando encuentre a la señorita.

¿Señorita Carmen?

Señorita Carmen.

(Ruido de cristales)

¡Señorita!

Si algo hace falta ahora en este taller, son manos,

y tú eres muy apañado, hijo.

Lo que no sabía yo es que tuvieras experiencia con los muebles.

-Tampoco tengo mucho tiempo.

He salido a por unos documentos del banco, me ha avisado doña Inés...

Ha sido un impulso.

¿Qué pasa?

Te prometo que quedará entre nosotros.

Mírala,

está supercontenta, ¿no? -¿Y eso es malo?

Aquí está pasando algo.

Y como siempre, seré el último en enterarme, ¿no?

"Sé que una mujer blanca no puede mantener una relación

con un hombre negro, pero..."

¿alguna vez se ha dado el caso en la colonia?

No, no, sería imposible, porque el amor tiene que hacerte feliz.

Y una relación con un negro solo puede traerte tormento.

Y las normas están para cumplirlas, Carmen.

O para cambiarse. -"Mira el nombre de la compradora".

"Mia Yaco". Curioso, sí.

Puede que sea extranjera. -O no.

Ahora, la gente se pone nombres más modernos.

El caso es que este nombre me suena de algo, pero no sé de qué.

¿Has averiguado algo de Carmen?

He hecho lo que usted me pidió, la he vigilado día y noche,

pero no he notado nada extraño. -¿"Nada"?

"Escucha,"

para olvidar, no hay mejor remedio que el paso del tiempo.

Pero si lo que quieres es recuperar a mi hija,

el tiempo es el mayor enemigo.

Dime lo que necesitas y me pongo manos a la obra.

Lijar, barnizar, transporte, lo que quieras.

Sergio, no te he llamado para eso, te he llamado para otra cosa.

-"¿Entonces?".

Tengo que hablar contigo más tarde. -¿"Más tarde", por qué?

Cuando estemos a solas, es importante.

Qué misterio.

No sé por qué has rechazado a una mujer tan cándida.

Ángel, entiendo que estés incómodo

y que me esté metiendo donde no me llaman,

pero tan solo querría que reconsiderases tu decisión.

¿Y por qué le interesa tanto?

Tenemos el dinero, pues a trabajar.

Está claro que con el pedido vamos a seguir sí o sí.

Pero no sé, a mí es que me sigue oliendo un poco raro.

A ver, lo del nombre exótico tiene un pase,

pero dejar los muebles guardados a 15 kilómetros del pueblo, no.

Sigo pensando que eso es alguien que me quiere ayudar.

Es Yungani. Lleva un rato detrás nuestro.

¿Y si sabe algo?

¿Algo, sobre qué?

Sobre nosotros.

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Dos vidas - Capítulo 52

08 abr 2021

Tras el rechazo de Carmen, Víctor empieza ir por el mal camino. Vuelve a emborracharse y se enfrenta a los trabajadores de la fábrica, incluso a la propia Carmen. Esto pone en alerta a Ventura que considera que ya no tiene por qué perdonar la deuda a Francisco y Patricia. Esta intenta que les dé un poco de tiempo para descubrir que pasa por la cabeza de la joven. Tiene un plan para espiarla y descubrir si hay otro hombre en su vida. Y lo hay, porque a cada segundo que pasan juntos, la tensión entre Carmen y Kiros es más insoportable. Ribero empieza a sufrir las consecuencias de la relación Dani/María y Cloe. Está convencido de que le abandonará. A su vez, Julia rechaza la proposición de Sergio de quedarse con ella en el pueblo y este decide volver a la ciudad, Esto favorece que Tirso y Julia vuelvan a acercarse. Aunque Julia ahora está demasiado ocupada con el gran pedido de muebles que les han hecho, puede que encuentre la forma de compaginar las dos cosas: trabajo y el placer de la compañía de Tirso.

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